miércoles, 1 de julio de 2026

El rugido de la tierra | Antología post sísmica venezolana

Ante la pérdida no hay consuelo, sólo el dolor. Se acepta el dolor y la realidad poco a poco va apareciendo, poco a poco. 

Alejandro Jodorowsky


En estos tiempos turbulentos se fermenta buen material para la creación. A donde mires algo está pasando y eso, aunque parezca malo, al final es savia elemental para el creador. Estamos viviendo tiempos venturosos...

Marcos Veroes Vegas


Escribir levanta los escombros del olvido. Escribir mantiene viva la memoria.

Skarlet Boguier


***


Minutos después de las 6:00 de la tarde del miércoles 24 de junio de 2026, nuestro país resultó afectado por causa de dos sismos consecutivos -de 7.2 y 7.5 en la escala de Richter- que en 39 segundos trastocaron de manera radical la geografía de nuestras ciudades, el silencio de nuestras calles y la tranquilidad de nuestros hogares. Ante el rugido de la tierra y el posterior desconcierto de las réplicas, las estructuras colapsaron, pero la memoria colectiva y la necesidad de arraigo se mantuvieron firmes entre las grietas.

Cuando la tierra calla, queda la palabra. Esta selección de textos reúne las voces de diversos poetas, narradores, cronistas y periodistas venezolanos que, conmovidos por el dolor, el asombro y la pérdida, recurrieron a la palabra escrita como el único refugio capaz de ordenar el caos. A través de sus obras, el lector encontrará un mapa de la resiliencia: testimonios de la noche oscura que envolvió a nuestras regiones, el eco de los llamados de auxilio, la mirada puesta sobre el polvo de los edificios caídos y, sobre todo, el abrazo solidario que surge en medio de los escombros.

Los textos de El rugido de la tierra no pretenden sólo registrar la herida de aquel junio que nos marcó para siempre, sino también tender un puente hacia la reconstrucción emocional de un país que, aún tambaleante, vuelve a levantarse. Estos escritos son la prueba de que, cuando el suelo falla bajo nuestros pies, la palabra nos sostiene.


Rafael Ortega



***



Mi gato enloquece 

trae un pez en los dientes 


Eso quisiera 


Limpio y saco las entrañas


Agallas rosas


Maniobras rosas


Mi gato salta a la ventana 

el pez se mete por su oreja

muerde su garganta 


Debe notar la diferencia 


Lame sus patas 


Estruja su bigote 


Maúlla


Piensa que los peces 

salen del grifo


La réplica 

vuelve a azotar la casa 


Mi gato salta al vacío 


Mi mano no lo alcanza


Ahora llora como un niño 


En una oración interminable

mi gato comienza a contar las horas


Los peces muerden sus ojos


Freddy Borges


***


1.


Un perro ladra entre los escombros 

un taladro y unas manos escarban

y cosechan el milagro de la vida


2.


La convulsión del horizonte 

rompió el músculo de 

la tarde 

y nos hirió de angustia y de dolor


Elí Caicedo



***


Los pájaros, 

lo invisible, 

pueden huir 

del temblor de la tierra, 

ser otra morada, 

ser aire,

otro tipo de verdad.


Cristóbal Camejo


***


Sé que donde estás

te diste cuenta de que tembló 


Sé que me viste 

y no te asombró mi actitud,

porque en instantes anteriores

de suaves movimientos de la tierra,

me comporté 

como si no estuviera ocurriendo nada.


Pero por dentro 

mi corazón se quebraba

ante esa amonestación de la naturaleza.


Sé que ella nos marcó

con una cruz de ceniza indeleble

como símbolo de reconocimiento

entre los que este 24 de junio

estábamos en nuestro país,

en nuestra casa.


Hoy, al declinar la tarde

en decúbito supino,

miro los tabelones

y las vigas del techo

de mi habitación 

y vuelvo a recordar

este nefasto día de junio;

día del Santo de mi papá,

cómo mi cama y la lámpara

que pende del techo,

se movían con furia indescriptible

durante esos segundos interminables.


Mercedes Carmona


***


Lo inesperado


Gritos y llantos 

ahogan el paisaje 

de la creación


Padecimiento

sin hogares familiares

vidas marcadas


Pequeños somos

ante la furia

 de la naturaleza


El ser humano

es insignificante

para su poder


El templo fuerte

se llenó de miseria

Ruinas, escasez


Fue un oasis

Hoy transitan escombros

sombras, demencia


En el susurro

de la brisa quedarán

lamentaciones


Pasarán años

Brindar sueños después 

de la intemperie


Desde la unión

surgirán lazos 

que no se podrán romper


Forjaremos de nuevo 

un jardín con fe

y esperanza


Julia Yasmina Liendo



***


El libro 


Tras la ardua jornada

la señora busca consuelo o resignación 

en las páginas del libro

 

La realidad le espera

al final de la línea 

no obstante se quiebra 

en el trayecto del Metro 

donde consigue asomarse a la promesa 

de un paraíso por recobrar 

o a la advertencia de un destino de tormento


Saca el libro 

le es necesario

lo llevaba en la cartera

celosamente resguardado en polietileno

 

El libro contiene

una suerte de contrato

en caso de que quieras ser salvado


Rescataron

de entre los escombros 

el cuerpo sin vida 

aferrado al libro

lo entregaron a su madre

el hijo había firmado.


J.M. Llerena




***


Breves


Fui borrada 

por las manos 

de un fantasma.


II


Mi sombrero

fue lanzado 

a los campos 

del olvido.


-con calma-.


III


Una llama se extingue 

al crujir 

de hojas secas

en el viento.


IV


El reloj se paraliza 

en la soledad 

interminable 

de un jardín.


V


Palpitan corazones

en mares 

gelatinosos

de concreto.


VI


Chibchachum

sacude sus hombros

por 39 segundos.


VII


Una ciudad 

llena de escombros 

pide silencio.

Ysbel Mejías



***


Aquí en el ambiente hay confusión, una mezcla de sentimientos, tal vez algunos son nuevos. Todos vivimos en incertidumbre, caminan con miedo; miran con asombro, dolor, desconfianza del piso que tocamos. Todo se nos mueve, no solo por las réplicas, también por el shock no superado de dos terremotos 7.2 y 7.5, así como las más de 400 réplicas que se han producido. 

