domingo, 14 de junio de 2026

Como acabar de una vez por todas con la lectura


-Manuel Cabesa-


(Para la mystérieuss


De pronto uno se acuerda de Woody Allen y su delicioso libro de cuentos Como acabar de una vez por todas con la cultura, porque parece que eso es lo que estamos viviendo: una inversión de los conceptos y valores disfrazando con un lenguaje aleatorio el trasfondo de banalidad en que vivimos inmersos. 

Pero a diferencia de la sonrisa que producía aquel volumen con sus paradojas hoy no sabemos si lamentarnos más bien por la alocada confusión que nos rodea. 

Ahora resulta que entre las novedades que se insertan en esta era de "discursos transversales", está la de insinuar que los escritores deberían hacer "una dieta de lecturas" para mantener pura su "voz creativa", evitando cualquier influencia que les impida lograr una obra "original".

Esta idea de la "originalidad" que parecía descartada porque, entre otras cosas, no existe la originalidad en la literatura: todo cuanto hay que decir sobre la existencia ha sido escrito antes o colateralmente, parece cosa de niños que rechazan las reglas del juego. 

No es coqueteando con la ignorancia que se logra una obra de valor, sino todo lo contrario, es absorbiendo las nutrientes de la cultura que nos antecede como podemos definir una voz: la voz que corresponde a la obra y a la época que la engendra; del resto es megalomanía pensar que se puede ser distinto a las pautas que nos impone el ambiente en donde nace nuestra imaginación. 

Pero aun así veamos algunos detalles al respecto...

Hace muchos años, Harold Bloom, expuso en su libro La angustia de las influencias esa especie de autonomía que tienen ciertos temas de sobrevivir al tiempo y arraigarse de manera fluctuante en el cambio de las generaciones: cada verdadero autor recibe en herencia la influencia de las voces que le anteceden; sin embargo, lo importante de una influencia no es que exista y de alguna manera "contamine" nuestro proceso, sino la capacidad de transformarla en algo novedoso, en lograr "Repetir cosas ya dichas y hacer creer a las gentes que las leen por primera vez. En esto consiste el arte de escribir", como dijera el poeta Odysséas Elýtis.

Por su parte a comienzos de los años 80, Gerard Genette nos regaló la idea del "palimpsesto" con sus múltiples categorías y pudo de esa manera abrir una nueva brecha para el manejo de las influencias, demostrando que en toda literatura (al menos en la occidental) hay una relación de co-presencia entre los textos, mucho más allá de la intención de los autores, creando una red infinita de relaciones en donde es posible leer en lo contemporáneo su trasfondo escrito en las paredes del profundo pasillo de los tiempos. 

De allí la permanencia del mito (no la mitología, que es otra cosa) en las culturas de todos los tiempos y todos los lugares, aunque de antiguo era impensable la comunicación entre ellas.

Siendo que esto es así, resulta mucho más provechoso, mientras estamos embarcados en un proyecto de escritura, leer cuanto podamos o al menos todo cuanto nos pueda alimentar mientras dicho proceso prosigue su curso.

Aclaremos un punto, si bien es cierto que es una patraña que para escribir hace falta leer ingentes cantidades de libros al año, también lo es creer que no hacerlo te asegura la inocencia suficiente para ser original; en todo caso en la relación leer-escribir lo ideal es asumir una posición parecida a la del poeta Nesfran González: "Yo me he manejado siempre desde un ángulo intuitivo, sin presión por tener que leer tal o cual libro, ni la cantidad por mes o año. El placer por el placer. Como dice Isabel Bono: escribir por y no para".


Para José Emilio Pacheco:

 

"todo escritor debe honrar el idioma 

que le fue dado en préstamo, 

no permitir su corrupción ni su parálisis, 

ya que con él se pudriría 

también el pensamiento. 

Su obligación primera consiste 

en escribir prosa o verso 

de la mejor manera posible".


Y queda la duda ¿cómo cumplimos con esta obligación, si mientras realizamos nuestro trabajo dejamos de leer a aquellos que lo han realizado mejor que nosotros y pueden ir allanando nuestro camino?

En el caso de nuestro idioma, el desconocimiento de los trovadores medievales, del Mío Cid, Fernando de Rojas, el Conde de Lucanor, Francisco Delicado, Quevedo, Tirso, Galdós, Machado o Darío no nos exime de estar conscientes de que su obra está en el ADN del lenguaje que usamos para escribir, y aunque no hayamos tenido trato directo con ellos su presencia existe en los genes de la lengua a través de eso que se llama "tradición" y que, querámoslo o no, lo sepamos o no, nos guste o no, termina por hacer acto de presencia en la obra de todos nosotros.

Desde todo punto de vista resulta inconcebible mencionar autores que han sido relevantes en nuestro idioma, que han dejado grandes aportes a nuestra cultura sin pensar en ellos como autores-lectores: Cervantes, Borges, nuestro Ramos Sucre, de quién escribió Alba Rosa Hernández es: "un poeta lector, detrás de su escritura está casi siempre un texto que él varía, recrea, transforma. Escribía reescribiendo modificando -y aun invirtiendo- la tradición".

De todo esto resulta que "La originalidad consiste en el retorno al origen; así pues, original es aquello que vuelve a la simplicidad de las primeras soluciones", como dijo Antonio Gaudí, o sea que la originalidad está en el uso innovador de los recursos que nos brinda la tradición, no en obviarlos para mantener la pureza de una supuesta "voz", tristemente auntenticada por un sistema de Inteligencia Artificial.

Cerrando su libro Mientras escribo, Stephen King comparte una serie de títulos que considera le han sido útiles en la conformación de varios de sus relatos y novelas con la siguiente advertencia: "Son sólo títulos que me han servido a mí. También es verdad que no son de lo peor, mucho menos, y hay bastantes que pueden enseñarte nuevas maneras del oficio. En todo caso, aunque no te enseñen nada, seguro te hacen pasar un buen rato". Por eso es que nunca dejamos de leer, estemos escribiendo o no.

Y por último nos preguntamos: si dejamos de leer a nuestros semejantes, entonces ¿cómo vamos a aspirar que alguien lea lo nuestro?... Como dice Nesfran: "al final terminas con más libros publicados que con lectores de tu obra".

sábado, 13 de junio de 2026

Este latido secreto permanece | Comentarios sobre El largo día ya seguro de Antonia Palacios


Antonia Palacios es una figura entrañable dentro de la literatura venezolana, no sólo por ser autora del clásico Ana Isabel, una niña decente (1949), sino también por ser la fundadora del mítico Taller de Literatura Calicanto cuyos aportes a nuestro espacio literario aún siguen vigentes. En esta ocasión ofrecemos en ZdT un acercamiento realizado por la narradora Carolina Álvarez Arocha, autora de Las trinitarias y Barba Azul (2010) y Algunos delitos mínimos (2022), a uno de sus trabajos menos conocidos, partiendo de una lectura acuciosa y muy personal que complementamos con uno de los relatos incluidos en el libro comentado. 


(mcabesa)


***


-Carolina Álvarez Arocha-


El largo día ya seguro de Antonia Palacios es un libro poco conocido. Sin embargo, en esta colección de relatos, se aprecia el trabajo maduro y consciente de una la mujer que escogió la escritura como oficio. Atrás quedó Ana Isabel una niña decente su novela más conocida y difundida pero que apenas marcó el comienzo de una trayectoria, un recorrido en donde nuestra autora fue creciendo y superándose.


El libro


El largo día ya seguro fue publicado por Monte Ávila Editores en 1975, y su autora recibió el Premio Nacional de Literatura de 1976 gracias a esta publicación. Lo curioso es que El largo día no ya seguro nunca tuvo una segunda edición y conseguir el libro es una tarea casi arqueológica.

El texto contiene once relatos cortos en su mayoría de naturaleza intimista donde en algunos casos con delicadeza y en otros de manera directa o descarnada, se explora el universo de los sentimientos y las sensaciones además de la denuncia y la crítica social.

Las alusiones a lo que es real o no, la conciencia sobre el cuerpo que nos pertenece, la obligación de estar en un lugar que no ha sido elegido, la ausencia, la muerte, la desilusión, las casas, los muros, el cuerpo, el amor profundo son temas recurrentes a lo largo de este volumen.


El estilo


Los relatos del libro son cortos, ocupan entre dos y seis páginas, la mayoría en sólidos bloques con ausencia de párrafos; ochos de los textos se presentan sin un solo punto y aparte. Uno solo de los textos, “Un caballero en el tren”, posee diálogos y muestra una estructura si se quiere tradicional; curiosamente este es el único cuento en donde lo que se narra realmente no ocurre.

Imagínense estar en un lugar, desde allí observan todo lo que está a su alrededor durante unos minutos. En esta observación, o producto de ella, comienzan a evocar miles de recuerdos, sensaciones, pues así está escrito el libro. Parece que quisiera recoger en palabras la velocidad del pensamiento, esa premisa que dice “vi pasar mi vida en unos segundos”.

Se trata de un libro que hay que leer poco a poco. No porque sea difícil o tenga palabras complicadas, no; sino porque hay mucho que procesar. No es acción lo que se nos cuenta o lo que predomina. Los cuentos tratan de lo que se siente, más que de lo que pasa.

En este sentido me recuerda ciertos textos de Clarice Lispector. Pero a diferencia de la autora brasileña, en Palacios no presenciamos el momento de epifanía o descubrimiento que experimentan los personajes, sino que aquí, quien debe descubrir lo que ocurre es quien lee el cuento. En relatos como “Un caballero en el tren” o “Algo había sido movido de su sitio", al final, dos o tres líneas antes que termine al texto, la autora de alguna manera explica qué está pasando; sin embargo, en la mayoría de los cuentos la narración nos va llevando poco a poco y se requiere un esfuerzo mayor. Terminamos de leer y necesitamos revisar y buscar un poco más. Descubrir de qué se trata, qué está pasando ahí, o lo que creemos que ocurre, dependerá en gran medida de la experiencia personal, de lo que conocemos de la ciudad, de la historia contemporánea, de la situación concreta de la época en que fueron escritos los textos, en fin, de multitud de elementos que no necesariamente están en el relato.

