sábado, 1 de agosto de 2026

Adiós, Kristel / 2

Resulta difícil terminar de despedirse, sobre todo en el caso de Kristel Guirado por quien muchos sentimos verdadero aprecio, no solo por cuanto hizo y escribió, sino por ella misma, por su manera de ser, su inconfundible simpatía.

Yo todavía tengo en la casa _Tacones_ _lejanos_, que me parece es un buen libro de cuentos. También recuerdo su emoción, hace tres décadas, cuando le comenté que me había gustado mucho: los ojos brillosos, la amplia sonrisa y la alegría de una muchacha que todavía tenía la vida ante sí.Tenía apenas 26 años. 


Manuel Cabesa


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Carlos Ortiz


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Escríbeme tú cuéntame tú 

como te dé la realenga gana 

santurruna o corruptura dragón 

o libélula


lo de contestar es fácil 

todos tenemos ardores raptos

bizarras fantasías humildes vértigos


fotografíalos y envíamelos

ya sabré como internármelos


sé delante de mi pantalla 

todo lo que te baje 

por el cuerpo o te salga

por algún orificio 


¿viste?

facilito.


 K.G: Amada Begoña

(La Mancha Ediciones, 2012)


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Se ha ocultado de pronto el sol al mediodia

después de que llenaste páginas y páginas de un libro que nadie quería leer

con ilustraciones perversas 

que contaba como el aliento a veces 

en vez de oxigeno y humores de nuestros besos 

trasladaba silencios 

quejas y sin sabores


después de tanto

que viviste decides irte

así sin más 

avasallando todo 

llenando de dulzura el aire de los otros

dejándome con estas inconmensurables ganas de ti 

de tu aliento suave en el cuello

en la madrugada de complicidades y toqueteos 


coño

cómo hago ahora

cómo persisto en ese otro paso que hace falta

cómo transito los días 

cómo alimento las ganas de poner letra tras letra

qué hacer para llevarte a las playas de tus anhelos 

pasear contigo en la noche por la ciudad adormecida

transitar las cotidianidades y sus violencias

con los bolsillo limpios como los teníamos siempre 

y recordando las madrugadas de café en el malecón de la Bermúdez

con nuestros otros corazones y sus jodederas. 

Qué hago para no esperar la llamada de teléfono 

para pedirme que te lleve dulces o tunjitas para los chamos

cómo hago para transitar esta ciudad 

que esta impregnada toda de tu almizcle


Manuel Almeida Rodríguez


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En una actividad Pre-Filven

La Villa de San Luis Rey de Cura, 2025



Tuve el privilegio de compartir con Kristel Guirado en los Valles de Tucutunemo en la prefilven del 2025. 

Solo me quedó este bonito recuerdo.


Nohemí Castro


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Con José Argenis Díaz

La Villa de San Luis Rey de Cura, 2025


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¿Sabes? siempre la vi como un árbol, a cuya sombra era tan seguro cobijarse... y así seguirá, a través de su palabra: seguirá siendo como el guatamare, hermosa presencia, sombra oportuna, firmeza en su tronco de versos y aromada fuente de luz para quienes admiramos su escritura.


Ninfa Monasterios Guevara


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que ojalá no olvides

que te viste de setenta años

besándome furtiva en un rincón 


y yo tengo tu nueva dirección 

de nuevo.


 K.G: Amada Begoña

(La Mancha Ediciones, 2012)


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Con Raquel Santeliz y Bolívar Pérez


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No conocí a Kristel; pero su muerte me conmovió 

Por lo tanto, no pude dejar de pensar en la hermosa prosa poética de John Donne cuando expresa que la humanidad está interconectada 

Y que por eso la muerte de cualquier ser humano nos afecta a todos 


Mercedes Carmona


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Con Raquel Camacho, Gloria Dolande y Astrid Salazar en La Cafebrería. 20 de abril de 2025


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qué impactante

no llegué a conocerla pero siempre que me la cruzaba estaba tan vibrante, tan viva


Raquel Camacho


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me gustaría verte 

que me dejaras una cicatriz 


quisiera una bebida 

unas palabras y besos 

poemas

recomendaciones 

comunión 


no te asustes 

sé que eres pasajera de la anunciación 

y no quieres mayor sismo 


esta vez

no es coquito quien firma.


 K.G: Amada Begoña

(La Mancha Ediciones, 2012)


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Con Lucía Estrada y Marcos Veroes

19° Festival Mundial de Poesía

Teatro de la Ópera de Maracay, 2025


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La última vez que compartí con ella fue en el marco del homenaje que se hizo en el encuentro mundial de poesía en agosto de 2025. Nuestro encuentro estuvo signado por esa armonía de viejos amigos que se encuentran después de mucho tiempo y pareciera que hace dos días se vieron por última vez. Acordamos como siempre volvernos a encontrar.

Ese día sus poemas fueron declaraciones militantes del amor.


Marcos Veroes


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Con Astrid Salazar en La Cafebrería.

20 de abril de 2025


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!Que la poesía te acompañe!


Astrid Salazar


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estás en un libro 

y yo en guerra 


en macondo

y yo en un buque 


en tu derecho 

y yo en celo


loca

y yo encantado 


iluminada

y yo en dependencias


en la ucv

y yo en órbita 


en la vía 

y yo en lo correcto 


en las películas 

yo sedentario 


en el gobierno 

y yo detenido


en onda 

y yo también 


en la magia 

y yo en esta erección


lista

y yo saliendo 


segura

y yo en peligro 


loquito

despeinado.



 K.G: Amada Begoña

(La Mancha Ediciones, 2012)


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"yo

solo soy un canto de pájaro" 

Kristel Guirado


Un pájaro 

rozando el aire 

de este paisaje 

poblado de árboles 

olorosos

a flores silvestres.


Las palabras flotan

entre nubes 

hasta llegar al cuerpo

hecho metáfora que eres.


