jueves, 23 de julio de 2026

Microrrelatos (II) | Rafael Ortega

 


Título: Bailarina por naturaleza (2026)

Autor: Rafael Ortega 



Del libro inédito Fábulas infames y otros relatos absurdos 


***


El hombre que no sabía morir


Cada mañana, frente al espejo, ensayaba los gestos que mostraría con orgullo su cadáver. Hasta que una noche lo sorprendió un infarto. Sólo entonces entendió que la muerte es una interrupción molesta de la rutina.


***


Relatos absurdos


El tipo del tercer piso llevaba años escribiendo una enciclopedia para demostrar que la lógica era una invención de la gente sin imaginación. La noche que dio por terminado el último volumen, el libro cobró sentido, se levantó de la mesa y se marchó del apartamento acusándolo de incoherente.


***


Herencia burocrática


Quedar atrapado en la cola del Banco de Venezuela no fue una decisión, fue un estado del ser. Las horas se disolvieron en días; los días en décadas. La fila se convirtió en su isla desierta y su silla plegable en un trono de paciencia. Con destreza de náufrago urbano, aprendió a cazar las palomas que entraban por la ventana y a encender fuego frotando recibos viejos y tarjetas de débito caducadas.

Cuando por fin sonó su número y avanzó hasta la taquilla, su barba era una cascada blanca que tocaba el mostrador. El funcionario, sin levantar la vista del monitor, ajustó sus anteojos y sentenció:


-Señor, la planilla para este trámite expiró el siglo pasado. Y, por cierto, nos debe cincuenta años en comisiones por uso indebido de las instalaciones.


***


La metamorfosis del mendigo de versos


El Poeta no tenía sombra, sino un pequeño demonio con alas de zamuro que le dictaba al oído. Tenía, además, una terrible bendición: sus ojos, robados a un ángel despistado en un bar de mala muerte, le hacían ver la belleza absoluta en el horror. Veía una sinfonía celestial en una rata agonizante y un milagro divino en el moho del pan.

Un día, la Muerte lo detuvo en un cruce de caminos.


-Tu senda es miserable -le dijo la Muerte con lástima-. Te estás desgastando las botas, comes sobras y nadie recuerda tu nombre. El camino del poeta no vale la pena.


-Tiene toda la razón, señora -respondió el Poeta, sonriendo con sus incisivos afilados de demonio-. Es un trayecto absurdo, hambriento y ridículo.


Sin decir más, el Poeta se quitó los ojos celestiales, los arrojó al lodo y siguió caminando a ciegas hacia el abismo, cantando una melodía espantosa.

La Muerte, curiosa, se agachó y recogió las dos pupilas impías. Al ponérselas, vio cómo del barro donde el Poeta había pisado brotaban orquídeas de luz y galaxias de polvo doradas.

Entonces la Muerte comprendió: el caminante era una criatura despreciable y prescindible, pero el camino... el camino de la poesía valía cada infame paso.


***


Relato de un náufrago urbano



Tras el aguacero de mayo, el asfalto de la avenida Aragua se volvió líquido -densamente marino- solo para él. Atrapado en la isla, rodeado por una marea de autobuses que rugían como tiburones de metal, se aferró a su maletín a modo de balsa. El agua sucia le llegaba a las rodillas. A pocos metros, en la acera, los peatones caminaban en perfecta sequedad, ignorando sus gritos de auxilio con la indiferencia de quien evade a un loco. Mientras calculaba cuántos minutos de flotación le quedaban antes de ser devorado por el transporte público, contempló con horror el fondo del océano: el cuero de sus zapatos nuevos se estaba agrietando sin remedio. Morir ahogado en la vía le pareció una molestia aceptable, pero perder las doce cuotas que aún le debía al zapatero fue la verdadera tragedia de la tarde.


***


La rebelión de la platabanda


El racionamiento eléctrico comenzó a las ocho en punto, sumergiendo al barrio Santa Rosa en una penumbra densa y calurosa. Pero esa noche el aire venía distinto: cargado de una electricidad traviesa.

Aprovechando que la oscuridad disolvía los contornos, las sombras decidieron emanciparse. Cansadas de ser el reflejo servil de cuerpos agotados, despegaron los talones del piso. La del profesor Leonardo, aburrida de una vida encorvada entre libros, cruzó la calle reptando para buscar aires nuevos; otras se adosaron a cuerpos ajenos solo por probar posturas distintas. Pero la mayoría prefirió el descontrol: en la platabanda del vecino del fondo, decenas de siluetas se reunieron en una fiesta clandestina para bailar reguetón y salsa baúl sin proyectar un solo ruido.

A las seis de la mañana, cuando la luz regresó de golpe y el sol despuntó en el horizonte, la estampida de sombras en retirada fue un caos. Desorientadas por la prisa, muchas se pegaron al primer cuerpo que encontraron, pero el verdadero problema ocurrió en lo alto de la casa.

En la platabanda quedaron pegadas, como un grafiti nocturno, las sombras de los tres mejores bailarines de Santa Rosa, que se negaron rotundamente a despegarse del cemento. Desde entonces, sus antiguos dueños caminan bajo el sol del mediodía completamente traslúcidos, mientras el vecino cobra entrada los fines de semana para que la gente vea cómo tres siluetas oscuras siguen tirando paso sobre el techo caliente.


***


La cédula


Llevaba cuatro horas bajo la luz fluorescente de la Oficina Nacional de Identificación y Extranjería cuando por fin llamaron su número. El funcionario, un hombre con bigote gris y ojos extinguidos por el tedio, tecleó su número de cédula sin mirarlo.


-Usted no puede renovar nada, señor- dijo el funcionario, ajustándose los lentes-. Según el sistema, usted falleció el 12 de marzo de hace dos años.


-¿Cómo que fallecí? ¡Estoy aquí de pie!- protestó, golpeando levemente el mostrador con los nudillos-. Toco la madera, respiro el aire viciado de esta sala, me duelen las piernas de hacer la cola. ¡Estoy vivo!


El funcionario suspiró con la paciencia de quien ha visto a demasiados muertos obstinados.


-Señor, el sistema no se equivoca. Aquí consta: paro cardiorrespiratorio, Hospital Central de Maracay, 14:35 horas. Si usted está aquí, es un error administrativo o una suplantación. Pase al módulo 4 para apelaciones de defunción.


Durante las siguientes dos horas, el hombre fue de taquilla en taquilla. Presentó su licencia de conducir, la tarjeta del banco, una factura de luz a su nombre y hasta la cicatriz de su apendicitis. Nadie se inmutó. Para la señorita de la casilla 8, un sello rojo valía más que cualquier pulso.

Frustrado, pellizcó su propio brazo para sentir el dolor, pero no sintió nada. Extrañado, se llevó la mano al cuello, buscando la yugular. Bajo sus dedos, la piel estaba fría y el silencio en su pecho era absoluto.

Entonces recordó el autobús que nunca llegó a su destino aquel lluvioso 12 de marzo, la luz blanca al final del túnel que confundió con los faros de un camión, y la extraña razón por la que en los últimos dos años nadie, absolutamente nadie, lo había vuelto a llamar por su nombre.

El hombre miró sus manos pálidas, dio un paso atrás y se disculpó con el funcionario.


-Tiene razón- murmuró-. Disculpe la molestia.


Y se fue flotando, en silencio, directo a la salida.


***


La máquina de la empatía


El profesor inventó el Empatómetro, un casco de cobre diseñado para que cualquiera pudiera sentir exactamente lo que padecía su prójimo. Seguro de haber hallado la cura definitiva para la crueldad humana, instaló un puesto en la plaza Bolívar.

