lunes, 16 de marzo de 2026

Cuatro poemas de Jhonatan Sarmiento

Ilustración: Francisco Massiani (1970)


***


A lo lejos el canto del buey


La sombras alcanzan un delirio, 

las almohadas se resbalan, 

tentando un oído agudo 

mientras el piano toca un jazz. 


Fa mayor: el perro canta. 

La menor: el corazón se calló. 

Din, din... 

bajo en mi radio en Mí menor

Din, don.. 

estás cosas del amor.


Vuelo debajo de la cama 

payaso sentado 

al rigor del fuego. 

Silencio que no hay estatuas 

en el país de mármol.


Rey de Dinamarca 

vuelve a mi tenampa, 

negro el gato sin patas 

por la madre enferma


loco,

loco,

loco por tú fresas 

sin manos para tocar.


Mar de llanto en mi granja desierta, 

lanchas de densas maderas. 

Gobierno sin causa 

en el río doliente

mojo la frase en mi rencor.


 La, la, la... 

cantata en el carrusel, 

el final llega 

en en corredor tres de Aragua.

La, la, la... 

el enfermo muere ya... 


Sí.

Muere en el papel sin letra. 


Buey, buey.


***


Circo eléctrico


Por las sendas verdes del ocaso, 

el viento herido 

se trajo un remanso, 

pisando un muelle de cable fino: 

iré al circo eléctrico de Dios 

junto al rebaño, 

dejaré una pestaña 

en la sortija divina,

en la muerte casada.


Largo estrecho viviente, 

por la desnudez 

de la noche muerta.


Circo eléctrico 

circo de las ánimas 

hambriento 


Papel en la esquina de Sodoma.


Leones, tigres, elefantes 

juegan con la cabeza calva, 

y caminan por los relojes quemados.


¡La La la la!...

Ruge, chilla y las parábolas 

tocan la serpiente en su seno.


Colores en maizal, 

no paran de rodar cabezas,

llegan más. 


El muelle se hace más grande 

y la caja más pequeña...


¡Bienvenidos todos! 


La sangre ríe idiota 

al ver el tigre bailando 

la cabra mocha.


Eléctrico en mis manos,

eléctrico en las lágrimas, 

las sedas tocan la sonrisa 

perfecta en la algarabía. 


Doce de la noche 

y los cigarros encienden 

el rocío indomable.


¡Baila, baila mi pequeño tigre!


Gracias por venir al circo 

y ya se fue 

en el último muelle quedó

el barco náufrago. 


¡Algarabía! ¡Algarabía! ¡Algarabía! 

¡Bravo! 

¡Aplaude sin manos!

¡Vuelve pronto...!


¡Dios te bendiga!


***


El callejón del Diablo


Brisas en mis uñas, 

tupé en las pieles rojas, 

rebaño sin agua 

en el río del manantial. 


París en la habitación, 

el callejón ruge 

de forma poética en la brasa.


¡Rompe tu cadena señor mío! 

El alma se parte 

como un romper de cabeza, 

que tienes que volver 

armar y dibujar.


El callejón 

se deshace de los suspiros, 

las hojas caen en extrañas palpitaciones... 


Verde león confirma 

los hombres sin hogar 

en el callejón de París.


Tum, tum... 

Estoy aquí 

Tum, tum...

no me iré sin mis botas ebrias.


La espada encendida toca mi sien, 

la última copa se deshace 

en mi lengua amarga: 

los Dioses se pudren 

en mi boca bendita, 

uvas, manzanas y peras: 

corren sabores 

en el callejón del Diablo.


***


El rey de los mundos 


Bajé hasta el perdón,

remonté un caballo sin jinete,

puse el dedo en la carretera

y me quemé.


Mis botas se entregaron al viento,

los asesinos comen las cabezas de rana,

yo sufro en un coliseo

de flores dañadas...


Barbadas,

frío intenso de livianas,

el jinete me da la cabeza

del rey de los mundos.

domingo, 15 de marzo de 2026

Palabras bajo libertad (VIII / 2026)


Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Edición y nota:

Manuel Cabesa


***


Místico, carnal, salvaje


Helio Uzcátegui ha estado escribiendo apartado de grupos y talleres literarios una obra poética que sorprende por su solvencia, su capacidad imaginativa, por lo insólito de su lenguaje y por la contundencia de su discurso. 