Hay una historia latente, hay una esencia que nos llega a todas y a todos, pero creo no equivocarme si afirmo que cuentos como “Un reborde de acero color violeta”, “Un extraño animal bocabajo” o “Nueve minutos veintitrés segundos” pueden tener más de tres explicaciones distintas, o tantas interpretaciones como personas que lo lean y seguramente todas serán válidas.


Los relatos


La contraportada de nuestro libro señala “Si hubiera de dar una definición de estos relatos de Antonia Palacios, nada más aproximativo que afirmar sus nexos con el sueño. Surgen de la urgencia de reproducir ese universo intemporal, frágil inasible, que nos habita fuera de la vida consciente.” No obstante, me separo totalmente de esta percepción. Quizás los dos primeros cuentos pertenezcan a este mundo onírico que se menciona en la contraportada. Como señalamos anteriormente el tema sobre lo que es real o no es un asunto que abordan los personajes del libro, pero, aun así, El largo día ya seguro es un libro que va mucho más allá de la ensoñación. Es un libro donde Antonia Palacios se pone en el lugar de otras y de otros para contar las angustias reales que viven estos personajes donde se mezclan igualmente, recuerdos, esperas, encuentros, desencuentros, melancolías, añoranzas (saudades), luchas ideológicas, fracasos. 

Desde el primer cuento “Una lenta oscilación”, donde vemos a Alcira balanceándose en su mecedora, hasta el último texto, donde hombres armados irrumpen en la habitación de una joven subversiva; se muestra la intención de la autora de mostrarnos qué siente cada personaje colocándose ella en la piel de la otra, del otro. Puede ser hastío y decepción en “El sitio de la espera”, desarraigo, en “La llegada” y “Una bandera ondeando al viento”, dolor por la ausencia como en “Regiones indeterminadas” y “Algo había sido movido de su sitio"; frustración ante el fracaso de un proyecto político derrotado en “Una bandera ondeando al viento”, “Nueve minutos veintitrés segundos” o “El largo día ya seguro”. Los sentimientos y sensaciones son reales, no soñados.

Para resumir este punto tomaré las palabras el poeta chileno Díaz Casanueva –citado por Luis Alberto Crespo en el prólogo de Ficciones y aflicciones: 

"Hemos de hacer hincapié en que Antonia Palacios no se fuga de la realidad, ni utiliza incoherencias como método, ni lo insólito, ni la fabulación caprichosa, ni siquiera invierte o desordena lo temporal. Solo tiende al ahondamiento de la realidad, la revelación de lo profundo del ser humano, para convencernos de que la realidad es más rica y enigmática y la personalidad humana más interior".

Por su parte la escritora argentina-colombiana Marta Traba en el prefacio de la obra señala:

"Antonia Palacios, que siempre fue una escritora desalojada de la realidad por los golpes de la imaginación, ahora es, de manera verídica, trágica y majestuosa, una escritora realista que no tiene más remedio que fijar la imagen con precisiones inesperadas. Pero esas imágenes precisas se gestaron en décadas de sueños, dolor y desvarío. También en el amor que, como la vida, está, para ella, polarizado entre cima y abismo, emergencia y naufragio".

De manera que, más que sueños o textos oníricos encontraremos la reflexión consciente del mundo que rodea a los personajes. La necesidad de mostrarnos lo que ocurre o lo que se ve desde lo sensorial en todos sus aspectos: aromas, colores movimientos, roces, dolores. Por este énfasis en lo sensorial, por sus reiteraciones e imágenes líricas y emotivas, hay momentos en que algunos de sus textos podrían percibirse como prosa poética, sin embargo, la anécdota está ahí, juega un papel importante.


No sé si es un secreto


Un detalle que descubrí, y que no he leído en los artículos que revisé, es la estrecha relación que existe entre la persona a quien dedica sus cuentos y el mismo texto. De los once relatos, ocho tienen una dedicatoria y al menos en seis de estos se hacen desde la perspectiva de este familiar, amiga o amigo a quien se dedicó el trabajo. En otras palabras, el personaje que observa y reflexiona es la persona a quien se dedica el cuento. Claro que no es la primera vez que un narrador hace esto, pero debido al estilo empleado, no deja de sorprender este ejercicio de empatía total que realiza la autora. Ella se pone en el lugar de la otra, del otro, se pone en su piel, habla con su voz y contempla al mundo desde esos otros ojos.

Lo percibí en el primer texto, “Oscilación”, dedicado a Ana Enriqueta Terán, porque trata de una señora que traslada su mecedora a la entrada de su casa: “Allí está Alcira (¿Ana Enriqueta?) meciéndose en la mecedora, más allá de la yerba, más allá de la casa. Balanceándose lentamente, acompasadamente, como si nada tuviese prisa en el mundo de los vivos…” Leo esto y no puedo evitar ver a la imponente Ana Enriqueta Terán sentada en una mecedora reflexionando al ir envejeciendo, sintiendo cómo el hogar se va transformando de “casa refugio en casa prisión” (p. 21).

En el relato dedicado a su hijo Fernán y su nuera Elizabeth, pone en la voz de su hijo Fernán una descripción de su hermana ausente. Es decir, Palacios describe a su querida María Antonia, pero es su hermano quien habla: “Pienso en mi hermana lejana y me siento libre de tocar lo vulnerable (…) Puedo pensar que las manos de mi hermana, aquellas manos aladas que se abrían y cerraban en un vuelo fugaz, copiarían las complicadas maniobras que reflejaban sus ojos…” (p.63). Antonia Palacios crea esta elegía que reconstruye el paso de la joven pianista por el mundo, como dijimos, no desde su tragedia como madre, sino desde la voz de su otro hijo, tal vez tratando de cuidarse y no dejar que el dolor sobrepase la escritura.


Un latido común


A medida que iba leyendo este libro, sentía que estos cuentos podían haber sido escritos ayer, cada uno me brindaba un mensaje personal. Me hablaban a mí, Antonia Palacios estaba escribiendo algo que yo quería escribir y ella había encontrado las palabras exactas. 

La escritora sabe lo que siento cuando dice “La espera es una cosa larga. Una cosa que se agranda, y las gentes se achican y bajan la cabeza, se encorvan, mientras esperan. Esperar es zozobra, angustia, vacío. Esperar es rencor, odio, desprecio” (p 43). Y recuerdo la letra de una canción de Silvio Rodríguez que dice “Ya no te espero, porque de esperarte hay odio” y ambos se conjuran para recordarme lo que significa esperar a alguien que no llega o no termina de dar una respuesta.

Me detendré un poco en el cuento “Una bandera ondeando al viento” dedicado a Juan Larrea, poeta exilado de España (1895-1980). Es posible que, en su origen al estar dedicado a Juan Larrea, Palacios remita su reflexión a la guerra civil española, pero pienso que puede tratarse de cualquier enfrentamiento que tenga lo ideológico como tela de fondo, de ahí la alusión a las banderas.

En este texto hay dos personajes: Ella y Yo. Este es uno de los pocos textos que posee párrafos claramente definidos. Pero aquí la intención es justamente diferenciar cuando interviene cada uno de los dos personajes principales. Ella es una mujer que llega a “…Una ciudad a medias donde de pronto hay solares vacíos y la yerba crece alta, y los perros rastrean y viejos periódicos son alzados por el viento y las calles se inundan cuando llueve… Una ciudad a medias y sin embargo la gente se aprieta y nadie tiene tiempo de pensar en su propia circunstancia sino simplemente la vive, la respira, la carga…” (p.56)

Palacios, por medio de Ella dice ‘eso’ relacionado con cualquiera de mis dos hermanas que tuvieron que migrar y se encuentra en un país que no es suyo: “Había llegado allí sin pensarlo, sin proponérselo (…) Ella no tiene nada que mirar. Ella no tiene a dónde ir, no tiene dónde ocultarse. Quizás busca compañía. La multitud no acompaña… Allí donde ha llegado es apenas una ciudad a medias…" (p 53). Es ella quien piensa al ver una inmensa bandera ondeando al viento “Las banderas cubren a los muertos, animan a los vivos”.

El otro personaje, Yo, es un hombre tal vez un soldado que está en ese otro lugar, ese otro país posiblemente el que abandonó Ella. (es, me imagino, la voz de Juan Larrea) que presencia un país devastado por el enfrentamiento entre hermanas y hermanos “…y yo pienso en las grandes multitudes donde me pierdo, en los desamparados que van perdidos conmigo en la multitud, los que van empujados por algo no elegido”. (p. 53).

“Yo recuerdo la planicie desierta, el muro integrado a la sombra, recuerdo el toque del corneta, el sonido doliente retumbando en la tarde… recuerdo la bandera, la bandera cerrándose en la tarde sin viento…” (p. 60). 


Una denuncia


El último cuento del libro, el que le da su título se separa un poco del resto por la rapidez de la acción y los acontecimientos. Un grupo de agentes “del orden” allanan la habitación de Cristina, una joven militante de un grupo subversivo y mientras le apuntan con un arma en su pecho, recibe los insultos de los hombres que le exigen que delate a Daniel, su compañero, el cual se encuentra realizando una misión. Simultáneamente ella va recordando cómo y por qué se involucra en el movimiento, cómo es vista por los otros, cómo es vista por Daniel, cómo se siente con él, cómo es ser mujer en ese medio.

La protagonista recuerda la despedida de Daniel y su angustia en el momento del allanamiento: “ ‘Regreso de madrugada… No tengas miedo…’, Todo adquiriendo nuevas proporciones los ruidos ya precisos, el largo día ya seguro, firme. Y ella esperando, deseando ahora que no llegue ¡que no llegue!... integrándolo a la vida con la ausencia, prefiriéndolo preso, detenido, detenido por mucho tiempo, mucho tiempo, pero vivo…” (p. 122).

