lunes, 1 de junio de 2026

Relatos de Eliezer Salinas Delpino

Título: Estudio para un paisaje 

Autor: Pablo Gómez


1.


Voces adelantadas


Aquella mañana, el viejo volvía de dejar a su nieto en la escuela. Entró al edificio y ya frente a la puerta de su apartamento, y por aquello de la reciente pandemia, se detuvo a quitarse los zapatos. Oía las voces de su esposa quien hablaba con su hermana y vecina, que acostumbraba visitarla a diario de camino al gimnasio.

Entró y no las vio, curioseó por todo el apartamento y, definitivamente, no estaban. Se dijo: de aquí en adelante las llamaré las adelantadas. No se han muerto y ya salen.


2.


Yo y mi perro


Vi al perro. Peló su hocico amenazante. Por un momento me quedé de pie, frente a él, desafiándolo. Me agaché y con la mano abierta golpeé tres veces el piso. Dio dos vueltas a mi alrededor y, de repente, se abalanzó sobre mí. Cómo pude, lo cargué y me levanté. Entré a la casa con el en brazos.

Le enseñé ese truco cuando él era apenas un cachorro y yo un hombre maduro, pero sano.

Ahora no admite que yo entre a la casa sin cumplir ese ritual. No entiende que ya me cuesta agacharme y levantarme con él encima y que él ya no asusta a nadie, renqueando y con un hocico sin dientes. Un día de estos, permanecemos en el piso.


3.


Rosal premiado


Impuesta por las redes sociales, la moda de "ser como una rosa" triunfó en las mentes infantiles y juveniles.

El hijo menor de la señora Eleuteria, desafiando el enfado de su madre, decidió salir a diario disfrazado de aquella flor para lo cual cubría su cuerpo y cara con pétalos rosados.

Un anochecer sombrío, la señora Eleuteria se hartó y decidió sembrarlo. Armada con una chícura, cavó un hoyo lo suficientemente profundo y enterró al chico de pies y hasta las rodillas. 

Aplanó la tierra alrededor del hueco para asegurarse de que la "mata de rosas" no pudiera escapar de aquella siembra.

Desarmó su rosal, tantas veces premiado, y adornó al joven con pétalos de diversos colores y espinas de distintos tamaños, pero de puntas igual de filosas que clavó cuidadosamente en ese débil tallo de carne injerta.

Esa noche llovió y el nuevo híbrido fue la única planta que, al parecer, no disfrutó de la llovizna.

La señora Eleuteria obtuvo, según contaba, dos éxitos por aquél accionar: 1) descubrió que ese tipo de injerto se autorregaba (lo supo al probar el agua que lo rodeaba y notar su sabor salado), 2) el muchacho jamás volvió a disfrazarse.


4.


La dama del suelo


La señora del suelo me mira muy seguido con su granítica cara adusta. Reprueba sin ambages mi devoción por el ron medicinal.

Nunca la he visto sonreír pero tampoco me abandona. Acompaña mis puntuales insomnios sin recetarme cura alguna para ese mal.

Levanto mi copa para ofrecerle un brindis, Pero se mantiene imperturbable. No he logrado atraerla ni con gracias ni con textos poéticos.

Tal vez ya estoy muy viejo para ciertos juegos que prefiero practicar lejos del reproche de su mirada. No sé si lo sabe.


5.


Culpas


Qué culpa tengo yo si cuando nací ya el mundo estaba hecho. Son palabras de un perezoso conservador.


Qué culpa tengo yo de haber nacido para tener que componer el mundo. Son palabras de un revolucionario delirante.

Qué culpa tiene el mundo de ser hechura del hombre; ente aborrecible y sanguinario. Son palabras de un antihumanista.

Qué culpa tiene el hombre de haber sido hecho a imagen y semejanza de un Dios tan feo. Son palabras de un hereje.


6.


El vicio


Eran las nueve de la noche y el fantasma, recostado de la pared del patio de la casa que colindaba con el caminito anexo a la quebrada de Valle Seco fumaba un cigarrillo.

Los muchachos nos atrevíamos a transitar de noche ese camino a pesar de la oscuridad, de los ruidos producidos por la abundante fauna de insectos locales y de los socorridos cuentos pueblerinos y superticiosos en torno al sitio, que eran parte de las cotidianas conversaciones de los vecinos del lugar.

Lo encontré y le dije: Fantasma, todavía no son las diez de la noche, no debes estar aquí; tu horario para asustar a la gente es desde las diez a las tres de la madrugada.

No me contestó, pero desapareció refunfuñando algo como "estos pendejos vivos como que creen que nunca se van a morir". 

Se desvaneció y vi caer al cigarrillo; lo apagué restregando la suela del zapato derecho sobre la débil llama.

El Fantasma sabe que en el Purgatorio, lugar lleno de normas y reglas, está prohibido fumar. Y sabe también que a quienes están purgando sus culpas, al cielo ni por asomo y a fumar, menos.


7.


A veces


He descubierto que he pasado la vida peleando conmigo mismo y creyendo que mis adversarios estaban entre los demás. Siempre he perdido.

Se puede derrotar a los otros tornándose en peores que ellos, ¿vale la pena?

A veces quisiera descansar de las ilusiones sin esperanzas.

A veces quisiera flotar sobre el agua mansa de un río, transformado en tronco falleciente de un árbol otrora majestuoso, y dejarme llevar rendido ante la corriente liviana.

A veces quisiera soltarme al viento y que este, en sus vaivenes naturales, me depositara donde a bien tuviera 

A veces quisiera dejar que mi destino se cumpliera sin interponerme para nada o en forma alguna.


8.


Dioses olvidados


El muchacho se iba aterrorizado a lo profundo obligado por la resaca de aquél mar embravecido de pronto.

Logré asirlo por los alborotados y largos cabellos, solo para comprender que me iría con él. Entonces invoque el auxilio del Dios Poseidón.

El mar se calmó y el muchacho y yo volvimos a la orilla con una nueva historia que contar.

Reencontrándonos, además, con un viejo Dios al cuál elevarle en el futuro nuestras plegarias marinas y submarinas.


9.


Nube


Aquella nube no quería precipitarse sobre el pueblo.

En vano, enviaba desesperadas señales luminosas al viento para que intercediera con su fuerza y la ayudará a mudarse del cielo del peligro.

Pero el viento, cansado o perezoso, había decidido detenerse a reposar y desatendió los mensajes.

La pesada preñez de la nube la agobiaba cada vez más y, derrotada, rompió fuentes sobre el pueblo que se inundó por enésima vez.

Cuando comprendió que con su arrepentimiento lacrimoso solo empeoraba la situación, aprovechó su livianidad para abandonar presurosa el lugar.


10.


Bucle 


Me levanté de la cama y volví a ver al viejo señor del liquiliqui blanco y gastado.

Estaba de espaldas a mí con sus brazos pasados sobre la reja.

Era alto, blanco y delgado como yo, sólo que algo encorvado por los años, y parecía esperar a alguien que nunca llegaba.

De regreso del baño me cruce con él, me volvió a ignorar como siempre que nos encontrábamos en noche cerrada.

Aproveché mi insomnio para revisar mi equipaje, ahí estaba mi flameante liquiliqui de estreno, al día siguiente saldría para las fiestas de Las Mercedes del Llano, serían tres días continuos de parranda.

El carro estaba en el garage, listo para el largo viaje.

