jueves, 5 de febrero de 2026

Vicente Paúl Rondón: ¡Nuestro eterno campeón!

-Claudio González Luna-


Nada parece importar demasiado cuando recordamos la vida y hazañas deportivas de Vicente Paúl Rondón, cuyos avatares existenciales son capaces de conmovernos mucho mas allá de todo el rigor profesional que asomará en las próximas líneas, con sus memorables peleas, títulos, horas triunfales y dramáticas.

Un talentoso deportista convertido en bisagra histórica del pugilismo venezolano.

La sensación es única e intransferible. Con este artículo intentaré rendir justo homenaje al campeonísimo, a ese muchacho humilde que terminó siendo un hombre duro y golpeado por la vida misma.

Rondón fue un profesional ante todas las cosas. Esa es la imagen que llevo grabada para siempre en mis retinas.

El hombre que sobre el ring venció en casi todas sus batallas y quien al bajarse, difícilmente pudo superar esa gran guerra llamada vida.

Signado por un trágico destino, Vicente Paúl murió como vivió, a cielo abierto, en el barrio, a toda velocidad, y siempre apurado sin saber por qué.

Al dejar atrás su Barlovento natal, en busca de un mejor porvenir económico para su familia, no faltó nunca quien le dijera: “Ha sido un gusto conocerte, campeón”.

Encrucijadas del destino llevaron a Rondón a emplearse como policía en Río Chico, mientras realizaba 22 peleas en el boxeo amateur, donde propinó 19 nocauts fulminantes.

Su debut en el profesional se produjo bajo tutela de Rafito Cedeño, el 28 de junio de 1965 cuando enfrentó al recio José Caraballo, y luego de conseguir 11 triunfos aplastantes, el mirandino afrontó sus primeros problemas judiciales al golpear a un ciudadano en la parroquia 23 de Enero.

Luego de una serie de disputas contractuales, el gladiador criollo pasó a integrar la escuadra del promotor cubano Tuto Zabala, para comenzar a hilvanar una llamativa cadena de 8 victorias consecutivas que finalmente lo catapultaron en el ranking de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).

En aquella época, Rondón acotaba luego de cada triunfo: “Bendición a mi mamá y que me traigan a Foster” en busca de un chance titular.

Al momento de hilvanar una historia, se mezclan recuerdos y sensaciones. El hombre nacido en piso de tierra, se codeó con figuras renombradas de la farándula y la política nacional, contrastando tiempos cuando arrastraba una pesada carretilla cargada con láminas de zinc y cemento para arreglar su humilde ranchito.

Vicente Paúl confesaría a los años que no podía manejar un automóvil sin antes detallar minuciosamente a los lujosos Mercedes Benz que pasaban a su lado.

El icónico boxeador, de dudoso hablar y rústica pronunciación, fue tentado por el éxito. Amigotes prestos a ser brindados. Mujeres de reputación dudosa. Trabajadoras de lujosos cabarets caraqueños y periodistas deportivos de medios comerciales de comunicación, para quienes “la bola de billete” que cargaba encima el campeón minimizaba sus urgentes necesidades de ayuda verdadera. De una mano amiga capaz de aconsejarlo sobre perversas alienaciones del capitalismo y sus terribles herramientas de mortal seducción.

El hombre, acostumbrado a ganar peleas sin necesidad de jurados, debió inclinar su cabeza cuando escuchó decir: “La juventud es una enfermedad que se cura con el paso del tiempo".

Contra todo pronóstico, Rondón demolió en el Nuevo Circo de Caracas al estadounidense Jimmy Dupree, con soberbias combinaciones de jabs y uppercuts que todavía hoy, al revivirlas en el icónico blanco y negro de viejas filmaciones caseras, estremecen y conmueven.

Así era su filosofía de vida. Odiar al rival porque venía a intentar quitarle parte de su vida.

Rondón apretaba los dientes antes de cada campanazo y salía al centro del cuadrilátero con la sola intención de terminar el combate lo más rápido posible.

Y no era para menos, ya que en su infancia, transcurrida en los barrios más bravos del estado Miranda, aprendió desde chamito a pelear para defender lo suyo.

Era guapo, obediente y callado. Belicoso cuando hacía falta.

Luego de ganar el campeonato mundial de los semi pesados el 27 de febrero de 1971 ante Dupree, Vicente Paúl comenzó a mostrar cambios en su cotidianidad. Más formales que internos.

Comenzó a vestirse bien, le agarró el gustico a ciertas marcas lujosas como Ted Lapidus, Christian Dior, Rolex, Ferrari o Aramis, que tal vez no podía pronunciar muy bien, pero que plasmaron su mundo existencial, todo mientras aprendía a catar el delicioso champagne francés, siempre acompañado por llamativas y sensuales vedettes de la época.

Por dentro, el pugilista barloventeño siguió manejando sus viejos códigos de vida. Amigo de sus amigos y para los otros, nada de piedad.

Rondón no fue ciertamente amado por la gente del boxeo, pero sí respetado.

Leonino y altivo, imponía su presencia como genuino campeón mundial. Si necesitaba algún requerimiento especial de entrenamiento, volvía su mirada altiva y amenazante, torva y desconfiada, que sus rivales no podían contener.

Sin embargo, Rondón nunca olvidó a su familia. La protegió como una bestia herida.

Vicente Paúl Rondón, novela de joven pobre, nacido en la miseria y el hambre, alojado luego en lujosas habitaciones del hotel Hilton o Tamanaco.

La historia de un campeón que recorrió el mundo demoliendo a sus rivales. De vida veloz. Tomando atajos. Bebiéndose todo de un sorbo. Con un final trágico que se veía venir. Una lágrima breve quiere asomar por mis mejillas, tal vez para recordarme el momento preciso para rendir sentido tributo al legendario Vicente Paúl Rondón, el primer campeón mundial afro-venezolano del boxeo.

Realidad y ficción se alternan en El tercer país de Karina Sainz Borgo

-María Luisa Angarita-


Los muertos merecen sepultura. Un lugar digno donde descansar la eternidad, donde encontrar al fin la tierra prometida. Pero la única tierra prometida es realmente la que cubre las tumbas. Es el único lugar a dónde realmente nos han prometido ir, y ahora ni eso tenemos seguro.

Por eso, leer El tercer país (2022) de la escritora venezolana Karina Sainz Borgo me ha dejado con una sensación extraña. Como si su novela me hubiese abofeteado con una dosis de realidad que no pude haber comprendido de otro modo. La realidad de la migración venezolana, de la frontera entre Venezuela y Colombia, de la crisis política, económica, familiar e incluso espiritual que envuelve a una región ya agotada del sufrimiento.