El primer cliente fue un hombre amargado que se quejaba de que su esposa jamás valoraba el cansancio de sus jornadas. Se colocó el casco, pero en lugar de sintonizar la mente de su mujer, presionó el botón de reinicio y ajustó los cables para que la máquina proyectara sus propios pensamientos hacia el altavoz de la plaza a máximo volumen.

En menos de una hora, la fila para usar el invento le daba tres vueltas a la manzana. Ninguno de los presentes quería ponerse los receptores para sentir al otro; todos hacían cola, con los puños levantados, peleándose por el micrófono para obligar al resto de la gente a escuchar sus propios dolores.

El inventor vendió el aparato a una fábrica de megáfonos y se retiró a vivir solo en la cima de un cerro.


***


La sazón del chisme


El budare de hierro fundido de la doña no respondía a la llama del gas ni al calor de la leña: solo calentaba al contacto con el chisme fresco. Si la masa tocaba el hierro en medio del silencio, la arepa se pegaba irremediablemente o quedaba cruda por dentro; pero apenas doña Chepina empezaba a contarle que al hijo del vecino lo habían visto bajando de un taxi a medianoche con una mesonera, el metal chisporroteaba complacido y doraba la concha a la perfección.

Durante tres décadas, en esa cocina no se preparó un solo desayuno sin la correspondiente crónica de la cuadra. El budare sabía de divorcios antes que los juzgados, de embargos antes que los bancos y de romances clandestinos antes de que los involucrados los aceptaran. Las arepas salían abombadas, crujientes y humeantes, sazonadas por la revelación de quién no había pagado el aseo o cuál vecina usaba tinte prestado.

El problema sobrevino el año en que la calle quedó vacía. Los vecinos se fueron mudando, los muchachos emigraron y las casas de al lado cerraron sus puertas. Una mañana, doña Chepina puso el budare al fuego y, al no tener ninguna novedad que contarle, intentó engañarlo inventando una historia sobre la panadera. Pero el hierro, sabio y curado por los años, no se dejó burlar: la arepa se volvió carbón en segundos.

Al día siguiente, doña Chepina no dijo una sola palabra. El budare se enfrió de golpe, soltó una última costra de tizne sobre el Buda de yeso de la repisa y se volvió un pedazo de hierro inerte. Dicen que desde entonces se puede calentar al fuego más vivo, pero ninguna arepa vuelve a despegarse de su superficie.


***


El purgatorio en vibración


Don Edecio llevaba tres días intentando cruzar el túnel de luz hacia el descanso eterno. La brisa celestial ya le acariciaba el rostro cuando, en el borde exacto entre la vida y la ultratumba, su bolsillo espiritual vibró violentamente.


"(10:42 p.m.) Doña Merlyn: Por favor, el del carro gris que apague la alarma o llamo a la policía".


El tirón magnético del Ding lo regresó de golpe a la sala de su antiguo apartamento. Edecio no había muerto por un paro cardíaco, sino por un colapso nervioso tras leer cuatrocientos mensajes sobre la reparación del ascensor. Lo trágico era que, al no haber entregado el cargo de administrador antes de fallecer, nadie podía eliminar su número del grupo Residencias El Paraíso - OFICIAL (NO MEMES).


Cada notificación del teléfono era un ancla que lo devolvía al plano terrenal.


A las dos de la mañana, cuando volvió a encaminarse hacia la paz eterna, una ráfaga de doce stickers de "Buenos días con café" enviados por la señora América lo estrelló contra el techo de la cocina. Desesperado, Edecio intentó enviar un mensaje espectral: "Por favor, estoy muerto, déjenme ir". Pero la administradora suplente solo respondió: "Vecino, recuerde que este chat no es para temas personales. Saludos".


Dicen que desde entonces, a medianoche, si escuchas con atención cerca del tablero eléctrico, se oye un lamento espectral: "¡Por favor, pongan el chat en silencio!".


***


La herradura de la suerte


Jesús María llevaba tres días escuchando el galope sordo rondar su dormitorio. No era supersticioso, pero cuando se miró al espejo por la mañana y vio aquellas dos marcas lívidas, hundidas y oscuras bajo sus ojos, comprendió que el jinete ya había desmontado frente a su casa.

Allí estaban, impecables: dos marcas perfectas en forma de U.


-Una herradura de la muerte -susurró el médico, ajustándose los lentes con solemnidad profesional-. Lo siento, licenciado. La parca ha dejado su firma. Es cuestión de horas.


Jesús María, que siempre había sido un optimista incorregible, parpadeó con pesadez, admiró el contorno morado en el reflejo y sonrió mostrando los pocos dientes que le quedaban.


-¡Tonterías! -dijo con voz rasposa-. Todo el mundo sabe que las herraduras se cuelgan para atraer la buena fortuna.


Se acomodó en la cama, cerró los ojos esperanzado y esperó la llegada del milagro.

A la mañana siguiente, la Muerte tuvo que entrar a la fuerza porque nadie le abría la puerta. Encontró a Jesús María tieso, frío como el mármol, pero con una sonrisa de ganador de lotería estampada en el rostro. Colgado en la pared frente a su cama, un letrero escrito a mano decía: “Por favor, no molestar. Esperando la gracia divina”.

La Muerte suspiró, se retocó las ojeras frente al espejo y pensó que hay gente a la que verdaderamente no se le puede quitar la ilusión.


***


Fábulas infames


Fiel a la tradición, la hormiga pasó la sequía cargando hojas pesadas y terrones de azúcar, ignorando las burlas de la chicharra que prefería cantar montada en una mata de mango. Cuando las lluvias de junio inundaron la avenida Bolívar, la hormiga se refugió en su madriguera, orgullosa de su previsión. Minutos después, el caucho de un autobús aplastó el hormiguero, sepultando sus certezas bajo tres toneladas de barro. Justo antes de que todo se volviera oscuro, la hormiga no lamentó perder la vida, sino el hecho de haberle regalado el azúcar que le quedaba en las patas al bachaco de la esquina. La chicharra, a salvo en las alturas, compuso de inmediato un sentido lamento folclórico sobre la tragedia del subsuelo. La canción se volvió un éxito viral en las plataformas digitales antes del amanecer, demostrando que el luto ajeno siempre ha sido más rentable que el trabajo duro.

Cinco poemas de Rafael Rondón Narváez

 

Título: El flotante azul (1992)

Autor: Mario Abreu


***


Enfrentados a un desastre repentino, todos señalamos lo normales que eran las circunstancias en las que lo impensable sucede… 

Joan Didon


1


era el día de aquel año 

y como siempre 


era un día 

era un sol 

era un cielo 


y todos los pájaros volaban

y la tierra frente al mar

parecía calma

igual 


y nada se ejercía

como presagio

es decir

como la vida misma  

y después 


2


lo innombrable 

lo que se quiebra

lo que no resiste


cómo marcar el tiempo 

en esa palabra 

que no mide


no es pues

(aunque lo sea)

lo que afuera sucedió

sino lo que ahora 

se quebró para siempre 

en la garganta 

rota o muda 


3


ya no es el mismo sentido

en la grieta

y en la herida 


ahora somos 

el residuo

sitio encima

desde ahora 

y para siempre


4


y cómo hacer 

a semejanza

de lo que parece advenir

pero no llega 


ni la escritura brota 

más que en el desborde 

y en la espuma

donde se miden y calculan cifras

números frente al océano


y esa no importa


5


queda el cadáver

y su única experiencia

posible narrable

pero ahora muda

irrecuperable


y el testigo 

como una incapacidad 

permanente


ahora y para siempre 

un vacío

y esta huella

tan basta



***

Rafael Rondón Narváez. Licenciado en Letras, Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Magíster en Literatura Latinoamericana, Universidad Simón Bolívar (USB). Doctor en Cultura y Arte para América Latina y el Caribe por el Instituto Pedagógico de Caracas (IPC). Actualmente, es jefe de la Cátedra de Literatura Latinoamericana y del Caribe; miembro del Instituto Venezolano de Investigaciones Lingüísticas y Literarias “Andrés Bello” (IVILLAB) y coordinador del Taller Literario Marco Antonio Martínez (TALMAM) desde el 2011. Fue jefe de investigación del Museo de Arte Contemporáneo de Maracay Mario Abreu y director de la Galería Municipal de Arte de Maracay. Ha realizado curadurías y textos sobre arte en diversas publicaciones de Venezuela y otros países. Autor de Las artes en Aragua: imaginario de un territorio (2003), Literatura y cultura: espacio para el encuentro (2005) y Las sendas del paisaje: paisaje, modernidad y nación en la Generación del 18 y el Círculo de Bellas Artes (2012). Como escritor de ficción, sus cuentos y poemas se incluyen en revistas electrónicas como contexturas.org, Letralia, eldienteroto.org y en los libros antológicos Grieta íntima: poetas venezolanos nacidos en los sesenta. (2025) LP5, Chile, Poesía de Aragua (1966-1996). Secretaría de Cultura del estado Aragua.

