viernes, 29 de agosto de 2025

Ars poeta

 

Foto: Chemaz Madoz 


-Skarlet Boguier-


Un poeta genuino va más allá del intelecto, sabe que el conocimiento es fundamental pero no lo codicia, no pretende saberlo todo, pues sabe que todos somos ignorantes, en tanto que, todos ignoramos algo. Un poeta verdadero tiene una vida verdadera que es puro fuego y arde como su obra. Arte y vida son “fractales”, no recrea desconocidos paisajes europeos ni pretende escribir como alguien; más bien si lo desea, se anula por completo en su pequeña y preciada soledad.

Un poeta honesto vive como escribe y escribe como vive, sabe que cada día es una nueva aventura, como un poema espontáneo nacido bajo el agua. Un poeta de verdad vive poesía, y eso no quiere decir que sea un sujeto que no paga cuentas y sin problemas, sino que los trasciende, sabe manejar las energías, no se preocupa porque sabe que lo tiene todo, y como sea, mantiene su copa llena y elevada.

El poeta no puede ser un tipo pacato, es un trasgresor de naturaleza, no lo finge ni hace alardes, simplemente lo refleja en su vida, en lo que hace, en su propia obra, mediante la originalidad de su lenguaje expresivo. Un poeta genuino sabe que sentir es más vital que todo el conocimiento del mundo, puesto que estamos en una dimensión sensorial, el sentir es saber de los sentidos, pero si además de sentir, sabemos, la experiencia es más placentera. Así que, si un poema no causa ninguna sensación en el lector, si no transmite nada es porque no llegó a ser arte ni a florecer en ningún corazón humano.

Foto: Chemaz Madoz 


Un poeta de verdad fortalece su espíritu, sabe que es maestro y aprendiz, un humilde mago que pasa desapercibido, un profeta, un hierofante, un chamán, un alquimista, un vidente capaz de capturar imágenes, de recibir mensajes y entrar en un trance de palabras escritas, volverse un barco borracho, un ermitaño jaguar emplumado o una hipnotizante lluvia de insectos. Una balada de saxofones, trompetas y clavicordios cotidianos.

Reconoced al verdadero poeta, pues, así como abundan falsos chamanes que, solo con ansias de lucro, dan a beber pócimas impostoras de la sagrada ayahuasca; así hay <poetas>, que, con ansias de alcanzar cierta fama, dan a beber desgastados versos de flores y ruiseñores, un destilado sin duende que no enciende el espíritu, un hada aburrida que se corta las alas, una promesa sonsa y repetida hasta el hastío.

El poeta genuino sabe que no va a cambiar al mundo discutiendo ni gritando consignas, sabe que toda transformación circundante comienza por una transformación de conciencia, de lo individual a lo colectivo, sin derrochar energía en querer tener la razón, sino creando y actuando por dentro y por fuera. Es libre, apuesta más bien por la liberación humana de todas las formas de gobiernos y prisiones del pensamiento. Es libre y por eso no se identifica, no alimenta ismos, los destruye desde adentro, elige crear antes que obedecer.

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Rafael Ortega