sábado, 13 de junio de 2026

Quince poemas de Elí Caicedo

Autora (fotografía): Beatriz Nones


1.


TU NOMBRE


Me inclino

ante tu nombre 

y oigo el murmullo de tu rostro 


Un eco de voces y vacíos

pronuncian el dolor de su mirar


Su escritura 

duele entre mis manos 


2.


Una herida 

sobre la albura del papel 


sangra en mi silencio 


Su decir 

una hendidura abierta 

de lágrimas dolidas


Una herida 

aún sin cicatriz 

en el silencio de tu nombre


y el murmullo de tu rostro.


3.


UN PERRO


Un perro ladra en mi reloj 


La sombra de su cuerpo 

una noche que se estira

como el rumor de un río 


El eco

de sus ladridos 

huye de la jauría de sus ojos 

se esconde tembloroso 

bajo las piedras de aquel río 


Su mirada

hurga

bajo los pliegues de su sombra 

y muerde

la osamenta de su tumba 


El movimiento de su cola

azota 

el recuerdo de su cuerpo 


Unos ladridos 

espantan 

los pliegues de su sombra 


Un perro 

ladra en mi reloj.


4.


GRAFÍA DE TU ROSTRO


(A muy querida amiga, poeta, educadora y promotora cultural Beatriz Helena Peñaloza)


Ungido de ausencia 

escribo tu rostro 


En el olvido de tus ojos 

hallo mi nombre

como un relicario


Arrastro 

lo fugaz de tu mirar 

sobre la untura

de las voces que me nombran


Algo de tu mirada

yace y hace sombra

sobre el rumor de la distancia 

donde erijo mi presencia 


Escribo tu rostro 

sobre ese tibio murmullo 

donde se hacen silencio 

todas tus miradas


Ungido de ausencia 

erijo mi presencia 

en el olvido de tus ojos 


Ahí 

sobre las voces que me nombran 

escribo tu rostro.


5.


UN AMIGO


(A mi querido amigo y hermano, filósofo, teólogo, antropólogo, investigador y promotor cultural Anderson Jaimes Ramírez)


Tengo un amigo

que conversa con las piedras


Ellas 

lo miran 

con el corazón de sus entrañas


Leen 

la sintaxis de sus ojos 

y sonríen ante la eufonía de sus voces 


Él

les acaricia 

con la aspereza de sus manos 

el blando silencio de sus cuerpos 


Entre ellos 

existe una liturgia de hermandad 

oculta entre los líquenes 

y la temblorosa humedad de sus miradas


Él

las observa

las escruta

y de pronto 

su mirada huele a piedra 

a surco escondido en la penumbra

a voz extraviada entre los años 


Ellas

guardan y custodian

el desgarrado decir de sus ancestros 

el sagrado olor de sus creencias 

y la lengua ignota de su pueblo


Tengo un amigo 

enamorado 

del enigma de las piedras


embrujado 

por el canto de sus glifos


Un amigo

germinando en el surco de las piedras


Ellas lo hacen

piedra sagrada

entre las piedras.


6.


LETRERO


(Al querido poeta, cuentista, novelista, ensayista y crítico literario Arnaldo Jiménez)


Un letrero en la pared

me mira

con el silencio de su grito 


Camino sus palabras 

a pie descalzo y en ayunas


Siento 

el grosor de su escritura 

en el dolor de su decir


Su voz 

un sendero oculto en la sintaxis 

del estuco y la argamasa


Su eco murmura

entre el moho y las heridas 

del sucio atrapado en la pared


Su decir

puerta abierta 

entre ladrillos 


Un letrero 

un grito en la pared


Soy 

destino de su voz.



7.


CAMINO


(Al querido amigo, poeta y promotor literario Job Jurado Guevara)


Un camino

frente a mí

estira la soledad de su mirada 

sobre un horizonte de hojarasca 


Miro 

sus heridas y sus sombras

ocultas en la sierpe de su cuerpo 


Tiemblan mis pisadas

sobre

la hondura de sus huellas 


La ausencia 

fenece 

en la finitud de su distancia 


Inicio y fin

atados

al morir de su destino


De nuevo 

un camino 

al final de mis pisadas.


8.


LITURGIA DEL CAFÉ 


La homilía del café 

ebulle

en la infinita soledad

del silencio de la taza


La profundidad de su color 

cristaliza 

la esencia de sus voces


La musicalidad de su salterio

germina

sobre la costura de la borra 


Sobre los sagrarios de la casa

revuelan los inciensos

de la liturgia del café


El perfume de su epístola 

y la unción de sus aceites

mantienen la vigilia 

en el monasterio de la boca


Por las caminerías de los jardines 

el silencio de los pasillos 

y los claustros monacales de la casa

caminan la voz del incensario

y el rumor indetenible 

de la homilía del café.


9.


HOY


Hoy

es un día extraño 


La mañana 

se ha ahogado 

tras las sombras 


La tarde

aún es un misterio 

y ya

el canto mortal de las chicharras 

anuncia 

a los cuatro vientos 

los obscuros abismos de la noche.


10.


CAFÉ



(A Félida Caicedo Pinto, hermana, amiga, compañera y confidente; hechicera y alquimista del café)


Observo y decodifico

la palabra de una gota de café 

escrita

en la tiniebla de su rostro 


Contemplo 

la ondulación de su escritura 

en el ascenso tembloroso de su voz


Su sonido 

acre y timbrado 

me increpa

desde el silencio obscuro de su rostro


El vuelo de su almizcle 

rompe el trino de los pájaros 

en medio de la niñez de la mañana 


La tintura de su piel 

y la obscuridad de su sonrisa 

horadan

la intimidad de mi decir 

y se erigen selva amarga

sobre lo inhabido 

y lo callado de mi boca


La palabra 

de una gota de café 

despierta

la voz de la mañana.


11.


UNA HORA


(A mi querido amigo y hermano poeta Julio Borromé)


Una hora

camina afuera de la casa

y arrastra su cansancio

sobre el rostro de las piedras


Escucho el viento

crujir bajo sus pies


Más allá

lejos del silencio

y la mirada de las sombras

una nube silba y tararea

el hondo palabreo de la lluvia


La llovizna ahoga

el recuerdo de sus huellas

y la distancia de sus pasos


Afuera

en medio de la tarde

la lluvia devora el peso de las horas

y arrastra su cansancio 


Allá

bajo el grito de la lluvia

una hora yace inerte

en medio del silencio

y la mirada de las sombras


Y más allá

lejos del silencio y de las sombras

cruje el viento sobre las piedras.


12.


AIRES DE OLVIDO


El aire pasa

deja la voz de su recuerdo 

sembrada 

sobre el silencio de las sombras 

y no regresa nunca más 


Él no sabe 

de recuerdos ni regresos 


Sigue el camino 

sin la idea de su inicio 

y sin la imagen del destino 


Llega sin saludos 

como un recuerdo antiguo 

y se va

sin anuncio y sin despedida

como un largo olvido 


Casi nada

lo diferencia del olvido 


El olvido 

un recuerdo 

escondido en la memoria 


Como en el aire

nada

es ajeno en el olvido


El olvido desaparece 

deja la voz de lo olvidado 

y no vuelve nunca más 


Él 

desaparece en la memoria 

como el aire

en el silencio de las sombras


La voz de lo olvidado 

hace trizas al olvido


El aire pasa

y no regresa nunca más.


13.


CREPITACIÓN


Huele a ti

en este espacio 

de señales chamuscadas


El destello de tu sombra

ese río de arenas incendiadas

crepita

sobre los carbones de la tarde


El rastro de tu nombre

persigue voces y fuegos

entre el silencio de los cardonales 


El fogaje de la brisa

arrastra tu mirada

sobre el levitar de los medanales

donde tejen sus espejismos las arañas 


Sobre el incendio de estos arenales 

grita tu nombre 

la crepitación de la tarde 


Huele a ti

en el crepitar de estos medanales.


14.


