domingo, 5 de julio de 2026

Max

-Manuel Cabesa-


(A la mystérieusse


....y a Max en su cumpleaños


Max Bembo no se llama así, su nombre es Manuel García y aunque, como muchos poetas, tiene el derecho de escoger un nombre artístico siempre me he preguntado por qué éste precisamente. Debe tener un significado oculto que nunca he podido descifrar.

Sin embargo, Max no es para nada una persona hermética o misteriosa, muy al contrario se trata de un ser afable, de andar pausado, barba de viejo montañés y una forma de hablar campechana que lo distingue de otros seres más artificiales dedicados a las labores de la cultura.

Y es que Max, no es sólo un poeta y músico, y una de las voces más singulares dentro de la poesía de Aragua habría que agregar, sino es el que silenciosamente, sin llamar mucho la atención, sin pedir honores ni favores durante cincuenta años ha mantenido la movida cultural, como docente y promotor, por los lados de Las Tejerías y sus alrededores donde tiene su hábitat natural.

En cuanto a su poesía, es sencillamente de una brillantez extraordinaria, sus acercamientos al tema amoroso tienen un énfasis natural, sencillos sin caer en la simpleza o el lugar común, prueba de ello el siguiente poema inédito: una declaración abierta en donde el poeta va asediando la figura de su deseo con un tono viril pero elegante, con la humildad de quien desea y no encuentra cómo expresarse sino a través de su deseo:


Por tentaciones como tú, 

hay pecadores como yo.


Este amor que fue 

temperatura ardiente,


agua, aire, tierra, fuego

y su fuerza centrífuga.


Mañana será 

testimonio fiel 

de nuestro pasado.


El deseo de escribir 

una obra genial,

un éxito resonante, 

ilumina tu rostro pensativo.


Se necesita un alma inocente,

un corazón puro,

para conservar esa mirada 

de ardor enceguecedor;


y un sentimiento sincero, 

un fuego de permanencia 

para conquistarla.


Si no tienes nada mejor que hacer:


Enamórate de un poeta.

Enamórate de mí.


 Manuel García/Max Bembo

sábado, 4 de julio de 2026

El rugido de la tierra (II) | Antología post sísmica venezolana

Ante la pérdida no hay consuelo, sólo el dolor. Se acepta el dolor y la realidad poco a poco va apareciendo, poco a poco.

Alejandro Jodorowsky


En estos tiempos turbulentos se fermenta buen material para la creación. A donde mires algo está pasando y eso, aunque parezca malo, al final es savia elemental para el creador. Estamos viviendo tiempos venturosos...

Marcos Veroes Vegas


Escribir levanta los escombros del olvido. Escribir mantiene viva la memoria.

Skarlet Boguier


***


Los días han transcurrido desde aquella tarde de junio de 2026 que fracturó nuestra geografía, pero el eco de los 80 segundos que transformaron a Venezuela sigue resonando. Si la primera edición de esta antología nació como un refugio de urgencia frente al caos inmediato, esta segunda entrega se levanta como un testimonio de permanencia: la prueba irrefutable de que las cicatrices, lejos de olvidarse, se transforman en memoria viva.

En esta edición se profundizan las voces originales y se suman nuevos textos, crónicas y poemas que ya no sólo miran el impacto del colapso, sino el milagro de la reconstrucción y el arraigo indomable de quienes levantaron los escombros. Con una mirada más reposada pero igual de conmovida, estos textos registran la maduración de nuestro duelo colectivo y el triunfo de la solidaridad sobre el olvido.

Cuando la tierra calla, queda la palabra; pero cuando el tiempo avanza, la palabra se convierte en historia. El rugido de la tierra sigue siendo ese puente necesario hacia el encuentro y la sanación de un país que se niega a la amnesia. Estas palabras son la certeza de que, aunque el suelo falle bajo nuestros pies, la memoria y el abrazo fraterno de los venezolanos siguen siendo nuestro cimiento más inquebrantable.


Rafael Ortega


Corrección de textos: Manuel Cabesa 


Foto: Donaldo Barros Velásquez

***


7


Siete días con el alma suspendida,

siete noches de mirar al suelo,

reclamándole a la tierra la vida

que nos arrancó de golpe, sin consuelo.


No hay resignación en este llanto,

lo que hay en el pecho es pura furia,

un coraje sordo que duele 

ante la muerte, el lodo y la penuria.


Dos mil nombres que se volvieron viento,

dos mil historias que el polvo sepultó,

no hay rezo que calme este tormento

ni olvido para el día en que todo tembló.


La tierra ruge, pero el pueblo grita,

con las manos rotas de tanto escarbar,

esta tristeza, es la fuerza que nos habita

la que entre las ruinas nos va a levantar.


Gersilmar Araujo


***

Título: Señal carmín (2026)

Autor: Leonardo Blanco



Acto de miedo II


Fue descomunal e inaudito 

San Juan Bautista lloró 

no hubo fiesta, nadie bailó, 

el tambor quedó sordo,

el mar se alejó, 

las casitas de colores 

cayeron hechas terrón.


Arriba en el cerro El Cristo 

Redentor se fracturó 

y en sus pies 

su cabeza cayó.

Alguien movió el dial de la tierra, 

el reloj se congeló.


La tierra enfurecida tembló.

Dos golpes bastaron 

para que brotara

un monstruo invisible 

que se comía 

el concreto y el cristal.


Ella desesperada tomó 

mi mano y me abrazó, 

en una sola voz 

hicimos oraciones

al padre nuestro 

para la protección de los hijos.


