miércoles, 10 de junio de 2026

Doce poemas de Jair Ríos

Título: La música del mar (2025)

Autor: Jair Ríos 


Todos los poemas seleccionados fueron extraídos del libro inédito El Cantar de las Sirenas


1.


La Isla de las Sirenas


En la bruma de amaneceres dorados,

se alza una isla de encanto engañoso,

las olas susurran secretos ahogados,

tenues fulgores de un amor misterioso.

frías luces de coral y néctar de luna

vierten en sus cadenciosas melodías,

tristes y oscuras canciones de cuna,

son sólo sueños de crueles ironías.

Las sirenas entre sombras y brillos

entre risas y llantos, sus ecos heridos,

enarbolan al viento mil estribillos,

que poco a poco enajenan los sentidos.

Oh, isla encantada, de sueños y penas,

en tus playas doradas de jazmín y reseda

tu belleza es un velo de tentadoras escenas,

que consume el deseo en la espuma que queda.


2.


Las Lágrimas de las Sirenas


Las lágrimas de las sirenas

son joyas de sal y pena, 

cada lágrima un recuerdo, 

de amores que se fueron, 

caen desvanecidas, 

como perlas en la arena, 

de promesas olvidadas, 

y de besos que no se dieron.

 

Cada sirena que llora, 

se convierte en un cantar,

de un pasado que añora

de barcos que al naufragar,

no se hundieron en el mar.

Sus lágrimas son poemas, 

que el océano recita, 

en cada gota perdida, 

un amor que se evita.

 

Un eco de suspiros,

que con la brisa se agita

son las lágrimas eternas,

de sus almas exquisitas. 

Las lágrimas de las sirenas,

son un mar de vehemencia,

y una rara música serena,

que gime las ausencias.

En el silencio del cielo,

vociferan sus pesares,

son tormentas en los mares,

herido albatros en tímido vuelo.


Son amargas lágrimas saladas,

perlas, en la piel húmeda del mar.

Sus pequeños ojos de marino cristal,

fragmentos dolorosos del amar,

pulverizados en un rocío de sal.

Las olas son su lamento,

las corrientes su pesar, 

sus gritos abrazan el viento

y en él hallan su tormento,

errabundas en el mar.


Añoran el firmamento,

sus alas perdidas en el azar

de un destino virulento.

Las lágrimas de las sirenas, 

fluyen como ríos de esperanza,

hacia el horizonte roto.

Son canciones ahogadas

que hoy por vos invoco.

Son hilos de plata suspendidos

esparcidos en la bruma.


Son cadencias aladas

que lloran con la luna

Las lágrimas de las sirenas

son espejos infinitos,

brillan como luciérnagas,

en la noche oceánica.

Son recuerdos malditos

de vivencias amargas,

mas, quien se atreva a escuchar,

su canto inspirador, 

encontrará entre sus lágrimas,

el reflejo del amor.


3.


Lorelei


En mi mente hay un pensamiento

que no logro comprender,

uno que ha entristecido mi ánimo todo el día;

y llena mi alma de melancolía,

una historia muy antigua que no puedo olvidar,

un hechizo que me hace estremecer,

una extraña sensación que no puedo disipar.


Lorelei… Lorelei… Lorelei…


Con el aire fresco del anochecer

fluyen las oscuras aguas del Rin 

en un eterno vals; como las olas del mar, 

que a mis sentidos hacen adormecer…


Un apacible canto, canta Lorelei


En la cima de la montaña, rozando las estrellas;

Tras los multicolores fulgores de la tarde.

Allí se sienta una hermosa doncella

de una belleza inigualable

ataviada con joyas muy brillantes:

como soles de diamantes,

de zafiros, de rubíes y de jade…


Son los encantos con que encanta Lorelei


Peina su dorada cabellera

y de su peine cae un rocío suave

y sobre todo el valle resuena

un canto misterioso bajo la luna nueva…


Es el canto de la bella doncella Lorelei.


Un barquero en su pequeño esquife

es presa de un amor turbulento,

escucha una música serena,

como el cantar de un cisne, 

como un canto de sirena

se aproxima lento, directo al arrecife…


Es la música sonora, de la encantadora Lorelei.


Despistado, no sabe dónde está el acantilado,

y como poeta enamorado,

mira hacia la cima de la montaña

buscando vanamente los ojos de su amada.

Creo aún no se ha dado cuenta

que a sus sentidos engaña.


La Bella Doncella Lorelei.


Lorelei…

Lorelei.


4.


Madre Perla


 I


En la remota costa del Oriente,

y tras el sismo que el valle deshizo

Guaiquerí y su guaricha con su niño

navegan en un cayuco corriente,

buscando tierra firme hacia Cubagua.

sañudo Ur-Ac-Kán reunía el tormento,

el dios de lluvias terribles y vientos;

el indio apura el remo, presagiando

la rebelde y burlona ira potente.

¡Ay! Pronto verían su cruel designio.


 II


Negra nube crece en el horizonte,

y el dios desata su furor tremendo;

rápidos chocaron truenos y vientos,

el mar levanta sus olas de enojo.

A la frágil humanidad desprecia,

riéndose de su tan débil batalla.

El cayuco, de madera liviana,

volcóse quedando sólo despojos;

y las aguas el naufragio consuma.

Padre y niño murieron ahogados.


 III


Pero la piedad los dioses acunan,

Maita Dabucurume, Madre sabia, 

e Icoa, sirena diosa del mar,

mandan veloces toninas amigas

que a la guaricha bien logran salvar,

sobre un madero a una playa de arena,

en Cubagua su amor ansia encontrar,

se niega al dolor de la doble pérdida;

llorando nunca acepta el cruel final.


 IV


Con el pecho henchido de amor materno,

la guaricha se interna en aquel mar;

la savia blanquecina con la espuma,

junta al vientre líquido azul eterno,

Leche que mana sin fin de su cuerpo,

a la marina Icoa pide ayuda

para que a su niño lleve su savia,

a través de la corriente del mar;

Así un día y otro repite aquel gesto,

y conmueve a los dioses con tal hecho.


 V


KariBai, dios de esencias y perfumes, 

y EuKeima, dios del arco de color

admiraron la sublime grandeza 

de aquella madre de inaudito amor,

y sugieren algo que al dolor venza;

su savia de amor en concha marina,

se recoja y en bellas perlas nacientes,

sean estas transformadas por siempre,

su amor maternal nunca así se pierde,

gema es del corazón de Madreperla.


5.


Caronís


En Soledad que es mi pueblo,

la boca del río es honda,

quien la tradición no guarda,

que del río bien se esconda.


Dicen que el cauce es traidor,

mal pescas, si lo haces poco,

pues, allí tiene su sueño,

la dueña del Orinoco.


Es la Bella Caronís

de escamas de plata fina,

una voz dulce y sonora

que encanta y al hombre fascina.


Su canto de seducción

es promesa no es mentira,

es mortal para el varón,

es verdad que al río inspira.


Vicente Reyes fue astuto,

supo el secreto del pacto,

un gesto, un ritual, un truco,

se salvó por un simple acto.


Al llegar al hondo cauce,

donde la pesca es un don

de su vaso de aguardiente,

una ofrenda echó al rincón.


No la ofendas con tu ron,

ofrécele dulce anís,

ese es el mejor tributo,

pa’ la bella Caronís.


Reyes vio su recompensa

en su red que estaba llena

con una muy buena pesca,

que le dio la azul sirena.


Pero a Tortoleno en cambio,

la Carona en la contienda,

a él le dio muy mal agravio,

pues, no llevó anís ni ofrenda.


No creyó en la bella dueña

del caudaloso Orinoco

y esto ahora nos enseña,

pa’ que no lo hagas tampoco.


Si no rindes pleitesía,

al fondo te arrastra lento,

compadre no se me ría

pues, lo ahogó en un momento.


Lo sacó de su canoa,

en remolino violento

y es que el río no perdona,

al hombre sin juramento.


6.


Espuma Marina


Oh, el vasto y vívido mar, 

tapiz de sombra y profundidad...

¡Si yo sólo supiera la serena y súbita forma

de surgir de esa vorágine!

De la espuma tumultuosa, donde la luz 

se disuelve y se olvida,

emerge ella, la pálida alegoría

de la libertad perdida.


Cuerpo luminiscente, casi espectral, 

rompiendo el oscuro claroscuro,

una promesa de carne desnuda 

que el alma anhela ser.

Candidez sin velo, sin vergüenza, 

vestida sólo de lo elemental,

sus formas suaves, 

suspendidas sobre el caos turbulento.


¡Cómo quisiera yo cabalgar!

la cresta sin miedo ni muro!

