domingo, 13 de septiembre de 2026

Tres poemas de Wilson Camero

El poeta Wilson Camero posa junto a un mural realizado por el artista plástico Edito López 


Wilson Camero, cuyo nombre completo era Wilson José Camero Rondón, nació en Valle de la Pascua, estado Guárico, el uno de abril de 1954. Murió en Maracay, su tierra adoptiva, el 28 de julio de 2015. Fue poeta, artesano, librero y amante del ajedrez. Cursó la carrera de Biología (estudios que no culminó) en la Universidad de los Andes, en Mérida, donde su Escuela ganó el Primer premio en un campeonato de ajedrez, derrotando a las favoritas escuelas de Matemáticas y de Física, en gran medida gracias al talento ajedrecístico de Camero. Su obra poética se halla dispersa en cuadernos, hojas sueltas y en revistas como La Honda y el pájaro.


 Leonardo Maicán


***


Anécdota 


Esto va como una anécdota 

A mi derecha mano una familia,

madre e hija.

La hija impávida no responde mi sonrisa,

parece una momia.

La madre apenas simula la vergüenza,

su ser cuasifantasma

la aleja de mi armonía.

De una vez rompí mi mirada.


***


No me sale nada 


No me sale nada.

Quiero escribir algo magistral.

Algo de altura jamás dicho.

Sencillo y bello además guerrero.

Algo acerca de los bosques,

de los infantes,

de mis floridos días.

Quiero una presencia agradable ella.

Que no diga frases hechas,

que su contradicción no sea evidente,

tan burda,

o sea, una expresión poética,

un diamante en bruto.

Si es de pulirlo que yo pueda

o que él pula mejor mi torpeza,

las nubes, la risa.


***


Tu miseria evidente



Tu miseria evidente, lector.

Yo sé de antemano 

algo de tu derrota.

Qué soy yo, me confundo,

no doy en la diana.

Siempre parece que desvarío.

Cada vez me alejo de ustedes.

Soy cada vez más distante.

Horrible podría decirse,

lo que no quiero decir 

lo inhóspito, lo irresoluto,

mi más pleclaro deseo

es ser absurdo,

hasta infame, todo lo peor.

Se me aviene desde un trance.

Ya ustedes saben, todos,

no los quiero.

Muy bien,

me parecen muy falsos,

muchos prejuicios.

Esa niña tiene mi anhelo,

mi desfigurada perspectiva.

A mí a última hora 

no me importa 

un coño de la madre 

Soy un engendro,

tinieblas.

Una sola cosa les digo,

no se fíen de mí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los blogs se alimentan de palabras, gracias por dejar sus comentarios en este portal.
Un abrazo,
Rafael Ortega