Con el correr de los años la novela policial en latinoamerica dejó de ser un divertimento intelectual ("El jardín de los senderos que se bifurcan") o un pretexto para la parodia ("No disparen a la sirena") para convertirse en un género de amplio espectro cuya misión es la de presentar las crudas realidades que viven nuestros países: narcotráfico, corrupción de la justicia, desidia política, miseria social, etc.
Siguiendo el patrón de un género que ha mantenido sus reglas estructurales desde el principio, dos autores han traído sus propios personajes y les han insuflado vida suficiente como para convertirse en referentes dentro de nuestra narrativa: el cubano Leonardo Padura con el detective Mario Conde en una serie de novelas que ya casi superan la decena de libros y el nicaragüense Sergio Ramírez con Dolores Morales que por el momento ocupa el espacio de tres historias.
Conde y Morales tienen puntos en común: ambos fueron policias y una vez retirados se dedican a la investigación privada en países donde tal oficio puede resultar un poco extravagante.
A través de sus novelas Leonardo Padura nos hace crónica de la isla sumida en la depresión económica a partir del "período especial" y que todavía sufre los embates de un bloqueo sexagenario, con frecuentes viajes en la memoria a los años pre-revolucionarios y de comienzos de la revolución.
Por su parte, Ramírez usa sus libros como espejo de la situación que viven los nicas luego que el sandinismo y sus líderes se convirtieran en un régimen parecido al que ellos mismos lucharon por erradicar.
Inevitable una lectura política de ambos autores que escriben desde procesos que politizaron la vida de sus respectivos países y que como en "El siglo de las luces" de Alejo Carpentier sus novelas son el reflejo de cómo las revoluciones devoran a sus hijos.
"Ya nadie llora por mí" (Alfaguara, 2017) es la segunda novela del ciclo de ex-combatiente y ex-inspector Dolores Morales. En una trama de corte clásico un empresario contrata a Morales para encontrar a su hijastra posiblemente escapada del hogar ya que, como no se ha pedido rescate, descarta la posibilidad del secuestro.
Morales, detective de baja categoría, acompañado de una serie de personajes bastante particulares que incluye hasta el espíritu de uno que murió en la primera novela, inicia su trabajo y mientras avanza se va revelando que nada es lo que parece, que el poder económico y el poder político danzan a un mismo compás y que los marginales que alguna vez fueron héroes de una revolución viven en un submundo donde la miseria es el pan nuestro de cada día.
Toca a Morales tomar una decisión ética entre seguir sus pesquisas y encontrar a la chica aún a sabiendas del destino que le espera o intentar salvarla del mismo a pesar de su propia condena.
Como en toda buena novela los resultados no se hacen esperar y Morales termina siendo víctima de sus propias decisiones.
Lo que habría que destacar de "Ya nadie llora por mí" es que a pesar de su trama resulta una novela ágil y divertida: la comparsa que acompaña a Morales le da un colorido especial al relato ya que, además de sus experiencias, los personajes aportan sus manías bastante particulares cada uno, especialmente Lord Dixon, especie de fantasma y conciencia del detective cuyas opiniones e intervenciones suelen ser de lo más sorpresivas e hilarantes.
Por otro lado los coloquialismos del habla popular nicaragüense le brinda gran colorido y autenticidad a una historia que desde las primeras páginas mantiene al lector en vilo.
Sobre esto hay que apuntar, finalmente, que no es la primera vez que Sergio Ramírez se acerca al género: a finales de los 80 tuvo un primer contacto con "Castigo divino" en donde recrea un crimen real sucedido en los años 30 en el país centroamericano, pero entonces para el entramado de su relato, el autor recurrió a los mecanismos de la narración oblicua a través de informes y alegatos de tipo judicial; no así en esta nueva serie donde disfrutamos de una narración pura que por momentos nos recuerdan el estilo de Ross McDonald y su detective Lew Archer y por donde planea la sombra de otro entrañable autor: Manuel Vázquez Montalban y la serie Pepe Carvalho que en 1975 inauguró la novela criminal e nuestro idioma con su toque de crítica y crónica de la sociedad que le dio vida.
