Palabras que son flores que son frutos que son actos...
Octavio Paz: La estación violenta
Edición y nota:
Manuel Cabesa
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Pinceladas habaneras
La Habana es una ciudad que embruja con su decadente encanto a quien la visita allende el mar: sus calles y portales, sus parques, la inmensidad del mar frente al viejo malecón quedan impregnadas en la mirada y la memoria de quien la respira.
Esta impresión es la que aparece cuando leemos "Escrito en La Habana" (Fondo Editorial Ollé, 2024) del poeta venezolano Moisés Cárdenas. Sus textos son en su mayoría breves y amorosas pinceladas donde el amor y el mar forman parte primordial de un paisaje que se va entregando al lector a través de cada página.
Tachirense trashumante radicado en la Argentina, Cárdenas no sólo deja constancia de los momentos más sublimes que la isla le regalara, sino que también la sueña y la presagia en otros paisajes recorridos, como deja constancia en los textos que complementan el volumen y en donde el poeta registra su paso por Santiago, Isla Negra y Cartagena: ciudades de mar ocupando la nostalgia de un poeta de la cordillera.
El aliento en el cristal: La geometría sensible de Tico! Tico!
Este análisis busca desentrañar una propuesta que está entre las grabaciones más cristalinas y lúdicas del clarinete contemporáneo. En 1989, Paquito D’Rivera documentó el sonido de una libertad que ya no necesitaba gritar para ser escuchada, sino que prefería susurrar con la precisión de un relojero y el alma de un parrandero caribeño.
I. El salón y la acera: Nueva York como laboratorio (1989)
Hacia finales de la década de los 80, el Latin Jazz en la Gran Manzana atravesaba una metamorfosis hacia la sofisticación técnica. La era de la Salsa Brava/Jazz Afro Cubano iba cediendo terreno a una visión más intelectualizada y camerística. Mientras la ciudad lidiaba con la crisis del crack y tensiones bajo la administración de Ed Koch, el jazz encontraba refugio en una estética postmoderna que permitía hibridaciones sin complejos. El Latin Jazz dejaba de ser sólo "música de baile para jazzómanos" para convertirse en una forma de arte de concierto, donde la técnica académica y la improvisación vernácula se daban la mano en los clubes del Village.
II. El clarinete errante: La cúspide del exilio
En 1989, Paquito D’Rivera cumplía casi una década de haber aterrizado en Nueva York tras su deserción en España (1980). Ya no era simplemente "el músico que escapó"; era una institución por derecho propio. Bajo el ala de Dizzy Gillespie, había demostrado que su lenguaje era universal. Residenciado ya plenamente en el área de Nueva York/New Jersey, Paquito alcanzó una madurez biográfica donde la rabia del exiliado se transformaba en la curiosidad del viajero. Tico! Tico! es el diario de un ciudadano del mundo que utiliza la metrópoli como su atalaya creativa.
III. La física de la pureza: El santuario de Chesky Records
Uno de los rasgos definitorios de este álbum es su estética acústica de cámara. Grabado en la Iglesia de San Pedro (St. Peter's Church) en Nueva York, el disco es un hito de la ingeniería de sonido.
Se utilizó un solo micrófono estéreo (técnica de par Blumlein) y grabación directa a dos pistas, sin sobregrabaciones (overdubs) ni mezclas posteriores. El resultado fue una transparencia espacial donde el oyente puede "sentir" la madera del clarinete y la vibración de las cuerdas de la guitarra de Tiberio Nascimiento. El sonido es tan puro que se convierte en un instrumento más, exigiendo a los músicos una ejecución impecable, pues no había margen para el error técnico.
IV. El tríptico de las dos orillas: Los valses venezolanos
Dentro del programa, destaca un núcleo de belleza conmovedora: los "Three venezuelan waltzes" de Antonio Lauro ("Valse criollo", "El marabino" y "Laura"). Estas piezas representan la sofisticación de la música de salón filtrada por el temperamento popular.
La clave de estas piezas reside en el juego rítmico donde el compás la melodía se superpone al pulso del acompañamiento.
Al trasladar estas obras de la guitarra solista al dúo de clarinete y guitarra, Paquito no solo "toca" la partitura; la "canta" con un rubato que respeta la herencia de Lauro mientras inyecta la síncopa del jazz. Es el reconocimiento de un cubano a la hermandad del Caribe continental.
V. Los obreros de la delicadeza: El ensamble
He sintetizado el perfil técnico y estilístico de los músicos basándome en su trayectoria documentada y sus rasgos distintivos dentro de la industria y evitando adjetivos vacuos para centrarme en su lenguaje musical.
El desempeño de los músicos que acompañan a Paquito es extraordinario.
Un joven Danilo Pérez cuya capacidad para el contrapunto ya anunciaba al genio vanguardista, con un estilo panamericano y un lenguaje post-bop fuertemente influenciado por Thelonious Monk en el uso del espacio y las disonancias, demuestra en este trabajo su gran complejidad rítmica, que suele romper la simetría del compás tradicional.
