domingo, 16 de agosto de 2026

Estación Plaza Venezuela


 A María José y

a Victoria de Stefano


-Alejandro Ramírez-


La enorme bola de hierro golpeó la pared del edificio, los ventanales estallaron y se desprendieron.La máquina de demolición continuó sus potentes y sistemáticos golpes, levantaba una nube de polvo y esparcía escombros. El viejo edificio se desplomó.

Yo salía del CELARG todos los jueves y caminaba hasta la estación del metro Altamira. Mientras contemplaba el espectáculo de destrucción recordaba la tertulia que hubo luego de la lectura, reunidos en torno a una mesa en el sexto piso del nuevo edificio que ostentaba el nombre del patriarca de los escritores de este país. Se había comentado que en muchas ocasiones el escritor regresa a las primeras herramientas de sus inicios como creador de ficción. Una suerte de regreso a las primeras intuiciones de sus pasos iniciales. Esto significaba que yo volvería a Borges, Kafka y Cortázar en algún momento. Y mis pensamientos seguían un curso anárquico como si imitara el movimiento de las calles de esta ciudad.

El sol tejía un crepúsculo escarlata y naranja sobre Caracas cuando dejé atrás la máquina de demolición que seguía en su labor de enfatizar que lo único permanente es el aparente cambio. Una música exquisita salía de un restaurante y se mezclaba con el ruido de los automóviles. Nunca me había explicado la fascinación que siento por la música hasta que Beatriz, una amiga astróloga, me develó el misterio. Es Neptuno en sextil con Mercurio en tu carta natal, me dijo en una ocasión.

Había emprendido el regreso a Maracay. Y mientras caminaba me envolvía un lúgubre pensamiento, era un desasosiego y una sospecha de que la verdadera vida estaba esperándome en otra ciudad, entre gente desconocida, a veces pronunciaba nombres de ciudades en las que se cumpliría mi destino si alguna vez la visitara. Me propuse cambiar el curso de mis pensamientos a otras ideas más alegres. Recordé la conversación en el cafetín luego de la lectura. Se había planteado una interrogante algo frívola: qué país de Europa albergaba a las mujeres más bellas. Francesas y suecas las primeras nacionalidades mencionadas. Luego se refirieron a las españolas e italianas.

Pero alguien que nos estaba escuchando, un señor mayor, nos dijo: yo he viajado por toda Europa y puedo opinar con propiedad, las mujeres más hermosas son las de Europa del Este. Me imaginé de inmediato aprendiendo idiomas de consonantes complicadas y vocales explosivas, las lenguas eslavas, porque nada mejor que comunicarse en su idioma nativo y vinieron a mi mente imágenes de hermosos rostros femeninos: checas, polacas, húngaras, rumanas, serbias, croatas, bielorrusas, ucranianas, búlgaras. Y también la posible explicación de mi amiga: te asaltan esos pensamientos porque tienes a Marte en el signo de Escorpio. Y esto lo hubiera dicho con un brillo de picardía en sus ojos de gitana anglosajona.

En el viaje hasta la estación de La Hoyada recordé algunos lugares de Caracas que fueron mi domicilio en el comienzo de mi vida. En el tren subterráneo había pensado que encontrar vínculos con el pasado había tomado prioridad de urgencia en mi vida. Motivado de esta manera tomaba mi línea de recuerdos semejante a una línea ferroviaria. En ella yo transitaba el recuerdo de un zaguán largo en una casa donde yo encendí por primera vez una luz de bengala, luego llegaba hasta el recuerdo de mi madre cuando me tomó en sus brazos para sacarme una foto junto a un árbol recién plantado. Y seguía hasta que la línea de mi memoria se detenía ante un muro infranqueable. Escribir es una forma de meditación, es imaginar con el ritmo de la respiración y de la memoria. Vivimos con la esperanza de llegar a ser un recuerdo. ¿Es eso lo que se busca cuando se escribe? No espero nada de la literatura, pero le aposté la vida.

En busca de un vínculo con los recuerdos, no me bajé en la estación de costumbre. Seguí hasta la estación Capitolio. Iba a la plaza de La Concordia. Allí estaban los recuerdos más hermosos junto a mi hermana: en aquellos lejanos días cuando la memoria debuta. Nos deleitaba correr por los jardines. Subir las enormes escaleras de mármol, para deslizarnos por los pasamanos, a manera de un tobogán de parque. Y muy especialmente, meternos en la pérgola que nos parecía gigantesca, para gritar y gritar y dejar que el eco nos envolviera. Porque se producía un eco celestial e inolvidable. En la imagen que he evocado por un instante he parado de jugar para saludar con la mano al hombre con canas en el cabello que le sonríe y desde el ahora le responde con la mano al saludo.

Iba con una gran expectativa. Aceleré un poco más mis pasos. Pero al doblar la esquina veo que no hay nada, hay un estacionamiento, la plaza dejó de ser. Como una abierta conspiración contra la memoria y todo lo que vale el esfuerzo de recordar han colocado en su lugar un adefesio, han abierto una cicatriz en un rostro hermoso.


Tomado de El vendedor de vapor (2015). Premio Nacional de Literatura Ramón Palomares, mención Crónica 

Los purismos

-Ingrid Chicote- 


Ustedes creen que yo conocí a Kristel, que fue mi amiga, pero no es así. Corrían los años ochenta y en Villa de Cura hubo un movimiento llamado Gente del Común al que sí pertenecí. Villa de Cura, también llamada la Atenas de Aragua, tenía fama de ser una encrucijada cultural, y cuando se apagaba, volvía a surgir la llama. En esa época veníamos de escuchar al grupo Fogata y de ver obras del Grupo Gexzam (Grupo Experimental Zamora), mucho antes de que existiera el Teatro Estable, que tan buenos actores invitó y formó, y tantos premios trajo al municipio y al país.

En ese marco resonaron dos nombres: Omar Gutiérrez y Kristel Guirado. Ambos eran unos muchachitos inquietos que buscaban la luz por las rendijas. Estaban poseídos por las metáforas, por la actuación: uno se encargaba de llevar los títeres a los barrios, especialmente a Manuare, en Las Mercedes, donde hoy vive la familia de Kristel; y ella —la voluptuosa, la sinérgica, la impetuosa— se formaba en las tablas con el Teatro Nacional Juvenil.

Entonces la llamó la UCV, y qué alegría más grande que ella y Omar pudieran pasearse por los salones de la Casa que Vence las Sombras, mientras nosotros —los artistas, poetas y teatreros— nos reuníamos a organizar nuestras actividades con el solo hecho de soñar una transformación, de fomentar la sensibilidad.