Sus amigos se alejaron con dificultad a través del barro y la lluvia. Condiciones desfavorables para la pesca. Miró la navaja que sostenía en la mano, luego las toscas letras recién esculpidas en la corteza del árbol.
A último momento se le ocurrió rodearlas con un corazón. De pronto, en medio del fragor de la tormenta, oyó su nombre. No hay tiempo para el corazón, alguien puede venir.
El aire se colmó con el olor a hierba y tierra mojada. La copiosa lluvia saturó la fronda del árbol, y las pesadas gotas se confundieron con sus lágrimas. Es tan distinta y tan parecida a todo. Cada rostro me recuerda el suyo. Cada nombre tiene algo de ella.
- ¿Qué haces? – lo sorprendió uno de sus amigos -. ¿Acaso no la dejaste partir?
- Yo la dejé ir, pero ella a mí no. Vamos.
Y allí, en ese lago olvidado por Dios y por la mayoría de los hombres, grabada en grotescos caracteres sobre la corteza de un árbol, quedó su felicidad resumida.
* * *
Al concluir la lectura, Manuel despidió a los asistentes al taller de poesía que, por alguna extraña razón, se congregaron en este cruce. Recogió sus cosas (incluyendo unas latas vacías de cerveza) y las guardó en la mochila.
Permaneció un rato más, intercambiando impresiones con algunos que se resistían a irse. Después, como aún tenía trabajo pendiente, propuso seguir la conversación en la oficina.
A cierta altura, 360 grados de campo visual podría considerarse una ventaja. En realidad, es una molestia permanente, y más si se está fijo en un sitio y la mayor parte del horizonte es concreto.
Constituye un alivio tremendo posar la atención de vez en cuando en algo tan placentero como el letargo de la lluvia o la voz de los poetas en medio del caos citadino.
Más tarde, Manuel y un par de muchachos pasaron por la acera de enfrente, tembleques, tropezando unos con otros, quizá borrachos de ordinario, o extáticos, embriagados por visiones angélicas, quién sabe.
Pero algo se llega a intuir, sobre todo si Manuel prometió mostrar a los muchachos un poema vivo y un ángel terreno.
En la ciudad, como en todas partes del mundo, existen accesos celestes, portales dimensionales que se abren en lugares inesperados, a menudo frecuentados por seres maravillosos. Sólo hay que permanecer atentos. Eso lo saben los poetas.
De esto ya hace mucho, sin embargo, jamás olvido el relato que leyó Manuel aquel día.
Hace poco se acercó a mí un muchacho, un arlequín de semáforo, talló un corazón y un par de nombres, uno femenino y otro masculino (lo sé por la intensidad del contacto y los trazos del vidrio). Desde entonces me siento más próximo a la historia. Ahora es la más hermosa de mis cicatrices.
Manuel casi ya no pasa por aquí, camina por la acera de enfrente, dónde está su oficina, no muy lejos, allá en un bar - insólita ubicación para una oficina, por cierto -, pero cuando lo hace, y si el viento está a mi favor, le dejo caer una hojita encima de un hombro, o en la calva. Es mi manera de saludarlo, aunque él no lo note.
En su libro sobre Gonçalo M. Tavares, Juan Martins dedica un capítulo a la lectura del poemario Livro da dança (2008), siendo el único texto del autor portugués escrito en versos que aquí se analiza.
Ve en él Martins, una fusión del cuerpo y la escritura: si la escritura se muestra a través de las palabras, el cuerpo escribe a través del baile; danza y escritura se funden en un sólo espacio donde cada uno es representación del otro.
Establecida esta coyuntura lo que atrapa mi atención son los fragmentos que Martins cita para ejemplificar sus especulaciones. Imagino que por respeto a la musicalidad de estos versos nuestro amigo los cita directamente en su idioma original.
He aquí el sentido de mi artículo hoy: no he podido evitar la tentación de recrearlos en nuestro idioma para mi vanidosa complacencia y deleite de los eventuales lectores, con mis disculpas a Tavares y a Martins por el atrevimiento:
(****)
Gonçalo M. Tavares: Livro da dança (2008, fragmentos)
Preludio
"Tomar y amar el cuerpo hasta diluirlo en el nuestro, ya que no tenemos del otro su cuerpo, sino la sensación de él. Y hacia esa sensación se accede a través de la palabra escrita: el poema".
