miércoles, 4 de febrero de 2026

Palabras bajo libertad (III / 2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Selección y edición:

Manuel Cabesa


***

Viento del este


Entre la hierba, bajo mis pies,

incluso una brisa suave es de tempestad

Ko Un


Japón en casa

(antología mínima como la vida misma)


Haikus


1.

Orden cerrado 

cargando la esperanza 

lluvia cercana 


2.

Sorda canción 

pasión y calor

Adiós chicharra


3.

Catorce días

Ritual de chocolate

Llegó febrero


Nohemí Castro


4.

Desnudo helecho

duermes plácidamente 

brote de niño


5.

Punto ciego

mudo vitral de hielo 

entre el bien y el mal


Iliana Santana


6.

Baja la lluvia 

chorros cristalinos 

desde las nubes


7.

La luna mira

la inmensidad del mar 

la baña de luz


8.

Bailan con gracia

elevando sus brazos

los almendrones. 


Marina Sandoval


9.

Así como yo vengo 

de letras escritas

leídas y vividas


10.

Masas de algodón 

desparraman agua 

sobre el camino de las aves


 Ysbel Mejías


11.

Cae la lluvia 

sobre el techo de zinc

arrulla mis pesadillas 


J. M. Llerena


12.

Sobre este techo

los gritos de la lluvia 

se vuelven tonadas 


Ninfa Monasterios Guevara 


13.

Noche espesa 

emociones profundas 

fluyen las letras


14.

La fresca lluvia 

empapa la aridez

moja las grietas 


José G. Casanova


15.

Flor y colibrí 

celebran la mañana 

de primavera 


Mercedes Carmona


16.

La lluvia cae

baja de las montañas 

las nubes lloran


Liris Miyares


17.

Luna de nieve,

visible claridad,

la intensidad.


J.R. Sandoval Mata


18.

Cae el aguacero 

libros mojados 

bajo el agujero


Rufo Galo


 Tankas:


1.

En el calor 

de la tarde

sentí el vuelo 

de un pájaro 

aturdido


Mercedes Carmona


2.

La lluvia impregnó mi ser

de esperanzas

cocuyos se esparcieron 

en lontananza 

¿saldrá la luna?


Emalida Viloria


3.

La brisa conduce

a la lluvia 

por sendero pedregoso 

del olvido 


Dilcia Zamora


4.

Cae la lluvia 

Polar está en la calle 

se moja

caritativo le abro la puerta 

el agua está fría 


Julio César Pérez

lunes, 2 de febrero de 2026

Una pieza cruda del universo de Bukowski

-Ysbel Mejías-


El camino del infierno estaría lleno de compañía, 

pero aún era tremendamente solitario.

A empujones y codazos se abrió paso hacia su wodka-7

Charles Bukowski: Acción


He descubierto a Bukowski con mayor detalle en uno que otro poema suelto y más allá de los eruditos que solo comentan sobre su adicción al alcohol o quienes dicen que es el peor escritor con el que se han topado en sus lecturas; me topé con un libro en el que se reúnen 21 relatos y se inicia precisamente con el cuento que le da nombre a esta antología, Hijo de Satanás. Una historia desnuda, que va directo al grano, así como todas las que dan cuerpo a esta obra. Puedo decir que su escritura es un golpe a la mandíbula literaria. 

Si pensamos en la literatura como un salón elegante con palabras pulidas es Charles Bukowski quien vendrá a irrumpir de manera genial desde el último puesto, chocará con todo y terminará diciendo la verdad más cruda. Este libro se popularizó en su versión en español a partir de 1996 y según lo que he revisado de este autor, quizás esta obra no sea la puerta de entrada clásica a su desarrollo como escritor para conocer su trabajo; pero pienso que es perfecto para acercarse tal como me atreví yo a este universo salvaje, maldito e indecente de prosa y poesía cargada de humor negro y desenfado.

Henry Chinaski es una especie de alter ego de Bukowski, también aparece caminando en esta obra y sin embargo, no es el centro pues aquí son los sobrevivientes: alcohólicos, apostadores de hipódromos fracasados, escritores malditos, mujeres esquivas quienes forman el rompecabezas descarnado y sucio. Pero además estos personajes se mueven dentro de la opresiva y omnipresente ciudad de Los Ángeles, aquí se puede encontrar a este escritor con una faceta de cronista, y una prosa punzo-cortante que nos presenta los despojos del sueño americano. 

Bukowski es más que un poeta borracho. Estos relatos constituyen un rompecabezas en los que el eje transita por una vida bajo el estigma de ser “raro” “maldito” el no “redimido” no se trata de relatos con grandilocuencias malignas. Bukowski nos propone tres aristas fundamentales en esta lectura:

1/ La infancia como campo de batalla: La violencia paterna, el acoso escolar, el descubrimiento del mundo como un lugar hostil. 

2/ La escritura como salvación y condena: Retrata la obsesión por escribir no como un don, sino como una enfermedad necesaria, un último refugio de dignidad en un mundo de trabajos miserables y relaciones fallidas.

3/ La soledad como estado natural: La soledad es una habitación sucia, una botella vacía y el sonido de los propios pasos en un pasillo. Esto es preferible a lo falso que puede resultar una compañía.

De este libro me atrapó su estilo de frases cortas, duras y sin adornos, una prosa enmarcada en el realismo sucio llena de personajes comunes con lenguaje directo, no busca impresionar, sino más bien transmitir las sensaciones de hastío, olores en bares, tensiones antes de una pelea. No hay descripciones, se genera la experiencia a través de la lectura. Y entre tanta sordidez y miserias surge del humor negro cierta ternura inesperada, hacia los más perdidos personajes de los relatos mientras la ironía se hace presente junto a la autenticidad que expone las tripas de las experiencias humanas de los marginados.

Por eso te invito a darle una probada certera al ácido sin mentiras en la literatura y a comenzar a conocer mejor a este gran autor considerado incluso un fenómeno cultural, un outsider que hizo de la literatura un espacio de lenguaje minimalista, coloquial y conciso. Déjate atrapar por Bukowski a través de Hijo de Satanás, te aseguro es una buena condena. Charles Bukowski, escribe sobre lo que conoce.

Cinco poemas de Ninfa Monasterios Guevara



1.

Lluevo sobre ti 

como nube delicada

llevada por la brisa

y abrazo tus manos abiertas

para borrar el desierto 

que ofusca 

y condena tu alma.


***

2.

Quién, si no es un ángel,

pudiera cantarnos sin sonrojos

y deslumbrar la noche 

y sus cerrojos

al caminar la senda de las verdades...


