domingo, 22 de febrero de 2026

Granos de sonido (XII)

 


-Roberto Santana- 


El bautismo del sentimiento: La consagración de La voz


Para abordar la figura de Héctor Juan Pedro Pérez Martínez y su debut en solitario, debemos realizar una revisión crítica de la narrativa del "ídolo caído" para encontrar al músico total. La voz (1975) es un disco de transición y, al mismo tiempo el acta de nacimiento de un oráculo urbano.

A continuación el análisis de esta obra, trazado con la cadencia de una clave 2-3 y el rigor de quien sabe que, en la salsa, la verdad se esconde en el montuno.


El retablo de las maravillas urbanas


En 1975, Nueva York era una ciudad herida que bailaba para no desangrarse. Mientras la metrópoli se asomaba al abismo de la quiebra fiscal y el Bronx ardía literalmente, la Salsa alcanzaba su mayoría de edad como industria y símbolo. El sello Fania, liderado por Jerry Masucci y Johnny Pacheco, había transformado un sonido de barrio en una marca global.

La escena vivía el "Boom": las Fania All-Stars ya habían conquistado el Yankee Stadium y el Roberto Clemente en Puerto Rico. Sin embargo, el sonido estaba mutando. La agresividad "pesada" de los trombones de principios de los 70 empezaba a pulirse para dar paso a arreglos más sofisticados, buscando una elegancia que permitiera al género entrar en los salones sin perder el sudor del asfalto.


El alumbramiento del solista: De la sombra al foco


Héctor Lavoe no quería ser solista. Su contexto biográfico en 1975 está marcado por la angustia del abandono. Willie Colón, su socio, mentor y "protector" durante ocho álbumes de éxito rotundo, decidió disolver la orquesta para refugiarse en el estudio y la producción, agobiado por el estilo de vida errático de Héctor y la presión de las giras.

Héctor, poseedor de una inseguridad tan grande como su talento, se sintió desamparado. No obstante, este empujón forzoso fue el que permitió que el "Cantante de los Cantantes" emergiera. La voz es el resultado de un hombre que tiene que demostrarse a sí mismo —y a una escena que lo observaba con lupa— que su carisma no dependía exclusivamente del genio de Colón, aunque este último se mantuvo como productor del álbum para asegurar la continuidad estética.


El puente entre dos mundos: Puerto Rico y la Gran Manzana


El contexto sociopolítico era de una dualidad tensa. En Puerto Rico, la industrialización fallida generaba una migración constante; en Nueva York, los "Nuyoricans" reclamaban su espacio cultural a través del arte y el activismo. La voz captura esa biculturalidad: es un disco que suena a los clubes de la calle 52 pero que respira el aire de los campos de Ponce. Es la respuesta cultural a una crisis de identidad, ofreciendo al latino un espejo dónde reconocerse como una figura de éxito y elegancia, a pesar del entorno hostil de la era post-derechos civiles en EE. UU.


Planimetría del soneo: Características del álbum


La voz es un tratado de equilibrio. A diferencia de la crudeza de los años de El malo, este álbum presenta una producción cristalina y expansiva. Se mantiene la Salsa Brava pero con una sección de vientos más disciplinada y la presencia decisiva del bolero en la fórmula general. El fraseo de Héctor alcanza aquí su cenit: una dicción perfecta, un sentido del humor afilado en los soneos y esa capacidad única de transmitir una melancolía alegre.

Willie Colón, en la producción, utiliza arreglistas de la talla de Mark Dimond y él mismo se pone manos a la obra en el área, logrando una paleta sonora que va desde el guaguancó más sabroso hasta el bolero más desgarrador. La instrumentación incluye un piano virtuoso cargador de matices jazzísticos, una percusión bien ejecutada, pero también menos abigarrada que en producciones anteriores y unos trombones que, aunque menos anárquicos, conservan el "mordisco" del barrio.


Los obreros del groove


El álbum cuenta con una selección de élite que garantizó un sonido compacto. José Mangual Jr. (bongó) y Milton Cardona (Congas) fueron el corazón rítmico que entendía cada respiración de Lavoe. El trabajo del "Professor" Joe Torres en el piano define gran parte de la identidad del álbum, alternando entre el montuno tradicional y matices armónicos más modernos. El desempeño de Héctor Lavoe no fue el de un simple vocalista, sino el de un narrador. Su capacidad para improvisar el montuno con versos que conectaban a la vivencia del espectador (el "soneo") se consolidó en este trabajo como la mejor del género.


El umbral del mito: Lo mato vs. La voz


La comparación con Lo mato (Si no compra este LP) (1973) es reveladora del desarrollo estilístico. Ambos conservan el ADN de la "calle" y el orgullo marginal. Pero mientras Lo mato es el fin de una era de "pandillerismo" musical visceral, ruidoso y desafiante, La voz es el inicio de la era de la "Superestrella". Mientras en Lo mato Héctor es parte de un binomio, en La voz el sonido se rinde a su personalidad. El caos controlado de 1973 se convierte en una sofisticación rítmica en 1975.


La consolidación de la nostalgia: De La voz a De ti depende


El álbum posterior, De ti depende (1976), profundiza en la fórmula pero con matices distintos. Mantiene la producción de Colón y el enfoque en Héctor como centro de gravedad. No obstante, mientras La voz tiene la energía del debutante que quiere comerse el mundo, De ti depende es más introspectivo, otorgando un peso mayor al bolero y a la temática del desamor y la soledad. Si La voz es la fiesta del renacimiento, De ti depende es la reflexión de la mañana siguiente.


El valor de la verdad


La trascendencia de La voz para Héctor fue vital: le otorgó el título que lo acompañaría siempre y le dio la confianza para manejar su propia orquesta (aunque siempre bajo la sombra protectora de Fania).

En el contexto de la salsa, este álbum es un paradigma del "Cantante Solista de Salsa". Antes de esto, la orquesta solía ser la protagonista; después de La voz, el modelo cambió hacia la estrella individual apoyada por arreglos de primer nivel, estrategia que luego adoptarían grandes como Cheo Feliciano y Rubén Blades. Marcó el estándar de oro para lo que hoy entendemos como la era clásica de la salsa refinada neoyorquina.


Clasificación: •Esencial


La voz, además de un álbum de canciones exitosas, es también el documento sonoro que define una identidad cultural. Es •Esencial porque contiene el equilibrio perfecto entre la técnica del sonero estrella y la producción de vanguardia de la época. Sin este disco, la salsa no habría encontrado el rostro humano y vulnerable que Héctor Lavoe le otorgó, elevando el género de una música de baile a una crónica de la existencia humana.