Juan Martins: Gonçalo M. Tavares: el secreto de su alfabeto (Ediciones Estival, 2019).
El mismo Dios tiene dentro de él un dios profundo.
(**)
Aparición
Aparición
El cuerpo del FANTASMA se esconde y después aparece
Planear, pues, la aparición
planear al fantasma.
(**)
De cualquier modo
De cualquier modo la danza es imaginar música.
Producida
por el cuerpo para ser entendida de manera calmada por los Muertos
y por el cielo.
(**)
Ser rápido
Dividido en Tronco y una Cabeza.
Ser infotografiado: imposible fotografiarlo.
Ser INFOTOGRAFIABLE.
(**)
Vocabulario de las manos y los dedos.
Vocabulario de las Piernas y el Corazón.
Vocabulario del Espacio y la Ansiedad.
Vocabulario de la inteligencia...
alfabeto del alma.
(**)
El cuerpo no puede interrumpir el espacio...
El cuerpo no puede interrumpir el tiempo...
Cuerpo - inexistente e INSUSTITUIBLE.
(versión: mcabesa)
Coda:
"Me quedo en el poema donde cadencia y sonoridad se ven unidas, acompañado de la preocupación por el ser humano, aquel hombre que está allí en el poema: el escritor se limita a imitar un gesto anterior, pero nunca el original como decía Barthes. Es decir, el significado antecede la idea que tiene el lector del mundo. El lenguaje se transfiere en metáfora, símbolo, pero lo es por aquella sonoridad del poema, en tanto que es sonoridad el verbo recreará su estado encantatorio".
Entre las informaciones literarias de la semana y entre la cantidad de premios que se otorgan a destajo casi a diario, una me llamó la atención: el otorgamiento del XVI Premio Formentor de las Letras al escritor portugués Gonçalo M. Tavares el pasado 3 de marzo; y me llamó la atención porque su nombre me resultaba familiar, a pesar de no haberlo leído, gracias al ensayo del escritor aragüeño Juan Martins: "Gonçalo M. Tavares: el secreto de su alfabeto" (Ediciones Estival, 2019).
Martins es un lector acusioso y prolijo ensayista, ya en otra oportunidad escribí sobre él que se ha dedicado "a estudiar esa nueva especie literaria que se viene conociendo como autores periféricos, es decir autores que emergen de los marginalias y entran en el canon con relatos híbridos donde todos los géneros se mezclan..."
Otra cosa que hay que advertir de Martins es su constancia y el rigor con que asume cada lectura, los libros dedicados a Julio Cortázar, Enrique Vila-Matas y César Aira que conozco son densas exploraciones que más allá de la crítica descriptiva nos sumergen en la obra de cada autor llevándonos a través de un laberinto de reflexiones y supuestos que incitan a la lectura directa de los libros comentados. El texto dedicado a Tavares no es la excepción.
Como dije, desconozco la obra de Tavares por el momento, así que me acerco a él oblicuamente a través de la mirada de Juan Martins.
Y lo primero que destaca Martins de Tavares es que escribe desde las palabras; es decir que usando el recurso del poeta, tal y como lo concibe Mallarmé, la escritura nace de sí misma, a partir de las palabras convocadas sin tener un destino definitivo: que resulte cuento, ensayo, novela, poema es un asunto secundario. Al parecer el autor sólo va tejiendo el texto, palabra por palabra, como el orfebre va armando una pieza lentamente a la espera de la figura que ha de surgir.
De allí que como lo destaca Martins y otros comentaristas del autor la literatura de Tavares, al parecer, evade los calificativos genéricos ya que ella participa de todos a la vez: lo importante no es el resultado sino la construcción; el mismo Tavares lo explica cuando destaca la importancia de una frase en el texto:
"Para mí cada frase debe decir algo sustantivo. Escribir una frase es una responsabilidad. Creo que hay que escribir una frase solamente si tienes algo que decir".