Quién, si no es un ángel,

nos mostraría las flores del alma

ésas que nos nutren de luz 

y de calma

brotando de la grieta 

que el amor devela.


***

3.

La noche es guarida y espanto

camino de sombras 

hacia la manta 

que protege y aterra.


La lluvia siempre llega

inclemente, infantil,

derramada sobre el rostro aterido 

donde hace un nudo blanco

que ahoga las palabras 

que me nombrarían

si me atreviera a inventarlas


***

4.

El mundo cambia

si dos se miran

y se reconocen

Octavio Paz


Y se miran 

desnudas 

las intenciones 

alegres y atentas

las pupilas

Sin expectativas 


Se descubren

se aceptan

se reconocen


El mundo

nunca

más 

será 

el

mismo.


***

5.

Estoy en un cuerpo prestado que caduca

                   gime

                            apenas sonríe


No veo la hora de partir  

                y dejarlo

                               flácido

                                          dormido

                                                         distante.

La noche que fuimos invisibles

-Mario Amengual-


Vayan ustedes a saber en cuáles recovecos de la memoria se pueden contar la cantidad de bares, taguaras y licorerías donde alentamos el espíritu festivo aquel sábado, hace unas cuantas décadas en Maracay, mis hermanos de sangre Alberto y Luis Alain, nuestro hermano de crianza Omar Cardozo y yo.

Serían entre las ocho y las nueve de la noche cuando nos anclamos en la barra del bar restaurante El Ruedo, en la avenida 19 de Abril, muy cerca del Museo Aeronáutico. A uno y otro lado de la barra en U había dos salones con mesas para cuatro o más comensales. En uno de ellos dos parejas en sendas mesas y en el otro una sola pareja. Las tres se disponían a disfrutar la cena que habían ganado en un concurso de quién sabe qué en una emisora de radio local.

Aparte de nosotros en la barra estaban tres tipos, de los que supimos después que se trataba de un reconocido y prestigioso abogado, un profesor de la Facultad de Agronomía de la UCV y un hermano de este, cuya reputación consistía en haberse hecho de unos cuantos reales por vender como joyas a los chinos del centro de la ciudad los juegos de dominó que repartía Rafael Caldera en una de sus tantas campañas presidenciales.

Para entonces nuestros modestos sueldos permitían que pidiéramos un servicio de Cacique, que era el estribo para cerrar en buena ley el periplo etílico. Hablábamos de cualquier cosa como corresponde a bebedores de buena estirpe cuando, sin razón ni pretexto alguno, los otros tres tipos de la barra comenzaron a tirarnos puntas y sobre todo a mí y en diminutivo insinuando que se me mojaba la canoa.

Insistieron en la provocación y alzando la voz como para que no quedaran dudas de sus ánimos pendencieros y ya obstinado, no por lo de la canoa mojada sino por la alteración de nuestra alegre disposición, me paré y le dije al vendedor de los dominós calderistas:

-¿Qué coño e madre te pasa a ti?

Se plantó ante mí como si fuera el propio Mano e Piedra Durán y nos cruzamos varios golpes fallidos y con alguno le rocé la cara y en respuesta él rozó la mía y mis hermanos se plantaron entre nosotros. El abogado, como aquel famoso torero Cagancho ante los cuernos de los toros de casta, hizo de la cocina su burladero. El profesor y su hermano intercambiaron empujones y coñazos fallidos con mis hermanos y con la misma volaban a uno y otro lado vasos, ceniceros y cuanta vaina encontrábamos a mano, y a todas estas los mesoneros procuraban que no se cayeran unas supuestas esculturas talladas en troncos de árboles, como si fueran de Rodin y en mármol quebradizo. Y las parejas ganadoras salieron disparadas cuando estaban a punto de darse gusto con la entrada del cóctel de camarones. 

El dueño del restaurante y los mesoneros no ocultaron su parcialidad por nuestros rivales de indudable prestigio para ellos y asiduidad a aquel ruedo que aquella noche fue más bien cuadrilátero. Ha debido ser el dueño quien llamó a la policía y cuando nosotros, apenas apaciguados los ánimos, estábamos saliendo por el breve pasillo que separaba la salida de la calle nos flanquearon al menos ocho funcionarios de la Disip y llegamos al carro, estacionado muy cerca, y rematamos el Cacique en el porche de la casa montonera comentando lo sucedido. 

Como Maracay era entonces, y sigue siendo ahora, un pueblo con ínfulas de ciudad, la trifulca de El Ruedo cobró fama y abundó en comentarios callejeros y en tertulias familiares, la mayoría de ellos aliñados con el pasar de boca en boca.

Fue así que nos enteramos de que los Disip, que no sabemos por qué llegaron ellos y no los mangas meadas de la policía regional, en ningún momento nos vieron aunque pasamos entre ellos y retuvieron por una hora y un poco más a nuestros rivales porque no entendían con quiénes se habían peleado si los únicos clientes en el local eran ellos.

Se las pasaron mal ese buen rato porque los Disip no les creían y estos aseguraban una y otra vez que cuando ellos llegaron no vieron salir a nadie. Total que el dueño de El Ruedo, según nos dijeron, le cargó la cuenta de los daños y destrozos al abogado, al profesor y al tracalero, que seguramente quedó en el aire porque la alianza entre el vendedor de dominós calderistas y el abogado era suficiente para pagar esa cuenta en cómodas y olvidadizas cuotas.

miércoles, 28 de enero de 2026

Palabras bajo libertad (II / 2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Selección y edición: 

Manuel Cabesa


***


Es una verdad indiscutible que el posicionamiento de la mujer en la literatura y especialmente en la poesía es uno de los fenómenos más importantes que ha sucedido en la encrucijada de estos dos siglos. No sólo existe una enorme presencia a nivel mundial, sino que se ha rescatado del olvido grandes nombres que habían permanecido en la sombra durante mucho tiempo.

Dentro de las nuevas voces femeninas surgidas en los años recientes en el ámbito hispano la poesía de Raquel Lanceros me ha resultado particularmente sugestiva; partiendo de sus raíces poéticas: Góngora, Garcilaso, Lorca, esta autora recrea los temas imperecederos de la poesía: el amor, la soledad, la incertidumbre, desde una óptica íntima y envolvente.


***


Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973) es autora de los libros  Leyendas del promontorio (2005), Diario de un destello (2006), Los ojos de la niebla (2008),  Croniria (2009),  Las pequeñas espinas son pequeñas (2013), Matria (2018), Sin ley de gravedad (2022) y El sol y otras estrellas (2024).