Mi adrenalina ha estado a millón y no me ha permitido asentar los sentimientos, full trabajo en el canal. Informamos lo que pasó, pero tratamos de difundir calma ante el desasosiego.

Subir y bajar los 17 pisos de mi apartamento no ha sido lo más difícil, lo ha sido ver las grietas de las paredes de las áreas comunes en los pisos inferiores, tener la percepción de que se abren cada vez más... quizás lo imagino, no lo sé.

Para nosotros, los venezolanos, el humor es parte de nuestra existencia, pero hoy, al entrar a un establecimiento a comprar pan, alguien bromeó con la frase "morir todos" y nadie sonrió. Creo que después del 24 de junio de 2026, día en que se conmemorábamos los 205 años de la batalla que selló nuestra independencia, corroboramos que siempre seremos dependientes de la incertidumbre de la naturaleza.

No hemos cumplido el año desde el bombardeo del 3 de enero, cuando todo vibró por helicópteros y bombas, y nos damos cuenta de lo vulnerables que somos, no solo por las fuerzas extranjeras, sino también por nuestra posición geográfica. "Doblete sísmico" le llaman, "doble terremoto", en fin, el nombre que sea dejó una herida en el alma, por quienes murieron, por quienes aún luchan entre escombros o sobre los escombros con la esperanza encendida; por aquellos que el pasado 24 de junio se le desdibujaron sus recuerdos, sus sueños, su vida... Hay que construir de nuevo, como aquel 3 de enero, como el 15 de diciembre de 1999, como el 11 de abril de 2001, como el 27 y 28 de febrero de 1989, como entre 2013 y 2017 por toda la escasez, como los deslaves del 2011, como los disturbios, como tantos...

Aquí, en la capital, algunos siguen aferrándose al Mundial para darle respiro al alma. El sonido de Google, lejos de alertarnos del terremoto, nos dejó un estímulo condicionado que nos hace sobresaltarnos con cada vez que suena el celular. Tal vez esto es cotidiano en Chile, México, Filipinas, para nosotros no, para nosotros no. La generación que vivió el terremoto de 1967 dice que aquel año no fue igual. Como en el deslave del 99 todos tenemos a alguien que pereció en La Guaira o que aún está entre los escombros.

Venezuela, el país de la alegría, hoy está asustada, agradecida por las manifestaciones de apoyo, pero inevitablemente aterrada. Un río en Portuguesa clama su espacio y una montaña en Trujillo se quema, mientras tanto en el norte las placas no dejan de ajustarse y el corazón se acelera.

Vamos avanzando y con la mano en el pecho confiando en que todo esto pasará rápido, por lo menos en el plano real pues en nuestras mentes pasarán décadas para que nuestra placa tectónica interna cese...


Natcha Méndez, periodista


***


1. 



Cae la tarde 

triste como la sombra 

pesan las nubes


2.


Lloran las almas 

después de la tragedia 

hay esperanzas.


3.


Hay mucho dolor 

se respira tristeza 

la muerte ronda.



Liris Miyares



***


Era un 24 de junio

en Venezuela,

el día cerraba su puerta,

la noche abría su cuerpo...

La tierra gemía 

estremecida

tembló y volvió 

a temblar

y quedamos 

tan impactados,

desesperados...

El llanto corrió 

como río crecido 

por lo que vivimos 

nosotros y otros

vecinos y compatriotas, 

víctimas y fallecidos

hermanos de la patria.


Belén María Pacheco Ayala


***


El asfalto convertido

en oleaje imposible,

trae ruido, trae pánico,

el cielo derrumba

certezas

gritos, clamores, 

derrumbes de la

esperanza

Silencios nerviosos,

miradas buscando

explicaciones,

la incertidumbre

de la muerte

es lo único que sabemos


Julio César Pérez 



***


Entre santos, héroes y escombros 


El 24 de junio en Las Tejerías siempre ha sido una jornada donde el misticismo y la historia se abrazan sin pedir permiso. Desde las primeras luces del alba, el repique del tambor despertó al pueblo. Las cofradías de San Juan Bautista, con sus pañuelos rojos y altares floridos, tomaron las calles en un sangueo cadencioso. El ritmo parecía brotar del asfalto mismo, un latido colectivo que celebraba la vida, la fe y la herencia indomable de la costa.

Mientras en Las Tejerías el santo bailaba al son de los cueros, en el oriente del país, en la población de El Tigre, el aire vibraba con una solemnidad distinta. El Día del Ejército y el aniversario de la Batalla de Carabobo se conmemoraban con un imponente desfile cívico, militar y estudiantil. El paso firme de las botas, el brillo de los uniformes y las banderas ondeando al viento rendían tributo a la gesta que fundó la patria. Dos realidades venezolanas, la sagrada y la heroica, transcurrían en un espejo perfecto de identidad. Hacia las dos de la tarde, el recorrido de los sanjuaneros alcanzó su clímax frente a la Alcaldía. El calor de la tarde no amilanó a la multitud; al contrario, los tambores retumbaban con una fuerza frenética que guiaba el movimiento libre y alegre de las caderas de las jóvenes muchachas, cuyo baile hipnotizaba a los presentes.

Ese repique fue el puente perfecto para conectar con otra gran celebración del día: el cumpleaños del alcalde Régulo la Cruz. Las puertas de la Casa de la Cultura se abrieron de par en par para recibir al pueblo. Adentro, la atmósfera era de pura algarabía. La música en vivo contagiaba a todos, mientras las bandejas de comida y los vasos de bebida circulaban sin cesar. El alcohol, la risa y el júbilo colectivo crearon una burbuja de desconexión total donde el mundo exterior simplemente dejó de existir. 

A eso de las seis de la tarde, la fiesta popular rozaba su momento más tierno y tradicional. 

La cronista Carmen Rojas, respetada por salvaguardar la memoria del pueblo, se acomodaba frente a la piñata, con el palo en la mano y la sonrisa dispuesta, lista para desatar las risas de los presentes.