De esta manera Juan Martins nos lleva a la conclusión de que la importancia de la obra de Gonçalo M. Tavares es: "Hacer de la voz la experiencia misma de la literatura".
Para Martins, Tavares es un autor comparable a Borges y a Enrique Vila-Matas, estudiado previamente por nuestro amigo:
"La literatura no se queda entonces en la mera representación de un modelo literario. Eso quedará descartado ante la impronta de un lenguaje que se erige con el fin de hacer dudar de la realidad lo cual, pienso, me acerca a Borges. Por un lado lo lúdico, por el otro la ironía y ambos preceptos quieren transgredir lo real por otro medio".
Finalmente, y más allá de las comparaciones que sirven para ubicar a Tavares dentro de un contexto, está el posicionamiento de Juan Martins como lector: de nuevo, como en otros ensayos, el autor se diluye en la lectura y se convierte en ficción de la misma. La lectura no es un acto pasivo del lector frente al libro, sino una búsqueda de la identidad a través de la propia lectura y quizá por ello siente Martins tanta atracción por estos autores que no se imponen a lo que escriben sino que también se diluyen en sus propias palabras; como ya lo apuntaba en su libro anterior "Novelas son nombres" (2016), para Juan Martins: "Todo deviene en el lector, para su gusto y placer por supuesto".
En el año existente cuatro estaciones: invierno, otoño, primavera, verano. En Venezuela es temporada de lluvia y sequía, como país tropical tiene dos temporadas pero en la poesía, tiene más de cuatro estaciones, tiene todo un año cargado de emociones, sentimientos e inquietudes, todas plasmadas en el papel. Nohemí Esperanza Castro Gutiérrez, hace eso "En cuatro estaciones", desparrama las hojas del otoño, extiende flores en primavera, saca el paragua en invierno y extiende el sillón en verano, todo en un vendaval de palabras, unidas con el sol y la luna.
El poemario "En cuatro estaciones", vincula el número cuatro como símbolo de plenitud y fuerza interna, el alma de la poeta está en este libro, donde se organiza como un ciclo vital y emocional estructurado en las cuatro estaciones del año, que funcionan como metáfora central del recorrido interior de una mujer que transita por el sufrimiento, la purificación, el renacer y la pasión luminosa. De ahí que la autora, haga de los poemas un rincón espiritual y terapéutico, donde el invierno representa la oscuridad y depresión, pero luego culmina en el verano con la pasión, decisión afirmativa y plenitud erótico-afectiva.
El libro está dominado por el dolor, la depresión, el abandono y la sensación de estar atrapada en una “criatura interior” en el poema “Atrapada” donde dice: “Desgarra tus entrañas / trastorna la realidad. / Eres su presa / Caes en su juego. / Simplemente has perdido / ¿Cómo lo sé? / Habito el vientre de la bestia” (Gutiérrez, 2021, p. 11). Estos versos se tejen con una fuerte presencia de la pérdida amorosa o existencial en “Tiempo” que se expresa: “¿Cómo se llama? / Cuando el tiempo pasa y deja vacíos / Donde la lucha es no dejarse vencer / Aunque el mundo se desplome en catástrofe” (p. 12).
En las páginas de la obra se aprecia que la hablante se siente presa de circunstancias que la asfixian, con ecos de depresión clínica o duelo prolongado. El tono es elegíaco, confesional y desgarrado. La metáfora del otoño es la depuración y el desapego, donde se encuentra una etapa de transición y limpieza emocional y para superar las dificultades, necesita de Dios. En “Casi desolada” se confirma: “Solo aquello que promete El Todopoderoso / le mantiene los pies sobre la tierra / evitando las caídas de un desamor penoso”. (p. 21). El libro levanta la esperanza como fuerza salvífica y la fe en lo divino “Dulce creación” afirma: “Bella creación / Si cierro el amor / Cierro la razón / No te quedes callada / Declara cada mañana / la grandeza de tu Creador. (p. 25). Las palabras de la autora, llevan hacia encontrar la primavera, símbolo de renacer y florecer. Es el momento de resurgimiento, recupera la inspiración poética a través de la fe en el poema “Inspiración” y abraza la luz y la libertad espiritual con “Resplandescencia” que menciona: “Ahora está más claro el sendero / Sin prisas, ni reclamos, agradecida / Voy pariendo alegrías y melodías”. . (p. 32). El amor reaparece como posibilidad redentora, aunque todavía idealizado o proyectado. En el poemario hay un tono de gratitud y empoderamiento donde la palabra poética se convierte en herramienta de liberación para llegar al poema “Verano” que se señala: “Despliego mis alas / lanzada en picada / directo al recuerdo /te encuentro” (p. 42).