Una herida se nos hizo, 

en las costillas, 

por donde el miedo se derramó 

  

Un nudo ciego se apoderó 

de la maqueta del mundo 

sufrió mucho junto 

a los que partieron 

y sobrevivieron.


Ahora vamos camino 

a bajar nuestro destino, 

que de una rama aún cuelga, 

buscaremos un rato 

de luz que nos guíe 

adonde tiene origen el arcoiris.


Una señal viste de carmín 

la infinitud del firmamento

ya no me preocupó más,

siempre habrá alguien 

que despeje las interrogantes.



César Blanco


***


Dos zamuros meditan bajo la lluvia

el apamate es su asiento chamánico 

desde allí contemplan el precipicio

que hace tres días fue grito 


Dos veces se estremeció la tierra

y sus hijos se agitaron con ella

en un solo llanto

lleno de réplicas 


Tres días duró el apamate

sin recibir visitas 

al tercer día

resucitaron las aves de su luto

refugio secreto donde escuchan

las entrañas del suelo

tres días 

dos zamuros

una sola grieta


Skarlet Boguier


***


La timidez de los árboles


Nacieron en el mismo baldío, uno frente al otro y fueron creciendo paulatinamente como extraños. Apenas si notaban que llevaban un ritmo de vida parecido; concentrados cada uno en lo suyo dejaban pasar los días mirando a su alrededor y el allende: pero no se veían entre sí. Eran indiferentes porque eran parecidos y se preguntaban ¿para qué necesito alguien parecido a mí? Necesito de las aves y sus trinos, del viento que bate mis hojas, de la lluvia que humedece mi raíz, pero no de otro como yo. Y en silencio sus troncos se ensanchaban y se volvían robustos, pero ellos no intercambiaban ninguna impresión al respecto.

Llegaron con el tiempo a rodearse de frágiles casas hechas con cualquier material y personas de distintas edades; y allí donde antes era un baldío ahora se escuchaban voces humanas, risas de niños, el paso aletargado de los ancianos y el llanto de los amantes nocturnos. Cada uno tenía su propia opinión de lo que acontecía pero no la compartía con su semejante. Eran dos árboles tímidos, sentían pena de haber envejecido sin conocer otra atmósfera que la del humilde baldío, ahora habitado, donde habían crecido hasta volverse fuertes y frondosos. 

Pero cierta tarde sucedió un terrible temblor y sus ramas batieron con un furor enloquecido; las gentes salían de sus casas que se venían abajo como castillos de naipes en medio de gritos y desesperación.

Los dos árboles quedaron solos a la intemperie como cuando nacieron. No sintieron miedo, sin embargo, porque cada uno sabía que el otro estaba allí. Y aunque nunca habían intercambiado palabras se tenían. De pronto un golpe de viento hizo que sus ramas se cruzaran, se rozaron por primera vez en toda su vida... Había faltado aquel roce para darse cuenta que habían estado siempre juntos sin saber cómo o para qué. Mirando lejos hacia el paisaje, cuando el paisaje de sus miradas nunca había sido pintado por mano alguna. 

El sismo pasó y ellos quedaron allí, un poco resquebrajados, mirándose en silencio, tímidamente, como si fuera la primera vez. Las gentes fueron llevadas hacia los albergues, y ellos los miraron partir dejando los escombros atrás; habían quedado solos como cuando nacieron, pero ahora se tenían mutuamente: dos tímidos árboles hermanados en la soledad del mundo. 


Manuel Cabesa


***


La asfixia es tenebrosa

al abrir descomunalmente 

el suelo su boca


Somos el eco del cosmos 

en la lengua del globo terráqueo 


Los cuerpos atrapados en él 

no logran sostener la vida 

y el desespero rechina 

cuando se presenta 

la condena infinita 

de toda la tierra 


La vida insiste en salir 

entre las grietas

mientras lo edificado 

por las manos del hombre 

se vuelve polvo 

escombro y ceniza 


Se clama a Dios

con Mayúscula 

y el cielo remotamente 

guarda silencio 


Sentimos el rugido 

de un no sé qué 

de un bombardeo geográfico 


Todo se calla

no hay piedad alguna 

ni milagro de origen 

y el susto se presenta sin filtros 


El horror no es un suceso aislado

se torna en ciclo indetenible

y el universo mientras tanto 

nos muestra su indiferencia 


Guillermo Cadrazco


***


1.


Los ojos de la tarde

lloran inconsolables

las heridas de la tierra


2.


El silencio de los pájaros 

sobrevuela todos los días 

el dolor de los escombros



Elí Caicedo


***



Fragmentos de diario


1.


Sueño con mis muertos 

miran a la nada y nada dicen 

los otros quieren 

volverlos al mundo prosa

cada palabra 

es un bloque que los hunde


2.


Las palabras se contraen 

y aparece Dios desnudo 

le pasan una toallita húmeda 

por su divinidad 

nadie le reconoce 

nadie le pide milagros 


3.


Un mundo de palabra 

para el resto del silencio.


Raquel Camacho


***


Día 9


Afuera y adentro es lo mismo: Dios sea entre nosotros. Hemos visto rescatar personas, hemos enterrado gente querida, hemos sido impulsivos y pacientes, solidarios y egoístas, brutales e inteligentes pero estamos juntos y en todas partes. Hemos logrado unirnos en una misión: la vida de los afectados.