Sobre el delfín, ese guardián 

de gracia y sabiduría silenciosa,

dominando la ola que se alza 

como una montaña de emoción y azar.

¡Qué dulce éxtasis sin artificio 

debe ser esa mirada triunfal!


Su cabello suelto, serpentea etéreo

que el viento sacude igual a la marea,

se fusiona con el cielo, y se disuelve

en la llana frontera de lo azul,

anulando el peso de la gravedad 

y el tiempo rígido.

Es la expresión más alta,

la conexión más pura que se puede pedir.


Suspiro por esa pureza desinhibida, 

ese regreso al alegre Edén,

donde el alma navega 

y encuentra en la aventura su propio saber.


Y mientras mi vista la sigue,

suspendida entre la roca y el aire frío,

solo me queda añorar su gracia 

y su deseo sin fin en este frágil navío.


7.


Oda Marina


                                                     [Párodo]

Dejamos la tierra amiga, 

de la esposa el dulce adiós; 

la promesa nos obliga, 

que hoy no tiene ley de dios.

Mas el barco ya navega,

ya el horizonte nos ve, 

toda nuestra ardiente fe,

al azul de Grecia entrega.


¡Qué Afrodita nos proteja!


                                                     [Estrofa]


Dejamos la tierra que arde en suspiros,

el adiós, eco que flota en la bruma;

brillan promesas en ojos zafiros,

ley divina ondea el mar y la espuma.

Ya el buen navío, al sueño azul se entrega,

Eolo sopla y la vela navega.

Oh, añil azul que a la nave consientes,

Oh, vasto espejo do el sol se deshace,

tu vasta quietud calma contendientes,

en la inmensidad nuestra alma renace.

azul clemente acuna al alma errante,

tu linfa, es la senda del navegante.

Permite que el hado a Ítaca regrese,

la luz de Apolo en tu frente reposa,

que el buen timón el marino profese,

a ti encomendado y a la bella diosa.

se disuelve la prisa en mar y viento.

¡Bendita la estela del firmamento!

Del fondo nacen secretos callados,

redes que abrazan la vida sencilla,

dones del mar, a sus hijos amados,

fuente eterna, de marina semilla.

Del fondo oscuro en tu seno fecundo,

sustento en redes que nutren al mundo.

No eres solo agua, eres ruta de puertos,

Talasa tú eres la voz del misterio,

por ti el corazón olvida a los muertos,

mas queda el recuerdo en tu cauce etéreo.

faro de Rodas que la noche alargas,

¡Viaja el destino en tus aguas amargas!


                                                [Estásimo] 

(Coro de Marinos)


¡Qué serena surca la ola, 

que al puerto nos va a traer!

La red la barca enarbola, 

con peces para comer. 

Hay calma si hay maestría,

y al sol nuestra fe se fía.


(Coro de Sirenas)


No todo es calma en el mar, 

Caribdis traga sin clemencia, 

Escila hunde sin cesar, 

Tifón ruge con violencia, 

cantos crueles, son verdad, 

red de muerte y soledad.


                                                [Antistrofa]


Oh, tú, turbio azul que, a naves errantes,

espejo roto do el sol no regresa.

tu vasta furia hunde a los navegantes,

la vela altiva en tu viento tropieza.

La luz de Apolo con la nube ofusca,

tu linfa agitada la muerte busca.

Permite al hado en tus fauces perezca,

naufraga en tu ser el alma que ofende,

la vida mortal de rumbo carezca,

en tus lagrimas la muerte sorprende.

Con prisa la negra nube amenaza,

¡Maldita la estela que la mar traza!

Del fondo oscuro, tu seno iracundo,

la furia emerge con rostro de Escila,

terror desde rocas al hombre infundo;

Telquines aviesos males destila.

La bestia marina avasalla puertos,

No eres senda, sino tumba de muertos.

Talasa en sus vastas olas ahoga;

lleva al naufrago a destinos inciertos,

do la vorágine el alma deroga,

por ti el corazón ya se une a los muertos.

con tormenta negra y lamento impuro,

la muerte danza con su sayo oscuro.

Ya cae la sombra, el miedo se cierne,

y la tormenta ruge sin piedad,

el mar bravío que al alma consterne,

pues, en su furia esconde la verdad,

que el hombre se enfrenta en su oscuro viaje,

al abismo de su propio coraje.


                                                [Estásimo] 


(Coro de Sirenas)


Sus voces fluyen en ríos de plata,

tejiendo redes de ensueño y misterio,

el mar se vuelve espejo que retrata

el deseo profundo de su imperio.

En sus ojos brilla la eternidad,

promesas dulces de inmortalidad.


(Coro de Marinos)


Un viento muy fuerte desvela el cielo, 

las olas danzan su enérgico canto, 

las nubes pintan triste desconsuelo, 

y el mar muestra su fatigado llanto. 

¡Oh Dioses! Bajo el signo de Poseidón, 

hacedme firme el débil corazón.


(Coro de Sirenas)


¡Oh mortal! El mar no tiene piedad, 

deja el cuerpo bajo el húmedo limo; 

ya no luches más contra la verdad, 

sabes bien que el destino es un abismo. 

Ven a la paz tú valiente sin nombre, 

¡Ay! la mar es el sepulcro del hombre.


                                                        [epodo]


Oh, tú, buen navegante y poeta que el mar miras 

la gran sabiduría que el océano encierra, 

no rehúyas cuando al vasto horizonte suspiras,

pues, tú muy bien sabes que el mar a tu alma se aferra, 

El mar guarda en su hondo lecho un misterio sutil,

el hombre guarda en su pecho osadía febril.

El destino se cumple en esa ola que te llama, 

pues, el mar es el ciclo que la vida celebra, 

tu virtud es la calma cuando el trueno se inflama, 

quien bien acepta el abismo es su verdad que enhebra

al ojal que zurce el camino que se ha escogido,

no importa la muerte sino lo que se ha vivido.



8.


Pirata de Amor


¡Ay no quiero, 

subirme yo en tu velero! 


Sos barco sin rumbo fijo, 

corazón audaz y rojo, 

que va cumpliendo todo antojo, 

con alma de marinero. 


¡Ay me muero, 

súbete ya en mi velero! 


Amores que son tormenta, 

pasiones que se alimentan; 

por la noche se comenta, 

que soy pirata sincero. 


¡Ay que el viento, 

te suba ya en mi velero!


Tu vela no tiene puerto, 

tu promesa es solo viento;

si te sigo, será incierto,

tu corazón es mi tormento.


¡Ay no quiero, subirme yo a tu velero,

es mal muy agorero! ¡Ay, no quiero!


9.


Fata Morgana


Hay un espejismo que en el mar navega,

Morgana teje sombras de deseo,

son promesas que el viento siempre entrega,

luz que se quiebra, sueño es lo que veo.


Morgana teje sombras de deseo,

amor que se vuelve fuego ligero,

brilla el hada con mágico aleteo,

ala rota de pájaro viajero.


Amor que se vuelve fuego ligero,

espejismo que en el aire se extiende,

simple reflejo que es falso y agorero,

ciego es el Amor que no lo comprende.


Espejismo que en el aire se extiende,

bajo la bruma la verdad se niega,

un alado vuelo a Avalón se emprende,

entre nieblas, un alma que se entrega.


Bajo la bruma la verdad se niega,

buscando un sueño tan solo en el cielo,

un espejismo en el aire se despliega,

un amor que se vuelve fuego y anhelo.


Buscando un sueño tan solo en el cielo,

una rara ilusión que al alma quema,

es traición del espejo, un tenue velo,

con que Morgana teje su diadema.


 10.


La Tormenta


I


Vendaval que arrasa y desgarra,

El bravo Oleaje muerde la calma,

la esperanza rota en el viento,

viento salino azote del rostro,

relámpagos parten mi anhelo,

garras de coral rasgan el alma,

rugidos de un pecho violento.

Centellas cruzan la oscuridad,

Cielos encapotados, rugen, rugen

como una fiera. Barcos que gimen 

cortan la piel, queman el alma,

tormenta de voces quebradas,

relámpagos sobre el agua,

el mar ahoga mi voz callada,

en la furia que no se calma,

la tormenta se desangra,

se pierde el eco de mi calma.


¡Ay, la luna me guía,

mientras el mar me desafía!

¡Pata de palo, pie errante,

borracho, valiente y amante!

Maudit Orage ! Zut !

Hélas ! Terrible Tempête ! 


II


Torbellino de gritos y sombras,

Aaae... eiuuu… Lamentos de sirenas,

ciclón voraz que arrastra mis deseos

silencio que ruge y devora,

corrientes que arrastran,

palabras que hieren sin freno.

