La emoción no es lo que se siente, sino lo que se hace con ello
Paul Valéry: Cahiers
La publicación de Roto todo silencio (UCV, 1975), supuso la llegada de una voz íntima que a pesar de la brevedad de los textos que componen el volumen, o quizá por eso mismo, implicaba una mirada atenta hacia el mundo que parecía rodear a la joven poeta:
serás tú
quién libre la batalla
y aceptes
lo que otros decidan por ti
Con el correr de los años, los versos de Edda Armas ha ganado en longitud y su obra se ha expandido en una nutrida cantidad de títulos que han circulado secretamente en editoriales de poca difusión, sólo al alcance de unos pocos elegidos.
Pero a pesar del tiempo transcurrido su poética se ha mantenido fiel al ejercicio de la mirada hacia esos elementos o instantes que suelen pasar desapercibidos para la mayoría, pero para nuestra poeta contienen gran significado.
María Clara Salas ha escrito: "En Edda, lo visual predomina para ser convertido en presencia inédita, inesperada, de una densidad poco usual, Edda ve las posibilidades de ser en cualquier elemento, allí donde los demás no se detienen, ella pone sus ojos y edifica el poema"; ése es el caso de su poemario Fruta hendida (Kalathos, 2019):
Extraño aroma
que sólo ahora, a esta edad
comienzo a percibir.
No proviene de la flor ni del fruto
sino del querer renacer
Huéspedes de la cotidianidad, las frutas discurren en silencio, esperando prestar sus beneficios hasta que la mirada de la poeta se posa sobre ellas y redimenciona su existencia: no un simple alimento, sino compañeras de vida con vida propia; en los textos que abren la primera parte de Frutahendida, presiento el eco del Francis Ponge de Le parti pris deschoses (N.R.F., 1942):
Veo las frutas en la cima
siendo recompensa en días áridos
de indivisas despedidas
y sueños a la mitad
(...)
Elige una, aunque áspera te sea.
La más distante o la más esférica,
y álzala con su azul erotizado por la nostalgia
en el invisible ritual
de invertir el infortunio
Edda Armas y Manuel Cabesa en la Fundación Ludovico Silva (noviembre, 2005)
La nostalgia es una palabra clave dentro de la obra de Edda Armas: los fantasmas familiares, las ciudades recorridas, los paisajes, las configuraciones del arte a través de la imagen fotográfica conforman un catálogo de añoranzas que van ocupando su espacio entre las frutas de este emotivo bodegón de palabras.
Caben destacar las imágenes que acompañan esta edición obra del fotógrafo Fernando Adam que se concatenan con los poemas de manera armoniosa: un preámbulo visual a la extrañeza de las palabras que conforman cada una de las partes del libro.
Sobre esto ha escrito Victoria D'Stefano: "Las imágenes, sean poéticas o fotográficas, pues ambas aspiran a hacerse presencia y visión del aquí y el ahora, siempre comportan preguntas sobre lo que muestran y lo que ocultan, sobre lo que pueden o no retener, y sobre todo, lo que pueden detener en el espacio y el tiempo. La auténtica y verdadera dimensión del tiempo es sólo el presente, instante decisivo, instante efímero, y todo lo demás es pasar y volver a sumergirse en el flujo de las cosas":
Hoy que Luis Alberto Crespo está de cumpleaños, recuerdo que lo vi por primera vez en la casa de Juan Sánchez Peláez, a quien también conocí ese día; lo vi, no hablamos ni nada hasta donde me llega la memoria. Fue Luis Alberto Angulo quien llamó mi atención sobre la presencia de Crespo en aquel jardín donde compartíamos.
Estábamos ahí de visita los participantes del taller de poesía del Celarg, que coordinaba el poeta Luis García Morales: estábamos para conocer a Juan, para deslumbrarnos con su presencia. Éramos los muchachos y ellos "los mayores", por eso no creo que haya podido conversar con Crespo.
Era 1980 u 81, los días de "Resolana" de Crespo, "Terredad" de Montejo, "Sereno Rey" de Acosta Bello, "Las edades perdidas" de Gerbasi, "Círculo de sombras" de Pérez Perdomo (que había ganado el Premio Nacional de Literatura); la poesía venezolana estaba cruzando por un momento de esplendor y nosotros éramos sus beneficiarios.
Nos vimos de nuevo en Maracay, en 1995 durante la presentación de su libro "Más afuera" y después otras veces más cuando presidió la Casa de Bello y hicimos algunas actividades en la Biblioteca Agustín Codazzi. Pero de momento quisiera recordar un par de encuentros que forman parte de mi anecdotario.
Una de las veces en la Ciudad Jardín fue durante la entrega de la última edición del Premio Miguel Ramón Utrera en los jardines del Hotel Maracay (que hoy ni sé cómo se llama); estaba reunido con mis amigos Jorge Gómez, América Zurita, Marcos Veroes y Nesfran González, cuando llegó Crespo acompañado por el poeta Pedro Ruiz. Nos saludamos con aprecio como siempre, hice las presentaciones de rigor y luego de un rato me llamó para preguntarme si nos podíamos tomar una cervecita en la fuente de soda frente a la piscina mientras el acto daba comienzo... y hasta allí fuimos.
Una vez ubicados, también se fueron acercando los amigos y no sólo ellos, otras personas que vieron la movida y por curiosidad de conocer al poeta y participar de la improvisada tertulia fueron arrimando sillas y haciendo bulto; tanto así, que en la mesa donde estábamos (y de donde no nos movimos) había un equivalente de personas igual a las que se quedaron en su puesto para el acto. Lo que creo que no fue muy del agrado de los organizadores.
