domingo, 1 de marzo de 2026

Granos de sonido (XIII)


-Roberto Santana-


El aliento en el cristal: La geometría sensible de Tico! Tico!


Este análisis busca desentrañar una propuesta que está entre las grabaciones más cristalinas y lúdicas del clarinete contemporáneo. En 1989, Paquito D’Rivera documentó el sonido de una libertad que ya no necesitaba gritar para ser escuchada, sino que prefería susurrar con la precisión de un relojero y el alma de un parrandero caribeño.


I. El salón y la acera: Nueva York como laboratorio (1989)


Hacia finales de la década de los 80, el Latin Jazz en la Gran Manzana atravesaba una metamorfosis hacia la sofisticación técnica. La era de la Salsa Brava/Jazz Afro Cubano iba cediendo terreno a una visión más intelectualizada y camerística. Mientras la ciudad lidiaba con la crisis del crack y tensiones bajo la administración de Ed Koch, el jazz encontraba refugio en una estética postmoderna que permitía hibridaciones sin complejos. El Latin Jazz dejaba de ser sólo "música de baile para jazzómanos" para convertirse en una forma de arte de concierto, donde la técnica académica y la improvisación vernácula se daban la mano en los clubes del Village.


II. El clarinete errante: La cúspide del exilio


En 1989, Paquito D’Rivera cumplía casi una década de haber aterrizado en Nueva York tras su deserción en España (1980). Ya no era simplemente "el músico que escapó"; era una institución por derecho propio. Bajo el ala de Dizzy Gillespie, había demostrado que su lenguaje era universal. Residenciado ya plenamente en el área de Nueva York/New Jersey, Paquito alcanzó una madurez biográfica donde la rabia del exiliado se transformaba en la curiosidad del viajero. Tico! Tico! es el diario de un ciudadano del mundo que utiliza la metrópoli como su atalaya creativa.


III. La física de la pureza: El santuario de Chesky Records


Uno de los rasgos definitorios de este álbum es su estética acústica de cámara. Grabado en la Iglesia de San Pedro (St. Peter's Church) en Nueva York, el disco es un hito de la ingeniería de sonido.

Se utilizó un solo micrófono estéreo (técnica de par Blumlein) y grabación directa a dos pistas, sin sobregrabaciones (overdubs) ni mezclas posteriores. El resultado fue una transparencia espacial donde el oyente puede "sentir" la madera del clarinete y la vibración de las cuerdas de la guitarra de Tiberio Nascimiento. El sonido es tan puro que se convierte en un instrumento más, exigiendo a los músicos una ejecución impecable, pues no había margen para el error técnico.


IV. El tríptico de las dos orillas: Los valses venezolanos


Dentro del programa, destaca un núcleo de belleza conmovedora: los "Three venezuelan waltzes" de Antonio Lauro ("Valse criollo", "El marabino" y "Laura"). Estas piezas representan la sofisticación de la música de salón filtrada por el temperamento popular.

La clave de estas piezas reside en el juego rítmico donde el compás la melodía se superpone al pulso del acompañamiento.

Al trasladar estas obras de la guitarra solista al dúo de clarinete y guitarra, Paquito no solo "toca" la partitura; la "canta" con un rubato que respeta la herencia de Lauro mientras inyecta la síncopa del jazz. Es el reconocimiento de un cubano a la hermandad del Caribe continental.


V. Los obreros de la delicadeza: El ensamble


He sintetizado el perfil técnico y estilístico de los músicos basándome en su trayectoria documentada y sus rasgos distintivos dentro de la industria y evitando adjetivos vacuos para centrarme en su lenguaje musical.

El desempeño de los músicos que acompañan a Paquito es extraordinario. 

Un joven Danilo Pérez cuya capacidad para el contrapunto ya anunciaba al genio vanguardista, con un estilo panamericano y un lenguaje post-bop fuertemente influenciado por Thelonious Monk en el uso del espacio y las disonancias, demuestra en este trabajo su gran complejidad rítmica, que suele romper la simetría del compás tradicional.

La formación clásica de Fareed Haque en la guitarra) se hace evidente en la pieza apertura, donde utiliza ataques rápidos y una articulación muy limpia, incorporando ciertos microtonalismos y ornamentos derivados de su herencia pakistaní-chilena. Romero Lubambo, maestro de la guitarra de nylon en el contexto del jazz, asombra con su técnica de dedos vertiginosa en –que le permite tocar líneas de bajo, armonía y melodía simultáneamente– en los temas "Tico! Tico!" y "To Brenda With Love", mientras que en "Chorinho #3, Sheep Meadow" se hace evidente su gran conocimiento de la tradición rítmica del Brasil profundo. Tiberio Nascimento se hace cargo de las seis cuerdas en los valses venezolanos. A lo largo de su carrera, este guitarrista y compositor se ha enfocado en la síntesis de folklore brasileño y la estructura académica; aquí se adapta a la perfección a las exigencias interpretativas de las piezas que aborda. Su estilo es más austero y estructural que el de Lubambo y Haque, priorizando la claridad de la voz líder y una técnica de mano derecha muy disciplinada, heredada de la escuela de guitarra clásica.

Portinho (Milton Portinho) en la batería, considerado el "maestro del swing brasileño" en Nueva York, tiene un estilo inconfundible por su manejo del hi-hat y el uso de notas fantasma (ghost notes) en el redoblante, lo que crea un pulso de samba orgánico y bailable que parece "flotar" sobre el tiempo, lo que podemos apreciar forma inmejorable en "Tico! Tico!", "Song for Maura", "To Brenda With Love" y "Recife's Blue". *Mark Walker* se sienta tras la máquina del ritmo en "Danza Característica", "Añorado Encuentro", "Carola", "Serenata" y "Elizabeth". Baterista de alta especialización en polirritmia mundial, su estilo combina la precisión del jazz estadounidense con un conocimiento enciclopédico de los patrones del Caribe y Sudamérica. No es un baterista de fuerza bruta, sino de texturas complejas y subdivisiones matemáticas. Nilson Matta es uno de esos grandes del bajo en el jazz brasileño moderno que crean escuela. Su lenguaje se basa en trasladar la síncopa de la samba y el choro al contrabajo con un sentido del "swing" elástico pero firme. Es conocido por su lirismo en los solos y el uso de cuerdas al aire para crear texturas resonantes, como podemos comprobarlo en "Tico! Tico!", "To Brenda With Love" y la vibrante cerradora "Recife's Blue", donde su participación es tan extraordinaria como vital. Por su parte, David Fink es un bajista de perfil integral. Su estilo es valorado por una entonación impecable y un sonido limpio y profundo. En el jazz, se distingue por un walking bass de gran solidez rítmica, mientras que su faceta clásica le permite una lectura melódica muy sofisticada en pasajes con arco. Se puede disfrutar de su toque elegante en "Danza Característica", "Añorado Encuentro", "Carola", "Serenata" y "Elizabeth". 

