sábado, 18 de julio de 2026

El rugido de la tierra (III) | Antología post sísmica venezolana

Ante la pérdida no hay consuelo, sólo el dolor. Se acepta el dolor y la realidad poco a poco va apareciendo, poco a poco.

Alejandro Jodorowsky


El acto de escribir es más que plasmar palabras; es un gesto de abrazo hacia aquello que no podemos ver

 María Negroni


Frente a la violencia, el verso ofrece un refugio.

Czeslaw Milosz


***


Ha transcurrido el tiempo suficiente para que el polvo se asiente, para que las réplicas físicas cesen y las ciudades comiencen a lucir las cicatrices de aquel día de junio de 2026. Sin embargo, el verdadero mapa de la reconstrucción no se mide en concreto ni en asfalto, sino en los pliegues de nuestra memoria. Si la primera edición de esta antología fue un grito de auxilio en el caos y la segunda un testimonio de permanencia, esta tercera entrega se consolida como un monumento de la palabra: el registro definitivo de un país que aprendió a habitar su propia vulnerabilidad.

En esta tercera entrega, la mirada se expande y se profundiza. Aquí conviven las voces fundacionales con nuevas crónicas, relatos y poemas que ya no sólo narran la herida o el inventario de las pérdidas, sino el largo y complejo proceso de sanación colectiva. Los textos contenidos en esta edición exploran el peso de las ausencias que el tiempo no borra y la asombrosa capacidad del venezolano para refundar la esperanza allí donde antes hubo escombros. Es una mirada madura, reflexiva, que entiende que reconstruir un hogar va mucho más allá de levantar una pared.

Cuando la tierra calla, queda la palabra; cuando el tiempo avanza, la palabra se hace historia; y cuando la historia madura, la palabra se transforma en legado. El rugido de la tierra ya no es sólo el eco de un desastre, sino el canto de resistencia de un pueblo indomable. Estos textos son la prueba final de que, aunque el suelo falle bajo nuestros pies y la geografía se transforme, la palabra escrita, la memoria compartida y el abrazo de nuestra gente seguirán siendo el único cimiento capaz de sostenernos para siempre.


Rafael Ortega


Corrección de textos: Manuel Cabesa


Foto: Donaldo Barros Velásquez


***


Terapia de nada


destartalada    su voz

cruza toneladas de cemento 


       ella sigue esperando 

más horas  más días  y más noches 


el sufrimiento es insomne 


más toneladas de dolor que de cemento 

aprietan las noches 

hasta empujar con llanto la salida del sol


Y millones y millones de kilos de tristeza 

amanece pegada al desamparo


y millones de manos trabajan 

y millones de pies caminan 


alivian el dolor

que no cabe en ningún cuerpo 

no cabe en ningún lado 


Lali Armengol Argemí


***


7.2 - 7.5


De todos los idiomas 

que conversamos

no nos advirtieron 

lo que venía al final de esa tarde.


La vida trascendió 

en la descendencia abrupta 

prendida de cantos y canciones.


Una voz y mil voces se apagan,

pero las voces nacientes, 

sobrepasan el polvo 

y con la tarde la esperanza. 


Después 

nos ponemos de acuerdo,

después nos aletargamos 

y construimos barreras.


Hoy nos convoca la ruptura 

de nuestros cascarones, 

salir a predicar 

que después de la falla 

el sueño se arregla.


La vida se embolsa 

y desembolsa 

mientras sigamos respirando.


Hoy aprendemos 

que lo que le pasa a uno, 

nos pasa a todos,

ayudamos con todo 

lo que tenemos 

aunque sea sólo 

un creciente y nuevo

corazón.


Mirih Berbin

      

***


Encuentro con dron


Aquella tarde

ví los verdaderos colores del sol

al mirarlo directo a los ojos


después de hacer

una danza en el aire

el colibrí se posó en el cable 

a descansar 

y cruzamos las miradas 

hasta su vuelo 


Al descender

diviso a lo lejos 

una extraña ave

con un canto de motor 

le hago un zoom con mis ojos

se detiene en el aire

y extiende su lente directo a los míos


Skarlet Boguier 

    


***


La tierra vibró tan sólo 

treinta y nueve segundos 

y luego silencio denso, 

feroz antesala 

de la noche y de la nada.


¿Cuántos besos quedaron ahí,

esperando su momento?

como ese abrazo 

que no sucedió,

y nos entrega impávidos,

al sueño inevitable de la muerte.



Cipriano Castro


***


La tierra se estremeció, solo una tregua de treinta y nueve segundos para un nuevo rugido, las estructuras se movieron y en La Guaira cayeron los cimientos, se desplomó una ciudad entera, ésa que una vez fue un paraíso.

Amanecimos con una herida inmensa, un país de luto, con más de dos mil pérdidas humanas, un sangriento episodio que pasó en cámara lenta dejando cicatrices.

Los protagonistas de las terroríficas escenas relataron sus historias, lágrimas, preguntas sin respuestas, tristeza, dolor, resignación, gratitud e incertidumbre, una amalgama de sentimientos que varían de acuerdo al personaje.

No hubo guión, no hubo ensayo, ¿solo azar, destino o causalidad? ¿Quién sabe? Sólo sabemos que este cortometraje de ochenta segundos hizo crujir el alma de mi pueblo.

Muchos muertos, mutilados y otros con una herida que no sana, abrazando recuerdos, abrazando las sombras de un ayer, tratando de revivir las escenas donde fueron felices, se duermen llorando... abrazando la ausencia.


Dayana Chirel


***


1.


Nace en la grieta

una semilla insiste,

tiembla la tierra.


2.


Treinta y nueve

segundos y el silencio

aprende a hablar.


3.


Bajo escombros

la raíz no se rinde,

oscuro germen.


Kreysi Dersi


***

Crujió la tierra bajo mis pies


Crujió la tierra bajo mis pies,

quebró la vida con el asfalto,

destino incierto sin un después 

el latido al abismo dió un salto.


Miradas perdidas entre grietas,

toda existencia dió un gran revés,

se desdibujan vagas siluetas, 

crujió la tierra bajo mis pies.


Rueda un juguete cual fiel testigo,

una súplica se escucha en lo alto, 

clamo al Padre mano de amigo, 

quebró la vida con el asfalto.


En la penumbra de aquella tarde 

el Salvador con su sencillez,

brindó su apoyo sin mucho alarde 

destino incierto sin un después.


Con el alma herida y agradecida, 

al mundo con humildad exalto 

unió costuras en la partida 

el latido al abismo dió un salto.


Liliana De Toma Jiménez


***


Como la esperanza


Se ha de renacer

infinitamente

entre los escombros

con cada aliento

como la esperanza.


Alexis Escalona Santana


***


Ese día, se desnudó la tierra, 

para mostrar sus raíces.

Un silencioso rugido 

estremeció nuestros cuerpos.

Las aves emigraron antes de anochecer, 

los pájaros no vinieron por su arroz; 

quizás querían avisar 

con su ausencia, 

el gran rugido de la tierra.