En cuatro estaciones, se transmite un mensaje de resiliencia femenina y renacimiento espiritual. La autora parte de una experiencia de sufrimiento profundo como la depresión y el desamor, pero lo supera mediante la fe en Dios, el amor propio y la creación poética. Hay una tensión constante entre oscuridad y luz, no obstante la luz, la esperanza, Dios y el amor siempre termina prevaleciendo. Con razón la autora ha elegido como a Teresa de la Parra con el siguiente epígrafe: “No dejaré que las circunstancias me esterilicen el alma”.
En cuatro estaciones sus páginas son de maduración emocional y espiritual, escrito desde la experiencia personal de una mujer venezolana que transforma el dolor en arte y fe. El fondo es optimista y esperanzador. La vida es cíclica, el invierno pasa y el verano llega si se decide resistir y amar. La forma es sencilla, confesional y sensorial lo hace accesible para lectores que buscan poesía terapéutica y motivacional.
Palabras que son flores que son frutos que son actos...
Octavio Paz: La estación violenta
Edición y nota:
Manuel Cabesa
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Pinceladas habaneras
La Habana es una ciudad que embruja con su decadente encanto a quien la visita allende el mar: sus calles y portales, sus parques, la inmensidad del mar frente al viejo malecón quedan impregnadas en la mirada y la memoria de quien la respira.
Esta impresión es la que aparece cuando leemos "Escrito en La Habana" (Fondo Editorial Ollé, 2024) del poeta venezolano Moisés Cárdenas. Sus textos son en su mayoría breves y amorosas pinceladas donde el amor y el mar forman parte primordial de un paisaje que se va entregando al lector a través de cada página.
Tachirense trashumante radicado en la Argentina, Cárdenas no sólo deja constancia de los momentos más sublimes que la isla le regalara, sino que también la sueña y la presagia en otros paisajes recorridos, como deja constancia en los textos que complementan el volumen y en donde el poeta registra su paso por Santiago, Isla Negra y Cartagena: ciudades de mar ocupando la nostalgia de un poeta de la cordillera.
El aliento en el cristal: La geometría sensible de Tico! Tico!
Este análisis busca desentrañar una propuesta que está entre las grabaciones más cristalinas y lúdicas del clarinete contemporáneo. En 1989, Paquito D’Rivera documentó el sonido de una libertad que ya no necesitaba gritar para ser escuchada, sino que prefería susurrar con la precisión de un relojero y el alma de un parrandero caribeño.
I. El salón y la acera: Nueva York como laboratorio (1989)
Hacia finales de la década de los 80, el Latin Jazz en la Gran Manzana atravesaba una metamorfosis hacia la sofisticación técnica. La era de la Salsa Brava/Jazz Afro Cubano iba cediendo terreno a una visión más intelectualizada y camerística. Mientras la ciudad lidiaba con la crisis del crack y tensiones bajo la administración de Ed Koch, el jazz encontraba refugio en una estética postmoderna que permitía hibridaciones sin complejos. El Latin Jazz dejaba de ser sólo "música de baile para jazzómanos" para convertirse en una forma de arte de concierto, donde la técnica académica y la improvisación vernácula se daban la mano en los clubes del Village.
II. El clarinete errante: La cúspide del exilio
En 1989, Paquito D’Rivera cumplía casi una década de haber aterrizado en Nueva York tras su deserción en España (1980). Ya no era simplemente "el músico que escapó"; era una institución por derecho propio. Bajo el ala de Dizzy Gillespie, había demostrado que su lenguaje era universal. Residenciado ya plenamente en el área de Nueva York/New Jersey, Paquito alcanzó una madurez biográfica donde la rabia del exiliado se transformaba en la curiosidad del viajero. Tico! Tico! es el diario de un ciudadano del mundo que utiliza la metrópoli como su atalaya creativa.
