La poesía es un llamado. Una voz emergiendo desde las profundidades del cuerpo impalpable. Pero también es una decisión, ya que debe atenderse esa señal con el fin de lograr dar vida escrita a esas palabras interiores.
Y son los versos la expresión del eco telúrico, un emplazamiento de la sustancia animada del ser, una especie de sonoridad que vibra entre el ojo lector y la esencia traficada de la poeta:
Humedad
Pensaba en ti mientras llovía
y todo se me volvió húmedo
Húmeda la sangre
Húmedo el licor del cuerpo
húmedo el río entre las piernas
húmeda la lluvia mientras pensaba en ti.
En la poesía hay transgresión. El arte de las letras jugando a ser imágenes buscan lógica en los sinsentidos. Por eso, la poeta dialoga con su mirada fémina, su visión del mundo es signada por la sororidad:
Una mujer llora
Una mujer llora y es el sollozo de siglos de violación
Una mujer llora y es el llanto de todas las mujeres
Una mujer llora aunque arriba ría la luna
Una mujer llora y su rostro es el pozo
donde todas nos miramos.
Skarlet Boguier, con particulares atenciones a la divinidad de su pluma, nos presenta Abluciones, obra publicada por el Fondo Editorial del Sur. Es su elaboración poética reunida, que condensa sus apreciados tiempos creacionales:
Sobre el oficio de escribir
Escribir también puede ser un acto engreído
de quien cree que sus ideas son importantes,
cuando estas resultan obvias en la cabeza de otros.
Necesario es vomitar vórtices, escupir remolinos
desde las entrañas, compartir la sangre de la que
estamos hechos. Siendo todos bosque de estrellas
amamantados por el mismo sol. Sismo de hielo de la
misma nebulosa. Después de todo, escribir también
puede ser un pájaro del pensamiento que picotea la
mente y canta al corazón.
Boguier se desplaza en pensamientos que adquieren categoría de versos filosóficos. Algunos de sus poemas coquetean con el impulso narrativo. Un alma variopinta que se complace en la feminidad de la naturaleza:
Soy una hoja
me ondeo con el viento
de días marinos
Transpiro tu aliento
De la luz tomo la energía
De la noche la locura
Soy una hoja de raíces húmedas
Una hoja suelta
que vuela
que vuela a tu lado
y nunca miras.
Skarlet es una diosa del deseo. Desde su entramado verbal se sabe poseedora de misterios, malabarea con los secretos, elabora mágicas metáforas germinadas desde el instinto básico. Como mujer empoderada hace gala de una sensualidad elocuente:
Ishtar
Me gustan los hombres obedientes como perros
los que se pasean por mis piernas como tiernos gatos
los que eyaculan sin prisa
los que van y vuelven realengos
a la casa de la calle.
Abluciones son aquellas aguas que bañan a toda la vida terrestre. Después de leer las baladas heréticas de Skarlet Boguier, el lector queda bautizado, según palabras de Juan Calzadilla, "de la materia o energía cósmica que mueve a los seres humanos".
Skarlet Boguier (Maracay – Venezuela, 1983)
Sus poemas han sido publicados en revistas y antologías como: Los moradores. Compilación de poesía aragüeña (2012); Las chicas van al baile. 40 poetas venezolanas (2012) y Como una brasa que ha sidoencendida. Antología de poesía venezolana (2016). Entre sus libros destacan el poemario Equinoccio de primavera (2012) y La lámparade los muertos, ganador de la IV Bienal Nacional de Poesía Félix Armando Núñez (2015). Aforismos condensados en Impertinencias verbales (2017) y Abluciones. Poesía reunida (2020).
Boguier, S. (2020). Abluciones. Poesía reunida. Poesía (Colección Los Encontrados). Edición digital: Fondo Editorial del Sur.
Akinetón Retard: El sonido de la neurosis urbana en el fin de milenio
El debut discográfico de Akinetón Retard en 1999 es un hito del rock experimental chileno y un documento sonoro que registra el colapso de una época. Para comprender su densidad, es necesario diseccionar tanto el tejido técnico de sus composiciones como el ecosistema de crisis en el que fue concebido.