La formación clásica de Fareed Haque en la guitarra) se hace evidente en la pieza apertura, donde utiliza ataques rápidos y una articulación muy limpia, incorporando ciertos microtonalismos y ornamentos derivados de su herencia pakistaní-chilena. Romero Lubambo, maestro de la guitarra de nylon en el contexto del jazz, asombra con su técnica de dedos vertiginosa en –que le permite tocar líneas de bajo, armonía y melodía simultáneamente– en los temas "Tico! Tico!" y "To Brenda With Love", mientras que en "Chorinho #3, Sheep Meadow" se hace evidente su gran conocimiento de la tradición rítmica del Brasil profundo. Tiberio Nascimento se hace cargo de las seis cuerdas en los valses venezolanos. A lo largo de su carrera, este guitarrista y compositor se ha enfocado en la síntesis de folklore brasileño y la estructura académica; aquí se adapta a la perfección a las exigencias interpretativas de las piezas que aborda. Su estilo es más austero y estructural que el de Lubambo y Haque, priorizando la claridad de la voz líder y una técnica de mano derecha muy disciplinada, heredada de la escuela de guitarra clásica.
Portinho (Milton Portinho) en la batería, considerado el "maestro del swing brasileño" en Nueva York, tiene un estilo inconfundible por su manejo del hi-hat y el uso de notas fantasma (ghost notes) en el redoblante, lo que crea un pulso de samba orgánico y bailable que parece "flotar" sobre el tiempo, lo que podemos apreciar forma inmejorable en "Tico! Tico!", "Song for Maura", "To Brenda With Love" y "Recife's Blue". *Mark Walker* se sienta tras la máquina del ritmo en "Danza Característica", "Añorado Encuentro", "Carola", "Serenata" y "Elizabeth". Baterista de alta especialización en polirritmia mundial, su estilo combina la precisión del jazz estadounidense con un conocimiento enciclopédico de los patrones del Caribe y Sudamérica. No es un baterista de fuerza bruta, sino de texturas complejas y subdivisiones matemáticas. Nilson Matta es uno de esos grandes del bajo en el jazz brasileño moderno que crean escuela. Su lenguaje se basa en trasladar la síncopa de la samba y el choro al contrabajo con un sentido del "swing" elástico pero firme. Es conocido por su lirismo en los solos y el uso de cuerdas al aire para crear texturas resonantes, como podemos comprobarlo en "Tico! Tico!", "To Brenda With Love" y la vibrante cerradora "Recife's Blue", donde su participación es tan extraordinaria como vital. Por su parte, David Fink es un bajista de perfil integral. Su estilo es valorado por una entonación impecable y un sonido limpio y profundo. En el jazz, se distingue por un walking bass de gran solidez rítmica, mientras que su faceta clásica le permite una lectura melódica muy sofisticada en pasajes con arco. Se puede disfrutar de su toque elegante en "Danza Característica", "Añorado Encuentro", "Carola", "Serenata" y "Elizabeth".
Raphael Cruz completa esta tropa de élite. Percusionista de la escuela del Latin Jazz neoyorquino, músico de personalidad colorista que, más que buscar la saturación rítmica, se enfoca en acentuar las síncopas clave y aportar texturas ambientales mediante el uso de percusión menor, integrando el lenguaje de la música yoruba con las sonoridades del jazz fusión. Todos los miembros del equipo aportan un mecanismo rítmico elegante que permite a Paquito volar con el clarinete, ayudándole a realzar esa amalgama de swing y clasicismo que lo caracteriza y a volar con su amor por el registro agudo.
VI. mapas estilísticos: De Ipanema a la Reunión
Para enmarcar este desarrollo, debemos mirar hacia atrás y hacia adelante.
Return to Ipanema (1989), el álbum anterior de Paquito, tiene en común con Tico! Tico! que ambos exploran el lirismo brasileño. Sin embargo, Return to Ipanema es un homenaje más directo a la Bossa Nova de Jobim, con una relajada atmósfera de "saudade". Tico! Tico! es más virtuoso, técnico y enfocado en la perfección acústica.
Dos años después, con el reencuentro entre Arturo Sandoval y Paquito, volverían los fuegos artificiales y el estallido afrocubano. Frente a la extroversión de que ambos maestros harían gala en Reunion (1991), Tico! Tico! casi parece un jardín zen, una pausa de introspección camerística.
VII. Trascendencia: El legado del chamber jazz
La verdadera importancia de Tico! Tico! radica en el extraordinario aporte que, desde los territorios de la latinidad, haría a las posibilidades del Jazz de Cámara. Paquito demostró que el Latin Jazz no necesitaba de una conga tronante para ser "latino". Introdujo la sensibilidad del chorinho y el vals criollo en el canon del jazz de alta fidelidad, consolidando su imagen como un virtuoso políglota capaz de satisfacer tanto al académico como al fanático del bop.
Clasificación: •Excelente
Tico! Tico! es un álbum •Excelente porque roza la perfección técnica y sonora. Es un objeto de culto para audiófilos y una lección de cómo la música popular puede ser tratada con rigor académico sin perder su alma. El segmento de los "Three Venezuelan Waltzes" alcanza el grado de •Esencial, siendo quizás la mejor grabación de estas piezas para instrumento de viento. Es un testimonio de un artista en estado de gracia, donde el aire se hace cristal y el cristal se hace sonido.
Paquito D'Rivera – Tico! Tico! (1989)
•Cuba
•Estados Unidos
•Latin Jazz
•Chamber Jazz
con fuertes elementos de:
•Samba
•Chorinho
•Bossa Nova
•Afro Cuban Jazz
•Valse Venezolano
•Excelente
Músicos
Clarinete, Saxo Tenor: Paquito D'Rivera
Bajo: David Finck (pistas: 1, 2, 5, 9, 10), Nilson Matta (pistas: 6 a 8, 12)
Batería: Mark Walker (pistas: 1, 2, 5, 9, 10), Porthino (pistas: 6 a 8, 12)
Palabras que son flores que son frutos que son actos...