Entonces, el tiempo se congeló. Un bramido subterráneo, sordo y violento, ahogó la música. El suelo de la Casa de la Cultura se sacudió con una furia imprevista. Para quienes ya sentían el peso del alcohol en las venas, los primeros segundos parecieron una pérdida pasajera del equilibrio, un vaivén mareado que pasaría rápido. "No es nada, una sacudida más", pensaron algunos entre la bruma del festejo. El temblor cesó en un suspiro, dejando tras de sí un silencio espeso, interrumpido solo por el tintineo de las botellas y los murmullos nerviosos.

Pero la ilusión de la normalidad se pulverizó en menos de una hora. La realidad irrumpió como un golpe seco en el pecho. Los teléfonos, las transmisiones de radio y las voces desesperadas comenzaron a tejer una crónica de terror que nadie quería creer. Lo que en Las Tejerías se sintió como un susto pasajero, en el resto del país se había transformado en un cataclismo.

Las noticias que llegaban de la costa eran devastadoras: el suelo firme se había convertido en una trampa mortal. En La Guaira, las estructuras no resistieron; el dolor se multiplicó al confirmarse que más de 200 edificios se habían derrumbado, transformados en montañas de escombro, polvo y lamentos. La línea del horizonte caribeño se desfiguraba entre columnas de humo y el eco de las sirenas.

El pánico se extendió como la pólvora por toda Venezuela. De oriente a occidente, los reportes repetían la misma pesadilla de infraestructuras colapsadas y vidas sepultadas bajo el concreto. En la Casa de la Cultura de Las Tejerías, la música ya no volvió a sonar. Los rostros, antes encendidos por la fiesta y el licor, se tornaron pálidos y desencajados. El 24 de junio, que había comenzado con el canto devoto a San Juan y el orgullo de Carabobo, cerraba sus cortinas envuelto en el luto, la incertidumbre y el llanto de una nación sacudida hasta sus cimientos.



Ana María Rodrigues Macedo, cronista


***


1.


Tiembla la tierra 

respondiendo con rencor

el hombre corre.


2.


Sufre la tierra

con heridas profundas 

y grandes daños.


3.


La tierra llora

siente graves heridas

pide ayuda.


4.


Honda tristeza

circula por sus venas

crece el dolor


5.


Se perdió la sonrisa

sólo existe dolor

no brilla el sol.


6.


No cantan las flores

sus pétalos se duermen

se opaca el sol.


Marina Sandoval



***


Cruje la costura que amarra los dos edificios gemelos y el aire se llena de un silbido denso, vertical, geométrico. Atrapado en el núcleo de la estructura, bajo el ángulo ciego del marco de la puerta, mido el abismo en metros y segundos. A quince metros de altura el tejado se desgarra a dos aguas, liberando una granizada furiosa de proyectiles de arcilla. Son veloces hachas de tierra, cuchillos de fuego frío que descienden en picada libre, acelerando su gravedad asesina a setenta kilómetros por hora. Estallan a mi izquierda, trituran la piedra a mi derecha, rozan el límite exacto donde termina mi piel y empieza la nada. El tiempo se estira, se deforma, se vuelve una masa interminable de estrépito y polvo rojo. Y sin embargo, en el centro mismo de esa tormenta letal, bajo el umbral que resiste, el terror se disuelve en puro asombro. La cercanía de la muerte no congela; al contrario, es un chispazo eléctrico, un recordatorio violento y absoluto de la propia carne, un saludo del abismo que, de pronto, vuelve la experiencia más vital. Nunca estuve tan expuesto, nunca estuve tan despierto. Esto no es un poema todavía; es el pulso que regresa, el miedo transformándose en canto, poco a poco, de temblor a temblor.


Roberto Santana


***


Sismo


Oleaje de lo rígido 

en casa

fractal en vitrales 

de vidas caen 

y a su vez se salvan.


Somos marionetas 

con hilos cortados 

al azar.


Un curso de milagros

tenía razón:

"Lo material tiene vibras 

y lo rígido se vuelve flexible".


Amo y perdono 

sin miedo 

me voy 

entre los escombros...


¡Ya no vivo 

en tensa calma!


¡Es mi paz certera 

QEPD yo!


Revivo en solidaridad 

entre cadenas 

de oración y de favores


Somos todos 

constelaciones estelares, 

donde Dios 

vive la experiencia 

en nosotros:

duelo en todos sus prismas,

vamos digiriendo

el nuevo sistema 

de nuestra cadena 

alimenticia fraternal.


Canto a mis células

para sanar:

 tu en mí y yo en ti.



Aimée Torres


***


1.


Tsunami de cuatro patas


En medio del gran dolor que invade al venezolano, ha surgido un Súper Héroe en labores de rescate, que no usa casco duro ni gruesos ni largos mecates, se trata de un animal vestido de blanco y negro, que es el mejor rescatista mencionado hasta el momento, se trata de un noble perro con nueve años de edad, que en estos dos terremotos ha sido de gran ayuda en la golpeada ciudad, en Caracas fue vital para olfatear atrapados, en La Guaira su labor ampliamente difundida, por la forma tan veloz como ubicó gente herida, Tsunami lleva por nombre, su raza viene del Border Collie, entrenado por bomberos y cuerpos profesionales, que han hecho de este canino el miembro más efectivo en cuestión de salvamento, Venezuela aplaude en pleno la actuación del gran Tsunami, por ser ejemplo viviente en esta hora tan triste, dando muestras increíbles de valentía y coraje.


2.


La voz del dolor


En el dolor hay vacíos, no existe entendimiento, la duda nos invade y el llanto habla el lenguaje del débil corazón, todo parece oscuro, el alma se nos nubla y tan sólo preguntas desfilan en la voz.



Luis Valero, escritor y periodista 


***


Para los que partieron sin despedirse


No te conocí.

No supe el color de tus ojos,

ni el tono exacto de tu risa,

ni qué sueño te desvelaba la noche anterior.


Pero la tierra tembló,

y dolió en el mismo pecho.

Porque el dolor no pide cédula,

ni el luto necesita conocer el rostro.


Somos la misma raíz que se sacude, el mismo suelo que, al abrirse, nos arranca un pedazo de futuro.


Hoy no lloro una estadística.


Lloro la taza de café que quedó llena, la puerta que no volvió a cerrarse, el abrazo que se quedó a mitad de camino.