La ventana de lo cotidiano (III) | Liris Miyares

 


Sembremos el planeta


Sembremos verdor y matices coloridos al planeta. Él nos habla y hacemos caso omiso. 

Si no nos atrevemos y continuamos ignorando sus mensajes el resultado será aterrador con consecuencias catástroficas. Asumamos nuestra responsabilidad.

Estamos matando nuestra casa y no nos damos cuenta de ello, los bosques mueren cada vez incendiados por manos inescrupulosas, la basura se come nuestras areas verdes, los océanos piden a gritos salvemos su flora y su fauna.

Cada día desaparecen más y más especies de la faz de la tierra. La naturaleza nos pide a gritos detengamos el ataque contra ella.

Es responsabilidad nuestra escuchar sus lamentos y sembrar conciencia de conservación y respeto por quién nos brinda grandes bendiciones.

Pongamos nuestro granito de arena y colaboremos en vestir de verde al planeta que de diferentes formas nos expresa su descontento.

Comencemos poco a poco y se sumarán cada vez más y más, y con determinación lo lograremos.

Sumémonos todos y hagamos el planeta que como herencia dejaremos a nuestros descendientes. La tarea es de todos, asumámosla pues.

Las palabras como refugio o trinchera

Autor: J.M. Llerena

***


Las palabras leídas, escuchadas, escritas, borroneadas, dichas, olvidadas, encontradas, donadas, regaladas, robadas, que conforman el mundo que nos ha recibido y que hemos ayudado a confirmar, son testigos sonoros de una vida en proyecto que nunca deja de fluir, de asomarse ante lo incierto de un mundo que solo espera una promesa por hacerse: la de cuidar de sí, la de cuidar del otro y de lo otro.

Gladys Madriz: Amor, vivencia y formación: hermenéuticas de escrituras y lecturas, 2012



-Ingrid Chicote-



Ante las circunstancias sociales, económicas, culturales o familiares, siempre emerge una pregunta: ¿Qué hago con esto que pasa? Es allí donde entran en juego las palabras, ese puente indispensable de comunicación con uno mismo, con el otro y con los otros. Las palabras son las que nos estructuran. Ya lo decía Augusto Mijares en Lo de aquí y lo de allá (o en sus ensayos): "hay que quitarse la mala sombra atada a los pies por las palabras que, como cepos, nos anclan al abismo de nosotros mismos".

Escribir, por lo tanto, también es cuidar al otro; es expresar nuestro mundo interno y ponerlo al servicio de los demás. Sin embargo, las palabras puestas al servicio de la verdad tienen sus detractores, y está bien. El miedo es libre y comprensible en entornos cerrados y rígidos donde una palabra puede derrumbar o construir. Entiendo que no se puede renunciar a lo que somos, a lo que hacemos ni a nuestra autenticidad. Cuando somos hechura de palabras, habitamos también ese "discurso elocuente y mudo" al que se refería Eduardo Gasca cuando hablaba de Trilce.

No me imagino a las mujeres que han cambiado el mundo, o que ya son inmortales, autocensurándose. En un mundo donde los valores se han trastocado, donde la propaganda pesa más que el pensamiento crítico y donde escribir, pensar o expresar ideas con libertad se convierte en una amenaza, las palabras tienen que ser recogidas. Es necesario darles el autocuidado que necesitan y transformarlas en banderas limpias.

Cuidar del otro requiere una comprensión profunda. No se puede detener un río cuando crece desde la cabecera; de igual forma, las palabras nos alertan, nos convierten en blanco o se transforman en los dardos para el juego del ego. No podemos renunciar a nuestro decir. No podemos sellar nuestra conciencia para complacer a los que han sido promovidos por el Principio de Peter. Quienes tenemos las palabras de nuestro lado siempre vamos a estar construyendo con ellas: a veces puentes, a veces distancias.

Cuando la palabra se silencia, se gesta un volcán interno que hará erupción en algún momento. Ojalá que el humo no cegue y que la lava no queme. Ojalá, sí, que arda la conciencia y que el pensar por sí mismos nunca deje de ser nuestra más genuina práctica de libertad.

Luis Goytisolo y la crítica de la lectura /2

-Manuel Cabesa-


(A la mystérieusse)


Para el asiduo lector, aquel que vive desde edad temprana bajo el yugo de ese "vicio impune" como le llamaba Valéry Larbaud existen obras y autores que aparecen y marcan ciertas etapas de la vida. 

En la edad de los descubrimientos pueden ser Hesse, Francisco Massiani, Hemingway, García Márquez quienes nos deslumbran y se convierten en compañeros de ruta para toda la vida; más adelante y mientras nuestros paladares se abren a nuevas sensaciones la variedad de lecturas es casi infinita, incluyendo los subgéneros y alguno que otro inevitable clásico: El Quijote, Bovary, Dostoievsky...

Pero hay libros y autores que, aun cuando sepamos de su existencia desde muy temprano y de vez en cuando hayamos intentado asaltarlos, se resisten en espera que el incipiente lector adquiera la madurez necesaria para acceder a ellos, aunque a veces el momento nunca llega como le ha pasado a la gran mayoría con el bendito Ulises de James Joyce.

En este grupo hay que incluir libros como Terra Nostra de Fuentes, La vida, instrucciones de uso de Georges Perec, Los sonámbulos de Hermann Broch y las novelas de madurez de los hermanos Goytisolo, entre otras que llegan (si es que llegan) a ser comprendidas en la edad otoñal ya que exigen de sus lectores cierta madurez y algunos conocimientos, como dije en un artículo anterior. 

En ese sentido debo confesar que aunque poseo los cuatro volúmenes de Antagonía desde hace más de cuarenta años, hasta el momento no los he leído como Dios manda: uno por uno y de principio a fin; en realidad, en todo este tiempo he leído el primer capítulo de cada uno y partes salteadas de los cuatro para irme haciendo idea del estilo y el contenido mientras llegaba el momento de enfrentarse a ellos; aparte de su primera novela Las afueras, que sí he disfrutado un par de veces.

Aun así, tras la reciente muerte del menor de los Goytisolo decidí rendirle homenaje póstumo leyendo uno de sus libros más breves: Investigaciones y conjeturas de Claudio Mendoza (Anagrama, 1985) creyendo que por breve (apenas 100 páginas) y dejándome llevar por el título, se trataba de alguna parodia de relato policial de fácil lectura. He aquí lo que encontré:

El volumen está integrado por varios textos: "-textos, sí; qué otro nombre podría darles-" (pag. 7) que navegan entre la crónica y el relato publicados con antelación en el diario El País y la Nueva Estafeta. Ahora bien estos trabajos vienen precedidos por un ensayo elaborado por el Claudio Mendoza del título, especie de heterónimo de Goytisolo, en donde éste personaje nos habla de su amistad y el carácter elusivo del autor del libro que estamos leyendo, como una parodia de distanciamiento que nos ofrece una imagen poco afortunada de Goytisolo; aparte de la inevitable introducción a los textos que a continuación vamos a leer. Quisiera detenerme en uno de ellos. 

