miércoles, 9 de septiembre de 2026

Palabras bajo libertad (XXII / 2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Edición y nota: Manuel Cabesa


***


Se cumplen 70 años de la publicación de Aullido de Allen Ginsberg, uno de los principales poemas de la literatura norteamericana, solo comparable en influencia a El cuervo de Poe, Canto a mí mismo de Whitman o La tierra baldía de Eliot. Proclama de una rebelión que todavía permanece vigente y se manifiesta a nivel global en donde los psicotrópicos han sido sustituidos por anfetaminas mediáticas; en esta oportunidad los integrantes de Libertad Bajo Palabra asumen el reto de continuar el viaje...


(mcabesa)


***

Aullidos


"Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas, histéricas, desnudas..."

Allen GinsbergHowl (1956)


***


La oscuridad 

a pleno sol en mi ciudad

me hace mirar con avidez 

unos números fatídicos  

inexorables ya están en rojo.


¿Podrá Ginsberg esperar 

la resurrección de la luz?


Julio César Pérez


***


Sus pasos lo llevaron 

al acantilado


En su mente extraviada

solo había un pensamiento


Qué hallaría 

en esas profundidades


Con una firmeza 

envidiable para su edad 

abrió sus brazos 


Y se lanzó al vacío 


Julia Liendo


***


La poesía es escrita 

cuando se lee primero la vida, 

sus ranuras más profundas

y sensibles, 

las cicatrices y heridas. 


Alejandro Ramírez


***


Nuevos aullidos


Elige un empleo, 

una familia y una profesión.

 

Una vida equipada 

con dispositivos 

y redes sociales. 


Opta por créditos 

sin acumular intereses 

eleva tu deuda 

hasta el último centavo. 


Cuando en tu mente aparezcan: 

los fantasmas de la histeria 

por el hambre insatisfecha 

con la fantasía del lujo. 


Corre, 

desnuda el cerebro y tu piel, 

sacude las tecnologías creadas

para fenecer 

en la demencia masiva.


Ysbel Mejías

Para Allen Ginsberg


***


"La poesía no es solamente palabras en una página"...

A.G


La poesía está 

en todo lo que existe,

en lo que sentimos,

camina a nuestro lado 

muchas veces, 

sin hacer ruido.


Otras en el tumulto, 

en una tarde cualquiera 

en una puesta de sol 

en la mirada de un niño 

en el ultimo abrazo 

del que parte 

y no regresará. 


La poesía 

tiene vida, 

color... 

y respira.


Liris Miyares


***


Escuchas los susurros 

moribundos

de las catacumbas


Días eclipsados...


Hambriento país 

de insomnes

con su invisible hilo

de agonía a la espera 

de la tijera segadora

de esta demencial vida


Dilcia Zamora


***


Se enteró 

de su propia verdad

perdida en su memoria


Optó por predicarla 

entre los poetas


Descubrieron las miserias 

de su existencia.


Entonces quedaron desnudos,

alimentados de mariposas

oscuras y solos 

con su locura


Julio César Pérez


***


Así, como el Rey,

ella se paseaba desnuda

y famélica

por las calles de la ciudad.

Nadie le advertía 

que su vestuario de "laiks"

no bastaba para cubrir su estampa.


En el recodo de alguna red

dejó colgado el cerebro 

estropeado y adicto a la inmediatez.

Total... en la era del artificio intelectualoide 

de nada sirve cargar ése peso 

sobre los hombros.


Ayer, la vieron llorar 

histérica 

ansiosa. 

Le habían pedido leer 

un texto de una cuartilla 

y se cansó.

¡¿Acaso no saben

que doné mi cerebro!?

Gritaba y gritaba 


Reclamó tanta maldad 

tanta inconsecuencia

con ella que solo lee

textos menores a 160 caracteres 


Ninfa Monasterios Guevara


***


Somos el futuro postergado

de una mente brillante

visionaria


Testigos ausentes

viajeros de un tiempo

sin pasado ni futuro


Somos el dolor

atravesando los huesos 

como esquirlas de hielo


Somos la imagen de un eco

que flota con las hojas

de los árboles 


Somos

la estirpe desvanecida

de quienes empuñaban

el verbo lúcido contundente 

que amansaba las aguas.


Laura Luque


***


No sé si eran 

las mejores mentes, 

pero las vi, 

famélicas, 

hastiadas, 

franela roja, 

puño en alto, 

esperando un cilindro de gas

o una bolsa de comida 

que acallara el hambre 

o sus ecos.


Por ahí los vi, 

con sus vientres hinchados

y sus bocas aguardientosas

a la espera de la dádiva 

de algún político en funciones,

zapatos rotos frente 

al Toyota de este año. 


Cipriano Castro


***


Intentando visibilizar sus traumas en el infinito, mientras insisten en invisibilizar sus gritos solitarios.


Los vi arrastrarse por las calles de madrugada, diciendo que van a tener una situación rara con sus propios demonios; buscando un refugio cognitivo en el fondo de un vaso y rezando por un destello de empatía en pantallas congeladas.


Es otro beta, hermano, este dolor moderno que nos quema, un sesgo identitario atrapado entre el asfalto y el vacío, donde el empoderamiento se vende en cómodas cuotas y la resiliencia es el disfraz de los que ya no pueden más.


Vi a poetas de vanguardia fracasar en su emprendimiento, de

vivir mendigando amor bajo el peso de nuevas narrativas de éxitos y todo se reduce a un constante espóiler de la caída. 


¡¡Jajaja nacimos siendo la versión beta de un futuro que ya caducó!!


Emalida Viloria


***


Taller Libertad Bajo Palabra (07/09/2026)

martes, 8 de septiembre de 2026

Después de agosto nos seguimos leyendo / XI

Selección y nota: Manuel Cabesa


Decir que el lector completa con su lectura el significado de la obra es decir poco. Antes que eso, el lector hace que la obra exista.

Luis Goytisolo: "La parte del lector", 2001



Conan Doyle no sólo es el creador de Sherlock Holmes, sino también quien diera al método deductivo inventado por Poe sus características definitivas que han de seguirse durante toda la historia del relato policial. Además de historias de misterio y terror poco conocidas y por si fuera poco fiel creyente en el más allá. El texto que hoy compartimos se refiere a sus reflexiones sobre este extraño tema...


(mcabesa)


***


Sombras en la pantalla 


-Sir Arthur Conan Doyle-


No hay nada más maravilloso, más increíble y, al mismo tiempo, tan cierto me parece, como que los eventos pasados puedan dejar un registro en nuestro entorno capaz de ha­cerse sentir, oír o ver mucho tiempo después. He puesto las impresiones en orden de frecuencia, porque es más común sentir el pasado que escucharlo, y más común escucharlo que verlo. Las casas que están embrujadas por ruidos vagos son más frecuentes que aquellas que poseen apariciones, y familias han sido perseguidas durante años por poltergeists, aunque nunca han visto una sola vez a sus torturadores.