Poemas de Mario Amengual

 

Título: Entre gotas

Autor: Fernando Padrino


El Reino


I


El Reino prometido no es algún día de quién sabe cuándo: es en esta calle por donde voy ahora.

II


A falta de un Reino prometido, con plegarias o con proclamas, se imponía el afán del éxito y del lucro. Si sólo se trataba de eso, preferí apartarme, poner las manos en la candela y estar aquí con otro aliento.


 III


El Reino prometido por líderes, sacerdotes y plumarios siempre ha sido y será: no hay tal lugar.

Mientras más ardoroso y encendedor el verbo que lo anuncia, más eficiente el látigo y más seguro el paredón. Hablo de otro Reino aquí, ese que dejamos entre el sueño olvidado y la vigilia distraída.


 IV


Tantos predicadores, orientadores, salvadores, prometedores, profetas de nada y de argucias. No hay nada que buscar, todo está aquí, es eterno y lo dejamos perder entre tantos afanes.


 V


Predican por un reino, confían en él, por él se esmeran con pasiones contenidas o disfrazadas, creen encontrarlo en páginas ajustadas a esperanzas de volubles interpretaciones. Sobre el Reino caminan, en él respiran, pero lo dejan para cuando les falte el aliento y ya no dejen huellas.


VI


Un país no desaparece con decretos ni con bombas, por más que sea una forma abstracta con su territorio y sus leyes. Un país es el lugar donde uno nace y se hace con palabras y sentimientos. Un país es el lugar donde, por azar o por afán, uno llega a saber que es sólo un nombre en el misterio.


 VII


Salvo por los trámites legales nunca me han importado las fronteras y menos ahora que donde nací y me crié es una nostalgia y el recuerdo de barrios, calles, amores, amistades y un nombre en los mapas. Pero por nada de eso me alejo de mi camino.


VIII


Quédate aquí conmigo. No tenemos nada que demostrar, no tenemos que convencer a nadie. De hablar, sólo la palabra indispensable. El brillo del largo atardecer entre los árboles, la brisa fresca, el arroyo crecido fluyendo más rápido.

Estamos aquí.


 IX


La vida cotidiana es una larga noche. En alguna parte lo leí o en alguna parte lo escuché.

No sé, no me acuerdo. Para mí es una larga noche en la que impera el asombro.


X


Si estuviera buscando algo, lo más seguro es que no lo hubiera encontrado. No me interesan las muchas certezas ni las abundantes respuestas. Me apasiona el estar aquí con sus preguntas y sus dudas.


 XI


No sólo el de la mariposa lo es: todo nombre es un misterio. Es lo mismo nombrar y estar aquí.


XII


Es este transcurrir el milagro y la ofrenda, aunque el hambre y la guerra sigan siendo nuestro estigma y vientos de furias agiten las banderas.

sábado, 30 de mayo de 2026

Quince aforismos de Skarlet Boguier

Titulo: Espacio de trabajo (2022)

Autora: Angélica Leal



Tomados del libro Impertinencias verbales (2017)



1.


El dinero es como el orgasmo. Si lo buscas tanto no llega. 


2.


La vida es un boceto. La muerte una obra de arte.


3.


Los grafitis son los petroglifos del futuro.


4.


La muerte es un invento de quienes desean que vivamos con miedo.


5.


La espuma es el orgasmo de la cerveza.


6.


Todo ISMO te saca de ti mismo.


7.


El silencio es la luz de la música.


8.


Escribir es hablar al oído de quien te lee.


9.


Con la palabra construyo y destruyo.


10.


La poesía no tiene día si cada día es un POEMA.


11.


El amor no es choque de egos sino el abrazo entre dos corazones.


12.


No todo lo que suena es música.


13.


La poesía es invisible a los corazones ciegos.


14.


Voy a tomarme una cerveza para pensar con cabeza fría.


15.


El silencio es la pureza del ser.

viernes, 29 de mayo de 2026

Poemas de Astrid Salazar

 

Título: La metamorfosis (2025)

Autora: Albany Carantoña 


1.


¿Te conté que me habían hecho un viaje de diez años y me soltaron a solas en un rincón de Maracay a oscuras, con una simple estufa para calentarme el cuerpo?

¿Te diste cuenta cuando tomé tu mano y te subí a mi búnker regalándote 24 horas de soplo para tu asfixia continua de famas y pasarelas?

¿Te hablaron de mí asombrados porque tenía anillos y un nombre en los lomos de algunos libros, y de vez en cuando se me ocurría hacer ferias con algunas formas extrañas de cartón para alimentar mis silencios?

¿Fuiste tú quien fue conmigo de puerta en puerta construyendo puentes en el alma de quienes me rodean para atrapar sus vidas en el discurso, dándole agua para su sed infinita?

¿Tú supiste de mi guerra, de mis demonios rompe huesos, de mis líneas sin poesía, de mis brebajes con cúrcuma y cardamomo para el perdón?

¿Comiste en mis campos de manzanas asomándote por las hojas frescas para quedarte dentro como único dueño sin cerco eléctrico, ni luces con sensor?

¿Eres tú quién me dio un reino durante 9 meses, me habló de jardines con Epícuros, de mantras con Spinozas?

¿Eras tú el albacea de esas 12 personas persiguiéndote para que tu cuerpo fuera el protagonista de las balas de aquella noche?

Entonces dime

¿Cuándo fue la última vez que me nombraste puta y a la vez tu reina?

Cuéntame ¿Quién fue esta derrota? ¿Esta fe de un segundo?


2.


Agosto


Siempre

en agosto

coloco romero debajo de mi almohada

–tal como lo mencionaste–

unto, para el cuerpo, jengibre y cúrcuma mientras los eucaliptos hierven en la estufa.

Me desvisto voy descalza

y soy menos lluvia.

Con la escoba recojo todas las huellas

y las tiendo al sol

destejo el polvo de los libros

hago cruces de sal en los rincones

me olvido de los tés y vuelvo al café.

En este mes de menta donde no llegan nuevos huéspedes a mi piel caliente

vuelvo

y con crema alcanforada

embalsamo uno a uno mis dedos

vuelvo al útero

                   respiro.


3.


Útero insomne


Ahora, cada cierto tiempo, debo quitarme un poquito de mi carne y esperar el veredicto.

Sí, igual como cuando mandas a un concurso o quiero imaginármelo de esa forma.

Lo bueno de todo esto

es que mis poemas no son poemas para anuales ediciones

entonces no me preocupo.

Si me guío por la decisión unánime del jurado pasará igual.

Estoy sana, lo demás es gastadera

útero insomne

miedo                poesía.


4.


Poesía


Un 21 de marzo

cuando se retiraba la tarde

dormí en tu pecho.

Viajé hacia tu casa

donde me diste un patio

con alfombra de hojas verdes y secas,

una mata de mango para guindar las letras

la bromelia, el jardín de suculentas.

Me fui despacio hacia tus venas

y cada cuarto estaba hecho

de cajas y maletas; el pasado no podía salirse, el futuro ahí a la espera.

Dudo si este recuerdo sea el poema

ahora cuando el cristofué se posa en la rama y el aroma a café se cuela.

No hubo pacto

no hay promesas

sólo yo desde la hamaca

meso tu ausencia

y esta noche es tu pecho almibarado

mi hogar calma. Quietud plena.

 

5.


