a mi sombra se le matiza un dulce fastidio en sus ojos
de tierra negra,
hace mucho llueve llorando,
como si el sol en una cotidiana locura de invierno
se suicidase al atardecer.
Llueve,
ayer, hoy y mañana.
Siempre o a veces jamás.
Llueve
como un hongo de acertijos.
Llueve,
me antojo de besar al ritmo de esta tarde.
Llueve
Solo basta morir.
***
La lluvia se revuelca sumisa
sin retorno
tibia como un golpe.
Ella desconoce
reitera soledad en mis zapatos
quebradura en los árboles.
Ubica levadura
en las líneas de la mano.
Es inocente
e inclinada por cansancio
amarga como el borde.
***
Olvidé con las manos
y me cosieron el rostro de espalda
Por eso siempre
entre aquellos hombres
de sobra lenta
grises y hojeados.
***
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga a aguas profundas, y arrojen sus redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Lucas5:4,5
Dios mío
cada día despierto
para buscar lo imposible
solo encuentro
la desnudez del sol
lo fugaz de las horas por venir
la sensata banalidad
en lo duro y en lo blando
ningún jardín muestra
el trébol divino
puedo jugar a desconocer
tu canto en lo espeso del árbol
allí el viento dice
jamás amor o desdicha
entregado al mandato
de los sentidos
en la impotencia
de rezar o santiguarme
en este exilio me dedico
a mutilar la letra
cavando sin piedad
la piedra de dos metáforas
los pies descalzos del loco
o los pasos titubeantes del borracho
has puesto sal y azúcar
en todas mis huellas
después de tanto poema
el tejido de la vigilia
no puede atrapar lo imposible
entonces te tuteo
convencido de las rimas del corazón
seguro de que la cháchara
del ruego tampoco es consuelo
cuando no sabes
ni el día ni la hora
escribirte es la única superstición
que me concedes.
***
Señor siempre creí
que las palabras eran mías
mi derecho de propiedad
sobre cada paisaje
la ronda de niños
en el parque
o el último canto
de los pájaros
en la penumbra del nido
vana luminosidad
estuve convencido
de todos los ecos
sobre el silencio
bastaba una emoción
para legitimar
el ego o el corazón
el ropaje
de cada acto
colocar carteles
a lo largo de la vida
el nudo de los nombres
me mantuvo firme
pero no tomaste cuenta
que sobre mi estaba
el peso de la transparencia
el frágil amo
de todos tus lugares
por cada rincón
has plantado intermediarios
una multitud de cuchillos
clavados en el pan
todos ellos el lugar del otro
Señor mío
todas las palabras mienten
igualadas con el hágase
siempre libres
en tu única oscuridad
acorraladas en el poema
no las haré mías
Señor toma las palabras
devuélveme tu misterio
la desnudez.
***
Señor por qué te importan tanto
ira alegría y tristeza
nuestros gustos y odios
mis aciertos y equivocaciones
lo que apesta y perfuma
no te basta toda la pulpa del sol
los hielos más lejanos
o las últimas llamaradas
de cada estrella en tu mano
las cenizas del amor
por qué te asomas a esta hendija
tu manzano de la discordia
qué tanto o tan poco encuentras
en el laberinto de mis vísceras
este poema no es un reclamo
tú decidiste que todo
todo lo humano es solo pregunta
la única que te has hecho
Señor, ¿por qué me has abandonado?
***
¿Qué es eso que corre en la lluvia?
una jauría de dioses
le ha arrancado
todos los corazones al mango
¿qué es la lluvia
cuando no hay preguntas?
¿es Dios esa voz ajena
o el último animal del paraíso?
feroz y bello
inhumano
sin pecado.
***
Cada cosa se esfuerza, en cuanto está en ella, por perseverar en su ser.
Baruch Spinoza
Esa paloma, en la cornisa, no se siente inmensa ni mínima ante la densa hondura del horizonte.
(Sólo a mí, frente a las noches de enero, me asombra un puñado de estrellas. En saberme pequeño o grande he tenido perfectos maestros, escribas del castigo o la redención)
Para ella el espacio es la ruta del amanecer y el atardecer, única en el instinto de apagar la vigilia.
(Yo hago poesía como súplica, insaciable y perdido, sin entender la culpa o la inocencia)
Esa paloma vive despreocupada de los haceres del Espíritu Santo, ella apenas vuela, eso es suficiente.
***
Jeroh Juan Montilla (Valle de la Pascua, Venezuela, 1960). Escritor venezolano, Profesor egresado de la UPEL, magister en Historia de Venezuela, profesor de la maestría en Historia de Venezuela de la UNERG, facilitador de talleres de poesía y narrativa, y seminarios de literatura. Ha publicado en El Carabobeño, La Prensa del Tuy, El Periódico (Maracay), Papel literario de El Nacional, Revista Poesía (UC), Revista Nacional de Cultura, Letralia, entre otros. Sus poemarios: Humano de manchas (1988), Pasollano 18 poetas guariqueños (coautoría, 1993), Lides de amor (1995), y el libro de ensayos, Articulaciones (2001) Obtuvo en 1989, el Primer Premio en el Concurso Regional de Poesía “Lazo Martí” de la Casa de la Cultura de Calabozo, con el poemario Naranja del cinco de marzo.
circunspecto en la sala, con un saco o una caja, pesados,
de olores agrios de estar a la intemperie.