Es curioso que sea este texto y una frase, lanzada aparentemente al vuelo, la que haya escogido la autora para dar nombre al libro. Es una frase extraña, difícil de memorizar. Pero la escogió para que el cuento no pasara desapercibido, para que la represión, no pasara desapercibida.

Los demás cuentos serán ustedes quienes descubran su secreto, donde acompasen ellos latido y encuentren su propia letra y ritmo en las historias. Porque la palabra de Antonia Palacios sigue allí, viva, latiendo y revelándose.

Antonia Palacios


Una bandera ondeando con el viento


A Juan Larrea


Había llegado allí sin pensarlo, sin proponérselo, Había balcones, balcones abiertos, balcones cerrados, Mucha gente. Gentes que iban y venían por la calle, Algunos se detenían, Gentes asomadas a los balcones, balcones vacíos, balcones sin gente. Una inmensa bandera ondeaba con el viento. Quizás alguien la sostenía desde abajo, por encima de las cabezas. Las banderas cubren a los muertos, animan a los vivos. El tiempo estaba en todas partes, entre la gente, bajo los balcones, en el vacío del aire. Había llegado sin proponérselo. La calle acaso pertenece a una ciudad. Todos los que van por la calle parecen ciudadanos, ciudadanos serios, circunspectos, Todos se han dado cuenta que ya ha amanecido, que no hay necesidad de levantar la cabeza hacia arriba para mirar la luz. Ella no tiene nada que mirar. Ella no tiene adónde ir, no tiene dónde ocultarse. Quizás busca compañía. La multitud no acompaña…

…y yo pienso en las grandes multitudes donde me pierdo, en los desamparados que van conmigo perdidos en la multitud, la multitud que avanza y a veces se detiene, acaso por un exceso de tiempo, un tiempo que no tiene fin, porque el tiempo no cuenta para los que van empujados por algo no elegido, porque el tiempo no cuenta para los que van a ciegas… Y pienso en el tiempo como en una eternidad, una eternidad fija, detenida para siempre… y comienzo a buscarle una salida al tiempo mientras miro la bandera ondeando con el viento, la bandera levantada desde abajo, impulsada hacia lo alto por manos que no se ven, manos perdidas, ocultas en la muchedumbre… comienzo a imaginar distancias… y me encuentro de pronto en sitios muy lejanos, me encuentro con gentes distintas que también ondean banderas en el viento o gentes sin banderas, que van tristes, solitarias… y pienso en las largas sequías, en el sol de verano, y las gentes parecen felices con esa  belleza inmemorial que el tiempo les ofrece, esa claridad que apenas se nubla momentáneamente y ya está de nuevo abierta, sostenida… y comienzo a añorar las brumas, los aires fríos, las tardes grises… y pienso de pronto en la felicidad…

Ella no sabe muy bien todavía en qué consiste para ella la felicidad y piensa en el mañana como si ya supiese su contenido, como si el mañana se hallase encerrado en el sitio soñado, un sitio donde todo acontece semejante a los sueños, los sueños que resplandecen llenos de luz, de increíbles hallazgos… Pero los sueños no tienen consistencia, son inconsistentes y fugaces y van a parar quién sabe dónde… ¿dónde, sí, dónde van a parar los sueños? … ¿dónde se detienen, dónde dejan definitivamente de ser sueños, de tener corporeidad para que la memoria los aprese y podamos recordarlos?… Pero nunca son los mismos al recordarlos, la memoria los desvaloriza o los exalta según su propia conveniencia… y ella se deja convencer por la memoria y hasta llega a creer que la imagen que la memoria le presenta es la fiel imagen de su sueño que se ha conservado intacto en su enigma, en su custodiado secreto… Allí donde ha llegado es apenas una ciudad a medias y sin embargo todos tienen prisa como en las grandes ciudades, todos corren, ¿hacia dónde? ¿hacia qué dirección? .,. ella también corre hacia una dirección imaginaria siguiendo a la gente que no sabe adónde va, ella corre por seguir a los demás… Una ciudad a medias que consiente en que una bandera ondee alta con el viento y que haya manos ocultas, sepultadas en la multitud, que sostienen en el aire una bandera… Una ciudad a medias donde de pronto hay solares vacíos y la yerba crece alta, y los perros rastrean, y viejos periódicos son alzados por el viento, y las calles se inundan cuando llueve y solo transita libre, violenta, desatada, el agua, y el río, ¡tan delgado! el río se crece y se pone a rememorar un tiempo de márgenes abiertas, de aguas levantadas en un espesor considerable donde el fondo estaba lejos, muy lejos… el río lleno de olores muertos, aquellos que estaban estancados, apaciguados en lo hondo, y de pronto resurgen y en el aire flota un vaho a cloaca, a podredumbre… Una ciudad a medias y sin embargo la gente se apretuja y nadie tiene tiempo de pensar en su propia circunstancia sino simplemente la vive, la respira, carga con ella y a veces la engalana y la saca a pasear en día feriado, un día donde el ocio impera y todos caminan lentamente, una lentitud que parece desgano y es la gana de dejarse ir sin apremio, de gozar ese tiempo tan efímero en el que pueden detenerse en cualquier sitio largamente, y piensan que la vida es calma, beatitud, silencio, algo como insistir en que no tienen nada que hacer, que tienen todo el día para el ocio… Pero de pronto aparece, por la calle de esa ciudad a medias a la que ella ha llegado inesperadamente, sin pensarlo, sin proponérselo… aparece el entierro, muy pomposo, muy soberano, el gran carro negro, cortinas con flecos detrás de los cristales, el cortejo que sigue al entierro, los deudos enlutados, familiares, amigos, y el carro donde desbordan las coronas… El paso del entierro, el entierro que tantas veces ha pasado, tantos entierros, tantos difuntos, tantos vehículos que arrastran por las calles los cadáveres, que arrastran por las calles los que ya no participan del ocio, del día feriado, de la luz que se extiende por la tarde de estío… Y ella piensa que algún día pasará su cuerpo, su cuerpo que habrá dejado de pertenecerle, pasará por una calle cualquiera, en algún carro humilde, sin cortinas con flecos, sin cristales, sin cortejo, sin deudos enlutados, sin amigos y sin flores, pasará solitario por alguna calle oscura y lo llevarán lejos, lejos y olvidado… Su cuerpo que acaso recuerde todavía el olor y los rumores de la tierra, y ella preferiría que lo lanzasen al mar, su cuerpo, que lo dejasen descender lentamente hasta el fondo, allí donde el silencio crece, donde la luz se apaga, su cuerpo entre medusas y corales, entre peces voraces que perforarán su cuerpo y el agua circulará libremente por entre los orificios abiertos en su cuerpo y pequeñas burbujas subirán muy alto, estallando en el aire, más allá del nivel de las aguas …Pero ya la calle está limpia de entierros, de cortejos fúnebres, limpia y clara, y las gentes se olvidan de la muerte, y piensan que es otro quien ha muerto, alguien que nadie ha visto, y comienzan a hablar de otras cosas y todo lo reducen a la vida…

…y yo pienso que acaso pueda sucederme algo imprevisto, fuera del diario acontecer, alguna cosa extraña, extraordinaria, que pudiera sucederme, algo más allá o más acá de la muerte, pienso, mientras miro la bandera ondeando con el viento, el viento la levanta, la doblega, y de pronto la bandera se inclina… tal vez las manos que la sostienen están cansadas, manos escondidas, manos ocultas entre la muchedumbre, tal vez están cansadas y piden un relevo…

Y aunque ya la calle está limpia de entierros, de cortejos fúnebres, ella sigue pensando en la muerte… la muerte que puede llegar inesperadamente y no le dará tiempo a pensar en nada, ni en la muerte misma, la muerte penetrando en ella, concentrándose en ella, derribando lo que de ella queda, porque acaso estará ya muerta cuando la muerte, o el viento, o el impulso que la muerte arrastra, derriben su cuerpo, su cuerpo ya invadido por la muerte… La bandera se levanta, quizás las manos han tomado nuevas fuerzas o quizás son otras manos las que la sostienen abajo, manos escondidas, ocultas en la multitud y la bandera flota de nuevo alta, ondeando con el viento. Y ella respira… El viento le entra por la boca… Ella respira el viento, el viento que es impulso, el viento que es la vida…

…y yo pienso en otros países donde el viento sopla leve, países donde los días cambian, se alargan y se acortan, y hay noches infinitas… países donde existe el otoño y una luz violeta apenas arrebola las nubes y las hojas navegan en el aire y siento que podría irme con ellas, irme sin saber de tiempos ni de muertes… y siento que el otoño está dentro de mí, resbalando hacia adentro en los giros de tantas cosas desprendidas, de tantas cosas arrancadas adentro, muy adentro, allí donde soplan los grandes vendavales que desprenden, que arrancan…

Y aunque el mar está lejos, el mar donde su cuerpo estará inmóvil en el fondo cuando ya nada sienta, nada pueda imaginar, aunque el mar está lejos, ella siente el aliento marino que le pasa por la cara, el salitre detenido en su piel, la sombra de los barcos anclados en el puerto, el puerto que está cerca, muy cerca, y ella se sienta en el quicio de cemento de cara hacia los barcos y los mira desplazarse, tan lentos… y tan lejos que se marchan…

…y yo pienso en otros barcos frágiles que se hacían a la vela en días tormentosos de aguas enlodadas, pequeños veleros zozobrando, mientras miro la bandera flotando con el viento…