LA VOZ DEL PEDERNAL


(Al amigo, educador, líder social, promotor cultural y poeta Omar Iván Garzón Pinto)


Hablo silencio 

sobre la aspereza de la roca 


Un pedazo

de grieta o hendidura 

responde a mi palabra 


Es un ruido 

que guturaliza su frialdad 


Algo 

vuela o aletea adentro 

en su dureza


Oigo

su murmullo 

mordiendo mi silencio 

en el abismo 

de su áspera sonrisa 


La humedad

del musgo de su piel

Absorbe el decir de mi mirada 

y comprende mi silencio 


La grafía de mi voz

eriza

la fría aspereza de su rostro 


Escribo

en la desnuda arista de su piel 

y en el decir de mi silencio 

se escucha 

la voz del pedernal 


Escribo silencio 

y adentro 

en su dureza

una grieta o hendidura 

guarda mi palabra 


Hablo silencio 

y algo sonríe 

en la aspereza de la roca


Escribo

y se escucha Silencio 

en el decir del pedernal.


15.


OLEAJE DE PENUMBRAS


La noche

abre su puerta obscura

y el sonido de unos pasos

se acerca

a ciegas

a tientas

y en penumbras

y trae mi presencia.


Un herido olor de mar

pronuncia mis palabras

y desde el fondo dormido de su voz

el cansancio de un oleaje

de salitre y de tormentas

calla

el rumor de aquellos pasos

y los cubre de silencios.


Un oleaje

sacude el rostro de la noche

y desde el olor de sus penumbras

se anuncia

el mar de las ausencias.


Brama

un mar de brumas

y se oye

a lo lejos 

entre graznidos de gaviotas

su oleaje

de vientos y silencios.


Un oleaje de penumbras

ahoga y arrastra

mi presencia.

viernes, 12 de junio de 2026

Astrid Salazar, lectura cruda de la realidad: “El escritor debe dejar huella y marcar su espacio”


Los temas que me motivan a escribir están relacionados con la problemática social. En toda mi poesía se abordan casos sobre los niños de la calle, la prostitución... son las cosas que llaman mi atención


Texto y foto: Rafael Ortega

Una de las voces más jóvenes de la poesía en Aragua es Astrid Salazar (Maracay, 1984), quien obtuvo el primer premio del Concurso Interliceísta Sergio Medina en el año 2001 con el poemario Azules de mi infancia, publicado en el año 2004 por la Editorial La Liebre Libre. Cabalísticamente, tres años más tarde, La Espada Rota editó la plaquette Gloria/Astrid, en compañía de Gloria Dolande, así como El Perro y la Rana lanzó al mercado editorial su más recientemente obra: El octavo pecado (2007).
Su obra está caracterizada por la crudeza y nitidez con que describe la realidad de manera fiel y sin ambages, que a veces golpea el rostro de las instituciones y las sociedades retrógradas que maquillan sus defectos para mantenerlos ocultos bajo varias capas de hipocresía.
—¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?
—Cuando leí 20 poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda, me influenció muchísimo; después, César Vallejo, Jaime Sabines y Rainer María Rilke, se convirtieron en mis pilares y, más recientemente, Álvaro Mutis.
—¿Piensas que los talleres literarios son fábricas de escritores?
—Los talleres son una guía, un camino, no es que te van a convertir en escritor, sino que te van a ayudar a encontrar ciertos parámetros, ciertas estructuras...
—¿Cuáles temas te motivan a escribir?
—Los temas que me motivan a escribir están relacionados con la problemática social. En toda mi poesía se abordan casos sobre los niños de la calle, la prostitución... son las cosas que llaman mi atención.
—¿De qué otra fuente te nutres para escribir?
—De la música y la fotografía. Escucho alguna canción y de allí puede partir el tema.

A tu criterio, ¿cuáles escritores venezolanos son fundamentales?
—Vicente Gerbasi, Eugenio Montejo, Juan Calzadilla y Juan Sánchez Peláez.
—¿A qué atribuyes que los escritores venezolanos no sean tan conocidos en el exterior?
—Porque no ha habido apoyo para la publicación y distribución de las obras. Ahora es que está empezando, pero se requiere un esfuerzo mayor y aportar los recursos necesarios para que eso se cumpla.
—¿Consideras que es difícil ser escritor en un país de pocos lectores?
—No es difícil. Eso nunca ha sido ningún obstáculo para mí. La razón de que existan pocos lectores no limita mi capacidad de creación. Simplemente escribo y ya. El que lo vaya a leer, que lo lea...
—¿Cómo percibes la presencia de la mujer en el mundo de la literatura?
—La mujer siempre ha sido vulnerada ante la figura de los escritores masculinos. Ahora es que se está fortaleciendo la presencia de la mujer.
—¿Cuáles libros o autores de la literatura universal recomendarías?
—Carta a un joven poeta, de Rainer María Rilke; El arco y la lira, de Octavio Paz; todo lo de Carlos Fuentes...
—¿Crees que las instituciones del Estado prestan el apoyo necesario al escritor?
—Creo que sí. Hasta el momento ha sido reconocido mi trabajo y no tengo ninguna queja hacia las instituciones.
—¿Para qué sirve un escritor?
—Para dejar una huella y marcar su espacio en el tiempo en que le correspondió vivir.
—¿Cómo ves el panorama regional actual?
—Se está haciendo un buen trabajo y están surgiendo nuevos talentos, algunos provenientes de los talleres literarios.
—¿De qué manera influenció el boom latinoamericano a los autores venezolanos?
—Esos autores que marcaron la pauta influenciaron mucho a nuestros escritores porque era inevitable no seguir su estructura, su contenido. Ahora nos toca a nosotros decir lo mismo que dijeron ellos, pero con otras palabras.
—¿Qué opinas de las nuevas tecnologías?
—Son un gran apoyo porque no sólo publican tu obra, sino que te puedes nutrir también, ya que los libros a veces son muy costosos y allí podemos encontrar gran variedad de autores.
—¿Pero no crees que tu obra podría correr el riesgo de ser plagiada?
—Es un riesgo que hay que correr.
—¿Algún día los libros virtuales suplantarán a los tradicionales?
—No. El libro es la obra, la hoja de papel, nada podrá suplantar la presencia de un libro en tu biblioteca. Además, no todos tienen acceso a la Internet, lo cual hace difícil la desaparición física del libro.



La necesidad de escribir poemas


Si no escribo me siento incómoda conmigo misma, siento que me falta algo, me pongo malhumorada cuando no encuentro motivos para escribir un poema. El oficio de escribir se ha convertido en una necesidad para mí

jueves, 11 de junio de 2026

Quince poemas de Víctor Parra Rivero

Título: Abstracción II (2014)

Autor: César Blanco 


Tomados del libro inédito Eromociones



1.


Dos cuerpos 

rozándose


hacen intermitencias


palpitan


turbios 


en el encuentro


2.


Suelta

tus cabellos


desata 

bridas 

remontas

la caricia


me brindas

ese tesoro

 

a poca orilla 

del desvelo  


3.


Gimes


salobre esencia

ofrenda

tu delta 


me atrapa

entreabierta

sinuosa


tu entrepierna


4.


La concha

convida

y beso

su desembocadura


5.


Cae

tu cálido 

aliento


sobre

mi ternura


6.


El desahogo


cubre


la urgencia


7.


Respiración

entrecortada


vacías


debajo

de mí 


8.


Nuestros movimientos


arrugan

las sábanas 


poco antes


del estallido


9.


Los dedos


desarman

tu voluntad


y te hacen

correr

o llover


al instante


10.


Tu flor


escancia

el licor


guardado


en mis

ánforas


11.


La aureola

de tu pezón


enhiesto


es un sol

que emerge


por lomas


de la almohada


12.


Su hendidura

me convida

a su orbita


bebo aguamiel

por sus predios 

reforesto

sus ardores


habito 

en su maraña


suspiro

el encuentro


13.


Sufro eromociones

cuando la veo

desarmarse 


fluyen vinos

sálvame instinto

entre su pelvis

dirime encuentros

sobre otras pieles


de izquierda 

a derecha o lejanas

de distancias


la eromoción

retoza


entre sudores


14.


Verte

sobre una camilla

eromocionada


contorsiona


y tensa

la ternura


por encima

de lo poseso


o debajo

de la nada


15.


Se abre

tu hendidura


apostado

al camino

bebo sus mieles


sacio solícito 


la ardiente sed

de amar

miércoles, 10 de junio de 2026

Doce poemas de Jair Ríos

Título: La música del mar (2025)

Autor: Jair Ríos 


Todos los poemas seleccionados fueron extraídos del libro inédito El Cantar de las Sirenas


1.