Para hablar de Kristel también hay que hablar de Rosana Hernández y de Angélica Llovera. También hay que nombrar la palabra como un bastión que se encuentra entre la nostalgia, la calle Montenegro y el cerro Los Chivos. Ellas son parte de las mujeres que no se negaron a seguir el legado de la vida pueblerina: se transformaron en torbellino luminoso para ser guardianas de una memoria viva, presente en las formas de relacionarse con la existencia humana y en la exigencia de la palabra.

Kristel Guirado, Oswaldo González, Adolfo Tosta, Omar Gutiérrez y Aly Pérez pertenecen a ese momento luminoso de los ochenta donde la cultura era esperanza. Soy parte de ese movimiento junto con muchos más. Luego de consolidarlo, surgieron en Villa de Cura otras visiones de lo mismo, como el Movimiento Cultural Zamora, que dió paso a la Casa de la Cultura, siendo Rosana Hernández una de sus primeras directoras.

Kristel, mientras tanto, se formaba y actuaba; se hizo madre y luego contadora de cuentos infantiles, narradora y poeta. Una vez coincidimos en un autobús hacia Caracas: ella iba con su niña y conversamos un rato. En sus ojos estaba el hambre de conocer, de admirarse por la hermosura y por el amor a todo lo visible.

Sabíamos de la existencia de la una y de la otra.

Kristel era de mucho hacer. La ciudad era para ella: le proporcionó lo necesario para su creación, para su crecimiento y para sostenerse en medio de la vida. Hablamos hace unos años porque me enteré de que estaban vendiendo la casa de la Montenegro, pero llegué tarde. Ella me dijo con mucha tristeza que sabía que en mis manos el samán del patio estaría resguardado, así como las paredes que la vieron crecer.

Nunca coincidimos en un encuentro o en una lectura: o ella faltaba o faltaba yo. Sin embargo, coincidimos felizmente en el proyecto de Giordana García, Dijo: «Yo misma fui mi ruta», dedicado a Julia de Burgos. Dice la presentación:

«No creemos que haya una literatura "femenina", pero sí en la necesidad acuciante de mostrar, visibilizar y dar espacios propios a la escritura realizada por mujeres, dada la desproporción sistemática en la mayoría de los espacios del circuito de legitimación literaria: editoriales, premios, programas de estudio, jurados, etc.».

Su plaquette llevó a Caracas el río de aguas espumantes de su infancia, el río Tucutunemo. Allá, en la ciudad, la memoria del agua la guio en su hermoso texto. Yo, en su ciudad, rememoré la historia del lugar de mi primera infancia en Caracas: Cotiza: _De_ parque a forestal.

Hoy pertenecemos a la misma ruta trazada por Giordana García. Kristel es una deuda de los encuentros. Tampoco coincidimos en el Taller La Cigarra del Trópico, donde Aly Pérez nos ofrecía libros, modos de engullir el arte, la literatura, la poesía, la música, los colores, la vida.

Con el título de estas palabras quiero expresar que la creación y la vida de los poetas no tienen fronteras. Un artista integral no puede tener por norma la grima ni los purismos. Una cosa es la ética y otra la estupidez humana. Yo agradezco que hoy podamos tener a mano la obra de Kristel, de Aly Pérez, de José Manuel Morgado.

La calidad narrativa en la obra de Kristel, sus obras teatrales y sus conceptos eran universales; Alberto Hernández dio fe de ello en la reseña de Amada Begonia. De Kristel aprendí a seguir entre la luz y la oscuridad, porque siempre nos llega la sombra. Sin embargo, no debemos dejarnos apagar. 

Una cosa es que nos llegue la noche oscura del alma y otra que nos quiten la luz.

Hoy escribo para iluminar y dar un lugar en la historia a la cultura villacurana, que se volvió nacional e internacional.

Nunca debemos olvidar nuestros orígenes, y ella volvió a su pueblo transformada en la luz infinita del agosto plural.

Creo que Angélica, Rosana, ella y yo sufrimos de la misma nostalgia por esa Villa de Cura donde la cultura fue prodigio en la Biblioteca Ezequiel Zamora, en las plazas públicas donde se exponían las obras de nuestros creadores y en los lugares pequeños donde se leía poesía: en los patios de las casas, bajo samanes centenarios que seguirán de pie para florecer al sol, como hoy lo hace Kristel Guirado.

Kristel Guirado: Guiar la memoria

-Mirih Berbin-


Aragua llevó consigo una mujer de sueño grande. Una artista que surcó los mares del arte y la academia de una forma excepcional. Kristel Guirado, a quien tengo la oportunidad de dedicarle unas palabras, fue profesora de la Universidad Central de Venezuela, lugar que le permitió desarrollar sus investigaciones y discurso. Fue además una destacada ensayista, narradora, dramaturga, y guionista, con más de una decena de publicaciones. Se consolidó como una voz firme de la narrativa venezolana. Fue una pensadora incansable, abordó temáticas que, aunque en apariencia simples, encarnaban una cosmovisión de equidad y paridad notables.  

Kristel Guirado, la constructora de historias, con un discurso pausado y complejo ha partido al cielo de los poetas, allá donde su palabra está libre de formas y agravios. Por tal motivo, dedico estas breves palabras en su nombre, en su quietud, una aparente quietud que hasta último momento buscó dar respuestas a preguntas universales en escenarios de apariencia cotidianos. Hoy damos las gracias a Kristel por su palabra fina, por no desmayar en las letras, por dejarnos una familia de palabras que consultaremos ampliamente pero, sobre todo, gracias por levantarte un día en la escritura y no detenerte y discúlpanos si, en el asombro de tu despedida, nos cuesta un poco soltar. 


No desestimó un verso


Un encuentro fortuito. Gracias a la invitación de los poetas Joel Linarez y Omar Garzón, asistí junto con Kristel al 4to FilSuba en Bogotá. Entre chocolates, lecturas, poesía, relatos y entrevistas, pude conocer a Kristel. Lo que rescato de su presencia, es la quietud de su espíritu. Ella, de risa administrada, de fina observación, humana, cercana, despierta y sensible. Escuchó siempre atenta las propuestas poéticas de los amigos invitados, mostrando respeto por la palabra. No desestimó un verso durante la semana de encuentro y eso nos habla de su trabajo interior con la poesía. Ahí me regaló su libro Lírica Hispana, de la cual escribiré más ampliamente después, tal vez cuando empiece a acostumbrarme a su despedida. Sin embargo, una semana no es suficiente para conocer a una figura como Kristel. Si solo me siento en la computadora a hablar sobre ella, habría sido desleal de mi parte. Por ello, me pareció justo entrevistar a alguien cuya vida ha sido influenciada por ella. Entonces apareció el poeta y gestor cultural William Osuna, para mostrarnos, por medio de su experiencia personal con la poeta, cómo fue esa bonita coincidencia de compartir varias décadas con ella. Este es el resultado de su entrevista.