El llamado "Joyce al fin superado" es un ensayo de interpretación sobre la novela Gigamesh de un tal Patrick Hannahan en donde el reseñista va descubriendo para nosotros las claves ocultas del libro mientras comenta los señalamientos que de la misma novela hace el novelista polaco Stanislaw Lem. En ese momento suena una alarma en la mente del lector y vamos hasta la biblioteca para extraer un viejo ejemplar de El vacío perfecto de Stanislaw Lem (Bruguera: 1981) y ahí está: Patrick Hannahan es un autor inexistente cuya obra, Gigamesh, no existe. 

Pues resulta que El vacío perfecto, es una colección de reseñas a libros que nunca se han escrito de autores que jamás existieron empezando por el propio Lem y el libro que tenemos en las manos del cual también el autor niega su existencia en un decidido homenaje a Jorge Luis Borges: "La crítica de libros inexistentes no es una invención de Lem. Encontramos intentos parecidos no sólo en un escritor contemporáneo como J. L. Borges (por ejemplo Examen de la obra de Herbie Quain en el tomo ficciones), sino en otros muchos más antiguos..." (p. 7).

La lectura de ambos textos producen en el lector un vértigo de parodias disfrazadas de comentarios eruditos: Goytisolo a Lem; Lem a Hannahan y finalmente Hannahan a Joyce, ya que Gigamesh es (supuestamente) la "superación" del Finnigan's Wake joyceano de inconcebible lectura, tal como lo pretendía Pierre Menard; en este caso, "Patrick Hannahan autor del Finnigan's".

Como vemos en un solo texto de apenas pocas páginas, el lector acusioso se ha visto arrastrado a demorar su lectura mientras viaja por este mar de referencias. 

Ya me he extendido mucho, pero este pequeño libro da todavía para más; por ejemplo la parte llamada "Acotaciones" donde Luis se da a la tarea de comentar y discrepar de las memorias de su hermano Juan recogidas en su libro Coto vedado (Seix-Barral, 1985) lo cual implicaría leer o releer al menos la primera parte del mencionado libro donde se habla de la infancia compartida, cosa que todavía no he hecho, pero lo estoy pensando. 

Cierra estas Investigaciones... otro texto de Claudio Mendoza esta vez dedicado a comentar las "acotaciones" de Luis al libro de Juan: lectura sobre la lectura de una lectura en donde el autor nuevamente se parodia a sí mismo y en general al libro que acabamos de leer, que como el Libro de Arena borgeano parece no tener final.

miércoles, 22 de julio de 2026

Máximas para agarrar mínimo (l) | Luis Valero


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El mejor vehículo para triunfar es el cuerpo.


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El propósito es la gran fuerza que nos sostiene.


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Aprender de los errores, enseña las mejores lecciones de vida.


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Si la salud se quiebra, todo lo demás desaparece.


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El propósito hace la diferencia entre logro y fracaso.


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Aprender de los errores, enseña las mejores lecciones de vida.


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Convirtamos lo que tenemos en suficiente.


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Saber escuchar es un acto de humildad y sabiduría.


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El destino no es cuestión de suerte, sino de acertadas y oportunas decisiones.


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Lo pequeño se engrandece, lo grande se construye después.


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Las grandes mentes se alimentan de lo que escuchan.


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Establecer límites claros es fundamental para alcanzar metas.


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Entre un cómo y un por qué se debate la vida.


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Sin Dios nada está completo.


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Todo lo bueno comienza por el agradecimiento.


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Aprendamos a decirle sí a lo fundamental.


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Dios es la dirección correcta para llegar a la felicidad.


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Quien no valora lo que tiene, jamás será feliz con lo que le falte.


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La gratitud es un imán para la abundancia.



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Luis Valero. Comunicador social egresado de la Universidad Católica Andrés Bello. Ha dirigido diarios en los estados Sucre y Guárico, además de haber desarrollado actividades vinculadas con la producción de programas de radio y televisión. También es locutor, redactor publicitario, director de teatro y guionista. A partir del año 1998 se dedicó exclusivamente a escribir, logrando la publicación de nueve libros. Asimismo, ha desarrollado con cuidadosa perseverancia la creación de adivinanzas, alcanzando hasta la fecha la cifra de 10.853, que lo ubican a la cabeza de este género literario en nuestro país.

Los sueños de Yubraska

-Claudio González Luna


Apenas tenía 14 años cuando Yubraska, quien ya tenía formas de mujer, luego de mucho rogar consiguió que su padre y sus dos hermanos le ayudaran a cumplir su gran sueño. Ella no era de ese tipo de chamitas caprichosas que todo lo quieren. Y aunque así fuera, no hubiera tenido éxito en su misión porque sus padres no transigían fácilmente ante deseos irracionales de sus hijos. Sólo insistía. Como la mayoría de los chamos de hoy y, también debemos confesarlo, los de ayer, con la marca de los jeans Bebé y las zapatillas Adidas Sansón, que se parecen pero no son. Para lo demás se adaptaba a las circunstancias sin protestar. 

Su sueño no era material. Pero para acceder a él hacía falta reunir el dinero suficiente para comprar unas entradas al beisbol. Ocurre que esta muchachita lo único que deseaba en la vida era estar cerca del caballero que le quitaba el sueño. Verlo. Quizás poder saludarlo. Esto era algo normal para su edad. Pero no era uno de los compañeros de escuela o alguien que conoció en un baile. Tampoco tenía una edad afín a ella, sino el doble. Lo más llamativo de este señor era su cuerpo atlético, la ropa y el peinado a la moda y su aire de triunfador. Era sin duda el campocorto más importante del momento.

Aquella niña pensaba todo el día en él. Lo veía por todos los rincones, con su frondoso pelo rubio y su cara de comercial Gerber. Era su ídolo. La persona que más admiraba. Por todas partes tenía fotos y afiches del pelotero del momento. En su habitación y en los cuadernos del colegio. Hasta compró un portarretrato para colocarlo sobre su pupitre escolar. 

Para ella, pensar en él y suspirar eran una sola cosa. Este amor la convirtió en compinche de sus hermanos porque ella, quien jamás había cambiado los programas de concursos televisivos, ahora no quería otra cosa que no fuera beisbol. Todo lo que informara sobre “él” cautivaba su atención.

Poco le importaba a ella que este señor de caminar desenfadado, gruesas piernas y poderosos brazos fuera un recién casado muy feliz. Este amor irracional provocó en su padre reacciones más propias de los celos que del puritanismo. A pesar del respeto que le tenía, Yubraska no lo escuchaba. En cambio, su madre sonreía cuando recordaba en silencio su ilusión de adolescente con los actores José Bardina y Raúl Amundaray.

Gracias a unas utilidades decembrinas guardadas con recelo, ella iba a cumplir su sueño. Su padre compró cinco plateas “palco terreno”, para llevar a toda la familia al estadio de pelota. Jugaría el equipo del catire, cara de comercial Gerber, contra otro de poca convocatoria. Esto le permitiría a la niña tener por cerca a alguien que conocía de memoria, aunque sólo por fotografías. Sus hermanos, fanáticos del equipo del ídolo, querían ir a los bleachers para poder despacharse a gusto en insultos hacia el árbitro y equipo rival sin la vigilancia de los mayores. Pero papá dijo: “Todos juntos o nada”. Y los muchachos aceptaron.