El tercer país es una ficción y a la vez no. Parte de la realidad más cruda para llevarnos de la mano por una historia que nos muestra lo que no queremos ver, lo que muchos esperamos olvidar. Lo que a menudo la comunidad internacional decide ignorar para no tener que meter las manos allí en ese infierno.

Con un lenguaje bastante poético que alterna con el coloquialismo típico venezolano, la autora toma a dos personajes centrales: Visitación Salazar y Angustias Romero y las coloca allí, en medio de una región que nadie reconoce, pero todos saben que existe: el tercer país.

Estas mujeres, heroínas de sus propias desgracias tienen la misión de darle sepultura a quienes encontraron la muerte en la frontera, en medio de la migración forzosa las enfermedades, la epidemia de la desmemoria que no es otra que la de la politiquería de turno, la marginalidad, la pobreza, y la delincuencia tanto de los grupos irregulares como de los políticos de oficio. En fin, dos mujeres que buscan abrirse camino en medio de la desgracia personal y colectiva con una sola misión: darles sepultura a los muertos.

La violencia es la cara principal de esa frontera de nadie y de todos. Y por eso la violencia es el principal retrato de una realidad que todos reconocemos en esa ficción. Le sigue la cobardía, retratada en cada uno de los personajes masculinos. Una cobardía ataviada de furia, violencia, machismo y desdén, lo que los hace aún más cobardes. Termina con la inocencia, esa suerte de esperanza prometida en el rostro de un recién nacido.

En medio de todo eso Visitación Salazar y Angustias Romero se abren camino, cada una para enterrar a sus muertos que pasan a ser los de todos. Movidas no por lo que es un cuerpo sino por la vida que ese cuerpo tuvo alguna vez. Por el cúmulo de sueños rotos que al final de sus días no lograron encontrar ni siquiera un sepulcro bendito.

El tercer país es el cementerio donde estamos todos sin darnos cuenta. Visitación y Angustias nos protegen de los enemigos de la muerte, los mismos que la causan con sus políticas de hambre y miseria. Ellas son nuestras guías al más allá y al más acá. Nos abren la fosa y frisan los bloques de cemento para decirnos: mira, esta es tu realidad, esta es tu historia colectiva, esto de lo que tanto intentas escapar y que no puedes, aunque lo olvides.

Por eso la epidemia de desmemoria con que inicia la novela no es otra que la crisis que mantiene así a una región latinoamericana, el olvido continuo de lo que somos, de la historia colectiva que nos mantienen repitiendo continuamente la misma historia. Como un paciente con demencia, como la serpiente que se muerde la cola.

El tercer país puede fácilmente confundirse con una novela distópica, pero que no nos engañe su trama retorcida, porque en realidad es el reflejo más fiel de lo que ocurre en una región muy parecida y tan distópica como la realidad misma lo permite. Una región muy real donde la gente muere de mengua, en las trochas y pasajes clandestinos. Donde mueren quienes buscan escapar de la debacle sin darse cuenta de que solo la persiguen.

El tercer país y Comala se parecen mucho. Me atrevo a decir que la escritura de Sainz Borgo, al menos en esta obra, tiene sus referencias directas con la obra de Rulfo, de hecho, ya su epígrafe al inicio del libro es una advertencia. La única diferencia es que en Comala los muertos saben que están muertos, mientras que en El tercer país los vivos creen que están vivos.

Finalmente, El tercer país es la metáfora más clara de una realidad que supera la imaginación. Allí, en el medio de la frontera colombo-venezolana hay una mujer que entierra a los difuntos en un terreno antes baldío. Es una mujer real, de carne y hueso. Karina Sainz Borgo fue a conocerla y de ella surge el personaje de Visitacion Salazar.

Su historia se entrelaza con la nuestra y con la ficción. Y esta realidad, poderosa y triste a la vez es una bofetada dura para quienes creemos que un futuro mejor es posible, porque la cruda y atroz distopía de esta historia es la misma que se vive a diario en la frontera y que se hizo más fuerte con el cruce hacia el Darién. La distopía nuestra de cada día que hace de El tercer país un retrato tan real como ficcional de la realidad que nos apremia.


Referencias

Sainz Borgo, Karina (2022) El tercer país. Penguin Random House Grupo Editorial, S.A. Buenos Aires.

Granos de sonido (XI)

 

-Roberto Santana- 


El barro que se hace canto


Este análisis busca desentrañar la médula de una obra que fue un acto de exhumación lírica y política. En 1972, Joan Manuel Serrat le devolvió la voz a un muerto que el régimen franquista pretendía mantener mudo bajo el peso de la cal y el olvido.


I. La voz entre las grietas: Una escena de sal y silencio


En 1972, la Nueva Canción Española (y su hermana, la Nova Cançó catalana) se encontraba en una encrucijada de madurez y asfixia. Tras el estallido sesentista, los cantautores habían dejado de ser meros entretenedores para convertirse en los cronistas de una nación que comenzaba a desperezarse. La escena estaba dominada por una tensión eléctrica: por un lado, el éxito masivo de figuras como Serrat o Mari Trini; por otro, la vigilancia implacable de una censura que olfateaba metáforas peligrosas en cada estrofa. La canción de autor era el único parlamento posible en una España sin urnas electorales, un espacio donde la palabra recuperaba su valor de uso frente al valor de cambio del pop de consumo.


II. El Pastor de Relámpagos: ¿Quién fue Miguel Hernández?


Miguel Hernández (1910-1942) fue el poeta de la tierra, el hambre y la herida. De origen humilde en Orihuela, su trayectoria es un milagro de autoiniciación literaria. Pasó de cuidar cabras a codearse con la Generación del 27, aportando una fuerza telúrica que contrastaba con el refinamiento burgués de sus contemporáneos. Fue el poeta que llevó los versos a las trincheras durante la Guerra Civil y que, tras la derrota, sufrió el calvario de las cárceles franquistas hasta morir de tuberculosis, abandonado, en una celda de Alicante. Hernández era el símbolo de la pureza aplastada por la bota de la historia.


III. El cantante en la Atalaya: Serrat bajo el sol de la sospecha


Joan Manuel Serrat llegaba a este álbum en la cima de su capacidad creativa, pero también en un momento de gran exposición política. Tras su negativa a cantar en Eurovisión si no podía hacerlo en catalán (1968) y su encierro en Montserrat (1970) como protesta por los procesos de Burgos, Serrat era para el régimen un "hijo descarriado" y para el pueblo un referente ético. En 1972, Serrat es un artista bilingüe que ha conquistado América Latina y que decide arriesgar su estatus para reivindicar a un autor prohibido. No es una opción comercial; es una decisión de linaje espiritual.


