jueves, 10 de septiembre de 2026

Cazador de trenes | Alejandro Ramírez


A María José y a Victoria de Stefano 


Yo tenía seis años la primera vez que intenté descarrilar un tren. Colocaba piedras, las que mis manos podían contener, y pedazos de troncos viejos sobre los rieles. Y me iba a casa como si nada. Al día siguiente muy temprano volvía, para encontrar las piedras apartadas lejos, y los maderos despedazados como si efectivamente un tren le hubiera pasado por encima cuando dormía toda la gente. Era el año del Mayo francés, la matanza en la plaza Tlatelolco, la masacre de My Lay, y la primavera había sublevado a Praga. Yo en aquellos días desconocía los percances del mundo y me entretenía fabricando mi cometa. Le daba el nombre de zamura y la hacía de papel periódico y vara de caña, almidón diluido en agua era mi pegamento. Papel tenso: el papel del periódico. Medía el pabilo con la punta y los lados de la cometa para hacer el nudo que lo amarraba al rollo, la cola larga para evitar que diera tumbos y giros. Le colocaba hojillas en los bordes por pura precaución, contra las zamuras que intentaran pelear con la mía. Eso lo hacía sentado en la acera.

A pocos metros, donde se construiría la avenida Constitución sólo había un matorral, un terreno largo y baldío que cruzaba la ciudad. Yo vivía en la calle Sucre que le era perpendicular. Es la calle que aún está en mis ojos y en mis oídos, entre la imaginación y el recuerdo. También estaba la alegría sin misterio de mis primos, y un par de historias de mi abuela que no había llegado todavía pero cuya presencia se atisbaba más allá de los árboles de la Ciudad Jardín.

La calle era amplia y cenicienta. Pasó un hombre empujando su carro de helados de coco con piña. Calzaba zapatos deportivos muy baratos y gastados. Caminaba muy lentamente anunciando sin ganas su mercancía. Atrás un perro lo seguía, cojeaba pero se movía sin pausa. Me compadecí de su suerte, la pata que se veía muy enferma, alguien lo ha atropellado (supuse). El perro se ha detenido justo frente a mí, y me mira como si leyera mis pensamientos. Luego siguió en su marcha dócil tras el heladero. Un automóvil ha doblado en la esquina. Es un modelo antiguo o eso me parecía: blanco, destechado y muy sucio. El conductor se bajó y revisó algo en el motor, terminó y se subió y se alejó. Detrás del carro aparecieron mi amigo Andrés y su tía Ofelia junto a mi primo Pedro Lenin, y comenzaron a hacerme señas.

La calle Sucre en mis oídos y en mis ojos, como la canción de The Beatles que algunos años después me cautivaría. La calle Sucre fue mi Penny Lane particular. Pero con algo más por contar.

Como sucedió la tarde del cumpleaños. Una vela representaba sus sesenta años en la torta que adornaba la mesa. El patio se convirtió en una sala de fiesta. Y nos reunimos en torno a una fogata. Y la abuela emprendió una de sus historias, tantas veces anunciadas y repetidas (era excelente recomponiendo con los mismos sucesos otras historias). Mi tío Marcos con su grabadora la fijaba en la memoria. Ella habló: hoy cumplo sesenta. Y recuerdo una mañana muy temprano cuando nos despertaron los disparos que hacían las tropas de Cipriano Castro. El segundo alzamiento militar de la semana. Yo abrí la ventana para observar, porque era una niña muy curiosa. La calle la envolvía el humo y el olor de la pólvora, las descargas de los fusiles y la artillería ligera, los lamentos y la respiración de los soldados heridos. Mi madre al verme en peligro, corrió presurosa y me apartó y cerró la ventana. Pero me quedaba en la memoria y en mi risa, porque me daba risa la pregunta de la tropa que marchaba a pie, muchos iban descalzos, combatiendo por Cipriano Castro: ¿ya vamos a llegar al Capitolio?, los soldados preguntaban, cuando apenas estaban en el Táchira. Pensaban que el Capitolio de Caracas estaba a la vuelta de la esquina. Llegar al Capitolio y tomarlo representaba tomar el poder.

Y seguía contando historias hasta que los grillos se quedaban dormidos. Mi abuela era para mí mucho más que su famosa gelatina mágica de piña que preparaba en mis cumpleaños, aún más que el germen de trigo de Krestmer y la emulsión de Scott que me daba a tomar. Eran muchas cosas más que sus manos sobre mi frente cuando yo tenía fiebre, ya estaban nudosas y doblegadas por la edad, sus manos siempre cálidas hasta en la enfermedad. Aún no he visto manos más hermosas.

La casa tenía un gran patio y un árbol. El nombre de su especie no alcanzo a recordar. Servía de refugio a mi primo para escapar de los correazos de su padre. Y allí yo me ocultaba para saborear la lata de leche condensada que costaba tres monedas de doce céntimos y medio, ciertamente mucho dinero para querer compartirla.

Una tarde yo estaba con un libro que describía las partes de un tren. En eso pasó mi primo Pedro Lenin que huía muy asustado y quería subirse al árbol del patio y escapar de la furia de Pedro Felipe. Cuando llegaba algo bebido solía darle buenas zurras. 

Mi primo subió a su refugio de la rama más alta.

Allí aguardó hasta que su padre estuviera dormido. Mi tía Ligia salió de la casa al patio y no sabía que Pedro Lenin estaba en el árbol. Y comenzó a rezar para que la paz reinara en el hogar. Siempre lo hacía cada vez que Pedro Felipe llegaba bebido. Mi primo llevaba horas sobre el árbol, se había quitado la camisa, y en un descuido la dejó caer. La camisa vino a caer sobre el rostro de mi tía que en ese instante oraba con los ojos cerrados. En un primer momento había creído que era una manifestación de alguna divinidad celestial. Ella gritó asustada. Pero pronto descubrió la verdad. Mi tía era una mujer muy pacífica y de un carácter muy dulce, pero no pudo evitar ponerse furiosa. Esa noche mi primo pernoctó en el árbol. También recuerdo como aquella casa año a año se fue llenando de nombres rusos. Pedro Felipe tenía convicciones marxistas-leninistas y las expresaba en los nombres que colocaba a sus hijos.

Los días pasaban con lentitud, comprendía que necesitaba de un aliado y le confié a mi primo mi gran descubrimiento: por los rieles que ocultaba el matorral pasaba nada menos que el Gran Ferrocarril de Venezuela. Y le confié mi plan. Imagínate un gran tren para jugar, y propio, poder corretear por sus vagones. Tú tocarías el silbato, y yo haría de conductor. Invitaríamos sólo a nuestros mejores amigos. Sería muy fácil, como cazar un gran elefante de metal. Los dos podemos mover piedras de mayor tamaño y troncos más gruesos. Sorprendido por la posibilidad de un gran tren capturado, y por la vehemencia de mi convicción me acompañó en la aventura.