Recibo la carta, la aprieto y siento el espesor de
la mesada
y contesto todo está bien, no es mucho.
Qué importan las letras, el disentir o algún
razonamiento en el papel.
Nada alcanza.
Cuídate en la calle, de noche, la gente.
Pronto te escribo, te envío queso y carne seca
y lo que me pides para conocer la ciudad.
Aquí la naturaleza es próspera y tolerante
con lo salvaje que somos.
***
La casa
Cuando salí del pueblo pensaba regresar
a comprar la casa de la esquina suroeste de la plaza,
cerca de un puerto solitario y entiendo el arraigo
de los dueños.
A cada vuelta al pueblo visito la calle y bajo mi familia
a la costa a contemplar las aguas pardas bajar
eternamente.
Me enteré que vendieron la casa que me gusta,
cerca de la plaza y del río de mi infancia.
Continuaré a la espera de la oferta
en el tránsito del pueblo que crece y se desborda,
solicitándole a Dios la gracia
que no se me adelante un turco y la transforme en tienda.
Por las aguas del río pasan las horas
mientras espero el día.
***
Me estoy deteriorando
cuando los viejos míos vivían
estaban enteros
Llego a los ochenta
recorro kilómetros a pie pero
no puedo levantar la pierna sobre el lomo
Me pesa el cuerpo y me pesa el alma
¡Es verdad! Todo tiempo pasado fue mejor
Yo vivía en el rebaño no en la casa
Un animal de sabana de monte o río
perece en el encierro
Qué puedo a mi edad pedirle a Dios
***
Tengo una casa en el monte frente a la sabana
Es una ofrenda a Dios
Que deja tanto animal desamparado
y la luna lo descubre
Tengo un cuero de tigre en la sala
Cuando venía en la noche
él estaba distraído y yo lo vi primero
El viento saca agua de la tierra
en el molino
y todos los animales en el verano beben
en la tanquilla
y se van
Tengo pendiente mucha sequía
No soy un ángel
pero la sed de estos animales
la tengo por encargo de Dios
***
Vengo a pie de la quesera
Me tumbó el caballo
Se me fueron los buenos tiempos
Vi el cielo azul
y venía pensando en el cielo
qué hermosas sabanas debía tener Dios
Adonde va uno después de tanto Llano
animales de día y de noche
Si me ponen a pedir un deseo
voy a pedir que me dejen en lo mío
Allí es donde puedo estar bien
***
Se casan los hijos
Es bueno que se vayan
Nosotros somos pura sombra
y necesitamos un tiempo de nostalgia
Vete a la sabana y cuenta los animales
mientras pongo el fuego
Cuando regreses cortaremos un queso
Habrá acabado el fulgor de las fotos
***
Aquí no necesito un nombre
una documentación
Paso el día viendo los animales
y ellos me tienen por dueño
de la tierra y el río
Me voy a quedar viviendo su estima
Me traen del pueblo
todo lo inútil
para reconocerme
Para que Dios me vea
***
Adhely Rivero (Guadarrama, estado Barinas, Venezuela, 1954). Poeta, editor y promotor cultural. Desde hace años está residenciado en Valencia. Es Licenciado en Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo. Se desempeñó como Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, Coordinador del EIPUC y director de la revista Poesía. Es Premio de Poesía Facultad de Ciencias de la Educación. Premio de Poesía "Cecilio Chio Zubillaga" de Carora, Premio Universidad de Carabobo, Premio Universidad Rómulo Gallegos, Premio Único de Poesía "40 Aniversario de la Reapertura de la Universidad de Carabobo". Es autor de los Poemarios: 15 poemas, 1984; En sol de sed, 1990; Los poemas de Arismendi, 2006; Tierrasde Gadín, 1999; Los poemas del viejo, 2002; Antología poética, 2003; Medio siglo y la vida entera.
Yentonces ese insecto radiante que tiembla entre las flores
Olga Orozco
Voy a la cocina
el árbol de mi sueño
zumba
la despensa es un rumor
de hojas
sobre mi cabeza
avanza mi brazo
hasta el ambarino tarro
donde miríadas de flores
resplandecen
bajo el ávido enjambre
de mis dedos
brotan soles miniatura
redecillas aéreas
que me dejan a salvo
entre belleza
una vez más mis labios rozan
el misterio del nardo
y la violeta.
***
Los pájaros no tienen tiempo
nada saben de estos ardides
duermen, sí, pero la noche sobreviene
en el cosquilleo de las plumas
y el llamado de los árboles.
Por eso en cada rama
cabe un pájaro perfecto
y de vez en cuando
un nido.
***
Llueve a destiempo
lo saben los pájaros
las cigarras
que seguro apresuran el verano
bajo tierra
la semilla teme al espejismo
titubea
como el canto de la torcaza
apenas enero
ya los cerros ribetean de fuego
y tengo que ir al calendario
para entender
que es tiempo trastocado
cómplice
de la estación humana
que ya no sostiene
la cordura.