Muy cercano a la poesía beat, nuestro amigo, hace un acercamiento frontal hacia el amor, lo numinoso, lo social sin caer en la trampa del panfleto o la queja lisonjera: simplemente expone su visión a través de imágenes que resultan sorprendentes porque también se apartan de los discursos en boga llenos de simplicidad. 

Es poesía para los sentidos, para despertar en nosotros esas fibras dormidas que han dejado de cuestionar al mundo y se adaptan a unas expectativas de lamentable resignación.

Poesía crítica en su lenguaje y en su forma, expresión de un sentimiento que ve más allá de lo estrictamente natural, y enarbola las banderas de un discurso abierto y militante.


(mcabesa)

Sólo, abrir en caso de poesía


***


Caída hacia fuera de los ojos


Vivo colgando de las pestañas 

temblando en el planeta 

invertebrado de su imagen presunta

me suelto de sus pupilas 

al abismo del punto ciego

cabalgando sobre la gravedad giratoria

                 del último vértice. 


Levitando mi especie.


***


Grito

 

esta bandera de olvido 

surco esta ventana de arena 

y te miro 

del otro lado del mundo 

y tu golondrina 

en el firmamento abre una puerta 

desnuda, contando cada lobo que escapa 

de tu canto mordiendo las verdades 

grito la cuita de Moisés

el agua que abre como útero los brazos 

las dimensiones de los océanos eléctricos 

que crujen en tu orgasmo de península

que ahogan por el mástil 

esta virilidad de barcarola.

Grito al autor de los portales líquidos 

de eras que habitan y van por tu boca chocándose

como atemporales quejidos de ola como lengua 

empecinada en lamer el alma.


***


Que el fuego me tome por hijo


Padre,

incinera el papel moneda laqueado de sombras

aliento predilecto de la codicia,


levantemos la ciudad de ceniza


en el orín de la llama 

tracemos los límites de las naciones

el cielo con sus trajes grises,

recita la canción del abismo

el baladí del volcán, 

de la primera bocanada del cigarro de dios

después del séptimo día, 

apura tu llama perfecta,

el sosiego del átomo 

que une el Bien

                        y el Mal.


Incinera la Nada.

El antidiluviano pacto.

Ejerce la promesa de tu Presencia

agrieta la vasija del Creador.


***


Balada del suicida


En el borde del puente 

vuelan o se arrojan

como monedas a una fuente infinita. 

La corriente los regurgita 

los tose como capullos de espina,

los hijos de Caín

los alados que descienden.

Vencidos de hipérboles

cantan su pudor de círculo danzante

de aire que le crepita hasta mojarse

las entrañas

y ser ancla de la prosa del río.


***


Escribir sus brazos


delimitar su comisura 

encender con palabra de barro 

cada curva que trasciende un don carnal,

su parque de desgastar el cuerpo

ese delirio, de ser poeta que escribe una mujer,

hacer ventanas en su blusa,

crear con la estrofa curva de su planeta elíptico 

trazar su corazón donde hay una cuenca

y cuando tenga miedo hacer su rostro invisible,

o que un ojo no mire o mire a otro,

que la nariz no busque mi rastro,

o su ombligo me obligue

a labrarlo con un mordisco,

para que quede junta toda la piel 

pensaré en ponerle nombre,

en acostarme a su lado, 

con la pluma recién cargada 

de la tinta y de la sangre 

y sentirme como un dios alegre, un dichoso Adán.

viernes, 13 de marzo de 2026

Cinco poemas de Raquel Santeliz


Profundos en su propia ropa


Los poetas oyen sus muertos. 

Edifican todos los ruidos posibles.

Ellos 

condenan sus fiestas

si no hay un minuto de silencio, 

guardan lo que llaman el decir.


Sepultan las hojas

para encender lámparas

dan las gracias a los presagios 


Los demonios los observan

en las puntas de sus dedos;

ríen como cáscara de limón 

preñados de justicia 

elaborando pancartas

que viven al borde de sus prejuicios. 


***


Abismo


Sueño poema 

Baila poeta

Canto poema

Busca poeta 

Tu poema 

Amor poeta

Sandalia poema 

Cintura poeta

Cabellos poemas 

Risas poeta 

Razón poema 

Locura poeta. 