La calle Sucre me daría otro enorme descubrimiento. Era de un asfalto que resistía sin derretirse la inclemencia del sol de mediodía. Desde lejos parecía un río cuando arreciaba la lluvia y la luz eléctrica se interrumpía y dejaba en penumbras, o en la oscuridad total a todas las casas. En una noche con luna llena y un apagón me encontraba en la calle. Caminé un buen rato y de repente tuve la sensación de haberme perdido en la calle que tanto conocía. Sabía que era efecto de la oscuridad, y eso me encantó. Caminé un largo rato. Sin darme cuenta estuve de pronto frente a una casa con una ventana abierta. Muchas casas tenían las ventanas abiertas, pero esta parecía resplandecer.

La cercanía del misterio y el privilegio de ver la revelación hacían palpitar mis sienes. Porque ciertamente asistía al privilegio de una revelación. Y la ventana de aquella casa era el marco que resaltaba la figura de la tía de Andrés que había subido la blusa hasta descubrir dos senos hermosos que se balanceaban como dos resplandecientes melones en las manos que los sostenían. La imagen definitiva en mi recuerdo no asiste a esa desnudez total, súbita y gratuita, no. La imagen definitiva quiere atrapar el instante en que el resplandor de la luna llena y de las estrellas constelaron su cuerpo para nutrir mi imaginario (y tal vez mi deseo) desde la distancia que ocasiona el tiempo.

Por la calle pasaban camiones transportando caña de azúcar. Con frecuencia alguno de los muchachos le daba un buen jalón y del montón se desprendía un buen tallo. Nos gustaba el dulce de la caña, la compartimos bajo la sombra del almendrón junto a la cancha de basquetbol. Eran tiempos de juegos de beisbol con pelota de goma, y reglamentos que cambiaban día a día para determinar quién era out, o ponchado, o cuándo era jonrón.

Sentados a la mesa mi primo y yo oímos en la radio la noticia de un tren que se ha averiado o algo más grave aún. Nos miramos con complicidad. La abuela que nos había observado, muy despacito, primero a mi primo y luego a mí, y como adivinando nuestros pensamientos, sentenció: el mundo está cambiando.

Ahora media vida después, muy lejos, en los confines del mundo, entiendo que yo también soy un recuerdo.


Mayo de 1968


Tomado de El vendedor de vapor ©henderalejandroramirez (Caracas, Venezuela, 2017). Premio Nacional de Literatura Ramón Palomares, mención Crónica 

Libros, pan y café | Ysbel Mejías

Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. 

Federico García LorcaMedio pan y un libro



No necesitamos el pan entero para vivir, pero sí necesitamos el libro entero para soñar. 

(ysbelmejias) 


***

La geografía nuestra: Venezuela y Latinoamérica


En Venezuela, el pan y el café son más que desayuno: son territorio de la memoria. Así encontramos a Eugenio Montejo con el Taller Blanco, un libro de ensayo a través del cual nos muestra el oficio del panadero como un acto de fundación del mundo. Aquiles Nazoa inmortalizó a ese personaje urbano que recorría las calles de la ciudad con el poema "último pan de hornero" con esa ternura popular que solo él sabía hilvanar; para mantener en la memoria el sabor de esa merienda hecha a base de maíz cariaco, papelón y especias. Andrés Eloy Blanco, en su soneto de la rima pobre, convirtió el pan en metáfora de la entrega amorosa: "Me das tu pan en tu fogón cocido". También entre los narradores venezolanos encontramos a José Rafael Pocaterra, quien en sus Cuentos grotescos nos mostró, a través de Panchito Mandefuá, que el afán por un pan con café con leche es la búsqueda profunda de una vida más digna.

Sobre el café como eje articulador de historias podemos mencionar trabajos como el de Aristides Rojas: La primera taza de café en el valle de Caracas, en el que el autor transita entre la crónica histórica y el relato literario para contarnos acerca de esa primera taza de café que se tomó en 1876 en la Hacienda Blandín con gran algarabía. Teresa de la Parra en Ifigenia y Memorias de Mamá Blanca, propone el rito de tomar café para las conversas en las salas de las casas de la alta sociedad caraqueña; mientras que en las Memorias de Mamá Blanca la molienda y el trapiche son parte de la memoria de la Venezuela agroexportadora. Cruzando rutas latinoamericanas, aparece en este mapa César Vallejo poeta peruano quien en dos poemas La rueda del hambriento y El pan nuestro coloca la solidaridad social y el dolor ante la miseria humana convirtiendo el pan en un símbolo para el reclamo social, hagamos una parada en El Salvador donde encontramos al poeta Roque Dalton, quien en el poema Como tú afirma "la poesía es como el pan, de todos". La poesía entonces no es un lugar ajeno, lejano es un alimento que podemos compartir con todos. 


El pan y el café en otras latitudes


Continuamos el viaje a través del mapa con café y pan, para ir ubicando a estos alimentos como parte de la literatura, hagamos una parada en la Francia de Honore de Balzac (siglo XIX) quien era un apasionado del café y llegó a consumir más de 50 tazas diarias mientras escribía, consideraba al café como una potencia dinámica para encender sus neuronas; tanto que escribió un libro llamando Tratado de los estimulantes. En la misma época, Víctor Hugo a través de un mendrugo de pan robado, consigue el detonante de una de las novelas más conocidas de la literatura clásica: Los Miserables, en esta obra el pedazo de pan logra la redención de Jean Valjean.

En el clásico En busca del tiempo perdido el personaje narrador de esta obra desarrolla un viaje a través del sentido del gusto hacia su niñez; al consumir una magdalena (muffins o ponqué) que se una porción de biscocho suave y dulce mojada en té. De esta forma el autor Marcel Proust nos muestra cómo se mezclan la memoria y los alimentos para generar evocaciones y emociones a partir de una sensación física que transcurre en el momento de la degustación de esos sabores. Autores contemporáneos como Haruki Murakami ha llenado sus novelas de café y música el jazz, sobre todo. Resulta que regentó un lugar en Tokio que funcionaba como cafetería-jazz el famoso Peter Cat; esto le brinda a quienes leen sus novelas unos ritmos en su prosa acompañados por los sonidos del disco vinil o música en vivo junto al aroma del café a lo largo de novelas como Tokio Blues o Kafka en la orilla. 


Nuestro menú


En este espacio te presentaremos una carta para degustar y dialogar con autores que componen un gran mapa literario que iremos dibujando juntas y juntos porque estaré atenta incluso a tus sugerencias a través de los comentarios que dejes por acá. Para iniciar el viaje de olores y sabores a través de los libros te propongo: 

• Reseñas de libros venezolanos, latinoamericanos y de otras tradiciones donde el pan y el café sean protagonistas o susurren en el fondo de la escena.

• Un mapa literario que recorre geografías diversas conectando la palabra con el sabor del café y el aroma del pan. 

• Textos narrativos y poéticos —propios y ajenos— que celebren el rito de compartir el pan y la palabra.