Ha llegado allí sin pensarlo, sin proponérselo, arrojada allí, a las orillas de una ciudad que quiere ser ciudad de bares y prostíbulos, de grandes cementerios, con inmensos mataderos donde cientos de bueyes degollados dejan su sangre aposentada, ciudad de gente sometida, de gente sin refugio, ciudad de realidades que saben tan poco de su vida, y las gentes se encuentran, se miran y se hablan, se saludan, se despiden… y ella sin adioses, sin pañuelos desplegados, en un sitio desproporcionado, demasiado limitado para los silencios, demasiado vasto para los encuentros…

 …y yo recuerdo la ciudad lejana, los saludos asomando desde todas las ventanas, los pañuelos abiertos con rumbo hacia el encuentro… recuerdo las vibraciones de un tiempo duradero, las gotas de la lluvia mojando los tejados, los días estirados en la curva del sol…

El edificio le cierra el paso. Ella quiere penetrar al vestíbulo, atravesarlo todo, el gran vestíbulo, las luces desde lo alto iluminando el inmenso vestíbulo, ella con el desea de penetrarlo, con el deseo de recorrerlo, de atravesarlo todo, de detenerse en el centro del inmenso vestíbulo, la luz cayendo desde lo alto, ella imaginando el desamparo del inmenso vestíbulo totalmente iluminado, las gentes en el centro del inmenso vestíbulo solitario, y ella antes de haberlo penetrado, antes de recorrer los espacios tensos, la luz cayendo desde lo alto, el roce de la Iuz sobre el inmenso vestíbulo desierto… Ella cambia de dirección, toma el sitio abierto de la calle, una calle sin estatuas y sin fuentes, la estatua del héroe elaborada con un huevo material, un material sin peso, y el héroe está flotando, bamboleando en el aire… Ella tiene todo el sitio para ella, para su inmovilidad, porque se ha quedado inmóvil en medio de la calle…

…y yo comienzo a imaginar presencias… a darle forma a las presencias… y pienso en lo que fueron las calles y la estatua del héroe saltando con nosotros los peldaños de piedra… y siento que la piedra ha crecido, que el tiempo nos ahoga…

Ya no tiene todo el sitio para ella. El tráfico se reanuda y ella salta entre los vehículos esquivando la muerte, sintiendo la muerte cerca, sintiendo la muerte lejos, midiendo cada gesto… y la gente que grita, la multitud que avanza, y la bandera crecida ondeando con el viento. La velocidad está en todo, en los vehículos que devoran el espacio, los gritos en oleadas que estremecen el aire… y ella piensa que es difícil amar, que es más fácil morir, piensa en el consentimiento hacia el amor que está en su cuerpo, en el rechazo de su cuerpo hacia la muerte …y la invaden las bruscas sacudidas de la ciudad sin reposo, su cuerpo respirando sin apoyo, su cuerpo a igual distancia de la vida y de la muerte, su cuerpo a igual distancia de la muerte y del amor…

… y yo recuerdo las calles tan angostas, gatos echados al pie de los pilares, ancianas recogiendo las yerbas más fragantes… recuerdo los vecinos que hablaban de la luna… recuerdo nombres, recuerdo las miradas, recuerdo los silencios…

Los balcones llenos de gente que se mueve, ella mirando lo animado, el desenfreno que lleva consigo lo animado, las gentes en los balcones sin miedo a desplomarse se inclinan hacia afuera… Un gran claro se establece de pronto, un espacio vacío, y la tarde se proyecta sin sombra y es como si fuese el silencio, como si el movimiento se hubiese detenido en esa pausa efímera donde queda la tarde suspendida…

…y yo recuerdo las tardes sin fatigas, sentados todos juntos bajo el cielo de agosto, la sombra tan liviana, recuerdo el aire que caía, la noche despuntando, estelas luminosas cruzando los espacios…

Todos son desconocidos, todos, o tal vez ella no reconoce a ninguno, todos están perdidos en la inmensa muchedumbre donde las manos se ocultan y sostienen desde abajo una bandera, una bandera ondeando sobre el mundo… A ella la cansa el mundo, la fatiga caminar por el mundo esperando los encuentros que nunca se producen, esperando la vida desprendida de algún sitio… Hay gentes extenuadas allá en la muchedumbre, gentes inánimes que se han quedado atrás, y los que van compungidos, con inmensos deseos de llorar, de sollozar a oscuras, la cabeza sumergida en la compacta muchedumbre, y abajo, allá en el fondo, hay manos que sostienen la bandera, manos que la levantan, y la bandera se abre, se despliega en el viento… Ella quiere escapar, correr sobre los puentes que apenas la sostienen, los puentes congelados… Gélido, estacionado, el aire de la tierra…

…y yo pienso en la tierra sin edad, en las espesas aguas que envuelven a la tierra, en las luces lejanas que rielan en las aguas, las luces que iluminan extraviados navegantes… y sueño con voces detrás del horizonte, con las húmedas piedras de los tiempos sin hombres, sueño con el espacio, los abiertos balcones que ocupan el espacio…

La gente a la deriva, ella a la deriva con la gente, ocupando el espacio. Ella confundida con la gente, confundida en el espacio. Ella en el vacío de la gente, ocupando el vacío de la gente… La multitud avanza… Espectros de la noche se mezclan a los vivos, a los seres vivientes… La multitud avanza… La bandera se inclina… Abajo, allá en el fondo, hay un largo abandono, las manos desfallecen…

…y yo recuerdo la planicie desierta, el muro del cuartel integrado a la sombra, recuerdo el toque de corneta, el sonido doliente retumbando en la tarde… recuerdo la bandera, la bandera plegándose, la bandera cerrándose en la tarde sin viento…


***


Cuento tomado del libro El largo día ya seguro (1975). Transcripción: Carolina Álvarez Arocha

Quince poemas de Elí Caicedo

Autora (fotografía): Beatriz Nones


1.


TU NOMBRE


Me inclino

ante tu nombre 

y oigo el murmullo de tu rostro 


Un eco de voces y vacíos

pronuncian el dolor de su mirar


Su escritura 

duele entre mis manos 


2.


Una herida 

sobre la albura del papel 


sangra en mi silencio 


Su decir 

una hendidura abierta 

de lágrimas dolidas


Una herida 

aún sin cicatriz 

en el silencio de tu nombre


y el murmullo de tu rostro.


3.


UN PERRO


Un perro ladra en mi reloj 


La sombra de su cuerpo 

una noche que se estira

como el rumor de un río 


El eco

de sus ladridos 

huye de la jauría de sus ojos 

se esconde tembloroso 

bajo las piedras de aquel río 


Su mirada

hurga

bajo los pliegues de su sombra 

y muerde

la osamenta de su tumba 


El movimiento de su cola

azota 

el recuerdo de su cuerpo 


Unos ladridos 

espantan 

los pliegues de su sombra 


Un perro 

ladra en mi reloj.


4.


GRAFÍA DE TU ROSTRO


(A muy querida amiga, poeta, educadora y promotora cultural Beatriz Helena Peñaloza)


Ungido de ausencia 

escribo tu rostro 


En el olvido de tus ojos 

hallo mi nombre

como un relicario


Arrastro 

lo fugaz de tu mirar 

sobre la untura

de las voces que me nombran


Algo de tu mirada

yace y hace sombra

sobre el rumor de la distancia 

donde erijo mi presencia 


Escribo tu rostro 

sobre ese tibio murmullo 

donde se hacen silencio 

todas tus miradas


Ungido de ausencia 

erijo mi presencia 

en el olvido de tus ojos 


Ahí 

sobre las voces que me nombran 

escribo tu rostro.


5.


UN AMIGO


(A mi querido amigo y hermano, filósofo, teólogo, antropólogo, investigador y promotor cultural Anderson Jaimes Ramírez)


Tengo un amigo

que conversa con las piedras


Ellas 

lo miran 

con el corazón de sus entrañas


Leen 

la sintaxis de sus ojos 

y sonríen ante la eufonía de sus voces 


Él

les acaricia 

con la aspereza de sus manos 

el blando silencio de sus cuerpos 


Entre ellos 

existe una liturgia de hermandad 

oculta entre los líquenes 

y la temblorosa humedad de sus miradas


Él

las observa

las escruta

y de pronto 

su mirada huele a piedra 

a surco escondido en la penumbra

a voz extraviada entre los años 


Ellas

guardan y custodian

el desgarrado decir de sus ancestros 

el sagrado olor de sus creencias 

y la lengua ignota de su pueblo


Tengo un amigo 

enamorado 

del enigma de las piedras


embrujado 

por el canto de sus glifos


Un amigo

germinando en el surco de las piedras


Ellas lo hacen

piedra sagrada

entre las piedras.


6.


LETRERO


(Al querido poeta, cuentista, novelista, ensayista y crítico literario Arnaldo Jiménez)


Un letrero en la pared

me mira

con el silencio de su grito 


Camino sus palabras 

a pie descalzo y en ayunas


Siento 

el grosor de su escritura 

en el dolor de su decir


Su voz 

un sendero oculto en la sintaxis 

del estuco y la argamasa


Su eco murmura

entre el moho y las heridas 

del sucio atrapado en la pared


Su decir

puerta abierta 

entre ladrillos 


Un letrero 

un grito en la pared


Soy 

destino de su voz.



7.


CAMINO


(Al querido amigo, poeta y promotor literario Job Jurado Guevara)


Un camino

frente a mí

estira la soledad de su mirada 

sobre un horizonte de hojarasca 


Miro 

sus heridas y sus sombras

ocultas en la sierpe de su cuerpo 


Tiemblan mis pisadas

sobre

la hondura de sus huellas 


La ausencia 

fenece 

en la finitud de su distancia 


Inicio y fin

atados

al morir de su destino


De nuevo 

un camino 

al final de mis pisadas.


8.


