domingo, 13 de septiembre de 2026

Máximas para agarrar mínimo (VI) | Luis Valero


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No existe nada fuera de la realidad.


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Los secretos viven por dentro, pero matan por fuera.


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La supervivencia es parte del día a día.


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Lo suficiente es necesario, lo demás algo probable.


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La verdad es complicada.


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Somos prisioneros del miedo.


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La privacidad es un lujo caro y peligroso.


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Delante del fracaso, camina el orgullo.


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Los jurados son la mano derecha del mejor abogado.


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Si no existieran abogados, la justicia siempre vencería.


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La muerte enseña humildad al enfermo.


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El pasado y el presente, están conectados por el corazón de la mente.


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La ambición nos convierte en salvajes.



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No se debe pensar en lo perdido, sino en lo conseguido.



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La ceguera del momento no deja ver hacia el futuro.


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Los milagros tienen manos invisibles.

Piel, papel y afectos (II) | Aranjuez Guevara

 

Vivir sin dar explicaciones


Aquí estoy yo, a mis 35 años, sintiendo que por fin vuelvo a vivir. Por primera vez me siento libre, disfrutando lo que hago día a día. Intento que cada jornada sea una pequeña aventura, porque al mirar atrás me doy cuenta de algo: aunque he hecho muchísimas cosas en la vida, siento que al final no las disfruté, no las viví como debía. Era inmadura, tan ilusa que solo quería vivir de prisa, y en esa carrera me salté las etapas más importantes.

Hoy la historia es otra. Hoy me disfruto mi trabajo y, en la medida que puedo, me disfruto a mis hijos. Quiero recorrer caminos, detenerme a mirar y disfrutar cada paisaje sin apuros.

Ya no me importa lo que digan los demás ni ando pidiendo consejos. Me di cuenta de algo muy claro: al final de todo, uno siempre está solo con uno mismo, y hay que aprender a disfrutar de la propia compañía.

Hoy decido vivir a mi ritmo, valorar lo que tengo al frente y, sobre todo, seguir adelante sin tener que darle explicaciones a nadie.

Tres poemas de Wilson Camero

El poeta Wilson Camero posa junto a un mural realizado por el artista plástico Edito López 


Wilson Camero, cuyo nombre completo era Wilson José Camero Rondón, nació en Valle de la Pascua, estado Guárico, el uno de abril de 1954. Murió en Maracay, su tierra adoptiva, el 28 de julio de 2015. Fue poeta, artesano, librero y amante del ajedrez. Cursó la carrera de Biología (estudios que no culminó) en la Universidad de los Andes, en Mérida, donde su Escuela ganó el Primer premio en un campeonato de ajedrez, derrotando a las favoritas escuelas de Matemáticas y de Física, en gran medida gracias al talento ajedrecístico de Camero. Su obra poética se halla dispersa en cuadernos, hojas sueltas y en revistas como La Honda y el pájaro.


 Leonardo Maicán


***


Anécdota 


Esto va como una anécdota 

A mi derecha mano una familia,

madre e hija.

La hija impávida no responde mi sonrisa,

parece una momia.

La madre apenas simula la vergüenza,

su ser cuasifantasma

la aleja de mi armonía.

De una vez rompí mi mirada.


***


No me sale nada 


No me sale nada.

Quiero escribir algo magistral.

Algo de altura jamás dicho.

Sencillo y bello además guerrero.

Algo acerca de los bosques,

de los infantes,

de mis floridos días.

Quiero una presencia agradable ella.

Que no diga frases hechas,

que su contradicción no sea evidente,

tan burda,

o sea, una expresión poética,

un diamante en bruto.

Si es de pulirlo que yo pueda

o que él pula mejor mi torpeza,

las nubes, la risa.


***


Tu miseria evidente



Tu miseria evidente, lector.

Yo sé de antemano 

algo de tu derrota.

Qué soy yo, me confundo,

no doy en la diana.

Siempre parece que desvarío.

Cada vez me alejo de ustedes.

Soy cada vez más distante.

Horrible podría decirse,

lo que no quiero decir 

lo inhóspito, lo irresoluto,

mi más pleclaro deseo

es ser absurdo,

hasta infame, todo lo peor.

Se me aviene desde un trance.

Ya ustedes saben, todos,

no los quiero.

Muy bien,

me parecen muy falsos,

muchos prejuicios.

Esa niña tiene mi anhelo,

mi desfigurada perspectiva.

A mí a última hora 

no me importa 

un coño de la madre.

Soy un engendro,

tinieblas.

Una sola cosa les digo,

no se fíen de mí.

Rock progresivo (y esas cosas)... XIII



-Roberto Santana- 


El estruendo siderúrgico de Mannheim: Proto-Metal, disidencia rítmica y la elegía de las sombras en Mournin’ (1972)


En el palimpsesto del rock europeo de principios de los años setenta, donde las fronteras entre la psicodelia crepuscular, el sinfonismo naciente y el ruidismo visceral aún no se habían solidificado, la banda alemana Night Sun emerge no como un mero pie de página histórico, sino como una anomalía de fulgor sordo. Su único testamento discográfico, Mournin' (1972), constituye un artefacto de disidencia sónica absoluta. Mientras el canon anglosajón canonizaba las estructuras del blues pesado y el Krautrock germano se replegaba en el cosmos sintético de Düsseldorf, Berlín o Múnich, este cuarteto de Mannheim esculpía un monumento de pesadumbre metalúrgica y velocidad proto-punk. Abordar hoy la herencia de Night Sun exige despojarse del coleccionismo arqueológico y asumir una perspectiva musicológica que entienda el sonido como una extensión de las tensiones materiales de su época. Mournin' no es un disco amable; es una partitura de colisión, un lamento electrificado que late con la urgencia de los metales fundidos y el desencanto existencial de una juventud que contemplaba el colapso de las utopías hippies desde la periferia industrial.


Mannheim 1970-1975: La estructura del humo y la génesis del estruendo


Para comprender la violencia de *Night Sun* es imperativo cartografiar el suelo que pisaban: el primer quinquenio de los setenta en Mannheim. Históricamente un nodo de confluencia fluvial e industrial a orillas del Rin y el Neckar, la ciudad se erigía en ese período como un laboratorio de contradicciones socioeconómicas. El llamado Wirtschaftswunder o milagro económico alemán comenzaba a mostrar signos de fatiga y la crisis del petróleo de 1973 pronto proyectaría su sombra inflacionaria sobre las fábricas metalúrgicas y químicas de la región. Políticamente, el panorama germano bullía bajo la polarización de la Guerra Fría y la irrupción del terrorismo de la Fracción del Ejército Rojo; Mannheim, con una altísima densidad de base obrera y una presencia masiva de guarniciones militares estadounidenses, se transformó en un caldero cultural donde el descontento proletario se cruzaba con el contrabando de discos de rhythm and blues y el desencanto existencial. En esta atmósfera de chimeneas y hormigón, la música florecía como una respuesta urbana. La fundación de Night Sun, gestada por músicos procedentes de agrupaciones como Take Five, responde directamente a estas condiciones objetivas. El asfalto húmedo y el rugido de la maquinaria pesada se filtraron en los locales de ensayo. El tejido social de Mannheim exigía un arte que reflejara el peso de la gravedad terrestre, lejos del misticismo pastoral de los bosques alemanes que inspiraba a otras corrientes contemporáneas. Night Sun nació de esa contradicción, consolidándose como una banda de técnicos y visionarios capaces de traducir la herencia de la música académica alemana y la furia del proletariado en un lenguaje de voltajes letales. 