Pozo


Pasó el año

y aún remojo en eucaliptos las sombras

de un cuello estrangulado

de una piel lacerada

de una voz con su eterno jaque mate

miento al decirte que el pasado ya no me toca

todavía se me va el oxígeno

y paso la noche hablándole a un dios sordo.

Miro desconcharse el techo

paso el seguro de la puerta cuarenta y dos veces

y me pregunto cuándo compraré el candado, quizás eso ayude. Me resigno.

Leche tibia, agüita dulce, manzanilla. ¿Quién se atreve a venir a esta casa?

Las letras ya no dan la bienvenida. Ya no puedo hacer lo que me piden.

No bebas de mí.

Porque sólo soy este pozo que tiembla cuando te asomas.


 6.


Puente


Soy un puente

lo sé

me lo cantan en susurros mis ancestros.

Conecto la noche con el día

y sólo los que buscan la luz

han de atravesarme.

Mi propósito está escrito.

Aunque a veces rompa las ventanas

y me beba todas las cervezas de la barra.

Muchos se quedan a mitad del camino

mirando cómo corre el agua por mis piernas.

Otros se detienen por varios días,

a veces sólo por horas cuando el sol está por despedirse.

Y duermen arropados de estrellas y luciérnagas.

Una vez cruzó en mí un hombre alto

su Alma también era de puente

fue la única vez que respiré

pintó las barandas, barrió las huellas,

pulió los peldaños, cambió casi todas las maderas.

Y para quienes iban descalzos puso una alfombra de eterna primavera.

Tu trabajo también puede ser este, me dijo.

En ese instante ninguna otra voz se aferró a mis oídos.

Soy un puente

lo sé

pero hay pisadas tan fuertes

¡Dios mío!

Mírame.

Rota

descolgada.

Busco un nuevo sitio mientras bailo sola en la pista. Ebria. Extraviada.

Sin paso.


7.


Cariño mío


Dame un chance para que me termine esta cerveza

porque no sé cómo coño dejo ir tu olor de mi piel

tampoco cómo dejo de mirarte, cariño mío.

Afuera el cielo prepara una tormenta

Maracay desde la avenida Bermúdez es gris y enguayabada

¡Ay, Astrid! Qué Maracay y qué avenida

no me des tregua

te vinieron a joder, otra vez,

ahora tienes que recoger el reguero de la lluvia

echa el corazón en el pipote

ese mochuelo tiene su nido

pendejita de un mes, muñequita de Jerez.

Recuerdo que hace un año

y hasta ayer mismo rezabas

pidiendo que nadie más entrara a romperte los ovarios,

a burlarse porque se está mejor sin ti

sin el peso de este oficio

la escribidera

la entrega

el todo o la nada

cuánto tiempo pierdes

poeta

no hay Dios que escuche

tira del gatillo

1

2

3.


8.


Ego


Esta otra que soy

habita en una editorial.

Duerme arropada de libros

y souvenirs de la memoria.

La mirada de ella

es la otra mitad de mí.

Y es ese 50%

quien escribe estas líneas.

Ella

destruyó instituciones

hizo de lado los tabúes.

No pidió permiso para su vuelo.

Ni mucho menos para su canto.

Ella

quien insiste en repetir el error

para, desde algún bar, llorarlo siempre.

Es Astrid.

No hay un solo tropiezo,

ni una sola metida de pata

que no me pertenezca.

Toda esta ruina que soy

es mi mejor edificación.

No hay otro arquitecto.

No existe otra persona

capaz de merecer estos pedacitos de mí.

Y si alguna vez pronuncié algún nombre

fue porque yo quise nombrarlo,

rey, conde o plebeyo.

Fui yo

quien vendió las entradas VIP.

Fui yo

quien puso la alarma

para despertar el día, a la hora exacta

de la pena.

Acá no entró nadie sin su pase.

No hubo arroceros.

Creí en la dedicatoria del libro

en el poema debajo de mi almohada

en la canción hecha con mi nombre y apellido.

Creí en el para siempre

como en el hasta que nos dure.

Caminé a escondidas por ser la bruja malvada

pero también fui princesa de todo el reino.

Estuve en las nubes

y me dejé caer en las brasas.

Estrellé mi cabeza contra el asfalto

y la sangre que aún corre entre las grietas

la veo pasar. Y como si no me doliera. Vivo

cosiéndome la herida.

Porque no supe quedarme donde me querían

ni hija

ni esposa

ni amante

ni mucho menos madre.

Me lo dejé, muy en claro, como lista de mercado pegada a la puerta de la nevera.

Y aquí estoy, casa 83 de La Esperanza.

Barro las huellas, las guindo al sol.

Echo sal en cada uno de los rincones,

haciéndole caso a mis latidos

que son como el croar de una ranita en su estanque.

Y aunque todo me haya salido de la patada.

No llevo la culpa de seguir a otros.

No tuve manual

pero lo escribo a diario

e hice el mejor brebaje

para que el amor me exterminara.

Lo confieso. Muero en cada sorbo

pero voy sin deudas

como Astrid. La Cartonera.

Perdonándome.


9.


HCM


Cuando pasas horas en un hospital

y ves la sangre como alfombra en el piso

a la chica de al lado con su cáncer hospedado en el corazón. Sola. Sola. Sola.

A Juan y su capacidad de dormirse de pie.

Al hombre de la habitación 7B13 observándote fijo como velando su pena.

Cuando solo en un atisbo notas la falta de rucuronio, formol, compresas, guantes, propofol, adhesivo, alcohol. Y te quedas viendo cómo las chiripas salen del baño para su baile debajo de la cama. Respiras. Respiras hondo. Cierras los ojos. Y agradeces a la memoria por llevarte a los brazos de quien amaste una y mil noches como estas en un cuarto a oscuras junto al tablero de scrabble. Junto a lo eterno de la madrugada. Que se hace sonrisa hoy en estas líneas. En este cuerpo. A la espera del manto invisible para guarecerme

y

mirarte

y

tocarte

y

olerte

y

lamerte

y

nombrarte

porque estoy segura de que habrá de amanecer.


 10.


72 horas


¿Te han dolido las dendritas?

hay un río de ellas con tu nombre acá dentro.

Contigo, lo sé,

no estuviera contando los segundos

de una Venezuela a oscuras.

Contigo, lo sé,

estuviera frente al mar Caribe

o hiciéramos camping

en estos sitios de Maracay

con sus inagotables plantas eléctricas.

Contigo, lo sé,

nada de estas 72 horas

hubiera afectado

a este cuarto en penumbras

a este velón agotándose

a este espíritu sin nombre despertándome.

Doy por sentado

que una décima partida de scrabble

nos haría discutir

y al celular no le importaría

la descarga.

Ya ves, nada me ha hecho olvidarte,

todo lo contrario.

¿Te han dolido las dendritas?


 11.


Promesa


Tranquilo, pronto dejaré de escribirte

quizás mañana o el próximo mes

cuando en mis ojos no exista

el peso de estos niños asistidos

con un respirador manual

cuando mi espalda descanse

de esta bombona acuesta

cuando mi olfato no detecte

la carne putrefacta

al pasar por Emergencias

cuando mis manos dejen de sostener

la sangre del vecino

cuando mi boca cierre el asombro

por los saqueos de este diez de marzo

y cuando al riñón le toque su turno.