No recuerdo cómo nos terminó de ir, pero sí que cuando llegó la prensa a cubrir la entrega del Premio hicieron sesión aparte para entrevistar a Crespo y tomar fotos del momento en que departíamos todo ese gentío frente a la piscina.
Tiempo después nos vimos en Caracas durante la presentación de mi libro "Un lento deseo de palabras" en el Museo de Bellas Artes en el marco del Festival Mundial de Poesía de ese año.
Monteavila presentaba los nuevos títulos de la colección Altazor y los encargados de hablar de cada uno eran el catire Enrique Hernández D'Jesús y mi amigo Gonzalo Ramírez; al llegar el turno de mi libro el director de Monteavila, Carlos Noguera, le pidió a Gonzalo, que ya se aprestaba para hablar, le permitiera hacer la presentación personalmente, lo que llamó la atención del público porque fue el único libro del que quiso hablar haciendo hincapié en que me conocía desde muy joven por lo que se entendía aquello como una deferencia hacia un poeta apenas conocido para la mayoría de los asistentes pero a quien calificaba como un amigo de toda la vida.
Una vez en el podio, frente a mí estaban Crespo y Palomares a quien había conocido la noche anterior. La sorpresa fue que al terminar mis palabras y los agradecimientos de rigor e intentar regresar a mi sitio ambos hombres se pusieron de pie y se adelantaron a recibirme con abrazos y grandes palmadas en el hombro, lo que hizo que se redoblaran los aplausos y que sintiera en ese momento una emoción que todavía no puedo describir.
Un honor inmerecido por parte de aquellos hombres que habían escrito varias páginas brillantes en nuestra literatura a lo largo de muchos años y que se ha vuelto para mí una especie de compromiso que se mantiene vigente en el tiempo.
Palabras que son flores que son frutos que son actos...
Octavio Paz: La estación violenta
Edición y nota:
Manuel Cabesa
***
Luis Alberto Crespo: 85 años
Memoria y paisaje no son verbos, pero son las palabras donde germina la poesía de Luis Alberto Crespo quien, este 13 de abril arriba a sus 85 años, ambas palabras derivan en el lector en otra no menos importante dentro de su obra: nostalgia.
Con la publicación de "Si el verano es dilatado" en 1968 la obra de Crespo fue recobrando desde el principio el linaje familiar, la aridez de la tierra nativa, las visitaciones del tiempo a través de la palabra.
Con los años sus versos se fueron angostando, sin perder su sustancia: escribir en el hueso, dejando la imagen desnuda, apenas rozada en el lugar del resplandor: "la vida en el borde del encantamiento".
(mcabesa)
***
¿Qué es lo que quiere este invierno?
Él no es mi país
Solo sé que es entumecido
Que se arropa dentro de sí y no con lo humano
¿Por qué quiere que yo lo reciba
Que pertenezca a su tiempo helado que no saluda?
Me niego a hablar
Su lengua de navaja
No soy de los suyos
Y me le escondo
Se lo confieso a mi aridez
A esa apasionada del sudor
Que vive conmigo desvistiéndose
***
Escribo con un cuchillo
Me saco de mí
Lo que de tanta lágrima
Es tizne
Una mancha
Donde raspo cal
De mi cara
Una escritura
Como la calle San Juan
La leo con sed
La miro de cerca
De este lado de la cicatriz
***
jsp
Perdóname
Que haya tardado
tanto en visitar tu eternidad
Vi volar a un colibrí
***
La casa que tengo que hacer
para ir a tocar la puerta,
para ir a decir que ya llegué,
que ya vine
La casa que tengo que inventar
cuando regrese,
todos los días,
tiene las manchas del gavilán de allá
y los vuelos de zamuro que llevan mi nombre
por el cielo duro del techo
***
Diecisiete
Yo no tengo que mirar ese pájaro
para que siga ahí
dándome belleza
Sólo necesito observarlo
en el recuerdo
Y la rama tampoco necesita estar
si se estremece
Me basta cerrar los ojos
para que tiemble
para que la roce con el monte el suspiro
***
Otra
Como la montaña,
el nubarrón en el techo
La lluvia vieja
Toda la casa en el cerro
con su agua subida, su leche
Nosotros, su animal,
lamiéndola
***
Decías
Dime no me fui como te dije
para que no me vieran por dentro
Dime que fue así,
ahora que no puedo oírte desde bien distante
Que no se supo nada por el mal tiempo,
los truenos
Lo que decía yéndome
Dile eso, que yo no vivo aquí,
que me mudé unas casas más abajo.
***
Seme fijo
Deja que se pose
una paloma
sobre tu manera
y vámonos
aunque sólo haya una pluma para caernos.
***
Es tarde
Unos perros ladran en mi sueño
a las sombras de otro tiempo
***
(Poemas seleccionados por los integrantes del Taller Literario Libertad Bajo Palabra)
A menudo se nos dice que el 23 de abril es el “Día del Libro” porque tres gigantes —Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega— se despidieron del mundo en fechas cercanas. Sin embargo, para nosotros, que habitamos un siglo de pantallas encendidas y notificaciones incesantes, esta fecha no puede ser un simple ejercicio de nostalgia. Celebrar el libro hoy es, ante todo, un acto de resistencia; es nuestra capacidad de hackear el tiempo y reclamar el espacio que la prisa intenta arrebatarnos.