***


Eros llega a medianoche


Eros ebrio toca mi hebra

a medianoche,

mi cuerpo se envolvió 

sobre las cosas para escribir,

fui culpable por querer embriagarlo.

Mi alma quiso desahogarse,

un depositario

vibró la somnolencia

y el me dio dos tragos,

sin pose,

sin engañarme.


Mis manos a mitad de la memoria 

celebran las semejanzas 

la observación 

¡muchos ausentes!

sí, sí, sí.


Yo estoy con Eros

al tope de acuerdos. 


***


Volver a unir a otros


A José Argenis Díaz


El poema está escrito

el primero que escribí,

utópico al azar

tan intangible e inocente.


Se dicta en él la oración.

Me ahorré los puntos las comas los acentos 

-debía captar el instante-.

Uní a otros, 

con rapidez se repiten los sonidos,

mi intención.


oler la tinta y la madera

tal cual 

en mis días de escuela 

volver a 

unir a otros...


***


Péndulo


Un punto 

conquista la incertidumbre

sobre la cuerda floja,

aparece el verso,

suspenso que hace amar,

perderse y encontrarse,

al filo de tener o perder

la razón es libre

-de cabeza fría-

juega con la realidad.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Ya nadie llora por Dolores Morales


-Manuel Cabesa- 


A Ella, mi fuerza y mi forma, ante el paisaje

J.S.P.


Con el correr de los años la novela policial en latinoamerica dejó de ser un divertimento intelectual ("El jardín de los senderos que se bifurcan") o un pretexto para la parodia ("No disparen a la sirena") para convertirse en un género de amplio espectro cuya misión es la de presentar las crudas realidades que viven nuestros países: narcotráfico, corrupción de la justicia, desidia política, miseria social, etc.

Siguiendo el patrón de un género que ha mantenido sus reglas estructurales desde el principio, dos autores han traído sus propios personajes y les han insuflado vida suficiente como para convertirse en referentes dentro de nuestra narrativa: el cubano Leonardo Padura con el detective Mario Conde en una serie de novelas que ya casi superan la decena de libros y el nicaragüense Sergio Ramírez con Dolores Morales que por el momento ocupa el espacio de tres historias. 

Conde y Morales tienen puntos en común: ambos fueron policias y una vez retirados se dedican a la investigación privada en países donde tal oficio puede resultar un poco extravagante. 

A través de sus novelas Leonardo Padura nos hace crónica de la isla sumida en la depresión económica a partir del "período especial" y que todavía sufre los embates de un bloqueo sexagenario, con frecuentes viajes en la memoria a los años pre-revolucionarios y de comienzos de la revolución. 

Por su parte, Ramírez usa sus libros como espejo de la situación que viven los nicas luego que el sandinismo y sus líderes se convirtieran en un régimen parecido al que ellos mismos lucharon por erradicar.

Inevitable una lectura política de ambos autores que escriben desde procesos que politizaron la vida de sus respectivos países y que como en "El siglo de las luces" de Alejo Carpentier sus novelas son el reflejo de cómo las revoluciones devoran a sus hijos. 

"Ya nadie llora por mí" (Alfaguara, 2017) es la segunda novela del ciclo de ex-combatiente y ex-inspector Dolores Morales. En una trama de corte clásico un empresario contrata a Morales para encontrar a su hijastra posiblemente escapada del hogar ya que, como no se ha pedido rescate, descarta la posibilidad del secuestro. 

Morales, detective de baja categoría, acompañado de una serie de personajes bastante particulares que incluye hasta el espíritu de uno que murió en la primera novela, inicia su trabajo y mientras avanza se va revelando que nada es lo que parece, que el poder económico y el poder político danzan a un mismo compás y que los marginales que alguna vez fueron héroes de una revolución viven en un submundo donde la miseria es el pan nuestro de cada día. 

Toca a Morales tomar una decisión ética entre seguir sus pesquisas y encontrar a la chica aún a sabiendas del destino que le espera o intentar salvarla del mismo a pesar de su propia condena.

Como en toda buena novela los resultados no se hacen esperar y Morales termina siendo víctima de sus propias decisiones. 