¿Cómo entender 

que existen millones de grietas 

en un pedazo de tierra?


¿Cómo explicar a mi nieto 

que mientras corríamos 

escaleras abajo, 

miles no pudieron hacerlo 

porque el cemento, 

el hierro se hicieron cómplices?


Ese rugido no se olvida, 

prohibido olvidar las noticias, 

prohibido dejar de respirar dolor, 

prohibido no ver tantas grietas 

profundas en Venezuela.


Yacen los cuerpos 

bajo sábanas blancas, 

la transparencia del silencio 

me envuelve.

El rugido sigue en mi cuerpo 

tembloroso y triste.

Ya no seremos los mismos, 

la historia cambió de rumbo.

La vida ahora es un instante, 

dejamos todo lo que fuimos.

Fuimos todo lo que dejamos.


Doris Galíndez 


***

Aquí el sol no es un pretexto poético, es el peso insoportable que lo deforma todo. No hay sentimentalismo burgués, sólo la realidad desnuda, el absurdo de la naturaleza y la indiferencia del universo.

Hoy la tierra se ha movido en Las Tejerías. Recibí un mensaje, pero los teléfonos no cambian el clima.

La gente corre y grita por la calle. Los perros ladran a la nada buscando una lógica que no existe. Si la tierra tiembla de nuevo, que me encuentre aquí sentado.

El sol del 24 de junio era como un bloque de plomo. Hacía tanto calor que el aire vibraba antes del temblor.

Cuando la tierra se sacudió no pensé en un castigo divino. Pensé en la fricción de la piedra chocando contra la piedra bajo mis pies. Un edificio se agrietó como un huevo cocido. La naturaleza no nos odia, simplemente tiene movimientos que no nos toman en cuenta.

Camino por el medio de la calle sin mirar a los lados. Un golpe de calor me recuerda que sigo encerrado en este cuerpo. Nada ha cambiado, en realidad. El mundo sigue su marcha.

Todos gritaban el nombre de Dios en la plaza. Es curioso cómo la gente busca palabras largas cuando el suelo se estremece.

El sismo duró treinta segundos o quizás un siglo, los relojes no sirven cuando la tierra se balancea.

Al terminar, el silencio que quedó era más pesado que el mismo temblor.

La iglesia del pueblo se tambaleó como un borracho. La campana dio un solo golpe, fuera de tiempo, un eco falso. Y se alborotaron las avispas.

Mientras los hospitales de todo el país colapsaban atendiendo sobrevivientes y heridos, en el hospital de Las Tejerías sólo se presentaron casos de picados de avispa.

Los fieles salieron corriendo, tropezándose entre ellos. Me preguntaron si tenía miedo de morir. Respondí que morir hoy o morir a los ochenta años es exactamente lo mismo.

Vi caer un muro de adobes viejos. No cayó con ruido de guerra sino con un suspiro de polvo. La nube gris lo cubrió todo. La gente tosía a mi lado buscando rostros conocidos. Yo me limpié el polvo de los párpados y seguí caminando hacia ninguna parte.

Un vecino corría buscando las llaves de su casa destruida ¿Para qué cerrar una puerta que ya no sostiene ningún techo? El apego a los objetos me resulta ajeno, casi cómico. La tierra se mueve para recordarnos que no somos dueños de nada, ni de las paredes, ni del día de mañana, ni de la mujer que llora abrazada a mis rodillas.

Llevaron la imagen del santo a la mitad de la calle. Le rezaban para que calmara las réplicas del sismo, pero el yeso no tiene oídos y la tierra no sabe de promesas. No hay misterio en ello.

Si el suelo vuelve a vibrar, las estatuas caerán primero, es una ley física elemental.

Al otro día, a las cuatro de la tarde, el subsuelo volvió a gruñir un temblor corto, un recordatorio innecesario.

La multitud volvió a entrar en pánico, un reflejo automático y torpe. Yo ya me había acostumbrado al vaivén. El universo es una máquina que se ajusta a sí misma y nosotros somos sólo hormigas.

La noche del 24 de junio el cielo era vasto, negro e indiferente. Yo me acosté en mi hamaca sintiendo la vibración residual de las rocas profundas. Extrañamente en paz, absuelto de toda obligación, comprendiendo que el desastre y la vida son la misma vaina efímera.


Manuel García (Max Bembo)


***


Desecho. Desechado. La mirada se vuelve blanda y lenta como el hambre. Los brazos dejan de alzar vuelos otrora fluidos y marcados por un planeo en cámara lenta. Ahora todo es parido por lo vertiginoso, por lo que no se sabe, por la zozobra y una angustia que muestra señales de ser perpetua. Los pies lucen el cansancio de pasos dejados en cada esquina en la que respira el eco de una mala vaina. Un fantasmeo toma la escena y la historia da el giro inesperado que encanta, porque sentir excitación habla de estar vivos negando lo moribundo que nos habita. El traslado se hace desde el dolor no bien administrado, no aceptado como crédito o banda sonora de una historia que como un loop, nos restriega en el rostro, risotadas de payaso desvencijado. De un lado (en tiempo pasado perfectísimo) la risa era una constante sin razones previas, sin motivos ni reales ni aparentes, sin la búsqueda de complicaciones varias. Las voces mostraban claridad de vidrio limpio y las palabras solían ser pronunciadas con el respeto que ahora descansa en una especie de frase luctuosa. Antes, ese lado era una fiesta non stop y desde la algarabía, los cuerpos buscaban darse el fuego primigenio y así crear otras candelitas que al crecer, serían flamas serias y con la profundidad de lo sabio. De este lado, la vida era una celebración de lo noble, de lo bello. Ahora, sin aviso, sin señales, sin advertencias, la piel se sirve inmisericordemente para que sólo lo oscuro tenga voz y voto, poder desde un podium construído con el resto de lo que alguna vez fue madera fina. Ahora toda palabra proferida, tiene el tufo que sólo la ignorancia exhala desde su costra secular. Ahora la vida era el descuento incesante de aquello que daba brillo y luz a la presencia. Una pregunta rebota como un balón pateado por bobos millonarios “¿En qué momento la mierda empezó a ser vista y codiciada como si fuera oro?” La respuesta no hace acto de presencia y el miedo abarca más terreno que antes. Basura, es el único término que echa raíces en tierra negra y asustada. El paisaje, luego de perder la memoria de los colores, se muestra enjuto, tristemente célebre, dejando amargor en la mirada. La exclusión es la norma, la regla, la ley. La separación promueve gran cantidad de sectores en los que el denominador común es la arrechera ad libitum. Ahora los dedos sin látigos de los que cuelgan un montón de caricias que no llegaron a darse por esa manía de esperar “un momento especial”. Ahora es un Momentum aterrador el que despliega pasillos y umbrales para hacer del castigo, santa palabra. Llanto. Lo que se oye es llanto, la pena cuelga de cada cuello como un rosario, y cada cuenta, es una verdad que por prejuicio, no fue pronunciada con los honores correspondientes. Arrumados. Esa es la novísima condición. Como sacos pestilentes que ayer contenían flores, hoy esos pétalos son llagas purulentas convertidas en signo inefable. Unos tras otras, en densa marcha, habitamos un espacio del que siempre se había escuchado hablar desde la ficción. Hoy la realidad supera esas ínfulas de verlo todo como recién inventado para lograr efectos de corte literario y sella el destino de todos bajo un eco intermitente: olvido. Preguntar ya no es ni urgente ni necesario, es como si todo el mundo, desde el silencio, esperaban este resultado procurado por la necedad con la que se jugó muy pendientes de perder. De este lado, mínima lumbre y oración cansada. De este lado, lamento inútil y fuerza desnutrida. No hay valor. No hay premio valioso. No hay palabra vestida de cordialidad. De este lado, negrura malsana y una maldición que flota como una bomba aerostática de la que salen vapores que inducen al constante vómito. Los cuerpos lucen costillales como si fueran reses carcomidas por la inanición. El arrastre de los pies propone una sonoridad pasmosa, como sin la muerte llevara la batuta y en una sinfonía atonal, fijara un fin que no llega, porque este lado y el infierno, son parientes. Un Ave María se escucha a lo lejos, mientras alguien ríe con la burla atiborrada en la boca. Nadie pide que termine. Nadie pide que cese la ignominia. Nadie solicita pausas ni explicaciones. La culpa jamás había tenido tanta razón y tantas mentes disponibles. La resignación se ve fortalecida y pagar se asume como un ritual lastimero. Los días ya no se cuentan, pasan sin nombre y sin honor. La danza de este lado se impone con la saña del dolor y la intención de lo que produce asco absoluto. Una última canción es cantada como un himno a lo dejado atrás y el olor agridulce de lo que perece, le otorga muecas de indigencia a cada hombre y cada mujer que con el ritmo de quien va al cadalso, se van despojando de jirones sobrantes para entregar su humanidad entera al oprobio. El luto se clava justo en el pecho. La bendita cruz, nunca antes había tenido tanto sentido. Las iglesias callaron su maldito canto… Amén.