Algunas consideraciones sobre mi forma de calificar


Sé que últimamente he calificado a varios álbumes como #Esenciales en los diversos canales de nuestra red, lo que parece ser producto de una excesiva generosidad crítica. Puede aducirse que, si elevamos cada disco importante al altar de lo #Esencial, convertimos la crítica en panegírico y esta pierde su valor como herramienta de discernimiento. El problema de analizar obras como las de Serrat, Änglagård o Lavoe es que estamos tocando pilares de sus respectivos géneros, lo que facilita el veredicto máximo.

Este es un buen momento, si quiero que esta columna tenga rigor, para demostrar a los lectores que mi "filtro" no es de papel.

Aquí les presento mi hoja de ruta interna para que vean dónde trazo la línea y por qué, a veces, parezco un crítico "generoso":


La anatomía de mi escala de valores


•Esencial: Cambia el ADN del género. Hay un "antes" y un "después" indiscutible. La voz entra aquí porque inventa al solista de salsa moderno.

•Excelente: Una ejecución técnica y artística superior, pero no necesariamente rompe el molde. Por ejemplo Twenty-Two de Luis Perdomo es una joya, pero vive bajo la sombra de Links.

•Bueno: Un disco sólido, disfrutable, que cumple con el oficio pero no trasciende la época. Muchos discos de la Fania de finales de los 70 que repetían fórmulas caen en esta categoría.

•Regular: Trabajo artesanal sin alma, reiterativo o con fallos de producción y concepto. Ejemplo: Álbumes de "Salsa Romántica" genérica de los 90. Serán pocas las ocasiones en que aquí aparezca un álbum con esas características. 

•Pobre: Desastre artístico, falta de coherencia o producto puramente comercial fallido. Ejemplo: Experimentos de "crossover" mal ejecutados. Definitivamente es muy improbable que lleguen a ver un álbum así en esta columna.


¿Por qué mantengo el #Esencial para este disco de Lavoe?


Entiendo posibles escepticismos. Si analizáramos Reventó (1985) de Lavoe, mi veredicto bajaría a •Bueno o incluso •Regular por la irregularidad de su voz y la producción menos inspirada.

Pero La voz es el acta de independencia de una de las figuras más icónicas de la salsa. Si ese disco falla, Héctor se queda como "el cantante de Willie Colón" y la historia de la música latina cambia por completo. Es un disco "bisagra".


Un ejercicio: La voz analizado desde Colón


Para entender el éxito de La voz, es imperativo desviar el foco del micrófono y apuntarlo hacia la cabina de control. Si Héctor Lavoe puso el sentimiento, Willie Colón puso la estrategia, el orden y la visión de futuro. En 1975, Colón no sólo era un trombonista; era un arquitecto que estaba rediseñando los planos de la música latina.


El tránsito del jefe: De la calle al laboratorio


En 1975, la escena salsera experimentaba la transición del "sonido de banda" al "sonido de productor". Mientras que en los 60 la música se grababa casi en directo, con la urgencia del asfalto, a mediados de los 70 la influencia de la producción del Philly Soul y el funk de vanguardia empezó a permear en la Fania. Willie Colón fue el primero en entender que la salsa podía ser un producto de alta fidelidad. Dejó de ser el líder de banda que "asaltaba" el escenario para convertirse en el metrónomo moral de un género que necesitaba madurar para sobrevivir al mercado internacional.


El retiro del general: El contexto de Willie


Colón, a sus escasos 25 años, ya era un veterano de mil batallas. Estaba agotado por la vida de giras y por la responsabilidad de tutelar a un Héctor Lavoe cuya indisciplina empezaba a ser legendaria. Su decisión de "romper" el binomio no fue un abandono, sino una maniobra de supervivencia creativa. Willie quería estudiar arreglos, perfeccionar su técnica y, sobre todo, controlar el resultado final desde la consola. En La voz, Colón se posiciona como un "mentor ausente": entrega a su mejor guerrero al mundo, pero le fabrica la mejor armadura posible.


El estudio como refugio: La geopolítica del sonido


Mientras Nueva York colapsaba económicamente, los estudios de grabación (como Good Vibrations) se convirtieron en oasis de sofisticación. Colón utilizó el estudio para filtrar la realidad: capturó la esencia del barrio pero le dio una pátina de "elegancia de salón". Fue un acto político-cultural: demostrar que la música de los marginados podía tener el mismo rigor técnico que la de las grandes orquestas estadounidenses. Willie fue el puente entre la furia del gueto y la precisión del conservatorio.


El plano maestro: Rasgos de la producción de Colón


La producción en La voz es una lección de economía y eficacia. Willie eliminó las asperezas de los álbumes anteriores. En La voz, cada instrumento tiene su espacio frecuencial. No hay saturación; hay aire. En cuanto a los arreglos, Colón no intentó hacerlo todo. Delegó en genios como Mark Dimond, pero mantuvo el control de la "visión de conjunto". Sabía que Dimond aportaría ese piano oscuro y jazzístico que Lavoe necesitaba para elevarse por encima del resto. El mayor mérito de Willie tras bambalinas fue "contener" a Héctor. Le exigió tomas donde la dicción fuera perfecta y el sentimiento estuviera bajo control, evitando que el cantante cayera en el histrionismo.


La selección de la guardia pretoriana


Como productor, Colón no sólo buscaba músicos, también buscaba cómplices. Mantuvo a la base rítmica de su propia orquesta (Cardona, Mangual, Torres) porque ellos ya hablaban el idioma de Lavoe sin necesidad de partituras. El desempeño de estos músicos bajo la dirección de Willie es de una sobriedad magistral: tocan para el cantante, no para el lucimiento personal.


Del caos a la Catedral: De Lo mato a La voz


Desde la perspectiva de la producción, el salto entre estos dos álbumes es un abismo.

Lo mato (1973) es un disco de "guerrilla". Willie produce con el cuchillo entre los dientes; el sonido es frontal, agresivo y casi insolente.

La voz (1975) es una catedral. La producción busca la posteridad. Willie ya no quiere "matar", quiere "consagrar". Es el paso del cineasta de acción al director de cine de autor.


La fórmula de la eternidad: Hacia De ti depende


En la producción posterior, De ti depende (1976), Willie Colón se vuelve aún más ambicioso. Persiste la obsesión por la calidad del sonido. La diferencia consiste en que en De ti depende, Colón se atreve con estructuras más complejas y una mayor presencia de cuerdas y matices orquestales. Si La voz fue el debut exitoso, De ti depende fue la confirmación de que la alianza productor-cantante era la más poderosa de la industria latina de la época.


La trascendencia del "George Martin" de la Salsa


Sin la labor de Willie Colón tras bambalinas, es muy probable que el debut de Lavoe hubiera sido un caos de genialidad desordenada. Willie aportó el orden formal necesario para que el carisma de Héctor no se quemara en el primer intento. Fue el primer gran productor independiente de la salsa que entendió la marca "Artista" por encima de la marca "Banda".