***


CONTIGO 


Porque no vive el alma entre las cosas

sino en la acción audaz de descifrarlas,

yo amo la luz hermana que alienta mis sentidos.

 

Mil veces he deseado averiguar quién soy.

 

Después de tantos nombres,

de tanta travesía hacia mi propia brújula,

podría abrazar la arena durante varios siglos.

Ver pasar el silencio y seguir abrazándola.

 

No está en mí la verdad, cada segundo

es un fugaz intento de atrapar lo inasible.

La verdad no está en nadie, y aún más lejos

yace de un rey que de cualquier mendigo.

Si alguien está pensando en perseguirla

no debe olvidar esto:

el fuego ha sido siempre presagio de declive

como la intensidad antesala de olvido.

 

Cuando mis ojos vuelvan al origen,

pido un último don.

Nada más os reclamo.

 

Poned en mi sepulcro las palabras.

Las que dije mil veces

y las que habría deseado decir al menos una.

 

Guardad en mi costado las palabras.

Las que usé para amar,

las que aprendí a lo largo del camino,

las primeras que oí de labios de mi madre.

 

Envolvedme entre ellas sin reparo,

no temáis por su peso.

Pero cuidad con mimo la palabra contigo.

Tratadla con respeto.

Colocadla

sobre mi corazón.

La verdad no está en nadie, pero acaso

las palabras pudieran engendrarla.

 

Quizá entonces aquel a quien dije contigo

y para quien contigo fue toda su costumbre

se acostará a mi lado con ternura,

juntos en el vacío más sagrado,

cuando la eternidad toma nuestra medida,

cuando la eternidad se pronuncia contigo.


***


CAE O CAYÓ 


La lluvia es una cosa

que sin duda sucede en el pasado.

Jorge Luis Borges


Está lloviendo fuera como desde hace siglos.

¿Por qué me sobrecoge la oración de la lluvia?

Más lejos o más cerca. Mirar llover es algo

a lo que comparezco a través de la infancia.

 

Dentro del corazón se libra una batalla

de la guerra que nunca termina estando vivos.

 

Con recuerdos encenderé una hoguera.

¿Sabes la diferencia entre el fuego y el agua?

Y luego está lo efímero. Yo misma, por ejemplo.

A veces he intentado desenredar la lluvia

pero nunca la alcanzo. Debe ser

que me nacen las gotas desde dentro.


***


Eternamente no podrás ni aun sufrir

No era cierto, por más que lo jurase,

que yo tu amor jamás olvidaría.

En cuanto el tiempo me ofreció un atajo

te malvendí sin arrepentimiento.

 

Felicidad obliga. Hay quien lo llama

de la necesidad hacer virtud.

Difícil de asumir, pero innegable.

De barro son las ganas. Cuántas veces

se miente aunque se diga la verdad.


***


Reclamación

Me hablas como si fuera yo quien decidiese.

Como si mi existencia

junco en llamas

tuviera algún poder sobre la realidad.

Mi humilde voluntad no suma más

que otro grano de arena en la alta duna.

 

Piensa un minuto en mi insignificancia.

¿He decidido que hoy sea el vértice del tiempo

como de agua es el río

y de idea la palabra?

No me culpes del curso de la naturaleza.

Como tú, soy su fruto. A su pulso me debo.

 

Te olvidé ya hace tiempo.

No hay nada que añadir

aunque el lenguaje apenas aclare los finales.

Es inútil culparme

y más aún pretender

que un recuerdo caliente igual que un cuerpo.


***


Mano a mano

Hay quien tiende a pensar que lo merece todo.

Yo prefiero dar gracias.

 

Cruzo mis manos calientes sobre el mundo

sobre la gratitud a salvo del olvido.

 

Pienso en todas las manos

las que abrieron ventanas en los muros

las que besan el trigo para que haya pan

las que cortan el cuero que nos calza.

 

Amo todas las manos.

¿Qué son? ¿Qué pueden solas?

 

Son otras manos las que mueven los trenes

otras las que conectan las bombillas

otras las que abastecen los bazares.

 

Y serán otras manos

tal vez aún no nacidas

las que caven la tierra que me habrá de cubrir.

—————————————

Autora:  Raquel Lanseros

Título:  Sin ley de gravedad

Poesía reunida (2005-2022)

Editorial: Visor Libros, 2022


***



LO LLAMAN DESENCANTO


Soñé que era verdad lo que es mentira

pues es embaucadora la apariencia

se disfraza traidora de inocencia

efímero espejismo de quien mira.

La esperanza crepita hoy en tu pira

tras agotar el poso de paciencia

ante tu lacerante indiferencia

mi ilusión, mancillada, se retira.

¿Quién tendrá por fehaciente un vil engaño

y la cruel realidad por embustera?

¿Dónde está la virtud, dónde el amaño

dónde la infamia casi verdadera?

En el arca se vende hasta el mal paño

y a veces la razón no es lo que era.


***


AMORES IMPOSIBLES


El alma humana tiene grandes misterios que penetrar

y grandes cuestiones que debatir cuando está sola.

William Shakespeare


Hace cuarenta años, todas las horas les pertenecían.

Lo que veían cuando se miraban

era la raíz del mundo.

Siempre intuyeron

que no necesitaban nada más

dos cuerpos desiguales frente a una misma incógnita

las manos enlazadas

compartiendo presente, sueños y agua.

Hoy se encuentran de nuevo. Al fondo de sus ojos

han vuelto a vislumbrar aquel solaz

cuando todo era suyo

cuando ambos eran todo.

Las despedidas nadie las decide

los que saben las llaman ley de vida.

La abuela octogenaria y el corpulento nieto

se abrazan en la tarde.

Te quiero, se susurran.

Hay amores sagrados que no terminan nunca

aunque estén condenados a ser breves

aunque pertenezcan a tiempos distintos.

Aunque sean imposibles.


***


DESPRENDIMIENTO


(Revisitación libérrima del Siglo de Oro)

No me mueve, mi amor, para beberte

el goce que me tienes prometido

ni me arredra el avance del latido

bien al contrario, me empuja a complacerte.

Tú me enardeces, amor, yo me enardezco

de mirarte rendido en tu bravura

ofreciéndome tu lágrima más pura

te absorbo, me relamo, reverdezco.

Al girarte, tus labios inflamados

besos se vuelven en humedad transida

a revivir los míos exaltados

por la gozosa entrega sin espera

lo que me das lo mismo me darías

y lo que yo te doy igual te diera.


***


ÚLTIMA LLAMADA


Entre los juncos y la baja tarde,

 ¡qué raro que me llame Federico!

