miércoles, 4 de noviembre de 2026

Miremos hacia adentro (Video poema) | Skarlet Boguier

 


***


Miremos hacia adentro


escuchemos las estrellas hacia adentro

porque si este pueblo es fantasma

nosotros somos apenas espectros de arena 

que sueñan al máximo creyendo estar vivos


La casa en ruinas

la calle desolada

todo parece real sin serlo


Afuera el espejismo eclipsa la mirada

entonces miremos hacia adentro.



Skarlet Boguier

De La Lámpara de los muertos (2015)


***

Sinopsis:

Hay máquinas que mastican memoria para vomitar discursos mientras la sostienen como una pesada máscara. Hay un olvido que se traga tesoros visibles para quien investiga lo invisible.

Familias fantasmas, restos de colmenas rotas, cenizas de cielo caído, el escombro, lo que queda, la simiente.

Video poema basado en "Miremos hacia adentro", perteneciente al poemario La lámpara de los muertos, ganador de la IV Bienal Nacional de Poesía Félix Armando Nuñez. 


- Voz y autoría: Skarlet Boguier 

- Voz, dirección y edición: Antonio Vargas 

- Ejecución de flauta y maraca: Tukan ancestral

martes, 3 de noviembre de 2026

Poemas de Jeroh Juan Montilla

Foto: Carlos Nohan Moreno (2026)


***


Aquí un nivel de bocas 

mudas e inútiles 


inaguantables por el insomnio 


inciertas 

en la luz y en la sombra.


*** 


Llueve


Llueve 

a mi sombra se le matiza un dulce fastidio en sus ojos 

de tierra negra, 

hace mucho llueve llorando, 

como si el sol en una cotidiana locura de invierno 

se suicidase al atardecer. 


Llueve, 

ayer, hoy y mañana. 

Siempre o a veces jamás. 


Llueve

como un hongo de acertijos. 

Llueve, 

me antojo de besar al ritmo de esta tarde.


Llueve

Solo basta morir.


***


La lluvia se revuelca sumisa 

sin retorno 

tibia como un golpe.


Ella desconoce 

reitera soledad en mis zapatos 

quebradura en los árboles. 


Ubica levadura 

en las líneas de la mano. 


Es inocente 

e inclinada por cansancio 


amarga como el borde.


***


Olvidé con las manos 

y me cosieron el rostro de espalda 


Por eso siempre 


entre aquellos hombres 

de sobra lenta 


grises y hojeados.


***


Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga a aguas profundas, y arrojen sus redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Lucas 5:4,5


Dios mío

cada día despierto

para buscar lo imposible

solo encuentro

la desnudez del sol

lo fugaz de las horas por venir

la sensata banalidad

en lo duro y en lo blando

ningún jardín muestra

el trébol divino

puedo jugar a desconocer

tu canto en lo espeso del árbol

allí el viento dice

jamás amor o desdicha

entregado al mandato

de los sentidos

en la impotencia

de rezar o santiguarme

en este exilio me dedico

a mutilar la letra

cavando sin piedad

la piedra de dos metáforas

los pies descalzos del loco

o los pasos titubeantes del borracho

has puesto sal y azúcar

en todas mis huellas

después de tanto poema

el tejido de la vigilia

no puede atrapar lo imposible

entonces te tuteo

convencido de las rimas del corazón

seguro de que la cháchara

del ruego tampoco es consuelo

cuando no sabes

ni el día ni la hora

escribirte es la única superstición

que me concedes.


***


Señor siempre creí

que las palabras eran mías

mi derecho de propiedad

sobre cada paisaje

la ronda de niños

en el parque

o el último canto

de los pájaros

en la penumbra del nido

vana luminosidad

estuve convencido

de todos los ecos

sobre el silencio

bastaba una emoción

para legitimar

el ego o el corazón

el ropaje

de cada acto

colocar carteles

a lo largo de la vida

el nudo de los nombres

me mantuvo firme

pero no tomaste cuenta

que sobre mi estaba

el peso de la transparencia

el frágil amo

de todos tus lugares

por cada rincón

has plantado intermediarios

una multitud de cuchillos

clavados en el pan

todos ellos el lugar del otro


Señor mío

todas las palabras mienten

igualadas con el hágase

siempre libres

en tu única oscuridad

acorraladas en el poema

no las haré mías


Señor toma las palabras

devuélveme tu misterio

la desnudez.


***


Señor por qué te importan tanto

ira alegría y tristeza

nuestros gustos y odios

mis aciertos y equivocaciones

lo que apesta y perfuma

no te basta toda la pulpa del sol

los hielos más lejanos

o las últimas llamaradas

de cada estrella en tu mano

las cenizas del amor

por qué te asomas a esta hendija

tu manzano de la discordia

qué tanto o tan poco encuentras

en el laberinto de mis vísceras

este poema no es un reclamo

tú decidiste que todo

todo lo humano es solo pregunta

la única que te has hecho

Señor, ¿por qué me has abandonado?


***


¿Qué es eso que corre en la lluvia?

una jauría de dioses

le ha arrancado

todos los corazones al mango

¿qué es la lluvia

cuando no hay preguntas?

¿es Dios esa voz ajena

o el último animal del paraíso?

feroz y bello

inhumano

sin pecado.


***


Cada cosa se esfuerza, en cuanto está en ella, por perseverar en su ser.

Baruch Spinoza


Esa paloma, en la cornisa, no se siente inmensa ni mínima ante la densa hondura del horizonte.


(Sólo a mí, frente a las noches de enero, me asombra un puñado de estrellas. En saberme pequeño o grande he tenido perfectos maestros, escribas del castigo o la redención)


Para ella el espacio es la ruta del amanecer y el atardecer, única en el instinto de apagar la vigilia.


(Yo hago poesía como súplica, insaciable y perdido, sin entender la culpa o la inocencia)


Esa paloma vive despreocupada de los haceres del Espíritu Santo, ella apenas vuela, eso es suficiente.


***

Jeroh Juan Montilla (Valle de la Pascua, Venezuela, 1960). Escritor venezolano, Profesor egresado de la UPEL, magister en Historia de Venezuela, profesor de la maestría en Historia de Venezuela de la UNERG, facilitador de talleres de poesía y narrativa, y seminarios de literatura. Ha publicado en El Carabobeño, La Prensa del Tuy, El Periódico (Maracay), Papel literario de El Nacional, Revista Poesía (UC), Revista Nacional de Cultura, Letralia, entre otros. Sus poemarios: Humano de manchas (1988), Pasollano 18 poetas guariqueños (coautoría, 1993), Lides de amor (1995), y el libro de ensayos, Articulaciones (2001) Obtuvo en 1989, el Primer Premio en el Concurso Regional de Poesía “Lazo Martí” de la Casa de la Cultura de Calabozo, con el poemario Naranja del cinco de marzo.