La conversación que atraviesa los siglos
Existe un mito persistente: que leer es un acto de aislamiento. Nada más alejado de la realidad. Cuando abres un libro, el silencio de la habitación se transforma en un coro. Leer es, en esencia, una conversación de alta fidelidad con mentes que habitaron geografías distantes, pero que latieron con nuestros mismos miedos.
Como sugería Francisco de Quevedo en su célebre soneto, leer nos permite “escuchar con los ojos a los muertos”. Pero no lo hacemos como quien visita un museo de reliquias; lo hacemos como quien busca un aliado. En nuestras letras hispanas, ese puente se vuelve vital: el libro es el único dispositivo capaz de conectar nuestra subjetividad actual con la sensibilidad de aquel que caminó por la Tierra hace cuatro siglos. Al pasar la página, la soledad se disuelve, porque descubrimos que nuestras búsquedas ya fueron transitadas y nombradas por otros.
La imaginación como territorio libre
En la era del algoritmo, donde el contenido parece diseñado para que no tengamos que elegir, el libro se erige como el último refugio de la soberanía personal. El 23 de abril no es solo la fiesta del papel; es la reivindicación de nuestro derecho universal a la sospecha y a la maravilla.
Jorge Luis Borges afirmaba que el libro es la más asombrosa de las herramientas humanas porque, mientras las demás son extensiones del cuerpo, el libro es una extensión de la imaginación y la memoria. La palabra escrita nos exige ser coautores: el escritor ofrece el mapa, pero nosotros trazamos los relieves y ponemos los rostros. Esa capacidad de visualizar lo que aún no existe es el músculo que necesitamos para cuestionar lo “normal” y construir una identidad que no sea impuesta por una pantalla.
Un patrimonio que nos pertenece
El conocimiento no es un trofeo para una élite, sino un mapa colectivo de supervivencia. Somos herederos de una memoria inmensa que nos enseña que la empatía es nuestra tecnología más avanzada. Martha Nussbaum, filósofa contemporánea, sostiene que la literatura desarrolla la “imaginación narrativa”, permitiéndonos habitar la piel de quien es diferente a nosotros. En ese ejercicio de traducción emocional, dejamos de ser espectadores pasivos para convertirnos en ciudadanos críticos y, sobre todo, más humanos.
Conclusión: El fuego que viaja en el tiempo
Que este Día Internacional del Libro sea una invitación a cruzar ese puente de papel. No leemos para acumular datos como si fuéramos archivos, sino para desatar las cuerdas que nos atan a lo inmediato. La literatura es la prueba de que, a pesar de los abismos de la historia, nunca hemos estado solos.
Al abrir un libro, recuerda que no solo estás pasando una página: estás encendiendo una luz que ha viajado siglos, desafiando sombras y censuras, para encontrarse finalmente contigo.
-Podrás beber, fumar o drogarte. Podrás ser loco, homosexual, manco o epiléptico. Lo único que se precisa para escribir buenos libros es ser un buen escritor. Eso sí, te aconsejo no escribir drogado ni borracho ni haciendo el amor con la mano que te falta ni en mitad de un ataque de epilepsia o de locura.
-Un albañil puede habitar la casa que construye, decía más o menos Sartre, un sastre usar el traje que ha hecho: un escritor no puede ser lector de su propio libro. Un libro es lo que los lectores ponen en él. Ningún escritor puede agregar un sentido nuevo a sus propias palabras. Si puede hacerlo, debería escribir el libro otra vez.
- Lo mejor que se ha dicho sobre el cuento es lo que Edgar Poe escribió en su ensayo sobre Nathaniel Hawthorne. No pienso facilitarte las cosas reproduciéndolo. Tendrás que encontrarlo solo. Un escritor es un buscador de tesoros. Los descubre o no. Esa es la única diferencia entre la biblioteca de un escritor y el mueble del mismo nombre de las personas llamadas cultas.
-Podrás corregir tus textos o no corregirlos. Toltstoi escribió siete veces Guerra y Paz; Stendhal terminó La Cartuja de Parma en cincuenta y dos días. El único problema es cómo se las arregla uno para ser Toltstoi o Stendhal.
- Nadie escribió nunca un libro. Sólo se escriben borradores. Un gran escritor es el que escribe el borrador más hermoso.
-Los novelistas y los editores creen que una novela es más importante que un cuento. No les creas. Sólo es más larga.
-Los cuentistas afirman que el cuento es el género más difícil. Tampoco les creas. Sólo es más corto. El cuento es díficil únicamente para aquellos que nunca deberían intentarlo. Para Poe era facilísimo, para Cortazar, Chéjov o Hemingway también.
-No intentes ser original ni llamar la atención. Para conseguir eso no hace falta escribir cuentos o novelas, basta con salir desnudo a la calle.
-Podrás escribir: "Volvió a verla tres días más tarde", pero sólo a condición de saber perfectamente (aunque no lo digas) qué le pasó a tu personaje en esos tres días, y por qué fueron tres días y no una semana o un año.
-No es lo mismo ambigüedad que confusión. Una historia debe tener siempre un único final. Si quisiste sugerir dos o más desenlaces, esos desenlaces son un único final: se llama ambigüedad. Si nadie entiende ni medio se llama confusión.
-No describas sino lo esencial. La posición de un pie, en casi todos los casos, es más importante que el color de los zapatos.
-Lo que llamamos estilo sucede más allá de la gramática. No es lo mismo decir: "ahí está la ventana" que "la ventana está ahí". En un caso se privilegia el espacio; en el otro, el objeto. Toda sintaxis es una concepción del mundo.