Acústica comparada: El contrapunto sónico en la escena del Neckar


El estilo de Night Sun se define por una audaz paradoja que entrelaza la coexistencia de una sección rítmica de una ferocidad casi bélica con pasajes de un virtuosismo barroco y sincopado. Mientras que el panorama musical de Mannheim y sus áreas limítrofes ofrecía propuestas diversas, el cuarteto marcaba una distancia sideral con sus vecinos. Kin Ping Meh, acaso la banda más célebre de la ciudad en aquellos años, orientaba su brújula hacia un rock progresivo de tintes melódicos y texturas espaciales, con composiciones estructuradas para el consumo radial y la complacencia estética. Por otra parte, agrupaciones como Tritonus se decantaban por el sinfonismo de teclados emparentado con Emerson, Lake & Palmer, buscando la sofisticación a través de la emulación clásica. Night Sun, en contraste, practicaba una deconstrucción del hard rock. El uso del órgano Hammond por parte de Knut Rossler no buscaba la ornamentación catedralicia del prog, sino que operaba como una guitarra rítmica, saturada de distorisión, que se entrelazaba con los riffs cortantes de Walter Kirchgässner. Si Kin Ping Meh pintaba paisajes líricos del Rin, Night Sun diseccionaba el subsuelo de la urbe. Su sonido era más veloz, más denso y notablemente más complejo en sus subdivisiones métricas que el de cualquier otra agrupación contemporánea de la escena de Baden-Wurtemberg, adelantándose por años a la dureza rítmica del heavy metal continental.


Mournin’ o la topografía del desaliento: Descripción de una unidad trágica


Al adentrarse en la escucha de Mournin', el melómano se enfrenta a un bloque monolítico, una obra de desesperación y furia que funciona como unidad conceptual indivisible. Desde los primeros compases, el álbum se despliega como una exposición de la pesadez y la agresividad. La cohesión estructural del disco radica en el diálogo constante entre la aceleración neurótica y los tempos mastodónticos que en ocasiones rozan el doom metal. Existe un hilo conductor invisible, un leitmotiv de tensión no resuelta que unifica la obra, manifestado en la permanente sensación de atrapamiento urbano y el colapso del idealismo. Musicológicamente, el álbum destaca por su negativa a conceder descanso. Las transiciones entre la velocidad desbocada y los patrones sincopados se ejecutan con una precisión que delata su formación técnica rigurosa. El tratamiento armónico elude las progresiones convencionales del blues para adentrarse en la tonalidad menor y en el uso de intervalos de quinta disminuida, el clásico diabolus in musica, lo que confiere a toda la producción un aura de amenaza latente. El álbum se comporta como una marea de lodo y electricidad, un viaje descendente hacia la noche total que justifica plenamente su título elegíaco. Mournin' es la crónica sonora de un duelo, el luto por una sociedad que se descompone bajo el peso de su propio progreso industrial.


La alquimia del ruido: Conrad Plank y la estética de la saturación


La fisonomía acústica de Mournin' es inseparable de la figura de su productor, el legendario Conrad "Conny" Plank. Conocido por esculpir las identidades sonoras de Kraftwerk, Neu! y Guru Guru, Plank abordó a Night Sun desde una perspectiva radicalmente distinta a la de sus experimentos con el Krautrock electrónico. En los estudios de Hamburgo, Plank optó por una estética de la saturación y la inmediatez física. La mezcla sitúa la sección rítmica, constituida por el bajo distorsionado de Bruno Schaab y la batería polirrítmica de Ulrich Staudt, en un primer plano absoluto, edificando un muro de frecuencias graves que golpea el pecho del auditor sin mediaciones espaciales. El trabajo sobre la voz de Schaab merece un capítulo aparte en la historia de la producción musical, ya que Plank no buscó limpiar la estridencia natural del vocalista, sino que la arropó con una reverberación corta y metálica, transformando el canto en un grito atrapado en un espacio subterráneo y oscuro que refleja la asfixia urbana del álbum. Las guitarras de Kirchgässner, registradas con un ataque seco y escasas concesiones al sostenimiento de la nota, cortan la mezcla como cuchillas. Plank logró capturar la energía del directo pero controlando las dinámicas con tal maestría que el ruido nunca deviene en caos amorfo; es una violencia contenida, un maximalismo sónico donde cada golpe de platillo y cada distorisión del Hammond poseen un peso específico y una nitidez asombrosa para los estándares tecnológicos de 1972.


Constelaciones de la pesadez: Mournin’ frente al espejo internacional


Para medir con precisión el calibre de Mournin', es necesario situarlo en el tablero del hard rock periférico de su año de gracia y confrontarlo con obras capitales de la disidencia sónica mundial de aquella temporada. Si se analiza el panorama escandinavo con el álbum 6:e November de la banda sueca November, se observa que compartían la atmósfera invernal, densa y un uso dramático de las dinámicas rítmicas; sin embargo, los suecos se mostraban más melódicos y reposados al priorizar la calidez del blues folk en su propio idioma, lejos de la velocidad germana. Al mirar hacia el sur, el álbum Frontiera de los italianos Procession coincidía con Night Sun en el uso de un Hammond abrasivo y en el sentimiento de asfixia social, pero la agrupación mediterránea recurría a la lírica política italiana y a los cambios de tempo pastorales propios de su escuela progresiva. Una afinidad más cruda se encuentra al cruzar el océano con el disco Volcanic Rock de los australianos Buffalo, quienes compartían el ataque brutal del bajo y una afinación grave que anticipaba el sonido metálico contemporáneo; no obstante, Buffalo apostaba por el minimalismo del acorde repetitivo y machacón de las tabernas obreras, mientras que Night Sun edificaba una estructura infinitamente más compleja y veloz. Finalmente, al contrastarlo con el contexto británico a través de Skeleton in Armour de Fusion Orchestra, surgen puntos de encuentro en la destreza técnica de la ejecución y la agresividad de ciertos pasajes de guitarra, pero Fusion Orchestra buscaba una teatralidad y un eclecticismo jazzístico que contrastaba con el carácter monolítico, monocromático y severo de la propuesta de Mannheim. Esta constelación demuestra que, mientras el resto del mundo buscaba expandir el hard rock hacia la sofisticación sinfónica o la tradición del blues, Night Sun ejecutaba una síntesis única de velocidad europea y hostilidad urbana sin parangón. 


