domingo, 27 de septiembre de 2026

Palabras bajo libertad (XXIII/2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Edición y nota: Manuel Cabesa


***


Unos pocos versos del poeta cubano Rubén Wong Subirat son el detonante para preguntar sobre el destino de una casa vacía: ¿al irnos, queda sola o algo de nuestra vida queda impregnando las solitarias paredes? Los integrantes del Taller Libertad bajo palabra parten de esta premisa para reflexionar, a través de sus textos, sobre el imaginario de la casa deshabitada, exactamente tres meses después de que, tristemente, en un doblete sísmico devastador hayan sucumbido tantas casas con sus habitantes...


(mcabesa)


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"Una casa está vacía 

hasta que la habitan tus miedos.

Tus recuerdos.

Tus silencios cuando ya no sabes 

de qué manera pedirle a Dios". 


Rubén Wong Subirat


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Una casa es más que el cuerpo de bloques y cemento. Es justo eso que dice Rubén Wong: el hábitat de lo que somos, el espacio de nuestras alegrías y tristezas, de la vida que transitamos en ella...


Ninfa Monasterios Guevara


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Mi casa

¿dónde está mi casa?


Estoy extraviada


La busco

y no la encuentro 

porque mi casa eras tú.


Mercedes Carmona


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Una casa esta vacía

cuando no la habitan 

los recuerdos

los miedos

las locuras

las esperanzas 

la incertidumbre.

 

Todo ello te impulsa 

a buscar senderos 

de luciérnagas


Silenciosamente 

ella comparte contigo 

las pasiones 

que te dominan


Algunas veces 

te hace despertar 

te motiva

a seguir adelante 

a seguir llenándote 

de fe, 

sueños e ilusiones. 


Julia Yasmina Liendo


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Mi casa

no es una casa


Es una galaxia 

un cosmos 


Es un lugar

donde convergen

distintas mujeres


Mujeres alucinadas

con vocación de mariposa

y otras tantas veces 

también fatuas


No importa lo que suceda

mi casa siempre,

siempre me espera.


Laura Luque


**


Una casa está vacía,

de ella huyen

hasta los miedos.


Los recuerdos 

son como la lluvia 

de una década 

en Macondo. 


Una casa está vacía 

de ella huyen 

hasta las plumas 

de las aves muertas. 


Los silencios 

apagan los cocuyos 

enamorados 

en las sabanas. 


Una casa está vacía 

de ella huyen 

hasta los fantasmas 

de las palabras. 


En la oscura noche 

las gotas de lluvia 

son un escándalo 

en la casa vacía.


Ysbel Mejías


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¿Una casa está vacía?


¡No!


Siempre esta habitada 

por los recuerdos: 

las fotos descoloridas, 

los muebles roidos 

por el paso del tiempo, 

las cortinas donde 

cuelgan las telarañas.


Las risas que tapizan 

las paredes,

las lágrimas 

que persiguen al miedo, 

las conversaciones 

que quedaron pendientes.


La casa nunca, 

nunca, esta vacía

la acompañan los roedores, 

el polvo... 

y el ruido callado 

de quienes 

la habitaron. 


Liris Miyares


**


La casa olvidada


Los ojos caminan 

por todo el lugar,

las huellas deambulan 

tras cada objeto,

los espíritus se buscan 

sin poder mirarse,

un gran espacio vacío 

se come todo rastro de vida,

tanto amor colgado 

en sus paredes,

cuánta pasión 

apagada en las mesas,

las alegrías se fueron de viaje, 

hoy la soledad reina

en aquella casa de los sueños.


Lila M. Morillo


**


Mi casa 

ni aun puede estar habitada


Su artífice y su destructor 

me habitan


Vacía siempre, 

sus escombros vagan

en un Universo 

de sólo polvo


Los recuerdos 

forman remolinos 

de temores


Espero un artífice 

que haga los cimientos 

con una fe 

que me hace falta.


Julio César Pérez


**


Enterrado mi perrito 

dibujadas y rayadas 

las paredes 

de mi habitación

con la tubería partida 

como un ventrículo 

en algún sitio

con los pasos contados 

de mis ancianos


queda la casa y el dibujante

me marcho 

con mi caravana ambulante

a no sé donde.


Helio Uzcátegui


**


Una casa está vacía 

no sólo cuando 

no está amueblada 

o está deshabitada.


Una casa está vacía 

cuando no se oyen 

risas que contagien, 

voces que se lamenten, 

sueños que se realicen.


Una casa está vacía 

cuando no existen 

dentro de ella, 

quienes puedan reír, 

llorar, bailar, soñar 

o simplemente vivir.


Emalida Viloria


**


La casa no está vacía 


La casa guarda las voces

de quienes la habitaron

con sus miedos y temores.


La habita el polvo 

de los caminos

posado sobre pisos,

puertas, ventanas

y libros dormidos 

que anhelan 

ser despertados

del olvido 


En su interior 

reina la oscuridad 

entre ...

"tanta luz

y tanto absurdo"


La casa permanece 

La casa espera 


Dilcia Zamora


**


Taller literario Libertad bajo palabra / Maracay, Venezuela, 24 de septiembre de 2026


**


Saludos desde La Habana


Bravo. Que imprescindible diálogo entre poemas, distintas caras de la condición humana. El magnífico entrelazamiento de la poesía.

Mi abrazo y mi respeto para estos poetas que comulgan con mis versos.



Rubén Wong Subirat (25/09/2026)

Después de agosto nos seguimos leyendo / XIII

Selección y nota: Manuel Cabesa


Decir que el lector completa con su lectura el significado de la obra es decir poco. Antes que eso, el lector hace que la obra exista.

Luis Goytisolo: "La parte del lector", 2001


Por intermedio del poeta Nesfran González Suárez he tenido acceso a la persona y los textos del escritor cubano Rubén Wong Subirat. Hasta el momento ha sido un intercambio fructífero, sus textos: poesía, narrativa, guión de cine es un retrato vivido de la situación precaria en que se encuentra la entrañable isla caribeña, sin posturas ni politiquería simplemente vemos reflejados en sus escritos, como en un espejo, una amenaza que a todos nos concierne.


(mcabesa)


***


de Cuentos de teléfono


-Rubén Wong Subirat-


Esto ocurrió en una esquina del Vedado. Un hombre buscaba entre la pestilencia de una montaña de basura. Apartaba latas y botellas y cogía restos de comida echada a perder. A veces probaba y escupía, otras veces tragaba. Estaba ahí concentrado en eso cuando de repente llegó otro hombre también a buscar en la basura. El hombre que estaba primero lo vio y le dijo:


—Vete de aquí, este basurero es mío.