La Isla de las Sirenas


En la bruma de amaneceres dorados,

se alza una isla de encanto engañoso,

las olas susurran secretos ahogados,

tenues fulgores de un amor misterioso.

frías luces de coral y néctar de luna

vierten en sus cadenciosas melodías,

tristes y oscuras canciones de cuna,

son sólo sueños de crueles ironías.

Las sirenas entre sombras y brillos

entre risas y llantos, sus ecos heridos,

enarbolan al viento mil estribillos,

que poco a poco enajenan los sentidos.

Oh, isla encantada, de sueños y penas,

en tus playas doradas de jazmín y reseda

tu belleza es un velo de tentadoras escenas,

que consume el deseo en la espuma que queda.


2.


Las Lágrimas de las Sirenas


Las lágrimas de las sirenas

son joyas de sal y pena, 

cada lágrima un recuerdo, 

de amores que se fueron, 

caen desvanecidas, 

como perlas en la arena, 

de promesas olvidadas, 

y de besos que no se dieron.

 

Cada sirena que llora, 

se convierte en un cantar,

de un pasado que añora

de barcos que al naufragar,

no se hundieron en el mar.

Sus lágrimas son poemas, 

que el océano recita, 

en cada gota perdida, 

un amor que se evita.

 

Un eco de suspiros,

que con la brisa se agita

son las lágrimas eternas,

de sus almas exquisitas. 

Las lágrimas de las sirenas,

son un mar de vehemencia,

y una rara música serena,

que gime las ausencias.

En el silencio del cielo,

vociferan sus pesares,

son tormentas en los mares,

herido albatros en tímido vuelo.


Son amargas lágrimas saladas,

perlas, en la piel húmeda del mar.

Sus pequeños ojos de marino cristal,

fragmentos dolorosos del amar,

pulverizados en un rocío de sal.

Las olas son su lamento,

las corrientes su pesar, 

sus gritos abrazan el viento

y en él hallan su tormento,

errabundas en el mar.


Añoran el firmamento,

sus alas perdidas en el azar

de un destino virulento.

Las lágrimas de las sirenas, 

fluyen como ríos de esperanza,

hacia el horizonte roto.

Son canciones ahogadas

que hoy por vos invoco.

Son hilos de plata suspendidos

esparcidos en la bruma.


Son cadencias aladas

que lloran con la luna

Las lágrimas de las sirenas

son espejos infinitos,

brillan como luciérnagas,

en la noche oceánica.

Son recuerdos malditos

de vivencias amargas,

mas, quien se atreva a escuchar,

su canto inspirador, 

encontrará entre sus lágrimas,

el reflejo del amor.


3.


Lorelei


En mi mente hay un pensamiento

que no logro comprender,

uno que ha entristecido mi ánimo todo el día;

y llena mi alma de melancolía,

una historia muy antigua que no puedo olvidar,

un hechizo que me hace estremecer,

una extraña sensación que no puedo disipar.


Lorelei… Lorelei… Lorelei…


Con el aire fresco del anochecer

fluyen las oscuras aguas del Rin 

en un eterno vals; como las olas del mar, 

que a mis sentidos hacen adormecer…


Un apacible canto, canta Lorelei


En la cima de la montaña, rozando las estrellas;

Tras los multicolores fulgores de la tarde.

Allí se sienta una hermosa doncella

de una belleza inigualable

ataviada con joyas muy brillantes:

como soles de diamantes,

de zafiros, de rubíes y de jade…


Son los encantos con que encanta Lorelei


Peina su dorada cabellera

y de su peine cae un rocío suave

y sobre todo el valle resuena

un canto misterioso bajo la luna nueva…


Es el canto de la bella doncella Lorelei.


Un barquero en su pequeño esquife

es presa de un amor turbulento,

escucha una música serena,

como el cantar de un cisne, 

como un canto de sirena

se aproxima lento, directo al arrecife…


Es la música sonora, de la encantadora Lorelei.


Despistado, no sabe dónde está el acantilado,

y como poeta enamorado,

mira hacia la cima de la montaña

buscando vanamente los ojos de su amada.

Creo aún no se ha dado cuenta

que a sus sentidos engaña.


La Bella Doncella Lorelei.


Lorelei…

Lorelei.


4.


Madre Perla


 I


En la remota costa del Oriente,

y tras el sismo que el valle deshizo

Guaiquerí y su guaricha con su niño

navegan en un cayuco corriente,

buscando tierra firme hacia Cubagua.

sañudo Ur-Ac-Kán reunía el tormento,

el dios de lluvias terribles y vientos;

el indio apura el remo, presagiando

la rebelde y burlona ira potente.

¡Ay! Pronto verían su cruel designio.


 II


Negra nube crece en el horizonte,

y el dios desata su furor tremendo;

rápidos chocaron truenos y vientos,

el mar levanta sus olas de enojo.

A la frágil humanidad desprecia,

riéndose de su tan débil batalla.

El cayuco, de madera liviana,

volcóse quedando sólo despojos;

y las aguas el naufragio consuma.

Padre y niño murieron ahogados.


 III


Pero la piedad los dioses acunan,

Maita Dabucurume, Madre sabia, 

e Icoa, sirena diosa del mar,

mandan veloces toninas amigas

que a la guaricha bien logran salvar,

sobre un madero a una playa de arena,

en Cubagua su amor ansia encontrar,

se niega al dolor de la doble pérdida;

llorando nunca acepta el cruel final.


 IV


Con el pecho henchido de amor materno,

la guaricha se interna en aquel mar;

la savia blanquecina con la espuma,

junta al vientre líquido azul eterno,

Leche que mana sin fin de su cuerpo,

a la marina Icoa pide ayuda

para que a su niño lleve su savia,

a través de la corriente del mar;

Así un día y otro repite aquel gesto,

y conmueve a los dioses con tal hecho.


 V


KariBai, dios de esencias y perfumes, 

y EuKeima, dios del arco de color

admiraron la sublime grandeza 

de aquella madre de inaudito amor,

y sugieren algo que al dolor venza;

su savia de amor en concha marina,

se recoja y en bellas perlas nacientes,

sean estas transformadas por siempre,

su amor maternal nunca así se pierde,

gema es del corazón de Madreperla.


5.


Caronís


En Soledad que es mi pueblo,

la boca del río es honda,

quien la tradición no guarda,

que del río bien se esconda.


Dicen que el cauce es traidor,

mal pescas, si lo haces poco,

pues, allí tiene su sueño,

la dueña del Orinoco.


Es la Bella Caronís

de escamas de plata fina,

una voz dulce y sonora

que encanta y al hombre fascina.


Su canto de seducción

es promesa no es mentira,

es mortal para el varón,

es verdad que al río inspira.


Vicente Reyes fue astuto,

supo el secreto del pacto,

un gesto, un ritual, un truco,

se salvó por un simple acto.


Al llegar al hondo cauce,

donde la pesca es un don

de su vaso de aguardiente,

una ofrenda echó al rincón.


No la ofendas con tu ron,

ofrécele dulce anís,

ese es el mejor tributo,

pa’ la bella Caronís.


Reyes vio su recompensa

en su red que estaba llena

con una muy buena pesca,

que le dio la azul sirena.


Pero a Tortoleno en cambio,

la Carona en la contienda,

a él le dio muy mal agravio,

pues, no llevó anís ni ofrenda.


No creyó en la bella dueña

del caudaloso Orinoco

y esto ahora nos enseña,

pa’ que no lo hagas tampoco.


Si no rindes pleitesía,

al fondo te arrastra lento,

compadre no se me ría

pues, lo ahogó en un momento.


Lo sacó de su canoa,

en remolino violento

y es que el río no perdona,

al hombre sin juramento.


6.


Espuma Marina


Oh, el vasto y vívido mar, 

tapiz de sombra y profundidad...

¡Si yo sólo supiera la serena y súbita forma

de surgir de esa vorágine!

De la espuma tumultuosa, donde la luz 

se disuelve y se olvida,

emerge ella, la pálida alegoría

de la libertad perdida.


Cuerpo luminiscente, casi espectral, 

rompiendo el oscuro claroscuro,

una promesa de carne desnuda 

que el alma anhela ser.

Candidez sin velo, sin vergüenza, 

vestida sólo de lo elemental,

sus formas suaves, 

suspendidas sobre el caos turbulento.