Octavio Paz: La estación violenta
Edición y nota:
Manuel Cabesa
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Como esos arroyos que emergen a la superficie de la tierra luego de su recorrido subterráneo, resurgencias que irrigan los campos dándole nueva vida, los poemas recientes de Aimée Torres emergen con nueva voz luego de una primera experiencia editorial con su libro Trascender en Rosa (2025).
Si en aquellos la mirada se concentraba en lo que Susan Sontag ha llamado "la enfermedad y sus metáforas": la lucha por la subsistencia durante un penoso proceso oncológico, su búsqueda de Dios como refugio y consuelo existencial y camino hacia un nuevo despertar espiritual... huelga decir que también sirvió para descubrir en la poesía un camino de redención y catarsis.
Con la seguridad Aimée obtenida durante su proceso clínico no se quedó girando en la noria de un primer logro, sino que siguió indagando en las posibilidades del poema, redimensionó la artesanía de su sintaxis logrando clarificar su discurso hasta alcanzar para ella y sus lectores una nueva proeza del corazón y un logro del entendimiento.
Resurgencias son también fragmentos de un viaje hacia sí misma, un desdoblamiento de su ser infantil atrapado en la celda cristalina de la edad: "Trascendiendo con mi vista/de ángel y niña renacida..."; "descubrir la libertad/de ser una niña a mi edad/sin juicios/ni prejuicios..."
Además de ser una resurgencia hacia el mundo representado en la naturaleza y la religiosidad: "en la irradiación galáctica/de nuestro ser/alma del todo en Todo..."
No son gratuitas las citas de Rilke que encabezan la selección: se trata de un poeta cuya lectura ha animado parte su creatividad y con el que guarda algunas afinidades: como el autor de las Elegías de Duino, su intención parece ser el describir "Ese mundo visto no ya en el hombre, sino en el ángel, es tal vez mi verdadera tarea..." ( R. M. Rilke: Carta a Ellen Delp, 1915).
Aimée Torres (Caracas, 02/04/1979). Residenciada desde muy joven en Valencia, estado Carabobo. Licenciada en Relaciones Industriales por la Universidad de Carabobo, perteneciente al movimiento Nos Une la Poesía, al Taller Literario Libertad Bajo Palabra; coordinadora de programas de micrófono abierto para la Ruta Poética de Carabobo, egresada de la Escuela Nacional de Poesía Juan Calzadilla, realizadora de Talleres de EcoPoesía para niños y jóvenes. Así mismo creadora de contenido en Tik Tok (#sanaplena) en las redes brindando apoyo a personas con diagnóstico de cáncer, luego de sufrir y resultar victoriosa de cáncer de Cáncer riple negativo (2020); el fruto de esa experiencia está plasmado en su primer poemario Trascender en Rosa (Fondo Editorial Nos Une la Poesía, 2025). Varios textos suyos forman parte de diversas antologías.
El bautismo del sentimiento: La consagración de La voz
Para abordar la figura de Héctor Juan Pedro Pérez Martínez y su debut en solitario, debemos realizar una revisión crítica de la narrativa del "ídolo caído" para encontrar al músico total. La voz (1975) es un disco de transición y, al mismo tiempo el acta de nacimiento de un oráculo urbano.
A continuación el análisis de esta obra, trazado con la cadencia de una clave 2-3 y el rigor de quien sabe que, en la salsa, la verdad se esconde en el montuno.
El retablo de las maravillas urbanas
En 1975, Nueva York era una ciudad herida que bailaba para no desangrarse. Mientras la metrópoli se asomaba al abismo de la quiebra fiscal y el Bronx ardía literalmente, la Salsa alcanzaba su mayoría de edad como industria y símbolo. El sello Fania, liderado por Jerry Masucci y Johnny Pacheco, había transformado un sonido de barrio en una marca global.
La escena vivía el "Boom": las Fania All-Stars ya habían conquistado el Yankee Stadium y el Roberto Clemente en Puerto Rico. Sin embargo, el sonido estaba mutando. La agresividad "pesada" de los trombones de principios de los 70 empezaba a pulirse para dar paso a arreglos más sofisticados, buscando una elegancia que permitiera al género entrar en los salones sin perder el sudor del asfalto.
El alumbramiento del solista: De la sombra al foco
Héctor Lavoe no quería ser solista. Su contexto biográfico en 1975 está marcado por la angustia del abandono. Willie Colón, su socio, mentor y "protector" durante ocho álbumes de éxito rotundo, decidió disolver la orquesta para refugiarse en el estudio y la producción, agobiado por el estilo de vida errático de Héctor y la presión de las giras.
Héctor, poseedor de una inseguridad tan grande como su talento, se sintió desamparado. No obstante, este empujón forzoso fue el que permitió que el "Cantante de los Cantantes" emergiera. La voz es el resultado de un hombre que tiene que demostrarse a sí mismo —y a una escena que lo observaba con lupa— que su carisma no dependía exclusivamente del genio de Colón, aunque este último se mantuvo como productor del álbum para asegurar la continuidad estética.
El puente entre dos mundos: Puerto Rico y la Gran Manzana
El contexto sociopolítico era de una dualidad tensa. En Puerto Rico, la industrialización fallida generaba una migración constante; en Nueva York, los "Nuyoricans" reclamaban su espacio cultural a través del arte y el activismo. La voz captura esa biculturalidad: es un disco que suena a los clubes de la calle 52 pero que respira el aire de los campos de Ponce. Es la respuesta cultural a una crisis de identidad, ofreciendo al latino un espejo dónde reconocerse como una figura de éxito y elegancia, a pesar del entorno hostil de la era post-derechos civiles en EE. UU.