El hombre que había llegado no respondió nada y empezó a buscar entre los bolsos de basura. El primero le gritó:


—Vete de aquí, te dije.


—...


El que había llegado continuaba ignorándolo. Así es que el primero se acercó y le dio un piñazo. Ahí empezaron a discutir.


—Este basurero es mío.


—La basura es de todo el mundo.


—No, cada cual tiene que buscar su propio basurero.


—Aquí hay bastante basura para todo el mundo. Aquí la basura sobra.


—No me importa. Este basurero es mío. Esta basura es mía. Vete de aquí.


—No me voy a ir.


—Vete de aquí, te dije.


—...


—No me voy a ir.


El primero le dio otro piñazo y empezaron a fajarse. Se revolcaban y se golpeaban entre bolsos podridos y botellas. Se mordían. La pestilencia los abrazaba como a hijos predilectos. Fue así hasta que el primero agarró una piedra grande y golpeó al otro en la cabeza. 


Lo golpeó varias veces hasta desmayarlo. Se quedó mirándolo. Vio la sangre que le bajaba por la cara. Lo observó unos segundos y luego le echó basura encima hasta que lo cubrió por completo.


Respirando agitado dijo:


—Toda esta basura es mía.


Después continuó buscando entre los restos de comida echada a perder. Por la acera del frente pasaron dos niños. Uno decía:


—Cuando yo sea grande quiero ser cosmonauta.


El otro respondió:


—Yo quiero ser médico.


Se echaron a reír y doblaron en la esquina siguiente.



(Inédito)

Versos habitados (III) | Emalida Viloria

Dedicado al tiempo


Tiempo... transcurres

insoslayablemente

tras mi mirada;

y me esquivas

como orate divino

mirando al cielo.

¿Dudas de mí?

¡Que pena, amor mío! 

Ya se que te he perdido.


***


Llegaste como tromba marina

Arrastrando dolores y perfidia

¿y ahora te vas?

Es el colmo de un corazón travieso..


***


Me siento abrumada ante tanto existir sin sentido y al mismo tiempo... voy como espora buscando nuevos caminos.


***


Cuando las almas bondadosas se elevan, no mueren, sólo es tiempo que vayan al espacio a esparcir su bondad.


***


Te fuiste dejando luces, notas y colores, conversando y cargado de amores.

Quisiste partir

dejando un cielo escarchado...

Espero volver a verte, secar tus lágrimas y

correr al garete

como solíamos hacerlo cuando compartíamos como niños nuestros juguetes.


Emavilra

Edda Armas: la casa de las palabras

 


-Manuel Cabesa-


"en la casa de las palabras

     el secreto

es nervio herido 

que consigo eleva al otro"

Edda Armas



La noche del 26 de septiembre recibí, vía wasap, de manos de su autora la edición en pdf de la poesía completa de Edda Armas: Al terco filo de la luz. Poesía reunida 1975-2020 (Oscar Todman, 2026) inesperado presente que me llena de alegría. 

Para nadie es un secreto que siento gran aprecio hacia su persona, a pesar de las distancias y los intervalos de tiempo y que su poesía siempre ha estado presente en mis lecturas; ahora al ojear a vuelo de pantalla sus textos siento que esa afinidad se reafirma al tropezar por aquí y por allá con imágenes, versos, largos poemas donde su clara dicción se manifiesta, nos envuelve como en un manto donde todo resulta familiar: los sentimientos, los objetos, los espacios de la vida cotidiana. 

También las lecturas, porque a través de Edda podemos leer una infinidad de poetas que ella va acercando hacia nosotros a través de las citas y epígrafes que va desgranando a lo largo de los quince poemarios que ocupan el volumen. En una entrevista reciente con Maritza Jiménez, lo expone así: "También he visto surtir efecto a lo que aprendes de otros autores que te deslumbran y estremecen; aquellos que te abrieron jardines paralelos por los que transitas alucinadamente"...

Poesía de la intimidad y la nostalgia, me siento tentado de saludar cada mañana a todos cuanto conozco con alguno de sus versos. Tal es la felicidad que produce su lectura. 

Ahora bien, no sé porqué razón, al leer varios de estos poemas me parece revivir la atmósfera de uno de los más entrañables libros de Alfredo Armas Alfonzo: Cada espina. Tres historias de amor que conservo como un pequeño tesoro tanto en mi biblioteca como en mi memoria.

Leer a Edda es también recorrer el mundo a través de su mirada: transitar paisajes retratados entre los intersticios del poema; ir de un lugar a otro tomados de su mano, como el niño que pasea y mira con ojos asombrados todo lo que se muestra ante sí.

Cincuenta años de creación en un poco más de cuatrocientas páginas nos hablan de una fe inquebrantable en las posibilidades del poema, en la vocación como asunto de vida, innegable ejemplo de vigilancia y humildad que se ha venido cociendo como arcilla hasta tomar la forma de una figura inmemorial. 

Me es difícil emitir un juicio crítico ante esta publicación, bastan sus propias palabras: "Encontré una continuidad circular del sujeto poético de mi interés a lo largo de más de cuatro décadas: el cuerpo y la piel, los objetos y su cotidianidad. La piel de las ciudades y los paisajes están muy presentes, así como los sentimientos y la relación con el otro, la consciencia de la fragilidad, los adioses y la muerte"...

Yo sólo tengo palabras de gozo, infinita alegría ante la posibilidad de sumergirme una y otra vez en este inmenso mar de honda sensibilidad:


"Cuando está por llegar 

el poema 

se enciende el cuerpo

de una manera que

identifico 

por el arder sin tregua 

ante la desnuda fogata:

las manos que se agitan

los pies inquietos

y ese rescate del nácar 

en la mirada 

asombrada 

ante el desierto 

en movimiento 

que lo espera".

sábado, 26 de septiembre de 2026

ReverdeSiendo | María Corina López (La Colibrina)


Donde el arte echa raíces y la comunidad florece


Hay momentos en los que la cultura necesita respirar de nuevo, volver a los valores y al arte, de esa necesidad renace Reverdesiendo

En marzo del 2023, unas poetisas de Aragua nos reuníamos en el silencio del la biblioteca pública Julio Páez de La Victoria, buscábamos crear un resurgir de la poesía en Ribas ya que desde que Senderos Literarios se hizo Ruta por Latinoamérica los espacios para las petras quedaron sin rima, sin prosa... somos danzas, teatro y artesanías. 