IV. El estertor de una dictadura: España en 1972


La España de 1972 es un país de claroscuros. Mientras el desarrollismo económico creaba una nueva clase media y el turismo traía aires de libertad, el aparato represivo del franquismo se endurecía en sus estertores (el "tardofranquismo"). Políticamente, el régimen estaba agotado, con un Franco envejecido y una oposición obrera y estudiantil cada vez más organizada. Culturalmente, se vivía una "cultura de la resistencia"; los libros prohibidos circulaban de mano en mano y los conciertos se convertían en asambleas encubiertas. Económicamente, España soñaba con Europa, pero socialmente seguía anclada en el miedo.


V. Una arquitectura de viento y sangre: Características del álbum


El álbum Miguel Hernández es una obra de una solemnidad estremecedora. A diferencia de otros discos de la época que buscaban la urgencia del panfleto, Serrat opta por la atemporalidad del clásico. El disco es una totalidad orgánica donde la música no sólo acompaña al verso, sino que lo interpreta. Hay una renuncia al brillo fácil; predomina un tono austero, terrenal, casi litúrgico, que respeta la métrica hernandiana y potencia su carga emocional. Es un disco que huele a tierra seca y a ropa tendida, a cárcel y a libertad.


VI. La mano que dibuja el Sonido: Ros-Marbà y la Orquesta del Pueblo


El desempeño de los músicos y, fundamentalmente, del arreglista Antoni Ros-Marbà, es el pilar sobre el que descansa la trascendencia estética de este trabajo. Ros-Marbà, un director de formación clásica y operística, huye de los arreglos pop convencionales de la época. El uso de maderas, metales y cuerdas no busca la ornamentación, sino la construcción de atmósferas. Hay un uso magistral de los silencios y de las texturas orquestales que evocan desde la desolación de la celda hasta la fuerza del viento en los olivos. Ros-Marbà logra que la orquesta suene como un organismo vivo, integrando el piano y la guitarra de manera que nunca compiten con la voz de Serrat. La voz del "Noi del Poble-sec" suena aquí más madura, menos aterciopelada y más grave, consciente del peso de las palabras que está pronunciando.


VII. De la orilla al surco: El tránsito desde Mediterráneo


Para entender la evolución de Serrat, es vital comparar este álbum con su predecesor, Mediterráneo (1971).

Ambos álbumes comparten una calidad melódica insuperable y la capacidad de Serrat para elevar lo cotidiano a la categoría de mito. Pero, si Mediterráneo es un disco de luz, nostalgia, niñez y salitre —un canto al placer de vivir y a la identidad geográfica—, Miguel Hernández es un disco de sombra, duelo y compromiso. Mediterráneo es el Serrat hedonista y luminoso; Miguel Hernández es el Serrat que asume la tragedia colectiva. Musicalmente, el primero es más fresco y variado; el segundo es más denso, uniforme y arquitectónico.


VIII. El regreso a la intimidad: Hacia Per al meu amic


El siguiente paso en su discografía fue Per al meu amic (1973), cantado íntegramente en catalán.

En esta obra, Serrat mantiene el respeto por la alta literatura (incluyendo poemas de Joan Salvat-Papasseit) y la colaboración con arreglistas de primer nivel. Sin embargo, Per al meu amic es un retorno a la intimidad doméstica y a la lengua materna. Mientras que Miguel Hernández tiene una vocación de épica colectiva, el disco de 1973 es más pequeño, tierno y personal. El desarrollo estilístico muestra a un Serrat que, tras haber gritado los versos de Hernández a los cuatro vientos, necesita refugiarse en la calidez de su propia casa lingüística.


IX. La herida abierta: Trascendencia y aporte


La trascendencia de este álbum es inconmensurable por dos motivos:


1. Político-Social: Serrat "resucitó" a Hernández para millones de personas. Logró que los campesinos y los estudiantes cantaran versos que habían estado prohibidos durante décadas. Fue un golpe definitivo a la censura: no se podía prohibir algo que todo el mundo ya estaba silbando en la calle.

2. Artístico: Estableció un estándar de cómo musicalizar poesía. No es un cantante "usando" versos, sino una simbiosis donde música y letra son indivisibles. En el contexto de la Nueva Canción, este disco elevó el listón de la calidad técnica, demostrando que la canción de protesta no tenía por qué ser musicalmente pobre.


Veredicto: •Esencial


Miguel Hernández, además de ser uno de los mejores discos de Joan Manuel Serrat, es uno de los pilares de la cultura española del siglo XX. Lo encuentro •Esencial porque trasciende la categoría de producto musical para convertirse en un hecho histórico. Logró la proeza de unificar la "alta cultura" con el sentimiento popular, convirtiendo el dolor privado de un poeta muerto en el orgullo público de una nación que buscaba su futuro. Musicalmente es impecable, líricamente es inabarcable y éticamente es un monumento a la libertad.

Joan Manuel Serrat - Miguel Hernández (1972)


•España

•Nueva Canción Española

•Cantautor

•Poesía

con algunos elementos de

•Baroque Pop

•Folk Rock

•Esencial


Si quieres escucharlo, toca el enlace: https://t.me/MusicaParaVivirla/2733

miércoles, 4 de febrero de 2026

Palabras bajo libertad (III / 2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Selección y edición:

Manuel Cabesa


***

Viento del este


Entre la hierba, bajo mis pies,

incluso una brisa suave es de tempestad

Ko Un


Japón en casa

(antología mínima como la vida misma)


Haikus


1.

Orden cerrado 

cargando la esperanza 

lluvia cercana 


2.

Sorda canción 

pasión y calor

Adiós chicharra


3.

Catorce días

Ritual de chocolate

Llegó febrero


Nohemí Castro


4.

Desnudo helecho

duermes plácidamente 

brote de niño


5.

Punto ciego

mudo vitral de hielo 

entre el bien y el mal


Iliana Santana


6.

Baja la lluvia 

chorros cristalinos 

desde las nubes


7.

La luna mira

la inmensidad del mar 

la baña de luz


8.

Bailan con gracia

elevando sus brazos

los almendrones. 


Marina Sandoval


9.

Así como yo vengo 

de letras escritas

leídas y vividas


10.

Masas de algodón 

desparraman agua 

sobre el camino de las aves


 Ysbel Mejías


11.

Cae la lluvia 

sobre el techo de zinc

arrulla mis pesadillas 


J. M. Llerena


12.

Sobre este techo

los gritos de la lluvia 

se vuelven tonadas 


Ninfa Monasterios Guevara 


13.

Noche espesa 

emociones profundas 

fluyen las letras


14.

La fresca lluvia 

empapa la aridez

moja las grietas 


José G. Casanova


15.

Flor y colibrí 

celebran la mañana 

de primavera 


Mercedes Carmona


16.