***
Rodeada por un ropaje mítico
la ciudad despereza
es la lluvia
sin duda
esa grácil equilibrista de varillas
que pudo ser Dánae fecunda
o la temible precursora del arca
para las conspiraciones
que siempre serán embrión
al filo de cualquier despropósito
porque no puede frenar
su oscilación hacia la vida
sustraerse al germen
a la eclosión, al vuelo
a la ingenua plegaria del labriego
ante la herida del surco
o del sensible
oteador de los cielos
que empeña arcoíris
y relámpagos
a guisa de dioses
irrecuperables.
***
Tibisay Vargas Rojas (Caracas, 1961). Escritora. Licenciada en Educación, Mención Lengua y Literatura, por la Universidad de Carabobo. Sus textos han sido publicados en revistas y periódicos (físicos y digitales) nacionales e internacionales. Ha publicado los poemarios Llana palabra (1993), Pasollano (coautoría, 1993), De humo y sal (1998), Tachaduras (2000), Tema de miseria (2002, reedición 2019), De un patio a otro (2005), Tercera persona (2008) y Poemas (2009). Obtuvo los premios: Primer Premio en Poesía del Instituto de Previsión y Asistencia Social para el Personal del Ministerio de Educación, Ipasme (1992); Primer Premio Poesía Infantil «Rafael Rivero Oramas», que otorga el Ministerio de Educación de Venezuela (1997); tercer lugar en el Primer Concurso Nacional Interuniversitario de Poesía (1998); Primer Premio del Concurso Interuniversitario de Poesía Cuam (2001), y calificación en el IX Concurso Nacional de Literatura Infantil «Miguel Vicente Patacaliente» de la Fundación Cultural Barinas (2003).
Tomados del libro El envés de los días. Fondo Editorial de Secretaría Sectorial de Cultura, Maracay, 2005.
***
Rosana Hernández Pasquier. Nació en Villa de Cura, estado Aragua, Venezuela. Poeta, dramaturga, narradora. Fundadora del «Grupo Cultural Zamora. Ha participado en los talleres literarios auspiciados por la Secretaría de Cultura del estado Aragua y se desempeñó como Directora de Cultura del Municipio Zamora. Es colaboradora de las páginas literarias de la región y perteneció al Consejo Editorial de La Liebre Libre. Su creación literaria la ha hecho sucesora de la memoria y la evocación totalizadora, mirada que da cuenta del paisaje, de lo cotidiano y la experiencia lúdica que todo lector recibe del poema. Obra publicada: Ceremonia delhorno; Maracay, Editorial la Liebre Libre, 1993. El envés de losdías; Maracay, Fondo Editorial de la Secretaría Sectorial de Cultura del estado Aragua, Maracay, 2005.
Alguien debía volver de aquel país de sombra. Y por haber olvidado la clave de sus pasos, caminaba a tiendas, procurando recordar nombres olvidados en la sombra.
Quizás pensó en el silencio nocturno de los árboles.
Y volvió a caer en la sombra. Otra silenciosa sombra.
Quizás tocó los labios dormidos del agua. Y descubrió que la sed es otra sombra. Otra dormida sombra.
Quizás llamó a la puerta de alguna choza abandonada. Y sólo halló la respuesta de la sombra. Otra abandonada sombra.
II
Alguien debía volver de aquel país de sueño. Y por haber olvidado la clave de sus pasos, trataba de alcanzar los caminos donde siempre descansa el último sueño.
Quizás tomó la senda de los frágiles cocuyos. Y tropezó una vez más con las espinas del sueño. Su desgarrado sueño.
Quizás trató de seguir el vuelo de las hojas. Y se encontró, de sorpresa, ante la fronda de otro sueño. Otro abatido sueño.
Quizás palpó las piedras que ocultan los secretos de la noche. Y junto a ellas pudo escuchar los ecos de aquel sueño. Aquel desvelado sueño.
III
Alguien debía volver de aquel país de silencio. Y por haber olvidado la clave de sus pasos, pretendía trepar a las grutas donde moran las arañas del silencio.
Quizás buscó el abrigo de algún recóndito jardín. Y en él contempló, ya deshojada, la rosa del silencio. Aquel mustio silencio.
Quizás descubrió los hilos de otro remoto manantial. Pero en ellos también dormía el silencio. El más callado silencio.
Quizás volvió a hollar los tenues espejos de la lluvia. También en ellos había huellas desvaídas. Las huellas del más callado silencio.
IV
Alguien debía volver de aquel país de soledad. Y por haber olvidado la clave de sus pasos, descansa ahora a la vera de su cansada soledad.
Quizá vació sus lágrimas en el cálido surco de la sombra. Y allí creció, entonces, el árbol de la soledad. La más armoniosa soledad.
Quizás dejó caer sus voces en el cálido río del silencio. ¿Recuperó allí la clave de sus pasos? Desde entonces quedó poblada de música la soledad de las palabras.
***
Ha pasado una sombra
Ha pasado una sombra a nuestro lado,
sin voz ni aliento, como flor caída.
Pensamos en los nombres olvidados;
en los días perdidos;
en los árboles muertos, en los raros
celajes que cubrieron las distancias
por donde huyeron aves sin descanso.