Bajo la asesoría de la querida Elizabeth Romero (Miembro de la Villa Literaria de Zamora) aprendimos muchísimo pero no teníamos la estructura y en esa época no todas poseíamos la misma meta y compromiso...por más que quisimos regar REVERDECIENDO LA POESIA, se seco y irremediablemente.

Manteniendo en recuperación en terreno con alianzas de diversas ramas artísticas: artesanías, narración oral, pintura, entre otras y focalizando en el hecho de que las antologías literarias que surgieran en ella no se limitaran a una expresión o a un solo lugar geográfico, renacemos en La Victoria estado Aragua Venezuela en el mes de junio 2026 por la organización, honestidad, responsabilidad, compromiso y pasión por la cultura de quienes inicialmente colaboraron con este sueño personal que data del 20233, tales como lo fueron: Susana Alvarado, Julyrma Jiménez y Julio Galán. 

En la actualidad somos un movimiento cultural dinámico y constante, no somos solo un proyecto; somos un ecosistema de creativos, pensadores, artistas y vecinos unidos por el deseo de hacer florecer la creatividad en nuestro entorno. Dictando formaciones nacionales e internacionales con escritores reconocidos como: Moisés Cárdenas (Argentina) Elizabeth Romero (Venezuela) Aime Torres (Venezuela), Max Bembo (Venezuela), Iveth Hernández (Colombia), Francisco Ayala Gómez (Colombia) y Yordelis Pabon (Colombia). Trabajando de la mano con artistas plásticos y muñequeras locales, paseándonos por la gastronomía de historias, anécdotas dignas de compartir y hacer ReverdeSer lo que somos.


MISION: reverdesiendo la poesía, hoy más amplio e integrador, creando espacios de transformación en el ser humano con actividades virtuales y presenciales de formación cercanas, simples y accesibles, creando espacios de encuentro sin discriminación de ningún tipo. 


VISION: Ser un de referencia para organizaciones futuras que se incorporan al acontecer cultural proyectando calidad y amor en lo que realizamos, mas allá de nuestras fronteras geográficas


VALORES: 

Comunicación asertiva y empática

Respeto por el esfuerzo y tiempo de todos

Responsabilidad y compromiso de todo lo que asumimos

Honestidad


Puedes seguirnos en instagram: @mcreverdesiendo o contactarnos al: 04125380146

lunes, 21 de septiembre de 2026

La ventana de lo cotidiano (VII) | Liris Miyares

 


La vida se mueve 


La vida es un continuo movimiento: subidas y bajadas, alegrías y tristezas, blancos y negros. Nada es estático, solo depende de donde cada quién se quede enganchado. 

Lo que llamamos problema no es más que la oportunidad de rectificar sobre una situación ya vencida. Hay que ver los conflictos como grandes maestros, ya que vienen a enseñarnos algo, tomemos de ellos la verdadera enseñanza y reconozcamos la lección que nos vienen a dar y, como nada es para siempre, pronto pasará.

Las crisis individuales y colectivas son necesarias, permiten renovarnos, ser creativos y sacar todo lo necesario para reconocer lo que somos realmente, tomar lo mejor o peor, ello va a depender del nivel de conciencia que tengamos para actuar con conocimiento y sentido común.

A lo largo de la historia, la humanidad ha sufrido cambios que le han permitido evolucionar desde el punto de vista material. Muestra de ello son los adelantos tecnológicos y científicos, entre otros. Todo depende del uso que le damos a lo que disponemos.

El mundo no se acaba por estar viviendo situaciones difíciles de manejar. Busquemos dentro de lo que aparenta ser malo aquello que debemos hacer para iniciar una nueva aventura con optimismo, conciencia y sentido común.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Máximas para agarrar mínimo (VI) | Luis Valero


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No existe nada fuera de la realidad.


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Los secretos viven por dentro, pero matan por fuera.


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La supervivencia es parte del día a día.


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Lo suficiente es necesario, lo demás algo probable.


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La verdad es complicada.


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Somos prisioneros del miedo.


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La privacidad es un lujo caro y peligroso.


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Delante del fracaso, camina el orgullo.


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Los jurados son la mano derecha del mejor abogado.


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Si no existieran abogados, la justicia siempre vencería.


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La muerte enseña humildad al enfermo.


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El pasado y el presente, están conectados por el corazón de la mente.


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La ambición nos convierte en salvajes.



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No se debe pensar en lo perdido, sino en lo conseguido.



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La ceguera del momento no deja ver hacia el futuro.


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Los milagros tienen manos invisibles.

Piel, papel y afectos (II) | Aranjuez Guevara

 

Vivir sin dar explicaciones


Aquí estoy yo, a mis 35 años, sintiendo que por fin vuelvo a vivir. Por primera vez me siento libre, disfrutando lo que hago día a día. Intento que cada jornada sea una pequeña aventura, porque al mirar atrás me doy cuenta de algo: aunque he hecho muchísimas cosas en la vida, siento que al final no las disfruté, no las viví como debía. Era inmadura, tan ilusa que solo quería vivir de prisa, y en esa carrera me salté las etapas más importantes.

Hoy la historia es otra. Hoy me disfruto mi trabajo y, en la medida que puedo, me disfruto a mis hijos. Quiero recorrer caminos, detenerme a mirar y disfrutar cada paisaje sin apuros.

Ya no me importa lo que digan los demás ni ando pidiendo consejos. Me di cuenta de algo muy claro: al final de todo, uno siempre está solo con uno mismo, y hay que aprender a disfrutar de la propia compañía.

Hoy decido vivir a mi ritmo, valorar lo que tengo al frente y, sobre todo, seguir adelante sin tener que darle explicaciones a nadie.

Tres poemas de Wilson Camero

El poeta Wilson Camero (+) posa al lado de un mural realizado por el artista callejero Mario Castillo (+)


Wilson Camero, cuyo nombre completo era Wilson José Camero Rondón, nació en Valle de la Pascua, estado Guárico (Venezuela), el uno de abril de 1954. Murió en Maracay, su tierra adoptiva, el 28 de julio de 2015. Fue poeta, artesano, librero y amante del ajedrez. Cursó la carrera de Biología (estudios que no culminó) en la Universidad de Los Andes en Mérida, donde su Escuela ganó el primer premio en un campeonato de ajedrez, derrotando a las favoritas escuelas de Matemáticas y de Física, en gran medida gracias al talento ajedrecístico de Camero. Su obra poética se halla dispersa en cuadernos, hojas sueltas y en revistas como La Honda y el pájaro.