La lluvia cae

baja de las montañas 

las nubes lloran


Liris Miyares


17.

Luna de nieve,

visible claridad,

la intensidad.


J.R. Sandoval Mata


18.

Cae el aguacero 

libros mojados 

bajo el agujero


Rufo Galo


 Tankas:


1.

En el calor 

de la tarde

sentí el vuelo 

de un pájaro 

aturdido


Mercedes Carmona


2.

La lluvia impregnó mi ser

de esperanzas

cocuyos se esparcieron 

en lontananza 

¿saldrá la luna?


Emalida Viloria


3.

La brisa conduce

a la lluvia 

por sendero pedregoso 

del olvido 


Dilcia Zamora


4.

Cae la lluvia 

Polar está en la calle 

se moja

caritativo le abro la puerta 

el agua está fría 


Julio César Pérez

lunes, 2 de febrero de 2026

Una pieza cruda del universo de Bukowski

-Ysbel Mejías-


El camino del infierno estaría lleno de compañía, 

pero aún era tremendamente solitario.

A empujones y codazos se abrió paso hacia su wodka-7

Charles Bukowski: Acción


He descubierto a Bukowski con mayor detalle en uno que otro poema suelto y más allá de los eruditos que solo comentan sobre su adicción al alcohol o quienes dicen que es el peor escritor con el que se han topado en sus lecturas; me topé con un libro en el que se reúnen 21 relatos y se inicia precisamente con el cuento que le da nombre a esta antología, Hijo de Satanás. Una historia desnuda, que va directo al grano, así como todas las que dan cuerpo a esta obra. Puedo decir que su escritura es un golpe a la mandíbula literaria. 

Si pensamos en la literatura como un salón elegante con palabras pulidas es Charles Bukowski quien vendrá a irrumpir de manera genial desde el último puesto, chocará con todo y terminará diciendo la verdad más cruda. Este libro se popularizó en su versión en español a partir de 1996 y según lo que he revisado de este autor, quizás esta obra no sea la puerta de entrada clásica a su desarrollo como escritor para conocer su trabajo; pero pienso que es perfecto para acercarse tal como me atreví yo a este universo salvaje, maldito e indecente de prosa y poesía cargada de humor negro y desenfado.

Henry Chinaski es una especie de alter ego de Bukowski, también aparece caminando en esta obra y sin embargo, no es el centro pues aquí son los sobrevivientes: alcohólicos, apostadores de hipódromos fracasados, escritores malditos, mujeres esquivas quienes forman el rompecabezas descarnado y sucio. Pero además estos personajes se mueven dentro de la opresiva y omnipresente ciudad de Los Ángeles, aquí se puede encontrar a este escritor con una faceta de cronista, y una prosa punzo-cortante que nos presenta los despojos del sueño americano. 

Bukowski es más que un poeta borracho. Estos relatos constituyen un rompecabezas en los que el eje transita por una vida bajo el estigma de ser “raro” “maldito” el no “redimido” no se trata de relatos con grandilocuencias malignas. Bukowski nos propone tres aristas fundamentales en esta lectura:

1/ La infancia como campo de batalla: La violencia paterna, el acoso escolar, el descubrimiento del mundo como un lugar hostil. 

2/ La escritura como salvación y condena: Retrata la obsesión por escribir no como un don, sino como una enfermedad necesaria, un último refugio de dignidad en un mundo de trabajos miserables y relaciones fallidas.

3/ La soledad como estado natural: La soledad es una habitación sucia, una botella vacía y el sonido de los propios pasos en un pasillo. Esto es preferible a lo falso que puede resultar una compañía.

De este libro me atrapó su estilo de frases cortas, duras y sin adornos, una prosa enmarcada en el realismo sucio llena de personajes comunes con lenguaje directo, no busca impresionar, sino más bien transmitir las sensaciones de hastío, olores en bares, tensiones antes de una pelea. No hay descripciones, se genera la experiencia a través de la lectura. Y entre tanta sordidez y miserias surge del humor negro cierta ternura inesperada, hacia los más perdidos personajes de los relatos mientras la ironía se hace presente junto a la autenticidad que expone las tripas de las experiencias humanas de los marginados.

Por eso te invito a darle una probada certera al ácido sin mentiras en la literatura y a comenzar a conocer mejor a este gran autor considerado incluso un fenómeno cultural, un outsider que hizo de la literatura un espacio de lenguaje minimalista, coloquial y conciso. Déjate atrapar por Bukowski a través de Hijo de Satanás, te aseguro es una buena condena. Charles Bukowski, escribe sobre lo que conoce.

Cinco poemas de Ninfa Monasterios Guevara



1.

Lluevo sobre ti 

como nube delicada

llevada por la brisa

y abrazo tus manos abiertas

para borrar el desierto 

que ofusca 

y condena tu alma.


***

2.

Quién, si no es un ángel,

pudiera cantarnos sin sonrojos

y deslumbrar la noche 

y sus cerrojos

al caminar la senda de las verdades...


Quién, si no es un ángel,

nos mostraría las flores del alma

ésas que nos nutren de luz 

y de calma

brotando de la grieta 

que el amor devela.


***

3.

La noche es guarida y espanto

camino de sombras 

hacia la manta 

que protege y aterra.


La lluvia siempre llega

inclemente, infantil,

derramada sobre el rostro aterido 

donde hace un nudo blanco

que ahoga las palabras 

que me nombrarían

si me atreviera a inventarlas


***

4.

El mundo cambia

si dos se miran

y se reconocen

Octavio Paz


Y se miran 

desnudas 

las intenciones 

alegres y atentas

las pupilas

Sin expectativas 


Se descubren

se aceptan

se reconocen


El mundo

nunca

más 

será 

el

mismo.


***

5.

Estoy en un cuerpo prestado que caduca

                   gime

                            apenas sonríe


No veo la hora de partir  

                y dejarlo

                               flácido

                                          dormido

                                                         distante.

La noche que fuimos invisibles

-Mario Amengual-


Vayan ustedes a saber en cuáles recovecos de la memoria se pueden contar la cantidad de bares, taguaras y licorerías donde alentamos el espíritu festivo aquel sábado, hace unas cuantas décadas en Maracay, mis hermanos de sangre Alberto y Luis Alain, nuestro hermano de crianza Omar Cardozo y yo.

Serían entre las ocho y las nueve de la noche cuando nos anclamos en la barra del bar restaurante El Ruedo, en la avenida 19 de Abril, muy cerca del Museo Aeronáutico. A uno y otro lado de la barra en U había dos salones con mesas para cuatro o más comensales. En uno de ellos dos parejas en sendas mesas y en el otro una sola pareja. Las tres se disponían a disfrutar la cena que habían ganado en un concurso de quién sabe qué en una emisora de radio local.