Furia que quiebra mis defensas,

la lluvia es sal y frío,

la noche es un abismo,

caos que nubla mi sentido,

golpes secos de ausencia amarga,

eco de ballena herida,

neblina que apaga el faro,

oscuro y profundo el abismo,

noche que viste el olvido,

ríos de lágrimas caen,

sobre un corazón perdido.


¡Cien tempestades en mi piel,

pero el ron me hace sentir fiel!

¡Que vengan olas, venga el rayo,

no hay tormenta do no me hallo.

Verdomde storm! Verdomme!

Helaas! Vreselijke storm!


III


Rayos que parten mis ilusiones,

Dispersas ráfagas de espuma,

estrellas hundidas en el firmamento,

corrientes que arrastran,

chasquidos que queman mis nervios,

el aguacero inunda dudas,

cánticos de gaviotas, danza errante,

relámpagos ciegan recuerdos.

Lluvia torrencial de promesas,

cadenas de agua voraz,

viento lobo que me persigue

estrépito frío y tenaz,

la furia del mar no se apaga,

el mar es un infierno voraz,

la tormenta no acaba jamás.

sombras que arrastran memorias,

en un mar que no tiene paz.


¡Cien olas en mi cara,

y el ron me da la fuerza!

¡Que ruja el viento, que ruja el mar,

yo en esta locura quiero quedar!

Forbanna storm! Forbanna!

Akk! Forferdelig storm!


IV


Catarata de llanto y furia,

olas que desgarran, cascada salina,

golpes secos que hieren el alma,

caracolas que lloran, Bruma ciega

nube oscura en mi tormento,

redoble sordo de traición.

Aaae... eiuuu… ¡Ay! ¡Malditas Sirenas!

Caos que destruye refugios,

es el oscuro dominio del Kraken,

vendaval que no perdona,

tormenta que ruge y me arrastra,

sobre olas que rompen en nada,

el amor se vuelve un grito,

un suspiro que se apaga.

La noche es un lamento,

la luna es un espejo,

donde se quiebran los sueños.


¡Baila el barco, baila el día,

tormenta loca, mi alegría!

¡Pata de palo y botella en mano,

soy rey del mar y soberano!

Damn Storm! Damn!

Alas! Terrible Tempest!


V


La furia del mar y el viento,

tiembla el fondo oscuro y negro,

la tormenta es un grito seco,

y la tempestad que no cesa,

es tempestad de abismos,

el corazón hecho pedazos,

la furia es un dulce canto,

¡Ay Malditas Sirenas!

la voz que grita sin respuesta.

La tormenta es mi historia,

el mar es su temible reino,

la lluvia mis lágrimas fieras,

el relámpago mi rabia,

el trueno mi soledad entera,

y en la noche oscura eterna,

se apaga la luz primera.

barcos que se hunden,

en el azul profundo,

la tormenta es un alma,

que llora sin descanso.


¡Botella rota, ola y canción,

pata de palo y corazón!

¡Que ruja el mar, que brille el sol,

yo soy pirata y el mundo mi farol!

Forbandet storm! Forbandet! 

Ak! Frygtelig storm.


VI


Vendaval, tormenta y silencio,

el alma rota y desgarrada,

el mar que traga esperanzas,

el viento que arrastra mi nada.

Centellas de pasión muerta,

relámpagos de desesperanza,

la tormenta que es mi vida,

el eco triste de la ausencia,

el amor que se convierte

en tormento y en demencia.

Desnudez, tesoro y riquezas

cofres de malditos secretos,

envuelven misterio y bellezas

¡Ay! ¡Esas Malditas Sirenas!

Escamas de oro y plata,

iridiscentes en la pupila,

astillas del naufragio del corazón

y de un barco pesado y ebrio

con un farol que escandila

a mi espíritu soberbio.


¡Baila el barco, baila el día,

tormenta loca, mi alegría!

¡Pata de palo y botella en mano,

soy rey del mar y soberano!

Maledetta Tempesta! Maledetta!

Ahimè! Terribile Tempesta!


¡Baila y canta, mar embravecido,

pata de palo, alma de bandido!

¡Que el mar es nuestro final,

y el ron nuestro eterno rival!

Maldicha Tempèsta! Mèrda!

Ailàs! Tempèsta Terribla!


11.


Los Caballos de Neptuno


Los caballos retumban con sus cascos,

sobre olas que tiran de firmes bridas,

Neptuno en su trono rige los mares,

céfiras ráfagas alzan sus crines,

como briosos estandartes al viento,

y estalla en el cielo el eterno rayo.


Zeus tonante vocifera en un rayo,

y provoca el arrido de sus cascos,

espantosos relinchos en el viento,

Neptuno los refrena con las bridas,

y agitan salvajes sus blancas crines,

cabalgando en las olas de los mares.


Precipitan su carrera en los mares,

y lanzan mil destellos como el rayo,

corazones que ondean como crines,

de equinos desbocados por sus cascos,

que pisan los tormentos y sus bridas,

conducen a clamores en el viento.


Resuena el cuerno de Tritón al viento,

responden las sirenas de los mares,

y en mares de lamentos ya sus bridas,

encabrita a caballos y en un rayo,

fulminante del alma y con los cascos,

se horada al corazón que entre las crines.


ondea salvaje amor que en las crines,

la furia eleva mas se lleva el viento,

que rasga negra noche con el rayo

y se ensordece el clamor de los mares,

la tempestad galopa con sus cascos,

y se enredan con violencia las bridas.


Del corazón del dios que con las bridas,

la fuerza desbocada de los cascos,

se lleva en el rugido de los mares,

que con la furia del amor el viento,

se rompe en el silencio con su rayo,

y llora en la tormenta entre las crines.


En olas galopan cascos que rompen las bridas.

Dolor en los mares de furia eleva sus crines.

El alma en el viento se rompe con un gran rayo.


12.


Rémora


 I


Yo te despido, sombra que se adhiere, 

lastre de mi viaje, rémora sin nombre; 

ya se cansó el espíritu del hombre 

de alimentar aquello que lo hiere. 

Cualquier lazo que hubo, hoy se muere; 

frenaste mi nadar en la corriente, 

pegada a mí, succionando mi frente, 

y en este adiós, mi libertad se traza: 

rompo el vacío que tu ser abraza, 

lejos de ti, mi norte es más luciente.

 

 II


Fueron tus días un reclamo eterno, 

un "mírame" voraz que no saciabas; 

mis propios pasos tú me los robabas 

para servirte en tu capricho tierno. 

Mi voluntad cayó en ese gobierno 

donde el esclavo fui de tu deseo; 

olvidé quién era en tu jactancia, y veo 

que, en el altar de tu ego desmedido,

sacrifiqué mi paz y mi sentido, 

siendo yo el remo en tu egoísta empleo.


 III


Era tu voz un rayo en la espesura, 

furia y agresión en cada tramo; 

no hubo palabra que no fuera reclamo,

ni discusión que no fuera tortura. 

Y cuando el eco de tu voz oscura 

no hallaba el golpe que tu rabia ansía, 

tu llanto de mentira aparecía: 

esa red de cristal, falsa y artera, 

con la que hacías de mi vida hoguera, 

manipulando mi alma a sangre fría.


 IV


Entre la farra y la lasitud desierta, 

viviste en un vaivén de lodo y vino; 

buscabas el placer en el camino 

mientras dejabas mi esperanza muerta. 

Te revelaste entonces, ¡Oh, Sirena!, 

abierta en un apetito sexual sin freno alguno,

voraz como el océano en ayuno; 

usaste tu sensualidad de fuego 

para perderme en ese bajo juego, 

donde el amor fue un vicio inoportuno.


 V


Y en el lecho manchado por tu rastro, 

la deslealtad fue tu constante herida; 

promiscua fuiste, de fe desposeída, 

mientras tu cuerpo se volvía un lastre. 

En el humo y la droga, tu desastre 

descuidó tu salud y tu decoro; 

el vicio te alejó de todo foro, 

perdiendo higiene, alma y dignidad, 

hundiéndote en la espesa oscuridad 

donde la rémora pierde su tesoro.


 VI


Fuimos juntos nautas de las nubes, 

nefelibatos sin suelo ni destino; 

colgados de un fracaso repentino, 

tú bajabas al fango cuando subes. 

Esa falta de tierra en que te imbuyes 

nos condenó al naufragio de la suerte; 

mas yo buscaba vida, y tú la muerte 

de no poner los pies sobre la arena,

arrastrándome a mí con tu cadena 

hacia un abismo que el fracaso invierte.