-En el origen del conocimiento y de la literatura está el acto de contar. La crítica de la razón pura nos cuenta lo que Kant pensaba de los límites de la razón; los versos de La Eneida, la epopeya del Lacio; el teorema de Pitágoras, el cuadrado de la hipotenusa. El hombre es el único animal que cuenta.
-Cortázar solía decir que empezaba sus cuentos sin saber a dónde iba. No le creas. En sus mejores cuentos lo sabía perfectamente, aunque no supiera que lo sabía.
-Los grandes novelistas aconsejan ignorar el final de la historia, no tener nada claro qué hará el personaje en el próximo capítulo, no atarse a un plan previo. A ellos sí podrás creerles, pero con moderación. Digamos, hasta llegar a la página 150. Más allá de eso, saber tan poco de tu propio libro ya es mera imbecilidad.
-Cuidado con Borges, Kafka, Proust, Joyce, Arlt, Bernhard. Cuidado con esas prosas deslumbrantes o esos universos demasiado intensos. Se pegan a tus palabras como lapas. Esa gente no escribía así: era así.
En esas piedras tenemos la posibilidad de expresarnos, en ellas hay algo de nosotros cada vez que le damos forma de pájaro o de figura antigua. Los cantos de esta montaña, los misterios de nuestros antepasados nos pertenecen y eso es lo que queremos expresar en nuestro trabajo diario. Más allá de escuelas y estilos somos una presencia que quiere decir nuestra vida, contar el pueblo que somos, por eso no nos consideramos artistas sino trabajadores que queremos dignificar estas piedras.
Daniel Herrera
Revista La Honda y el Pájaro* (1993)
Ésta es la voz de la tribu, es decir, las palabras de un creador que ha esculpido a martillazo limpio la memoria de un pueblo como una obra de arte del alma.
*La Honda yelPájaro, revista fundada por el poeta y amigo, Erasmo Fernández, de la cual se editaron dos números. No obstante, marcó un precedente en el panorama literario del país.
-Mohamed Abí Hassan-
En piedras milenarias, Daniel Herrera (Aguas Calientes, 10 de abril de 1948 – 24 de noviembre de 2003), escultor y fundador del taller-escuela El Junglar, ha ido escribiendo un universo escultórico milenario de incalculable valor artístico y espiritual.
Daniel Herrera
En su trabajo está presente toda la cultura ancestral de los primeros arawacos y caribes, pobladores originarios de esta zona aborigen del estado Carabobo, desde la gran montaña circundante que se levanta de frente como un gigante, hasta la ribera norte del Lago Tacarigua.
La obra escultórica de Daniel es Nuestra América, india, afro y caribeña, con sus dioses tutelares, íconos y fetiches que él rescata del olvido con sus manos, dándole presencia y vida propia en estrecha relación con nuestra memoria e identidad nacional.
Este prodigioso artífice de la piedra y la madera, Premio Salón Aragua y Premio Regional de Artes Visuales 2010, nos confiesa a viva voz, sus utopías y sus sueños:
“¡Hermano, tengo jaspe, granito y mármol de Cumarebo, para hacer dos grandes piezas, una figurina Tacarigua para colocarla en la entrada del pueblo y otra de igual formato en las afueras, para recordarle a los lugareños y visitantes quiénes somos y de dónde venimos!”
“Si Guacara tiene su José Gregorio Hernández e igualmente Maracay un Alejandro Otero; nosotros deberíamos tener una figurina Tacarigua como emblema representativo de la ciudad. Este proyecto tiene años sin recibir respuesta de las autoridades municipales (esta idea original de Daniel fue materializada hace pocos años por uno de sus talleristas).
Recuerdo que hace mucho tiempo tuve un impase por plantear que la antigua prefectura podría estar ubicada lejos de la plaza Bolívar y en su lugar debería construirse un museo de la cultura. Por exponer esa idea (durante el gobierno de la cuarta República) intentaron callarme, pero los estudiantes del liceo intervinieron para protestar tal afrenta”.
Ante tanta desidia, Daniel demostraba un claro sentido de pertenencia a un lugar determinado. Hacía las veces de faro irradiando su luz y develando las falsas apariencias de burócratas culturales insensibles con su entorno.
Con su febril actividad creadora nos recuerda al reconocido artista popular del estado Mérida, Juan Félix Sánchez (Mérida, 1900-1997), Premio Nacional de Artes Plásticas (1988) y creador de la capilla mayor del Complejo Tisure, ubicada en los páramos andinos en el pueblo de San Rafael de Mucuchíes, dedicada al doctor José Gregorio Hernández, obra de arte religioso que lo hizo merecedor de muchos reconocimientos.
Juan Félix Sánchez
De manera irónica, algunos se atreven a afirmar que “fue juez sin estudiar derecho, arquitecto sin pasar por la Universidad, agricultor por ser merideño y hasta político”, abandonándolo todo para entregarse en los brazos del arte, inspirándose solo en su fe como buen andino.
Seguidamente, el poeta de las piedras hace unos gestos con sus manos, como tratando de atrapar un pensamiento que amenaza con escaparse de los laberintos de su mente, toma aliento y prosigue su viaje al ayer:
“Esta escuela-taller la fundé en 1974 y actualmente la conforman más de cien familias de tallistas y alfareros diseminados por los barrios de Aguas Calientes y Mariara. Al principio les enseñaba el oficio y les facilitaba los materiales, luego los llevaba a las canteras y de esta manera les abría las puertas de la creación.