Aparte de nosotros en la barra estaban tres tipos, de los que supimos después que se trataba de un reconocido y prestigioso abogado, un profesor de la Facultad de Agronomía de la UCV y un hermano de este, cuya reputación consistía en haberse hecho de unos cuantos reales por vender como joyas a los chinos del centro de la ciudad los juegos de dominó que repartía Rafael Caldera en una de sus tantas campañas presidenciales.

Para entonces nuestros modestos sueldos permitían que pidiéramos un servicio de Cacique, que era el estribo para cerrar en buena ley el periplo etílico. Hablábamos de cualquier cosa como corresponde a bebedores de buena estirpe cuando, sin razón ni pretexto alguno, los otros tres tipos de la barra comenzaron a tirarnos puntas y sobre todo a mí y en diminutivo insinuando que se me mojaba la canoa.

Insistieron en la provocación y alzando la voz como para que no quedaran dudas de sus ánimos pendencieros y ya obstinado, no por lo de la canoa mojada sino por la alteración de nuestra alegre disposición, me paré y le dije al vendedor de los dominós calderistas:

-¿Qué coño e madre te pasa a ti?

Se plantó ante mí como si fuera el propio Mano e Piedra Durán y nos cruzamos varios golpes fallidos y con alguno le rocé la cara y en respuesta él rozó la mía y mis hermanos se plantaron entre nosotros. El abogado, como aquel famoso torero Cagancho ante los cuernos de los toros de casta, hizo de la cocina su burladero. El profesor y su hermano intercambiaron empujones y coñazos fallidos con mis hermanos y con la misma volaban a uno y otro lado vasos, ceniceros y cuanta vaina encontrábamos a mano, y a todas estas los mesoneros procuraban que no se cayeran unas supuestas esculturas talladas en troncos de árboles, como si fueran de Rodin y en mármol quebradizo. Y las parejas ganadoras salieron disparadas cuando estaban a punto de darse gusto con la entrada del cóctel de camarones. 

El dueño del restaurante y los mesoneros no ocultaron su parcialidad por nuestros rivales de indudable prestigio para ellos y asiduidad a aquel ruedo que aquella noche fue más bien cuadrilátero. Ha debido ser el dueño quien llamó a la policía y cuando nosotros, apenas apaciguados los ánimos, estábamos saliendo por el breve pasillo que separaba la salida de la calle nos flanquearon al menos ocho funcionarios de la Disip y llegamos al carro, estacionado muy cerca, y rematamos el Cacique en el porche de la casa montonera comentando lo sucedido. 

Como Maracay era entonces, y sigue siendo ahora, un pueblo con ínfulas de ciudad, la trifulca de El Ruedo cobró fama y abundó en comentarios callejeros y en tertulias familiares, la mayoría de ellos aliñados con el pasar de boca en boca.

Fue así que nos enteramos de que los Disip, que no sabemos por qué llegaron ellos y no los mangas meadas de la policía regional, en ningún momento nos vieron aunque pasamos entre ellos y retuvieron por una hora y un poco más a nuestros rivales porque no entendían con quiénes se habían peleado si los únicos clientes en el local eran ellos.

Se las pasaron mal ese buen rato porque los Disip no les creían y estos aseguraban una y otra vez que cuando ellos llegaron no vieron salir a nadie. Total que el dueño de El Ruedo, según nos dijeron, le cargó la cuenta de los daños y destrozos al abogado, al profesor y al tracalero, que seguramente quedó en el aire porque la alianza entre el vendedor de dominós calderistas y el abogado era suficiente para pagar esa cuenta en cómodas y olvidadizas cuotas.

miércoles, 28 de enero de 2026

Palabras bajo libertad (II / 2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Selección y edición: 

Manuel Cabesa


***


Es una verdad indiscutible que el posicionamiento de la mujer en la literatura y especialmente en la poesía es uno de los fenómenos más importantes que ha sucedido en la encrucijada de estos dos siglos. No sólo existe una enorme presencia a nivel mundial, sino que se ha rescatado del olvido grandes nombres que habían permanecido en la sombra durante mucho tiempo.

Dentro de las nuevas voces femeninas surgidas en los años recientes en el ámbito hispano la poesía de Raquel Lanceros me ha resultado particularmente sugestiva; partiendo de sus raíces poéticas: Góngora, Garcilaso, Lorca, esta autora recrea los temas imperecederos de la poesía: el amor, la soledad, la incertidumbre, desde una óptica íntima y envolvente.


***


Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973) es autora de los libros  Leyendas del promontorio (2005), Diario de un destello (2006), Los ojos de la niebla (2008),  Croniria (2009),  Las pequeñas espinas son pequeñas (2013), Matria (2018), Sin ley de gravedad (2022) y El sol y otras estrellas (2024).


***


CONTIGO 


Porque no vive el alma entre las cosas

sino en la acción audaz de descifrarlas,

yo amo la luz hermana que alienta mis sentidos.

 

Mil veces he deseado averiguar quién soy.

 

Después de tantos nombres,

de tanta travesía hacia mi propia brújula,

podría abrazar la arena durante varios siglos.

Ver pasar el silencio y seguir abrazándola.

 

No está en mí la verdad, cada segundo

es un fugaz intento de atrapar lo inasible.

La verdad no está en nadie, y aún más lejos

yace de un rey que de cualquier mendigo.

Si alguien está pensando en perseguirla

no debe olvidar esto:

el fuego ha sido siempre presagio de declive

como la intensidad antesala de olvido.

 

Cuando mis ojos vuelvan al origen,

pido un último don.

Nada más os reclamo.

 

Poned en mi sepulcro las palabras.

Las que dije mil veces

y las que habría deseado decir al menos una.

 

Guardad en mi costado las palabras.

Las que usé para amar,

las que aprendí a lo largo del camino,

las primeras que oí de labios de mi madre.

 

Envolvedme entre ellas sin reparo,

no temáis por su peso.

Pero cuidad con mimo la palabra contigo.

Tratadla con respeto.

Colocadla

sobre mi corazón.

La verdad no está en nadie, pero acaso

las palabras pudieran engendrarla.

 

Quizá entonces aquel a quien dije contigo

y para quien contigo fue toda su costumbre

se acostará a mi lado con ternura,

juntos en el vacío más sagrado,

cuando la eternidad toma nuestra medida,

cuando la eternidad se pronuncia contigo.


***


CAE O CAYÓ 


La lluvia es una cosa

que sin duda sucede en el pasado.

Jorge Luis Borges


Está lloviendo fuera como desde hace siglos.

¿Por qué me sobrecoge la oración de la lluvia?

Más lejos o más cerca. Mirar llover es algo

a lo que comparezco a través de la infancia.

