viernes, 24 de abril de 2026

Palabras bajo libertad (XIII/2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Edición y nota:

Manuel Cabesa


***


El pasado 6 de abril se cumplieron 30 años del fallecimiento de Arnaldo Acosta Bello, uno de los poetas más emblemáticos surgidos en el país después de la caída del general Marcos Pérez Jiménez y, sin embargo, uno de los más desconocidos entre los pocos lectores de nuestra poesía. 

Autor de una obra lúcida y extensa, aún espera la edición que le haga justicia ya que la misma es la síntesis de una trayectoria vital y del tránsito de toda una generación en medio del fragor de la Historia. 

Lo que se ha propuesto Acosta Bello a través de su obra poética es dejar testimonio de su circunstancia existencial, para ello las imágenes despojadas de falsas adjetivaciones se presentan al lector tratando de despertar alguna emoción, mostrándole la realidad de las cosas que acompañan al hombre en su transitar cotidiano, pero que sólo son posibles aprehender a través de la palabra escrita. 

La evocación de paraísos soñados y perdidos antes de obtenerlos, la infancia y la utopía, es el eje del discurso que recorre los poemas de Acosta Bello. 

Existe una memoria poética que habla al lector y que desengañada transmite la razón de su desencanto, es el grave testimonio de un despojamiento que va de la existencia a la palabra.

La poesía mientras más profunda es más luminosa. Si ella visita zonas abisales, debe tener mucha claridad, de lo contrario se extravía, pierde el camino, anda a tientas como un ciego, o con un lazarillo, casi siempre otro autor. Si no puede descender a grandes profundidades, más le conviene quedarse en el paisaje, arriba, en la luz natural, en la piel, eso puede tener cierto encanto. 

La poesía es espíritu, las palabras fuera de su significación son sonidos. Con ellas, por afinidades o contrastes, puedes organizar un bello jardín, acá una rosa, allá un lirio, es decir, un objeto estético: pero un poema es un universo. La poesía tiene sus leyes, es bueno conocerlas, eso nos permite llegar más lejos usar otras vías.


Arnaldo Acosta Bello

(Entrevista con Vasco Szinetar, 1980)

Dentro del contexto de la obra de Acosta Bello, Mar amargo (1988) tiene el privilegio de ser un trabajo de síntesis y apertura, ejemplo de meditación y empeño riguroso pocas veces logrado en nuestra poesía. Como en textos anteriores (Hechos, Fuera del paraíso, Sereno rey) Acosta Bello desarrolla una búsqueda intuitiva de la realidad del ser, lo que le da a su poesía una innegable coherencia.

 

(mcabesa)


***


MAR AMARGO


Caer hondo y subir

hasta lograr el vuelo

ensueño de un alto suspiro

por ti (nunca volverás)

costumbre arcana, pasa y dile al olvido

que una vez fue apuro y ebriedad,

canción mía, duerme entre espinas,

en adelante tendrás la frente

de los mal amados, bosque solo,

viva herida, repasa el cielo y muere,

cerca de la costilla tienes luz

aproxima la cara a un fuego oculto

vuelve la mirada, toca la rodilla

fresca de perdón tendrás amor

no hay mar más amargo que la vida.

 

PASAJERO


Caer donde no hay suelo

sólo cielo y mar

grutas de verdor eterno

abro los ojos cuando más temprano

el alba se levanta, pasa y no deja nada,

no lleva ni rumor ni hojas vacías

silencio ardiendo, rosas, estupor

pasajero, sombra, signo del último

leopardo pasa el río volando, salta el bosque,

lame fuegos en la primavera.


DEJA UNA MARCA ROJA


Quiero la seguridad de la avispa

en desolada celda

que la miel cierra despacio.

Oh sombra dulce de la muerte

siento tus suaves pasos

los encendidos granos del Hades.

Deja una marca roja

una rama de luz, un barco negro

hundido en la corriente.

 

SI VOLVIERA DE NUEVO


¿Cuánto perdería de aquí a mi ciudad

si volviera de nuevo a ella?

No veo a nadie que me diga si a la entrada del sol

todavía venden cálidas rosas de montaña

si en los patios de las casas tienden ropa

dormida en almidón, en olores de citronera.

 

TOCO LA SOMBRA


Por necesidad de la noche toco la sombra púrpura

y las venas roídas por cierto animal triste

echan su red dorada en la corriente negra del olvido.


TAL VEZ


¿Es nuevo este suceso

o ha pasado cien veces por mi vida

cada vez más distante y no lo reconozco?

Encima de todo queda el polvo

canto de ave sobre el bosque.

Abre las alas nuevamente

surca el aire mugriento

verás la fresca rosa

el blando arroyo, brotes de hierba

adornan todo.

Nadie viene y se va sin que las puertas

queden solas, acaso si moviéndose

temblorosos labios despidan para siempre

el viejo visitante, tal vez tus manos

levanten un guijarro: el peso y la forma

del olvido.

Todos los días de algún lugar lejano

llega el crudo perfume de su canto

el zarcillo prendido en brillante cielo

donde la noche pasa cerrándonos los ojos.

 

SIGUE


Busca el amor, busca la tormenta,

lánzate ciego al aire, ciego desde

la rama que perfuma los días

y verás que se quiebran los escudos de vidrio,

los fríos o cálidos sones se clavarán en ti,

herido de ese modo sangrarás hasta el ojo

donde hay fatiga la luz vendrá otra vez

a despertar temprano el impulso dormido

corriente amiga te llevará en el vuelo

lejos de los que buscan

el quieto campanario, la cúpula buida.

Fijos quedaron, y tú, perdido ya,

deja atrás los honores, el laurel sazonado,

a ti el espacio, la música, el fuego

que hace brotar racimos. En cada flor

clava el adiós y sigue, sigue como si nada

ocurriera, lleno de dorada verdad caerás

al oscuro, ingrávido final sin fin de siempre.


UN RARO ARDOR


Al lanzar la vida

como si fuese arena

se me llenan los ojos

de un raro ardor

ni ayer ni hoy he sufrido tanto,

tanto como tú, digo,

que has quemado tus huesos

en la hoguera viva del amor.