Una mente sensible se ve fácilmente afectada en cual­quier lugar donde ha habido problemas recientes. Una dama que conozco visitó recientemente a la directora de un hos­pital y encontró que no estaba en su despacho. «La señora Dodson ha salido», dijo la enfermera. «¿Ha recibido malas noticias?». «Sí, acaba de recibir un telegrama de que su es­poso está muy enfermo». ¿Cómo supo mi amiga que había malas noticias? Lo sintió por un hundimiento en su propio corazón al entrar en la estancia, antes de que llegara la en­fermera. «¡Telepatía!», dice el loro. Bueno, si telepatía puede estirarse hasta significar que un pensamiento o emoción no solo puede transmitirse de cerebro a cerebro, sino que pue­de permanecer estacionario durante una hora y luego im­primirse en cualquier sensible que se acerque, entonces no discutiré la palabra. Pero si por una hora, ¿por qué no por un año? Y si por un año, ¿por qué no por un siglo? Hay un registro en la pantalla: cuando este pequeño espacio cúbico de éter, si el profesor Einstein aún permite la expresión, pue­de retener indefinidamente algún cambio íntimo y durade­ro que marque e incluso reproduzca débilmente la emoción que un ser humano ha experimentado dentro de él.

Tuve un amigo que vivía en una casa centenaria. Su esposa, que era sensible, percibía continuamente un empu­jón al bajar las escaleras, siempre en el mismo peldaño. Más tarde se descubrió que una anciana que había vivido antes en la casa había recibido un empujón juguetón de un niño travieso y perdió el equilibrio, cayendo por la escalera. No es necesario creer que algún duende permaneciera en ese peldaño repitiendo la acción fatal. La explicación probable parece ser que la mente sobresaltada de la anciana, al sen­tirse caer, dejó algún efecto permanente que todavía podía percibirse de esta extraña manera.


"Efectos de los campos de batalla antiguos"


Los registros invisibles del aire de este tipo explicarían muchas cosas que ahora son inexplicables. Se sabe que hom­bres de nervios fuertes han sido aterrorizados en ciertas loca­lidades sin poder dar explicación alguna. Algún horror del pasado, invisible a sus ojos, puede haber impresionado sus sentidos. No se necesita ser muy psíquico para obtener el mismo efecto en un antiguo campo de batalla. No soy para nada psíquico, y sin embargo soy consciente, más allá de la imaginación, de un efecto curioso, casi un oscurecimiento del paisaje con un marcado sentido de pesadez, cuando estoy en un antiguo campo de batalla. Lo he percibido especial­mente en Hastings y Culloden, dos batallas donde grandes causas fueron finalmente destruidas y donde la amargura extrema pudo llenar los corazones de los vencidos. La som­bra aún permanece. Un ejemplo más familiar de la misma facultad es la penumbra que se acumula sobre la mente de alguien convencional al entrar en ciertas casas. El agitador más rabioso no necesita envidiar a nuestra nobleza sus an­tiguos castillos, pues es más feliz pasar la vida en la más sen­cilla cabaña, no contaminada por perturbaciones psíquicas, que vivir en la mansión más grande que aún conserva las marcas sombrías de habitaciones que quizás fueron escenario de crueldad u otros vicios.

Si alguien sensible puede percibir algún registro de un evento pasado, entonces hay evidencia de que, por exten­sión, alguien aún más sensible podría ver realmente a la per­sona que dejó dicha impresión. Que se trate de la persona misma en espíritu me resulta, en la mayoría de los casos, ab­solutamente increíble. Que la víctima de alguna villanía cen­tenaria deba aún en su vestimenta antigua frecuentar en per­sona la escena de su martirio pasado es, de hecho, difícil de creer. 

Es más creíble, aunque poco entendamos los detalles, que alguna forma-pensamiento se desprenda y permanezca visible en el lugar donde se ha soportado un gran sufrimien­to mental. Cómo y por qué son preguntas que resolverán nuestros descendientes. Si pudiéramos concebir que tene­mos una forma dentro de otra, como las capas de una ce­bolla, que la capa exterior se desprendiera bajo la influencia de la emoción y continuara una existencia mecánica en ese lugar mientras el resto del organismo continúa adelante sin siquiera notarlo, tal suposición, absurda como parece, con­cordaría mejor con los hechos registrados que cualquier otra explicación que conozca. Cada nueva capa descartada de la cebolla sería una nueva forma-pensamiento, y nuestro paso por la vida estaría marcado en sus crisis más emocionales por un largo rastro de tales formas. Por grotesca que parezca la idea, puedo afirmar con confianza que la verdadera explica­ción, cuando llegue, no será menos grotesca.


***


Tomado de Zendalibros.com 

08 de septiembre, 2026


Máximas para agarrar mínimo (V) | Luis Valero


***


No se gana nada, tratando de entender a los demás.


***


El dinero sin felicidad, no sirve de nada.


***


La mentira es la reina del secreto.


***


El robo está en la mente de las manos.


***


La suerte es una amiga no confiable.


***



La vida no se acomoda al carácter de nadie.


***


Tienes lo que te da la vida y te quita la muerte.


***


La soledad es el precio del poder.


***


Quien golpea por la espalda, nunca mira de frente.


***


El mejor enemigo jamás se deja ver.


***


Con cada atardecer se despide la vida.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Tres poemas de Liris Miyares

Título: El universo en mis manos (2018)
Autora: Angélica Leal 


1


Tememos a la soledad, 

huímos de ella. 


Buscamos excusas 

para no estar solos. 


Deberíamos ser honestos, 

aceptar su compañía,

darle la bienvenida. 


Tiene tanto que contar, 

pero preferimos embriagarnos 

con otras cosas.


Escuchemos 

nuestra propia voz 

y de esta manera 

familiarizarnos con ella.


***


2


Una gota de agua  

se desliza sobre la hoja,

teme caer al vacío. 


La noche tiembla ante las sombras 

que desfilan escapando 

de la ferocidad del frío. 


Se asoma una tímida luna ahuyentando la bruma.


***


3


Los huesos que pueblan 

la tierra donde habitamos, 

son los huesos de quienes 

nos antecedieron.


Millones de años nos acompañan, 

somos sus huéspedes, 

hemos contruido sobre ellos.


Sobre los nuestros construirán 

quienes nos sigan.


***


La Villa de San Luis Rey de Cura, 17 de agosto de 2026

Intimidad de la materia | Manuel Cabesa

Solo la poesía renace en el silencio de lo que no se nombra y nos habita.

