sábado, 13 de junio de 2026

Quince poemas de Elí Caicedo

Autora (fotografía): Beatriz Nones


1.


TU NOMBRE


Me inclino

ante tu nombre 

y oigo el murmullo de tu rostro 


Un eco de voces y vacíos

pronuncian el dolor de su mirar


Su escritura 

duele entre mis manos 


2.


Una herida 

sobre la albura del papel 


sangra en mi silencio 


Su decir 

una hendidura abierta 

de lágrimas dolidas


Una herida 

aún sin cicatriz 

en el silencio de tu nombre


y el murmullo de tu rostro.


3.


UN PERRO


Un perro ladra en mi reloj 


La sombra de su cuerpo 

una noche que se estira

como el rumor de un río 


El eco

de sus ladridos 

huye de la jauría de sus ojos 

se esconde tembloroso 

bajo las piedras de aquel río 


Su mirada

hurga

bajo los pliegues de su sombra 

y muerde

la osamenta de su tumba 


El movimiento de su cola

azota 

el recuerdo de su cuerpo 


Unos ladridos 

espantan 

los pliegues de su sombra 


Un perro 

ladra en mi reloj.


4.


GRAFÍA DE TU ROSTRO


(A muy querida amiga, poeta, educadora y promotora cultural Beatriz Helena Peñaloza)


Ungido de ausencia 

escribo tu rostro 


En el olvido de tus ojos 

hallo mi nombre

como un relicario


Arrastro 

lo fugaz de tu mirar 

sobre la untura

de las voces que me nombran


Algo de tu mirada

yace y hace sombra

sobre el rumor de la distancia 

donde erijo mi presencia 


Escribo tu rostro 

sobre ese tibio murmullo 

donde se hacen silencio 

todas tus miradas


Ungido de ausencia 

erijo mi presencia 

en el olvido de tus ojos 


Ahí 

sobre las voces que me nombran 

escribo tu rostro.


5.


UN AMIGO


(A mi querido amigo y hermano, filósofo, teólogo, antropólogo, investigador y promotor cultural Anderson Jaimes Ramírez)


Tengo un amigo

que conversa con las piedras


Ellas 

lo miran 

con el corazón de sus entrañas


Leen 

la sintaxis de sus ojos 

y sonríen ante la eufonía de sus voces 


Él

les acaricia 

con la aspereza de sus manos 

el blando silencio de sus cuerpos 


Entre ellos 

existe una liturgia de hermandad 

oculta entre los líquenes 

y la temblorosa humedad de sus miradas


Él

las observa

las escruta

y de pronto 

su mirada huele a piedra 

a surco escondido en la penumbra

a voz extraviada entre los años 


Ellas

guardan y custodian

el desgarrado decir de sus ancestros 

el sagrado olor de sus creencias 

y la lengua ignota de su pueblo


Tengo un amigo 

enamorado 

del enigma de las piedras


embrujado 

por el canto de sus glifos


Un amigo

germinando en el surco de las piedras


Ellas lo hacen

piedra sagrada

entre las piedras.


6.


LETRERO


(Al querido poeta, cuentista, novelista, ensayista y crítico literario Arnaldo Jiménez)


Un letrero en la pared

me mira

con el silencio de su grito 


Camino sus palabras 

a pie descalzo y en ayunas


Siento 

el grosor de su escritura 

en el dolor de su decir


Su voz 

un sendero oculto en la sintaxis 

del estuco y la argamasa


Su eco murmura

entre el moho y las heridas 

del sucio atrapado en la pared


Su decir

puerta abierta 

entre ladrillos 


Un letrero 

un grito en la pared


Soy 

destino de su voz.



7.


CAMINO


(Al querido amigo, poeta y promotor literario Job Jurado Guevara)


Un camino

frente a mí

estira la soledad de su mirada 

sobre un horizonte de hojarasca 


Miro 

sus heridas y sus sombras

ocultas en la sierpe de su cuerpo 


Tiemblan mis pisadas

sobre

la hondura de sus huellas 


La ausencia 

fenece 

en la finitud de su distancia 


Inicio y fin

atados

al morir de su destino


De nuevo 

un camino 

al final de mis pisadas.


8.


LITURGIA DEL CAFÉ 


La homilía del café 

ebulle

en la infinita soledad

del silencio de la taza


La profundidad de su color 

cristaliza 

la esencia de sus voces


La musicalidad de su salterio

germina

sobre la costura de la borra 


Sobre los sagrarios de la casa

revuelan los inciensos

de la liturgia del café


El perfume de su epístola 

y la unción de sus aceites

mantienen la vigilia 

en el monasterio de la boca


Por las caminerías de los jardines 

el silencio de los pasillos 

y los claustros monacales de la casa

caminan la voz del incensario

y el rumor indetenible 

de la homilía del café.


9.


HOY


Hoy

es un día extraño 


La mañana 

se ha ahogado 

tras las sombras 


La tarde

aún es un misterio 

y ya

el canto mortal de las chicharras 

anuncia 

a los cuatro vientos 

los obscuros abismos de la noche.


10.