Toda la familia gustaba del beisbol, pero ella era la invitada de honor. Había que buscar su comodidad y seguridad. Cuando Yubraska se enteró que iban al partido no pudo concentrarse en más nada. Se lo contó a sus amiguitas del colegio. Olvidó la prueba de biología avisada con una semana de antelación por el profesor “Coyote”. 

Era la primera vez que iría a un estadio y lo más importante era que ahí estaría el mediático shortstop. La niña soñaba despierta con la posibilidad que el rubio de cara linda y fuertes brazos podría verla. Y sobre todo sentir que no había nadie que pudiera estar más cerca de su alma que ella. 

Cuando llegó el gran día, el sol la ayudó a que pudiera lucir con orgullo la camisa de la divisa local con el número del ídolo en la espalda y un prendedor con su foto. También llevó una pequeña bandera y estaba prolijamente peinada como si fuera a esa cita que se tiene una sola vez en la vida. 

Se sintió un poco afligida cuando se dio cuenta que no podría acercarse al autobús que transportaba a su ídolo. Y mucho más al notar que su ubicación no estaba demasiado cerca del campo de juego. Sin embargo, todo aquello se borró cuando entre una nube de gritos ensordecedores lo distinguió. No pudo oír los cánticos ni el estruendo de los fuegos artificiales. Sólo escuchó los latidos de su corazón e imaginó los del estelar campocorto.

Lo siguió con la mirada. Como es obvio, él no pudo notarlo. Todo lo que ella veía por televisión cada fin de semana se le puso delante. Aunque la distancia lo hacía menos nítido que las pantallas de televisión.

Él se persignó después de pisar el terreno de juego. Trotó ágilmente hacia las cercanías del montículo y levantó los brazos para saludar. Ella no pudo darse cuenta si los demás jugadores hicieron lo mismo porque sólo veía a él y sentía que en el mundo no había nadie más que ellos dos. Aunque nada entendía de técnica deportiva, igual pudo percatarse que esa tarde no fue feliz para “El Ídolo”.

Esa jornada, el versátil pelotero cometió seis errores. Se equivocó mentalmente en infinidad de jugadas hasta caer en la intrascendencia absoluta. Por si fuera poco, se ponchó en cuatro ocasiones y su popular equipo sufrió una derrota inolvidable ante el colista de la tabla. Yeiferson, el menor de los hermanos de Yubraska, a pesar de la mirada atenta de mamá, no pudo evitar emitir insultos como si fueran lanzallamas contra el equipo local, el visitante, el árbitro y sobre todo contra el rubio campocorto de cuerpo atlético y poderoso brazo de lanzar.

La miraron con descaro y le dijeron: “Ese es un jugador mediocre. Dile que se corte el pelo para que se le aclaren las ideas y piense un poco menos con la pinta, que con ello no se ganan partidos”.

Ella no los escuchó porque su atención continuó sobre “El Ídolo”. Hasta que tomó conciencia de la realidad.

Sus ilusiones se fueron perdiendo con el correr de la tarde. Comprendió que no podía tener cerca al romance de su novela y que aquella salida familiar no era la punta del paraíso, sino sólo una tarde de beisbol. 

Al terminar el partido sintió los silbidos. Apreció la imagen que reflejan los derrotados. En ese momento, una furtiva lágrima corrió por su mejilla. Todavía no sabe si fue por la derrota de su adorado equipo o por darse cuenta que su ídolo, de cabeza gacha y andar despacio, seguía siendo el rubio cara de comercial Gerber.

Comprendió que él era mucho más que una foto que adornaba su habitación. Era un hombre que sufría, se equivocaba y perdía al igual que ayer ganaba. Y eso le dio miedo. 14 años no son muchos a la hora de ver la realidad. 

A esa edad lo mejor es soñar. Su madre le tomó la mano y no le dijo nada. Ella se mantuvo en silencio hasta la mañana siguiente, cuando al salir para el colegio se dio cuenta de que “El Ídolo” le sonreía desde la foto de la revista deportiva pegada en su libro de matemáticas. 

Entonces dijo a su madre: “¿Qué te parece si el domingo vamos al circo? Viene un mago alucinante”. La madre le preguntó sabiamente: “¿Qué pasa. No quieres volver al estadio?”. “No, el domingo no. Otro día. Mami, fíjate si en el diario aparece una foto del campocorto y me la recortas para guardarla”, contestó la triste Yubraska.

Su madre sonrió complaciente. Sabía que la tarde anterior sería inolvidable para su niña con formas de mujer. Por varias razones, pero sobre todo por una: había descubierto que el caballero de la foto en la pared y de la portada de los cuadernos era un hombre como cualquier otro. Con sus virtudes y defectos. Con capacidad para el triunfo y la derrota. 

Pero también sabía que ese amor puro e ideal que se siente a los 14 años no se derrumba así nomás. Que no hay realidad que lo venza. El amor de Yubraska no era ante un muchacho cualquiera, sino ante alguien capaz de conmover multitudes y capaz de sacar a su equipo campeón. Su amor estaba dirigido hacia un ídolo cara de comercial Gerber. Hacia alguien que sólo puede verse en fotos o sueños, pero que ni el tiempo ni la realidad permiten olvidar jamás.

Palabras bajo libertad (XVIII/2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta



Edición y nota:

Manuel Cabesa


***


Ada Salas: breve antología


En los últimos meses he tenido la oportunidad de acercarme parcialmente a la obra de tres poetas españolas cuya presencia me resulta interesante: Isabel Jimeno, Raquel Lanceros y ahora Ada Salas. En ellas veo manifiestas algunas intuiciones que me depara la lectura de la poesía trabajada en este nuevo siglo: que son las mujeres las abanderadas de una nueva sensibilidad poética; que sus discursos trascienden la voz femenina o la intimidad que se espera de ella y se instalan en una búsqueda de lo esencial del ser desde la particular perspectiva que les permite el hecho de ser mujeres; que a pesar de la sencillez de sus lenguajes, en sus poemas se respiran un aire de misterio no develado. El lector podrá cotejar mis impresiones en la lectura de los siguientes textos y aportar a estos poemas su mirada y su propia vivencia. 


(mcabesa)


****


"Ada Salas es una de las voces poéticas más consistentes y discretas del panorama poético contemporáneo".

Patricia Crespo

zendalibros.com

20-07-2026


****


Poemas de Ada Salas


 (ALBADA)


Dispusimos el cuello como quien mira

pájaros. Un filo descendió

justo

hacia

la amapola de amor que habíamos

tragado. No cerramos

los ojos


tú rozaste

mi herida hasta la aurora.


****


La línea

o cicatriz. Una frontera. Una distancia 

entre

lo que un ojo ve

y otro imagina


(aquello

lo que está 

al otro lado

siempre

al otro lado).


Y ahora una grieta

entre tú misma y tú

un pensamiento un corazón

estrábicos

como aquel doble azul que atormentó a tu hermana.


****


Y sólo

ahora –instante

hacia lo que perdura-

lo que mi cuerpo

es: una forma

sin tiempo

de la fulguración

mordida por tu abrazo.


****


... voraz el vasto reino de la sombra

José Ángel Valente.



OYES


bajo la quieta respiración del mar


el secreto perfil


de los ahogados.


En un centro infinito


en una oscuridad que no se mueve


unen


la rara luz de todos sus extremos.


(De Limbo y otros poemas, Pre-Textos: 2013)


****


A qué región me llegaré a buscarte

ahora que reposas a mi lado

en forma de deseo

hombre

cuya belleza apenas

conocía. Cada día me ciñe

su cilicio de ausencia.

Me has herido de vida desde toda

tu muerte

y no hay sueño bastante a tu vacío.


****

 

Hay libros que se escriben sobre la carne misma.

Son esas cicatrices que nos hablan

y sangran

cuando el tiempo se rinde a su derrota

un puñado de signos que apenas

comprendemos

y eran el beso intacto de la vida.