La iconografía del colapso: El apoyo visual como manifiesto


La experiencia estética de Mournin' no se agota en los surcos del vinilo; se complementa de forma magistral con su presentación visual. La portada del álbum, editada por el sello Zebra, presenta una ilustración de un realismo grotesco y satírico que funciona como una reinterpretación macabra de las figuras de la burguesía o la autoridad decimonónica, atrapadas en un marco de decadencia física y moral. La presencia de colores ocres, grises y carmines apagados evoca de inmediato la pintura del expresionismo alemán de entreguerras, especialmente el trazo corrosivo de artistas como Otto Dix o George Grosz. Esta iconografía no es casual y opera como un espejo perfecto del contenido musical, dado que el luto implícito en el título del disco es, en el fondo, la muerte de las ilusiones de la civilización occidental. El arte de tapa dialoga íntimamente con las deformaciones armónicas que la banda ejecuta con sus instrumentos. Es un diseño que repele y fascina al mismo tiempo, advirtiendo al comprador de la época que el contenido interior no está diseñado para el entretenimiento burgués, sino para la demolición absoluta de las certezas estéticas.


El eco de la chatarra: Aporte, trascendencia y la semilla del metal moderno


La trascendencia de Mournin' se mide no por su éxito comercial, el cual fue prácticamente nulo en su momento y condenó al disco a las catacumbas del coleccionismo, sino por su carácter profético. El verdadero sustrato del hard rock mundial está innegablemente enterrado en el blues eléctrico de Chicago, el heavy psych de Blue Cheer y el acid rock de San Francisco, mientras que el histórico In Rock (1970) de Deep Purple decretó formalmente el distanciamiento del rock respecto al blues, acelerando los tempos mediante la escala menor armónica de influencia clásica. No cabe duda de que In Rock operó como el maestro invisible de Night Sun; sin embargo, lo que el cuarteto germano ejecutó fue una radicalización absoluta de los hallazgos de Deep Purple, despojándolos de todo rastro de hedonismo o complacencia. Mientras la agrupación anglosajona celebraba el virtuosismo y el espectáculo de raíces libres en extensas improvisaciones psicodélicas, Night Sun tomó esa misma estructura menor armónica y la sometió a la férrea disciplina de la fábrica metalúrgica de Mannheim. El olvido mediático que sufrió la banda tras su disolución prematura no hizo sino agigantar su mito en el circuito subterráneo. Músicos y productores de generaciones posteriores han acudido a Mournin' como a una fuente secreta de conocimiento sónico. Su trascendencia se localiza con precisión en la influencia diferida de los fanzines y el coleccionismo de culto; durante las décadas posteriores, cuando las bandas de doom metal europeo o el power metal continental buscaban una estética pesada que se desmarcara del canon norteamericano o del boogie inglés, desenterraron esta gema oculta del Kraut-heavy para validar que la pesadez europea poseía su propio lenguaje oscuro, seco y matemático.


Juicio crítico: La medida de un monolito sónico


Mournin' de Night Sun merece sin ambages la calificación de •Esencial. Si nos ceñimos a una definición canónica e institucional de la historia del rock —donde esta etiqueta se reserva en exclusiva para los discos que alteraron de inmediato las listas de éxitos, llenaron estadios o generaron escuelas masivas de imitadores al mes de su lanzamiento—, la obra tendría que retroceder un peldaño hacia la categoría de •Excelente. Sin embargo, sostengo firmemente la máxima calificación bajo una premisa crítica distinta: el impacto y la influencia no siempre viajan en línea recta a través de la superficie comercial, sino que a veces operan como una corriente subterránea, un mapa genético que altera el curso de la historia desde las profundidades del culto. La condición de ser el único lanzamiento de una banda de existencia efímera no diluye su esencia, sino que la condensa. El valor de Mournin’ radica en que funciona como un eslabón perdido de la evolución sónica. Su influencia no se mide en el número de copias vendidas en el Mannheim de 1972, sino en cómo aisló y descifró, de forma prematura, soluciones técnicas y estéticas que el heavy metal continental tardaría casi una década en estandarizar de manera masiva. La forma en que Walter Kirchgässner atacaba las cuerdas prescindiendo del balanceo del blues para abrazar la rigidez métrica alemana tiene el mismo ADN que luego definió el sonido de Accept o los cimientos del power metal y el thrash europeo. Asimismo, con Mournin’ ocurre un fenómeno musicológico de paralelismo evolutivo convergente: sin inventar la rueda, la banda aisló en su laboratorio una mutación genética exacta de lo que un año después Buffalo haría en Australia y tres años después Judas Priest en Inglaterra con Sad Wings of Destiny. Al igual que el álbum homónimo de The Velvet Underground y Nico o el debut de MC5, discos comercialmente invisibles en su tiempo que terminaron por sembrar el punk, Mournin’ es el combustible fósil que demuestra que la violencia métrica moderna podía existir lejos de las fronteras anglosajonas, erigiéndose como un documento arqueológico indispensable que justifica su carácter fundamental.


Conclusión


Al apagarse los últimos ecos de Mournin', queda en el ambiente la sensación de haber presenciado un cataclismo dirigido. Night Sun pasó por la historia de la música como un meteorito oscuro, dejando una única hendidura profunda antes de disolverse en el anonimato de la vida civil y en otros proyectos menores. Su legado permanece inmune al paso del tiempo porque no se construyó sobre modas pasajeras, sino sobre las verdades fundamentales del acero, el ruido y el descontento humano. En el gran museo del rock europeo, Mournin' no se limita a ser un lienzo colgado en las pared principal; es el pilar de hierro que sostiene el sótano del edificio, un recordatorio eterno de que la música más poderosa es aquella que se atreve a mirar de frente a la noche y a devolverle el rugido.

Night Sun – Mournin' (1972)


•Alemania


•Hard Rock

•Progressive Rock

con fuertes influencias de

•Heavy Psych

•Psychedelic Rock

•Blues Rock

y profecías de

•Heavy Metal

•Traditional Doom Metal


•Esencial




Si quieres escucharlo, toca el enlace:

https://t.me/corazonpesado/847

Acercamientos | Versiones de Manuel Cabesa

 


Traduzco no del idioma, traduzco desde el poeta. También admito que, con profundo respeto, es inevitable que el resultado en español, al fin y al cabo, sea un poema a cuatro manos, escrito por mí y por el traducido.


Sergio Pitol


***


El adiós 


Guillaume Apollinaire


He tomado esta brizna del brezal,

el otoño está muerto recuérdalo.


No nos veremos más sobre la tierra, 

olor del tiempo en la brizna del brezal.


Y acuérdate que yo te espero.


***


Los gatos


Charles Baudelaire

 

Los fervientes enamorados 

y los austeros sabios,

Llegados los años venerables, 

suelen amar 

a los gatos imponentes, 

señores de la casa,

que como ellos son también 

sedentarios y friolentos.