El escenario: Santiago en la resaca del Siglo XX
El año 1999 en Chile fue un periodo de fractura. Tras una década de optimismo económico, la Crisis Asiática sumió al país en su primera recesión en quince años. Santiago, la capital, enfrentaba un desempleo de dos dígitos y una sequía extrema que derivó en racionamientos eléctricos. La ciudad, sumida en apagones programados, se convirtió en una metáfora visual de la incertidumbre.
En lo político, la detención de Augusto Pinochet en Londres mantenía a la sociedad en vilo, evidenciando una polarización no resuelta. Culturalmente, la metrópolis abrazaba una modernidad de cristal mientras su infraestructura psicosocial se sentía agotada. En este caldo de cultivo, la propuesta de Akinetón Retard emergió como una respuesta estética frontal: una música nerviosa, clínica e implacable que servía de banda sonora para la neurosis urbana.
La escena del rock progresivo chileno
A finales de los noventa, Chile vivía una "Tercera Ola" de rock progresivo. Mientras el pop dominaba la difusión masiva, bandas como Tryo o Entrance y sellos como Mylodon Records consolidaban un circuito de culto. Se produjo un desplazamiento del "sinfonismo" pastoral de los setenta hacia el Avant-Prog (rock de vanguardia) y el Jazz-Core (fusión agresiva de jazz y punk). Akinetón Retard ocupó el lugar más audaz de esta escena, siendo demasiado ruidosos para los puristas del jazz y demasiado cerebrales para el rock convencional.
Génesis biográfica y el fármaco musical
La banda se formó en 1994 en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. El núcleo original estuvo compuesto por Vicente García-Huidobro (guitarra, voz), Leonardo Arias (saxofón, clarinete) y Pablo Araya (bajo), a quienes pronto se unieron Cristian Bidart (batería) y Rodrigo de Petris (saxofón).
Su nombre es una declaración de principios: el Akinetón (biperideno) es un fármaco utilizado para mitigar los efectos secundarios de los antipsicóticos y tratar la rigidez muscular del Parkinson. Al añadirle el "Retard" (de liberación prolongada), la banda definió su misión biográfica: ser un reactivo contra la "sedación" cultural de la post-dictadura. Con un impulso rítmico implacable, su música busca provocar una convulsión necesaria en el oyente para despertarlo de la inercia.
Rasgos estilísticos y el lenguaje del espasmo
Akinetón Retard ofrece una fusión única que integra:
• Zeuhl: Estilo fundado por la banda francesa Magma, caracterizado por ritmos marciales y densos, con influencias jazzísticas, y el uso de lenguajes inventados.
• RIO (Rock in Opposition): Movimiento europeo que rechazó las estructuras comerciales en favor de la complejidad musical y el desafío político.
• Free Jazz: Género que rompe con la métrica y la armonía tradicionales, priorizando la libertad expresiva y el "grito" instrumental.
La amalgama se completa con la energía demencial del King Crimson de la era Red y los colores exuberantes del jazz latino. La banda crea un sistema de ejecución inquieto que es, en muchos sentidos, el equivalente musical del Parkinson: una agitación motriz que no puede detenerse.
Producción, sonido e instrumentación
La producción del disco destaca por un sonido seco y frontal, que huye de las reverberaciones (ecos artificiales) para privilegiar la presencia física del instrumento.
Los saxos Leonardo Arias y Rodrigo de Petris crean auras de confusión mental mediante disonancias y contrapuntos (líneas melódicas independientes que se cruzan).
El bajo – Pablo Araya – suele estar saturado y distorsionado, funcionando como un ancla rugosa. La batería de Cristian Bidart evita la resonancia; cada golpe es un punto de corte seco en el tiempo, ideal para ejecutar compases de amalgama (como el 7/8 o el 11/8), que rompen la cuadratura rítmica tradicional de 4/4.