¡Cómo quisiera yo cabalgar!

la cresta sin miedo ni muro!

Sobre el delfín, ese guardián 

de gracia y sabiduría silenciosa,

dominando la ola que se alza 

como una montaña de emoción y azar.

¡Qué dulce éxtasis sin artificio 

debe ser esa mirada triunfal!


Su cabello suelto, serpentea etéreo

que el viento sacude igual a la marea,

se fusiona con el cielo, y se disuelve

en la llana frontera de lo azul,

anulando el peso de la gravedad 

y el tiempo rígido.

Es la expresión más alta,

la conexión más pura que se puede pedir.


Suspiro por esa pureza desinhibida, 

ese regreso al alegre Edén,

donde el alma navega 

y encuentra en la aventura su propio saber.


Y mientras mi vista la sigue,

suspendida entre la roca y el aire frío,

solo me queda añorar su gracia 

y su deseo sin fin en este frágil navío.


7.


Oda Marina


                                                     [Párodo]

Dejamos la tierra amiga, 

de la esposa el dulce adiós; 

la promesa nos obliga, 

que hoy no tiene ley de dios.

Mas el barco ya navega,

ya el horizonte nos ve, 

toda nuestra ardiente fe,

al azul de Grecia entrega.


¡Qué Afrodita nos proteja!


                                                     [Estrofa]


Dejamos la tierra que arde en suspiros,

el adiós, eco que flota en la bruma;

brillan promesas en ojos zafiros,

ley divina ondea el mar y la espuma.

Ya el buen navío, al sueño azul se entrega,

Eolo sopla y la vela navega.

Oh, añil azul que a la nave consientes,

Oh, vasto espejo do el sol se deshace,

tu vasta quietud calma contendientes,

en la inmensidad nuestra alma renace.

azul clemente acuna al alma errante,

tu linfa, es la senda del navegante.

Permite que el hado a Ítaca regrese,

la luz de Apolo en tu frente reposa,

que el buen timón el marino profese,

a ti encomendado y a la bella diosa.

se disuelve la prisa en mar y viento.

¡Bendita la estela del firmamento!

Del fondo nacen secretos callados,

redes que abrazan la vida sencilla,

dones del mar, a sus hijos amados,

fuente eterna, de marina semilla.

Del fondo oscuro en tu seno fecundo,

sustento en redes que nutren al mundo.

No eres solo agua, eres ruta de puertos,

Talasa tú eres la voz del misterio,

por ti el corazón olvida a los muertos,

mas queda el recuerdo en tu cauce etéreo.

faro de Rodas que la noche alargas,

¡Viaja el destino en tus aguas amargas!


                                                [Estásimo] 

(Coro de Marinos)


¡Qué serena surca la ola, 

que al puerto nos va a traer!

La red la barca enarbola, 

con peces para comer. 

Hay calma si hay maestría,

y al sol nuestra fe se fía.


(Coro de Sirenas)


No todo es calma en el mar, 

Caribdis traga sin clemencia, 

Escila hunde sin cesar, 

Tifón ruge con violencia, 

cantos crueles, son verdad, 

red de muerte y soledad.


                                                [Antistrofa]


Oh, tú, turbio azul que, a naves errantes,

espejo roto do el sol no regresa.

tu vasta furia hunde a los navegantes,

la vela altiva en tu viento tropieza.

La luz de Apolo con la nube ofusca,

tu linfa agitada la muerte busca.

Permite al hado en tus fauces perezca,

naufraga en tu ser el alma que ofende,

la vida mortal de rumbo carezca,

en tus lagrimas la muerte sorprende.

Con prisa la negra nube amenaza,

¡Maldita la estela que la mar traza!

Del fondo oscuro, tu seno iracundo,

la furia emerge con rostro de Escila,

terror desde rocas al hombre infundo;

Telquines aviesos males destila.

La bestia marina avasalla puertos,

No eres senda, sino tumba de muertos.

Talasa en sus vastas olas ahoga;

lleva al naufrago a destinos inciertos,

do la vorágine el alma deroga,

por ti el corazón ya se une a los muertos.

con tormenta negra y lamento impuro,

la muerte danza con su sayo oscuro.

Ya cae la sombra, el miedo se cierne,

y la tormenta ruge sin piedad,

el mar bravío que al alma consterne,

pues, en su furia esconde la verdad,

que el hombre se enfrenta en su oscuro viaje,

al abismo de su propio coraje.


                                                [Estásimo] 


(Coro de Sirenas)


Sus voces fluyen en ríos de plata,

tejiendo redes de ensueño y misterio,

el mar se vuelve espejo que retrata

el deseo profundo de su imperio.

En sus ojos brilla la eternidad,

promesas dulces de inmortalidad.


(Coro de Marinos)


Un viento muy fuerte desvela el cielo, 

las olas danzan su enérgico canto, 

las nubes pintan triste desconsuelo, 

y el mar muestra su fatigado llanto. 

¡Oh Dioses! Bajo el signo de Poseidón, 

hacedme firme el débil corazón.


(Coro de Sirenas)


¡Oh mortal! El mar no tiene piedad, 

deja el cuerpo bajo el húmedo limo; 

ya no luches más contra la verdad, 

sabes bien que el destino es un abismo. 

Ven a la paz tú valiente sin nombre, 

¡Ay! la mar es el sepulcro del hombre.


                                                        [epodo]


Oh, tú, buen navegante y poeta que el mar miras 

la gran sabiduría que el océano encierra, 

no rehúyas cuando al vasto horizonte suspiras,

pues, tú muy bien sabes que el mar a tu alma se aferra, 

El mar guarda en su hondo lecho un misterio sutil,

el hombre guarda en su pecho osadía febril.

El destino se cumple en esa ola que te llama, 

pues, el mar es el ciclo que la vida celebra, 

tu virtud es la calma cuando el trueno se inflama, 

quien bien acepta el abismo es su verdad que enhebra

al ojal que zurce el camino que se ha escogido,

no importa la muerte sino lo que se ha vivido.



8.


Pirata de Amor


¡Ay no quiero, 

subirme yo en tu velero! 


Sos barco sin rumbo fijo, 

corazón audaz y rojo, 

que va cumpliendo todo antojo, 

con alma de marinero. 


¡Ay me muero, 

súbete ya en mi velero! 


Amores que son tormenta, 

pasiones que se alimentan; 

por la noche se comenta, 

que soy pirata sincero. 


¡Ay que el viento, 

te suba ya en mi velero!


Tu vela no tiene puerto, 

tu promesa es solo viento;

si te sigo, será incierto,

tu corazón es mi tormento.


¡Ay no quiero, subirme yo a tu velero,

es mal muy agorero! ¡Ay, no quiero!


9.


Fata Morgana


Hay un espejismo que en el mar navega,

Morgana teje sombras de deseo,

son promesas que el viento siempre entrega,

luz que se quiebra, sueño es lo que veo.


Morgana teje sombras de deseo,

amor que se vuelve fuego ligero,

brilla el hada con mágico aleteo,

ala rota de pájaro viajero.


Amor que se vuelve fuego ligero,

espejismo que en el aire se extiende,

simple reflejo que es falso y agorero,

ciego es el Amor que no lo comprende.


Espejismo que en el aire se extiende,

bajo la bruma la verdad se niega,

un alado vuelo a Avalón se emprende,

entre nieblas, un alma que se entrega.


Bajo la bruma la verdad se niega,

buscando un sueño tan solo en el cielo,

un espejismo en el aire se despliega,

un amor que se vuelve fuego y anhelo.


Buscando un sueño tan solo en el cielo,

una rara ilusión que al alma quema,

es traición del espejo, un tenue velo,

con que Morgana teje su diadema.


 10.


La Tormenta


I


Vendaval que arrasa y desgarra,

El bravo Oleaje muerde la calma,

la esperanza rota en el viento,

viento salino azote del rostro,

relámpagos parten mi anhelo,

garras de coral rasgan el alma,

rugidos de un pecho violento.

Centellas cruzan la oscuridad,

Cielos encapotados, rugen, rugen

como una fiera. Barcos que gimen 

cortan la piel, queman el alma,

tormenta de voces quebradas,

relámpagos sobre el agua,

el mar ahoga mi voz callada,

en la furia que no se calma,

la tormenta se desangra,

se pierde el eco de mi calma.


