domingo, 19 de julio de 2026

Poemas de Ana María Delgado

Título: Nacimiento (2021)

Autora: Ana María Delgado 


***


Dentro de mí


Si una situación nos exaspera,  

¿seremos nosotros mismos? 

Sí, la comunión y el desencanto…


***


A la vida


El sentir, a fin de cuentas,  

¿qué es lo que importa? 

Ojalá nada importase demasiado 

para no ponernos tristes 

para no olvidarnos de las estrellas.

Que los días no sean luchas 

sino celebraciones.

¿Celebraciones? 

Celebrar la existencia, 

el cielo, el sol, 

las estrellas y las lunas.

Ponernos de acuerdo 

todos para sonreír.

Bienaventurado sea 

quien goza de la vida, 

quien ríe 

bienaventurado sea 

quien se sumerge en tristeza

para aprender a navegar.

Bailar con la brisa, 

como las flores. 

Degustar sin disimulo,

eso, 

eso que tanto nos agrada,

la vida. 


***


Alguna vez


Antes de conocerte,

escribía. 

Sentía mientras creaba escenas. 

La coyuntura entre el cosmos 

se formaba en mi pecho.

 

Siempre ha sido ancla

sentir que la brisa conspira,

el canto de los pájaros melodía.

Levitar.


Solloza la mente 

creaba encuentros furtivos. 

Era hombre, era mujer.

 

Luz tenue que bañaba 

cada encuentro superlativo. 

Quería decir que antes de ti ya existía. 


***


Eres mar


En el desliz de la brisa 

susurra su voz

me trae recuerdos 

de su boca

se escurre su cuerpo 

sobre el mío.

 

Se planta cualquiera 

de sus poses perfectas 

para retratarle.


Me pierdo en fantasías.


Vibra la piel.


Los atardeceres 

me cuentan de sus sonrisas.


Los ojos sumergidos 

en los colores,

el aliento humedeciendo 

mi frente


Luego: un beso inocente

Transcurre con sutileza,

placer, gozo,

nadar en el mar,

aunque no soy sirena;

encontrarme con tanta maravilla.


***


Es leer y sentir


Las letras tratan de similar

las ondas de vibración 

cuando pienso en un abrazo.


La calidez, lo sutil.

Porque uno en un abrazo 

muere y renace;

te entregas y te enganchas.


Unos sin iguales.

Unos son capullos 

otros arrullos

unos mágicos, 

otros que guardan más que estrellas:

todas las galaxias plenas.


La calma y el cariño.


Un abrazo te reconcilia 

con el tiempo perdido

y apacigua las tristezas.


Una montaña 

que te cubre del tsunami.

 

La brisa que acaricia tu ala rota.


Un abrazo nos hace falta.


En la coyuntura de los brazos 

dejarnos caer como plumas

entregar la fuerza 

de nosotros mismos,

el amor. 


***


Explorando de nuevo


Cada sentir 

como si fuese la primera vez.

¿En qué me convertí alguna vez?

¿Qué he sido? 

¿Qué soy? 


Sumergida en el crepúsculo,

el arrecife que lleva todos los colores.


Bajo luz de luna llena

no necesitamos más 

que callar para escuchar;

cerrar los ojos para observar

lo que las palabras casi mudas 

tengan que decir.

 

En el sigilo de la noche

las constelaciones conjuran 

más de una alegría,

hacen magia 

en las esquinas furtivas 

y polvorientas de flores marchitas

de dolores pasados. 

Se desvelan si los ojos 

crepitan en llanto.


 Las estrellas conjuran,

 en el encuentro “imprevisto” 

canciones, ríos, 

montañas, luces, mares,

abrazos y palabras cósmicas

proclamando ser expuestos.


Sin penas ni acertijos 

qué descifrar.


Miradas apagadas

deambulan 

en un costado haciendo peso en lo finito. 

Nos perdemos 

y nos encontramos “íntimos” 

en el espacio tiempo 

que -ya fue-


 El brillo en los ojos 

de un enamorado, 

eso… 

son todas las montañas, 

los soles, las lunas,

el planeta mismo girando,

las flores en orgasmo, 

las noche, los días…

los ojos de un enamorado 

esconden mundos, 

galaxias

y las mejores letras de poesía. 


***


Insidiosa recordando


Posada en tus piernas desnudas y largas. Sonrisas que socavaban la dermis, las miradas que sonreían como cuando salíamos a ver los atardeceres, creando historias con las nubes; haciendo preguntas 

sobre cualquier cosa, preguntaste mi nombre y si tenía alguna canción que me gustará para entonarla aunque fuese tarareando. 

Colgaba mi cabeza al filo de una roca. Sentir el atardecer que no sabía si estaba fuera o dentro, o si el sol se ocultaba o se asomaba detrás de tus ojos, siempre creí que era eso. Brillaban junto a unos labios pequeños y rosa simulados por los vellos de tu rostro. La simpleza deslumbraba tu carácter. 

El cielo nos pintaba las tardes con acuarelas, rosas, azules, violetas, naranjas. Calar esas miradas fugaces que se encontraban vigilantes serenas, libres. Acertada siempre tu sonrisa y las palabras que parecían flores saliendo de tu boca. Tarareabas o cantabas cualquier letra en el camino de regreso. Tengo en mi mente fotografías de las historias de las nubes, del contraluz que marcaba tu silueta, volteaste, sonreíste; no he tomado fotografía más hermosa. Los primeros encuentros llenos de apetencia por alojarnos un rato, que ese rato se nos hiciera infinito. 

Regocijarnos en ese momento, en esos instantes cuando escuchando el silencio nos sentimos. Haciéndonos espacio y frecuentes. Los sentimientos en una aventura con sosiego se manifestaron en un pequeño e inigualable abrazo. 

La conjugación de tanta armonía que sostenía el cielo, la brisa, los colores, cuando te miraba intangible entre tanta sublimidad. Baila entre las estrellas, sonreía galáctica, volteretas y flotaba con un vestido lleno de flores, por la luna. Sostenía quieta las ganas de ver llegar ese néctar que transportas en tus ojos, cuánta alegría. 

Basta recordar para inventarnos mundos nuevos; esos que se crean cuando te imagino perdido en un abrazo. Un suspiro, el estrecho espacio entre nosotros. Sentir cómo nos juntamos más allá de lo físico. Los universos que llevamos dentro se entrelazaron, las estrellas sonreían mientras se saludaban, se reconocían. En el espacio tiempo se perdieron emergidos en las vibraciones que salían a relucir más allá de cuerpo de vistas de lo tangible. 

Me dijiste “te amo”. Nos apretamos un poco más fuerte y ya tenías que irte. Mayor poesía que la que se escribe entre abrazos, dentro de sonrisas. Miradas insidiosas, traviesas buscando acercarse a la silueta. Navegando en otros mares, 

desnudos. 

Me perdí ante tanta sutileza, ante toda la verdad de sentir y dejarnos libres. Volamos con la libertad de hacernos nuestros cada día. 

Compartirnos. 


***


La magia siempre está presente.

Taciturna invulnerable 

escuchando la luna 

descifrando el lenguaje 

de las flores.