 Leonardo Maicán


Fotos: Eduardo Pérez (Van Edward)

***


Anécdota 


Esto va como una anécdota 

A mi derecha mano una familia,

madre e hija.

La hija impávida no responde mi sonrisa,

parece una momia.

La madre apenas simula la vergüenza,

su ser cuasifantasma

la aleja de mi armonía.

De una vez rompí mi mirada.


***


No me sale nada 


No me sale nada.

Quiero escribir algo magistral.

Algo de altura jamás dicho.

Sencillo y bello además guerrero.

Algo acerca de los bosques,

de los infantes,

de mis floridos días.

Quiero una presencia agradable ella.

Que no diga frases hechas,

que su contradicción no sea evidente,

tan burda,

o sea, una expresión poética,

un diamante en bruto.

Si es de pulirlo que yo pueda

o que él pula mejor mi torpeza,

las nubes, la risa.


***


Tu miseria evidente



Tu miseria evidente, lector.

Yo sé de antemano 

algo de tu derrota.

Qué soy yo, me confundo,

no doy en la diana.

Siempre parece que desvarío.

Cada vez me alejo de ustedes.

Soy cada vez más distante.

Horrible podría decirse,

lo que no quiero decir 

lo inhóspito, lo irresoluto,

mi más pleclaro deseo

es ser absurdo,

hasta infame, todo lo peor.

Se me aviene desde un trance.

Ya ustedes saben, todos,

no los quiero.

Muy bien,

me parecen muy falsos,

muchos prejuicios.

Esa niña tiene mi anhelo,

mi desfigurada perspectiva.

A mí a última hora 

no me importa 

un coño de la madre.

Soy un engendro,

tinieblas.

Una sola cosa les digo,

no se fíen de mí.

Rock progresivo (y esas cosas)... XIII



El estruendo siderúrgico de Mannheim: Proto-Metal, disidencia rítmica y la elegía de las sombras en Mournin’ (1972)


En el palimpsesto del rock europeo de principios de los años setenta, donde las fronteras entre la psicodelia crepuscular, el sinfonismo naciente y el ruidismo visceral aún no se habían solidificado, la banda alemana Night Sun emerge no como un mero pie de página histórico, sino como una anomalía de fulgor sordo. Su único testamento discográfico, Mournin' (1972), constituye un artefacto de disidencia sónica absoluta. Mientras el canon anglosajón canonizaba las estructuras del blues pesado y el Krautrock germano se replegaba en el cosmos sintético de Düsseldorf, Berlín o Múnich, este cuarteto de Mannheim esculpía un monumento de pesadumbre metalúrgica y velocidad proto-punk. Abordar hoy la herencia de Night Sun exige despojarse del coleccionismo arqueológico y asumir una perspectiva musicológica que entienda el sonido como una extensión de las tensiones materiales de su época. Mournin' no es un disco amable; es una partitura de colisión, un lamento electrificado que late con la urgencia de los metales fundidos y el desencanto existencial de una juventud que contemplaba el colapso de las utopías hippies desde la periferia industrial.


Mannheim 1970-1975: La estructura del humo y la génesis del estruendo


Para comprender la violencia de *Night Sun* es imperativo cartografiar el suelo que pisaban: el primer quinquenio de los setenta en Mannheim. Históricamente un nodo de confluencia fluvial e industrial a orillas del Rin y el Neckar, la ciudad se erigía en ese período como un laboratorio de contradicciones socioeconómicas. El llamado Wirtschaftswunder o milagro económico alemán comenzaba a mostrar signos de fatiga y la crisis del petróleo de 1973 pronto proyectaría su sombra inflacionaria sobre las fábricas metalúrgicas y químicas de la región. Políticamente, el panorama germano bullía bajo la polarización de la Guerra Fría y la irrupción del terrorismo de la Fracción del Ejército Rojo; Mannheim, con una altísima densidad de base obrera y una presencia masiva de guarniciones militares estadounidenses, se transformó en un caldero cultural donde el descontento proletario se cruzaba con el contrabando de discos de rhythm and blues y el desencanto existencial. En esta atmósfera de chimeneas y hormigón, la música florecía como una respuesta urbana. La fundación de Night Sun, gestada por músicos procedentes de agrupaciones como Take Five, responde directamente a estas condiciones objetivas. El asfalto húmedo y el rugido de la maquinaria pesada se filtraron en los locales de ensayo. El tejido social de Mannheim exigía un arte que reflejara el peso de la gravedad terrestre, lejos del misticismo pastoral de los bosques alemanes que inspiraba a otras corrientes contemporáneas. Night Sun nació de esa contradicción, consolidándose como una banda de técnicos y visionarios capaces de traducir la herencia de la música académica alemana y la furia del proletariado en un lenguaje de voltajes letales. 


Acústica comparada: El contrapunto sónico en la escena del Neckar


El estilo de Night Sun se define por una audaz paradoja que entrelaza la coexistencia de una sección rítmica de una ferocidad casi bélica con pasajes de un virtuosismo barroco y sincopado. Mientras que el panorama musical de Mannheim y sus áreas limítrofes ofrecía propuestas diversas, el cuarteto marcaba una distancia sideral con sus vecinos. Kin Ping Meh, acaso la banda más célebre de la ciudad en aquellos años, orientaba su brújula hacia un rock progresivo de tintes melódicos y texturas espaciales, con composiciones estructuradas para el consumo radial y la complacencia estética. Por otra parte, agrupaciones como Tritonus se decantaban por el sinfonismo de teclados emparentado con Emerson, Lake & Palmer, buscando la sofisticación a través de la emulación clásica. Night Sun, en contraste, practicaba una deconstrucción del hard rock. El uso del órgano Hammond por parte de Knut Rossler no buscaba la ornamentación catedralicia del prog, sino que operaba como una guitarra rítmica, saturada de distorisión, que se entrelazaba con los riffs cortantes de Walter Kirchgässner. Si Kin Ping Meh pintaba paisajes líricos del Rin, Night Sun diseccionaba el subsuelo de la urbe. Su sonido era más veloz, más denso y notablemente más complejo en sus subdivisiones métricas que el de cualquier otra agrupación contemporánea de la escena de Baden-Wurtemberg, adelantándose por años a la dureza rítmica del heavy metal continental.