¡Ay, la luna me guía,

mientras el mar me desafía!

¡Pata de palo, pie errante,

borracho, valiente y amante!

Maudit Orage ! Zut !

Hélas ! Terrible Tempête ! 


II


Torbellino de gritos y sombras,

Aaae... eiuuu… Lamentos de sirenas,

ciclón voraz que arrastra mis deseos

silencio que ruge y devora,

corrientes que arrastran,

palabras que hieren sin freno.

Furia que quiebra mis defensas,

la lluvia es sal y frío,

la noche es un abismo,

caos que nubla mi sentido,

golpes secos de ausencia amarga,

eco de ballena herida,

neblina que apaga el faro,

oscuro y profundo el abismo,

noche que viste el olvido,

ríos de lágrimas caen,

sobre un corazón perdido.


¡Cien tempestades en mi piel,

pero el ron me hace sentir fiel!

¡Que vengan olas, venga el rayo,

no hay tormenta do no me hallo.

Verdomde storm! Verdomme!

Helaas! Vreselijke storm!


III


Rayos que parten mis ilusiones,

Dispersas ráfagas de espuma,

estrellas hundidas en el firmamento,

corrientes que arrastran,

chasquidos que queman mis nervios,

el aguacero inunda dudas,

cánticos de gaviotas, danza errante,

relámpagos ciegan recuerdos.

Lluvia torrencial de promesas,

cadenas de agua voraz,

viento lobo que me persigue

estrépito frío y tenaz,

la furia del mar no se apaga,

el mar es un infierno voraz,

la tormenta no acaba jamás.

sombras que arrastran memorias,

en un mar que no tiene paz.


¡Cien olas en mi cara,

y el ron me da la fuerza!

¡Que ruja el viento, que ruja el mar,

yo en esta locura quiero quedar!

Forbanna storm! Forbanna!

Akk! Forferdelig storm!


IV


Catarata de llanto y furia,

olas que desgarran, cascada salina,

golpes secos que hieren el alma,

caracolas que lloran, Bruma ciega

nube oscura en mi tormento,

redoble sordo de traición.

Aaae... eiuuu… ¡Ay! ¡Malditas Sirenas!

Caos que destruye refugios,

es el oscuro dominio del Kraken,

vendaval que no perdona,

tormenta que ruge y me arrastra,

sobre olas que rompen en nada,

el amor se vuelve un grito,

un suspiro que se apaga.

La noche es un lamento,

la luna es un espejo,

donde se quiebran los sueños.


¡Baila el barco, baila el día,

tormenta loca, mi alegría!

¡Pata de palo y botella en mano,

soy rey del mar y soberano!

Damn Storm! Damn!

Alas! Terrible Tempest!


V


La furia del mar y el viento,

tiembla el fondo oscuro y negro,

la tormenta es un grito seco,

y la tempestad que no cesa,

es tempestad de abismos,

el corazón hecho pedazos,

la furia es un dulce canto,

¡Ay Malditas Sirenas!

la voz que grita sin respuesta.

La tormenta es mi historia,

el mar es su temible reino,

la lluvia mis lágrimas fieras,

el relámpago mi rabia,

el trueno mi soledad entera,

y en la noche oscura eterna,

se apaga la luz primera.

barcos que se hunden,

en el azul profundo,

la tormenta es un alma,

que llora sin descanso.


¡Botella rota, ola y canción,

pata de palo y corazón!

¡Que ruja el mar, que brille el sol,

yo soy pirata y el mundo mi farol!

Forbandet storm! Forbandet! 

Ak! Frygtelig storm.


VI


Vendaval, tormenta y silencio,

el alma rota y desgarrada,

el mar que traga esperanzas,

el viento que arrastra mi nada.

Centellas de pasión muerta,

relámpagos de desesperanza,

la tormenta que es mi vida,

el eco triste de la ausencia,

el amor que se convierte

en tormento y en demencia.

Desnudez, tesoro y riquezas

cofres de malditos secretos,

envuelven misterio y bellezas

¡Ay! ¡Esas Malditas Sirenas!

Escamas de oro y plata,

iridiscentes en la pupila,

astillas del naufragio del corazón

y de un barco pesado y ebrio

con un farol que escandila

a mi espíritu soberbio.


¡Baila el barco, baila el día,

tormenta loca, mi alegría!

¡Pata de palo y botella en mano,

soy rey del mar y soberano!

Maledetta Tempesta! Maledetta!

Ahimè! Terribile Tempesta!


¡Baila y canta, mar embravecido,

pata de palo, alma de bandido!

¡Que el mar es nuestro final,

y el ron nuestro eterno rival!

Maldicha Tempèsta! Mèrda!

Ailàs! Tempèsta Terribla!


11.


Los Caballos de Neptuno


Los caballos retumban con sus cascos,

sobre olas que tiran de firmes bridas,

Neptuno en su trono rige los mares,

céfiras ráfagas alzan sus crines,

como briosos estandartes al viento,

y estalla en el cielo el eterno rayo.


Zeus tonante vocifera en un rayo,

y provoca el arrido de sus cascos,

espantosos relinchos en el viento,

Neptuno los refrena con las bridas,

y agitan salvajes sus blancas crines,

cabalgando en las olas de los mares.


Precipitan su carrera en los mares,

y lanzan mil destellos como el rayo,

corazones que ondean como crines,

de equinos desbocados por sus cascos,

que pisan los tormentos y sus bridas,

conducen a clamores en el viento.


Resuena el cuerno de Tritón al viento,

responden las sirenas de los mares,

y en mares de lamentos ya sus bridas,

encabrita a caballos y en un rayo,

fulminante del alma y con los cascos,

se horada al corazón que entre las crines.


ondea salvaje amor que en las crines,

la furia eleva mas se lleva el viento,

que rasga negra noche con el rayo

y se ensordece el clamor de los mares,

la tempestad galopa con sus cascos,

y se enredan con violencia las bridas.


Del corazón del dios que con las bridas,

la fuerza desbocada de los cascos,

se lleva en el rugido de los mares,

que con la furia del amor el viento,

se rompe en el silencio con su rayo,

y llora en la tormenta entre las crines.


En olas galopan cascos que rompen las bridas.

Dolor en los mares de furia eleva sus crines.

El alma en el viento se rompe con un gran rayo.


12.


Rémora


 I


Yo te despido, sombra que se adhiere, 

lastre de mi viaje, rémora sin nombre; 

ya se cansó el espíritu del hombre 

de alimentar aquello que lo hiere. 

Cualquier lazo que hubo, hoy se muere; 

frenaste mi nadar en la corriente, 

pegada a mí, succionando mi frente, 

y en este adiós, mi libertad se traza: 

rompo el vacío que tu ser abraza, 

lejos de ti, mi norte es más luciente.

 

 II


Fueron tus días un reclamo eterno, 

un "mírame" voraz que no saciabas; 

mis propios pasos tú me los robabas 

para servirte en tu capricho tierno. 

Mi voluntad cayó en ese gobierno 

donde el esclavo fui de tu deseo; 

olvidé quién era en tu jactancia, y veo 

que, en el altar de tu ego desmedido,

sacrifiqué mi paz y mi sentido, 

siendo yo el remo en tu egoísta empleo.


 III


Era tu voz un rayo en la espesura, 

furia y agresión en cada tramo; 

no hubo palabra que no fuera reclamo,

ni discusión que no fuera tortura. 

Y cuando el eco de tu voz oscura 

no hallaba el golpe que tu rabia ansía, 

tu llanto de mentira aparecía: 

esa red de cristal, falsa y artera, 

con la que hacías de mi vida hoguera, 

manipulando mi alma a sangre fría.


 IV


Entre la farra y la lasitud desierta, 

viviste en un vaivén de lodo y vino; 

buscabas el placer en el camino 

mientras dejabas mi esperanza muerta. 

Te revelaste entonces, ¡Oh, Sirena!, 

abierta en un apetito sexual sin freno alguno,

voraz como el océano en ayuno; 

usaste tu sensualidad de fuego 

para perderme en ese bajo juego, 

donde el amor fue un vicio inoportuno.


 V


Y en el lecho manchado por tu rastro, 

la deslealtad fue tu constante herida; 

promiscua fuiste, de fe desposeída, 

mientras tu cuerpo se volvía un lastre. 