***


Sentid la brisa


La piel despierta 

las células llenas de memoria 

empiezan a recorrer y descubrir 

se abren las flores 

se agudizan cada poro

se expande.


Bajan besos 

del mentón al cuello 

la espalda se alinea y se eriza

mientras las piernas se debilitan.

  

No hay suelo

ni tiempo que tomar en cuenta 

no hay tormentas. 


Es solo el universo 

que llevamos dentro 

que se cuelga 

de nuestras ganas 

de seguir en la fiesta 

de la intimidad 

donde el gusto es de sobra.

 

Donde los amagos 

son el inicio de todo.

Llega el mago 

y nos proclama diosas. 


***


Los sueños 


Portales a otros mundos invisibles

dentro de tantos colores

armónicas todas las sonrisas.


Bailando sobre las estrellas

infinitas constelaciones

baile de gala

participa la alegría 

y la sinceridad.


La realidad de soñador

Las sonrisas danzan cósmicas

resuenan, 

abunda el brillo 

de cada instante.


Donde los colores insinúan 

las emociones

múltiples auroras 

integran el paraíso.


Destellos consuelan 

al miedo y el ego.


Integridad 

luz de sol tenue 

impalpable a los sentimientos 

de un poeta.

 

Describe mundo 

que encuentra 

en cada repiqueteo celular 

en las conversaciones 

con la majestuosa luna

en el baño prematuro del sol.


La sinfonía de las aves 

al despertar 

el maravilloso aroma

de las flores

que abren como los crepúsculos 

de los ojos perdidos. 


En el manifiesto 

del gozo de la virtud 

de ser vivo


***


Pérdida


En el oasis de sentires.

Sé que la brisa, 

va a llevarte sonrisas

para que las poses en tu cara.


Sé que las aves 

tienen algo que comunicar.  

Oídos sordos.

Queriéndote más allá

del espacio tiempo inmutable.

El alma de tu destello,

se convierte en sonrisa 

en miradas.


***


Enamorada de ti 


Tu fragancia, tu voz, tu sonrisa

El ser luminoso que camina contigo, 

La luz que me mostró carácter.

La semilla va creciendo.

¡Gracias!


***


Momentos inclinados al silencio

Nos dicen: 

Quédate con el que esté 

dispuesto a darlo todo por ti.

¿Cómo estar seguros 

de que daría todo 

por nosotros? 

¿”todo”? 

Quizás las cosas 

no concuerdan porque: 

cada cabeza es universo, 

una estrella, un mundo. 

De ejemplo yo. 

Daría miradas, 

flores en poesía; 

momentos de completa ausencia 

con lo material. 

Unificando el sentir, 

elevándome con la naturaleza. 

Un toque nostálgico, 

un café, 

un libro y la luna. 

Pensamientos llenos de vacío. 

Interrogantes, 

disquisición con el cielo. 

Como una tirada de un porro 

y sintiendo todo

más de cerca, 

puro, penetrante. 

Me entregaría por completo 

pero es que las grietas en mí 

ya van a mitad de camino, 

corazón. 

¿Te gustarán 

las posibles briznas 

en la que, seguramente, 

sentada en un balcón,

a media noche me convertiré?

Estoy dispuesta 

a convertirme en polvo

y que me soples, 

soples fuerte. 



***


Somos un poco de verdad, amantes.


***


No te veo 


Ya no te veo reflejado 

en mi tristeza

ni en mis desvarío

Hoy no confío en ti, pero sí te quiero.

puedo estar sin ti 

y ya no duele tanto.



***


Por lo menos


Un instante creer que somos verdad…

que somos.


Las tardes de café y sonrisas

En el murmullo; 

riendo cósmica, 

risueña 

impertinente y perteneciente.

Levitando. 


Sumergida en dolores de cabeza.

Degradé del rosa al amarillo 

café sin cafeína

los sinsabores de las caricias

Besar fantasmas 

se esfuman si les digo:

Te quiero. 


Contraste: 

alegrías, tristezas, 

deambulando muchedumbre

nostálgica, furtiva, impaciente.


El vestido le cuelga 

de medio lado

la lluvia cae haciéndole

el amor

a los recuerdos encerrados 

en un alma llena de primavera


Luna nueva. 


***


Quiero decirte


Tantas cosas.

Esta inmensidad que crece en el pecho y las palabras mudas.

Tengo tantas cosas que decirte que no me alcanza el tiempo.

El tiempo, siento que lo he malgastado, enjaulando la grandeza de tu ser en mis pensamientos de miedo y ego.

En lo efímero y vulgar que son las mentes vagas, de nosotros los humanos.

Son tantos los sentimientos que parezco un jardín deambulando en las calles.

Se enredan los hilos en la historia.

Esa mezcla de felicidad y nostalgia.

No dejes de mirar tu ser aunque sea de reojo, lo demás es puro cuento. 

Sepas que todo tú me ha sido siempre suficiente y desbordante, cálido y seguro.

El regalo diario más grato en medio de todo el pantano. 

Tú también eres una estrella y esa luz llega…quién observa, mira, escucha…esa belleza camina al lado tuyo, brillas ligero y con

calma, libre, fugaz.

Gracias amor por ser. 


***


Sé que nadie puede darme respuestas de lo que hago o que hay que hacer. Estamos mis actitudes y yo ante las situaciones, los actos que me definen, no los pensamientos. Soy yo quien puedo estabilizar o desestabilizar las cosas a mí alrededor, dentro de mí. Nadie dice te quiero o nadie tiende el oído para escuchar. ¿Un abrazo? Acá estamos escasos de amor.


***

Ana María Delgado (Maracay, Venezuela, 1996). Artista plástico, pintora e investigadora egresada de la Escuela de Artes Visuales Rafael Monasterios. Con una trayectoria que transita entre la pintura, el performance y la fotografia, su escritura opera como una extensión material de su propuesta plástica. A través de la poesía y el arte experimental —el cual imparte en su propio espacio, Fluye Art—, indaga en la crudeza de los vínculos modernos y la anatomía de lo grotesco.

La muerte de los grandes relatos inaugura el reino de las emociones breves

-Jesús Ferrero-


-En un reciente panegírico dedicado a la memoria de Luis Goytisolo, me lamentaba de que la narrativa de este siglo parecía incapaz de afrontar textos de envergadura como los realizados por varios autores iberoamericanos durante los años del Boom o como lo hicieron a principios del siglo XX novelistas como Marcel Proust, Thomas Mann o James Joyce. Casualidad o azar controlado, al día siguiente de aparecer mi artículo en ZdT encontré este otro del novelista español Jesús Ferrero donde profundiza en el tema y que considero valioso por cuanto analiza una actitud que es preponderante de nuestra época-. 