Ysbel Mejías


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El fuego de los afligidos

                              

a Kristel 


Deshojo la margarita 


Voy, no voy


No veo bien con las ojeras tan grandes

Los párpados casi cerrados 


El estómago es un hueco 

que traspasa el infinito 

duele y se revuelve en esta hora 


Y me debato entre movimiento y quietud


Es el juego 

de lo fantasmal tan mío


Los pájaros me aturden

y no sé si estoy para mí 


No sé porqué este momento 

Es como borrarse

como el arrebato de las almas


Cómo si vienen los angeles en caballo

hemos escuchado las trompetas


La tierra se abrió 

y sigue a la gente 

que yéndose por la fractura 

nos obliga a llorar 


Y yo aquí tratando 

de silenciar al gallo

mientras la humedad 

me congela 


Qué tiempo tan oscuro 

Qué absurda la necesidad de mirar para ver


Suelto un pañuelo blanco

se vuelve espuma en su río 

y adiós Kristel Guirado 


Esta nueva obra

también tendrá sus aplausos 

en el fuego de los afligidos


Ingrid Chicote


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ZdT quiere agradecer a todos nuestros amigos por sus palabras y las imágenes compartidas con las cuales, involuntariamente, colaboraron para la realización de este pequeño homenaje.

(mcabesa: 01/08/2026)

viernes, 31 de julio de 2026

Máximas para agarrar mínimo (II) | Luis Valero



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La humildad no está por encima de nadie, pero sí por encima de todo.


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Lo mejor siempre nos está esperando.


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Quien aprende a pensar, puede afirmar que tiene una vida.


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Lo propio del ser es crear.


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Nadie tiene la verdad, sólo la esperanza de poder tenerla.


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La política es el arte de herir.


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La ideología es un pensamiento petrificado.


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La miseria es una mujer sin ovarios.


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Privilegiado es cualquiera que se anime a vivir.


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La sociedad decide mal en nombre de todos.


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No somos dueños de sentimientos ajenos.


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Es casi imposible olvidar la sal.


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A todos siempre nos falta algo.


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No podemos quedarnos en el rincón de la vida.


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En los caminos de luz, no existen las apariencias.


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Cantar no es solo mover los labios.

jueves, 30 de julio de 2026

La niña de los zapatos anaranjados (Minificción) | José Ygnacio Ochoa

 


Tomados del libro La niña de los zapatos anaranjados. Ediciones Estival (2023) 


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La memoria es algo que habita en uno, aquí dentro está. 

Joan Manuel Serrat


Cráneos que gritan aquí dentro.

Matías Adrián, mi nieto de cinco años


1


Estrépito


Recuerdo cuando su risa inundó toda la casa. Era como un vendaval de entusiasmo. Nada se quedaba inmóvil ante su irreverente carcajada. Todo se movía ante el estrépito de su presencia.


2


Pluscuamperfecto


Siempre estuvo en el pluscuamperfecto de su pasado. Cuando él llegó, ella ya había leído el libro de las mentiras.


3

                                  

Mito


El mito de la verdad era negarlo todo. La oración culminó con la señal de la cruz.


4


Sin término medio


Él contenía una imaginación incontrolable. Ya había recorrido mundos insospechados con solo cuatro años.

                                     

5

                       

Muerte líquida


No hubo contratiempos para su muerte líquida. Todo aconteció bajo una lluvia pertinaz.

                                   

7

                      

La mujer sin rostro


Quién le responde a la mujer sin rostro. ¿Será posible ver a través de los dedos de los pies? o simplemente dejar que los poros hagan su trabajo.

                     

8


Se volteó sobre sí mismo


Nada pudo hacer para revertir su desasosiego. El calcetín se quedó con su hueco excéntrico al lado de su compañero  inseparable. El dedo gordo hizo su mueca de costumbre.

                                          

10 

                                      

Febrero


— ¿Mamá por qué febrero no tiene 30 días?

—Hijo porque es una regla.

—Entonces dile a la regla que me regrese esos dos días porque los necesito para jugar.

—Voy a buscarlos, ya vengo.                       

                             

31

                  

La niña de los zapatos anaranjados


La niña de los zapatos anaranjados vuela y alcanza el arcoíris. Sola. Ruedan sus lágrimas desnudas por el acantilado. Se derraman en la muerte de lo que fueron sus huesos. Agua como la figura del desengaño. Muere.

                            

66

    

Hubo alguna vez un animal extraño


Hubo alguna vez un animal extraño y más que extraño, único en su especie. No era de este planeta. No era verde ni blanco ni azul ni tenía una sonrisa espléndida. En definitiva era un animal oblongo y raro también. Pero me agradó su presencia desde el primer momento en que lo vi. Él me vio también. Se hizo el desentendido o más bien el tonto. El caso es que tenía tres cabezas y tres manos. Se movía lento, muy lento, con sus dos extremidades delgadas y frágiles.  Me acerqué a él. Le di agua y me abrazó por dos siglos.

                           

 90

 

Las actrices se plantaron frente a frente en el escenario


Las actrices se miraron, no dijeron palabra alguna. Todo fue un follaje corporal. Giraron, se detuvieron, caminaron, lloraron, giraron otra vez, pero en sentido contrario, rieron. No hubo disputas. Sus emociones habían ido y venido. Fueron ellas dos o eran los personajes. Piernas abiertas, gesto celeste, se miraron. Glúteos de agosto. Sudor de noches. Se acercaron al proscenio. Cuarta pared. Retroceden, vuelan, giran, sonidos guturales, escupen, tragan y vomitan. Enfáticas. Hablan las tablas, fluyen, respiran, cervicales acopladas. Los personajes o ellas: etéreas, levitan cenitales azules, suenan las cuerdas rasantes, los griegos, Diderot, cadalso, El jardín de los cerezos, la historia, Beckett. Caóticas, caen, continúan. Se besan. No hubo comentario alguno después de la salida.