En Libros, pan y café, las páginas siempre estarán abiertas y la mesa tendrá un lugar para quién desee leer, comer y compartir. Bienvenidos. La taza está caliente. El pan, recién horneado. Las páginas, esperando ser hojeadas.

Tres poemas de Leonardo Maicán

Título: Figura en el paisaje 

Autor: José Lugo 


***


1


Poética


El poema,

como Safo,

aunque suena masculino,

es mujer.


Y debe estar vestida

como para irse a la cama.


Ella misma,

el poema,

debe ser olor y deseo.



2


Lo placentero


 Colorear anémonas con los dedos

ya no me place.


Son flojas como el aire,

se elevan,

parecen flores.


Tampoco bisontes,

antílopes lanudos,

espiroquetas...


Oficio aburrido

como el copular.


Lo placentero sería estar

cuatro pies bajo tierra.


Guardado en tibio cajón

oloroso a pino.


Ser dueño

de una fresca tumba

sembrada de jazmines

y siemprevivas.


3


Madre


Me amaste en sueños

 Silvia Campos

 En tus sueños de infancia

 ya me amabas

entre risas y descalza

con tus dientes de leche

y tu pelo desgreñado

cuando jugabas

con tus muñecas de trapo

y me cargabas y besabas

 Yo aún no era

pero tú me imaginabas

En sueños yo era porque me nombrabas

Me amaste desde mucho antes

de que me parieras

aquella mañana de septiembre

Hoy ya no estás conmigo

Pero estás 

Y me sigues amando

Silvia niña

Silvia madre

Después de agosto nos seguimos leyendo / XII

Selección y nota: Manuel Cabesa


Decir que el lector completa con su lectura el significado de la obra es decir poco. Antes queneso, el lector hace que la obra exista.

Luis Goytisolo: "La parte del lector", 2001


Cesare Pavese es uno de los grandes mitos de la literatura universal: su vida atormentada, su novelesco suicidio se aúnan a una obra intensa escrita en el lapso de unos pocos años en donde quedan reflejadas sus angustias, la nostalgia de la juventud que se aleja, la añoranza de la tierra y sus costumbres... tal es el caso del cuento que hoy compartimos.



(mcabesa)


***


Viejo oficio


-Cesare Pavese-


En aquellos tiempos estaba ocupadísimo y vivía con los carreteros. La cabeza me resuena aún con las gruesas voces de mando y el chirrido de los frenos. Nuestro punto de reunión estaba en el patio, bajo el zaguán de cierta ventana que, las noches de partida, era un antro de faroles y de voces iracundas como latigazos. Criadas y mozos que nos daban la salida ansiaban vernos en camino, porque entonces podrían pararse en el umbral a respirar: el restallido de nuestras trallas era su liberación.

También para nosotros el latigazo largo, asestado fuera del zaguán al flanco de los caballos, era la señal de que comenzaban la conducción y la noche. Con las primeras sombras nos hacíamos compañía, si había estrellas, de dos en dos o de tres en tres por el arcén de la carretera, sin perder de vista al caballo de cabeza y las bifurcaciones, porque la caravana marcha como un tren y todo estriba en que esté bien encaminada. Después empezaban a rezagarse los más viejos y a montar en los distintos carros; nosotros, los jóvenes, siempre teníamos alguna conversación que terminar y un último pitillo que pedir.

Pero también al final saltábamos sobre los sacos y comenzaba el duermevela.

Cuántas noches pasé así acurrucado sobre los sacos, bamboleándose ante mis ojos el farol que en el sopor no distinguía ya si iba colgado del carro anterior o si acaso era el mío. Uno se sentía transportar, sentía todo el carro y el caballo moverse y estirarse debajo; ciertos tramos de la carretera los reconocía por los tumbos. Según que el carro pasase bajo una ladera, o entre un campo delante de un porche, de una tapia, o sobre un puente, el eco del estrépito de las ruedas variaba: era una voz que hacía más compañía que los cascabeles que los caballos agitaban meneando la cabeza. Era una voz que, apenas el frío del alba nos despertaba, volvía a dejarse oír incesante, mudada según el camino recorrido, y antes aún de que un vistazo al campo o a las casas nos dijese dónde estábamos nos sosegaba con su monotonía. Tumbado sobre los sacos, cada uno de nosotros escuchaba solo su carro pero adivinaba en los diversos chirridos que lo acompañaban la presencia de otros, y en ciertos momentos que en el campo todo callaba, uno alzaba la cabeza del saco y quedaba en suspenso hasta que veía un farol bambolearse a ras del suelo, o un tintineo y el estrépito de las otras ruedas sobre el polvo llegaba a tranquilizarlo.

Con tanto camino como hice en aquellos años, dormí casi siempre. Dormí de noche y dormí de día, bajo el sol, bajo la lluvia, aovillado o sentado. Los viejos conductores dicen que de joven se duerme muy a gusto en el carro porque uno es fuerte y sano y cede al sueño. A mí me gustaba viajar en caravana porque siempre había algún viejo que velaba y se ocupaba de la ruta. ¿Había algo más hermoso que despertar antes del día a la vista de un poblado sin tener tiempo ni para estirarse, y ya los carros se paraban y bajábamos a tomar un trago y comer un bocado? Mientras tanto estaba clareando, y en la posada parecían saberlo: abrían de par en par los postigos de madera y se asomaban las mujeres, desperezándose y llamando a los mozos. Según quienes fuéramos en la conducción, nos sentábamos todos a una gran mesa o se cargaba de ajo o de anchoas la hogaza y nos íbamos enseguida. Lo uno y lo otro tenían su gracia. Pero está claro que detenerse era mejor; tanto más cuanto que delante de la posada nos esperaban otros carros que ya habían mandado encender el fuego. Entonces se comía fuerte, sentados en torno a la mesa, echando cada cual su cuarto a espadas; se hacían paradas de media hora, íbamos y veníamos por el patio a dar el heno y a abrevar; las mozas de la posada venían al peldaño a contarnos cosas. Entonces sí que daba gusto haber dormido: entraban ganas de cantar (los otros cantan de noche, nosotros cantábamos por la mañana).

Los viejos dicen que todo gusta en aquellos años porque se es joven, pero yo, que he hecho bastantes oficios, estoy seguro de que nada es más hermoso que una conducción bien pagada. Las carreteras, las posadas, los caballos y el campo parecían colocados allí solo para nosotros. Aquel comer apenas rayaba el día, antes de que los demás estuvieran en pie, tras una noche de camino, era una gran cosa, y ahora que ya no llevo esa vida se necesita mucho más que el canto del gallo para que me levante con tanta ansia de comer, de andar y de charlar como tenía entonces. Es cierto que ahora peino canas, pero si el mundo fuera el de antaño y yo pudiera disponer de mí, sabría a qué carro montar y llegar despuntando el día a la posada, despertarlos a todos y hacer una parada. Si hay todavía posadas y paradas.