Planimetría del soneo: Características del álbum
La voz es un tratado de equilibrio. A diferencia de la crudeza de los años de Elmalo, este álbum presenta una producción cristalina y expansiva. Se mantiene la Salsa Brava pero con una sección de vientos más disciplinada y la presencia decisiva del bolero en la fórmula general. El fraseo de Héctor alcanza aquí su cenit: una dicción perfecta, un sentido del humor afilado en los soneos y esa capacidad única de transmitir una melancolía alegre.
Willie Colón, en la producción, utiliza arreglistas de la talla de Mark Dimond y él mismo se pone manos a la obra en el área, logrando una paleta sonora que va desde el guaguancó más sabroso hasta el bolero más desgarrador. La instrumentación incluye un piano virtuoso cargador de matices jazzísticos, una percusión bien ejecutada, pero también menos abigarrada que en producciones anteriores y unos trombones que, aunque menos anárquicos, conservan el "mordisco" del barrio.
Los obreros del groove
El álbum cuenta con una selección de élite que garantizó un sonido compacto. José Mangual Jr. (bongó) y Milton Cardona (Congas) fueron el corazón rítmico que entendía cada respiración de Lavoe. El trabajo del "Professor" Joe Torres en el piano define gran parte de la identidad del álbum, alternando entre el montuno tradicional y matices armónicos más modernos. El desempeño de Héctor Lavoe no fue el de un simple vocalista, sino el de un narrador. Su capacidad para improvisar el montuno con versos que conectaban a la vivencia del espectador (el "soneo") se consolidó en este trabajo como la mejor del género.
El umbral del mito: Lo mato vs. La voz
La comparación con Lo mato (Si no compra este LP) (1973) es reveladora del desarrollo estilístico. Ambos conservan el ADN de la "calle" y el orgullo marginal. Pero mientras Lo mato es el fin de una era de "pandillerismo" musical visceral, ruidoso y desafiante, La voz es el inicio de la era de la "Superestrella". Mientras en Lo mato Héctor es parte de un binomio, en La voz el sonido se rinde a su personalidad. El caos controlado de 1973 se convierte en una sofisticación rítmica en 1975.
La consolidación de la nostalgia: De Lavoz a De ti depende
El álbum posterior, De ti depende (1976), profundiza en la fórmula pero con matices distintos. Mantiene la producción de Colón y el enfoque en Héctor como centro de gravedad. No obstante, mientras La voz tiene la energía del debutante que quiere comerse el mundo, De ti depende es más introspectivo, otorgando un peso mayor al bolero y a la temática del desamor y la soledad. Si La voz es la fiesta del renacimiento, Detidepende es la reflexión de la mañana siguiente.
El valor de la verdad
La trascendencia de La voz para Héctor fue vital: le otorgó el título que lo acompañaría siempre y le dio la confianza para manejar su propia orquesta (aunque siempre bajo la sombra protectora de Fania).
En el contexto de la salsa, este álbum es un paradigma del "Cantante Solista de Salsa". Antes de esto, la orquesta solía ser la protagonista; después de La voz, el modelo cambió hacia la estrella individual apoyada por arreglos de primer nivel, estrategia que luego adoptarían grandes como Cheo Feliciano y Rubén Blades. Marcó el estándar de oro para lo que hoy entendemos como la era clásica de la salsa refinada neoyorquina.
Clasificación: •Esencial
La voz, además de un álbum de canciones exitosas, es también el documento sonoro que define una identidad cultural. Es •Esencial porque contiene el equilibrio perfecto entre la técnica del sonero estrella y la producción de vanguardia de la época. Sin este disco, la salsa no habría encontrado el rostro humano y vulnerable que Héctor Lavoe le otorgó, elevando el género de una música de baile a una crónica de la existencia humana.
Algunas consideraciones sobre mi forma de calificar
Sé que últimamente he calificado a varios álbumes como #Esenciales en los diversos canales de nuestra red, lo que parece ser producto de una excesiva generosidad crítica. Puede aducirse que, si elevamos cada disco importante al altar de lo #Esencial, convertimos la crítica en panegírico y esta pierde su valor como herramienta de discernimiento. El problema de analizar obras como las de Serrat, Änglagård o Lavoe es que estamos tocando pilares de sus respectivos géneros, lo que facilita el veredicto máximo.
Este es un buen momento, si quiero que esta columna tenga rigor, para demostrar a los lectores que mi "filtro" no es de papel.
Aquí les presento mi hoja de ruta interna para que vean dónde trazo la línea y por qué, a veces, parezco un crítico "generoso":
La anatomía de mi escala de valores
•Esencial: Cambia el ADN del género. Hay un "antes" y un "después" indiscutible. La voz entra aquí porque inventa al solista de salsa moderno.
•Excelente: Una ejecución técnica y artística superior, pero no necesariamente rompe el molde. Por ejemplo Twenty-Two de Luis Perdomo es una joya, pero vive bajo la sombra de Links.
•Bueno: Un disco sólido, disfrutable, que cumple con el oficio pero no trasciende la época. Muchos discos de la Fania de finales de los 70 que repetían fórmulas caen en esta categoría.
•Regular: Trabajo artesanal sin alma, reiterativo o con fallos de producción y concepto. Ejemplo: Álbumes de "Salsa Romántica" genérica de los 90. Serán pocas las ocasiones en que aquí aparezca un álbum con esas características.
•Pobre: Desastre artístico, falta de coherencia o producto puramente comercial fallido. Ejemplo: Experimentos de "crossover" mal ejecutados. Definitivamente es muy improbable que lleguen a ver un álbum así en esta columna.