César León-ladagaOxidada


Instalación fotográfica: Anthony Berríos


***


Cuando lo malo se vaya

Cuando el rugido se vaya 

y nos veamos de nuevo 

nos contaremos la forma 

como evadimos la muerte.


Cuando lo malo se vaya 

y mi sonrisa te encuentre 

el abrazo será muestra 

de una vida nueva en puertas.


Con el corazón lloroso 

celebremos las ganas 

de seguir siendo muchas

manos, brazos, ojos, rostros.


Cuando este crujir seco pare 

habrá de nuevo tiempo 

de acompañar, hablar y ser 

humanos otra vez 

caminaremos.


Luis Lira Ochoa


***


El canto de la grieta          

                                                     


¿Quién le enseñó 

a rugir a la arcilla

a este suelo 

de palmeras y olvidos?               

                                               

Madre telúrica             

vieja ausente

hoy te pareces tanto 

a las poetas que callan

guardas el fuego en las entrañas 

y cuando el silencio te ahoga

pides la palabra 

con un grito de piedra                          

                                              

Miro la zanja 

que dejaste en el patio

un tajo limpio 

dividiendo el mapa de la casa                

                                               

Allí donde se hundió la esquina 

alguien de cuyo nombre 

ya nadie se acuerda...

dejó una carta a medio escribir

un café                                             

más se enfrió en la sacudida

una vida que se volvió 

escombro y eco

                                                   

No eres cruel... tierra mía 

sólo estás cansada Cansada de sostener 

el peso de nuestros pasos ciegos   

                                          

Por eso tiemblas

por eso crujes

para recordarnos             

más polvo somos 

bailando sobre el lomo 

de un gigante dormido                                                                                                                                                                                                           


Bettina A. B. Magdaleno


***



¿A qué vino el terremoto? Se preguntan unos pocos, otros lo asumen como algo cíclico y natural. Sin preguntas, pasó y ya. Pero, acaso usted no sintió moverse los cimientos del alma, el alma de nuestro país, o simplemente asume que fue Saturno devorando a sus hijos. Lo cierto fue que tembló el budare, se resquebrajó la arepa y nuestro pabellón sangró; de rojos matices, se tiñó el cielo.

Nos habló la tierra: - Terremoto - Te ~ rre ~ mo ~ to… palabra repetida, estremecedora. Un énfasis que en treinta y nueve segundos sacudió al tricolor - arrancó vidas, con la misma indiferencia con que usted lanza su basura al mundo. Retumbó la verdad de una grieta, la más grande de todas las heridas que hace mucho viene soportando.  

¡Desplomes… ¡Unos quedaron en shock, otros, tapiados en vida; otros congelados en el obediente uniforme… “inertes como si nada pasó”, otros cual androides con alma, removiendo escombros con sus dedos sangrantes. No faltó algún rábula echándole la culpa a Dios. Sin duda hay réplicas obnubilando los sentidos. Ciertamente hay zonas en escombros y ruinas; como miseria humana en algunas mentes. Algunos aprendimos alguna lección, otros nunca aprenderán nada. (ni con diez temblores). 

Hoy con cada vida salvada vibraron corazones, viendo a Tsunami moviendo su cola - se desbordó en lágrimas el mundo, tu mundo, mi mundo; lágrimas limpiando nuestra ceguera; dolor que vino a disipar los límites, a romper las divisiones y recordarnos lo que realmente somos “ni escuálidos, ni gorgojeros”. Cayó la ideología y la palabra HERMANDAD, así en mayúscula se elevó hasta cielos. Hay dolores que llegan para remover la fibra humana. Para recordarnos que estamos hechos de bondad, de compasión, altruismo y otredad; que no somos simples zombis, ni un avispero de rábulas concupiscentes. Los venezolanos somos luz, esa luz que brotó de las entrañas apartando sombras con el brillo de la solidaridad. 

A los caídos llegue nuestras plegarias.

¡Dios es amor y con él, Venezuela se levanta!

 

Argelio Martínez


***


Tal vez el tiempo sea

la más cruda evidencia

de que es precisamente 

una grieta

lo que sostiene al hombre. 



Benjamín Eduardo Martínez Hernández


***


Telúrico


aún vibra 

el cuerpo 

39 segundos 

de nuestra 

memoria.


Ysbel Mejías


***


Diario 


No sólo es desafortunado

este pueblo

sino sus habitantes dijeron los señores

cuando ocurrió el terremoto de 1812 y después

lo volvieron a decir en 1967 cuando varió

el ritmo del cielo y los supermercados

fueron patas arriba resbalando en sus propias conchas

Con sus neveras potes de maíz vinos en latas

y las mansiones cayeron a tierra

y yo custodié mi casa puse estacas en mi cama

perolas de leche

y hablé con mi papá y mi mamá de la muerte

soplándole un cabillazo a la noche

perturbado por el sueño

y la ciudad tapiada… 

IGUALITO a Jack Lemmon

en Días de vino y rosas

me levanto

y busco la última botella

de ron

entre los helechos.

Vuelto añicos

En los primeros vidrios del día

contemplo

el rostro ido de mi madre muerta

y a tu voz desde la habitación

que me dice:

«No serás Rimbaud en la Comuna».

