Palabras que son flores que son frutos que son actos...
Octavio Paz: La estación violenta
Edición y nota:
Manuel Cabesa
***
Místico, carnal, salvaje
Helio Uzcátegui ha estado escribiendo apartado de grupos y talleres literarios una obra poética que sorprende por su solvencia, su capacidad imaginativa, por lo insólito de su lenguaje y por la contundencia de su discurso.
Muy cercano a la poesía beat, nuestro amigo, hace un acercamiento frontal hacia el amor, lo numinoso, lo social sin caer en la trampa del panfleto o la queja lisonjera: simplemente expone su visión a través de imágenes que resultan sorprendentes porque también se apartan de los discursos en boga llenos de simplicidad.
Es poesía para los sentidos, para despertar en nosotros esas fibras dormidas que han dejado de cuestionar al mundo y se adaptan a unas expectativas de lamentable resignación.
Poesía crítica en su lenguaje y en su forma, expresión de un sentimiento que ve más allá de lo estrictamente natural, y enarbola las banderas de un discurso abierto y militante.
(mcabesa)
Sólo, abrir en caso de poesía
***
Caída hacia fuera de los ojos
Vivo colgando de las pestañas
temblando en el planeta
invertebrado de su imagen presunta
me suelto de sus pupilas
al abismo del punto ciego
cabalgando sobre la gravedad giratoria
del último vértice.
Levitando mi especie.
***
Grito
esta bandera de olvido
surco esta ventana de arena
y te miro
del otro lado del mundo
y tu golondrina
en el firmamento abre una puerta
desnuda, contando cada lobo que escapa
de tu canto mordiendo las verdades
grito la cuita de Moisés
el agua que abre como útero los brazos
las dimensiones de los océanos eléctricos
que crujen en tu orgasmo de península
que ahogan por el mástil
esta virilidad de barcarola.
Grito al autor de los portales líquidos
de eras que habitan y van por tu boca chocándose
como atemporales quejidos de ola como lengua
empecinada en lamer el alma.
***
Que el fuego me tome por hijo
Padre,
incinera el papel moneda laqueado de sombras
aliento predilecto de la codicia,
levantemos la ciudad de ceniza
en el orín de la llama
tracemos los límites de las naciones
el cielo con sus trajes grises,
recita la canción del abismo
el baladí del volcán,
de la primera bocanada del cigarro de dios
después del séptimo día,
apura tu llama perfecta,
el sosiego del átomo
que une el Bien
y el Mal.
Incinera la Nada.
El antidiluviano pacto.
Ejerce la promesa de tu Presencia
agrieta la vasija del Creador.
***
Balada del suicida
En el borde del puente
vuelan o se arrojan
como monedas a una fuente infinita.
La corriente los regurgita
los tose como capullos de espina,
los hijos de Caín
los alados que descienden.
Vencidos de hipérboles
cantan su pudor de círculo danzante
de aire que le crepita hasta mojarse
las entrañas
y ser ancla de la prosa del río.
***
Escribir sus brazos
delimitar su comisura
encender con palabra de barro
cada curva que trasciende un don carnal,
su parque de desgastar el cuerpo
ese delirio, de ser poeta que escribe una mujer,
hacer ventanas en su blusa,
crear con la estrofa curva de su planeta elíptico
trazar su corazón donde hay una cuenca
y cuando tenga miedo hacer su rostro invisible,
o que un ojo no mire o mire a otro,
que la nariz no busque mi rastro,
o su ombligo me obligue
a labrarlo con un mordisco,
para que quede junta toda la piel
pensaré en ponerle nombre,
en acostarme a su lado,
con la pluma recién cargada
de la tinta y de la sangre
y sentirme como un dios alegre, un dichoso Adán.


Sublime ..elevó mi alma ; todas las imágenes me cruzaron a tomarlas y perderlas para tenerlas, uffff sencillamente maravilloso . Gracias Helio por tu maravillosa poesía
ResponderEliminarRaquel Santeliz.