No son cifras que borra el viento, son luces que cambiaron de altar.


La tierra se movió un momento...

¡Y ellos se mudaron al mar!

Vuelen alto, almas sin nombre,

vecinos de la misma herida.


No los conocí en la vida,

pero los guardo en el alma

para que no los toque el olvido.


Alis Teresita Velasco


***


Esperanzas


Manos que se buscan 

entre los escombros,

olvidando el miedo,

levantando el alma;

el peso del mundo 

se carga en los hombros;

el esfuerzo compartido

nos devuelve la calma.


No hay extraños 

en esta tierra herida,

solo hermanos que tejen 

una red de acero,

cada vida salvada 

es luz bendecida,

cada rescate, 

un abrazo sincero.


Del polvo brotan  

fuerzas latentes,

un lazo invisible 

que el sismo no quiebra,

ver al pueblo unido y valiente,

que de los escombros renace 

y la vida celebra.


Emalida Viloria



sábado, 27 de junio de 2026

Aforismos del sismo

Autor (arte digital): Ender Rodríguez


***


-Skarlet Boguier-


- Todo sismo ocurre primero dentro de sí mismo


- Hay un lenguaje telúrico en el patrón de las placas


- En las SISMILITUDES todos somos iguales


- Palabra y pensamiento crean un movimiento


- La sentencia crea el abismo


- Somos aparentes islas, abrazadas al itsmo de una antigua herida


- El sueño teje sismos


- Cada patrón narra una historia subterránea


- Sin expresión somos ollas de presión


- La fricción constante crea la explosión eventual


- El silencio acumulado estalla en rugido


- Sismo: Colapso de un ismo


- Liberar la válvula de presión contenida evita el gran sismo


- La naturaleza del arte y la vida es el caos. Si la poesía se ordena deja de ser poesía. El caos es la estructura de un orden codificado.


- Toda división es una ilusión. ¿Ahora ves la verdadera fisura?


- El bruñido es la transformación de la grieta


- ¿Salvan vidas las ideologías?


- Si tiembla la mente, tiembla el corazón, tiemblan las piernas de un poema llamado país

De cómo CAS y Manuel se emborracharon a costillas de Roberto Roena

Si un día para mi mal viene a buscarme la parca

Empujad al mar mi barca con un Levante otoñal

Y dejad que el temporal desguace sus alas blancas

Y a mí enterradme sin duelo

Entre la playa y el cielo

Joan Manuel Serrat


-J. M. Llerena-

 

Sospeché que CAS ya no estaba entre nosotros hará un poco más de dos años. Si no me engaño, la sospecha me asaltó una tarde lluviosa a través de un poema o una dedicatoria de Rafael Ortega que leí mientras viajaba en autobús. Luego Manuel lo confirmaría. 

Aunque había perdido el contacto con CAS hace mucho, el descubrimiento de su partida fue una nota en tonalidad menor, otra madrugada que llegó a su final. Pedí la parda y pensé que tal vez sería mejor caminar.  

Yo conocía de antemano por boca del propio Manuel el cuento de cómo CAS y él en una ocasión (quizá en varias) aprovecharon el fanatismo de un viejo barman y el gran parecido de CAS con Roberto Roena por aquel entonces para emborracharse gratis en la semioscuridad de alguna tasca olvidada donde colgaba el afiche del legendario salsero. 

También conocía por el periódico las Anacrónicas (recuerdo una serie sobre Pambelé que no sé por qué empecinado juego de la memoria –¿acaso tendrá que ver el colorcito?- se la atribuyo a CAS. Manuel sabrá si me equivoco) cuando Manuel me presentó a CAS en 2006 en un botiquín secreto cerca del Teatro de la Ópera.  

Después de eso nos vimos un par de veces más. Lo bien que me sentí cuando les regalé a CAS y a Manuel un par de copias en cd de On an Island, de David Gilmour, recién salido del horno, en la licorería (no podía ser en otro sitio) que estaba frente a la Biblioteca Virtual. 

El resto de los encuentros con CAS fueron por correo. Me envió parte de sus Anacrónicas de The Beatles y Yordano. Lo traté poco, pero en algún punto llegué a sentir que era mi amigo. Creo que con él no era difícil sentirse así.

viernes, 26 de junio de 2026

Javier Solís: una voz para convocar e invocar el pasado

-Carlos Antonio Silva-


(fragmentos)


No es fácil olvidarse de las películas mexicanas que para bien y para mal alimentaron en la infancia nuestra sed de información. Todo lo que anhelábamos del mundo y sus alrededores estaba de algún modo en esas imágenes salvadoras de distancias que nos remitían al Rancho Grande. Eran tiempos de caballos y chamos que ganaban prestancia en la pradera que se hacía más infinita con Los Tres Villalobos.

Pero ocurrió que un día nos volvimos adolescentes, y los ecos de Jorge Negrete, Pedro Infante y Miguel Aceves Mejías se apagaron ante la aparición de sonidos nuevos y sugerentes. Fue allí cuando surgió la figura de Javier Solís tratando de situarnos en un discurso urbano, más cercano a nuestras expectativas generacionales.

Junto a Javier Solís salían a desatar pasiones Lila Morillo con "Seis meses de vida", Roberto Ledesma con "Se me olvidó tu nombre", Blanca Rosa Gil y Sonia López con "El ladrón". En esta temporada que involucró mi adaptación a la soledad, me tocó beber en la copa amarga del amor sin presencia. En el fondo de un zaguán se desdibuja la figura de Lilita tremolando el espesor de un tiempo remoto. 


*


Donde mayores vivencias cultivó la música de Javier Solís fue en Catia. Corrían los años finales de la década prodigiosa cuando se nos ocurrió celebrar el fin de curso en el bar Los Campeones, hoy terreno de la estación Agua Salud del Metro de Caracas. Allí, en ese espacio se guardaba profundo culto a Javier Solís. Un amigo y visitante de ese negocio nos contó que una noche llegó un caballero que mandó a cerrar las puertas. "Señores, quien quiera irse, aproveche de una buena vez, porque esta noche los tragos corren por cuenta mía". Esa noche fueron despejadas todas las dudas. Javier Solís armado con sus mariachis cantó como nunca.