Pero ya deben de haber muerto incluso los caballos. Hace tiempo que no veo por los caminos los tiros reforzados de antaño. Ahora, por la noche, cuando tampoco yo cojo el sueño, puedo aguzar el oído cuanto quiera, y sin embargo nunca me ocurre oír rodar una conducción y aproximarse los caballos y gritar a un carretero. Ahora de noche se oyen pasar los automóviles, y las mercancías las expiden por tren: llegarán más pronto, pero ya no es un oficio. Acabará por crecer la hierba en los caminos, y las posadas cerrarán.


***


Autor: Cesare Pavese

Traductora: Esther Benítez

Estallido | Aimée Torres


1


Epopeya de amor 

en milagro histórico colectivo 

de una sinfonía que decae 

en el big bang pulverizado 

de átomos 

que ya no se expanden.


Solo declina al cierre del no-viaje 

en el túnel del amor 

hacia la Hiroshima colectiva 

de no amar por paro indefinido.


Ya es huelga 

que se encadena al desistir...


Ya no laburo 

en la empresa del Amor.


2


Y tan grande fue 

que todos los planetas 

y sucesos congeniaron 

en mi psicodelia 

para darte mi amor 

en existencia...


Mi alma se encuentra 

en la aridez de no besarte 

con la excusa de la templanza


Quiero amarte 

al estilo María y José 


Siempre al servicio 

de tu carpintería en letras...


3


El reloj de mi nueva vida paralela 

se encuentra en asalto cuántico


El tic-tac de tu sosiego 

es la onda hertziana 

en la radio de mi sendero 


De tu mapa oriental en matinée 

van los vientos 

a favor del encuentro...


Seré tu nómada virtual 

hacia la ruta gitana 

sin destino cierto


4


Despertares de un verano

que sea permanente 

que no tenga efecto 

postencefálico! 


Siga haciendo efecto 

mi L- dopamina 

en tí, en mí, en todos.


Lo sintético se vuelva 

natural/vegano 


Pronto una nueva cura llegará 

en la tecnología de resetear 

con No al Alzheimer...


5


Degradación es todo esto

llegué al fondo del toque!


Wake-up para elevar 

en agradación


Elévame pronto...


Desconozco ya 

si estoy en caída 


¿Dónde estoy yo y dónde voy?


¿Era o no era?


¿Soy una etapa y voy a otra?


Vejez no me vejes


6


Sin energía eléctrica 

con saldo a gotas ... 


Estoy aquí drogada 

en mi sentir emocional 

incierto en el mantra:

faltan 5 pa' las 12

 

Faltan casi 48 horas 

para presenciarte


Seré un saco de papas 

que el correo 

lanza a tu puerta

 

Para que puedas hacer 

papas fritas y así en banquete 

por un mes en deglución 

del existir andaremos.


Todo esto 

es mi hablar mental 

que sin poda muestro.


7


Me despido ya 

no sin antes disculparme 

por todo lo escrito


Ya no existo 


Tuve una defunción 

un derrame hemorrágico 

cerebral-virtual 


Que siga otro la función...


Lo siento, te perdono, 

te amo, gracias.



09/09/2026

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Palabras bajo libertad (XXII / 2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Edición y nota: Manuel Cabesa


***


Se cumplen 70 años de la publicación de Aullido de Allen Ginsberg, uno de los principales poemas de la literatura norteamericana, solo comparable en influencia a El cuervo de Poe, Canto a mí mismo de Whitman o La tierra baldía de Eliot. Proclama de una rebelión que todavía permanece vigente y se manifiesta a nivel global en donde los psicotrópicos han sido sustituidos por anfetaminas mediáticas; en esta oportunidad los integrantes de Libertad Bajo Palabra asumen el reto de continuar el viaje...


(mcabesa)


***

Aullidos


"Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas, histéricas, desnudas..."

Allen GinsbergHowl (1956)


***


La oscuridad 

a pleno sol en mi ciudad

me hace mirar con avidez 

unos números fatídicos  

inexorables ya están en rojo.


¿Podrá Ginsberg esperar 

la resurrección de la luz?


Julio César Pérez


***


Sus pasos lo llevaron 

al acantilado


En su mente extraviada

solo había un pensamiento


Qué hallaría 

en esas profundidades


Con una firmeza 

envidiable para su edad 

abrió sus brazos 


Y se lanzó al vacío 


Julia Liendo


***


La poesía es escrita 

cuando se lee primero la vida, 

sus ranuras más profundas

y sensibles, 

las cicatrices y heridas. 


Alejandro Ramírez


***


Nuevos aullidos


Elige un empleo, 

una familia y una profesión.

 

Una vida equipada 

con dispositivos 

y redes sociales. 


Opta por créditos 

sin acumular intereses 

eleva tu deuda 

hasta el último centavo. 


Cuando en tu mente aparezcan: 

los fantasmas de la histeria 

por el hambre insatisfecha 

con la fantasía del lujo. 


Corre, 

desnuda el cerebro y tu piel, 

sacude las tecnologías creadas

para fenecer 

en la demencia masiva.


Ysbel Mejías

Para Allen Ginsberg


***


"La poesía no es solamente palabras en una página"...

A.G


La poesía está 

en todo lo que existe,

en lo que sentimos,

camina a nuestro lado 

muchas veces, 

sin hacer ruido.


Otras en el tumulto, 

en una tarde cualquiera 

en una puesta de sol 

en la mirada de un niño 

en el ultimo abrazo 

del que parte 

y no regresará. 


La poesía 

tiene vida, 

color... 

y respira.


Liris Miyares


***


Escuchas los susurros 

moribundos

de las catacumbas


Días eclipsados...


Hambriento país 

de insomnes

con su invisible hilo

de agonía a la espera 

de la tijera segadora

de esta demencial vida


Dilcia Zamora


***


Se enteró 

de su propia verdad

perdida en su memoria


Optó por predicarla 

entre los poetas


Descubrieron las miserias 

de su existencia.


Entonces quedaron desnudos,

alimentados de mariposas

oscuras y solos 

con su locura


Julio César Pérez


***


Así, como el Rey,

ella se paseaba desnuda

y famélica

por las calles de la ciudad.

Nadie le advertía 

que su vestuario de "laiks"

no bastaba para cubrir su estampa.


En el recodo de alguna red

dejó colgado el cerebro 

estropeado y adicto a la inmediatez.

Total... en la era del artificio intelectualoide 

de nada sirve cargar ése peso 

sobre los hombros.


Ayer, la vieron llorar 

histérica 

ansiosa. 

Le habían pedido leer 

un texto de una cuartilla 

y se cansó.

¡¿Acaso no saben

que doné mi cerebro!?

Gritaba y gritaba 


Reclamó tanta maldad 

tanta inconsecuencia

con ella que solo lee

textos menores a 160 caracteres 


Ninfa Monasterios Guevara


***


Somos el futuro postergado

de una mente brillante

visionaria


Testigos ausentes

viajeros de un tiempo

sin pasado ni futuro


Somos el dolor

atravesando los huesos 

como esquirlas de hielo


Somos la imagen de un eco

que flota con las hojas

de los árboles 


Somos

la estirpe desvanecida

de quienes empuñaban

el verbo lúcido contundente 

que amansaba las aguas.