«No serás John Keats

metiéndole fuego a la muerte».

«Ni el gran Ted Williams y sus tres coronas

de bateo bajo el juego de luces

del Fenway Park».

—Como ofidio manso repto por la casa—.

Desnudo como Nabucodonosor

comiendo paja por todo el apartamento

me encierro en el balcón.

Habito y hablo con las bestias

de reyes perdidos.


William Osuna


***

Escombros


Tarda pero no olvida

¿qué es lo que tarda pero no olvida?

el pensamiento no puede intentar

algo más que repeticiones


Visión adivinatoria busca restos de luz

vislumbra el temblor de la oscuridad

hay polvo flotando cerca de la nariz, 

el olfato aumenta, la sed aumenta, 

la desesperación es un ser que empuja

tratando de quitarse de encima a otro ser


El tacto sufre, el cuerpo disminuye 

entre materiales sólidos invisibles, 

la audición funciona más y más 

pese al polvo que ha entrado en los oidos, 

lejos se oyen gritos, motores,

ladridos y más cerca algo tan parecido

¿a una tribu? ¿al corazón

que también danza en la cabeza?


Los ojos parecen estar cerrados 

pero los mantiene abiertos

por todos lados escucha rasguños



José Pulido


***


En estos momentos, en los que hablar de literatura puede parecer un acto frívolo, recuerdo un capítulo de la Rayuela de Cortázar, en el que Oliveira llama a las palabras "perras negras". Era un insulto para expresar la angustia que le producía la incapacidad del lenguaje para nombrar la realidad cuando es rebasada por una contingencia, como esta que hoy enluta a Venezuela.

No obstante, otra lectura puede pedirnos a gritos que dejemos salir a las "perras negras", porque mantenerlas prisioneras las puede convertir en una jauría demoledora de emociones o, también, se pueden morir dentro de nosotros, y su descomposición nos enloquecería.

Solo la palabra puede quitarles peso a esas imágenes dolorosas que hoy nos embargan. Habla de tu dolor, así no puedas explicarlo.



Les Quintero


***



Temblores en la noche de San Juan

 

Digo que en esta noche 

de San Juan, 

la mano del Leviatán 

tiñe de negro todo el espacio.


Los edificios se asoman 

a sus ventanas

presienten el doble 

escalofrío.

Tambor de selva, danza salvaje 

¿este será el último paso?  

                                   

Espigas de adrenalina 

barren la sangre,

figuras corren,

figuras quedan 

con el abrazo de despedida.

 

La tierra lanza rugidos,

exige la propiedad privada 

de su equilibrio

¡Ay qué dolor! 

Mis vecinos, familias, 

amigos, hermanos

todos y cada uno, 

en el doble destierro 

de sus espacios.


Digo que San Juan 

en este dia de su festejo, 

voltea la espalda

y dos veces agacha el dedo

Alguien grita: 

"Llega el rescate".

¿Allí es dónde quedan  

sepultados los suspiros?


Mi tristeza se agrieta

¡Ay qué dolor! 

Dolor de parto 

por mi patria tan devastada.

Impotente siento

derrumbes 

mientras mi mano excava  

mi unico Haikú:


"Me siento muda

temblor en mis entrañas

se cae mi alma"


Gladys Ramos


***


Tremor del suelo

relámpago de la tierra

parda y rota



Solange Rincón


***


¿Por qué?


¿Me pregunto por qué?


Son lecciones 

dirían los sabios teólogos, 

los constructores 

dirían fallas de diseño.


Y para esa madre 

que perdió a sus hijos, 

¿por qué fue?


Para ese padre 

que sacó el cuerpo inerte 

de su familia 

¿qué fue?


Y tú te quejas 

porque perdiste el bus.



 Yudexmar Rodríguez


***


Hoy entro en esa ansiedad 

reconociendo que no es sólo mía.


Está noche extrañamente fría 

se detiene nuevamente 

la arena que indica 

lo que se debe o no hacer.


Pero aquí estoy, 

estamos apostando 

lo que habíamos escrito.


¿Es que acaso se perdió 

el derecho a soñar?

Esos acordes 

ya no suenan igual...


Las grietas cada día 

siguen dando paso 

a esa cuerda floja 

que habitamos


¿Los pájaros sienten lo mismo?

Ayer uno de ellos 

me pasó por la cabeza 

eran las seis con 45 

y para mí fue tan extraño 

que me visitará en el patio, 

aleteó tan fuerte, 

no se de su mensaje.


Ya todo es tan incierto, 

el cielo y su púrpura, 

naranja y turquesa 

a las siete con treinta 

como aquel 24 

dónde salió el sol 

a la izquierda.


¿Que pintamos está vez? 

¿Que expresamos 

sin temor a ser enjaulados? 

Silencio, el olor de las almas 

lo trae el viento...


La oscuridad invita 

a detenerme,

pero la vida 

sigue siendo lo tenernos, 

el querer seguir tejiendo...


Yeniffer Sabaleta Arcano


***


Más allá del terremoto


Ando en búsqueda de mí.

No sé cuándo 

No sé dónde 

No sé cómo

No sé porqué 

Solo sé que me perdí 

y también sé que todos 

podrían vivir sin mí,

menos yo.

Desespero cuando me espero 

y no aparezco;

entonces, acudo 

a mis paraderos 

acostumbrados, 

pero, así será mi tristeza, 

que sólo veo escombros.

Me detengo en cada sitio 

a ver si me consigo.

Ya me asusta llegar 

y no reconocerme.

¿O será que mis paisajes 

ya no son los mismos; 

que no conseguirme 

es no conseguirte; 

que ya no estamos 

ni tú ni yo ni el lugar 

ni nadie porque la furia 

temblorosa de la tierra 

fue tan grande 

que tumbó al cielo 

y éste arrastró todo 

con él en medio 

del más horroroso 

de los estruendos?


Eliezer Salinas Delpino 


***


También hay que honrar 

a los salvados. 

Yo los abrazo

yo les sonrío.

Sonreímos todos 

los salvados, tú y yo

sonreímos.

Y también lloramos.

Por los muertos

por nosotros

por los salvados.

Porque ellos se han quedado 

solos. Sus antiguos 

hogares ahora son escombros.

Sus mascotas, su vieja radio 

la cobija preferida, su laptop 

su celular con las fotos de sus hijos

esos niños que nunca más 

estarán a su lado.

Todo se ha ido, la vida 

que tuvieron ya no será. 

Pero allí están, de pie frente a sol

los salvados. 

¿Acaso no hemos hecho lo imposible por ellos? 

¿Acaso no hemos escarbado la tierra 

con nuestras manos desnudas

buscándolos?

Honrar a los salvados 

es honrar también a los muertos.

No seamos injustos.

No los dejemos a un lado.

Míralos, existen.

Por un instante, sonríeles.

Míralos, en sus ojos

permanecerá para siempre 

un brillo perdido

en cierto modo, desquiciado.

Pido respeto, un momento 

de silencio y sonrisa, a su lado. 