Poemas de Adhely Rivero

Título: La tala (1946)

Autor: Mateo Manaure


***


Número de suerte

Me puedo quedar la noche pensando

y sacrificar la tristeza del día.

Todos estos años le he pedido a Dios

muchos años

para contar la experiencia de la vida que tienen

los hombres viejos.

Uno se levanta a diario

sobre la luz del amanecer, sale al trabajo,

se sienta como un jefe a esperar las dificultades

que traen los otros.

Habla con sabiduría, delante de una biblioteca

de la poesía contemporánea del mundo,

recuerda un verso, un buen verso, y salva

la jornada.

Hay días difíciles para el alma,

nos recogemos para que el sueño

revele un número de suerte.


***


En el cielo de Bagdad


A Caupolicán Ovalles


La luna en Irak no se puede ver

lastima la cara del nativo

que ha visto caer bombas todo el año.

De noche al lado de la luna llena

caen Racimos,

terminando por creer que una bomba se quedó

pegada al firmamento.

Lo mismo ocurre con una sirena letal

que socava los refugios.

Ni los ángeles están seguros en el cielo.

el día que Caupolicán visitó Bagdad,

Les llevó el humor y perdieron la paciencia,

todos lo besaban y él sospechaba y se reía.

Hoy nadie duda de la valentía de los hombres

y de los pájaros que se desgranan en el aire.

Cuando termine la pesadilla, dormirán eternamente

en las arenas del desierto

y podremos ver la luna llena en el cielo.


 ***


Mar afuera

 

Tengo el mar Caribe muy cerca.

Lo veo durante el día.

Me pregunto: quién me puso aquí,

mar afuera,

cuando mi cabeza es una cresta de olas?

Sé tan poco de estas costas,

algunos nombres de playas

malolientes a puertos y refinerías.

Calor y sudor.

En el campo es otra vida,

allí se siente el mar volando:

el mar y el amor de las mujeres en la playa.

Se come buen queso de vacas que pastan

en potreros salitrosos

que en el pasado fueron playas.

En la mañana pensamos

la mujer amada.

El mar lo corroe y lo borra todo. 


 ***


La vida austera


Tan austera esta vida

que la mesada redunda en especies.

Cuando llego a la calle e entro a la cuadra

de residencia algún pariente me espera,

circunspecto en la sala, con un saco o una caja, pesados,

de olores agrios de estar a la intemperie.

Recibo la carta, la aprieto y siento el espesor de

la mesada

y contesto todo está bien, no es mucho.

Qué importan las letras, el disentir o algún

razonamiento en el papel.

Nada alcanza.

Cuídate en la calle, de noche, la gente.

Pronto te escribo, te envío queso y carne seca

y lo que me pides para conocer la ciudad.

Aquí la naturaleza es próspera y tolerante

con lo salvaje que somos.


 ***


        La casa


Cuando salí del pueblo pensaba regresar

a comprar la casa de la esquina suroeste de la plaza,

cerca de un puerto solitario y entiendo el arraigo

de los dueños.

A cada vuelta al pueblo visito la calle y bajo mi familia

a la costa a contemplar las aguas pardas bajar

eternamente.

Me enteré que vendieron la casa que me gusta,

cerca de la plaza y del río de mi infancia.

Continuaré a la espera de la oferta

en el tránsito del pueblo que crece y se desborda,

solicitándole a Dios la gracia

que no se me adelante un turco y la transforme en tienda.

       Por las aguas del río pasan las horas

mientras espero el día.


***


Me estoy deteriorando 

cuando los viejos míos vivían 

estaban enteros 

Llego a los ochenta 

recorro kilómetros a pie pero 

no puedo levantar la pierna sobre el lomo 

Me pesa el cuerpo y me pesa el alma 

¡Es verdad! Todo tiempo pasado fue mejor 

Yo vivía en el rebaño no en la casa 

Un animal de sabana de monte o río 

perece en el encierro 


Qué puedo a mi edad pedirle a Dios 


***


Tengo una casa en el monte frente a la sabana

Es una ofrenda a Dios  

Que deja tanto animal desamparado

y la luna lo descubre

Tengo un cuero de tigre en la sala 

Cuando venía en la noche

él estaba distraído y yo lo vi primero

El viento saca agua de la tierra 

en el molino

y todos los animales en el verano beben 

en la tanquilla

y se van

Tengo pendiente mucha sequía

No soy un ángel

pero la sed de estos animales

la tengo por encargo de Dios 


***


Vengo a pie de la quesera

Me tumbó el caballo

Se me fueron los buenos tiempos

Vi el cielo azul 

y venía pensando en el cielo

qué hermosas sabanas debía tener Dios


Adonde va uno después de tanto Llano

animales de día y de noche

Si me ponen a pedir un deseo 

voy a pedir que me dejen en lo mío 

Allí es donde puedo estar bien  


***


Se casan los hijos 

Es bueno que se vayan 

Nosotros somos pura sombra 

y necesitamos un tiempo de nostalgia 

Vete a la sabana y cuenta los animales 

mientras pongo el fuego 

Cuando regreses cortaremos un queso 

Habrá acabado el fulgor de las fotos


***


Aquí no necesito un nombre 

una documentación 

Paso el día viendo los animales 

y ellos me tienen por dueño 

de la tierra y el río 

Me voy a quedar viviendo su estima 

Me traen del pueblo 

todo lo inútil 

para reconocerme  


Para que Dios me vea


***

Adhely Rivero (Guadarrama, estado Barinas, Venezuela, 1954). Poeta, editor y promotor cultural. Desde hace años está residenciado en Valencia. Es Licenciado en Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo. Se desempeñó como Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, Coordinador del EIPUC y director de la revista Poesía. Es Premio de Poesía Facultad de Ciencias de la Educación. Premio de Poesía "Cecilio Chio Zubillaga" de Carora, Premio Universidad de Carabobo, Premio Universidad Rómulo Gallegos, Premio Único de Poesía "40 Aniversario de la Reapertura de la Universidad de Carabobo". Es autor de los Poemarios: 15 poemas, 1984; En sol de sed, 1990; Los poemas de Arismendi, 2006; Tierras de Gadín, 1999; Los poemas del viejo, 2002; Antología poética, 2003; Medio siglo y la vida entera.