Clasificación: •Excelente


Quizá el lector esperaba un •Esencial, pero bajo la lupa de la producción pura, este disco es •Excelente. ¿Por qué? Porque aunque es el nacimiento de un ídolo y tiene un sonido impecable, todavía se siente como una "transición segura". Willie no arriesgó tanto en la experimentación como lo haría años después con Rubén Blades en Siembra. La voz es un ejercicio de perfección sobre fórmulas ya conocidas, ejecutado con una maestría superior, pero sin el carácter revolucionario que Colón imprimiría en producciones posteriores. Es un disco perfecto, pero no es el "Big Bang" de la producción de Willie; es su graduación con honores.


Héctor Lavoe – La voz (1975)


•Puerto Rico 

•Salsa 

•Bolero Son


•Esencial o •Excelente, según cómo se lo mire



Si quieres escucharlo, toca el enlace: https://t.me/Musicas_Latinas/685

La locura por los libros

Foto: Salvador Arbeláez


-Jotamario Arbeláez-


A Héctor Abad Faciolince


Encerrado en mi morada campestre de Villa de Leyva, en la Montaña Mágica, con los 4 mil libros que me quedan -pues hube de donar otros tantos que no cupieron, y que me siguen doliendo cuando los necesito y no los encuentro-, me dedico, además de acariciarlos, a repasarlos, tomando nota de los subrayados felices o desgraciados con que tuve a bien desvalorizarlos. Pues más que objetos preciosos y comerciales han sido herramientas de trabajo susceptibles de intervenirse.

No todas las frases subrayadas de un libro cuando vuelven a revisarse son máximas contundentes, a veces aparecen como meras tonterías seguramente referidas a algo que el marcador estaba viviendo y que tienen por lo tanto su clave oculta.

Pero en otras circunstancias muestran la agudeza del aguzado. Que le sirven como epígrafes para sus poemas, sus cuentos o sus novelas.

Vivo pues sumido en el silencio librero compensado con el excitante retintín de la discoteca, que en este momento me trae A Midsummer Night’s Dream, ante cuyos arpegios la silla, herencia de mi suegro, que da reposo a mi nalgatorio, salta de gozo.

Mi mujer que linda con la belleza cuida de que mi pinta no se destiña, mis perros Monje y Dina hacen que durante todo el día esté evocando a dos de mis más amorosos amigos idos,

mi gata Agatha de pelaje níveo me resalta la maravilla de la creación, mientras la contemplo lengüeteando la dosis de leche que le deposito en su plato. Y las fotos de mi nieta Emilia Curtis de vacaciones en el Caribe me convencen de que viví en el mejor de los mundos posibles.

Como estoy en medio del bosque ya no salgo a los bares en busca de mis amigos dipsómanos, ni a cines ni a conciertos ni a cocteles, moteles ni carruseles.

Pienso entonces que me ha llegado la hora de poner en orden los productos del tecleo por 70 años, antes de terminar por volverme loco.

Aunque la locura no haya sido enseña de mi vidorria. Ni siquiera llegué a sentirme loco de amor, que es igual a loco de atar, y a lo sumo loco de contento cuando volvía a quedar solo en mi biblioteca.

Tengo versiones varias de cada tomo -algunos provenientes de extensas notas en mi morral cuando hace 70 años abandoné la casa paterna-, a los que les faltan o sobran textos y debo cotejarlos hasta que resulte la perla.

Los libros publicados con los que gané premios y romances ya se quedaron así, El profeta en su casa, Zona de tolerancia, El cuerpo de ella, La casa de memoria, Mi crucifixión rosada. Pero tantos me faltan que vengo maquinando por décadas y debo puntualizar finalmente.

En los últimos años, merced a la Universidad del Valle y al FCE, evacué la versión definitiva de Mi reino por este mundo. La que en el año 80 ganó el premio de poesía de la editorial de Gabo la complementé con los poemas del 80 al 2 mil.

Nada es para siempre, publicada por Aguilar en 2002, la he desglosado y ampliado en dos tomos: Retrato del nadaísta cachorro, que publicó el año pasado Pigmalión en España y que no entiendo por qué no se distribuye en Colombia, y Visión postrera, actualizada y versificada para una nueva edición, donde hace más de 20 años me dio por referir la culminación de mi vida de poeta en los siete estadios de la agonía, que me inculcó la psiquiatra suiza Elizabeth Kubler Ross en su estudio Sobre la muerte y los moribundos.

Y que recientemente puntualicé en la edición de Planeta de mis coqueteos con la pelona en Y vivo todavía, referente a esa falsa defunción que me decretaron.

Y es así que reviso esta trilogía: El arte de pedirlo, al que siguió La novia dejo no, que lleva 8 años en poder de un editor algo demorado, y habré de culminar con Que se casen los maricas, ya que a mí me falló el casorio; también con el tema seductor están de un pelito La rosa entreabierta, Culito de rana, Tras Eros, El cielo para mí solo, aparte de los textos políticos de Descanse en paz la guerra. Y el testimonio de mi vida entre libros, La biblioteca seductora.

Desde que cumplí las siete décadas vengo elaborando una saga denominada Los días contados, que comenzaría por El séptimo piso, seguido por otros diez tomos, cada uno con un tema, comprendidos recuerdos de la familia, los amores gozados y padecidos, los amigos vivos y muertos, las drogas alucinógenas, la violencia sentida, los libros saboreados, los viajes terrestres y sicodélicos, y hasta las experiencias místicas conducentes a Dios a través del espiritismo.

Serias casas editoras las están esperando. Por lo que debo correr. Convencido de que apenas pegue uno de mis libros arrastrará con los otros, como pasó con Gabo y Cien años de soledad, que catapultó La hojarasca y El coronel no tiene quien le escriba.

Y convertirme en una especie de J. Mario Mendoza, que fue best seller desde un principio impulsado por Satanás. O Abad Faciolince, pegado de El olvido que seremos, con su valiente padre como memoria. O J. G. Vásquez con Los nombres de Feliza, donde no tuvo a bien reseñarme.

Definitivamente creo que si se me acaban los días con Los días contados se me quedarán obras fundamentales sin darles mate, entre ellas La casa de las agujas, referida a las puntiagudas que recibió papá como cesantías y que se tomaron la casa; la Autobiografía (no autorizada) de Nerón anticristo, posando como la reencarnación revelada del monstruo romano; El Sexamerón, seis relatos de extremismo licencioso en los tiempos del Covid 19 en un refugio de Villa de Leyva, y Mis aventuras con la Marquesa de Sade, esa bien desvestida dama libidinosa que me sumergió en las espesuras de la lujuria, que ya poco se me manifiesta en el cuerpo pero que se perpetúa en los dedos contra el teclado.

Y mientras yo me devano los sesos tratando de limpiar mis escritos para darles la presentación de los principados, mi mujer que linda con la limpieza barre que barre los aparentemente limpios mosaicos hasta dejarlos como yo quisiera dejar mi obra.