Lidiamos entre la verdad y la mentira, entre la miseria humana y la inteligencia, entre nuestras convicciones y las ajenas. Está dicotomia nos hace un poco difícil centrarnos en lo obvio: la vida y la muerte.

Quienes estamos aquí, miramos de cerca. Quienes están afuera, también sufren mirando. No podemos seguir profundizando a través de las brechas emocionales. Bastantes pensadores han dicho y estudiado (Kurt Lewin y Goebbels ) que las emociones colectivas son un caldo de cultivo para desenfocarnos de lo esencial: la esperanza.


Hermanos de aquí y de allá:


Cualquiera que sea tu convicción la verdad es que estamos de tránsito por esta vida. Colabora haciendo el bien. No caigamos en provocaciones. Bastante daño hemos sufrido en lo colectivo con el odio que separa, con el egoísmo y las mentiras.

Estamos aquí para ser útiles. Qué Dios, la energía divina, los Orishas, Buda, aquello dónde pongas tu fé, te de paz. Y si no crees en nada, que en tu corazón vibre el amor y respeto por los sufrientes. Son ellos quienes nos necesitan...


Ingrid Chicote


***


80 segundos bastaron...

 

Ocho días de duelo profundo… que surgieron luego de apenas 80 segundos de un estremecimiento que no sólo movió la tierra, sino que fracturó los corazones de los venezolanos para dejar salir de ellos la represión de valores sepultados en el alma.

Rugió el alma en apenas 80 segundos y fluyen sentimientos de dolor, angustia, tristeza y hasta rabia, sentires que hoy nos llevan a abrazarnos desde las entrañas y nos convertimos en un solo ser, que vibra en sintonía perfecta.

 80 segundos que nos permitieron hoy volver a nuestra esencia: la solidaridad, el amor por lo nuestro y la firmeza de lo que queremos y la certeza de saber hacia dónde vamos, luego de este rudo sacudón terrenal que estremeció el espíritu.

Con esa misma fuerza de 80 segundos, o quizás más intenso, violento, enérgico e impetuoso se moverán los palpitantes corazones de los venezolanos para resurgir de los escombros … que desde ahora son la base de un futuro prominente para las generaciones que están saliendo y creciendo en un nuevo aire para Venezuela.



Yajaira Díaz, periodista


***



Techo intacto, alma rota


Ninguna teja de mi techo cayó,

ninguna herida abierta 

está en mi piel,

y sin embargo, 

estoy rota de alivio.

Estoy herida de saber 

que estamos a salvo.


Miro mis manos 

y están intactas.

Miro mis paredes 

y sostienen mi hogar.

Pero dentro de mí, 

el miedo se ha quedado trabado,

como un gatillo que teme 

el próximo movimiento,

reteniendo un nudo 

de lágrimas que no se desata.


¿Cómo se llora la casa ajena 

sin que parezca un exceso?

¿Cómo se administra 

la incertidumbre 

en este valle que parece 

estar a punto de crujir?


Es una tristeza 

que no hace ruido 

para no molestar,

es un miedo que camina 

de puntillas por la sala

para no alterar la frágil 

calma de los que amo.


Mido los daños 

con la vara de la ternura.

Sana la tierra, sana la casa,

con paciencia de artesana,

trato de dibujar 

los bordes de nuestro mundo,

haciendo de mi propia calma 

el suelo firme 

donde todos caminan.


Catherine Fagúndez


***


Foto: Patrizia Ulloa


Pequeña elegía para La Guaira


Si la madrugada desarropa y los grillos la acuchillan

es la distancia que alberga la sobrevivencia

¿cómo se puede continuar?

Escribiendo sobre la frente cada noche 

como un mantra de otro tiempo que viene a decirnos algo que olvidamos:

Del parto al sepulcro

la vida conmueve en su multiplicación del gesto humano.

Ahora 

digamos las palabras que sostienen el duelo

porque el cordón que une vida y muerte

se puede plantar en la tierra removida

y vaticinar:

Escombro es el nombre de la ciudad más bella

aquella alegría persistente como tambor de santo

hijos y amantes se entrelazan con el polvo

bajo la respiración y la lluvia de quienes rescatan.

Los cuerpos no dejarán de florecer

porque la ciudad que abraza la curva del Caribe

seguirá rezando por cada uno

en su repique y en su llanto

           en la próxima cría que nacerá 

            y gritará de vida

recordando al cielo y a la tierra

nuestra pequeña y hermosa humanidad.



Giordana García Sojo


***


Cómo llamarte al día siguiente 

cuando esto haya pasado

nuestra tarde deja encinta 

esta naturaleza muerta

el viento la ha olvidado

de esa tierra, una cruel cesárea

cercena la canción de vida 

ya no arde en sus manos

de sus colmenas aplastadas

el concreto desprende 

la luz de las almas

frente al mar Caribe 

un pueblo silenciado 

gesta en una grieta 

una nueva costra del mundo

La carne muerta

de una fruta acribillada de sol.



Jorge García


***


Al día siguiente


Ayer, cuando todo vibraba,

muchos descubrieron 

que estaban desnudos,

no de ropa, sino de principios

y valores donde resguardarse.


Caer así no es romperse

sino multiplicarse en el reflejo.


El sismo sólo fue el espejo:

de lo que el soborno y el descaro

intentaban hacer invisible


No fue un castigo del cielo,

fue la corteza terrestre 

que ya no soporta

el peso muerto 

de nuestra indiferencia.


Se agrietan las paredes de concreto,

pero ya veníamos rotos por dentro.