Poemas de Tibisay Vargas Rojas

 

Título: Flores de mayo y paisaje (1896)

Autor: Arturo Michelena


***


Allá una palma sola 

resquebraja el sol  


sobre la carne 

esta carga 

la bestia tiembla 

y yo 

   arreo 


tanto cuesta 

un pedazo del sombra.


***


Le tengo miedo a los toros 

tus toros 

deben tener 

los cuernos descascarados 

por todos las cornadas que pude imaginar 


los veía de reojo 


quiero tocarles las puntas 

ahora 

veo por cuál de las heridas sangro.


***


Este recuerdo 

tengo que apuntarlo 

porque tengo cara de ocio 

y los espejos 

duermen a la hora desacostumbrada. 


Me sorprendo inerme 

en la misma mesa 

de volcar el vaso por las tardes 

y suponer atentos los oídos 

que pugnan metérseme en la boca. 


Hace tarde 

ayer 

es sólo una sombra 

cuando bajo la cabeza 

tomo el lápiz 

y entresaco los apuntes 

al corazón.


***


Alta madrugada


Un gallo

rasga la tiniebla

en sincronía

otros cantos se agregan

con la limpia prestancia

de la secularidad

alta aun

la luna llena

tiene la plenitud

de un rostro vigilante

ante lo imperceptible

los grillos suman

en menudencias

secundan los seres

de la charca

que fractura el plenilunio

mientras otro canto

enhebra la lucidez

de los patios.


***


A esta hora

enciendo la lámpara

llegan las sombras

y las paredes se confunden

entre insólitas figuras

distingo

un pequeño escarabajo

de ilegible caligrafía

la polilla que empeña vuelo

impenitente

hacia la bombilla

una hormiga alada

remanente nupcial

de medianoche

se precipita

la oscuridad tras la ventana

y este retazo

de luz artificial

sigue arrebatándole seres

a lo ignoto.


***


Sí

es el amanecer

un desgranar de cantos

en los patios vecinos

entre verdores

el gallo de alabanza

alterna con los grillos

los sapos de la charca

y yo en suspenso

frente a la ventana

profunda acuarela que asoma

a retazos de luz

todas las formas

presentidas

por mi corazón en laberinto

ya sin luna

ni sol todavía

sólo la mínima

bujía del instante

que este lápiz permite

sin salida.


***


Y entonces ese insecto radiante que tiembla entre las flores

Olga Orozco


Voy a la cocina

el árbol de mi sueño

zumba

la despensa es un rumor

de hojas

sobre mi cabeza

avanza mi brazo

hasta el ambarino tarro

donde miríadas de flores

resplandecen

bajo el ávido enjambre

de mis dedos

brotan soles miniatura

redecillas aéreas

que me dejan a salvo

entre belleza

una vez más mis labios rozan

el misterio del nardo

y la violeta.


***


Los pájaros no tienen tiempo

nada saben de estos ardides

duermen, sí, pero la noche sobreviene

en el cosquilleo de las plumas

y el llamado de los árboles.


Por eso en cada rama

cabe un pájaro perfecto

y de vez en cuando

un nido.


***


Llueve a destiempo

lo saben los pájaros

las cigarras

que seguro apresuran el verano

bajo tierra

la semilla teme al espejismo

titubea

como el canto de la torcaza

apenas enero

ya los cerros ribetean de fuego

y tengo que ir al calendario

para entender

que es tiempo trastocado

cómplice

de la estación humana

que ya no sostiene

la cordura.


***


Rodeada por un ropaje mítico

la ciudad despereza

es la lluvia

sin duda

esa grácil equilibrista de varillas

que pudo ser Dánae fecunda

o la temible precursora del arca

para las conspiraciones

que siempre serán embrión

al filo de cualquier despropósito

porque no puede frenar

su oscilación hacia la vida

sustraerse al germen

a la eclosión, al vuelo

a la ingenua plegaria del labriego

ante la herida del surco

o del sensible

oteador de los cielos

que empeña arcoíris

y relámpagos

a guisa de dioses

irrecuperables.


***


Tibisay Vargas Rojas (Caracas, 1961). Escritora. Licenciada en Educación, Mención Lengua y Literatura, por la Universidad de Carabobo. Sus textos han sido publicados en revistas y periódicos (físicos y digitales) nacionales e internacionales. Ha publicado los poemarios Llana palabra (1993), Pasollano (coautoría, 1993), De humo y sal (1998), Tachaduras (2000), Tema de miseria (2002, reedición 2019), De un patio a otro (2005), Tercera persona (2008) y Poemas (2009). Obtuvo los premios: Primer Premio en Poesía del Instituto de Previsión y Asistencia Social para el Personal del Ministerio de Educación, Ipasme (1992); Primer Premio Poesía Infantil «Rafael Rivero Oramas», que otorga el Ministerio de Educación de Venezuela (1997); tercer lugar en el Primer Concurso Nacional Interuniversitario de Poesía (1998); Primer Premio del Concurso Interuniversitario de Poesía Cuam (2001), y calificación en el IX Concurso Nacional de Literatura Infantil «Miguel Vicente Patacaliente» de la Fundación Cultural Barinas (2003).

Siete poemas de Rosana Hernández Pasquier

Título: Desde la tristeza (2026)

Autor: Miguel Arguinzones


***


Bolero (hojas rojas)


Cuando yo era niño

el árbol del ceibo 

no tenía las hojas rojas 

como hoy  


pero bastó que mordieras una de ellas 

para que se hicieran igual que tus labios 

y desde entonces su raíz y su cresta 

habitan mis abismos


***


Nosotros 


Esa rara forma de decir por los dos

la costura de la ausencia 

es una manera de nombrarte 


El tenue rosado de tus manos 

acentúa la llama 

y me hace del segundo círculo 

su habitante


***


Miedo


Es mejor ir y venir 

sin detenerse nunca 


Al colibrí 

no creo que lo empape 

la garúa


***


Modesta vocación de las hojas 

ir siempre por el borde 

rozar apenas  


entregadas a la tarea de lo breve


***


Levedad


Mi vientre 

revienta en espigas 

la rosa 

se deshoja  


***


Para un posible lector


A esta hora tus manos trajinan las hojas  

cabalgas el cuerpo del poema 

Piensas que resido en cada imagen 

que en el arco de sus vocablos flameo  


La poesía está allí desde antes: 

habita el lomo de la luna 

el vértigo de la miel del deseo 

el rutilante culo de las luciérnagas en la noche 

en el girasol de Van Gogh 

o en la oreja que enciende y revienta el amarillo 


cuando no tienes nada por hojear 

es vacío que inflama la mirada


***


Un dolor de tacones en la hornilla


Ella se levanta y viaja del collar de perlas 

a las volutas de humo de la sopa de leche 

arde en la hornilla un manojo de azahar 


Aún el calor de la sábana le habita la piel 

el cuchillo en su mano luce dócil 

y cae sobre las ramas verdes 

la papa es una luna sobre la tabla 

serena aguarda la mengua de su cuerpo 


Ella recuerda una fotografía: 

la mujer está desnuda de ropaje 

lleva tacones negros 

cabellos recogidos 

y perlas que descansan en su cuello

el amante no está en la habitación 

pero ella lo espera



Tomados del libro El envés de los días. Fondo Editorial de Secretaría Sectorial de Cultura, Maracay, 2005. 