Tranquilo, pronto dejaré de escribirte

quizás mañana o el próximo mes

cuando este epiléptico país

deje de estar a oscuras

cuando en mis labios se pose

el agua potable

cuando estos veintitrés muertos

dejen de susurrarme al oído.

Pronto.

No te apures.

No me apures.

Respiro hondo tal como me lo enseñaste

desconectada desconectados.

dejaré de escribirte

te daré descanso.


12.


Miedo


He buscado todas tus notas de voz

y acá estoy

escucho una a una

perdona si te enmudezco

pero es la única forma de cobijarme

de traerte aquí.

Sólo por esta vez

vence mi oscuridad

rompe con estas ganas de quedarme sola sola sola

el hielo volvió a mis huesos

y me retuerce

no hay lectura que me abrigue

entra en mis surcos

una palabra tuya bastará para sanar.


13.


Culpa


No está bien hablar de ti

en todo lo que escribo.

No está bien que la gente

se dé cuenta de este pendejismo

anclado en mi cerebro.

La casa se hunde en el fango

y yo, aquí

haciéndole nubecitas al lodo.

Qué bueno

entonces

tu desamparo

tu olvido

merecido lo tengo

porque

no está bien

seguir mirándose el ombligo

cuando el pantano nos arropa

cuando el barro llega a nuestras bocas.


14.

 

Una más


Pertenezco a estos lugares desconocidos.

No saben mi nombre, ni de mis títulos, ni dónde vivo

sólo, a lo lejos

el portugués se escucha, “la chica linda llegó otra vez”.

En esta barra

me alcanza

nada más

para ocho tragos de cocuy

y dos tercios

que van siempre por la casa

o por cualquier hombre abandonado.

Había olvidado estas tascas arrinconadas

llenas de tanta Maracay y rockolas.

Sin duda

pertenezco aquí.

Rescato quien soy: una más para todos.



15.


Sustituto


Voy a crear una poción en abril

para arrancarte

colocaré tus mismos ingredientes

un boleto aéreo

ocho mil kilómetros de distancia

toda la indiferencia posible

una pizca de íconos

total desprotección

abandono al gusto

nunca he mezclado tanto olvido en la vasija

nunca he machacado tantas hojas de eucaliptos para el trago amargo

mi plegaria será eterna

no llevará adjetivos

sólo tu nombre en mis labios


y un cordero colgado a mi pecho

sencilla compresa

que ha de latir como el corazón.

Doce poemas de César Seco


Título: Déjame tocar para ti (2017)

Autor: Asdrúbal Farías 


El poeta es libre por naturaleza; la poesía, que es su vida, es su dignidad.

César Seco 


1.


Aparecido


Quien me vea por estos sitios

sabrá que sigo siendo otro.

No el que vieron en el café

saludando a un par de amigos

melenudos sonriendo desde

un viejo poster de los sesenta.

Estaré adelante, desvanecido,

con la huella del hacha en el

entrecejo y la mirada quieta

de quien elegía el encierro

dado del todo al silencio.

Sentado entre las líneas que

esa mudez iba dejando en

una caligrafía entrecortada.

Quien me vea andando ya a

otra parte, siga el rastro sin

darse por enterado que soy el

soplo fugaz que arrastra y eleva

esta hoja. Sin nada ni nadie

por asunto, desentendida de la

bocina de los autos.


2.


Jazz epilepsial


Una clara melodía escurre el viento.

Las arenas arremolinan

la carrera de la previa quietud.

El brazo izquierdo y su breve temblor.

La cabeza perdida en la distancia

desconocida donde no se pertenece.

Los pies en el aire bailan la danza

del salto a otro lugar.

Llueve en no sé dónde

y en no sé qué está escampando.

Solo sé que volveré a mis huesos.

A los que llevo esta luz para desalojar.

Iniquidad dejo en manos del redentor.

El cielo estrena una piel

que no puedes ver,

antes que todo sea bebido de un sorbo

por el convulsionado saxo de Coltrane

y hable el temblor todo

con sus tuercas desajustadas.


3.


Nadie


Volveré por esa calle donde nadie

me recuerda y todos me conocen.

Caminaré por esta otra donde me

ignoran y ninguno sabe nada de mí.

Atravesaré aquel callejón oscuro y

tal vez el ojo que me sigue sólo vea

la sombra que la escasa luz de ese

poste fija en la esquina pensando

a dónde ir.

Estaré allí esperando

nada o esperando todo. Acaso sea

la calle contigua la que me lleve a

ese otro lugar distinto a donde iba

y no llegué. 

La vida no se detiene

a esperar a nadie. 

Sólo puede mirarme

de reojo mientras paso, pero no es

su ojo lo que anhelo, lo que persigo

es el olvido que no aparece mientras

sigo, aunque lo presienta caminando

adelante distraído o sospeche ya que

no existe porque no me ha visto.


4.


Actor


Ando por la piel del día

en que me espero sentado a la puerta

de un café, con el cuaderno abierto en la

página donde no hay nada escrito aún.

Lo que ha de ocurrir sucederá en tan sólo

unos segundos. 

Hay alguien dentro de mí,

alguien que no soy, que me ocupa y dice

lo que jamás diría yo. 

Llega y no me puedo

resistir. 

Sólo escuchará si hablo de él. 

Es cosa de ya, pero sólo él sabe que ha estado

ocurriendo. 

La escena ha de quedar bien

ante el ojo luminoso que nos proyecta en

la pared, ahora, sueño visible, acción.

No la bala directa que viene a mi cuerpo

y se aloja antes que tú puedas verme caer,

sino, a un mismo tiempo, ese que cierra

la puerta. 

Puedo ver su silueta desgajada

en la ventana, así.

Estoy en ninguna parte

hablando a nadie sobre nada.


5.


Calle

 

Puedo vivir en cualquier ciudad, 

pero mi calle es esta.

Vengo de ella, me hice en sus escondrijos 

y aceras, en ella corrí por primera vez 

y di con otros la vuelta

un día de lluvia que mis manos se volvieron 

viejas. Aquí tuve perro, trompo y metras.

Subí al techo a ver pasar los ángeles 

en silencio, con en el alcanfor que madre me puso 

en el pecho. La calle me sigue a donde vaya.

Ahora que cruzo una avenida del mundo. 

Ahora que estoy lejos y apunto el color de sus 

casas. No se me olvidan las negras altas 

que subían y bajaban con una cesta de flores 

en la cabeza. Ahora que se borran 

los compadres que en la esquina 

se apuñalaban por ellas, como aquél que sostuvo 

sus vísceras tal un pliego escrito afuera

hasta que besó suelo, o aquél otro que limpió 

el filo del cuchillo con el puño  

de su camisa blanca. A esta calle vuelvo 

cada vez que soy el niño que iba de la mano 

de su madre, despierto.


6.


En medio de la nada


 

Una carretera parece no terminar

sin que una estación de gasolina aparezca.

El murmullo de la ciudad ya no se oye.

Sólo tunas, abrojo, polvo, rocas.

A quien buscas no está y quien responde

es tu propia voz en tu cabeza.

Cuánta sospecha trajo el zigzagueo 

de los saurios cuando te desnudabas 

para ir al baño no sin antes silbar 

la canción de Bobby Vinton

Plees love me for ever, 

con ese desgano en que no reconocías 

paredes ni espejos.

Quizá, puede ser, tal vez, acaso.

La lengua es aquí indeterminada.

¿Quién es ese que te persigue? 