Laura Luque


***


No sé si eran 

las mejores mentes, 

pero las vi, 

famélicas, 

hastiadas, 

franela roja, 

puño en alto, 

esperando un cilindro de gas

o una bolsa de comida 

que acallara el hambre 

o sus ecos.


Por ahí los vi, 

con sus vientres hinchados

y sus bocas aguardientosas

a la espera de la dádiva 

de algún político en funciones,

zapatos rotos frente 

al Toyota de este año. 


Cipriano Castro


***


Intentando visibilizar sus traumas en el infinito, mientras insisten en invisibilizar sus gritos solitarios.


Los vi arrastrarse por las calles de madrugada, diciendo que van a tener una situación rara con sus propios demonios; buscando un refugio cognitivo en el fondo de un vaso y rezando por un destello de empatía en pantallas congeladas.


Es otro beta, hermano, este dolor moderno que nos quema, un sesgo identitario atrapado entre el asfalto y el vacío, donde el empoderamiento se vende en cómodas cuotas y la resiliencia es el disfraz de los que ya no pueden más.


Vi a poetas de vanguardia fracasar en su emprendimiento, de

vivir mendigando amor bajo el peso de nuevas narrativas de éxitos y todo se reduce a un constante espóiler de la caída. 


¡¡Jajaja nacimos siendo la versión beta de un futuro que ya caducó!!


Emalida Viloria


***


Taller Libertad Bajo Palabra (07/09/2026)

martes, 8 de septiembre de 2026

Después de agosto nos seguimos leyendo / XI

Selección y nota: Manuel Cabesa


Decir que el lector completa con su lectura el significado de la obra es decir poco. Antes que eso, el lector hace que la obra exista.

Luis Goytisolo: "La parte del lector", 2001



Conan Doyle no sólo es el creador de Sherlock Holmes, sino también quien diera al método deductivo inventado por Poe sus características definitivas que han de seguirse durante toda la historia del relato policial. Además de historias de misterio y terror poco conocidas y por si fuera poco fiel creyente en el más allá. El texto que hoy compartimos se refiere a sus reflexiones sobre este extraño tema...


(mcabesa)


***


Sombras en la pantalla 


-Sir Arthur Conan Doyle-


No hay nada más maravilloso, más increíble y, al mismo tiempo, tan cierto me parece, como que los eventos pasados puedan dejar un registro en nuestro entorno capaz de ha­cerse sentir, oír o ver mucho tiempo después. He puesto las impresiones en orden de frecuencia, porque es más común sentir el pasado que escucharlo, y más común escucharlo que verlo. Las casas que están embrujadas por ruidos vagos son más frecuentes que aquellas que poseen apariciones, y familias han sido perseguidas durante años por poltergeists, aunque nunca han visto una sola vez a sus torturadores.

Una mente sensible se ve fácilmente afectada en cual­quier lugar donde ha habido problemas recientes. Una dama que conozco visitó recientemente a la directora de un hos­pital y encontró que no estaba en su despacho. «La señora Dodson ha salido», dijo la enfermera. «¿Ha recibido malas noticias?». «Sí, acaba de recibir un telegrama de que su es­poso está muy enfermo». ¿Cómo supo mi amiga que había malas noticias? Lo sintió por un hundimiento en su propio corazón al entrar en la estancia, antes de que llegara la en­fermera. «¡Telepatía!», dice el loro. Bueno, si telepatía puede estirarse hasta significar que un pensamiento o emoción no solo puede transmitirse de cerebro a cerebro, sino que pue­de permanecer estacionario durante una hora y luego im­primirse en cualquier sensible que se acerque, entonces no discutiré la palabra. Pero si por una hora, ¿por qué no por un año? Y si por un año, ¿por qué no por un siglo? Hay un registro en la pantalla: cuando este pequeño espacio cúbico de éter, si el profesor Einstein aún permite la expresión, pue­de retener indefinidamente algún cambio íntimo y durade­ro que marque e incluso reproduzca débilmente la emoción que un ser humano ha experimentado dentro de él.

Tuve un amigo que vivía en una casa centenaria. Su esposa, que era sensible, percibía continuamente un empu­jón al bajar las escaleras, siempre en el mismo peldaño. Más tarde se descubrió que una anciana que había vivido antes en la casa había recibido un empujón juguetón de un niño travieso y perdió el equilibrio, cayendo por la escalera. No es necesario creer que algún duende permaneciera en ese peldaño repitiendo la acción fatal. La explicación probable parece ser que la mente sobresaltada de la anciana, al sen­tirse caer, dejó algún efecto permanente que todavía podía percibirse de esta extraña manera.


"Efectos de los campos de batalla antiguos"


Los registros invisibles del aire de este tipo explicarían muchas cosas que ahora son inexplicables. Se sabe que hom­bres de nervios fuertes han sido aterrorizados en ciertas loca­lidades sin poder dar explicación alguna. Algún horror del pasado, invisible a sus ojos, puede haber impresionado sus sentidos. No se necesita ser muy psíquico para obtener el mismo efecto en un antiguo campo de batalla. No soy para nada psíquico, y sin embargo soy consciente, más allá de la imaginación, de un efecto curioso, casi un oscurecimiento del paisaje con un marcado sentido de pesadez, cuando estoy en un antiguo campo de batalla. Lo he percibido especial­mente en Hastings y Culloden, dos batallas donde grandes causas fueron finalmente destruidas y donde la amargura extrema pudo llenar los corazones de los vencidos. La som­bra aún permanece. Un ejemplo más familiar de la misma facultad es la penumbra que se acumula sobre la mente de alguien convencional al entrar en ciertas casas. El agitador más rabioso no necesita envidiar a nuestra nobleza sus an­tiguos castillos, pues es más feliz pasar la vida en la más sen­cilla cabaña, no contaminada por perturbaciones psíquicas, que vivir en la mansión más grande que aún conserva las marcas sombrías de habitaciones que quizás fueron escenario de crueldad u otros vicios.

Si alguien sensible puede percibir algún registro de un evento pasado, entonces hay evidencia de que, por exten­sión, alguien aún más sensible podría ver realmente a la per­sona que dejó dicha impresión. Que se trate de la persona misma en espíritu me resulta, en la mayoría de los casos, ab­solutamente increíble. Que la víctima de alguna villanía cen­tenaria deba aún en su vestimenta antigua frecuentar en per­sona la escena de su martirio pasado es, de hecho, difícil de creer. 