 

Amigos de las ciencias 

y lo sensual,

prefieren el silencio

y el horror tenebroso,

Érebo los tomaría 

por corceles fúnebres,

si tuviera el poder 

de domar su vanidad.

 

Con silueta pensativa 

toman una actitud 

de nobleza,

de gran esfinge aletargada 

en su soledad

sumidos en un sueño 

que no tiene fin.

 

Sus entrañas 

son engendradas 

por destellos mágicos,

y migas de oro y fina arena

irradian un místico fulgor 

en las profundas pupilas.

 

***


Monotonía

 

C. P. Cavafis


A un día monótono 

le sucede otro día 

igualmente monótono. 


Las mismas cosas 

nos ocurren una y otra vez, 

los mismos momentos 

van y vienen. 


Pasa un mes y llega otro mes,

resulta fácil imaginar lo que trae:

el mismo aburrimiento del anterior. 


Y mañana no dejará de ser mañana.


***


Temblores


Jacques Dupin


Las columnas de olores salvajes,

Se alzan hasta ti

Lengua rocosa revelada

Bajo la transparencia de un lago calcareo.


Fronda rival, lazos errantes

Una vida interior 

Impaciente como la ola

Avanza y crece en mi contra.


Y, gota a gota, inyecta su veneno

En las hojas de un libro ensombrecido

Para leerlo mejor a la luz de la llama. 


De estas rimas de palabras destruidas 

Entre la cobertura de la muerte indomable

Nace la planta vulnerable. 


Y el viento nudoso más allá.


***


Antes y después



Friedrich Hölderlin


En los días de mi juventud 

gozaba del amanecer

y lloraba durante el ocaso.


Ahora, durante mi vejez,

comienzo el día lleno de dudas,

aún así, el anochecer,

me resulta 

tranquilo y agradable.


***


"Desnuda..." 


 Ludovic Janvier


Desnuda te encuentras 

en la luz matinal 

que comienza

cuando la sombra, 

al ojo que busca,

le da de beber la frescura;

esta es la hora 

en que te veo clara, 

apareciendo en suspenso,

de pie, 

sobre el umbral del día,

clara en ti, 

toda sonrisa.


***


La mujer es el amor


Gerard de Nerval


La mujer es el amor, la gloria y la esperanza; 

guiando a los niños y dando consuelo al hombre. 


Ella eleva el corazón y calma el sufrimiento,

como un espíritu en la tierra, exiliado desde el cielo.


Curvado por el trabajo o por el destino, 

el hombre se alza ante su voz y su frente se aclara.


Siempre con impaciencia por lo corto de su trayecto,

siente que una sonrisa lo calma y su corazón queda aliviado.


En este siglo de hierro la gloria es incierta, 

hay que esperar largo tiempo con mucha resignación. 


Aún así, ¿quién no amaría bajo su gracia serena, 

la belleza que nos deja como regalo, 

o que hace posible poder ganarla?


***


Otoño


Rainer María Rilke

 

Caen las hojas,

como si descendieran 

desde muy alto,

como si, en los jardines del cielo, 

se estuvieran marchitando;

caen con gestos negados.


Y la tierra con su peso

también cae

desde las estrellas 

hacia su soledad


Todos caemos.

Mi mano cae.

Mira alrededor:

a todos nos pasa.


Y sin embargo, 

existe Uno 

que con infinita dulzura,

nos sostiene entre sus manos.


(2024-2026)

Versos habitados (II) | Emalida Viloria


 Del poemario Corazón libertario



Ahora


Siento ahora y en esta hora, que siempre te he amado.

Ayer y ahora mis pensamientos se van, vuelan...andan en busca de un ahora.

Por ahora es un enigma y mi ahora no lo sé; 

quiero y no, eres tú y no estás aquí.

El ahora no existe, es efímero, superfluo.

Ahora y por siempre están en ti, en mí.

Por ahora, te seguiré y te seguiremos esperando.


***


Esperanzas vivas


No solo de pan se vive, también de esperanzas y emociones,

logrando juntar el llanto con la risa, 

cruzando mundos sin andar a prisa.

Es un compendio de causas y efectos, 

mezclando oraciones con canciones.

Vivo manifiesto de no estar muerta, 

porque antes de morir, sé que en cada puerto

existe alguien con realidades y sueños que compartir.


***


Sangre autóctona


Llevo en mi sangre la mecha encendida de las luchas de mis ancestros.

Sangre andina laboriosa de mis abuelos; 

la musical y artística de mi madre y la política y mística de mi bardo padre.

Llevo sangre de aquellos que se han perdido en noches de añoranzas, tragos y 

bohemias 

y la de aquellos que ante fútiles blasfemias sin sentido… no se han detenido

Corre por mis venas sangre de los que luchando han sido perseguidos 

y de quienes con amor se han trasnochado cuidando a un ser querido.

Llevo sangre de corocoras revoloteando a orillas de lagunas 

y también de la del caído en combate por extensas llanuras.

Llevo la sangre de la que se levantó ante el colonizador 

y de la que cae rendida ante el arrullo de su pequeño crisol.

Sangre de heroínas y héroes, de indios y esclavos rebeldes

… en fin sangre criolla autóctona, venezolana… sangre de buena gente. 



                                                                   Emavilra

jueves, 10 de septiembre de 2026

Cazador de trenes | Alejandro Ramírez


A María José y a Victoria de Stefano 


Yo tenía seis años la primera vez que intenté descarrilar un tren. Colocaba piedras, las que mis manos podían contener, y pedazos de troncos viejos sobre los rieles. Y me iba a casa como si nada. Al día siguiente muy temprano volvía, para encontrar las piedras apartadas lejos, y los maderos despedazados como si efectivamente un tren le hubiera pasado por encima cuando dormía toda la gente. Era el año del Mayo francés, la matanza en la plaza Tlatelolco, la masacre de My Lay, y la primavera había sublevado a Praga. Yo en aquellos días desconocía los percances del mundo y me entretenía fabricando mi cometa. Le daba el nombre de zamura y la hacía de papel periódico y vara de caña, almidón diluido en agua era mi pegamento. Papel tenso: el papel del periódico. Medía el pabilo con la punta y los lados de la cometa para hacer el nudo que lo amarraba al rollo, la cola larga para evitar que diera tumbos y giros. Le colocaba hojillas en los bordes por pura precaución, contra las zamuras que intentaran pelear con la mía. Eso lo hacía sentado en la acera.

A pocos metros, donde se construiría la avenida Constitución sólo había un matorral, un terreno largo y baldío que cruzaba la ciudad. Yo vivía en la calle Sucre que le era perpendicular. Es la calle que aún está en mis ojos y en mis oídos, entre la imaginación y el recuerdo. También estaba la alegría sin misterio de mis primos, y un par de historias de mi abuela que no había llegado todavía pero cuya presencia se atisbaba más allá de los árboles de la Ciudad Jardín.