¿Qué quiere de lo que queda de ti?

¿Podrías decir que se trata de tu igual? 

¿Él y tú, uno delante del otro?

¿Puedes ver en su pupila tu miedo?

Todo esto te aguardaba. Llegado aquí

solo la oración puede devolverte

a donde estabas antes de venir.

Nadie te puede ver, nadie sabe quién eres.

Todo fue sin que te percataras,

estás vivo y muerto, lo mismo da.

Conténtate con saber que esto no existe,

que no hay nada donde fijar tu ojo,

que todos se han ido para olvidarte.


 7.


Jazz de las gandolas


Las gandolas atraviesan la noche 

llevando la necesidad puntual 

o la más onerosa vanidad.

Las he visto partir haciendo sonar 

la orquesta de sus motores 

al lado de somnolientos autobuses. 

Acelerando el saxo de sus bujías, 

el clarinete de sus radiadores, 

el trombón de su pesada carrocería.

A sus choferes se les conoce el ángel 

por la abismada pupila, por sus ropas 

impregnadas de monóxido y gasoil, 

por el desdén en el trato con los que 

les son indiferentes en las desveladas 

estaciones que aguardan en el camino. 

Hablan una jerga de pedestres palabras. 

Silban canciones si el destino se alarga 

y el monótono bostezo de la brisa 

los inunda de sueño o descompone. 

Llevan por valija recuerdos de cuando 

no eran tránsito y era grato el calor 

de los hijos y la mujer que los espera. 

Pernoctan donde la noche los venza, 

en colgaduras de chasis y remolques.

Son antiguos guerreros despeñados,

gente que habita un solo lugar: 

la carretera. Habrá fiesta cuando 

regresen, si regresan, si la promesa 

de Ulises era cierta.


8.


Blanco


Saber que no se puede escribir es una forma de escribir.

Robert Walser



No estoy diciendo lo que voy escribiendo. 

No voy escribiendo lo que estoy diciendo. 

Escribir nada delante de nada que pide ser 

llenada de nada. Nada escribo y, esto, ya, 

es nada, nada: escritura de nada, nada, sin  

nada escribiendo nada.


9.


Jazz de la valija


En esta esquina he de abrirla.

Tal vez esté allí un tibio sol 

esperándome callado.

Le hablaré de cuánto anduve 

o dejé de andar en el propósito.

La verdad que obtuve de la noche

y su invisible gravedad tal una leve

composición escrita en mis huesos: 

letra que nombra a mi sentido.

Sílabas que dieron paso a esta frase. 

Aprehensiva velocidad de cuanto 

no dijimos en ella o guardamos.

Elegido humo de lo precario,

adolescente brisa y su miga de nada.

Subiste al ring envestido por tu peor 

enemigo: turbina de una enfermedad 

que tregua no te ha dado desde niño. 

Cifraste la melodía entre las vueltas

que daba tu rostro entre caída y caída, 

levantamiento que deleita todo derribo.

Me dijiste que no era grande 

ni pequeño, que sólo era.

El instrumento estaba ahí.

Esperaba la voz que le atendiera.


10.


El río


El río me deshace la voz.

Yo entro. Yo salgo. Yo soy el tiempo.

La boca se me hace agua.

Estoy llegando por un camino largo 

que lleva a los azules del cerro.

Un mango: dulce su pulpa

y adentro la semilla discreta.

Yo entro. Yo salgo. Yo soy el tiempo.

Los ojos se me vuelven barro.

Para el clavado la piedra más alta.

Estoy en el fondo de sus aguas revueltas.

El quiebre de cuerpo ha de ser antes que 

el rostro vencido de los ahogados

se me adelante y pida me quede 

a cantarle al musgo, a los peces, 

la canción titilante del recuerdo.

Mis brazos se hunden en el tiempo,

cuentan las pisadas de Pedro

antes que fuera hecho.

Yo entro. Yo salgo. Yo soy el agua. 

Tinta invisible sobre un papel dejo. 

Mi río está muerto. Ya no es el mismo

que desnudaba lentamente mi cuerpo.

Sólo vuelve a la ciudad cuando llueve

vestido de escombros dando vueltas.

Mis pasos sobre él andan inversos. 

Ayer que sólo tendrá hoy en este poema.

 

11.


Voz


Permíteme unas palabras ahora cuando callas

y te demoras en venir.

Entre tú y yo hay un pacto de oído y boca.

Debo silenciarme cuando hablas y ser tu escucha.

Es el temblor de estas manos lo que te anuncian.

Esta sed irrecusable de verdad lo que te atiende.

Dime si me he desentendido de tu eco.

Si por serte fiel te he faltado.

Callarme en lo que callas. Decir lo que dices.

No es solo a mí a quien te diriges

y la verdad que me obsequias incluye al Otro.

El fogón donde mi madre tuvo lumbre de brasa

cuando el brillo de sus ojos se apagó.

O bien, el árbol que plantó mi padre con sus manos

y el polvo del camino por donde un día 

sus pasos de largo siguieron hasta no sé.

Tú te dices en las cosas, muda. Tú me dices.

Volvamos al principio, cuando no existía

y tú sólo eras el rumor de los astros lejos.

El fuego que el tiempo escindió.

Déjame seguir escuchándote. Déjame.

Sólo tú dirás hasta cuándo.

Y yo callaré contigo, sin afán, sin asombro ya.

Agradecido.

 

12.


Palabras


 Was sich in der Sprache spiegelt kann ich nitch mit ihr ausdrucken*

Wittgenstein, Diario, 1915


            

Hay palabras que nos desdicen y a su 

vez son las que mejor nos dicen. 

Me doy a oír lo que dejan al callar y, 

no obstante, revelan el tránsito que

las trajo a mí, solas y pronunciantes.

Las palabras hablan desde el silencio 

que las precede. Espero de ellas sólo

el breve decir de lo que nombran. 

Mirar las estrellas desalojando su brillo 

y, lo invisible, traduzca en infinito lo 

visible, asible, a partir de una sílaba. 

Amo este decir, puede asistirme en la 

oscuridad, servirme de lámpara en el 

camino por el que voy unas veces y 

otras vuelvo, amparado en ellas. Sí. 

Las palabras flamean antes de apagar 

el espectral vacío por donde vuelven. 

Si me pregunto de dónde vienen, diría 

que de lo que impronunciables revelan

este claro en que puedo decir lo que 

dejan en mí viajando por dentro. La voz

que sigo leyendo en la página/ en la 

anterior/ la que estuvo/ y en la siguiente/ 

como lo hará, sin que llegue a saber 

cómo y cuándo.



*No puedo expresar con el lenguaje lo que se refleja en el lenguaje

jueves, 28 de mayo de 2026

Redbuay emprende un viaje renovado por su historia musical

-Rafael Ortega-


El músico venezolano Roberto Sánchez, artísticamente conocido como Redbuay, anunció el lanzamiento de su sexto álbum de estudio titulado homónimamente Redbuay

Más que una nueva producción discográfica, esta obra se presenta como un recorrido profundo por su propia evolución musical, trascendiendo lo convencional para ofrecer un recopilatorio reinterpretado y adaptado a su identidad actual.

El nuevo trabajo reúne 16 canciones que han marcado la trayectoria del artista. Cada una de ellas ha sido regrabada, producida y trabajada con un sonido completamente renovado, logrando una propuesta más madura, potente y emocional que promete cautivar tanto a sus seguidores de siempre como a las nuevas audiencias.