Es más creíble, aunque poco entendamos los detalles, que alguna forma-pensamiento se desprenda y permanezca visible en el lugar donde se ha soportado un gran sufrimien­to mental. Cómo y por qué son preguntas que resolverán nuestros descendientes. Si pudiéramos concebir que tene­mos una forma dentro de otra, como las capas de una ce­bolla, que la capa exterior se desprendiera bajo la influencia de la emoción y continuara una existencia mecánica en ese lugar mientras el resto del organismo continúa adelante sin siquiera notarlo, tal suposición, absurda como parece, con­cordaría mejor con los hechos registrados que cualquier otra explicación que conozca. Cada nueva capa descartada de la cebolla sería una nueva forma-pensamiento, y nuestro paso por la vida estaría marcado en sus crisis más emocionales por un largo rastro de tales formas. Por grotesca que parezca la idea, puedo afirmar con confianza que la verdadera explica­ción, cuando llegue, no será menos grotesca.


***


Tomado de Zendalibros.com 

08 de septiembre, 2026


Máximas para agarrar mínimo (V) | Luis Valero


***


No se gana nada, tratando de entender a los demás.


***


El dinero sin felicidad, no sirve de nada.


***


La mentira es la reina del secreto.


***


El robo está en la mente de las manos.


***


La suerte es una amiga no confiable.


***



La vida no se acomoda al carácter de nadie.


***


Tienes lo que te da la vida y te quita la muerte.


***


La soledad es el precio del poder.


***


Quien golpea por la espalda, nunca mira de frente.


***


El mejor enemigo jamás se deja ver.


***


Con cada atardecer se despide la vida.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Tres poemas de Liris Miyares

Título: El universo en mis manos (2018)
Autora: Angélica Leal 


1


Tememos a la soledad, 

huímos de ella. 


Buscamos excusas 

para no estar solos. 


Deberíamos ser honestos, 

aceptar su compañía,

darle la bienvenida. 


Tiene tanto que contar, 

pero preferimos embriagarnos 

con otras cosas.


Escuchemos 

nuestra propia voz 

y de esta manera 

familiarizarnos con ella.


***


2


Una gota de agua  

se desliza sobre la hoja,

teme caer al vacío. 


La noche tiembla ante las sombras 

que desfilan escapando 

de la ferocidad del frío. 


Se asoma una tímida luna ahuyentando la bruma.


***


3


Los huesos que pueblan 

la tierra donde habitamos, 

son los huesos de quienes 

nos antecedieron.


Millones de años nos acompañan, 

somos sus huéspedes, 

hemos contruido sobre ellos.


Sobre los nuestros construirán 

quienes nos sigan.


***


La Villa de San Luis Rey de Cura, 17 de agosto de 2026

Intimidad de la materia | Manuel Cabesa

Solo la poesía renace en el silencio de lo que no se nombra y nos habita.

Wilfredo Machado



1


Oquedades que iluminan

la parte oculta del lenguaje


la trampa del poema

que nada dice

porque su dicha

es la ardorosa consumación

de la nada


apenas presentida



2


Arrogante duración del instante

en el tumulto de las sílabas

que presagian algún nombre


visión fugaz que se pierde

en un azahar de anhelos

dentro de mí


una fe que arde 

como la sangre

serenamente compasiva

ante el íntimo temblor

de una palabra



3


Inocencia y memoria

me acompañan mesuradamente

a través de inmensos ventanales

de inconfesable hospitalidad


son ausencias convocadas 

en el rostro

de la palabra ausente


la integridad de un silencio


de un vacío nómada 


la figura de una voz

naufragando 

en el tránsito del decir



4


Inconfesable rareza

del tiempo vuelto imagen


con letra 

desesperadamente extraña

escribo


¿describo / transcribo?


el vuelo de un ave

detenido en mitad de su órbita


paisaje consumido en sí mismo


figura de omnisciente esplendor



5


Silencio esclarecido

vuelto hacia el cauce

torrencial de la existencia


intimidad plural de la materia

cuya densidad nos cerca


por simple piedad


por imposible amor


por definitiva consagración

del tiempo.


(2023/2026)

Diente de león, en cuatro vertientes, de Ninfa Monasterios Guevara


-Anangeel Terán Barcos-



Nombro a la piel florecida de mi tierra y a la paz sustentada /en el arado nombro al camino donde duerme la esperanza / y a la espiga besada por un viento latinoamericano

Alí Primera

 

Este libro empieza donde otros terminan: cuando el dolor ya no cabe en el pecho. Ninfa lo hace semilla, y lo sopla de cara al viento, hasta anidarse en las conciencias del mundo.

Lo primero que hay que decir de este libro es lo que no es: no es poesía de museo. Es poesía que defiende la vida.

En esta obra donde el canto es al hombre colmado de libertad, en libre interconexión con la naturaleza y el cosmos mismo, dándole fuerza y poder a la palabra y al versar, escribiendo desde su sentir con pensamiento crítico.

La autora rinde tributo a la vida, a la existencia universal y a la esencia misma del Ser como principio de todo, que no es más que humanismo puro.

Diente de león, en cuatro vertientes (Fondo Editorial Nos Une la Poesía, 2024) es un poemario de 96 páginas que va de la intimidad a la denuncia sin perder el hilo, organizado en cuatro capítulos:

"Encuentros" donde la voz poética se entrega al placer y a la naturaleza como protagonista; "Cotidiana Vida" donde el tono baja a la tierra y refleja el cuerpo cargado de dolor; "Despedidas" es el invierno, en la noche oscura del alma donde la autora se vuelve semilla; "Violencias" donde denuncia la violencia machista, la del capitalismo depredador y la del colonialismo.

Ninfa baja la poesía del pedestal donde la pusieron los que creen que la buena poesía “solo rima, habla de cisnes y se escribe en lenguaje culto.” Ella, la baja a su barro, a la sábana arrugada, al petricor después de la lluvia, a la fila del dolor. Y al bajarla, la devuelve a quien le pertenece: a las negras cimarronas, a las campesinas sembradoras, a las que cargan a cuestas pesada carga y siguen.

Con un verso libre, directo, sin eufemismos, confirma que la poesía también se escribe con barro y con ternura. Por eso incomoda. Porque no pide permiso.

¿Qué hace este libro? Tres cosas que la poesía que transforma hace.

Primero, ve y nombra lo que otros prefieren no ver. No adorna, registra: registra el goce de un cuerpo de mujer negra que se reconoce tierra madre y tierra hija; registra el cansancio de ponerse una máscara para salir a la ciudad; registra el vacío de un abrazo atascado por la distancia.

Y cuando ya nos enseñó a ver lo de adentro, nos obliga a ver lo de afuera: a las que no vuelven, a la fauna necrofílica, a Palestina bombardeada, a Afganistán silenciada. Pone fecha, lugar y rostro. No hay metáfora que esconda el crimen.

Segundo, no te deja leer desde lejos. Este libro te obliga a sentir en carne propia. No es lo mismo decir “migración” que decir “faltan tus labios diciendo adiós y los míos diciendo hasta luego”.  No es lo mismo decir “femicidio” que decir “ellas no vuelven”. Ninfa no te informa, te rompe la indiferencia.

Te hace entender que tu dolor y el mío son el mismo, cuando dice “esto de vivir con el cuerpo inundado de dolor no es fácil”, no está haciendo catarsis, te está pasando la mano para que sepas que no estás sola sosteniendo.