El aporte es mayoritariamente instrumental, pero aparecen gritos histéricos y cantos onomatopéyicos que rozan la psicosis, aportando un humor extravagante similar al de la Escena de Canterbury de los setenta.
Anatomía del álbum: Recorrido por la obra
El álbum se despliega como un asalto jazzístico de acción chisporroteante:
"Copenhaguen Schtorba": El tema de apertura agarra al oyente por el cuello. Su motivo inicial en 5/4, el breve puente con aires punk y el motivo principal de jazz-rock se suceden con una fluidez impresionante y un fuego que nunca disminuye. La influencia de Frank Zappa —especialmente la de sus momentos más experimentales como Uncle Meat o The Grand Wazoo — es el motor que articula la estructura. Al igual que en piezas como "Twenty Small Cigars" o los pasajes complejos de "Peaches en Regalia", Akinetón utiliza los vientos para marcar el acento en lugares inesperados, creando una sensación de síncopa que genera una tensión constante. Zappa utilizaba los vientos como si fueran signos de puntuación: exclamaciones, comas o puntos finales que interrumpen el flujo. Estos ataques funcionan como "golpes" que fragmentan la pieza. En lugar de una melodía fluida que "vuela", los vientos de Akinetón —siguiendo la escuela de Zappa — actúan como martillos neumáticos que definen la estructura por impacto, no por suavidad. Esta pieza tiene un sonido industrial, deshumanizado. No se trata simplemente de saxos y guitarras, sino de una amenazante máquina sonora. Zappa solía componer mediante bloques independientes que luego ensamblaba (técnica que él llamaba xenocronía en otros contextos, pero que aquí es puramente estructural). "Copenhaguen Schtorba" no tiene una transición lógica tradicional entre su inicio casi punk y su desarrollo jazz-rock. Los vientos son los encargados de avisar el cambio de bloque. Cuando los saxofones abandonan el motivo principal para entrar en el puente "cantado", lo hacen con una violencia que recuerda a las transiciones abruptas de álbumes como Weasels Ripped My Flesh. El sentido del humor cínico de esta composición es una herencia directa del genio de Baltimore. Un comienzo increíble.
"Primogenia Satiria": Una pieza más extensa que la inicial, a la vez más contenida pero más insistente en su patrón rítmico.
"Viaje a Erlebnis": Otro de mis momentos favoritos en el álbum, este tema es más corto y conciso, pero conserva la locura característica, aunque con un tono un poco más ligero en su ejecución y unas fuertes resonancias del King Crimson de los años 70.
"Blues in Re": El momento de relajación introspectiva. Remite al jazz clásico de la bohemia de los cincuenta y la generación beat, demostrando un dominio de la elegancia sutil antes de retomar el caos. La influencia de Frank Zappa no desaparece, sino que sufre una metamorfosis. Mientras que en "Copenhaguen Schtorba" los vientos actúan como una maquinaria de asalto, en este corte la banda decide bajar las defensas del escuchante y entrar en un terreno que Zappa también frecuentaba, aunque de forma más satírica: el Jazz de cámara con tintes nocturnos. Los saxofones ya no gritan; ahora conversan. Aunque suena a jazz clásico, la suciedad en el tono de los saxofones y el uso de notas que rozan la disonancia delatan que no es un blues estándar.