La calle era amplia y cenicienta. Pasó un hombre empujando su carro de helados de coco con piña. Calzaba zapatos deportivos muy baratos y gastados. Caminaba muy lentamente anunciando sin ganas su mercancía. Atrás un perro lo seguía, cojeaba pero se movía sin pausa. Me compadecí de su suerte, la pata que se veía muy enferma, alguien lo ha atropellado (supuse). El perro se ha detenido justo frente a mí, y me mira como si leyera mis pensamientos. Luego siguió en su marcha dócil tras el heladero. Un automóvil ha doblado en la esquina. Es un modelo antiguo o eso me parecía: blanco, destechado y muy sucio. El conductor se bajó y revisó algo en el motor, terminó y se subió y se alejó. Detrás del carro aparecieron mi amigo Andrés y su tía Ofelia junto a mi primo Pedro Lenin, y comenzaron a hacerme señas.

La calle Sucre en mis oídos y en mis ojos, como la canción de The Beatles que algunos años después me cautivaría. La calle Sucre fue mi Penny Lane particular. Pero con algo más por contar.

Como sucedió la tarde del cumpleaños. Una vela representaba sus sesenta años en la torta que adornaba la mesa. El patio se convirtió en una sala de fiesta. Y nos reunimos en torno a una fogata. Y la abuela emprendió una de sus historias, tantas veces anunciadas y repetidas (era excelente recomponiendo con los mismos sucesos otras historias). Mi tío Marcos con su grabadora la fijaba en la memoria. Ella habló: hoy cumplo sesenta. Y recuerdo una mañana muy temprano cuando nos despertaron los disparos que hacían las tropas de Cipriano Castro. El segundo alzamiento militar de la semana. Yo abrí la ventana para observar, porque era una niña muy curiosa. La calle la envolvía el humo y el olor de la pólvora, las descargas de los fusiles y la artillería ligera, los lamentos y la respiración de los soldados heridos. Mi madre al verme en peligro, corrió presurosa y me apartó y cerró la ventana. Pero me quedaba en la memoria y en mi risa, porque me daba risa la pregunta de la tropa que marchaba a pie, muchos iban descalzos, combatiendo por Cipriano Castro: ¿ya vamos a llegar al Capitolio?, los soldados preguntaban, cuando apenas estaban en el Táchira. Pensaban que el Capitolio de Caracas estaba a la vuelta de la esquina. Llegar al Capitolio y tomarlo representaba tomar el poder.

Y seguía contando historias hasta que los grillos se quedaban dormidos. Mi abuela era para mí mucho más que su famosa gelatina mágica de piña que preparaba en mis cumpleaños, aún más que el germen de trigo de Krestmer y la emulsión de Scott que me daba a tomar. Eran muchas cosas más que sus manos sobre mi frente cuando yo tenía fiebre, ya estaban nudosas y doblegadas por la edad, sus manos siempre cálidas hasta en la enfermedad. Aún no he visto manos más hermosas.

La casa tenía un gran patio y un árbol. El nombre de su especie no alcanzo a recordar. Servía de refugio a mi primo para escapar de los correazos de su padre. Y allí yo me ocultaba para saborear la lata de leche condensada que costaba tres monedas de doce céntimos y medio, ciertamente mucho dinero para querer compartirla.

Una tarde yo estaba con un libro que describía las partes de un tren. En eso pasó mi primo Pedro Lenin que huía muy asustado y quería subirse al árbol del patio y escapar de la furia de Pedro Felipe. Cuando llegaba algo bebido solía darle buenas zurras. 

Mi primo subió a su refugio de la rama más alta.

Allí aguardó hasta que su padre estuviera dormido. Mi tía Ligia salió de la casa al patio y no sabía que Pedro Lenin estaba en el árbol. Y comenzó a rezar para que la paz reinara en el hogar. Siempre lo hacía cada vez que Pedro Felipe llegaba bebido. Mi primo llevaba horas sobre el árbol, se había quitado la camisa, y en un descuido la dejó caer. La camisa vino a caer sobre el rostro de mi tía que en ese instante oraba con los ojos cerrados. En un primer momento había creído que era una manifestación de alguna divinidad celestial. Ella gritó asustada. Pero pronto descubrió la verdad. Mi tía era una mujer muy pacífica y de un carácter muy dulce, pero no pudo evitar ponerse furiosa. Esa noche mi primo pernoctó en el árbol. También recuerdo como aquella casa año a año se fue llenando de nombres rusos. Pedro Felipe tenía convicciones marxistas-leninistas y las expresaba en los nombres que colocaba a sus hijos.

Los días pasaban con lentitud, comprendía que necesitaba de un aliado y le confié a mi primo mi gran descubrimiento: por los rieles que ocultaba el matorral pasaba nada menos que el Gran Ferrocarril de Venezuela. Y le confié mi plan. Imagínate un gran tren para jugar, y propio, poder corretear por sus vagones. Tú tocarías el silbato, y yo haría de conductor. Invitaríamos sólo a nuestros mejores amigos. Sería muy fácil, como cazar un gran elefante de metal. Los dos podemos mover piedras de mayor tamaño y troncos más gruesos. Sorprendido por la posibilidad de un gran tren capturado, y por la vehemencia de mi convicción me acompañó en la aventura.

La calle Sucre me daría otro enorme descubrimiento. Era de un asfalto que resistía sin derretirse la inclemencia del sol de mediodía. Desde lejos parecía un río cuando arreciaba la lluvia y la luz eléctrica se interrumpía y dejaba en penumbras, o en la oscuridad total a todas las casas. En una noche con luna llena y un apagón me encontraba en la calle. Caminé un buen rato y de repente tuve la sensación de haberme perdido en la calle que tanto conocía. Sabía que era efecto de la oscuridad, y eso me encantó. Caminé un largo rato. Sin darme cuenta estuve de pronto frente a una casa con una ventana abierta. Muchas casas tenían las ventanas abiertas, pero esta parecía resplandecer.

La cercanía del misterio y el privilegio de ver la revelación hacían palpitar mis sienes. Porque ciertamente asistía al privilegio de una revelación. Y la ventana de aquella casa era el marco que resaltaba la figura de la tía de Andrés que había subido la blusa hasta descubrir dos senos hermosos que se balanceaban como dos resplandecientes melones en las manos que los sostenían. La imagen definitiva en mi recuerdo no asiste a esa desnudez total, súbita y gratuita, no. La imagen definitiva quiere atrapar el instante en que el resplandor de la luna llena y de las estrellas constelaron su cuerpo para nutrir mi imaginario (y tal vez mi deseo) desde la distancia que ocasiona el tiempo.

Por la calle pasaban camiones transportando caña de azúcar. Con frecuencia alguno de los muchachos le daba un buen jalón y del montón se desprendía un buen tallo. Nos gustaba el dulce de la caña, la compartimos bajo la sombra del almendrón junto a la cancha de basquetbol. Eran tiempos de juegos de beisbol con pelota de goma, y reglamentos que cambiaban día a día para determinar quién era out, o ponchado, o cuándo era jonrón.