III. La física de la pureza: El santuario de Chesky Records
Uno de los rasgos definitorios de este álbum es su estética acústica de cámara. Grabado en la Iglesia de San Pedro (St. Peter's Church) en Nueva York, el disco es un hito de la ingeniería de sonido.
Se utilizó un solo micrófono estéreo (técnica de par Blumlein) y grabación directa a dos pistas, sin sobregrabaciones (overdubs) ni mezclas posteriores. El resultado fue una transparencia espacial donde el oyente puede "sentir" la madera del clarinete y la vibración de las cuerdas de la guitarra de Tiberio Nascimiento. El sonido es tan puro que se convierte en un instrumento más, exigiendo a los músicos una ejecución impecable, pues no había margen para el error técnico.
IV. El tríptico de las dos orillas: Los valses venezolanos
Dentro del programa, destaca un núcleo de belleza conmovedora: los "Three venezuelan waltzes" de Antonio Lauro ("Valse criollo", "El marabino" y "Laura"). Estas piezas representan la sofisticación de la música de salón filtrada por el temperamento popular.
La clave de estas piezas reside en el juego rítmico donde el compás la melodía se superpone al pulso del acompañamiento.
Al trasladar estas obras de la guitarra solista al dúo de clarinete y guitarra, Paquito no solo "toca" la partitura; la "canta" con un rubato que respeta la herencia de Lauro mientras inyecta la síncopa del jazz. Es el reconocimiento de un cubano a la hermandad del Caribe continental.
V. Los obreros de la delicadeza: El ensamble
He sintetizado el perfil técnico y estilístico de los músicos basándome en su trayectoria documentada y sus rasgos distintivos dentro de la industria y evitando adjetivos vacuos para centrarme en su lenguaje musical.
El desempeño de los músicos que acompañan a Paquito es extraordinario.
Un joven Danilo Pérez cuya capacidad para el contrapunto ya anunciaba al genio vanguardista, con un estilo panamericano y un lenguaje post-bop fuertemente influenciado por Thelonious Monk en el uso del espacio y las disonancias, demuestra en este trabajo su gran complejidad rítmica, que suele romper la simetría del compás tradicional.
La formación clásica de Fareed Haque en la guitarra) se hace evidente en la pieza apertura, donde utiliza ataques rápidos y una articulación muy limpia, incorporando ciertos microtonalismos y ornamentos derivados de su herencia pakistaní-chilena. Romero Lubambo, maestro de la guitarra de nylon en el contexto del jazz, asombra con su técnica de dedos vertiginosa en –que le permite tocar líneas de bajo, armonía y melodía simultáneamente– en los temas "Tico! Tico!" y "To Brenda With Love", mientras que en "Chorinho #3, Sheep Meadow" se hace evidente su gran conocimiento de la tradición rítmica del Brasil profundo. Tiberio Nascimento se hace cargo de las seis cuerdas en los valses venezolanos. A lo largo de su carrera, este guitarrista y compositor se ha enfocado en la síntesis de folklore brasileño y la estructura académica; aquí se adapta a la perfección a las exigencias interpretativas de las piezas que aborda. Su estilo es más austero y estructural que el de Lubambo y Haque, priorizando la claridad de la voz líder y una técnica de mano derecha muy disciplinada, heredada de la escuela de guitarra clásica.