Es un blues visto a través de un lente distorsionado, una especialidad de Zappa en álbumes como The Grand Wazoo. En "Copenhaguen Schtorba", el ritmo te empuja. En "Blues in Re", el ritmo te invita a hundirte. Pasamos de los compases irregulares a un tiempo más estable, pero con un fuerte componente de swing, con esas notas que no valen exactamente lo mismo y que generan un balanceo rítmico que da esa sensación de "caminar" propia del jazz de los años cincuenta. Los vientos aquí no son "martillos", son narradores que exhalan frases largas y lánguidas que se encadenan suavemente, sin interrupciones bruscas. Akinetón demuestra aquí su versatilidad: son capaces de apagar la máquina de espasmos para construir un espacio de sensibilidad con tintes casi cinematográficos. A pesar de la relajación, la banda no entrega un blues convencional. Aunque el título mismo sugiere una estructura tradicional, la ejecución de los vientos introduce giros inesperados. Justo cuando el oyente se siente cómodo en la atmósfera nocturna, los saxofones introducen una nota "prohibida" o un giro melódico anguloso que rompe la paz. Esta es la influencia más profunda de Frank Zappa en este tema: el uso de un género tradicional como caballo de Troya para introducir pequeñas dosis de extrañeza. Es un blues para observar con sospecha. Si "Copenhaguen Schtorba" es la banda operando como un quirófano en plena actividad, "Blues in Re" es el médico fumando un cigarrillo tras la jornada: la técnica sigue ahí, el rigor académico es el mismo, pero el pulso ha cambiado hacia una calma cargada de intención narrativa.
"Gansos, Patos y Gallinas": En esta pieza, Akinetón Retard ejecuta una de las maniobras más audaces del álbum: injertar el ADN del King Crimson más abrasivo (álbum Red) en el cuerpo de un ritmo de ribetes latinoamericanos. Si el "Blues en Re" era el descanso del guerrero o el médico fumando en la penumbra, "Gansos, Patos y Gallinas" es el regreso al quirófano, pero con una fiebre tropical que altera el pulso de la operación. La guitarra de Vicente García-Huidobro hace uso de un tono saturado y "crujiente" para ejecutar riffs angulares y punteos corrosivos. No busca la fluidez del blues, sino la fricción. Al igual que Robert Fripp (líder de King Crimson), Vicente utiliza ataques de púa constantes que generan una sensación de "muro de sonido" infranqueable.
Pero aquí, lo que separa a Akinetón Retard de ser un mero tributo al rock progresivo inglés es su sección rítmica. Mientras la guitarra y los saxos mantienen la frialdad europea, la batería de Cristian Bidart y el bajo de Roberto Parra introducen un "tumbao" subvertido. En lugar de los ritmos característicos del prog tradicional, aquí el acento se desplaza hacia los tiempos débiles, creando un "columpio" rítmico que remite al Latin Jazz y a los ritmos afro-chilenos. Es una música que invita a mover el cuerpo de forma espasmódica. No es un ritmo para bailar en el sentido social, sino un ritmo que traduce la hiperactividad de una urbe latinoamericana como Santiago. En esta composición, los saxos alto y tenor abandonan la calidez del "Blues in Re" para retomar su función de "señal de alerta", ejecutando líneas que parecen perseguirse. Utilizan una técnica de staccato (notas cortas y separadas) que puntúa el ritmo tropical, funcionando casi como instrumentos de percusión adicionales. En los momentos de mayor intensidad, los vientos se funden con la distorsión de la guitarra, creando una masa sonora compacta donde es difícil distinguir dónde termina el metal del saxo y dónde empieza la electricidad de las cuerdas.
Un elemento a destacar es el humor extravagante. "Gansos, Patos y Gallinas" posee un título que parece burlarse de la seriedad pretenciosa del rock progresivo convencional. Amo los matices que adquiere esta pieza a partir de los 5:30.
La banda es sumamente ingeniosa al presentar un virtuosismo salvaje bajo el nombre de animales de granja, recordándonos que su vanguardia no es solemne, sino vital y, en ocasiones, deliberadamente desequilibrada. En definitiva, "Gansos, Patos y Gallinas" es el punto donde la academia de la Universidad de Chile se encuentra con el caos de la calle. Es la prueba de que se puede ser "crimsoniano" y "latino" sin que ninguna de las dos identidades se anule, logrando una síntesis que es, ante todo, profundamente Akinetón Retard.
"Mamut y Milodones": Con menos de tres minutos de duración, este tema es puro Zeuhl en la tradición de Magma (época Köhntarkösz), destacando por su pesadez rítmica. Es una lástima que sea tan breve.
