Los puentes de Madison es una pieza de excepción dentro de la filmografía de Clint Eastwood, quizá el único drama romántico que se ha permitido realizar dentro de una obra que siempre se ha caracterizado por los géneros que requieren algo de acción y una mirada severa, sobre todo en los últimos años, sobre la sociedad norteamericana.
De manera muy sutil el artífice de "Harry el sucio", pudo contar a lo largo de un poco más de dos horas la historia de amor de Robert y Francesca rodando con gran economía narrativa y en pocos escenarios lo que se podría clasificar como un film de cámara, a la manera de Ingmar Bergman en Secretos de un matrimonio o el Woody Allen de Interiores o Septiembre.
Y es que la novela de donde se basa la película, tampoco es una narración que cubra muchos espacios o detalle grandes movimientos, es más bien una historia reflexiva, concentrada en los personajes principales y una mirada a la íntima naturaleza del amor.
Un amor que parece atravesar la barrera de los tiempos y encarnar en una fortuita mirada:
"Ahora sé que estuve yendo hacia ti, y tú hacia mí desde hace largo tiempo. Aunque ninguno de los dos percibiera al otro antes de que nos conociéramos, había una especie de inconsciente certeza que cantaba alegremente bajo nuestra ignorancia, asegurando que nos reuniríamos. Como dos pájaros solitarios que vuelan por grandes praderas por designio de Dios, en todos estos años y estas vidas hemos estado yendo uno hacia el otro".
Puente Roseman, condado de Madison, Iowa
La historia es conocida de todos, y la adaptación es bastante fiel a la novela de Robert James Weller, como para hacer un resumen de ella; sin embargo, lo que justifica su lectura es poder ver a través de la poética prosa de Weller el interior de sus personajes.
Él seguro de sí pero sin asidero en mundo; ella, llena de sueños incumplidos demasiado atada a su cotidianidad. Sin embargo ambos, desde el primer momento, conscientes de que hay una posibilidad más allá del espacio que cada uno ocupa dentro de su vida:
"He estado cayendo desde el borde de un sitio muy grande, muy alto, en algún lugar del pasado, durante más años de los que he vivido en esta vida. Durante todos esos años, he estado cayendo hacia ti".
Sabemos que el amor, como la poesía que lo exalta, es una combinación de lugares comunes que cada cual vive a su manera; dejando, casi siempre, que se diluya entre las manos...
...¿y de qué otra forma podría ser? Independientemente del sentimiento, la realidad juega sus cartas y ficción o no, el amor sigue siendo esa esencia inmaterial que nos regala un poco de esperanza para seguir viviendo otro día:
"Me siento agradecido por haberte encontrado. Podríamos haber pasado uno junto al otro, como dos partículas de polvo cósmico... Dios o el universo, o lo que uno elija para nombrar los grandes sistemas de equilibrio y orden, no reconoce el tiempo terrestre. Para el universo es igual cuatro días que cuatro mil millones de años luz. Trato de tenerlo siempre presente... Pero, al fin y al cabo, no soy más que un hombre. Y todas las elucubraciones que puedo conjurar, no me salvan, de desearte todos los días, a cada momento, ni del despiadado lamento del tiempo, el tiempo que nunca puedo pasar contigo, dentro de mi cabeza... Te amo profundamente, totalmente y así será siempre".
La panadería del minuto eterno: Arquitectura y trascendencia de la PFM en la Italia de 1972
Tienes 19 años y descubres a una banda italiana que cautiva tus sentidos con una forma de entender el rock que a tus tiernos años nunca habías imaginado y que se convierte en el último grito –más bien el último susurro– para tus oídos vírgenes. Entonces te das la vuelta un instante y descubres que ya tienes cuarenta años y reencuentras ese disco que habías escuchado y te sorprende entender que lo que habías creído el non plus ultra de la novedad tiene apenas dos años menos que tú. A los cuarenta años eres casi un principiante en esto del Rock Progresivo –llegaste tarde a él desde los ejércitos negros del Metal, habías escuchado King Crimson a los cinco años y el Hombre Esquizofrénico te fascinaba, pero no sabías lo que era–. Aun así, ya conoces lo suficiente para entender por qué habías tenido esa impresión de novedad, de adelantamiento, de sofisticación. Hoy tienes 56 años e Impressioni di Settembre –junto a Per unamico sigue formando parte de esa pequeña colección de joyas espirituales que te llevarías a una hermita –¡claro, en el supuesto negado de que estuvieras dispuesto a retirarte a una!
Cuanto más lo escucho, más me convenzo de que esas composiciones nunca pierden su brillo, pero, sobre todo, me doy cuenta de que, en su totalidad, marcaron el lanzamiento histórico de un género: el Rock Progressivo Italiano. Sin desmerecer en nada a sus predecesores, que vieron la luz en 1971: Collage de Le Orme, Concerto Grosso los New Trolls, L'uomo de Osanna, Caronte de Trip, In the beginning de Nuova Idea, Dolce Acqua de Delirium: hitos y episodios, cada uno a su manera, irrepetibles y originales.
Sin embargo, Storia di un Minuto cuenta algo nuevo para la historia del rock mediterráneo. Es lo que intentaré desarrollar en este texto.