 

***


La casa que abrigó tu corazón

será una ruina. Furtivos

en la noche

la habéis abandonado.

Oscura en el jardín la tierra removida.

Quise

decir traición

y dije llanto.


****

 

Te has ido como el sol.

Una boca de tierra

te había comulgado. Luego sólo la llama enmudecida.


****

 

No hay nadie


ya lo ves

no hay nada

y sin embargo

esto no es el silencio.

 

Y para qué esta herida

esta abertura umbilical

por donde entra y sale

la claridad del mundo

si no me quedan nombres

ya

de tanta transparencia.


****

 

No duerme el animal que busca

su alimento. Huele

y está tan lejos todavia

el aire de su presa.

Y vagara en la noche.

Con la sola certeza de su hambre.

Ciego

porque una vez ya supo

de ese breve temblor

bajo su zarpa.

 

****

 

Tiene la tarde un gesto de caballo

sorprendido en carrera. La estacion

se descalza y ofrece

tulipanes abiertos

rojas resurrecciones efimeras.

Deber ser esto el tiempo:

el azar o la huida.


Ya no será la paz.

Han besado 

mis ojos 

tu terrible desnudo.


(De No duerme el animal, Hiperión: 2009)


****


Diosa Estatuilla


Quiero

decir amor pero pronuncio

muerte -esa llaga

en la lengua-. No hemos

Comprendido. No hemos acertado a

reconocerlo. Velas. Reinas

en

el jardín de los astros. Extiendes

en la noche

el río de tus pechos. Los dedos

de los solos

te han labrado un collar. Descansas

en su frío.

Qué hacer con este amor

que nadie quiere.


****


No conoces el nombre de los pájaros

te dicen

lo que esperabas

fue.

Aún esa profunda

desesperación

aún

esa belleza.


****


Pulir. Pulirlo. 

Hacer con el dolor

lo que el mar hace con las piedras.

Pulirlo hasta volverlo transparente hacerlo

Joya.


****


(De  Como si nunca nada: Antología. 2026-1988, Bartleby: 2026)


***

Ada Salas nació en Cáceres, España, en 1965. Con su primer libro, Arte y memoria del inocente (Cáceres, 1988), obtuvo el Premio Juan Manuel Rozas de Poesía. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Extremadura, es en la actualidad profesora de lengua y literatura en un instituto de Madrid. Su libro  Variaciones en blanco (Hiperión, 1994) recibió el IX Premio de Poesía Hiperión. En 1997 publicó  La sed, y en el 2003 Lugar de la derrota. Es también autora de dos libros de reflexiones y ensayos sobre la escritura poética:  Alguien aquí (2005) y  El margen. El error. La tachadura (de la metáfora y otros asuntos más o menos poéticos) (2010). Su libro  Esto no es el silencio (2008) fue reconocido con el XV Premio Ricardo Molina-Ciudad de Córdoba. En 2009 apareció la recopilación de su obra poética  No duerme el animal (Poesía, 1987-2005). Junto con el pintor Jesús Placencia ha publicado  Ashes to ashes (2010). Su obra ha sido recogida en numerosas antologías españolas y extranjeras.


Tomado de la Revista Aullido.com

martes, 21 de julio de 2026

Sentido y trama: el ojo social sobre los vínculos

Autor: J.M. Llerena


***


No quiero mirar hacia ese sitio,

ahí está el odio.

Tiene los ojos curtidos

de mal fuego.

Lo esquivo.

No quiero saber siquiera

como hace sus incendios.

No quiero ver su factoría.

Le rehúyo abiertamente.

Y yo no soy su blanco.

Enriqueta Arvelo Larriva. El odio



-Ingrid Chicote-


En la academia comprendo cómo estudiar en dos siglos diferentes se convierte en una batalla de control y autocontrol. En el siglo pasado las personas percibían la academia como la casa del saber. En lo que va de siglo, la academia se percibe como la casa del control. Debatir no es bien visto, a menos que el consenso sobre una idea sea el común denominador.

La realidad es así: en este siglo estamos dominados por la obediencia como en el experimento de Solomon Asch. La academia se convierte en un lugar donde el pupitre (Michael Foucault dixit) es la medida de la coerción. Después de haber escrito sobre estudiar después de los 60, entendí que lograr la meta requiere silencio y autocontrol para no recibir violencia reactiva de regreso.

La academia de este siglo aplica una ingeniera social donde podemos percibir que el sujeto experimenta una pérdida de conciencia y de responsabilidad individual porque la responsabilidad se transfiere a las directrices de los líderes: lo que dice la autoridad es la ley. Punto.

Hay como una alteridad negativa para tolerar la violencia e inhibir respuestas sociales empáticas.

La creación de un enemigo único dentro de un salón de clase es la manera de deshumanizar cualquier intervención que no se encuentre alineada con lo que defienden los portadores de la verdad oficial. Una forma de dominio es dividir la administración en múltiples procesos burocráticos y microtareas independientes para que los operadores del sistema sientan una profunda distancia psicológica y social, pro-sistema. Entonces a estos operadores no les importa ni un duelo colectivo, ni un estado de angustia, ni la pobreza, ni un terremoto.

Está normalización de linchamiento moral cuando se expone una idea, se pide el consenso de la misma, la mayoría está de acuerdo pero la autoridad se niega, promueve la anulación de derechos que se sostiene en la presión al grupo y el miedo inducido y la promesa no verbal (pero si histrionica) al aislamiento social.

Es por ello que se usa la violencia reactiva como una medida ejemplarizante para el resto: impidiendo la reacción de la respuesta colectiva. Los sesgos de conformidad estudiados por Solomon Asch, el estudio de la personalidad autoritaria de Theodor W. Adorno, el psicoanálisis de la sociedad por Erich Fromm y el experimento de Milgram y el de Stanford sobre la obediencia y el estudio de Hannah Arendt sobre la banalidad de mal.

No será la primera vez que me obligaré al silencio. Pero nadie puede quitarme la habilidad de escribir y analizar sobre lo que veo y cómo lo veo.

Un investigador no debe apasionarse, pero no puede alejarse de su propia humanidad.

lunes, 20 de julio de 2026

Textos de Jesús Rafael Marcano Guzmán

 

Título: De la serie Origen

Autora: Belkys Caldera


***


Juguetón , aquel

animalito —mira,

su triste final.


*


Mirada tierna

sin fin —como el cosmos,

se desvanece.


*


Hoy es el último día…

En el hanami un sentir intenso.

¡Las sakuras danzan en el ballet!


*


¡Como flores de sakuras 

al fin me iré!



Selección de haikus escritos en algún momento de la vida del autor y un jisei de despedida de su obra Hanasaki (Mérida, 2021) In memoriam de sus amigos más queridos: Rocky, un perrito que lo acompañó gran parte de su adolescencia hasta adulto y que falleció en el año 2022 y su primer gatito: Tom, que se fue y nunca volvió a inicios del año 2026.


***


Aquel hanami

Llovizna de cerezos

¡Caen los pétalos!


*


Fiesta floral en 

Aragón —Caen las flores,

Santuario rosa.


*


Llueven pétalos

de las sakuras, tiñen,

todo de rosa.


*


La primavera

adorna Zaragoza

¡Caen las mil flores!


Serie de haikus dedicados a los cerezos de Zaragoza (España), tomados de Segunda Antología Poética Eidos: In Memoriam Cangell Portto (2025)


***


La fragancia a

café —tierra mojada,

de verdes campos.


*


Loto emerge.

La pureza emerge

desde el fango.


*


Sentado, aquel

samurái —meditando,

bajo la lluvia.