Tercero, no se rinde. Y esa es su mayor insurgencia. Cada capítulo podría haber sido el final, después de florecer, después de sostener, después de soltar y quedarse vacía, cualquier otra se hubiera callado.

Ninfa hace lo contrario, hace de su duelo una semilla: ese es el diente de león, la flor que se deja arrancar porque sabe que se vuelve vuelo: “Me voy para volver a mí. Ceniza y semilla.”

Resiste no gritando más duro, sino negándose a normalizar. Dice: seguimos vivos, seguimos amando, seguimos denunciando. Aunque borren los murales, la palabra queda en la pared.

¿Contra qué lucha y a quién defiende? Lucha contra dos robos, el robo de adentro: el que nos roba la ternura, nos mete miedo, nos hace sentir frustración y decepción por amar, por sentir, por ser mujer caribe y rebelde...

...y el robo de afuera: el que nos roba el cuerpo, la tierra, la vida, la libertad; defiende a los mismos de siempre, a los que la historia oficial no nombra: a la campesina, al pantera negra, a la transeúnte de la ciudad, a la que hace el voto de silencio porque no le queda más, a la madre que busca a Lucía, a la niña que quiere ser libre.

Por eso el recorrido del libro es perfecto. No es casual que empiece floreciendo y termine denunciando. No se puede denunciar afuera con verdad si no te atreviste primero a denunciar lo que te duele adentro.

Ninfa florece adentro, sostiene adentro, suelta adentro, y solo entonces tiene la autoridad moral para denunciar afuera.

Es poesía necesaria, como decía Celaya, como el pan de cada día. No es lujo cultural para neutrales que se lavan las manos. Es poesía que se mancha, que toma partido, que carga el arma y dispara futuro.

Al cerrar el libro no te queda la sensación de haber leído poemas bonitos. Te queda la sensación de haber sido testigo, y de que ahora te toca a ti no olvidar.

Es poesía que evoca y rinde culto a Gabriel Celaya, Walt Whitman, Bertolt Brecht, Frida Kahlo, Alí Primera. Poesía Ontológica Femenina, Poesía Ontológica Humanista y Poesía Social Crítica.

En este libro los encuentras a todos pero en voz de mujer caribeña: ¡De la cama al mundo, del petricor a Palestina… ese es el vuelo del diente de león!

En síntesis, Diente de león, en cuatro vertientes, es eso: el viaje completo de una mujer que se atreve a florecer, a sostener el dolor, a soltar lo que pesa y a denunciar lo que mata.

Colectivizando sus inquietudes y dolores. Es poesía que va del cuerpo a la tierra escrita con barro del caribe, con memoria negra, con rabia digna y con arrechera lúcida.

Les invito a recorrer estos caminos de Ninfa Monasterios Guevara, por las vertientes de su bien amada semilla de diente de león. No es un poemario para adornar un librero. Es un libro para tener a mano, como se tiene el agua y la palabra.

sábado, 5 de septiembre de 2026

Después de agosto nos seguimos leyendo / X


Selección y nota: Manuel Cabesa


Decir que el lector completa con su lectura el significado de la obra es decir poco. Antes que eso, el lector hace que la obra exista.

Luis Goytisolo: "La parte del lector", 2001.



Hay que decirlo de una vez: "Helena" es uno de los mejores cuentos de la narrativa venezolana: una visión nada idílica de la infancia, pero llena de vivacidad. Estas características han ayudado a que este relato se haya mantenido vigente por más de cincuenta años en nuestra memoria y sea uno de los más frecuentes en cualquier antología que podamos revisar. 


(mcabesa)


****


Helena


-Luis Britto García-


Un papagayo se hace con papel y verada. Los demás niñitos decían que yo estaba enamorado de Helena. Se toman las veradas se ponen en cruz y se amarran con pabilo. En realidad lo que yo hice fue que no se dejé que le pegaran una vez que la encontramos en el cerro. En las puntas de las veradas hay que hacer rajaduras con yilé para que se pueda amarrar el pabilo. Tirarle piedras y pepas de mango a las viejas y a las putas estaba bueno pero dígame usted pegarle a una carajita. El pabilo se amarra en las veredas, como un barril como una rueda. Entonces me cantaban Refucho tieneee nooovia. El papel mejor de seda pero hay que robarlo de la quincalla si no se puede mejor de periódico. Y taaambién es puuuta. El engrudo se puede hacer con harina pero mejor robarle la goma a los niñitos que van a la escuela. A Manualito le di un coñazo y desde entonces me cantaban nada más hasta tienee nooovia. Mejor echar poca goma para que no forme grumos. A las putas sí pero qué culpa tenía la carajita de que la tuvieran en el burdel para que pasara la coleta. El papel que quede bien prensado si no al coger el aire se rompe. Mejor apedrear carros robarse las gallinas de los ranchos espichar los cauchos de los camiones. Hay que dejar huequitos para amarrar las guías. Aquel año fue cojonudo el italiano de la bodega se volvió loco y apuñaló al cuñado todos vimos cuando se lo llevaron preso. Las guías se miden de lado a lado del papagayo y de la cola. La policía mató por la espalda a un obrero que le decían activista. La cola se puede hacer de trapo. Ya me tenía arrecho lo de Rafucho tiene novia. El largo de la cola depende del tamaño del papagayo y del viento. En el farallón del cerro donde volábamos papagayos estaban instalando los cables de la luz eléctrica. Las yilés se pueden instalar a los lados, pero son más efectivas en la cola. En la tarde después de mentarle la madre al bodeguero subíamos con los papagayos y comenzábamos a esperar la brisa. Las yilés se pueden robar en la botica se pueden recoger las viejas que botan al suelo o se pueden comprar con la plata de los mandados pero entonces a vino lo pelan. Al soplar la brisa volábamos los papagayos y los hacíamos embestirse para que las yilés cortaran el pabilo. Instaladas las yilés la cosa es tener noción de maniobra. Aquella tarde tiré mi papagayo contra uno de papel rosado, grandote. Es necesario soltar guaral, recoger guaral, la cola da después el latigazo. El papagayo rosadote cayó y fue a dar al carajo sobre los techos de la policía, yo entonces embestí uno azul, muy movedizo. Dado el latigazo se debe coger altura otra vez, si no a uno también lo peinan. El papagayo azul cayó dando vueltas como sacacorchos como rabo de cochino el dueño me gritaba y yo decía trancao y recogí una piedra por si acaso. La ventaja de la cola corta está en que como ondula mucho aumenta la movilidad del papagayo pero existe el riesgo de que se corta ella misma. Corté otros dos papagayos, el segundo muy difícil, un barril amarillo que casi me cortó el pabilo a mí pero que de todos modos se vino pabajo y le cayó en la batea a una vieja. Si las hojillas se mellan, afilarlas dentro de un vaso. Cogí altura, le corté el hilo a otro papagayo rosado pero más chiquito y maniobrero que cayó cerca de los cables. Al aumentar el viento, soltar cabuya. Mi papagayo, solo sobre el cerro, hacía ochos como un loco, todos los demás cortados o recogidos. Si el viento disminuye, recoger cabuya. Solo no, mentira, una cosita blanca como una pantaleta volaba meneándose como con calambrina a la derecha al reflejar el sol casi parpadeaba. El mejor ataque tirones largos combinados con soltadas de cabuya cortas. Señor, casi sin mirar hubiera podido decir que aquella basurita blanca la estaba volando Helena. El descenso debe ser rápido pero no mucho porque revienta el guaral. Aquel tironear el hilo aquel declarar que mientras los demás huían ella estaba protegida aquel mirarme como si de verdad Rafucho tiene novia como si de verdad. La maniobra evasiva, soltar pabilo, descender lo mas posible, con sesgos. Di tirones fuertes, para que mi papagayo picara. El efecto de la yilé se multiplica por los tirones, trabaja como un látigo o mejor una guadaña. Helena, comprendiendo, mirándome aún, comenzó a soltar pabilo. Un ataque que falla debe ser repetido inmediatamente utilizando el impulso para la nueva embestida. Aquel mirarme y soltar pabilo, mirarme y soltar pabilo, como si olvidara todo lo demás, hasta la tierra de los piececitos desnudos, hasta los mocos cuajados en las mejillas. El peligro de la maniobra evasiva es el cable eléctrico. Fue mi retorcerse, fue un salto. El perseguidor debe tratar de evitar caer en el cable en donde ha dado el perseguido. Pero no tiré para elevar mi papagayo, solté el pabilo, corrí hacia el cuerpecito fulminado de Helena hacia el cual corrían los demás niños, el papel fue a juntarse al papel en las líneas de alta tensión, hubo otra chispa fea, azul, un rumor, y los dos papagayos se consumieron juntos en su alto nido, en una crepitación de arrullo.