1. Milán 1972: El pulso eléctrico bajo la sombra de los Años de Plomo
El lanzamiento de Storia di un Minuto ocurre en un momento de tensión extrema. La Italia de 1972 se encontraba en el corazón de los "Anni di Piombo" (Años de Plomo). Socialmente, el país vivía las secuelas de la masacre de Piazza Fontana (1969) y una polarización política asfixiante entre los movimientos de extrema izquierda y los grupos neofascistas.
Milán –hábitat de la PFM– como motor industrial, era el centro neurálgico de estas fricciones. Las huelgas obreras y las manifestaciones estudiantiles definían el paisaje urbano. Económicamente, el "milagro italiano" de posguerra se agotaba, dando paso a una incertidumbre que el arte reflejó mediante un fuerte desplazamiento hacia la complejidad. Culturalmente, existía un deseo de ruptura con la tradición de la canción melódica del Festival de Sanremo; la juventud buscaba un sonido que integrara su herencia clásica con la rebelión eléctrica que llegaba de Londres.
2. El Annus Mirabilis: La primavera de los sintetizadores mediterráneos
1972 es considerado el año fundamental del progresivo italiano. Fue el momento en que el género alcanzó su madurez técnica. Bandas como Banco del Mutuo Soccorso, Il Balletto di Bronzo, Le Orme y la propia PFM publicaron obras que definieron el estándar del RPI: una mezcla de virtuosismo académico, estructuras operísticas y una sensibilidad pastoral mediterránea. El apoyo de sellos independientes e innovadores como Numero Uno (fundado por Lucio Battisti) fue crucial para que este sonido de avanzada llegara a las listas de éxitos.
3. La metamorfosis de I Quelli: Artesanos de estudio en busca de un nombre propio
Antes de ser PFM, los músicos eran conocidos como I Quelli, el grupo de sesión más solicitado de Italia. Habían grabado con las mayores estrellas del pop italiano, lo que les otorgó un dominio técnico y una disciplina de estudio inalcanzable para bandas amateurs. La formación clave incluía a Franco Mussida (guitarras), Flavio Premol (teclados), Franz Di Cioccio (batería), Giorgio Piazza (bajo) y el multinstrumentista Mauro Pagani.
El álbum se lanzó en enero y fue un acontecimiento sin precedentes: por primera vez en la historia de Italia, un álbum de un grupo de rock alcanzó el número uno en las listas de ventas, desplazando a la música ligera tradicional.
4. Ingeniería del instante: El diseño sonoro de una obra total
Storia di un Minuto se define por su equilibrio. A diferencia del progresivo británico, más frío y cerebral, el sonido de PFM es cálido y orgánico.
El álbum fusiona la estructura del rock sinfónico con elementos del folk italiano y la música barroca. Existe una alternancia magistral entre pasajes acústicos delicados y explosiones de rock dinámico.
A cargo de Claudio Fabi y Sandro Colombini, la producción destaca por su claridad y rango dinámico. Logra que la densidad de los teclados no sepulte la sutileza de la guitarra de doce cuerdas. Es un sonido "limpio" que prioriza la fidelidad del timbre de cada instrumento.
El uso del Mellotron y el Moog (este último importado directamente por Mussida desde Londres) se integra con el violín y la flauta de Pagani. Esta combinación crea texturas orquestales sin necesidad de una orquesta real, definiendo el sonido "sinfónico" del Rock Progressivo Italiano.
5. Cinco piezas de alta fidelidad: El rigor interpretativo del ensamble
El desempeño de los músicos es de una precisión quirúrgica. Mussida destaca por su versatilidad entre la guitarra clásica y la eléctrica con distorsión controlada. Premoli es el pilar armónico, utilizando el sintetizador no sólo como adorno, sino como voz líder. Franz Di Cioccio rompe con el esquema del baterista de rock simple, incorporando síncopas y cambios de tiempo propios del jazz-rock. La crítica especializada ha subrayado constantemente que la cohesión del ensamble era el resultado de sus años como músicos de estudio.
6. El díptico del 72: Entre la frescura del debut y el espesor de la madurez
Ambos álbumes fueron publicados en 1972, pero marcan momentos distintos. Mantienen la misma formación y el uso de instrumentación clásica (flauta, violín). No obstante Storia di un Minuto tiene una estructura más episódica y luminosa, con temas que conservan una raíz melódica clara. Per un Amico es más denso, oscuro y complejo rítmicamente. Mientras el debut estableció la identidad nacional, el segundo álbum fue el vehículo que les permitió su expansión internacional definitiva hacia el mercado anglosajón.
7. Músicas comparadas: Ópera, atonalismo y cámara en la Italia progresiva de 1972
Banco del Mutuo Soccorso – Banco Del Mutuo Soccorso (1972): Mientras PFM es etérea y pastoral, Banco es operístico y vocal. La voz de Francesco Di Giacomo aporta un drama humano que en PFM es sustituido por la elegancia instrumental.
Il Balletto di Bronzo – Ys (1972): Representa la antítesis de PFM. Si Storia di un Minuto es armonía y equilibrio, Ys es disonancia, oscuridad y caos. Es un álbum extraordinario, pero mucho más difícil de digerir y menos orientado a la melodía.
Quella Vecchia Locanda – Quella Vecchia Locanda (1972): Comparte con PFM el gusto por el violín y la cámara, pero Quella Vecchia Locanda es más académico y melancólico, careciendo del impulso rockero y la potencia de la sección rítmica de PFM.