¿De quién es esta sombra?, nos decimos.
Y de nuevo pensamos
en el hondo país de los ausentes
y en aquel derruido campanario
cubierto de hojas secas.
¿De quién es esta sombra?, preguntamos.
Nadie responde. En el ocaso apenas,
se divisa los humos del verano.
La sombra no se aleja.
La vemos caminar a nuestro lado.
Y otra vez con angustia,
retornamos al aire del verano.
***
Última lluvia
Llega un anuncio plácido del campo:
la crisálida pura recomienza
su aventura pueril; y la mañana
abre el infolio azul de las consejas.
El último silencio
sobre los ecos de la brisa lenta.
Un cerco de cristales se desprende
de otra nube viajera.
Y surge la encendida chupa─chupa,
como enjoyando el alma de la tierra.
Alguien puede ascender hasta la nube
donde mora la tímida azucena;
alguien puede apurar todas las mieles
que dan a las palabras savia eterna.
Bajo el opaco cielo
se derrama la mínima odisea.
(de Calendario de la ausencia)
***
Los días del verano
Sabemos lo que ocurre en estos días.
El espejo del agua, ya cegado,
no podrá recibir el fiel mensaje
desprendido del campo,
cuando el campo descubre los fulgores
que han de aliviar su rostro resignado.
Allí están los matices:
a través de los días más amargos
engalanan el monte; y los caminos
recogerán con aire desvelado
la diáfana visión de esos reflejos.
Pero el cristal opaco
no llega a ver la límpida presencia.
Aquí están los matices, azotados
por el hondo fragor de las edades
ardorosas y lentas del verano.
Y pasan al recinto de la sombra
las sangres, las cenizas, los dorados
vasos plenos de mieles y de aromas.
Con el bravo clamor de las cigarras
se prolonga el letargo
que paraliza al corazón del monte.
Por escalas de humo van viajando
hacia medrosos lares las corolas
que un antiguo pastor habrá guardado.
Cuando vuelva la luz al ojo de agua
descenderá hasta el campo
otro caudal de pétalos recientes.
Y puede ser, entonces, que veamos
tornar hacia la luz, ya redimida,
la imagen de aquel tiempo derramado.
¿Sabemos lo que ocurre en estos días?
Puede ser que veamos,
sobre el cristal opaco de los cielos,
trocarse en flor la sangre del verano.
***
La otra claridad
Tomaremos el cauce de estas voces
que nos llegan de lejos,
pidiéndonos asiento a nuestro lado
para un viaje de múltiples senderos.
¿Qué misterioso río
podría conducir nuestro desvelo
hacia el campo deseado
de inusitada luz y claro acento?
¿En qué tierras de olvido
podría refugiarse el mustio sueño?
Todo es oscuro ahora, hasta los rumbos
que hubieran sido, al fin, los verdaderos.
Y así caminaremos, como a tientas,
bajo el fragor del viento.
Que no nos llame nadie en el camino;
que no nos mire en sed el arroyuelo;
que no salgan al paso para herirnos
los pálidos deseos.
Tomaremos el cauce de estas voces:
claridad esperada, dulce fuego,
aroma del acento que redime
y debe ser eterno.
***
Plenitud
Ya no hay más aires para el eco puro
que estuvo aquí, elevando
cuanto quedaba en sosegada huída,
detrás de los veranos.
Ya no hay más nombres para el tierno aroma
que deslumbró el acento recobrado.
Bajo el tibio silencio de la noche
ya no hay más lumbre para el suave rastro.
Si dijéramos niebla,
pudiera derrumbarse el cielo manso
y una lágrima azul descendería
a la cuenca del día desgajado.
Si dijéramos sombra,
pudiera el día derramarse en llanto
sobre el surco vacío donde yacen
los días, esperando.
Pudiera abrirse el cauce del silencio;
y del torrente claro
pudiera renacer otro universo,
aunque sin voces en ningún espacio.
Porque en los mansos aires
ya no hay más nombres para el dulce llanto.
***
La voz infinita
Puede ser un eco limpio
a orillas de la alborada,
junto al ámbito sereno
que diera albergue a sus alas.
puede ser otro silencio
la voz azul que resbala
sobre el silencio y las voces
de una infinita distancia.
Puede ser un eco limpio
a orillas de la alborada.
(de Testigos del alba)
***
La flor ignorada
Alguien torna a buscar aquel aroma
mientras bulle el verano
en cruento, desalado torbellino.
Cuando ese hálito puro
colmaba las fecundas primaveras,
nadie alcanzó a medir sus leves hilos.
Nadie pensó que aquella aldea opaca
guardaría la lumbre del hechizo.
Alguien va a penetrar ese misterio,
volviendo a desandar el tiempo mismo
tras el aroma claro
que ahora es otro tiempo fugitivo.
Y encontrará, como la imagen cierta,
una ignorada flor que duerme, casta
junto al cristal del río.
***
Caminos del alba
Los ecos de la brisa
van señalando surcos en el alba.
Al norte desvelado,
la cristalina voz de una campana;
al sur de los veranos,
el mito de otra huella desgarrada;
al este del recuerdo,
el roce sigiloso de la lluvia
que vuelve ya con un rumor de alas.