(mcabesa)


****


Cuando Jean-François Lyotard publicó La condición posmoderna en 1979, lo hizo en un contexto marcado por el agotamiento de las grandes promesas de la modernidad. Yo asistía en ese momento a las clases de Lyotard en la Universidad de Vincennes y recuerdo que el texto fue recibido con estupor positivo, como si se tratase de una revelación. El optimismo ilustrado, la fe en el progreso científico, las expectativas revolucionarias y las ideologías capaces de ofrecer una explicación total del mundo habían sufrido un desgaste profundo, según Lyotard. Las guerras mundiales, los totalitarismos, las decepciones políticas y la creciente complejidad de las sociedades avanzadas habían erosionado la confianza en cualquier relato que pretendiera dar sentido unitario a la experiencia humana. Lyotard describió ese fenómeno con una fórmula que se hizo célebre: la incredulidad hacia los grandes relatos era justamente la condición posmoderna.

Y esa incredulidad no se limitaba a la política o a la filosofía. Implicaba también una transformación de la sensibilidad que Lyotard no acabó de ver. Si ya no era posible creer en una narración total que organizara la historia, tampoco resultaba fácil aceptar formas narrativas que exigieran continuidad, paciencia y adhesión prolongada, me parecía a mí. Al final de su reflexión, Lyotard veía con simpatía la proliferación de pequeños relatos locales, parciales, fragmentarios. En esto coincidía con Roland Barthes, que había contribuido a desplazar la atención desde las grandes estructuras de significado hacia los discursos fragmentarios. Ambos percibían en la fragmentación una liberación frente a las pretensiones de las grandes ideas, que solo eran grandes por inflación.

Sin embargo, lo que entonces aparecía como una posibilidad estética e intelectual se ha convertido hoy en una condición general de la experiencia. Vivimos en un mundo de relatos breves, simples y discontinuos. Un mundo de comentarios. La narración ha dejado paso a la observación instantánea y el argumento se ha volatilizado. En lugar de seguir una trayectoria, seguimos una sucesión de interrupciones que conducen a una suerte de automatismo psíquico puro.

La transformación afecta tanto a quienes escriben como a quienes leen. El relato tradicional suponía una confianza en el desarrollo. Exigía atravesar zonas de espera, aceptar complejidades, acompañar a personajes durante largos recorridos emocionales. La lectura implicaba una forma de permanencia. Hoy, en cambio, la lógica dominante es la del fragmento autosuficiente. 

Los filósofos atribuyen este fenómeno a la aceleración tecnológica o a la sobreabundancia de información. Pero quizá exista una razón más profunda. Lo que el lector actual parece rechazar no es únicamente la continuidad narrativa, sino la continuidad emocional. Un relato largo obliga a permanecer dentro de una emoción durante un tiempo prolongado. Exige convivir con la incertidumbre, la tristeza, el deseo o la angustia sin la posibilidad de escapar inmediatamente hacia otro estímulo. El fragmento, por el contrario, permite entrar y salir de las emociones con rapidez. Ninguna experiencia adquiere suficiente duración como para transformarnos.

De este modo, la fragmentación narrativa refleja una fragmentación afectiva. La imposibilidad de sostener grandes relatos encuentra su correlato en la dificultad para sostener emociones extensas. El comentario sustituye al relato porque también sustituye al compromiso emocional que el relato exigía. Comentar implica mantenerse en la superficie de la experiencia. Narrar supone atravesarla.

Las redes sociales constituyen el laboratorio perfecto de esta sensibilidad. Allí predominan formas discursivas que nunca desarrollan una idea hasta sus últimas consecuencias. Cada intervención aparece aislada de las anteriores y destinada a ser reemplazada por la siguiente. La atención se organiza como una serie de presentes sucesivos sin memoria ni anticipación. En ese entorno, la continuidad se percibe casi como una carga. Por eso está de moda el aforismo, el único género literario que pueden soportar algunas redes sociales. Cada pieza debe justificarse por sí misma y producir un efecto inmediato. El lector contemporáneo parece reclamar una gratificación constante y desconfiar de todo aquello que retrase la recompensa.

Quizá la consecuencia más paradójica de la intuición de Lyotard sea que la emancipación respecto de los grandes relatos ha terminado desembocando en una dificultad para construir cualquier relato. La fragmentación, que en un primer momento prometía multiplicar las voces y enriquecer la experiencia, ahora se presenta como la puerta a una ignorancia desconocida hasta el momento.

El mundo posmoderno comenzó desconfiando de las narraciones que pretendían explicarlo todo. El mundo actual parece desconfiar incluso de las narraciones que intentan explicar algo. Entre ambos momentos se ha producido un desplazamiento decisivo: ya no solo hemos perdido la fe en las grandes historias; hemos perdido también la paciencia necesaria para habitar cualquier historia. Y quizá esa pérdida revele menos un agotamiento narrativo que una creciente incapacidad para soportar la duración de nuestras emociones, sus transformaciones, sus desplazamientos, sus paradojas. Dicho de otra manera: una creciente incapacidad para abordar con coraje y profundidad las vicisitudes fundamentales de la vida.


Tomado de The Objetive.com

26/06/2026

Ilustración: zendalibros.com

Horror por el tiempo: Juan Gabriel y María Zambrano

-Mario Amengual-


De inmediato, lo sé, el título que encabeza esta página apresurará juicios negativos o un rápido e indiscutible rechazo: parecerá caprichoso, traído por los cabellos, tenido por dislate para llamar la atención, mero tremendismo bajo la sospecha de intenciones comerciales… ¿Acaso no es burla e irrespeto juntar el nombre de la filósofa al del cantante (para muchos frívolo y egocéntrico) enaltecido en las rocolas y en emisoras de radio populacheras? ¿No puede deparar la falta de oficio o de mejores propósitos una verdadera y provechosa razón para escribir? Y como si estuviera ante un público ofendido, cuya inteligencia se siente agraviada, digo que tal asociación de nombres me vino por sí sola sin que yo estuviese buscando alguna honrosa manera de llenar unas páginas en blanco, aunque sólo fuese para burlar el aburrimiento.

Entonces, voy de una vez a mi cuento.

Hace pocos meses, un sábado por la tarde, sentado en la sala de mi apartamento, oyendo música variada, tratando de pensar con tranquilidad sobre lo que ha pasado en Venezuela en los últimos años, recordé que entre mis libros hay uno que había leído con mucho entusiasmo porque me deparó unas cuantas claridades: Persona y democracia, de María Zambrano. Lo busqué y después de sacudirle el polvo que delataba el mucho tiempo sin abrirlo, lo hojeé sin orden y sin atenerme al índice: frases o párrafos o páginas completas, destacadas con diferentes marcadores y bolígrafos, me refrescaron la agudeza y la pertinencia de algunas ideas de María Zambrano respecto a lo que sobre Venezuela yo trataba de elucidar:

Pues lo que sucede es que la palabra pueblo tiene dos significaciones. Una, la que designa aquella realidad social que hemos procurado describir o al menos señalar, que es distinta de la minoría, se llame aristocracia o clase dominante, está integrada de una forma o de otra. El pueblo como la realidad humana anónima que padece más que hace la historia, que interviene sólo en los momentos extraordinarios, esa especie de “éxtasis históricos” que luego resultar ser paradójicamente los momentos más históricos.

El otro sentido de la palabra “pueblo” es el que se refiere a la totalidad, el que incluye a todos los miembros de una sociedad determinada.

Y ese es el supuesto de la democracia: que toda la sociedad sea pueblo. 