"Aquelarre Satiri Sarnaz": El tema que clausura el disco (a menudo identificado en sus ediciones como la culminación de una "cadencia espástica") no es sólo la pieza más extensa, sino el lugar donde todas las tensiones previas encuentran una resolución, no por armonía, sino por saturación. A lo largo de sus más de ocho minutos, la banda ejecuta una maniobra de recapitulación, funcionando como una síntesis de la demencia inteligente que atraviesa todo el disco. Siguiendo la técnica de Zappa que analizamos, este no es un cierre lineal, sino una sucesión de bloques de intensidad. Aquí conviven el reposo del "Blues en Re" con la violencia rítmica de "Copenhaguen Schtorba". Los saxofones recurren al glissando (deslizar la nota de una frecuencia a otra sin interrupción), creando una sensación de vértigo. Sigue la máquina letal, pero ahora es un mecanismo que se sobrecalienta. La sección rítmica de Bidart y Parra demuestra por qué son el "foco de inteligencia" del grupo. Mientras los vientos y la guitarra se lanzan al atonalismo, el bajo y la batería mantienen un pulso inamovible, impidiendo que la pieza se desintegre. Es el equivalente musical a un brote psicótico observado bajo un microscopio: hay caos, pero el observador es sumamente preciso.
El apoyo visual y la performance
Akinetón Retard es una banda multimedia. En 1999, sus presentaciones en vivo eran notorias por el uso de batas blancas, máscaras y videos que reforzaban la estética farmacéutica. El diseño del álbum, que imita el prospecto de un medicamento, traduce visualmente la ruptura de la razón lógica: el envase promete orden médico, pero el contenido entrega fragmentación sonora. Esta puesta en escena forzaba una "presencia" absoluta del espectador, convirtiendo el concierto en un ritual de descarga psicofísica.
Comparación con Akrania (2002)
Mientras el debut de 1999 es una obra visceral, cruda y salvaje —el registro de una explosión inicial—, su sucesor, Akrania, representa la sofisticación del caos. En el segundo álbum, la banda integró texturas más oscuras y una producción más detallada. Si el debut es el síntoma de la neurosis urbana, Akrania es el estudio clínico de la onda expansiva.
Aporte y trascendencia: El Avant-Prog en el espejo latino
Este álbum es la piedra angular del Avant-Prog en América Latina al final de la era analógica. Logró demostrar que se podía hacer rock experimental de exportación sin imitar la nostalgia anglosajona. Rompió con el canon del "rock latino" melódico para introducir la estética de la resistencia técnica. Significó una ruptura casi gnoseológica –por el cambio que supuso en la forma de entender o conocer– en la música chilena. Su trascendencia se puede medir en tres ejes fundamentales:
A. La descolonización de la vanguardia
Hasta finales de los noventa, gran parte del rock progresivo latinoamericano pecaba de una nostalgia anglosajona, intentando sonar como los gigantes británicos de los setenta. Akinetón Retard rompió ese molde. Al integrar elementos de jazz latino y ritmos que respiran el aire denso de Santiago, demostraron que el Avant-Prog podía tener una identidad propia, lejos del pastiche o la imitación. No suenan a Londres; suenan a una metrópolis del sur en crisis.
B. Chile como epicentro del riesgo
En el contexto del ámbito hispanohablante, este álbum posicionó a Chile como una potencia en la experimentación. Junto a sellos como Mylodon Records, Akinetón Retard abrió un portal por el que luego transitaron otras agrupaciones. Su capacidad para girar por Europa, Japón y China no fue fruto del marketing comercial, sino del virtuosismo salvaje que los hizo comparables a bandas como los italianos de Area o los belgas de Univers Zero.
C. El legado del lenguaje absurdo
La banda creó un lenguaje propio que influyó en la escena experimental posterior. El uso de voces "gritadas" de forma histérica y onomatopeyas absurdas despojó al rock de la necesidad de "decir algo" con palabras, para concentrarse en "hacer sentir algo" con la textura. En un mundo saturado de discursos, Akinetón apostó por la presencia física del sonido.