Mas no bastó romper el sucio lazo, 

pues a mi espalda lanzas tus cuchillos; 

cobarde al fin, sin luz y sin brillos, 

culpas al otro de tu propio ocaso. 

 

 VII


No admites del naufragio ni un pedazo, 

pues tu error es el mito que no asumes; 

en mentiras de lengua te consumes 

diciendo que mi mano hundió el velero, 

cuando fuiste tú, el pirata traicionero, 

quien puso el fango donde hubo perfumes.

He sido el pez de lomo lacerado 

que cargó tu ventosa en la marea; 

mas hoy la roca el peso me saquea, 

y quedas tú en el fondo, en tu pecado.

 

Nado libre, de lastre liberado, 

lejos de ti Sirena y tu Veneno; 

busco un azul más limpio y más sereno 

donde no existas tú, ni tu memoria. 

Finaliza aquí nuestra amarga historia: 

soy el mar libre, tú el más fangoso cieno.



Nota:


El Cantar de las Sirenas es una exploración poética profunda sobre la mitología y el simbolismo de las sirenas a través de diversas culturas. Este texto presenta una rica genealogía de estas criaturas, que van desde las antiguas leyendas griegas hasta representaciones contemporáneas. Las sirenas son descritas no sólo como figuras seductoras, sino también como entidades trágicas que simbolizan el anhelo, el amor perdido y la conexión con la naturaleza. Cada capítulo está dedicado a distintas sirenas y sus historias, ofreciendo una mezcla de poesía, mitología y reflexión filosófica. A través de sus cantos, las sirenas representan tanto la belleza y la tentación como la fatalidad y el dolor que pueden derivar de los deseos humanos y la búsqueda de lo inalcanzable. La obra se enriquece con referencias culturales que abordan la dualidad de las sirenas como protectoras y destructoras, presentando diversas narrativas mitológicas y poéticas que resaltan su complejidad.

¿Prestada o por encargo? | Entrevista a Skarlet Boguier



Entrevista realizada en diciembre de 2017 por Juan Calzadilla a Skarlet Boguier, a propósito de la selección de poesía reunida en Abluciones, libro compilado y prologado por él mismo, en el que condensa una muestra de poemas de la autora, algunos inéditos y otros tomados de Equinoccio de primavera (2012), La lámpara de los muertos (2015) e Impertinencias verbales (2017)


 J.C: –Por qué huyes del origen si lo llevas contigo?

Skarlet: -Huyo del origen para salvarme de esta ilusoria realidad. La madre tierra agoniza y esa vuelta al retorno es nuestra única salvación. El origen es un abismo, un ojo infinito que me mira y al que veo. Suelo sentarme a mirar el abismo y es un agujero negro en el que gira la eternidad.

J.C: -¿Cómo es que hablas tanto del mar si todavía no has abandonado tierra firme?

Skarlet: -El mar es la máxima constante, una obsesión azul que se me repite en los sueños. Tampoco es verdad que el mar sea azul o verde. Todo es ilusión del ojo y la luz, pero es una bella mentira, así como el atardecer y la muerte. De cualquier forma, el mar está presente. He nadado en esas aguas como un verdadero pez. Mares cálidos, mares glaciales. Mares mediterráneos, mares negros. Como podemos ver, nada es como parece. Vivo volando, aunque parezca que camino sobre tierra firme. Ya sabes, me zambullo en un océano de nubes terrestres.

J.C: El término de tus acciones tiene que ver con lo que dejas de decir o está en todo lo que dices. ¿Prestada o por encargo?

Skarlet: -Ni de vaina prestada, mucho menos por encargo. Uno es lo que dice pero también lo que calla. Ya sabemos que el silencio habla, y el lenguaje no puede expresarlo todo, resulta insuficiente para revelar lo que no puede ser explicado, entonces allí es donde nace el silencio. Allí desde un gesto o una mirada, hasta en la infinita vastedad del vacío espacial.

JC: El poeta mira la realidad desde un punto de vista lejano y crucial, empleando la mirilla de sus ojos y entrecerrándolos. Él piensa que esa es una manera de ver la realidad más productiva que si sólo estuviera imaginándola. ¿Te sucede eso a ti cuando escribes sin atreverte a ver lo que está sucediendo a tu alrededor? ¿O no?

Skarlet: -Es cierto que después del Equinoccio he venido mirando más hacia arriba, y sé que a veces pareciera que no abrazo la hierba humana, por andar hurgando entre el cosmos. Sin embargo, debo decir que hasta en los poemas más constelados subyace algo cotidiano. Lo que sucede a mi alrededor me alimenta, y en algún poemita se esconde. Quizás por eso sea mejor leerme tal como escribo, con los ojos bien abiertos y en ángulo de 360°.

JC: -Lo que escribes durante prolongados insomnios en la oscuridad de tu cuarto te parece más convincente que lo que escribes desvelada a plena luz y completamente despabilada. ¿Acaso has hecho de este hábito una técnica nefasta o benigna, de acuerdo con lo que piensas de la escritura? Acorazada a las influencias de los grandes: ¿Nerudista, rilkeana o lorquiana, feminista o sin influencia alguna?

Skarlet: -Escribir en la oscuridad es más bien circunstancial, una forma de matar el tiempo, durante días de insomnio en los que aprovecho para leer; lo que sucede es que al poema le da por empeñarse en ser escrito. Quizás producto de la orgía de voces que confluyen en la lectura, surge la escritura, pero esta estimulación no es consciente, simplemente es parte del latido de la vida en su constante movimiento. No tengo idea si estos poemas desvelados sean más convincentes. En todo caso, al menos emanan de insomnios creativos, y no de aquellos generados únicamente por la angustia. No creo que lo convincente esté determinado por la luz o la oscuridad, sino con aquello percibido como autentico, y con el fuego ese al que llamamos pasión que es capaz de impulsar a escribir con tanta fuerza como se vive.

J.C -¿Qué piensas del verso de Dante Alighieri en la Divina Comedia: “Cuando me siento a pujar leo con fluidez?”

Skarlet: -Podríamos imaginar a Dante pujando desde un antiguo retrete renacentista mientras leía con fluidez a Virgilio. Entonces, ¿Qué pujaba? ¿Acaso ese poema donde arroja todo el excremento dejado por los grandes representantes de la Iglesia Católica?

J.C: -¿Esas y otras confesiones a la luz de una lamparita de aceite?

Skarlet: -Confieso que esa lamparita aunque pueda que no alumbre, está llena de visiones, sueños, magia y una inesperada conexión con nuestros espíritus elevados. Uno llega a creer que escribe pero resulta que solo somos canales de lo que los espíritus evolucionados nos susurran al oído.

J.C: -Sirve para algo al poeta haber pasado tantos años sentado en un pupitre en una institución universitaria, estudiando Letras y encontrarte luego sin oficio conocido y desempleada?

Skarlet: -Sin arrepentimiento alguno te digo que me he quitado un enorme peso de encima al abandonar la carrera universitaria, igual que al estar desempleada. Claro, entendiendo desempleo como no laborar en ninguna empresa o institución, bajo un horario y condiciones por un salario. He compartido con príncipes y mendigos, entre lujos ocasionales y carencias. Sin embargo, todos sabemos que la única riqueza verdadera es la espiritual.


Foto: Rafael Ortega


Skarlet Boguier nació en Maracay, estado Aragua. Sus poemas han sido publicados en revistas y antologías como Los Moradores. Compilación de poesía aragüeña. Imprenta Regional (2012), Las Chicas van al baile. 40 Poetas venezolanas. Casa del Poeta Peruano. Lima-Perú (2012). Antología de Poesía venezolana Como una brasa que ha sido encendida. Fundación editorial El perro y la rana (2016). Entre sus libros destacan el poemario Equinoccio de primavera, Fundación editorial El perro y la rana (2016); La lámpara de los muertos, ganador de la IV Bienal Nacional de Poesía Félix Armando Núñez (2015) y aforismos condensados en Impertinencias verbales, Fundación editorial El perro y la rana (2017).