En el humo y la droga, tu desastre 

descuidó tu salud y tu decoro; 

el vicio te alejó de todo foro, 

perdiendo higiene, alma y dignidad, 

hundiéndote en la espesa oscuridad 

donde la rémora pierde su tesoro.


 VI


Fuimos juntos nautas de las nubes, 

nefelibatos sin suelo ni destino; 

colgados de un fracaso repentino, 

tú bajabas al fango cuando subes. 

Esa falta de tierra en que te imbuyes 

nos condenó al naufragio de la suerte; 

mas yo buscaba vida, y tú la muerte 

de no poner los pies sobre la arena,

arrastrándome a mí con tu cadena 

hacia un abismo que el fracaso invierte.

Mas no bastó romper el sucio lazo, 

pues a mi espalda lanzas tus cuchillos; 

cobarde al fin, sin luz y sin brillos, 

culpas al otro de tu propio ocaso. 

 

 VII


No admites del naufragio ni un pedazo, 

pues tu error es el mito que no asumes; 

en mentiras de lengua te consumes 

diciendo que mi mano hundió el velero, 

cuando fuiste tú, el pirata traicionero, 

quien puso el fango donde hubo perfumes.

He sido el pez de lomo lacerado 

que cargó tu ventosa en la marea; 

mas hoy la roca el peso me saquea, 

y quedas tú en el fondo, en tu pecado.

 

Nado libre, de lastre liberado, 

lejos de ti Sirena y tu Veneno; 

busco un azul más limpio y más sereno 

donde no existas tú, ni tu memoria. 

Finaliza aquí nuestra amarga historia: 

soy el mar libre, tú el más fangoso cieno.



Nota:


El Cantar de las Sirenas es una exploración poética profunda sobre la mitología y el simbolismo de las sirenas a través de diversas culturas. Este texto presenta una rica genealogía de estas criaturas, que van desde las antiguas leyendas griegas hasta representaciones contemporáneas. Las sirenas son descritas no sólo como figuras seductoras, sino también como entidades trágicas que simbolizan el anhelo, el amor perdido y la conexión con la naturaleza. Cada capítulo está dedicado a distintas sirenas y sus historias, ofreciendo una mezcla de poesía, mitología y reflexión filosófica. A través de sus cantos, las sirenas representan tanto la belleza y la tentación como la fatalidad y el dolor que pueden derivar de los deseos humanos y la búsqueda de lo inalcanzable. La obra se enriquece con referencias culturales que abordan la dualidad de las sirenas como protectoras y destructoras, presentando diversas narrativas mitológicas y poéticas que resaltan su complejidad.

¿Prestada o por encargo? | Entrevista a Skarlet Boguier



Entrevista realizada en diciembre de 2017 por Juan Calzadilla a Skarlet Boguier, a propósito de la selección de poesía reunida en Abluciones, libro compilado y prologado por él mismo, en el que condensa una muestra de poemas de la autora, algunos inéditos y otros tomados de Equinoccio de primavera (2012), La lámpara de los muertos (2015) e Impertinencias verbales (2017)


 J.C: –Por qué huyes del origen si lo llevas contigo?

Skarlet: -Huyo del origen para salvarme de esta ilusoria realidad. La madre tierra agoniza y esa vuelta al retorno es nuestra única salvación. El origen es un abismo, un ojo infinito que me mira y al que veo. Suelo sentarme a mirar el abismo y es un agujero negro en el que gira la eternidad.

J.C: -¿Cómo es que hablas tanto del mar si todavía no has abandonado tierra firme?

Skarlet: -El mar es la máxima constante, una obsesión azul que se me repite en los sueños. Tampoco es verdad que el mar sea azul o verde. Todo es ilusión del ojo y la luz, pero es una bella mentira, así como el atardecer y la muerte. De cualquier forma, el mar está presente. He nadado en esas aguas como un verdadero pez. Mares cálidos, mares glaciales. Mares mediterráneos, mares negros. Como podemos ver, nada es como parece. Vivo volando, aunque parezca que camino sobre tierra firme. Ya sabes, me zambullo en un océano de nubes terrestres.

J.C: El término de tus acciones tiene que ver con lo que dejas de decir o está en todo lo que dices. ¿Prestada o por encargo?

Skarlet: -Ni de vaina prestada, mucho menos por encargo. Uno es lo que dice pero también lo que calla. Ya sabemos que el silencio habla, y el lenguaje no puede expresarlo todo, resulta insuficiente para revelar lo que no puede ser explicado, entonces allí es donde nace el silencio. Allí desde un gesto o una mirada, hasta en la infinita vastedad del vacío espacial.

JC: El poeta mira la realidad desde un punto de vista lejano y crucial, empleando la mirilla de sus ojos y entrecerrándolos. Él piensa que esa es una manera de ver la realidad más productiva que si sólo estuviera imaginándola. ¿Te sucede eso a ti cuando escribes sin atreverte a ver lo que está sucediendo a tu alrededor? ¿O no?

Skarlet: -Es cierto que después del Equinoccio he venido mirando más hacia arriba, y sé que a veces pareciera que no abrazo la hierba humana, por andar hurgando entre el cosmos. Sin embargo, debo decir que hasta en los poemas más constelados subyace algo cotidiano. Lo que sucede a mi alrededor me alimenta, y en algún poemita se esconde. Quizás por eso sea mejor leerme tal como escribo, con los ojos bien abiertos y en ángulo de 360°.

JC: -Lo que escribes durante prolongados insomnios en la oscuridad de tu cuarto te parece más convincente que lo que escribes desvelada a plena luz y completamente despabilada. ¿Acaso has hecho de este hábito una técnica nefasta o benigna, de acuerdo con lo que piensas de la escritura? Acorazada a las influencias de los grandes: ¿Nerudista, rilkeana o lorquiana, feminista o sin influencia alguna?

Skarlet: -Escribir en la oscuridad es más bien circunstancial, una forma de matar el tiempo, durante días de insomnio en los que aprovecho para leer; lo que sucede es que al poema le da por empeñarse en ser escrito. Quizás producto de la orgía de voces que confluyen en la lectura, surge la escritura, pero esta estimulación no es consciente, simplemente es parte del latido de la vida en su constante movimiento. No tengo idea si estos poemas desvelados sean más convincentes. En todo caso, al menos emanan de insomnios creativos, y no de aquellos generados únicamente por la angustia. No creo que lo convincente esté determinado por la luz o la oscuridad, sino con aquello percibido como autentico, y con el fuego ese al que llamamos pasión que es capaz de impulsar a escribir con tanta fuerza como se vive.

J.C -¿Qué piensas del verso de Dante Alighieri en la Divina Comedia: “Cuando me siento a pujar leo con fluidez?”

Skarlet: -Podríamos imaginar a Dante pujando desde un antiguo retrete renacentista mientras leía con fluidez a Virgilio. Entonces, ¿Qué pujaba? ¿Acaso ese poema donde arroja todo el excremento dejado por los grandes representantes de la Iglesia Católica?

J.C: -¿Esas y otras confesiones a la luz de una lamparita de aceite?

Skarlet: -Confieso que esa lamparita aunque pueda que no alumbre, está llena de visiones, sueños, magia y una inesperada conexión con nuestros espíritus elevados. Uno llega a creer que escribe pero resulta que solo somos canales de lo que los espíritus evolucionados nos susurran al oído.

J.C: -Sirve para algo al poeta haber pasado tantos años sentado en un pupitre en una institución universitaria, estudiando Letras y encontrarte luego sin oficio conocido y desempleada?

Skarlet: -Sin arrepentimiento alguno te digo que me he quitado un enorme peso de encima al abandonar la carrera universitaria, igual que al estar desempleada. Claro, entendiendo desempleo como no laborar en ninguna empresa o institución, bajo un horario y condiciones por un salario. He compartido con príncipes y mendigos, entre lujos ocasionales y carencias. Sin embargo, todos sabemos que la única riqueza verdadera es la espiritual.