Otro tanto me tocó vivir en Aragua de Barcelona, cuando después de asistir a una fiesta en casa de una matrona, hicimos parada en el más concurrido bar del pueblo. Como consecuencia de un decreto nacional de Ley Seca, este amigo no abría ni domingos ni días feriados, pero gracias a esas influencias que da el trato con baquianos, aquel primero de mayo las puertas del bar se abrieron sólo para tres amigos. A puertas cerradas, el dueño, mi amigo Manuel Cabesa y quien redacta esta crónica nos dimos a penetrar en esos caminos del ayer, vislumbrando en "Cuatro cirios", "Payaso", "Cataclismo", "Ese bolero es mío", "La media vuelta" y otros temas registrados en un casette casero que dió varias vueltas mientras la cerveza hacía el resto de la operación.


*


Los días han pasado y la deuda se aferra en el tiempo como una promesa que tendré que saldar algún día, cuando logremos el momento propicio para el encuentro con esta voz que nos convoca con insuperable autenticidad. 


****


En un disco la vida. Fundación Editorial el perro y la rana (2007)


****

CAS

-Manuel Cabesa-


(A la mystérieusse)



Imposible no acordarse de Carlos Antonio Silva (CAS) cuando celebramos nuevamente el Día del Periodista, ya que este personaje marcó con su presencia una pauta en lo mejor del periodismo cultural que se hizo en Aragua a partir de los años 80.

Junto a otros fablistanes de aquel tiempo: José Aloise Abreu, Santiago Rojas, Mélido Estaba, Omaira Ochoa, José Rosario Delgado y otros veteranos de la página diaria, quienes construyeron el imaginario de una ciudad y una época de la que queda en la memoria apenas nostálgicos vestigios.

A CAS lo conocí en septiembre de 1975 y hasta su muerte en septiembre de 2014 compartimos casi cuarenta años de férrea amistad: juntos fundamos grupos teatrales y suplementos literarios; leímos con fervor los mismos poetas; nos enamoramos de varias y hermosas mujeres para luego consolarnos mutuamente en nuestros respectivos despechos; le dimos batalla a innumerable noches de bohemia y dedicamos cientos de horas a conversar sobre proyectos que al final nunca llevamos a cabo. 

Gracias a CAS conocí, apenas adolescente, la Cinemáteca Nacional, asistí por primera vez a un concierto de jazz en vivo, nos coleamos en el Aula Magna de la UCV para ver a Marcel Marceau y en otra ocasión para escuchar a Pablo Milanés y en el Teatro Municipal de Caracas para el concierto de Preservetion Hall Jazz Band, nos fuimos de Perecito sin pagar la cuenta para poder asistir al taller que dictaba Eugenio Montejo en el viejo Ateneo de Valencia y fue él quien tuvo la ocurrencia de buscarle conversación a Francisco Massiani, escritor al que yo admiraba y con el que mantuve larga amistad a partir de ese día.

Como Virgilio conduciendo a Dante, en muchos aspectos CAS fue mi guía a través de los círculos infernales de la cultura y la bohemia. 

Amante empedernido de la música, CAS se dio a la tarea de acumular una inmensa discoteca donde convive toda suerte de géneros musicales en perfecta armonía. Pero no sólo escuchó y compartió todas esas melodías de su agrado, sino que también testimonió las vivencias y las anécdotas que giraban en torno a esas viejas canciones, en una serie de sabrosas crónicas compiladas en dos libros de grata lectura: En un disco la vida (2007) y Crónicas transitorias de la vida cotidiana (2014).

En ambos libros hay toda una celebración de la vida y sus alegrías o tristezas vividas a través de los acordes de una canción: "Escribir crónicas musicales proporciona no sólo el placer de volver escuchar la música que una vez nos cautivó, sino establecer un balance justo de ese pasado que en algunos casos sobrevaloramos", nos dice en el primer volumen. 

En todo caso se trata de una suculenta ensalada de historias de aquel tiempo en que éramos irresponsablemente felices, crónicas que son grato recuerdo de otra época, de un tiempo que revivo cada vez que regreso a estas páginas mientras escucho aquellas viejas canciones del amor adolescente.

miércoles, 24 de junio de 2026

Poemas de José Gregorio Correa

Autor: José Gregorio (Goyo) Correa


***


El árbol da frutos como el cielo fe...

Es una línea o verso del Himno al árbol,

solía cantarse en esos actos inventados

por maestros entusiastas, ahora

ese árbol se veía desde un parquecito

con tobogán, pasamanos, rueda, columpio

y subebaja.

En ese espacio además del parque había una cancha

de voleibol y basquet

y se jugaba pelota de goma y fútbol

y se jugaban los heladitos de Kool-Aid

que dulcísimamente vendía la esposa

de Mastroteo Ruiz...

Ha pasado el tiempo y el árbol permanece

y ya para que la memoria permanezca

en enero se veía casi brillante desde un parque de atracciones.


***


Lección de anatomía 


Hasta hoy,

y es una verdad ineludible,

el cuerpo humano 

se compone de tres partes:

cabeza, tronco y extremidades 

y en alguno de esos sitios

debería residir el alma.


***


Camino, caminito

quién te volverá a pisar

con los mismos pasos,

leves, de espuma y mar,


quién te dejara sus huellas

con los mismos pasos,

quietos, de luz y estrellas,


quién te anduviera, camino,

con los mismos pasos,

mansos, de aire y suspiro,


quién te anduviera de nuevo,

con los mismos pasos,

vivos, de sombra y reflejo,


quién volviera a la alegría,

con los mismos pasos,

azules, de la noche y día,


quién tuviera la certeza

de los mismos pasos,

míos, del río y la tristeza,


quién te olvidara, camino,

con los mismos pasos,

puros, de agua y olvido,

quién te dijera, camino,

con los mismos pasos,

idos, que fui tu destino,


quién, volviera a tu faz,

con los mismos pasos,

apenas, reino del nunca jamás.



Del libro Memorias del asedio


***


Publicidad para la vida


Cambie su vida con tan sólo cambiar su licuadora,

parece una insensatez, pero, funciona.

Llamas ya, al número que ves en pantalla 

y tendrás un cinco por ciento de descuento.

Ya has ahorrado, y el ahorro es una virtud.