8. La liturgia de la RAI y la reivindicación de la lengua vernácula y lo visual
No existen videoclips promocionales en el sentido moderno, pero los registros de la televisión italiana de la época muestran a la banda con una puesta en escena centrada exclusivamente en la interpretación, reforzando su imagen de "artesanos del sonido". La portada, con su diseño detallado y simbólico, ayudó a establecer la estética del género en Italia.
Es fundamental notar la importancia del uso del italiano. Al no intentar cantar en inglés en su debut, PFM forzó al mundo a aceptar el rock en un idioma diferente, validando la identidad cultural mediterránea.
9. Estatura histórica: El veredicto de una obra fundacional
La trascendencia de este álbum es doble:
A. Para PFM: Los convirtió en el referente absoluto del rock italiano, permitiéndoles ser la primera banda de su país en firmar con un sello internacional importante (Manticore).
B. Para el Rock Progresivo: Demostró que el género podía ser un éxito de masas sin sacrificar la complejidad y que el rock sinfónico tenía una vertiente latina y cálida capaz de competir con la escuela de Canterbury o la escena de Londres.
Clasificación: #Esencial
Storia di un Minuto es la piedra fundacional definitiva del Rock Progressivo Italiano. Reúne perfección técnica, innovación sonora y un éxito comercial histórico. Logró articular la angustia y la esperanza de una sociedad en crisis a través de una arquitectura musical que no ha perdido un ápice de vigencia. Es un hito obligatorio para entender la vanguardia musical en Europa Continental.
Premiata Forneria Marconi - Storia di unMinuto (1972)
•Italia
•Rock_Progressivo_Italiano
•Symphonic_Prog
con elementos de
•Progressive_Folk
•Esencial
Músicos
•Franco Mussida: guitarras eléctricas, acústicas y de 12 cuerdas, mandocello, voz principal
•Flavio Premoli: órgano, piano, ¿organillo (piano a puntine)?, Mellotron, clavecín, MiniMoog, voz principal
nuestras manos: un cuerpo que acorta la distancia.
Edda Armas: Manos.
Taller Blanco ediciones, 2019
Hay poemas que en medio de su brevedad, o de su sencillez, resuenan en el lector, lo llevan a esa zona donde otras palabras son convocadas y se entrelazan como manos silentes que se expresan sólo a través del roce y la lejanía. El breve texto de Edda Armas que antecede a estas líneas fue glosado por los integrantes del Taller Libertad Bajo Palabra: aquí están estas manos solidarias.
La emoción no es lo que se siente, sino lo que se hace con ello
Paul Valéry: Cahiers
La publicación de Roto todo silencio (UCV, 1975), supuso la llegada de una voz íntima que a pesar de la brevedad de los textos que componen el volumen, o quizá por eso mismo, implicaba una mirada atenta hacia el mundo que parecía rodear a la joven poeta:
serás tú
quién libre la batalla
y aceptes
lo que otros decidan por ti
Con el correr de los años, los versos de Edda Armas ha ganado en longitud y su obra se ha expandido en una nutrida cantidad de títulos que han circulado secretamente en editoriales de poca difusión, sólo al alcance de unos pocos elegidos.
Pero a pesar del tiempo transcurrido su poética se ha mantenido fiel al ejercicio de la mirada hacia esos elementos o instantes que suelen pasar desapercibidos para la mayoría, pero para nuestra poeta contienen gran significado.
María Clara Salas ha escrito: "En Edda, lo visual predomina para ser convertido en presencia inédita, inesperada, de una densidad poco usual, Edda ve las posibilidades de ser en cualquier elemento, allí donde los demás no se detienen, ella pone sus ojos y edifica el poema"; ése es el caso de su poemario Fruta hendida (Kalathos, 2019):
Extraño aroma
que sólo ahora, a esta edad
comienzo a percibir.
No proviene de la flor ni del fruto
sino del querer renacer
Huéspedes de la cotidianidad, las frutas discurren en silencio, esperando prestar sus beneficios hasta que la mirada de la poeta se posa sobre ellas y redimenciona su existencia: no un simple alimento, sino compañeras de vida con vida propia; en los textos que abren la primera parte de Frutahendida, presiento el eco del Francis Ponge de Le parti pris deschoses (N.R.F., 1942):
Veo las frutas en la cima
siendo recompensa en días áridos
de indivisas despedidas
y sueños a la mitad
(...)
Elige una, aunque áspera te sea.
La más distante o la más esférica,
y álzala con su azul erotizado por la nostalgia
en el invisible ritual
de invertir el infortunio
Edda Armas y Manuel Cabesa en la Fundación Ludovico Silva (noviembre, 2005)
La nostalgia es una palabra clave dentro de la obra de Edda Armas: los fantasmas familiares, las ciudades recorridas, los paisajes, las configuraciones del arte a través de la imagen fotográfica conforman un catálogo de añoranzas que van ocupando su espacio entre las frutas de este emotivo bodegón de palabras.
Caben destacar las imágenes que acompañan esta edición obra del fotógrafo Fernando Adam que se concatenan con los poemas de manera armoniosa: un preámbulo visual a la extrañeza de las palabras que conforman cada una de las partes del libro.