CAFÉ



(A Félida Caicedo Pinto, hermana, amiga, compañera y confidente; hechicera y alquimista del café)


Observo y decodifico

la palabra de una gota de café 

escrita

en la tiniebla de su rostro 


Contemplo 

la ondulación de su escritura 

en el ascenso tembloroso de su voz


Su sonido 

acre y timbrado 

me increpa

desde el silencio obscuro de su rostro


El vuelo de su almizcle 

rompe el trino de los pájaros 

en medio de la niñez de la mañana 


La tintura de su piel 

y la obscuridad de su sonrisa 

horadan

la intimidad de mi decir 

y se erigen selva amarga

sobre lo inhabido 

y lo callado de mi boca


La palabra 

de una gota de café 

despierta

la voz de la mañana.


11.


UNA HORA


(A mi querido amigo y hermano poeta Julio Borromé)


Una hora

camina afuera de la casa

y arrastra su cansancio

sobre el rostro de las piedras


Escucho el viento

crujir bajo sus pies


Más allá

lejos del silencio

y la mirada de las sombras

una nube silba y tararea

el hondo palabreo de la lluvia


La llovizna ahoga

el recuerdo de sus huellas

y la distancia de sus pasos


Afuera

en medio de la tarde

la lluvia devora el peso de las horas

y arrastra su cansancio 


Allá

bajo el grito de la lluvia

una hora yace inerte

en medio del silencio

y la mirada de las sombras


Y más allá

lejos del silencio y de las sombras

cruje el viento sobre las piedras.


12.


AIRES DE OLVIDO


El aire pasa

deja la voz de su recuerdo 

sembrada 

sobre el silencio de las sombras 

y no regresa nunca más 


Él no sabe 

de recuerdos ni regresos 


Sigue el camino 

sin la idea de su inicio 

y sin la imagen del destino 


Llega sin saludos 

como un recuerdo antiguo 

y se va

sin anuncio y sin despedida

como un largo olvido 


Casi nada

lo diferencia del olvido 


El olvido 

un recuerdo 

escondido en la memoria 


Como en el aire

nada

es ajeno en el olvido


El olvido desaparece 

deja la voz de lo olvidado 

y no vuelve nunca más 


Él 

desaparece en la memoria 

como el aire

en el silencio de las sombras


La voz de lo olvidado 

hace trizas al olvido


El aire pasa

y no regresa nunca más.


13.


CREPITACIÓN


Huele a ti

en este espacio 

de señales chamuscadas


El destello de tu sombra

ese río de arenas incendiadas

crepita

sobre los carbones de la tarde


El rastro de tu nombre

persigue voces y fuegos

entre el silencio de los cardonales 


El fogaje de la brisa

arrastra tu mirada

sobre el levitar de los medanales

donde tejen sus espejismos las arañas 


Sobre el incendio de estos arenales 

grita tu nombre 

la crepitación de la tarde 


Huele a ti

en el crepitar de estos medanales.


14.


LA VOZ DEL PEDERNAL


(Al amigo, educador, líder social, promotor cultural y poeta Omar Iván Garzón Pinto)


Hablo silencio 

sobre la aspereza de la roca 


Un pedazo

de grieta o hendidura 

responde a mi palabra 


Es un ruido 

que guturaliza su frialdad 


Algo 

vuela o aletea adentro 

en su dureza


Oigo

su murmullo 

mordiendo mi silencio 

en el abismo 

de su áspera sonrisa 


La humedad

del musgo de su piel

Absorbe el decir de mi mirada 

y comprende mi silencio 


La grafía de mi voz

eriza

la fría aspereza de su rostro 


Escribo

en la desnuda arista de su piel 

y en el decir de mi silencio 

se escucha 

la voz del pedernal 


Escribo silencio 

y adentro 

en su dureza

una grieta o hendidura 

guarda mi palabra 


Hablo silencio 

y algo sonríe 

en la aspereza de la roca


Escribo

y se escucha Silencio 

en el decir del pedernal.


15.


OLEAJE DE PENUMBRAS


La noche

abre su puerta obscura

y el sonido de unos pasos

se acerca

a ciegas

a tientas

y en penumbras

y trae mi presencia.


Un herido olor de mar

pronuncia mis palabras

y desde el fondo dormido de su voz

el cansancio de un oleaje

de salitre y de tormentas

calla

el rumor de aquellos pasos

y los cubre de silencios.


Un oleaje

sacude el rostro de la noche

y desde el olor de sus penumbras

se anuncia

el mar de las ausencias.


Brama

un mar de brumas

y se oye

a lo lejos 

entre graznidos de gaviotas

su oleaje

de vientos y silencios.


Un oleaje de penumbras

ahoga y arrastra

mi presencia.

3 comentarios:

  1. Me encantaron estos poemas, huelen a café, a ese café descrito en los versos, a esos versos dedicados a sus amigos, a esos amigos que tambien son poesia.

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  2. ¡Oh, qué honor! gracias Rafa, honrada y agradecida. Beatriz Nones

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  3. Mi querido Elí Caicedo. Gracias, me encanta su poesía. Beatriz Helena Peñaloza

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Un abrazo,
Rafael Ortega