                            

136

         

Saturno y mi alter ego


Mi alter ego me cuenta que en Saturno existe una mujer sin infortunios y a todo le dice que sí. Ella es la que quiero para mis desventuras al lado de Borges y su biblioteca de Babel, al lado de Miguel y su Quijote, al lado de Cadenas y sus Cuadernos del destierro, al lado de Homero y su Ilíada. Reinventarme mi otro planeta. Para que no existan excusas al contener mis leyes y así mirar mis sueños y así inventar una tristeza perenne. Calles que giren solo hacia la izquierda. Ríos y lunas que lleguen a la puerta de mi casa. Hombres enanos que escriban solo poemas y mujeres gigantes que escriban más poemas con palabras inventadas por ellos en tertulias eternas.


151

                    

Mientras


Mientras me escuches, escribiré.


152

                        

Ser


En qué momento dejé de ser lo que pretendía ser.


153

                  

Es tarde


—Es tarde

— ¿Para qué?

—Para vivir dos veces.


154


Los árboles se mueven


Cada vez que veo por la ventana, los árboles se mueven. La tierra está húmeda. Luna llena. No aparecen las luciérnagas para alumbrar el camino. Las espigas vuelan por todas partes. La brisa pega en la cara y quema.  A lo lejos, las mujeres cantan lo de siempre. Llueve.

Adiós, Kristel...


Ha partido Kristel Guirado y no encuentra uno qué decir en estas circunstancias, pero no podíamos dejarla ir sin decirle adiós con una muestra de admiración y respeto por una vida embargada de creatividad, dedicada a la literatura y el teatro. Como un pequeño homenaje compartimos uno de sus cuentos de su libro Tacones lejanos (1995). Dejemos que su imaginación nos acompañe mientras la recordamos con el cariño de siempre. 


(mcabesa)



Inserción


-Kristel Guirado-


Dejo los cuadernos sobre el mueble y lo pienso un poco. Vengo a la cocina, relleno un pan con mermelada y me sirvo la última taza de café mientras leo en un diccionario:


CEREBELO m. Anat. Parte posterior del encéfalo.


La perra, velándome, da vueltas a mi alrededor y me sigue por toda la casa. Yo, incesantemente, busco una aguja. No la encuentro. Comienzo a hurgar de nuevo, pero ahora en los sitios donde nunca hubiese esperado encontrar alguna. La casa es un verdadero desorden. Vengo a la nevera, levanto una revista y aqui está: el paquete amarillo con dos mujercitas sonrientes que mamá compró la semana pasada. Estoy recordando claramente las últimas palabras del profesor. La perra se apoya en las patas traseras haciendo equilibrio. Como recompensa le doy el pedazo de pan que me queda. La observo. Hace al comer unas muecas exageradas que me causan una vaga gracia. “Es improbable, no deja huellas…”

He buscado en libros y enciclopedias, pero no encuentro dato alguno sobre la relación tiempo—efecto. No sé si tendré los segundos necesarios para retirar la aguja, pero debo arriesgarme. Repaso mis anotaciones del lunes, el profesor apuntaba: “En la base de lo que nosotros llamamos nuca se forma una especie de hendidura. Si apretamos la cabeza del sapo un poco hacia atrás, lograremos sentirla mejor. Ahora claven la aguja en el centro de la hendidura, exactamente en el centro, y mataremos al sapo sin causarle dolor, de forma rápida y sin dañarlo físicamente…”

Guardo estos libros, coloco el paquete de agujas donde lo encontré y dejo sólo la que voy a utilizar. Tomo la bolsa de pan, agarro otro y se lo doy a la perra para entretenerla. Sin pensarlo mucho, palpo entre la cabellera el orificio, me inserto la aguja y, en efecto, tengo tiempo de retirarla y lanzarla lejos.

 

Del libro Tacones lejanos

(Maracay: La liebre libre, 1995)


Kristel Guirado (1968-2026). Narradora dramaturga, guionista y actriz. Entre sus libros se encuentran:  Quebrantos (dramaturgia. Secretaría de Cultura del estado Aragua, Maracay, 1993),  Tacones lejanos (cuentos. Editorial La liebre libre, Maracay, 1995),  Las inútiles rosas del tiempo (dramaturgia. Biblioteca Municipal Augusto Padrón, Maracay, 1996),  San Ignacio es un lugar común (dramaturgia, Alcaldía de Ribas y Fondo Editorial de Senderos Literarios, La Victoria, 1999), Tres textos para teatro (dramaturgia. El perro y la rana, Caracas, 2006), Los juguetes más grandes (cuento. COFAE, Caracas, 2006), Amapola duerme de día (Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, Caracas, 2018),  Árboles y abismos (poesía. Túnel Diez Ediciones, Los Teques 2020), Tucutunemo, río de aguas espumosas (Fondo Editorial Fundarte, Caracas, 2023),  Lírica Hispana: Mujer y Gestión Editorial (Fundación Editorial El perro y la rana, Caracas, 2025), entre otros. Recibió infinidad de premios por su obra literaria y dramatúrgica.

miércoles, 29 de julio de 2026

¿Sabes? Murió Fito

-Marina Sandoval-


Cerca de las siete de la noche comenzó a circular por el pueblo la noticia de la muerte de Fito. Todos estaban muy conmovidos. Fito era un personaje muy popular en Puerto Píritu, reconocido por su manera respetuosa de tratar a las personas y por su disposición a ayudar cuando se requerían sus servicios.

Vivía con su madre y hermana. Era los “ojos de su mamá” y su mano derecha. Ayudaba en todas las labores domésticas y se encargaba de hacer las compras. El viernes a las cuatro de la tarde salió a comprar el pan, pero no regresó con el encargo.

La señora Natividad pensó que había salido con los amigos, pero se preocupó cuando a mediodía del sábado no había llegado. Comenzaron a buscarlo en los sitios que frecuentaba, pero no había noticias de él.

Como a las seis de la tarde se presentó un compadre de la señora y le dijo que en el hospital había un lesionado grave muy parecido a Fito (él sabía que había muerto, pero no quiso decirle la verdad).