Sobre esto ha escrito Victoria D'Stefano: "Las imágenes, sean poéticas o fotográficas, pues ambas aspiran a hacerse presencia y visión del aquí y el ahora, siempre comportan preguntas sobre lo que muestran y lo que ocultan, sobre lo que pueden o no retener, y sobre todo, lo que pueden detener en el espacio y el tiempo. La auténtica y verdadera dimensión del tiempo es sólo el presente, instante decisivo, instante efímero, y todo lo demás es pasar y volver a sumergirse en el flujo de las cosas":
Hoy que Luis Alberto Crespo está de cumpleaños, recuerdo que lo vi por primera vez en la casa de Juan Sánchez Peláez, a quien también conocí ese día; lo vi, no hablamos ni nada hasta donde me llega la memoria. Fue Luis Alberto Angulo quien llamó mi atención sobre la presencia de Crespo en aquel jardín donde compartíamos.
Estábamos ahí de visita los participantes del taller de poesía del Celarg, que coordinaba el poeta Luis García Morales: estábamos para conocer a Juan, para deslumbrarnos con su presencia. Éramos los muchachos y ellos "los mayores", por eso no creo que haya podido conversar con Crespo.
Era 1980 u 81, los días de "Resolana" de Crespo, "Terredad" de Montejo, "Sereno Rey" de Acosta Bello, "Las edades perdidas" de Gerbasi, "Círculo de sombras" de Pérez Perdomo (que había ganado el Premio Nacional de Literatura); la poesía venezolana estaba cruzando por un momento de esplendor y nosotros éramos sus beneficiarios.
Nos vimos de nuevo en Maracay, en 1995 durante la presentación de su libro "Más afuera" y después otras veces más cuando presidió la Casa de Bello y hicimos algunas actividades en la Biblioteca Agustín Codazzi. Pero de momento quisiera recordar un par de encuentros que forman parte de mi anecdotario.
Una de las veces en la Ciudad Jardín fue durante la entrega de la última edición del Premio Miguel Ramón Utrera en los jardines del Hotel Maracay (que hoy ni sé cómo se llama); estaba reunido con mis amigos Jorge Gómez, América Zurita, Marcos Veroes y Nesfran González, cuando llegó Crespo acompañado por el poeta Pedro Ruiz. Nos saludamos con aprecio como siempre, hice las presentaciones de rigor y luego de un rato me llamó para preguntarme si nos podíamos tomar una cervecita en la fuente de soda frente a la piscina mientras el acto daba comienzo... y hasta allí fuimos.
Una vez ubicados, también se fueron acercando los amigos y no sólo ellos, otras personas que vieron la movida y por curiosidad de conocer al poeta y participar de la improvisada tertulia fueron arrimando sillas y haciendo bulto; tanto así, que en la mesa donde estábamos (y de donde no nos movimos) había un equivalente de personas igual a las que se quedaron en su puesto para el acto. Lo que creo que no fue muy del agrado de los organizadores.
No recuerdo cómo nos terminó de ir, pero sí que cuando llegó la prensa a cubrir la entrega del Premio hicieron sesión aparte para entrevistar a Crespo y tomar fotos del momento en que departíamos todo ese gentío frente a la piscina.
Tiempo después nos vimos en Caracas durante la presentación de mi libro "Un lento deseo de palabras" en el Museo de Bellas Artes en el marco del Festival Mundial de Poesía de ese año.
Monteavila presentaba los nuevos títulos de la colección Altazor y los encargados de hablar de cada uno eran el catire Enrique Hernández D'Jesús y mi amigo Gonzalo Ramírez; al llegar el turno de mi libro el director de Monteavila, Carlos Noguera, le pidió a Gonzalo, que ya se aprestaba para hablar, le permitiera hacer la presentación personalmente, lo que llamó la atención del público porque fue el único libro del que quiso hablar haciendo hincapié en que me conocía desde muy joven por lo que se entendía aquello como una deferencia hacia un poeta apenas conocido para la mayoría de los asistentes pero a quien calificaba como un amigo de toda la vida.
Una vez en el podio, frente a mí estaban Crespo y Palomares a quien había conocido la noche anterior. La sorpresa fue que al terminar mis palabras y los agradecimientos de rigor e intentar regresar a mi sitio ambos hombres se pusieron de pie y se adelantaron a recibirme con abrazos y grandes palmadas en el hombro, lo que hizo que se redoblaran los aplausos y que sintiera en ese momento una emoción que todavía no puedo describir.
Un honor inmerecido por parte de aquellos hombres que habían escrito varias páginas brillantes en nuestra literatura a lo largo de muchos años y que se ha vuelto para mí una especie de compromiso que se mantiene vigente en el tiempo.
Palabras que son flores que son frutos que son actos...
Octavio Paz: La estación violenta
Edición y nota:
Manuel Cabesa
***
Luis Alberto Crespo: 85 años
Memoria y paisaje no son verbos, pero son las palabras donde germina la poesía de Luis Alberto Crespo quien, este 13 de abril arriba a sus 85 años, ambas palabras derivan en el lector en otra no menos importante dentro de su obra: nostalgia.
Con la publicación de "Si el verano es dilatado" en 1968 la obra de Crespo fue recobrando desde el principio el linaje familiar, la aridez de la tierra nativa, las visitaciones del tiempo a través de la palabra.
