-Manuel Cabesa-
Comenzaré con una confesión que sirve para salvaguardar mi honestidad: no soy muy amigo del haikú escrito en español, aún cuando algunos de los poetas más renombrados de nuestra lengua se han acercado a esta forma de expresión poética.
No digo que no he leído buenos poemas escritos siguiendo esta fórmula, quizá sea una carencia mía ante el supuesto deslumbramiento que supone su lectura; lo cierto es que muchas veces no siento que pase de ser un mero juego retórico que carece de la emoción y la fuerza que pueda tener un poema más desarrollado por muy breve que sea.
Como se sabe el haikú es una forma de expresión poética nacida en Japón y que en el original no se transcribe con palabras sino con ideogramas, siendo que un ideograma encierra en sí mismo una compleja red de significados difíciles de transmitir a otros idiomas.
Por otro lado está, como lo establece Fernando Rodríguez-Izquierdo en su libro "El haikú japonés" (Libros Hiperión, 1994), que las raíces de esta forma poética se hunden en la profundidad del tiempo y tienen como semillero las religiones y los sistemas filosóficos orientales: taoísmo, budismo, confucionismo, zen, etc; además de formas poéticas poéticas implantadas por China, con lo cual el haikú busca en su expresión más que todo la revelación y la trascendencia de lo que podríamos considerar desde el punto de vista occidental lo real.
Por el contrario nuestra tradición poética emerge también de las profundas cavernas del tiempo, pero tiene como base el paganismo mediterráneo de los primeros tiempos pre-cristianos, como lo plantea Robert Graves en su monumental estudio "La diosa blanca" sobre los orígenes de la poesía occidental.
Y aunque no es necesario ser antropólogo para escribir un poema breve, es bueno estar concientes de este detalle que nos plantea una diferencia abismal de sensibilidades.
El haikú hace su llegada al español de la mano de José Juan Tablada con la publicación de su exquisito poemario "Un día" publicado en Caracas durante el año 1919... Tablada es ante todo un poeta abierto a la experimentación y además del haikú también adoptó para nuestra lengua el caligrama que Apollinaire había puesto de moda en el París de la primera gran guerra. Pero después de esta primera experiencia no hay muchas noticias acerca del haikú en español hasta finales del siglo XX y todo lo que va de éste.
Durante estos cinco primeros lustros del siglo XXI, el haikú ha alcanzado un gran espacio de difusión en toda iberoamérica y en nuestro país se ha vuelto un género habitual entre nuestros poetas.
No destacaré a ninguno por no pecar de injusto y porque mis lecturas del haikú criollo no son tan exhaustivas debido a que, como dije, muchos me han desilusionado: simples construcciones carentes de sentido y sentimientos; y porque considero que la tradición del poema breve que llevaron adelante poetas como Reynaldo Pérez Só, Edda Armas o Gelindo Casasola todavía tiene mucho que aportar sin necesidad de atarse a las restricciones de temáticas y de estructura que encorsetan el haikú hispano.
Ahora bien, más allá del rigor técnico que conlleva la escritura del haikú, pienso que su implementación sería de una utilidad invaluable para el acercamiento de los niños y niñas a la poesía: serviría para darle las herramientas de descubrir la importancia de las palabras y de su efectiva utilización con respecto al lenguaje hablado y escrito.
A nivel temático serviría para explorar no sólo una visión más luminosa de la naturaleza, sino también para familiarizar a los pequeños con otros aspectos de la vida: la seguridad, la higiene, la convivencia civil etc.
No sé si ya alguien ha puesto en práctica este método, a mí se me reveló tras la lectura de "Poesía pequeñita, pequeñita, pequeñita" de Yurimia Boscán León (Monteávila, 2023) poemario que obtuvo el Premio de la Bienal Manuel Felipe Rugeles de poesía infantil.
En este breve cuaderno, como breves son los textos que lo componen, nuestra poeta va develando pinceladas del mundo que rodea la infancia vista desde sus propios ojos pero expresado con un lenguaje sobrio y maduro, lo cual no es nada sencillo.
De allí que pienso que podrían servir de modelo para los niños que se inician en el proceso de aprendizaje de las primeras letras a fin de acostumbrarlos a su ritmo y a su armonía mientras descubren que la poesía es el espejo del mundo:
La negra hormiga
con hojitas a cuestas
carga su hambre
***
Se abren las flores
de sol y primavera.
Vuelan las aves.
***
Abre la oruga
su crisálida tibia.
Mariposita.
***
Los perros ladran
cuando salta la infancia
sobre los charcos.
***
Poemas de Yurimia Boscán León: Poesía pequeñita, pequeñita, pequeñita (Haikus para niñas y niños).

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los blogs se alimentan de palabras, gracias por dejar sus comentarios en el mío.
Un abrazo,
Rafael Ortega