Sentados a la mesa mi primo y yo oímos en la radio la noticia de un tren que se ha averiado o algo más grave aún. Nos miramos con complicidad. La abuela que nos había observado, muy despacito, primero a mi primo y luego a mí, y como adivinando nuestros pensamientos, sentenció: el mundo está cambiando.

Ahora media vida después, muy lejos, en los confines del mundo, entiendo que yo también soy un recuerdo.


Mayo de 1968


Tomado de El vendedor de vapor ©henderalejandroramirez (Caracas, Venezuela, 2017). Premio Nacional de Literatura Ramón Palomares, mención Crónica 

Libros, pan y café | Ysbel Mejías

Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. 

Federico García LorcaMedio pan y un libro



No necesitamos el pan entero para vivir, pero sí necesitamos el libro entero para soñar. 

(ysbelmejias) 


***

La geografía nuestra: Venezuela y Latinoamérica


En Venezuela, el pan y el café son más que desayuno: son territorio de la memoria. Así encontramos a Eugenio Montejo con el Taller Blanco, un libro de ensayo a través del cual nos muestra el oficio del panadero como un acto de fundación del mundo. Aquiles Nazoa inmortalizó a ese personaje urbano que recorría las calles de la ciudad con el poema "último pan de hornero" con esa ternura popular que solo él sabía hilvanar; para mantener en la memoria el sabor de esa merienda hecha a base de maíz cariaco, papelón y especias. Andrés Eloy Blanco, en su soneto de la rima pobre, convirtió el pan en metáfora de la entrega amorosa: "Me das tu pan en tu fogón cocido". También entre los narradores venezolanos encontramos a José Rafael Pocaterra, quien en sus Cuentos grotescos nos mostró, a través de Panchito Mandefuá, que el afán por un pan con café con leche es la búsqueda profunda de una vida más digna.

Sobre el café como eje articulador de historias podemos mencionar trabajos como el de Aristides Rojas: La primera taza de café en el valle de Caracas, en el que el autor transita entre la crónica histórica y el relato literario para contarnos acerca de esa primera taza de café que se tomó en 1876 en la Hacienda Blandín con gran algarabía. Teresa de la Parra en Ifigenia y Memorias de Mamá Blanca, propone el rito de tomar café para las conversas en las salas de las casas de la alta sociedad caraqueña; mientras que en las Memorias de Mamá Blanca la molienda y el trapiche son parte de la memoria de la Venezuela agroexportadora. Cruzando rutas latinoamericanas, aparece en este mapa César Vallejo poeta peruano quien en dos poemas La rueda del hambriento y El pan nuestro coloca la solidaridad social y el dolor ante la miseria humana convirtiendo el pan en un símbolo para el reclamo social, hagamos una parada en El Salvador donde encontramos al poeta Roque Dalton, quien en el poema Como tú afirma "la poesía es como el pan, de todos". La poesía entonces no es un lugar ajeno, lejano es un alimento que podemos compartir con todos. 


El pan y el café en otras latitudes


Continuamos el viaje a través del mapa con café y pan, para ir ubicando a estos alimentos como parte de la literatura, hagamos una parada en la Francia de Honore de Balzac (siglo XIX) quien era un apasionado del café y llegó a consumir más de 50 tazas diarias mientras escribía, consideraba al café como una potencia dinámica para encender sus neuronas; tanto que escribió un libro llamando Tratado de los estimulantes. En la misma época, Víctor Hugo a través de un mendrugo de pan robado, consigue el detonante de una de las novelas más conocidas de la literatura clásica: Los Miserables, en esta obra el pedazo de pan logra la redención de Jean Valjean.

En el clásico En busca del tiempo perdido el personaje narrador de esta obra desarrolla un viaje a través del sentido del gusto hacia su niñez; al consumir una magdalena (muffins o ponqué) que se una porción de biscocho suave y dulce mojada en té. De esta forma el autor Marcel Proust nos muestra cómo se mezclan la memoria y los alimentos para generar evocaciones y emociones a partir de una sensación física que transcurre en el momento de la degustación de esos sabores. Autores contemporáneos como Haruki Murakami ha llenado sus novelas de café y música el jazz, sobre todo. Resulta que regentó un lugar en Tokio que funcionaba como cafetería-jazz el famoso Peter Cat; esto le brinda a quienes leen sus novelas unos ritmos en su prosa acompañados por los sonidos del disco vinil o música en vivo junto al aroma del café a lo largo de novelas como Tokio Blues o Kafka en la orilla. 


Nuestro menú


En este espacio te presentaremos una carta para degustar y dialogar con autores que componen un gran mapa literario que iremos dibujando juntas y juntos porque estaré atenta incluso a tus sugerencias a través de los comentarios que dejes por acá. Para iniciar el viaje de olores y sabores a través de los libros te propongo: 

• Reseñas de libros venezolanos, latinoamericanos y de otras tradiciones donde el pan y el café sean protagonistas o susurren en el fondo de la escena.

• Un mapa literario que recorre geografías diversas conectando la palabra con el sabor del café y el aroma del pan. 

• Textos narrativos y poéticos —propios y ajenos— que celebren el rito de compartir el pan y la palabra.

En Libros, pan y café, las páginas siempre estarán abiertas y la mesa tendrá un lugar para quién desee leer, comer y compartir. Bienvenidos. La taza está caliente. El pan, recién horneado. Las páginas, esperando ser hojeadas.

Tres poemas de Leonardo Maicán

Título: Figura en el paisaje 

Autor: José Lugo 


***


1


Poética


El poema,

como Safo,

aunque suena masculino,

es mujer.


Y debe estar vestida

como para irse a la cama.


Ella misma,

el poema,

debe ser olor y deseo.



2


Lo placentero


 Colorear anémonas con los dedos

ya no me place.


Son flojas como el aire,

se elevan,

parecen flores.


Tampoco bisontes,

antílopes lanudos,

espiroquetas...


Oficio aburrido

como el copular.


Lo placentero sería estar

cuatro pies bajo tierra.


Guardado en tibio cajón

oloroso a pino.


Ser dueño

de una fresca tumba

sembrada de jazmines

y siemprevivas.


3


Madre


Me amaste en sueños

 Silvia Campos

 En tus sueños de infancia

 ya me amabas

entre risas y descalza

con tus dientes de leche

y tu pelo desgreñado

cuando jugabas

con tus muñecas de trapo

y me cargabas y besabas

 Yo aún no era

pero tú me imaginabas

En sueños yo era porque me nombrabas

Me amaste desde mucho antes

de que me parieras

aquella mañana de septiembre

Hoy ya no estás conmigo

Pero estás 

Y me sigues amando

Silvia niña

Silvia madre

Después de agosto nos seguimos leyendo / XII

Selección y nota: Manuel Cabesa


Decir que el lector completa con su lectura el significado de la obra es decir poco. Antes queneso, el lector hace que la obra exista.