Los nadaístas, casi todos tocados de locura por los libros, nunca alcanzamos a ser fenómenos editoriales por cuanto fuimos inspirados por el espíritu santo, pero cuando aún era beato. Y así resultamos genios en bruto, puros ingenios.

Menos mal que en el Cielo, donde fueron a templar casi todos estos ateos, y donde ya tengo reserva de 5 estrellas, no se requiere de derechos de autor para pasarla bueno...

Los tres silencios literarios

Foto: Fernando Nahuel


-Roberto Bolaño-


El silencio de Rulfo creo que obedece a algo tan cotidiano, que explicarlo es perder el tiempo. Hay varias versiones. Una que explicaba Monterroso es que Rulfo tenía a su tío fulanito, que le contaba historias, y cuando le preguntaron por qué ya no escribía, él contestó porque se me murió el tío fulanito. Y yo me lo creo, además. Otra explicación es simple y sencilla, y es porque ya está, todo tiene fecha de caducidad. 

Por ejemplo, a mí me inquieta mucho más el silencio rimbaudiano que el silencio rulfiano. Rulfo deja de escribir porque él ya había escrito todo lo que quería escribir y, como se ve incapaz de escribir algo mejor, simplemente para. Rimbaud probablemente hubiera podido escribir algo mucho mejor, que ya es decir palabras muy altas, pero ése es un silencio que a los occidentales nos plantea preguntas. El silencio de Rulfo no plantea preguntas, es hasta un silencio entrañable, es cotidiano. Después del postre, ¿qué coño vas a comer? 

Hay un tercer silencio literario, que es el no buscado, el de las sombras que uno está seguro de que estaban allí en el umbral y que no han llegado a ser jamás hechos tangibles. Por ejemplo, está el silencio de Georg Büchner. Él muere a los 25 o a los 24 años, deja tres o cuatro obras de teatro que son cuatro obras maestras, una de ellas Woyzeck, una obra maestra absoluta, otra sobre la muerte de Danton, que es una obra maestra enorme, no absoluta pero notabilísima, y las otras dos, una se llama Leonce y Lena y la otra no me acuerdo, que son de una importancia fundamental. Todo esto antes de cumplir 25 años. ¿Qué hubiera pasado si Büchner no hubiera muerto, qué escritor hubiera habido ahí? Y este silencio no buscado es el silencio de…, no me atrevo a llamarlo destino…, es una manifestación de la impotencia. 

El silencio de la muerte es el peor de los silencios, porque el silencio rulfiano es un silencio aceptado y el rimbauldiano es un silencio buscado, pero el silencio de la muerte es el que corta de tajo lo que pudo ser y nunca más va a poder ser, lo que no sabremos jamás. No sabremos nunca si Büchner hubiera sido más grande que Goethe o no; yo creo que sí, pero no lo sabremos nunca. No sabremos jamás que habría podido escribir Büchner a los 30 años. Y eso mismo se extiende en todo el planeta como una mancha, una enfermedad atroz que de alguna u otra manera pone en jaque nuestras costumbres, nuestras certezas más arraigadas...


Entrevista con Eliseo Álvarez

Revista Turia, Teruel (España), junio de 2005

sábado, 21 de febrero de 2026

El malo


-Manuel Cabesa-


Todavía la televisión era en blanco y negro; o en mi casa todavía el televisor se veía en blanco y negro, así que sólo puedo imaginar que los trajes que vestían Willie Colón y Héctor LaVoe tres piezas de solapa ancha tenían que ser de un color pastel o algo así. 

Llegaron a nuestro país a través de "La Feria de la Alegría", famoso programa de concursos que animaba Henry Altuve junto al inefable Pedro Montes todos los sábados en la tarde por RCTV.

Todavía no era la hora de la Salsa, pero estaba a punto creo yo. Richie Ray con su bugaloo y el maestro Tito Rodríguez y su orquesta eran quienes capitalizaban las fiestas del barrio y en eso llegó "El malo".

"Panameña" y "La murga" fueron sus dos primeros éxitos: piezas bailables de suave cadencia que les permitían a las parejas pasearse rítmicamente por todo el salón sin sudoraciones excesivas. Eran los inicios de la Fania y ahora era que venía lo bueno. 

Durante los 70 Willie Colón y Héctor LaVoe coronaron éxito tras éxito en cada álbum que iban publicando: "Lo mato" y "El juicio" quizás sean los más emblemáticos y los que más han perdurado en la memoria de los bailadores: "Calle Luna, calle sol", "Timbalero", "Juana Peña" entre muchos otras canciones eran pura sincronización entre el trombón, el cuatro, la voz de Héctor y el resto de la orquesta. 

A finales de la década aparece "El bueno, el malo y el feo", álbum interesante donde los haya en la historia de la Salsa por su diversidad: es el disco que marca la despedida del binomio Colón-LaVoe, pero allí también, por primera vez el Willie se atreve con la voz, y hace su entrada discreta Rubén Blades interpretando "El lamento del casanguero", que a su vez venía de grabar con la orquesta de Pete Rodríguez.

Con la entrada de Blades a la orquesta de Willie en sustitución de Héctor, ésta agarra un aire inesperado y asciende a los mayores números de ventas en el Hit Parade latino, "Metiendo mano" y "Siembra" deslumbran no sólo por su sonoridad, por la concatenación entre la voz del panameño y el trombón del malote, sino por la diversidad de matices armónicos desde el son montuno hasta la música disco de moda en la época (¿recuerdan el intro de "Plástico"?) y por la introducción de letras con un mensaje social explícito que te hablaban de solidaridad entre los pueblos y antiimperialismo sin que por ello dejaras de mover el esqueleto.

Luego de la experiencia de Blades y siguiendo la línea de la Fania de experimentar con nuevos sonidos más allá de lo estrictamente afro-caribeño, el Willie se acercó a Brasil con dos piezas memorables: "Usted abusó" en compañía de la gran Celia Cruz y "O qué será", la canción de Chico Buarque de Holanda que el mismo Colón interpretó en el álbum "Fantasmas" de gran audiencia en los últimos tiempos de los años ochenta.

Hacer un balance de los éxitos de Willie Colón sería el equivalente a hacer una larga lista de mercado (no sólo por los productos sino también por la calidad y el número de ventas) y creo que cada melómano guarda en su memoria y en su corazón gratos recuerdos de aquel efervescente ritmo que nos hizo bailar y disfrutar durante décadas. 

Y, aunque se ha decretado su ausencia física, artistas como el Willie, el Malo, no se retiran tan fácilmente: su música seguirá sonando mientras nosotros buscamos la manera de seguir echando un pie.