Federico García Lorca


¡Si supiera mi nombre!

Si lograra saber cómo me llaman

cómo juntan las sílabas y dicen

y al decir me recrean

me impulsan hacia fuera.

Mi destino es mi nombre.

Viviré en sus fonemas

viviré mientras alguien me pronuncie.

Puedo escuchar tu voz, dentro de un siglo.

Te imagino, hijo mío, en algún sitio

en mortal despedida que me llama.

Me imagino abatida, en ningún sitio

por no poder acunarte en mis brazos

no poder acudir a la más importante

mi recreación final sobre la Tierra

la última llamada.


***


LLORABAN LOS AMANTES


Lloraban los amantes

yo los recuerdo

eran

pétalos desprendidos desde una misma llama.

Lloraban sumergidos en la triste corriente

exhaustos como hélices

los amantes lloraban.

Lloraban y están muertos como lo estamos todos

como lo hemos estado y como lo estaremos

amando se alejaban erguidos de la muerte

pero la muerte no ama ni llora ni se aleja.

Lloraban los amantes que están vivos por siempre

su llanto fue camino fue presencia fue flecha.

Lloraban los amantes y sin aquellas lágrimas

no existiría el amor

ni tú ni yo ni el llanto

el sol no existiría

ni las otras estrellas.

—————————————

Autora:  Raquel Lanseros

Título:  El sol y las otras estrellas

Editorial: Visor Libros. 2024

El oso de la plaza: una defensa

-Manuel Cabesa-


Con permiso de todos y con el mayor respeto por el pensamiento de los demás, asumo hoy el papel de abogado del diablo.

Existe una tendencia que desconfigura elementos que pertenecen a ese acervo popular que fue creado y permanece arraigado en el inconsciente colectivo del venezolano como parte de el proceso de asimilación que termina por suscitar en la sociedad lo que Néstor García Canclini llamó hace tiempo una "cultura híbrida".

Siguiendo la tesis de Ludovico Silva, llamo popular, esta vez, a todo aquello que es de dominio público, lo que todos sin excepción conocemos y disponemos a nuestro antojo; y dejo para nuestro folklore el término autóctono que mejor le calza porque es cultura nacida de la profunda raíz ancestral de las comunidades, y en razón de que, paradójicamente, muchas de estas manifestaciones son desconocidas por la mayoría de los venezolanos quedando circunscritas al terruño que las engendra, así que lamentablemente muchas fiestas y cantos nacionales carecen de la popularidad que merecen, como el joropo central desarraigado de las emisoras maracayeras.

Sin embargo, el oso polar ha estado en cada rincón de Venezuela hace ya mucho tiempo, y es parte integral del esparcimiento criollo e inevitable presencia en fiestas autóctonas o privadas, conversaciones, bautizos, matrimonios, funerales, graduaciones, cumbites, saraos, o simplemente para aplacar el calor, por lo que su estancia en una plaza pública no extraña a nadie y hasta pasa desapercibida de tanto repetirse en el imaginario popular. Sólo basta llegar hasta Las Delicias para encontrarnos con su majestuosa presencia en medio del jardín de nuestra principal casa de estudios magisteriales y dígame usted, ante su vista ¿cuántos buenos recuerdos no saldrán a flote en la mente de estudiantes y egresados que circulan por la populosa avenida?

Pretender cambiarlo por una especie autóctona implicaría hacer una revisión de los símbolos que nos rodean para darnos cuenta que aquello que es popular y representación del gentilicio tampoco es autóctono, como sucede con el tigre de bengala que forma parte integral de la imagen de nuestro principal equipo de béisbol sobre todo cuando muchos cronistas deportivos insisten en llamar a los integrantes del equipo "los bengalíes"; incluso la misma pelota, nuestro deporte nacional, tampoco es criolla como dicen, aunque sea muy popular.

Ni las águilas sobrevuelan nuestros cielos aunque el equipo de béisbol zuliano lleve su nombre y su imagen represente la cerveza más popular de la región que con la bendición de la Chinita ya cumplió los cien años. 

El oso polar, que no vino del Polo Norte, llegó hasta nuestras costas desde Cuba donde realmente nació en 1911 y donde sigue vigente en cualquier fonda de El Vedado y La Rambla habanera, con su sabor ríspido al paladar del que la prueba por primera vez pero que ya en la segunda ronda termina por acostumbrarse.

Con nosotros convive desde 1941, o sea que es más venezolano que yo porque nací 1960 lo que indica que llegó 19 años antes: era mayor de edad cuando llegué a este país por vía de parto. 

Pienso que después de 85 años compartiendo con los venezolanos ya es hora de darle carta de naturalización como se ha hecho con todos los ciudadanos honestos que han llegado a nuestro territorio, han arraigado en él y han apoyado el proceso de modernización que comenzó a vivir Venezuela a partir del gobierno del General Medina Angarita. 

Sobre todo viniendo de la entrañable isla caribeña con la que nos unen tantos lazos desde la época en que nos visitara Martí.

En su libro "Mitologías", Roland Barthes señala una serie de elementos que pasan a ser patrimonio de la colectividad pero que no nacieron en la antigua Grecia sino en medio de la sociedad de consumo moderna y entran en el imaginario colectivo como parte de sus vivencias, en muchos casos volviéndose entrañables, alimento de alegrías y amables recuerdos: ¿quién no recuerda con cariño al toronto?

En ese sentido el oso polar y la bebida que representa tienen lugar de privilegio en mi memoria afectiva como sinónimo de grato compartir, símbolo de amistad, enriquecedoras conversaciones y amargos desvelos amorosos: "el champán de los pobres" como llamó a la cerveza el chef argentino Gato Dumas.

No hay sorbo que por bien no venga, ni tristeza que no muera con cerveza.

lunes, 26 de enero de 2026

Cuando la sangre se avecina como una lluvia sin fecha

-Mario Amengual-


Nada parecido a una razón obsesiva entre dos paredes sobrevive a las vituperaciones cotidianas, pero los legisladores prodigan argumentos entre sus ritos de perdones inalcanzables.

Sabrán ellos si una mano levantada puede superar cualquier anuencia mal escrita, si es que pergeñan leyes y no caprichos, en medio de esa voltariedad agazapada cuyo nombre resume la política.

Darán ellos sus palabras en compromiso consanguíneo, mientras las paredes y las calles se vuelven lúcidas delatoras de los abiertos y trabados desconciertos previstos en gotas de sangre acuosa.

En este país, en el supuesto tino vigente en las calles, las yerbas de los sinsabores han crecido bajo las huellas afincadas de la angustia. Se han levantado muros de alegatos inquebrantables para desembocar en pantanos de desilusiones.

