domingo, 18 de enero de 2026

El rey centenario


-Manuel Cabesa-


No hay mejor manera de comenzar el año que celebrando la memoria de uno de los más grandes exponentes del sentimiento amoroso latinoamericano: Don José Alfredo Jiménez, de quien se cumplen los primeros cien años de su nacimiento. 

Vamos a decirlo de una vez: José Alfredo (sin el apellido porque los para muchos es más que un amigo, compañero de anhelos y tristezas) no es simplemente un compositor popular, sino un verdadero poeta en el sentido más extenso e intenso del término.

Sus letras han trasvasado generaciones y se han instalado en el eterno presente de los sentimientos sin importar quién las interprete: desde el lejano Pedro Infante en el remoto pasado de los acetatos de 78 rpm. hasta el contemporáneo Luis Miguel en los recientes días del disco compacto. 

Y es que su discurso se conduele de todos aquellos y aquellas que viven sus amores y sus fracasos, no como "un duelo a superar" como se quiere hoy en día, sino como un dolor que hay que vivir profundamente hasta sus últimas consecuencias: el llanto (ahorita ya no sé si tengo fe/ahorita solamente yo les digo: que toquen otra vez la que se fue"), la resignación ("porque yo a donde voy hablaré de tu amor como un sueño dorado/y olvidando el rencor no diré que tu amor me volvió desgraciado"), las borracheras interminables ("por tu amor que tanto quiero y tanto extraño/ que me sirvan otra copa y muchas más/ que me sirvan de una vez pa todo el año/que me pienso seriamente emborrachar") sin importar la condición social ("yo conocí la pobreza y allá entre los pobres jamás lloré/yo pa que quiero riquezas si voy con el alma perdida y sin fe").

Nunca fue tan grande el amor como cuando lo convirtió en letras de canciones y es que el poeta nacido en Dolores Hidalgo, Guanajuato el 19 de enero de 1926, supo ver como pocos todas las facetas del sentimiento y darle cobertura intemporal en sus momentos más sublimes o desgraciados: desde el instante del éxtasis compartido entre dos soledades ("amanecí otra vez entre tus brazos/y desperté llorando de alegría") hasta el renacimiento del deseo en la edad crepuscular ("de mis ojos está brotando el llanto/a mis años estoy enamorado/tengo el pelo completamente blanco/pero voy a sacar juventud de mi pasado").

Y son estas las razones por las que José Alfredo se mantiene vigente a cien años de su nacimiento, pues como escribió Juan Villoro: "Insuperable explorador del sentimentalismo, José Alfredo Jiménez descifró nuestros más íntimos anhelos y descalabros. El rencor, el despecho, la nostalgia adolorida, el revanchismo, la idolatría romántica, la posesión machista, el generoso desprendimiento, la desaforada necesidad de querer, ¡las chingadas ganas de llorar a gusto!, no han tenido entre nosotros intérprete más profundo".

Y por eso, José Alfredo, sigue siendo el rey.

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Rafael Ortega