martes, 20 de enero de 2026

Entre los fosfenos y el universo: un ensayo poético

-George Reyes-

 (México)


I. La luz interior como cosmos íntimo


Los fosfenos —esas chispas que brotan al clausurar los párpados— son el recordatorio de que la luz no es patrimonio exclusivo de los astros. En la penumbra del cuerpo, la retina se transmuta en un firmamento privado donde nacen y mueren constelaciones efímeras. Cada destello es un Big Bang personal; una prueba de que la creación no es un evento remoto en el tiempo, sino un pulso que late tras nuestros ojos. En este rincón de lo íntimo, la infinitud se revela no como distancia, sino como profundidad.


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II. El espejo de la conciencia y el asombro


El universo, en su vasta mudez, es el espejo donde la mente busca su propio reflejo. Maria Popova afirma que "para que algo sea asombroso, sólo necesita ser contemplado con una atención que no conoce el cansancio". Los fosfenos exigen esa atención: son mundos que no existen "fuera", pero que nos guían hacia la arquitectura real de lo que somos.

Al observar estas luces danzantes, experimentamos lo que Brian Swimme describe como el "despliegue energético multiforme". Somos la autoconciencia del cosmos manifestándose en un teatro de sombras oculares, donde la mente es la chispa de la misma energía que enciende las estrellas.


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III. La infancia como primera frontera espacial


Esta relación con la luz interna no comienza con la razón, sino con el juego y la pureza de la infancia. La poeta y escritora venezolana Alis Velasco captura esta esencia en sus versos, recordándonos que el primer viaje espacial de todo ser humano ocurre en el silencio del propio ser: 


Los fosfenos


-Alis Velasco-


Cuando niña, cerraba mis ojos y jugaba con los fosfenos que aparecían en la oscuridad.

En ese mundo de luces danzantes, yo era una astronauta intrépida, explorando constelaciones imaginarias.

Viajando de planeta en planeta.

Las estrellas parpadeaban en mi mente, como faros cósmicos guiándome, como pequeña y curiosa, navegaba por el vasto universo interior.

Los fosfenos se convertían en galaxias, y yo trazaba órbitas con mis dedos, dibujando historias en el lienzo negro, donde la noche y la infancia se abrazaban.

Hoy, aún cierro los ojos y recuerdo esa niña que soñaba con estrellas y descubrí que en cada parpadeo luminoso, ahora encuentro un poema esperando ser escrito.


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IV. El puente invisible


Como sugiere Velasco, el fosfeno es el punto de partida del lenguaje. El puente entre lo mínimo y lo infinito se construye con la imaginación. Aldous Huxley afirmaba que el único rincón del universo que podemos asegurar mejorar es nuestro propio yo; y es en esa "mejora", en ese acto de cerrar los ojos para ver mejor, donde el universo comienza a conspirar. La oscuridad no es ausencia de luz, sino un lienzo donde la conciencia dibuja su propia esperanza.


***


V. Conclusión: La sinfonía de la oscuridad


Los fosfenos son la poesía del cosmos en miniatura. Nos enseñan que la conciencia es el único espacio donde la luz no necesita de la distancia para brillar. Mirar hacia dentro es, en última instancia, otra forma de astronomía. Como bien descubrió la niña poeta en sus viajes imaginarios, el universo no es solo un espacio exterior, sino una vibración interior que nos acompaña en cada instante, esperando siempre ser traducida en versos.

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Rafael Ortega