**


Rajatabla. Premio Casa de las Américas, 1970.

Tres poemas de Francini Gutiérrez

Tiene 16 años y va a comenzar el 5to año en la Unidad Educativa Rafael Hernández León en Cagua, son datos importantes cuando evaluamos la calidad de sus textos: hay en ellos una madurez poco corriente, incluso en poetas de mayor edad, y un manejo del lenguaje bastante convincente. El amor y la autoestima se redimensionan: el amor como entrega y remanso, la mirada orgullosa hacia el breve camino desandado. Estimo que con jóvenes autores como Francini podemos considerar que no todo está perdido y que aún hay quienes saben atender el llamado de la poesía. Debemos la posibilidad de esta lectura a la gentileza de la poeta Beatriz Helena Peñaloza. 


(mcabesa)


***


Fuerte a tu voluntad, 

caballero de oxidada armadura,

se adorna con flores 

de un invierno tortuoso,

siendo la más bonita 

en toda su especie;

lirios azules, orquídeas verdes, 

pétalos de rosa

a punto de cerrarse 

y no caer.


Paso, paso y otro paso

cuenta tu historia, 

escrito en el libro 

de lo que nunca muere.


Tus ojos pesan 

y tu cuerpo descansa 

en la cuna de los árboles;

sostén esa verdad 

en la palma de tu mano,

escríbela también en tu alma.


El dulce canto de la guerra 

se escucha a lo lejos,

un atardecer te arropa 

con su calidez,

tu gorra ya no lleva 

tu nombre, déjala ir,

reposa tu cabeza 

en la blandura de tu honor,

tu orgullo rejuvenecido está. 


El viento te llevará 

entre sus corrientes de aire,

nadie sabrá dónde terminarás,

solo esperar que alguien 

algún día te encontrará, 

calla, calla, 

hombre de oxidada armadura,

tu tiempo ya se fue volando. 


En algunos, 

serás algo que el tiempo 

se llevará; en otros, 

una aventura, una leyenda

que querrán seguir,

marcaste tu destino, 

sellado ahora está, 

tu ego no fue herido, 

no tienes nada de que avergonzarte.


La belleza del amor 

ahora acompañará este campo 

con determinación,

con actitud.

Solo en este valle estás. 


Pequeñas curvas

fueron tu motivación, 

una pesada presencia, 

unas manos limpias

que acariciaron tu rostro áspero,

una timidez amistosa,

acompañada de un fuerte sentimiento 

de lo que se temía.


Ahora sus ojos 

se llenaron de lágrimas, 

una terrible noticia, 

tu sangre quitará 

la sed del suelo, 

su velo será negro, 

un niño describirá 

tu rostro en el suyo.


Cierra tus ojos, 

ya no luches más, 

te vas con la cabeza en alto, 

descansa en paz...


***


Caminar en tu alma de cristal,

mis manos anhelan

el calor de tu corazón,

bailemos al compas 

de nuestra melodía,

amor mío, 

buen caballero usted es.


Seré la copa 

que siempre rebosará

su distinguible felicidad,

cante al viento, 

no guarde su silencio, 


tome entre sus manos 

estos hilos,

deje caer su peso sobre mí 

permítame ser su calma.


Permanezcamos 

en este abrazo cálido, 

no suelte nuestras manos,

giremos en espiral de amor,

cada vez más cerca 

de un sol reluciente, querido.


Escribiré su nombre 

con tinta en mi piel,

en mi mente y en mi alma,

tómeme como un té

de jengibre y miel,

calme sus dolencias 

con mi voz.


Sumérjase en este río,

deje que la corriente nos lleve, 

mi sonrisa calmará 

sus noches perturbadas

y mis latidos serán 

su melodía hipnótica,

flores moradas, 

hojas verdes.


Abrace mi corazón, 

sienta su calor, 

mantengámonos atados 

a este sentimiento,

no demos por huida 

lo que todavía no se ha ido, 

recueste su cabeza sobre mi hombro,

una, dos, tres lágrimas 

se pierden entre las estrellas, 

mi luna intocable y egoísta. 


Bese mis labios, 

ansiosos están, 

calme su urgencia 

y perdámonos en el otro,

buen caballero.


Buen caballero, suya soy.

Mío, usted.


***


Niña, has sido fuerte,

luchaste en contra 

de tus enseñanzas, 

caíste, 

cerraste tu corazón 


Creíste que estabas en lo profundo del pozo,

tus ojos fueron mares 

que la mayoría de las veces 

calmaste sola

por miedo a sentirte débil


Pero hoy no estás sola,

tus recuerdos abrazan tú piel, 

tus ojos lloran de felicidad 

y no de tristeza 

tu barco llegó a la isla 

y dejó de navegar 

en un mar 

de recuerdos pasados 

que te destruían 


Hoy te abrazan 

tu amor propio y valentía, 

creciste, 

seguirás creciendo, tonta,

aprendiste a avanzar 

sin mirar atrás 

para no detenerte 

en mitad del camino.

 

Vamos niña, tú puedes.

¡Lo has logrado!

Confía siempre en tu valor.


(De mí para mí)