Vivir sin dar explicaciones
Aquí estoy yo, a mis 35 años, sintiendo que por fin vuelvo a vivir. Por primera vez me siento libre, disfrutando lo que hago día a día. Intento que cada jornada sea una pequeña aventura, porque al mirar atrás me doy cuenta de algo: aunque he hecho muchísimas cosas en la vida, siento que al final no las disfruté, no las viví como debía. Era inmadura, tan ilusa que solo quería vivir de prisa, y en esa carrera me salté las etapas más importantes.
Hoy la historia es otra. Hoy me disfruto mi trabajo y, en la medida que puedo, me disfruto a mis hijos. Quiero recorrer caminos, detenerme a mirar y disfrutar cada paisaje sin apuros.
Ya no me importa lo que digan los demás ni ando pidiendo consejos. Me di cuenta de algo muy claro: al final de todo, uno siempre está solo con uno mismo, y hay que aprender a disfrutar de la propia compañía.
Hoy decido vivir a mi ritmo, valorar lo que tengo al frente y, sobre todo, seguir adelante sin tener que darle explicaciones a nadie.

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Un abrazo,
Rafael Ortega