Ya en el pueblo la noticia corría como agua después de la lluvia, agua que aumentaba con las lágrimas de las chicas que lo apreciaban mucho. Los amigos se acercaron a la casa y cada vez que llegaba uno, Mariana, una niña de cinco años, les decía: ¿Sabes? Murió Fito.

Todos conversaban, lloraban y tomaban café, cuando de manera sorpresiva entró Fito por medio del corredor, balanceándose y entonando la canción: “No estaba muerto, estaba de parranda…”

Granos de sonido (XIX)

 


-Roberto Santana- 


Ecos de trinchera y asfalto: La insurrección sincopada de los rebeldes del siglo veinte


Esta oscura perla no cuenta como un simple vestigio subterráneo del reggae canadiense. En una década donde el plástico pop comenzaba a devorarlo todo bajo el imperativo de la mediocridad rentable, este colectivo de diez músicos alzó un manifiesto de resistencia esculpido en el gélido norte, una barricada de sonido donde el roots, el dub e insinuaciones sutiles de contrapuntos jazzísticos se fundieron en un abrazo clandestino y febril. Su música no buscaba la complacencia de las radiofórmulas; ellos querían incendiar el sótano espiritual de clubes emblemáticos como el BamBoo de Toronto.

Escuchar estas pistas es adentrarse en una arquitectura de líneas de bajo subsónicas que sostienen el cielo raso, mientras los vientos cortan el aire con la precisión de una herida abierta. La batería mide el tiempo en ecos flotantes, con un pulso magnético que arrastra al oyente hacia la hipnosis combativa. Hay una sofisticación melancólica en sus arreglos, una ambición artística indómita que prefiere la crudeza de la verdad instrumental por encima del brillo comercial artificial.

Rebelution es la crónica efímera pero imperecedera de una banda que se desintegró demasiado pronto, dejando atrás un testamento sonoro que demostró que la síncopa jamaicana podía echar raíces profundas, oscuras y hermosas bajo el asfalto de Ontario. Poesía hecha ritmo, revolución latente congelada en el tiempo.

En vista de que esto es una absoluta joya subterránea que no encontrarán en Spotify, ni en Bandcamp o en ninguna otra plataforma, haré una excepción y compartiré el disco completo desde mi Drive. Espero que lo disfruten. God bless. Jah Rastafari.


20th Century Rebels – Rebelution (1983)

•Canadá 

•Roots Reggae
con ramalazos de
•2 Tone Ska


Si quieres descargarlo, toca el enlace:

https://drive.google.com/drive/folders/1iViYm4P51NZQNd29rtWwvnlNoMeiK182

jueves, 23 de julio de 2026

Microrrelatos (II) | Rafael Ortega

 


Título: Bailarina por naturaleza (2026)

Autor: Rafael Ortega 



Del libro inédito Fábulas infames y otros relatos absurdos 


***


Herencia burocrática


Quedar atrapado en la cola del Banco de Venezuela no fue una decisión, fue un estado del ser. Las horas se disolvieron en días; los días en décadas. La fila se convirtió en su isla desierta y su silla plegable en un trono de paciencia. Con destreza de náufrago urbano, aprendió a cazar las palomas que entraban por la ventana y a encender fuego frotando recibos viejos y tarjetas de débito caducadas.

Cuando por fin sonó su número y avanzó hasta la taquilla, su barba era una cascada blanca que tocaba el mostrador. El funcionario, sin levantar la vista del monitor, ajustó sus anteojos y sentenció:


-Señor, la planilla para este trámite expiró el siglo pasado. Y, por cierto, nos debe cincuenta años en comisiones por uso indebido de las instalaciones.


***


La metamorfosis del mendigo de versos


El Poeta no tenía sombra, sino un pequeño demonio con alas de zamuro que le dictaba al oído. Tenía, además, una terrible bendición: sus ojos, robados a un ángel despistado en un bar de mala muerte, le hacían ver la belleza absoluta en el horror. Veía una sinfonía celestial en una rata agonizante y un milagro divino en el moho del pan.

Un día, la Muerte lo detuvo en un cruce de caminos.


-Tu senda es miserable -le dijo la Muerte con lástima-. Te estás desgastando las botas, comes sobras y nadie recuerda tu nombre. El camino del poeta no vale la pena.


-Tiene toda la razón, señora -respondió el Poeta, sonriendo con sus incisivos afilados de demonio-. Es un trayecto absurdo, hambriento y ridículo.


Sin decir más, el Poeta se quitó los ojos celestiales, los arrojó al lodo y siguió caminando a ciegas hacia el abismo, cantando una melodía espantosa.

La Muerte, curiosa, se agachó y recogió las dos pupilas impías. Al ponérselas, vio cómo del barro donde el Poeta había pisado brotaban orquídeas de luz y galaxias de polvo doradas.

Entonces la Muerte comprendió: el caminante era una criatura despreciable y prescindible, pero el camino... el camino de la poesía valía cada infame paso.


***


Relato de un náufrago urbano



Tras el aguacero de mayo, el asfalto de la avenida Aragua se volvió líquido -densamente marino- solo para él. Atrapado en la isla, rodeado por una marea de autobuses que rugían como tiburones de metal, se aferró a su maletín a modo de balsa. El agua sucia le llegaba a las rodillas. A pocos metros, en la acera, los peatones caminaban en perfecta sequedad, ignorando sus gritos de auxilio con la indiferencia de quien evade a un loco. Mientras calculaba cuántos minutos de flotación le quedaban antes de ser devorado por el transporte público, contempló con horror el fondo del océano: el cuero de sus zapatos nuevos se estaba agrietando sin remedio. Morir ahogado en la vía le pareció una molestia aceptable, pero perder las doce cuotas que aún le debía al zapatero fue la verdadera tragedia de la tarde.


***


La rebelión de la platabanda


El racionamiento eléctrico comenzó a las ocho en punto, sumergiendo al barrio Santa Rosa en una penumbra densa y calurosa. Pero esa noche el aire venía distinto: cargado de una electricidad traviesa.