***

Rosana Hernández Pasquier. Nació en Villa de Cura, estado Aragua, Venezuela. Poeta, dramaturga, narradora. Fundadora del «Grupo Cultural Zamora. Ha participado en los talleres literarios auspiciados por la Secretaría de Cultura del estado Aragua y se desempeñó como Directora de Cultura del Municipio Zamora. Es colaboradora de las páginas literarias de la región y perteneció al Consejo Editorial de La Liebre Libre. Su creación literaria la ha hecho sucesora de la memoria y la evocación totalizadora, mirada que da cuenta del paisaje, de lo cotidiano y la experiencia lúdica que todo lector recibe del poema. Obra publicada: Ceremonia del horno; Maracay, Editorial la Liebre Libre, 1993. El envés de los días; Maracay, Fondo Editorial de la Secretaría Sectorial de Cultura del estado Aragua, Maracay, 2005.

domingo, 1 de noviembre de 2026

Granos de sonido (XXII) | Roberto Santana

 


Caos, concreción y misticismo ácido en Group 1850 Live


Más allá de la luminiscencia californiana y las bucólicas comunas de la Inglaterra rural, hubo un epicentro continental europeo cuya densidad sónica desafió la complacencia de su tiempo: los Países Bajos. En el centro de esta insurgencia estética se sitúa Group 1850, una agrupación cuyo nombre evoca una era industrial inexistente, pero cuya música configuró el verdadero meridiano cero de la lisergia progresiva en los Países Bajos. El lanzamiento de Group 1850 Live, grabado en la agitación de 1969 pero congelado en el tiempo hasta su publicación oficial en 1975, constituye un documento arqueológico de gran valor, la captura cruda de una metamorfosis en pleno vuelo, el manifiesto de un sonido que se negaba a la pulcritud del estudio para arrojarse al abismo de la improvisación absoluta.


Geografía del desencanto y la utopía neerlandesa (1969–1975)


Radiografiar el entorno social de los Países Bajos puede ayudarnos a comprender el retraso cronológico entre el registro de estas cintas y su publicación definitiva. La Haya, tradicionalmente percibida como el bastión burocrático y aristocrático del país, experimentó una violenta transformación cultural a finales de la década de los sesenta. El optimismo económico de la posguerra dio paso a un cuestionamiento sistémico. Mientras Amsterdam se consolidaba como la capital del movimiento Provo y el hippismo contracultural, en La Haya fermentaba una energía subterránea mucho más sombría y eléctrica, bautizada popularmente como el sonido del Nederbeat.

Entre 1969 y 1975, el país transitó desde la euforia libertaria hacia las tensiones de la crisis del petróleo de 1973. Este bache económico domesticó las utopías juveniles y reconfiguró la industria discográfica local. Las bandas que antes llenaban clubes underground se toparon con la consolidación del mercado y la burocracia comercial. Este viraje explica por qué una grabación tan incendiaria como la de 1969 permaneció sepultada durante seis años. En 1975, en pleno auge del rock sinfónico y la comercialización del progresivo, rescatar este directo supuso un acto de resistencia estética: la irrupción de un fantasma del pasado que recordaba al mundo la verdadera naturaleza peligrosa y desprovista de filtros del acid rock.


El cisma del Nederbeat: Espejos de humo en La Haya


La Haya poseía una escena musical hiperactiva, pero profundamente polarizada. Por un lado, formaciones como Golden Earring o Q65 operaban bajo un pragmatismo comercial o un r&b directo y garajero que buscaba el beneplácito de las listas de éxitos. Frente a esta vertiente, Group 1850, bajo la dictadura creativa del organista Peter Sjardin, prefirió alinearse con el ala experimental de bandas como Supersister (quienes decantaban su propuesta hacia el jazz-prog de la escuela de Canterbury) o Earth and Fire.

Sin embargo, donde sus contemporáneos buscaban la simetría matemática de las estructuras del progresivo clásico o el virtuosismo melódico, Group 1850 inyectaba una dosis nihilista de imprevisibilidad. La banda funcionaba como un reverso oscuro de la escena de La Haya: mientras los demás pulían sus arreglos, Sjardin y su corte desmantelaban el formato de canción corta, usando el blues psicodélico sólo como una pista de despegue hacia el vacío cósmico.


El ritual de la continuidad


Al aproximarse a Group 1850 Live, no queda otra opción que abandonar la lógica de la audición fragmentada. El disco opera bajo el principio de la macroestructura, una arquitectura sonora indivisible donde las divisiones de las pistas son meras concesiones al formato físico del vinilo. La banda no se detiene a interactuar con el público, no hay discursos, ni se rompe el flujo sónico para afinar instrumento, la instrumentación de una pista se funde directamente con la atmósfera de la siguiente, forzando la percepción de un bloque indivisible. El álbum captura a la alineación histórica integrada por Peter Sjardin (órgano, efectos), Dave Duba (guitarra), Dolf Geldof (bajo) y Paul van Wageningen (batería) en un estado de comunión casi telepática.

La experiencia auditiva global se asemeja a una marea negra. No hay concesiones para el aplauso complaciente ni pausas para el respiro; los cuarenta y nueve minutos de música fluyen como un único lienzo. La sección rítmica de Geldof y Van Wageningen renuncia a la síncopa complaciente del jazz y adopta un pulso hipnótico, un motorik primitivo sobre el cual Duba dibuja líneas de guitarra impregnadas de un fuzz denso e hiriente. Sjardin, operando desde su trinchera de teclados modificados y efectos analógicos, no busca la ornamentación barroca de un Keith Emerson; prefiere la saturación de frecuencias, el ruido texturizado y los acordes sostenidos que generan una atmósfera de claustrofobia mística. El disco avanza como un ritual pagano donde la tensión no se resuelve, sino que se acumula hasta desbordar los límites del soporte físico.