Revisamos con manos temblorosas

las alertas del teléfono

buscando culpables


Pero la verdadera alarma

suena hace años 

en las aulas desiertas,

en los hogares donde

el ejemplo se extinguió.

porque nos acostumbramos a vivir 

con la ética invertida.


Por eso ayer, el día de San Juan,

la tierra tembló,

intentando despertar 

a una juventud desorientada

por la risa de una conciencia 

que no aprende a madurar.


Toca barrer los escombros

infancias desgarradas 

en el altar del libertinaje.


Menos cinismo y más mirada limpia.

para enderezar la columna vertebral 

de esta sociedad

que parpadea al compás 

de un vals dormido.


Ojalá no olvidemos el temblor

cuando regresemos 

a los viejos hábitos 

de la ventaja y el engaño.


Manuel García (Max Bembo)


***


Job recorre las calles de La Guaira.

Con el cuerpo herido

se desliza entre escombros.

Había superado una vaguada,

el maltrato de un exilio

y una pandemia.

Job busca con desespero a su familia. 

Sólo Dios sabe el amor que siente por su hijo.



Nesfran González


***


Tembló y el pueblo dio la cara


Si algo nos ha dejado como constancia los trágicos sucesos provocados por el terremoto del 24 de junio es que la opinión pública ha sido dictada, orientada y gestionada por el pueblo.

Atrás parecen haber quedado los tiempos en que los grandes medios de comunicación social, o las cadenas oficiales del Gobierno surtían algún impactado decisivo en la orientación y toma de decisiones de la población. El doble terremoto detonó un arma temida por cualquier poder, y es la capacidad del pueblo de hacer sentir su voz, de dirigir la opinión pública y, al mismo tiempo, de reclamar justicia. 

El poder constituido, económico y político, quedó rebasado por el corazón y la voluntad de un pueblo que, con organización o sin ella, no titubeó en establecer prioridades "¡HAY VIDA!", "¡SOMOS SERES HUMANOS!" "Necesitamos palas y mandarrias, no metralletas!". Y por primera vez, el país y el mundo entero, conoció de qué esta hecho el alma de este pequeño y hermoso territorio que llamamos Venezuela. 

No hizo falta que ningún teórico, científico, filósofo, filántropo, humanista, de izquierda o de derecha, nos explicara qué estaba sucediendo. Esta vez el pueblo se convirtió en rescatista, comunicador, policía, altruista, defensor de los derechos humanos, esos que los países dizque desarrollados proclaman. El pueblo, para unos y la historia, un subgénero de la humanidad, que muchos ven como una cifra, que muchos nombran pero sin verle el rostro, esta vez se plantó ante el mundo, ante el país, ante el poder y los sacudió a todos, barrió con todos los manuales de emergencia de desastres y con cualquier estrategia politiquera de costumbre.

"Yo también tuve mi primer rescate", mencionó un experimentado rescatista extranjero, halagando la gestión que han logrado los brazos de hombres y mujeres venezolanos que se entregaron desinteresadamente a salvar a sus familiares y vecinos.

No hay un esfuerzo menor o mayor para quienes decidieron remover escombros en busca de vida, ni para quienes decidieron comunicar la verdad de lo que estaban viviendo, no las medias verdades, no la verdad con intereses, no la verdad con risa cínica, sino la verdad así, a secas, guste o no, la verdad de frente y mirando a los ojos.

Hoy me siento como nunca venezolano, orgulloso de pertenecer a esas miles de voces que claman justicia, que rogan por ayuda, y que, a pesar de estar extenuados, no descansan ni de día ni de noche, porque un aliento de esperanza bajo los escombros, vale el sacrificio.

Octavio Paz, el poeta mexicano, escribió estos nobles versos que bien nos invito a reflexionar:


Pelear por la vida de los vivos,

dar la vida a los vivos, a la vida,

y enterrar a los muertos

y olvidarlos como la tierra

los olvida: en frutos.


Y en frutos los olvidaremos, dentro de cada uno de nosotros, siendo parte de nuestro fuero interno, daremos cada paso y cada gesto junto a ellos, por siempre.


Miguel Guédez


***


Desde este otro horizonte 


miro rugir la lejanía

desde este punto 

desde esta ventana cerrada

convulsiona la tierra

se mueve el párpado tectónico

la luz que se apronta 

a cobrar sus cuentas.


Mi ojo,

los ojos ajenos

transitan entre el polvo

la ceguera el ahogo

las costillas rotas de los ángeles

y un miedo que se inserta 

en el aire.


Una voz

debajo de mi voz


Un grito, 

el eco del tiempo en 38 segundos 

arbitrados por la angustia.


Aquí donde estoy llueve

veo el desastre a través 

de esta ventana iluminada, 

estas noticias que roen el espíritu

y recorren la carne aporreada

la mía ausente adolorida.


La tierra se arrastra como un lagarto

se conmueve también ruge

muerde como un perro rabioso

y sus dientes rompen paredes

esperanzas

y el miedo el miedo el miedo

y un brazo que emerge del trastorno telúrico.


Aparece el abismo, 

el que nos ve

de aquel poema 

que no dejamos de decir.


Ahora tiemblan nuestras carnes

el corazón de mi barro se detiene

vuelvo hecho estragos

como la tierra misma 

como la grieta 

que atraviesa los huesos

y sigue su camino.


Desde aquí

desde mis tantas muertes,

broto como árbol vivo

sonoro para seguir 

sembrado en la tierra.

La misma que hace poco 

alborotó el silencio.