Aprovechando que la oscuridad disolvía los contornos, las sombras decidieron emanciparse. Cansadas de ser el reflejo servil de cuerpos agotados, despegaron los talones del piso. La del profesor Leonardo, aburrida de una vida encorvada entre libros, cruzó la calle reptando para buscar aires nuevos; otras se adosaron a cuerpos ajenos solo por probar posturas distintas. Pero la mayoría prefirió el descontrol: en la platabanda del señor Jhon Jairo, decenas de siluetas se reunieron en una fiesta clandestina para bailar reguetón y salsa baúl sin proyectar un solo ruido.

A las seis de la mañana, cuando la luz regresó de golpe y el sol despuntó en el horizonte, la estampida de sombras en retirada fue un caos. Desorientadas por la prisa, muchas se pegaron al primer cuerpo que encontraron, pero el verdadero problema ocurrió en lo alto de la casa.

En la platabanda quedaron pegadas, como un grafiti nocturno, las sombras de los tres mejores bailarines de Santa Rosa, que se negaron rotundamente a despegarse del cemento. Desde entonces, sus antiguos dueños caminan bajo el sol del mediodía completamente traslúcidos, mientras el vecino cobra entrada los fines de semana para que la gente vea cómo tres siluetas oscuras siguen tirando paso sobre el techo caliente.


***


La cédula


Llevaba cuatro horas bajo la luz fluorescente de la Oficina Nacional de Identificación y Extranjería cuando por fin llamaron su número. El funcionario, un hombre con bigote gris y ojos extinguidos por el tedio, tecleó su número de cédula sin mirarlo.


-Usted no puede renovar nada, señor- dijo el funcionario, ajustándose los lentes-. Según el sistema, usted falleció el 12 de marzo de hace dos años.


-¿Cómo que fallecí? ¡Estoy aquí de pie!- protestó, golpeando levemente el mostrador con los nudillos-. Toco la madera, respiro el aire viciado de esta sala, me duelen las piernas de hacer la cola. ¡Estoy vivo!


El funcionario suspiró con la paciencia de quien ha visto a demasiados muertos obstinados.


-Señor, el sistema no se equivoca. Aquí consta: paro cardiorrespiratorio, Hospital Central de Maracay, 14:35 horas. Si usted está aquí, es un error administrativo o una suplantación. Pase al módulo 4 para apelaciones de defunción.


Durante las siguientes dos horas, el hombre fue de taquilla en taquilla. Presentó su licencia de conducir, la tarjeta del banco, una factura de luz a su nombre y hasta la cicatriz de su apendicitis. Nadie se inmutó. Para la señorita de la casilla 8, un sello rojo valía más que cualquier pulso.

Frustrado, pellizcó su propio brazo para sentir el dolor, pero no sintió nada. Extrañado, se llevó la mano al cuello, buscando la yugular. Bajo sus dedos, la piel estaba fría y el silencio en su pecho era absoluto.

Entonces recordó el autobús que nunca llegó a su destino aquel lluvioso 12 de marzo, la luz blanca al final del túnel que confundió con los faros de un camión, y la extraña razón por la que en los últimos dos años nadie, absolutamente nadie, lo había vuelto a llamar por su nombre.

El hombre miró sus manos pálidas, dio un paso atrás y se disculpó con el funcionario.


-Tiene razón- murmuró-. Disculpe la molestia.


Y se fue flotando, en silencio, directo a la salida.


***


La máquina de la empatía


El profesor inventó el Empatómetro, un casco de cobre diseñado para que cualquiera pudiera sentir exactamente lo que padecía su prójimo. Seguro de haber hallado la cura definitiva para la crueldad humana, instaló un puesto en la plaza Bolívar.

El primer cliente fue un hombre amargado que se quejaba de que su esposa jamás valoraba el cansancio de sus jornadas. Se colocó el casco, pero en lugar de sintonizar la mente de su mujer, presionó el botón de reinicio y ajustó los cables para que la máquina proyectara sus propios pensamientos hacia el altavoz de la plaza a máximo volumen.

En menos de una hora, la fila para usar el invento le daba tres vueltas a la manzana. Ninguno de los presentes quería ponerse los receptores para sentir al otro; todos hacían cola, con los puños levantados, peleándose por el micrófono para obligar al resto de la gente a escuchar sus propios dolores.

El inventor vendió el aparato a una fábrica de megáfonos y se retiró a vivir solo en la cima de un cerro.


***


La sazón del chisme


El budare de hierro fundido de la doña no respondía a la llama del gas ni al calor de la leña: solo calentaba al contacto con el chisme fresco. Si la masa tocaba el hierro en medio del silencio, la arepa se pegaba irremediablemente o quedaba cruda por dentro; pero apenas doña Chepina empezaba a contarle que al hijo del vecino lo habían visto bajando de un taxi a medianoche con una mesonera, el metal chisporroteaba complacido y doraba la concha a la perfección.

Durante tres décadas, en esa cocina no se preparó un solo desayuno sin la correspondiente crónica de la cuadra. El budare sabía de divorcios antes que los juzgados, de embargos antes que los bancos y de romances clandestinos antes de que los involucrados los aceptaran. Las arepas salían abombadas, crujientes y humeantes, sazonadas por la revelación de quién no había pagado el aseo o cuál vecina usaba tinte prestado.

El problema sobrevino el año en que la calle quedó vacía. Los vecinos se fueron mudando, los muchachos emigraron y las casas de al lado cerraron sus puertas. Una mañana, doña Chepina puso el budare al fuego y, al no tener ninguna novedad que contarle, intentó engañarlo inventando una historia sobre la panadera. Pero el hierro, sabio y curado por los años, no se dejó burlar: la arepa se volvió carbón en segundos.

Al día siguiente, doña Chepina no dijo una sola palabra. El budare se enfrió de golpe, soltó una última costra de tizne sobre el Buda de yeso de la repisa y se volvió un pedazo de hierro inerte. Dicen que desde entonces se puede calentar al fuego más vivo, pero ninguna arepa vuelve a despegarse de su superficie.