Entre el origen, la espiritualidad y las historias reales


El repertorio de Redbuay logra un equilibrio perfecto entre el pasado y el presente. El álbum rescata composiciones emblemáticas como “Asesino” —una de sus primeras creaciones— y “Es que tu amor”, una pieza de fuerte contenido espiritual que hoy renace con una nueva profundidad sonora.

Asimismo, el disco sorprende con temas inéditos de gran valor histórico, como “Era un lunes”, una de las primeras canciones que compuso en su vida y que permanecía guardada, rescatando así la esencia más pura de sus inicios.

La conexión emocional es el hilo conductor de esta producción. Destaca el tema “Me gustas”, una canción que adquirió un valor especial en la carrera del artista tras convertirse en la banda sonora de una historia real de amor, donde un fanático del reggae la utilizó para comprometerse formalmente. 

Por otra parte, la carga más íntima y honesta del proyecto llega con “Toda la eternidad” y “Como yo”, ambas composiciones dedicadas a la madre del artista.

El disco se consolida como un repertorio diverso que mezcla amor, reflexión, vivencias personales y crítica social a través de temas como “Cuánto más”, “Si tú no estás aquí”, “Discriminación” y “Hasta que duró”, los cuales reflejan distintas etapas emocionales y creativas del autor.

Colaboraciones y proyección internacional


Producido y masterizado en Santiago de Chile, este álbum reafirma el crecimiento artístico de Redbuay dentro de la escena musical de Latinoamérica, Europa y el resto del mundo.

La producción también celebra alianzas y momentos clave de su carrera, incluyendo colaboraciones con figuras de la escena como Bongo Yeyo (Zion TPL) y Dadda Wanche (desde las Islas Canarias), quienes aportan su talento en los temas “Si te gusta la danza” y “Lady”, respectivamente.


Un nuevo punto de partida


Con este lanzamiento, Redbuay no sólo celebra el pasado, sino que lo transforma. Este álbum reafirma su identidad y muestra su evolución sin perder la esencia que lo ha acompañado desde el primer día. Además, sirve como plataforma de proyección hacia nuevos escenarios; el artista ya prepara futuras presentaciones en vivo donde estas 16 canciones volverán a cobrar vida frente al público, en lo que el propio Redbuay define como el marco de su primer gran showcase o la consolidación de su primer disco oficial.


Coordenadas del lanzamiento


Redbuay estará disponible próximamente en todas las plataformas digitales. El estreno oficial está programado para el sábado 6 de junio de 2026 a las 6:00 AM (Hora de Santiago de Chile).

Granos de sonido (XVIII)

 


-Roberto Santana- 


El tizne en el metal: Ensayo sobre el carbón, el acero y la redención en Blue Train


Intentaré despojar a este álbum de la pátina del mito y observarlo como lo que realmente es: el registro fonográfico de una crisis resuelta a través del orden, el rigor técnico y la purificación espiritual. Sólo así se puede comprender su verdadero impacto. Cuando John Coltrane llegó a los estudios de Rudy Van Gelder en septiembre de 1957 no se trataba de cumplir con una sesión rutinaria; Coltrane iba a edificar las bases de su emancipación artística.


El umbral de una época: Estados Unidos en los confines de 1958


La atmósfera que respiraba el jazz a finales de la década de los cincuenta estaba marcada por profundas tensiones geopolíticas y domésticas. Los Estados Unidos se encontraban en plena ebullición de la Guerra Fría; el lanzamiento del satélite soviético Sputnik en octubre de 1957 había quebrado la autocomplacencia científica del país, instalando una paranoia colectiva que coexistía con una marcada recesión económica entre 1957 y 1958.

En el plano social, el Movimiento por los Derechos Civiles experimentaba un punto de inflexión con la crisis de los "Nueve de Little Rock" (un enfrentamiento histórico de 1957 en Arkansas, Estados Unidos, originado por la resistencia del gobierno estatal a permitir que nueve estudiantes afroamericanos ingresaran a una escuela secundaria exclusiva para blancos) en septiembre de 1957, donde la integración escolar en Arkansas fue resguardada por tropas federales.

Culturalmente, el arte afroamericano estaba dejando atrás la categoría de mero entretenimiento nocturno para exigir su validación como alta cultura institucional. En este entorno de urgencia política y afirmación identitaria, la música no podía ser ligera: requería un peso formal, una gravedad técnica y una verdad estructural que reflejara la complejidad de la experiencia urbana negra en el norte del país.


La caldera del hard bop: El pulso rítmico de Nueva York


Hacia la segunda mitad de los cincuenta, el panorama del jazz neoyorquino experimentaba una clara bifurcación. El cool jazz, con su estética cerebral, relajada y predominantemente blanca asociada a la Costa Oeste, empezaba a perder terreno frente a la contraofensiva del hard bop. Este estilo, gestado en los clubes de las grandes urbes industriales, operaba como una respuesta directa y vigorosa que regresaba la música a sus raíces que volvían a nutrirse en el suelo fértil de la diáspora africana.

El hard bop de esos años integraba de manera orgánica los elementos del blues profundo, las cadencias del gospel de las iglesias negras y la sofisticación armónica del bebop clásico de los años cuarenta. En 1958, la escena había alcanzado un estado de madurez óptimo; los ensambles ya no dependían exclusivamente de la velocidad pirotécnica, sino que buscaban un sonido más denso, arreglos de metales más deconstruidos y un pulso rítmico marcadamente acentuado y físico, liderado por bateristas y contrabajistas que empujaban las líneas melódicas hacia terrenos de una enorme exigencia motriz.


Purificación y renacimiento: El giro biográfico de Coltrane


El año 1957 fue el momento en que se decidió el destino de John Coltrane. En la primavera de ese año, su severa adicción a la heroína y el alcohol provocó que Miles Davis lo despidiera de su célebre quinteto, una decisión que dejó al saxofonista en una suerte de limbo profesional. Lejos de hundirse, Coltrane se recluyó en la casa de su madre en Filadelfia para someterse a un proceso de desintoxicación total y autodirigido. Este periodo no sólo supuso una victoria física, sino que detonó un profundo despertar espiritual y religioso que transformaría su ética de trabajo.

Limpio y con una disciplina técnica que rozaba la obsesión, Coltrane regresa a Nueva York en el verano de 1957 para integrarse en el cuarteto del pianista Thelonious Monk en el Five Spot Café. Esta pasantía fue fundamental para su desarrollo armónico. Monk le enseñó a pensar el instrumento de forma no lineal, instruyéndolo en el uso de multifónicos y expandiendo su visión sobre las progresiones de acordes. El músico que entró al estudio a grabar Blue Train era, por tanto, un instrumentista en estado de gracia: poseía una velocidad de ejecución física y conceptual que la crítica especializada bautizaría poco después como "sábanas de sonido" (sheets of sound).


El pacto de caballeros: Las circunstancias del lanzamiento


Blue Train ocupa un lugar singular y único en la discografía de su autor debido a un cruce de contratos y lealtades. Para 1957, Coltrane ya había firmado un acuerdo de exclusividad con el sello Prestige Records. Sin embargo, meses antes, en los días más oscuros de su adicción, el saxofonista se había acercado a Alfred Lion, cofundador de Blue Note Records, para solicitar un adelanto financiero, comprometiéndose verbalmente a grabar un disco para su compañía en el futuro.