En el ocaso, apenas
dejarían su aroma las palabras
para guardar, quizás la dulce historia
de aquella aldea opaca.
Alguien debe volver sobre sus pasos
a iluminar los días
con el cándido albor de las palabras.
***
Colibrí
¿Dónde se esconde?
¿Dónde lo vi?
Saeta de raso
el colibrí.
Se ha zambullido en el iris
muy temprano, de mañana.
Las gemas de su plumaje
luce ahora en tu ventana.
¿En qué flor habita?
¿Dónde lo vi?
Saeta en el alba
el colibrí.
***
La sombra temeraria
Esta sombra nos sigue, de puntillas;
se oculta en todas nuestras horas claras;
y así mismo se infiltra en nuestras voces
con leves ademanes de fantasmas.
La entrevemos, siguiendo nuestros pasos,
y trepando por todas las palabras;
inasible, fugaz, sin rumbo fijo,
pero presente siempre y siempre extraña.
Guardemos ya nuestras mejores voces.
Deshilando las hebras de este sueño,
esperemos la luz de la mañana.
Cuando el día retorne con sus sones,
en el diálogo puro -lumbre y sueño-
se rasgará la sombra temeraria.
***
Tiene ese secreto el humo:
estar ausente y cercano;
dejar huellas en el aire
sin que se note su paso.
Ser imagen de la vida
Y estar de su muerte ufano;
Andar siempre fugitivo
Y a la vez encarcelado.
Tiene ese secreto el humo:
Estar presente y lejano.
***
Ronda del arroyuelo
Arroyuelo claro,
arroyuelo raudo
que, a través del norte,
huyes del verano;
tras de ti, un grito
por cerros y campos:
—No huyas tan de prisa!—
claman los rebaños.
Pasos de cristal
quiebran por el prado
huellitas de armiño
y musgos plateados.
Corre el arroyuelo
con pasos de espanto:
—No huyas tan de prisa!—
gimen los rebaños.
Las mudas espigas
se visten de llanto;
sus rizos de lumbre
ya están enlutados.
Lloran las espigas,
lloran los guijarros:
—No huyas tan de prisa!—
lloran los rebaños.
Columpios de aljófar
el sol ha estrenado;
sus garras de sed
perdiera el verano.
Corre el arroyuelo
entre los sembrados:
—Viniste tan pronto!—
cantan los rebaños.
A sendas de nácar
pasos aromados.
***
El bosque fugaz
Puede convertirse en ave
el azahar de la niebla.
En humo puede trocarse
su arquitectura viajera.
Pero en una fronda blanca,
suave, pura, blanca y fresca:
un bosque frágil que huye
del vaho gris de la tierra.
Puede convertirse en ave
el azahar de la niebla.
***
Cantiga del infante dormido
Van hilando los caminos
menudos sueños lejanos.
Por el sendero en vigilia
pasan las sombras, trotando.
Se miran sus tres andares
como tres silenciosos claros,
como tres quejas en fuga,
sin abrigo y sin descanso.
Aros de fuego marchito
les van ciñendo los pasos:
arriba, miel y espuma,
color de penas, abajo.
Por el sendero en vigilia
los tres viajeros cruzaron.
La noche aldeana —nodriza
de luceros y rebaños—
dejó sus sandalias nuevas
a la vera del establo.
Al ovillo de las horas
le salen hebras de llanto,
mientras los caminos hilan
menudos sueños lejanos.
La noche aldeana, cansada,
lavó en su tibio remanso
los filos de las estrellas,
las espinas de los cardos
y los pañales del niño
que está en las pajas llorando.
Leche de cielos maduros
los alcores derramaron.
El chiquitín de la aurora
Está en las pajas, llorando.
¿Dónde estarán sus luceros?
Sus cabras, ¿dónde quedaron?
¿Dónde escondieron las sombras
Sus vellones fatigados?
¿En qué vergel escondido
se abrió su nombre de nardo?
La noche aldeana, impaciente,
colgó su lumbre de estaño
sobre el sopor que vacila
en el humo de los ranchos.
Tres sombras, tres sombras mudas
y un camino desvelado.
Por el camino en vigilia
tres sombras van, caminando.
***
Balada del alba virgen
Mañana de sueños niños
trajeada para leyendas:
blondos zapatos de bruma
y risa de lluvia lenta.
Mañanita balbuciente
que jugabas a tristeza,
vistiendo recuerdos pobres
en tu retablo de pena,
cuántas cosas te dijeron
los ojos de la miseria!
Mientras buscabas, rendida,
más sueños para tu rueca,
añorando lobos buenos
en leves voces abuelas;
y tus pasos irisados
iban labrando tus huellas
para el sendero encantado
de una encantada conseja,
qué dolor el de los ojos
que te supieron doncella!
Hierbas de azules congojas
se asomaban a las sendas;
lejos, buscaba tu rostro
las mariposas viajeras.
Más allá de la campiña
la brisa rasgó sus sedas
y colgó regios aromas
al palacio de la niebla.
¡Cuánto tardaron los ojos
que te creyeron enferma!