Lo que habría que destacar de "Ya nadie llora por mí" es que a pesar de su trama resulta una novela ágil y divertida: la comparsa que acompaña a Morales le da un colorido especial al relato ya que, además de sus experiencias, los personajes aportan sus manías bastante particulares cada uno, especialmente Lord Dixon, especie de fantasma y conciencia del detective cuyas opiniones e intervenciones suelen ser de lo más sorpresivas e hilarantes. 

Por otro lado los coloquialismos del habla popular nicaragüense le brinda gran colorido y autenticidad a una historia que desde las primeras páginas mantiene al lector en vilo.

Sobre esto hay que apuntar, finalmente, que no es la primera vez que Sergio Ramírez se acerca al género: a finales de los 80 tuvo un primer contacto con "Castigo divino" en donde recrea un crimen real sucedido en los años 30 en el país centroamericano, pero entonces para el entramado de su relato, el autor recurrió a los mecanismos de la narración oblicua a través de informes y alegatos de tipo judicial; no así en esta nueva serie donde disfrutamos de una narración pura que por momentos nos recuerdan el estilo de Ross McDonald y su detective Lew Archer y por donde planea la sombra de otro entrañable autor: Manuel Vázquez Montalban y la serie Pepe Carvalho que en 1975 inauguró la novela criminal e nuestro idioma con su toque de crítica y crónica de la sociedad que le dio vida.

martes, 10 de marzo de 2026

La más hermosa de mis cicatrices


-J.M. Llerena-


Sus amigos se alejaron con dificultad a través del barro y la lluvia. Condiciones desfavorables para la pesca. Miró la navaja que sostenía en la mano, luego las toscas letras recién esculpidas en la corteza del árbol.

A último momento se le ocurrió rodearlas con un corazón. De pronto, en medio del fragor de la tormenta, oyó su nombre. No hay tiempo para el corazón, alguien puede venir.

El aire se colmó con el olor a hierba y tierra mojada. La copiosa lluvia saturó la fronda del árbol, y las pesadas gotas se confundieron con sus lágrimas. Es tan distinta y tan parecida a todo. Cada rostro me recuerda el suyo. Cada nombre tiene algo de ella.

- ¿Qué haces? – lo sorprendió uno de sus amigos -. ¿Acaso no la dejaste partir?

- Yo la dejé ir, pero ella a mí no. Vamos.

Y allí, en ese lago olvidado por Dios y por la mayoría de los hombres, grabada en grotescos caracteres sobre la corteza de un árbol, quedó su felicidad resumida.


* * *


Al concluir la lectura, Manuel despidió a los asistentes al taller de poesía que, por alguna extraña razón, se congregaron en este cruce. Recogió sus cosas (incluyendo unas latas vacías de cerveza) y las guardó en la mochila.

Permaneció un rato más, intercambiando impresiones con algunos que se resistían a irse. Después, como aún tenía trabajo pendiente, propuso seguir la conversación en la oficina.

A cierta altura, 360 grados de campo visual podría considerarse una ventaja. En realidad, es una molestia permanente, y más si se está fijo en un sitio y la mayor parte del horizonte es concreto.

Constituye un alivio tremendo posar la atención de vez en cuando en algo tan placentero como el letargo de la lluvia o la voz de los poetas en medio del caos citadino.

Más tarde, Manuel y un par de muchachos pasaron por la acera de enfrente, tembleques, tropezando unos con otros, quizá borrachos de ordinario, o extáticos, embriagados por visiones angélicas, quién sabe.

Pero algo se llega a intuir, sobre todo si Manuel prometió mostrar a los muchachos un poema vivo y un ángel terreno.

En la ciudad, como en todas partes del mundo, existen accesos celestes, portales dimensionales que se abren en lugares inesperados, a menudo frecuentados por seres maravillosos. Sólo hay que permanecer atentos. Eso lo saben los poetas.

De esto ya hace mucho, sin embargo, jamás olvido el relato que leyó Manuel aquel día.

Hace poco se acercó a mí un muchacho, un arlequín de semáforo, talló un corazón y un par de nombres, uno femenino y otro masculino (lo sé por la intensidad del contacto y los trazos del vidrio). Desde entonces me siento más próximo a la historia. Ahora es la más hermosa de mis cicatrices.