Y como andaba de memoria fresca aquel día, recordé que alguna vez había publicado un artículo en el diario El Siglo, titulado “Mentiras sobre el pueblo” , y no niego que me sorprendieron y me agradaron ciertas coincidencias y afinidades de mis líneas con las de María Zambrano, sin que para entonces yo hubiese leído su libro y, por tanto, mediara su buena influencia. Me permito citarme:

Una de las abstracciones más traídas y llevadas por los cabellos en nuestra época, es el pueblo. Al amparo de ese inagotable sustantivo han prosperado ideologías, se han armado revueltas y se han hecho revoluciones y contrarrevoluciones. Pueblo es una palabra que todo demiurgo del lenguaje político debe llevar en sus labios para despertar las pasiones del electorado o de los menos favorecidos en la lucha por la sobrevivencia económica, que siempre han sido mayoría desde que el mundo es mundo. Hacer promesas al pueblo y comprometerse con él es sumar votos o asegurarse el respaldo de una multitud sin rostro que consagra la ambición de unos pocos.

Es por demás inevitable, aunque parezca inmodesto, destacar que mi artículo se refería en todo punto a otra élite política, pero con igual pertinencia puede señalar a la que ahora, cuando esto escribo, gobierna el país con aspiraciones hegemónicas y una insensatez más acentuada. Y, de nuevo, siento mejor sustentadas mis observaciones respecto a Venezuela cuando releo otras de las frases que algún día resalté en el libro de María Zambrano:

La demagogia es adulación del pueblo al afirmar aquello que tiene de fuerza elemental; la demagogia degrada al pueblo en masa. 

Hubiese seguido en ese tono de cotejar, comparar, reafirmar y quién sabe qué más de mis desencantos ciudadanos y políticos, siguiendo las sutilezas, agudezas y hasta diría premoniciones de María Zambrano cuando desemboqué en este párrafo, al mismo tiempo que de una lista de reproducciones de música mexicana en Youtube sonó una canción de Juan Gabriel. Leamos, primero, el párrafo de María Zambrano :

… se comprende que una vez despierta la consciencia, una vez que la voluntad existe, el tiempo sea sentido en forma más aguda, más angustiosa. Para el ansia de establecer un poder que ordenara universalmente las cosas terrenas, el tiempo es el mayor enemigo, la perenne obsesión. No deja de ser un dato curioso acerca de la sensibilidad de este momento, que el emperador Carlos V en su retiro en Yuste tuviera la obsesión de mantener el funcionamiento de los innumerables relojes que llenaban las habitaciones, en absoluta precisión y sincronismo.

Bueno es puntualizar que este párrafo es del Capítulo III, El absolutismo y la estructura sacrificial de la sociedad, y va con el intertítulo “Atemporalidad y eternidad en el absolutismo”, para aclarar a qué se refiere cuando dice “un dato curioso acerca de la sensibilidad de este momento”.

Y ahora, parte de la letra de la canción de Juan Gabriel, en esta extraña sincronía sabatina:

Abrázame que el tiempo pasa y ese no se detiene

Abrázame muy fuerte amor que el tiempo en contra viene

Abrázame que Dios perdona pero al tiempo a ninguno

Abrázame que no le importa saber quién es uno

Abrázame que el tiempo pasa y él nunca perdona

Ha hecho estragos en mi gente como en mi persona

Abrázame que el tiempo es malo y muy cruel amigo

Abrázame muy fuerte amor.


Entonces comienza de verdad la historia o todo contra la historia. Abolir el tiempo, arrebatárselo al destino, a Dios o a los dioses: no importa que te obsesiones con la precisión de los relojes o te dediques a viajar por el mundo o te drogues o te emborraches o te metas en uno y otro libro o en uno y otro burdel o en una y otra película o en una y otra fiesta: no corras, no huyas, porque tal vez el amor es lo único que no te redime pero te hace consciente del horror por el tiempo. Y en la madrugada, con el corazón acelerado y las lágrimas a punto, y sin saber qué hacer, el tiempo es el enemigo y déjame morirme en tus brazos y déjame que cuando acabe me muera y nadie y sólo tú en el punto menos indiferente del amor me veas morir, déjame morir en el único punto del universo donde la soledad pesa como un remordimiento y donde el amor es una lotería de las sensaciones y no de la pureza. Ahora ya no es la filosofía ni lo que quiera conjeturar, es el tiempo levantándose como un oleaje en tierras agrietadas, déjame morir en tus brazos porque el tiempo es el único asesino, no hay otro. Ahora todo lo que busque será excusa… nada, absolutamente nada, me alejará de ti que vienes con o sin tiempo: el mundo comienza y termina hoy porque el tiempo es el único verdugo, el que trae y lleva, el que lleva y trae, y por eso digo:

Dame un minuto ante la hoguera

dame el silencio en el escándalo

dame el respiro inútil

cuando me ahogo

dame la tristeza como premio

dame el cuchillo

de cada palabra

dame la hora en un reloj

sin agujas ni esfera

sin fórmulas ni bienvenidas

dame el tiempo

que necesito detrás de las excusas

dame un rato para ver

el tiempo de los tiempos

en los sueños y en la vigilia

y ser el ver absoluto:

lo único que me demora

en esta vida.

sábado, 18 de julio de 2026

El rugido de la tierra (III) | Antología post sísmica venezolana

Ante la pérdida no hay consuelo, sólo el dolor. Se acepta el dolor y la realidad poco a poco va apareciendo, poco a poco.

Alejandro Jodorowsky


El acto de escribir es más que plasmar palabras; es un gesto de abrazo hacia aquello que no podemos ver

 María Negroni


Frente a la violencia, el verso ofrece un refugio.

Czeslaw Milosz


***


Ha transcurrido el tiempo suficiente para que el polvo se asiente, para que las réplicas físicas cesen y las ciudades comiencen a lucir las cicatrices de aquel día de junio de 2026. Sin embargo, el verdadero mapa de la reconstrucción no se mide en concreto ni en asfalto, sino en los pliegues de nuestra memoria. Si la primera edición de esta antología fue un grito de auxilio en el caos y la segunda un testimonio de permanencia, esta tercera entrega se consolida como un monumento de la palabra: el registro definitivo de un país que aprendió a habitar su propia vulnerabilidad.

En esta tercera entrega, la mirada se expande y se profundiza. Aquí conviven las voces fundacionales con nuevas crónicas, relatos y poemas que ya no sólo narran la herida o el inventario de las pérdidas, sino el largo y complejo proceso de sanación colectiva. Los textos contenidos en esta edición exploran el peso de las ausencias que el tiempo no borra y la asombrosa capacidad del venezolano para refundar la esperanza allí donde antes hubo escombros. Es una mirada madura, reflexiva, que entiende que reconstruir un hogar va mucho más allá de levantar una pared.

Cuando la tierra calla, queda la palabra; cuando el tiempo avanza, la palabra se hace historia; y cuando la historia madura, la palabra se transforma en legado. El rugido de la tierra ya no es sólo el eco de un desastre, sino el canto de resistencia de un pueblo indomable. Estos textos son la prueba final de que, aunque el suelo falle bajo nuestros pies y la geografía se transforme, la palabra escrita, la memoria compartida y el abrazo de nuestra gente seguirán siendo el único cimiento capaz de sostenernos para siempre.