21 de febrero de 2026

Palabras bajo libertad (V / 2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Edición:

Manuel Cabesa


*****


Una característica de la poesía actual es la de expresarse directamente evadiendo metáforas e imágenes que podrían resultar herméticas para el lector. Se dice lo necesario pero de tal manera que la sencillez del discurso nos envuelva y siga siendo una mirada reveladora de mundo que nos rodea. Tal es el caso del poeta español Francisco Javier Fernández cuyos textos, encontrados recientemente en la red, nos sumergen en la nostalgia de lo cotidiano, la memoria como refugio del vivir inmediato, y con cierta cercanía al mini-relato en la forma en que el poeta resuelve la imagen que nos acerca a través de sus palabras. 


(mcabesa)



Circo


Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo

Leopoldo María Panero


Cuando el circo llegaba al pueblo

se encontraba con la vida esperando

de unos niños que crecían entre polvo

y muñecas remendadas.

Con los ojos tan grandes

como el corazón, asistíamos

a la doma de leones abandonados

por la furia y a las acrobacias

de un ángel desterrado

sobre un trapecio sin red.

Después los payasos

nos hacían reír con su tristeza ambulante.

Al día siguiente

parecía que todo había sido un sueño.


***


Calle Maura


Aquí sucedo

Mario Benedetti


Vivo en la calle Maura,

muy cerca de mí mismo.

Aquí aprendí a soñar

antes que a ser libre.

Una campana insiste

en su empeño de las horas

y los pájaros se posan

sobre las voces de los niños

que juegan a existir.

Esta fue mi casa desde

que pudo sostenerse.

Hay quien toca sus puertas

con las palmas de la mano

y espera que se abran

como se abren mis ojos.

Mi padre la cuida.

Mi madre la ama.

Cuando vengas a mi casa

ven con un verso nuevo.

Así es esta distante cercanía

que me lleva y me trae y no me deja.


***


Verso 


De lo oscuro surge el negro mundo de las noches

Georg Heym


Y como el final de una historia

nunca contada, tras la última flecha

llega el tiempo de la espiga,

de adorarnos de nuevo

como si todo hubiese ocurrido

sin que nada pasara.

Sin el ruido sordo de las cosas

que acaban cuando tienen que acabar

y ya nadie vuelve a saber de ellas.

Hemos sido los únicos

que nunca quisimos ser un verso,

y fíjate ahora, que te escribo

desde hace tanto tiempo

que parece que siempre hago lo mismo.

Aquí pasaré el invierno. Seguimos siendo otros.


***


Autoservicio


En este día de cada día

Antonio García Soler


Cuando todo su miedo

sea mío

podremos empezar de nuevo.

Elegir en el catálogo de absurdos

las razones de esta locura

como en un autoservicio.

Ella quiere altares, la bala

que mató a Lennon,

los pasos perdidos

por las ciudades del norte.

A mí me basta

con saber dónde estoy

igual que las flores ciegas.


***


Restos de fábrica


Y a veces la razón no es lo que era

Raquel Lanseros


Dios no traza líneas rectas.

Esparce su polen al azar

y sopla con los ojos cerrados.

Por eso se equivocó la paloma

y existen tantos colores,

el dulce, lo amargo, la aciaga

distancia hacia lo imposible.

Existe lo imperfecto desde

el mismo inicio de la creación,

la abundancia y el hambre,

los corazones hechos con los

restos de fábrica y la codicia

siempre pretendida de la belleza.

Alguien capaz de abandonarse

puede sobrevivir. Suelta mi mano.


—————————————


Francisco Javier Fernández Espinosa (Tíjola, Almería, 1974), es autor de "Poemas de un pasado imperfecto" (2020),  "Todas aquellas palabras" (2023), "Volver a volver" (2026).

viernes, 20 de febrero de 2026

Tres poemas de Alis Teresita Velasco

Grito entre palabras


No grité.  

Pero cada palabra  

tembló  

como cristal bajo la lluvia.


La coma,  

un aliento suspendido  

entre lo dicho  

y lo que no se atreve.


El punto,  

una grieta sin eco,  

una pausa  

que no pide permiso.


Entre líneas,  

el filo se desliza  

como sombra que duda,  

como verdad  

que no se nombra.


El silencio  

muerde las sílabas  

como quien busca abrigo  

en una página cerrada.


El grito,  

disfrazado de ritmo,  

se esconde  

en la respiración del texto.


Y tú,  

que leíste sin prisa,  

como quien escucha  

una puerta entreabierta,  

lo oíste todo.


***


La casa del invierno 


Se quedó tu voz pegada a los espejos, 

como un vaho antiguo que no quiere irse, 

y en los pasillos, los pasos lejanos

son solo el ruido del tiempo al abrirse.


Ya no busco tu nombre en los diccionarios, 

ni persigo la sombra que el cuerpo proyecta; 

te perdí en la rutina de los calendarios, 

en la curva insalvable de la vía recta.


Eres el hueco que dejó el cuadro en el muro, 

la mancha de luz donde estuvo la silla,

un sabor a olvido, amargo y oscuro, 

que cruza la lengua y en los ojos brilla.


No hay rimas ocultas, ni pulso guardado, 

solo este vacío que el aire no llena; 

un amor que es barco que se ha desatado

y se pierde a lo lejos, rozando la arena.


***


Carne y ventisca


Afuera el mundo es un naufragio blanco, 

un aullido que muerde y que desgarra,

pero aquí no hay tregua, ni rincón franco, 

solo este incendio que la piel amarra.


Que el viento rompa el vidrio y las paredes, 

que la nieve sepulte nuestro nombre;

estamos atrapados en las redes 

de un hambre antigua 

que no hay quien asombre.


Tus manos son de escarcha y de ceniza, 

tu boca es el desorden del invierno; 

la pasión es la única ráfaga que aterriza

en este centro exacto del infierno.


¡Que sople el norte! ¡Que la escarcha cruja! 

Que se pierda la tierra en la ceguera; 

mientras tu cuerpo con el mío estruja

toda la rabia de esta hoguera.


No somos calma, somos el estruendo, 

el pulso que la nieve no sofoca; un amor salvaje que se va escribiendo 

con los dientes, el frío y con la boca.

martes, 17 de febrero de 2026

Miércoles de Ceniza: los poemas del post Carnaval



1.


Esa máscara de poetas

¿Nos la quitamos en carnaval?


Ah... quedará entonces 

nuestro rostro desnudo

nuestra faz delirante


Esa cara que ostenta 

unos ojos desbocados 

por lo nuevo de un tranvía 

y sus deseos

una nariz que huele rimas 

y retruécanos en medio de la lluvia

una boca que pugna 

por soltar palabras etéreas, melifluas, inefables...


Quedaremos como el rey

Sin ropaje

Sin excusas

Sin máscaras.


Ninfa Monasterios Guevara


2.