Aquí mucha gente parece saber, hurgando entre láminas de dolores inéditos, que en los espejos se desvanecen sus simulacros.

Pero quienes tienen la retórica y las pantallas tomadas por su influyente cuello, quieren empezar o creen inaugurar auspiciosas prefiguraciones, ajenos a las alucinaciones repetidas, creyendo abrir un camino por donde ya hay una carretera.

Es su destino insistir en los despropósitos, es su insistencia cavar tumbas abiertas y como si se miraran en el fondo de un pozo inconcluso, desconocen el alcance de sus dedos empobrecidos.

La sangre se avecina como una lluvia sin fecha y no importa cuántas ventanas la esperen: igual azotará los techos y doblegará los ánimos.

Para muchos las predicciones se derriten como esperanzas maltratadas por las oportunidades, mientras se desmaya un demiurgo a punto de nacer.

Volverán en términos de oleaje terco, se revolcarán en la poca agua de las miserias barajadas, cayendo y cayendo, cayendo y cayendo, cayendo, en el silencio de abundantes palabras presuntuosas.

¿Quién puede levantarse en una calle sin nombre ni rasgos definitivos para acusar a la sombra que lo persigue valiéndose de la madrugada y de las preguntas rebotando en las piedras de ríos secos? 

Estamos desfalleciendo de tanta energía confiados a los números y a las cuentas bancarias, suponiendo que la palabra pueblo quebranta fronteras y decide destinos. 

Desfallecemos de tanto querer tal vez vida y suposiciones cristalinas, en respuesta a la locura de plata y palabras alebrestadas.

Cuando la sangre se avecina el miedo escondido insiste en calentar las orejas con bondades perdurables, mientras todos los sentidos anuncian y saben que las palabras ya no son escondites inocentesvdonde los cráneos flagelados no pueden soportar las inconstancias fulgurantes de los deseos disfrazados.

¿Adónde irá a parar la desazón convertida en hazañas? ¿Hasta dónde llegará el tumulto de suposiciones libertarias, envueltas en frases sedantes y engreídas?

Aquí y allá y más allá se desdibujan los márgenes de la serenidad y se ahogan los reclamos y se pierden futuros en los vasos de aguardiente y en el humo de la piedra enloquecedora y en el polvo dador de la jactancia y en la propina de las felaciones precoces y por el plomo de las armas rabiosas.

A la hora de los gallos arrecian los sueños descalabrados y cada amanecer es la continuación de los desencuentros enervantes también al servicio de los saldos favorables.

Ya la espiga de cobre se inclina sobre los cultivos abandonados, ya las hachas amelladas se oxidan en los barrancos de greda y en las zanjas de moho, y eso sería poco o no valdría ni una queja si no estuviesen quebrantándose los flacos linderos de la mesura.

Los devotos apuran la letra desjuiciada, atizados por la voz imponente y contentos por su mejorada hacienda.

El mañana es para ellos una plantilla de números y letras acordes con sus pasiones enquistadas. Prefieren ignorar que los preceptos pueden volverse cadalso o cilicio.

Sobre los escombros de su monolengua rasante más le importa a los afanosos escribientes sus satisfacciones partidarias y su tasada obediencia.

Apuestan a una perpetuidad sin espíritu, abonan un porvenir de piedras quebradizas casado con sus epítetos monacales. Reciben de su contraparte, no menos ansiosa de cámaras y mando, el veneno compartido en mesas separadas e indistintas.

Ojalá pudiéramos decir con inocencia sacrificial que venga a nosotros el Reino, pero ni siquiera sabemos si hay un Reino. Ya ni sabemos, entre suposiciones temerosas, si acaso algún Reino puede acogernos.

Lemas y fusiles se entrecruzan en rituales bélicos siguiendo el curso de frases discordantes y en los cuarteles, sobre almohadas acuciosas, se preguntan algunos si la valentía debe tener un nuevo precio.

Y en la calle, donde la inconformidad no sigue reglas ni órdenes superiores ni quiere saber de jerarquías estrelladas, la voz se rige por los mandatos de la necesidad y así dice y desdice en contra del credo insistente.

Ese color como buen negocio propagado, con pretensiones de volverse alma y conciencia, se vuelve espuma de resabios en los rompeolas de la docta ignorancia.

No venga a nosotros ese Reino prometido: sus promesas quebrantan el pulso del día a día, por más que unos y otros, esos unos amparados en sufragios y esos otros empeñados en ganarlos, pretendan ablandar pareceres con papeles renovados o privilegios de gloria al instante. Sólo la muerte iguala, nunca a juro las leyes y las arengas.

Sobran rigores y esmero si sólo en los discursos se trazan los derechos, ¿acaso puede regirse el corazón con notas a pie de página? Palabras enconadas si traen provecho es pasajero: apenas respiran el aire del perjurio reptan entre la hojarasca de razones aventadas.

Un buen día, en los folios polvorientos donde se traman los destinos, se delatan las intenciones de resentimientos ilustrados para la venganza y enceguecidos por sus complicidades.

Si la sangre llega a los ríos solicitada por el odio cultivado, ya sabrán mañana, tal vez muy pocos, que la inmemorial serpiente del destino siempre se muerde la cola y nunca estará de más advertir que aflicciones ayuntadas a promesas deslumbrantes suelen traer aprovechados endiosamientos y llevar más gente caída a las fosas comunes. ¿Sobreviviremos a las leyes del ímpetu y al frenesí de la arrogancia?


Maracay, Venezuela, 2007

viernes, 23 de enero de 2026

Seis poemas de Aimée Torres

 


Soy I


Soy tiempo, 

causa perdida: 

ahí nos encontramos.


***


Alma


Te amo por ser 

y estar presente 

en la eternidad  

y en la vida

donde tropezamos 

y nos encontramos.

Y en este presente finito,

que hacemos infinito,

te amo, Alma,

parte de mi alma:

te manifiesto en palabras 

mi humanidad,

y lo que mi alma expresa 

en cuerpo, alma y mente. 


 ***


Soy II


Soy tú entre las sombras 

de mi mirada calma...

Entras en mi sonrisa nostálgica

Te quedas en mi eco 

con tu voz que me clama:

elixir del deseo inalcanzable;

por la distancia impuesta 

de tus enredos y los míos...

de estos rieles físicos de la distancia, 

de tus roles en la geopolítica 

de tu existencia.