Rafael Ortega


Corrección de textos: Manuel Cabesa


Foto: Donaldo Barros Velásquez


***


Terapia de nada


destartalada    su voz

cruza toneladas de cemento 


       ella sigue esperando 

más horas  más días  y más noches 


el sufrimiento es insomne 


más toneladas de dolor que de cemento 

aprietan las noches 

hasta empujar con llanto la salida del sol


Y millones y millones de kilos de tristeza 

amanece pegada al desamparo


y millones de manos trabajan 

y millones de pies caminan 


alivian el dolor

que no cabe en ningún cuerpo 

no cabe en ningún lado 


Lali Armengol Argemí


***


7.2 - 7.5


De todos los idiomas 

que conversamos

no nos advirtieron 

lo que venía al final de esa tarde.


La vida trascendió 

en la descendencia abrupta 

prendida de cantos y canciones.


Una voz y mil voces se apagan,

pero las voces nacientes, 

sobrepasan el polvo 

y con la tarde la esperanza. 


Después 

nos ponemos de acuerdo,

después nos aletargamos 

y construimos barreras.


Hoy nos convoca la ruptura 

de nuestros cascarones, 

salir a predicar 

que después de la falla 

el sueño se arregla.


La vida se embolsa 

y desembolsa 

mientras sigamos respirando.


Hoy aprendemos 

que lo que le pasa a uno, 

nos pasa a todos,

ayudamos con todo 

lo que tenemos 

aunque sea sólo 

un creciente y nuevo

corazón.


Mirih Berbin

      

***


Encuentro con dron


Aquella tarde

ví los verdaderos colores del sol

al mirarlo directo a los ojos


después de hacer

una danza en el aire

el colibrí se posó en el cable 

a descansar 

y cruzamos las miradas 

hasta su vuelo 


Al descender

diviso a lo lejos 

una extraña ave

con un canto de motor 

le hago un zoom con mis ojos

se detiene en el aire

y extiende su lente directo a los míos


Skarlet Boguier 

    


***


La tierra vibró tan sólo 

treinta y nueve segundos 

y luego silencio denso, 

feroz antesala 

de la noche y de la nada.


¿Cuántos besos quedaron ahí,

esperando su momento?

como ese abrazo 

que no sucedió,

y nos entrega impávidos,

al sueño inevitable de la muerte.



Cipriano Castro


***


La tierra se estremeció, solo una tregua de treinta y nueve segundos para un nuevo rugido, las estructuras se movieron y en La Guaira cayeron los cimientos, se desplomó una ciudad entera, ésa que una vez fue un paraíso.

Amanecimos con una herida inmensa, un país de luto, con más de dos mil pérdidas humanas, un sangriento episodio que pasó en cámara lenta dejando cicatrices.

Los protagonistas de las terroríficas escenas relataron sus historias, lágrimas, preguntas sin respuestas, tristeza, dolor, resignación, gratitud e incertidumbre, una amalgama de sentimientos que varían de acuerdo al personaje.

No hubo guión, no hubo ensayo, ¿solo azar, destino o causalidad? ¿Quién sabe? Sólo sabemos que este cortometraje de ochenta segundos hizo crujir el alma de mi pueblo.

Muchos muertos, mutilados y otros con una herida que no sana, abrazando recuerdos, abrazando las sombras de un ayer, tratando de revivir las escenas donde fueron felices, se duermen llorando... abrazando la ausencia.


Dayana Chirel


***


1.


Nace en la grieta

una semilla insiste,

tiembla la tierra.


2.


Treinta y nueve

segundos y el silencio

aprende a hablar.


3.


Bajo escombros

la raíz no se rinde,

oscuro germen.


Kreysi Dersi


***


Crujió la tierra bajo mis pies


Crujió la tierra bajo mis pies,

quebró la vida con el asfalto,

destino incierto sin un después 

el latido al abismo dió un salto.


Miradas perdidas entre grietas,

toda existencia dió un gran revés,

se desdibujan vagas siluetas, 

crujió la tierra bajo mis pies.


Rueda un juguete cual fiel testigo,

una súplica se escucha en lo alto, 

clamo al Padre mano de amigo, 

quebró la vida con el asfalto.


En la penumbra de aquella tarde 

el Salvador con su sencillez,

brindó su apoyo sin mucho alarde 

destino incierto sin un después.


Con el alma herida y agradecida, 

al mundo con humildad exalto 

unió costuras en la partida 

el latido al abismo dió un salto.


Liliana De Toma Jiménez


***


Como la esperanza


Se ha de renacer

infinitamente

entre los escombros

con cada aliento

como la esperanza.


Alexis Escalona Santana


***


Ese día, se desnudó la tierra, 

para mostrar sus raíces.

Un silencioso rugido 

estremeció nuestros cuerpos.

Las aves emigraron antes de anochecer, 

los pájaros no vinieron por su arroz; 

quizás querían avisar 

con su ausencia, 

el gran rugido de la tierra.


¿Cómo entender 

que existen millones de grietas 

en un pedazo de tierra?


¿Cómo explicar a mi nieto 

que mientras corríamos 

escaleras abajo, 

miles no pudieron hacerlo 

porque el cemento, 

el hierro se hicieron cómplices?


Ese rugido no se olvida, 

prohibido olvidar las noticias, 

prohibido dejar de respirar dolor, 

prohibido no ver tantas grietas 

profundas en Venezuela.


Yacen los cuerpos 

bajo sábanas blancas, 

la transparencia del silencio 

me envuelve.

El rugido sigue en mi cuerpo 

tembloroso y triste.

Ya no seremos los mismos, 

la historia cambió de rumbo.

La vida ahora es un instante, 

dejamos todo lo que fuimos.

Fuimos todo lo que dejamos.


Doris Galíndez 


***

Aquí el sol no es un pretexto poético, es el peso insoportable que lo deforma todo. No hay sentimentalismo burgués, sólo la realidad desnuda, el absurdo de la naturaleza y la indiferencia del universo.

Hoy la tierra se ha movido en Las Tejerías. Recibí un mensaje, pero los teléfonos no cambian el clima.

La gente corre y grita por la calle. Los perros ladran a la nada buscando una lógica que no existe. Si la tierra tiembla de nuevo, que me encuentre aquí sentado.

El sol del 24 de junio era como un bloque de plomo. Hacía tanto calor que el aire vibraba antes del temblor.

Cuando la tierra se sacudió no pensé en un castigo divino. Pensé en la fricción de la piedra chocando contra la piedra bajo mis pies. Un edificio se agrietó como un huevo cocido. La naturaleza no nos odia, simplemente tiene movimientos que no nos toman en cuenta.

Camino por el medio de la calle sin mirar a los lados. Un golpe de calor me recuerda que sigo encerrado en este cuerpo. Nada ha cambiado, en realidad. El mundo sigue su marcha.

Todos gritaban el nombre de Dios en la plaza. Es curioso cómo la gente busca palabras largas cuando el suelo se estremece.

El sismo duró treinta segundos o quizás un siglo, los relojes no sirven cuando la tierra se balancea.