Dramatis personae


Nuestra vida

se ha confundido 

entre palabras falsas 

e inútiles gestos


sabemos que la verdad 

no existe apartada de la mentira


frente al espejo 

ensayamos nuestro parlamento 

para salir a la calle 

donde un público extraño 

actúa para nosotros. 


Manuel Cabesa


3.


Hoy salgo con la máscara 

de no-persona

a mentirle al carnaval

de la vida,

sobreviviré con la sonrisa

dibujada al revés 

y unos ojos pintados

de tristeza,

vacios de la figura

que anhelo


Julio César Pérez


4.


Máscaras para sobrevivir:


a la mentira, 

a la soledad,

a la tristeza.


Ocultan tras la sonrisa 

el veneno cruel 

de la indiferencia.


Máscaras 

de una distopia personal.


Ysbel Mejías


5.


Las imposturas 

se miran en el espejo

se desvisten

las coloridas máscaras desaparecen

entre un ruidoso silencio


Dilcia Zamora


6.


Esta carnaval 

no es el característico 

alegre y con bulla.

Es un carnaval de silencio 

ausencias soledad lejanía...

               

Marina Sandoval


7.


No es el brillo del vidrio lo que asusta,

sino el pulso que late 

tras el cartón piedra.

Hoy el rey lleva una corona de plástico

y el mendigo se ha pintado una alegría

que le costó tres monedas 

y un poco de saliva.

¿El carnaval es un pacto de amnesia?

Nos permitimos ser el lobo, 

la sombra o el santo,

porque mañana 

todo será un muro de cal.

Bailamos sobre el asfalto 

que aún guarda el frío 

de los que no tienen 

máscara que ponerse,

mientras el confeti, 

como nieve de papel,

intenta tapar las grietas de la verdad.

Míralos bien:

No se ríen porque sean felices,

se ríen porque, por una noche,

está prohibido recordar quiénes somos.

Al alba, las plumas serán basura,

el maquillaje, una mancha 

en la almohada,

y la verdad volverá a sentarse a la mesa

sin purpurina, sin música,

pidiendo cuentas 

por el tiempo que perdimos

tratando de ser alguien que no parpadea.


Gersilmar Araujo

sábado, 14 de febrero de 2026

Palabras bajo libertad (IV / 2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta, 1957.


Selección y edición:

Manuel Cabesa.


***


Verdad de amor

(En el día de San Valentín de Roma, martir).


______________________________


El amor no es una plenitud sino una carencia, un ardor sombrío, rabioso y reflexivo.


***


El amor es un sentimiento que solo puede nacer ante un ser libre, que puede darnos o retirarnos su presencia. 


***


El amor no es la libertad sexual sino la libertad pasional: la libre elección de un vértigo. 

Octavio Paz, 1959.


________________________________


No son los hombres los que se realizan en el amor sino el amor el que se sirve de los hombres para realizarse.


***


El amor no realiza al yo mismo: abre una posibilidad al yo para que cambie y se convierta.


***


En el amor no se cumple el yo sino la persona: el deseo de ser otro. El deseo de ser. 


***


Aspiramos a la eternidad y un instante de amor nos destruye. 

Octavio Paz, 1964.



La verdad de mí mismo,

es la verdad de mi amor verdadero. 

Luis Cernuda


***


Amores y otras sombras


-A veces creo que te amo

-A veces no me siento amada

-¿Por qué resulta tan difícil 

amar o ser amado? debería ser una combinación sutil y ligera.

-Un día me llenas /otro me olvidas y no sé si cuando tus brazos me rodean son los mismos que a veces amo aunque no me sienta amada 

-¿Por qué éstas espinas?

-¿Por qué todo tiene que morir como el atardecer cuando anochece?

-A veces quisiera sentir que te siento.


Rebeca Morales & Manuel Cabesa


En este instante...


En la dimensión del espejo 

me miro en tus ojos

te muestro mi asombro:

es nuestra flor 

hija de la ausencia 

adoptada en nuestros encuentros. 


Aimée Torres


***


Me gustaría salir contigo a pescar mariposas

Enredar nuestros pasos en alfombras de hojarasca,

Olfatear el aire impregnado de lavandas

Abrazar robles, caobas y otros árboles añejos.

Me gustaría pasear contigo en compañía del silencio

Retozar en calma, sobre la grama de un parque

Juntar retazos y hacer muñecas de tela

Con nombres graciosos, impronunciables.

Me gustaría saborear las nubes

Pellizcar la luna o agarrar alguna estrella

Hablar con los elementales del agua y de los bosques

Juguetear contigo y el sol, ensayando conjuros de amanecer..

Me gustaría ser de agua, de aire o de barro

Fundirme entre tus manos sabias y hábiles

Mezclarme con el todo energético del cosmos

Ser una, contigo y el universo...todo.


Ninfa Monasterios Guevara


***


Entre líneas 


Te dibujo entre líneas,

te construyo 

y reconstruyo a mi antojo,

Releo cada verso 

que en tu ausencia escribo.

En mis ojos hay un sueño 

que se anida en mis pupilas.

La brisa emerge de la nada.

El corazón hilvanado 

se hiela con las horas.

La envergadura de las aves 

se abre sobre el cielo.

Ha llegado la noche 

y puedo verte.

¡Ya puede ser tangible este poema!


Dayana Chirel


***


En la vida hay un hueco 

para cada persona. 

Cuando dos personas 

se enamoran, 

se vuelven una, 

el lugar que ocupan 

pasa a ser sólo uno, 

y en él cabe el universo.


Elvira Sastre




Quiero abrazarte salvajemente. Besarte hasta que te alejes de mi miedo como se aleja un pájaro del borde filoso de la noche. Pero ¿cómo decírtelo? Mi silencio es mi máscara. Mi dolor es el de un niño en la noche. Canto y tengo miedo. Te amo y te tengo miedo y nunca te lo diré con mi voz verdadera, esta voz lenta y grave y triste. Por eso te escribo en un idioma que no conoces. Nunca me leerás y nunca sabrás de mi amor.


Alejandra Pizarnik




Te busco

en medio de un camino

poblado de ausencias

el misterio escapó 

envuelto en el aire

árbol cubierto de cenizas

en la fragilidad del tiempo,

es un portal solar

tu ausencia es incorregible.


Beatriz Helena Peñaloza


***


El amor no es ser una sola alma en un solo cuerpo, sino dos almas que eligen caminar juntas por el mismo jardín.


Gersilmar Araujo


***


Entre él y yo

hay piel y olores.

Me dice:

"Te pondré mi camisa blanca 

para arropar el tiempo contigo 

y en la intimidad 

tomaremos whisky para sanar 

la ausencia de nuestras miradas".


Pero nunca termino de encontrarte,

retozamos en un risco 

en el que no eres

sino sólo una forma caótica 

que cubre la mañana.