 

NIEBLA


Siento la rosa

siento la palabra

siento cómo se hunden en la niebla

húmedos puñales

rojas lámparas que el día

deja escapar hacia el aire sin piel,

pájaros llameantes, amarillos

cendales ocultan el agua,

la tierra alegre brilla por encima,

los árboles recogen en su taza de china

el golpe duro de un escarabajo.

 

OTOÑO


Déjale al sol su suerte oscura,

su clara razón; al agua déjale

su cuerpo fugaz, a la tierra

su martillo espeso, al fuego

su externo extravío.

Yo vivo un breve otoño

que estalla en sus colores

hacia la palidez.

Finalizó la fiesta,

la noche se encoje

en su cielo de ajenjo

enfría en el mar las brasas

que hoy contemplo por última vez.

 

VACÍO


Circundada de lluvia

con árboles en los dedos

blancos anillos de felicidad,

la noche muestra todos los rumbos

y yo, sin escoger ninguno,

termino mi cigarro, cierro

la única puerta, vuelvo al vacío.

 

FRACASO


Sin que el vino pueda decir

que escoge el labio, el amanecer

a su color y el ojo su objetivo

que abraza hasta la pulpa,

el demonio de las alas de fuego

y tez cariada dice: no quiero

este país, no quiero esta ciudad,


¿cómo he de fracasar en otra parte

donde no me conocen?

Si las hortensias han vivido

una semana, sólo una semana

lejos del jardín ¿cómo han de fracasar

en el florero donde las colocó

un azar ruinoso y cómo la sala

con alfombra púrpura negará

la pisada de un hombre

lleno de temor?

Sobre las medias que una pregunta aniquila,

sobre la duda que ablanda la almendra

de un mármol negro, la muerte

de esas flores prueba, que aún lejos

nos alcanza el fracaso, y el éxito

se apaga en el rostro, como

el cigarro extingue su llama

antes de morir en el cenicero.

 

COMO EL AGUA


El amor, como el agua, si muy ardiente

es gaseoso. Cuando sólido su cuerpo atraviesa,

es frío.

Busca el suave ademán

abre la muralla secreta donde el fuego

adorna la piel sin quemarla y cubre con oro

el seno, al respirar la boca del amante,

la pupila perdida en el cielo.


Las manos encuentran hilos ocultos,

un tejido suave abre y cierra la llave

la vida se precipita al vacío regándose

en el pasto un rocío fresco, salvaje,

desde el amanecer hasta la noche.

 

NO QUEDA TIEMPO


No queda tiempo de pensar mucho en ti,

poema

por eso te hago con las maduras cosas

de ayer y con las que hoy, tan verdes,

dan su acerbo sabor, su piel reluciente

al aire de las palabras que pueda dispensar.

Pero sólo un instante, un instante

para entender que el amor, un momento

en la huida, puede alcanzar certeramente

el blanco lanzando el dardo en plena carrera

mientras el tiempo herido en las vértebras

se retuerce y cae como una serpiente detrás de ti.

 

TAN SOLO HOY


Tan sólo hoy, la vida

detrás de su dura metáfora

tiembla al desamparo,

las horas, fuertes oleajes,

sacuden la existencia

y la precariedad huye asustada.


Es humo, es sueño, su fuga

convierte el espacio en tiempo,

no es nada esta perplejidad

de ir nadando y disolverse en el agua.

Inútil aferrarse al amor,

esa roca cede también al empuje

de un ademán y se abre suave

la cortina que nos oculta.

En vano trato de llegar entero al encuentro,

lo desconocido es más pavoroso aún.

No hay miedo, hago preguntas

que no vuelven nunca y las respuestas

se desvanecen como un arcoiris en el cielo.

Viene la lluvia, pasa la tormenta,

las aves ennegrecen con gritos

profundos abismos, sus nidos secos

entre frutos y flores la primavera

ensancha, rompen la cáscara

ávidos picos.

He nacido, he comido más de lo imprevisto

y de lo falso, que de la verdad.

Creo sin embargo que toda boca

lleva el vino oscuro de los sueños,

sin ellos no es posible alcanzar

el cielo donde la duda es una llamarada.

Las pulcras cenizas del alma

están reunidas, el viento

mueve lirios detrás de los cuales

nada queda. La ruta está vacía

el rayo colérico que nació

de la frente de Aquiles, destruye

la fortaleza, el muro de piedra

que habíamos levantado sobre nuestras vidas.


 

DESTINO


Sólo cuando entramos al juego

de lo tibio y de lo caliente

sentimos frío como si el invierno

se condensara todo en una hoja,

la raíz ígnea alumbra

a cierta profundidad, acerca

su antorcha a los labios.

Un pájaro que no habíamos visto

se desprende de la rama dorada

el vuelo oscuro atiza la angustia.

Otra vez perdidos en la caverna

buscando los claros extremos de la hierba,

el nido, los huevos azules

donde debemos acostarnos a empollar

el cuerpo magro y rojizo

pegado a la cáscara

hasta que los ojos rompan el diamante

vean el mar de olas turquesas

respiren el serpentino olor de vida

acomodando el pecho a la cadencia

de un mediodía dulce.

Vuelve el calor, un grito destroza la roca

donde el águila come aquel hígado

y encuentra amargo su pico.

 

EPÍLOGO 


Sesenta patadas sobre la puerta

no sirven para derribar una vida

si bien necesita ocultarse

hundirse en el silencio para sentir

la semilla, tiene sin embargo

la certidumbre de ver en la oscuridad

oír los pasos que la persiguen.


La nuca enciende el adagio

al sostener la cabeza, ese laúd apenas

hace sonar las cuerdas de una decisión

cuando un reflejo en el ojo dice que se acerca

el minuto de volver los talones y salir

rompe el círculo donde el miedo se achica

y roja moneda vuela hacia la luz.

Igual que el agua conoce

el frío de la tierra, las piedras

de un sol iluminan al enemigo

escriben con sangre el epílogo

la última página de una vida

que tuvo por apodo donarla.