Foto: Rafael Ortega


Skarlet Boguier nació en Maracay, estado Aragua. Sus poemas han sido publicados en revistas y antologías como Los Moradores. Compilación de poesía aragüeña. Imprenta Regional (2012), Las Chicas van al baile. 40 Poetas venezolanas. Casa del Poeta Peruano. Lima-Perú (2012). Antología de Poesía venezolana Como una brasa que ha sido encendida. Fundación editorial El perro y la rana (2016). Entre sus libros destacan el poemario Equinoccio de primavera, Fundación editorial El perro y la rana (2016); La lámpara de los muertos, ganador de la IV Bienal Nacional de Poesía Félix Armando Núñez (2015) y aforismos condensados en Impertinencias verbales, Fundación editorial El perro y la rana (2017).


Fuente: https://juancalzadilla.com/2018/07/24/prestada-o-por-encargo-entrevista-a-skarlet-boguier/

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Si te interesa leer otra entrevista realizada a la misma autora para la revista mexicana Bitácora de vuelos entra a este enlace:

https://www.rdbitacoradevuelos.com.mx/2023/01/entrevista-la-fuerza-espiritual-de.html?m=1

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También puedes leer algunos de sus aforismos publicados en Zenda:

https://www.zendalibros.com/15-aforismos-de-skarlet-boguier/

martes, 9 de junio de 2026

Algunos textos breves de Franz Kafka


-Gabriel Jiménez Emán-


“La construcción” es sencillamente la descripción de un laberinto: pasillos, galerías, rincones, habitaciones de un inmenso edificio donde siempre hay alguien cavando; la construcción de un espacio siniestro para perecer de inanición; el proceso de edificación del monumental edificio revela su propio sinsentido: llegado un momento se tiene la sensación de que la obra jamás fue instalada con vistas a la defensa, mejor dicho, “la atención se temía pero el peligro del ataque y por tanto la preparación de la defensa parecían lejanos.” Uno de los trabajos más laberínticos, absurdos y hostigantes de Kafka, donde la sensación de nada o vacío se instala en el relato de un modo casi intolerable. 

Lo opuesto al anterior relato en el sentido de construcción lo tenemos en “La muralla china” donde se registra de modo pormenorizado cómo fue y a qué respondió la mayor edificación que se ha llevado a cabo en la humanidad en toda su historia; en efecto, se trata de un relato magistral donde Kafka no parece dejar nada por fuera; el estudio histórico que realiza, a la par de su seguimiento de ingeniería, esfuerzo humano, significación cultural, portento bélico y táctico, metidos en un texto donde se lleva a cabo un estudio casi psicológico de la conciencia del pueblo chino y sus emperadores, a la vez que nos inserta de nuevo en el origen de las guerras y contiendas que lleva a cabo la humanidad para defenderse, y a la vez imponer su poderío. Pieza clave de otra de las obsesiones kafkianas, la cual he destacado al inicio de mi trabajo sobre "El castillo". 


Un artista del hambre” y “Un artista del trapecio” 


En el primero, el personaje que ayuna de manera permanente se presenta como si fuese normal, como si su condición fuese un espectáculo cotidiano, como si el hambre que padecen las personas, los ciudadanos, puedan sobreponerse por sí solos a su debilidad, y hasta pueden “cantar” mientras dura la guardia para distraer a los vigilantes, quienes “se admiraban de su habilidad para comer mientras cantaban”. 

Se trata de una de las sátiras extremas de Kafka. Pareciera aquí que el escritor retrata a la gente humilde del pueblo que puede tolerar el hambre hasta límites insospechados; incluso después de morir. A este artista lo entierran bajo un pajar en el circo, y lo sustituyen pronto con una joven pantera. 

En “Un artista del trapecio” aparece la fuerza muchísimo más sutil de alguien que permanece día y noche en el trapecio, como una muestra de la cuasi esclavitud al empresario circense que le contrata: el trapecista siempre está solo y hasta pudiera vivir tranquilo, de no ser por los viajes del circo, que le importunan. 

Pero en el tren habían conseguido un departamento especial para él, hasta que un día le reclama al empresario que necesita dos trapecios. El empresario está de acuerdo y el trapecista se echa a llorar de pronto. 


¿Por qué? 


Después de ser consolado por el empresario, que da la orden inmediata de conseguir el segundo trapecio, éste no está del todo convencido. ¿No irán a intensificarse estos sentimientos con el tiempo? Sí, en efecto, el trapecista había comenzado a envejecer: el empresario advierte una gran arruga en sus ojos. A las claras, Kafka indica la relación trabajador-jefe, la explotación de un artista ya viejo en una empresa, la necesidad de ser convertido en espectáculo cotidiano; idea que Kafka desarrollaría en el ya citado “Un artista del hambre.” 

“Preparativos de boda en el campo” es una obra también fragmentaria (escrita en el año 1906) anterior a los textos que conforman Un médico rural donde el protagonista, Raban, parece no querer a su novia y hasta siente aburrimiento por la boda que pronto va a efectuarse; mira todo de manera plana, no hay ninguna emoción particular en sus observaciones ni palabras, es como un ojo que pasa impasible sobre las cosas para detallarlas, sin que importe el trasfondo de los acontecimientos, de los preparativos que se arman para el matrimonio con su novia, una mujer entrada en años. Aparece aquí la imagen de un coleóptero que puede ser vista como antecedente del insecto en La metamorfosis cuando leemos: 


“Tengo, tal y como estoy en la cama, la forma de un gran coleóptero, la forma de un siervo volante, o de un abejorro, creo. (…) Un coleóptero de gran tamaño, sí. 

Yo hacía como si se tratara de un letargo invernal y apretaba las patitas contra mi abombado cuerpo... Y murmuro un pequeño número de palabras, son instrucciones a mi triste cuerpo, que está de pie muy cerca de mí, inclinado. Pronto he terminado: él hace una reverencia, se marcha de prisa y todo lo llevará a cabo inmejorablemente mientras yo descanso en la cama.” 


La lectura de los textos breves de Kafka fue siempre para mí algo alentador, un estímulo para mi propio hacer, para mi vocación. Siempre lo percibí como a alguien que nos estaba hablando en un solo idioma: no en alemán o castellano, francés o inglés, sino en un lenguaje humano universal que atravesaba y atraviesa todas las barreras geográficas y nuestras diferencias culturales o históricas, para sembrarse en nosotros mediante una lengua plena de mundos, de universos complejos muy complicados o inciertos, llenos de dudas e interrogantes, pero también de una inteligencia profunda que habla a la sensibilidad y al conocimiento al mismo tiempo, revelándonos nuestras carencias, quiebres, fallas y derrotas, pero pleno también de los secretos que nos alientan desde otras realidades más hondas y desde una escritura meticulosa, dotada de una fantasía ceñida, certera en sus apuestas humanas, inaudita en su capacidad de hacernos ver nuestra propia humanidad.



(Del libro El laberinto ensimismado de Franz Kafka. Cuatro acercamientos)

lunes, 8 de junio de 2026

La vuelta de Ulises

Selección y edición:

Aimée Torres & Manuel Cabesa


El reciente estreno de la Odisea de Christopher Nolan ha traído de nuevo el mito al presente, si es que alguna vez se alejó. El gran poema-narración de Homero ha sido la matriz de donde ha surgido la visión heroica y novelesca de la vida desde el principio de los tiempos, también motivo de reflexión ética y moral a través de los siglos. Traemos al respecto tres textos de características distintas pero unidos bajo la figura del eterno errante hacia la Isla.


***


LA VERGÜENZA DE BORGES


“Me avergüenza no saber griego y verme forzado a agradecerles en inglés.

Como poeta no puedo más que utilizar metáforas, y en esta ocasión utilizaré dos. La primera es aquella del retorno a la patria, el retorno de Ulises. Ulises tardó diez años para retornar a Itaca. Yo diría que regreso a Creta, que regreso a Grecia, veinticinco siglos después de que todo comenzara aquí mismo; aquí donde comenzó la reflexión, la dialéctica, la poesía, la filosofía, todo. Y regreso después de tantos siglos para agradecerles.

Esa es la primera metáfora. Pero hay una más, aún más extraña, y no queda más que elegir entre una de ambas. La segunda metáfora es el sentimiento de haber estado siempre aquí. Recuerdo haberle preguntado a mi padre el significado de las palabras Magna Grecia. Él respondió que eran el sur de Italia y Sicilia, y luego hablando solo continuó: “Acaso la Magna Grecia sea el mundo entero”.

Mis primeras lecturas fueron, recuerdo, las fábulas de los hermanos Grimm, las Mil y una noches, Alicia de Lewis Caroll y, por supuesto, la mitología griega.