Y pienso 

si estoy dispuesta 

a cuidar los extremos 

de esta distancia,

para invocar este lugar, 

amor, 

cuando duermo sobre la impronta 

de tu cuerpo tibio,

casi disuelto por la ternura,

casi arrancado 

por la amplitud de mis manos,

rostro desnudo 

atravesado por el fuego 

y la firmeza de un gesto

entregado en silencio 


Iliana Santana


Lo contrario del amor no es el odio, sino el miedo. Paradójicamente el amor da miedo. 


Alejandro Jodorowsky 



Tus besos los recibo anhelante 

vienen de regreso hasta su puerto, 

se quedan colgados 

en los cristales claros 

de tu mirada. 


Observo la tarde que adormece,

la luna lánguida y serena 

teje suspiros en la niebla

y el recuerdo se hace presente 

desdibujando la naciente sonrisa.


Liris Miyares


***


Y le escribo a tu silencio,

ese que me acompaña 

en el café de la tarde, 

en el viento que arrebata los sombreros 

y descuaja inocentes ramas...


Tu silencio, que desdice

las solemnes declaraciones, 

y le reclama al tiempo 

su paso lento y taciturno...


Cipriano Castro


***


En la senda del olvido 

espero tu regreso

cumplir lo prometido 

bajo el árbol de cerezo.


Sigo castigada

sin soltarme siquiera 

amarrada a recuerdos

de una vida pasajera.


Espero tener las fuerzas 

que un corazón requiere 

para soltarse del suplicio 

de un amor que ya se muere.


Nohemí Castro


***


Lo que sé del amor


Yo no sé de la vida más que esto:

el amor es un río de sangre 

a veces, buena

a veces, mala

pero sangre al fin

que fluye entre torrentes de lava

y se funde en el ardor de los corazones 

que palpitan al ritmo de la pasión 

a veces, buena

a veces, mala

pero pasión al fin

que domina el ímpetu humano 

y revelan tras las caricias 

a veces, buenas

a veces, malas

todo lo poco que sé del amor. 


María Luisa Angarita




Carta de Karl Marx a Jenny von Westphalen


21 de junio de 1856


Querida mía:


De nuevo te escribo porque me encuentro solo y porque me apena siempre tener que charlar contigo sin que lo sepas ni me oigas, ni puedas contestarme. Por más malo que sea tu retrato, me sirve perfectamente, y, ahora, comprendo por qué perfectamente, y por qué hasta las "lóbregas madonnas", las más imperfectas imágenes de la Madre de Dios, podían encontrar celosos y hasta más numerosos admiradores que las imágenes buenas. En todo caso, ninguna de esas oscuras imágenes de madonna ha sido tan besada, ninguna ha sido mirada con tanta veneración y enternecimiento, ni adorada tanto como esta foto tuya, que si bien no es lóbrega, sí es sombría, y en modo alguno representa tu hermoso, encantador y "dulce" rostro que parece haber sido creado para los besos. Yo perfecciono lo que estamparon mal los rayos del sol y llego a la conclusión de que mi vista, por muy descuidada que esté por la luz del quinqué y el humo del tabaco, es capaz de representar imágenes no sólo en sueños, sino también en la realidad.

Te veo, siento, toda delante de mí, como de carne y hueso... el falso y vacío mundo se forma una idea superficial y equivocada de las personas. ¿Quién entre mis numerosos calumniadores y maldicientes enemigos me ha reprochado alguna vez valer para el papel de primer galán en cualquier teatro de segunda categoría? Pero es que soy así. Si esos canallas tuvieron siquiera una gota de sentido del humor, habrían garrapateado en el anverso "relaciones de producción y cambio" y en el reverso me habrían dibujado postrado a tus pies, "mire este dibujo y el otro", rezaría la inscripción. Pero los canallas son tontos y seguirán siendo necios in secula seculorum.

La separación temporal es útil ya que la comunicación constante origina la apariencia de monotonía que lima la diferencia entre las cosas. Hasta las torres de cerca no parecen tan altas, mientras que las minucias de la vida diaria, al tropezar con ellas, crecen desmesuradamente. Lo mismo sucede con las pasiones: los hábitos consuetudinarios que, como resultado de la proximidad se apoderan del hombre por entero y toman forma de pasión, dejan de existir tan pronto desaparece del campo visual su objeto directo. Las pasiones profundas, que como resultado de la cercanía de su objetivo se convierten en hábitos consuetudinarios, crecen y recuperan su vigor bajo el mágico influjo de la ausencia.

Así es mi amor. Al punto que nos separa el espacio, me convenzo de que el tiempo le sirve a mi amor tan solo para lo que el sol y la lluvia le sirven a la planta: para que crezca. Mi amor por ti, cuando te encuentras lejos de mí, se presenta tal y como es en realidad: como un gigante; en él se concentra toda mi energía espiritual y todo el vigor de mis sentimientos.

Adiós, querida mía, te mando a ti y a nuestras hijas miles y miles de besos.


Tu Carlos.



Mis ojos son hojas 

movidas por el viento.

Siguen tus pasos 

ligeros y ajenos a mí.


Te llamo desde el silencio;

en ese instante poseo tu cuerpo 

pintado de fugacidad.


Al mirarte, 

el deseo se convierte 

en galope acelerado.


Cada mañana me aproximo 

a la tentativa de tu mirada 

o de un roce de labios. 


Jamás nos miramos o besamos. 

Deseo y angustia -eso soy- 

frente a la ventana cuando pasas.


Estoy entre miradas y andares 

detrás de los cristales estremecidos 

y yo, inmóvil, te espero.


Ysbel Mejias


***


Fuiste mía un verano


Mis ojos no podían dar crédito. Después de tantos años la volví a ver. Iba en esa caravana de migrantes mientras yo estaba oculto, camuflado en medio de la espesura de la selva haciendo patrullaje de fronteras. Llevaba un niño en brazos. Mantenía esa dulzura que la había caracterizado y por la cual me sentía atraído hasta que nuestros caminos tomaron rumbos distintos. Todos, especialmente ella, miraban a su alrededor, consternados, perplejos, porque los latidos de mi corazón resonaban como un tambor en el tapón de Darién.


Nesfran González Suárez


***


En la intimidad de tus ojos me escondo en la noche... En ese laberinto de deseos que detiene mi tiempo e imagino recorrer tu piel, como un lienzo de seda que me invita a la caricia, como un susurro de placer que resuena en mi alma, como ese deseo que consume sin saciar y que con el calor de tu abrazo, me haría sentir viva... Soy como un naufrago sin orilla... En el silencio de mis noches te busco y te espero... La espera es un tormento, un dulce y amargo placer, un deseo que crece sin cesar.