Una vez consolidada su sobriedad y alcanzada la madurez con Monk, Coltrane decidió honrar su palabra. Negoció un permiso especial con Prestige para realizar una única sesión como líder para Blue Note. Él mismo se encargó de seleccionar al personal, diseñar la instrumentación y componer casi la totalidad del repertorio. De este modo, Blue Train (catalogado como Blue Note 1577) se convirtió en el único álbum de toda su carrera concebido y liderado directamente para la discográfica de Alfred Lion y Francis Wolff.


La acústica de Hackensack: Rasgos estilísticos, producción y sonido


El sonido de Blue Train está íntimamente ligado a la ingeniería de Rudy Van Gelder y a su mítico estudio doméstico en Hackensack, Nueva Jersey. La producción de Blue Note en este periodo huía del sonido plano o excesivamente seco de otros sellos de la época; Van Gelder lograba una captura caracterizada por una presencia física inmediata y una notable calidez tonal.

En el álbum, el contrabajo posee una definición profunda pero nítida, la batería muestra un brillo metálico y texturizado en los platillos que nunca llega a saturar, y los metales suenan masivos, aprovechando la sutil reverberación natural del espacio.

Estilísticamente, el disco se desmarca de las habituales "sesiones de soplado" (blowing sessions) comunes en la época —donde los músicos simplemente se reunían a improvisar sobre estándares sin preparación previa—. Blue Note tenía la política de pagar a los músicos por los días de ensayo previos a la grabación. Esta inversión económica se traduce en un sonido de una cohesión formal superior: los ataques de los metales son limpios, las transiciones están medidas y la improvisación se despliega sobre una red de seguridad sonora sumamente cuidada.


El bloque de bronce: Arreglos e instrumentación


Para esta sesión, Coltrane optó por una configuración de sexteto, añadiendo un tercer metal a la línea frontal típica del quinteto de la época. La instrumentación quedó definida de la siguiente manera:


Línea frontal: Saxo tenor, trompeta y trombón.

Sección rítmica: Piano, contrabajo y batería.


Esta decisión otorgó al álbum un peso casi orquestal, una densidad tonal media-grave que evocaba la potencia de una pequeña big band. Los arreglos, estructurados por el propio Coltrane, se basan en combinaciones armónicas abiertas donde los tres metales actúan en bloque durante la exposición de los temas. El trombón funciona como un ancla en el registro bajo, la trompeta corta el aire en las frecuencias agudas y el saxo tenor cabalga en el centro de la mezcla. Esto permite que los temas tengan un aire coral, majestuoso y oscuro, sirviendo como el marco perfecto para el posterior desarrollo individual de los solistas.


El elenco del rigor: Desempeño de los artistas involucrados


Lejos de responder a una improvisación azarosa, el ensamble reunido por Coltrane responde a una cuidadosa selección de talentos que se encontraban en puntos determinantes de sus respectivas carreras, un desempeño que la historiografía del jazz ha documentado y verificado con precisión:


Lee Morgan (trompeta): Con apenas 19 años de edad, Morgan ofrece un desempeño de una madurez técnica asombrosa. Su fraseo es insolente, brillante y de una articulación impecable, demostrando ser el heredero directo de la escuela de Clifford Brown pero con un filo urbano propio.

Curtis Fuller (trombón): Fuller evita la pesadez y las limitaciones históricas del trombón de varas en el bop acelerado. Su ejecución es ágil, limpia y dialoga en perfecta simetría matemática con las líneas de Morgan y Coltrane.

Kenny Drew (piano): Drew funciona como el balance armónico del grupo. Su estilo combina el lirismo del blues de raíz con un desarrollo formal europeo, aportando un acompañamiento sobrio que nunca satura el espacio de los solistas.

Paul Chambers (contrabajo) y Philly Joe Jones (batería): Tomados prestados del quinteto de Miles Davis, constituían la sección rítmica más sólida del periodo. Chambers ofrece un pulso granítico, un avance caminante (walking bass) de una afinación y estabilidad definitivas, mientras que Jones puntúa la sesión con sus característicos golpes de aro y una síncopa elástica que empuja constantemente a los metales a expandir sus límites.


La evolución del líder: Comparativa discográfica


Para calibrar el desarrollo estilístico de Coltrane en este periodo clave, es sumamente útil contrastar Blue Train con las obras inmediatamente anterior y posterior de su catálogo personal.


El paso previo: Coltrane (First Trane, Prestige, grabado en mayo de 1957)


Ambos trabajos utilizan una línea frontal de tres metales (en First Trane participan Johnny Splawn en trompeta y Sahib Shihab en saxo barítono) y exploran el lenguaje del hard bop anclado en el blues. Pero First Trane es un documento de transición, grabado semanas después de su salida del grupo de Miles y en los albores de su sobriedad; los arreglos son menos unificados, la selección de temas depende más de los estándares tradicionales del sello Prestige y la ejecución de Coltrane, aunque potente, carece de la dirección y la solidez compositiva que exhibiría meses después en Blue Note, donde firmó cuatro de las cinco piezas del álbum.


El paso posterior: John Coltrane with the Red Garland Trio (Traneing In, Prestige, grabado en agosto de 1957)


Registran exactamente el mismo periodo de ebullición técnica y claridad conceptual del músico tras su purificación física. No obstante, al tratarse de una configuración de cuarteto (saxo y sección rítmica), el espacio acústico cambia por completo. Sin la densidad de la masa de metales de Blue Train, Coltrane se ve obligado a asumir todo el peso armónico de la vanguardia melódica. El piano de Red Garland, caracterizado por sus sutiles acordes en bloque, le ofrece un colchón mucho más ligero y fluido que el de Kenny Drew, permitiendo que los solos de Coltrane en este disco sean más extensos, sinuosos y puramente exploratorios.


Los senderos bifurcados: El destino de los músicos


Tras la publicación de Blue Train en enero de 1958, las trayectorias de los integrantes de la sesión confirmaron el gran ojo estratégico de Coltrane para aglutinar talento. Lee Morgan se convirtió en uno de los pilares indiscutibles de Blue Note Records, liderando sesiones definitivas y alcanzando un enorme impacto artístico con The Sidewinder (1963), antes de su trágica muerte en 1972. Curtis Fuller pasó a formar parte de los Jazz Messengers de Art Blakey, consolidándose como el trombonista de referencia del sonido hard bop de los sesenta. Kenny Drew optó por la emigración a Europa a principios de la década de los sesenta, radicándose en Copenhague, donde se transformó en la figura central del jazz del continente desde el club Montmartre. Paul Chambers y Philly Joe Jones regresaron de lleno a la disciplina de Miles Davis, apuntalando obras históricas de la transición al jazz modal como Milestones (1958) y, en el caso de Chambers, el seminal Kind of Blue (1959). Ambos padecieron problemas crónicos de salud, falleciendo en 1969 y 1985, respectivamente.


En el espejo de su tiempo: Comparación con obras coetáneas


Para ubicar la propuesta de Blue Train dentro de la constelación del hard bop y la vanguardia de finales de los cincuenta, resulta ilustrativo contrastarlo con cuatro álbumes referenciales de su misma época.

Mientras que Blue Train se erige sobre una matriz de hard bop de alta costura estructural concebida para un sexteto de densidad media-grave, buscando el equilibrio entre la precisión de los arreglos y la velocidad de acumulación de notas, otras producciones contemporáneas ensayaban rumbos estéticos e instrumentales muy diversos.