Wilfredo Machado



1


Oquedades que iluminan

la parte oculta del lenguaje


la trampa del poema

que nada dice

porque su dicha

es la ardorosa consumación

de la nada


apenas presentida



2


Arrogante duración del instante

en el tumulto de las sílabas

que presagian algún nombre


visión fugaz que se pierde

en un azahar de anhelos

dentro de mí


una fe que arde 

como la sangre

serenamente compasiva

ante el íntimo temblor

de una palabra



3


Inocencia y memoria

me acompañan mesuradamente

a través de inmensos ventanales

de inconfesable hospitalidad


son ausencias convocadas 

en el rostro

de la palabra ausente


la integridad de un silencio


de un vacío nómada 


la figura de una voz

naufragando 

en el tránsito del decir



4


Inconfesable rareza

del tiempo vuelto imagen


con letra 

desesperadamente extraña

escribo


¿describo / transcribo?


el vuelo de un ave

detenido en mitad de su órbita


paisaje consumido en sí mismo


figura de omnisciente esplendor



5


Silencio esclarecido

vuelto hacia el cauce

torrencial de la existencia


intimidad plural de la materia

cuya densidad nos cerca


por simple piedad


por imposible amor


por definitiva consagración

del tiempo.


(2023/2026)

Diente de león, en cuatro vertientes, de Ninfa Monasterios Guevara


-Anangeel Terán Barcos-



Nombro a la piel florecida de mi tierra y a la paz sustentada /en el arado nombro al camino donde duerme la esperanza / y a la espiga besada por un viento latinoamericano

Alí Primera

 

Este libro empieza donde otros terminan: cuando el dolor ya no cabe en el pecho. Ninfa lo hace semilla, y lo sopla de cara al viento, hasta anidarse en las conciencias del mundo.

Lo primero que hay que decir de este libro es lo que no es: no es poesía de museo. Es poesía que defiende la vida.

En esta obra donde el canto es al hombre colmado de libertad, en libre interconexión con la naturaleza y el cosmos mismo, dándole fuerza y poder a la palabra y al versar, escribiendo desde su sentir con pensamiento crítico.

La autora rinde tributo a la vida, a la existencia universal y a la esencia misma del Ser como principio de todo, que no es más que humanismo puro.

Diente de león, en cuatro vertientes (Fondo Editorial Nos Une la Poesía, 2024) es un poemario de 96 páginas que va de la intimidad a la denuncia sin perder el hilo, organizado en cuatro capítulos:

"Encuentros" donde la voz poética se entrega al placer y a la naturaleza como protagonista; "Cotidiana Vida" donde el tono baja a la tierra y refleja el cuerpo cargado de dolor; "Despedidas" es el invierno, en la noche oscura del alma donde la autora se vuelve semilla; "Violencias" donde denuncia la violencia machista, la del capitalismo depredador y la del colonialismo.

Ninfa baja la poesía del pedestal donde la pusieron los que creen que la buena poesía “solo rima, habla de cisnes y se escribe en lenguaje culto.” Ella, la baja a su barro, a la sábana arrugada, al petricor después de la lluvia, a la fila del dolor. Y al bajarla, la devuelve a quien le pertenece: a las negras cimarronas, a las campesinas sembradoras, a las que cargan a cuestas pesada carga y siguen.

Con un verso libre, directo, sin eufemismos, confirma que la poesía también se escribe con barro y con ternura. Por eso incomoda. Porque no pide permiso.

¿Qué hace este libro? Tres cosas que la poesía que transforma hace.

Primero, ve y nombra lo que otros prefieren no ver. No adorna, registra: registra el goce de un cuerpo de mujer negra que se reconoce tierra madre y tierra hija; registra el cansancio de ponerse una máscara para salir a la ciudad; registra el vacío de un abrazo atascado por la distancia.

Y cuando ya nos enseñó a ver lo de adentro, nos obliga a ver lo de afuera: a las que no vuelven, a la fauna necrofílica, a Palestina bombardeada, a Afganistán silenciada. Pone fecha, lugar y rostro. No hay metáfora que esconda el crimen.

Segundo, no te deja leer desde lejos. Este libro te obliga a sentir en carne propia. No es lo mismo decir “migración” que decir “faltan tus labios diciendo adiós y los míos diciendo hasta luego”.  No es lo mismo decir “femicidio” que decir “ellas no vuelven”. Ninfa no te informa, te rompe la indiferencia.

Te hace entender que tu dolor y el mío son el mismo, cuando dice “esto de vivir con el cuerpo inundado de dolor no es fácil”, no está haciendo catarsis, te está pasando la mano para que sepas que no estás sola sosteniendo.

Tercero, no se rinde. Y esa es su mayor insurgencia. Cada capítulo podría haber sido el final, después de florecer, después de sostener, después de soltar y quedarse vacía, cualquier otra se hubiera callado.

Ninfa hace lo contrario, hace de su duelo una semilla: ese es el diente de león, la flor que se deja arrancar porque sabe que se vuelve vuelo: “Me voy para volver a mí. Ceniza y semilla.”

Resiste no gritando más duro, sino negándose a normalizar. Dice: seguimos vivos, seguimos amando, seguimos denunciando. Aunque borren los murales, la palabra queda en la pared.

¿Contra qué lucha y a quién defiende? Lucha contra dos robos, el robo de adentro: el que nos roba la ternura, nos mete miedo, nos hace sentir frustración y decepción por amar, por sentir, por ser mujer caribe y rebelde...

...y el robo de afuera: el que nos roba el cuerpo, la tierra, la vida, la libertad; defiende a los mismos de siempre, a los que la historia oficial no nombra: a la campesina, al pantera negra, a la transeúnte de la ciudad, a la que hace el voto de silencio porque no le queda más, a la madre que busca a Lucía, a la niña que quiere ser libre.

Por eso el recorrido del libro es perfecto. No es casual que empiece floreciendo y termine denunciando. No se puede denunciar afuera con verdad si no te atreviste primero a denunciar lo que te duele adentro.

Ninfa florece adentro, sostiene adentro, suelta adentro, y solo entonces tiene la autoridad moral para denunciar afuera.

Es poesía necesaria, como decía Celaya, como el pan de cada día. No es lujo cultural para neutrales que se lavan las manos. Es poesía que se mancha, que toma partido, que carga el arma y dispara futuro.

Al cerrar el libro no te queda la sensación de haber leído poemas bonitos. Te queda la sensación de haber sido testigo, y de que ahora te toca a ti no olvidar.

Es poesía que evoca y rinde culto a Gabriel Celaya, Walt Whitman, Bertolt Brecht, Frida Kahlo, Alí Primera. Poesía Ontológica Femenina, Poesía Ontológica Humanista y Poesía Social Crítica.

En este libro los encuentras a todos pero en voz de mujer caribeña: ¡De la cama al mundo, del petricor a Palestina… ese es el vuelo del diente de león!

En síntesis, Diente de león, en cuatro vertientes, es eso: el viaje completo de una mujer que se atreve a florecer, a sostener el dolor, a soltar lo que pesa y a denunciar lo que mata.