Al terminar, el silencio que quedó era más pesado que el mismo temblor.

La iglesia del pueblo se tambaleó como un borracho. La campana dio un solo golpe, fuera de tiempo, un eco falso. Y se alborotaron las avispas.

Mientras los hospitales de todo el país colapsaban atendiendo sobrevivientes y heridos, en el hospital de Las Tejerías sólo se presentaron casos de picados de avispa.

Los fieles salieron corriendo, tropezándose entre ellos. Me preguntaron si tenía miedo de morir. Respondí que morir hoy o morir a los ochenta años es exactamente lo mismo.

Vi caer un muro de adobes viejos. No cayó con ruido de guerra sino con un suspiro de polvo. La nube gris lo cubrió todo. La gente tosía a mi lado buscando rostros conocidos. Yo me limpié el polvo de los párpados y seguí caminando hacia ninguna parte.

Un vecino corría buscando las llaves de su casa destruida ¿Para qué cerrar una puerta que ya no sostiene ningún techo? El apego a los objetos me resulta ajeno, casi cómico. La tierra se mueve para recordarnos que no somos dueños de nada, ni de las paredes, ni del día de mañana, ni de la mujer que llora abrazada a mis rodillas.

Llevaron la imagen del santo a la mitad de la calle. Le rezaban para que calmara las réplicas del sismo, pero el yeso no tiene oídos y la tierra no sabe de promesas. No hay misterio en ello.

Si el suelo vuelve a vibrar, las estatuas caerán primero, es una ley física elemental.

Al otro día, a las cuatro de la tarde, el subsuelo volvió a gruñir un temblor corto, un recordatorio innecesario.

La multitud volvió a entrar en pánico, un reflejo automático y torpe. Yo ya me había acostumbrado al vaivén. El universo es una máquina que se ajusta a sí misma y nosotros somos sólo hormigas.

La noche del 24 de junio el cielo era vasto, negro e indiferente. Yo me acosté en mi hamaca sintiendo la vibración residual de las rocas profundas. Extrañamente en paz, absuelto de toda obligación, comprendiendo que el desastre y la vida son la misma vaina efímera.


Manuel García (Max Bembo)


***


Desecho. Desechado. La mirada se vuelve blanda y lenta como el hambre. Los brazos dejan de alzar vuelos otrora fluidos y marcados por un planeo en cámara lenta. Ahora todo es parido por lo vertiginoso, por lo que no se sabe, por la zozobra y una angustia que muestra señales de ser perpetua. Los pies lucen el cansancio de pasos dejados en cada esquina en la que respira el eco de una mala vaina. Un fantasmeo toma la escena y la historia da el giro inesperado que encanta, porque sentir excitación habla de estar vivos negando lo moribundo que nos habita. El traslado se hace desde el dolor no bien administrado, no aceptado como crédito o banda sonora de una historia que como un loop, nos restriega en el rostro, risotadas de payaso desvencijado. De un lado (en tiempo pasado perfectísimo) la risa era una constante sin razones previas, sin motivos ni reales ni aparentes, sin la búsqueda de complicaciones varias. Las voces mostraban claridad de vidrio limpio y las palabras solían ser pronunciadas con el respeto que ahora descansa en una especie de frase luctuosa. Antes, ese lado era una fiesta non stop y desde la algarabía, los cuerpos buscaban darse el fuego primigenio y así crear otras candelitas que al crecer, serían flamas serias y con la profundidad de lo sabio. De este lado, la vida era una celebración de lo noble, de lo bello. Ahora, sin aviso, sin señales, sin advertencias, la piel se sirve inmisericordemente para que sólo lo oscuro tenga voz y voto, poder desde un podium construído con el resto de lo que alguna vez fue madera fina. Ahora toda palabra proferida, tiene el tufo que sólo la ignorancia exhala desde su costra secular. Ahora la vida era el descuento incesante de aquello que daba brillo y luz a la presencia. Una pregunta rebota como un balón pateado por bobos millonarios “¿En qué momento la mierda empezó a ser vista y codiciada como si fuera oro?” La respuesta no hace acto de presencia y el miedo abarca más terreno que antes. Basura, es el único término que echa raíces en tierra negra y asustada. El paisaje, luego de perder la memoria de los colores, se muestra enjuto, tristemente célebre, dejando amargor en la mirada. La exclusión es la norma, la regla, la ley. La separación promueve gran cantidad de sectores en los que el denominador común es la arrechera ad libitum. Ahora los dedos sin látigos de los que cuelgan un montón de caricias que no llegaron a darse por esa manía de esperar “un momento especial”. Ahora es un Momentum aterrador el que despliega pasillos y umbrales para hacer del castigo, santa palabra. Llanto. Lo que se oye es llanto, la pena cuelga de cada cuello como un rosario, y cada cuenta, es una verdad que por prejuicio, no fue pronunciada con los honores correspondientes. Arrumados. Esa es la novísima condición. Como sacos pestilentes que ayer contenían flores, hoy esos pétalos son llagas purulentas convertidas en signo inefable. Unos tras otras, en densa marcha, habitamos un espacio del que siempre se había escuchado hablar desde la ficción. Hoy la realidad supera esas ínfulas de verlo todo como recién inventado para lograr efectos de corte literario y sella el destino de todos bajo un eco intermitente: olvido. Preguntar ya no es ni urgente ni necesario, es como si todo el mundo, desde el silencio, esperaban este resultado procurado por la necedad con la que se jugó muy pendientes de perder. De este lado, mínima lumbre y oración cansada. De este lado, lamento inútil y fuerza desnutrida. No hay valor. No hay premio valioso. No hay palabra vestida de cordialidad. De este lado, negrura malsana y una maldición que flota como una bomba aerostática de la que salen vapores que inducen al constante vómito. Los cuerpos lucen costillales como si fueran reses carcomidas por la inanición. El arrastre de los pies propone una sonoridad pasmosa, como sin la muerte llevara la batuta y en una sinfonía atonal, fijara un fin que no llega, porque este lado y el infierno, son parientes. Un Ave María se escucha a lo lejos, mientras alguien ríe con la burla atiborrada en la boca. Nadie pide que termine. Nadie pide que cese la ignominia. Nadie solicita pausas ni explicaciones. La culpa jamás había tenido tanta razón y tantas mentes disponibles. La resignación se ve fortalecida y pagar se asume como un ritual lastimero. Los días ya no se cuentan, pasan sin nombre y sin honor. La danza de este lado se impone con la saña del dolor y la intención de lo que produce asco absoluto. Una última canción es cantada como un himno a lo dejado atrás y el olor agridulce de lo que perece, le otorga muecas de indigencia a cada hombre y cada mujer que con el ritmo de quien va al cadalso, se van despojando de jirones sobrantes para entregar su humanidad entera al oprobio. El luto se clava justo en el pecho. La bendita cruz, nunca antes había tenido tanto sentido. Las iglesias callaron su maldito canto… Amén.


César León-ladagaOxidada


Instalación fotográfica: Anthony Berríos


***


Cuando lo malo se vaya

Cuando el rugido se vaya 

y nos veamos de nuevo 

nos contaremos la forma 

como evadimos la muerte.