En tu andar enfocado 

con tus designios sociales 

y yo en el interior 

de tus fantasias me anclo,

negándome a tu realidad presente;

flirteo en las ondas de mi mar rosa, 

disfrutando las aventuras marinas 

en multisabores estresantes 

del extraño mundo terrenal,

de las sombras humanas 

y el diálogo de las luces naturales,

de inocentes almas en flora, 

fauna e infancia primaria.

Soy pueril avejentada

ante la caparazón de la edad madura 

por responsabilidades no negociadas

Vivo ya viviendo,

sin querer morir en vida.


***


A tu salud


Y el ramaje de lo natural 

me corona con su frescura 

bajo la sombra de mi vivir,

se asoma la dulzura de su pacto 

al cubrirme de su sabiduría 

y protección en el globo azul

de mi catalejo.

Me aproximo 

a la melodía del tiempo,   

regalo de ser su muñeca 

no angelical,

arropada en sus mimos 

de sabores tropicales,

en la tersura acanalada 

del bucle incierto

y en certeza cuántica 

camino cual cangrejo 

en la autopista del terciopelo 

cremoso de mi tarta 

das al recorrer el mundo paralelo 

de mi copa natale...

¡A tu salud voy!


***


Guárdame


Guárdame en tu corazón, 

en tu galería

por si un día me pierdo 

en mi mundo

o pierdo mi identidad...

puedas encontrarme 

en tus álbumes al vernos!

Y saber que somos,

fuimos y seremos 

en-Amor-a-dos

(ados: somos hada y hado

de la magia viviendo en amor)

Somos espacio compartido 

dando luz favorable 

a la humana existencia.

En la grata sorpresa de la cotidianidad. 


***


Gracias


Gracias por creer en mí 

sin yo creer en mí misma.

Gracias por dejarme ser gaviota

en vuelo armónico 

Por darme la sincronicidad de creer 

y crear en el bucle cuántico 

Vivimos en vibración positiva 

con los latidos 

de nuestra madre tierra

por ello en gratitud nos ama 

y amamos vivir en este planeta 

Todos somos galaxia y estrellas 

que a tu luz en súper Nova vamos

El Amor, alegría y enfoque 

para darnos propósito

Somos en bendición y testimonio

de que se puede vivir sanamente 

para ser feliz, amar y servir 

Gracias por existir:

Tú, madre, la estrella que guía,

mientras todos contemplamos el vivir 

en amor al danzar.

Bendiciones infinitas, 

favorables y eternas.



2025/2026

Granos de sonido (X)

 


-Roberto Santana- 


Soberanía del oído: Por qué escuchar con atención es un acto revolucionario


"No se cambian nunca los modos musicales sin que cambien al mismo tiempo las más importantes leyes del Estado"

Platón


Pongámonos aquí y ahora ante la evidencia de un colapso que no se mide en desastres naturales, sino en decibelios y en frecuencias. Lo que hoy escuchamos en las listas de éxitos no es música, es un producto neuroquímico diseñado para una mente que ha renunciado a la profundidad. No estamos ante una simple cuestión de gustos generacionales, sino ante una involución cognitiva planificada que los expertos en psicología computacional ya denominan la homogeneización del espectro sonoro.


I. La partitura del desierto: El fin de la complejidad


Estamos presenciando la muerte de la melodía y el encierro de la lírica bajo una capa de auto-tune que no busca estética, sino corrección robótica para voces que sin el algoritmo no serían más que un residuo acústico mediocre. Si analizamos las listas de Spotify con un bisturí crítico, encontramos un panorama desolador donde la complejidad armónica ha sido sustituida por el loop infinito.

Un estudio masivo de la Universidad de Viena analizó más de medio millón de canciones y la conclusión es científica: la música se ha vuelto más simple, más ruidosa y drásticamente más pobre en vocabulario. Se ha detectado una reducción sistemática en la variedad de acordes. La música popular actual utiliza un 40% menos de variaciones tonales que la de los años 70.


II. Cronos en el algoritmo de la dopamina


La industria ya no busca artistas, busca activos financieros predecibles que encajen en lo que se conoce como la compresión de la sonoridad, una técnica que elimina los rangos dinámicos para que todo suene fuerte y plano, ideal para ser procesado por un cerebro en estado de vigilia pasiva. Esta degradación es el síntoma de una sociedad que ha perdido la capacidad de sostener el foco. Estamos en la era de los quince segundos. El algoritmo de TikTok ha reconfigurado la producción de dopamina en nuestro cerebro.

Si una pieza musical no nos ofrece un estímulo masivo en los primeros seis segundos, el cerebro ordena el scroll. Esto ha forzado a los productores a eliminar la introducción y el desarrollo, pasando directamente a un estribillo eterno diseñado como fondo de pantalla sonoro. No es música para ser escuchada, es música para ser consumida como una dosis de glucosa digital. Nos llena el momento, pero nos deja desnutridos.


III. El cemento de la pseudo-eventualidad


Theodor Adorno ya advirtió que la música se convertiría en "un cemento social que mantiene a las personas en su lugar". Él hablaba de la pseudo eventualidad, la sensación de que algo está pasando cuando en realidad sólo estamos escuchando la misma estructura de cuatro acordes repetida bajo un nuevo disfraz de marketing. Cuando la cultura se convierte en una línea de montaje, el arte muere. El público ya no exige calidad porque su paladar intelectual ha sido erosionado por una dieta constante de ultraprocesados auditivos.

Cuando el pensamiento crítico declina, la capacidad de procesar el pensamiento abstracto se desvanece, y con ella, la libertad real de elegir quiénes somos. Miremos a la neurobiología del analfabetismo musical. La música compleja activa áreas vinculadas a la resolución de problemas y la empatía profunda. La música simplificada de hoy, cargada de frecuencias graves monótonas y ritmos binarios, sólo activa el sistema límbico primario. Estamos involucionando hacia un estado de respuesta refleja.


IV. La castración del símbolo y la transparencia total


Esto no es una postura exquisitista, es una defensa de la estructura neuronal. Quien acepta música basura por pereza mental terminará aceptando un discurso político totalitario porque el mecanismo de filtro y discernimiento ha sido desactivado por el entretenimiento constante de baja intensidad. George Orwell explicó en su análisis del neolenguaje que, si no tienes palabras para expresar una idea, la idea deja de existir.

Al reducir la lírica a veinte palabras repetidas sobre sexo, consumo y narcisismo, estamos castrando nuestra capacidad emocional. Todo se resume a una pulsión básica que se ajusta a la lógica de la red social, donde el ego es el único centro de gravedad. Pero hay algo más oscuro: la desaparición de la metáfora. Las letras actuales son literales, descriptivas y crudas, eliminando el espacio para que el oyente interprete o piense por sí mismo.