Colectivizando sus inquietudes y dolores. Es poesía que va del cuerpo a la tierra escrita con barro del caribe, con memoria negra, con rabia digna y con arrechera lúcida.

Les invito a recorrer estos caminos de Ninfa Monasterios Guevara, por las vertientes de su bien amada semilla de diente de león. No es un poemario para adornar un librero. Es un libro para tener a mano, como se tiene el agua y la palabra.

sábado, 5 de septiembre de 2026

Después de agosto nos seguimos leyendo / X


Selección y nota: Manuel Cabesa


Decir que el lector completa con su lectura el significado de la obra es decir poco. Antes que eso, el lector hace que la obra exista.

Luis Goytisolo: "La parte del lector", 2001.



Hay que decirlo de una vez: "Helena" es uno de los mejores cuentos de la narrativa venezolana: una visión nada idílica de la infancia, pero llena de vivacidad. Estas características han ayudado a que este relato se haya mantenido vigente por más de cincuenta años en nuestra memoria y sea uno de los más frecuentes en cualquier antología que podamos revisar. 


(mcabesa)


****


Helena


-Luis Britto García-


Un papagayo se hace con papel y verada. Los demás niñitos decían que yo estaba enamorado de Helena. Se toman las veradas se ponen en cruz y se amarran con pabilo. En realidad lo que yo hice fue que no se dejé que le pegaran una vez que la encontramos en el cerro. En las puntas de las veradas hay que hacer rajaduras con yilé para que se pueda amarrar el pabilo. Tirarle piedras y pepas de mango a las viejas y a las putas estaba bueno pero dígame usted pegarle a una carajita. El pabilo se amarra en las veredas, como un barril como una rueda. Entonces me cantaban Refucho tieneee nooovia. El papel mejor de seda pero hay que robarlo de la quincalla si no se puede mejor de periódico. Y taaambién es puuuta. El engrudo se puede hacer con harina pero mejor robarle la goma a los niñitos que van a la escuela. A Manualito le di un coñazo y desde entonces me cantaban nada más hasta tienee nooovia. Mejor echar poca goma para que no forme grumos. A las putas sí pero qué culpa tenía la carajita de que la tuvieran en el burdel para que pasara la coleta. El papel que quede bien prensado si no al coger el aire se rompe. Mejor apedrear carros robarse las gallinas de los ranchos espichar los cauchos de los camiones. Hay que dejar huequitos para amarrar las guías. Aquel año fue cojonudo el italiano de la bodega se volvió loco y apuñaló al cuñado todos vimos cuando se lo llevaron preso. Las guías se miden de lado a lado del papagayo y de la cola. La policía mató por la espalda a un obrero que le decían activista. La cola se puede hacer de trapo. Ya me tenía arrecho lo de Rafucho tiene novia. El largo de la cola depende del tamaño del papagayo y del viento. En el farallón del cerro donde volábamos papagayos estaban instalando los cables de la luz eléctrica. Las yilés se pueden instalar a los lados, pero son más efectivas en la cola. En la tarde después de mentarle la madre al bodeguero subíamos con los papagayos y comenzábamos a esperar la brisa. Las yilés se pueden robar en la botica se pueden recoger las viejas que botan al suelo o se pueden comprar con la plata de los mandados pero entonces a vino lo pelan. Al soplar la brisa volábamos los papagayos y los hacíamos embestirse para que las yilés cortaran el pabilo. Instaladas las yilés la cosa es tener noción de maniobra. Aquella tarde tiré mi papagayo contra uno de papel rosado, grandote. Es necesario soltar guaral, recoger guaral, la cola da después el latigazo. El papagayo rosadote cayó y fue a dar al carajo sobre los techos de la policía, yo entonces embestí uno azul, muy movedizo. Dado el latigazo se debe coger altura otra vez, si no a uno también lo peinan. El papagayo azul cayó dando vueltas como sacacorchos como rabo de cochino el dueño me gritaba y yo decía trancao y recogí una piedra por si acaso. La ventaja de la cola corta está en que como ondula mucho aumenta la movilidad del papagayo pero existe el riesgo de que se corta ella misma. Corté otros dos papagayos, el segundo muy difícil, un barril amarillo que casi me cortó el pabilo a mí pero que de todos modos se vino pabajo y le cayó en la batea a una vieja. Si las hojillas se mellan, afilarlas dentro de un vaso. Cogí altura, le corté el hilo a otro papagayo rosado pero más chiquito y maniobrero que cayó cerca de los cables. Al aumentar el viento, soltar cabuya. Mi papagayo, solo sobre el cerro, hacía ochos como un loco, todos los demás cortados o recogidos. Si el viento disminuye, recoger cabuya. Solo no, mentira, una cosita blanca como una pantaleta volaba meneándose como con calambrina a la derecha al reflejar el sol casi parpadeaba. El mejor ataque tirones largos combinados con soltadas de cabuya cortas. Señor, casi sin mirar hubiera podido decir que aquella basurita blanca la estaba volando Helena. El descenso debe ser rápido pero no mucho porque revienta el guaral. Aquel tironear el hilo aquel declarar que mientras los demás huían ella estaba protegida aquel mirarme como si de verdad Rafucho tiene novia como si de verdad. La maniobra evasiva, soltar pabilo, descender lo mas posible, con sesgos. Di tirones fuertes, para que mi papagayo picara. El efecto de la yilé se multiplica por los tirones, trabaja como un látigo o mejor una guadaña. Helena, comprendiendo, mirándome aún, comenzó a soltar pabilo. Un ataque que falla debe ser repetido inmediatamente utilizando el impulso para la nueva embestida. Aquel mirarme y soltar pabilo, mirarme y soltar pabilo, como si olvidara todo lo demás, hasta la tierra de los piececitos desnudos, hasta los mocos cuajados en las mejillas. El peligro de la maniobra evasiva es el cable eléctrico. Fue mi retorcerse, fue un salto. El perseguidor debe tratar de evitar caer en el cable en donde ha dado el perseguido. Pero no tiré para elevar mi papagayo, solté el pabilo, corrí hacia el cuerpecito fulminado de Helena hacia el cual corrían los demás niños, el papel fue a juntarse al papel en las líneas de alta tensión, hubo otra chispa fea, azul, un rumor, y los dos papagayos se consumieron juntos en su alto nido, en una crepitación de arrullo.


**


Rajatabla. Premio Casa de las Américas, 1970.

Tres poemas de Francini Gutiérrez

Tiene 16 años y va a comenzar el 5to año en la Unidad Educativa Rafael Hernández León en Cagua, son datos importantes cuando evaluamos la calidad de sus textos: hay en ellos una madurez poco corriente, incluso en poetas de mayor edad, y un manejo del lenguaje bastante convincente. El amor y la autoestima se redimensionan: el amor como entrega y remanso, la mirada orgullosa hacia el breve camino desandado. Estimo que con jóvenes autores como Francini podemos considerar que no todo está perdido y que aún hay quienes saben atender el llamado de la poesía. Debemos la posibilidad de esta lectura a la gentileza de la poeta Beatriz Helena Peñaloza. 


