domingo, 15 de marzo de 2026

Palabras bajo libertad (VIII / 2026)


Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Edición y nota:

Manuel Cabesa


***


Místico, carnal, salvaje


Helio Uzcátegui ha estado escribiendo apartado de grupos y talleres literarios una obra poética que sorprende por su solvencia, su capacidad imaginativa, por lo insólito de su lenguaje y por la contundencia de su discurso. 

Muy cercano a la poesía beat, nuestro amigo, hace un acercamiento frontal hacia el amor, lo numinoso, lo social sin caer en la trampa del panfleto o la queja lisonjera: simplemente expone su visión a través de imágenes que resultan sorprendentes porque también se apartan de los discursos en boga llenos de simplicidad. 

Es poesía para los sentidos, para despertar en nosotros esas fibras dormidas que han dejado de cuestionar al mundo y se adaptan a unas expectativas de lamentable resignación.

Poesía crítica en su lenguaje y en su forma, expresión de un sentimiento que ve más allá de lo estrictamente natural, y enarbola las banderas de un discurso abierto y militante.


(mcabesa)

Sólo, abrir en caso de poesía


***


Caída hacia fuera de los ojos


Vivo colgando de las pestañas 

temblando en el planeta 

invertebrado de su imagen presunta

me suelto de sus pupilas 

al abismo del punto ciego

cabalgando sobre la gravedad giratoria

                 del último vértice. 


Levitando mi especie.


***


Grito

 

esta bandera de olvido 

surco esta ventana de arena 

y te miro 

del otro lado del mundo 

y tu golondrina 

en el firmamento abre una puerta 

desnuda, contando cada lobo que escapa 

de tu canto mordiendo las verdades 

grito la cuita de Moisés

el agua que abre como útero los brazos 

las dimensiones de los océanos eléctricos 

que crujen en tu orgasmo de península

que ahogan por el mástil 

esta virilidad de barcarola.

Grito al autor de los portales líquidos 

de eras que habitan y van por tu boca chocándose

como atemporales quejidos de ola como lengua 

empecinada en lamer el alma.


***


Que el fuego me tome por hijo


Padre,

incinera el papel moneda laqueado de sombras

aliento predilecto de la codicia,


levantemos la ciudad de ceniza


en el orín de la llama 

tracemos los límites de las naciones

el cielo con sus trajes grises,

recita la canción del abismo

el baladí del volcán, 

de la primera bocanada del cigarro de dios

después del séptimo día, 

apura tu llama perfecta,

el sosiego del átomo 

que une el Bien

                        y el Mal.


Incinera la Nada.

El antidiluviano pacto.

Ejerce la promesa de tu Presencia

agrieta la vasija del Creador.


***


Balada del suicida


En el borde del puente 

vuelan o se arrojan

como monedas a una fuente infinita. 

La corriente los regurgita 

los tose como capullos de espina,

los hijos de Caín

los alados que descienden.

Vencidos de hipérboles

cantan su pudor de círculo danzante

de aire que le crepita hasta mojarse

las entrañas

y ser ancla de la prosa del río.


***


Escribir sus brazos


delimitar su comisura 

encender con palabra de barro 

cada curva que trasciende un don carnal,

su parque de desgastar el cuerpo

ese delirio, de ser poeta que escribe una mujer,

hacer ventanas en su blusa,

crear con la estrofa curva de su planeta elíptico 

trazar su corazón donde hay una cuenca

y cuando tenga miedo hacer su rostro invisible,

o que un ojo no mire o mire a otro,

que la nariz no busque mi rastro,

o su ombligo me obligue

a labrarlo con un mordisco,

para que quede junta toda la piel 

pensaré en ponerle nombre,

en acostarme a su lado, 

con la pluma recién cargada 

de la tinta y de la sangre 

y sentirme como un dios alegre, un dichoso Adán.

1 comentario:

  1. Sublime ..elevó mi alma ; todas las imágenes me cruzaron a tomarlas y perderlas para tenerlas, uffff sencillamente maravilloso . Gracias Helio por tu maravillosa poesía
    Raquel Santeliz.

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Un abrazo,
Rafael Ortega