Mournin’ o la topografía del desaliento: Descripción de una unidad trágica


Al adentrarse en la escucha de Mournin', el melómano se enfrenta a un bloque monolítico, una obra de desesperación y furia que funciona como unidad conceptual indivisible. Desde los primeros compases, el álbum se despliega como una exposición de la pesadez y la agresividad. La cohesión estructural del disco radica en el diálogo constante entre la aceleración neurótica y los tempos mastodónticos que en ocasiones rozan el doom metal. Existe un hilo conductor invisible, un leitmotiv de tensión no resuelta que unifica la obra, manifestado en la permanente sensación de atrapamiento urbano y el colapso del idealismo. Musicológicamente, el álbum destaca por su negativa a conceder descanso. Las transiciones entre la velocidad desbocada y los patrones sincopados se ejecutan con una precisión que delata su formación técnica rigurosa. El tratamiento armónico elude las progresiones convencionales del blues para adentrarse en la tonalidad menor y en el uso de intervalos de quinta disminuida, el clásico diabolus in musica, lo que confiere a toda la producción un aura de amenaza latente. El álbum se comporta como una marea de lodo y electricidad, un viaje descendente hacia la noche total que justifica plenamente su título elegíaco. Mournin' es la crónica sonora de un duelo, el luto por una sociedad que se descompone bajo el peso de su propio progreso industrial.


La alquimia del ruido: Conrad Plank y la estética de la saturación


La fisonomía acústica de Mournin' es inseparable de la figura de su productor, el legendario Conrad "Conny" Plank. Conocido por esculpir las identidades sonoras de Kraftwerk, Neu! y Guru Guru, Plank abordó a Night Sun desde una perspectiva radicalmente distinta a la de sus experimentos con el Krautrock electrónico. En los estudios de Hamburgo, Plank optó por una estética de la saturación y la inmediatez física. La mezcla sitúa la sección rítmica, constituida por el bajo distorsionado de Bruno Schaab y la batería polirrítmica de Ulrich Staudt, en un primer plano absoluto, edificando un muro de frecuencias graves que golpea el pecho del auditor sin mediaciones espaciales. El trabajo sobre la voz de Schaab merece un capítulo aparte en la historia de la producción musical, ya que Plank no buscó limpiar la estridencia natural del vocalista, sino que la arropó con una reverberación corta y metálica, transformando el canto en un grito atrapado en un espacio subterráneo y oscuro que refleja la asfixia urbana del álbum. Las guitarras de Kirchgässner, registradas con un ataque seco y escasas concesiones al sostenimiento de la nota, cortan la mezcla como cuchillas. Plank logró capturar la energía del directo pero controlando las dinámicas con tal maestría que el ruido nunca deviene en caos amorfo; es una violencia contenida, un maximalismo sónico donde cada golpe de platillo y cada distorisión del Hammond poseen un peso específico y una nitidez asombrosa para los estándares tecnológicos de 1972.


Constelaciones de la pesadez: Mournin’ frente al espejo internacional


Para medir con precisión el calibre de Mournin', es necesario situarlo en el tablero del hard rock periférico de su año de gracia y confrontarlo con obras capitales de la disidencia sónica mundial de aquella temporada. Si se analiza el panorama escandinavo con el álbum 6:e November de la banda sueca November, se observa que compartían la atmósfera invernal, densa y un uso dramático de las dinámicas rítmicas; sin embargo, los suecos se mostraban más melódicos y reposados al priorizar la calidez del blues folk en su propio idioma, lejos de la velocidad germana. Al mirar hacia el sur, el álbum Frontiera de los italianos Procession coincidía con Night Sun en el uso de un Hammond abrasivo y en el sentimiento de asfixia social, pero la agrupación mediterránea recurría a la lírica política italiana y a los cambios de tempo pastorales propios de su escuela progresiva. Una afinidad más cruda se encuentra al cruzar el océano con el disco Volcanic Rock de los australianos Buffalo, quienes compartían el ataque brutal del bajo y una afinación grave que anticipaba el sonido metálico contemporáneo; no obstante, Buffalo apostaba por el minimalismo del acorde repetitivo y machacón de las tabernas obreras, mientras que Night Sun edificaba una estructura infinitamente más compleja y veloz. Finalmente, al contrastarlo con el contexto británico a través de Skeleton in Armour de Fusion Orchestra, surgen puntos de encuentro en la destreza técnica de la ejecución y la agresividad de ciertos pasajes de guitarra, pero Fusion Orchestra buscaba una teatralidad y un eclecticismo jazzístico que contrastaba con el carácter monolítico, monocromático y severo de la propuesta de Mannheim. Esta constelación demuestra que, mientras el resto del mundo buscaba expandir el hard rock hacia la sofisticación sinfónica o la tradición del blues, Night Sun ejecutaba una síntesis única de velocidad europea y hostilidad urbana sin parangón. 


La iconografía del colapso: El apoyo visual como manifiesto


La experiencia estética de Mournin' no se agota en los surcos del vinilo; se complementa de forma magistral con su presentación visual. La portada del álbum, editada por el sello Zebra, presenta una ilustración de un realismo grotesco y satírico que funciona como una reinterpretación macabra de las figuras de la burguesía o la autoridad decimonónica, atrapadas en un marco de decadencia física y moral. La presencia de colores ocres, grises y carmines apagados evoca de inmediato la pintura del expresionismo alemán de entreguerras, especialmente el trazo corrosivo de artistas como Otto Dix o George Grosz. Esta iconografía no es casual y opera como un espejo perfecto del contenido musical, dado que el luto implícito en el título del disco es, en el fondo, la muerte de las ilusiones de la civilización occidental. El arte de tapa dialoga íntimamente con las deformaciones armónicas que la banda ejecuta con sus instrumentos. Es un diseño que repele y fascina al mismo tiempo, advirtiendo al comprador de la época que el contenido interior no está diseñado para el entretenimiento burgués, sino para la demolición absoluta de las certezas estéticas.