***


El purgatorio en vibración


Don Edecio llevaba tres días intentando cruzar el túnel de luz hacia el descanso eterno. La brisa celestial ya le acariciaba el rostro cuando, en el borde exacto entre la vida y la ultratumba, su bolsillo espiritual vibró violentamente.


"(10:42 p.m.) Doña Merlyn: Por favor, el del carro gris que apague la alarma o llamo a la policía".


El tirón magnético del Ding lo regresó de golpe a la sala de su antiguo apartamento. Edecio no había muerto por un paro cardíaco, sino por un colapso nervioso tras leer cuatrocientos mensajes sobre la reparación del ascensor. Lo trágico era que, al no haber entregado el cargo de administrador antes de fallecer, nadie podía eliminar su número del grupo Residencias El Paraíso - OFICIAL (NO MEMES).


Cada notificación del teléfono era un ancla que lo devolvía al plano terrenal.


A las dos de la mañana, cuando volvió a encaminarse hacia la paz eterna, una ráfaga de doce stickers de "Buenos días con café" enviados por la señora América lo estrelló contra el techo de la cocina. Desesperado, Edecio intentó enviar un mensaje espectral: "Por favor, estoy muerto, déjenme ir". Pero la administradora suplente solo respondió: "Vecino, recuerde que este chat no es para temas personales. Saludos".


Dicen que desde entonces, a medianoche, si escuchas con atención cerca del tablero eléctrico, se oye un lamento espectral: "¡Por favor, pongan el chat en silencio!".


***


La herradura de la suerte


Jesús María llevaba tres días escuchando el galope sordo rondar su dormitorio. No era supersticioso, pero cuando se miró al espejo por la mañana y vio aquellas dos marcas lívidas, hundidas y oscuras bajo sus ojos, comprendió que el jinete ya había desmontado frente a su casa.

Allí estaban, impecables: dos marcas perfectas en forma de U.


-Una herradura de la muerte -susurró el médico, ajustándose los lentes con solemnidad profesional-. Lo siento, licenciado. La parca ha dejado su firma. Es cuestión de horas.


Jesús María, que siempre había sido un optimista incorregible, parpadeó con pesadez, admiró el contorno morado en el reflejo y sonrió mostrando los pocos dientes que le quedaban.


-¡Tonterías! -dijo con voz rasposa-. Todo el mundo sabe que las herraduras se cuelgan para atraer la buena fortuna.


Se acomodó en la cama, cerró los ojos esperanzado y esperó la llegada del milagro.

A la mañana siguiente, la Muerte tuvo que entrar a la fuerza porque nadie le abría la puerta. Encontró a Jesús María tieso, frío como el mármol, pero con una sonrisa de ganador de lotería estampada en el rostro. Colgado en la pared frente a su cama, un letrero escrito a mano decía: “Por favor, no molestar. Esperando la gracia divina”.

La Muerte suspiró, se retocó las ojeras frente al espejo y pensó que hay gente a la que verdaderamente no se le puede quitar la ilusión.


***


Fábulas infames


Fiel a la tradición, la hormiga pasó la sequía cargando hojas pesadas y terrones de azúcar, ignorando las burlas de la chicharra que prefería cantar montada en una mata de mango. Cuando las lluvias de junio inundaron la avenida Bolívar, la hormiga se refugió en su madriguera, orgullosa de su previsión. Minutos después, el caucho de un autobús aplastó el hormiguero, sepultando sus certezas bajo tres toneladas de barro. Justo antes de que todo se volviera oscuro, la hormiga no lamentó perder la vida, sino el hecho de haberle regalado el azúcar que le quedaba en las patas al bachaco de la esquina. La chicharra, a salvo en las alturas, compuso de inmediato un sentido lamento folclórico sobre la tragedia del subsuelo. La canción se volvió un éxito viral en las plataformas digitales antes del amanecer, demostrando que el luto ajeno siempre ha sido más rentable que el trabajo duro.

Cinco poemas de Rafael Rondón Narváez

 

Título: El flotante azul (1992)

Autor: Mario Abreu


***


Enfrentados a un desastre repentino, todos señalamos lo normales que eran las circunstancias en las que lo impensable sucede… 

Joan Didon


1


era el día de aquel año 

y como siempre 


era un día 

era un sol 

era un cielo 


y todos los pájaros volaban

y la tierra frente al mar

parecía calma

igual 


y nada se ejercía

como presagio

es decir

como la vida misma  

y después 


2


lo innombrable 

lo que se quiebra

lo que no resiste


cómo marcar el tiempo 

en esa palabra 

que no mide


no es pues

(aunque lo sea)

lo que afuera sucedió

sino lo que ahora 

se quebró para siempre 

en la garganta 

rota o muda 


3


ya no es el mismo sentido

en la grieta

y en la herida 


ahora somos 

el residuo

sitio encima

desde ahora 

y para siempre


4


y cómo hacer 

a semejanza

de lo que parece advenir

pero no llega 


ni la escritura brota 

más que en el desborde 

y en la espuma

donde se miden y calculan cifras

números frente al océano


y esa no importa


5


queda el cadáver

y su única experiencia

posible narrable

pero ahora muda

irrecuperable


y el testigo 

como una incapacidad 

permanente


ahora y para siempre 

un vacío

y esta huella

tan basta



***

Rafael Rondón Narváez. Licenciado en Letras, Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Magíster en Literatura Latinoamericana, Universidad Simón Bolívar (USB). Doctor en Cultura y Arte para América Latina y el Caribe por el Instituto Pedagógico de Caracas (IPC). Actualmente, es jefe de la Cátedra de Literatura Latinoamericana y del Caribe; miembro del Instituto Venezolano de Investigaciones Lingüísticas y Literarias “Andrés Bello” (IVILLAB) y coordinador del Taller Literario Marco Antonio Martínez (TALMAM) desde el 2011. Fue jefe de investigación del Museo de Arte Contemporáneo de Maracay Mario Abreu y director de la Galería Municipal de Arte de Maracay. Ha realizado curadurías y textos sobre arte en diversas publicaciones de Venezuela y otros países. Autor de Las artes en Aragua: imaginario de un territorio (2003), Literatura y cultura: espacio para el encuentro (2005) y Las sendas del paisaje: paisaje, modernidad y nación en la Generación del 18 y el Círculo de Bellas Artes (2012). Como escritor de ficción, sus cuentos y poemas se incluyen en revistas electrónicas como contexturas.org, Letralia, eldienteroto.org y en los libros antológicos Grieta íntima: poetas venezolanos nacidos en los sesenta. (2025) LP5, Chile, Poesía de Aragua (1966-1996). Secretaría de Cultura del estado Aragua.