Clasificación: #Excelente
Akinetón Retard es indispensable por su capacidad de capturar el espíritu de una sociedad en crisis mediante un lenguaje técnico superlativo aunque sin alardes excesivos de virtuosismo. Es la prueba de que la academia y la calle pueden coexistir sin anularse. Un álbum que agarra al escuchante por el cuello, pero que lo recompensa con una arquitectura sonora de una riqueza inagotable. Es el punto de partida obligatorio para cualquiera que desee entender cómo suena la resistencia intelectual cuando se traduce a vibración y electricidad. Es una obra que no ha envejecido porque su materia prima es la neurosis urbana y el rigor formal, estableciéndose como uno de los grupos experimentales más audaces del ámbito hispanohablante.
En un homenaje a la mujer, el movimiento "Poetisas a Viva Voz" realizó un encuentro de voces, donde los poetas invitados llevaron un poema y un canto como homenaje en conmemoración al día internacional de la mujer.
El viernes 27 de marzo, la biblioteca pública Agustín Codazzi del Complejo Cultural de Maracay, abrió sus puertas para que la música y la poesía se fusionaran.
El reconocido poeta aragüeño José Rafael Jiménez, destacó con su voz a la Madre Teresa de Calcuta, asimismo, los poetas invitados Reimar Arcia, Sonia Carrasco y Edgardo Britapaz, con sus cálidas creaciones llevaron un poema a la mujer... más allá de las palabras.
De igual manera, las poetisas conductoras del evento poético musical: Emalida Viloria, Emauris Bolívar y María Luisa Gómez, recordaron el rol de la mujer en la historia a nivel mundial por todas las muertes silenciadas, por la defensa de sus derechos y por todas aquellas mujeres que se mantienen en pie de lucha en un eco de libertad.
Voces y cuerdas
La cantante Camila Rada acompañada del guitarrista Alejandro Tinedo abrió el espacio musical, su voz cálida y fresca como remanso de agua viva, fue el mejor presente para el público; también, la coral juvenil ETAM "Federico Villena " de Maracay dirigida por la profesora Jazmín Uzcátegui, en una onda romántica a voces destacó con el bolero "Ven", muy propicio para este encuentro.
Fue un día especial para recordar que la música y la poesia se fusionan y hermanan letras que se juntan sin barreras.
La siguiente pregunta fue algo más sencilla, así que accedí a responder con la condición de que se me otorgaran algunos minutos para pensar. La voz indicó que subiera a la nave extraterrestre mientras razonaba mi respuesta, cosa que me sorprendió: a nadie, hasta ese momento, se le había otorgado tal privilegio.
Subí por una rudimentaria escalera de mano. Me encontré en una habitación amplia y muy bien iluminada. En su interior se hallaban algunas personas de pie, otras sentadas en muebles, formando grupos. Al contrario de lo que imaginé, el mobiliario no era nada futurista, más bien humilde, al más puro estilo terrestre.
Me acomodé en un sillón cercano a una escalera que permitía el acceso a una segunda planta. Me devanaba los sesos pensando en qué tipo de tecnología podía mantener a semejante nave suspendida en el aire en perfecto estacionario, cuando de improviso se abrió una puerta en lo alto de la escalera.
La silueta de una criatura de baja talla, que me era difícil distinguir, apareció en el umbral. Al bajar unos escalones se definió por completo: se trataba de un ave gallinácea, un pavo, tocada con un extravagante casco plateado, coronado con un par de antenas divergentes entre sí. Me miró directo a los ojos y, en un gesto imposible de explicar, creí ver el esbozo de una sonrisa.
-Esta nave, y toda su tecnología, inconcebible para ti, está basada en su totalidad en conchas y hebras del fruto que ustedes llaman coco –me comunicó telepáticamente, con tono comprensivo y paternal.
Y luego, dirigiéndose al grupo, concluyó:
-Es todo lo que necesitan saber. Ustedes son los elegidos.