Selección de haikus tomados de su plaquette literario (2025). N°36-14/01/2025/Depósito legal: DC2025000019. Colección Jardín de colibríes. Editorial Giraluna


***

Jesús Rafael Marcano Guzmán -conocido en los círculos artísticos y literarios como Lin Xianhe (林仙鹤) o el samurái sudamericano- nació en Maturín, Venezuela, en 1993. Su obra transita con naturalidad entre el haiku japonés, la poesía clásica china y la reflexión espiritual, nutrida por su práctica constante de QiGong. Su libro más emblemático, Hanasaki (2021), es una colección de poemas de factura tradicional japonesa que dialoga en espíritu con el Dao De Jing de Lao Tsé, revelando una voz que busca la esencia en la contención y el silencio.

Fundador del Sakura Centro Cultural de Arte y Literatura Japonesa y del Movimiento Jaykismo, Marcano Guzmán es también miembro activo del Movimiento Artístico Internacional EIDOS (con sede en Francia), donde actualmente ejerce como presidente y embajador de su filial Venezuela-Asia. Su labor trasciende la creación poética para adentrarse en la divulgación académica: Es autor de obras bilingües en chino-español y en lengua japonesa, consolidándose como uno de los principales difusores de la sinología y las letras asiáticas en Iberoamérica.

Ha publicado investigaciones sobre la influencia de la religión y la filosofía china en la cultura y el idioma para la Asociación de Colegios Chinos en España; uno de estos ensayos fue traducido al francés y apareció en la revista TingaNews (Burkina Faso, 2026). Asimismo, colabora asiduamente con la revista China Bambú, Dragones y Tinta (España, 2025), donde ha abordado tanto el haiku y su raíz china así como también ha publicado un artículo sobre el linaje de las artes marciales clásicas chinas. Su pluma también ha encontrado espacio en el portal Japón desde Japón (2025) y en el diario español Siglo XXI, donde es columnista habitual con ensayos sobre artes marciales, meditación y xiulian (cultivo espiritual).

Su obra poética ha cruzado fronteras idiomáticas: ha publicado haikus en inglés en la revista griega Homo Universalis (2026), y en 2025 vio la luz un plaquette de haikus bajo el sello de la Editorial Giraluna.


Reconocimientos y membresías:


- Primer premio de poesía en la exposición Aventuras de papel (Mar de Plata, 2024).

- Galardón Internacional Prof. Ciro Artemio Constantino Álvarez, otorgado por la Real Academia Internacional de Arte y Literatura (México, 2024).

- Miembro de la Sociedad de Poetas Andrés Eloy Blanco.

- Integrante de la Ruta Latinoamericana de Poesía (Estado Monagas, Venezuela).

domingo, 19 de julio de 2026

Poemas de Ana María Delgado

Título: Nacimiento (2021)

Autora: Ana María Delgado 


***


Dentro de mí


Si una situación nos exaspera,  

¿seremos nosotros mismos? 

Sí, la comunión y el desencanto…


***


A la vida


El sentir, a fin de cuentas,  

¿qué es lo que importa? 

Ojalá nada importase demasiado 

para no ponernos tristes 

para no olvidarnos de las estrellas.

Que los días no sean luchas 

sino celebraciones.

¿Celebraciones? 

Celebrar la existencia, 

el cielo, el sol, 

las estrellas y las lunas.

Ponernos de acuerdo 

todos para sonreír.

Bienaventurado sea 

quien goza de la vida, 

quien ríe 

bienaventurado sea 

quien se sumerge en tristeza

para aprender a navegar.

Bailar con la brisa, 

como las flores. 

Degustar sin disimulo,

eso, 

eso que tanto nos agrada,

la vida. 


***


Alguna vez


Antes de conocerte,

escribía. 

Sentía mientras creaba escenas. 

La coyuntura entre el cosmos 

se formaba en mi pecho.

 

Siempre ha sido ancla

sentir que la brisa conspira,

el canto de los pájaros melodía.

Levitar.


Solloza la mente 

creaba encuentros furtivos. 

Era hombre, era mujer.

 

Luz tenue que bañaba 

cada encuentro superlativo. 

Quería decir que antes de ti ya existía. 


***


Eres mar


En el desliz de la brisa 

susurra su voz

me trae recuerdos 

de su boca

se escurre su cuerpo 

sobre el mío.

 

Se planta cualquiera 

de sus poses perfectas 

para retratarle.


Me pierdo en fantasías.


Vibra la piel.


Los atardeceres 

me cuentan de sus sonrisas.


Los ojos sumergidos 

en los colores,

el aliento humedeciendo 

mi frente


Luego: un beso inocente

Transcurre con sutileza,

placer, gozo,

nadar en el mar,

aunque no soy sirena;

encontrarme con tanta maravilla.


***


Es leer y sentir


Las letras tratan de similar

las ondas de vibración 

cuando pienso en un abrazo.


La calidez, lo sutil.

Porque uno en un abrazo 

muere y renace;

te entregas y te enganchas.


Unos son iguales.

Unos son capullos 

otros arrullos

unos mágicos, 

otros que guardan más que estrellas:

todas las galaxias plenas.


La calma y el cariño.


Un abrazo te reconcilia 

con el tiempo perdido

y apacigua las tristezas.


Una montaña 

que te cubre del tsunami.

 

La brisa que acaricia tu ala rota.


Un abrazo nos hace falta.


En la coyuntura de los brazos 

dejarnos caer como plumas

entregar la fuerza 

de nosotros mismos,

el amor. 


***


Explorando de nuevo


Cada sentir 

como si fuese la primera vez.

¿En qué me convertí alguna vez?

¿Qué he sido? 

¿Qué soy? 


Sumergida en el crepúsculo,

el arrecife que lleva todos los colores.


Bajo luz de luna llena

no necesitamos más 

que callar para escuchar;

cerrar los ojos para observar

lo que las palabras casi mudas 

tengan que decir.

 

En el sigilo de la noche

las constelaciones conjuran 

más de una alegría,

hacen magia 

en las esquinas furtivas 

y polvorientas de flores marchitas

de dolores pasados. 

Se desvelan si los ojos 

crepitan en llanto.


 Las estrellas conjuran,

 en el encuentro “imprevisto” 

canciones, ríos, 

montañas, luces, mares,

abrazos y palabras cósmicas

proclamando ser expuestos.


Sin penas ni acertijos 

qué descifrar.


Miradas apagadas

deambulan 

en un costado haciendo peso en lo finito. 

Nos perdemos 

y nos encontramos “íntimos” 

en el espacio tiempo 

que -ya fue-


 El brillo en los ojos 

de un enamorado, 

eso… 

son todas las montañas, 

los soles, las lunas,

el planeta mismo girando,

las flores en orgasmo, 

las noche, los días…

los ojos de un enamorado 

esconden mundos, 

galaxias

y las mejores letras de poesía. 


***


Insidiosa recordando


Posada en tus piernas desnudas y largas. Sonrisas que socavaban la dermis, las miradas que sonreían como cuando salíamos a ver los atardeceres, creando historias con las nubes; haciendo preguntas sobre cualquier cosa, preguntaste mi nombre y si tenía alguna canción que me gustará para entonarla aunque fuese tarareando. 

Colgaba mi cabeza al filo de una roca. Sentir el atardecer que no sabía si estaba fuera o dentro, o si el sol se ocultaba o se asomaba detrás de tus ojos, siempre creí que era eso. Brillaban junto a unos labios pequeños y rosa simulados por los vellos de tu rostro. La simpleza deslumbraba tu carácter. 

El cielo nos pintaba las tardes con acuarelas, rosas, azules, violetas, naranjas. Calar esas miradas fugaces que se encontraban vigilantes serenas, libres. Acertada siempre tu sonrisa y las palabras que parecían flores saliendo de tu boca. Tarareabas o cantabas cualquier letra en el camino de regreso. Tengo en mi mente fotografías de las historias de las nubes, del contraluz que marcaba tu silueta, volteaste, sonreíste; no he tomado fotografía más hermosa. Los primeros encuentros llenos de apetencia por alojarnos un rato, que ese rato se nos hiciera infinito. 

