Palabras que son flores que son frutos que son actos...
Octavio Paz: La estación violenta
Selección y edición:
Manuel Cabesa
***
Es una verdad indiscutible que el posicionamiento de la mujer en la literatura y especialmente en la poesía es uno de los fenómenos más importantes que ha sucedido en la encrucijada de estos dos siglos. No sólo existe una enorme presencia a nivel mundial, sino que se ha rescatado del olvido grandes nombres que habían permanecido en la sombra durante mucho tiempo.
Dentro de las nuevas voces femeninas surgidas en los años recientes en el ámbito hispano la poesía de Raquel Lanceros me ha resultado particularmente sugestiva; partiendo de sus raíces poéticas: Góngora, Garcilaso, Lorca, esta autora recrea los temas imperecederos de la poesía: el amor, la soledad, la incertidumbre, desde una óptica íntima y envolvente.
***
Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973) es autora de los libros Leyendas del promontorio (2005), Diario de un destello (2006), Los ojos de la niebla (2008), Croniria (2009), Las pequeñas espinas son pequeñas (2013), Matria (2018), Sin ley de gravedad (2022) y El sol y otras estrellas (2024).
***
CONTIGO
Porque no vive el alma entre las cosas
sino en la acción audaz de descifrarlas,
yo amo la luz hermana que alienta mis sentidos.
Mil veces he deseado averiguar quién soy.
Después de tantos nombres,
de tanta travesía hacia mi propia brújula,
podría abrazar la arena durante varios siglos.
Ver pasar el silencio y seguir abrazándola.
No está en mí la verdad, cada segundo
es un fugaz intento de atrapar lo inasible.
La verdad no está en nadie, y aún más lejos
yace de un rey que de cualquier mendigo.
Si alguien está pensando en perseguirla
no debe olvidar esto:
el fuego ha sido siempre presagio de declive
como la intensidad antesala de olvido.
Cuando mis ojos vuelvan al origen,
pido un último don.
Nada más os reclamo.
Poned en mi sepulcro las palabras.
Las que dije mil veces
y las que habría deseado decir al menos una.
Guardad en mi costado las palabras.
Las que usé para amar,
las que aprendí a lo largo del camino,
las primeras que oí de labios de mi madre.
Envolvedme entre ellas sin reparo,
no temáis por su peso.
Pero cuidad con mimo la palabra contigo.
Tratadla con respeto.
Colocadla
sobre mi corazón.
La verdad no está en nadie, pero acaso
las palabras pudieran engendrarla.
Quizá entonces aquel a quien dije contigo
y para quien contigo fue toda su costumbre
se acostará a mi lado con ternura,
juntos en el vacío más sagrado,
cuando la eternidad toma nuestra medida,
cuando la eternidad se pronuncia contigo.
***
CAE O CAYÓ
La lluvia es una cosa
que sin duda sucede en el pasado.
Jorge Luis Borges
Está lloviendo fuera como desde hace siglos.
¿Por qué me sobrecoge la oración de la lluvia?
Más lejos o más cerca. Mirar llover es algo
a lo que comparezco a través de la infancia.
Dentro del corazón se libra una batalla
de la guerra que nunca termina estando vivos.
Con recuerdos encenderé una hoguera.
¿Sabes la diferencia entre el fuego y el agua?
Y luego está lo efímero. Yo misma, por ejemplo.
A veces he intentado desenredar la lluvia
pero nunca la alcanzo. Debe ser
que me nacen las gotas desde dentro.
***
Eternamente no podrás ni aun sufrir
No era cierto, por más que lo jurase,
que yo tu amor jamás olvidaría.
En cuanto el tiempo me ofreció un atajo
te malvendí sin arrepentimiento.
Felicidad obliga. Hay quien lo llama
de la necesidad hacer virtud.
Difícil de asumir, pero innegable.
De barro son las ganas. Cuántas veces
se miente aunque se diga la verdad.
***
Reclamación
Me hablas como si fuera yo quien decidiese.
Como si mi existencia
junco en llamas
tuviera algún poder sobre la realidad.
Mi humilde voluntad no suma más
que otro grano de arena en la alta duna.
Piensa un minuto en mi insignificancia.
¿He decidido que hoy sea el vértice del tiempo
como de agua es el río
y de idea la palabra?
No me culpes del curso de la naturaleza.
Como tú, soy su fruto. A su pulso me debo.
Te olvidé ya hace tiempo.
No hay nada que añadir
aunque el lenguaje apenas aclare los finales.
Es inútil culparme
y más aún pretender
que un recuerdo caliente igual que un cuerpo.
***
Mano a mano
Hay quien tiende a pensar que lo merece todo.