No debemos olvidar 

a nuestros muertos

pero tampoco 

a nuestros salvados.


Fedosy Santaella


***


Mis flechas mortíferas 

no vuelan,

transitan como hombres.


Rumiando a ciegas, 

resisten,

no se apartan

para oír mi réplica.


El crujir de sus miedos: 

son espinas intentando vivir 

de la acumulación del polvo

con los labios apretados 

y los ojos entreabiertos.


De su ira a la mía

el silencio arranca 

lo que sobra.


Pero yo abro grietas 

de carne profunda

con el mismo hachote 

que abraza furiosamente 

a los suyos.


Y aún ahora,

que siento mi alma 

no me detengo a pensar 

en sus raíces, 

como si la muerte 

fuese el último punto 

dónde quiero esconderlas. 


Iliana Santana


***


La noche cae


La noche cae y con ella, 

las angustias de oír gritos y gemidos 

ahogados tras toneladas de concreto.


La noche cae y con ella, 

el temor de ver llorar el cielo 

sobre los crujientes hierros.


La noche cae y con ella, 

los párpados cansados 

de no dormir... 

de tanto llorar.


La noche cae y con ella, 

la incertidumbre se hace eterna.


La noche cae, ¡Dios! 

pero que no caigan 

las esperanzas.



Emalida Viloria


***


39 segundos


El reloj es un animal que respira en la nuca. 

¿Qué carajo importa el presente?

Te ríes y saltas en un desorden sin fin 

mientras la ciudad sigue gritando, ignorante,

en su vieja rutina de humo y concreto.


Treinta y nueve segundos.


Te llaman, te llamo, nos llamamos...


Los nombres se vuelven listas de urgencias

y los rostros dejan de ser anónimos: 

ahora nos pertenecen a todos.


Treinta y nueve segundos.


Uno, dos, tres, cuatro, cinco...


Miras: todo desaparece.

La nada se torna gris;

los gritos, el polvo, la tierra 

que cruje bajo los pies.


Treinta y nueve segundos para mandarlo todo al carajo.


Rabia, ansiedad, el miedo seco, el llanto.


Treinta y nueve segundos...

y, de pronto, el peso del vacío.


La saliva sabe a ceniza.

Ya no hay conteo, ya no hay prisa.

Sólo queda el silencio.



Cedric Zambrano

(Fuente: La voz del Valle de Caracas)

viernes, 17 de julio de 2026

Luis Goytisolo y la crítica de la lectura

-Manuel Cabesa-


(A la mystérieusse)


Con la muerte de Luis Goytisolo, el pasado domingo 12 de julio, se cierra un ciclo que durante más de dos décadas (desde principios de los años 60 hasta mediados de los 80) dió para la historia de la literatura lo más portentoso y exigente de la novela iberoamericana. 

Hoy en día parece inconcebible que la narrativa de cualquier idioma se embarque en proyectos que exigen del lector una atención exclusiva, un poco de inteligencia y una variada cultura para enfrentar sus contenidos; libros como Paradiso; El obsceno pájaro de la noche; Terra nostra; Yo, el supremo; Abrapalabra ; Palinuro de México iban más allá de la simple anécdota para constituirse en una crítica del lenguaje, una reargumentación de la Historia y en sendos laberintos en cuyos pasillos el lector podía perderse tratando de hilvanar los hilos que entrelazaban la realidad con la ficción.

Creo que ahora sería difícil concebir proyectos de esta magnitud y enfrentarlos en medio de la presente subcultura donde la obra de un autor ha quedado reducida a apenas una frase (muchas veces apócrifa) compartida en las redes.

Dentro de la generación que giraba en torno al "Boom de la novela latinoamericana" podemos incluir la obra de los hermanos Juan y Luis Goytisolo. Ambos por vías diferenciadas se convirtieron en los renovadores y referentes de la novela al otro lado del Atlántico. 

Juan Goytisolo, desde el comienzo, siempre fue un autor prolífico y atado a las normas del realismo escribió una serie de historias dedicadas a desmitificar la burguesía durante la época del franquismo y a indagar en las contradicciones de las clases populares enfrentadas a la miseria y sus expreso deseo de arribismo social. 

En 1966, con la publicación de Señas de identidad rompe con el hilo umbilical del realismo y se lanza a la aventura de acabar con la imagen de la España sagrada a través de un lenguaje que en cada entrega se va alejando de la narración convencional para asumir el lenguaje aleatorio de la poesía: sus libros a partir de Señas...: Reivindicación del conde don Julián (1971), Juan sin Tierra (1975), hasta llegar a Makbara (1981) forman un todo donde los elementos dispersos del mestizaje ibérico se unen desmintiendo el mito de la raza incontaminada de la España imperial.

En cuanto a Luis, después de un triunfo temprano con Las afueras (Premio Biblioteca Breve, 1958) mantiene un prolongado silencio en medio del cual va llevando a cabo otra empresa novelística de gran complejidad, el ciclo Antagonía compuesto por cuatro novelas publicadas entre 1973 y 1981: Recuento, Las verdes de mayo hasta el mar, La cólera de Aquiles y Teoría del conocimiento, tetralogía solo comparable a El hombre sin atributos de Robert Musil o El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell; como éstas es el retrato de una época, una clase social, una ciudad; educación sentimental, política e intelectual de su principal protagonista y todavía más. 

Sobre ella ha escrito Ignacio Echeverría: "Ésta es, en no escasa medida, una novela sobre la formación de un escritor; ofrece un cuadro muy revelador de toda una sociedad, observada con extraordinaria perspicacia crítica; y entraña una sutil teoría del conocimiento basada en las reminiscencias que en la conciencia del sujeto despierta tanto el acto de leer como el de escribir" (Prólogo a Antagonía. Anagrama, 2012).

Leída en conjunto Antagonía, que a partir de 2012 se publica en un sólo volumen de unas 1500 páginas, resulta entonces, al mismo tiempo, un laboratorio donde el lector es testigo y participa del proceso y entramado creativo de la misma novela llena de reflexiones y disgreciones acerca de la creación como formulación de la vida y antídoto ante el horror de la Historia.

Sobre el inagotable ejercicio de lectura que supone una obra de esta dimensiones el propio Luis Goytisolo ha dicho:

"Decir que el lector completa con su lectura el significado de la obra es decir poco. Antes que eso, el lector hace que la obra exista. A diferencia de un cuadro, que tiene una existencia objetiva a partir del momento en que está terminado, una novela no leída es como una partitura no interpretada, con independencia de que su autor sea un desconocido o un Cervantes. Y no bien la obra arraiga en el público lector, es también la lectura lo que la mantiene viva. No se trata, por supuesto, de un favor que el lector esté haciendo al autor o a la obra, sino más bien de un trueque, de una especie de intercambio de energía, toda vez que, iniciada la lectura, el lector necesita imperiosamente acabarla..." (La parte del lector; El País 24/09/2001).

Se pregunta uno, ¿quedarán lectores dispuestos a realizar ese "trueque", esa "especie de intercambio" que la lectura de sus novelas requieren?