Este fenómeno se vincula con lo que el filósofo Byung-Chul Han llama la sociedad de la transparencia: al ser todo tan obvio y directo se elimina el misterio. La música sin misterio es simplemente ruido organizado. Esta falta de abstracción nos está incapacitando para entender los matices de la realidad. Si nuestro cerebro no puede procesar una armonía compleja, tampoco podrá procesar una situación geopolítica compleja o un conflicto ético profundo.


V. El canario en la mina de la ética estética


Se está creando una generación de ciudadanos que son técnicamente competentes, pero estéticamente ciegos y emocionalmente planos. ¿Qué nos dice el éxito de artistas que no saben tocar ni una flauta? Nos dice que se ha separado el arte del esfuerzo. Se ha democratizado el acceso, pero destruyendo el estándar de calidad. Hoy la tecnología actúa como una máscara para la incompetencia; esto genera una sociedad de expertos sin conocimiento, donde la apariencia de talento sustituye a la maestría real.

Esta desconexión con la realidad técnica nos hace creer que todo es instantáneo, y cuando la vida real nos enfrenta con un desafío que no se soluciona con un filtro, el individuo colapsa. La música es el canario en la mina de la civilización. Friedrich Schiller decía que es a través de la belleza como se llega a la libertad. Si nos quitan la belleza real y nos dan un sustituto industrial, nos están quitando las herramientas para ser libres.

Una mente que no puede distinguir una armonía de Mozart de un patrón de batería programado por una inteligencia artificial es una mente que ha perdido su brújula ética. La estética y la ética siempre han ido de la mano. Una sociedad que no respeta la forma, pronto dejará de respetar el fondo de los derechos y la dignidad humana. Analicemos la obsolescencia programada del éxito. Hoy las canciones duran menos de tres minutos porque las plataformas pagan por reproducción, no por calidad.


VI. La domesticación por el ritmo


Esto ha acortado el tiempo de atención humana a niveles históricos. Estamos sufriendo una atención fragmentada que nos impide leer un libro de trescientas páginas, o seguir un razonamiento lógico extenso. La industria musical –como las de la publicidad y de las redes sociales– está entrenando al cerebro humano para que sea incapaz de concentrarse (y lo está logrando). Es una forma de domesticación masiva a través del ritmo. Quien controla el ritmo de una sociedad, controla su pulso vital y su capacidad de reacción.

La desaparición de la educación musical en las escuelas ha dejado al individuo indefenso ante los mercaderes del algoritmo. Sin herramientas para analizar lo que escuchamos, somos rehenes del marketing. La música popular de antaño, incluso la más simple, tenía puentes, cambios de tonalidad y letras con referencias literarias. Hoy eso se considera demasiado difícil para el consumidor promedio. Se está subestimando a la inteligencia de las personas hasta el punto de atrofiarla artificialmente.


VII. La insurrección de la escucha activa


La industria no nos da lo que queremos, nos da lo que es más barato de producir y más fácil de vender a una mente cansada. La verdadera resistencia consiste en reconquistar el silencio y la escucha activa. La escucha activa es un acto político. Sentarse a escuchar un álbum completo, sin distracciones, es una rebelión contra la economía de la atención, es reclamar nuestro tiempo y nuestra capacidad de asombro.

La tecnología debería estar al servicio de la expansión del talento, no de su simulación. El auto-tune es la cirugía estética del sonido, oculta la cicatriz pero mata la expresión. En la imperfección de la voz humana hay una verdad que ninguna máquina puede replicar. Esa verdad es la que nos conecta con los demás. Llegamos a la consecuencia más grave: la pérdida de la identidad cultural genuina. La música globalizada por algoritmos suena igual en Tokio que en Caracas o Nueva York.


VIII. La geografía de una nube sin alma


Se ha destruido la diversidad sonora en favor de una monocultura rentable. Al perder los sonidos propios perdemos nuestro vínculo con la tierra y con nuestra historia personal; nos convertimos en ciudadanos de una nube digital, sin raíces, fáciles de desplazar y de manipular. La música que no tiene lugar tampoco tiene alma. A este fenómeno se le suma la muerte del silencio creativo. Gilles Deleuze hablaba de las sociedades de control donde el ruido es constante para evitar que el individuo reflexione.

La actual música de cadena de montaje sonoro cumple esa función, es un ruido de fondo que llena cada espacio vacío. No se permite el silencio porque éste es el semillero de la insurrección. Una sociedad que no tolera el silencio es una sociedad que tiene miedo de lo que puede encontrar si se detiene a pensar. La industria ha aplicado el efecto de mera exposición. Nos llega a gustar una canción no porque es buena, sino porque la hemos escuchado mil veces por obligación algorítmica.

Se trata de un condicionamiento pavloviano; estamos perdiendo el libre albedrío estético. Si no somos capaces de rechazar lo mediocre, tampoco somos libres de elegir lo excelente. Esta deriva no es irreversible, pero requiere una voluntad activa de reconquista intelectual. Requiere que volvamos a los clásicos, que busquemos la disonancia, que nos expongamos a lo que no entendemos a la primera.


IX. La bofetada al espejismo de la complacencia


El arte verdadero no es un servicio al cliente, es una bofetada a la complacencia; si una pieza musical no nos transforma, si no nos hace dudar, si no nos obliga a crecer, entonces es sólo ruido de fondo. No permitamos más que dicten la banda sonora de nuestras vidas desde una oficina de datos en Silicon Valley. Recuperemos la soberanía de nuestro oído. La música es el pulso de una época. Si el pulso de nuestra época es plano y maquinal, es porque hemos permitido que la técnica devore al ser humano.

Heidegger advertía que el peligro de la tecnología es que nos obliga a ver todo como un recurso. La industria posmoderna ha convertido nuestra alma en un recurso para alimentar métricas de monetización. Pero el arte es siempre un riesgo, una herida, una pregunta. Lo que hoy se promueve masivamente en los circuitos digitales de la industria musical no tiene riesgo, tiene una garantía de retorno. Esa es la diferencia entre un artista y un producto.


X. El prólogo de una civilización ruidosa


El artista nos da lo que no sabíamos que necesitábamos, la industria nos da lo que sabe que vamos a comprar. Recuperar el criterio es recuperar la capacidad de juzgar la realidad. Exigir que un músico sepa música es un acto de respeto hacia la inteligencia humana. El declive de la calidad musical es el prólogo de una sociedad que ya no sabe cómo hablarse de una forma profunda. Si no recuperamos el control de nuestra relación con el sonido, seremos una civilización que sabe hacer ruido, pero que ha olvidado cómo cantar su existencia.