(mcabesa)


***


Fuerte a tu voluntad, 

caballero de oxidada armadura,

se adorna con flores 

de un invierno tortuoso,

siendo la más bonita 

en toda su especie;

lirios azules, orquídeas verdes, 

pétalos de rosa

a punto de cerrarse 

y no caer.


Paso, paso y otro paso

cuenta tu historia, 

escrito en el libro 

de lo que nunca muere.


Tus ojos pesan 

y tu cuerpo descansa 

en la cuna de los árboles;

sostén esa verdad 

en la palma de tu mano,

escríbela también en tu alma.


El dulce canto de la guerra 

se escucha a lo lejos,

un atardecer te arropa 

con su calidez,

tu gorra ya no lleva 

tu nombre, déjala ir,

reposa tu cabeza 

en la blandura de tu honor,

tu orgullo rejuvenecido está. 


El viento te llevará 

entre sus corrientes de aire,

nadie sabrá dónde terminarás,

solo esperar que alguien 

algún día te encontrará, 

calla, calla, 

hombre de oxidada armadura,

tu tiempo ya se fue volando. 


En algunos, 

serás algo que el tiempo 

se llevará; en otros, 

una aventura, una leyenda

que querrán seguir,

marcaste tu destino, 

sellado ahora está, 

tu ego no fue herido, 

no tienes nada de que avergonzarte.


La belleza del amor 

ahora acompañará este campo 

con determinación,

con actitud.

Solo en este valle estás. 


Pequeñas curvas

fueron tu motivación, 

una pesada presencia, 

unas manos limpias

que acariciaron tu rostro áspero,

una timidez amistosa,

acompañada de un fuerte sentimiento 

de lo que se temía.


Ahora sus ojos 

se llenaron de lágrimas, 

una terrible noticia, 

tu sangre quitará 

la sed del suelo, 

su velo será negro, 

un niño describirá 

tu rostro en el suyo.


Cierra tus ojos, 

ya no luches más, 

te vas con la cabeza en alto, 

descansa en paz...


***


Caminar en tu alma de cristal,

mis manos anhelan

el calor de tu corazón,

bailemos al compas 

de nuestra melodía,

amor mío, 

buen caballero usted es.


Seré la copa 

que siempre rebosará

su distinguible felicidad,

cante al viento, 

no guarde su silencio, 


tome entre sus manos 

estos hilos,

deje caer su peso sobre mí 

permítame ser su calma.


Permanezcamos 

en este abrazo cálido, 

no suelte nuestras manos,

giremos en espiral de amor,

cada vez más cerca 

de un sol reluciente, querido.


Escribiré su nombre 

con tinta en mi piel,

en mi mente y en mi alma,

tómeme como un té

de jengibre y miel,

calme sus dolencias 

con mi voz.


Sumérjase en este río,

deje que la corriente nos lleve, 

mi sonrisa calmará 

sus noches perturbadas

y mis latidos serán 

su melodía hipnótica,

flores moradas, 

hojas verdes.


Abrace mi corazón, 

sienta su calor, 

mantengámonos atados 

a este sentimiento,

no demos por huida 

lo que todavía no se ha ido, 

recueste su cabeza sobre mi hombro,

una, dos, tres lágrimas 

se pierden entre las estrellas, 

mi luna intocable y egoísta. 


Bese mis labios, 

ansiosos están, 

calme su urgencia 

y perdámonos en el otro,

buen caballero.


Buen caballero, suya soy.

Mío, usted.


***


Niña, has sido fuerte,

luchaste en contra 

de tus enseñanzas, 

caíste, 

cerraste tu corazón 


Creíste que estabas en lo profundo del pozo,

tus ojos fueron mares 

que la mayoría de las veces 

calmaste sola

por miedo a sentirte débil


Pero hoy no estás sola,

tus recuerdos abrazan tú piel, 

tus ojos lloran de felicidad 

y no de tristeza 

tu barco llegó a la isla 

y dejó de navegar 

en un mar 

de recuerdos pasados 

que te destruían 


Hoy te abrazan 

tu amor propio y valentía, 

creciste, 

seguirás creciendo, tonta,

aprendiste a avanzar 

sin mirar atrás 

para no detenerte 

en mitad del camino.

 

Vamos niña, tú puedes.

¡Lo has logrado!

Confía siempre en tu valor.


(De mí para mí)

Yves Bonnefoy


-Manuel Cabesa-


(A la mystérieusse)



Hay poetas con quienes mantenemos un diálogo permanente, pocos en realidad aunque imprescindibles, pero que a través de su obra nos parece vislumbrar una tenue luz sobre el misterio que nos ofrece la existencia y la poesía misma. Tal es mi relación con la escritura de Yves Bonnefoy, descubierto hace muchos años gracias a la generosa amistad de Alfredo Silva Estrada. 


La imperfección es la cima


Era necesario destruir 

y destruir y destruir. 

Era necesaria 

la salvación a ese precio. 


Arruinar el rostro desnudo 

surgido del mármol.

Martillar toda forma de belleza. 


Amar la perfección 

porque ella es el umbral,

pero negarla al conocerla, 

olvidarla después de muerta. 


La imperfección es la cima.


A principios de diciembre de 2013, durante la realización de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara (México) se le otorgó a Yves Bonnefoy el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances. Este reconocimiento convalidaba la importancia de una obra y una presencia ineludible dentro de la poesía occidental de nuestros tiempos y cuya obra lamentablemente ha sido poco leída en nuestra comarca. Una figura que considera que la poesía está: “en la vida misma de las palabras, y es en esa profundidad de la palabra donde hay que encontrar la acción de la poesía y, a partir de ahí, su importancia. Comprender que la poesía es el fundamento de la vida en sociedad. Comprender que la sociedad sucumbirá si la poesía se extingue, poco a poco, en nuestra relación con el mundo”, según sus palabras en el momento de recibir el mencionado galardón.


El invernadero de los naranjos


Así marcharemos sobre las ruinas de un cielo inmenso

el sitio a lo lejos se cumplirá 

como un destino dentro de la viva luz.


El país más bello largo tiempo buscado

se extenderá frente nosotros, tierra de salamandras.


Mira, dirás, esa piedra:

ella porta la presencia de la muerte. 

Lámpara secreta que brilla en nuestros gestos,

así marchamos nosotros, esclarecidos.


Del movimiento y inmovilidad de Douve, 1953.


Yves Bonnefoy es sin duda uno de los poetas mayores del siglo XX, uno de los que con mayor vigilancia, mayor rigor se entregó al oficio de la escritura. De 1953 data su primer trabajo poético, Del movimiento y la inmovilidad de Douve donde la presencia de la muerte se manifiesta en un canto a la amada desaparecida. A este libro seguirían Desierto ayer reinante (1958), Piedra escrita (1965), En la trampa del umbral (1975) y Principio y fin de la nieve (1991) y algunos otros, todos conocidos parcialmente, clandestinamente en nuestro idioma.