Luis Goytisolo: "La parte del lector", 2001


Cesare Pavese es uno de los grandes mitos de la literatura universal: su vida atormentada, su novelesco suicidio se aúnan a una obra intensa escrita en el lapso de unos pocos años en donde quedan reflejadas sus angustias, la nostalgia de la juventud que se aleja, la añoranza de la tierra y sus costumbres... tal es el caso del cuento que hoy compartimos.



(mcabesa)


***


Viejo oficio


-Cesare Pavese-


En aquellos tiempos estaba ocupadísimo y vivía con los carreteros. La cabeza me resuena aún con las gruesas voces de mando y el chirrido de los frenos. Nuestro punto de reunión estaba en el patio, bajo el zaguán de cierta ventana que, las noches de partida, era un antro de faroles y de voces iracundas como latigazos. Criadas y mozos que nos daban la salida ansiaban vernos en camino, porque entonces podrían pararse en el umbral a respirar: el restallido de nuestras trallas era su liberación.

También para nosotros el latigazo largo, asestado fuera del zaguán al flanco de los caballos, era la señal de que comenzaban la conducción y la noche. Con las primeras sombras nos hacíamos compañía, si había estrellas, de dos en dos o de tres en tres por el arcén de la carretera, sin perder de vista al caballo de cabeza y las bifurcaciones, porque la caravana marcha como un tren y todo estriba en que esté bien encaminada. Después empezaban a rezagarse los más viejos y a montar en los distintos carros; nosotros, los jóvenes, siempre teníamos alguna conversación que terminar y un último pitillo que pedir.

Pero también al final saltábamos sobre los sacos y comenzaba el duermevela.

Cuántas noches pasé así acurrucado sobre los sacos, bamboleándose ante mis ojos el farol que en el sopor no distinguía ya si iba colgado del carro anterior o si acaso era el mío. Uno se sentía transportar, sentía todo el carro y el caballo moverse y estirarse debajo; ciertos tramos de la carretera los reconocía por los tumbos. Según que el carro pasase bajo una ladera, o entre un campo delante de un porche, de una tapia, o sobre un puente, el eco del estrépito de las ruedas variaba: era una voz que hacía más compañía que los cascabeles que los caballos agitaban meneando la cabeza. Era una voz que, apenas el frío del alba nos despertaba, volvía a dejarse oír incesante, mudada según el camino recorrido, y antes aún de que un vistazo al campo o a las casas nos dijese dónde estábamos nos sosegaba con su monotonía. Tumbado sobre los sacos, cada uno de nosotros escuchaba solo su carro pero adivinaba en los diversos chirridos que lo acompañaban la presencia de otros, y en ciertos momentos que en el campo todo callaba, uno alzaba la cabeza del saco y quedaba en suspenso hasta que veía un farol bambolearse a ras del suelo, o un tintineo y el estrépito de las otras ruedas sobre el polvo llegaba a tranquilizarlo.

Con tanto camino como hice en aquellos años, dormí casi siempre. Dormí de noche y dormí de día, bajo el sol, bajo la lluvia, aovillado o sentado. Los viejos conductores dicen que de joven se duerme muy a gusto en el carro porque uno es fuerte y sano y cede al sueño. A mí me gustaba viajar en caravana porque siempre había algún viejo que velaba y se ocupaba de la ruta. ¿Había algo más hermoso que despertar antes del día a la vista de un poblado sin tener tiempo ni para estirarse, y ya los carros se paraban y bajábamos a tomar un trago y comer un bocado? Mientras tanto estaba clareando, y en la posada parecían saberlo: abrían de par en par los postigos de madera y se asomaban las mujeres, desperezándose y llamando a los mozos. Según quienes fuéramos en la conducción, nos sentábamos todos a una gran mesa o se cargaba de ajo o de anchoas la hogaza y nos íbamos enseguida. Lo uno y lo otro tenían su gracia. Pero está claro que detenerse era mejor; tanto más cuanto que delante de la posada nos esperaban otros carros que ya habían mandado encender el fuego. Entonces se comía fuerte, sentados en torno a la mesa, echando cada cual su cuarto a espadas; se hacían paradas de media hora, íbamos y veníamos por el patio a dar el heno y a abrevar; las mozas de la posada venían al peldaño a contarnos cosas. Entonces sí que daba gusto haber dormido: entraban ganas de cantar (los otros cantan de noche, nosotros cantábamos por la mañana).

Los viejos dicen que todo gusta en aquellos años porque se es joven, pero yo, que he hecho bastantes oficios, estoy seguro de que nada es más hermoso que una conducción bien pagada. Las carreteras, las posadas, los caballos y el campo parecían colocados allí solo para nosotros. Aquel comer apenas rayaba el día, antes de que los demás estuvieran en pie, tras una noche de camino, era una gran cosa, y ahora que ya no llevo esa vida se necesita mucho más que el canto del gallo para que me levante con tanta ansia de comer, de andar y de charlar como tenía entonces. Es cierto que ahora peino canas, pero si el mundo fuera el de antaño y yo pudiera disponer de mí, sabría a qué carro montar y llegar despuntando el día a la posada, despertarlos a todos y hacer una parada. Si hay todavía posadas y paradas.

Pero ya deben de haber muerto incluso los caballos. Hace tiempo que no veo por los caminos los tiros reforzados de antaño. Ahora, por la noche, cuando tampoco yo cojo el sueño, puedo aguzar el oído cuanto quiera, y sin embargo nunca me ocurre oír rodar una conducción y aproximarse los caballos y gritar a un carretero. Ahora de noche se oyen pasar los automóviles, y las mercancías las expiden por tren: llegarán más pronto, pero ya no es un oficio. Acabará por crecer la hierba en los caminos, y las posadas cerrarán.


***


Autor: Cesare Pavese

Traductora: Esther Benítez

Estallido | Aimée Torres


1


Epopeya de amor 

en milagro histórico colectivo 

de una sinfonía que decae 

en el big bang pulverizado 

de átomos 

que ya no se expanden.


Solo declina al cierre del no-viaje 

en el túnel del amor 

hacia la Hiroshima colectiva 

de no amar por paro indefinido.


Ya es huelga 

que se encadena al desistir...


Ya no laburo 

en la empresa del Amor.


2


Y tan grande fue 

que todos los planetas 

y sucesos congeniaron 

en mi psicodelia 

para darte mi amor 

en existencia...


Mi alma se encuentra 

en la aridez de no besarte 

con la excusa de la templanza


Quiero amarte 

al estilo María y José 


Siempre al servicio 

de tu carpintería en letras...


3


El reloj de mi nueva vida paralela 

se encuentra en asalto cuántico


El tic-tac de tu sosiego 

es la onda hertziana 

en la radio de mi sendero 


De tu mapa oriental en matinée 

van los vientos 

a favor del encuentro...


Seré tu nómada virtual 

hacia la ruta gitana 

sin destino cierto


4


Despertares de un verano

que sea permanente 

que no tenga efecto 

postencefálico! 