El eco de la chatarra: Aporte, trascendencia y la semilla del metal moderno


La trascendencia de Mournin' se mide no por su éxito comercial, el cual fue prácticamente nulo en su momento y condenó al disco a las catacumbas del coleccionismo, sino por su carácter profético. El verdadero sustrato del hard rock mundial está innegablemente enterrado en el blues eléctrico de Chicago, el heavy psych de Blue Cheer y el acid rock de San Francisco, mientras que el histórico In Rock (1970) de Deep Purple decretó formalmente el distanciamiento del rock respecto al blues, acelerando los tempos mediante la escala menor armónica de influencia clásica. No cabe duda de que In Rock operó como el maestro invisible de Night Sun; sin embargo, lo que el cuarteto germano ejecutó fue una radicalización absoluta de los hallazgos de Deep Purple, despojándolos de todo rastro de hedonismo o complacencia. Mientras la agrupación anglosajona celebraba el virtuosismo y el espectáculo de raíces libres en extensas improvisaciones psicodélicas, Night Sun tomó esa misma estructura menor armónica y la sometió a la férrea disciplina de la fábrica metalúrgica de Mannheim. El olvido mediático que sufrió la banda tras su disolución prematura no hizo sino agigantar su mito en el circuito subterráneo. Músicos y productores de generaciones posteriores han acudido a Mournin' como a una fuente secreta de conocimiento sónico. Su trascendencia se localiza con precisión en la influencia diferida de los fanzines y el coleccionismo de culto; durante las décadas posteriores, cuando las bandas de doom metal europeo o el power metal continental buscaban una estética pesada que se desmarcara del canon norteamericano o del boogie inglés, desenterraron esta gema oculta del Kraut-heavy para validar que la pesadez europea poseía su propio lenguaje oscuro, seco y matemático.


Juicio crítico: La medida de un monolito sónico


Mournin' de Night Sun merece sin ambages la calificación de •Esencial. Si nos ceñimos a una definición canónica e institucional de la historia del rock —donde esta etiqueta se reserva en exclusiva para los discos que alteraron de inmediato las listas de éxitos, llenaron estadios o generaron escuelas masivas de imitadores al mes de su lanzamiento—, la obra tendría que retroceder un peldaño hacia la categoría de •Excelente. Sin embargo, sostengo firmemente la máxima calificación bajo una premisa crítica distinta: el impacto y la influencia no siempre viajan en línea recta a través de la superficie comercial, sino que a veces operan como una corriente subterránea, un mapa genético que altera el curso de la historia desde las profundidades del culto. La condición de ser el único lanzamiento de una banda de existencia efímera no diluye su esencia, sino que la condensa. El valor de Mournin’ radica en que funciona como un eslabón perdido de la evolución sónica. Su influencia no se mide en el número de copias vendidas en el Mannheim de 1972, sino en cómo aisló y descifró, de forma prematura, soluciones técnicas y estéticas que el heavy metal continental tardaría casi una década en estandarizar de manera masiva. La forma en que Walter Kirchgässner atacaba las cuerdas prescindiendo del balanceo del blues para abrazar la rigidez métrica alemana tiene el mismo ADN que luego definió el sonido de Accept o los cimientos del power metal y el thrash europeo. Asimismo, con Mournin’ ocurre un fenómeno musicológico de paralelismo evolutivo convergente: sin inventar la rueda, la banda aisló en su laboratorio una mutación genética exacta de lo que un año después Buffalo haría en Australia y tres años después Judas Priest en Inglaterra con Sad Wings of Destiny. Al igual que el álbum homónimo de The Velvet Underground y Nico o el debut de MC5, discos comercialmente invisibles en su tiempo que terminaron por sembrar el punk, Mournin’ es el combustible fósil que demuestra que la violencia métrica moderna podía existir lejos de las fronteras anglosajonas, erigiéndose como un documento arqueológico indispensable que justifica su carácter fundamental.


Conclusión


Al apagarse los últimos ecos de Mournin', queda en el ambiente la sensación de haber presenciado un cataclismo dirigido. Night Sun pasó por la historia de la música como un meteorito oscuro, dejando una única hendidura profunda antes de disolverse en el anonimato de la vida civil y en otros proyectos menores. Su legado permanece inmune al paso del tiempo porque no se construyó sobre modas pasajeras, sino sobre las verdades fundamentales del acero, el ruido y el descontento humano. En el gran museo del rock europeo, Mournin' no se limita a ser un lienzo colgado en las pared principal; es el pilar de hierro que sostiene el sótano del edificio, un recordatorio eterno de que la música más poderosa es aquella que se atreve a mirar de frente a la noche y a devolverle el rugido.

Night Sun – Mournin' (1972)


•Alemania


•Hard Rock

•Progressive Rock

con fuertes influencias de

•Heavy Psych

•Psychedelic Rock

•Blues Rock

y profecías de

•Heavy Metal

•Traditional Doom Metal


•Esencial




Si quieres escucharlo, toca el enlace:

https://t.me/corazonpesado/847

Acercamientos | Versiones de Manuel Cabesa

 


Traduzco no del idioma, traduzco desde el poeta. También admito que, con profundo respeto, es inevitable que el resultado en español, al fin y al cabo, sea un poema a cuatro manos, escrito por mí y por el traducido.


Sergio Pitol


***


El adiós 


Guillaume Apollinaire


He tomado esta brizna del brezal,

el otoño está muerto recuérdalo.


No nos veremos más sobre la tierra, 

olor del tiempo en la brizna del brezal.


Y acuérdate que yo te espero.


***


Los gatos


Charles Baudelaire

 

Los fervientes enamorados 

y los austeros sabios,

Llegados los años venerables, 

suelen amar 

a los gatos imponentes, 

señores de la casa,

que como ellos son también 

sedentarios y friolentos.

 

Amigos de las ciencias 

y lo sensual,

prefieren el silencio

y el horror tenebroso,

Érebo los tomaría 

por corceles fúnebres,

si tuviera el poder 

de domar su vanidad.

 

Con silueta pensativa 

toman una actitud 

de nobleza,

de gran esfinge aletargada 

en su soledad

sumidos en un sueño 

que no tiene fin.

 

Sus entrañas 

son engendradas 

por destellos mágicos,

y migas de oro y fina arena

irradian un místico fulgor 

en las profundas pupilas.

 

***


Monotonía

 

C. P. Cavafis


A un día monótono 

le sucede otro día 

igualmente monótono. 


Las mismas cosas 

nos ocurren una y otra vez, 

los mismos momentos 

van y vienen. 


Pasa un mes y llega otro mes,

resulta fácil imaginar lo que trae:

el mismo aburrimiento del anterior. 


Y mañana no dejará de ser mañana.


***


Temblores


Jacques Dupin


Las columnas de olores salvajes,

Se alzan hasta ti

Lengua rocosa revelada

Bajo la transparencia de un lago calcareo.


Fronda rival, lazos errantes

Una vida interior 

Impaciente como la ola

Avanza y crece en mi contra.


Y, gota a gota, inyecta su veneno

En las hojas de un libro ensombrecido

Para leerlo mejor a la luz de la llama. 


De estas rimas de palabras destruidas 

Entre la cobertura de la muerte indomable

Nace la planta vulnerable. 


Y el viento nudoso más allá.