Los astros estaban alineados y marcaban el rumbo. Era hora de partir. Mi intuición me indicó que no volveríamos, y que la única forma de hacerlo, sería metamorfoseados en una raza superior hasta ahora desestimada.
II
El saque inicial, el toque de pelota, las piernas robustas, las chicas en las gradas, una sensación de abandono deslizándose por el tobogán en el parque de niños sin niños, las luces en el bosque y ese coro de voces apremiantes, amos del falsete, que nadie más parecía percibir.
Algo llegaste a sospechar en el autobús de venida, como cuando una noche, allá en lo alto, viste puntos luminosos que en un principio confundiste con estrellas, hasta que comenzaron a comportarse de manera extraña.
Ese mismo desconcierto te invadió al atravesar la ciudad, esa visión asfixiante: tanta ropa colgada en los balcones de los edificios, tanta gente colgada de los mismos balcones, tanto concreto, tanto tráfico, tanta furia.
Todo muy oscuro para continuar leyendo en el autobús, las cortinas cerradas, el sol moribundo que a intervalos irregulares irrumpía por los resquicios, de modo que era inútil seguir sosteniendo el libro a la altura del rostro.
¿Qué te inquietaba? No podías precisarlo. ¿Qué era eso de pararse en la piedra angular -la misma que rechazaron los arquitectos- cada vez que arreciaran los tiempos? ¿Y acaso ya no habías aceptado -como ley universal- que con un libro de Miller en la mano y un disco de Los Beatles en los audífonos eras capaz de comprenderlo todo?
Y cuando menos lo esperabas, al entrecerrar los ojos y apoyar la cabeza en el respaldo del asiento, ¡zas!:
¿De dónde viene la imagen de este señor de cabello entrecano que come espaguetis sentado a una mesa de un salón de banquetes desolado? Varios viejos vestidos de bailarinas del can-can, que tras alguna presentación se dirigen presurosos a sus camerinos, pasan cerca de él. El último de ellos se detiene y voltea a mirarlo. Le desea buen provecho con tono de voz divertido y gesto afeminado en extremo, y después sigue su camino.
Así como sobrevino la imagen, se fue. Te pareció inexplicable. Igual al día en que, en medio de la práctica, sentiste la imperiosa necesidad de ponerte a flotar delante de los demás, como si tal cosa, emprender el vuelo, dejar atrás el asombro y las bocas abiertas.
Asimismo el hecho -todavía más reciente- de confundir en un duermevela el sonido producido por una lavadora desajustada y a punto de estropearse, con el sonido de un tren en marcha. Y más preciso y angustiante aún: con el sonido del último tren que se pierde para siempre en la distancia.
III
Todo comenzó con el pitazo inicial en el partido de fútbol de la división súperveterana, disputado esa noche en el club de la fábrica. Yo jugaba último hombre. Sentí un cosquilleo en la espalda, miré hacia el bosque lindante, más allá de las gradas, y me pareció ver luces, como si algunas personas trataran de orientarse con linternas. Luego escuché un coro en falsete que nadie más parecía oír: cantaba mi nombre.
En un ataque fallido del equipo contrario, la pelota fue a dar lejos del campo. No tuve reparos en internarme en el bosque con el pretexto de traerla de vuelta. Invadido por una súbita energía, me dirigí corriendo al sitio de procedencia del coro.
Ya bastante alejado, trepé a la copa de un árbol. Sobre un pequeño claro gravitaba una nave espacial construida en madera y revestida con una especie de felpa marrón. No estaba solo, a mi alrededor, sobre el mismo árbol, había otras personas. Todos muy tranquilos.
En ese momento escuché una potente voz en mi cabeza. Provenía de la nave. Los demás se miraron entre sí. Era evidente que también la escuchaban, sin embargo, nadie se alteró. La voz comenzó a plantear toda suerte de problemas matemáticos y de razonamiento. Lo supimos de inmediato: al que acierte, se le concede el permiso de ingreso.