Para Daniel Capó: "los libros retroceden, la atención se fragmenta, los estudiantes ya no soportan una novela entera y la inteligencia artificial nos libra del esfuerzo de escribir". (La edad de la lectura; The Objetive.com, 15/07/2026)

Hemos perdido la capacidad de atención y con ello la capacidad de asumir verdaderos retos intelectuales. Lamentablemente.


La ventana de lo cotidiano (II) | Liris Miyares

 


Número 2.


Realidad

 

Decimos, comentamos, aseveramos sobre un tema tan complejo y controversial: ¡La realidad! ¿Realidad de qué o de quién Si de realidad se trata, podemos decir que existe, es palpable y medible. 

Cada quien percibe las cosas de manera diferente, dependiendo del lugar o posición que ocupe. Hago esta salvedad por lo siguiente: iba de visita a casa de mi hijo un fin de semana, en una unidad de transporte colectivo. 

El vehículo sobrepasa su capacidad de pasajeros -para llegar allá hay que pasar por un penal- al llegar al sitio se bajo la gran mayoría de las personas que iban en el autobús: mujeres, hombres, jóvenes, chicas(os)... 

En oportunidades anteriores había observado esta situación, sin embargo me llamó poderosamente la atención una joven madre, le calculo unos 20 años; llevaba casi arrastrando un niño de 2 años aproximadamente, una maleta bien pesada y en un porta bebés un recién nacido, casi corría ya que debía hacer la cola para entrar al recinto

Sentí un nudo en la garganta y de mis ojos se escaparon algunas lágrimas. Pensé ¿cuál es la realidad de esta familia?. Ella joven, dos niños en su haber, él marido, -no importa cual sea la razón- esta encerrado en una prisión, quizás esperando sentencia o cumpliendo condena y los niños, ¿qué será de ellos?, ¿qué van a recibir como enseñanza.

Mientras esta historia sucede, hay otras allí mismo; madres visitando a sus hijos o hijas que por una razón u otra llegó a ese lugar con una situación particular. Cada uno vive una realidad que le es propia de la situación que le corresponde.

Todos tenemos una historia que contar y es percibida de manera individual.

¿Realidad o ilusión? Lo que para algunos es una realidad para otros es una ilusión. ¿Quieres cambiar tu percepción de la realidad o deseas mantenerte en ella sin generar cambios sustanciales ¿Consideras que tu realidad es producto del destino o quizás sea el resultado de algún error cometido?

viernes, 10 de julio de 2026

Poemas de octubre | José Ygnacio Ochoa

 

Autora: Haydée Borocz (2020)


***


Entretanto


Entretanto mi boca expresa la incongruencia de tu piel.

Estaremos sentados en el mismo café por el resto de los mil años venideros

así no nos olvidaremos de los desconciertos del agua derramada en tus poros.

Mis brazos dicen lo que callas desde las rendijas de tu cadera.

Me alejo lentamente para no causarte daño en tu humedad.

Viajaré por Luxemburgo para que me sientas desde el frío de mis calles,

si me dices que me detenga, pues lo haré y correré hasta

más no poder y llegaré hasta donde duden las miradas con su disimulo

de otra manera seremos más viejos y olvidaremos los dolores causados.

Mi honor se esconderá contigo para hablar de tus amantes. Volaremos,

sí, volaremos con la ligereza de las palabras.

Redoblaremos el instinto gravitado.

Después de todo volveremos a vernos donde tú lo desees.

Dispuesto estaremos con tu alfabeto.

El espejo con semicírculos será la señal del encuentro

reconoceremos, incluso las formas de la existencia del tiempo.

Entretanto tu sombra es la mía.

Miro desde la desgracia del vocablo.

Entretanto octubre es tuyo en septiembre.

Entretanto la multitud será discreta

e iluminará los alrededores de tu sonrisa.

Formaremos círculos entre las fiestas del pasado

y pronto seremos uno en la mentira de la conciencia.

Este humor vertido en la ironía. 

Deseo equivocarme con tu tiempo revelado 

en el signo de tu rostro.

Identificaremos ombligos, uno a uno para llevar preguntas

al universo.

Derrama el corazón del habla.

Dispones de los siglos sin perdón.

Miraremos alrededor para continuar con el diálogo 

en tu cuerpo a las doce de la noche.

En la mañana serás conmovida por la sensación que roza

la espalda con flores en la ventana,

discretamente las puertas de tus ojos

evocarán este humo acre.

Confieso la tristeza del adiós.

Deja la morada ante el abandono del dolor.

El cansancio no podrá ser el castigo de los rincones

En mi equipaje la tregua es de la nada.

Tu idioma es de arena intercambiado por luces en la piel

Luego la voz derrumba los cuerpos

Con la lluvia que da comienzo al arraigado.

Van los árboles como la brisa.

Ve el llanto de las aves,

seremos de las raíces, 

soñados en la historia.

Este suelo no duerme.

La gente te aplaudirá y en nombre de todos

te abrazo lentamente sin palabras y sin salidas

con los rumores de mi sonrisa 

caes en el letargo de los años.

El tiempo se instala en tu lengua 

y la verdad prorrumpe lo exclamado.

El infinito me obliga a sentir el humor de la pausa

en cada sueño de mis aguas.

Los restos de mis puños rozan los besos de tu atributo.

Mi epidemia tiene que ver con tu fuego.

Las carroñas verán el ardor al final de esta historia.

Contrariado estaré con el silencio,

los muros y las bestias corren por lo ocurrido.

Entretanto quedamos solos en este andar.

Las intenciones siguen al paso de los inseparables.

Exclamamos de la mano la coartada de la tierra sin astilleros.

La soberbia claudica en el pronombre, fijaremos 

domicilio en las afueras del vértigo.

Te esfuerzas por decir el pretexto de tus labios.

Solitaria bailas en el salón

con la razón y el recuerdo de las huellas.

Entretanto me quedo aquí a la espera de la muerte.


***


Descubre el camino sin atajos


Niega la posibilidad del encuentro con los sabios del invierno.

En sus ojos se desprende la gravedad del infortunio,

no importa que pasen mil años, quizás la aurora

matizará esta incertidumbre cósmica 


***


Mi doctrina sin percances 


Atiende mi doctrina sin percances.

Este atuendo es de mis sueños

con el desdén de siempre.

Ráfagas de lágrimas

reanudan mi éxodo

hacia el principio de los recuerdos.


***

José Ygnacio Ochoa. Poeta, ensayista y gestor cultural. «Premio Certamen Mayor de las Artes y de las Letras» del CONAC con el libro de poemas Imagen del Alba. Publicado en el año de 2005. Publicaciones con «Ediciones Estival»: Poemarios: Diario de aguas (2011) y Crónica de un amor (2014). Ensayos: La fragilidad de los espejos (2021). Prólogo de Juan Carlos Santaella. 22 ensayos en torno a la literatura venezolana contemporánea. Co-fundador de «Estival Teatro» (1993). Relatos: El pronombre de tus labios (2022) y La niña de los zapatos anaranjados (2023). 