Manuel casi ya no pasa por aquí, camina por la acera de enfrente, donde está su oficina, no muy lejos, allá en un bar - insólita ubicación para una oficina, por cierto -, pero cuando lo hace, y si el viento está a mi favor, le dejo caer una hojita encima de un hombro, o en la calva. Es mi manera de saludarlo, aunque él no lo note.

sábado, 7 de marzo de 2026

Tavares desde Maracay (II)


-Manuel Cabesa-


 A Ella, mi fuerza y mi forma ante el paisaje

 J.S.P.


En su libro sobre Gonçalo M. Tavares, Juan Martins dedica un capítulo a la lectura del poemario Livro da dança (2008), siendo el único texto del autor portugués escrito en versos que aquí se analiza. 

Ve en él Martins, una fusión del cuerpo y la escritura: si la escritura se muestra a través de las palabras, el cuerpo escribe a través del baile; danza y escritura se funden en un sólo espacio donde cada uno es representación del otro.

Establecida esta coyuntura lo que atrapa mi atención son los fragmentos que Martins cita para ejemplificar sus especulaciones. Imagino que por respeto a la musicalidad de estos versos nuestro amigo los cita directamente en su idioma original.

He aquí el sentido de mi artículo hoy: no he podido evitar la tentación de recrearlos en nuestro idioma para mi vanidosa complacencia y deleite de los eventuales lectores, con mis disculpas a Tavares y a Martins por el atrevimiento:


(****)


Gonçalo M. Tavares: Livro da dança (2008, fragmentos)


Preludio 


"Tomar y amar el cuerpo hasta diluirlo en el nuestro, ya que no tenemos del otro su cuerpo, sino la sensación de él. Y hacia esa sensación se accede a través de la palabra escrita: el poema".


Juan Martins: Gonçalo M. Tavares: el secreto de su alfabeto (Ediciones Estival, 2019).



El mismo Dios tiene dentro de él un dios profundo.


(**)


Aparición


 Aparición 

           El cuerpo del FANTASMA se esconde y después aparece


Planear, pues, la aparición

planear al fantasma. 


(**)


De cualquier modo


De cualquier modo la danza es imaginar música. 

                 Producida

por el cuerpo para ser entendida de manera calmada por los Muertos

y por el cielo. 


(**)



Ser rápido


Dividido en Tronco y una Cabeza.

Ser infotografiado: imposible fotografiarlo.

Ser INFOTOGRAFIABLE.


(**)


Vocabulario de las manos y los dedos.  

Vocabulario de las Piernas y el Corazón.

Vocabulario del Espacio y la Ansiedad. 

Vocabulario de la inteligencia... 

alfabeto del alma. 


(**)


El cuerpo no puede interrumpir el espacio...

El cuerpo no puede interrumpir el tiempo...

Cuerpo - inexistente e INSUSTITUIBLE.


(versión: mcabesa)


Coda:


"Me quedo en el poema donde cadencia y sonoridad se ven unidas, acompañado de la preocupación por el ser humano, aquel hombre que está allí en el poema: el escritor se limita a imitar un gesto anterior, pero nunca el original como decía Barthes. Es decir, el significado antecede la idea que tiene el lector del mundo. El lenguaje se transfiere en metáfora, símbolo, pero lo es por aquella sonoridad del poema, en tanto que es sonoridad el verbo recreará su estado encantatorio".


Juan Martins: Ídem.

viernes, 6 de marzo de 2026

Tavares desde Maracay


-Manuel Cabesa- 


A ella, mi fuerza y mi forma ante el paisaje

J.S.P.


Entre las informaciones literarias de la semana y entre la cantidad de premios que se otorgan a destajo casi a diario, una me llamó la atención: el otorgamiento del XVI Premio Formentor de las Letras al escritor portugués Gonçalo M. Tavares el pasado 3 de marzo; y me llamó la atención porque su nombre me resultaba familiar, a pesar de no haberlo leído, gracias al ensayo del escritor aragüeño Juan Martins: "Gonçalo M. Tavares: el secreto de su alfabeto" (Ediciones Estival, 2019).

Martins es un lector acusioso y prolijo ensayista, ya en otra oportunidad escribí sobre él que se ha dedicado "a estudiar esa nueva especie literaria que se viene conociendo como autores periféricos, es decir autores que emergen de los marginalias y entran en el canon con relatos híbridos donde todos los géneros se mezclan..."