¿Por qué mantengo el #Esencial para este disco de Lavoe?
Entiendo posibles escepticismos. Si analizáramos Reventó (1985) de Lavoe, mi veredicto bajaría a •Bueno o incluso •Regular por la irregularidad de su voz y la producción menos inspirada.
Pero La voz es el acta de independencia de una de las figuras más icónicas de la salsa. Si ese disco falla, Héctor se queda como "el cantante de Willie Colón" y la historia de la música latina cambia por completo. Es un disco "bisagra".
Un ejercicio: La voz analizado desde Colón
Para entender el éxito de La voz, es imperativo desviar el foco del micrófono y apuntarlo hacia la cabina de control. Si Héctor Lavoe puso el sentimiento, Willie Colón puso la estrategia, el orden y la visión de futuro. En 1975, Colón no sólo era un trombonista; era un arquitecto que estaba rediseñando los planos de la música latina.
El tránsito del jefe: De la calle al laboratorio
En 1975, la escena salsera experimentaba la transición del "sonido de banda" al "sonido de productor". Mientras que en los 60 la música se grababa casi en directo, con la urgencia del asfalto, a mediados de los 70 la influencia de la producción del Philly Soul y el funk de vanguardia empezó a permear en la Fania. Willie Colón fue el primero en entender que la salsa podía ser un producto de alta fidelidad. Dejó de ser el líder de banda que "asaltaba" el escenario para convertirse en el metrónomo moral de un género que necesitaba madurar para sobrevivir al mercado internacional.
El retiro del general: El contexto de Willie
Colón, a sus escasos 25 años, ya era un veterano de mil batallas. Estaba agotado por la vida de giras y por la responsabilidad de tutelar a un Héctor Lavoe cuya indisciplina empezaba a ser legendaria. Su decisión de "romper" el binomio no fue un abandono, sino una maniobra de supervivencia creativa. Willie quería estudiar arreglos, perfeccionar su técnica y, sobre todo, controlar el resultado final desde la consola. En La voz, Colón se posiciona como un "mentor ausente": entrega a su mejor guerrero al mundo, pero le fabrica la mejor armadura posible.
El estudio como refugio: La geopolítica del sonido
Mientras Nueva York colapsaba económicamente, los estudios de grabación (como Good Vibrations) se convirtieron en oasis de sofisticación. Colón utilizó el estudio para filtrar la realidad: capturó la esencia del barrio pero le dio una pátina de "elegancia de salón". Fue un acto político-cultural: demostrar que la música de los marginados podía tener el mismo rigor técnico que la de las grandes orquestas estadounidenses. Willie fue el puente entre la furia del gueto y la precisión del conservatorio.
El plano maestro: Rasgos de la producción de Colón
La producción en La voz es una lección de economía y eficacia. Willie eliminó las asperezas de los álbumes anteriores. En Lavoz, cada instrumento tiene su espacio frecuencial. No hay saturación; hay aire. En cuanto a los arreglos, Colón no intentó hacerlo todo. Delegó en genios como Mark Dimond, pero mantuvo el control de la "visión de conjunto". Sabía que Dimond aportaría ese piano oscuro y jazzístico que Lavoe necesitaba para elevarse por encima del resto. El mayor mérito de Willie tras bambalinas fue "contener" a Héctor. Le exigió tomas donde la dicción fuera perfecta y el sentimiento estuviera bajo control, evitando que el cantante cayera en el histrionismo.
La selección de la guardia pretoriana
Como productor, Colón no sólo buscaba músicos, también buscaba cómplices. Mantuvo a la base rítmica de su propia orquesta (Cardona, Mangual, Torres) porque ellos ya hablaban el idioma de Lavoe sin necesidad de partituras. El desempeño de estos músicos bajo la dirección de Willie es de una sobriedad magistral: tocan para el cantante, no para el lucimiento personal.
Del caos a la Catedral: De Lo mato a Lavoz
Desde la perspectiva de la producción, el salto entre estos dos álbumes es un abismo.
Lo mato (1973) es un disco de "guerrilla". Willie produce con el cuchillo entre los dientes; el sonido es frontal, agresivo y casi insolente.
La voz (1975) es una catedral. La producción busca la posteridad. Willie ya no quiere "matar", quiere "consagrar". Es el paso del cineasta de acción al director de cine de autor.
La fórmula de la eternidad: Hacia De tidepende
En la producción posterior, De ti depende (1976), Willie Colón se vuelve aún más ambicioso. Persiste la obsesión por la calidad del sonido. La diferencia consiste en que en De ti depende, Colón se atreve con estructuras más complejas y una mayor presencia de cuerdas y matices orquestales. Si La voz fue el debut exitoso, De ti depende fue la confirmación de que la alianza productor-cantante era la más poderosa de la industria latina de la época.
La trascendencia del "George Martin" de la Salsa
Sin la labor de Willie Colón tras bambalinas, es muy probable que el debut de Lavoe hubiera sido un caos de genialidad desordenada. Willie aportó el orden formal necesario para que el carisma de Héctor no se quemara en el primer intento. Fue el primer gran productor independiente de la salsa que entendió la marca "Artista" por encima de la marca "Banda".