La primera nieve

temprano esta mañana.

El ocre, el verde,

se refugian bajo los árboles.

 

La segunda, a mediodía.

Sólo queda del color,

las agujas de los pinos

que de a ratos caen también

más tupidas que la nieve.

 

Después, atardeciendo,

la barra de luz se inmoviliza.

Las sombras y los sueños

tienen el mismo peso.

 

Un poco de viento

escribe con la punta del pie

una palabra fuera del mundo.


Principio y fin de la nieve, 1991.

 

En un ensayo de su libro L’Improbable (Mercure de France, 1959), Bonnefoy escribe: “El lugar verdadero es un fragmento de duración consumido por lo eterno; en el lugar verdadero, el tiempo se deshace en nosotros. Puedo escribir también, lo sé, que no existe, que no es más que un espejismo, sobre el horizonte temporal, de las horas de nuestra muerte  -pero ¿tiene ahora todavía algún sentido la palabra realidad, y puede apartarnos del compromiso contraído con el objeto de la memoria, que es búsqueda perpetua? Pienso que nada es más verdadero y, por lo tanto, más razonable, que la errancia, pues no hay método para regresar al lugar verdadero. Se halla quizás infinitamente cerca. Está, también, infinitamente alejado… Para el que busca, incluso si sabe que ningún camino le guía, el mundo en torno será una morada de signos.”

De donde se concluye que para Yves Bonnefoy el poeta debe estar en permanente vigilia a fin de encontrar a su alrededor los signos que revelen la trascendencia de lo existente: todo es presencia y, a la vez, todo es ausencia. Sólo lo escrito permanece más allá de la existencia efímera de las cosa:


Más lo que yo miro, es la nieve

endurecida, que se desliza por el enlozado

y se acumula en la base de las columnas

a la derecha, a la izquierda y allá delante de la penumbra.


Principio y fin de la nieve, 1991.


Según Silva Estrada: "Yves Bonnefoy pertenece a esa generación de poetas de la posguerra que, en la década de los cincuenta, dio a la poesía francesa un nuevo tono de interioridad, de búsqueda dramática, de gravedad y despojamiento en el lenguaje, experiencias que se alejan por igual de los excesos del surrealismo, de la investigación casi científica y aparentemente objetivista de un Francis Ponge y de la exuberancia y suntuosidades de un Saint John Perse. La exigencia de Bonnefoy ante el hecho poético puede  palparse no sólo en la conmovedora autenticidad de cada uno de sus poemas, sino también en la honda parquedad que ha mantenido a lo largo de más de treinta años de vigilancia, de desvelo, de continua tensión interrogante hacia la poesía". (Poesía Vertiente Continua. El Universal: 15 de junio de 1980).


 Catedral de Valladolid



«Devoción» es un poema solitario dentro de la obra de Bonnefoy, fue incluido en el mencionado libro de ensayos L’Improbable. Se trata de un texto de enorme religiosidad, donde el poeta dedica sus palabras a aquellos elementos que han revelado ante sus ojos la belleza del mundo, la justificación para permanecer en él.

 


Devoción

 

-1-


A las ortigas y a las piedras.

A las «matemáticas severas».

A los trenes malamente esclarecidos de la tarde.

A las calles de nieve bajo la estrella sin límite.

 

Yo me iba, yo me perdía.

Y las palabras turbiamente encontraban su vía en el terrible silencio.

A las palabras pacientes y salvadoras.

 

-2-


A «Madame du Soir».

A la gran mesa de piedra sobre las riveras venturosas.

A los pasos que una vez se unieron y después se separaron.

 

Al invierno de oltr’Arno.

A la nieve y todos los pasos.

A la capilla Brancacci, cuando cae la noche.

 

-3-


A las capillas de las islas.

A la «Galla Placidia».

Los muros estrechos portan la medida de nuestras sombras.

A las estatuas sobre la hierba; y que, posiblemente como yo, carecen de rostro.

 

A la puerta amurallada de ladrillos de color sangre sobre la fachada gris, Catedral de Valladolid.

A los grandes círculos de piedra.

A un «paso» cargado de negra tierra muerta.

A un palacio desierto y cercado por los árboles.

 

A Sainte-Marthe de d’Aglié, en el Canavese.

El ladrillo rojo y envejecido proclama su alegría barroca.

(A todos los palacios de este mundo, por la hospitalidad con que reciben a la noche).

 

A mi domicilio en Urbin entre el número y la noche.

A Saint Yves de la Sagasse.

A Delfos, donde es posible morir.

A la villa de las cometas volantes y las grandes mansiones en cuyos vidrios se refleja el cielo.

 

A los pintores de la escuela de Rimini.

Yo quería su historiador por angustia de su gloria.

Yo quería abolir la historia por la pasión de su absoluto.

 

-4-


Y siempre a aquellos muelles de la noche, a los pubs, a una voz que pronuncia «Yo soy la lámpara. Yo soy el aceite».

A esa voz consumida en su fiebre ancestral.

Al tronco del arce.

A una danza.

A esas dos salas comunes, donde los dioses permanecen entre nosotros.

 


(Versiones de Manuel Cabesa)

Piel, papel y afectos | Aranjuez Guevara

Duelo


Solemos asociar la palabra duelo a la muerte física, pero su sombra es mucho más amplia. El duelo también es el espacio donde habitamos una separación: ese alejamiento de alguien a quien amamos, sea una pareja, una amistad o un familiar.

Es un dolor que se mete en el alma y te deja a la deriva. Es sentir cómo te mueven la alfombra o cómo el suelo se abre de golpe para dejarte caer en un abismo oscuro. Los días se vuelven infinitos y la tristeza se convierte en una compañía constante, de esas que nadie merecería llevar a cuestas.

¿Y cómo no sentir este vacío, si de pronto me quedé sin la persona a quien le contaba mis logros, mis penas y mis dolores? ¿A quién le envío ahora las fotos de mis hijos? ¿A quién llamo a medianoche para desmenuzar las vivencias del pasado o del presente? ¿Con quién comparto mis planes?

El vacío es inmenso y hoy no sé muy bien cómo continuar. Hago las cosas por pura inercia, esperando a que el dolor me dé una tregua. Eras mi cómplice, mi compañero, mi hermano... mi vida entera.

Solo quisiera gritar, pedirte que vuelvas, abrazarte fuerte y decirte una vez más cuánto te amo. Pero no puedo. Y lo que más me carcome el pecho es saber que fue tu decisión... y que a mí solo me dejaste con las manos vacías.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Versos habitados | Emalida Viloria

 


Versos habitados


Esta es una columna de poesía concebida como un refugio para la palabra desnuda. 

