lunes, 19 de enero de 2026

El rey centenario (II)



-Manuel Cabesa-


Puestos a detallar las canciones más conocidas de José Alfredo Jiménez (se dice que compuso más de trescientas) podemos darnos cuenta que en ellas la mitología del macho mexicano queda un poco desarticulada. 

En sus letras, nunca hay imposición, ni violencia contra la mujer. Los narradores de estas historias de amor desafortunado aceptan la partida de la otra algunas veces con resignación a sabiendas que quizá puede "que le vaya bonito", aunque en realidad la mayor parte se dejan abatir por el dolor de la partida para caer en "un abismo negro como su suerte".

En esta situación el narrador de cada canción asume una posición de orgullo que le sirve de máscara ("no tengo trono ni reina/ni naide que me comprenda/pero sigo siendo el rey") y mientras ve alejarse al objeto de su deseo se dice a sí mismo que la historia no habrá de repetirse: "cuando lejos me encuentre de ti/cuando quieras que esté yo contigo/no hallarás un recuerdo de mí/ni tendrás más amores conmigo".

Pero este orgullo no es más que bravuconería verbal porque, por muy macho que sea, esto no le impide llorar su miserable destino. Los protagonistas de las historias que nos cuenta José Alfredo no se avergüenzan de soltar el llanto cada vez que pueden, no creen en eso de que "hombre macho no llora" y dejan que el sentimiento aflore espontáneamente bajo las más diversas circunstancias de felicidad "y me desperté llorando de alegría" o de profunda tristeza "un arrollo de llanto anegado/donde yo tu recuerdo ahogaré".

Finalmente como recurso para darle espacio al orgullo herido y al llanto que fluye sin contenerse aparece el alcohol como punto de apoyo en los peores momentos. 

Son consecuentes las borracheras en estas canciones, y es que sólo a través de grandes ingestas de alcohol el alma atribulada puede expresarse y decir las verdades que de otro modo hubieran quedado silenciadas, quizá por vergüenza. 

Luego, a través del alcohol, nuestros personajes pueden descender a los infiernos más profundos de su memoria amorosa pensando que de esta manera bizarra pueden borrarla o matizarla; finalmente está el hecho de que la autoflagelación, el castigo impuesto por no saber cómo retener el amor perdido, el camino pedregoso de la autodestrucción es más llevadero a través de una borrachera.

Como sucede con los relatos de Malcolm Lowry, en estas canciones se bebe hasta perder el sentido de la realidad y en este estado la muerte puede ser un suceso amigable: "si me matan al pie de su reja/a lo macho me harían un favor"...

Morir sin darnos cuenta es la mejor manera de morirse. Creo que esto lo saben quienes han estado al borde de ese abismo y aún más si la razón de llegar hasta el límite es un amor contrariado como aquellos que nos hicieron llorar escuchando las mejores canciones de José Alfredo Jiménez.

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Rafael Ortega