Con los años sus versos se fueron angostando, sin perder su sustancia: escribir en el hueso, dejando la imagen desnuda, apenas rozada en el lugar del resplandor: "la vida en el borde del encantamiento".
(mcabesa)
***
¿Qué es lo que quiere este invierno?
Él no es mi país
Solo sé que es entumecido
Que se arropa dentro de sí y no con lo humano
¿Por qué quiere que yo lo reciba
Que pertenezca a su tiempo helado que no saluda?
Me niego a hablar
Su lengua de navaja
No soy de los suyos
Y me le escondo
Se lo confieso a mi aridez
A esa apasionada del sudor
Que vive conmigo desvistiéndose
***
Escribo con un cuchillo
Me saco de mí
Lo que de tanta lágrima
Es tizne
Una mancha
Donde raspo cal
De mi cara
Una escritura
Como la calle San Juan
La leo con sed
La miro de cerca
De este lado de la cicatriz
***
jsp
Perdóname
Que haya tardado
tanto en visitar tu eternidad
Vi volar a un colibrí
***
La casa que tengo que hacer
para ir a tocar la puerta,
para ir a decir que ya llegué,
que ya vine
La casa que tengo que inventar
cuando regrese,
todos los días,
tiene las manchas del gavilán de allá
y los vuelos de zamuro que llevan mi nombre
por el cielo duro del techo
***
Diecisiete
Yo no tengo que mirar ese pájaro
para que siga ahí
dándome belleza
Sólo necesito observarlo
en el recuerdo
Y la rama tampoco necesita estar
si se estremece
Me basta cerrar los ojos
para que tiemble
para que la roce con el monte el suspiro
***
Otra
Como la montaña,
el nubarrón en el techo
La lluvia vieja
Toda la casa en el cerro
con su agua subida, su leche
Nosotros, su animal,
lamiéndola
***
Decías
Dime no me fui como te dije
para que no me vieran por dentro
Dime que fue así,
ahora que no puedo oírte desde bien distante
Que no se supo nada por el mal tiempo,
los truenos
Lo que decía yéndome
Dile eso, que yo no vivo aquí,
que me mudé unas casas más abajo.
***
Seme fijo
Deja que se pose
una paloma
sobre tu manera
y vámonos
aunque sólo haya una pluma para caernos.
***
Es tarde
Unos perros ladran en mi sueño
a las sombras de otro tiempo
***
(Poemas seleccionados por los integrantes del Taller Literario Libertad Bajo Palabra)
A menudo se nos dice que el 23 de abril es el “Día del Libro” porque tres gigantes —Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega— se despidieron del mundo en fechas cercanas. Sin embargo, para nosotros, que habitamos un siglo de pantallas encendidas y notificaciones incesantes, esta fecha no puede ser un simple ejercicio de nostalgia. Celebrar el libro hoy es, ante todo, un acto de resistencia; es nuestra capacidad de hackear el tiempo y reclamar el espacio que la prisa intenta arrebatarnos.
La conversación que atraviesa los siglos
Existe un mito persistente: que leer es un acto de aislamiento. Nada más alejado de la realidad. Cuando abres un libro, el silencio de la habitación se transforma en un coro. Leer es, en esencia, una conversación de alta fidelidad con mentes que habitaron geografías distantes, pero que latieron con nuestros mismos miedos.
Como sugería Francisco de Quevedo en su célebre soneto, leer nos permite “escuchar con los ojos a los muertos”. Pero no lo hacemos como quien visita un museo de reliquias; lo hacemos como quien busca un aliado. En nuestras letras hispanas, ese puente se vuelve vital: el libro es el único dispositivo capaz de conectar nuestra subjetividad actual con la sensibilidad de aquel que caminó por la Tierra hace cuatro siglos. Al pasar la página, la soledad se disuelve, porque descubrimos que nuestras búsquedas ya fueron transitadas y nombradas por otros.
La imaginación como territorio libre
En la era del algoritmo, donde el contenido parece diseñado para que no tengamos que elegir, el libro se erige como el último refugio de la soberanía personal. El 23 de abril no es solo la fiesta del papel; es la reivindicación de nuestro derecho universal a la sospecha y a la maravilla.
Jorge Luis Borges afirmaba que el libro es la más asombrosa de las herramientas humanas porque, mientras las demás son extensiones del cuerpo, el libro es una extensión de la imaginación y la memoria. La palabra escrita nos exige ser coautores: el escritor ofrece el mapa, pero nosotros trazamos los relieves y ponemos los rostros. Esa capacidad de visualizar lo que aún no existe es el músculo que necesitamos para cuestionar lo “normal” y construir una identidad que no sea impuesta por una pantalla.
Un patrimonio que nos pertenece
El conocimiento no es un trofeo para una élite, sino un mapa colectivo de supervivencia. Somos herederos de una memoria inmensa que nos enseña que la empatía es nuestra tecnología más avanzada. Martha Nussbaum, filósofa contemporánea, sostiene que la literatura desarrolla la “imaginación narrativa”, permitiéndonos habitar la piel de quien es diferente a nosotros. En ese ejercicio de traducción emocional, dejamos de ser espectadores pasivos para convertirnos en ciudadanos críticos y, sobre todo, más humanos.