 

Dentro del corazón se libra una batalla

de la guerra que nunca termina estando vivos.

 

Con recuerdos encenderé una hoguera.

¿Sabes la diferencia entre el fuego y el agua?

Y luego está lo efímero. Yo misma, por ejemplo.

A veces he intentado desenredar la lluvia

pero nunca la alcanzo. Debe ser

que me nacen las gotas desde dentro.


***


Eternamente no podrás ni aun sufrir

No era cierto, por más que lo jurase,

que yo tu amor jamás olvidaría.

En cuanto el tiempo me ofreció un atajo

te malvendí sin arrepentimiento.

 

Felicidad obliga. Hay quien lo llama

de la necesidad hacer virtud.

Difícil de asumir, pero innegable.

De barro son las ganas. Cuántas veces

se miente aunque se diga la verdad.


***


Reclamación

Me hablas como si fuera yo quien decidiese.

Como si mi existencia

junco en llamas

tuviera algún poder sobre la realidad.

Mi humilde voluntad no suma más

que otro grano de arena en la alta duna.

 

Piensa un minuto en mi insignificancia.

¿He decidido que hoy sea el vértice del tiempo

como de agua es el río

y de idea la palabra?

No me culpes del curso de la naturaleza.

Como tú, soy su fruto. A su pulso me debo.

 

Te olvidé ya hace tiempo.

No hay nada que añadir

aunque el lenguaje apenas aclare los finales.

Es inútil culparme

y más aún pretender

que un recuerdo caliente igual que un cuerpo.


***


Mano a mano

Hay quien tiende a pensar que lo merece todo.

Yo prefiero dar gracias.

 

Cruzo mis manos calientes sobre el mundo

sobre la gratitud a salvo del olvido.

 

Pienso en todas las manos

las que abrieron ventanas en los muros

las que besan el trigo para que haya pan

las que cortan el cuero que nos calza.

 

Amo todas las manos.

¿Qué son? ¿Qué pueden solas?

 

Son otras manos las que mueven los trenes

otras las que conectan las bombillas

otras las que abastecen los bazares.

 

Y serán otras manos

tal vez aún no nacidas

las que caven la tierra que me habrá de cubrir.

—————————————

Autora:  Raquel Lanseros

Título:  Sin ley de gravedad

Poesía reunida (2005-2022)

Editorial: Visor Libros, 2022


***



LO LLAMAN DESENCANTO


Soñé que era verdad lo que es mentira

pues es embaucadora la apariencia

se disfraza traidora de inocencia

efímero espejismo de quien mira.

La esperanza crepita hoy en tu pira

tras agotar el poso de paciencia

ante tu lacerante indiferencia

mi ilusión, mancillada, se retira.

¿Quién tendrá por fehaciente un vil engaño

y la cruel realidad por embustera?

¿Dónde está la virtud, dónde el amaño

dónde la infamia casi verdadera?

En el arca se vende hasta el mal paño

y a veces la razón no es lo que era.


***


AMORES IMPOSIBLES


El alma humana tiene grandes misterios que penetrar

y grandes cuestiones que debatir cuando está sola.

William Shakespeare


Hace cuarenta años, todas las horas les pertenecían.

Lo que veían cuando se miraban

era la raíz del mundo.

Siempre intuyeron

que no necesitaban nada más

dos cuerpos desiguales frente a una misma incógnita

las manos enlazadas

compartiendo presente, sueños y agua.

Hoy se encuentran de nuevo. Al fondo de sus ojos

han vuelto a vislumbrar aquel solaz

cuando todo era suyo

cuando ambos eran todo.

Las despedidas nadie las decide

los que saben las llaman ley de vida.

La abuela octogenaria y el corpulento nieto

se abrazan en la tarde.

Te quiero, se susurran.

Hay amores sagrados que no terminan nunca

aunque estén condenados a ser breves

aunque pertenezcan a tiempos distintos.

Aunque sean imposibles.


***


DESPRENDIMIENTO


(Revisitación libérrima del Siglo de Oro)

No me mueve, mi amor, para beberte

el goce que me tienes prometido

ni me arredra el avance del latido

bien al contrario, me empuja a complacerte.

Tú me enardeces, amor, yo me enardezco

de mirarte rendido en tu bravura

ofreciéndome tu lágrima más pura

te absorbo, me relamo, reverdezco.

Al girarte, tus labios inflamados

besos se vuelven en humedad transida

a revivir los míos exaltados

por la gozosa entrega sin espera

lo que me das lo mismo me darías

y lo que yo te doy igual te diera.


***


ÚLTIMA LLAMADA


Entre los juncos y la baja tarde,

 ¡qué raro que me llame Federico!

Federico García Lorca


¡Si supiera mi nombre!

Si lograra saber cómo me llaman

cómo juntan las sílabas y dicen

y al decir me recrean

me impulsan hacia fuera.

Mi destino es mi nombre.

Viviré en sus fonemas

viviré mientras alguien me pronuncie.

Puedo escuchar tu voz, dentro de un siglo.

Te imagino, hijo mío, en algún sitio

en mortal despedida que me llama.

Me imagino abatida, en ningún sitio

por no poder acunarte en mis brazos

no poder acudir a la más importante

mi recreación final sobre la Tierra

la última llamada.


***


LLORABAN LOS AMANTES


Lloraban los amantes

yo los recuerdo

eran

pétalos desprendidos desde una misma llama.

Lloraban sumergidos en la triste corriente

exhaustos como hélices

los amantes lloraban.

Lloraban y están muertos como lo estamos todos

como lo hemos estado y como lo estaremos

amando se alejaban erguidos de la muerte

pero la muerte no ama ni llora ni se aleja.

Lloraban los amantes que están vivos por siempre

su llanto fue camino fue presencia fue flecha.

Lloraban los amantes y sin aquellas lágrimas

no existiría el amor

ni tú ni yo ni el llanto

el sol no existiría

ni las otras estrellas.

—————————————

Autora:  Raquel Lanseros

Título:  El sol y las otras estrellas

Editorial: Visor Libros. 2024

El oso de la plaza: una defensa

-Manuel Cabesa-


Con permiso de todos y con el mayor respeto por el pensamiento de los demás, asumo hoy el papel de abogado del diablo.

Existe una tendencia que desconfigura elementos que pertenecen a ese acervo popular que fue creado y permanece arraigado en el inconsciente colectivo del venezolano como parte de el proceso de asimilación que termina por suscitar en la sociedad lo que Néstor García Canclini llamó hace tiempo una "cultura híbrida".