LITURGIA DEL CAFÉ 


La homilía del café 

ebulle

en la infinita soledad

del silencio de la taza


La profundidad de su color 

cristaliza 

la esencia de sus voces


La musicalidad de su salterio

germina

sobre la costura de la borra 


Sobre los sagrarios de la casa

revuelan los inciensos

de la liturgia del café


El perfume de su epístola 

y la unción de sus aceites

mantienen la vigilia 

en el monasterio de la boca


Por las caminerías de los jardines 

el silencio de los pasillos 

y los claustros monacales de la casa

caminan la voz del incensario

y el rumor indetenible 

de la homilía del café.


9.


HOY


Hoy

es un día extraño 


La mañana 

se ha ahogado 

tras las sombras 


La tarde

aún es un misterio 

y ya

el canto mortal de las chicharras 

anuncia 

a los cuatro vientos 

los obscuros abismos de la noche.


10.


CAFÉ



(A Félida Caicedo Pinto, hermana, amiga, compañera y confidente; hechicera y alquimista del café)


Observo y decodifico

la palabra de una gota de café 

escrita

en la tiniebla de su rostro 


Contemplo 

la ondulación de su escritura 

en el ascenso tembloroso de su voz


Su sonido 

acre y timbrado 

me increpa

desde el silencio obscuro de su rostro


El vuelo de su almizcle 

rompe el trino de los pájaros 

en medio de la niñez de la mañana 


La tintura de su piel 

y la obscuridad de su sonrisa 

horadan

la intimidad de mi decir 

y se erigen selva amarga

sobre lo inhabido 

y lo callado de mi boca


La palabra 

de una gota de café 

despierta

la voz de la mañana.


11.


UNA HORA


(A mi querido amigo y hermano poeta Julio Borromé)


Una hora

camina afuera de la casa

y arrastra su cansancio

sobre el rostro de las piedras


Escucho el viento

crujir bajo sus pies


Más allá

lejos del silencio

y la mirada de las sombras

una nube silba y tararea

el hondo palabreo de la lluvia


La llovizna ahoga

el recuerdo de sus huellas

y la distancia de sus pasos


Afuera

en medio de la tarde

la lluvia devora el peso de las horas

y arrastra su cansancio 


Allá

bajo el grito de la lluvia

una hora yace inerte

en medio del silencio

y la mirada de las sombras


Y más allá

lejos del silencio y de las sombras

cruje el viento sobre las piedras.


12.


AIRES DE OLVIDO


El aire pasa

deja la voz de su recuerdo 

sembrada 

sobre el silencio de las sombras 

y no regresa nunca más 


Él no sabe 

de recuerdos ni regresos 


Sigue el camino 

sin la idea de su inicio 

y sin la imagen del destino 


Llega sin saludos 

como un recuerdo antiguo 

y se va

sin anuncio y sin despedida

como un largo olvido 


Casi nada

lo diferencia del olvido 


El olvido 

un recuerdo 

escondido en la memoria 


Como en el aire

nada

es ajeno en el olvido


El olvido desaparece 

deja la voz de lo olvidado 

y no vuelve nunca más 


Él 

desaparece en la memoria 

como el aire

en el silencio de las sombras


La voz de lo olvidado 

hace trizas al olvido


El aire pasa

y no regresa nunca más.


13.


CREPITACIÓN


Huele a ti

en este espacio 

de señales chamuscadas


El destello de tu sombra

ese río de arenas incendiadas

crepita

sobre los carbones de la tarde


El rastro de tu nombre

persigue voces y fuegos

entre el silencio de los cardonales 


El fogaje de la brisa

arrastra tu mirada

sobre el levitar de los medanales

donde tejen sus espejismos las arañas 


Sobre el incendio de estos arenales 

grita tu nombre 

la crepitación de la tarde 


Huele a ti

en el crepitar de estos medanales.


14.


LA VOZ DEL PEDERNAL


(Al amigo, educador, líder social, promotor cultural y poeta Omar Iván Garzón Pinto)


Hablo silencio 

sobre la aspereza de la roca 


Un pedazo

de grieta o hendidura 

responde a mi palabra 


Es un ruido 

que guturaliza su frialdad 


Algo 

vuela o aletea adentro 

en su dureza


Oigo

su murmullo 

mordiendo mi silencio 

en el abismo 

de su áspera sonrisa 


La humedad

del musgo de su piel

Absorbe el decir de mi mirada 

y comprende mi silencio 


La grafía de mi voz

eriza

la fría aspereza de su rostro 


Escribo

en la desnuda arista de su piel 

y en el decir de mi silencio 

se escucha 

la voz del pedernal 


Escribo silencio 

y adentro 

en su dureza

una grieta o hendidura 

guarda mi palabra 


Hablo silencio 

y algo sonríe 

en la aspereza de la roca


Escribo

y se escucha Silencio 

en el decir del pedernal.


15.


OLEAJE DE PENUMBRAS


La noche

abre su puerta obscura

y el sonido de unos pasos

se acerca

a ciegas

a tientas

y en penumbras

y trae mi presencia.


Un herido olor de mar

pronuncia mis palabras

y desde el fondo dormido de su voz

el cansancio de un oleaje

de salitre y de tormentas

calla

el rumor de aquellos pasos

y los cubre de silencios.


Un oleaje

sacude el rostro de la noche

y desde el olor de sus penumbras

se anuncia

el mar de las ausencias.


Brama

un mar de brumas

y se oye

a lo lejos 

entre graznidos de gaviotas

su oleaje

de vientos y silencios.


Un oleaje de penumbras

ahoga y arrastra

mi presencia.

viernes, 12 de junio de 2026

Astrid Salazar, lectura cruda de la realidad: “El escritor debe dejar huella y marcar su espacio”


Los temas que me motivan a escribir están relacionados con la problemática social. En toda mi poesía se abordan casos sobre los niños de la calle, la prostitución... son las cosas que llaman mi atención


Texto y foto: Rafael Ortega

Una de las voces más jóvenes de la poesía en Aragua es Astrid Salazar (Maracay, 1984), quien obtuvo el primer premio del Concurso Interliceísta Sergio Medina en el año 2001 con el poemario Azules de mi infancia, publicado en el año 2004 por la Editorial La Liebre Libre. Cabalísticamente, tres años más tarde, La Espada Rota editó la plaquette Gloria/Astrid, en compañía de Gloria Dolande, así como El Perro y la Rana lanzó al mercado editorial su más recientemente obra: El octavo pecado (2007).
Su obra está caracterizada por la crudeza y nitidez con que describe la realidad de manera fiel y sin ambages, que a veces golpea el rostro de las instituciones y las sociedades retrógradas que maquillan sus defectos para mantenerlos ocultos bajo varias capas de hipocresía.
—¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?
—Cuando leí 20 poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda, me influenció muchísimo; después, César Vallejo, Jaime Sabines y Rainer María Rilke, se convirtieron en mis pilares y, más recientemente, Álvaro Mutis.
—¿Piensas que los talleres literarios son fábricas de escritores?
—Los talleres son una guía, un camino, no es que te van a convertir en escritor, sino que te van a ayudar a encontrar ciertos parámetros, ciertas estructuras...
—¿Cuáles temas te motivan a escribir?
—Los temas que me motivan a escribir están relacionados con la problemática social. En toda mi poesía se abordan casos sobre los niños de la calle, la prostitución... son las cosas que llaman mi atención.
—¿De qué otra fuente te nutres para escribir?
—De la música y la fotografía. Escucho alguna canción y de allí puede partir el tema.

A tu criterio, ¿cuáles escritores venezolanos son fundamentales?
—Vicente Gerbasi, Eugenio Montejo, Juan Calzadilla y Juan Sánchez Peláez.
—¿A qué atribuyes que los escritores venezolanos no sean tan conocidos en el exterior?
—Porque no ha habido apoyo para la publicación y distribución de las obras. Ahora es que está empezando, pero se requiere un esfuerzo mayor y aportar los recursos necesarios para que eso se cumpla.
—¿Consideras que es difícil ser escritor en un país de pocos lectores?
—No es difícil. Eso nunca ha sido ningún obstáculo para mí. La razón de que existan pocos lectores no limita mi capacidad de creación. Simplemente escribo y ya. El que lo vaya a leer, que lo lea...
—¿Cómo percibes la presencia de la mujer en el mundo de la literatura?
—La mujer siempre ha sido vulnerada ante la figura de los escritores masculinos. Ahora es que se está fortaleciendo la presencia de la mujer.
—¿Cuáles libros o autores de la literatura universal recomendarías?
—Carta a un joven poeta, de Rainer María Rilke; El arco y la lira, de Octavio Paz; todo lo de Carlos Fuentes...
—¿Crees que las instituciones del Estado prestan el apoyo necesario al escritor?
—Creo que sí. Hasta el momento ha sido reconocido mi trabajo y no tengo ninguna queja hacia las instituciones.
—¿Para qué sirve un escritor?
—Para dejar una huella y marcar su espacio en el tiempo en que le correspondió vivir.
—¿Cómo ves el panorama regional actual?
—Se está haciendo un buen trabajo y están surgiendo nuevos talentos, algunos provenientes de los talleres literarios.
—¿De qué manera influenció el boom latinoamericano a los autores venezolanos?
—Esos autores que marcaron la pauta influenciaron mucho a nuestros escritores porque era inevitable no seguir su estructura, su contenido. Ahora nos toca a nosotros decir lo mismo que dijeron ellos, pero con otras palabras.
—¿Qué opinas de las nuevas tecnologías?
—Son un gran apoyo porque no sólo publican tu obra, sino que te puedes nutrir también, ya que los libros a veces son muy costosos y allí podemos encontrar gran variedad de autores.
—¿Pero no crees que tu obra podría correr el riesgo de ser plagiada?
—Es un riesgo que hay que correr.
—¿Algún día los libros virtuales suplantarán a los tradicionales?
—No. El libro es la obra, la hoja de papel, nada podrá suplantar la presencia de un libro en tu biblioteca. Además, no todos tienen acceso a la Internet, lo cual hace difícil la desaparición física del libro.