En la corte de horas blancas
se vio la fuga discreta:
sobre lejanos armiños
adioses de primavera…
Calló sus voces la lumbre,
quedó en silencio la rueca,
las alas de la esperanza
se estrenaron en la ausencia.
¿Quién vio las perlas amargas
de tus ojos en la espera?
Después llegó aquel mensaje
del país de las estrellas:
un rico príncipe ardiente
con una ardiente promesa.
Cuando encontró los vestigios
de tus diminutas huellas
y la soledad ignota
de aquella escondida senda,
cómo lloraron de sombra
los ojos que no te vieran.
***
La casa
Sumida en el fragor de otro silencio,
que es mudo cerco de interior morada,
está la casa sola. Y es un cruento
y lánguido penar su paz callada.
Adusta soledad nimba el momento
en que la leve imagen ensoñada
rasga la transparencia de su cielo,
en mágico fulgor transfigurada.
Pálida mensajera de otros días,
¿cubrirá la nostalgia este recinto
como la sombra el alma atribulada?
El silencio es guardián de cosas idas,
desde el umbral en que lanzó el olvido
desnudo cerco de interior morada.
***
Miguel Ramón Utrera (San Sebastián de los Reyes, Venezuela, 1909-1993). Poeta, periodista, educador. Su infancia transcurrió en su pueblo natal donde estudió primaria, trasladándose en 1927 a Caracas para cursar estudios de normal y medicina sin concluir ninguna de las dos carreras. En 1932 regresó a San Sebastián de los Reyes y continuó sus labores como educador, siendo designado en 1937 director de la escuela Pedro Aldao, cargo que ejerció ininterrumpidamente hasta 1950. Fundó el periódico Crisol y fue jefe de redacción del diario La Caridad, ambos de San Sebastián de los Reyes. Publicó sus primeros escritos en la revista Viernes, órgano divulgativo del grupo literario homónimo, así como en el suplemento «Artes y letras» luego «índice literario» de ElUniversal. Antes de publicar su primer libro recogió, escritos a máquina, un conjunto de breves poemas de contenido nativista que en forma de cuadernillo circuló entre sus amigos de San Sebastián, San Casimiro y otras poblaciones vecinas. En 1940 publicó su primer poemario, Nocturnal y en 1944 el segundo, Rescoldo. En 1967 compiló una antología de la Poesía de Aragua. En 1981 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura, el cual rechazó. Su obra poética fue recopilada en diversas ediciones, destacando La otra claridad: antología 1928-1982, publicada en 1993.
***
Este documental exhibe al poeta y maestro Miguel Ramón Utrera Galindo desde su lar nativo en el año 1993. La entrevista realizada por Jesús Enrique Guédez muestra la voz del poeta, surcando cuatro siglos de historia en San Sebastián de los Reyes.
Caos, concreción y misticismo ácido en Group 1850 Live
Más allá de la luminiscencia californiana y las bucólicas comunas de la Inglaterra rural, hubo un epicentro continental europeo cuya densidad sónica desafió la complacencia de su tiempo: los Países Bajos. En el centro de esta insurgencia estética se sitúa Group1850, una agrupación cuyo nombre evoca una era industrial inexistente, pero cuya música configuró el verdadero meridiano cero de la lisergia progresiva en los Países Bajos. El lanzamiento de Group 1850 Live, grabado en la agitación de 1969 pero congelado en el tiempo hasta su publicación oficial en 1975, constituye un documento arqueológico de gran valor, la captura cruda de una metamorfosis en pleno vuelo, el manifiesto de un sonido que se negaba a la pulcritud del estudio para arrojarse al abismo de la improvisación absoluta.
Geografía del desencanto y la utopía neerlandesa (1969–1975)
Radiografiar el entorno social de los Países Bajos puede ayudarnos a comprender el retraso cronológico entre el registro de estas cintas y su publicación definitiva. La Haya, tradicionalmente percibida como el bastión burocrático y aristocrático del país, experimentó una violenta transformación cultural a finales de la década de los sesenta. El optimismo económico de la posguerra dio paso a un cuestionamiento sistémico. Mientras Amsterdam se consolidaba como la capital del movimiento Provo y el hippismo contracultural, en La Haya fermentaba una energía subterránea mucho más sombría y eléctrica, bautizada popularmente como el sonido del Nederbeat.
Entre 1969 y 1975, el país transitó desde la euforia libertaria hacia las tensiones de la crisis del petróleo de 1973. Este bache económico domesticó las utopías juveniles y reconfiguró la industria discográfica local. Las bandas que antes llenaban clubes underground se toparon con la consolidación del mercado y la burocracia comercial. Este viraje explica por qué una grabación tan incendiaria como la de 1969 permaneció sepultada durante seis años. En 1975, en pleno auge del rock sinfónico y la comercialización del progresivo, rescatar este directo supuso un acto de resistencia estética: la irrupción de un fantasma del pasado que recordaba al mundo la verdadera naturaleza peligrosa y desprovista de filtros del acid rock.
