martes, 3 de noviembre de 2026

Poemas de Jeroh Juan Montilla

Foto: Carlos Nohan Moreno (2026)


***


Aquí un nivel de bocas 

mudas e inútiles 


inaguantables por el insomnio 


inciertas 

en la luz y en la sombra.


*** 


Llueve


Llueve 

a mi sombra se le matiza un dulce fastidio en sus ojos 

de tierra negra, 

hace mucho llueve llorando, 

como si el sol en una cotidiana locura de invierno 

se suicidase al atardecer. 


Llueve, 

ayer, hoy y mañana. 

Siempre o a veces jamás. 


Llueve

como un hongo de acertijos. 

Llueve, 

me antojo de besar al ritmo de esta tarde.


Llueve

Solo basta morir.


***


La lluvia se revuelca sumisa 

sin retorno 

tibia como un golpe.


Ella desconoce 

reitera soledad en mis zapatos 

quebradura en los árboles. 


Ubica levadura 

en las líneas de la mano. 


Es inocente 

e inclinada por cansancio 


amarga como el borde.


***


Olvidé con las manos 

y me cosieron el rostro de espalda 


Por eso siempre 


entre aquellos hombres 

de sobra lenta 


grises y hojeados.


***


Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga a aguas profundas, y arrojen sus redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Lucas 5:4,5


Dios mío

cada día despierto

para buscar lo imposible

solo encuentro

la desnudez del sol

lo fugaz de las horas por venir

la sensata banalidad

en lo duro y en lo blando

ningún jardín muestra

el trébol divino

puedo jugar a desconocer

tu canto en lo espeso del árbol

allí el viento dice

jamás amor o desdicha

entregado al mandato

de los sentidos

en la impotencia

de rezar o santiguarme

en este exilio me dedico

a mutilar la letra

cavando sin piedad

la piedra de dos metáforas

los pies descalzos del loco

o los pasos titubeantes del borracho

has puesto sal y azúcar

en todas mis huellas

después de tanto poema

el tejido de la vigilia

no puede atrapar lo imposible

entonces te tuteo

convencido de las rimas del corazón

seguro de que la cháchara

del ruego tampoco es consuelo

cuando no sabes

ni el día ni la hora

escribirte es la única superstición

que me concedes.


***


Señor siempre creí

que las palabras eran mías

mi derecho de propiedad

sobre cada paisaje

la ronda de niños

en el parque

o el último canto

de los pájaros

en la penumbra del nido

vana luminosidad

estuve convencido

de todos los ecos

sobre el silencio

bastaba una emoción

para legitimar

el ego o el corazón

el ropaje

de cada acto

colocar carteles

a lo largo de la vida

el nudo de los nombres

me mantuvo firme

pero no tomaste cuenta

que sobre mi estaba

el peso de la transparencia

el frágil amo

de todos tus lugares

por cada rincón

has plantado intermediarios

una multitud de cuchillos

clavados en el pan

todos ellos el lugar del otro


Señor mío

todas las palabras mienten

igualadas con el hágase

siempre libres

en tu única oscuridad

acorraladas en el poema

no las haré mías


Señor toma las palabras

devuélveme tu misterio

la desnudez.


***


Señor por qué te importan tanto

ira alegría y tristeza

nuestros gustos y odios

mis aciertos y equivocaciones

lo que apesta y perfuma

no te basta toda la pulpa del sol

los hielos más lejanos

o las últimas llamaradas

de cada estrella en tu mano

las cenizas del amor

por qué te asomas a esta hendija

tu manzano de la discordia

qué tanto o tan poco encuentras

en el laberinto de mis vísceras

este poema no es un reclamo

tú decidiste que todo

todo lo humano es solo pregunta

la única que te has hecho

Señor, ¿por qué me has abandonado?


***


¿Qué es eso que corre en la lluvia?

una jauría de dioses

le ha arrancado

todos los corazones al mango

¿qué es la lluvia

cuando no hay preguntas?

¿es Dios esa voz ajena

o el último animal del paraíso?

feroz y bello

inhumano

sin pecado.


***


Cada cosa se esfuerza, en cuanto está en ella, por perseverar en su ser.

Baruch Spinoza


Esa paloma, en la cornisa, no se siente inmensa ni mínima ante la densa hondura del horizonte.


(Sólo a mí, frente a las noches de enero, me asombra un puñado de estrellas. En saberme pequeño o grande he tenido perfectos maestros, escribas del castigo o la redención)


Para ella el espacio es la ruta del amanecer y el atardecer, única en el instinto de apagar la vigilia.


(Yo hago poesía como súplica, insaciable y perdido, sin entender la culpa o la inocencia)


Esa paloma vive despreocupada de los haceres del Espíritu Santo, ella apenas vuela, eso es suficiente.


***

Jeroh Juan Montilla (Valle de la Pascua, Venezuela, 1960). Escritor venezolano, Profesor egresado de la UPEL, magister en Historia de Venezuela, profesor de la maestría en Historia de Venezuela de la UNERG, facilitador de talleres de poesía y narrativa, y seminarios de literatura. Ha publicado en El Carabobeño, La Prensa del Tuy, El Periódico (Maracay), Papel literario de El Nacional, Revista Poesía (UC), Revista Nacional de Cultura, Letralia, entre otros. Sus poemarios: Humano de manchas (1988), Pasollano 18 poetas guariqueños (coautoría, 1993), Lides de amor (1995), y el libro de ensayos, Articulaciones (2001) Obtuvo en 1989, el Primer Premio en el Concurso Regional de Poesía “Lazo Martí” de la Casa de la Cultura de Calabozo, con el poemario Naranja del cinco de marzo.

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Rafael Ortega