Aquí la poesía no es un adorno, sino una forma de habitar el mundo, de darle cuerpo a lo intangible. 

Esta columna es el mapa de mis búsquedas y el eco de mis silencios. 

A través de versos sueltos, poemas habitados y la vida traducida a metáforas, busco desenterrar las verdades que a menudo escondemos detrás de lo cotidiano.

Es un espacio donde las emociones encuentran su gramática y lo cotidiano se transforma en reverberación poética. 

Aquí encontrarás poesía viva que exploran el amor, el dolor, el tiempo, el desarraigo y la belleza de lo imperfecto.


¡Bienvenidos a mi universo literario!


***


Te doy mi alma desnuda


Te doy mi alma desnuda,

como estatua a la cual ningún cendal escuda.


Desnuda con el puro impudor

de un fruto, de una estrella o una flor;

de todas esas cosas que tienen la infinita

serenidad de Eva antes de ser maldita.


De todas esas cosas,

frutos, astros y rosas,

que no sienten vergüenza del sexo sin celajes

y a quienes nadie osara fabricarles ropajes.


Sin velos, como el cuerpo de una diosa serena

¡que tuviera una intensa blancura de azucena!


Desnuda, y toda abierta de par en par

¡por el ansia del amar!


Juana de Ibarborou



***


Gracias por acompañarme en el poema de esta semana. Si te ha gustado, dale amor compartiendo el enlace o dejando un comentario con tu metáfora favorita y recibe tu dosis semanal de poesía.

¿Nos leemos la próxima semana? Tú decides.


martes, 1 de septiembre de 2026

Máximas para agarrar mínimo (IV) | Luis Valero



***

El talento es la palabra que más se parece a Dios.


***


Solo nace lo que va a morir.


***


El tiempo es hijo de la muerte.


***


Todo hombre toma a su manera lo que puede.


***


Nadie es lo que aparenta ser.


***


No se gana nada tratando de entender a los demás.


***


El dinero sin felicidad no sirve de nada.


***


La mentira es la reina del secreto.


***


El robo está en la mente de las manos.


***


La suerte es una amiga no confiable.

lunes, 31 de agosto de 2026

Dos poemas de Cristóbal Camejo


Polifemo 


Frente a tu espejo de sed

soy el brutal monstruo 

aislado del camino 

por mi umbral,

por mi único ojo

que encarno 


Con las maldiciones 

de tus sueños 

me he refugiado 

en un universo indiferente:

una cueva de profanaciones 

que grita a los dioses 

y a la civilización 

mi vida desterrada


Soy un simple ojo invernal

sin propósito divino,

ni moral, 

ni chiste oscilante;

cuerpo vacío 

de soplos y voluntades

que todo lo ignora 

menos mirarte 


La noche negra

y el mar de los lamentos

han traído a Nadie.

Tú lo invocaste.

No escapé 

del capricho de tus olas 

de tu breve edad 

para que este Nadie 

desesperado destrozara 

el ojo del alma

que te amaba.

La ironía no responde 

a los lamentos,

el absurdo camina 

absolutamente sordo 

al correr de mis ruegos.


Ahora ciego, 

sin ti,

soy más desconocido 

para los latidos,

no tengo metafísica,

sólo ovejas que pastoreo

en la eternidad 

de una ribera sin cielos.

No veo un más allá 

de cuerpos y elegías,

solo siento el sol 

como un rostro 

del pasado y con fiebre


Soy la burla de Nadie,

el fondo de un monstruo 

solitario y aburrido,

hambriento del letargo del canto.

Lanzo rocas al mar,

acto ciego

de una soledad durmiente;

No rompen tejidos 

mis rocas,

no apagan el fuego 

que atiza la rosa

en el centro del océano,

no te moja el caos que hago,

no gimes,

nada sale 

de este mendigo de infiernos 

que ahora soy 


***


Satanás 


Destructor activo de la palabra 

traes el error a cada verso

y equivocas a los poetas 

hasta el orgasmo de la servidumbre,

nos haces tragar la leche negra 

que consume el sentido

todo nos es vedado 

por tu nada adulterada,

nutres el mutismo del poema

contigo rompemos el alma 

hasta cegarla en la fortuna;

desposeídos, 

somos el vacío absoluto 

que ruega por la consolación 

de la esperma negra del demonio,

como perfecto ciego que nos lleva 

hasta la palidez de un ángel marginado,

estamos ocultos 

en la rebelión suprema 

y así nos penetras 

con tus grandes uñas para extraer la sustancia 

del dios ausente, 

muere el eco en ti 

y la bebida es calcinación, 

entre llanto y sangre 

que derramamos sobre tu lengua

que es espejo para la luna,

hollín del deseo, 

la carne nos lleva a tu memoria 

de malditos arreboles, 

para el jugo pasmado de la blasfemia 

ante un dios callado o ausente 

abres el juego del exilio 

en los huecos del humo

roca de hielo, hielo del sueño 

inerte mundo roto y vencido 

entregas la miel negra 

para las rosas del aburrimiento 

aplastante entre las sombras 

de un dios que matamos,

tú atrapas la palabra 

y el día del canto

en un silencio sepulcral

de salmos que escupen el vino 

de la gracia y el jardín 

se seca en la hostilidad,

la vida la hiciste polvo, 

artificios que miran pasar 

sus horas en un tiempo roto 

por profundas violaciones de aves y vientos vírgenes.

 

Autodestrucción 

eres el antilenguaje,

el rumiar de un cielo azul 

y el silencio de unas olas malditas

que devienen en imprecaciones,

deseamos tus juegos lúcidos,

fríos y melancólicos

porque matas con insana lucidez 

la palabra materna 

y los versos son perfectos asesinos 

que nos hacen reír 

hasta la locura del exterminio

la sobreadjetivación

no mata tu metáfora

ni da vida a tu fuego negro

es una infinita prisión de cualidades 

que estirilizan los árboles 

donde guindamos

las arpas de la desesperación 


Satanás,

hierro de los cielos

hemos santificado 

tu nombre en el delirio 

de las moscas que rodean 

al pan dulce de la mesa.

Después de agosto nos seguimos leyendo / IX


Selección y nota: Manuel Cabesa


Decir que el lector completa con su lectura el significado de la obra es decir poco. Antes que eso, el lector hace que la obra exista.

Luis Goytisolo: "La parte del lector", 2001



Quizá sea Eduardo Galeano uno de los pocos autores latinoamericanos que goza de la simpatía de todo el mundo, hay en sus escritos una ternura, una mirada sobre aquellos detalles que generalmente no se ven pero que de alguna manera todos presentimos, que lo hacen digno del fervor de todo el que lo lea alguna vez... es esa emotividad que está presente en lo más recóndito de cada uno la clave del afecto que se le tiene y que en el siguiente relato es muy evidente. 