El cisma del Nederbeat: Espejos de humo en La Haya
La Haya poseía una escena musical hiperactiva, pero profundamente polarizada. Por un lado, formaciones como Golden Earring o Q65 operaban bajo un pragmatismo comercial o un r&b directo y garajero que buscaba el beneplácito de las listas de éxitos. Frente a esta vertiente, Group 1850, bajo la dictadura creativa del organista Peter Sjardin, prefirió alinearse con el ala experimental de bandas como Supersister (quienes decantaban su propuesta hacia el jazz-prog de la escuela de Canterbury) o Earth and Fire.
Sin embargo, donde sus contemporáneos buscaban la simetría matemática de las estructuras del progresivo clásico o el virtuosismo melódico, Group 1850 inyectaba una dosis nihilista de imprevisibilidad. La banda funcionaba como un reverso oscuro de la escena de La Haya: mientras los demás pulían sus arreglos, Sjardin y su corte desmantelaban el formato de canción corta, usando el blues psicodélico sólo como una pista de despegue hacia el vacío cósmico.
El ritual de la continuidad
Al aproximarse a Group 1850 Live, no queda otra opción que abandonar la lógica de la audición fragmentada. El disco opera bajo el principio de la macroestructura, una arquitectura sonora indivisible donde las divisiones de las pistas son meras concesiones al formato físico del vinilo. La banda no se detiene a interactuar con el público, no hay discursos, ni se rompe el flujo sónico para afinar instrumento, la instrumentación de una pista se funde directamente con la atmósfera de la siguiente, forzando la percepción de un bloque indivisible. El álbum captura a la alineación histórica integrada por PeterSjardin (órgano, efectos), Dave Duba (guitarra), Dolf Geldof (bajo) y Paulvan Wageningen (batería) en un estado de comunión casi telepática.
La experiencia auditiva global se asemeja a una marea negra. No hay concesiones para el aplauso complaciente ni pausas para el respiro; los cuarenta y nueve minutos de música fluyen como un único lienzo. La sección rítmica de Geldof y VanWageningen renuncia a la síncopa complaciente del jazz y adopta un pulso hipnótico, un motorik primitivo sobre el cual Duba dibuja líneas de guitarra impregnadas de un fuzz denso e hiriente. Sjardin, operando desde su trinchera de teclados modificados y efectos analógicos, no busca la ornamentación barroca de un KeithEmerson; prefiere la saturación de frecuencias, el ruido texturizado y los acordes sostenidos que generan una atmósfera de claustrofobia mística. El disco avanza como un ritual pagano donde la tensión no se resuelve, sino que se acumula hasta desbordar los límites del soporte físico.
Arqueología de lo precario: Producción y paisaje sonoro
La producción de Group 1850 Live es un monumento al accidente y a la honestidad brutal. Registrado originalmente con equipos portátiles rudimentarios en 1969, el sonido carece de la nitidez estéril de las producciones multinacionales de mediados de los setenta. Existe una saturación constante en los rangos medios; el bajo de Geldof retumba con una cualidad casi física, mientras que los platos de la batería sufren la compresión propia de las cintas magnetofónicas expuestas al límite de su capacidad.
Esta precariedad técnica, lejos de demeritar la obra, se convierte en su mayor virtud estética. El técnico de grabación o los encargados de la mezcla posterior entendieron que limpiar el grano de la cinta habría equivalido a despojar a un lobo de sus colmillos. El sonido es directo, sucio y espacial; se percibe el eco del recinto, la fricción de las púas contra las cuerdas y la inestabilidad de las fuentes de poder que alimentaban el órgano de Sjardin. Es la fonografía del peligro.
Del orden de estudio a la anarquía del escenario
La evolución estilística de la banda queda perfectamente expuesta si confrontamos sus dos obras maestras de estudio con este documento en directo. En Agemo's Trip toMother Earth (1968), Group 1850 jugaba con viñetas de psicodelia pop ingeniosa y barroca, no exenta de una fuerte carga conceptual. Para Paradise Now (1969), el sonido ya se había endurecido de forma sustancial, coqueteando con el proto-heavy y la experimentación con cintas.
Sin embargo, Group 1850 Live funciona como la radicalización absoluta de los hallazgos de Paradise Now. En el escenario, las pretensiones líricas y los arreglos minuciosos se disuelven. La banda toma los motivos temáticos de sus composiciones y los estira hasta desfigurarlos. La evolución no es hacia una mayor complejidad técnica, sino hacia una mayor profundidad psicológica. El vivo despoja a la banda de su ropaje de estudio y muestra el esqueleto de una formación obsesionada con el trance y la liberación de la energía pura.
El ocaso del ácido y el advenimiento del virtuosismo: De Live a Live on Tour
La brecha estética se ensancha aún más al contrastar este disco con el posterior _LiveonTour (1976). Grabado con una alineación drásticamente modificada —donde Sjardin se rodeó de músicos como Hessel de Vries y ArthurEbeling —, el directo del 76 muestra la inevitable claudicación de la banda ante los dictados de la época: el giro hacia el jazz-rock progresivo y la fusión instrumental.
