-Manuel Cabesa-
A Ella, mi fuerza y mi forma, ante el paisaje
J.S.P.
Con el correr de los años la novela policial en latinoamerica dejó de ser un divertimento intelectual ("El jardín de los senderos que se bifurcan") o un pretexto para la parodia ("No disparen a la sirena") para convertirse en un género de amplio espectro cuya misión es la de presentar las crudas realidades que viven nuestros países: narcotráfico, corrupción de la justicia, desidia política, miseria social, etc.
Siguiendo el patrón de un género que ha mantenido sus reglas estructurales desde el principio, dos autores han traído sus propios personajes y les han insuflado vida suficiente como para convertirse en referentes dentro de nuestra narrativa: el cubano Leonardo Padura con el detective Mario Conde en una serie de novelas que ya casi superan la decena de libros y el nicaragüense Sergio Ramírez con Dolores Morales que por el momento ocupa el espacio de tres historias.
Conde y Morales tienen puntos en común: ambos fueron policias y una vez retirados se dedican a la investigación privada en países donde tal oficio puede resultar un poco extravagante.
A través de sus novelas Leonardo Padura nos hace crónica de la isla sumida en la depresión económica a partir del "período especial" y que todavía sufre los embates de un bloqueo sexagenario, con frecuentes viajes en la memoria a los años pre-revolucionarios y de comienzos de la revolución.
Por su parte, Ramírez usa sus libros como espejo de la situación que viven los nicas luego que el sandinismo y sus líderes se convirtieran en un régimen parecido al que ellos mismos lucharon por erradicar.
Inevitable una lectura política de ambos autores que escriben desde procesos que politizaron la vida de sus respectivos países y que como en "El siglo de las luces" de Alejo Carpentier sus novelas son el reflejo de cómo las revoluciones devoran a sus hijos.
"Ya nadie llora por mí" (Alfaguara, 2017) es la segunda novela del ciclo de ex-combatiente y ex-inspector Dolores Morales. En una trama de corte clásico un empresario contrata a Morales para encontrar a su hijastra posiblemente escapada del hogar ya que, como no se ha pedido rescate, descarta la posibilidad del secuestro.
Morales, detective de baja categoría, acompañado de una serie de personajes bastante particulares que incluye hasta el espíritu de uno que murió en la primera novela, inicia su trabajo y mientras avanza se va revelando que nada es lo que parece, que el poder económico y el poder político danzan a un mismo compás y que los marginales que alguna vez fueron héroes de una revolución viven en un submundo donde la miseria es el pan nuestro de cada día.
Toca a Morales tomar una decisión ética entre seguir sus pesquisas y encontrar a la chica aún a sabiendas del destino que le espera o intentar salvarla del mismo a pesar de su propia condena.
Como en toda buena novela los resultados no se hacen esperar y Morales termina siendo víctima de sus propias decisiones.
Lo que habría que destacar de "Ya nadie llora por mí" es que a pesar de su trama resulta una novela ágil y divertida: la comparsa que acompaña a Morales le da un colorido especial al relato ya que, además de sus experiencias, los personajes aportan sus manías bastante particulares cada uno, especialmente Lord Dixon, especie de fantasma y conciencia del detective cuyas opiniones e intervenciones suelen ser de lo más sorpresivas e hilarantes.
Por otro lado los coloquialismos del habla popular nicaragüense le brinda gran colorido y autenticidad a una historia que desde las primeras páginas mantiene al lector en vilo.
Sobre esto hay que apuntar, finalmente, que no es la primera vez que Sergio Ramírez se acerca al género: a finales de los 80 tuvo un primer contacto con "Castigo divino" en donde recrea un crimen real sucedido en los años 30 en el país centroamericano, pero entonces para el entramado de su relato, el autor recurrió a los mecanismos de la narración oblicua a través de informes y alegatos de tipo judicial; no así en esta nueva serie donde disfrutamos de una narración pura que por momentos nos recuerdan el estilo de Ross McDonald y su detective Lew Archer y por donde planea la sombra de otro entrañable autor: Manuel Vázquez Montalban y la serie Pepe Carvalho que en 1975 inauguró la novela criminal e nuestro idioma con su toque de crítica y crónica de la sociedad que le dio vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los blogs se alimentan de palabras, gracias por dejar sus comentarios en el mío.
Un abrazo,
Rafael Ortega