La necesidad de escribir poemas


Si no escribo me siento incómoda conmigo misma, siento que me falta algo, me pongo malhumorada cuando no encuentro motivos para escribir un poema. El oficio de escribir se ha convertido en una necesidad para mí

jueves, 11 de junio de 2026

Quince poemas de Víctor Parra Rivero

Título: Abstracción II (2014)

Autor: César Blanco 


Tomados del libro inédito Eromociones



1.


Dos cuerpos 

rozándose


hacen intermitencias


palpitan


turbios 


en el encuentro


2.


Suelta

tus cabellos


desata 

bridas 

remontas

la caricia


me brindas

ese tesoro

 

a poca orilla 

del desvelo  


3.


Gimes


salobre esencia

ofrenda

tu delta 


me atrapa

entreabierta

sinuosa


tu entrepierna


4.


La concha

convida

y beso

su desembocadura


5.


Cae

tu cálido 

aliento


sobre

mi ternura


6.


El desahogo


cubre


la urgencia


7.


Respiración

entrecortada


vacías


debajo

de mí 


8.


Nuestros movimientos


arrugan

las sábanas 


poco antes


del estallido


9.


Los dedos


desarman

tu voluntad


y te hacen

correr

o llover


al instante


10.


Tu flor


escancia

el licor


guardado


en mis

ánforas


11.


La aureola

de tu pezón


enhiesto


es un sol

que emerge


por lomas


de la almohada


12.


Su hendidura

me convida

a su orbita


bebo aguamiel

por sus predios 

reforesto

sus ardores


habito 

en su maraña


suspiro

el encuentro


13.


Sufro eromociones

cuando la veo

desarmarse 


fluyen vinos

sálvame instinto

entre su pelvis

dirime encuentros

sobre otras pieles


de izquierda 

a derecha o lejanas

de distancias


la eromoción

retoza


entre sudores


14.


Verte

sobre una camilla

eromocionada


contorsiona


y tensa

la ternura


por encima

de lo poseso


o debajo

de la nada


15.


Se abre

tu hendidura


apostado

al camino

bebo sus mieles


sacio solícito 


la ardiente sed

de amar

miércoles, 10 de junio de 2026

Doce poemas de Jair Ríos

Título: La música del mar (2025)

Autor: Jair Ríos 


Todos los poemas seleccionados fueron extraídos del libro inédito El Cantar de las Sirenas


1.


La Isla de las Sirenas


En la bruma de amaneceres dorados,

se alza una isla de encanto engañoso,

las olas susurran secretos ahogados,

tenues fulgores de un amor misterioso.

frías luces de coral y néctar de luna

vierten en sus cadenciosas melodías,

tristes y oscuras canciones de cuna,

son sólo sueños de crueles ironías.

Las sirenas entre sombras y brillos

entre risas y llantos, sus ecos heridos,

enarbolan al viento mil estribillos,

que poco a poco enajenan los sentidos.

Oh, isla encantada, de sueños y penas,

en tus playas doradas de jazmín y reseda

tu belleza es un velo de tentadoras escenas,

que consume el deseo en la espuma que queda.


2.


Las Lágrimas de las Sirenas


Las lágrimas de las sirenas

son joyas de sal y pena, 

cada lágrima un recuerdo, 

de amores que se fueron, 

caen desvanecidas, 

como perlas en la arena, 

de promesas olvidadas, 

y de besos que no se dieron.

 

Cada sirena que llora, 

se convierte en un cantar,

de un pasado que añora

de barcos que al naufragar,

no se hundieron en el mar.

Sus lágrimas son poemas, 

que el océano recita, 

en cada gota perdida, 

un amor que se evita.

 

Un eco de suspiros,

que con la brisa se agita

son las lágrimas eternas,

de sus almas exquisitas. 

Las lágrimas de las sirenas,

son un mar de vehemencia,

y una rara música serena,

que gime las ausencias.

En el silencio del cielo,

vociferan sus pesares,

son tormentas en los mares,

herido albatros en tímido vuelo.


Son amargas lágrimas saladas,

perlas, en la piel húmeda del mar.

Sus pequeños ojos de marino cristal,

fragmentos dolorosos del amar,

pulverizados en un rocío de sal.

Las olas son su lamento,

las corrientes su pesar, 

sus gritos abrazan el viento

y en él hallan su tormento,

errabundas en el mar.


Añoran el firmamento,

sus alas perdidas en el azar

de un destino virulento.

Las lágrimas de las sirenas, 

fluyen como ríos de esperanza,

hacia el horizonte roto.

Son canciones ahogadas

que hoy por vos invoco.

Son hilos de plata suspendidos

esparcidos en la bruma.


Son cadencias aladas

que lloran con la luna

Las lágrimas de las sirenas

son espejos infinitos,

brillan como luciérnagas,

en la noche oceánica.

Son recuerdos malditos

de vivencias amargas,

mas, quien se atreva a escuchar,

su canto inspirador, 

encontrará entre sus lágrimas,

el reflejo del amor.


3.


Lorelei


En mi mente hay un pensamiento

que no logro comprender,

uno que ha entristecido mi ánimo todo el día;

y llena mi alma de melancolía,

una historia muy antigua que no puedo olvidar,

un hechizo que me hace estremecer,

una extraña sensación que no puedo disipar.


Lorelei… Lorelei… Lorelei…


Con el aire fresco del anochecer

fluyen las oscuras aguas del Rin 

en un eterno vals; como las olas del mar, 

que a mis sentidos hacen adormecer…


Un apacible canto, canta Lorelei


En la cima de la montaña, rozando las estrellas;

Tras los multicolores fulgores de la tarde.

Allí se sienta una hermosa doncella

de una belleza inigualable

ataviada con joyas muy brillantes:

como soles de diamantes,

de zafiros, de rubíes y de jade…


Son los encantos con que encanta Lorelei


Peina su dorada cabellera

y de su peine cae un rocío suave

y sobre todo el valle resuena

un canto misterioso bajo la luna nueva…


Es el canto de la bella doncella Lorelei.


Un barquero en su pequeño esquife

es presa de un amor turbulento,

escucha una música serena,

como el cantar de un cisne, 

como un canto de sirena

se aproxima lento, directo al arrecife…


Es la música sonora, de la encantadora Lorelei.


Despistado, no sabe dónde está el acantilado,

y como poeta enamorado,

mira hacia la cima de la montaña

buscando vanamente los ojos de su amada.

Creo aún no se ha dado cuenta

que a sus sentidos engaña.


La Bella Doncella Lorelei.


Lorelei…

Lorelei.


4.


Madre Perla


 I


En la remota costa del Oriente,

y tras el sismo que el valle deshizo

Guaiquerí y su guaricha con su niño

navegan en un cayuco corriente,

buscando tierra firme hacia Cubagua.

sañudo Ur-Ac-Kán reunía el tormento,

el dios de lluvias terribles y vientos;

el indio apura el remo, presagiando

la rebelde y burlona ira potente.

¡Ay! Pronto verían su cruel designio.


 II


Negra nube crece en el horizonte,

y el dios desata su furor tremendo;

rápidos chocaron truenos y vientos,

el mar levanta sus olas de enojo.

A la frágil humanidad desprecia,

riéndose de su tan débil batalla.

El cayuco, de madera liviana,

volcóse quedando sólo despojos;

y las aguas el naufragio consuma.

Padre y niño murieron ahogados.


 III


Pero la piedad los dioses acunan,

Maita Dabucurume, Madre sabia, 

e Icoa, sirena diosa del mar,

mandan veloces toninas amigas

que a la guaricha bien logran salvar,

sobre un madero a una playa de arena,

en Cubagua su amor ansia encontrar,

se niega al dolor de la doble pérdida;

llorando nunca acepta el cruel final.


 IV


Con el pecho henchido de amor materno,

la guaricha se interna en aquel mar;

la savia blanquecina con la espuma,

junta al vientre líquido azul eterno,

Leche que mana sin fin de su cuerpo,

a la marina Icoa pide ayuda

para que a su niño lleve su savia,

a través de la corriente del mar;

Así un día y otro repite aquel gesto,

y conmueve a los dioses con tal hecho.


 V


KariBai, dios de esencias y perfumes, 

y EuKeima, dios del arco de color

admiraron la sublime grandeza 

de aquella madre de inaudito amor,

y sugieren algo que al dolor venza;

su savia de amor en concha marina,

se recoja y en bellas perlas nacientes,

sean estas transformadas por siempre,

su amor maternal nunca así se pierde,

gema es del corazón de Madreperla.


5.


Caronís


En Soledad que es mi pueblo,

la boca del río es honda,

quien la tradición no guarda,

que del río bien se esconda.


Dicen que el cauce es traidor,

mal pescas, si lo haces poco,

pues, allí tiene su sueño,

la dueña del Orinoco.


Es la Bella Caronís

de escamas de plata fina,

una voz dulce y sonora

que encanta y al hombre fascina.


Su canto de seducción

es promesa no es mentira,

es mortal para el varón,

es verdad que al río inspira.


Vicente Reyes fue astuto,

supo el secreto del pacto,

un gesto, un ritual, un truco,

se salvó por un simple acto.


Al llegar al hondo cauce,

donde la pesca es un don

de su vaso de aguardiente,

una ofrenda echó al rincón.


No la ofendas con tu ron,

ofrécele dulce anís,

ese es el mejor tributo,

pa’ la bella Caronís.


Reyes vio su recompensa

en su red que estaba llena

con una muy buena pesca,

que le dio la azul sirena.


Pero a Tortoleno en cambio,

la Carona en la contienda,

a él le dio muy mal agravio,

pues, no llevó anís ni ofrenda.


No creyó en la bella dueña

del caudaloso Orinoco

y esto ahora nos enseña,

pa’ que no lo hagas tampoco.


Si no rindes pleitesía,

al fondo te arrastra lento,

compadre no se me ría

pues, lo ahogó en un momento.


Lo sacó de su canoa,

en remolino violento

y es que el río no perdona,

al hombre sin juramento.