Clasificación: •Excelente
Quizá el lector esperaba un •Esencial, pero bajo la lupa de la producción pura, este disco es •Excelente. ¿Por qué? Porque aunque es el nacimiento de un ídolo y tiene un sonido impecable, todavía se siente como una "transición segura". Willie no arriesgó tanto en la experimentación como lo haría años después con Rubén Blades en Siembra. La voz es un ejercicio de perfección sobre fórmulas ya conocidas, ejecutado con una maestría superior, pero sin el carácter revolucionario que Colón imprimiría en producciones posteriores. Es un disco perfecto, pero no es el "Big Bang" de la producción de Willie; es su graduación con honores.
Héctor Lavoe – La voz (1975)
•Puerto Rico
•Salsa
•Bolero Son
•Esencial o •Excelente, según cómo se lo mire
Si quieres escucharlo, toca el enlace: https://t.me/Musicas_Latinas/685
Encerrado en mi morada campestre de Villa de Leyva, en la Montaña Mágica, con los 4 mil libros que me quedan -pues hube de donar otros tantos que no cupieron, y que me siguen doliendo cuando los necesito y no los encuentro-, me dedico, además de acariciarlos, a repasarlos, tomando nota de los subrayados felices o desgraciados con que tuve a bien desvalorizarlos. Pues más que objetos preciosos y comerciales han sido herramientas de trabajo susceptibles de intervenirse.
No todas las frases subrayadas de un libro cuando vuelven a revisarse son máximas contundentes, a veces aparecen como meras tonterías seguramente referidas a algo que el marcador estaba viviendo y que tienen por lo tanto su clave oculta.
Pero en otras circunstancias muestran la agudeza del aguzado. Que le sirven como epígrafes para sus poemas, sus cuentos o sus novelas.
Vivo pues sumido en el silencio librero compensado con el excitante retintín de la discoteca, que en este momento me trae A Midsummer Night’s Dream, ante cuyos arpegios la silla, herencia de mi suegro, que da reposo a mi nalgatorio, salta de gozo.
Mi mujer que linda con la belleza cuida de que mi pinta no se destiña, mis perros Monje y Dina hacen que durante todo el día esté evocando a dos de mis más amorosos amigos idos,
mi gata Agatha de pelaje níveo me resalta la maravilla de la creación, mientras la contemplo lengüeteando la dosis de leche que le deposito en su plato. Y las fotos de mi nieta Emilia Curtis de vacaciones en el Caribe me convencen de que viví en el mejor de los mundos posibles.
Como estoy en medio del bosque ya no salgo a los bares en busca de mis amigos dipsómanos, ni a cines ni a conciertos ni a cocteles, moteles ni carruseles.
Pienso entonces que me ha llegado la hora de poner en orden los productos del tecleo por 70 años, antes de terminar por volverme loco.
Aunque la locura no haya sido enseña de mi vidorria. Ni siquiera llegué a sentirme loco de amor, que es igual a loco de atar, y a lo sumo loco de contento cuando volvía a quedar solo en mi biblioteca.
Tengo versiones varias de cada tomo -algunos provenientes de extensas notas en mi morral cuando hace 70 años abandoné la casa paterna-, a los que les faltan o sobran textos y debo cotejarlos hasta que resulte la perla.
Los libros publicados con los que gané premios y romances ya se quedaron así, El profeta en su casa, Zona de tolerancia, El cuerpo de ella, La casa de memoria, Micrucifixión rosada. Pero tantos me faltan que vengo maquinando por décadas y debo puntualizar finalmente.
En los últimos años, merced a la Universidad del Valle y al FCE, evacué la versión definitiva de Mi reino por este mundo. La que en el año 80 ganó el premio de poesía de la editorial de Gabo la complementé con los poemas del 80 al 2 mil.
Nada es para siempre, publicada por Aguilar en 2002, la he desglosado y ampliado en dos tomos: Retrato del nadaístacachorro, que publicó el año pasado Pigmalión en España y que no entiendo por qué no se distribuye en Colombia, y Visión postrera, actualizada y versificada para una nueva edición, donde hace más de 20 años me dio por referir la culminación de mi vida de poeta en los siete estadios de la agonía, que me inculcó la psiquiatra suiza Elizabeth Kubler Ross en su estudio Sobre la muerte y los moribundos.
Y que recientemente puntualicé en la edición de Planeta de mis coqueteos con la pelona en Y vivo todavía, referente a esa falsa defunción que me decretaron.
Y es así que reviso esta trilogía: El arte depedirlo, al que siguió La noviadejo no, que lleva 8 años en poder de un editor algo demorado, y habré de culminar con Que secasen los maricas, ya que a mí me falló el casorio; también con el tema seductor están de un pelito La rosa entreabierta,Culito derana, Tras Eros, El cielo para mí solo, aparte de los textos políticos de Descanse en paz laguerra. Y el testimonio de mi vida entre libros, La biblioteca seductora.
Desde que cumplí las siete décadas vengo elaborando una saga denominada Los díascontados, que comenzaría por El séptimopiso, seguido por otros diez tomos, cada uno con un tema, comprendidos recuerdos de la familia, los amores gozados y padecidos, los amigos vivos y muertos, las drogas alucinógenas, la violencia sentida, los libros saboreados, los viajes terrestres y sicodélicos, y hasta las experiencias místicas conducentes a Dios a través del espiritismo.
Serias casas editoras las están esperando. Por lo que debo correr. Convencido de que apenas pegue uno de mis libros arrastrará con los otros, como pasó con Gabo y Cienaños de soledad, que catapultó La hojarasca y El coronel no tiene quien le escriba.
Y convertirme en una especie de J. Mario Mendoza, que fue best seller desde un principio impulsado por Satanás. O Abad Faciolince, pegado de Elolvido que seremos, con su valiente padre como memoria. O J. G. Vásquez con Los nombres de Feliza, donde no tuvo a bien reseñarme.