*Autor seleccionado para formar parte de la Antología “Contra la violencia” del Colectivo Internacional de Minificción. Antologadores: Mustapha Handar (Marruecos) y Sara Coca (España). Editorial Kañy de Argentina (2023).

*Participa con el ensayo «Voces y sombras (sobre Líneas que un pájaro dibujó en el aire, poemario de Manuel Cabesa)» en la Antología URBANA (2023) de la «Revista Literaria Letralia, tierra de letras» que reúne a 55 autores.

Otras experiencias:

*Co-fundador de la Agrupación Independiente «Estival Teatro» con más de 30 años de existencia.

*Gira artística por Argentina con la Agrupación Independiente «Estival Teatro» de Venezuela con el montaje teatral Mariana (monólogo). Igualmente participó como ponente en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en el marco del XXI Congreso Internacional de Teatro Argentino e Iberoamericano.

 *Pertenece al Consejo Editorial de «Ediciones Estival» y de la «Revista Teatralidad». Textos de crítica teatral y teoría teatral de «Codarte-Estival Teatro».

jueves, 9 de julio de 2026

Palabras bajo libertad (XVII / 2026)


Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta.


Edición y nota:

Manuel Cabesa


***


El 19 de septiembre de 1985, la Ciudad de México sufrió un terremoto devastador que colmó de luto a todo el país y al resto del mundo. Meses después de la tragedia, el poeta mexicano José Emilio Pacheco escribió una larga y dolorosa elegía que fue inicialmente publicada en la revista Proceso y luego incluida en su libro Miro la tierra. Lo compartimos hoy, como compartimos el duelo que embarga a muchos hogares venezolanos.


(mcabesa)


***


I. Las ruinas de México

(Elegía del retorno)



1.


Absurda es la materia que se desploma,

la penetrada de vacío, la hueca

No: la materia no se destruye,

la forma que le damos se pulveriza,

nuestras obras se hacen añicos


La tierra gira sostenida en el fuego

Duerme en un polvorín

Trae en su interior una hoguera,

un infierno sólido

que de repente se transforma en abismo


La piedra de lo profundo late en su sima

Al despetrificarse rompe su pacto

con la inmovilidad y se transforma

en el ariete de la muerte


De adentro viene el golpe, la cabalgata sombría,

la estampida de lo invisible, explosión

de lo que suponemos inmóvil

y bulle siempre


Sopla de abajo el viento de la muerte,

el estremecimiento de la muerte

Sale la tierra de sus goznes de muerte

Como secreto humo asciende la muerte

De su profunda jaula escapa la muerte

De lo más negro y hondo brota la muerte


El día se vuelve noche,

el polvo es el sol

y el estruendo lo llena todo

Y de repente lo más firme se quiebra,

se vuelve movedizo el concreto armado,

como hoja de papel se rasga el asfalto


La casa que era defensa contra la noche y el frío,

la violencia de la intemperie,

el desamor, el hambre y la sed

se transforma en cadalso y tumba


Sus habitantes quedan prisioneros,

sepultados en vida por la muerte,

sin otra compañía más que la asfixia


Sube el infierno a repartir la muerte

El Vesubio estalla por dentro

La bomba asciende en vez de caer

Brota el rayo del centro de la tierra

Cosmos es caos pero no lo sabíamos

o no pudimos entenderlo


El planeta al girar desciende

en abismos de fuego helado

¿Gira la tierra o cae? ¿Es la caída

infinita el destino de la materia?


Somos naturaleza y materia y sueño

y por tanto

somos lo que desciende siempre:

polvo en el aire.


2.


De aquella parte de la ciudad que por derecho

de nacimiento, crecimiento, odio y amor

puedo llamar la mía (a sabiendas

de que nada es de nadie)

no queda piedra sobre piedra


Esa que allí no ves, que no está

ni volverá a alzarse nunca

fue en otro mundo la casa

donde nací


La avenida que pueblan damnificados

me enseñó a caminar 

Jugué en el parque

hoy repleto de tiendas de campaña


Terminó mi pasado

Las ruinas se desploman en mi interior

Siempre hay más, siempre hay más

La caída no toca fondo


3.


Para talar un árbol de cierta edad

no comiences nunca

por el durísimo tronco:

primero corta las raíces,

el cordón que ata al árbol con la tierra,

madre, sustento y memoria


Para que exista el árbol ha de haber tierra

Para vivir necesitamos memoria,

raíz, cordón (sentimental, material)

es decir, todo aquello

que derribó el inmenso hachazo en segundos


4.


A los amigos que no volveré a ver,

a la desconocida que salió a las seis

de la colonia Granjas-Esmeralda o de Neza

para ir a su trabajo de costurera o mesera;

a la que iba a la escuela para aprender

computación o inglés en seis meses,

quiero pedir disculpas por su vida y su muerte


Ruego que me perdonen porque nunca encontraron

su rostro verdadero en el cuerpo de tantos

que ahora se deshacen en la fosa común

y dentro de nosotros siguen muriendo


Muerto que no conozco, mujer desnuda

sin más cara que el yeso funeral,

el sudario de los escombros, la última

cortesía del infinito desplome;

tú, el enterrado en vida; tú, mutilada;

tú que sobreviviste para mirar

primero la caída y poco después

la intolerable asfixia: perdón


No pude darles nada

Mi solidaridad de qué sirve

No aparta escombros, no sostiene las casas

ni las erige de nuevo


No puedo darles nada

Pido, al contrario,

para salir de mis tinieblas, la mano imposible

que ya no existe o ya no puede aferrar

pero se extiende todavía

en un espacio del dolor o un confín de la nada


Perdón por estar aquí contemplando,

en donde estuvo un edificio,

el hueco profundo,

el agujero de mi propia muerte


5.


La tierra desconoce la piedad

El incendio del bosque o el suplicio

de un pobre insecto bocarriba que muere

de hambre y de sol durante muchos días

son insignificantes para ella

—como nuestras catástrofes


La tierra desconoce la piedad

Sólo quiere

permanecer transformándose


6.


Sólo cuando nos falta se aprecia el aire

Sólo cuando quedamos como el pez atrapados

en la red de la asfixia


No hay agujeros

para volver al mar que fue el oxígeno

en que nos desplazamos y fuimos libres


El doble peso del horror y el terror nos ha puesto

fuera del agua de la vida


Sólo en el confinamiento entendemos

que vivir es tener espacio Hubo un tiempo

feliz en que podíamos movernos,

salir, entrar y ponernos de pie o sentarnos


Ahora todo encogió, cerró

el mundo sus accesos y ventanas

Ahora entendemos lo que significa

una expresión terrible: sepultados en vida


7.


Con qué facilidad en los poemas de antes hablábamos

del polvo, la ceniza, el desastre y la muerte

Ahora que está aquí ya no hay palabras

capaces de expresar qué significan

el polvo, la ceniza, el desastre y la muerte


8.


Secamos toda el agua de la ciudad, destruimos

por usura los campos y los árboles


En vez de tierra a nuestras plantas quedó

un sepulcro de fango árido

y rencoroso, malignamente incapaz

de amparar lo que sostenía


La ciudad ya estaba herida de muerte

El terremoto vino a consumar

cuatro siglos de lentas destrucciones


9.