6.


Espuma Marina


Oh, el vasto y vívido mar, 

tapiz de sombra y profundidad...

¡Si yo sólo supiera la serena y súbita forma

de surgir de esa vorágine!

De la espuma tumultuosa, donde la luz 

se disuelve y se olvida,

emerge ella, la pálida alegoría

de la libertad perdida.


Cuerpo luminiscente, casi espectral, 

rompiendo el oscuro claroscuro,

una promesa de carne desnuda 

que el alma anhela ser.

Candidez sin velo, sin vergüenza, 

vestida sólo de lo elemental,

sus formas suaves, 

suspendidas sobre el caos turbulento.


¡Cómo quisiera yo cabalgar!

la cresta sin miedo ni muro!

Sobre el delfín, ese guardián 

de gracia y sabiduría silenciosa,

dominando la ola que se alza 

como una montaña de emoción y azar.

¡Qué dulce éxtasis sin artificio 

debe ser esa mirada triunfal!


Su cabello suelto, serpentea etéreo

que el viento sacude igual a la marea,

se fusiona con el cielo, y se disuelve

en la llana frontera de lo azul,

anulando el peso de la gravedad 

y el tiempo rígido.

Es la expresión más alta,

la conexión más pura que se puede pedir.


Suspiro por esa pureza desinhibida, 

ese regreso al alegre Edén,

donde el alma navega 

y encuentra en la aventura su propio saber.


Y mientras mi vista la sigue,

suspendida entre la roca y el aire frío,

solo me queda añorar su gracia 

y su deseo sin fin en este frágil navío.


7.


Oda Marina


                                                     [Párodo]

Dejamos la tierra amiga, 

de la esposa el dulce adiós; 

la promesa nos obliga, 

que hoy no tiene ley de dios.

Mas el barco ya navega,

ya el horizonte nos ve, 

toda nuestra ardiente fe,

al azul de Grecia entrega.


¡Qué Afrodita nos proteja!


                                                     [Estrofa]


Dejamos la tierra que arde en suspiros,

el adiós, eco que flota en la bruma;

brillan promesas en ojos zafiros,

ley divina ondea el mar y la espuma.

Ya el buen navío, al sueño azul se entrega,

Eolo sopla y la vela navega.

Oh, añil azul que a la nave consientes,

Oh, vasto espejo do el sol se deshace,

tu vasta quietud calma contendientes,

en la inmensidad nuestra alma renace.

azul clemente acuna al alma errante,

tu linfa, es la senda del navegante.

Permite que el hado a Ítaca regrese,

la luz de Apolo en tu frente reposa,

que el buen timón el marino profese,

a ti encomendado y a la bella diosa.

se disuelve la prisa en mar y viento.

¡Bendita la estela del firmamento!

Del fondo nacen secretos callados,

redes que abrazan la vida sencilla,

dones del mar, a sus hijos amados,

fuente eterna, de marina semilla.

Del fondo oscuro en tu seno fecundo,

sustento en redes que nutren al mundo.

No eres solo agua, eres ruta de puertos,

Talasa tú eres la voz del misterio,

por ti el corazón olvida a los muertos,

mas queda el recuerdo en tu cauce etéreo.

faro de Rodas que la noche alargas,

¡Viaja el destino en tus aguas amargas!


                                                [Estásimo] 

(Coro de Marinos)


¡Qué serena surca la ola, 

que al puerto nos va a traer!

La red la barca enarbola, 

con peces para comer. 

Hay calma si hay maestría,

y al sol nuestra fe se fía.


(Coro de Sirenas)


No todo es calma en el mar, 

Caribdis traga sin clemencia, 

Escila hunde sin cesar, 

Tifón ruge con violencia, 

cantos crueles, son verdad, 

red de muerte y soledad.


                                                [Antistrofa]


Oh, tú, turbio azul que, a naves errantes,

espejo roto do el sol no regresa.

tu vasta furia hunde a los navegantes,

la vela altiva en tu viento tropieza.

La luz de Apolo con la nube ofusca,

tu linfa agitada la muerte busca.

Permite al hado en tus fauces perezca,

naufraga en tu ser el alma que ofende,

la vida mortal de rumbo carezca,

en tus lagrimas la muerte sorprende.

Con prisa la negra nube amenaza,

¡Maldita la estela que la mar traza!

Del fondo oscuro, tu seno iracundo,

la furia emerge con rostro de Escila,

terror desde rocas al hombre infundo;

Telquines aviesos males destila.

La bestia marina avasalla puertos,

No eres senda, sino tumba de muertos.

Talasa en sus vastas olas ahoga;

lleva al naufrago a destinos inciertos,

do la vorágine el alma deroga,

por ti el corazón ya se une a los muertos.

con tormenta negra y lamento impuro,

la muerte danza con su sayo oscuro.

Ya cae la sombra, el miedo se cierne,

y la tormenta ruge sin piedad,

el mar bravío que al alma consterne,

pues, en su furia esconde la verdad,

que el hombre se enfrenta en su oscuro viaje,

al abismo de su propio coraje.


                                                [Estásimo] 


(Coro de Sirenas)


Sus voces fluyen en ríos de plata,

tejiendo redes de ensueño y misterio,

el mar se vuelve espejo que retrata

el deseo profundo de su imperio.

En sus ojos brilla la eternidad,

promesas dulces de inmortalidad.


(Coro de Marinos)


Un viento muy fuerte desvela el cielo, 

las olas danzan su enérgico canto, 

las nubes pintan triste desconsuelo, 

y el mar muestra su fatigado llanto. 

¡Oh Dioses! Bajo el signo de Poseidón, 

hacedme firme el débil corazón.


(Coro de Sirenas)


¡Oh mortal! El mar no tiene piedad, 

deja el cuerpo bajo el húmedo limo; 

ya no luches más contra la verdad, 

sabes bien que el destino es un abismo. 

Ven a la paz tú valiente sin nombre, 

¡Ay! la mar es el sepulcro del hombre.


                                                        [epodo]


Oh, tú, buen navegante y poeta que el mar miras 

la gran sabiduría que el océano encierra, 

no rehúyas cuando al vasto horizonte suspiras,

pues, tú muy bien sabes que el mar a tu alma se aferra, 

El mar guarda en su hondo lecho un misterio sutil,

el hombre guarda en su pecho osadía febril.

El destino se cumple en esa ola que te llama, 

pues, el mar es el ciclo que la vida celebra, 

tu virtud es la calma cuando el trueno se inflama, 

quien bien acepta el abismo es su verdad que enhebra

al ojal que zurce el camino que se ha escogido,

no importa la muerte sino lo que se ha vivido.



8.


Pirata de Amor


¡Ay no quiero, 

subirme yo en tu velero! 


Sos barco sin rumbo fijo, 

corazón audaz y rojo, 

que va cumpliendo todo antojo, 

con alma de marinero. 


¡Ay me muero, 

súbete ya en mi velero! 


Amores que son tormenta, 

pasiones que se alimentan; 

por la noche se comenta, 

que soy pirata sincero. 


¡Ay que el viento, 

te suba ya en mi velero!


Tu vela no tiene puerto, 

tu promesa es solo viento;

si te sigo, será incierto,

tu corazón es mi tormento.


¡Ay no quiero, subirme yo a tu velero,

es mal muy agorero! ¡Ay, no quiero!


9.


Fata Morgana


Hay un espejismo que en el mar navega,

Morgana teje sombras de deseo,

son promesas que el viento siempre entrega,

luz que se quiebra, sueño es lo que veo.


Morgana teje sombras de deseo,

amor que se vuelve fuego ligero,

brilla el hada con mágico aleteo,

ala rota de pájaro viajero.


Amor que se vuelve fuego ligero,

espejismo que en el aire se extiende,

simple reflejo que es falso y agorero,

ciego es el Amor que no lo comprende.


Espejismo que en el aire se extiende,

bajo la bruma la verdad se niega,

un alado vuelo a Avalón se emprende,

entre nieblas, un alma que se entrega.


Bajo la bruma la verdad se niega,

buscando un sueño tan solo en el cielo,

un espejismo en el aire se despliega,

un amor que se vuelve fuego y anhelo.


Buscando un sueño tan solo en el cielo,

una rara ilusión que al alma quema,

es traición del espejo, un tenue velo,

con que Morgana teje su diadema.


 10.


La Tormenta


I


Vendaval que arrasa y desgarra,

El bravo Oleaje muerde la calma,

la esperanza rota en el viento,

viento salino azote del rostro,

relámpagos parten mi anhelo,

garras de coral rasgan el alma,

rugidos de un pecho violento.

Centellas cruzan la oscuridad,

Cielos encapotados, rugen, rugen

como una fiera. Barcos que gimen 

cortan la piel, queman el alma,

tormenta de voces quebradas,

relámpagos sobre el agua,

el mar ahoga mi voz callada,

en la furia que no se calma,

la tormenta se desangra,

se pierde el eco de mi calma.


¡Ay, la luna me guía,

mientras el mar me desafía!

¡Pata de palo, pie errante,

borracho, valiente y amante!

Maudit Orage ! Zut !

Hélas ! Terrible Tempête ! 


II


Torbellino de gritos y sombras,

Aaae... eiuuu… Lamentos de sirenas,

ciclón voraz que arrastra mis deseos

silencio que ruge y devora,

corrientes que arrastran,

palabras que hieren sin freno.

Furia que quiebra mis defensas,

la lluvia es sal y frío,

la noche es un abismo,

caos que nubla mi sentido,

golpes secos de ausencia amarga,

eco de ballena herida,

neblina que apaga el faro,

oscuro y profundo el abismo,

noche que viste el olvido,

ríos de lágrimas caen,

sobre un corazón perdido.


¡Cien tempestades en mi piel,

pero el ron me hace sentir fiel!

¡Que vengan olas, venga el rayo,

no hay tormenta do no me hallo.