La ventana de lo cotidiano (III) | Liris Miyares

 


Sembremos el planeta


Sembremos verdor y matices coloridos al planeta. Él nos habla y hacemos caso omiso. 

Si no nos atrevemos y continuamos ignorando sus mensajes el resultado será aterrador con consecuencias catástroficas. Asumamos nuestra responsabilidad.

Estamos matando nuestra casa y no nos damos cuenta de ello, los bosques mueren cada vez incendiados por manos inescrupulosas, la basura se come nuestras areas verdes, los océanos piden a gritos salvemos su flora y su fauna.

Cada día desaparecen más y más especies de la faz de la tierra. La naturaleza nos pide a gritos detengamos el ataque contra ella.

Es responsabilidad nuestra escuchar sus lamentos y sembrar conciencia de conservación y respeto por quién nos brinda grandes bendiciones.

Pongamos nuestro granito de arena y colaboremos en vestir de verde al planeta que de diferentes formas nos expresa su descontento.

Comencemos poco a poco y se sumarán cada vez más y más, y con determinación lo lograremos.

Sumémonos todos y hagamos el planeta que como herencia dejaremos a nuestros descendientes. La tarea es de todos, asumámosla pues.

Las palabras como refugio o trinchera

Autor: J.M. Llerena

***


Las palabras leídas, escuchadas, escritas, borroneadas, dichas, olvidadas, encontradas, donadas, regaladas, robadas, que conforman el mundo que nos ha recibido y que hemos ayudado a confirmar, son testigos sonoros de una vida en proyecto que nunca deja de fluir, de asomarse ante lo incierto de un mundo que solo espera una promesa por hacerse: la de cuidar de sí, la de cuidar del otro y de lo otro.

Gladys Madriz: Amor, vivencia y formación: hermenéuticas de escrituras y lecturas, 2012



-Ingrid Chicote-



Ante las circunstancias sociales, económicas, culturales o familiares, siempre emerge una pregunta: ¿Qué hago con esto que pasa? Es allí donde entran en juego las palabras, ese puente indispensable de comunicación con uno mismo, con el otro y con los otros. Las palabras son las que nos estructuran. Ya lo decía Augusto Mijares en Lo de aquí y lo de allá (o en sus ensayos): "hay que quitarse la mala sombra atada a los pies por las palabras que, como cepos, nos anclan al abismo de nosotros mismos".

Escribir, por lo tanto, también es cuidar al otro; es expresar nuestro mundo interno y ponerlo al servicio de los demás. Sin embargo, las palabras puestas al servicio de la verdad tienen sus detractores, y está bien. El miedo es libre y comprensible en entornos cerrados y rígidos donde una palabra puede derrumbar o construir. Entiendo que no se puede renunciar a lo que somos, a lo que hacemos ni a nuestra autenticidad. Cuando somos hechura de palabras, habitamos también ese "discurso elocuente y mudo" al que se refería Eduardo Gasca cuando hablaba de Trilce.

No me imagino a las mujeres que han cambiado el mundo, o que ya son inmortales, autocensurándose. En un mundo donde los valores se han trastocado, donde la propaganda pesa más que el pensamiento crítico y donde escribir, pensar o expresar ideas con libertad se convierte en una amenaza, las palabras tienen que ser recogidas. Es necesario darles el autocuidado que necesitan y transformarlas en banderas limpias.

Cuidar del otro requiere una comprensión profunda. No se puede detener un río cuando crece desde la cabecera; de igual forma, las palabras nos alertan, nos convierten en blanco o se transforman en los dardos para el juego del ego. No podemos renunciar a nuestro decir. No podemos sellar nuestra conciencia para complacer a los que han sido promovidos por el Principio de Peter. Quienes tenemos las palabras de nuestro lado siempre vamos a estar construyendo con ellas: a veces puentes, a veces distancias.

Cuando la palabra se silencia, se gesta un volcán interno que hará erupción en algún momento. Ojalá que el humo no cegue y que la lava no queme. Ojalá, sí, que arda la conciencia y que el pensar por sí mismos nunca deje de ser nuestra más genuina práctica de libertad.

Luis Goytisolo y la crítica de la lectura /2

-Manuel Cabesa-


(A la mystérieusse)


Para el asiduo lector, aquel que vive desde edad temprana bajo el yugo de ese "vicio impune" como le llamaba Valéry Larbaud existen obras y autores que aparecen y marcan ciertas etapas de la vida. 

En la edad de los descubrimientos pueden ser Hesse, Francisco Massiani, Hemingway, García Márquez quienes nos deslumbran y se convierten en compañeros de ruta para toda la vida; más adelante y mientras nuestros paladares se abren a nuevas sensaciones la variedad de lecturas es casi infinita, incluyendo los subgéneros y alguno que otro inevitable clásico: El Quijote, Bovary, Dostoievsky...

Pero hay libros y autores que, aun cuando sepamos de su existencia desde muy temprano y de vez en cuando hayamos intentado asaltarlos, se resisten en espera que el incipiente lector adquiera la madurez necesaria para acceder a ellos, aunque a veces el momento nunca llega como le ha pasado a la gran mayoría con el bendito Ulises de James Joyce.