 

***


Arnaldo Acosta Bello (Camaguán, edo. Guárico, 1927 / Barquisimeto, edo. Lara, 1996)


Obras publicadas de poesía:  

El canto elemental (1956), Hechos (1960),  Fuera del paraíso (1970),  El alud (1973), En vez de una balada (1975),  Los mapas del gran círculo (1975),  Sereno rey (1979),  Minimum Mysterium (1985), Mar amargo (1988),  Agadón o el brusco temblor de los tréboles (1990), Historia de un soldado de la guerra de Troya (1993),  Adiós al rey (1995), Santa palabra (2008).

miércoles, 22 de abril de 2026

Abdul Vas: artista iconoclasta y obsesivo

Foto: Paco Navarro 


-Rafael Ortega-


Corrían los primeros años de la década de los noventa y por las calles de Maracay deambulaba un joven de contextura delgada, pelo largo y con una personalidad hermética que a su vez brindaba confianza y transmitía mucha humildad, pues también andaba en la búsqueda –como nosotros- de conocimiento en materia de arte y cultura en sus distintas manifestaciones.

Su nombre de pila era Abdul Vásquez (Maracay, 1981), quien para entonces ya mostraba una pasión obsesiva por el dibujo y por la música rock, en especial la del grupo australiano AC/DC, por lo que rápidamente caló entre los seguidores del movimiento artístico y metalero de aquella época.

Foto: Mark Van Der Doek


No recuerdo exactamente la fecha y el momento en que lo conocimos, lo cierto es que de pronto lo seguimos viendo tanto en los conciertos de rock como en las exposiciones de artes visuales, involucrándose cada día más con la realidad cultural del momento que le había tocado vivir.

Recordamos su primera y única participación en un Salón Aragua organizado por la directiva del Museo de Arte Contemporáneo de Maracay Mario Abreu, donde le acompañamos los amigos de siempre y nos quedamos estupefactos al observar su trabajo, pues se trataba de una obra verdaderamente irreverente que retaba al espectador a través del empleo de colores estridentes y un mensaje directo y demoledor en contra de los iconos culturales de la época: “Aquí come HA”.

El artista visual Abdul Vas en su taller 


Poco después decidió salir de su país natal y no descansó hasta ver cristalizados sus sueños de aventura y reconocimiento artístico, al punto que este creador visual -iconoclasta por excelencia- se dio a conocer en el mundo entero con el seudónimo de Abdul Vas.

Siempre mantuvo la convicción de que Dios, las religiones y la familia son elementos secundarios en la vida de un hombre cuando trata de recorrer el arduo camino que lo conducirá hacia a una meta anhelada.  

En la actualidad, el trabajo pictórico de Abdul Vas ha sido apreciado en América, Europa y Asia. Ha vivido en Surinam, Guayana, Bélgica, Holanda y últimamente en Madrid, España.



Al artista venezolano también lo conocen como "El Profeta de AC/DC". Ha estado en más de 32 conciertos de los hermanos Young. En 2012 editó un libro raro, mitad catálogo, mitad evangelio, titulado For those about to power we salute you (juego de palabras con la canción For those about to rock (we salute you), el cual se agotó. 

En cuanto a su técnica, el collage es su predilecta y casi siempre recurre a los mismos elementos: AC/DC, el gallo, los camiones y Muddy Waters. Las obras de Abdul Vas se pueden apreciar en www.acdcstage.com.

Abdul Vas, un artista venezolano reconocido en el mundo


Entre Madrid y Amsterdam 


Abdul Vas vive y trabaja entre Madrid y Ámsterdam. Dedica la mayor parte de su trabajo artístico al grupo de hard rock australiano AC/DC. 

Su devoción por esta legendaria banda se ha traducido en una posición vital comprometida y una estética que corre paralela a la creación artística en general.

Su primera exposición individual “AC/DC 40º Aniversario” en la Galería Senda se originó como un tributo y homenaje a una banda que significa mucho más que sólo la música para este artista.

Angus Young (guitarrista líder de AC/DC) junto a Abdul Vas


“Para mí, como un absoluto fan, sería absurdo decir que AC/DC, The Rolling Stones, Muddy Waters, Pink Floyd o Procol Harum son sólo bandas de rock. Estas bandas han superado los límites de la música en gran medida y son miles de años luz de la cultura visual de las últimas décadas".

En este sentido, Abdul Vas cuestiona los límites del arte contemporáneo, a raíz de su obsesión con AC/DC y crear su propia fórmula de marginados dentro del sistema del arte.

Así nos dibujó Abdul Vas en el año 1995


Inmenso potencial de energía de AC/DC aparece por todas partes en pinturas, dibujos y collages de Vas: retratos, dibujos, trípticos de los miembros de la banda en los cuales el artista fusiona logos y símbolos de la cultura popular con su propia insignia. 

Todas estas obras construyen un universo de la mitología contemporánea, la rebelión y el poder y muestran la devoción absoluta de Abdul Vas a una de las bandas de rock and roll más populares de nuestra historia.

Cruzando los puentes de Madison


-Manuel Cabesa-


A Ella, mi fuerza y mi forma ante el paisaje

J.S.P.


Los puentes de Madison es una pieza de excepción dentro de la filmografía de Clint Eastwood, quizá el único drama romántico que se ha permitido realizar dentro de una obra que siempre se ha caracterizado por los géneros que requieren algo de acción y una mirada severa, sobre todo en los últimos años, sobre la sociedad norteamericana. 

De manera muy sutil el artífice de "Harry el sucio", pudo contar a lo largo de un poco más de dos horas la historia de amor de Robert y Francesca rodando con gran economía narrativa y en pocos escenarios lo que se podría clasificar como un film de cámara, a la manera de Ingmar Bergman en Secretos de un matrimonio o el Woody Allen de Interiores o Septiembre.

Y es que la novela de donde se basa la película, tampoco es una narración que cubra muchos espacios o detalle grandes movimientos, es más bien una historia reflexiva, concentrada en los personajes principales y una mirada a la íntima naturaleza del amor.

Un amor que parece atravesar la barrera de los tiempos y encarnar en una fortuita mirada:

"Ahora sé que estuve yendo hacia ti, y tú hacia mí desde hace largo tiempo. Aunque ninguno de los dos percibiera al otro antes de que nos conociéramos, había una especie de inconsciente certeza que cantaba alegremente bajo nuestra ignorancia, asegurando que nos reuniríamos. Como dos pájaros solitarios que vuelan por grandes praderas por designio de Dios, en todos estos años y estas vidas hemos estado yendo uno hacia el otro".