William Osuna.Un relato cercano de su amistad con Kristel

  

Osuna conoció a Guirado en Maracay, junto con los poetas Oswaldo González, Jaime Betancourt, Erasmo Fernández, Rubén Serrano, Zoraida García, Aly Pérez y su hermana; relata que ella y Oswaldo González tenían un performance donde Kristel era la hechicera y leía la buena ventura a los invitados. Cito: "yo estaba maravillado con esa joven que parecía una libélula fulgurante en esa noche. De ahí encausamos una bonita amistad que en el tiempo se unía con poesía, con recuerdos, con canciones".

En el relato de los espacios donde colindaban recordó otro encuentro, esta vez en Los Teques donde compartió además con Rosana Hernández Pasquier y Yoyiana Boscán. Cito: "ella organizó una lectura y una firma de libros donde yo le redactaba cartas de amor a las personas que llegaban, así continuó nuestra amistad", relata, hasta que en el 2000 coincidieron en la Editorial El perro y la rana que presidió Osuna, donde Kristel fue directora general. "recuerdo muchas cosas cercanas al trabajo, a su talento", dijo. Osuna relata que Kristel, "con el tiempo, se convirtió en una gran profesora. Entre su trabajo se destacó por convencer a Eduardo Galeano de publicar el libro Ventanas con nosotros presentado en una Feria del Libro".   

Al término de la entrevista se le preguntó si podía dedicarle unas últimas palabras para Kristel y esto nos compartió: "Hay un recuerdo muy hermoso pero también muy doloroso por su partida. No hay última palabra para Kristel, ella siempre estará presente en nosotros, en su poesía, en su manera de dar la amistad, en su bella forma de entregar eso que llama José Martí 'El don de la humanidad' y eso queda abierto para el género humano. No tengo unas últimas palabras, sólo se que se ha perennizado en nosotros mediante sus letras, sus palabras, su poesía y la obra que dejó en ciernes. Te agradezco estas palabras emocionadas sobre mi querida Kristel y le mando un abrazo a mi querido amigo, su esposo Manuel Almeida, gran amigo de la Casa Nacional de las Letras". 

Concluye diciendo: "Kristel no me incita a la elegía, sino me incita a la celebración de la vida como fue ella, luminosa, regente y alegre". 

Con esa paradójica festividad nos quedamos, citándola: "Mi intención es guiar la memoria hasta este tiempo presente". Kristel Guirado, 2024


***


(Agradezco a la poeta Alejandra Suárez por su valioso aporte para la elaboración de este artículo)

Cinco poemas de Rebeca Morales Vitas

Diosa silvestre


Flor que desemboca en el cauce

fuerza que mueve montañas

tormenta que nadie espera

la tormenta que no se va

sonrisa etérea, 

suave y delicada.


Mar bravío 

que desborda pasiones

agüita de río 

para calmar el alma

madre que camina sobre piedras

que azota las estrellas 

y hasta el firmamento 

le rinde honores.


Mujer hecha tierra

mujer hecha raíces 

mujer hecha de costas

mujer de pies descalzos 

que sollozas en silencio 

y solo la noche 

conoce tus lágrimas. 


Mujer de pechos firmes 

para amamantar, 

madre de uno, 

madre de todos,

con tu piel canela

con aroma a cacao,

cafecito de la mañana 

a veces oscuro 

a veces claro

buena arepa del llano.


En tu canto el tiempo se detiene 

y la luna ilumina tu zaguán, 

te has vuelto dueña de los parajes, 

una diosa salvaje, 

una fruta silvestre,

de tu vientre nacen flores, 

dulce néctar que da vida.


***


Bendita senectud


Está bendita senectud se refleja en el espejo y se desnuda dejándose ver tal 

y cómo es,

sin la máscara de cristal 

que cubre 

su verdadero rostro


Dulce paz mirar 

lo que nadie ve, 

y amar el paso del tiempo 

que agresivamente 

ha dejado sus garras 

enterradas en esta piel, 

me acompañan sólo mis manos 

para sostener el peso 

de la gravedad.


Las líneas curvas 

y las anchas grietas de éstas, 

mis arrugas, 

se han convertido en mi deleite.

Como un susurro, 

mis canas, experiencia 

que me vuelve ajena,

indiferente y perpetua.


****


No te amo


No te amo.

Ni por las montañas 

que derribé en tu nombre,

ni por las lágrimas 

que hoy inundan mis pies.


No te extraño.

Miento al mirar la luna 

cada noche,

evitando el recuerdo 

de tus brazos salvando

mis huesos del frío invierno.


No te amo.

Aunque jamás 

vuelva a conjurar el verbo,

porque en tus manos 

dejé mi última promesa.


No te amo, 

repito, mientras el eco 

me traiciona.


Nadie morderá el polvo 

como yo por ti.

Nadie guardará 

este incendio 

en la memoria.


No te amo.

Lo firmo con la sangre 

de este olvido 

que no llega.


****


Cuando grito 

se detiene el mundo.


Me quedo inerte, 

fría, adolorida.


Cuando grito no pienso. 

No respiro.

No late mi corazón; 

la sangre se recoge 

en el centro del pecho.


Cuando grito 

salgo al fin del baúl.

Me presento ante las cosas. 

Me encuentro.

Rompo en llanto.


Cuando grito 

es el desespero.

La angustia pura, 

la rabia viva.


Cuando grito 

camino con clavos 

en los pies,

rompiéndome los tendones,

desgarrando el alma

contra el suelo.


Cuando grito 

agarro vuelo. 

Me elevo.

Lloro por la piel, 

sudo, desaparezco.


Cuando grito...


***


Desaparición


Empecé a irme 

sentada a la mesa,

con el café en la mano, 

ignorando tus palabras.


Empecé a irme 

acostada en la cama,

mirando el techo sucio 

de polvo y telarañas.


Empecé a irme 

camino al supermercado,

comprando comida 

con la mente en otra parte.


Empecé a irme 

silenciando los labios,

callando,

opinando menos,

sin quejas,

sin mentiras,

sin hipocresía.


Empecé a irme 

y no te diste cuenta.


Me fui de ti,

me fui de mí,

me fui de todo,

y tú, clavado 

en tu propio ego.


Ya no era yo,

ya no estaba, 

aunque mi cuerpo 

siguiera presente.


Ya no estoy,

ni para ti,

ni para mí,

ni para nadie.


Dejé de existir,

y nadie se dio cuenta.

