-Manuel Cabesa-
A ella, mi fuerza y mi forma ante el paisaje
J.S.P.
Entre las informaciones literarias de la semana y entre la cantidad de premios que se otorgan a destajo casi a diario, una me llamó la atención: el otorgamiento del XVI Premio Formentor de las Letras al escritor portugués Gonçalo M. Tavares el pasado 3 de marzo; y me llamó la atención porque su nombre me resultaba familiar, a pesar de no haberlo leído, gracias al ensayo del escritor aragüeño Juan Martins: "Gonçalo M. Tavares: el secreto de su alfabeto" (Ediciones Estival, 2019).
Martins es un lector acusioso y prolijo ensayista, ya en otra oportunidad escribí sobre él que se ha dedicado "a estudiar esa nueva especie literaria que se viene conociendo como autores periféricos, es decir autores que emergen de los marginalias y entran en el canon con relatos híbridos donde todos los géneros se mezclan..."
Otra cosa que hay que advertir de Martins es su constancia y el rigor con que asume cada lectura, los libros dedicados a Julio Cortázar, Enrique Vila-Matas y César Aira que conozco son densas exploraciones que más allá de la crítica descriptiva nos sumergen en la obra de cada autor llevándonos a través de un laberinto de reflexiones y supuestos que incitan a la lectura directa de los libros comentados. El texto dedicado a Tavares no es la excepción.
Como dije, desconozco la obra de Tavares por el momento, así que me acerco a él oblicuamente a través de la mirada de Juan Martins.
Y lo primero que destaca Martins de Tavares es que escribe desde las palabras; es decir que usando el recurso del poeta, tal y como lo concibe Mallarmé, la escritura nace de sí misma, a partir de las palabras convocadas sin tener un destino definitivo: que resulte cuento, ensayo, novela, poema es un asunto secundario. Al parecer el autor sólo va tejiendo el texto, palabra por palabra, como el orfebre va armando una pieza lentamente a la espera de la figura que ha de surgir.
De allí que como lo destaca Martins y otros comentaristas del autor la literatura de Tavares, al parecer, evade los calificativos genéricos ya que ella participa de todos a la vez: lo importante no es el resultado sino la construcción; el mismo Tavares lo explica cuando destaca la importancia de una frase en el texto:
"Para mí cada frase debe decir algo sustantivo. Escribir una frase es una responsabilidad. Creo que hay que escribir una frase solamente si tienes algo que decir".
De esta manera Juan Martins nos lleva a la conclusión de que la importancia de la obra de Gonçalo M. Tavares es: "Hacer de la voz la experiencia misma de la literatura".
Para Martins, Tavares es un autor comparable a Borges y a Enrique Vila-Matas, estudiado previamente por nuestro amigo:
"La literatura no se queda entonces en la mera representación de un modelo literario. Eso quedará descartado ante la impronta de un lenguaje que se erige con el fin de hacer dudar de la realidad lo cual, pienso, me acerca a Borges. Por un lado lo lúdico, por el otro la ironía y ambos preceptos quieren transgredir lo real por otro medio".
Finalmente, y más allá de las comparaciones que sirven para ubicar a Tavares dentro de un contexto, está el posicionamiento de Juan Martins como lector: de nuevo, como en otros ensayos, el autor se diluye en la lectura y se convierte en ficción de la misma. La lectura no es un acto pasivo del lector frente al libro, sino una búsqueda de la identidad a través de la propia lectura y quizá por ello siente Martins tanta atracción por estos autores que no se imponen a lo que escriben sino que también se diluyen en sus propias palabras; como ya lo apuntaba en su libro anterior "Novelas son nombres" (2016), para Juan Martins: "Todo deviene en el lector, para su gusto y placer por supuesto".

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los blogs se alimentan de palabras, gracias por dejar sus comentarios en el mío.
Un abrazo,
Rafael Ortega