Raphael Cruz completa esta tropa de élite. Percusionista de la escuela del Latin Jazz neoyorquino, músico de personalidad colorista que, más que buscar la saturación rítmica, se enfoca en acentuar las síncopas clave y aportar texturas ambientales mediante el uso de percusión menor, integrando el lenguaje de la música yoruba con las sonoridades del jazz fusión. Todos los miembros del equipo aportan un mecanismo rítmico elegante que permite a Paquito volar con el clarinete, ayudándole a realzar esa amalgama de swing y clasicismo que lo caracteriza y a volar con su amor por el registro agudo.


VI. mapas estilísticos: De Ipanema a la Reunión


Para enmarcar este desarrollo, debemos mirar hacia atrás y hacia adelante.

Return to Ipanema (1989), el álbum anterior de Paquito, tiene en común con Tico! Tico! que ambos exploran el lirismo brasileño. Sin embargo, Return to Ipanema es un homenaje más directo a la Bossa Nova de Jobim, con una relajada atmósfera de "saudade". Tico! Tico! es más virtuoso, técnico y enfocado en la perfección acústica.

Dos años después, con el reencuentro entre Arturo Sandoval y Paquito, volverían los fuegos artificiales y el estallido afrocubano. Frente a la extroversión de que ambos maestros harían gala en Reunion (1991), Tico! Tico! casi parece un jardín zen, una pausa de introspección camerística.


VII. Trascendencia: El legado del chamber jazz


La verdadera importancia de Tico! Tico! radica en el extraordinario aporte que, desde los territorios de la latinidad, haría a las posibilidades del Jazz de Cámara. Paquito demostró que el Latin Jazz no necesitaba de una conga tronante para ser "latino". Introdujo la sensibilidad del chorinho y el vals criollo en el canon del jazz de alta fidelidad, consolidando su imagen como un virtuoso políglota capaz de satisfacer tanto al académico como al fanático del bop.


Clasificación: •Excelente


Tico! Tico! es un álbum •Excelente porque roza la perfección técnica y sonora. Es un objeto de culto para audiófilos y una lección de cómo la música popular puede ser tratada con rigor académico sin perder su alma. El segmento de los "Three Venezuelan Waltzes" alcanza el grado de •Esencial, siendo quizás la mejor grabación de estas piezas para instrumento de viento. Es un testimonio de un artista en estado de gracia, donde el aire se hace cristal y el cristal se hace sonido.


Paquito D'RiveraTico! Tico! (1989)


•Cuba

•Estados Unidos

•Latin Jazz

•Chamber Jazz

con fuertes elementos de:

•Samba

•Chorinho

•Bossa Nova

•Afro Cuban Jazz

•Valse Venezolano

•Excelente


Músicos


Clarinete, Saxo Tenor: Paquito D'Rivera 

Bajo: David Finck (pistas: 1, 2, 5, 9, 10), Nilson Matta (pistas: 6 a 8, 12)

Batería: Mark Walker (pistas: 1, 2, 5, 9, 10), Porthino (pistas: 6 a 8, 12)

Guitarra: Fareed Haque (pistas: 1), Romero Lobambo (pistas: 6, 8, 11), Tiberio Nascimiento (pistas: 4, 5)

Percusión: Raphael Cruz

Piano: Danilo Pérez





Si quieres escucharlo, toca el enlace: https://t.me/maticesdeljazz/731

Cuatro poemas de Reimar Arcia



1.

Enero renace, 

me habita con una paz serena, 

un alivio fresco que al fin 

me pertenece. 

El dolor, que antes ardía, 

hoy se apaga recordándome 

que nada malo se queda.


Tal como el invierno 

somete a los árboles,

congelando el afecto 

y secando el follaje, 

donde el tallo se agrieta 

y la rama se quiebra 

bajo el peso blanco 

de un frío paisaje.


Pero tras la herida, 

la tregua florece, 

dando paso al pulso 

de la primavera; 

un cambio genuino, 

un rito de vida que brota 

del alma de forma sincera.


Ya no son solo ramas, 

son rayos de sol, 

son frutos dulces 

llamados esperanza. 

Y no hablo de bosques,

ni hablo de árboles... 

hablo de mí, 

y de mi nueva confianza.



2.

En la vida es mejor 

no jugar con ciertas cosas


Es mejor ser transparente , 

que vivir con una máscara.


Que las relaciones no se fuerzan.


Que no se debe cambiar 

lo duradero por algo transitorio 


Que los abrazos salen del corazón 

y no se dan por lástima.


Que el respeto se gana,  

no se exige.


Y que una experiencia te ayuda

a mejorar un corazón roto.


3.

Nuestro amor

fue un amor mal cuidado 

y descuidado, 

un animalito que le faltó sobrevivir 

a los descuidos 

a las negaciones,

sus lagrimas cayeron

como las hojas en invierno,

sin marcha atrás.


Del cristal tomaron un tono gris, 

delirios que se convirtieron 

en pinceladas oara pintar 

un cuadro que nadie contemplará.


No se extrañaría, es una pena, 

una criatura sin nacer.


A él, le faltó todo

lo que tú no pudiste darle

y que yo tampoco le pude obsequiar…


No importa buscar culpables, 

el espejo está roto, 

la fuente se secó del todo.


4.

Mi mar eres tú:

de nuevo me sumerjo

en las aguas profundas,

entre pensamientos

que se pierden

"me quiere, no me quiere"

musitando voces 

que solo yo conozco 

sumergiendo la cabeza 

y los brazos 

así que es 

mantenerse quieta 

para seguir flotando

en esta ilusión 

y no ahogarme 

en estos pensamientos 

que no llevan a ningún lado 

haciéndose más fuertes  

y repitiéndome 

"el es infinito en mi corazón".


***


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miércoles, 25 de febrero de 2026

Palabras bajo libertad (VI / 2026)


Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Edición y nota:

Manuel Cabesa


***


Como esos arroyos que emergen a la superficie de la tierra luego de su recorrido subterráneo, resurgencias que irrigan los campos dándole nueva vida, los poemas recientes de Aimée Torres emergen con nueva voz luego de una primera experiencia editorial con su libro Trascender en Rosa (2025).