Verdomde storm! Verdomme!

Helaas! Vreselijke storm!


III


Rayos que parten mis ilusiones,

Dispersas ráfagas de espuma,

estrellas hundidas en el firmamento,

corrientes que arrastran,

chasquidos que queman mis nervios,

el aguacero inunda dudas,

cánticos de gaviotas, danza errante,

relámpagos ciegan recuerdos.

Lluvia torrencial de promesas,

cadenas de agua voraz,

viento lobo que me persigue

estrépito frío y tenaz,

la furia del mar no se apaga,

el mar es un infierno voraz,

la tormenta no acaba jamás.

sombras que arrastran memorias,

en un mar que no tiene paz.


¡Cien olas en mi cara,

y el ron me da la fuerza!

¡Que ruja el viento, que ruja el mar,

yo en esta locura quiero quedar!

Forbanna storm! Forbanna!

Akk! Forferdelig storm!


IV


Catarata de llanto y furia,

olas que desgarran, cascada salina,

golpes secos que hieren el alma,

caracolas que lloran, Bruma ciega

nube oscura en mi tormento,

redoble sordo de traición.

Aaae... eiuuu… ¡Ay! ¡Malditas Sirenas!

Caos que destruye refugios,

es el oscuro dominio del Kraken,

vendaval que no perdona,

tormenta que ruge y me arrastra,

sobre olas que rompen en nada,

el amor se vuelve un grito,

un suspiro que se apaga.

La noche es un lamento,

la luna es un espejo,

donde se quiebran los sueños.


¡Baila el barco, baila el día,

tormenta loca, mi alegría!

¡Pata de palo y botella en mano,

soy rey del mar y soberano!

Damn Storm! Damn!

Alas! Terrible Tempest!


V


La furia del mar y el viento,

tiembla el fondo oscuro y negro,

la tormenta es un grito seco,

y la tempestad que no cesa,

es tempestad de abismos,

el corazón hecho pedazos,

la furia es un dulce canto,

¡Ay Malditas Sirenas!

la voz que grita sin respuesta.

La tormenta es mi historia,

el mar es su temible reino,

la lluvia mis lágrimas fieras,

el relámpago mi rabia,

el trueno mi soledad entera,

y en la noche oscura eterna,

se apaga la luz primera.

barcos que se hunden,

en el azul profundo,

la tormenta es un alma,

que llora sin descanso.


¡Botella rota, ola y canción,

pata de palo y corazón!

¡Que ruja el mar, que brille el sol,

yo soy pirata y el mundo mi farol!

Forbandet storm! Forbandet! 

Ak! Frygtelig storm.


VI


Vendaval, tormenta y silencio,

el alma rota y desgarrada,

el mar que traga esperanzas,

el viento que arrastra mi nada.

Centellas de pasión muerta,

relámpagos de desesperanza,

la tormenta que es mi vida,

el eco triste de la ausencia,

el amor que se convierte

en tormento y en demencia.

Desnudez, tesoro y riquezas

cofres de malditos secretos,

envuelven misterio y bellezas

¡Ay! ¡Esas Malditas Sirenas!

Escamas de oro y plata,

iridiscentes en la pupila,

astillas del naufragio del corazón

y de un barco pesado y ebrio

con un farol que escandila

a mi espíritu soberbio.


¡Baila el barco, baila el día,

tormenta loca, mi alegría!

¡Pata de palo y botella en mano,

soy rey del mar y soberano!

Maledetta Tempesta! Maledetta!

Ahimè! Terribile Tempesta!


¡Baila y canta, mar embravecido,

pata de palo, alma de bandido!

¡Que el mar es nuestro final,

y el ron nuestro eterno rival!

Maldicha Tempèsta! Mèrda!

Ailàs! Tempèsta Terribla!


11.


Los Caballos de Neptuno


Los caballos retumban con sus cascos,

sobre olas que tiran de firmes bridas,

Neptuno en su trono rige los mares,

céfiras ráfagas alzan sus crines,

como briosos estandartes al viento,

y estalla en el cielo el eterno rayo.


Zeus tonante vocifera en un rayo,

y provoca el arrido de sus cascos,

espantosos relinchos en el viento,

Neptuno los refrena con las bridas,

y agitan salvajes sus blancas crines,

cabalgando en las olas de los mares.


Precipitan su carrera en los mares,

y lanzan mil destellos como el rayo,

corazones que ondean como crines,

de equinos desbocados por sus cascos,

que pisan los tormentos y sus bridas,

conducen a clamores en el viento.


Resuena el cuerno de Tritón al viento,

responden las sirenas de los mares,

y en mares de lamentos ya sus bridas,

encabrita a caballos y en un rayo,

fulminante del alma y con los cascos,

se horada al corazón que entre las crines.


ondea salvaje amor que en las crines,

la furia eleva mas se lleva el viento,

que rasga negra noche con el rayo

y se ensordece el clamor de los mares,

la tempestad galopa con sus cascos,

y se enredan con violencia las bridas.


Del corazón del dios que con las bridas,

la fuerza desbocada de los cascos,

se lleva en el rugido de los mares,

que con la furia del amor el viento,

se rompe en el silencio con su rayo,

y llora en la tormenta entre las crines.


En olas galopan cascos que rompen las bridas.

Dolor en los mares de furia eleva sus crines.

El alma en el viento se rompe con un gran rayo.


12.


Rémora


 I


Yo te despido, sombra que se adhiere, 

lastre de mi viaje, rémora sin nombre; 

ya se cansó el espíritu del hombre 

de alimentar aquello que lo hiere. 

Cualquier lazo que hubo, hoy se muere; 

frenaste mi nadar en la corriente, 

pegada a mí, succionando mi frente, 

y en este adiós, mi libertad se traza: 

rompo el vacío que tu ser abraza, 

lejos de ti, mi norte es más luciente.

 

 II


Fueron tus días un reclamo eterno, 

un "mírame" voraz que no saciabas; 

mis propios pasos tú me los robabas 

para servirte en tu capricho tierno. 

Mi voluntad cayó en ese gobierno 

donde el esclavo fui de tu deseo; 

olvidé quién era en tu jactancia, y veo 

que, en el altar de tu ego desmedido,

sacrifiqué mi paz y mi sentido, 

siendo yo el remo en tu egoísta empleo.


 III


Era tu voz un rayo en la espesura, 

furia y agresión en cada tramo; 

no hubo palabra que no fuera reclamo,

ni discusión que no fuera tortura. 

Y cuando el eco de tu voz oscura 

no hallaba el golpe que tu rabia ansía, 

tu llanto de mentira aparecía: 

esa red de cristal, falsa y artera, 

con la que hacías de mi vida hoguera, 

manipulando mi alma a sangre fría.


 IV


Entre la farra y la lasitud desierta, 

viviste en un vaivén de lodo y vino; 

buscabas el placer en el camino 

mientras dejabas mi esperanza muerta. 

Te revelaste entonces, ¡Oh, Sirena!, 

abierta en un apetito sexual sin freno alguno,

voraz como el océano en ayuno; 

usaste tu sensualidad de fuego 

para perderme en ese bajo juego, 

donde el amor fue un vicio inoportuno.


 V


Y en el lecho manchado por tu rastro, 

la deslealtad fue tu constante herida; 

promiscua fuiste, de fe desposeída, 

mientras tu cuerpo se volvía un lastre. 

En el humo y la droga, tu desastre 

descuidó tu salud y tu decoro; 

el vicio te alejó de todo foro, 

perdiendo higiene, alma y dignidad, 

hundiéndote en la espesa oscuridad 

donde la rémora pierde su tesoro.


 VI


Fuimos juntos nautas de las nubes, 

nefelibatos sin suelo ni destino; 

colgados de un fracaso repentino, 

tú bajabas al fango cuando subes. 

Esa falta de tierra en que te imbuyes 

nos condenó al naufragio de la suerte; 

mas yo buscaba vida, y tú la muerte 

de no poner los pies sobre la arena,

arrastrándome a mí con tu cadena 

hacia un abismo que el fracaso invierte.

Mas no bastó romper el sucio lazo, 

pues a mi espalda lanzas tus cuchillos; 

cobarde al fin, sin luz y sin brillos, 

culpas al otro de tu propio ocaso. 

 

 VII


No admites del naufragio ni un pedazo, 

pues tu error es el mito que no asumes; 

en mentiras de lengua te consumes 

diciendo que mi mano hundió el velero, 

cuando fuiste tú, el pirata traicionero, 

quien puso el fango donde hubo perfumes.

He sido el pez de lomo lacerado 

que cargó tu ventosa en la marea; 

mas hoy la roca el peso me saquea, 

y quedas tú en el fondo, en tu pecado.

 

Nado libre, de lastre liberado, 

lejos de ti Sirena y tu Veneno; 

busco un azul más limpio y más sereno 

donde no existas tú, ni tu memoria. 

Finaliza aquí nuestra amarga historia: 

soy el mar libre, tú el más fangoso cieno.



Nota:


El Cantar de las Sirenas es una exploración poética profunda sobre la mitología y el simbolismo de las sirenas a través de diversas culturas. Este texto presenta una rica genealogía de estas criaturas, que van desde las antiguas leyendas griegas hasta representaciones contemporáneas. Las sirenas son descritas no sólo como figuras seductoras, sino también como entidades trágicas que simbolizan el anhelo, el amor perdido y la conexión con la naturaleza. Cada capítulo está dedicado a distintas sirenas y sus historias, ofreciendo una mezcla de poesía, mitología y reflexión filosófica. A través de sus cantos, las sirenas representan tanto la belleza y la tentación como la fatalidad y el dolor que pueden derivar de los deseos humanos y la búsqueda de lo inalcanzable. La obra se enriquece con referencias culturales que abordan la dualidad de las sirenas como protectoras y destructoras, presentando diversas narrativas mitológicas y poéticas que resaltan su complejidad.