Fuente: https://juancalzadilla.com/2018/07/24/prestada-o-por-encargo-entrevista-a-skarlet-boguier/

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Si te interesa leer otra entrevista realizada a la misma autora para la revista mexicana Bitácora de vuelos entra a este enlace:

https://www.rdbitacoradevuelos.com.mx/2023/01/entrevista-la-fuerza-espiritual-de.html?m=1

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También puedes leer algunos de sus aforismos publicados en Zenda:

https://www.zendalibros.com/15-aforismos-de-skarlet-boguier/

martes, 9 de junio de 2026

Algunos textos breves de Franz Kafka


-Gabriel Jiménez Emán-


“La construcción” es sencillamente la descripción de un laberinto: pasillos, galerías, rincones, habitaciones de un inmenso edificio donde siempre hay alguien cavando; la construcción de un espacio siniestro para perecer de inanición; el proceso de edificación del monumental edificio revela su propio sinsentido: llegado un momento se tiene la sensación de que la obra jamás fue instalada con vistas a la defensa, mejor dicho, “la atención se temía pero el peligro del ataque y por tanto la preparación de la defensa parecían lejanos.” Uno de los trabajos más laberínticos, absurdos y hostigantes de Kafka, donde la sensación de nada o vacío se instala en el relato de un modo casi intolerable. 

Lo opuesto al anterior relato en el sentido de construcción lo tenemos en “La muralla china” donde se registra de modo pormenorizado cómo fue y a qué respondió la mayor edificación que se ha llevado a cabo en la humanidad en toda su historia; en efecto, se trata de un relato magistral donde Kafka no parece dejar nada por fuera; el estudio histórico que realiza, a la par de su seguimiento de ingeniería, esfuerzo humano, significación cultural, portento bélico y táctico, metidos en un texto donde se lleva a cabo un estudio casi psicológico de la conciencia del pueblo chino y sus emperadores, a la vez que nos inserta de nuevo en el origen de las guerras y contiendas que lleva a cabo la humanidad para defenderse, y a la vez imponer su poderío. Pieza clave de otra de las obsesiones kafkianas, la cual he destacado al inicio de mi trabajo sobre "El castillo". 


Un artista del hambre” y “Un artista del trapecio” 


En el primero, el personaje que ayuna de manera permanente se presenta como si fuese normal, como si su condición fuese un espectáculo cotidiano, como si el hambre que padecen las personas, los ciudadanos, puedan sobreponerse por sí solos a su debilidad, y hasta pueden “cantar” mientras dura la guardia para distraer a los vigilantes, quienes “se admiraban de su habilidad para comer mientras cantaban”. 

Se trata de una de las sátiras extremas de Kafka. Pareciera aquí que el escritor retrata a la gente humilde del pueblo que puede tolerar el hambre hasta límites insospechados; incluso después de morir. A este artista lo entierran bajo un pajar en el circo, y lo sustituyen pronto con una joven pantera. 

En “Un artista del trapecio” aparece la fuerza muchísimo más sutil de alguien que permanece día y noche en el trapecio, como una muestra de la cuasi esclavitud al empresario circense que le contrata: el trapecista siempre está solo y hasta pudiera vivir tranquilo, de no ser por los viajes del circo, que le importunan. 

Pero en el tren habían conseguido un departamento especial para él, hasta que un día le reclama al empresario que necesita dos trapecios. El empresario está de acuerdo y el trapecista se echa a llorar de pronto. 


¿Por qué? 


Después de ser consolado por el empresario, que da la orden inmediata de conseguir el segundo trapecio, éste no está del todo convencido. ¿No irán a intensificarse estos sentimientos con el tiempo? Sí, en efecto, el trapecista había comenzado a envejecer: el empresario advierte una gran arruga en sus ojos. A las claras, Kafka indica la relación trabajador-jefe, la explotación de un artista ya viejo en una empresa, la necesidad de ser convertido en espectáculo cotidiano; idea que Kafka desarrollaría en el ya citado “Un artista del hambre.” 

“Preparativos de boda en el campo” es una obra también fragmentaria (escrita en el año 1906) anterior a los textos que conforman Un médico rural donde el protagonista, Raban, parece no querer a su novia y hasta siente aburrimiento por la boda que pronto va a efectuarse; mira todo de manera plana, no hay ninguna emoción particular en sus observaciones ni palabras, es como un ojo que pasa impasible sobre las cosas para detallarlas, sin que importe el trasfondo de los acontecimientos, de los preparativos que se arman para el matrimonio con su novia, una mujer entrada en años. Aparece aquí la imagen de un coleóptero que puede ser vista como antecedente del insecto en La metamorfosis cuando leemos: 


“Tengo, tal y como estoy en la cama, la forma de un gran coleóptero, la forma de un siervo volante, o de un abejorro, creo. (…) Un coleóptero de gran tamaño, sí. 

Yo hacía como si se tratara de un letargo invernal y apretaba las patitas contra mi abombado cuerpo... Y murmuro un pequeño número de palabras, son instrucciones a mi triste cuerpo, que está de pie muy cerca de mí, inclinado. Pronto he terminado: él hace una reverencia, se marcha de prisa y todo lo llevará a cabo inmejorablemente mientras yo descanso en la cama.” 


La lectura de los textos breves de Kafka fue siempre para mí algo alentador, un estímulo para mi propio hacer, para mi vocación. Siempre lo percibí como a alguien que nos estaba hablando en un solo idioma: no en alemán o castellano, francés o inglés, sino en un lenguaje humano universal que atravesaba y atraviesa todas las barreras geográficas y nuestras diferencias culturales o históricas, para sembrarse en nosotros mediante una lengua plena de mundos, de universos complejos muy complicados o inciertos, llenos de dudas e interrogantes, pero también de una inteligencia profunda que habla a la sensibilidad y al conocimiento al mismo tiempo, revelándonos nuestras carencias, quiebres, fallas y derrotas, pero pleno también de los secretos que nos alientan desde otras realidades más hondas y desde una escritura meticulosa, dotada de una fantasía ceñida, certera en sus apuestas humanas, inaudita en su capacidad de hacernos ver nuestra propia humanidad.



(Del libro El laberinto ensimismado de Franz Kafka. Cuatro acercamientos)

lunes, 8 de junio de 2026

La vuelta de Ulises

Selección y edición:

Aimée Torres & Manuel Cabesa


El reciente estreno de la Odisea de Christopher Nolan ha traído de nuevo el mito al presente, si es que alguna vez se alejó. El gran poema-narración de Homero ha sido la matriz de donde ha surgido la visión heroica y novelesca de la vida desde el principio de los tiempos, también motivo de reflexión ética y moral a través de los siglos. Traemos al respecto tres textos de características distintas pero unidos bajo la figura del eterno errante hacia la Isla.


***


LA VERGÜENZA DE BORGES


“Me avergüenza no saber griego y verme forzado a agradecerles en inglés.

Como poeta no puedo más que utilizar metáforas, y en esta ocasión utilizaré dos. La primera es aquella del retorno a la patria, el retorno de Ulises. Ulises tardó diez años para retornar a Itaca. Yo diría que regreso a Creta, que regreso a Grecia, veinticinco siglos después de que todo comenzara aquí mismo; aquí donde comenzó la reflexión, la dialéctica, la poesía, la filosofía, todo. Y regreso después de tantos siglos para agradecerles.

Esa es la primera metáfora. Pero hay una más, aún más extraña, y no queda más que elegir entre una de ambas. La segunda metáfora es el sentimiento de haber estado siempre aquí. Recuerdo haberle preguntado a mi padre el significado de las palabras Magna Grecia. Él respondió que eran el sur de Italia y Sicilia, y luego hablando solo continuó: “Acaso la Magna Grecia sea el mundo entero”.

Mis primeras lecturas fueron, recuerdo, las fábulas de los hermanos Grimm, las Mil y una noches, Alicia de Lewis Caroll y, por supuesto, la mitología griega.

De mi padre aprendí filosofía, comenzando por la célebre carrera entre Aquiles y la tortuga, de Zenón de Elea. Me impresionó profundamente esa paradoja, me parecía una especia de pesadilla: que la carrera continuara, que Aquiles no pudiera alcanzar a la tortuga, que la tortuga estuviera siempre delante de Aquiles y que todo continuara eternamente.

De la mitología griega me impresionaron los doce trabajos de Hércules, la expedición de los argonautas y, por supuesto, el mito del laberinto.

Pasé mi vida leyendo y escribiendo, y esas dos cosas me hicieron feliz. El mito del laberinto me interesó siempre. Sin embargo el laberinto no me produce sólo temor sino también una suerte de esperanza. Porque si el mundo es caos, estamos perdidos. Pero si es un laberinto, entonces queda alguna esperanza; existe un propósito: un plan secreto dentro de este caos aparente.

Pasé mi vida leyendo y escribiendo poesía; y toda la poesía proviene, como sabemos, al menos en Occidente, de Grecia. Y Grecia nos dio también la filosofía. Y al decir filosofía digo no sólo las respuestas sino también los enigmas y cuestionamientos que ocuparon a los presocráticos y a Platón.