Aquí hay algunos carambas (neologismo utilizado para referirse a los muchachos del taller-escuela) que podrían llenar un Salón con sus piezas. Las piedras están hablando a través de sus prodigiosas manos. Ahora sí puedo decir: ¡Que viva la revolución cultural! Hay cientos de familias que viven de su trabajo creador y yo me siento muy orgulloso”.
Francisco Narváez
“El maestro Francisco Narváez** (Porlamar, Isla de Margarita, 1905 – Caracas, 1982), es el “culpable” de este movimiento (risas). Lo conocí cuando estudiaba en la Rafael Monasterios. Él vio mi trabajo y me mandó a Cumarebo a buscar las primeras piedras. Ese valioso tesoro se lo tenía reservado y me lo confió. Después lo compartí con artistas de Barquisimeto, Falcón, Puerto Cabello, Valencia y Maracay. Así fue formándose también la escuela de la carretera. La gente decía: “Por donde pasaste, nos dejaste una escuela de piedra”.
En su Taller-Solar que hace las veces de refugio o escuela, Daniel comparte sus conocimientos con los jóvenes de la aldea. Allí se dan cita también poetas y artistas del interior y de la Capital, celebrando amenas tertulias sobre arte y literatura bajo frondosos árboles, donde nunca falta el cafecito de las 3 de la tarde, preparado por las hacendosas manos de Zulay, compañera de nuestro amigo, y con un poco de suerte, un buen trago de guarapita.
**Francisco Narváez es considerado el primer escultor abstracto de Venezuela. El Museo de Arte Contemporáneo de Margarita, creado en 1979, lleva su nombre. Las Toninas (1945), ubicadas en la plaza O’ Leary en El Silencio, Caracas, es una de sus obras más conocida. Otra de sus esculturas, Maternidad, se puede apreciar en los predios de la Casa de la Cultura de Maracay. Narváez creó importantes monumentos públicosubicados en diferentes ciudades de Venezuela y del mundo. En Caracas trabajó con el destacado arquitecto, Carlos Raúl Villanueva, en su propuesta urbana de integración de las artes a la arquitectura.
Las Toninas
Al fondo escuchamos la voz de Manito, padre del artista. Este gran árbol centenario, nacido en 1898, ha visto los amaneceres de tres siglos (XIX, XX y XXI), casi sin parpadear. Él tan solo se mantiene aferrado a su vida y a sus sueños.
Ante una reflexión acerca de la utilidad del artista en la sociedad, Daniel replica contundente:
“¿Para qué sirve el artista? Es como decir: ¿para qué sirve Armando Reverón? Donde tú veas su obra el artista te está comunicando: ‘Yo soy luz’. Él no dice directamente ‘Yo soy luz’, es su obra la que nos habla. Esta sociedad no valora ni al artista ni a su obra; uno crea y el coleccionador de arte ofrece menos del justo valor. Te ven la miseria y aprovechan. Al final aprovechan tu trabajo para rebajar sus impuestos como si estuvieran comprando una mercancía. ¡No hermano, esto no puede ser!”.
Nuestro artista nos mira sin mirarnos, desde sus ojos que sueñan, que se abren y se cierran tras un misterio insondable. Desde sus ojos que corren tras unas formas que se desdibujan en el aire, en el espacio infinito contenido entre sus manos.
De repente, suelta una frase indescifrable e inconclusa, que sin embargo tácitamente entendemos, como si nos estuviera comunicando una gran verdad. Uno termina casi convencido de que ha encontrado la piedra filosofal, capaz de transmutar las rémoras de la vida en el oro de sus sueños:
“Escucha, detrás de esta casa había una alfarería a mediados del siglo XX, donde mi abuela cocía la materia prima en unos moldes de pericoco. Allí aprendí a amasar con mis pies la arcilla que ella transformaba en vasijas, y aprendí también a amar esta tierra y modelar las primeras figurinas Tacariguas. En aquellos tiempos todo era mágico…”
Sus palabras suenan como salmodia en mis oídos. La conversación es casi un monólogo. Por un momento tengo dudas respecto a si hemos dialogado realmente o solo hemos imaginado toda esta conversa. Cae la tarde. Ni es de día ni es de noche. El tiempo se está desvaneciendo. Una fresca brisa pasa silenciosamente y todo lo envuelve. Los recuerdos pasan como caravanas por mi mente:
Una vez me encontré con Daniel y Gabriel Trompiz (hijo del reconocido pintor de Los Teques, Virgilio Trompiz***), en una calle del pueblo, un domingo a media mañana. Obsequiaban a los transeúntes con versos escritos en hojas sueltas, a cambio de alguna colaboración, esto para solventar alguna urgencia material.
Entonces, comprendí de un tirón que el Realismo Mágico no estaba solo en los libros, sino frente a mis narices y me sumé a la tarea. A poco andábamos sin versos, sin un centavo y a la espera de tiempos mejores. Pero, felices. Inmensamente felices. Embriagados de una misteriosa y extraña felicidad.
Virgilio Trompiz
***Virgilio Trompiz (Coro, 1927-Caracas, 2012) pintor, dibujante, muralista, profesor de grabado y pintura y uno de los fundadores del Taller Libre de Arte, en 1948. Conocido como “El pintor de las mujeres”, por su predilección por representar la figura femenina en sus telas. En 1964 recibió el Premio Nacional de Pintura.