Cuando lo malo se vaya 

y mi sonrisa te encuentre 

el abrazo será muestra 

de una vida nueva en puertas.


Con el corazón lloroso 

celebremos las ganas 

de seguir siendo muchas

manos, brazos, ojos, rostros.


Cuando este crujir seco pare 

habrá de nuevo tiempo 

de acompañar, hablar y ser 

humanos otra vez 

caminaremos.


Luis Lira Ochoa


***


El canto de la grieta          

                                                     


¿Quién le enseñó 

a rugir a la arcilla

a este suelo 

de palmeras y olvidos?               

                                               

Madre telúrica             

vieja ausente

hoy te pareces tanto 

a las poetas que callan

guardas el fuego en las entrañas 

y cuando el silencio te ahoga

pides la palabra 

con un grito de piedra                          

                                              

Miro la zanja 

que dejaste en el patio

un tajo limpio 

dividiendo el mapa de la casa                

                                               

Allí donde se hundió la esquina 

alguien de cuyo nombre 

ya nadie se acuerda...

dejó una carta a medio escribir

un café                                             

más se enfrió en la sacudida

una vida que se volvió 

escombro y eco

                                                   

No eres cruel... tierra mía 

sólo estás cansada Cansada de sostener 

el peso de nuestros pasos ciegos   

                                          

Por eso tiemblas

por eso crujes

para recordarnos             

más polvo somos 

bailando sobre el lomo 

de un gigante dormido                                                                                                                                                                                                           


Bettina A. B. Magdaleno


***



¿A qué vino el terremoto? Se preguntan unos pocos, otros lo asumen como algo cíclico y natural. Sin preguntas, pasó y ya. Pero, acaso usted no sintió moverse los cimientos del alma, el alma de nuestro país, o simplemente asume que fue Saturno devorando a sus hijos. Lo cierto fue que tembló el budare, se resquebrajó la arepa y nuestro pabellón sangró; de rojos matices, se tiñó el cielo.

Nos habló la tierra: - Terremoto - Te ~ rre ~ mo ~ to… palabra repetida, estremecedora. Un énfasis que en treinta y nueve segundos sacudió al tricolor - arrancó vidas, con la misma indiferencia con que usted lanza su basura al mundo. Retumbó la verdad de una grieta, la más grande de todas las heridas que hace mucho viene soportando.  

¡Desplomes… ¡Unos quedaron en shock, otros, tapiados en vida; otros congelados en el obediente uniforme… “inertes como si nada pasó”, otros cual androides con alma, removiendo escombros con sus dedos sangrantes. No faltó algún rábula echándole la culpa a Dios. Sin duda hay réplicas obnubilando los sentidos. Ciertamente hay zonas en escombros y ruinas; como miseria humana en algunas mentes. Algunos aprendimos alguna lección, otros nunca aprenderán nada. (ni con diez temblores). 

Hoy con cada vida salvada vibraron corazones, viendo a Tsunami moviendo su cola - se desbordó en lágrimas el mundo, tu mundo, mi mundo; lágrimas limpiando nuestra ceguera; dolor que vino a disipar los límites, a romper las divisiones y recordarnos lo que realmente somos “ni escuálidos, ni gorgojeros”. Cayó la ideología y la palabra HERMANDAD, así en mayúscula se elevó hasta cielos. Hay dolores que llegan para remover la fibra humana. Para recordarnos que estamos hechos de bondad, de compasión, altruismo y otredad; que no somos simples zombis, ni un avispero de rábulas concupiscentes. Los venezolanos somos luz, esa luz que brotó de las entrañas apartando sombras con el brillo de la solidaridad. 

A los caídos llegue nuestras plegarias.

¡Dios es amor y con él, Venezuela se levanta!

 

Argelio Martínez


***


Tal vez el tiempo sea

la más cruda evidencia

de que es precisamente 

una grieta

lo que sostiene al hombre. 



Benjamín Eduardo Martínez Hernández


***


Telúrico


aún vibra 

el cuerpo 

39 segundos 

de nuestra 

memoria.


Ysbel Mejías


***


Diario 


No sólo es desafortunado

este pueblo

sino sus habitantes dijeron los señores

cuando ocurrió el terremoto de 1812 y después

lo volvieron a decir en 1967 cuando varió

el ritmo del cielo y los supermercados

fueron patas arriba resbalando en sus propias conchas

Con sus neveras potes de maíz vinos en latas

y las mansiones cayeron a tierra

y yo custodié mi casa puse estacas en mi cama

perolas de leche

y hablé con mi papá y mi mamá de la muerte

soplándole un cabillazo a la noche

perturbado por el sueño

y la ciudad tapiada… 

IGUALITO a Jack Lemmon

en Días de vino y rosas

me levanto

y busco la última botella

de ron

entre los helechos.

Vuelto añicos

En los primeros vidrios del día

contemplo

el rostro ido de mi madre muerta

y a tu voz desde la habitación

que me dice:

«No serás Rimbaud en la Comuna».

«No serás John Keats

metiéndole fuego a la muerte».

«Ni el gran Ted Williams y sus tres coronas

de bateo bajo el juego de luces

del Fenway Park».

—Como ofidio manso repto por la casa—.

Desnudo como Nabucodonosor

comiendo paja por todo el apartamento

me encierro en el balcón.

Habito y hablo con las bestias

de reyes perdidos.


William Osuna


***

Escombros


Tarda pero no olvida

¿qué es lo que tarda pero no olvida?

el pensamiento no puede intentar

algo más que repeticiones


Visión adivinatoria busca restos de luz

vislumbra el temblor de la oscuridad

hay polvo flotando cerca de la nariz, 

el olfato aumenta, la sed aumenta, 

la desesperación es un ser que empuja

tratando de quitarse de encima a otro ser


El tacto sufre, el cuerpo disminuye 

entre materiales sólidos invisibles, 

la audición funciona más y más 

pese al polvo que ha entrado en los oidos, 

lejos se oyen gritos, motores,

ladridos y más cerca algo tan parecido

¿a una tribu? ¿al corazón

que también danza en la cabeza?


Los ojos parecen estar cerrados 

pero los mantiene abiertos

por todos lados escucha rasguños



José Pulido


***


En estos momentos, en los que hablar de literatura puede parecer un acto frívolo, recuerdo un capítulo de la Rayuela de Cortázar, en el que Oliveira llama a las palabras "perras negras". Era un insulto para expresar la angustia que le producía la incapacidad del lenguaje para nombrar la realidad cuando es rebasada por una contingencia, como esta que hoy enluta a Venezuela.

No obstante, otra lectura puede pedirnos a gritos que dejemos salir a las "perras negras", porque mantenerlas prisioneras las puede convertir en una jauría demoledora de emociones o, también, se pueden morir dentro de nosotros, y su descomposición nos enloquecería.

Solo la palabra puede quitarles peso a esas imágenes dolorosas que hoy nos embargan. Habla de tu dolor, así no puedas explicarlo.



Les Quintero


***



Temblores en la noche de San Juan

 

Digo que en esta noche 

de San Juan, 

la mano del Leviatán 

tiñe de negro todo el espacio.