Palabras bajo libertad (XIX/2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Edición: Manuel Cabesa


***


Escribió Valle-Inclán en  La lámpara maravillosa: «Descubrir en el vértigo del movimiento la suprema aspiración a la quietud es el secreto de la estética». Y mucho de esto creo que hay en el último libro de Edda Armas, Talismanes para la fuga (Vaso Roto, 2022). Esos talismanes son para el vértigo; son estructuras de quietud en un tobogán de heridas o en el río chispeante de lo que no se puede apresar. Los poemas sí: son apresadores: son jaulas abiertas del instante, de donde se puede entrar y salir a través de la gracia de las palabras. A través del arte poética. De su poder como talismán. 


Ernesto Pérez Zuñiga


***********


Talismanes para la fuga


-Edda Armas-


y entonces fue cuando el nombre de su padre

le sirvió de talismán mágico

Duquesa de Abrantes



Arpa y rotación de talismanes


Si nos uniéramos al árbol de los movimientos

en alternancia de manos enlazadas y vacías

horma informe donde calzamos y se nos suelta

seríamos apenas gota vertida, nunca sedimento.

Más bien cántaro afectivo que sella los huecos,

voces presentes y pasadas de vidrioso fondo.

Renovada rama del cuerpo donde este florece.


*


Volver a posición. En línea tres cuerpos. Palmadas.

Presillas al blanco asombro: avance de aros y brazos

cruzados al pecho: con la mirada en punto infinito.

En la misma rama del pájaro que trina afuera

posado en el dintel; al filo del blanco cerusita.


*


Manos—piel—cerebro. Temblor al desmantelar.

Recogido aleteo. Tecla abierta del silbar en grupo

Sonido callado de la espiral rota. Arropados unos

con otros. Pie. Pie. Piel. Danza blanca circular.

Acordes. Trinidad. El hombre piensa-siente-actúa.


*


Una equivocación es una oportunidad

para verse contrario a lo que se dice.


*


Camino hacia lo sosegado. Los brazos buscan

acoplarse al compás del ritmo de ambos pies.

Marcha suave. Paso en paso. Girar la cabeza

a la derecha-arriba-al frente-abajo-a la izquierda

uno-dos-tres-cuatro-abajo-de lado- abanicados

sin deshilvanar la secuencia. Métrica. Hilos que

tensan; péndulo. Ayer-mañana-carriles de sol.

Azul-rojo-negro-amarillo- sin remordimiento.

Vuelves. Armas la esperanza. Ayer-hoy-mañana.

El sol se oculta para que la luna dé voz al dolor.

El hombre hace árboles con pájaros de luz.


(a mi entrañable Carlos Pacheco con música de Gurdjieff)


***


Balas de fuga


Qué hacer con las múltiples agresiones

María Clara Salas


La voz

resuena en nota más alta

después de la fuga.


*


El detonante pudo ser

la tristeza al fondo

de la pupila del hijo.


*


Ya no pisas como antes.

Enojoso como andas

henchido vas de pesares.


*


La palabra revuelta

se parece

cada vez más a uno.


*


Elige uno o dos,

digamos unos diez. No más.

Llevarás una sola maleta.


*


Creía saber qué era la oscuridad.

Pero no. Al menos, no esta.


*


Padre: ahora sé que la memoria

se alimenta con las frutas

que en la infancia ponías

en nuestras manos.


*


Ahora veo cómo se elevan

los pavores.


*


Armar y desarmar la maleta

convertida en cofre único

de varias vidas.


*


Borra y rehace.

Tal vez funcione

cuando lidias

con dolores

de los afectos

cada vez que

partes.


*


Mira

qué ves

a través de la rendija

entre pecho y corazón

(donde se alojan) o

en la pantalla digital o

por el ojal

o en bisagras del paisaje.

Lo que ves

desliza.


*


La sombra calza

en la ojiva del cuerpo

cada paso acorta

pero, uno por vez.


*


Desarraigar. Otra bala en la sien.


*


Resuena

rebota

se incrusta

mutila

siempre

anticipa el dolor

en carne viva

muerte

guerra

represión.


*


Disparadas por la boca

ninguna salva

la ilusión de paz

entre dos.


*


El día parece inocente

pero quiebra la quietud.



***


Mantra cobijo


"Guárdalo en la vigilia de tu pecho

igual que a un centinela,

pero vela con él".

Olga Orozco


Se extravía el alma cuando cesa la onda baja del instrumento.

Trance que nos desdobla sin retorno en las andanzas de hallar

las piedras, al buscar raíz: aquel punto cierto.

La boca pequeña muerde a la hora de morir. Obliga a soltarlo.

Levanta lo más leve. Lo que queríamos procurar y preservar

en los días desalmados, como estos de ahora.

Que abra otro canto el acorde, filoso, con arranques de flauta.

Aislarse no es lo buscado. Fortificarse, sí. Hincarse, no.

Oír sí, las vibraciones que nos aparten del corrosivo rumor.

Mantra del aullante. Invocación coreada. Oleaje. Trébol.

Permanecerá lo que sin prisa zigzaguea para los otros.

Un árbol de sonoridades más audibles que entrelacen

vidas sin miedo, con el coraje de observar el cielo.

Aspirar a ser espiga y espejo de lo alto

que destrabe el renacimiento en el redivivo laberinto

cuando la noche ensaye la corporeidad a la hora magenta.


****

Posdata: Agradecemos la gentileza y amistad de Edda Armas al autorizar la publicación de estos textos que fueron tomados de la revista digital Poesía, marzo 14, 2022.


(mcabesa)

La ventana de lo cotidiano (IV) | Liris Miyares


Ahora


Las situaciones que ocurren tanto a nivel individual como colectivo generan cambios y transformaciones. Inicialmente crean resistencia ante lo desconocido, sin embargo no es casual que ocurran eventos que afecten a una comunidad, país e incluso al planeta sin que se produzcan cambios en su estructura.

Ante eventos de gran magnitud debemos ser solidarios con quienes han sufrido pérdidas de sus seres queridos así como de sus hogares. Unamos nuestros esfuerzos como hasta ahora se ha hecho y apoyemos a las víctimas que sufren ante esta cruel situación. 

Las tragedias muestran nuestra mejor versión ante los hechos. El que es bueno proyecta lo mejor de sí y quienes pezcan en río revuelto se aprovechan para obtener los mejores beneficios de la situación.

Seamos más humanos dando lo mejor y veamos esta situación como una lección que nos viene a mostrar de manera individual y colectiva lo que nos negamos aceptar.

Veamos esta realidad como una manera de realizar cambios en cada uno para evolucionar y lograr transformaciones individuales que repercutirán en el colectivo que como una onda sísmica se expandirá en todo el planeta. 