(mcabesa)


****


Las cartas de amor



-Eduardo Galeano-


Ellos se conocieron por casualidad, que es como se suelen encontrar los grandes amores, casi siempre por casualidad, por una llamada equivocada, por un encuentro fortuito. A ellos lo que les pasó fue que él había quedado en aquel café con una persona que no vino, y claro, la vio a ella sentada en la mesa del café, radiante, así que, harto de esperar no se cortó un pelo y dijo:


—“ya que he venido hasta aquí, no puedo desaprovechar esta ocasión”.


Se acercó a la mesa y dijo:


—“¿Me permite?”


—“Por supuesto”


Esto solo suele pasar en las historias que te cuentan otros, nunca en la vida real, por lo general cuando dices:


—“Me permites”, dicen


—“De qué”


A lo mejor ella estaba esperando a alguien que tampoco vino, quién sabe, yo qué sé, habrá que inventar otra historia en la que ella le dice “De qué”, en este caso ella lo invitó a él para que se sentase, y él se sentó. Y claro, no había de qué hablar,


—“¿y qué lees?”


Lo malo fue que él no había leído nada del escritor que ella estaba leyendo, mal empezamos, mal, muy mal, por ahí no.


—“Pues bonito día”


Pero enseguida empezaron a profundizar, porque ella dijo


—“Sí, la verdad es que hace un bonito día”


Y aunque no lo hiciera. Pero poco a poco él fue venciendo esa timidez que le caracteriza y fueron profundizando. Al principio él para llamar su atención contó una que otra mentira, que era escritor, luego reconoció que nunca le habían publicado nada, pero eso vino más tarde, cuando ya se conocían más, cuando pasaron del café a la habana con coca cola.


Por entonces ya estaban descubriendo que tenían más afinidades de las que pensaban al principio, y compartían gustos cinematográficos, y por eso él le dijo


—“Oye, y si vamos a ver esta, ¿has visto La vida es bella?” y ella


—“No”


—“Oye quedamos el fin de semana”


—“Vale”.


Y aquel fin de semana pues, yo no sé muy bien si para sorprenderla o no, pero el caso es que él rompía a llorar en cada escena en la que aparecía el chaval pequeño, esto a ella le enterneció, yo quiero pensar que era de verdad.

Resulta que coincidían en más gustos, y también en lo musical, y le dijo:


—“Oye, este fin de semana toca Ismael Serrano”


—“Ismael qué?”


—“Pero a ti te gustan los cantautores?”


—“Los de verdad me gustan”.


Pero él le convenció a ella y fueron. Cuando él empezó a cantar aquella de Vértigo, pues se atrevió a cogerle la mano.

Y poco a poco se fueron inevitablemente enamorando, pero no por esto de Ismael Serrano, ni por el Vértigo, quizá más por aquello de llorar con La vida es bella.

Una mañana él se levanta y al abrir los ojos se da cuenta de que está perdidamente enamorado de ella, y quedaron entonces en aquel café en el que se conocieron por casualidad. Los momentos importantes suelen coincidir casi siempre en los mismos sitios, no estoy muy seguro de lo que acabo de decir, pero es una buena frase. Pero fue en aquel café en donde ella le dijo:


—“Sabes, creo que me tengo que ir durante algún tiempo”


—“Yo te iba a decir casi lo contrario, que te quedaras conmigo para toda la vida”, y ella dijo –“No te preocupes porque yo estaré esperando el día que vuelva para retomar contigo este camino que emprendimos, además, cada quince días puntualmente te mandaré una carta en la que te contaré todo lo que hecho, todo lo que siento, todo lo mucho que te echo de menos, y todo lo poco que nos falta para vernos”.


El dijo que bueno, que vale


—“Pero que si no te vas casi mejor”.


Pero se fue.


Fue entonces cuando descubrió que aquello no tenía remedio y que estaba perdidamente enamorado, que no había ningún elixir que hiciera que la olvidase, que no era cierto aquella de que un clavo saca otro clavo, que a veces es cierto que los amores a primera vista existen, bueno, ¿es que acaso hay otros?


A los quince días puntualmente llegó la carta de ella toda llena de besos y de caricias, de te echo de menos, él lloró, y esta vez era de verdad. Y guardaba las cartas con mucho cariño encima de la mesilla. Pasaron quince días, y otros quince, y otros quince, y otros quince, y las cartas se iban acumulando. Y su vida consistía en esperar a que llegara el decimoquinto día, abrir el buzón y encontrar la carta de amor en la que ella prometía volver, esperar esa carta en la que ella le diría que volvía pronto. Y pasaron años, muchos años, y ya las cartas casi no cabían en la casa, se compró una gran caja fuerte para guardar todas las cartas, porque eran su gran tesoro, porque vivía para leer las cartas que ella le había escrito, porque ella era lo que más quería, y así pasaron creo que diez años, quince, no me acuerdo.

Y un día ella, sin saber cómo ni por qué, dejó de escribir, y al quince día él se encontró el buzón vacío, y el alma partida en dos.

Ahora solo podía vivir del recuerdo, leyendo las cartas que ella le había escrito con tanto cariño, aquellas cartas eran su mayor tesoro.

Un día él salió de casa, porque tenía que salir, y unos ladrones entraron en su casa. Al ver allí la gran caja fuerte no se lo pensaron dos veces, porque pensaron que debían esconder algún gran tesoro, grandes riquezas, realmente no era. Y se llevaron la gran caja fuerte.

Imagínate la desolación de nuestro protagonista cuando llega a su casa y se da cuenta de que le han robado lo que él más quería, lo que le hacía sentirse vivo algunas tardes de domingo cuando no sonaba el jodido teléfono, cuando releía aquellas cartas y aquellas promesas quién sabe si falsas.

Suele pasar que los ladrones son buenas personas, y este era el caso. Pero imagínate la cara de los ladrones cuando abren la caja fuerte y se encuentran montones de cartas de amor, declaraciones imposibles. El jefe de los ladrones se enfadó un poquito, pues la caja pesaba, y llevarla a la guarida no era moco de pavo.

Nuestro hombre vagaba casi moribundo por las calles de su ciudad, con la esperanza de encontrar alguna carta, a alguien que le hablara de una gran caja fuerte llena de cartas, perdido sin saber ya qué hacer.

El jefe ladrón lo que dijo es que aquellas cartas lo que había que hacer era quemarlas o tirarlas al río, lo que fuera, pero que desaparecieran de inmediato. Pero el más joven de los ladrones era más bueno, y se le ocurrió una gran idea.

Un día nuestro hombre llegó a casa después de estar buscando toda una tarde, y al abrir el buzón ¿Adivina lo que se encontró?... Una carta. Los ladrones habían decidido mandarle las cartas tal y como ella se las había mandado, puntualmente cada quince días, por riguroso orden.

Ahora él resucitaba con la esperanza de revivir aquellos momentos en los que quizá un día leería la carta en la que ella diría:


—“Pronto estaré allí”.


***


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