Con sus piedras que hablan un lenguaje cercano a la poesía, nuestro artista ha logrado que esta tierra, otrora famosa por sus aguas sulfurosas, donde se bañaron Humboldt y Bonpland, hace más de 200 años, durante su paso por Nuestra América, hoy día sea conocida también por sus artesanos.
Momento de la entrega del libro «Daniel Herrera. Pan de Aguas Calientes. Alma de la Humanidad Pichona», un trabajo de investigación realizado por César León, a los hijos del fallecido escultor en los espacios del MACMA
En las manos de cada tallista anda un pedazo de esta “comarca andante”, o gran metáfora, que Daniel Herrera duró toda una vida escribiendo con su gente, desde los signos de las piedras…
(Continuará). ¡Salud, Poetas!
***
Mohamed Abí Hassan (El Tigre, 1956). Poeta, artista visual y editor independiente. Licenciado en Educación, Mención Artes Plásticas (cum laude), por la Universidad de Carabobo (UC). Ha ejercido la docencia en la UC y en la Universidad Arturo Michelena. Ha sido colaborador en las revistas Poesía y La Tuna de Oro (UC). Primer Premio II Bienal de Literatura Gustavo Pereira, Mención Poesía 2013; Primer Premio IV Bienal de Literatura José Vicente Abreu, Mención Poesía 2016; Primer Premio Concurso Nacional del II Festival 3.0 de Historias Comunales Ramón Tovar (2022).
Formó parte de la Comisión Rectoral del Encuentro Internacional de Poesía de la UC. Coordinó el Taller de Formación de Cronistas Comunales en Mariara, estado Carabobo, auspiciado por el Minci, la Revista Nacional de Cultura y el Centro Nacional de Historia. Actualmente se desempeña como facilitador de talleres de iniciación en la creación literaria, así como talleres sobre patrimonio histórico.
La tarde remota en que el Coronel Aureliano Buendía conoció el hielo, le rogó encarecidamente a su padre que lo llevara al Museo de Arte para ver la inauguración de la exposición de Juan Loyola. Maracay era entonces una aldea de casas hechas de caña brava y bahareque, fundada al borde de la ciénaga por un General andino.
Las cosas del mundo eran tan recientes, que todos los habitantes se conocían por sus nombres propios. La muchedumbre ansiosa, parada en la puerta del museo, esperó pacientemente media hora hasta que Loyola apareció vestido como Blacaman, el Bueno, luciendo un vistoso liqui-liqui de lino negro.
Los adláteres, emocionados, celebraban el acontecimiento condecorando a los asistentes con banderitas nacionales, mientras Isabel, la novia, veía caer la lluvia más allá de la Cordillera, en el propio Macondo.
El discurso de orden, a cargo del artista, cubrió las expectativas. Rodeado de luces y de las cámaras de televisión, que transmitían el importante acontecimiento a más de ciento diez países, conectados a la inmensa antena parabólica instalada en el techo del museo para la ocasión.
Loyola echó mano de una verba que recordaba los tiempos del cometa, cuando Douglas andaba por esos montes de Dios pregonando el advenimiento del reino de los pobres y Carlos Blanco todavía incendiaba el aula magna de la universidad aquella, hablando de la renovación.
Entre las muchas novedades que trajo a Maracay, Loyola defendió la libertad en el arte, habló mal de los burócratas de turno, mientras "un alto personero de la cultura oficial" lo observaba desde el bunker, vestida apropiadamente con una falda roja, una blusita transparente y azul, cerrando el atuendo con una boinita amarilla.
Los fotógrafos no se daban abasto. Uno de ellos, el hombrecito de la bicicleta que acompañaba a Eréndira y a su abuela por esos andurriales de Dios, pidió mil excusas al artista por haberlo encandilado varias veces con su flash.
Loyola cerró su intervención hablando de las altas propiedades del papel toillet y de las necesidades de la cultura. Seguidamente, la muchedumbre corrió escaleras abajo, pues el acto cultural se estaba celebrando en un segundo piso, para ver, en vivo y en directo, la transmutación alquímica de una camionetica FIAT en obra de arte, por obra y gracia de lo que los especialistas llamaban hace dos décadas "Performance" y los más recién llegados, "intervención urbana".
El Coronel, quien todavía no era, ni por pienso, ducho en batalla y guerras perdidas de antemano, le pidió a su padre que lo acercara al carrito aquel para colaborar también con un brochazo.
Por el módico precio de un peso, señores, solamente por un peso, usted podrá pintar utilizando cualquiera de los colores primarios, señor, señora, niños y niñas, solamente por este precio y en esta única oportunidad, usted podrá fotografiarse al lado de Blacaman, el Bueno, el único pintor venezolano condecorado por la Reina de Holanda y comentado y recomendado por Le Parc y Adalberto Pérez Ramírez, el bardo del Turimiquire.
La gente a sabiendas de que asistía a un evento que no volvería a repetirse en varias generaciones, hizo su democrática cola a la espera de una brocha, por favor, una brochita, que quiero ser partícipe de este acto único en el Universo y sus alrededores: Juan Loyola, el irreverente, el cáustico que tiempo ha era víctima de la policía y sus cuerpos paramilitares allá en Porlamar y que ahora, gracias a Dios, podría presentar sus obras condecoradas con la enseña tricolor en cualquier buen museo del país.
Isabel, quien ya se aburría de esperar la lluvia, aprovechó un instante de lucidez en medio de semejante vaporón demoníaco y subió al edificio del museo para descubrir que las fotografías expuestas en el primer piso eran unas tomas del carajo, con mucho "charme" y volumen y que superaban en esplendor y gracia a los cuadros expuestos en el otro piso que, a no ser por la banderita tricolor que adornaba todos y cada uno de los lienzos, le recordaba el discurso plástico del chino Hung.