En este grupo hay que incluir libros como Terra Nostra de Fuentes, La vida, instrucciones de uso de Georges Perec, Los sonámbulos de Hermann Broch y las novelas de madurez de los hermanos Goytisolo, entre otras que llegan (si es que llegan) a ser comprendidas en la edad otoñal ya que exigen de sus lectores cierta madurez y algunos conocimientos, como dije en un artículo anterior. 

En ese sentido debo confesar que aunque poseo los cuatro volúmenes de Antagonía desde hace más de cuarenta años, hasta el momento no los he leído como Dios manda: uno por uno y de principio a fin; en realidad, en todo este tiempo he leído el primer capítulo de cada uno y partes salteadas de los cuatro para irme haciendo idea del estilo y el contenido mientras llegaba el momento de enfrentarse a ellos; aparte de su primera novela Las afueras, que sí he disfrutado un par de veces.

Aun así, tras la reciente muerte del menor de los Goytisolo decidí rendirle homenaje póstumo leyendo uno de sus libros más breves: Investigaciones y conjeturas de Claudio Mendoza (Anagrama, 1985) creyendo que por breve (apenas 100 páginas) y dejándome llevar por el título, se trataba de alguna parodia de relato policial de fácil lectura. He aquí lo que encontré:

El volumen está integrado por varios textos: "-textos, sí; qué otro nombre podría darles-" (pag. 7) que navegan entre la crónica y el relato publicados con antelación en el diario El País y la Nueva Estafeta. Ahora bien estos trabajos vienen precedidos por un ensayo elaborado por el Claudio Mendoza del título, especie de heterónimo de Goytisolo, en donde éste personaje nos habla de su amistad y el carácter elusivo del autor del libro que estamos leyendo, como una parodia de distanciamiento que nos ofrece una imagen poco afortunada de Goytisolo; aparte de la inevitable introducción a los textos que a continuación vamos a leer. Quisiera detenerme en uno de ellos. 

El llamado "Joyce al fin superado" es un ensayo de interpretación sobre la novela Gigamesh de un tal Patrick Hannahan en donde el reseñista va descubriendo para nosotros las claves ocultas del libro mientras comenta los señalamientos que de la misma novela hace el novelista polaco Stanislaw Lem. En ese momento suena una alarma en la mente del lector y vamos hasta la biblioteca para extraer un viejo ejemplar de El vacío perfecto de Stanislaw Lem (Bruguera: 1981) y ahí está: Patrick Hannahan es un autor inexistente cuya obra, Gigamesh, no existe. 

Pues resulta que El vacío perfecto, es una colección de reseñas a libros que nunca se han escrito de autores que jamás existieron empezando por el propio Lem y el libro que tenemos en las manos del cual también el autor niega su existencia en un decidido homenaje a Jorge Luis Borges: "La crítica de libros inexistentes no es una invención de Lem. Encontramos intentos parecidos no sólo en un escritor contemporáneo como J. L. Borges (por ejemplo Examen de la obra de Herbie Quain en el tomo ficciones), sino en otros muchos más antiguos..." (p. 7).

La lectura de ambos textos producen en el lector un vértigo de parodias disfrazadas de comentarios eruditos: Goytisolo a Lem; Lem a Hannahan y finalmente Hannahan a Joyce, ya que Gigamesh es (supuestamente) la "superación" del Finnigan's Wake joyceano de inconcebible lectura, tal como lo pretendía Pierre Menard; en este caso, "Patrick Hannahan autor del Finnigan's".

Como vemos en un solo texto de apenas pocas páginas, el lector acusioso se ha visto arrastrado a demorar su lectura mientras viaja por este mar de referencias. 

Ya me he extendido mucho, pero este pequeño libro da todavía para más; por ejemplo la parte llamada "Acotaciones" donde Luis se da a la tarea de comentar y discrepar de las memorias de su hermano Juan recogidas en su libro Coto vedado (Seix-Barral, 1985) lo cual implicaría leer o releer al menos la primera parte del mencionado libro donde se habla de la infancia compartida, cosa que todavía no he hecho, pero lo estoy pensando. 

Cierra estas Investigaciones... otro texto de Claudio Mendoza esta vez dedicado a comentar las "acotaciones" de Luis al libro de Juan: lectura sobre la lectura de una lectura en donde el autor nuevamente se parodia a sí mismo y en general al libro que acabamos de leer, que como el Libro de Arena borgeano parece no tener final.

miércoles, 22 de julio de 2026

Máximas para agarrar mínimo (l) | Luis Valero




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El mejor vehículo para triunfar es el cuerpo.


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El propósito es la gran fuerza que nos sostiene.


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Si la salud se quiebra, todo lo demás desaparece.


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El propósito hace la diferencia entre logro y fracaso.


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Aprender de los errores, enseña las mejores lecciones de vida.


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Convirtamos lo que tenemos en suficiente.


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Saber escuchar es un acto de humildad y sabiduría.


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El destino no es cuestión de suerte, sino de acertadas y oportunas decisiones.


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Lo pequeño se engrandece, lo grande se construye después.


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Las grandes mentes se alimentan de lo que escuchan.


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Establecer límites claros es fundamental para alcanzar metas.


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Entre un cómo y un por qué se debate la vida.


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Sin Dios nada está completo.


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Todo lo bueno comienza por el agradecimiento.


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Aprendamos a decirle sí a lo fundamental.


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Dios es la dirección correcta para llegar a la felicidad.


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Quien no valora lo que tiene, jamás será feliz con lo que le falte.


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La gratitud es un imán para la abundancia.



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Luis Valero. Comunicador social egresado de la Universidad Católica Andrés Bello. Ha dirigido diarios en los estados Sucre y Guárico, además de haber desarrollado actividades vinculadas con la producción de programas de radio y televisión. También es locutor, redactor publicitario, director de teatro y guionista. A partir del año 1998 se dedicó exclusivamente a escribir, logrando la publicación de nueve libros. Asimismo, ha desarrollado con cuidadosa perseverancia la creación de adivinanzas, alcanzando hasta la fecha la cifra de 10.853, que lo ubican a la cabeza de este género literario en nuestro país.