De mi padre aprendí filosofía, comenzando por la célebre carrera entre Aquiles y la tortuga, de Zenón de Elea. Me impresionó profundamente esa paradoja, me parecía una especia de pesadilla: que la carrera continuara, que Aquiles no pudiera alcanzar a la tortuga, que la tortuga estuviera siempre delante de Aquiles y que todo continuara eternamente.

De la mitología griega me impresionaron los doce trabajos de Hércules, la expedición de los argonautas y, por supuesto, el mito del laberinto.

Pasé mi vida leyendo y escribiendo, y esas dos cosas me hicieron feliz. El mito del laberinto me interesó siempre. Sin embargo el laberinto no me produce sólo temor sino también una suerte de esperanza. Porque si el mundo es caos, estamos perdidos. Pero si es un laberinto, entonces queda alguna esperanza; existe un propósito: un plan secreto dentro de este caos aparente.

Pasé mi vida leyendo y escribiendo poesía; y toda la poesía proviene, como sabemos, al menos en Occidente, de Grecia. Y Grecia nos dio también la filosofía. Y al decir filosofía digo no sólo las respuestas sino también los enigmas y cuestionamientos que ocuparon a los presocráticos y a Platón.

Y ahora pueden elegir. Pueden considerarme un griego exiliado en América del Sur, que regresa a su patria; o decir que siempre estuve en Grecia -quiero decir, espiritualmente, no corporalmente.

Ya pueden escoger. Pero lo que quiero que comprendan -y sé que lo entienden, o más bien sienten (uno siente más que comprende)- es que me siento feliz aquí, muy dichoso de estar en Grecia, y que estaré aquí por siempre, aún cuando mi cuerpo esté ausente.”


 Jorge Luis Borges 


***


ULISES A TELÉMACO


Querido Telémaco:

La guerra de Troya

ha terminado. 

No recuerdo quién fue el vencedor.

Seguro que los griegos: son los únicos

que dejarían tantos muertos 

en tan lejanas tierras…


Pero el camino de regreso a casa

ha resultado demasiado largo,

como si Poseidón, 

mientras nosotros perdíamos el tiempo,

se hubiera dedicado a ensanchar el espacio.


No sé ni dónde estoy ni qué tengo delante.

Diríase una isla llena de mugre:

matojos, edificios y cerdos gruñidores;

un jardín descuidado, una reina,

praderas y peñascos… 


Mi querido Telémaco:

todas las islas se parecen

después de tanta errancía, 

y el cerebro ya confunde la cuenta de las olas,

y lloran los ojos ante el exceso de horizonte,

y obstruye los oídos la carne de las aguas.


No recuerdo ahora mismo 

el desenlace de la guerra,

ni cuántos años tienes, 

mi querido Telémaco.


Has de crecer en edad y en vigor.

Sólo los dioses saben si algún día

volveremos a vernos. 

Ya no eres aquel niño

que me vio contener 

los bueyes en su empuje.

La argucia de Palamedes

impidió que viviéramos juntos,

pero tal vez sea mejor así: 

en mi ausencia

libre quedas, Telémaco, 

de pasiones edípicas

y sueñas sueños impecables.


 Joseph Brodsky


***


SANGRE EN LAS UÑAS Y EN LA MEMORIA 


Salieron conmigo. Dejaron Ítaca jóvenes, fuertes, en el momento espléndido de su juventud o en pleno vigor adulto. Me siguieron porque les prometí aventuras, botín, mujeres y gloria: todo aquello que la victoria reserva a los guerreros audaces. Salimos de nuestra isla a bordo de las cóncavas y negras naves, remando con vigor al ritmo de viejos cantos épicos, henchidas las velas rumbo a levante, para atacar una ciudad lejana con el pretexto —siempre hay un pretexto, y ése era tan bueno como otro cualquiera— de rescatar a una mujer hermosa y vengar la ofensa de su rapto. Y una vez allí, en la remota orilla del mar color de vino, peleamos durante diez años hasta que el ardid de un caballo de madera nos dio la victoria.

Yo estaba, con algunos de ellos, en el vientre oscuro de aquel caballo. Y llegada la noche, mientras la ciudad dormía, nos deslizamos fuera y empezamos la matanza. Aún se me crispa la boca en una mueca cruel —tal vez sonrisa triunfal, quizá rictus amargo, puede que ambas cosas— cuando recuerdo la luz rojiza de los incendios, los reflejos de las llamas en escudos, cascos y corazas, la sangre derramada en escaleras y salones, los hombres degollados y las mujeres violadas en sus propios lechos junto a los cadáveres de esposos, padres e hijos. El oro y la plata que cargamos camino de las naves, ganados hasta la última onza con nuestros peligros, nuestro miedo y nuestras vidas.

Hicimos en Troya la guerra como se hacía, como se hace, como se hizo siempre y como se hará mucho después de que mi cuerpo sea ceniza. Para bien y para mal llevo conmigo todas aquellas imágenes, del mismo modo que llevé la sangre de hombres, mujeres y niños en la hoja de mi espada, en el peto de bronce, en el rostro, en las manos fatigadas de tanto matar. Aún muchos días después, cuando bogábamos para regresar a casa, la sangre seguía incrustada en las manos con que empuñábamos los remos o tensábamos los cabos de las velas. Sangre en las uñas y en la memoria que todavía hoy, cuando contemplo mis dedos envejecidos y nudosos como sarmientos de vid, parece que siga ahí, indeleble, resaca y parda, del mismo color sombrío que tienen los remordimientos.

Regreso solo a esta isla, pues ninguno de los que partieron conmigo, de los que arrastré con mi nombre y mi gloria, sigue vivo ya. Se quedaron atrás, bajo las murallas de Troya, en la ciudad destruida, en los azares del largo regreso. Perdieron los botines duramente ganados y los aniquiló la furia de Poseidón, el desfavor o la indiferencia de los dioses, las asechanzas del piélago, la voraz insania de los cíclopes, las flores que hacen perder la memoria, las hechiceras que convierten a los hombres en cerdos… Creyeron en mí y lo pagaron uno tras otro con la vida, sumándose a los infinitos fantasmas que pueblan mi memoria cansada. Y mientras disfrazado de mendigo —o con la apariencia del mendigo que realmente soy— camino entre los olivos y chozas de la isla, me desazona ver a las mujeres que mis compañeros dejaron atrás, a sus hijos hoy crecidos, a sus padres ancianos, mirar el mar con la esperanza, todavía, de divisar las velas que los traigan de regreso. Sé que debería identificarme, dirigirme a ellos y contarles cómo sus ausentes combatieron y ganaron gloria y riquezas, cómo fueron desapareciendo hasta dejarme solo y desnudo en esta orilla. Pero yo que tantas cosas hice, el astuto navegante, el consejero de reyes, el expugnador de ciudades, carezco de valor para eso. No sería capaz de soportar sus reproches por habérmelos llevado. Ni siquiera de soportar su silencio.

Ahora ya no sé si valió la pena. Después de veinte años, una mujer casi marchita me aguarda tejiendo y destejiendo un tapiz. Un hijo a cuyos ojos mi ausencia me hizo detestable ha crecido sin mi ejemplo y aliento. Unos pretendientes arrogantes devoran mi escasa hacienda, y alguien debe expulsarlos con la violencia y la muerte inevitables… Sólo los dioses inmortales saben cuánta pereza me da verme obligado a matar de nuevo, tensar el arco que nadie sino yo es capaz de armar, disparar flechas que los manden a todos gimiendo a las sombras del Hades. Miro mis manos, cansadas pero aún capaces, y todavía me parece ver sangre en las uñas: la misma que tengo en la memoria y que diez años de guerra y otros diez de aventuras y naufragios no lograron borrar. Toda mi vida, al fin, se resume en un único y prolongado remordimiento. Estoy muy cansado para añadir más fantasmas a los que me acompañan, y debo luchar con la tentación de dar media vuelta y regresar al mar que me trajo; ese incierto mar donde, pese a todo, las cosas son mucho más sencillas que en tierra firme.

Tal vez dentro de treinta siglos, recordándome si todavía me recuerdan para entonces, alguien escriba unas líneas en mi memoria: Bajé del barco, pero no pasé del primer bar.


Arturo Pérez-Reverte