Definitivamente creo que si se me acaban los días con Los días contados se me quedarán obras fundamentales sin darles mate, entre ellas Lacasa de las agujas, referida a las puntiagudas que recibió papá como cesantías y que se tomaron la casa; la Autobiografía (no autorizada) de Nerón anticristo, posando como la reencarnación revelada del monstruo romano; ElSexamerón, seis relatos de extremismo licencioso en los tiempos del Covid 19 en un refugio de Villa de Leyva, y Mis aventuras con la Marquesa de Sade, esa bien desvestida dama libidinosa que me sumergió en las espesuras de la lujuria, que ya poco se me manifiesta en el cuerpo pero que se perpetúa en los dedos contra el teclado.
Y mientras yo me devano los sesos tratando de limpiar mis escritos para darles la presentación de los principados, mi mujer que linda con la limpieza barre que barre los aparentemente limpios mosaicos hasta dejarlos como yo quisiera dejar mi obra.
Los nadaístas, casi todos tocados de locura por los libros, nunca alcanzamos a ser fenómenos editoriales por cuanto fuimos inspirados por el espíritu santo, pero cuando aún era beato. Y así resultamos genios en bruto, puros ingenios.
Menos mal que en el Cielo, donde fueron a templar casi todos estos ateos, y donde ya tengo reserva de 5 estrellas, no se requiere de derechos de autor para pasarla bueno...
El silencio de Rulfo creo que obedece a algo tan cotidiano, que explicarlo es perder el tiempo. Hay varias versiones. Una que explicaba Monterroso es que Rulfo tenía a su tío fulanito, que le contaba historias, y cuando le preguntaron por qué ya no escribía, él contestó porque se me murió el tío fulanito. Y yo me lo creo, además. Otra explicación es simple y sencilla, y es porque ya está, todo tiene fecha de caducidad.
Por ejemplo, a mí me inquieta mucho más el silencio rimbaudiano que el silencio rulfiano. Rulfo deja de escribir porque él ya había escrito todo lo que quería escribir y, como se ve incapaz de escribir algo mejor, simplemente para. Rimbaud probablemente hubiera podido escribir algo mucho mejor, que ya es decir palabras muy altas, pero ése es un silencio que a los occidentales nos plantea preguntas. El silencio de Rulfo no plantea preguntas, es hasta un silencio entrañable, es cotidiano. Después del postre, ¿qué coño vas a comer?
Hay un tercer silencio literario, que es el no buscado, el de las sombras que uno está seguro de que estaban allí en el umbral y que no han llegado a ser jamás hechos tangibles. Por ejemplo, está el silencio de Georg Büchner. Él muere a los 25 o a los 24 años, deja tres o cuatro obras de teatro que son cuatro obras maestras, una de ellas Woyzeck, una obra maestra absoluta, otra sobre la muerte de Danton, que es una obra maestra enorme, no absoluta pero notabilísima, y las otras dos, una se llama Leonce y Lena y la otra no me acuerdo, que son de una importancia fundamental. Todo esto antes de cumplir 25 años. ¿Qué hubiera pasado si Büchner no hubiera muerto, qué escritor hubiera habido ahí? Y este silencio no buscado es el silencio de…, no me atrevo a llamarlo destino…, es una manifestación de la impotencia.
El silencio de la muerte es el peor de los silencios, porque el silencio rulfiano es un silencio aceptado y el rimbauldiano es un silencio buscado, pero el silencio de la muerte es el que corta de tajo lo que pudo ser y nunca más va a poder ser, lo que no sabremos jamás. No sabremos nunca si Büchner hubiera sido más grande que Goethe o no; yo creo que sí, pero no lo sabremos nunca. No sabremos jamás que habría podido escribir Büchner a los 30 años. Y eso mismo se extiende en todo el planeta como una mancha, una enfermedad atroz que de alguna u otra manera pone en jaque nuestras costumbres, nuestras certezas más arraigadas...
Todavía la televisión era en blanco y negro; o en mi casa todavía el televisor se veía en blanco y negro, así que sólo puedo imaginar que los trajes que vestían Willie Colón y Héctor LaVoe tres piezas de solapa ancha tenían que ser de un color pastel o algo así.
Llegaron a nuestro país a través de "La Feria de la Alegría", famoso programa de concursos que animaba Henry Altuve junto al inefable Pedro Montes todos los sábados en la tarde por RCTV.
Todavía no era la hora de la Salsa, pero estaba a punto creo yo. Richie Ray con su bugaloo y el maestro Tito Rodríguez y su orquesta eran quienes capitalizaban las fiestas del barrio y en eso llegó "El malo".
"Panameña" y "La murga" fueron sus dos primeros éxitos: piezas bailables de suave cadencia que les permitían a las parejas pasearse rítmicamente por todo el salón sin sudoraciones excesivas. Eran los inicios de la Fania y ahora era que venía lo bueno.
Durante los 70 Willie Colón y Héctor LaVoe coronaron éxito tras éxito en cada álbum que iban publicando: "Lo mato" y "El juicio" quizás sean los más emblemáticos y los que más han perdurado en la memoria de los bailadores: "Calle Luna, calle sol", "Timbalero", "Juana Peña" entre muchos otras canciones eran pura sincronización entre el trombón, el cuatro, la voz de Héctor y el resto de la orquesta.