Conclusión: El fuego que viaja en el tiempo
Que este Día Internacional del Libro sea una invitación a cruzar ese puente de papel. No leemos para acumular datos como si fuéramos archivos, sino para desatar las cuerdas que nos atan a lo inmediato. La literatura es la prueba de que, a pesar de los abismos de la historia, nunca hemos estado solos.
Al abrir un libro, recuerda que no solo estás pasando una página: estás encendiendo una luz que ha viajado siglos, desafiando sombras y censuras, para encontrarse finalmente contigo.
-Podrás beber, fumar o drogarte. Podrás ser loco, homosexual, manco o epiléptico. Lo único que se precisa para escribir buenos libros es ser un buen escritor. Eso sí, te aconsejo no escribir drogado ni borracho ni haciendo el amor con la mano que te falta ni en mitad de un ataque de epilepsia o de locura.
-Un albañil puede habitar la casa que construye, decía más o menos Sartre, un sastre usar el traje que ha hecho: un escritor no puede ser lector de su propio libro. Un libro es lo que los lectores ponen en él. Ningún escritor puede agregar un sentido nuevo a sus propias palabras. Si puede hacerlo, debería escribir el libro otra vez.
- Lo mejor que se ha dicho sobre el cuento es lo que Edgar Poe escribió en su ensayo sobre Nathaniel Hawthorne. No pienso facilitarte las cosas reproduciéndolo. Tendrás que encontrarlo solo. Un escritor es un buscador de tesoros. Los descubre o no. Esa es la única diferencia entre la biblioteca de un escritor y el mueble del mismo nombre de las personas llamadas cultas.
-Podrás corregir tus textos o no corregirlos. Toltstoi escribió siete veces Guerra y Paz; Stendhal terminó La Cartuja de Parma en cincuenta y dos días. El único problema es cómo se las arregla uno para ser Toltstoi o Stendhal.
- Nadie escribió nunca un libro. Sólo se escriben borradores. Un gran escritor es el que escribe el borrador más hermoso.
-Los novelistas y los editores creen que una novela es más importante que un cuento. No les creas. Sólo es más larga.
-Los cuentistas afirman que el cuento es el género más difícil. Tampoco les creas. Sólo es más corto. El cuento es díficil únicamente para aquellos que nunca deberían intentarlo. Para Poe era facilísimo, para Cortazar, Chéjov o Hemingway también.
-No intentes ser original ni llamar la atención. Para conseguir eso no hace falta escribir cuentos o novelas, basta con salir desnudo a la calle.
-Podrás escribir: "Volvió a verla tres días más tarde", pero sólo a condición de saber perfectamente (aunque no lo digas) qué le pasó a tu personaje en esos tres días, y por qué fueron tres días y no una semana o un año.
-No es lo mismo ambigüedad que confusión. Una historia debe tener siempre un único final. Si quisiste sugerir dos o más desenlaces, esos desenlaces son un único final: se llama ambigüedad. Si nadie entiende ni medio se llama confusión.
-No describas sino lo esencial. La posición de un pie, en casi todos los casos, es más importante que el color de los zapatos.
-Lo que llamamos estilo sucede más allá de la gramática. No es lo mismo decir: "ahí está la ventana" que "la ventana está ahí". En un caso se privilegia el espacio; en el otro, el objeto. Toda sintaxis es una concepción del mundo.
-En el origen del conocimiento y de la literatura está el acto de contar. La crítica de la razón pura nos cuenta lo que Kant pensaba de los límites de la razón; los versos de La Eneida, la epopeya del Lacio; el teorema de Pitágoras, el cuadrado de la hipotenusa. El hombre es el único animal que cuenta.
-Cortázar solía decir que empezaba sus cuentos sin saber a dónde iba. No le creas. En sus mejores cuentos lo sabía perfectamente, aunque no supiera que lo sabía.
-Los grandes novelistas aconsejan ignorar el final de la historia, no tener nada claro qué hará el personaje en el próximo capítulo, no atarse a un plan previo. A ellos sí podrás creerles, pero con moderación. Digamos, hasta llegar a la página 150. Más allá de eso, saber tan poco de tu propio libro ya es mera imbecilidad.
-Cuidado con Borges, Kafka, Proust, Joyce, Arlt, Bernhard. Cuidado con esas prosas deslumbrantes o esos universos demasiado intensos. Se pegan a tus palabras como lapas. Esa gente no escribía así: era así.
En esas piedras tenemos la posibilidad de expresarnos, en ellas hay algo de nosotros cada vez que le damos forma de pájaro o de figura antigua. Los cantos de esta montaña, los misterios de nuestros antepasados nos pertenecen y eso es lo que queremos expresar en nuestro trabajo diario. Más allá de escuelas y estilos somos una presencia que quiere decir nuestra vida, contar el pueblo que somos, por eso no nos consideramos artistas sino trabajadores que queremos dignificar estas piedras.
Daniel Herrera
Revista La Honda y el Pájaro* (1993)
Ésta es la voz de la tribu, es decir, las palabras de un creador que ha esculpido a martillazo limpio la memoria de un pueblo como una obra de arte del alma.
*La Honda yelPájaro, revista fundada por el poeta y amigo, Erasmo Fernández, de la cual se editaron dos números. No obstante, marcó un precedente en el panorama literario del país.
