-Manuel Cabesa-
"en la casa de las palabras
el secreto
es nervio herido
que consigo eleva al otro"
Edda Armas
La noche del 26 de septiembre recibí, vía wasap, de manos de su autora la edición en pdf de la poesía completa de Edda Armas: Al terco filo de la luz. Poesía reunida 1975-2020 (Oscar Todman, 2026) inesperado presente que me llena de alegría.
Para nadie es un secreto que siento gran aprecio hacia su persona, a pesar de las distancias y los intervalos de tiempo y que su poesía siempre ha estado presente en mis lecturas; ahora al ojear a vuelo de pantalla sus textos siento que esa afinidad se reafirma al tropezar por aquí y por allá con imágenes, versos, largos poemas donde su clara dicción se manifiesta, nos envuelve como en un manto donde todo resulta familiar: los sentimientos, los objetos, los espacios de la vida cotidiana.
También las lecturas, porque a través de Edda podemos leer una infinidad de poetas que ella va acercando hacia nosotros a través de las citas y epígrafes que va desgranando a lo largo de los quince poemarios que ocupan el volumen. En una entrevista reciente con Maritza Jiménez, lo expone así: "También he visto surtir efecto a lo que aprendes de otros autores que te deslumbran y estremecen; aquellos que te abrieron jardines paralelos por los que transitas alucinadamente"...
Poesía de la intimidad y la nostalgia, me siento tentado de saludar cada mañana a todos cuanto conozco con alguno de sus versos. Tal es la felicidad que produce su lectura.
Ahora bien, no sé porqué razón, al leer varios de estos poemas me parece revivir la atmósfera de uno de los más entrañables libros de Alfredo Armas Alfonzo: Cada espina. Tres historias de amor que conservo como un pequeño tesoro tanto en mi biblioteca como en mi memoria.
Leer a Edda es también recorrer el mundo a través de su mirada: transitar paisajes retratados entre los intersticios del poema; ir de un lugar a otro tomados de su mano, como el niño que pasea y mira con ojos asombrados todo lo que se muestra ante sí.
Cincuenta años de creación en un poco más de cuatrocientas páginas nos hablan de una fe inquebrantable en las posibilidades del poema, en la vocación como asunto de vida, innegable ejemplo de vigilancia y humildad que se ha venido cociendo como arcilla hasta tomar la forma de una figura inmemorial.
Me es difícil emitir un juicio crítico ante esta publicación, bastan sus propias palabras: "Encontré una continuidad circular del sujeto poético de mi interés a lo largo de más de cuatro décadas: el cuerpo y la piel, los objetos y su cotidianidad. La piel de las ciudades y los paisajes están muy presentes, así como los sentimientos y la relación con el otro, la consciencia de la fragilidad, los adioses y la muerte"...
Yo sólo tengo palabras de gozo, infinita alegría ante la posibilidad de sumergirme una y otra vez en este inmenso mar de honda sensibilidad:
"Cuando está por llegar
el poema
se enciende el cuerpo
de una manera que
identifico
por el arder sin tregua
ante la desnuda fogata:
las manos que se agitan
los pies inquietos
y ese rescate del nácar
en la mirada
asombrada
ante el desierto
en movimiento
que lo espera".

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Rafael Ortega