Arqueología de lo precario: Producción y paisaje sonoro


La producción de Group 1850 Live es un monumento al accidente y a la honestidad brutal. Registrado originalmente con equipos portátiles rudimentarios en 1969, el sonido carece de la nitidez estéril de las producciones multinacionales de mediados de los setenta. Existe una saturación constante en los rangos medios; el bajo de Geldof retumba con una cualidad casi física, mientras que los platos de la batería sufren la compresión propia de las cintas magnetofónicas expuestas al límite de su capacidad.

Esta precariedad técnica, lejos de demeritar la obra, se convierte en su mayor virtud estética. El técnico de grabación o los encargados de la mezcla posterior entendieron que limpiar el grano de la cinta habría equivalido a despojar a un lobo de sus colmillos. El sonido es directo, sucio y espacial; se percibe el eco del recinto, la fricción de las púas contra las cuerdas y la inestabilidad de las fuentes de poder que alimentaban el órgano de Sjardin. Es la fonografía del peligro.


Del orden de estudio a la anarquía del escenario


La evolución estilística de la banda queda perfectamente expuesta si confrontamos sus dos obras maestras de estudio con este documento en directo. En Agemo's Trip to Mother Earth (1968), Group 1850 jugaba con viñetas de psicodelia pop ingeniosa y barroca, no exenta de una fuerte carga conceptual. Para Paradise Now (1969), el sonido ya se había endurecido de forma sustancial, coqueteando con el proto-heavy y la experimentación con cintas.

Sin embargo, Group 1850 Live funciona como la radicalización absoluta de los hallazgos de Paradise Now. En el escenario, las pretensiones líricas y los arreglos minuciosos se disuelven. La banda toma los motivos temáticos de sus composiciones y los estira hasta desfigurarlos. La evolución no es hacia una mayor complejidad técnica, sino hacia una mayor profundidad psicológica. El vivo despoja a la banda de su ropaje de estudio y muestra el esqueleto de una formación obsesionada con el trance y la liberación de la energía pura.


El ocaso del ácido y el advenimiento del virtuosismo: De Live a Live on Tour


La brecha estética se ensancha aún más al contrastar este disco con el posterior _Live on Tour (1976). Grabado con una alineación drásticamente modificada —donde Sjardin se rodeó de músicos como Hessel de Vries y Arthur Ebeling —, el directo del 76 muestra la inevitable claudicación de la banda ante los dictados de la época: el giro hacia el jazz-rock progresivo y la fusión instrumental.

Mientras que el álbum de 1975 (grabado en 1969) es oscuro, visceral y profundamente guiado por la estética de una Jam Band de acid rock, Live on Tour abraza la síncopa limpia, los solos estructurados de piano Fender Rhodes y una destreza técnica refinada. El paso de un disco a otro ilustra el fin de una era: la transición del peligro psicodélico y la catarsis colectiva hacia la sofisticación técnica del progresivo maduro. Live on Tour es el trabajo de profesionales ejecutando una partitura flexible; Group 1850 Live es el testimonio de cuatro hombres poseídos por una idea.


Cartografía europea del trance: El espejo de las bandas continentales


Para situar con precisión este trabajo dentro de la constelación del rock europeo de vanguardia, resulta revelador trazar una línea narrativa con cuatro lanzamientos en vivo contemporáneos que compartían su espíritu de insubordinación. En primer lugar, el álbum Live de los alemanes Frumpy (1973) aborda un Heavy Psych de corte progresivo y tintes blueseros con una presencia colosal del órgano Hammond; sin embargo, mientras Frumpy busca la catarsis a través del virtuosismo vocal e instrumental, Group 1850 prefiere la disolución de la melodía en texturas abstractas. En una frecuencia similar, Amon Düül II entregaba ese mismo año su Live in London, un testimonio de acid rock caótico, espacial y cargado de iconoclasia política. Aunque ambas agrupaciones comparten la urgencia de la lisergia salvaje, los alemanes se muestran más fragmentarios y comunales, frente al pulso rítmico mucho más concentrado y monolítico de los neerlandeses.

Si nos desplazamos hacia Escandinavia, el panorama se vuelve aún más magnético. Mors mors (1974), de los suecos Träd, Gräs & Stenar, ofrece una psicodelia minimalista y un protopunk hipnótico de raíz folk. Ambas bandas entienden el directo como un trance repetitivo, pero mientras los suecos buscan la luz comunal, Group 1850 se sumerge en una paranoia urbana y eléctrica. Finalmente, Ur spår! (1975), de Arbete & Fritid, deconstruye los géneros mediante el jazz libre, la vanguardia y la ironía política; un desapego formal que contrasta directamente con la gravedad física, densa y magnética a la que Group 1850 se mantiene fiel en todo momento.


La visualidad del misterio: El envoltorio naranja


El soporte gráfico original de Group 1850 Live (lanzado bajo el sello Orange Records) refuerza su condición de objeto de culto. La tipografía descuidada y el diseño áspero de la carátula eluden los excesos ilustrativos de las portadas de rock progresivo de los setenta. No hay naves espaciales ni paisajes tolkienianos; hay una sobriedad casi tipográfica que anticipa el minimalismo del post-punk.

La escasez de material grabado en video de esta formación —más allá de esporádicas apariciones televisivas neerlandesas— no hace sino acrecentar el mito. El material gráfico funciona aquí como un velo: no busca explicar la música, sino preservar el enigma de una banda que operaba en las sombras de los clubes subterráneos.


El legado de una mutación fonográfica


El impacto a largo plazo de Group 1850 Live radica en su condición de eslabón perdido entre la psicodelia primigenia y el space rock germinal. La agrupación demostró que el formato de Jam Band no tenía por qué limitarse a la complacencia melódica del blues-rock americano al estilo de Grateful Dead. Group 1850 tiñó la improvisación libre de una densidad europea en su melancolía y urbana en su violencia. Su influencia resuena en las corrientes contemporáneas del space-rock moderno, el stoner hipnótico y las bandas de neo-psicodelia que buscan el trance a través de la repetición y el uso del fuzz analógico como terapia de choque.