Es necesario cuestionar lo que escuchamos, porque lo que entra por nuestros oídos moldea las fronteras de nuestra imaginación. Si nuestra música es pequeña, nuestro mundo será pequeño. No nos conformemos con lo que nos dan. Busquemos lo que nos desafía. La excelencia es un camino solitario, pero es el único que lleva a la verdadera libertad. La verdadera revolución no será televisada ni subida a una red social, será el silencio de quien decide dejar de consumir basura para empezar a cultivar su propio espíritu.


XI. Termodinámica del espíritu: El vuelo en el vacío


Para profundizar en este abismo y salir de él lúcidos y libres, debemos entender el concepto de entropía cultural. La termodinámica nos enseña que los sistemas aislados tienden al desorden y a la pérdida de energía. Nuestra cultura musical está en un estado de máxima entropía. Todo suena igual, todo tiene la misma temperatura emocional, no hay momentos de genialidad porque el riesgo se considera un error de sistema.

Si eliminamos el esfuerzo de la ecuación artística –tanto para quien crea como para quien percibe el arte–, eliminamos la resistencia necesaria para que el espíritu humano se eleve. El arte sin resistencia es como un avión intentando volar en el vacío; no tiene dónde apoyarse para subir. Consideremos también la neuroplasticidad inversa. Así como aprender un instrumento expande la materia gris, el consumo pasivo de ritmos ultrasimplificados la contrae.


XII. El experimento de la gratificación inmediata


Se está realizando un experimento a escala global sobre qué sucede cuando millones de cerebros son sometidos a 128 pulsaciones por minuto durante diez horas al día. El resultado es la incapacidad de gestionar la demora en la gratificación. Queremos el estribillo ya, queremos la solución ya, queremos el éxito sin el ensayo. Esta es la raíz de la frustración moderna. La música clásica, el jazz o el rock progresivo enseñan paciencia. El pop algorítmico enseña impaciencia crónica.

He ahí el fenómeno de la música funcional. En la antigua Grecia la música era una de las cuatro ramas de las matemáticas y la astronomía. Se creía que las proporciones musicales reflejaban el orden del cosmos. Hoy una parte escandalosamente grande de la música se ha degradado a música de ascensor global. Se usa para aumentar la productividad en las oficinas, o para incentivar el consumo en los centros comerciales.


XIII. De las esferas celestes al hilo musical del supermercado


Hemos pasado de la música de las esferas a la música del supermercado. Esta profanación de lo sagrado tiene un coste: cuando nada es sagrado, nada tiene valor intrínseco; todo se vuelve desechable, incluyendo a los propios músicos, que son sustituidos por inteligencias artificiales que pueden generar diez mil canciones de relleno por segundo. La inteligencia artificial es el paso final en esta deshumanización.

Si un algoritmo puede componer una canción exitosa es porque hemos simplificado tanto nuestro gusto que nos hemos vuelto predecibles como máquinas. No es que la IA sea brillante, es que nosotros nos hemos vuelto mediocres. El desafío del futuro no será si las máquinas pueden sentir, sino si los humanos seguiremos siendo capaces de hacerlo. Si nos conformamos con la copia de una copia habremos renunciado a nuestra singularidad; recuperar el arte es recuperar la humanidad.


XIV. La supervivencia del espíritu y la nota imperfecta


No es una cuestión de elitismo, sino de la supervivencia del espíritu. Necesitamos volver a valorar el error humano, la nota que desafina por pasión, el ritmo que se acelera porque el corazón del baterista late más fuerte. Eso es lo que nos conecta. La "perfección" del auto-tune es la perfección de la muerte. No hay vida en la línea recta. La vida es curva, compleja y difícil. La libertad auditiva consiste en preferir la verdad que incomoda al ruido que anestesia.

La música producida masiva y algorítmicamente es el reflejo de un vacío que debemos llenar con consciencia. La escucha reflexiva y libre es un acto de subversión contra la dictadura de lo mediocre. Con ella cuestionamos, buscamos, descubrimos y, sobre todo, despertamos de la hipnosis del estribillo eterno.

jueves, 22 de enero de 2026

Palabras bajo libertad (I / 2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Selección y edición:

Aimée Torres & Manuel Cabesa


***

Sesenta y tres versos


"Los haikus son la expresión poética más franca y diáfana que existe, puesto que en pocas palabras se puede abarcar todo un universo de admiración hacia lo natural y lo cotidiano".

Liliana de Toma Jiménez



1.

El silencio: 

vestido invisible

velo que seduce


Juan Rafael Sandoval


***

2.

Sin vestiduras

el cielo regala

gotas de lluvia. 


Doris Zerpa


***

3.

Gota de lluvia 

en la hoja verde,

todo se calma.


Gladis Quintero


***

4.

Cuida tu tierra.

Siembra tu poesía.

Muestra el sendero.


Federico Estaba Rosas


***

5.

El silencio 

grita, nadie 

lo escucha.


Isabella Guevara


***

6.

Suave caricia

roce del viento 

en sus mejillas.


Harisbel Bottaro


***

7.

El silencio abraza: 

sonrisa de muerte 

servida en un plato.


Ysbel Mejías


***

8.

Otoño en abril.

Primavera en mayo.

Días en el año.


Jacinto Castillo


***

9.

En atardecer 

de mágico espejo

contemplo la paz.


Ero Del Canto


***

10.

Tromba marina tus ojos 

si no me encuentras 

si no bajas a mirarme.


Simonny Azul Urdaneta


***

11.

Manzana imaginaria.

Como de ella, 

amago de semillas


Raquel Santeliz


***

12.

El atardecer,

al final del asfalto 

se pone el sol. 


Yelitza García


***

13.

Cuelga el aroma,

árbol de mangos,

agua en la boca.


Ruth Milena Gómez


***

14.

Tormenta llega,

marchita las flores,

lloran los bosques.


Carmen Ofelia Coquis López


***

15.

Madera pura

pica el carpintero.

Nido de amor.


Nancy López


***

16.

Viejo puente

cruzas el río, 

unes caminos.


Anibal Martino


***

17.

Mar en calma

Brumas te rodean

En la orilla.


Nilda Mirena


***

18.

Soy tiempo, 

causa perdida.

Ahí nos encontramos.


Aimée Torres


*** 

19.

La danza solitaria 

en su negritud

introspección del alma.


Liliana De Toma Jiménez


***

20.

Huele a mastranto

en la llanura inmensa

de mi nostalgia. 


Silvia Rosa Flores Rodríguez