Si en aquellos la mirada se concentraba en lo que Susan Sontag ha llamado "la enfermedad y sus metáforas": la lucha por la subsistencia durante un penoso proceso oncológico, su búsqueda de Dios como refugio y consuelo existencial y camino hacia un nuevo despertar espiritual... huelga decir que también sirvió para descubrir en la poesía un camino de redención y catarsis. 

Con la seguridad Aimée obtenida durante su proceso clínico no se quedó girando en la noria de un primer logro, sino que siguió indagando en las posibilidades del poema, redimensionó la artesanía de su sintaxis logrando clarificar su discurso hasta alcanzar para ella y sus lectores una nueva proeza del corazón y un logro del entendimiento. 

Resurgencias son también fragmentos de un viaje hacia sí misma, un desdoblamiento de su ser infantil atrapado en la celda cristalina de la edad: "Trascendiendo con mi vista/de ángel y niña renacida..."; "descubrir la libertad/de ser una niña a mi edad/sin juicios/ni prejuicios..."

Además de ser una resurgencia hacia el mundo representado en la naturaleza y la religiosidad: "en la irradiación galáctica/de nuestro ser/alma del todo en Todo..."

No son gratuitas las citas de Rilke que encabezan la selección: se trata de un poeta cuya lectura ha animado parte su creatividad y con el que guarda algunas afinidades: como el autor de las Elegías de Duino, su intención parece ser el describir "Ese mundo visto no ya en el hombre, sino en el ángel, es tal vez mi verdadera tarea..." ( R. M. Rilke: Carta a Ellen Delp, 1915).


(mcabesa)


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Aimée Torres



RESURGENCIAS

(poemas 2025-2026)



Un hálito alrededor de nada.

Un vuelo en Dios. El viento... 

Rainer Maria Rilke



...que con infinita dulzura,

nos sostiene entre sus manos.

Rainer Maria Rilke



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Mariposa en ciernes


Ya mi crisálida 

me está quedando pequeña,

siento el crujir del aleteo 

de mis alas en prisma

para volar hacia nuevas galaxias, 

siendo nómada en los oasis,

consumiendo sus néctares

en ríos de amor y ternura,

serán vertientes desérticas 

cubiertas de flores y palmares,

anidarán las almas en sus cobijos

dejando su legado.


***


Odisea


Es la vida cada día 

una aventura plena,

como escalar desafíos 

ante la invalidez mental y física,

quedan los retos cumplidos 

aunque en bajada ruedas 

y en subida trasteas.


***


Alma


Te amo por ser 

y estar presente 

en la eternidad  

y en la vida

donde tropezamos 

y nos encontramos.


Y en este presente finito,

que hacemos infinito,

te amo, Alma,

parte de mi alma:

te manifiesto en palabras 

mi humanidad,

y lo que mi alma expresa 

en cuerpo, alma y mente.


Paisaje


Llego a casa 

y como un imán 

me atre la contemplación 

de una rareza floral

que se evidencia 

como una foto

en la galería de mi alma. 


***


Lirios I


Hoy en mi vereda

el lirio estacional

me da una sorpresa de paz.


Descubro en mi vivir

el amor en la caricia celestial

con su dulzor mentolado.


Palpo mis sentidos 

con gratitud

al contemplar la estética

del artista por excelencia:

Dios, nuestro creador.


***


Lirios II


Más sorpresas en flor

se abrirán como uniformadas espigas

como pontificia Guardia Suiza,

resguardando la estrella danzarina

de la suprema corte celestial.


Su olor es un elixir de energia

que nutre mi alma 

y mitiga el spleen emocional.


Visita que recibo

en gracia de renovación 

de mi feminidad.


***


Miradas


Ojitos enamorados 

del amor propio,

vibra mi amor en psicodelia,

mis cristales de caleidoscopio,

que en visión amante

vibran junto a mi alma.


En mi espejo veo 

y te veo amándote 

a ti que me ves

y sigues aquí también.


***


Soy I


Soy tiempo, 

causa perdida.

Ahí nos encontramos.


 ***


Soy II


Soy tú entre las sombras 

de mi mirada calma...

Entras en mi sonrisa nostálgica

Te quedas en mi eco 

con tu voz que me clama:

elixir del deseo inalcanzable;

por la distancia impuesta 

de tus enredos y los míos...

de estos rieles físicos de la distancia, 

de tus roles en la geopolítica 

de tu existencia.


En tu andar enfocado 

con tus designios sociales 

y yo en el interior 

de tus fantasias me anclo,

negándome a tu realidad presente;

flirteo en las ondas de mi mar rosa, 

disfrutando las aventuras marinas 

en multisabores estresantes 

del extraño mundo terrenal,

de las sombras humanas 

y el diálogo de las luces naturales,

de inocentes almas en flora, 

fauna e infancia primaria.


Soy pueril avejentada

ante la caparazón de la edad madura 

por responsabilidades no negociadas

Vivo ya viviendo,

sin querer morir en vida.


Resurgencias I


Una pequeña niña… como yo 

que se maravilla de pie, 

quieta, en medio de todo.


Confundida, callada, perdida… 

y aun así aferrándose...


A veces, 

todos nos sentimos como ella.


Y quizá… no necesitamos 

todas las respuestas.


Tal vez sea suficiente 

con dejarse llevar y nada más.


Disfrutar del espectáculo

del vivir el aquí y el ahora.


***


Resurgencias II


Y al terminar todo 

vi solitos aquellos globos 

tristes e inertes a la espera 

de las almas niñas para danzar 

y heme aquí:

nuestra tristeza 

en lúdica esperanza 

y estuvimos danzando 

asombroso disfrute 

descubrir la libertad 

de ser una niña a mi edad 

sin juicios 

ni prejuicios. 


***


Pasión cristal


Alma virgen 

eres en la adultez

ingenua sonrisa

tatuada al natural 

ése es tu don.


Celestial carisma 

disfrutas al donarte 

en amor servicial.


Pasión de cristal 

es tu amor puro

al ofrendar 

en piedra consagrada 

tu trinar motivante

en cada laude, víspera o maitinas.


Ágape en amor 

es tu ritual comunitario

y la caridad anónima 

tu propia santidad.