Comprobado este asunto, Isabel, preocupada por sus múltiples compromisos, se asomó a la ventana para ver al populacho dirigiendo el pantagruélico festín de pasa palos, compuestos de lomo de cordero con piña, paticas de cochino en salsa Guamita, tequeños de queso de hembra de mamut, cráneos de avispa en salsa de vertical vibrante, sopa de letras de la revista FABLAS y paticas de cachicamo en su concha.
La gente ya se estaba retirando de las cercanías del FIAT, no sin antes pedirle a Loyola por favor, píntame un angelito negro aquí, en el cuello, o dame aunque sea una estampita con tus señales particulares y firmada por tu gracia, Juan, para ver si consigo un pasaje en autobús para Brasil y huyo para siempre de estos cien años de soledad y provincianismo macerado, porque seguimos comportándonos como los indios quienes en el siglo XV cambiaban espejitos por oro, creyendo además que estaban desplumando a los españoles.
Isabel, en un arranque súbito de amor y de decencia, agarró al niño Aurelianito de la manito derecha y le dijo:
-Mira, Aurelianito, ¿por qué tú y yo no nos vamos a tomar un batido ahí mismo en "El Arepanito" y nos dejamos de estas pendejadas?
Suplemento Cuartillas (pág. B-20 - Diario el siglo - domingo 31 de julio de 1988)
Palabras que son flores que son frutos que son actos...
Octavio Paz: La estación violenta
Edición y nota:
Manuel Cabesa
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Homero Aridjis (Michoacan, 06-04-1940) es una de las voces más importantes de la poesía castellana que a lo largo de más de sesenta años ha sabido mantener una coherencia y una sabiduría poco vista en poetas más difundidos entre nosotros que él; poeta de altos vuelos, pero también narrador que se ha acercado asertivamente a la novela erótica e histórica.
Para mí es junto Octavio Paz y José Emilio Pacheco tres de los poetas mexicanos que más influencia han tenido en mi vida y no hablo sólo de la lectura y la escritura; sino también en lo ético y la formación de una moral: una visión plural de cuánto me rodea: el amor, la responsabilidad ante la creación, la actitud ante los eventuales lectores, el apoyo a los colegas, la dedicación al estudio.
Son más de cuarenta años leyendo a estos tres poetas con frecuencia, son a ellos a quienes acudo cuando me faltan las palabras, porque en su obra encuentro un reflejo de lo que tímidamente he querido hacer con mi vida:
"Escribo por amor a ciertos nombres; a lo que esos nombres significan y persisten adentro y afuera de nosotros.
A ciertos nombres de seres, de recuerdos y de frutos.
Por amor a ese nombre que es lo mejor de mí mismo, y lo mejor que quiero de mí para los hombres.
Por amor a esas cosas innombrables que se pueden sentir pero que solitariamente alcanza o apenas toca la poesía".
Homero Aridjis
Ajedrez/Navegaciones, 1969
1.
Elle a la forme de mes mains
elle a la couleur de mes yeux
Paul Eluard
Tiene la medida de mi sueño
los ojos de mi infancia
ama lo que yo amo
lo que no retorna
lo que no llega todavía
se levanta sobre mis párpados
y de ahí hace volar sus sueños
Se desplaza y permanece
siempre es ella en todas partes
saludando al universo
Llena todos los días del mundo
y aún no nace porque no tiene fin
La encuentro en el silencio de la absolucion
pero ella está dispersa respirando en todo
Si algún día llego a penetrar su alma
le daré vendimias de su cuerpo
el hombre el pasto la niebla
Los ojos desdoblados, 1960
2.
Y todas las cosas que a mi amor contemplaban
el sonido y la lluvia los parques y la imagen
se asomaron en ella
Y todos los seres que en el tiempo eran árboles
abrieron sus pestañas a los frutos del día
y el sol fue su mirada reencontrada en el mar
Y era un verano de diamante y de polvo
despierto al borde de la noche dormida
y creció entre la luz y la sombra trenzada
Creció sin detenerse y miré la Vía Láctea
perdido en las negras mariposas fugaces
y las bocas llamando como rojas campanas
Creció con el amante en verde silencioso
vestido de destinos cabalgando las horas
y breve arco iris espontáneos y breves
Y mis manos pudieron ser aire de sus manos
y en medio de la fábula descubrí nuevas fábulas
y el cuerpo de su risa emergiendo de su aire
Y tocamos el musgo de sus aguas inmóviles
y sentimos los ojos redondear las palabras
y volamos muy libres adentro de los pájaros.
Antes del reino, 1963
3.
Ay de ti que duermes navegando.
Como el pájaro que duerme con los ojos abiertos
Con la imperfecta serenidad de la que irradia perfectamente trastornada.
Con las manos tensas y el mentón altivo; los ojos un poco de soslayo, un poco a la manera del que mira sin mirar.
Con los senos de fuego, altisonantes.
Con los poros de la ternura violentada, activos resoplando.
Y los dedos sobre las extensiones carnales y perdidas, en pulcritudes domésticas y bárbaras, sobre juegos de azar y de certeza.
Con el instante un poco a la deriva, en el parpadeo de su órgano nupcial.
Con el parpadeo fabuloso de la creación que se celebra en la pura filigrana del amor...
Mirándola dormir, 1964
(fragmento)
4.
La noche se abre: piernas bruscas.