Entre las grandes lozas despedazadas, los muros

hechos añicos, los pilares, los hierros,

de pronto vi intacta, ilesa

la materia más frágil de este mundo:

una tela de araña


10.


Para los que ayudaron, gratitud eterna, homenaje

Cómo olvidar —joven desconocida, muchacho anónimo,

anciano jubilado, madre de todos, héroes sin nombre—

que ustedes fueron desde el primer minuto de espanto

a detener la muerte con la sangre

de sus manos y de sus lágrimas;

con la conciencia

de que el otro soy yo, yo soy el otro,

y tu dolor, mi prójimo lejano,

es mi más hondo sufrimiento


Para todos ustedes, acción de gracias perenne

Porque si el mundo no se vino abajo

en su integridad sobre México

fue porque lo asumieron

en sus espaldas ustedes


Ustedes todos, ustedes todas, héroes plurales,

honor del género humano, único orgullo

de lo que sigue en pie sólo por ustedes

Reciba en cambio el odio, también eterno, el ladrón,

el saqueador, el indiferente, el despótico,

el que se preocupó de su oro y no de su gente,

el que cobró por rescatar los cuerpos,

el que reunió fortunas de quince mil millones de escombros

donde resonarán por siempre los gritos

de quince mil millones de muertos


11.


Las fotos más atroces de la catástrofe

no son las de los muertos

Hemos visto ya demasiadas

Este es el siglo de los muertos

Nunca hubo tantos muertos sobre la tierra


¿Qué es un periódico

sino un recuento de muertos

y objetos de consumo para gastar

la vida y el dinero y ocultarnos en ellos

contra la omnipotencia de la muerte?


No: las fotos más atroces de la catástrofe

son esos cuadros en color donde aparecen muñecas

indiferentes o sonrientes, sin mengua, sin tacha,

entre las ruinas que aún oprimen

los cadáveres de sus dueñas, la frágil vida

de la carne que es como hierba

(ya fue cortada)


Invulnerabilidad de los plásticos,

indestructibles sin duda,

pero que en este caso tuvieron hombre

y existencia de alguna forma


Acompañaron, consolaron, representaron la dicha

de aquellas niñas que sin saberlo nacieron

para ver su futuro desplomándose

en el fragor de este fin del mundo


12.


Del edificio que destripó en su furia inconsciente

al embestir el toro de la muerte

brotan varillas como raíces deformadas


Sollozan hacia dentro

por no ser vegetales,

capaces de hundirse en tierra y renacer,

a fuerza de paciencia reconstruirse

y levantar lo caído


Raíces inorgánicas esas varillas

que nada más soportan

su irremediable vergüenza


Se dejaron vencer por un doble peso:

la corrupción y la catástrofe

No son nudosidades de árbol caído:

son flechas

que apuntan a la cara de los culpables


13.


El lugar de lo que fue casa lo ocupa ahora

un hoyo negro (y representa al país entero)


Al fondo de ese precario abismo yacen

escombros y basura y algo brillante

en la viscosa noche sin piedad que nos cayó encima


Me acerco a ver qué arde amargamente en el fondo

y descubro mi propia calavera


14.


Hay terror en la luna que brilla plena entre escombros

Porque la luna es un desierto redondo, un espejo

de lo que nuestra tierra será algún día


Ni árbol ni pájaro

Continentes de arena helada, mares sin agua

Rocas toda mudez, toda ceguera

Sólo silencio


Sólo silencio que por fin ha anulado,

innumerable, el gran clamor de los muertos


15.


No he vuelto a ver gorriones,

los ocelados sin ley ni hogar ni futuro

que eran los dueños de la calle, los amos

de los árboles moribundos

y las cornisas en ruinas


No he vuelto a ver gorriones ni palomas

Hoy esta es la ciudad de las moscas azules

Enjambran, tejen, amotinan, deslíen

su recocó zumbante las moscas azules

en su traje de luces que un día también

será bordado en mi taller de tinieblas


Minueto, rumba, vals de circo o marcha guerrera,

vibra la danza de las moscas azules

en esta que es ahora la ciudad de los muertos


Ángeles condenados al subsuelo y hoy al escombro

abejas poderosas: todas son reinas


Qué democracia la de esas moscas azules

Qué poderío el de las incansables que retan

con el color y el zumbido


Qué saber y gobierno de las moscas azules,

las dueñas y señoras de este valle de México


La dictadura de las moscas azules,

omnipotentes victoriosas, vencedoras soberbias,

la siempre invicta fuerza aérea implacable,

el orgullo más grande y más humilde

entre las huestes de la muerte


Ellas no tienen miedo de la noche de México

Son las nuevas luciérnagas Se adueñan

de las tinieblas y las hienden brillando


Sólo las moscas

reinan entre el estrago y se adueñan de todo

Las flores del desastre, las pregoneras

de los muertos que hay en el aire


La hija de la muerte se va a morir también

Patalea la mosca azul agonizante que expira ahíta

del cadáver en que nació

Ha devorado

todo su capital pero también ha cumplido

con su deber y su ética


Nació para ultimarnos, para limpiar

el mundo de la carroña que finalmente somos


No hay mosca azul para la mosca azul

El triunfo de la muerte beneficia por último

a las dueñas del mundo: las hormigas


16.


El niño que se aburre en el jardín avizora

la columna de hormigas. Van al trabajo

e intercambian informaciones


Qué gran esfuerzo

llevar a cuestas su brizna o su fragmento de mosca


Qué ordenado parece desde allá arriba

este mundo de hormigas (en su interior

ha de ser como otro cualquiera

y bullir en discordia, tedio, ansiedades,

aguda conciencia

de la mortalidad de todo y todos)


En la visión del niño estas hormigas

semejan partes de un reloj Y él va a romperlo


Como una forma de poder imbatible

el niño aplasta

las casas, las columnas, las galerías


Gran cataclismo para ellas Y a unos centímetros

el mundo sigue igual. Crecen las hojas,

el árbol se endurece en su quietud

cae el polvo en la luz, el tiempo gira

—y la ciudad de hormigas ya no existe,

ya sólo es un montón de ruinas dolientes

y diminutos seres que padecen

su agonía entre escombros

El niño, concluida su labor,

se dispone a algún otro juego


17.


Esta ciudad no tiene historia,

sólo martirologio


El país del dolor,

la capital del sufrimiento,

el centro deshecho,

el núcleo del desastre interminable


Jamás aprenderemos a vivir

en la epopeya del estrago


Nunca será posible aceptar lo ocurrido,

hacer un pacto con el sismo, decir:

“lo que pasó pasó y es mejor olvidarlo;

pudo haber sido peor, después de todo

no son tantos los muertos”


Pero nadie se traga estas cuentas alegres

Nadie cree en el olvido

Estaremos de luto para siempre

Y los muertos

no morirán mientras tengamos vida.


José Emilio Pacheco 

Miro la tierra, 1987