***


Antes y después



Friedrich Hölderlin


En los días de mi juventud 

gozaba del amanecer

y lloraba durante el ocaso.


Ahora, durante mi vejez,

comienzo el día lleno de dudas,

aún así, el anochecer,

me resulta 

tranquilo y agradable.


***


"Desnuda..." 


 Ludovic Janvier


Desnuda te encuentras 

en la luz matinal 

que comienza

cuando la sombra, 

al ojo que busca,

le da de beber la frescura;

esta es la hora 

en que te veo clara, 

apareciendo en suspenso,

de pie, 

sobre el umbral del día,

clara en ti, 

toda sonrisa.


***


La mujer es el amor


Gerard de Nerval


La mujer es el amor, la gloria y la esperanza; 

guiando a los niños y dando consuelo al hombre. 


Ella eleva el corazón y calma el sufrimiento,

como un espíritu en la tierra, exiliado desde el cielo.


Curvado por el trabajo o por el destino, 

el hombre se alza ante su voz y su frente se aclara.


Siempre con impaciencia por lo corto de su trayecto,

siente que una sonrisa lo calma y su corazón queda aliviado.


En este siglo de hierro la gloria es incierta, 

hay que esperar largo tiempo con mucha resignación. 


Aún así, ¿quién no amaría bajo su gracia serena, 

la belleza que nos deja como regalo, 

o que hace posible poder ganarla?


***


Otoño


Rainer María Rilke

 

Caen las hojas,

como si descendieran 

desde muy alto,

como si, en los jardines del cielo, 

se estuvieran marchitando;

caen con gestos negados.


Y la tierra con su peso

también cae

desde las estrellas 

hacia su soledad


Todos caemos.

Mi mano cae.

Mira alrededor:

a todos nos pasa.


Y sin embargo, 

existe Uno 

que con infinita dulzura,

nos sostiene entre sus manos.


(2024-2026)

Versos habitados (II) | Emalida Viloria


 Del poemario Corazón libertario



Ahora


Siento ahora y en esta hora, que siempre te he amado.

Ayer y ahora mis pensamientos se van, vuelan...andan en busca de un ahora.

Por ahora es un enigma y mi ahora no lo sé; 

quiero y no, eres tú y no estás aquí.

El ahora no existe, es efímero, superfluo.

Ahora y por siempre están en ti, en mí.

Por ahora, te seguiré y te seguiremos esperando.


***


Esperanzas vivas


No solo de pan se vive, también de esperanzas y emociones,

logrando juntar el llanto con la risa, 

cruzando mundos sin andar a prisa.

Es un compendio de causas y efectos, 

mezclando oraciones con canciones.

Vivo manifiesto de no estar muerta, 

porque antes de morir, sé que en cada puerto

existe alguien con realidades y sueños que compartir.


***


Sangre autóctona


Llevo en mi sangre la mecha encendida de las luchas de mis ancestros.

Sangre andina laboriosa de mis abuelos; 

la musical y artística de mi madre y la política y mística de mi bardo padre.

Llevo sangre de aquellos que se han perdido en noches de añoranzas, tragos y 

bohemias 

y la de aquellos que ante fútiles blasfemias sin sentido… no se han detenido

Corre por mis venas sangre de los que luchando han sido perseguidos 

y de quienes con amor se han trasnochado cuidando a un ser querido.

Llevo sangre de corocoras revoloteando a orillas de lagunas 

y también de la del caído en combate por extensas llanuras.

Llevo la sangre de la que se levantó ante el colonizador 

y de la que cae rendida ante el arrullo de su pequeño crisol.

Sangre de heroínas y héroes, de indios y esclavos rebeldes

… en fin sangre criolla autóctona, venezolana… sangre de buena gente. 



                                                                   Emavilra

jueves, 10 de septiembre de 2026

Cazador de trenes | Alejandro Ramírez





A María José y a Victoria de Stefano 


Yo tenía seis años la primera vez que intenté descarrilar un tren. Colocaba piedras, las que mis manos podían contener, y pedazos de troncos viejos sobre los rieles. Y me iba a casa como si nada. Al día siguiente muy temprano volvía, para encontrar las piedras aparta

das lejos, y los maderos despedazados como si efectivamente un tren le hubiera pasado por encima cuando dormía toda la gente. Era el año del Mayo francés, la matanza en la plaza Tlatelolco, la masacre de My Lay, y la primavera había sublevado a Praga. Yo en aquellos días desconocía los percances del mundo y me entretenía fabricando mi cometa. Le daba el nombre de zamura y la hacía de papel periódico y vara de caña, almidón diluido en agua era mi pegamento. Papel tenso: el papel del periódico. Medía el pabilo con la punta y los lados de la cometa para hacer el nudo que lo amarraba al rollo, la cola larga para evitar que diera tumbos y giros. Le colocaba hojillas en los bordes por pura precaución, contra las zamuras que intentaran pelear con la mía. Eso lo hacía sentado en la acera.

A pocos metros, donde se construiría la avenida Constitución sólo había un matorral, un terreno largo y baldío que cruzaba la ciudad. Yo vivía en la calle Sucre que le era perpendicular. Es la calle que aún está en mis ojos y en mis oídos, entre la imaginación y el recuerdo. También estaba la alegría sin misterio de mis primos, y un par de historias de mi abuela que no había llegado todavía pero cuya presencia se atisbaba más allá de los árboles de la Ciudad Jardín.

La calle era amplia y cenicienta. Pasó un hombre empujando su carro de helados de coco con piña. Calzaba zapatos deportivos muy baratos y gastados. Caminaba muy lentamente anunciando sin ganas su mercancía. Atrás un perro lo seguía, cojeaba pero se movía sin pausa. Me compadecí de su suerte, la pata que se veía muy enferma, alguien lo ha atropellado (supuse). El perro se ha detenido justo frente a mí, y me mira como si leyera mis pensamientos. Luego siguió en su marcha dócil tras el heladero. Un automóvil ha doblado en la esquina. Es un modelo antiguo o eso me parecía: blanco, destechado y muy sucio. El conductor se bajó y revisó algo en el motor, terminó y se subió y se alejó. Detrás del carro aparecieron mi amigo Andrés y su tía Ofelia junto a mi primo Pedro Lenin, y comenzaron a hacerme señas.

La calle Sucre en mis oídos y en mis ojos, como la canción de The Beatles que algunos años después me cautivaría. La calle Sucre fue mi Penny Lane particular. Pero con algo más por contar.