Dictamen Crítico: El veredicto de la historia


Calificación: •Excelente

Justificación: Si bien el estatus de •Esencial suele reservarse para obras de estudio que reconfiguraron las listas globales, Group 1850 Live se consolida firmemente en la categoría de •Excelente debido a su incalculable valor histórico y estético. Es un disco que captura la pureza de una era justo antes de su domesticación comercial. Su sonido crudo, lejos de ser un defecto, constituye una lección imperecedera de cómo el rock puede ser un vehículo de exploración formal sin perder un ápice de su urgencia visceral. Es un álbum obligatorio para todo aquel que desee comprender que la psicodelia no fue una moda decorativa, sino una revolución de la conciencia y del sonido.


Conclusión


Group 1850 Live permanece como un monolito inclinado en el paisaje del rock europeo. Al escuchar estas cintas, desenterradas de la vibrante Haya de 1969 para ser arrojadas al mercado saturado de 1975, asistimos a un acto de pura nigromancia sónica. Peter Sjardin y su banda no buscaban la posteridad; buscaban incendiar el presente. Al final, consiguieron ambas cosas: legar al futuro el testimonio de una noche en la que el rock psicodélico continental abandonó la lisergia de ensueño para abrazar la electricidad más indómita y verdadera.

Group 1850 – Group 1850 Live (1975)


•Países_Bajos


•Space Rock

•Rock Psicodélico

•Acid Rock

•Jam Band

con matices de

•Krautrock


•Excelente


Músicos


•Peter Sjardin: organiser, voz, efectos sonoros

•Dave Duba: guitarra, voz

•Dolf Geldof: bajo

•Paul van Wageningen: batería


Si quieres escucharlo, toca el enlace : https://t.me/progresivoycosas/1065

Cinco poemas de Bolívar Pérez

Título: Paisaje de Ceuta I (2023)

Autor: Jorge Bulhosa 


***


Mírate


No quiero ser un pedazo de mujer


un trozo incompleto de mi esencia viva


una bocanada parcial


un animal domesticado por la vergüenza


un río fuera de su cauce


Verte cortada a la mitad por el miedo


me pone la carne de gallina


Quiero ver crecer mujeres enteras


Fui engañada


Yo ya no encuentro grandeza en ser dócil


en el fragmento limpio;


me da pena y tristeza por mis propias


raíces mutiladas


¡Qué desastre!


Qué desastre sacarse tajos de piel


de deseo, de patetismo humano


de rotura sensible


Esto es mío


 esta es la que soy


Ya no admiro a quien retiene el llanto


ni a quien la prudencia le sacrifica


sus lugares sagrados,


ya no admiro el pudor ni la obediencia


ya no admiro mi pudor ni mi obediencia


Enséñame a liberarme


Mírate,


mira en quien te has convertido


has degollado al Dios de tus padres


rara, demasiado rara, inadecuada, irreverente, desvergonzada, indócil, desadaptada, indomable, ¡enséñame a liberarme!


Busca tu clan, hechicera


refúgiate en quienes también


transgredieron la larga noche


nuestros pasos, nuestra fuerza


ninguna se queda atrás


Crisálida rota, enséñame a liberarme


Amanece y


tu ternura me salva


Tu ternura me salva


Tu ternura me salva


***


Código piel


Somos


Interdependencia


Somos


Me sostengo quieta


respiro, trémula, en equilibrio frágil


aguantando la respiración, a la espera, me sostengo


con las uñas y los dientes,


apenas


Me sostengo


Me sostienes


criatura de símbolos


animal deseante


alma hambrienta


encrucijada viva


oxímoron


llama mortal


manojo de máscaras


¡Tú! Grieta


Me sostienes


¡Tú! Jardín


Me sostienes


en código piel


Extiendo mi mano y tu mano acude


Soy mi mano


Es decir, me extiendo y tú acudes


Lectura en lenguaje cifrado


rastreo, rastro, reptil, reptar, reptar hasta ti


retar, retarte a un próximo giro


¡Mirada arriba, mirada arriba!


Unifica el mensaje, júntate, intégrate


mírame con todos tus ojos


Código piel


peso temperatura


intención empuje


intención arrastre


rastreo, rastro, reptil,


reptiles, reptar, reptarte,


retar, retarte a un próximo abrazo


Sí, no, sino, sí pero no


que al final es sí


               me duele


                              me dueles


todo vínculo es palimpsesto de voces


Sí, no, sí, sí, sí. No. Sí.


Inventa una ruta


abre la compuerta


 extiende tu mano y viértete, mantarraya


                              Esta vez dejaré que emerjan


                                       nuevas contundencias


***


Tocar 


 

Me atraen las cosas por su forma


no por su nombre


creo llegar tarde a todo


tanteo con las manos, a ciegas


Solo me convencen las texturas


las temperaturas


el peso de las cosas


las palabras no me guían


las escucho y sigo de largo


He tenido que tocarlo todo con las manos


hundir las yemas en la mojada y fría viscosidad del barro


en la tibia viscosidad de la boca del animal


Entiendo el mundo con los dedos


sigo los rastros con la lengua y el olfato


Las pistas han de tener relieve


Es una vía complicada la del tacto


la del rastro químico


Requiero el contacto directo con la metáfora


ser atravesada por la idea


que se me enrede en los pies el deseo


No me sirve la distancia


salvarme tras la puerta


La aurora distante, espacial, sin temperatura posible


no me sirve


Las cosas tienen sentido


si dejan cenizas, chispas, humo


Cualquier residuo para recordar o anhelar


Átomo, partícula, molécula, sólido


 ***


Comunión con el misterio 


Parir lenguas entre mis huesos


nombrando


que mis venas púrpuras y verdes


enciendan sus diminutos y mojados ojos


Comunión con el misterio


brujería


abrir portales en mi ombligo


y en cada cosa que ingiero


Parecemos extinguirnos a pulso propio


y también eso es movimiento orgánico


-yo también soy la naturaleza-


El aliento salvaje se abrió camino


entre mis mucosas y mis entrañas


como una ráfaga de viento atraviesa las ramas de un apamate


Comunión con el misterio


brujería:


Encielarme, encielarme, encielarme


hasta verme a mí misma transmodificada


metamorfloreada


geomórfica


impertinentemente celeste


Digo palabras para no emitir quejidos,


mugidos, maullidos, seseos


las digo para decir otras cosas


pero ellas son también la naturaleza


Sueño palabras que han atravesado las lenguas de mis ancestros


que han vibrado en sus casas transitorias


Me fue dado el barro esencial


y tantas vasijas hechas,


para romper


La libertad está llena de destrucción


-soy la naturaleza-


Tengo candela indómita detrás de los ojos


un llamado anterior a la palabra no me deja dormir


me distrae de maya, la ilusión inercia


No me molestaría volver a nacer


en gotas de agua o alimento para insectos,


en aminoácidos


carbono


soy la naturaleza


***


Rota pero junta


Una voz que se funde en la multitud


una voz que se extingue


una voz que se entremezcla y desaparece;


una voz opacada, suspendida, pausada


acallada


acallada


Una voz de miedo heredado, enredado


una voz rota de miedo


Una voz rota de miedo


se observa a sí misma


y pliega sus extremos hacia adentro


palpita, muta, aguarda


Rota pero junta


como toda cosa viva que habita bajo el sol


palpita, muta, aguarda


Trayectoria ascendente


acertijo incompleto de mi madre, mi abuela,


mis otras antes de mí


mis otras


construir mi camino con sus pasos,


despejar incógnitas


dar luz al punto ciego


darme a luz


vencer falsas urgencias para hallarme


Ya me conformé con resquicios


ya me plegué a la voz de otros


ya confundí mi libertad con su deseo


ya quise ser buena, adecuada, querible,


suave, deseable, conveniente, dócil,


ya quise ser salvada


Rota pero junta 


ro-ta-pe-ro-jun-ta


pliego mis extremos hacia mi centro


No me voy a disculpar, señor


no, no me voy a acoplar


no lo voy a replantear


no me voy a censurar


no pienso pagar ninguna deuda con mi vida.


Esta voz mía no es negociable


                                       Libertad no negociable



***

Bolívar Pérez. Nacida en Maracay (1990), residenciada en Caracas, Venezuela. Psicóloga de profesión, escribe poesía desde la adolescencia como herramienta de autoexploración; la mayoría de sus escritos tienen origen en sus diarios. Del 2014 al 2017 condujo el colectivo de poesía La Ruta Poética, junto a otras poetas caraqueñas. Ha participado en múltiples recitales de poesía, tanto en espacios institucionales como no convencionales, así como en distintas ferias y festivales de lectura y poesía dentro y fuera de su país, incluyendo el 1° y 2° Encuentro Internacional de Mujeres Escritoras (2020 y 2022, respectivamente), el Encuentro Poético del Sur (2022), la 13° Feria del Libro de Caracas (2022), la Feria Internacional del Libro de Venezuela 2022, la 18a FILVEN Portuguesa – Capítulo Guanare (2023), el 16° y 17° Festival Mundial de Poesía de Venezuela (2022, 2023) y el Festival Internacional de Poesía “Jauría de Palabras” en Bolivia (2023). Actualmente forma parte de la agrupación Los 4 Grados del Fuego. Explora el performance, la danza, la improvisación y su relación con la palabra. Varios de sus poemas han sido publicados en revistas venezolanas de formato digital como Chivos sin Mecate, Épale y Mentekupa y en el 2020 fue publicado su poemario Contra-natura, nada por Fundarte, también en formato digital.

Libros, pan y café (III) | Ysbel Mejías


Tokio Blues, de Haruki Murakami — El café, la música y los libros como refugio


No necesitamos el pan entero para vivir, pero sí necesitamos el libro entero para soñar. 

(ysbelmejias) 


Hay novelas que surgen como experimentos literarios, o como simples ejercicios de escrituras; este es el caso de este libro de Murakami, Tokio Blues (Norwegian Wood) que llegó a mis ojos lectores a través de la navegación que hago ubicando textos donde el café y el pan sean parte importante dentro de los argumentos que el escritor desarrolle, para continuar alimentando este espacio que comparto contigo. Esta obra posee además sonoridad, pues, la música se desenvuelve como un personaje más dentro de su trama y por supuesto cada página leída tiene ese olor de las cafeterías, de los sitios de espera: aeropuertos, comedores universitarios, restaurantes, bares, salas de hospitales. La primera página de esta novela desde mi perspectiva lectora nació, sobre una taza humeante. Y eso, para una columna que se llama Libros, pan y café, es casi una declaración de principios.


Una canción que detiene el tiempo


Toru Watanabe tiene treinta y siete años cuando aterriza en Hamburgo. Mientras el avión desciende, por los altavoces suena Norwegian Wood, de The Beatles, una pieza que está marcada por innovaciones musicales como la incorporación de la Sitara, una idea de George Harrison y la letra escrita por Lennon nos lleva a descubrir una historia amorosa escondida a través de esta composición. Esa melodía detiene el tiempo en su mente y lo devuelve dieciocho años atrás, en el Tokio de finales de los sesenta. Allí están Naoko, la novia de su mejor amigo, marcada por una pérdida que no logra superar; Midori, vital, irreverente, llena de ganas de vivir; y la pregunta que atraviesa toda la novela: ¿cómo se sigue adelante cuando el dolor parece más real que la vida misma?

De allí en adelante, se inicia una lectura sobre los duelos, amores que no llegan a ser y amistades que se deshacen. Pero también me encontré con esos pequeños rituales que nos sostienen: una taza de café, un trago, una cerveza, un disco que suena, un libro que se comenta en voz baja. En las primeras páginas de este libro se describe el espacio de la residencia universitaria en la que Watanabe estaría durante un largo tiempo para conocer y compartir con otros personajes:

En los estantes de la mayoría de habitaciones se alineaban transistores, secadores del pelo, cafeteras y hervidores eléctricos, café instantáneo, bolsitas de té, terrones de azúcar, ollas y vajilla sencilla para preparar raamen instantáneo.

Estas descripciones permiten llegar hasta ese edificio de habitaciones para estudiantes y pasearnos con Watanabe para conocer de cerca sus sensaciones como estudiante Teatro en la universidad de Tokio. Aunque su vocación no estaba totalmente clara. Todo esto ocurre mientras pasamos las páginas; escuchamos la canción Norwegian Wood.


El café como espacio de encuentro


En Tokio Blues, una cafetería no es un decorado: es el lugar donde los personajes conversan, se conocen y comparten silencios. Las conversaciones decisivas de Toru con Naoko, con Midori, con Reiko, ocurren casi siempre alrededor de una mesa. Así las cafeterías se convierten en territorios donde las emociones se dicen sin rodeos, se habla de la muerte sin que el mundo se derrumbe.