Puente Roseman, condado de Madison, Iowa


La historia es conocida de todos, y la adaptación es bastante fiel a la novela de Robert James Weller, como para hacer un resumen de ella; sin embargo, lo que justifica su lectura es poder ver a través de la poética prosa de Weller el interior de sus personajes. 

Él seguro de sí pero sin asidero en mundo; ella, llena de sueños incumplidos demasiado atada a su cotidianidad. Sin embargo ambos, desde el primer momento, conscientes de que hay una posibilidad más allá del espacio que cada uno ocupa dentro de su vida:

"He estado cayendo desde el borde de un sitio muy grande, muy alto, en algún lugar del pasado, durante más años de los que he vivido en esta vida. Durante todos esos años, he estado cayendo hacia ti".

Sabemos que el amor, como la poesía que lo exalta, es una combinación de lugares comunes que cada cual vive a su manera; dejando, casi siempre, que se diluya entre las manos...

...¿y de qué otra forma podría ser? Independientemente del sentimiento, la realidad juega sus cartas y ficción o no, el amor sigue siendo esa esencia inmaterial que nos regala un poco de esperanza para seguir viviendo otro día:

"Me siento agradecido por haberte encontrado. Podríamos haber pasado uno junto al otro, como dos partículas de polvo cósmico... Dios o el universo, o lo que uno elija para nombrar los grandes sistemas de equilibrio y orden, no reconoce el tiempo terrestre. Para el universo es igual cuatro días que cuatro mil millones de años luz. Trato de tenerlo siempre presente... Pero, al fin y al cabo, no soy más que un hombre. Y todas las elucubraciones que puedo conjurar, no me salvan, de desearte todos los días, a cada momento, ni del despiadado lamento del tiempo, el tiempo que nunca puedo pasar contigo, dentro de mi cabeza... Te amo profundamente, totalmente y así será siempre".

martes, 21 de abril de 2026

Granos de sonido (XV)


-Roberto Santana- 


La panadería del minuto eterno: Arquitectura y trascendencia de la PFM en la Italia de 1972


Tienes 19 años y descubres a una banda italiana que cautiva tus sentidos con una forma de entender el rock que a tus tiernos años nunca habías imaginado y que se convierte en el último grito –más bien el último susurro– para tus oídos vírgenes. Entonces te das la vuelta un instante y descubres que ya tienes cuarenta años y reencuentras ese disco que habías escuchado y te sorprende entender que lo que habías creído el non plus ultra de la novedad tiene apenas dos años menos que tú. A los cuarenta años eres casi un principiante en esto del Rock Progresivo –llegaste tarde a él desde los ejércitos negros del Metal, habías escuchado King Crimson a los cinco años y el Hombre Esquizofrénico te fascinaba, pero no sabías lo que era–. Aun así, ya conoces lo suficiente para entender por qué habías tenido esa impresión de novedad, de adelantamiento, de sofisticación. Hoy tienes 56 años e Impressioni di Settembre –junto a Per un amico sigue formando parte de esa pequeña colección de joyas espirituales que te llevarías a una hermita –¡claro, en el supuesto negado de que estuvieras dispuesto a retirarte a una!

Cuanto más lo escucho, más me convenzo de que esas composiciones nunca pierden su brillo, pero, sobre todo, me doy cuenta de que, en su totalidad, marcaron el lanzamiento histórico de un género: el Rock Progressivo Italiano. Sin desmerecer en nada a sus predecesores, que vieron la luz en 1971: Collage de Le Orme, Concerto Grosso los New Trolls, L'uomo de Osanna, Caronte de Trip, In the beginning de Nuova Idea, Dolce Acqua de Delirium: hitos y episodios, cada uno a su manera, irrepetibles y originales.

Sin embargo, Storia di un Minuto cuenta algo nuevo para la historia del rock mediterráneo. Es lo que intentaré desarrollar en este texto.


 1. Milán 1972: El pulso eléctrico bajo la sombra de los Años de Plomo


El lanzamiento de Storia di un Minuto ocurre en un momento de tensión extrema. La Italia de 1972 se encontraba en el corazón de los "Anni di Piombo" (Años de Plomo). Socialmente, el país vivía las secuelas de la masacre de Piazza Fontana (1969) y una polarización política asfixiante entre los movimientos de extrema izquierda y los grupos neofascistas.

Milán –hábitat de la PFM– como motor industrial, era el centro neurálgico de estas fricciones. Las huelgas obreras y las manifestaciones estudiantiles definían el paisaje urbano. Económicamente, el "milagro italiano" de posguerra se agotaba, dando paso a una incertidumbre que el arte reflejó mediante un fuerte desplazamiento hacia la complejidad. Culturalmente, existía un deseo de ruptura con la tradición de la canción melódica del Festival de Sanremo; la juventud buscaba un sonido que integrara su herencia clásica con la rebelión eléctrica que llegaba de Londres.


2. El Annus Mirabilis: La primavera de los sintetizadores mediterráneos


1972 es considerado el año fundamental del progresivo italiano. Fue el momento en que el género alcanzó su madurez técnica. Bandas como Banco del Mutuo Soccorso, Il Balletto di Bronzo, Le Orme y la propia PFM publicaron obras que definieron el estándar del RPI: una mezcla de virtuosismo académico, estructuras operísticas y una sensibilidad pastoral mediterránea. El apoyo de sellos independientes e innovadores como Numero Uno (fundado por Lucio Battisti) fue crucial para que este sonido de avanzada llegara a las listas de éxitos.


3. La metamorfosis de I Quelli: Artesanos de estudio en busca de un nombre propio


Antes de ser PFM, los músicos eran conocidos como I Quelli, el grupo de sesión más solicitado de Italia. Habían grabado con las mayores estrellas del pop italiano, lo que les otorgó un dominio técnico y una disciplina de estudio inalcanzable para bandas amateurs. La formación clave incluía a Franco Mussida (guitarras), Flavio Premol (teclados), Franz Di Cioccio (batería), Giorgio Piazza (bajo) y el multinstrumentista Mauro Pagani.