Los colores, los sonidos se abren.
El instante se abre.
La visión se está abriendo.
Imagen por imagen.
La mirada está ahí: corrobora y olvida. Renace y reverbera.
La visión se está abriendo.
Toma ojos, palabras, cuerpos que enraizan, pasos que jamás enraizarán. Avanza poco a poco, a fuego lento...
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Desnuda la desnudez entre muros. Goza de ser vista, de compartir a otros la soledad entrañada, el momento en que dos fuerzas se tocan, se anonadan, se anudan, se anulan. Veo cómo entro en su cuerpo como en una tumba, cómo emerjo de él resucitado, cómo yazgo después, lento para pensar y tembloroso...
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El dormir uno en brazos del otro, el ayuntarse, el yantar juntos, el pasear, el entenderse en cosas en las que realmente podrían no entenderse pueda darles una impresión estable. Sólo una impresión. Lo inmediato del amor normalmente nos deslumbra. Y queremos asirlo. Pero el amor, como la luz y el pensamiento es una fuerza de largo alcance que aún no podemos tolerar...
Perséfone, 1967
(fragmentos)
5.
A los nombres secretos
que el agua lleva
a los nombres
que el aire toca en la luz
a los nombres
que el fuego eleva en la llama
a los nombres
que la tierra abre en flores
al blanco universo vivo
que bajo mi cuerpo duerme
a todo el hombre
a Él
a los nombres secretos
Los espacios azules, 1969
6.
los libros son abiertos y las mujeres amadas
en la página justa en el círculo henchido
la visión se restaura y la herida se cura
hay un tiempo en el día en que el ser entra a un espacio de reunión
en que aire y voz se añaden se conllevan
hay un cuerpo en el cuerpo que es el cuerpo de todo
La poesía es un llamado. Una voz emergiendo desde las profundidades del cuerpo impalpable. Pero también es una decisión, ya que debe atenderse esa señal con el fin de lograr dar vida escrita a esas palabras interiores.
Y son los versos la expresión del eco telúrico, un emplazamiento de la sustancia animada del ser, una especie de sonoridad que vibra entre el ojo lector y la esencia traficada de la poeta:
Humedad
Pensaba en ti mientras llovía
y todo se me volvió húmedo
Húmeda la sangre
Húmedo el licor del cuerpo
húmedo el río entre las piernas
húmeda la lluvia mientras pensaba en ti.
En la poesía hay transgresión. El arte de las letras jugando a ser imágenes buscan lógica en los sinsentidos. Por eso, la poeta dialoga con su mirada fémina, su visión del mundo es signada por la sororidad:
Una mujer llora
Una mujer llora y es el sollozo de siglos de violación
Una mujer llora y es el llanto de todas las mujeres
Una mujer llora aunque arriba ría la luna
Una mujer llora y su rostro es el pozo
donde todas nos miramos.
Skarlet Boguier, con particulares atenciones a la divinidad de su pluma, nos presenta Abluciones, obra publicada por el Fondo Editorial del Sur. Es su elaboración poética reunida, que condensa sus apreciados tiempos creacionales:
Sobre el oficio de escribir
Escribir también puede ser un acto engreído
de quien cree que sus ideas son importantes,
cuando estas resultan obvias en la cabeza de otros.
Necesario es vomitar vórtices, escupir remolinos
desde las entrañas, compartir la sangre de la que
estamos hechos. Siendo todos bosque de estrellas
amamantados por el mismo sol. Sismo de hielo de la
misma nebulosa. Después de todo, escribir también
puede ser un pájaro del pensamiento que picotea la
mente y canta al corazón.
Boguier se desplaza en pensamientos que adquieren categoría de versos filosóficos. Algunos de sus poemas coquetean con el impulso narrativo. Un alma variopinta que se complace en la feminidad de la naturaleza:
Soy una hoja
me ondeo con el viento
de días marinos
Transpiro tu aliento
De la luz tomo la energía
De la noche la locura
Soy una hoja de raíces húmedas
Una hoja suelta
que vuela
que vuela a tu lado
y nunca miras.
Skarlet es una diosa del deseo. Desde su entramado verbal se sabe poseedora de misterios, malabarea con los secretos, elabora mágicas metáforas germinadas desde el instinto básico. Como mujer empoderada hace gala de una sensualidad elocuente:
Ishtar
Me gustan los hombres obedientes como perros
los que se pasean por mis piernas como tiernos gatos
los que eyaculan sin prisa
los que van y vuelven realengos
a la casa de la calle.
Abluciones son aquellas aguas que bañan a toda la vida terrestre. Después de leer las baladas heréticas de Skarlet Boguier, el lector queda bautizado, según palabras de Juan Calzadilla, "de la materia o energía cósmica que mueve a los seres humanos".
Skarlet Boguier (Maracay – Venezuela, 1983)
Sus poemas han sido publicados en revistas y antologías como: Los moradores. Compilación de poesía aragüeña (2012); Las chicas van al baile. 40 poetas venezolanas (2012) y Como una brasa que ha sidoencendida. Antología de poesía venezolana (2016). Entre sus libros destacan el poemario Equinoccio de primavera (2012) y La lámparade los muertos, ganador de la IV Bienal Nacional de Poesía Félix Armando Núñez (2015). Aforismos condensados en Impertinencias verbales (2017) y Abluciones. Poesía reunida (2020).
Boguier, S. (2020). Abluciones. Poesía reunida. Poesía (Colección Los Encontrados). Edición digital: Fondo Editorial del Sur.