-Mohamed Abí Hassan-
En piedras milenarias, Daniel Herrera (Aguas Calientes, 10 de abril de 1948 – 24 de noviembre de 2003), escultor y fundador del taller-escuela El Junglar, ha ido escribiendo un universo escultórico milenario de incalculable valor artístico y espiritual.
Daniel Herrera
En su trabajo está presente toda la cultura ancestral de los primeros arawacos y caribes, pobladores originarios de esta zona aborigen del estado Carabobo, desde la gran montaña circundante que se levanta de frente como un gigante, hasta la ribera norte del Lago Tacarigua.
La obra escultórica de Daniel es Nuestra América, india, afro y caribeña, con sus dioses tutelares, íconos y fetiches que él rescata del olvido con sus manos, dándole presencia y vida propia en estrecha relación con nuestra memoria e identidad nacional.
Este prodigioso artífice de la piedra y la madera, Premio Salón Aragua y Premio Regional de Artes Visuales 2010, nos confiesa a viva voz, sus utopías y sus sueños:
“¡Hermano, tengo jaspe, granito y mármol de Cumarebo, para hacer dos grandes piezas, una figurina Tacarigua para colocarla en la entrada del pueblo y otra de igual formato en las afueras, para recordarle a los lugareños y visitantes quiénes somos y de dónde venimos!”
“Si Guacara tiene su José Gregorio Hernández e igualmente Maracay un Alejandro Otero; nosotros deberíamos tener una figurina Tacarigua como emblema representativo de la ciudad. Este proyecto tiene años sin recibir respuesta de las autoridades municipales (esta idea original de Daniel fue materializada hace pocos años por uno de sus talleristas).
Recuerdo que hace mucho tiempo tuve un impase por plantear que la antigua prefectura podría estar ubicada lejos de la plaza Bolívar y en su lugar debería construirse un museo de la cultura. Por exponer esa idea (durante el gobierno de la cuarta República) intentaron callarme, pero los estudiantes del liceo intervinieron para protestar tal afrenta”.
Ante tanta desidia, Daniel demostraba un claro sentido de pertenencia a un lugar determinado. Hacía las veces de faro irradiando su luz y develando las falsas apariencias de burócratas culturales insensibles con su entorno.
Con su febril actividad creadora nos recuerda al reconocido artista popular del estado Mérida, Juan Félix Sánchez (Mérida, 1900-1997), Premio Nacional de Artes Plásticas (1988) y creador de la capilla mayor del Complejo Tisure, ubicada en los páramos andinos en el pueblo de San Rafael de Mucuchíes, dedicada al doctor José Gregorio Hernández, obra de arte religioso que lo hizo merecedor de muchos reconocimientos.
Juan Félix Sánchez
De manera irónica, algunos se atreven a afirmar que “fue juez sin estudiar derecho, arquitecto sin pasar por la Universidad, agricultor por ser merideño y hasta político”, abandonándolo todo para entregarse en los brazos del arte, inspirándose solo en su fe como buen andino.
Seguidamente, el poeta de las piedras hace unos gestos con sus manos, como tratando de atrapar un pensamiento que amenaza con escaparse de los laberintos de su mente, toma aliento y prosigue su viaje al ayer:
“Esta escuela-taller la fundé en 1974 y actualmente la conforman más de cien familias de tallistas y alfareros diseminados por los barrios de Aguas Calientes y Mariara. Al principio les enseñaba el oficio y les facilitaba los materiales, luego los llevaba a las canteras y de esta manera les abría las puertas de la creación.
Aquí hay algunos carambas (neologismo utilizado para referirse a los muchachos del taller-escuela) que podrían llenar un Salón con sus piezas. Las piedras están hablando a través de sus prodigiosas manos. Ahora sí puedo decir: ¡Que viva la revolución cultural! Hay cientos de familias que viven de su trabajo creador y yo me siento muy orgulloso”.
Francisco Narváez
“El maestro Francisco Narváez** (Porlamar, Isla de Margarita, 1905 – Caracas, 1982), es el “culpable” de este movimiento (risas). Lo conocí cuando estudiaba en la Rafael Monasterios. Él vio mi trabajo y me mandó a Cumarebo a buscar las primeras piedras. Ese valioso tesoro se lo tenía reservado y me lo confió. Después lo compartí con artistas de Barquisimeto, Falcón, Puerto Cabello, Valencia y Maracay. Así fue formándose también la escuela de la carretera. La gente decía: “Por donde pasaste, nos dejaste una escuela de piedra”.
En su Taller-Solar que hace las veces de refugio o escuela, Daniel comparte sus conocimientos con los jóvenes de la aldea. Allí se dan cita también poetas y artistas del interior y de la Capital, celebrando amenas tertulias sobre arte y literatura bajo frondosos árboles, donde nunca falta el cafecito de las 3 de la tarde, preparado por las hacendosas manos de Zulay, compañera de nuestro amigo, y con un poco de suerte, un buen trago de guarapita.
**Francisco Narváez es considerado el primer escultor abstracto de Venezuela. El Museo de Arte Contemporáneo de Margarita, creado en 1979, lleva su nombre. Las Toninas (1945), ubicadas en la plaza O’ Leary en El Silencio, Caracas, es una de sus obras más conocida. Otra de sus esculturas, Maternidad, se puede apreciar en los predios de la Casa de la Cultura de Maracay. Narváez creó importantes monumentos públicosubicados en diferentes ciudades de Venezuela y del mundo. En Caracas trabajó con el destacado arquitecto, Carlos Raúl Villanueva, en su propuesta urbana de integración de las artes a la arquitectura.