Es de todos la responsabilidad, pongamos nuestro granito de arena.

Adelante seamos honestos con nosotros mismos, es el momento.

Los domingos de Maigret / 2

-Manuel Cabesa-


(A la mystérieusse)


El pasado domingo en la tarde comencé la lectura de Maigret y los ancianos (1960), siguiendo con el plan de dedicarle este día del Señor a la lectura de una novela de las tantas que escribió Georges Simenon con las investigaciones del afamado Comisario.

Desde el principio nada fuera de lo común: un asesinato y la habitual parsimonia de Maigret para hallar el móvil y al asesino (si es que hay tales), y a las pocas páginas una sorpresa: una historia de amor escondida entre telones que promete ser más interesante que la historia principal. 

La historia principal: en su despacho aparece el cuerpo fenecido violentamente de un antiguo diplomático sin que hayan razones aparentes para que su vida terminara de esa forma: anciano jubilado, estimado por todos y conectado con la nobleza. Ante este misterio la misma Secretaría de Asuntos Extranjeros solicita la presencia del Comisario. 

¿Quién fue y por qué? Se puede averiguar leyendo el libro. Más importante fue descubrir que el difunto embajador mantuvo con una dama de la nobleza una historia de amor durante cincuenta años sin que nunca durante ese tiempo estuvieran ni siquiera cerca.

Por razones de conveniencia familiar, la joven dama tuvo que casarse con el príncipe V. y dejar de lado su amor por el conde de Saint-Hillaire, el ex-embajador asesinado; éste, como todo un caballero, promete guardar distancia y el debido respeto y a partir de ahí comienzan un epistolario que se mantendrá hasta el día de su muerte. 

Sin embargo, no se trata de un amor secreto: su marido, los hijos, sus amistades, los criados, el notario y ahora el Comisario Maigret están al tanto de que si el príncipe llegara a morir antes que la pareja, ellos después de cumplir con el luto reglamentario, terminarían por unirse al final de sus vidas. Lamentablemente, el príncipe ha muerto (accidentalmente, por cierto) casi el mismo día que asesinan al conde y a la princesa le toca llevar doble luto, por su marido y por su amado.

Ahora bien... ¿sacando que los años de espera no lograron consumarse en la unión del par de ancianos, la historia de la princesa V. y el conde de Saint-Hillaire no es casi igual a la de Fermina Daza y Florentino Ariza en El amor en los tiempos del cólera?

Como Florentino, a pesar de su amor por la princesa, el conde de Saint-Hillaire no se exime de tener relaciones con distintas mujeres en su país y en los diversos países en donde le toca ejercer su cartera, incluso con su asistenta de toda la vida; pero nada de esto es un secreto para la princesa, pues fielmente el embajador la mantiene al día en sus cartas. 

Ante tal revelación Maigret se extraña... a lo que ella responde:


"-¿Tampoco usted estaba celosa?

-De eso, no. Mi único miedo era encontrara una mujer capaz de ocupar mi puesto en su pensamiento".

(...)

"-Dígame lo que sepa, señor Maigret. Compréndame, durante cincuenta años me he acostumbrado a vivir en pensamiento con él".

Anteriormente, había arriesgado la hipótesis de que dos de las novelas de Patricia Highsmith podrían haber salido de unas pocas páginas de La cabeza de un hombre (1931), ahora el Gabo. 

No resulta extraño que García Márquez tome prestado un argumento para desarrollarlo a su manera. Es lo que sucede con Memorias de mis putas tristes en relación con  La casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata; y con El general en su laberinto que es una versión ampliada del cuento El último rostro de su gran amigo Álvaro Mutis. 

Puesto a especular, desde hace tiempo me ha parecido que son muy notorias las "coincidencias" entre Cien años de soledad y Al este del edén de John Steinbeck: personajes, ambientes, entre otros detalles que quizás un día me ocupe de comparar. Otro tanto puede decirse de Crónica de una muerte anunciada y Réquiem por un campesino español de Ramón J. Sender.

Finalmente, el mismo Gabo se ha confesado admirador desde muy joven de las novelas de Simenon, según apunta en el prólogo de Un hombre en la calle, como dijimos en el artículo anterior. 

En ese sentido, Georges Simenon, autor de una infinidad de novelas populares sería lo que podríamos llamar "un escritor para escritores" aportando argumentos para que los desarrollen autores que sepan sacar provecho de su talento.

sábado, 15 de agosto de 2026

Adiós, Kristel / 3


Este sábado 15 de agosto, en la pérgola de la Casa de la Cultura de Maracay con motivo del 2do. Encuentro de Libreros propuesto por la Librería del Sur, un grupo de amigos se reúnen para rendir tributo a la memoria de Kristel Guirado: palabras, recuerdos, gestos para una artista integral que deja tras de sí una estela de cariño y creación...


(mcabesa)




Mariposa


A Sofía Isabella, mi maraca


Criaturas complejas las mariposas. Para llegar a ser adulta, la oruga debe deshacer su cuerpo infantil en la intimidad de la pupa. En los meses más cálidos, colgada de la rama más alta, la niña huye de sí misma; su imago tiene alas funcionales y es sexualmente maduro, pero debe abstraerlo y volver a formar una entidad nueva, de mariposa. 

Un cuerpo menos exaltado que el cifrado en la crisálida, quizá, pero prudente y responsable, de colores y formas comedido, listo para el disfrute de los otros. 


Kristel Guirado

Conocí a Kristel en 1990, en el marco de un taller literario que yo dictaba en Villa de Cura en esos tiempos donde el Estado auspiciada talleres literarios. 

Ella muy cercana al taller: todos jóvenes escritores de la localidad: Aly Pérez, Rosana Hernández, Omar Gutiérrez y Oswaldo González quien compartía su vida con Kristel, quien se dedicaba al teatro.

Ella fue creciendo en todos los campos del arte de la escritura y ha publicado por la editorial La Liebre Libre, el libro de relatos Tacones lejanos. Ella fue dueña de su tiempo, dramaturga, narradora, actriz y poeta. 

Desde el valle de Tucutunemo vino a dedicar sus conocimientos como docente en la Universidad Central de Venezuela y se dio a conocer como una notable investigadora en el terreno de la lingüística. Es muy largo la meritoria trayectoria de Kristel.. y esta nota es escueta al respecto.

En enero de 2025 la invité al grupo whasap de Recitales de Poesía donde los deleitó con su voz donde nos dio a conocer su voz poética. 

Puedo decir a gritos que fuimos amigos más allá de la muerte.