Por un lado, Somethin' Else (1958), liderado por el saxofonista Cannonball Adderley en formato de quinteto y con Miles Davis como acompañante de lujo, apuesta por un hard bop refinado y lírico, provisto de giros hacia un blues elegante. En este álbum prima un espacio amplio y aireado que prioriza la melodía cantable, la sofisticación del aire entre notas y los primeros atisbos del pensamiento modal.

En un terreno mucho más rupturista se sitúa Monk's Music (1957) de Thelonious Monk. Este trabajo en septeto, donde participan tanto un joven Coltrane como el veterano Coleman Hawkins, se instala de lleno en un bop deconstructivo, angular y marcadamente experimental; la propuesta de Monk se muestra obsesionada con la disonancia armónica, el uso del silencio con valor rítmico implícito y la quiebra absoluta de la métrica tradicional.

En el extremo de la ejecución puramente física encontramos The Little Giant (1959) de Johnny Griffin. Configurado a través de un denso ensamble entre el sexteto y el septeto de corte clásico, Griffin despliega un hard bop volcánico, pirotécnico y de alta velocidad lineal; su enfoque se concentra casi exclusivamente en la resistencia instrumental, la velocidad de soplado y la exhibición de un virtuosismo técnico tradicional apabullante.

Finalmente, la perspectiva se abre hacia las raíces populares con Ray Charles Presents David Newman Fathead (1959), un registro que introduce una vertiente de soul-jazz primitivo y rhythm and blues de marcado carácter urbano y sureño. Apoyado por la sección rítmica de la propia banda de Ray Charles, este formato de ensamble pequeño se distancia de las complejidades académicas o las abstracciones neoyorquinas para dar primacía absoluta al groove bailable, la sencillez en las estructuras armónicas y una emotividad directa heredada de las iglesias negras y el gospel.

El cordón umbilical que une a estas cinco producciones es el Blues como matriz lingüística y de resistencia cultural. Ninguno de estos discos, por más abstracto o experimental que pretenda ser (como el caso de Monk), se desentiende de la escala de blues, de la expresividad del grito afroamericano ni de la estructura de llamada y respuesta. Todos ellos operarían como una reafirmación del pulso físico y la herencia de la música negra de cara a la creciente sofisticación o blanqueamiento del mercado del jazz.

Su gran diversidad radica en la intencionalidad del espacio armónico y la dirección del tiempo. David Newman utiliza la armonía para consolidar el baile y la tradición del groove directo; Johnny Griffin la utiliza como una autopista lineal para demostrar velocidad de ejecución; Thelonious Monk la fragmenta mediante intervalos incómodos que detienen el flujo del tiempo; Cannonball Adderley la ablanda para buscar un lirismo sofisticado; y John Coltrane en Blue Train utiliza la estructura para ensayar la acumulación vertical de acordes, preparando el terreno para su futura saturación.


La imagen del silencio: El soporte visual como traducción estética


Blue Train cuenta con uno de los soportes visuales más influyentes en la historia de la cultura popular: su icónica portada.

La fotografía fue capturada por Francis Wolff en los estudios de Hackensack durante la sesión de grabación. Wolff, utilizando una iluminación de alto contraste, capturó a Coltrane en un plano medio corto, bañado en un claroscuro denso. El saxofonista aparece con lo que parece una caña de repuesto apoyada en los labios pero sin emitir sonido, con la mano izquierda sosteniendo el mentón y la mirada completamente perdida en el vacío del pensamiento.

El diseñador gráfico de cabecera del sello, Reid Miles, tomó esta fotografía, le aplicó un tinte azul monocromático y dispuso una tipografía sans-serif sobria en la parte superior. Esta carátula no funcionaba como un mero adorno comercial; operaba como una traducción visual exacta de la música interior: una representación del rigor intelectual, la melancolía del blues y la profunda concentración espiritual de un músico en proceso de redención.


El factor invisible: El ensayo pagado como declaración técnica


Un punto fundamental que suele omitirse en el análisis de este álbum es la dimensión laboral de la grabación. Como se mencionó previamente, Alfred Lion pagaba a los músicos por ensayar los días anteriores a la sesión de estudio. En el contexto precario del jazz de los cincuenta, esto era una anomalía absoluta.

El resultado de esta política económica es lo que diferencia a Blue Train del resto de la producción contemporánea de Coltrane para otros sellos: el disco suena coordinado porque realmente hubo tiempo para madurar las dinámicas de grupo. Las entradas al unísono de los metales, los fondos sutiles que los instrumentos de viento tejen detrás de los solos del piano o la precisión con la que Paul Chambers realiza la transición del arco al contrabajo son la consecuencia directa de un entorno de trabajo que privilegiaba la excelencia por encima de la inmediatez comercial.


La consolidación del líder: Trascendencia en la carrera de Coltrane


La importancia de Blue Train dentro del itinerario personal de John Coltrane es inmensa. En una entrevista concedida en 1960, el propio saxofonista declaró que, de toda su producción como líder hasta ese momento, este era su álbum predilecto.

El disco constituyó la prueba de fuego de que era capaz de comandar una sesión de gran envergadura conceptual fuera de la sombra protectora de Miles Davis o de la tutela intelectual de Thelonious Monk. Cuatro de las composiciones llevan su firma, consolidándolo no sólo como un instrumentista de vanguardia, sino como un compositor estructuralmente robusto capaz de diseñar un sonido de conjunto distintivo y perdurable.


El canon de bronce: Aporte y trascendencia en el jazz


Dentro del desarrollo histórico del jazz, Blue Train quedó establecido como el manual de estilo definitivo para el formato de sexteto dentro del hard bop. Demostró cómo se podía equilibrar el poder de fuego de una sección de metales densa con la soltura y la flexibilidad de una sección rítmica elástica.

Asimismo, piezas como "Moment's Notice" introdujeron sustituciones armónicas y progresiones de acordes sumamente complejas que desafiaron a las generaciones venideras de instrumentistas, sirviendo como el puente directo hacia las investigaciones de geometría armónica simétrica que Coltrane sistematizaría un par de años después en su histórico Giant Steps (1960).


Veredicto crítico: Clasificación en la escala de esta columna


Le otorgo a este álbum la calificación de #Esencial.

Blue Train no recibe esta etiqueta por una veneración nostálgica del canon o por el mito romántico del artista redimido. Es una obra de obligada referencia porque funciona como la piedra angular que sostiene el puente de transición entre dos eras del jazz: la culminación del bop tradicional y el nacimiento de las vanguardias modales y libres de los años sesenta.

Sin la simetría, el orden físico y la purificación técnica alcanzados en esta sesión de Blue Note, el posterior desborde místico y formal de las últimas etapas de John Coltrane carecería del cimiento que lo hizo universal. Es el mapa detallado de un hombre que aprendió a dominar la estructura a la perfección, justo antes de tomar la decisión histórica de romperla.

John Coltrane – Blue Train (1958)


•Estados Unidos


•Hard Bop


•Esencial


Músicos


•John Coltrane: saxofón tenor

•Paul Chambers: contrabajo

•Kenny Drew: piano

•Curtis Fuller: trombón

•Philly Joe Jones: batería

•Lee Morgan: trompeta


Si quieres escucharlo, toca el enlace: https://t.me/maticesdeljazz/753