Otra cosa que hay que advertir de Martins es su constancia y el rigor con que asume cada lectura, los libros dedicados a Julio Cortázar, Enrique Vila-Matas y César Aira que conozco son densas exploraciones que más allá de la crítica descriptiva nos sumergen en la obra de cada autor llevándonos a través de un laberinto de reflexiones y supuestos que incitan a la lectura directa de los libros comentados. El texto dedicado a Tavares no es la excepción.

Como dije, desconozco la obra de Tavares por el momento, así que me acerco a él oblicuamente a través de la mirada de Juan Martins.

Y lo primero que destaca Martins de Tavares es que escribe desde las palabras; es decir que usando el recurso del poeta, tal y como lo concibe Mallarmé, la escritura nace de sí misma, a partir de las palabras convocadas sin tener un destino definitivo: que resulte cuento, ensayo, novela, poema es un asunto secundario. Al parecer el autor sólo va tejiendo el texto, palabra por palabra, como el orfebre va armando una pieza lentamente a la espera de la figura que ha de surgir.

De allí que como lo destaca Martins y otros comentaristas del autor la literatura de Tavares, al parecer, evade los calificativos genéricos ya que ella participa de todos a la vez: lo importante no es el resultado sino la construcción; el mismo Tavares lo explica cuando destaca la importancia de una frase en el texto:

"Para mí cada frase debe decir algo sustantivo. Escribir una frase es una responsabilidad. Creo que hay que escribir una frase solamente si tienes algo que decir".

De esta manera Juan Martins nos lleva a la conclusión de que la importancia de la obra de Gonçalo M. Tavares es: "Hacer de la voz la experiencia misma de la literatura".

Para Martins, Tavares es un autor comparable a Borges y a Enrique Vila-Matas, estudiado previamente por nuestro amigo:

"La literatura no se queda entonces en la mera representación de un modelo literario. Eso quedará descartado ante la impronta de un lenguaje que se erige con el fin de hacer dudar de la realidad lo cual, pienso, me acerca a Borges. Por un lado lo lúdico, por el otro la ironía y ambos preceptos quieren transgredir lo real por otro medio".

Finalmente, y más allá de las comparaciones que sirven para ubicar a Tavares dentro de un contexto, está el posicionamiento de Juan Martins como lector: de nuevo, como en otros ensayos, el autor se diluye en la lectura y se convierte en ficción de la misma. La lectura no es un acto pasivo del lector frente al libro, sino una búsqueda de la identidad a través de la propia lectura y quizá por ello siente Martins tanta atracción por estos autores que no se imponen a lo que escriben sino que también se diluyen en sus propias palabras; como ya lo apuntaba en su libro anterior "Novelas son nombres" (2016), para Juan Martins: "Todo deviene en el lector, para su gusto y placer por supuesto".

El año abre las páginas: "En cuatro estaciones" de Nohemí Esperanza Castro Gutiérrez



-Moisés Cárdenas-


En el año existente cuatro estaciones: invierno, otoño, primavera, verano. En Venezuela es temporada de lluvia y sequía, como país tropical tiene dos temporadas pero en la poesía, tiene más de cuatro estaciones, tiene todo un año cargado de emociones, sentimientos e inquietudes, todas plasmadas en el papel. Nohemí Esperanza Castro Gutiérrez, hace eso "En cuatro estaciones", desparrama las hojas del otoño, extiende flores en primavera, saca el paragua en invierno y extiende el sillón en verano, todo en un vendaval de palabras, unidas con el sol y la luna.

El poemario "En cuatro estaciones", vincula el número cuatro como símbolo de plenitud y fuerza interna, el alma de la poeta está en este libro, donde se organiza como un ciclo vital y emocional estructurado en las cuatro estaciones del año, que funcionan como metáfora central del recorrido interior de una mujer que transita por el sufrimiento, la purificación, el renacer y la pasión luminosa. De ahí que la autora, haga de los poemas un rincón espiritual y terapéutico, donde el invierno representa la oscuridad y depresión, pero luego culmina en el verano con la pasión, decisión afirmativa y plenitud erótico-afectiva.