Portinho (Milton Portinho) en la batería, considerado el "maestro del swing brasileño" en Nueva York, tiene un estilo inconfundible por su manejo del hi-hat y el uso de notas fantasma (ghost notes) en el redoblante, lo que crea un pulso de samba orgánico y bailable que parece "flotar" sobre el tiempo, lo que podemos apreciar forma inmejorable en "Tico! Tico!", "Song for Maura", "To Brenda With Love" y "Recife's Blue". *Mark Walker* se sienta tras la máquina del ritmo en "Danza Característica", "Añorado Encuentro", "Carola", "Serenata" y "Elizabeth". Baterista de alta especialización en polirritmia mundial, su estilo combina la precisión del jazz estadounidense con un conocimiento enciclopédico de los patrones del Caribe y Sudamérica. No es un baterista de fuerza bruta, sino de texturas complejas y subdivisiones matemáticas. Nilson Matta es uno de esos grandes del bajo en el jazz brasileño moderno que crean escuela. Su lenguaje se basa en trasladar la síncopa de la samba y el choro al contrabajo con un sentido del "swing" elástico pero firme. Es conocido por su lirismo en los solos y el uso de cuerdas al aire para crear texturas resonantes, como podemos comprobarlo en "Tico! Tico!", "To Brenda With Love" y la vibrante cerradora "Recife's Blue", donde su participación es tan extraordinaria como vital. Por su parte, David Fink es un bajista de perfil integral. Su estilo es valorado por una entonación impecable y un sonido limpio y profundo. En el jazz, se distingue por un walking bass de gran solidez rítmica, mientras que su faceta clásica le permite una lectura melódica muy sofisticada en pasajes con arco. Se puede disfrutar de su toque elegante en "Danza Característica", "Añorado Encuentro", "Carola", "Serenata" y "Elizabeth".
Raphael Cruz completa esta tropa de élite. Percusionista de la escuela del Latin Jazz neoyorquino, músico de personalidad colorista que, más que buscar la saturación rítmica, se enfoca en acentuar las síncopas clave y aportar texturas ambientales mediante el uso de percusión menor, integrando el lenguaje de la música yoruba con las sonoridades del jazz fusión. Todos los miembros del equipo aportan un mecanismo rítmico elegante que permite a Paquito volar con el clarinete, ayudándole a realzar esa amalgama de swing y clasicismo que lo caracteriza y a volar con su amor por el registro agudo.
VI. mapas estilísticos: De Ipanema a la Reunión
Para enmarcar este desarrollo, debemos mirar hacia atrás y hacia adelante.
Return to Ipanema (1989), el álbum anterior de Paquito, tiene en común con Tico! Tico! que ambos exploran el lirismo brasileño. Sin embargo, Return to Ipanema es un homenaje más directo a la Bossa Nova de Jobim, con una relajada atmósfera de "saudade". Tico! Tico! es más virtuoso, técnico y enfocado en la perfección acústica.
Dos años después, con el reencuentro entre Arturo Sandoval y Paquito, volverían los fuegos artificiales y el estallido afrocubano. Frente a la extroversión de que ambos maestros harían gala en Reunion (1991), Tico! Tico! casi parece un jardín zen, una pausa de introspección camerística.
VII. Trascendencia: El legado del chamber jazz
La verdadera importancia de Tico! Tico! radica en el extraordinario aporte que, desde los territorios de la latinidad, haría a las posibilidades del Jazz de Cámara. Paquito demostró que el Latin Jazz no necesitaba de una conga tronante para ser "latino". Introdujo la sensibilidad del chorinho y el vals criollo en el canon del jazz de alta fidelidad, consolidando su imagen como un virtuoso políglota capaz de satisfacer tanto al académico como al fanático del bop.
Clasificación: •Excelente
Tico! Tico! es un álbum •Excelente porque roza la perfección técnica y sonora. Es un objeto de culto para audiófilos y una lección de cómo la música popular puede ser tratada con rigor académico sin perder su alma. El segmento de los "Three Venezuelan Waltzes" alcanza el grado de •Esencial, siendo quizás la mejor grabación de estas piezas para instrumento de viento. Es un testimonio de un artista en estado de gracia, donde el aire se hace cristal y el cristal se hace sonido.
Paquito D'Rivera – Tico! Tico! (1989)
•Cuba
•Estados Unidos
•Latin Jazz
•Chamber Jazz
con fuertes elementos de:
•Samba
•Chorinho
•Bossa Nova
•Afro Cuban Jazz
•Valse Venezolano
•Excelente
Músicos
Clarinete, Saxo Tenor: Paquito D'Rivera
Bajo: David Finck (pistas: 1, 2, 5, 9, 10), Nilson Matta (pistas: 6 a 8, 12)
Batería: Mark Walker (pistas: 1, 2, 5, 9, 10), Porthino (pistas: 6 a 8, 12)