Siga haciendo efecto 

mi L- dopamina 

en tí, en mí, en todos.


Lo sintético se vuelva 

natural/vegano 


Pronto una nueva cura llegará 

en la tecnología de resetear 

con No al Alzheimer...


5


Degradación es todo esto

llegué al fondo del toque!


Wake-up para elevar 

en agradación


Elévame pronto...


Desconozco ya 

si estoy en caída 


¿Dónde estoy yo y dónde voy?


¿Era o no era?


¿Soy una etapa y voy a otra?


Vejez no me vejes


6


Sin energía eléctrica 

con saldo a gotas ... 


Estoy aquí drogada 

en mi sentir emocional 

incierto en el mantra:

faltan 5 pa' las 12

 

Faltan casi 48 horas 

para presenciarte


Seré un saco de papas 

que el correo 

lanza a tu puerta

 

Para que puedas hacer 

papas fritas y así en banquete 

por un mes en deglución 

del existir andaremos.


Todo esto 

es mi hablar mental 

que sin poda muestro.


7


Me despido ya 

no sin antes disculparme 

por todo lo escrito


Ya no existo 


Tuve una defunción 

un derrame hemorrágico 

cerebral-virtual 


Que siga otro la función...


Lo siento, te perdono, 

te amo, gracias.



09/09/2026

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Palabras bajo libertad (XXII / 2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Edición y nota: Manuel Cabesa


***


Se cumplen 70 años de la publicación de Aullido de Allen Ginsberg, uno de los principales poemas de la literatura norteamericana, solo comparable en influencia a El cuervo de Poe, Canto a mí mismo de Whitman o La tierra baldía de Eliot. Proclama de una rebelión que todavía permanece vigente y se manifiesta a nivel global en donde los psicotrópicos han sido sustituidos por anfetaminas mediáticas; en esta oportunidad los integrantes de Libertad Bajo Palabra asumen el reto de continuar el viaje...


(mcabesa)


***

Aullidos


"Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas, histéricas, desnudas..."

Allen GinsbergHowl (1956)


***


La oscuridad 

a pleno sol en mi ciudad

me hace mirar con avidez 

unos números fatídicos  

inexorables ya están en rojo.


¿Podrá Ginsberg esperar 

la resurrección de la luz?


Julio César Pérez


***


Sus pasos lo llevaron 

al acantilado


En su mente extraviada

solo había un pensamiento


Qué hallaría 

en esas profundidades


Con una firmeza 

envidiable para su edad 

abrió sus brazos 


Y se lanzó al vacío 


Julia Liendo


***


La poesía es escrita 

cuando se lee primero la vida, 

sus ranuras más profundas

y sensibles, 

las cicatrices y heridas. 


Alejandro Ramírez


***


Nuevos aullidos


Elige un empleo, 

una familia y una profesión.

 

Una vida equipada 

con dispositivos 

y redes sociales. 


Opta por créditos 

sin acumular intereses 

eleva tu deuda 

hasta el último centavo. 


Cuando en tu mente aparezcan: 

los fantasmas de la histeria 

por el hambre insatisfecha 

con la fantasía del lujo. 


Corre, 

desnuda el cerebro y tu piel, 

sacude las tecnologías creadas

para fenecer 

en la demencia masiva.


Ysbel Mejías

Para Allen Ginsberg


***


"La poesía no es solamente palabras en una página"...

A.G


La poesía está 

en todo lo que existe,

en lo que sentimos,

camina a nuestro lado 

muchas veces, 

sin hacer ruido.


Otras en el tumulto, 

en una tarde cualquiera 

en una puesta de sol 

en la mirada de un niño 

en el ultimo abrazo 

del que parte 

y no regresará. 


La poesía 

tiene vida, 

color... 

y respira.


Liris Miyares


***


Escuchas los susurros 

moribundos

de las catacumbas


Días eclipsados...


Hambriento país 

de insomnes

con su invisible hilo

de agonía a la espera 

de la tijera segadora

de esta demencial vida


Dilcia Zamora


***


Se enteró 

de su propia verdad

perdida en su memoria


Optó por predicarla 

entre los poetas


Descubrieron las miserias 

de su existencia.


Entonces quedaron desnudos,

alimentados de mariposas

oscuras y solos 

con su locura


Julio César Pérez


***


Así, como el Rey,

ella se paseaba desnuda

y famélica

por las calles de la ciudad.

Nadie le advertía 

que su vestuario de "laiks"

no bastaba para cubrir su estampa.


En el recodo de alguna red

dejó colgado el cerebro 

estropeado y adicto a la inmediatez.

Total... en la era del artificio intelectualoide 

de nada sirve cargar ése peso 

sobre los hombros.


Ayer, la vieron llorar 

histérica 

ansiosa. 

Le habían pedido leer 

un texto de una cuartilla 

y se cansó.

¡¿Acaso no saben

que doné mi cerebro!?

Gritaba y gritaba 


Reclamó tanta maldad 

tanta inconsecuencia

con ella que solo lee

textos menores a 160 caracteres 


Ninfa Monasterios Guevara


***


Somos el futuro postergado

de una mente brillante

visionaria


Testigos ausentes

viajeros de un tiempo

sin pasado ni futuro


Somos el dolor

atravesando los huesos 

como esquirlas de hielo


Somos la imagen de un eco

que flota con las hojas

de los árboles 


Somos

la estirpe desvanecida

de quienes empuñaban

el verbo lúcido contundente 

que amansaba las aguas.


Laura Luque


***


No sé si eran 

las mejores mentes, 

pero las vi, 

famélicas, 

hastiadas, 

franela roja, 

puño en alto, 

esperando un cilindro de gas

o una bolsa de comida 

que acallara el hambre 

o sus ecos.


Por ahí los vi, 

con sus vientres hinchados

y sus bocas aguardientosas

a la espera de la dádiva 

de algún político en funciones,

zapatos rotos frente 

al Toyota de este año. 


Cipriano Castro


***


Intentando visibilizar sus traumas en el infinito, mientras insisten en invisibilizar sus gritos solitarios.


Los vi arrastrarse por las calles de madrugada, diciendo que van a tener una situación rara con sus propios demonios; buscando un refugio cognitivo en el fondo de un vaso y rezando por un destello de empatía en pantallas congeladas.


Es otro beta, hermano, este dolor moderno que nos quema, un sesgo identitario atrapado entre el asfalto y el vacío, donde el empoderamiento se vende en cómodas cuotas y la resiliencia es el disfraz de los que ya no pueden más.


Vi a poetas de vanguardia fracasar en su emprendimiento, de

vivir mendigando amor bajo el peso de nuevas narrativas de éxitos y todo se reduce a un constante espóiler de la caída. 


¡¡Jajaja nacimos siendo la versión beta de un futuro que ya caducó!!


Emalida Viloria


***


Taller Libertad Bajo Palabra (07/09/2026)