lunes, 16 de marzo de 2026

Cuatro poemas de Jhonatan Sarmiento

Ilustración: Francisco Massiani (1970)


***


A lo lejos el canto del buey


La sombras alcanzan un delirio, 

las almohadas se resbalan, 

tentando un oído agudo 

mientras el piano toca un jazz. 


Fa mayor: el perro canta. 

La menor: el corazón se calló. 

Din, din... 

bajo en mi radio en Mí menor

Din, don.. 

estás cosas del amor.


Vuelo debajo de la cama 

payaso sentado 

al rigor del fuego. 

Silencio que no hay estatuas 

en el país de mármol.


Rey de Dinamarca 

vuelve a mi tenampa, 

negro el gato sin patas 

por la madre enferma


loco,

loco,

loco por tú fresas 

sin manos para tocar.


Mar de llanto en mi granja desierta, 

lanchas de densas maderas. 

Gobierno sin causa 

en el río doliente

mojo la frase en mi rencor.


 La, la, la... 

cantata en el carrusel, 

el final llega 

en en corredor tres de Aragua.

La, la, la... 

el enfermo muere ya... 


Sí.

Muere en el papel sin letra. 


Buey, buey.


***


Circo eléctrico


Por las sendas verdes del ocaso, 

el viento herido 

se trajo un remanso, 

pisando un muelle de cable fino: 

iré al circo eléctrico de Dios 

junto al rebaño, 

dejaré una pestaña 

en la sortija divina,

en la muerte casada.


Largo estrecho viviente, 

por la desnudez 

de la noche muerta.


Circo eléctrico 

circo de las ánimas 

hambriento 


Papel en la esquina de Sodoma.


Leones, tigres, elefantes 

juegan con la cabeza calva, 

y caminan por los relojes quemados.


¡La La la la!...

Ruge, chilla y las parábolas 

tocan la serpiente en su seno.


Colores en maizal, 

no paran de rodar cabezas,

llegan más. 


El muelle se hace más grande 

y la caja más pequeña...


¡Bienvenidos todos! 


La sangre ríe idiota 

al ver el tigre bailando 

la cabra mocha.


Eléctrico en mis manos,

eléctrico en las lágrimas, 

las sedas tocan la sonrisa 

perfecta en la algarabía. 


Doce de la noche 

y los cigarros encienden 

el rocío indomable.


¡Baila, baila mi pequeño tigre!


Gracias por venir al circo 

y ya se fue 

en el último muelle quedó

el barco náufrago. 


¡Algarabía! ¡Algarabía! ¡Algarabía! 

¡Bravo! 

¡Aplaude sin manos!

¡Vuelve pronto...!


¡Dios te bendiga!


***


El callejón del Diablo


Brisas en mis uñas, 

tupé en las pieles rojas, 

rebaño sin agua 

en el río del manantial. 


París en la habitación, 

el callejón ruge 

de forma poética en la brasa.


¡Rompe tu cadena señor mío! 

El alma se parte 

como un romper de cabeza, 

que tienes que volver 

armar y dibujar.


El callejón 

se deshace de los suspiros, 

las hojas caen en extrañas palpitaciones... 


Verde león confirma 

los hombres sin hogar 

en el callejón de París.


Tum, tum... 

Estoy aquí 

Tum, tum...

no me iré sin mis botas ebrias.


La espada encendida toca mi sien, 

la última copa se deshace 

en mi lengua amarga: 

los Dioses se pudren 

en mi boca bendita, 

uvas, manzanas y peras: 

corren sabores 

en el callejón del Diablo.


***


El rey de los mundos 


Bajé hasta el perdón,

remonté un caballo sin jinete,

puse el dedo en la carretera

y me quemé.


Mis botas se entregaron al viento,

los asesinos comen las cabezas de rana,

yo sufro en un coliseo

de flores dañadas...


Barbadas,

frío intenso de livianas,

el jinete me da la cabeza

del rey de los mundos.

1 comentario:

Los blogs se alimentan de palabras, gracias por dejar sus comentarios en el mío.
Un abrazo,
Rafael Ortega