Ahora nos queda 

esperar la otra tierra.


Alberto Hernández

Arauca, Colombia, 2 de julio del 2026


***


Cuando aquí


Cuando aquí, 

en cien años, 

crezcan flores 

y recuerdos 


Cuando el mar 

regrese a los muertos 

por las tardes, 

como a peces.


Y el polvo 

sea un lodo doloroso.


Alguien pasará 

por aquí y preguntará,

sin escuchar 

los gritos de los muertos,


¿Cómo vine a parar 

a estos lugares tristes 

donde mi alma 

se escurre entre las piedras?


Juan Francisco Lara



***


La pantalla dio aviso y sin embargo lo incomprensible se abrazó al algoritmo. 

Una campanilla delgada tuvo el poder de poner mi equilibrio a jugar entre tres y dos. 

Unos santos del pequeño altar levantado por las manos de mi madre van a dar al piso en medio de un intento fallido de permanecer solemnes. 

Mis piernas endebles y embobadas recordaban un video clip de Jamiroquai. Virtual insanity empieza a sonar en mi mente, mientras la habitación de mi madre vuelve a ser un útero sacudido por lo raro de esa tarde. 

Un rato después, me costó desatar los nudos que el miedo hizo en las manos de quien siento ahora es la parida. Tullida, asustada, niñita desvalida, nudes de cuerpo abandonado, un llanto que no termina de ser y los gritos en la calle como banda sonora del horror.

Nunca antes. Nunca tan fuerte. Nunca tan largo. 

Después, un eco de inmenso llanto recorre una geografía que no se acostumbra a tanto golpe y porrazo.

No hago preguntas. 

No tengo respuestas. 

Sólo este momento en que la palabra vuelve a ser guía y esperanza. 

El luto se hace inevitable. 

El silencio es la mejor canción. 


César León 


***


Dolor es una palabra queriendo pasar con la mirada, la tierra. Sin saber a quién preguntar... hoy quisiera escribir por los caídos en Venezuela, pero no... mi tinta llora cuando me encontré en el reloj de las seis de la tarde de aquel fatídico día, recogiendo flores para ellos.


Virgilio León


***


No quiero despertar a los titanes


Los titanes yacen 

en tumbas faraónicas,

cubiertos de nublada conciencia. 


Hijos de la furia y la blasfemia,

sus voces retumban,

agrietan la calma.


Sólo un grito, 

un grito inmanente de urgencia,

resquebraja los cascarones 

vacíos de humanidad.



Laura Luque

***


Y no queda más remedio que irse


I


He mirado castillos y palacios caer,

millares de ciudadanos del reino,

bajo los escombros van a lo eterno,

nobleza no morirá sino trascender.


II


Bajo esas piedras y cadáveres,

bañados de aquel rojo carmesí,

mucho oro y plata yo conseguí,

que poco valdrán para los ángeles.


III


¡Qué ironía de esta cruel vida!

Tanta fortuna uno puede hacer,

pero el oro ha de despedirse.


IV


Al final tanta triste despedida,

Las morocotas se pueden deshacer,

y no queda más remedio que irse.


Jesús Rafael Marcano Guzmán


***


Llevo días tratando de escribir algo y no sé por dónde comenzar, surgen ideas vagas que revolotean en mi cabeza, nada concreto. Sin embargo siento la necesidad de plasmar lo que pienso en medio de esta incertidumbre. 

Aparecen como destellos fugaces que no logro precisar, hay un caos que me impide seguir el hilo de lo que asoma. Me encuentro aturdida, con un no sé qué, que no logro definir.

Después de lo ocurrido tras una tragedia de gran magnitud hay una sensación a nivel individual y colectivo que se percibe en el ambiente.

Algunos especialistas afirman que es normal por la magnitud de lo ocurrido. Se escuchan informaciones de todo tipo que alteran la siquis por las expectativas que se generan, aunque no me encuentro en el lugar de los acontecimientos ni tengo familiares involucrados y evito ver información alarmante, no deja de afectarme.

Converso con personas y todas refieren sentir lo mismo. Pareciera que hubiese una sombra que nos arropa y no nos deja respirar.

Nada es predecible en este mundo de formas, nos creemos superiores y actuamos como si tuviéramos el control de todo y ante cualquier evento que se presenta nos damos cuenta lo vulnerable que somos.

Hay un quiebre y desconocemos la profundidad, ante tanta incertidumbre debemos respirar para no colapsar y si nos sentimos relajados prestar la ayuda a quien lo requiere. 

Después de la tormenta aparece la calma, se regulan las emociones y podemos apreciar lo que tal evento nos viene a mostrar. Nada ocurre por casualidad sino que es el resultado de las acciones que hemos provocado de manera consciente o inconsciente. 


Liris Miyares


***


‎en la cornisa del alma

‎un lamento

‎la raíz de sangre

‎se niega a despegarse de su tierra 

‎el sueño se hace leve, imposible, fugaz

‎el recuerdo aparece

‎tapiado de escombros y gritos 

‎en un abrazo de extraña ternura

‎tras dos sacudidas inesperadas

‎la sonrisa aflora

‎escudo grandioso ante el dolor

‎alegría de luceros asomando en alborada

‎la raíz 

‎se hunde más en la corteza

‎en la savia vital de su linaje 

‎respira

‎la vida

‎amalgama de sudores y caminos

‎resurge 

‎Ninfa Monasterios Guevara 

La poeta descalza




***


El despertar


Escucho el lamento 

en la lluvia que no cesa,

como si el cielo llorara también.