Siguiendo la tesis de Ludovico Silva, llamo popular, esta vez, a todo aquello que es de dominio público, lo que todos sin excepción conocemos y disponemos a nuestro antojo; y dejo para nuestro folklore el término autóctono que mejor le calza porque es cultura nacida de la profunda raíz ancestral de las comunidades, y en razón de que, paradójicamente, muchas de estas manifestaciones son desconocidas por la mayoría de los venezolanos quedando circunscritas al terruño que las engendra, así que lamentablemente muchas fiestas y cantos nacionales carecen de la popularidad que merecen, como el joropo central desarraigado de las emisoras maracayeras.

Sin embargo, el oso polar ha estado en cada rincón de Venezuela hace ya mucho tiempo, y es parte integral del esparcimiento criollo e inevitable presencia en fiestas autóctonas o privadas, conversaciones, bautizos, matrimonios, funerales, graduaciones, cumbites, saraos, o simplemente para aplacar el calor, por lo que su estancia en una plaza pública no extraña a nadie y hasta pasa desapercibida de tanto repetirse en el imaginario popular. Sólo basta llegar hasta Las Delicias para encontrarnos con su majestuosa presencia en medio del jardín de nuestra principal casa de estudios magisteriales y dígame usted, ante su vista ¿cuántos buenos recuerdos no saldrán a flote en la mente de estudiantes y egresados que circulan por la populosa avenida?

Pretender cambiarlo por una especie autóctona implicaría hacer una revisión de los símbolos que nos rodean para darnos cuenta que aquello que es popular y representación del gentilicio tampoco es autóctono, como sucede con el tigre de bengala que forma parte integral de la imagen de nuestro principal equipo de béisbol sobre todo cuando muchos cronistas deportivos insisten en llamar a los integrantes del equipo "los bengalíes"; incluso la misma pelota, nuestro deporte nacional, tampoco es criolla como dicen, aunque sea muy popular.

Ni las águilas sobrevuelan nuestros cielos aunque el equipo de béisbol zuliano lleve su nombre y su imagen represente la cerveza más popular de la región que con la bendición de la Chinita ya cumplió los cien años. 

El oso polar, que no vino del Polo Norte, llegó hasta nuestras costas desde Cuba donde realmente nació en 1911 y donde sigue vigente en cualquier fonda de El Vedado y La Rambla habanera, con su sabor ríspido al paladar del que la prueba por primera vez pero que ya en la segunda ronda termina por acostumbrarse.

Con nosotros convive desde 1941, o sea que es más venezolano que yo porque nací 1960 lo que indica que llegó 19 años antes: era mayor de edad cuando llegué a este país por vía de parto. 

Pienso que después de 85 años compartiendo con los venezolanos ya es hora de darle carta de naturalización como se ha hecho con todos los ciudadanos honestos que han llegado a nuestro territorio, han arraigado en él y han apoyado el proceso de modernización que comenzó a vivir Venezuela a partir del gobierno del General Medina Angarita. 

Sobre todo viniendo de la entrañable isla caribeña con la que nos unen tantos lazos desde la época en que nos visitara Martí.

En su libro "Mitologías", Roland Barthes señala una serie de elementos que pasan a ser patrimonio de la colectividad pero que no nacieron en la antigua Grecia sino en medio de la sociedad de consumo moderna y entran en el imaginario colectivo como parte de sus vivencias, en muchos casos volviéndose entrañables, alimento de alegrías y amables recuerdos: ¿quién no recuerda con cariño al toronto?

En ese sentido el oso polar y la bebida que representa tienen lugar de privilegio en mi memoria afectiva como sinónimo de grato compartir, símbolo de amistad, enriquecedoras conversaciones y amargos desvelos amorosos: "el champán de los pobres" como llamó a la cerveza el chef argentino Gato Dumas.

No hay sorbo que por bien no venga, ni tristeza que no muera con cerveza.

lunes, 26 de enero de 2026

Cuando la sangre se avecina como una lluvia sin fecha

-Mario Amengual-


Nada parecido a una razón obsesiva entre dos paredes sobrevive a las vituperaciones cotidianas, pero los legisladores prodigan argumentos entre sus ritos de perdones inalcanzables.

Sabrán ellos si una mano levantada puede superar cualquier anuencia mal escrita, si es que pergeñan leyes y no caprichos, en medio de esa voltariedad agazapada cuyo nombre resume la política.

Darán ellos sus palabras en compromiso consanguíneo, mientras las paredes y las calles se vuelven lúcidas delatoras de los abiertos y trabados desconciertos previstos en gotas de sangre acuosa.

En este país, en el supuesto tino vigente en las calles, las yerbas de los sinsabores han crecido bajo las huellas afincadas de la angustia. Se han levantado muros de alegatos inquebrantables para desembocar en pantanos de desilusiones.

Aquí mucha gente parece saber, hurgando entre láminas de dolores inéditos, que en los espejos se desvanecen sus simulacros.

Pero quienes tienen la retórica y las pantallas tomadas por su influyente cuello, quieren empezar o creen inaugurar auspiciosas prefiguraciones, ajenos a las alucinaciones repetidas, creyendo abrir un camino por donde ya hay una carretera.

Es su destino insistir en los despropósitos, es su insistencia cavar tumbas abiertas y como si se miraran en el fondo de un pozo inconcluso, desconocen el alcance de sus dedos empobrecidos.

La sangre se avecina como una lluvia sin fecha y no importa cuántas ventanas la esperen: igual azotará los techos y doblegará los ánimos.

Para muchos las predicciones se derriten como esperanzas maltratadas por las oportunidades, mientras se desmaya un demiurgo a punto de nacer.

Volverán en términos de oleaje terco, se revolcarán en la poca agua de las miserias barajadas, cayendo y cayendo, cayendo y cayendo, cayendo, en el silencio de abundantes palabras presuntuosas.

¿Quién puede levantarse en una calle sin nombre ni rasgos definitivos para acusar a la sombra que lo persigue valiéndose de la madrugada y de las preguntas rebotando en las piedras de ríos secos? 

Estamos desfalleciendo de tanta energía confiados a los números y a las cuentas bancarias, suponiendo que la palabra pueblo quebranta fronteras y decide destinos. 

Desfallecemos de tanto querer tal vez vida y suposiciones cristalinas, en respuesta a la locura de plata y palabras alebrestadas.

Cuando la sangre se avecina el miedo escondido insiste en calentar las orejas con bondades perdurables, mientras todos los sentidos anuncian y saben que las palabras ya no son escondites inocentesvdonde los cráneos flagelados no pueden soportar las inconstancias fulgurantes de los deseos disfrazados.

¿Adónde irá a parar la desazón convertida en hazañas? ¿Hasta dónde llegará el tumulto de suposiciones libertarias, envueltas en frases sedantes y engreídas?