El álbum se lanzó en enero y fue un acontecimiento sin precedentes: por primera vez en la historia de Italia, un álbum de un grupo de rock alcanzó el número uno en las listas de ventas, desplazando a la música ligera tradicional.


4. Ingeniería del instante: El diseño sonoro de una obra total


Storia di un Minuto se define por su equilibrio. A diferencia del progresivo británico, más frío y cerebral, el sonido de PFM es cálido y orgánico.

El álbum fusiona la estructura del rock sinfónico con elementos del folk italiano y la música barroca. Existe una alternancia magistral entre pasajes acústicos delicados y explosiones de rock dinámico. 

A cargo de Claudio Fabi y Sandro Colombini, la producción destaca por su claridad y rango dinámico. Logra que la densidad de los teclados no sepulte la sutileza de la guitarra de doce cuerdas. Es un sonido "limpio" que prioriza la fidelidad del timbre de cada instrumento.

El uso del Mellotron y el Moog (este último importado directamente por Mussida desde Londres) se integra con el violín y la flauta de Pagani. Esta combinación crea texturas orquestales sin necesidad de una orquesta real, definiendo el sonido "sinfónico" del Rock Progressivo Italiano.


5. Cinco piezas de alta fidelidad: El rigor interpretativo del ensamble


El desempeño de los músicos es de una precisión quirúrgica. Mussida destaca por su versatilidad entre la guitarra clásica y la eléctrica con distorsión controlada. Premoli es el pilar armónico, utilizando el sintetizador no sólo como adorno, sino como voz líder. Franz Di Cioccio rompe con el esquema del baterista de rock simple, incorporando síncopas y cambios de tiempo propios del jazz-rock. La crítica especializada ha subrayado constantemente que la cohesión del ensamble era el resultado de sus años como músicos de estudio.


6. El díptico del 72: Entre la frescura del debut y el espesor de la madurez


Ambos álbumes fueron publicados en 1972, pero marcan momentos distintos. Mantienen la misma formación y el uso de instrumentación clásica (flauta, violín). No obstante Storia di un Minuto tiene una estructura más episódica y luminosa, con temas que conservan una raíz melódica clara. Per un Amico es más denso, oscuro y complejo rítmicamente. Mientras el debut estableció la identidad nacional, el segundo álbum fue el vehículo que les permitió su expansión internacional definitiva hacia el mercado anglosajón.


7. Músicas comparadas: Ópera, atonalismo y cámara en la Italia progresiva de 1972


Banco del Mutuo Soccorso – Banco Del Mutuo Soccorso (1972): Mientras PFM es etérea y pastoral, Banco es operístico y vocal. La voz de Francesco Di Giacomo aporta un drama humano que en PFM es sustituido por la elegancia instrumental.

Il Balletto di Bronzo – Ys (1972): Representa la antítesis de PFM. Si Storia di un Minuto es armonía y equilibrio, Ys es disonancia, oscuridad y caos. Es un álbum extraordinario, pero mucho más difícil de digerir y menos orientado a la melodía.

Quella Vecchia Locanda – Quella Vecchia Locanda (1972): Comparte con PFM el gusto por el violín y la cámara, pero Quella Vecchia Locanda es más académico y melancólico, careciendo del impulso rockero y la potencia de la sección rítmica de PFM.


8. La liturgia de la RAI y la reivindicación de la lengua vernácula y lo visual


No existen videoclips promocionales en el sentido moderno, pero los registros de la televisión italiana de la época muestran a la banda con una puesta en escena centrada exclusivamente en la interpretación, reforzando su imagen de "artesanos del sonido". La portada, con su diseño detallado y simbólico, ayudó a establecer la estética del género en Italia.

Es fundamental notar la importancia del uso del italiano. Al no intentar cantar en inglés en su debut, PFM forzó al mundo a aceptar el rock en un idioma diferente, validando la identidad cultural mediterránea.


9. Estatura histórica: El veredicto de una obra fundacional


La trascendencia de este álbum es doble:

A. Para PFM: Los convirtió en el referente absoluto del rock italiano, permitiéndoles ser la primera banda de su país en firmar con un sello internacional importante (Manticore).

B. Para el Rock Progresivo: Demostró que el género podía ser un éxito de masas sin sacrificar la complejidad y que el rock sinfónico tenía una vertiente latina y cálida capaz de competir con la escuela de Canterbury o la escena de Londres.


Clasificación: #Esencial


Storia di un Minuto es la piedra fundacional definitiva del Rock Progressivo Italiano. Reúne perfección técnica, innovación sonora y un éxito comercial histórico. Logró articular la angustia y la esperanza de una sociedad en crisis a través de una arquitectura musical que no ha perdido un ápice de vigencia. Es un hito obligatorio para entender la vanguardia musical en Europa Continental.

Premiata Forneria Marconi - Storia di un Minuto (1972)


•Italia


•Rock_Progressivo_Italiano

•Symphonic_Prog

con elementos de

•Progressive_Folk


•Esencial



Músicos


•Franco Mussida: guitarras eléctricas, acústicas y de 12 cuerdas, mandocello, voz principal

•Flavio Premoli: órgano, piano, ¿organillo (piano a puntine)?, Mellotron, clavecín, MiniMoog, voz principal

•Mauro Pagani: flauta, flautín, violín, voz

•Giorgio Piazza: bajo, voz

•Franz Di Cioccio: batería, percusión, Moog, voz


Con:

•Claudio Fabi: coarreglista y coproductor



Si quieres escucharlo, toca el enlace:

https://t.me/MusicaProgresiva/2723

Las leves manos del día (Breve antología poética)

mano 26


tu mano

mi mano

nuestras manos: un cuerpo que acorta la distancia.


Edda Armas: Manos.

Taller Blanco ediciones, 2019


Hay poemas que en medio de su brevedad, o de su sencillez, resuenan en el lector, lo llevan a esa zona donde otras palabras son convocadas y se entrelazan como manos silentes que se expresan sólo a través del roce y la lejanía. El breve texto de Edda Armas que antecede a estas líneas fue glosado por los integrantes del Taller Libertad Bajo Palabra: aquí están estas manos solidarias.