Siento el dolor en la mirada 

de aquel que vive, 

pero por dentro 

ya no siente nada.


Los escombros no pesan tanto 

como la esperanza 

de quien busca una señal.

El cansancio no tiene lugar, 

rendirse ha perdido 

todo significado.


«¡Hay alguien aquí con vida!»


Resuena como un canto

lleno de amargo y dulzor, 

una consigna 

que espera respuesta.


Y desde el silencio, 

las voces responden:

«¡Aquí estamos!»


No hay tiempo para el llanto.

Nos hemos despojado de todo,

incluso del dolor propio, 

solo por conseguir 

a uno más con vida.


El padre que lo perdió todo 

y sigue cavando 

para salvar a otros, 

la abuela que, 

recién rescatada, 

prepara arepas 

para los necesitados, 

la niña que con su sonrisa 

conmovió al mundo.


La tierra tembló 

y Dios la detuvo.

La tierra tembló 

y el pueblo despertó,

una vez más, 

con más fuerza, 

con más voluntad.


Somos el escombro del pasado,

hemos resucitado 

para salvar vidas.

La esperanza es un soplo, 

resiliencia es resistencia: 

es gritar fuerte 

y decirle no a la muerte.


La tierra tembló,

y cambió el domicilio de miles 

que ahora, desde las estrellas, 

nos contemplan.


Rebeca Morales Vitas 


***


No siempre la casa estará allí/ no siempre el sonido del río es el mismo/ ni el sabor de las caricias/ el ímpetu de juventud se va desvaneciendo/suena todo a nube gris/ sí podrá parecerlo/ pero es realidad/ y se acepta/ duele sí duele/ pero seguimos/ de la mejor manera/ de la que cada quien pueda/ asumo debilidades/ y a la vez me aplaudo/ lo que está a mis ojos me enternece o me hiere/ dos caras de la moneda de los días/ de algo estoy segura/ continuaré erguida frente a los veloces vientos del destino


Susana Potente

Menorca, 30 de junio de 2026


***


Los que se fueron

visten blancas túnicas 

Van más allá del ocaso

a reunirse con el Padre


No sabían 

que tenían que irse por la tarde 

sin despedirse

y dejarnos 

con la mirada perdida 

en el horizonte 


 Isabel Rivas


***


¡¡¡Aquí estoy!!!


Sin salir de casa, paralizada, en completo silencio, profunda reflexión, escuchando mi dolor y viviendo mi tristeza.

Mi familia y conocidos saben que estoy bien, sin lesiones físicas y mis grietas emocionales ruedan por el rostro sin reproches ni consuelos.

Busco respuestas que nadie contesta, mi fe camina de la mano de Dios, pido perdón por pecados propios y ajenos, piedad por el sufrimiento individual y colectivo.

Hago inventario de tantas pruebas y errores, luchas, victorias y derrotas, raspones en la piel, raspaduras de rodillas; mis ojos agradecen al cielo este nuevo día para entender y aceptar lo sucedido.

Pido misericordia por los que sufren carencias inesperadas, niños que dejan de serlo, aplastados por una realidad inexplicable, ancianos sin apoyo ni abrazos, madres desgarradas y padres desesperados, personas con dolor tatuado de impotencia, todo perdido en cuestiones de segundos.

Mi corazón late a la par de mi conciencia, sentada en la acera evocando lo vivido: tembló la tierra, llora mi país, se agrieta mi espíritu, se fortalece mi alma.

Estoy en calma por fuera, rota por dentro, lágrimas rocían mi cansancio, vulnerable, quebrada, llena de miedos y vacía de quietud.

Mi voz se hace eco del dolor y la esperanza tomados de la mano, en la crudeza desnuda del presente y la fe de este pueblo que resiste sus derrotas y tardanzas.

Comparto mi sentir aquí y ahora, con mis raíces rotas adheridas al mañana incierto y breve, mi gentilicio cargado de caridad y añoranza.

Trato de gritar sin mover mis cuerdas vocales, escucho noticias sin abrir mis ojos que lloran despacito y oran sin descanso.

Mis manos se deshacen bordando este momento en mi memoria, mis palabras se quiebran con el eco de ambulancias, rescatistas y doctores, con manos anónimas y humildes, unidas por el amor al segundo mandamiento del creador del universo.

Mi pueblo sigue con ganas de vivir y no morir en el intento... porque en este concierto de ayes, hasta el dolor sabe cómo somos los vencedores del temblor que nos embarga...


Elizabeth Romero V.


***


1.


Un rugido sordo nació del suelo.

Arriba, las láminas del techo cantaron su pánico de hierro.

De pronto, fuimos hojas desprendidas en la tormenta,

balanceándonos sin rumbo,

suspendidos en un suelo que olvidó cómo sostenernos.


2.


Crujió la madera, tembló el cemento.

La gravedad se volvió un hilo delgado

y nos mecimos en el aire como ramas frágiles.

El mundo entero balanceándose

en el párpado de un segundo que pareció eterno.


3.


La tierra firme se hizo oleaje.

Crujieron los techos con rabia sorda

y nos despojaron de la fijeza:

caíamos hacia los lados, leves, flotantes,

como hojas que el viento arranca sin pedir permiso.


María Fernanda Romero (Sophia)


***


¡Malvado terremoto!


La tierra se abrió 

como un libro de sombras,

un rugido seco, 

un doble latido 

que fracturó el silencio

y convirtió la arquitectura 

de los sueños en escombros.