***


Caminar


Por estos lares 

elevo mi mirada 

con asombro celestial 

ante el maravilloso atardecer

que mi alma contempla 

en espera de unirme 

a su fuente de paz y alegría 

para seguir 

en la irradiación galáctica 

de nuestro ser:

alma del todo en Todo.


***


Oráculo


Es un asombro 

frente al misterio,


Con alegría 

te adentras,

con tu alma 

en dilema


***


En este instante...


En la dimensión del espejo 

me miro en tus ojos

te muestro mi asombro:

es nuestra flor 

hija de la ausencia 

adoptada en nuestros encuentros.

Aimée Torres (Caracas, 02/04/1979). Residenciada desde muy joven en Valencia, estado Carabobo. Licenciada en Relaciones Industriales por la Universidad de Carabobo, perteneciente al movimiento Nos Une la Poesía, al Taller Literario Libertad Bajo Palabra; coordinadora de programas de micrófono abierto para la Ruta Poética de Carabobo, egresada de la Escuela Nacional de Poesía Juan Calzadilla, realizadora de Talleres de EcoPoesía para niños y jóvenes. Así mismo creadora de contenido en Tik Tok (#sanaplena) en las redes brindando apoyo a personas con diagnóstico de cáncer, luego de sufrir y resultar victoriosa de cáncer de Cáncer riple negativo (2020); el fruto de esa experiencia está plasmado en su primer poemario Trascender en Rosa (Fondo Editorial Nos Une la Poesía, 2025). Varios textos suyos forman parte de diversas antologías.

domingo, 22 de febrero de 2026

Granos de sonido (XII)

 


-Roberto Santana- 


El bautismo del sentimiento: La consagración de La voz


Para abordar la figura de Héctor Juan Pedro Pérez Martínez y su debut en solitario, debemos realizar una revisión crítica de la narrativa del "ídolo caído" para encontrar al músico total. La voz (1975) es un disco de transición y, al mismo tiempo el acta de nacimiento de un oráculo urbano.

A continuación el análisis de esta obra, trazado con la cadencia de una clave 2-3 y el rigor de quien sabe que, en la salsa, la verdad se esconde en el montuno.


El retablo de las maravillas urbanas


En 1975, Nueva York era una ciudad herida que bailaba para no desangrarse. Mientras la metrópoli se asomaba al abismo de la quiebra fiscal y el Bronx ardía literalmente, la Salsa alcanzaba su mayoría de edad como industria y símbolo. El sello Fania, liderado por Jerry Masucci y Johnny Pacheco, había transformado un sonido de barrio en una marca global.

La escena vivía el "Boom": las Fania All-Stars ya habían conquistado el Yankee Stadium y el Roberto Clemente en Puerto Rico. Sin embargo, el sonido estaba mutando. La agresividad "pesada" de los trombones de principios de los 70 empezaba a pulirse para dar paso a arreglos más sofisticados, buscando una elegancia que permitiera al género entrar en los salones sin perder el sudor del asfalto.


El alumbramiento del solista: De la sombra al foco


Héctor Lavoe no quería ser solista. Su contexto biográfico en 1975 está marcado por la angustia del abandono. Willie Colón, su socio, mentor y "protector" durante ocho álbumes de éxito rotundo, decidió disolver la orquesta para refugiarse en el estudio y la producción, agobiado por el estilo de vida errático de Héctor y la presión de las giras.

Héctor, poseedor de una inseguridad tan grande como su talento, se sintió desamparado. No obstante, este empujón forzoso fue el que permitió que el "Cantante de los Cantantes" emergiera. La voz es el resultado de un hombre que tiene que demostrarse a sí mismo —y a una escena que lo observaba con lupa— que su carisma no dependía exclusivamente del genio de Colón, aunque este último se mantuvo como productor del álbum para asegurar la continuidad estética.


El puente entre dos mundos: Puerto Rico y la Gran Manzana


El contexto sociopolítico era de una dualidad tensa. En Puerto Rico, la industrialización fallida generaba una migración constante; en Nueva York, los "Nuyoricans" reclamaban su espacio cultural a través del arte y el activismo. La voz captura esa biculturalidad: es un disco que suena a los clubes de la calle 52 pero que respira el aire de los campos de Ponce. Es la respuesta cultural a una crisis de identidad, ofreciendo al latino un espejo dónde reconocerse como una figura de éxito y elegancia, a pesar del entorno hostil de la era post-derechos civiles en EE. UU.


Planimetría del soneo: Características del álbum


La voz es un tratado de equilibrio. A diferencia de la crudeza de los años de El malo, este álbum presenta una producción cristalina y expansiva. Se mantiene la Salsa Brava pero con una sección de vientos más disciplinada y la presencia decisiva del bolero en la fórmula general. El fraseo de Héctor alcanza aquí su cenit: una dicción perfecta, un sentido del humor afilado en los soneos y esa capacidad única de transmitir una melancolía alegre.

Willie Colón, en la producción, utiliza arreglistas de la talla de Mark Dimond y él mismo se pone manos a la obra en el área, logrando una paleta sonora que va desde el guaguancó más sabroso hasta el bolero más desgarrador. La instrumentación incluye un piano virtuoso cargador de matices jazzísticos, una percusión bien ejecutada, pero también menos abigarrada que en producciones anteriores y unos trombones que, aunque menos anárquicos, conservan el "mordisco" del barrio.


Los obreros del groove


El álbum cuenta con una selección de élite que garantizó un sonido compacto. José Mangual Jr. (bongó) y Milton Cardona (Congas) fueron el corazón rítmico que entendía cada respiración de Lavoe. El trabajo del "Professor" Joe Torres en el piano define gran parte de la identidad del álbum, alternando entre el montuno tradicional y matices armónicos más modernos. El desempeño de Héctor Lavoe no fue el de un simple vocalista, sino el de un narrador. Su capacidad para improvisar el montuno con versos que conectaban a la vivencia del espectador (el "soneo") se consolidó en este trabajo como la mejor del género.


El umbral del mito: Lo mato vs. La voz


La comparación con Lo mato (Si no compra este LP) (1973) es reveladora del desarrollo estilístico. Ambos conservan el ADN de la "calle" y el orgullo marginal. Pero mientras Lo mato es el fin de una era de "pandillerismo" musical visceral, ruidoso y desafiante, La voz es el inicio de la era de la "Superestrella". Mientras en Lo mato Héctor es parte de un binomio, en La voz el sonido se rinde a su personalidad. El caos controlado de 1973 se convierte en una sofisticación rítmica en 1975.