Efrén Barazarte


Estamos juntas en la misma colección: "Yo misma fui mi ruta".

Ella escribió en la capital de su Villa de Cura y yo escribí en su Villa de mi lugar de nacimiento...

Ella habló de su río de la infancia y yo de mi callejón Yagrumo...

La esperé el día de la lectura pero no llegó...


Ingrid Chicote


Mi amada, mi bella, 

mi amora, 

mi admirada amiga, 

compañera de tablas, 

profesora ..


Que puedo decir de ti, 

que no sea grande 

y hermoso..


Como tu templanza 

y amor por la poesía, 

como tu andar 

sin descanso 

por el mundo mágico 

que elegiste 

para estar 

siempre presente 

en nosotros,


Voz ronca y tierna, 

abrazo seguro, 

poema indescifrable,

me conmuevo 

y solo diré que te extraño, 

te quiero grande..

mi amada, mi amiga, 

mi pana..


María Elena Prieto


Kristel: Un ángel y dos esferas


Sólo siete días fueron suficientes 

para conocer la esbeltez 

de la sonrisa franca y silenciosa:

genuino amor 

que admira la voz 

ante la calma de los tepuyes 

como cuando se habla con Dios,

experto corazón delator de nuestros ancestros.


Sólo siete días fueron suficientes 

para cubrir el continente hermanado de nuestro abrazo.


Kristel bonita,

observa, sabia, escucha 

lo que no esconde el silencio,

por encima de todo

escucha todas las cosas 

con la calma capaz de relatar 

muchas historias.


Imposible no ver la idea 

que hoy te celebro tan sentido,  

nunca tan amable a encontrar 

tu luz en tu nombre cordial.


Se abre esta puerta.


¿¡Quién anuncia !?


-Solo digo tu nombre...


Y sé mi gemido.


Convencerme,

tú, azul latido...

nunca dejaré de creer en esa mirada tan familiar, 

sin ausencia en los sonidos 

donde se levanta el telón, 

la voz ,

la gesticulación

y sobre todo 

la amistad complice, 

siempre con tu palabra 

en reloj 

en esas cuerdas que atan 

el amor con tu poesía.


Para ti,

todos los aplausos... 


Raquel Santeliz




Estamos en el mundo


                        a Kristel G


Tierra de gracia 

30 de julio 2026

Jueves


Navegamos en un cielo limpio

de un azul eterno 


las aves suspenden su canto 

y se ha creado el silencio

con todas las palabras 


Un grillo rompe 

la madera del árbol 

que se ha quedado sin tu canto


El bosque entero 

entra en la quietud


En algún lugar de esta nao

la persistencia del desencuentro 

ha tocado fondo

y la esperanza es una rama vacía 


El tiempo se ríe capitaneando

esta circunstancia

porque es ahora cuando 

flotamos en la nada 

de este mar de calmas.


En el penúltimo día de julio 

lo normal se mudó de sitio

y tú voz nos deja 


Obligados al adiós

estamos atados al mastil 

para no saltar a buscarte

por cualquier lugar


Tu presencia 

de tu sonrisa sonora

rebota en la memoria 


corriente marina

que no se detiene 

y se repite 


La imagen de un ave

mojada por la lluvia

enternece el alma


La materialidad 

es insuficiente

y el llanto nace 

sin lágrimas.



Marcos Veroes Vegas



Y es que la adolescencia no se evapora


Sigue allí 


Guarecida en el vaivén flotante de las hojas. 


Kristel Guirado

miércoles, 12 de agosto de 2026

Gramática del asombro | Javier Gilabert


A Julen Carreño


Y pienso que en las grandes creaciones

vida y arte no alientan en lo extenso,

sino en ese detalle que despierta

nuestro asombro

Vicente Gallego



I


El poema es el centro del lenguaje

y en su giro hay esquirlas de palabras

que se arrojan al tiempo por la fuerza

generada en la voz de la que brota.


II


El instante es el centro del poema.

Se amplifica en sus versos y se expande

revelando ante el hombre su secreto,

como briznas de lluvia en el cristal.


III


El asombro es la carne del instante,

y arraigan sus cimientos en la luz,

material con que el verso se construye,

el aire el armazón que lo sostiene.


IV


Del asombro al asombro va el poema.


V


Escribir es arar,

trazar en el papel

surcos con versos.

 

Escasa la cosecha,

si acaso se recoge,

pero es hermoso 

el campo en esta hora:

 

tiempo recién arado en dicha plena.


VI


Confiado, el gorrión picotea en el patio.

Con sus pasos de baile,

se desplaza buscando el alimento.

Me parece que ríe el astuto pardal

ajeno a la presencia

del hombre que lo mira

y se sabe pequeño.


VII


El tiempo en la mirada es esa rama

que impide ver la vida claramente.

En él la luz adquiere otros matices

y pierde su pureza primitiva,

la fuerza con que un día la sentimos.


***


Autor: Javier Gilabert (Granada, 1973)

Título:  Todavía el asombro

(XV Premio Internacional de Poesía Blas de Otero, 2023)

Editorial: El Gallo de Oro ediciones.


Tomado de zendalibros.com

21 de octubre, 2023

martes, 11 de agosto de 2026

El principio del asombro: Un puente entre la poesía y la mirada de El Principito

-Alis Velasco-



I. La inocencia como resistencia


El mundo contemporáneo avanza con una prisa feroz, tasando el tiempo en términos de utilidad y midiendo el valor de las cosas por su inmediatez o su rentabilidad material. En este panorama de urgencias, detenerse a contemplar una hoja que cae, escuchar el latido de un verso o descifrar el silencio que habita entre una palabra y otra se ha convertido en un acto de clandestinidad espiritual. Es precisamente en ese territorio de pausa donde convergen dos universos aparentemente distantes, pero profundamente hermanos: la sensibilidad del creador literario y la mirada incorruptible de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry.

Para quienes consagran su vida a la palabra -ya sea desde la poesía, la docencia, la composición o la animación cultural-, la infancia no constituye una etapa que se abandona al cruzar el umbral de la madurez, sino una patria portátil a la que siempre se regresa cuando el dolor o la rutina amenazan con endurecer el alma.

El Principito abandona su pequeño asteroide y emprende un viaje por mundos habitados por personajes solitarios que han olvidado el verdadero sentido de vivir: el rey que solo sabe mandar sobre el vacío, el vanidoso que únicamente escucha aplausos, el hombre de negocios que cuenta estrellas creyéndose su propietario. En cada uno de ellos se refleja la caricatura del adulto que ha renunciado al asombro.