Yo prefiero dar gracias.
Cruzo mis manos calientes sobre el mundo
sobre la gratitud a salvo del olvido.
Pienso en todas las manos
las que abrieron ventanas en los muros
las que besan el trigo para que haya pan
las que cortan el cuero que nos calza.
Amo todas las manos.
¿Qué son? ¿Qué pueden solas?
Son otras manos las que mueven los trenes
otras las que conectan las bombillas
otras las que abastecen los bazares.
Y serán otras manos
tal vez aún no nacidas
las que caven la tierra que me habrá de cubrir.
—————————————
Autora: Raquel Lanseros
Título: Sin ley de gravedad
Poesía reunida (2005-2022)
Editorial: Visor Libros, 2022
***
LO LLAMAN DESENCANTO
Soñé que era verdad lo que es mentira
pues es embaucadora la apariencia
se disfraza traidora de inocencia
efímero espejismo de quien mira.
La esperanza crepita hoy en tu pira
tras agotar el poso de paciencia
ante tu lacerante indiferencia
mi ilusión, mancillada, se retira.
¿Quién tendrá por fehaciente un vil engaño
y la cruel realidad por embustera?
¿Dónde está la virtud, dónde el amaño
dónde la infamia casi verdadera?
En el arca se vende hasta el mal paño
y a veces la razón no es lo que era.
***
AMORES IMPOSIBLES
El alma humana tiene grandes misterios que penetrar
y grandes cuestiones que debatir cuando está sola.
William Shakespeare
Hace cuarenta años, todas las horas les pertenecían.
Lo que veían cuando se miraban
era la raíz del mundo.
Siempre intuyeron
que no necesitaban nada más
dos cuerpos desiguales frente a una misma incógnita
las manos enlazadas
compartiendo presente, sueños y agua.
Hoy se encuentran de nuevo. Al fondo de sus ojos
han vuelto a vislumbrar aquel solaz
cuando todo era suyo
cuando ambos eran todo.
Las despedidas nadie las decide
los que saben las llaman ley de vida.
La abuela octogenaria y el corpulento nieto
se abrazan en la tarde.
Te quiero, se susurran.
Hay amores sagrados que no terminan nunca
aunque estén condenados a ser breves
aunque pertenezcan a tiempos distintos.
Aunque sean imposibles.
***
DESPRENDIMIENTO
(Revisitación libérrima del Siglo de Oro)
No me mueve, mi amor, para beberte
el goce que me tienes prometido
ni me arredra el avance del latido
bien al contrario, me empuja a complacerte.
Tú me enardeces, amor, yo me enardezco
de mirarte rendido en tu bravura
ofreciéndome tu lágrima más pura
te absorbo, me relamo, reverdezco.
Al girarte, tus labios inflamados
besos se vuelven en humedad transida
a revivir los míos exaltados
por la gozosa entrega sin espera
lo que me das lo mismo me darías
y lo que yo te doy igual te diera.
***
ÚLTIMA LLAMADA
Entre los juncos y la baja tarde,
¡qué raro que me llame Federico!
Federico García Lorca
¡Si supiera mi nombre!
Si lograra saber cómo me llaman
cómo juntan las sílabas y dicen
y al decir me recrean
me impulsan hacia fuera.
Mi destino es mi nombre.
Viviré en sus fonemas
viviré mientras alguien me pronuncie.
Puedo escuchar tu voz, dentro de un siglo.
Te imagino, hijo mío, en algún sitio
en mortal despedida que me llama.
Me imagino abatida, en ningún sitio
por no poder acunarte en mis brazos
no poder acudir a la más importante
mi recreación final sobre la Tierra
la última llamada.
***
LLORABAN LOS AMANTES
Lloraban los amantes
yo los recuerdo
eran
pétalos desprendidos desde una misma llama.
Lloraban sumergidos en la triste corriente
exhaustos como hélices
los amantes lloraban.
Lloraban y están muertos como lo estamos todos
como lo hemos estado y como lo estaremos
amando se alejaban erguidos de la muerte
pero la muerte no ama ni llora ni se aleja.
Lloraban los amantes que están vivos por siempre
su llanto fue camino fue presencia fue flecha.
Lloraban los amantes y sin aquellas lágrimas
no existiría el amor
ni tú ni yo ni el llanto
el sol no existiría
ni las otras estrellas.
—————————————
Autora: Raquel Lanseros
Título: El sol y las otras estrellas
Editorial: Visor Libros. 2024

.jpg)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los blogs se alimentan de palabras, gracias por dejar sus comentarios en el mío.
Un abrazo,
Rafael Ortega