(mcabesa)


Nuestras manos escriben una historia, 

secreto a voces,

pública, sólo a ratos, 

tratan de romper la distancia

que nuestros cuerpos imponen,

que los rostros anónimos siguen, a ratos, 

mientras el reloj 

en la pared 

sigue avanzando...


Cipriano Castro


***


Nuestras manos 

escriben 

crónicas de olvido. 


Ysbel Mejías


***


La desnudez de mi cuerpo

se abandona

a la urgencia de tus manos.


Julia Liendo


***


Nuestras manos:

fue casualidad

un roce desconocido,

nos miramos a través

de los dedos

y sonreímos


Julio César Pérez


***


Unos pequeños dedos

acarician 

los surcos 

de mis manos


Dilcia Zamora


***


Multiplica por cinco

la estrategia del toque 

En su palma, 

la agónica fluidez

del momento 

En su envés, 

la caricia furtiva

que subyace 

En sus dedos, la mágica alquimia 

que calma el deseo


Ella, toda, me libera


Ninfa Monasterios Guevara

La poeta descalza


***


Basta una mano

para un adiós 


Sólo un gesto insensato

recorre la piel


Fragua la herida

la mano abierta


Proyectil que golpea

la inocente dignidad.


Laura Luque


***


El sonido de una mano 

al aplaudir 

dolía en los cristales 


Nohemí Castro


***


Y con tus dactilares una huella 

en mi vida incrustada dejaste

Cascada hidratada 

en el capullo de mi ser

Y en temporada de aridez  

la tersura de tus manos 

al dibujar tú mi silueta  

ya mi cuerpo 

se hizo necesidad 

en tus dedos al encontrarme  

y en respuesta amasé de amor 

tus hombros y brazos 

con mis manos danzantes 

fue mi sinfonía 

el himno de amor en gozo 

que en mis manos 

en lenguaje inconfeso te doné


Aimée Torres


***


Inconscientes,

tus manos y mis manos fraguaron

el arte de nuestro amor.


Mercedes Carmona


***


Llegan manos virtuosas

organizando el caos

arreglando los destrozos

poniendo orden y calma 


Las manos 

se conmueven 

trayendo paz 

y apartando la furia 


Marina Sandoval


***


Nuestras manos 

se buscan temblorosas 

se encuentran 

un fulgor 

enciende la llama.


Recorren torpemente 

las dimensiones 

de nuestros cuerpos 

dibujan mapas 

en su cartografía 

que sellan con un beso. 


Liris Miyares

jueves, 16 de abril de 2026

Edda Armas: el ala y la mirada

-Manuel Cabesa- 


La emoción no es lo que se siente, sino lo que se hace con ello

Paul Valéry: Cahiers


La publicación de Roto todo silencio (UCV, 1975), supuso la llegada de una voz íntima que a pesar de la brevedad de los textos que componen el volumen, o quizá por eso mismo, implicaba una mirada atenta hacia el mundo que parecía rodear a la joven poeta:


serás tú

quién libre la batalla

y aceptes

lo que otros decidan por ti


Con el correr de los años, los versos de Edda Armas ha ganado en longitud y su obra se ha expandido en una nutrida cantidad de títulos que han circulado secretamente en editoriales de poca difusión, sólo al alcance de unos pocos elegidos.

Pero a pesar del tiempo transcurrido su poética se ha mantenido fiel al ejercicio de la mirada hacia esos elementos o instantes que suelen pasar desapercibidos para la mayoría, pero para nuestra poeta contienen gran significado. 

María Clara Salas ha escrito: "En Edda, lo visual predomina para ser convertido en presencia inédita, inesperada, de una densidad poco usual, Edda ve las posibilidades de ser en cualquier elemento, allí donde los demás no se detienen, ella pone sus ojos y edifica el poema"; ése es el caso de su poemario Fruta hendida (Kalathos, 2019):


Extraño aroma

que sólo ahora, a esta edad

comienzo a percibir.

No proviene de la flor ni del fruto

sino del querer renacer


Huéspedes de la cotidianidad, las frutas discurren en silencio, esperando prestar sus beneficios hasta que la mirada de la poeta se posa sobre ellas y redimenciona su existencia: no un simple alimento, sino compañeras de vida con vida propia; en los textos que abren la primera parte de Fruta hendida, presiento el eco del Francis Ponge de Le parti pris des choses (N.R.F., 1942):


Veo las frutas en la cima

siendo recompensa en días áridos

 de indivisas despedidas

y sueños a la mitad

(...)

Elige una, aunque áspera te sea.

La más distante o la más esférica,

y álzala con su azul erotizado por la nostalgia

en el invisible ritual

de invertir el infortunio


Edda Armas y Manuel Cabesa en la Fundación Ludovico Silva (noviembre, 2005)


La nostalgia es una palabra clave dentro de la obra de Edda Armas: los fantasmas familiares, las ciudades recorridas, los paisajes, las configuraciones del arte a través de la imagen fotográfica conforman un catálogo de añoranzas que van ocupando su espacio entre las frutas de este emotivo bodegón de palabras. 

Caben destacar las imágenes que acompañan esta edición obra del fotógrafo Fernando Adam que se concatenan con los poemas de manera armoniosa: un preámbulo visual a la extrañeza de las palabras que conforman cada una de las partes del libro. 

Sobre esto ha escrito Victoria D'Stefano: "Las imágenes, sean poéticas o fotográficas, pues ambas aspiran a hacerse presencia y visión del aquí y el ahora, siempre comportan preguntas sobre lo que muestran y lo que ocultan, sobre lo que pueden o no retener, y sobre todo, lo que pueden detener en el espacio y el tiempo. La auténtica y verdadera dimensión del tiempo es sólo el presente, instante decisivo, instante efímero, y todo lo demás es pasar y volver a sumergirse en el flujo de las cosas":


Un libro perdido en el amado desorden.


El deseo no confesado, ahora irisdiscente.


Nombres entrando y saliendo, sin fechas.


Imágenes dormidas en hojas transparentes

sin estación de otra vida...