Un minuto hace la diferencia con la prehistoria, 

la historia, el pasado, lo viejo.

Todo en un minuto, podrás tener un envase de dos litros, 

uno de un litro, uno tipo individual para el gimnasio 

y una cuchilla adicional.

La vida cambia, sácale el jugo al tiempo, 

time is money, el tiempo es oro; 

parece una idiotez, pero, funciona.

Te anexan un recetario pero no el dinero para adquirir los ingredientes.

Algún día, el tiempo libre 

obtenido con tu nueva licuadora 

sólo alcanzará para un minuto más bajo tierra.



***


a Ledo Ivo


Acaso, tal vez, seamos así,

como tan hermosamente nos retrata

en las largas filas donde nos apiñamos

a emprender tan cortos viajes

que ni siquiera salimos del submundo

donde no sabemos morir, a pesar

de llevar una vieja amistad

con la muerte.


Ni un tanto de culpa tenemos,

quien quita sí, de ser sujetos

de la belleza emanando al poema

donde viajamos parados en el autobús

con boletos de última clase.


Y eso que aún no ha alcanzado

a vernos, sin confort, sudando sangre

para elevar acciones en las bolsas

del mundo.


Nada elegante somos al momento

de trocar la vida en fábricas,

campos, ciudades, estaciones de trenes,

burdeles y casinos, por un mundo

de disipados placeres donde otros

viajan sentados.


Nos llaman pueblo, masa, chusma,

proletarios, le tiramos al lumpen

y no hay nada grandioso sobre la faz

de la tierra que certifique nuestra

ausencia en su construcción

y, ciertamente, nadie podrá

quitarnos las palabras misteriosas

tan próximas a lo sagrado

y mundano de la poesía.


Del libro Memorias del asedio


***


En cualquier parte del mundo

se está la palabra volviéndose

mudez y al mismo tiempo

estremeciendo, como si relámpago.

todas las sombras.


Reposa de ataúdes y como oro

brota de la tierra y es un oro

no mineral, sino de aire, de río,

y entonces aunque descansa en paz.

vive en la ancha tristeza

de los escarabajos y los pájaros.


En cualquier parte del mundo

se va haciendo silencio,

pero es un silencio que despierta

y suena como árboles quebrándose

y soltando el fuerte olor de sus troncos

invadiendo el aire

para que respire

su golpe vegetal.


Alguien al saber de su silencio,

como de cantos rodados

en hondos pozos, irá a mover

el orden de la risa

y el temblor que canta.


En cualquier parte del mundo

se reparte el dolor y respiro,

y aunque ciega, mira con ojos

de hojas y de sombras

toda la luz que emana de su silencio.


Alguien, en cualquier mediodía,

sabrá que mientras mayor su mudez

y atadura a la tierra,

mayor su desandar y el sonoro cascabel

que abraza a los solos del mundo.


Del libro Memorias del asedio


***


Este gran encierro me tranquiliza

olvido me he venido dando


Me asomo a las ventanas y saludo

apenas me alcanza la memoria


Tan sólo queda el olor a café en flor

caña dulce mordida

herraje en las nalgas

esclava supliendo la marca

la ropa un pedazo de saco

y la calle real un mosaico de piedras


¿Dónde andará mi sangre dispersa?

¿Dónde habrá el consumidero 

de mi tristeza renacido?


Un día mi risa blanca será

el susto de los niños


Un día me hará maltrato

golpe y empellón

el látigo que humilló

siempre en esta casa


Y mi pelo blanco no será

escarcha de una pascua ajena


sino la espuma de un río

bastión de inocencia en el corazón de África


¿Dónde Bautista cortaron

mi cabeza y fui a la arena?


¿Dónde daré candela a esta casa

y montaña adentro haré fiesta,

rochela y canto?


Un día seré neblina

viento de la montaña

machete solo


en manos de nadie.



A Juan Bautista



Del libro Voces del extravío

Postales de noviembre

-Manuel Cabesa-


Hoy, esta noche, me reúno a solas con todo lo perdido...

José Emilio Pacheco



Edad, henos aquí. Cita concertada, y desde antaño, con esta hora de gran significado.

Saint John Perse



(A la mystérieusse)


****


Fondo sin tiempo de los años


Conforme pasan el tiempo y el cuerpo se embarca hacia su último quebranto, la memoria parece detenida en ciertos instantes. 

Alguna mirada postergada en la fijeza, algún estremecimiento que confundimos con la felicidad, algunos amores ahora sin nombre. 

Conforme pasan las edades y el cuerpo se subordina a un paisaje por siempre devastado, la memoria gana en espesura, se abre hacia la noche, oyendo crecer la hierba insomne.


****


Los de entonces


Aquí estamos nuevamente, detenidos en el tiempo estático de una imagen. Al parecer somos los mismos: los de siempre: los de entonces. Pero al detallar los rostros vemos que los de entonces ya no están, sus gestos quedaron detenidos en otro lugar, en otro tiempo.

Nos buscamos en el fondo del espejo donde está guardada la vida detenida, quizás se oculte allí nuestro verdadero rostro: los gestos perdidos en la profundidad del tiempo, dormidos en ese sueño que inventamos para evadir el paso del tiempo.

Porque éstos de ahora son otros, somos otros. Los mismos, pero diferentes: distancias, heridas, olvidos, cicatrices, ausencias que nos acompañan a la mesa ocupando el puesto de los que ya no volverán para estar de nuevo juntos, y volver entonces a ser los de entonces.


****


Todos somos soledades


No me preguntes cómo pasa el tiempo, sus horas lentas se escapan entre ensoñaciones y falsos consuelos, como máscaras fantasmales hilando sus rosarios en la hojarasca del tiempo. Tiempo corto y mezquino que resta vidas y alarga nostalgias; distinto al tiempo de la añorada juventud, promesa de soles y esperanzas. Efímera edad danzando en la volátil intimidad del sueño, mostrando en medio de su ronda la pálida blancura de sus pies alados. 

Llamo edad a esta claridad desnuda que enceguece: este derrumbe de los días: este desprendimiento de los sentidos: esta dislocación del deseo. Camino sin término entre un sendero de retamas y ortigas, de flores que hablan entre sí un idioma desconocido. Camino para alterar la secuencia del tiempo: volver a la simiente donde sólo el recuerdo ocupa la inevitable desdicha de la distancia.