La consolidación de la nostalgia: De La voz a De ti depende


El álbum posterior, De ti depende (1976), profundiza en la fórmula pero con matices distintos. Mantiene la producción de Colón y el enfoque en Héctor como centro de gravedad. No obstante, mientras La voz tiene la energía del debutante que quiere comerse el mundo, De ti depende es más introspectivo, otorgando un peso mayor al bolero y a la temática del desamor y la soledad. Si La voz es la fiesta del renacimiento, De ti depende es la reflexión de la mañana siguiente.


El valor de la verdad


La trascendencia de La voz para Héctor fue vital: le otorgó el título que lo acompañaría siempre y le dio la confianza para manejar su propia orquesta (aunque siempre bajo la sombra protectora de Fania).

En el contexto de la salsa, este álbum es un paradigma del "Cantante Solista de Salsa". Antes de esto, la orquesta solía ser la protagonista; después de La voz, el modelo cambió hacia la estrella individual apoyada por arreglos de primer nivel, estrategia que luego adoptarían grandes como Cheo Feliciano y Rubén Blades. Marcó el estándar de oro para lo que hoy entendemos como la era clásica de la salsa refinada neoyorquina.


Clasificación: •Esencial


La voz, además de un álbum de canciones exitosas, es también el documento sonoro que define una identidad cultural. Es •Esencial porque contiene el equilibrio perfecto entre la técnica del sonero estrella y la producción de vanguardia de la época. Sin este disco, la salsa no habría encontrado el rostro humano y vulnerable que Héctor Lavoe le otorgó, elevando el género de una música de baile a una crónica de la existencia humana.


Algunas consideraciones sobre mi forma de calificar


Sé que últimamente he calificado a varios álbumes como #Esenciales en los diversos canales de nuestra red, lo que parece ser producto de una excesiva generosidad crítica. Puede aducirse que, si elevamos cada disco importante al altar de lo #Esencial, convertimos la crítica en panegírico y esta pierde su valor como herramienta de discernimiento. El problema de analizar obras como las de Serrat, Änglagård o Lavoe es que estamos tocando pilares de sus respectivos géneros, lo que facilita el veredicto máximo.

Este es un buen momento, si quiero que esta columna tenga rigor, para demostrar a los lectores que mi "filtro" no es de papel.

Aquí les presento mi hoja de ruta interna para que vean dónde trazo la línea y por qué, a veces, parezco un crítico "generoso":


La anatomía de mi escala de valores


•Esencial: Cambia el ADN del género. Hay un "antes" y un "después" indiscutible. La voz entra aquí porque inventa al solista de salsa moderno.

•Excelente: Una ejecución técnica y artística superior, pero no necesariamente rompe el molde. Por ejemplo Twenty-Two de Luis Perdomo es una joya, pero vive bajo la sombra de Links.

•Bueno: Un disco sólido, disfrutable, que cumple con el oficio pero no trasciende la época. Muchos discos de la Fania de finales de los 70 que repetían fórmulas caen en esta categoría.

•Regular: Trabajo artesanal sin alma, reiterativo o con fallos de producción y concepto. Ejemplo: Álbumes de "Salsa Romántica" genérica de los 90. Serán pocas las ocasiones en que aquí aparezca un álbum con esas características. 

•Pobre: Desastre artístico, falta de coherencia o producto puramente comercial fallido. Ejemplo: Experimentos de "crossover" mal ejecutados. Definitivamente es muy improbable que lleguen a ver un álbum así en esta columna.


¿Por qué mantengo el #Esencial para este disco de Lavoe?


Entiendo posibles escepticismos. Si analizáramos Reventó (1985) de Lavoe, mi veredicto bajaría a •Bueno o incluso •Regular por la irregularidad de su voz y la producción menos inspirada.

Pero La voz es el acta de independencia de una de las figuras más icónicas de la salsa. Si ese disco falla, Héctor se queda como "el cantante de Willie Colón" y la historia de la música latina cambia por completo. Es un disco "bisagra".


Un ejercicio: La voz analizado desde Colón


Para entender el éxito de La voz, es imperativo desviar el foco del micrófono y apuntarlo hacia la cabina de control. Si Héctor Lavoe puso el sentimiento, Willie Colón puso la estrategia, el orden y la visión de futuro. En 1975, Colón no sólo era un trombonista; era un arquitecto que estaba rediseñando los planos de la música latina.


El tránsito del jefe: De la calle al laboratorio


En 1975, la escena salsera experimentaba la transición del "sonido de banda" al "sonido de productor". Mientras que en los 60 la música se grababa casi en directo, con la urgencia del asfalto, a mediados de los 70 la influencia de la producción del Philly Soul y el funk de vanguardia empezó a permear en la Fania. Willie Colón fue el primero en entender que la salsa podía ser un producto de alta fidelidad. Dejó de ser el líder de banda que "asaltaba" el escenario para convertirse en el metrónomo moral de un género que necesitaba madurar para sobrevivir al mercado internacional.


El retiro del general: El contexto de Willie


Colón, a sus escasos 25 años, ya era un veterano de mil batallas. Estaba agotado por la vida de giras y por la responsabilidad de tutelar a un Héctor Lavoe cuya indisciplina empezaba a ser legendaria. Su decisión de "romper" el binomio no fue un abandono, sino una maniobra de supervivencia creativa. Willie quería estudiar arreglos, perfeccionar su técnica y, sobre todo, controlar el resultado final desde la consola. En La voz, Colón se posiciona como un "mentor ausente": entrega a su mejor guerrero al mundo, pero le fabrica la mejor armadura posible.


El estudio como refugio: La geopolítica del sonido


Mientras Nueva York colapsaba económicamente, los estudios de grabación (como Good Vibrations) se convirtieron en oasis de sofisticación. Colón utilizó el estudio para filtrar la realidad: capturó la esencia del barrio pero le dio una pátina de "elegancia de salón". Fue un acto político-cultural: demostrar que la música de los marginados podía tener el mismo rigor técnico que la de las grandes orquestas estadounidenses. Willie fue el puente entre la furia del gueto y la precisión del conservatorio.


El plano maestro: Rasgos de la producción de Colón


La producción en La voz es una lección de economía y eficacia. Willie eliminó las asperezas de los álbumes anteriores. En La voz, cada instrumento tiene su espacio frecuencial. No hay saturación; hay aire. En cuanto a los arreglos, Colón no intentó hacerlo todo. Delegó en genios como Mark Dimond, pero mantuvo el control de la "visión de conjunto". Sabía que Dimond aportaría ese piano oscuro y jazzístico que Lavoe necesitaba para elevarse por encima del resto. El mayor mérito de Willie tras bambalinas fue "contener" a Héctor. Le exigió tomas donde la dicción fuera perfecta y el sentimiento estuviera bajo control, evitando que el cantante cayera en el histrionismo.