Las Toninas
Al fondo escuchamos la voz de Manito, padre del artista. Este gran árbol centenario, nacido en 1898, ha visto los amaneceres de tres siglos (XIX, XX y XXI), casi sin parpadear. Él tan solo se mantiene aferrado a su vida y a sus sueños.
Ante una reflexión acerca de la utilidad del artista en la sociedad, Daniel replica contundente:
“¿Para qué sirve el artista? Es como decir: ¿para qué sirve Armando Reverón? Donde tú veas su obra el artista te está comunicando: ‘Yo soy luz’. Él no dice directamente ‘Yo soy luz’, es su obra la que nos habla. Esta sociedad no valora ni al artista ni a su obra; uno crea y el coleccionador de arte ofrece menos del justo valor. Te ven la miseria y aprovechan. Al final aprovechan tu trabajo para rebajar sus impuestos como si estuvieran comprando una mercancía. ¡No hermano, esto no puede ser!”.
Nuestro artista nos mira sin mirarnos, desde sus ojos que sueñan, que se abren y se cierran tras un misterio insondable. Desde sus ojos que corren tras unas formas que se desdibujan en el aire, en el espacio infinito contenido entre sus manos.
De repente, suelta una frase indescifrable e inconclusa, que sin embargo tácitamente entendemos, como si nos estuviera comunicando una gran verdad. Uno termina casi convencido de que ha encontrado la piedra filosofal, capaz de transmutar las rémoras de la vida en el oro de sus sueños:
“Escucha, detrás de esta casa había una alfarería a mediados del siglo XX, donde mi abuela cocía la materia prima en unos moldes de pericoco. Allí aprendí a amasar con mis pies la arcilla que ella transformaba en vasijas, y aprendí también a amar esta tierra y modelar las primeras figurinas Tacariguas. En aquellos tiempos todo era mágico…”
Sus palabras suenan como salmodia en mis oídos. La conversación es casi un monólogo. Por un momento tengo dudas respecto a si hemos dialogado realmente o solo hemos imaginado toda esta conversa. Cae la tarde. Ni es de día ni es de noche. El tiempo se está desvaneciendo. Una fresca brisa pasa silenciosamente y todo lo envuelve. Los recuerdos pasan como caravanas por mi mente:
Una vez me encontré con Daniel y Gabriel Trompiz (hijo del reconocido pintor de Los Teques, Virgilio Trompiz***), en una calle del pueblo, un domingo a media mañana. Obsequiaban a los transeúntes con versos escritos en hojas sueltas, a cambio de alguna colaboración, esto para solventar alguna urgencia material.
Entonces, comprendí de un tirón que el Realismo Mágico no estaba solo en los libros, sino frente a mis narices y me sumé a la tarea. A poco andábamos sin versos, sin un centavo y a la espera de tiempos mejores. Pero, felices. Inmensamente felices. Embriagados de una misteriosa y extraña felicidad.
Virgilio Trompiz
***Virgilio Trompiz (Coro, 1927-Caracas, 2012) pintor, dibujante, muralista, profesor de grabado y pintura y uno de los fundadores del Taller Libre de Arte, en 1948. Conocido como “El pintor de las mujeres”, por su predilección por representar la figura femenina en sus telas. En 1964 recibió el Premio Nacional de Pintura.
Con sus piedras que hablan un lenguaje cercano a la poesía, nuestro artista ha logrado que esta tierra, otrora famosa por sus aguas sulfurosas, donde se bañaron Humboldt y Bonpland, hace más de 200 años, durante su paso por Nuestra América, hoy día sea conocida también por sus artesanos.
Momento de la entrega del libro «Daniel Herrera. Pan de Aguas Calientes. Alma de la Humanidad Pichona», un trabajo de investigación realizado por César León, a los hijos del fallecido escultor en los espacios del MACMA
En las manos de cada tallista anda un pedazo de esta “comarca andante”, o gran metáfora, que Daniel Herrera duró toda una vida escribiendo con su gente, desde los signos de las piedras…
(Continuará). ¡Salud, Poetas!
***
Mohamed Abí Hassan (El Tigre, 1956). Poeta, artista visual y editor independiente. Licenciado en Educación, Mención Artes Plásticas (cum laude), por la Universidad de Carabobo (UC). Ha ejercido la docencia en la UC y en la Universidad Arturo Michelena. Ha sido colaborador en las revistas Poesía y La Tuna de Oro (UC). Primer Premio II Bienal de Literatura Gustavo Pereira, Mención Poesía 2013; Primer Premio IV Bienal de Literatura José Vicente Abreu, Mención Poesía 2016; Primer Premio Concurso Nacional del II Festival 3.0 de Historias Comunales Ramón Tovar (2022).
Formó parte de la Comisión Rectoral del Encuentro Internacional de Poesía de la UC. Coordinó el Taller de Formación de Cronistas Comunales en Mariara, estado Carabobo, auspiciado por el Minci, la Revista Nacional de Cultura y el Centro Nacional de Historia. Actualmente se desempeña como facilitador de talleres de iniciación en la creación literaria, así como talleres sobre patrimonio histórico.