El tiempo pasa y todo se pierde, no hay salida. Tampoco hay ilusión con la edad: la única evidencia del tiempo es el deterioro. ¿Qué nos queda entonces? Sólo la compasión de quienes aún nos aman y todavía son capaces de darnos el santo alivio de un abrazo; pausa anhelada en la penúltima estación de la vida: respirar acompañado con el alma repartida entre dos.


****


Ordenación fugaz de la memoria


He aquí que mi sombra se mira en el espejo y me devuelve la imagen del que ya no soy. Del que vive a extramuros, a expensas de los recuerdos, ajeno a toda circunstancia. Perdido en el gesto, disperso entre las cenizas y las palabras. 

Inmóvil aleteo de días acumulados: el tiempo se entreabre como párpados de la memoria, como flores evaporadas en la transitoria claridad: abismo nocturno donde reposa la existencia.

Toda palabra es un despertar, fragmento sumergido que la transparencia ensombrece. Espacio escrito/descrito sobre la línea abierta. Frágil vínculo apenas percibido a ras de la tiniebla cotidiana. 

Qué rasgo separa la sombra de la memoria. El pasado revive fugaz en la calidez del reencuentro. Algo/¿alguien?, voz o presencia, nutre las estaciones del tiempo transcurrido. 

También la amistad se resguarda en el misterio; y el amor como el pasado nos resulta trágico o imposible: ambos una especie de secreto compartido (como el poema). Aun así una imagen los contiene y una palabra nos recuerda que somos efímeros. Como el amor/como la vida.

El periodismo cultural y su diario vagar: De lo popular y lo exquisito

-Alberto Hernández-


I


Luego de largos años de tropiezos y muy pocos aciertos, entre la añoranza utópica y los santiguadores de oficio en funciones de gobierno, hemos arribado a la conclusión de que el país de hace poco ha sido una absoluta necedad. Abiertos los ojos, entramos en la Historia, en el nuevo orden que habrá de redimirnos, hacernos un modelo humano capaz de agotar los mitos y refundar los códigos de los sueños más añorados.

Desde esa perspectiva optimista recurrimos a viejos anhelos para tratar de entrar airosos en este episodio recaudador de emociones. Digamos que somos parte de los despojos anunciados por los recién llegados a las sandalias de Dios. Que habremos de sentirnos felices por cada una de las palabras salidas de la boca de quien resume nuestras angustias y alegrías.

Y así, por esa brecha, entre albricias y sinsabores, regresamos a un intento para definir lo que hemos venido haciendo, con la esperanza de salvarnos de la herrumbre tomada como descubrimiento. En este vagar, en esta inutilidad que nos arropa desde que supimos que éramos periodistas dedicados al sector cultura, nos sorprendemos al sabernos responsables de todo lo que ha ocurrido y ocurre en un mundo tan ajeno al hombre común como a los dioses bajados del Olimpo.


II


Es que, como dice alguien identificado con el Monje Loco, no hemos entendido nunca lo que hemos sido y somos. Que alguien vendrá a llevarnos de la mano para “entrar por el aro” de la obediencia y la máxima felicidad. 

En estos brinquitos nos hallamos. En este sobresalto -al amparo de la divinidad- ingresamos en la diáspora de viejas lecturas, una vez más, para tratar de entender qué somos, para qué servimos y para qué no.

No omito la mirada inocente del hombre frente a los dibujos animados de las Cuevas de Altamira. Mucho menos ante las marcas de fábrica que los dioses dejaron en las pirámides de América Central. 

Hemos sostenido siempre que todo aquel que se acerque a la cultura debe estudiar todos los días. Acercarse a las universidades (cuidado, se trata de un espacio elitista, exquisito), a las formas de expresarse el país. Conocer no sólo los rincones de la tierra que se respira, sino saber de otras e –inclusive-, hacerse de otros idiomas. Así, en este sentido, el periodista, pero también el animador u operador cultural deben ampliar su mirada, más allá de gustos y debilidades. No se contradice la academia con lo nombrado popular. En el caso de este cronista, nunca he creído en el término “cultura popular”, toda vez que lo que sale de la inteligencia del mundo sale del hombre. Tan popular es Beethoven como Luis Laguna. Tan popular es De Falla como Joan Manuel Serrat. Tan popular Andrés Eloy Blanco como Ezra Pound. Tan populares como académicos. Ojalá, digo, los que se dicen limpios de espíritu por lo popular entendieran que la sensibilidad artística existe en todas partes. Tanto en el hombre que ordeña y canta una tonada como en el que lee una partitura para ópera en el Teatro Bolshoi. Pero la necedad es infinita como la estupidez.


III


Quien no se sienta exquisito que no lea a Borges, y si se trata de algún cercano a sus infartos que rechace a Alejo Carpentier, tan exquisito como a veces pesado en su andar barroco. Que queme los libros de García Márquez, del muy “elitesco” Cortázar, del tan humillado Onetti. Que regalen los poemas de Jaime Sabines y derroquen las “argucias” verbales de Octavio Paz. Como aquellos que se han alejado de los grandes poetas venezolanos Eugenio Montejo y Rafael Cadenas por no estar montados en el caballo de Maisanta. Que lean entonces libros de autoayuda y se hagan de la ya olvidada literatura costumbrista y los panfletos de guerra fijados en los árboles secos de los campos de batalla.

En este correr, nos topamos con varios tipos de periodismo. Vale la pena enunciarlos, dejarlos allí para que los interesados investiguen, se empapen en sus tardíos estudios universitarios, para que al fin logren la felicidad adecuada a sus sentimientos ideológicos. 

Se habla de un periodismo informativista o inmediatista (lo encontramos en los boletines infames de las instituciones culturales de la comarca); el periodismo promocional, el oficial, el llamado periodismo empresarial, el primoroso (divorciado de la realidad y dado a cantar las vísceras de espectáculos y personalidades, sobre todo si están en la cresta de la ola del poder); el tan preocupante periodismo elitesco (“Al limitarse a reseñar lo relacionado con el campo elitesco, el periodismo cultural olvida ese otro acontecer que también es cultural: lo popular. Lo popular no es noticia, no es válido”, según palabras de un encuestado en un estudio sobre el tema); el periodismo causístico (el que expresa la “individualidad de sus actores”), etc.