(Mcy/abril, 2026)

lunes, 13 de abril de 2026

Luis Alberto Crespo en el recuerdo

-Manuel Cabesa-


Hoy que Luis Alberto Crespo está de cumpleaños, recuerdo que lo vi por primera vez en la casa de Juan Sánchez Peláez, a quien también conocí ese día; lo vi, no hablamos ni nada hasta donde me llega la memoria. Fue Luis Alberto Angulo quien llamó mi atención sobre la presencia de Crespo en aquel jardín donde compartíamos. 

Estábamos ahí de visita los participantes del taller de poesía del Celarg, que coordinaba el poeta Luis García Morales: estábamos para conocer a Juan, para deslumbrarnos con su presencia. Éramos los muchachos y ellos "los mayores", por eso no creo que haya podido conversar con Crespo. 

Era 1980 u 81, los días de "Resolana" de Crespo, "Terredad" de Montejo, "Sereno Rey" de Acosta Bello, "Las edades perdidas" de Gerbasi, "Círculo de sombras" de Pérez Perdomo (que había ganado el Premio Nacional de Literatura); la poesía venezolana estaba cruzando por un momento de esplendor y nosotros éramos sus beneficiarios. 

Nos vimos de nuevo en Maracay, en 1995 durante la presentación de su libro "Más afuera" y después otras veces más cuando presidió la Casa de Bello y hicimos algunas actividades en la Biblioteca Agustín Codazzi. Pero de momento quisiera recordar un par de encuentros que forman parte de mi anecdotario. 

Una de las veces en la Ciudad Jardín fue durante la entrega de la última edición del Premio Miguel Ramón Utrera en los jardines del Hotel Maracay (que hoy ni sé cómo se llama); estaba reunido con mis amigos Jorge Gómez, América Zurita, Marcos Veroes y Nesfran González, cuando llegó Crespo acompañado por el poeta Pedro Ruiz. Nos saludamos con aprecio como siempre, hice las presentaciones de rigor y luego de un rato me llamó para preguntarme si nos podíamos tomar una cervecita en la fuente de soda frente a la piscina mientras el acto daba comienzo... y hasta allí fuimos. 

Una vez ubicados, también se fueron acercando los amigos y no sólo ellos, otras personas que vieron la movida y por curiosidad de conocer al poeta y participar de la improvisada tertulia fueron arrimando sillas y haciendo bulto; tanto así, que en la mesa donde estábamos (y de donde no nos movimos) había un equivalente de personas igual a las que se quedaron en su puesto para el acto. Lo que creo que no fue muy del agrado de los organizadores. 

No recuerdo cómo nos terminó de ir, pero sí que cuando llegó la prensa a cubrir la entrega del Premio hicieron sesión aparte para entrevistar a Crespo y tomar fotos del momento en que departíamos todo ese gentío frente a la piscina.

Tiempo después nos vimos en Caracas durante la presentación de mi libro "Un lento deseo de palabras" en el Museo de Bellas Artes en el marco del Festival Mundial de Poesía de ese año.

Monteavila presentaba los nuevos títulos de la colección Altazor y los encargados de hablar de cada uno eran el catire Enrique Hernández D'Jesús y mi amigo Gonzalo Ramírez; al llegar el turno de mi libro el director de Monteavila, Carlos Noguera, le pidió a Gonzalo, que ya se aprestaba para hablar, le permitiera hacer la presentación personalmente, lo que llamó la atención del público porque fue el único libro del que quiso hablar haciendo hincapié en que me conocía desde muy joven por lo que se entendía aquello como una deferencia hacia un poeta apenas conocido para la mayoría de los asistentes pero a quien calificaba como un amigo de toda la vida. 

Una vez en el podio, frente a mí estaban Crespo y Palomares a quien había conocido la noche anterior. La sorpresa fue que al terminar mis palabras y los agradecimientos de rigor e intentar regresar a mi sitio ambos hombres se pusieron de pie y se adelantaron a recibirme con abrazos y grandes palmadas en el hombro, lo que hizo que se redoblaran los aplausos y que sintiera en ese momento una emoción que todavía no puedo describir.

Un honor inmerecido por parte de aquellos hombres que habían escrito varias páginas brillantes en nuestra literatura a lo largo de muchos años y que se ha vuelto para mí una especie de compromiso que se mantiene vigente en el tiempo.


Mcy/13-04-2026

Palabras bajo libertad (XII / 2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Edición y nota:

Manuel Cabesa


***


Luis Alberto Crespo: 85 años


Memoria y paisaje no son verbos, pero son las palabras donde germina la poesía de Luis Alberto Crespo quien, este 13 de abril arriba a sus 85 años, ambas palabras derivan en el lector en otra no menos importante dentro de su obra: nostalgia. 

Con la publicación de "Si el verano es dilatado" en 1968 la obra de Crespo fue recobrando desde el principio el linaje familiar, la aridez de la tierra nativa, las visitaciones del tiempo a través de la palabra.

Con los años sus versos se fueron angostando, sin perder su sustancia: escribir en el hueso, dejando la imagen desnuda, apenas rozada en el lugar del resplandor: "la vida en el borde del encantamiento".


(mcabesa)


***


¿Qué es lo que quiere este invierno?

Él no es mi país


Solo sé que es entumecido

Que se arropa dentro de sí y no con lo humano


¿Por qué quiere que yo lo reciba

Que pertenezca a su tiempo helado que no saluda?


Me niego a hablar

Su lengua de navaja


No soy de los suyos

Y me le escondo


Se lo confieso a mi aridez

A esa apasionada del sudor


Que vive conmigo desvistiéndose


***


Escribo con un cuchillo

Me saco de mí 

Lo que de tanta lágrima 

Es tizne


Una mancha

Donde raspo cal

De mi cara


Una escritura 

Como la calle San Juan 


La leo con sed

La miro de cerca 

De este lado de la cicatriz


***


jsp


Perdóname

Que haya tardado 

tanto en visitar tu eternidad


Vi volar a un colibrí


***


La casa que tengo que hacer

para ir a tocar la puerta,

para ir a decir que ya llegué, 

que ya vine

La casa que tengo que inventar 

cuando regrese,

todos los días, 

tiene las manchas del gavilán de allá 

y los vuelos de zamuro que llevan mi nombre

por el cielo duro del techo


***


Diecisiete


Yo no tengo que mirar ese pájaro

para que siga ahí

dándome belleza


Sólo necesito observarlo

en el recuerdo


Y la rama tampoco necesita estar

si se estremece


Me basta cerrar los ojos

para que tiemble

para que la roce con el monte el suspiro


***


Otra


Como la montaña,

el nubarrón en el techo


La lluvia vieja


Toda la casa en el cerro

con su agua subida, su leche


Nosotros, su animal,

lamiéndola


***


Decías


Dime no me fui como te dije

para que no me vieran por dentro


Dime que fue así,

ahora que no puedo oírte desde bien distante

Que no se supo nada por el mal tiempo,

los truenos


Lo que decía yéndome


Dile eso, que yo no vivo aquí,

que me mudé unas casas más abajo.