La selección de la guardia pretoriana


Como productor, Colón no sólo buscaba músicos, también buscaba cómplices. Mantuvo a la base rítmica de su propia orquesta (Cardona, Mangual, Torres) porque ellos ya hablaban el idioma de Lavoe sin necesidad de partituras. El desempeño de estos músicos bajo la dirección de Willie es de una sobriedad magistral: tocan para el cantante, no para el lucimiento personal.


Del caos a la Catedral: De Lo mato a La voz


Desde la perspectiva de la producción, el salto entre estos dos álbumes es un abismo.

Lo mato (1973) es un disco de "guerrilla". Willie produce con el cuchillo entre los dientes; el sonido es frontal, agresivo y casi insolente.

La voz (1975) es una catedral. La producción busca la posteridad. Willie ya no quiere "matar", quiere "consagrar". Es el paso del cineasta de acción al director de cine de autor.


La fórmula de la eternidad: Hacia De ti depende


En la producción posterior, De ti depende (1976), Willie Colón se vuelve aún más ambicioso. Persiste la obsesión por la calidad del sonido. La diferencia consiste en que en De ti depende, Colón se atreve con estructuras más complejas y una mayor presencia de cuerdas y matices orquestales. Si La voz fue el debut exitoso, De ti depende fue la confirmación de que la alianza productor-cantante era la más poderosa de la industria latina de la época.


La trascendencia del "George Martin" de la Salsa


Sin la labor de Willie Colón tras bambalinas, es muy probable que el debut de Lavoe hubiera sido un caos de genialidad desordenada. Willie aportó el orden formal necesario para que el carisma de Héctor no se quemara en el primer intento. Fue el primer gran productor independiente de la salsa que entendió la marca "Artista" por encima de la marca "Banda".


Clasificación: •Excelente


Quizá el lector esperaba un •Esencial, pero bajo la lupa de la producción pura, este disco es •Excelente. ¿Por qué? Porque aunque es el nacimiento de un ídolo y tiene un sonido impecable, todavía se siente como una "transición segura". Willie no arriesgó tanto en la experimentación como lo haría años después con Rubén Blades en Siembra. La voz es un ejercicio de perfección sobre fórmulas ya conocidas, ejecutado con una maestría superior, pero sin el carácter revolucionario que Colón imprimiría en producciones posteriores. Es un disco perfecto, pero no es el "Big Bang" de la producción de Willie; es su graduación con honores.


Héctor Lavoe – La voz (1975)


•Puerto Rico 

•Salsa 

•Bolero Son


•Esencial o •Excelente, según cómo se lo mire



Si quieres escucharlo, toca el enlace: https://t.me/Musicas_Latinas/685

La locura por los libros

Foto: Salvador Arbeláez


-Jotamario Arbeláez-


A Héctor Abad Faciolince


Encerrado en mi morada campestre de Villa de Leyva, en la Montaña Mágica, con los 4 mil libros que me quedan -pues hube de donar otros tantos que no cupieron, y que me siguen doliendo cuando los necesito y no los encuentro-, me dedico, además de acariciarlos, a repasarlos, tomando nota de los subrayados felices o desgraciados con que tuve a bien desvalorizarlos. Pues más que objetos preciosos y comerciales han sido herramientas de trabajo susceptibles de intervenirse.

No todas las frases subrayadas de un libro cuando vuelven a revisarse son máximas contundentes, a veces aparecen como meras tonterías seguramente referidas a algo que el marcador estaba viviendo y que tienen por lo tanto su clave oculta.

Pero en otras circunstancias muestran la agudeza del aguzado. Que le sirven como epígrafes para sus poemas, sus cuentos o sus novelas.

Vivo pues sumido en el silencio librero compensado con el excitante retintín de la discoteca, que en este momento me trae A Midsummer Night’s Dream, ante cuyos arpegios la silla, herencia de mi suegro, que da reposo a mi nalgatorio, salta de gozo.

Mi mujer que linda con la belleza cuida de que mi pinta no se destiña, mis perros Monje y Dina hacen que durante todo el día esté evocando a dos de mis más amorosos amigos idos,

mi gata Agatha de pelaje níveo me resalta la maravilla de la creación, mientras la contemplo lengüeteando la dosis de leche que le deposito en su plato. Y las fotos de mi nieta Emilia Curtis de vacaciones en el Caribe me convencen de que viví en el mejor de los mundos posibles.

Como estoy en medio del bosque ya no salgo a los bares en busca de mis amigos dipsómanos, ni a cines ni a conciertos ni a cocteles, moteles ni carruseles.

Pienso entonces que me ha llegado la hora de poner en orden los productos del tecleo por 70 años, antes de terminar por volverme loco.

Aunque la locura no haya sido enseña de mi vidorria. Ni siquiera llegué a sentirme loco de amor, que es igual a loco de atar, y a lo sumo loco de contento cuando volvía a quedar solo en mi biblioteca.

Tengo versiones varias de cada tomo -algunos provenientes de extensas notas en mi morral cuando hace 70 años abandoné la casa paterna-, a los que les faltan o sobran textos y debo cotejarlos hasta que resulte la perla.

Los libros publicados con los que gané premios y romances ya se quedaron así, El profeta en su casa, Zona de tolerancia, El cuerpo de ella, La casa de memoria, Mi crucifixión rosada. Pero tantos me faltan que vengo maquinando por décadas y debo puntualizar finalmente.

En los últimos años, merced a la Universidad del Valle y al FCE, evacué la versión definitiva de Mi reino por este mundo. La que en el año 80 ganó el premio de poesía de la editorial de Gabo la complementé con los poemas del 80 al 2 mil.

Nada es para siempre, publicada por Aguilar en 2002, la he desglosado y ampliado en dos tomos: Retrato del nadaísta cachorro, que publicó el año pasado Pigmalión en España y que no entiendo por qué no se distribuye en Colombia, y Visión postrera, actualizada y versificada para una nueva edición, donde hace más de 20 años me dio por referir la culminación de mi vida de poeta en los siete estadios de la agonía, que me inculcó la psiquiatra suiza Elizabeth Kubler Ross en su estudio Sobre la muerte y los moribundos.