Frente a esa aridez existencial, la poesía surge como un antídoto. Escribir versos, rescatar memorias o coordinar encuentros literarios en una comunidad no constituye únicamente un ejercicio estético, sino un acto de resistencia humana: una forma de negarse a aceptar que el mundo se reduce a aquello que los ojos alcanzan a ver.


II. La arquitectura de lo invisible


Una de las enseñanzas más universales del clásico de Saint-Exupéry se resume en una frase que ha trascendido generaciones: “Lo esencial es invisible a los ojos”. Esa afirmación constituye, en esencia, la columna vertebral de todo proceso creador.

El poeta no escribe únicamente con tinta sobre el papel, sino con los jirones de lo intangible: la ausencia, el anhelo, la nostalgia de una tarde compartida o el eco de una voz que permanece adherida a los espejos del tiempo. Cada poema intenta nombrar aquello que no encuentra cabida en los diccionarios convencionales. Busca el lugar donde el dolor se transforma en belleza y donde el silencio adquiere espesor.

El zorro enseña al Principito que para conocer verdaderamente las cosas es necesario “domesticarlas”; es decir, crear lazos. En el oficio literario ocurre exactamente lo mismo. Un libro no es solo un conjunto de páginas encuadernadas, sino un vínculo vivo, un puente tendido entre la intimidad del autor y el lector que lo recibe.

Cada taller impartido, cada antología compartida y cada reunión de un grupo literario representa el cuidado paciente de una rosa en medio del desierto. Se invierte tiempo en la palabra, se pule, se sufre y se celebra, hasta convertir un espacio común en un jardín fértil de complicidades humanas.


III. El viaje hacia adentro: bitácora del alma creadora


Todo viaje literario, al igual que el periplo estelar del pequeño príncipe, constituye un tránsito hacia el autoconocimiento. Los asteroides que visitamos, reales o imaginarios, no son otra cosa que los distintos estados de nuestra propia conciencia.

El desierto. Habitualmente se percibe como un lugar árido, hostil y solitario. Sin embargo, en la poética de la existencia representa el espacio donde puede escucharse la fuente interior. Allí el poeta encuentra sus mejores versos, despojándose de lo superfluo. Es el lugar donde se aprende a valorar un sorbo de agua fresca o la compañía de una estrofa cuidadosamente labrada.

El agua y la sed. El zorro recuerda que los hombres buscan miles de cosas sin encontrar aquello que verdaderamente necesitan, cuando quizá bastaría una sola flor o un poco de agua. En la creación artística, esa agua simboliza la verdad poética. No importa cuán elaborada sea la estructura técnica ni cuán exigente resulte el oficio de escribir; si el texto carece de esa gota de autenticidad, el poema termina por secarse.

La partida y el legado. El regreso simbólico del Principito a su estrella nos habla de la trascendencia. Los libros que se escriben, los poemas que se recitan en una plaza o en una sala de encuentro y las enseñanzas sembradas en las nuevas generaciones.

Al final, el poeta y el Principito persiguen la misma utopía: recordarnos que llevamos un jardín secreto en el pecho y que la vida, al igual que un buen poema o una estrella lejana, solo adquiere verdadero brillo cuando se mira con el corazón.

Blanca Varela (1926-2009)

-José Vadillo Vila-


Cedemos espacio a este trabajo tomado del portal andina.com en donde podemos apreciar la figura de la poeta Blanca Varela inmersa en medio de sus reflexiones sobre el quehacer de la palabra como parte del tributo que le rendimos en el centenario de su nacimiento. 

(mcabesa)


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“La poesía es un impulso.” El 3 de mayo de 1994, entre rascacielos que lame el río Hudson, durante el tercer encuentro de Escritores Iberoamericanos, que organizó el Instituto Cervantes de Nueva York, se oyó la voz suave de Blanca Varela leyendo sus poemas.

Tras el último verso, el silencio y los aplausos, vinieron las preguntas de los poetas, de los académicos, ¿acaso el horror, la tristeza o el dolor eran los detonantes inspirativos de sus versos? Y la poeta, limeña como la arena, respondería a todo: “No es que haya sido tan infeliz como parece. Era crítica, veía las cosas que la gente oculta, de pronto las imágenes de cosas hermosas no me servían.” 


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Este lunes 10 de agosto, celebramos el centenario del nacimiento de la poeta Blanca Varela (1926-2009). 

Tempranamente, el poeta mexicano Octavio Paz y futuro premio nobel, escribió en el prólogo del primer poemario de la peruana, Ese puerto existe (publicado en México, en 1959): “Blanca Varela es una poeta que no se complace en sus hallazgos, ni se embriaga con su canto”.  

Por su parte, el hispanista italiano Roberto Paoli escribiría que la poesía varelista “es de esencias y símbolos que nunca componen un cuadro figurativo de puros arquetipos que, sin embargo, en la página, en la sucesión verbal, se comprometen con el desorden, con el absurdo, con la desesperación, y están cargados de un tenaz acento vital”.

También en Blanca Varela. Canto villano. Poesía reunida, 1949-1994. Edición conmemorativa (Lima, Fondo de Cultura Económica, 2026) la escritora Carmen Ollé define que en su obra “la distensión, el desarraigo y el desorden, así como el desmantelamiento del mundo real y cotidiano giran en torno a un sentimiento de culpa que se expresa con un tono elegíaco y de inculpación”.


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Un año importante en la carrera de Blanca Varela fue 1993, cuando publicó cuatro libros (Ejercicios materiales, El libro de barro, Del orden de las cosas y, en España, Antología personal). Volvían los micrófonos, los reflectores. 

“La poesía -respondió a una entrevista en su casa, en Barranco- es otro mundo, otra lógica. Hay poetas o, en general escritores, que yo no hubiese querido conocer jamás, que son personas vanidosas, desagradables, pero que, a la vez, son buenos poetas. Por otro lado, hay personas buenísimas, rectas, honorables, pero que no son grandes poetas”.


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Los lectores de los noventa redescubrían a esta poeta cuya única fe era la palabra. 

Blanca Varela fue una de las pocas mujeres, allá, en la década de 1940, que estudiaba una carrera en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. 

Formó parte de la Generación del 50 y de quien se hablaba en toda Hispanoamérica. Que había sido muy cercana a Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Sebastián Salazar Bondy. A este último, lo recordaba como alguien que le enseñó a leer poesía. Ya que escribir, Blanca Varela, lo hacía precozmente: de niña empezó a escribir sonetos, porque en su casa se escribía y leía de manera voraz. Vivía con su abuela y su madre, la compositora Serafina Quinteras, quien siempre le hablaba en verso. Pero daría el crédito a San Marcos, donde estudió Literatura, y donde comenzó a interesarse en la creación.  