Y ahora pueden elegir. Pueden considerarme un griego exiliado en América del Sur, que regresa a su patria; o decir que siempre estuve en Grecia -quiero decir, espiritualmente, no corporalmente.

Ya pueden escoger. Pero lo que quiero que comprendan -y sé que lo entienden, o más bien sienten (uno siente más que comprende)- es que me siento feliz aquí, muy dichoso de estar en Grecia, y que estaré aquí por siempre, aún cuando mi cuerpo esté ausente.”


 Jorge Luis Borges 


***


ULISES A TELÉMACO


Querido Telémaco:

La guerra de Troya

ha terminado. 

No recuerdo quién fue el vencedor.

Seguro que los griegos: son los únicos

que dejarían tantos muertos 

en tan lejanas tierras…


Pero el camino de regreso a casa

ha resultado demasiado largo,

como si Poseidón, 

mientras nosotros perdíamos el tiempo,

se hubiera dedicado a ensanchar el espacio.


No sé ni dónde estoy ni qué tengo delante.

Diríase una isla llena de mugre:

matojos, edificios y cerdos gruñidores;

un jardín descuidado, una reina,

praderas y peñascos… 


Mi querido Telémaco:

todas las islas se parecen

después de tanta errancía, 

y el cerebro ya confunde la cuenta de las olas,

y lloran los ojos ante el exceso de horizonte,

y obstruye los oídos la carne de las aguas.


No recuerdo ahora mismo 

el desenlace de la guerra,

ni cuántos años tienes, 

mi querido Telémaco.


Has de crecer en edad y en vigor.

Sólo los dioses saben si algún día

volveremos a vernos. 

Ya no eres aquel niño

que me vio contener 

los bueyes en su empuje.

La argucia de Palamedes

impidió que viviéramos juntos,

pero tal vez sea mejor así: 

en mi ausencia

libre quedas, Telémaco, 

de pasiones edípicas

y sueñas sueños impecables.


 Joseph Brodsky


***


SANGRE EN LAS UÑAS Y EN LA MEMORIA 


Salieron conmigo. Dejaron Ítaca jóvenes, fuertes, en el momento espléndido de su juventud o en pleno vigor adulto. Me siguieron porque les prometí aventuras, botín, mujeres y gloria: todo aquello que la victoria reserva a los guerreros audaces. Salimos de nuestra isla a bordo de las cóncavas y negras naves, remando con vigor al ritmo de viejos cantos épicos, henchidas las velas rumbo a levante, para atacar una ciudad lejana con el pretexto —siempre hay un pretexto, y ése era tan bueno como otro cualquiera— de rescatar a una mujer hermosa y vengar la ofensa de su rapto. Y una vez allí, en la remota orilla del mar color de vino, peleamos durante diez años hasta que el ardid de un caballo de madera nos dio la victoria.

Yo estaba, con algunos de ellos, en el vientre oscuro de aquel caballo. Y llegada la noche, mientras la ciudad dormía, nos deslizamos fuera y empezamos la matanza. Aún se me crispa la boca en una mueca cruel —tal vez sonrisa triunfal, quizá rictus amargo, puede que ambas cosas— cuando recuerdo la luz rojiza de los incendios, los reflejos de las llamas en escudos, cascos y corazas, la sangre derramada en escaleras y salones, los hombres degollados y las mujeres violadas en sus propios lechos junto a los cadáveres de esposos, padres e hijos. El oro y la plata que cargamos camino de las naves, ganados hasta la última onza con nuestros peligros, nuestro miedo y nuestras vidas.

Hicimos en Troya la guerra como se hacía, como se hace, como se hizo siempre y como se hará mucho después de que mi cuerpo sea ceniza. Para bien y para mal llevo conmigo todas aquellas imágenes, del mismo modo que llevé la sangre de hombres, mujeres y niños en la hoja de mi espada, en el peto de bronce, en el rostro, en las manos fatigadas de tanto matar. Aún muchos días después, cuando bogábamos para regresar a casa, la sangre seguía incrustada en las manos con que empuñábamos los remos o tensábamos los cabos de las velas. Sangre en las uñas y en la memoria que todavía hoy, cuando contemplo mis dedos envejecidos y nudosos como sarmientos de vid, parece que siga ahí, indeleble, resaca y parda, del mismo color sombrío que tienen los remordimientos.

Regreso solo a esta isla, pues ninguno de los que partieron conmigo, de los que arrastré con mi nombre y mi gloria, sigue vivo ya. Se quedaron atrás, bajo las murallas de Troya, en la ciudad destruida, en los azares del largo regreso. Perdieron los botines duramente ganados y los aniquiló la furia de Poseidón, el desfavor o la indiferencia de los dioses, las asechanzas del piélago, la voraz insania de los cíclopes, las flores que hacen perder la memoria, las hechiceras que convierten a los hombres en cerdos… Creyeron en mí y lo pagaron uno tras otro con la vida, sumándose a los infinitos fantasmas que pueblan mi memoria cansada. Y mientras disfrazado de mendigo —o con la apariencia del mendigo que realmente soy— camino entre los olivos y chozas de la isla, me desazona ver a las mujeres que mis compañeros dejaron atrás, a sus hijos hoy crecidos, a sus padres ancianos, mirar el mar con la esperanza, todavía, de divisar las velas que los traigan de regreso. Sé que debería identificarme, dirigirme a ellos y contarles cómo sus ausentes combatieron y ganaron gloria y riquezas, cómo fueron desapareciendo hasta dejarme solo y desnudo en esta orilla. Pero yo que tantas cosas hice, el astuto navegante, el consejero de reyes, el expugnador de ciudades, carezco de valor para eso. No sería capaz de soportar sus reproches por habérmelos llevado. Ni siquiera de soportar su silencio.

Ahora ya no sé si valió la pena. Después de veinte años, una mujer casi marchita me aguarda tejiendo y destejiendo un tapiz. Un hijo a cuyos ojos mi ausencia me hizo detestable ha crecido sin mi ejemplo y aliento. Unos pretendientes arrogantes devoran mi escasa hacienda, y alguien debe expulsarlos con la violencia y la muerte inevitables… Sólo los dioses inmortales saben cuánta pereza me da verme obligado a matar de nuevo, tensar el arco que nadie sino yo es capaz de armar, disparar flechas que los manden a todos gimiendo a las sombras del Hades. Miro mis manos, cansadas pero aún capaces, y todavía me parece ver sangre en las uñas: la misma que tengo en la memoria y que diez años de guerra y otros diez de aventuras y naufragios no lograron borrar. Toda mi vida, al fin, se resume en un único y prolongado remordimiento. Estoy muy cansado para añadir más fantasmas a los que me acompañan, y debo luchar con la tentación de dar media vuelta y regresar al mar que me trajo; ese incierto mar donde, pese a todo, las cosas son mucho más sencillas que en tierra firme.

Tal vez dentro de treinta siglos, recordándome si todavía me recuerdan para entonces, alguien escriba unas líneas en mi memoria: Bajé del barco, pero no pasé del primer bar.


Arturo Pérez-Reverte

Juan Pomponio, viajero de la palabra: “La poesía no debe tener fronteras”