El libro está dominado por el dolor, la depresión, el abandono y la sensación de estar atrapada en una “criatura interior” en el poema “Atrapada” donde dice: “Desgarra tus entrañas / trastorna la realidad. / Eres su presa / Caes en su juego. / Simplemente has perdido / ¿Cómo lo sé? / Habito el vientre de la bestia” (Gutiérrez, 2021, p. 11). Estos versos se tejen con una fuerte presencia de la pérdida amorosa o existencial en “Tiempo” que se expresa: “¿Cómo se llama? / Cuando el tiempo pasa y deja vacíos / Donde la lucha es no dejarse vencer / Aunque el mundo se desplome en catástrofe” (p. 12).

En las páginas de la obra se aprecia que la hablante se siente presa de circunstancias que la asfixian, con ecos de depresión clínica o duelo prolongado. El tono es elegíaco, confesional y desgarrado. La metáfora del otoño es la depuración y el desapego, donde se encuentra una etapa de transición y limpieza emocional y para superar las dificultades, necesita de Dios. En “Casi desolada” se confirma: “Solo aquello que promete El Todopoderoso / le mantiene los pies sobre la tierra / evitando las caídas de un desamor penoso”. (p. 21). El libro levanta la esperanza como fuerza salvífica y la fe en lo divino “Dulce creación” afirma: “Bella creación / Si cierro el amor / Cierro la razón / No te quedes callada / Declara cada mañana / la grandeza de tu Creador. (p. 25). Las palabras de la autora, llevan hacia encontrar la primavera, símbolo de renacer y florecer. Es el momento de resurgimiento, recupera la inspiración poética a través de la fe en el poema “Inspiración” y abraza la luz y la libertad espiritual con “Resplandescencia” que menciona: “Ahora está más claro el sendero / Sin prisas, ni reclamos, agradecida / Voy pariendo alegrías y melodías”. . (p. 32). El amor reaparece como posibilidad redentora, aunque todavía idealizado o proyectado. En el poemario hay un tono de gratitud y empoderamiento donde la palabra poética se convierte en herramienta de liberación para llegar al poema “Verano” que se señala: “Despliego mis alas / lanzada en picada / directo al recuerdo /te encuentro” (p. 42).

En cuatro estaciones, se transmite un mensaje de resiliencia femenina y renacimiento espiritual. La autora parte de una experiencia de sufrimiento profundo como la depresión y el desamor, pero lo supera mediante la fe en Dios, el amor propio y la creación poética. Hay una tensión constante entre oscuridad y luz, no obstante la luz, la esperanza, Dios y el amor siempre termina prevaleciendo. Con razón la autora ha elegido como a Teresa de la Parra con el siguiente epígrafe: “No dejaré que las circunstancias me esterilicen el alma”.

En cuatro estaciones sus páginas son de maduración emocional y espiritual, escrito desde la experiencia personal de una mujer venezolana que transforma el dolor en arte y fe. El fondo es optimista y esperanzador. La vida es cíclica, el invierno pasa y el verano llega si se decide resistir y amar. La forma es sencilla, confesional y sensorial lo hace accesible para lectores que buscan poesía terapéutica y motivacional.


Cinco poemas de Sara Chacín


Te amo en la duda

en la amargura

en la desesperación 

te amo 

en lo que no es posible 

de observar: la belleza 

pero te amo 

sin remordimiento 

sin respuesta 

sólo entregando el corazón.


***


Para yo quererte 

tendría que caminar 

al compás de la felicidad. 


No me es fácil, amor mío. 


Soy triste, torpe e insegura.

 

Pero te amo 

y creo que eso 

es lo más importante 

¿No lo crees?


***


Es preferible amar con calma

amar en el tormento 

y amar en la nostalgia.


Es preferible 

intentarlo mil veces 

y con ello abrazarnos

por siempre

 

***


Los ojos son para observar, 

el corazón elige otro pálpito,

a veces sin querer, 

amamos a un alguien 

que no nos pertenece 

y aún así,

el alma implora una compañía.


***


Yo te amé 

con el corazón roto.


Sin embargo, 

tu amor me salvó 

de mi amargura.

 

Pero ...

la historia se detuvo 

por la indiferencia

que terminó llenando 

de dolor mi alma.


Aunque aquí,

sigo esperando 

los latidos de tu corazón 

mi dulce amor 

de los cielos eternos.