Frecuentaría la famosa peña Pancho Fierro donde conocería al novelista José María Arguedas; a su futuro esposo, el pintor Fernando de Szyszlo; al pintor José Sabogal, a los poetas César Moro, Martín Adán y Emilio Adolfo Westphalen. Que a veces visitaba el bar Zela, en la plaza San Martín, donde se reunía con pintores como Sérvulo Gutiérrez, Cristian Gálvez y Ricardo Sánchez.  

Un dato que parece de vida de poetas: aquel día de 1949 que se casó con Fernando de Szyszlo, viajó a París, en la capital francesa de la posguerra, donde el pintor y la poeta residirían por varios años, conoció de primera mano corrientes como el existencialismo y el surrealismo, que influirán en su futura obra poética.   

En la ciudad luz conoció a los poetas Carlos Martínez Rivas y Octavio Paz, al narrador Julio Cortázar, también a los filósofos Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, entre otros. 

Beauvoir, aunque mucho mayor que Varela, la escuchaba. “No soy feminista, pero me perturbaba que por ser mujer había que sentir de determinada manera. Por ejemplo, me ha indignado siempre que consideren a las mujeres como autoras de poesía erótica. Creo que el erotismo está estupendo si la poesía es buena, pero detesto que les pongan en la frente un papelito que diga ‘poesía erótica’”, explicó en 2001.       

De París, se trasladarían por un año a Florencia, en 1954, y, posteriormente, el matrimonio cruzaría el charco para radicarse en Washington y Nueva York, en EE. UU.


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De su vida privada, diremos que Fernando de Szyszlo se convertiría, con los años, en un gran amigo y sus cuadros adornarían la casa de Varela. Contrajeron nupcias en 1949, se divorciaron, primero, al año siguiente; luego retomaron la relación y tuvieron dos hijos, Vicente y Lorenzo de Szyszlo. Lorenzo fallecería en 1996 en un accidente aéreo en Arequipa, que marcaría la vida y obra de la escritora. Ya a mediados de los noventa, Blanca Varela se había divorciado del pintor.  

El 2005, un nuevo premio la consagraba como la poeta peruana más universal: recibió el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca, que le confirió el ayuntamiento de Granada, España, y lo recibió su hijo, Vicente. 


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En marzo de 2001, a través de las agencias de noticias la poeta de 75 años de edad volvía a ser noticia internacional. Se anunció desde México que había ganado el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo 2001. El jurado destacó que su obra era “intensa y coherente, excepcional en el horizonte de la poesía iberoamericana”. 

Era, curiosamente, el primer premio que recibía en su larga trayectoria dedicada a la palabra cincelada en versos. Como escribió entonces el crítico José Miguel Oviedo, su poesía finalmente gozaba de reconocimiento internacional; ya que había permanecido “en esa tierra de nadie en la que los libros ganan un creciente prestigio pero sólo dentro de un circuito limitado”. 

“Me alegró mucho la noticia, sobre todo porque le estoy abriendo la puerta a las mujeres. Hay que reconocer, lo mejor que le ha pasado a la literatura peruana después de la generación de 50 es la poesía escrita por mujeres”, dijo al recibir la noticia del galardón, que venía acompañado de un premio pecuniario de cien mil dólares. “Yo estoy muy contenta, ante tanta información negativa que va al exterior sobre el Perú, es una noticia que ofrece otro rostro de los peruanos”, respondió a otro cuestionario. 


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¿Qué es la poesía?, le preguntó un periodista en su casa, frente al acantilado, una tarde barranquina y de versos. “La poesía es impulso”, dijo. “Hay momento en la vida en que uno siente que tiene que sentarse frente a un papel, porque tiene algunas cosas que le están dando vuelta por ahí. ¿Qué es aquello que pueda motivar este impulso? Generalmente, es una sensación fuerte, ya sea visual, sentimental o emocional”.

Ese marzo de 2001, en rueda de prensa en México le preguntaron algo similar, sobre el peso de escribir poesía. “No pienso suicidarme como la americana Silvia Plath o la argentina Alejandra Pizarnik, aunque las entiendo. Escribir poesía es un horror difícil de soportar, pero yo soy hierba mala y aguantaré todo lo que pueda”. Al día siguiente, 31 de marzo de 2001, frente al presidente mexicano Vicente Fox, quien le entregó el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo, Varela diría: “Escribir poesía no es fácil, como tampoco lo es intentar cualquier género de creación legítima”.  

En aquel mayo de hace 25 años, en Madrid, España, la editorial Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg había publicado el volumen Donde todo termina, abre las alas y recibió en Lima la Medalla de Caballero de las Orden de Artes y Letras del gobierno francés. Dos semanas después, en junio, el gobierno del Perú no quiso quedarse atrás y le otorgó la Orden El Sol del Perú por los servicios distinguidos, junto a la historiadora María Rostworowski y la orfebre Graziela Laffi. 

¿Qué es la poesía?, le continuaban preguntan mis colegas. “Nunca tengo nada en un cajón, esperando. La poesía hay que dormirla. Yo no escribo ni leo poesía ni explico ni razono, tan sólo siento y me maravilla que lo que pasa por mi alma sea lo mismo que lo que encierran otras personas en el corazón. Tengo la desgracia de no poder dejar el lápiz ni el papel.”  

El 14 de noviembre de 2007, la reina Sofía de España entregó en Madrid, el decimosexto Premio de Poesía Iberoamericana a la poeta Blanca Varela. La nieta de la escritora, Camila de Szyszlo, la hija de Lorenzo, lo recibió en su nombre. Habló con delicadeza de su estado de salud: “Blanca ha perdido el don de la palabra y el de la escritura, pero nosotros hemos ganado, gracia a quienes como usted [se refería a la reina] creen en la poesía, su obra excepcional”.

¿Cómo definir mejor su poesía? “Discreta y elegante, como las hadas de los cuentos, la poesía de Blanca Varela ha ido apareciendo de tanto en tanto, con largos intervalos, en unos poemarios breves, ceñidos y perfectos”, escribió en 2007, Mario Vargas Llosa, en una columna reproducida en todo el mundo hispanohablante. 

El crítico y escritor Peter Elmore también tuvo una frase donde puede abrigarse mejor su trabajo: “Lúcida e intensa, incandescente y enigmática, la obra poética de Blanca Valera está entre las más altas y valiosas de la lírica hispanoamericana del siglo XX”. Blanca Varela es una celebración de la palabra. 


Datos:

Poemarios principales: Ese puerto existe (1959), Luz de día (1963), Valses y otras falsas confesiones (1971), Canto villano (1978), Ejercicios materiales (1993), Concierto animal (1999) y El falso teclado (2001).


Lima, 10 de agosto de 2026


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