Texto y foto: Rafael Ortega

Cuando nos recrea su aventura, inmediatamente nos viene a la memoria la emocionante historia que nos relata Jack Kerouac, figura representativa de la beat generation, en su novela En el camino. Eran las seis de la tarde del ocho de febrero cuando Juan Pomponio abordó un bus que lo llevaría de Buenos Aires a Mendoza, en Argentina; después siguió hasta Santiago de Chile, donde conoció a Luis Arias Manzo, a quien considera un gran poeta hermano y quien le acompañó en una gira por la patria de Neruda. Más adelante continuó su periplo, cruzó el desierto de Atacama; “fueron treinta y dos horas de viaje en un vehículo destartalado, roto”, confiesa el poeta. De allí siguió al Perú, para recorrer Cuzco, Lima, Trujillo y Tumbes, desde donde cruzó la frontera en taxi y en moto hasta llegar a Ecuador, dejando su huella poética en Guayaquil durante cuatro días antes de partir a Quito, luego a Ipiales y Tulcán. Una vez en Colombia, visitó Bogotá, Villavicencio y otras ciudades hasta que pisó tierras venezolanas cuando llegó al estado Táchira y aquí lo tuvimos entre nosotros, en Maracay, estado Aragua, donde participó en una lectura organizada por la Biblioteca Pública Central Agustín Codazzi, y aprovechamos la oportunidad para conversar con él y escuchar de su propia voz las experiencias vividas.
—Provienes de un país donde se produce mucha literatura. Coméntanos sobre el panorama actual en Argentina en cuanto a la escritura.
—Es un grupo muy selecto de escritores que están encaramados allá arriba, quienes se desviven por llegar a esa posición. Es un grupo que está ahí, pero me parece que el movimiento cultural más fuerte está en países como Venezuela, Colombia, entre otros.
—¿Cuáles autores argentinos recomendarías?
—Me gustan Borges, Bioy Casares... Alguien me preguntó si me gustaba Cortázar y le dije que no he podido digerir Rayuela, aunque reconozco que es uno de los clásicos, pero nunca pude pasar de treinta o cuarenta páginas de esa novela.
—¿Y los contemporáneos?
—En realidad no estoy al tanto del movimiento contemporáneo argentino. No formo parte de ese círculo literario. Me cuesta integrarme, como que me aburro mucho allí.
—Tengo entendido que aparte de escribir poesía, también eres artista plástico, ¿te inicias en el mundo literario buscando otra manera de expresión?
—No, al contrario, me he dedicado de lleno a la literatura, también me gusta dibujar y pintar, pero la pintura siempre ha estado en un segundo plano, aunque eso no significa que en cualquier momento pueda retomarla. Mi caso es muy particular. Antes de los treinta años yo no era un hombre de lecturas. Comencé a escribir poesía, relatos y ensayos a partir de los treinta años. Hoy tengo cuarenta. Empecé a escribir de grande. No me considero un hombre muy erudito en letras. No estoy formado en ninguna universidad. Escribo porque siento que viene la palabra y la plasmo en el papel, siempre tratando de mejorar y corrigiendo algunas cosas.
—¿Cuál es la función de un escritor?
—Traspasar las fronteras, llevar un mensaje real de lo que sucede en la humanidad, sobre las ideologías que nos separan, las costumbres que nos rigen, tratar de despertar conciencias para que el hombre pueda desarrollarse en armonía, más allá del rechazo. La poesía no debe tener fronteras.

domingo, 7 de junio de 2026

Textos de Belén María Pacheco Ayala

Título: Felino

Autora: Luz Valero 


***

Quiero


Quiero verte tan solo por sentir

que tus ojos son mi horizonte 

y se encienden 

en la llama de los míos.


Quiero que tu boca

camine por mis hombros, 

impregnados por la fragancia 

de la orquídea que evoca

otros momentos.


Quiero escribirte, 

el último mensaje nocturno 

para recibir tus palabras 

que me endulzan 

el preámbulo del sueño.


Quiero abrir las puertas 

de tu silencio 

y dormir en tus susurros 

para oír el rocío de tus sentimientos.


Quiero ser el sol de tu vida 

y alma que te inspira, 

la aurora que te alumbra 

y que esperas cada día.


Quiero ser la miel en tu piel 

y el ave que te cuida 

minuto a minuto 

y te guarda solo para mí

en mi santuario.


***


Lluvia


La lluvia desabotona

su traje, 

vierte sobre el mundo 

su tela de gotas

que se extiende 

al vaciarse las nubes

y caen largas líneas, 

delgadas, transparentes, 

lavando el Universo.

Huele a tierra húmeda,

a flores que desprenden 

sus pétalos y sus fragancias.

Los caminos desvestidos 

resisten la fuerza del agua 

mientras se llenan

sus episodios mojados.


¿Cuándo será mañana 

si solo veo el hoy?

¿Cuándo estaremos donde sea?

¿Cuándo llegaremos al pronto?

¿Cuándo atraparemos 

la promesa del después 

en el sendero donde el árbol 

disperse sus hojas

que se desprendieron 

de tanta espera?

¿Cuándo será el mañana 

del Ayer desvestido

del tal vez?

¿Cuándo nuestro hoy

será para siempre 

tuyo, mío, de nosotros?


Ya no estás, 

pero siento qué aún te amo 

tanto, tanto. 


Mi casa era un palacio

cuando me trajiste,

pero no casa sin ti,

es sólo estructura.


Camino por los espacios, 

recorriendo nuestros pasos...

me asomo al pasado

y disfruto recordarlo.


Te amo para siempre 

desde aquellos tiempos 

en qué aprendimos

juntos el uno del otro,

hasta el momento de luz 

en que partiste a otro plano 


Ya no lees mis versos,

ya no me visitas 

en sueños, 

pero aún te amo para siempre.


***


El mar


Veo tus jardines 

cuando florecen los nomeolvides 

sobre los cristales de las olas.

Llega hasta mí 

la fragancia del salitre.

El cielo ve sus azules 

en tus aguas, 

donde se ven la luna 

y las estrellas 

hasta quedarse dormidas.

Los azules se tiñen 

de negra tinta 

porque la noche 

se cuela entre sus ondas, 

se confunde con sus granjas 

y en su falda de espuma se cobija.


***


El tornillo


Los giros iban atando

ambos elementos,

la presencia horadaba ese ámbito, 

se posesionaba de su memoria, 

penetraba en vueltas 

su erguida figura, 

estrechando las evocaciones 

que penden en el vacío, 

cada vuelta suscitaba 

un eslabón donde se relacionaban 

el todo con la nada, 

el grito con el silencio, 

el vacío con el peldaño, 

aferrados como un espiral 

de anheladas secuencias

en una historia presente.


***


Si te vas


Si te vas

si algún día decides irte,

caminaré bajo la sombra de los árboles 

y te buscaré entre las flores, levantaré el rostro al cielo

y te buscaré en la luz del sol, entre las gotas de lluvia y admiraré

tus ojos húmedos...


Si te vas,

si decides irte

me quitaré el sombrero 

y dejaré que tus versos 

habiten mis recuerdos.


***


La palabra mágica


- ¡Adioooo!

Era el saludo en cada encuentro caminando por la carretera de Choroní, ese saludo era como oír: adiós, amor.

Ese gentil voceo hacía de su presencia una armonía, una oferta de amistad, una promesa de volverse a encontrar en aquellos parajes de flores y plantas de fragancias y rayos de sol.

Una sola palabra que pronunciaba el transeúnte negro desconocido y no era la palabra en sí, era su música, su ritmo, su tono, era la voz que florecía en sus labios.

Era el ángel que lo seguía y eran los pasos que marcaban sus huellas como campanas en el campanario, como luz en la inmensidad, como graznidos de gaviotas sobre el mar.

  - ¡Adioooo!

 Nunca la sencillez fue tan plena como cuando esa palabra se pronunció. En ese encuentro casual, el Universo se hizo aliado y su cosmos era esdrújulo, siempre acentuado y resaltado entre los dos, como muestra gentil de la esencia del nativo habitante que en una palabra te da la bienvenida y te invita a compartir el entorno.

- ¡Adioooo!


***


Salto atrás


Santiago se quedaba absorto en su salón de clases, sus dedos se envolvían con sus cabellos, los giraba entre los rizados hilos.

Una y otra vez su dedo índice enrollaba y desenrrollaba el bucle que caía sobre su frente mientras su pensamiento se elevaba lejos del salón de clases donde le enseñaban a descifrar las palabras para leer.

En su mente se preguntaba por qué su piel era oscura y la de sus dos hermanos era diferente, por qué sus cabellos parecían una pelambre que crecía hacia arriba y sus hermanos ostentaban cabellos lisos como mazorcas de maíz.

Un día, revisando unas fotografías familiares, se vio retratado, pero no era él. Sintió miedo de saber, pero se atrevió a preguntar.

"¿Por qué me parezco yo a este viejo?" y la abuela le respondió: "Ese es mi abuelo y se parece a ti porque tú eres un salto atrás. La genética, Santiago, es como un juego de azar, nos parecemos a los más cercanos o a los más lejanos".

- Pero yo no quise ser negro, abu...

- Sí, hijo, lo sé. ¡Solo tuviste suerte!

sábado, 6 de junio de 2026

Poemas de Ninfa Monasterios Guevara

Título: Ópera furiosa (2015)

Autor: Eduardo Bárcenas



El cielo es un enigma

una ventana infinita que rodea nuestras vidas

Cuando azul

 regala la esperanza del horizonte amplio

 invita a desafiar la tediosa jornada de huidas

  ilumina

  calma

  resucita

  señala

Cuando gris

 oculta a medias los rayos del sol

 es certeza de cálido transitar, promesa de lluvias

Cuando negro

 regala el concierto luminoso de sus miles de estrellas

 ofrece frescura y refugio para cerrar la jornada

  oculta

  protege

  relaja

  acuna

Cuando iluminado de bombas

 pierde sus muchas bendiciones

 se vuelve fuente de angustias y temores

  calcina

  destruye

  golpea

  mata

El cielo es un enigma

una ventana infinita que moldea nuestras vidas

y muertes...