Regocijarnos en ese momento, en esos instantes cuando escuchando el silencio nos sentimos. Haciéndonos espacio y frecuentes. Los sentimientos en una aventura con sosiego se manifestaron en un pequeño e inigualable abrazo. 

La conjugación de tanta armonía que sostenía el cielo, la brisa, los colores, cuando te miraba intangible entre tanta sublimidad. Baila entre las estrellas, sonreía galáctica, volteretas y flotaba con un vestido lleno de flores, por la luna. Sostenía quieta las ganas de ver llegar ese néctar que transportas en tus ojos, cuánta alegría. 

Basta recordar para inventarnos mundos nuevos; esos que se crean cuando te imagino perdido en un abrazo. Un suspiro, el estrecho espacio entre nosotros. Sentir cómo nos juntamos más allá de lo físico. Los universos que llevamos dentro se entrelazaron, las estrellas sonreían mientras se saludaban, se reconocían. En el espacio tiempo se perdieron emergidos en las vibraciones que salían a relucir más allá de cuerpo de vistas de lo tangible. 

Me dijiste “te amo”. Nos apretamos un poco más fuerte y ya tenías que irte. Mayor poesía que la que se escribe entre abrazos, dentro de sonrisas. Miradas insidiosas, traviesas buscando acercarse a la silueta. Navegando en otros mares, desnudos. 

Me perdí ante tanta sutileza, ante toda la verdad de sentir y dejarnos libres. Volamos con la libertad de hacernos nuestros cada día. Compartirnos. 


***


La magia siempre está presente.

Taciturna invulnerable 

escuchando la luna 

descifrando el lenguaje 

de las flores.


***


Sentid la brisa


La piel despierta 

las células llenas de memoria 

empiezan a recorrer y descubrir 

se abren las flores 

se agudizan cada poro

se expande.


Bajan besos 

del mentón al cuello 

la espalda se alinea y se eriza

mientras las piernas se debilitan.

  

No hay suelo

ni tiempo que tomar en cuenta 

no hay tormentas. 


Es solo el universo 

que llevamos dentro 

que se cuelga 

de nuestras ganas 

de seguir en la fiesta 

de la intimidad 

donde el gusto es de sobra.

 

Donde los amagos 

son el inicio de todo.

Llega el mago 

y nos proclama diosas. 


***


Los sueños 


Portales a otros mundos invisibles

dentro de tantos colores

armónicas todas las sonrisas.


Bailando sobre las estrellas

infinitas constelaciones

baile de gala

participa la alegría 

y la sinceridad.


La realidad de soñador

Las sonrisas danzan cósmicas

resuenan, 

abunda el brillo 

de cada instante.


Donde los colores insinúan 

las emociones

múltiples auroras 

integran el paraíso.


Destellos consuelan 

al miedo y el ego.


Integridad 

luz de sol tenue 

impalpable a los sentimientos 

de un poeta.

 

Describe mundo 

que encuentra 

en cada repiqueteo celular 

en las conversaciones 

con la majestuosa luna

en el baño prematuro del sol.


La sinfonía de las aves 

al despertar 

el maravilloso aroma

de las flores

que abren como los crepúsculos 

de los ojos perdidos. 


En el manifiesto 

del gozo de la virtud 

de ser vivo


***


Pérdida


En el oasis de sentires.

Sé que la brisa, 

va a llevarte sonrisas

para que las poses en tu cara.


Sé que las aves 

tienen algo que comunicar.  

Oídos sordos.

Queriéndote más allá

del espacio tiempo inmutable.

El alma de tu destello,

se convierte en sonrisa 

en miradas.


***


Enamorada de ti 


Tu fragancia, tu voz, tu sonrisa

El ser luminoso que camina contigo, 

La luz que me mostró carácter.

La semilla va creciendo.

¡Gracias!


***


Momentos inclinados al silencio

nos dicen: 

Quédate con el que esté 

dispuesto a darlo todo por ti.

¿Cómo estar seguros 

de que daría todo 

por nosotros? 

¿"todo"? 

Quizás las cosas 

no concuerdan porque: 

cada cabeza es universo, 

una estrella, un mundo. 

De ejemplo yo. 

Daría miradas, 

flores en poesía; 

momentos de completa ausencia 

con lo material. 

Unificando el sentir, 

elevándome con la naturaleza. 

Un toque nostálgico, 

un café, 

un libro y la luna. 

Pensamientos llenos de vacío. 

Interrogantes, 

disquisición con el cielo. 

Como una tirada de un porro 

y sintiendo todo

más de cerca, 

puro, penetrante. 

Me entregaría por completo 

pero es que las grietas en mí 

ya van a mitad de camino, 

corazón. 

¿Te gustarán 

las posibles briznas 

en la que, seguramente, 

sentada en un balcón,

a media noche me convertiré?

Estoy dispuesta 

a convertirme en polvo

y que me soples, 

soples fuerte. 


***


Somos un poco de verdad, amantes.


***


No te veo 


Ya no te veo reflejado 

en mi tristeza

ni en mis desvarío

Hoy no confío en ti, pero sí te quiero.

puedo estar sin ti 

y ya no duele tanto.


***


Por lo menos


Un instante creer que somos verdad…

que somos.


Las tardes de café y sonrisas

En el murmullo; 

riendo cósmica, 

risueña 

impertinente y perteneciente.

Levitando. 


Sumergida en dolores de cabeza.

Degradé del rosa al amarillo 

café sin cafeína

los sinsabores de las caricias

Besar fantasmas 

se esfuman si les digo:

Te quiero. 


Contraste: 

alegrías, tristezas, 

deambulando muchedumbre

nostálgica, furtiva, impaciente.


El vestido le cuelga 

de medio lado

la lluvia cae haciéndole

el amor

a los recuerdos encerrados 

en un alma llena de primavera


Luna nueva. 


***


Quiero decirte


Tantas cosas.

Esta inmensidad que crece en el pecho y las palabras mudas.

Tengo tantas cosas que decirte que no me alcanza el tiempo.

El tiempo, siento que lo he malgastado, enjaulando la grandeza de tu ser en mis pensamientos de miedo y ego.

En lo efímero y vulgar que son las mentes vagas, de nosotros los humanos.

Son tantos los sentimientos que parezco un jardín deambulando en las calles.

Se enredan los hilos en la historia.

Esa mezcla de felicidad y nostalgia.

No dejes de mirar tu ser aunque sea de reojo, lo demás es puro cuento. 

Sepas que todo tú me ha sido siempre suficiente y desbordante, cálido y seguro.

El regalo diario más grato en medio de todo el pantano. 

Tú también eres una estrella y esa luz llega…quien observa, mira, escucha… esa belleza camina al lado tuyo, brillas ligero y con calma, libre, fugaz.

Gracias, amor, por ser. 


***


Sé que nadie puede darme respuestas de lo que hago o que hay que hacer. Estamos mis actitudes y yo ante las situaciones, los actos que me definen, no los pensamientos. Soy yo quien puedo estabilizar o desestabilizar las cosas a mí alrededor, dentro de mí. Nadie dice te quiero o nadie tiende el oído para escuchar. ¿Un abrazo? Acá estamos escasos de amor.


***

Ana María Delgado (Maracay, Venezuela, 1996). Artista plástico, pintora e investigadora egresada de la Escuela de Artes Visuales Rafael Monasterios. Con una trayectoria que transita entre la pintura, el performance y la fotografia, su escritura opera como una extensión material de su propuesta plástica. A través de la poesía y el arte experimental —el cual imparte en su propio espacio, Fluye Art—, indaga en la crudeza de los vínculos modernos y la anatomía de lo grotesco.