***


Seme fijo

Deja que se pose

 una paloma 

sobre tu manera 

y vámonos 

aunque sólo haya una pluma para caernos. 


***


Es tarde


Unos perros ladran en mi sueño 

a las sombras de otro tiempo 


***


(Poemas seleccionados por los integrantes del Taller Literario Libertad Bajo Palabra)

domingo, 12 de abril de 2026

Seis poemas de Soledad Vásquez Armella




Calco de luz, mi sombra


Soy esta luz que se desgrana

sobre un borde de sombra


soy esta sombra que se lacera 

al arrullo de la luz


soy esta danza quimérica

sobre la noche mía 


calco de luz, mi sombra 

piel de mi instinto. 



***

Magdalena


Caen 

pétalos de rosa 

sobre mi cuerpo perfuman la noche 

que anida 

en mi pecho.  


Caigo yo 

perfume de nadie

una rosa 

en la boca 

de Dios. 


***


Tres poemas breves


I

Cascadas

son ríos

que suenan

a lluvia


II

Gotas de lluvia

sobre la piel de la tierra

besos de cielo


III

Cristo

un ave que canta

en el corazón 


***

Lupuniá


en memoria de Doña Alicia Montero, curandera


Cuando caminas la montaña, 

caminas sobre mi espalda, 

cuando cruzas mis ríos, 

acaricias cada uno de mis dedos. 


Cuando miras el cielo límpido del cerro, 

te miro desde el infinito: 

desde aquellas estrellas azules, 

mi azul mariposa, 

desde la danta 

que cruza el río del cielo. 


Cuando socavas mi tierra, minas mi pelvis 

pero con cada semilla

siembras un beso sobre mi piel.

Por eso te pido, 

conoce mis ciclos, mi lluvia,

toma mis plantas que curan, 

recuerda esta oración 

de barro y luna 

hilada con cantos de río.


Benditos los que curan

los males del alma y del cuerpo

porque ellos rezan con las manos 

la madrenuestra

de nuestro tiempo. 


(Lupuniá significa "río arriba" en lengua ayamán)

sábado, 11 de abril de 2026

El puente de papel: Por qué leer sigue siendo un acto de rebeldía

 


-Alis Teresita Velasco-


A menudo se nos dice que el 23 de abril es el “Día del Libro” porque tres gigantes —Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega— se despidieron del mundo en fechas cercanas. Sin embargo, para nosotros, que habitamos un siglo de pantallas encendidas y notificaciones incesantes, esta fecha no puede ser un simple ejercicio de nostalgia. Celebrar el libro hoy es, ante todo, un acto de resistencia; es nuestra capacidad de hackear el tiempo y reclamar el espacio que la prisa intenta arrebatarnos.


La conversación que atraviesa los siglos


Existe un mito persistente: que leer es un acto de aislamiento. Nada más alejado de la realidad. Cuando abres un libro, el silencio de la habitación se transforma en un coro. Leer es, en esencia, una conversación de alta fidelidad con mentes que habitaron geografías distantes, pero que latieron con nuestros mismos miedos.

Como sugería Francisco de Quevedo en su célebre soneto, leer nos permite “escuchar con los ojos a los muertos”. Pero no lo hacemos como quien visita un museo de reliquias; lo hacemos como quien busca un aliado. En nuestras letras hispanas, ese puente se vuelve vital: el libro es el único dispositivo capaz de conectar nuestra subjetividad actual con la sensibilidad de aquel que caminó por la Tierra hace cuatro siglos. Al pasar la página, la soledad se disuelve, porque descubrimos que nuestras búsquedas ya fueron transitadas y nombradas por otros.


La imaginación como territorio libre


En la era del algoritmo, donde el contenido parece diseñado para que no tengamos que elegir, el libro se erige como el último refugio de la soberanía personal. El 23 de abril no es solo la fiesta del papel; es la reivindicación de nuestro derecho universal a la sospecha y a la maravilla.

Jorge Luis Borges afirmaba que el libro es la más asombrosa de las herramientas humanas porque, mientras las demás son extensiones del cuerpo, el libro es una extensión de la imaginación y la memoria. La palabra escrita nos exige ser coautores: el escritor ofrece el mapa, pero nosotros trazamos los relieves y ponemos los rostros. Esa capacidad de visualizar lo que aún no existe es el músculo que necesitamos para cuestionar lo “normal” y construir una identidad que no sea impuesta por una pantalla.


Un patrimonio que nos pertenece


El conocimiento no es un trofeo para una élite, sino un mapa colectivo de supervivencia. Somos herederos de una memoria inmensa que nos enseña que la empatía es nuestra tecnología más avanzada. Martha Nussbaum, filósofa contemporánea, sostiene que la literatura desarrolla la “imaginación narrativa”, permitiéndonos habitar la piel de quien es diferente a nosotros. En ese ejercicio de traducción emocional, dejamos de ser espectadores pasivos para convertirnos en ciudadanos críticos y, sobre todo, más humanos.


Conclusión: El fuego que viaja en el tiempo


Que este Día Internacional del Libro sea una invitación a cruzar ese puente de papel. No leemos para acumular datos como si fuéramos archivos, sino para desatar las cuerdas que nos atan a lo inmediato. La literatura es la prueba de que, a pesar de los abismos de la historia, nunca hemos estado solos.

Al abrir un libro, recuerda que no solo estás pasando una página: estás encendiendo una luz que ha viajado siglos, desafiando sombras y censuras, para encontrarse finalmente contigo.