Ilustración: Francisco Massiani (1970)
***
A lo lejos el canto del buey
La sombras alcanzan un delirio,
las almohadas se resbalan,
tentando un oído agudo
mientras el piano toca un jazz.
Fa mayor: el perro canta.
La menor: el corazón se calló.
Din, din...
bajo en mi radio en Mí menor
Din, don..
estás cosas del amor.
Vuelo debajo de la cama
payaso sentado
al rigor del fuego.
Silencio que no hay estatuas
en el país de mármol.
Rey de Dinamarca
vuelve a mi tenampa,
negro el gato sin patas
por la madre enferma
loco,
loco,
loco por tú fresas
sin manos para tocar.
Mar de llanto en mi granja desierta,
lanchas de densas maderas.
Gobierno sin causa
en el río doliente
mojo la frase en mi rencor.
La, la, la...
cantata en el carrusel,
el final llega
en en corredor tres de Aragua.
La, la, la...
el enfermo muere ya...
Sí.
Muere en el papel sin letra.
Buey, buey.
***
Circo eléctrico
Por las sendas verdes del ocaso,
el viento herido
se trajo un remanso,
pisando un muelle de cable fino:
iré al circo eléctrico de Dios
junto al rebaño,
dejaré una pestaña
en la sortija divina,
en la muerte casada.
Largo estrecho viviente,
por la desnudez
de la noche muerta.
Circo eléctrico
circo de las ánimas
hambriento
Papel en la esquina de Sodoma.
Leones, tigres, elefantes
juegan con la cabeza calva,
y caminan por los relojes quemados.
¡La La la la!...
Ruge, chilla y las parábolas
tocan la serpiente en su seno.
Colores en maizal,
no paran de rodar cabezas,
llegan más.
El muelle se hace más grande
y la caja más pequeña...
¡Bienvenidos todos!
La sangre ríe idiota
al ver el tigre bailando
la cabra mocha.
Eléctrico en mis manos,
eléctrico en las lágrimas,
las sedas tocan la sonrisa
perfecta en la algarabía.
Doce de la noche
y los cigarros encienden
el rocío indomable.
¡Baila, baila mi pequeño tigre!
Gracias por venir al circo
y ya se fue
en el último muelle quedó
el barco náufrago.
¡Algarabía! ¡Algarabía! ¡Algarabía!
¡Bravo!
¡Aplaude sin manos!
¡Vuelve pronto...!
¡Dios te bendiga!
***
El callejón del Diablo
Brisas en mis uñas,
tupé en las pieles rojas,
rebaño sin agua
en el río del manantial.
París en la habitación,
el callejón ruge
de forma poética en la brasa.
¡Rompe tu cadena señor mío!
El alma se parte
como un romper de cabeza,
que tienes que volver
armar y dibujar.
El callejón
se deshace de los suspiros,
las hojas caen en extrañas palpitaciones...
Verde león confirma
los hombres sin hogar
en el callejón de París.
Tum, tum...
Estoy aquí
Tum, tum...
no me iré sin mis botas ebrias.
La espada encendida toca mi sien,
la última copa se deshace
en mi lengua amarga:
los Dioses se pudren
en mi boca bendita,
uvas, manzanas y peras:
corren sabores
en el callejón del Diablo.
***
El rey de los mundos
Bajé hasta el perdón,
remonté un caballo sin jinete,
puse el dedo en la carretera
y me quemé.
Mis botas se entregaron al viento,
los asesinos comen las cabezas de rana,
yo sufro en un coliseo
de flores dañadas...
Barbadas,
frío intenso de livianas,
el jinete me da la cabeza
del rey de los mundos.

Exelentes poemas👏🏻
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