***


Llanto


Agudo grito sostenido

mirada al cielo

palmas -cuencos de plegaria

el alma rodando por las mejillas

pasos de rumbo perdido

reacios a recorrer el último tramo

el definitivo puente hacia el adiós

tiemblan las manos

la boca se seca

la garganta duele

el llanto se calcifica

la vida sigue

al caminar se escucha el tintineo:

el viento y el movimiento

agitan el ulular de las plegarias

el llanto hecho piedra

despliega la melodía de la tristeza

al rozarse las perlas salinas

que acompañan el destierro


***


Sobre las ruedas juego

de un camión volteado

El nocturno bombardeo

casas y edificios ha volado

Muestra clara, la mañana

lo que quedó levantado

De mi madre el regazo

dejé temprano, abandonado

El camión es una muralla

sobre su costilla, recostado

De mi fortaleza, atalaya

es la rueda que he conquistado

Imagino los flancos, ataco

del enemigo desgraciado

Con mis piedras, al maligno

varias bajas he propinado

Sobre las ruedas, juego

de un camión bombardeado


***


 Piedrita


Canto rodado

en el lecho del Jordán

Tejo colorido

de mi rayuela de sueños

Proyectil de lucha

tras la barricada de escombros

Amuleto de luna

para las noches sombrías

Fragmento de historia

esparcido por las bombas

Juguete versátil

hoy casa, mañana amigo

Terapia de alivio

ante el incierto camino

Piedra de lucha

piedra de juego

piedra de vida


***


Al principio

el estómago era un vacío

las palabras un reto pastoso

y la mirada un enigma

tras los párpados

Mi madre fingía dormir

-o realmente lo hacía-

relajando su delgada piel

que abrazaba a los huesos

tras un mes sin comer

no hay fuerzas para huir

o buscar abrigo o refugio

La disyuntiva:

Gastar las últimas fuerzas

buscando alimento y morir

-de hambre o de bala-

o guardar la energía

para mantener la vida

a costa del cuerpo

Cierro los ojos

la respiración de mi madre

-dormida en mi regazo-

se vuelve alma en el infinito

Lloro, sin lágrimas

decido quedarme con ella

y su cuerpo martirizado

sobre nuestra tierra

La guerra no es una aventura. Es una enfermedad.

(Antoine de Saint-Exupéry)

Todas las guerras

mienten

matan

muerden

Algunas son muy visibles

-promocionables-

otras ocurren en silencio

mediático

Casi cien grandes conflictos

brotan como llagas

en la desgarrada piel

de nuestro planeta

No contemos -por favor-

las batallas cotidianas

las guerras por sobrevivir

en este sistema injusto

Muerte miseria dolor

violencia sin razón y sin fin

negocio absurdo de algunos

a costa del sacrificio de muchos

Todas las guerras enferman

contagian su iniquidad

disfrazándola de ineludible

haciéndonos enemigos

de nosotros mismos

En la guerra no hay ganadores.

(Ramman Kenoun)

Se alzó alegre

sobre los vidrios rotos

y la sangre adversaria

con el puño en alto

vencedor

Se sentó luego

en la acera de enfrente

y se inundó de tristeza

lloró

Los golpes victoriosos

cayeron sobre el rostro

famélico

 inocente

de su hermano

El dinero de las apuestas

llenó bolsillos ajenos

La miseria siguió allí

ahora separada

por odios

intereses

de otros

En la guerra no hay ganadores...


***


Solo los muertos han visto el final de la guerra.

(Platón)

Aquel poeta granadino

amante de la paz y del amor

cayó de bala herido

y allí, escapando del olvido

a pesar del empeño en borrarlo

terminó la guerra por matarlo

y comenzó la otra

 por mantenerlo vivo

Junto a él, en la común fosa

o en otros espacios del orbe

millones de cuerpos reposan

con sus huesos vueltos cenizas

unas y otras las visualizas

como víctimas accidentales

o simples daños colaterales

que tuvieron la desdicha

 de ser incómodas verdades


***


El cielo desgarrado

escupe fósforo en la tierra

La lluvia blanca

toca la piel

no la suelta

la consume

hasta el hueso

el dolor

corroe

el espíritu

y

los

huesos

las llagas

sangran

imparables

riegan el campo

de olivos

crimen de guerra

dicen

pero nadie

lo detiene


***


Persecución

por el color de la piel

por la religión

por el origen de “raza”

por la orientación

por la supuesta “pobreza”

por la tradición

por la tierra que ocupa

por lo buena persona que es

por razones absurdas

por odios sin razón

por intereses mezquinos

por celebrar lo que es

por creer en sus dioses

por bailar a su son

por curarse con plantas

por comer quimbombó

por respetar el agua

por amar a la tierra

por hablar con las dantas

por cuidar la nación

por pensar diferente

por sentir emoción

por no guardar silencio

por cantar su canción


***


Amapola


Pequeño cometa del campo

que el viento hace volar

sin llevarte lejos de la tierra

Amo tu balanceo en las laderas

ese mar de olas rojas

en el que bañamos nuestras esperanzas

En tus pétalos carmín

vive nuestro amor por la tierra

vibra la alegría del porvenir

y perdura la fuerza de nuestra patria

No te rindas, pequeña flor

sigue a nuestro lado

resistiendo

resistiendo

resistiendo


***


El silencio


Aprendí a amar el silencio

en los brazos de mi madre

lugar seguro y cálido

de irrefrenable ternura

Aprendí a mantenerme en silencio

en los paseos con el abuelo

cuando me contaba sus aventuras

y prodigaba enseñanzas

Aprendí a valorar el silencio

que nos permite pensar

y reflexionar lo que somos

Aprendí a temerle al silencio

en las noches oscuras del destierro

porque antecede siempre

al rugido de las bombas


***


No puedo mirarte


Avancé sobre las ardientes piedras

aturdido

 desesperado

  enloquecido

nada era igual

el paisaje ante mis ojos

no se parecía a lo que recordaba

En este sitio donde al fin descanso

una oveja bala sin cesar

parece buscar a su cría

En eso nos parecemos

Limpio mis manos y mi rostro

ya no hay tanto humo y polvo

el escenario de la guerra aparece

sombrío

 lacerante

  encendido

solo ruinas quedan de mi pueblo

Lloro

 grito

  blasfemo

me abrazo a la oveja dolida

Nuestro llanto nos hermana

Las ventanas son astillas de vidrio

regadas por el suelo

punzantes

 inútiles

  espejismos

Las paredes de las casas

tapizan mis pulmones enfermos

con cada bocanada de aire

con cada suspiro por mi gente

Tanto dolor en un segundo…

Debí llevarles conmigo

insistir en la visita a los olivos

caminar alegres hacia el campo

contarnos historias graciosas

Se quedaron

 se quedaron

  se quedaron

Ahora, sobre este trozo de historia

trato de recomponer el mapa

imaginar dónde estaba nuestro hogar

buscar tu mirada en los escombros

No puedo mirarte

me avergüenzo de estar vivo

de respirar este humo que les contiene

de pisar este polvo que les resume

Debí ser yo quien muriera

atardecido

 silencioso

  gastado

como un almanaque viejo

sin días disponibles

sin horas agendadas

sin nada que perder

Solo en medio de la barbarie

atino a dibujar tu rostro en el suelo

la oveja sigue buscando a su cría

yo, como siempre, te busco a ti...


***


 Yunta


Bajo el peso del yugo caminan

uno al lado del otro

sin separarse

Eternos compañeros en la vía

inseparables

hermanados a juro

El látigo obliga el avance

se arrastran los pies y las ganas

sin opciones

El hombre y su incertidumbre

precaria existencia en resistencia

yunta normalizada

El hambre es el fuete amansador

ordena el avance o las paradas

para el sobrevivir

Sin separarse

hermanados a juro

sin opciones

yunta normalizada

para el sobrevivir


***


Camino de tierra


Frente a los ojos

larga serpiente amarilla

lomo pedregoso en algunos puntos

penachos verdes, tostados, en otros.

A los lados cercas de metal

 fronteras odiosas incandescentes

Los pies resecos

callosos dudosos

se detienen frente a la sinuosa figura

deciden esconderse dentro de las botas raídas

cubiertas de polvo, vencidas

Cada paso es un dilema

un enigma

necesaria rutina de sobrevivencia

cumplida de sol a sol

para ganar el pan

pero sin ganar la vida

siempre bautizado sin ceremonia

con nombres dictados por el patrón

ajenos a su historia, a su cuerpo.

El camino de tierra

abre sus fauces cada día

clava sus colmillos en la carne

envenena de a poco la rebeldía

hasta vencerla.