Es decir, para apartarse de esas categorías hace falta ahondar en lo sociopolítico, en lo cultural mediante la reflexión crítica. Quien se diga “popular” cree que no hay profundidad en el hacer creativo. Veamos: muchos operadores del sector creen que con celebrar la música venezolana o a los pintores llamados ingenuos están haciendo patria. Pues no, cada uno de esos creadores tiene una historia, un método y una visión de mundo. No se trata del esquemita sociológico ni de la petulancia falsamente antropológica de algunos avispados que se dicen defensores de lo “popular”.

                                                                            

IV


Ciertamente, lo cultural ha perdido mucho espacio en los medios. No obstante, los pocos que existen, no todos, por supuesto, han dado más importancia a lo inmediato, a lo causístico (¿casuístico?). Pero también han revelado que lo “popular” tiene importancia en la medida de la seriedad de quienes laboran con la materia prima de lo no académico. 

Se ha llegado al extremo de hacer de lo folklórico un producto de farándula. En esta comarca nos tropezamos a diario con farsantes que asoman sus dones en centros nocturnos donde lo cultural/folklórico no es más que pésimo gusto y baja calidad. Y así, muchos funcionarios se valen de esos lugares para escalar posiciones y revivir la más triste de las ramplonerías. 

De manera que para quienes ostentan cargos y se dicen progresistas, debe imperar la calidad porque ésta es un merecimiento del colectivo. No por rimar se es poeta. No por pegar dos gritos se es cantante de ópera. No por torcer los ojos y silabear cuatro textos se es actor. Impera el estudio, la investigación, el trabajo constante para alcanzar los niveles que una sociedad como la nuestra reclama. 

Si lamentamos que cierto periodismo ha olvidado estos planteamientos, también es cierto que algunas individualidades han cultivado un periodismo serio, tanto que han hecho escuela en este país. Las pamplinadas de los quejumbrosos perdieron vigencia con su llegada al poder. Que entiendan que lo popular también puede ser exquisito, como debe ser.


(10-01-2007)

Mi ventana

Título (fotografía): Atardecer en el barrio (2018)

Autor: Ramón Hernández


-Liris Miyares-

 

A través de mi ventana observo un cielo azul colmado de espumas, blancas, multiformes; la brisa suave y fresca que acaricia mi piel trae buenas nuevas desde lugares lejanos. 

Las personas transitan, algunas sonríen mostrando su alma libre, otras conversan sobre situaciones cotidianas, los niños juegan tejiendo sus sueños que vuelan al aire en papagayos multicolores. No faltan los que distraídos conversan bajo la sombra de un árbol, sobre las soluciones a los diferentes problemas que enfrenta el país sin aportar nada para ello. 

Los árboles frondosos cobijan con gracia un universo de aromas, alimento, canto, color y frescor a diversidad de especies. 

Las casas cuentan historias, cada una encierra en su esencia el alma de quien la habita, se escuchan voces, son nuestras propias voces y la de aquellos que alguna vez la habitaron. Todo en ellas tiene vida: el color de sus paredes, los cuadros, los muebles, las habitaciones... cada detalle. 

La calle, mi calle marca las huellas del continuo peregrinar de transeúntes asiduos y alguno que otro foráneo. Los perros saludan con la cola a los amables vecinos y ladran mostrando sus colmillos a los maleducados y a las personas no gratas. 

Esta es mi urbanización que para 1985, época en la que me mudé, se respiraba aire fresco, (exceptuando la llegada de las lluvias en la que circulaban los fuertes olores de las polleras de "Los Tanques" e impregnaban el ambiente acompañado de un enjambre de moscas). 

El verde de sus montañas, fieles guardianas del valle, que como gigantes saurios permanecen en letargo a la espera del despertar de sus atribulados coterráneos.

Se escuchan a lo lejos la voz de algún niño que en su inocencia no entiende por qué suben cada día los precios, por qué su madre debe hacer largas cosas para adquirir alimentos, medicinas o retirar efectivo de las entidades bancarias. 

Así transcurre la vida en mi comunidad, de gente sencilla, a la que en tiempos no muy lejanos era fácil sacarle una sonrisa, la de los chistes ligeros, sentarse en la puerta de las casas, contar las incidencias del día, tomarse un cafecito recién colado y hasta algún dulce o galletas eran cosa común. 

Esa misma ventana me exorciza y me lleva a tiempos lejanos a buscar mis raíces, donde siendo niña, en mis primeros años de escuela dibujaba un mundo con virginales trazos a veces de colores vivos, brillantes y otras en tonos blancos y grises. Esa niña que aún vive en mí tenía mucho miedo. La niña crecía, se hizo mujer y seguía callada, oculta.

Vienen a mi memoria recuerdos gratos de juegos en el patio bajo la sombra de dos hermosos y frondosos tamarindos: la ere (r), el avión... entre muchos otros.

Esa niña reclamaba atención, en ocasiones la reprendían por armar berrinches y ella callaba para evitar conflictos. Por muchos años, aún siendo mujer, vivíamos en una constante lucha ella queriendo salir y yo dándole palmadas y algún consuelo.

El paisaje se desdibuja en mi memoria: nubes grises cargadas de nostalgia acompañan los días felices de mi infancia que ya no están, muchos amigos y vecinos alzaron el vuelo peregrino de no retorno. 

Los largos y extensos caminos bordados de algarrobos y apamates se perdieron en el recuerdo. 

Regreso, encuentro un crecimiento urbanístico desproporcionado en cada rincón de las diferentes ciudades. Los ríos perdieron su caudal producto de la tala indiscriminada y la quema en sus nacientes, convirtiéndose por lo tanto en receptáculos de desperdicios.

Las grandes ciudades convertidas en monstruos gigantescos han pasado a ser cárceles particulares donde los ciudadanos se protegen de todos y de todo, no se respetan los derechos de los vecinos, prevalece la ley del más fuerte por lo que sobrevivir es una especie de suerte.

Contemplo a través de mi ventana y me pregunto ¿dónde nos perdimos?

 

2018