martes, 21 de julio de 2026

Sentido y trama: el ojo social sobre los vínculos

Autor: Yeimy Javier Martínez 


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No quiero mirar hacia ese sitio,

ahí está el odio.

Tiene los ojos curtidos

de mal fuego.

Lo esquivo.

No quiero saber siquiera

como hace sus incendios.

No quiero ver su factoría.

Le rehúyo abiertamente.

Y yo no soy su blanco.

Enriqueta Arvelo Larriva. El odio



-Ingrid Chicote-


En la academia comprendo cómo estudiar en dos siglos diferentes se convierte en una batalla de control y autocontrol. En el siglo pasado las personas percibían la academia como la casa del saber. En lo que va de siglo, la academia se percibe como la casa del control. Debatir no es bien visto, a menos que el consenso sobre una idea sea el común denominador.

La realidad es así: en este siglo estamos dominados por la obediencia como en el experimento de Solomon Asch. La academia se convierte en un lugar donde el pupitre (Michael Foucault dixit) es la medida de la coerción. Después de haber escrito sobre estudiar después de los 60, entendí que lograr la meta requiere silencio y autocontrol para no recibir violencia reactiva de regreso.

La academia de este siglo aplica una ingeniera social donde podemos percibir que el sujeto experimenta una pérdida de conciencia y de responsabilidad individual porque la responsabilidad se transfiere a las directrices de los líderes: lo que dice la autoridad es la ley. Punto.

Hay como una alteridad negativa para tolerar la violencia e inhibir respuestas sociales empáticas.

La creación de un enemigo único dentro de un salón de clase es la manera de deshumanizar cualquier intervención que no se encuentre alineada con lo que defienden los portadores de la verdad oficial. Una forma de dominio es dividir la administración en múltiples procesos burocráticos y microtareas independientes para que los operadores del sistema sientan una profunda distancia psicológica y social, pro-sistema. Entonces a estos operadores no les importa ni un duelo colectivo, ni un estado de angustia, ni la pobreza, ni un terremoto.

Está normalización de linchamiento moral cuando se expone una idea, se pide el consenso de la misma, la mayoría está de acuerdo pero la autoridad se niega, promueve la anulación de derechos que se sostiene en la presión al grupo y el miedo inducido y la promesa no verbal (pero si histrionica) al aislamiento social.

Es por ello que se usa la violencia reactiva como una medida ejemplarizante para el resto: impidiendo la reacción de la respuesta colectiva. Los sesgos de conformidad estudiados por Solomon Asch, el estudio de la personalidad autoritaria de Theodor W. Adorno, el psicoanálisis de la sociedad por Erich Fromm y el experimento de Milgram y el de Stanford sobre la obediencia y el estudio de Hannah Arendt sobre la banalidad de mal.

No será la primera vez que me obligaré al silencio. Pero nadie puede quitarme la habilidad de escribir y analizar sobre lo que veo y cómo lo veo.

Un investigador no debe apasionarse, pero no puede alejarse de su propia humanidad.

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Rafael Ortega