Venezuela, hoy tu nombre 

sabe a polvo y a sal,

a llanto contenido en el hueco,

bajo escombros,

unas manos que buscan, 

entre los restos de un edificio,

la señal de una vida 

que se resiste a apagarse.


Hay ausencias 

que pesan más que el concreto,

nombres que ahora son ecos 

bajo las ruinas,

y una tristeza que se filtra 

por las grietas del alma,

como el agua que busca salida 

en la montaña herida, 

mira cómo se levanta la esperanza:

son manos desconocidas 

que se vuelven una sola

cadena humana, 

desafiando el miedo,

rescatistas que ignoran el cansancio

y el abrazo del vecino que, 

aunque lo perdió todo,

todavía encuentra fuerzas 

para ofrecer un poco de luz.


Es el pueblo que resiste,

que se sacude el polvo 

de los ojos para seguir buscando,

que llora sus muertos en voz alta

mientras sostiene, 

con una entereza que asombra,

el hilo invisible de la vida 

que aún les queda.


Que el dolor nos una, 

que la fe nos guíe,

que el amor sea faro 

en la noche oscura.

Venezuela resiste, 

su espíritu no muere 

y en cada corazón 

renace la ternura 


Esta tierra no solo tiembla 

por la falla geológica,

tiembla también 

por la fuerza de su gente,

por la dignidad 

que sobrevive al desastre,

porque incluso 

en la noche más cerrada,

la solidaridad es el único mapa 

que nos queda para volver a casa, 

con la tristeza y el dolor a cuesta, 

pero con la fortaleza 

de seguir venciendo 

y construyendo un futuro mejor...


Efrén Ruiz

Desde la Mesa de Guanipa, edo. Anzoátegui, Venezuela 


***

Foto: Donaldo Barros Velásquez


"¡Ayer no viniste! ¡Qué bueno verte otra vez!"


En el número 11 del Paseo Marqués de Zafra hoy no hay barullo. A las venezolanas del barrio nadie les gana en risas. Pero ahora, justo ahora, están apagadas. Les han bajado el volumen de golpe. «¿Cómo está tu familia?». «¿Están bien los tuyos?», preguntan los clientes. También los que se asoman al local solo para interesarse por ellas. A Luisa, a Mayerlin y a Jennifer no hay quien les borre la arruga del entrecejo. Tienen la cabeza en San Bernardino, donde se desplomó el edificio de una; en Los Corales, de donde es la suegra de una, o en Maracay, adonde mandaron a la familia de la otra después del desalojo. Como ellas, cientos y miles de ciudadanos de la diáspora lucen una grieta en el semblante. Vivan en Madrid, Málaga, Barcelona, París, Londres o en Berlín, comparten el mismo gesto: la mirada se les queda pegada a la pantalla del móvil.

A los venezolanos se les cayó el mundo, dentro y fuera de Venezuela. Acostumbrados a la demolición, este terremoto los sorprende con la mano en el corazón. A los que están dentro -reporteando, llevando agua y comida o tan solo sobreviviendo- la vida los agarra por la pechera y les recuerda qué aspecto tiene el mundo cuando se pone del revés. Sus vidas se nos aparecen en conversaciones, los grupos de Whastapp y las peticiones de ayuda. La reportera Goizeder Azúa no se ha movido de Barajas, desde donde sigue el minuto a minuto de quienes intentan ir a ayudar. En la Terminal 4 entrevistó a un padre venezolano que intentaba viajar de urgencia a Venezuela tras enterarse de que su hijo había quedado atrapado bajo los escombros del terremoto. El hombre relató que llevaba horas intentando conseguir un asiento en un vuelo. Como él, decenas de personas se organizan, pegan carteles con la dirección de centros de acopio o intentan ser útiles, aunque no tengan ni idea cómo.

En Venezuela, de Catia La Mar hacia adentro, quedan a la vista las grietas de la casa grande. El futbolista argentino Lucas Trejo, del Sport Marítimo La Guaira, pasó 74 horas removiendo escombros con sus propias manos con la esperanza de encontrar con vida a su esposa, Yanina Maranella, y a sus hijos, Aarón y Ainhoa; finalmente, los tres fueron recuperados sin vida. Mabel Hernández permanece frente al edificio donde quedaron sepultados su hermano, su cuñada, sus dos sobrinos y sus padres, mientras denuncia la falta de maquinaria para acelerar las labores de rescate y observa cómo vecinos y familiares excavan con las manos. En la pantalla del móvil, también en los informativos, un padre remueve escombros con el peluche favorito de su hijo fallecido. En el conjunto residencial Oppe33, en La Guaira, otros familiares permanecen día y noche. El tiempo corre en dirección contraria a la vida y hay quienes intentan sacarle ventaja para ganarle unos pasos a la muerte. Desde que ocurrieron los terremotos, todos los días un joven acude a un refugio en La Guaira para repartir zumos a los niños afectados. Cuando regresó en su siguiente visita, varios pequeños corrieron hacia él y uno le dijo emocionado: «¡Ayer no viniste! ¡Qué bueno verte otra vez!». La vida parece normal cuando la gente sonríe. De momento a esos más de quinientos niños que se han quedado sin padres ni madres les urge un simulacro de alegría venga de donde venga y lo ofrezca quien lo ofrezca.


Karina Sainz Borgo

Fuente: ABC de Madrid (01/07/2026)


***



La noche cae


La noche cae y con ella, 

las angustias de oír 

gritos y gemidos ahogados 

tras toneladas de concreto.