A finales de la década aparece "El bueno, el malo y el feo", álbum interesante donde los haya en la historia de la Salsa por su diversidad: es el disco que marca la despedida del binomio Colón-LaVoe, pero allí también, por primera vez el Willie se atreve con la voz, y hace su entrada discreta Rubén Blades interpretando "El lamento del casanguero", que a su vez venía de grabar con la orquesta de Pete Rodríguez.
Con la entrada de Blades a la orquesta de Willie en sustitución de Héctor, ésta agarra un aire inesperado y asciende a los mayores números de ventas en el Hit Parade latino, "Metiendo mano" y "Siembra" deslumbran no sólo por su sonoridad, por la concatenación entre la voz del panameño y el trombón del malote, sino por la diversidad de matices armónicos desde el son montuno hasta la música disco de moda en la época (¿recuerdan el intro de "Plástico"?) y por la introducción de letras con un mensaje social explícito que te hablaban de solidaridad entre los pueblos y antiimperialismo sin que por ello dejaras de mover el esqueleto.
Luego de la experiencia de Blades y siguiendo la línea de la Fania de experimentar con nuevos sonidos más allá de lo estrictamente afro-caribeño, el Willie se acercó a Brasil con dos piezas memorables: "Usted abusó" en compañía de la gran Celia Cruz y "O qué será", la canción de Chico Buarque de Holanda que el mismo Colón interpretó en el álbum "Fantasmas" de gran audiencia en los últimos tiempos de los años ochenta.
Hacer un balance de los éxitos de Willie Colón sería el equivalente a hacer una larga lista de mercado (no sólo por los productos sino también por la calidad y el número de ventas) y creo que cada melómano guarda en su memoria y en su corazón gratos recuerdos de aquel efervescente ritmo que nos hizo bailar y disfrutar durante décadas.
Y, aunque se ha decretado su ausencia física, artistas como el Willie, el Malo, no se retiran tan fácilmente: su música seguirá sonando mientras nosotros buscamos la manera de seguir echando un pie.
Palabras que son flores que son frutos que son actos...
Octavio Paz: La estación violenta
Edición:
Manuel Cabesa
*****
Una característica de la poesía actual es la de expresarse directamente evadiendo metáforas e imágenes que podrían resultar herméticas para el lector. Se dice lo necesario pero de tal manera que la sencillez del discurso nos envuelva y siga siendo una mirada reveladora de mundo que nos rodea. Tal es el caso del poeta español Francisco Javier Fernández cuyos textos, encontrados recientemente en la red, nos sumergen en la nostalgia de lo cotidiano, la memoria como refugio del vivir inmediato, y con cierta cercanía al mini-relato en la forma en que el poeta resuelve la imagen que nos acerca a través de sus palabras.
(mcabesa)
Circo
Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo
Leopoldo María Panero
Cuando el circo llegaba al pueblo
se encontraba con la vida esperando
de unos niños que crecían entre polvo
y muñecas remendadas.
Con los ojos tan grandes
como el corazón, asistíamos
a la doma de leones abandonados
por la furia y a las acrobacias
de un ángel desterrado
sobre un trapecio sin red.
Después los payasos
nos hacían reír con su tristeza ambulante.
Al día siguiente
parecía que todo había sido un sueño.
***
Calle Maura
Aquí sucedo
Mario Benedetti
Vivo en la calle Maura,
muy cerca de mí mismo.
Aquí aprendí a soñar
antes que a ser libre.
Una campana insiste
en su empeño de las horas
y los pájaros se posan
sobre las voces de los niños
que juegan a existir.
Esta fue mi casa desde
que pudo sostenerse.
Hay quien toca sus puertas
con las palmas de la mano
y espera que se abran
como se abren mis ojos.
Mi padre la cuida.
Mi madre la ama.
Cuando vengas a mi casa
ven con un verso nuevo.
Así es esta distante cercanía
que me lleva y me trae y no me deja.
***
Verso
De lo oscuro surge el negro mundo de las noches
Georg Heym
Y como el final de una historia
nunca contada, tras la última flecha
llega el tiempo de la espiga,
de adorarnos de nuevo
como si todo hubiese ocurrido
sin que nada pasara.
Sin el ruido sordo de las cosas
que acaban cuando tienen que acabar
y ya nadie vuelve a saber de ellas.
Hemos sido los únicos
que nunca quisimos ser un verso,
y fíjate ahora, que te escribo
desde hace tanto tiempo
que parece que siempre hago lo mismo.
Aquí pasaré el invierno. Seguimos siendo otros.
***
Autoservicio
En este día de cada día
Antonio García Soler
Cuando todo su miedo
sea mío
podremos empezar de nuevo.
Elegir en el catálogo de absurdos
las razones de esta locura
como en un autoservicio.
Ella quiere altares, la bala
que mató a Lennon,
los pasos perdidos
por las ciudades del norte.
A mí me basta
con saber dónde estoy
igual que las flores ciegas.
***
Restos de fábrica
Ya veces la razón no es lo que era
Raquel Lanseros
Dios no traza líneas rectas.
Esparce su polen al azar
y sopla con los ojos cerrados.
Por eso se equivocó la paloma
y existen tantos colores,
el dulce, lo amargo, la aciaga
distancia hacia lo imposible.
Existe lo imperfecto desde
el mismo inicio de la creación,
la abundancia y el hambre,
los corazones hechos con los
restos de fábrica y la codicia
siempre pretendida de la belleza.
Alguien capaz de abandonarse
puede sobrevivir. Suelta mi mano.
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Francisco Javier Fernández Espinosa (Tíjola, Almería, 1974), es autor de "Poemas de un pasado imperfecto" (2020), "Todas aquellas palabras" (2023), "Volver a volver" (2026).