Mientras que el álbum de 1975 (grabado en 1969) es oscuro, visceral y profundamente guiado por la estética de una Jam Band de acid rock, LiveonTour abraza la síncopa limpia, los solos estructurados de piano Fender Rhodes y una destreza técnica refinada. El paso de un disco a otro ilustra el fin de una era: la transición del peligro psicodélico y la catarsis colectiva hacia la sofisticación técnica del progresivo maduro. Live on Tour es el trabajo de profesionales ejecutando una partitura flexible; Group1850 Live es el testimonio de cuatro hombres poseídos por una idea.
Cartografía europea del trance: El espejo de las bandas continentales
Para situar con precisión este trabajo dentro de la constelación del rock europeo de vanguardia, resulta revelador trazar una línea narrativa con cuatro lanzamientos en vivo contemporáneos que compartían su espíritu de insubordinación. En primer lugar, el álbum Live de los alemanes Frumpy (1973) aborda un Heavy Psych de corte progresivo y tintes blueseros con una presencia colosal del órgano Hammond; sin embargo, mientras Frumpy busca la catarsis a través del virtuosismo vocal e instrumental, Group 1850 prefiere la disolución de la melodía en texturas abstractas. En una frecuencia similar, Amon Düül II entregaba ese mismo año su Live inLondon, un testimonio de acid rock caótico, espacial y cargado de iconoclasia política. Aunque ambas agrupaciones comparten la urgencia de la lisergia salvaje, los alemanes se muestran más fragmentarios y comunales, frente al pulso rítmico mucho más concentrado y monolítico de los neerlandeses.
Si nos desplazamos hacia Escandinavia, el panorama se vuelve aún más magnético. Mors mors (1974), de los suecos Träd, Gräs&Stenar, ofrece una psicodelia minimalista y un protopunk hipnótico de raíz folk. Ambas bandas entienden el directo como un trance repetitivo, pero mientras los suecos buscan la luz comunal, Group 1850 se sumerge en una paranoia urbana y eléctrica. Finalmente, Ur spår! (1975), de Arbete &Fritid, deconstruye los géneros mediante el jazz libre, la vanguardia y la ironía política; un desapego formal que contrasta directamente con la gravedad física, densa y magnética a la que Group 1850 se mantiene fiel en todo momento.
La visualidad del misterio: El envoltorio naranja
El soporte gráfico original de Group 1850Live (lanzado bajo el sello Orange Records) refuerza su condición de objeto de culto. La tipografía descuidada y el diseño áspero de la carátula eluden los excesos ilustrativos de las portadas de rock progresivo de los setenta. No hay naves espaciales ni paisajes tolkienianos; hay una sobriedad casi tipográfica que anticipa el minimalismo del post-punk.
La escasez de material grabado en video de esta formación —más allá de esporádicas apariciones televisivas neerlandesas— no hace sino acrecentar el mito. El material gráfico funciona aquí como un velo: no busca explicar la música, sino preservar el enigma de una banda que operaba en las sombras de los clubes subterráneos.
El legado de una mutación fonográfica
El impacto a largo plazo de Group 1850Live radica en su condición de eslabón perdido entre la psicodelia primigenia y el space rock germinal. La agrupación demostró que el formato de Jam Band no tenía por qué limitarse a la complacencia melódica del blues-rock americano al estilo de Grateful Dead. Group 1850 tiñó la improvisación libre de una densidad europea en su melancolía y urbana en su violencia. Su influencia resuena en las corrientes contemporáneas del space-rock moderno, el stoner hipnótico y las bandas de neo-psicodelia que buscan el trance a través de la repetición y el uso del fuzz analógico como terapia de choque.
Dictamen Crítico: El veredicto de la historia
Calificación: •Excelente
Justificación: Si bien el estatus de •Esencial suele reservarse para obras de estudio que reconfiguraron las listas globales, Group 1850 Live se consolida firmemente en la categoría de •Excelente debido a su incalculable valor histórico y estético. Es un disco que captura la pureza de una era justo antes de su domesticación comercial. Su sonido crudo, lejos de ser un defecto, constituye una lección imperecedera de cómo el rock puede ser un vehículo de exploración formal sin perder un ápice de su urgencia visceral. Es un álbum obligatorio para todo aquel que desee comprender que la psicodelia no fue una moda decorativa, sino una revolución de la conciencia y del sonido.
Conclusión
Group 1850 Live permanece como un monolito inclinado en el paisaje del rock europeo. Al escuchar estas cintas, desenterradas de la vibrante Haya de 1969 para ser arrojadas al mercado saturado de 1975, asistimos a un acto de pura nigromancia sónica. Peter Sjardin y su banda no buscaban la posteridad; buscaban incendiar el presente. Al final, consiguieron ambas cosas: legar al futuro el testimonio de una noche en la que el rock psicodélico continental abandonó la lisergia de ensueño para abrazar la electricidad más indómita y verdadera.
Group 1850 – Group 1850 Live (1975)
•Países_Bajos
•Space Rock
•Rock Psicodélico
•Acid Rock
•Jam Band
con matices de
•Krautrock
•Excelente
Músicos
•Peter Sjardin: organiser, voz, efectos sonoros
•Dave Duba: guitarra, voz
•Dolf Geldof: bajo
•Paul van Wageningen: batería
Si quieres escucharlo, toca el enlace : https://t.me/progresivoycosas/1065