América Zurita


Fernando Pessoa


Cartas a Ophélia (fragmento)


"Agradezco su carta. Me trajo pena y alivio al mismo tiempo. Pena, porque estas cosas siempre causan pena; alivio, porque, en verdad, la única solución es ésa: no dilatar más una situación que ya no encuentra la justificación del amor, ni de una parte ni de otra. De la mía, al menos, queda una estima profunda, una amistad inalterable. No me negará Ophelinha otro tanto, ¿verdad?

Ni Ophelinha ni yo tenemos culpa de esto. Sólo el Destino tendrá la culpa, si el Destino fuese una persona a quien se le pueda atribuir la culpa.

El tiempo, que envejece las caras y el cabello, también envejece, pero aún más deprisa, las pasiones. La mayoría de la gente, porque es estúpida, consigue no darse cuenta de ello, y piensa que ama todavía porque ha contraído el hábito de sentirse amado. De no ser así, no habría gente feliz en el mundo. Las criaturas superiores, sin embargo, están privadas de la posibilidad de esa ilusión, porque no pueden creer que el amor dure; cuando lo sienten acabado, no se engañan interpretando como amor la estima o la gratitud que él ha dejado.

Estas cosas hacen sufrir, pero el sufrimiento pasa. Si la vida, que es todo, pasa, ¿por qué no han de pasar el amor y el dolor, y todas las demás cosas, que no son más que partes de la vida?

En su carta es injusta conmigo, pero la comprendo y la disculpo; la escribió con sincera irritación, acaso con amargura, pero la mayoría de la gente —hombres y mujeres— escribiría, en esa situación, en un tono aún más acerbo y con términos aún más injustos. Pero Ophelinha tiene buen carácter e incluso su irritación prescinde de la maldad. Cuando se case, si no tiene la felicidad que se merece, seguro que la culpa no será suya.

En cuanto a mí...

El amor ha pasado. Pero conservo un afecto inalterable, y no olvidaré nunca —nunca, créame— ni su figura graciosa, ni sus modos de jovencita, ni su ternura, ni su afecto, ni su índole adorable. Puede ser que me engañe, y que estas cualidades que le atribuyo sean una ilusión mía, pero no lo creo, de ser así sería una indelicadeza atribuírselas.

No sé lo que quiere que le devuelva, cartas u otras cosas. Yo preferiría no devolverle nada, y conservar sus cartitas como memoria viva de un pasado muerto, como todos los pasados; como algo conmovedor en una vida, como la mía, en la que el progreso de los años corre parejo al progreso de la desdicha y la desilusión.

Pido que no haga como la gente vulgar, que es siempre grosera, que no me vuelva la cara cuando pase a su lado, ni me guarde rencor. Quedemos, el uno ante el otro como dos conocidos de la infancia, que se amaron un poco siendo niños y, aunque en la vida adulta sigan a otros afectos por otros caminos, siempre guardan un rincón del alma la memoria profunda de su amor antiguo e inútil."


29 de noviembre de 1920.



Todo lo que de vos quisiera 

es tan poco en el fondo 

porque en el fondo es todo 


como un perro que pasa, una colina, 

esas cosas de nada, cotidianas,

espiga y cabellera y dos terrones,

el olor de tu cuerpo, 

lo que decís de cualquier cosa 

conmigo o en contra mía 


todo eso es tan poco 

yo lo quiero porque te quiero.


Que mires más allá de mí,

que me ames con violenta prescindencia 

del mañana, que el grito 

de tu entrega se estrelle

en la cara de un jefe de oficina,


y que el placer que juntos inventamos 

sea otro signo de libertad. 


Julio Cortázar


El humo establece su permanencia 

 

 ¿Qué tienes en la sangre?

humo

 

la inocente criatura se ha ido

nosotros

los únicos depositarios de su confianza

lo traicionamos

lo despedimos en el más cruel acto de egoísmo

 

ocultos del mundo

llevamos una cruz en silencio

y creemos de corazón

que el sol no revelará nuestro crimen

 

ahora

tengo tantas cosas que decirte

que no sé por dónde empezar

 

bien

¿es que no has notado

que estamos muertos?

¿que somos un par de cadáveres 

viajando en el asiento trasero de un taxi

que no nos llevará a casa?

entiende que esta

transición es necesaria

 

así pues

hay que llorar

tiene que ser triste esta despedida

 

y me dirijo a ti

si tienes vocación es de estrella

ríndete a tu destino

y brilla

yo estaré allí en las noches

fiel al aroma estelar

para contemplar tu luz

 

después

cuando todo haya pasado

cuando haya entregado un último suspiro

intentaré hacer las paces contigo

en aquel lugar incierto.


 J. M. Llerena

 

***


Fui 


Tuve una novia 

que intenté enamorar 

me dijo muchas cosas

y una de ellas fue


"me gusta la poesía"...


me tomé esas palabras 

como un reto 

que quebrantó mis noches 

con sus días


leí y leí poemas 

de muchos autores 

que me dejaron el alma 

apacentando palabras 

durante tantas noches pardas


amé el camino 

más que el destino


con azul y verde 

pinté todo mi mundo


amanecía de bala

torvo y despeinado


descubrí los helechos 

adorados de mi abuela 

en los pasillos 

de la casa de la infancia 


llegué a la luz 

de los nuevos días

amado por las palabras 

odiado por las amantes


 Marcos Veroes Vegas


***


"Amor breve"

 

No te busco, 

porque eres 

mi andar contrario, 

un beso cruel

una larga cabellera con errores

y serpientes 

la prórroga que mis animales esperan,

¿Qué somos cuando nos encontramos? Perpetuos duendes 

que juegan a esconder 

la olla de monedas 

bajo la fiebre del arcoiris 

Y así en esta incesante memoria 

muerdes mis flores a propósito

salvaje con la lengua 

resumes mi alma 

en un pasaje triste

de la vasta ignorancia 

o en la página sin sombra 

en el libro de tu vientre funesto 

Te quejas del azar 

y de la higuera estéril 

y con eso yo trazo mi vereda,

con aceras torpes 

y destinos malditos, 

sin generación, ni balbuceos.

No te busco

porque no hay amor

Entre tú y yo 

hay hambre 

y sordera

de nombres y pieles 

las hojas caen 

furiosamente

sobre nuestro ser descalzo

y los milagros 

comen y vomitan 

el sueño de azufre 

No hay humo aromático

que consuele

a estos cuerpos amorosos 

de días 

y sentencias 

breves


Cristóbal Camejo


***


El techo no deja de hablar


La palabra que me habita 

sujeta el sonido de la lluvia


Las gotas no tienen tiempo de quedarse


Bajan por el vidrio dela ventanas 


Son iguales a las tuyas

cuando amas


Entonces aprietas mi mano

porque no puedes contener el silencio


Freddy Antonio Borges Ortega


Los editores agradecen a todos los que colaboraron involuntariamente con la elaboración de esta página, aquí y desde otra dimensión.