Y que recientemente puntualicé en la edición de Planeta de mis coqueteos con la pelona en Y vivo todavía, referente a esa falsa defunción que me decretaron.

Y es así que reviso esta trilogía: El arte de pedirlo, al que siguió La novia dejo no, que lleva 8 años en poder de un editor algo demorado, y habré de culminar con Que se casen los maricas, ya que a mí me falló el casorio; también con el tema seductor están de un pelito La rosa entreabierta, Culito de rana, Tras Eros, El cielo para mí solo, aparte de los textos políticos de Descanse en paz la guerra. Y el testimonio de mi vida entre libros, La biblioteca seductora.

Desde que cumplí las siete décadas vengo elaborando una saga denominada Los días contados, que comenzaría por El séptimo piso, seguido por otros diez tomos, cada uno con un tema, comprendidos recuerdos de la familia, los amores gozados y padecidos, los amigos vivos y muertos, las drogas alucinógenas, la violencia sentida, los libros saboreados, los viajes terrestres y sicodélicos, y hasta las experiencias místicas conducentes a Dios a través del espiritismo.

Serias casas editoras las están esperando. Por lo que debo correr. Convencido de que apenas pegue uno de mis libros arrastrará con los otros, como pasó con Gabo y Cien años de soledad, que catapultó La hojarasca y El coronel no tiene quien le escriba.

Y convertirme en una especie de J. Mario Mendoza, que fue best seller desde un principio impulsado por Satanás. O Abad Faciolince, pegado de El olvido que seremos, con su valiente padre como memoria. O J. G. Vásquez con Los nombres de Feliza, donde no tuvo a bien reseñarme.

Definitivamente creo que si se me acaban los días con Los días contados se me quedarán obras fundamentales sin darles mate, entre ellas La casa de las agujas, referida a las puntiagudas que recibió papá como cesantías y que se tomaron la casa; la Autobiografía (no autorizada) de Nerón anticristo, posando como la reencarnación revelada del monstruo romano; El Sexamerón, seis relatos de extremismo licencioso en los tiempos del Covid 19 en un refugio de Villa de Leyva, y Mis aventuras con la Marquesa de Sade, esa bien desvestida dama libidinosa que me sumergió en las espesuras de la lujuria, que ya poco se me manifiesta en el cuerpo pero que se perpetúa en los dedos contra el teclado.

Y mientras yo me devano los sesos tratando de limpiar mis escritos para darles la presentación de los principados, mi mujer que linda con la limpieza barre que barre los aparentemente limpios mosaicos hasta dejarlos como yo quisiera dejar mi obra.

Los nadaístas, casi todos tocados de locura por los libros, nunca alcanzamos a ser fenómenos editoriales por cuanto fuimos inspirados por el espíritu santo, pero cuando aún era beato. Y así resultamos genios en bruto, puros ingenios.

Menos mal que en el Cielo, donde fueron a templar casi todos estos ateos, y donde ya tengo reserva de 5 estrellas, no se requiere de derechos de autor para pasarla bueno...

Los tres silencios literarios

Foto: Fernando Nahuel


-Roberto Bolaño-


El silencio de Rulfo creo que obedece a algo tan cotidiano, que explicarlo es perder el tiempo. Hay varias versiones. Una que explicaba Monterroso es que Rulfo tenía a su tío fulanito, que le contaba historias, y cuando le preguntaron por qué ya no escribía, él contestó porque se me murió el tío fulanito. Y yo me lo creo, además. Otra explicación es simple y sencilla, y es porque ya está, todo tiene fecha de caducidad. 

Por ejemplo, a mí me inquieta mucho más el silencio rimbaudiano que el silencio rulfiano. Rulfo deja de escribir porque él ya había escrito todo lo que quería escribir y, como se ve incapaz de escribir algo mejor, simplemente para. Rimbaud probablemente hubiera podido escribir algo mucho mejor, que ya es decir palabras muy altas, pero ése es un silencio que a los occidentales nos plantea preguntas. El silencio de Rulfo no plantea preguntas, es hasta un silencio entrañable, es cotidiano. Después del postre, ¿qué coño vas a comer? 

Hay un tercer silencio literario, que es el no buscado, el de las sombras que uno está seguro de que estaban allí en el umbral y que no han llegado a ser jamás hechos tangibles. Por ejemplo, está el silencio de Georg Büchner. Él muere a los 25 o a los 24 años, deja tres o cuatro obras de teatro que son cuatro obras maestras, una de ellas Woyzeck, una obra maestra absoluta, otra sobre la muerte de Danton, que es una obra maestra enorme, no absoluta pero notabilísima, y las otras dos, una se llama Leonce y Lena y la otra no me acuerdo, que son de una importancia fundamental. Todo esto antes de cumplir 25 años. ¿Qué hubiera pasado si Büchner no hubiera muerto, qué escritor hubiera habido ahí? Y este silencio no buscado es el silencio de…, no me atrevo a llamarlo destino…, es una manifestación de la impotencia. 

El silencio de la muerte es el peor de los silencios, porque el silencio rulfiano es un silencio aceptado y el rimbauldiano es un silencio buscado, pero el silencio de la muerte es el que corta de tajo lo que pudo ser y nunca más va a poder ser, lo que no sabremos jamás. No sabremos nunca si Büchner hubiera sido más grande que Goethe o no; yo creo que sí, pero no lo sabremos nunca. No sabremos jamás que habría podido escribir Büchner a los 30 años. Y eso mismo se extiende en todo el planeta como una mancha, una enfermedad atroz que de alguna u otra manera pone en jaque nuestras costumbres, nuestras certezas más arraigadas...


Entrevista con Eliseo Álvarez

Revista Turia, Teruel (España), junio de 2005

sábado, 21 de febrero de 2026

El malo


-Manuel Cabesa-


Todavía la televisión era en blanco y negro; o en mi casa todavía el televisor se veía en blanco y negro, así que sólo puedo imaginar que los trajes que vestían Willie Colón y Héctor LaVoe tres piezas de solapa ancha tenían que ser de un color pastel o algo así. 

Llegaron a nuestro país a través de "La Feria de la Alegría", famoso programa de concursos que animaba Henry Altuve junto al inefable Pedro Montes todos los sábados en la tarde por RCTV.

Todavía no era la hora de la Salsa, pero estaba a punto creo yo. Richie Ray con su bugaloo y el maestro Tito Rodríguez y su orquesta eran quienes capitalizaban las fiestas del barrio y en eso llegó "El malo".