La noche cae y con ella, 

el temor de ver llorar el cielo 

sobre los crujientes hierros.


La noche cae y con ella, 

los párpados cansados 

de no dormir... 

de tanto llorar.


La noche cae y con ella, 

la angustia de mi 

pueblo se hace eterna.


La noche cae, ¡Dios! 

pero que no caigan 

las esperanzas.


Emalida Viloria


***


Pájaros ruidosos

sobrevuelan los tejados

en aparente desorden

No alcanzas a descifrar

la ruta de ese viaje 

en una tarde que se despide 

con un estruendoso 

y estremecedor rugido 

que convierte en polvo

la existencia...  


Apareces

entre los escombros 

de un laberinto de ladrillos

y concreto fracturado...


Un silencio mortuorio

te acompaña en medio

de la triste soledad

de bloques rotos


Esperas...

Tu voz florecerá

entre las ruinas

porque ángeles sin alas

te encontrarán


Dilcia Zamora




Cinco poemas inéditos de Moraima Rodríguez

 

Título: En el cumaco (2026)

Autor: Milton Hernández González 


***


Todavía estás allí, calmada 

guardas a oscuras la pálida mortaja 

cual apamate sesgado hambriento 

de aquel líquido acuoso que sólo 

se siente allí en ese lugar 

donde la luz es perpetuo socorro 

con afán me persigues, ahogas 

en un denso silencio esos puntos 

oscuros, lisos por donde ha de pasar 

el crepúsculo olor del alcohol 

atrapado en esas túnicas blancas 

como mariposa olorosa a desierto 

busco en aquellos pies una casa 

desnuda, 

allí donde fijo mi cuerpo 

atrapado sin aire



***


A Orlando Chirinos, pájaro de trueno azul 


Esa puerta aún sigue cerrada 

intento caminar hacia ella 

algo me detiene 

será tu voz 

o tal vez el recuerdo de tu sonrisa 

ella subyace en esta incansable memoria 

que sólo habla de ti 

de tus libros, 

tu cuaderno de notas 

la novela inconclusa 

el reloj con los veinte minutos 

adelantados 

la taza de café 

el teléfono esperando 

ese repique que nunca llegó 

sólo tú detrás de esa puerta 

sin poder abrirla 

agónico susurras mi nombre 

inerte sigo delante de esta puerta 

sin poder regresar a esa 

insaciable memoria que apuñala

el aire a tres pasos de esta puerta 

plagada de una infinita soledad


***


Afortunadamente todo lo que ocurre, 

ocurre sólo en mi mente 

Juan Calzadilla 


Inmóvil estás allí 

dispuesta al encuentro 

con ese silencio ráfaga 

mutilante de horas sin respiro 

un cuerpo impúdico descansa 

busca ese aire 

como único amparo 

de esa desolación que impregna 

tus silencios desde que oíste

tu nombre por vez primera 

ella mira la caricia que tristemente 

le tapa su llanto 

ella deja que sus pies jueguen

con esa pequeña hendidura de luz 

que se cuela hasta llegar 

a sus piernas oscuras 

secas por un viento húmedo 

que la eleva con suavidad 

hasta llegar a la desmemoria 

de un cielo ensombrecido 

derrumbado 

a no ser nada


***


¿Quién dijo que tus pies no danzan 

con estas palabras que escribo 

desde esta agonía? 

ellos están aquí, llenos de silencios, 

desnudos como estos labios 

olorosos a canela y azahares, 

esperando ser vestidos 

bajo esta profunda y letal noche 

descanso a tu lado, 

despojada de esta soledad inerte 

te busco en el cuarto, está vacío 

el frío de tus manos ahoga 

ahoga 

desvive 

extravía sin dejar rastros 

la macabra noche 

que sin huella alguna 

me lleva al exilio de estar viva


***


Noviembre y su gris memoria


Olvidaré el aroma a flores secas 

prendido en aquel rincón 

donde yace una mesa con el pañito 

tejido por la madrina Carmen 

el rosario y sus letanías 

ruega por ella 

el libro de catecismo

y sus diez mandamientos 

la llama de la vela encendida 

junto al oloroso incienso a sándalo 

el novenario 

los misterios gloriosos 

dolorosos 

tu cuerpo inerte 

inundado de un penetrante olor 

corta el aire 

en cambio no olvidaré el aroma 

de la mata de ponsigué junto a la de mango 

Jobo la India, el tamarindo y su sombra 

en ellos guardaré 

tu sonrisa 

tus ojos vivos, agitados 

convertidos en mariposas


***

Moraima Rodríguez (1967-2025). Nació en Maracay, estado Aragua, aparte de cuentacuentos fue especialista en Castellano y Literatura UPEL-Maracay), magíster en Literatura Hispanoamericana (UPEL-Maracay), doctora en Patrimonio Cultural (Universidad Latinoamericana y del Caribe, sede Caracas). Poeta y narradora, obtuvo dos premios en Literatura: Primer Premio Nacional Mención Narrativa con el libro Ese país de soledad y Primer Premio Nacional Mejor Libro de Literatura Infantil y Juvenil año 2005, con el libro Palabras de sonrisas, vida y libertad, otorgado por el Centro Nacional del Libro. Fue coordinadora y organizadora del Festival Escolar de Títeres Claudio Castillo y del Encuentro de Niños y Niñas Escritores del estado Aragua, directora ejecutiva de la Revista Festival Escolar de Títeres. Partió hacia otro plano espiritual el 8 de septiembre de 2025.