Como sucedió la tarde del cumpleaños. Una vela representaba sus sesenta años en la torta que adornaba la mesa. El patio se convirtió en una sala de fiesta. Y nos reunimos en torno a una fogata. Y la abuela emprendió una de sus historias, tantas veces anunciadas y repetidas (era excelente recomponiendo con los mismos sucesos otras historias). Mi tío Marcos con su grabadora la fijaba en la memoria. Ella habló: hoy cumplo sesenta. Y recuerdo una mañana muy temprano cuando nos despertaron los disparos que hacían las tropas de Cipriano Castro. El segundo alzamiento militar de la semana. Yo abrí la ventana para observar, porque era una niña muy curiosa. La calle la envolvía el humo y el olor de la pólvora, las descargas de los fusiles y la artillería ligera, los lamentos y la respiración de los soldados heridos. Mi madre al verme en peligro, corrió presurosa y me apartó y cerró la ventana. Pero me quedaba en la memoria y en mi risa, porque me daba risa la pregunta de la tropa que marchaba a pie, muchos iban descalzos, combatiendo por Cipriano Castro: ¿ya vamos a llegar al Capitolio?, los soldados preguntaban, cuando apenas estaban en el Táchira. Pensaban que el Capitolio de Caracas estaba a la vuelta de la esquina. Llegar al Capitolio y tomarlo representaba tomar el poder.

Y seguía contando historias hasta que los grillos se quedaban dormidos. Mi abuela era para mí mucho más que su famosa gelatina mágica de piña que preparaba en mis cumpleaños, aún más que el germen de trigo de Krestmer y la emulsión de Scott que me daba a tomar. Eran muchas cosas más que sus manos sobre mi frente cuando yo tenía fiebre, ya estaban nudosas y doblegadas por la edad, sus manos siempre cálidas hasta en la enfermedad. Aún no he visto manos más hermosas.

La casa tenía un gran patio y un árbol. El nombre de su especie no alcanzo a recordar. Servía de refugio a mi primo para escapar de los correazos de su padre. Y allí yo me ocultaba para saborear la lata de leche condensada que costaba tres monedas de doce céntimos y medio, ciertamente mucho dinero para querer compartirla.

Una tarde yo estaba con un libro que describía las partes de un tren. En eso pasó mi primo Pedro Lenin que huía muy asustado y quería subirse al árbol del patio y escapar de la furia de Pedro Felipe. Cuando llegaba algo bebido solía darle buenas zurras. 

Mi primo subió a su refugio de la rama más alta.

Allí aguardó hasta que su padre estuviera dormido. Mi tía Ligia salió de la casa al patio y no sabía que Pedro Lenin estaba en el árbol. Y comenzó a rezar para que la paz reinara en el hogar. Siempre lo hacía cada vez que Pedro Felipe llegaba bebido. Mi primo llevaba horas sobre el árbol, se había quitado la camisa, y en un descuido la dejó caer. La camisa vino a caer sobre el rostro de mi tía que en ese instante oraba con los ojos cerrados. En un primer momento había creído que era una manifestación de alguna divinidad celestial. Ella gritó asustada. Pero pronto descubrió la verdad. Mi tía era una mujer muy pacífica y de un carácter muy dulce, pero no pudo evitar ponerse furiosa. Esa noche mi primo pernoctó en el árbol. También recuerdo como aquella casa año a año se fue llenando de nombres rusos. Pedro Felipe tenía convicciones marxistas-leninistas y las expresaba en los nombres que colocaba a sus hijos.

Los días pasaban con lentitud, comprendía que necesitaba de un aliado y le confié a mi primo mi gran descubrimiento: por los rieles que ocultaba el matorral pasaba nada menos que el Gran Ferrocarril de Venezuela. Y le confié mi plan. Imagínate un gran tren para jugar, y propio, poder corretear por sus vagones. Tú tocarías el silbato, y yo haría de conductor. Invitaríamos sólo a nuestros mejores amigos. Sería muy fácil, como cazar un gran elefante de metal. Los dos podemos mover piedras de mayor tamaño y troncos más gruesos. Sorprendido por la posibilidad de un gran tren capturado, y por la vehemencia de mi convicción me acompañó en la aventura.

La calle Sucre me daría otro enorme descubrimiento. Era de un asfalto que resistía sin derretirse la inclemencia del sol de mediodía. Desde lejos parecía un río cuando arreciaba la lluvia y la luz eléctrica se interrumpía y dejaba en penumbras, o en la oscuridad total a todas las casas. En una noche con luna llena y un apagón me encontraba en la calle. Caminé un buen rato y de repente tuve la sensación de haberme perdido en la calle que tanto conocía. Sabía que era efecto de la oscuridad, y eso me encantó. Caminé un largo rato. Sin darme cuenta estuve de pronto frente a una casa con una ventana abierta. Muchas casas tenían las ventanas abiertas, pero esta parecía resplandecer.

La cercanía del misterio y el privilegio de ver la revelación hacían palpitar mis sienes. Porque ciertamente asistía al privilegio de una revelación. Y la ventana de aquella casa era el marco que resaltaba la figura de la tía de Andrés que había subido la blusa hasta descubrir dos senos hermosos que se balanceaban como dos resplandecientes melones en las manos que los sostenían. La imagen definitiva en mi recuerdo no asiste a esa desnudez total, súbita y gratuita, no. La imagen definitiva quiere atrapar el instante en que el resplandor de la luna llena y de las estrellas constelaron su cuerpo para nutrir mi imaginario (y tal vez mi deseo) desde la distancia que ocasiona el tiempo.

Por la calle pasaban camiones transportando caña de azúcar. Con frecuencia alguno de los muchachos le daba un buen jalón y del montón se desprendía un buen tallo. Nos gustaba el dulce de la caña, la compartimos bajo la sombra del almendrón junto a la cancha de basquetbol. Eran tiempos de juegos de beisbol con pelota de goma, y reglamentos que cambiaban día a día para determinar quién era out, o ponchado, o cuándo era jonrón.

Sentados a la mesa mi primo y yo oímos en la radio la noticia de un tren que se ha averiado o algo más grave aún. Nos miramos con complicidad. La abuela que nos había observado, muy despacito, primero a mi primo y luego a mí, y como adivinando nuestros pensamientos, sentenció: el mundo está cambiando.

Ahora media vida después, muy lejos, en los confines del mundo, entiendo que yo también soy un recuerdo.


Mayo de 1968


Tomado de El vendedor de vapor ©henderalejandroramirez (Caracas, Venezuela, 2017). Premio Nacional de Literatura Ramón Palomares, mención Crónica