"Panameña" y "La murga" fueron sus dos primeros éxitos: piezas bailables de suave cadencia que les permitían a las parejas pasearse rítmicamente por todo el salón sin sudoraciones excesivas. Eran los inicios de la Fania y ahora era que venía lo bueno. 

Durante los 70 Willie Colón y Héctor LaVoe coronaron éxito tras éxito en cada álbum que iban publicando: "Lo mato" y "El juicio" quizás sean los más emblemáticos y los que más han perdurado en la memoria de los bailadores: "Calle Luna, calle sol", "Timbalero", "Juana Peña" entre muchos otras canciones eran pura sincronización entre el trombón, el cuatro, la voz de Héctor y el resto de la orquesta. 

A finales de la década aparece "El bueno, el malo y el feo", álbum interesante donde los haya en la historia de la Salsa por su diversidad: es el disco que marca la despedida del binomio Colón-LaVoe, pero allí también, por primera vez el Willie se atreve con la voz, y hace su entrada discreta Rubén Blades interpretando "El lamento del casanguero", que a su vez venía de grabar con la orquesta de Pete Rodríguez.

Con la entrada de Blades a la orquesta de Willie en sustitución de Héctor, ésta agarra un aire inesperado y asciende a los mayores números de ventas en el Hit Parade latino, "Metiendo mano" y "Siembra" deslumbran no sólo por su sonoridad, por la concatenación entre la voz del panameño y el trombón del malote, sino por la diversidad de matices armónicos desde el son montuno hasta la música disco de moda en la época (¿recuerdan el intro de "Plástico"?) y por la introducción de letras con un mensaje social explícito que te hablaban de solidaridad entre los pueblos y antiimperialismo sin que por ello dejaras de mover el esqueleto.

Luego de la experiencia de Blades y siguiendo la línea de la Fania de experimentar con nuevos sonidos más allá de lo estrictamente afro-caribeño, el Willie se acercó a Brasil con dos piezas memorables: "Usted abusó" en compañía de la gran Celia Cruz y "O qué será", la canción de Chico Buarque de Holanda que el mismo Colón interpretó en el álbum "Fantasmas" de gran audiencia en los últimos tiempos de los años ochenta.

Hacer un balance de los éxitos de Willie Colón sería el equivalente a hacer una larga lista de mercado (no sólo por los productos sino también por la calidad y el número de ventas) y creo que cada melómano guarda en su memoria y en su corazón gratos recuerdos de aquel efervescente ritmo que nos hizo bailar y disfrutar durante décadas. 

Y, aunque se ha decretado su ausencia física, artistas como el Willie, el Malo, no se retiran tan fácilmente: su música seguirá sonando mientras nosotros buscamos la manera de seguir echando un pie.


21 de febrero de 2026

Palabras bajo libertad (V / 2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Edición:

Manuel Cabesa


*****


Una característica de la poesía actual es la de expresarse directamente evadiendo metáforas e imágenes que podrían resultar herméticas para el lector. Se dice lo necesario pero de tal manera que la sencillez del discurso nos envuelva y siga siendo una mirada reveladora de mundo que nos rodea. Tal es el caso del poeta español Francisco Javier Fernández cuyos textos, encontrados recientemente en la red, nos sumergen en la nostalgia de lo cotidiano, la memoria como refugio del vivir inmediato, y con cierta cercanía al mini-relato en la forma en que el poeta resuelve la imagen que nos acerca a través de sus palabras. 


(mcabesa)



Circo


Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo

Leopoldo María Panero


Cuando el circo llegaba al pueblo

se encontraba con la vida esperando

de unos niños que crecían entre polvo

y muñecas remendadas.

Con los ojos tan grandes

como el corazón, asistíamos

a la doma de leones abandonados

por la furia y a las acrobacias

de un ángel desterrado

sobre un trapecio sin red.

Después los payasos

nos hacían reír con su tristeza ambulante.

Al día siguiente

parecía que todo había sido un sueño.


***


Calle Maura


Aquí sucedo

Mario Benedetti


Vivo en la calle Maura,

muy cerca de mí mismo.

Aquí aprendí a soñar

antes que a ser libre.

Una campana insiste

en su empeño de las horas

y los pájaros se posan

sobre las voces de los niños

que juegan a existir.

Esta fue mi casa desde

que pudo sostenerse.

Hay quien toca sus puertas

con las palmas de la mano

y espera que se abran

como se abren mis ojos.

Mi padre la cuida.

Mi madre la ama.

Cuando vengas a mi casa

ven con un verso nuevo.

Así es esta distante cercanía

que me lleva y me trae y no me deja.


***


Verso 


De lo oscuro surge el negro mundo de las noches

Georg Heym


Y como el final de una historia

nunca contada, tras la última flecha

llega el tiempo de la espiga,

de adorarnos de nuevo

como si todo hubiese ocurrido

sin que nada pasara.

Sin el ruido sordo de las cosas

que acaban cuando tienen que acabar

y ya nadie vuelve a saber de ellas.

Hemos sido los únicos

que nunca quisimos ser un verso,

y fíjate ahora, que te escribo

desde hace tanto tiempo

que parece que siempre hago lo mismo.

Aquí pasaré el invierno. Seguimos siendo otros.


***


Autoservicio


En este día de cada día

Antonio García Soler


Cuando todo su miedo

sea mío

podremos empezar de nuevo.

Elegir en el catálogo de absurdos

las razones de esta locura

como en un autoservicio.

Ella quiere altares, la bala

que mató a Lennon,

los pasos perdidos

por las ciudades del norte.

A mí me basta

con saber dónde estoy

igual que las flores ciegas.


***


Restos de fábrica


Y a veces la razón no es lo que era

Raquel Lanseros


Dios no traza líneas rectas.

Esparce su polen al azar

y sopla con los ojos cerrados.

Por eso se equivocó la paloma

y existen tantos colores,

el dulce, lo amargo, la aciaga

distancia hacia lo imposible.

Existe lo imperfecto desde

el mismo inicio de la creación,

la abundancia y el hambre,

los corazones hechos con los

restos de fábrica y la codicia

siempre pretendida de la belleza.

Alguien capaz de abandonarse

puede sobrevivir. Suelta mi mano.


—————————————


Francisco Javier Fernández Espinosa (Tíjola, Almería, 1974), es autor de "Poemas de un pasado imperfecto" (2020),  "Todas aquellas palabras" (2023), "Volver a volver" (2026).