Los edificios se asoman 

a sus ventanas

presienten el doble 

escalofrío.

Tambor de selva, danza salvaje 

¿este será el último paso?  

                                   

Espigas de adrenalina 

barren la sangre,

figuras corren,

figuras quedan 

con el abrazo de despedida.

 

La tierra lanza rugidos,

exige la propiedad privada 

de su equilibrio

¡Ay qué dolor! 

Mis vecinos, familias, 

amigos, hermanos

todos y cada uno, 

en el doble destierro 

de sus espacios.


Digo que San Juan 

en este dia de su festejo, 

voltea la espalda

y dos veces agacha el dedo

Alguien grita: 

"Llega el rescate".

¿Allí es dónde quedan  

sepultados los suspiros?


Mi tristeza se agrieta

¡Ay qué dolor! 

Dolor de parto 

por mi patria tan devastada.

Impotente siento

derrumbes 

mientras mi mano excava  

mi unico Haikú:


"Me siento muda

temblor en mis entrañas

se cae mi alma"


Gladys Ramos


***


Tremor del suelo

relámpago de la tierra

parda y rota



Solange Rincón


***


¿Por qué?


¿Me pregunto por qué?


Son lecciones 

dirían los sabios teólogos, 

los constructores 

dirían fallas de diseño.


Y para esa madre 

que perdió a sus hijos, 

¿por qué fue?


Para ese padre 

que sacó el cuerpo inerte 

de su familia 

¿qué fue?


Y tú te quejas 

porque perdiste el bus.



 Yudexmar Rodríguez


***


Hoy entro en esa ansiedad 

reconociendo que no es sólo mía.


Está noche extrañamente fría 

se detiene nuevamente 

la arena que indica 

lo que se debe o no hacer.


Pero aquí estoy, 

estamos apostando 

lo que habíamos escrito.


¿Es que acaso se perdió 

el derecho a soñar?

Esos acordes 

ya no suenan igual...


Las grietas cada día 

siguen dando paso 

a esa cuerda floja 

que habitamos


¿Los pájaros sienten lo mismo?

Ayer uno de ellos 

me pasó por la cabeza 

eran las seis con 45 

y para mí fue tan extraño 

que me visitará en el patio, 

aleteó tan fuerte, 

no se de su mensaje.


Ya todo es tan incierto, 

el cielo y su púrpura, 

naranja y turquesa 

a las siete con treinta 

como aquel 24 

dónde salió el sol 

a la izquierda.


¿Que pintamos está vez? 

¿Que expresamos 

sin temor a ser enjaulados? 

Silencio, el olor de las almas 

lo trae el viento...


La oscuridad invita 

a detenerme,

pero la vida 

sigue siendo lo tenernos, 

el querer seguir tejiendo...


Yeniffer Sabaleta Arcano


***


Más allá del terremoto


Ando en búsqueda de mí.

No sé cuándo 

No sé dónde 

No sé cómo

No sé porqué 

Solo sé que me perdí 

y también sé que todos 

podrían vivir sin mí,

menos yo.

Desespero cuando me espero 

y no aparezco;

entonces, acudo 

a mis paraderos 

acostumbrados, 

pero, así será mi tristeza, 

que sólo veo escombros.

Me detengo en cada sitio 

a ver si me consigo.

Ya me asusta llegar 

y no reconocerme.

¿O será que mis paisajes 

ya no son los mismos; 

que no conseguirme 

es no conseguirte; 

que ya no estamos 

ni tú ni yo ni el lugar 

ni nadie porque la furia 

temblorosa de la tierra 

fue tan grande 

que tumbó al cielo 

y éste arrastró todo 

con él en medio 

del más horroroso 

de los estruendos?


Eliezer Salinas Delpino 


***


También hay que honrar 

a los salvados. 

Yo los abrazo

yo les sonrío.

Sonreímos todos 

los salvados, tú y yo

sonreímos.

Y también lloramos.

Por los muertos

por nosotros

por los salvados.

Porque ellos se han quedado 

solos. Sus antiguos 

hogares ahora son escombros.

Sus mascotas, su vieja radio 

la cobija preferida, su laptop 

su celular con las fotos de sus hijos

esos niños que nunca más 

estarán a su lado.

Todo se ha ido, la vida 

que tuvieron ya no será. 

Pero allí están, de pie frente a sol

los salvados. 

¿Acaso no hemos hecho lo imposible por ellos? 

¿Acaso no hemos escarbado la tierra 

con nuestras manos desnudas

buscándolos?

Honrar a los salvados 

es honrar también a los muertos.

No seamos injustos.

No los dejemos a un lado.

Míralos, existen.

Por un instante, sonríeles.

Míralos, en sus ojos

permanecerá para siempre 

un brillo perdido

en cierto modo, desquiciado.

Pido respeto, un momento 

de silencio y sonrisa, a su lado. 

No debemos olvidar 

a nuestros muertos

pero tampoco 

a nuestros salvados.


Fedosy Santaella


***


Mis flechas mortíferas 

no vuelan,

transitan como hombres.


Rumiando a ciegas, 

resisten,

no se apartan

para oír mi réplica.


El crujir de sus miedos: 

son espinas intentando vivir 

de la acumulación del polvo

con los labios apretados 

y los ojos entreabiertos.


De su ira a la mía

el silencio arranca 

lo que sobra.


Pero yo abro grietas 

de carne profunda

con el mismo hachote 

que abraza furiosamente 

a los suyos.


Y aún ahora,

que siento mi alma 

no me detengo a pensar 

en sus raíces, 

como si la muerte 

fuese el último punto 

dónde quiero esconderlas. 


Iliana Santana


***


La noche cae


La noche cae y con ella, 

las angustias de oír gritos y gemidos 

ahogados tras toneladas de concreto.


La noche cae y con ella, 

el temor de ver llorar el cielo 

sobre los crujientes hierros.


La noche cae y con ella, 

los párpados cansados 

de no dormir... 

de tanto llorar.


La noche cae y con ella, 

la incertidumbre se hace eterna.


La noche cae, ¡Dios! 

pero que no caigan 

las esperanzas.



Emalida Viloria


***



39 segundos


El reloj es un animal que respira en la nuca. 

¿Qué carajo importa el presente?

Te ríes y saltas en un desorden sin fin 

mientras la ciudad sigue gritando, ignorante,

en su vieja rutina de humo y concreto.


Treinta y nueve segundos.


Te llaman, te llamo, nos llamamos...


Los nombres se vuelven listas de urgencias

y los rostros dejan de ser anónimos: 

ahora nos pertenecen a todos.


Treinta y nueve segundos.


Uno, dos, tres, cuatro, cinco...


Miras: todo desaparece.

La nada se torna gris;

los gritos, el polvo, la tierra 

que cruje bajo los pies.


Treinta y nueve segundos para mandarlo todo al carajo.


Rabia, ansiedad, el miedo seco, el llanto.


Treinta y nueve segundos...

y, de pronto, el peso del vacío.


La saliva sabe a ceniza.

Ya no hay conteo, ya no hay prisa.

Sólo queda el silencio.



Cedric Zambrano

(Fuente: La voz del Valle de Caracas)