miércoles, 24 de junio de 2026

Poemas de José Gregorio Correa

Autor: José Gregorio (Goyo) Correa


***


El árbol da frutos como el cielo fe...

Es una línea o verso del Himno al árbol,

solía cantarse en esos actos inventados

por maestros entusiastas, ahora

ese árbol se veía desde un parquecito

con tobogán, pasamanos, rueda, columpio

y subebaja.

En ese espacio además del parque había una cancha

de voleibol y basquet

y se jugaba pelota de goma y fútbol

y se jugaban los heladitos de Kool-Aid

que dulcísimamente vendía la esposa

de Mastroteo Ruiz...

Ha pasado el tiempo y el árbol permanece

y ya para que la memoria permanezca

en enero se veía casi brillante desde un parque de atracciones.


***


Lección de anatomía 


Hasta hoy,

y es una verdad ineludible,

el cuerpo humano 

se compone de tres partes:

cabeza, tronco y extremidades 

y en alguno de esos sitios

debería residir el alma.


***


Camino, caminito

quién te volverá a pisar

con los mismos pasos,

leves, de espuma y mar,


quién te dejara sus huellas

con los mismos pasos,

quietos, de luz y estrellas,


quién te anduviera, camino,

con los mismos pasos,

mansos, de aire y suspiro,


quién te anduviera de nuevo,

con los mismos pasos,

vivos, de sombra y reflejo,


quién volviera a la alegría,

con los mismos pasos,

azules, de la noche y día,


quién tuviera la certeza

de los mismos pasos,

míos, del río y la tristeza,


quién te olvidara, camino,

con los mismos pasos,

puros, de agua y olvido,

quién te dijera, camino,

con los mismos pasos,

idos, que fui tu destino,


quién, volviera a tu faz,

con los mismos pasos,

apenas, reino del nunca jamás.



Del libro Memorias del asedio


***


Publicidad para la vida


Cambie su vida con tan sólo cambiar su licuadora,

parece una insensatez, pero, funciona.

Llamas ya, al número que ves en pantalla 

y tendrás un cinco por ciento de descuento.

Ya has ahorrado, y el ahorro es una virtud.

Un minuto hace la diferencia con la prehistoria, 

la historia, el pasado, lo viejo.

Todo en un minuto, podrás tener un envase de dos litros, 

uno de un litro, uno tipo individual para el gimnasio 

y una cuchilla adicional.

La vida cambia, sácale el jugo al tiempo, 

time is money, el tiempo es oro; 

parece una idiotez, pero, funciona.

Te anexan un recetario pero no el dinero para adquirir los ingredientes.

Algún día, el tiempo libre 

obtenido con tu nueva licuadora 

sólo alcanzará para un minuto más bajo tierra.



***


a Ledo Ivo


Acaso, tal vez, seamos así,

como tan hermosamente nos retrata

en las largas filas donde nos apiñamos

a emprender tan cortos viajes

que ni siquiera salimos del submundo

donde no sabemos morir, a pesar

de llevar una vieja amistad

con la muerte.


Ni un tanto de culpa tenemos,

quien quita sí, de ser sujetos

de la belleza emanando al poema

donde viajamos parados en el autobús

con boletos de última clase.


Y eso que aún no ha alcanzado

a vernos, sin confort, sudando sangre

para elevar acciones en las bolsas

del mundo.


Nada elegante somos al momento

de trocar la vida en fábricas,

campos, ciudades, estaciones de trenes,

burdeles y casinos, por un mundo

de disipados placeres donde otros

viajan sentados.


Nos llaman pueblo, masa, chusma,

proletarios, le tiramos al lumpen

y no hay nada grandioso sobre la faz

de la tierra que certifique nuestra

ausencia en su construcción

y, ciertamente, nadie podrá

quitarnos las palabras misteriosas

tan próximas a lo sagrado

y mundano de la poesía.


Del libro Memorias del asedio


***


En cualquier parte del mundo

se está la palabra volviéndose

mudez y al mismo tiempo

estremeciendo, como si relámpago.

todas las sombras.


Reposa de ataúdes y como oro

brota de la tierra y es un oro

no mineral, sino de aire, de río,

y entonces aunque descansa en paz.

vive en la ancha tristeza

de los escarabajos y los pájaros.


En cualquier parte del mundo

se va haciendo silencio,

pero es un silencio que despierta

y suena como árboles quebrándose

y soltando el fuerte olor de sus troncos

invadiendo el aire

para que respire

su golpe vegetal.


Alguien al saber de su silencio,

como de cantos rodados

en hondos pozos, irá a mover

el orden de la risa

y el temblor que canta.


En cualquier parte del mundo

se reparte el dolor y respiro,

y aunque ciega, mira con ojos

de hojas y de sombras

toda la luz que emana de su silencio.


Alguien, en cualquier mediodía,

sabrá que mientras mayor su mudez

y atadura a la tierra,

mayor su desandar y el sonoro cascabel

que abraza a los solos del mundo.


Del libro Memorias del asedio


***


Este gran encierro me tranquiliza

olvido me he venido dando


Me asomo a las ventanas y saludo

apenas me alcanza la memoria


Tan sólo queda el olor a café en flor

caña dulce mordida

herraje en las nalgas

esclava supliendo la marca

la ropa un pedazo de saco

y la calle real un mosaico de piedras


¿Dónde andará mi sangre dispersa?

¿Dónde habrá el consumidero 

de mi tristeza renacido?


Un día mi risa blanca será

el susto de los niños


Un día me hará maltrato

golpe y empellón

el látigo que humilló

siempre en esta casa


Y mi pelo blanco no será

escarcha de una pascua ajena


sino la espuma de un río

bastión de inocencia en el corazón de África


¿Dónde Bautista cortaron

mi cabeza y fui a la arena?


¿Dónde daré candela a esta casa

y montaña adentro haré fiesta,

rochela y canto?


Un día seré neblina

viento de la montaña

machete solo


en manos de nadie.



A Juan Bautista



Del libro Voces del extravío

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Rafael Ortega