Aquí y allá y más allá se desdibujan los márgenes de la serenidad y se ahogan los reclamos y se pierden futuros en los vasos de aguardiente y en el humo de la piedra enloquecedora y en el polvo dador de la jactancia y en la propina de las felaciones precoces y por el plomo de las armas rabiosas.

A la hora de los gallos arrecian los sueños descalabrados y cada amanecer es la continuación de los desencuentros enervantes también al servicio de los saldos favorables.

Ya la espiga de cobre se inclina sobre los cultivos abandonados, ya las hachas amelladas se oxidan en los barrancos de greda y en las zanjas de moho, y eso sería poco o no valdría ni una queja si no estuviesen quebrantándose los flacos linderos de la mesura.

Los devotos apuran la letra desjuiciada, atizados por la voz imponente y contentos por su mejorada hacienda.

El mañana es para ellos una plantilla de números y letras acordes con sus pasiones enquistadas. Prefieren ignorar que los preceptos pueden volverse cadalso o cilicio.

Sobre los escombros de su monolengua rasante más le importa a los afanosos escribientes sus satisfacciones partidarias y su tasada obediencia.

Apuestan a una perpetuidad sin espíritu, abonan un porvenir de piedras quebradizas casado con sus epítetos monacales. Reciben de su contraparte, no menos ansiosa de cámaras y mando, el veneno compartido en mesas separadas e indistintas.

Ojalá pudiéramos decir con inocencia sacrificial que venga a nosotros el Reino, pero ni siquiera sabemos si hay un Reino. Ya ni sabemos, entre suposiciones temerosas, si acaso algún Reino puede acogernos.

Lemas y fusiles se entrecruzan en rituales bélicos siguiendo el curso de frases discordantes y en los cuarteles, sobre almohadas acuciosas, se preguntan algunos si la valentía debe tener un nuevo precio.

Y en la calle, donde la inconformidad no sigue reglas ni órdenes superiores ni quiere saber de jerarquías estrelladas, la voz se rige por los mandatos de la necesidad y así dice y desdice en contra del credo insistente.

Ese color como buen negocio propagado, con pretensiones de volverse alma y conciencia, se vuelve espuma de resabios en los rompeolas de la docta ignorancia.

No venga a nosotros ese Reino prometido: sus promesas quebrantan el pulso del día a día, por más que unos y otros, esos unos amparados en sufragios y esos otros empeñados en ganarlos, pretendan ablandar pareceres con papeles renovados o privilegios de gloria al instante. Sólo la muerte iguala, nunca a juro las leyes y las arengas.

Sobran rigores y esmero si sólo en los discursos se trazan los derechos, ¿acaso puede regirse el corazón con notas a pie de página? Palabras enconadas si traen provecho es pasajero: apenas respiran el aire del perjurio reptan entre la hojarasca de razones aventadas.

Un buen día, en los folios polvorientos donde se traman los destinos, se delatan las intenciones de resentimientos ilustrados para la venganza y enceguecidos por sus complicidades.

Si la sangre llega a los ríos solicitada por el odio cultivado, ya sabrán mañana, tal vez muy pocos, que la inmemorial serpiente del destino siempre se muerde la cola y nunca estará de más advertir que aflicciones ayuntadas a promesas deslumbrantes suelen traer aprovechados endiosamientos y llevar más gente caída a las fosas comunes. ¿Sobreviviremos a las leyes del ímpetu y al frenesí de la arrogancia?


Maracay, Venezuela, 2007

viernes, 23 de enero de 2026

Seis poemas de Aimée Torres

 


Soy I


Soy tiempo, 

causa perdida: 

ahí nos encontramos.


***


Alma


Te amo por ser 

y estar presente 

en la eternidad  

y en la vida

donde tropezamos 

y nos encontramos.

Y en este presente finito,

que hacemos infinito,

te amo, Alma,

parte de mi alma:

te manifiesto en palabras 

mi humanidad,

y lo que mi alma expresa 

en cuerpo, alma y mente. 


 ***


Soy II


Soy tú entre las sombras 

de mi mirada calma...

Entras en mi sonrisa nostálgica

Te quedas en mi eco 

con tu voz que me clama:

elixir del deseo inalcanzable;

por la distancia impuesta 

de tus enredos y los míos...

de estos rieles físicos de la distancia, 

de tus roles en la geopolítica 

de tu existencia.

En tu andar enfocado 

con tus designios sociales 

y yo en el interior 

de tus fantasias me anclo,

negándome a tu realidad presente;

flirteo en las ondas de mi mar rosa, 

disfrutando las aventuras marinas 

en multisabores estresantes 

del extraño mundo terrenal,

de las sombras humanas 

y el diálogo de las luces naturales,

de inocentes almas en flora, 

fauna e infancia primaria.

Soy pueril avejentada

ante la caparazón de la edad madura 

por responsabilidades no negociadas

Vivo ya viviendo,

sin querer morir en vida.


***


A tu salud


Y el ramaje de lo natural 

me corona con su frescura 

bajo la sombra de mi vivir,

se asoma la dulzura de su pacto 

al cubrirme de su sabiduría 

y protección en el globo azul

de mi catalejo.

Me aproximo 

a la melodía del tiempo,   

regalo de ser su muñeca 

no angelical,

arropada en sus mimos 

de sabores tropicales,

en la tersura acanalada 

del bucle incierto

y en certeza cuántica 

camino cual cangrejo 

en la autopista del terciopelo 

cremoso de mi tarta 

das al recorrer el mundo paralelo 

de mi copa natale...

¡A tu salud voy!


***


Guárdame


Guárdame en tu corazón, 

en tu galería

por si un día me pierdo 

en mi mundo

o pierdo mi identidad...

puedas encontrarme 

en tus álbumes al vernos!

Y saber que somos,

fuimos y seremos 

en-Amor-a-dos

(ados: somos hada y hado

de la magia viviendo en amor)

Somos espacio compartido 

dando luz favorable 

a la humana existencia.

En la grata sorpresa de la cotidianidad. 


***


Gracias


Gracias por creer en mí 

sin yo creer en mí misma.

Gracias por dejarme ser gaviota

en vuelo armónico 

Por darme la sincronicidad de creer 

y crear en el bucle cuántico 

Vivimos en vibración positiva 

con los latidos 

de nuestra madre tierra

por ello en gratitud nos ama 

y amamos vivir en este planeta 

Todos somos galaxia y estrellas 

que a tu luz en súper Nova vamos

El Amor, alegría y enfoque 

para darnos propósito

Somos en bendición y testimonio

de que se puede vivir sanamente 

para ser feliz, amar y servir 

Gracias por existir:

Tú, madre, la estrella que guía,

mientras todos contemplamos el vivir 

en amor al danzar.

Bendiciones infinitas, 

favorables y eternas.



2025/2026