La novela se construye sobre lo cotidiano que funciona como anclajes emocionales para los personajes, por ello a lo largo de la lectura aparece el compartir una taza de café, comida y cerveza son elementos que forman parte del universo cotidiano dentro y fuera del libro, son esas anclas que permiten continuar viviendo. En este pequeño fragmento lo puedes apreciar:

Entramos en una soba -ya cerca de la estación y tomamos un bol de soba. Como tenía sed, bebí cerveza, yo solo. Encargamos los fideos y comimos en silencio. Yo estaba agotado por la caminata, y ella, con sus manos descansando sobre la mesa, parecía estar de nuevo absorta en sus cavilaciones. Las noticias de la televisión anunciaban que aquel domingo los lugares de ocio habían tenido una ocupación plena. «Y nosotros hemos ido a pie desde Yotsuya hasta Komagome», me dije. —Estás en forma —bromeé cuando terminé mis fideos.

La vida transcurre para Watanabe y Naoko entre el desarrollo de una caminata y la llegada a un lugar de comida para compartir el silencio.


La música como detonante de la memoria


Norwegian Wood es la canción que funciona como un leitmotiv que se propaga a lo largo de toda la novela. Esa melodía en los altavoces del avión es el disparador que hace retroceder la memoria de Watanabe. Esta canción conecta a Watanabe con su juventud y lo que significa convertirse en adulto; Murakami narra a través de experimento realista: el dolor de hacerse adulto.

Pero la novela está atravesada por muchas otras músicas: los Rolling Stones, Bill Evans, Burt Bacharach. La música define la experiencia juvenil de Toru y dibuja la nostalgia también, como un territorio. En Tokio Blues, escuchar una canción es recordar; recordar es volver a perder lo que ya se perdió. Aquí les dejo algunos trozos de este hermoso libro y lo que va definiendo en el texto: 

El trabajo: 

Una chica con los labios pintados de color rosa, que la miraras por donde la miraras no aparentaba más de trece años, entró en la tienda y me pidió que le pusiera Jumping Jack Flash, de los Rolling Stones. Empezó a bailar meneando las caderas y marcando el ritmo con los chasquidos de los dedos. Luego me pidió un cigarrillo. Le di un Lark del paquete del encargado. Fumó con deleite y, cuando se acabó el disco, salió de la tienda sin darme siquiera las gracias.

Vivir solo: 

Aunque no era una buena guitarra, fui capaz de afinarla. Pensándolo bien, no había tenido ninguna desde mi época del instituto. Me senté en el porche y fui punteando despacio, de memoria, Up on the Roof de The Drifters, que había aprendido tiempo atrás. Me asombró que aún recordara la mayoría de acordes.

La muerte: 

Primero hizo una interpretación serena y bellísima de Dear Heart, de Henry Mancini. —Este disco se lo regalaste tú, ¿no? —Sí. Hace dos años, por Navidad. A ella le encantaba esta melodía. —A mí también. Es tan dulce, tan hermosa... Y, tras rasguear deprisa algunos acordes de Dear Heart, tomó un sorbo de vino. —Veremos cuántas canciones puedo tocar antes de emborracharme. Un funeral así no está nada mal, ¿no te parece? No es triste. Reiko pasó, a los Beatles y tocó Norwegian Wood, Yesterday, Michelle, Something. Después cantó, acompañándose de la guitarra, Here Comes the Sun. Al final interpretó The Fool of the Hill. Puse siete cerillas en fila.

Cada capítulo tiene su propia lista de canciones que me permitió adentrarme en esos territorios que la memoria, el tiempo, la cotidianidad y los choques dolorosos como la muerte en ese transcurrir de hacernos grandes (adultos) que nos va dejando la vida. Así, este libro puede funcionar como un compilado de experiencias juveniles hacia la adultez.


Los libros dentro del libro


Otro elemento interesante y valioso en esta obra es que Murakami rinde un tributo explícito a sus influencias literarias. En la novela se citan obras como El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald; La montaña mágica, de Thomas Mann; y Bajo las ruedas, de Hermann Hesse. También aparecen William Faulkner y El guardián entre el centeno de J.D. Salinger.


Yo iba correctamente vestido, me había afeitado aquella misma tarde y, además, estaba absorto en la lectura de La montaña mágica, de Thomas Mann.


Cumplí veinte años, el otoño dio paso al invierno, pero mi vida no experimentó cambio alguno. Asistía sin interés a las clases, trabajaba tres veces por semana, de cuando en cuando releía El gran Gatsby, y los domingos hacía la colada y escribía largas cartas a Naoko.


Estaba tomando la cerveza cuando de pronto recordé que me hallaba en una librería. Bajé a la tienda, encendí la luz y rebusqué en la estantería de los libros de bolsillo. No me apetecía ningún libro en especial, pues había leído la mayoría de ellos. Al final, me decidí por un descolorido ejemplar de Bajo las ruedas de Hermann Hesse, que aparentemente llevaba mucho tiempo en la tienda, y dejé el importe al lado de la caja registradora.


Para esta columna los elementos que se conjugan en Tokio Blues; el café, la música y los libros conviviendo en la misma mesa. Son referentes de importancia, pues, los personajes no solo toman café: mientras lo hacen, hablan de literatura. La novela se construye como un homenaje a la lectura como una forma de habitar el mundo, de nombrar lo que duele y de encontrar compañía en la voz de otros.


El pan cotidiano


La comida es también un anclaje emocional y cotidiano dentro de esta novela porque es una de las formas que presenta el autor para sostener el cuerpo cuando las emociones nos hacen más frágiles, y es lo que se puede observar en este párrafo significativo:

El menú consistía en estofado de patatas con fideos, ensalada, zumo de naranja y pan. Las verduras eran tan deliciosas como las había descrito Naoko en su carta. Comí todo lo que había en el plato sin dejar ni una miga. —Comes a gusto, ¿eh? —comentó admirada. —Está todo delicioso. No había probado bocado en todo el día. —Si quieres puedes terminar mi plato. Estoy llena. —Claro —dije. 

Es el lapso de tiempo en el que Watanabe comparte con Reiko y Naoko en el comedor de un centro de salud donde esa chica que el amaba transitaba por un momento tambaleante de su vida. Y este decide acompañarla durante el proceso. 

Tokio Blues encaja en Libros, pan y café porque muestra, con una claridad conmovedora, que cuando la vida duele las personas se pueden refugiar en una taza de café, en una canción y en un libro. 

El café es el medio pan que permite la conversación; la música y la literatura son el libro que alimenta el espíritu. Es exactamente el gesto que reivindicaba Lorca: no pedir un pan entero, sino medio pan y un libro para que el alma no muera.

Los invito a prepararse un café, poner Norwegian Wood de fondo y sentarse a leer esta novela. Quizás, como Watanabe, descubran que una melodía puede devolvernos a un tiempo que creíamos perdido. Y que, en medio de la pérdida, siempre queda una mesa donde compartir el pan y la palabra.