martes, 3 de noviembre de 2026

Poemas de Adhely Rivero

Título: La tala (1946)

Autor: Mateo Manaure


***


Número de suerte

Me puedo quedar la noche pensando

y sacrificar la tristeza del día.

Todos estos años le he pedido a Dios

muchos años

para contar la experiencia de la vida que tienen

los hombres viejos.

Uno se levanta a diario

sobre la luz del amanecer, sale al trabajo,

se sienta como un jefe a esperar las dificultades

que traen los otros.

Habla con sabiduría, delante de una biblioteca

de la poesía contemporánea del mundo,

recuerda un verso, un buen verso, y salva

la jornada.

Hay días difíciles para el alma,

nos recogemos para que el sueño

revele un número de suerte.


***


En el cielo de Bagdad


A Caupolicán Ovalles


La luna en Irak no se puede ver

lastima la cara del nativo

que ha visto caer bombas todo el año.

De noche al lado de la luna llena

caen Racimos,

terminando por creer que una bomba se quedó

pegada al firmamento.

Lo mismo ocurre con una sirena letal

que socava los refugios.

Ni los ángeles están seguros en el cielo.

el día que Caupolicán visitó Bagdad,

Les llevó el humor y perdieron la paciencia,

todos lo besaban y él sospechaba y se reía.

Hoy nadie duda de la valentía de los hombres

y de los pájaros que se desgranan en el aire.

Cuando termine la pesadilla, dormirán eternamente

en las arenas del desierto

y podremos ver la luna llena en el cielo.


 ***


Mar afuera

 

Tengo el mar Caribe muy cerca.

Lo veo durante el día.

Me pregunto: quién me puso aquí,

mar afuera,

cuando mi cabeza es una cresta de olas?

Sé tan poco de estas costas,

algunos nombres de playas

malolientes a puertos y refinerías.

Calor y sudor.

En el campo es otra vida,

allí se siente el mar volando:

el mar y el amor de las mujeres en la playa.

Se come buen queso de vacas que pastan

en potreros salitrosos

que en el pasado fueron playas.

En la mañana pensamos

la mujer amada.

El mar lo corroe y lo borra todo. 


 ***


La vida austera


Tan austera esta vida

que la mesada redunda en especies.

Cuando llego a la calle e entro a la cuadra

de residencia algún pariente me espera,

circunspecto en la sala, con un saco o una caja, pesados,

de olores agrios de estar a la intemperie.

Recibo la carta, la aprieto y siento el espesor de

la mesada

y contesto todo está bien, no es mucho.

Qué importan las letras, el disentir o algún

razonamiento en el papel.

Nada alcanza.

Cuídate en la calle, de noche, la gente.

Pronto te escribo, te envío queso y carne seca

y lo que me pides para conocer la ciudad.

Aquí la naturaleza es próspera y tolerante

con lo salvaje que somos.


 ***


        La casa


Cuando salí del pueblo pensaba regresar

a comprar la casa de la esquina suroeste de la plaza,

cerca de un puerto solitario y entiendo el arraigo

de los dueños.

A cada vuelta al pueblo visito la calle y bajo mi familia

a la costa a contemplar las aguas pardas bajar

eternamente.

Me enteré que vendieron la casa que me gusta,

cerca de la plaza y del río de mi infancia.

Continuaré a la espera de la oferta

en el tránsito del pueblo que crece y se desborda,

solicitándole a Dios la gracia

que no se me adelante un turco y la transforme en tienda.

       Por las aguas del río pasan las horas

mientras espero el día.


***


Me estoy deteriorando 

cuando los viejos míos vivían 

estaban enteros 

Llego a los ochenta 

recorro kilómetros a pie pero 

no puedo levantar la pierna sobre el lomo 

Me pesa el cuerpo y me pesa el alma 

¡Es verdad! Todo tiempo pasado fue mejor 

Yo vivía en el rebaño no en la casa 

Un animal de sabana de monte o río 

perece en el encierro 


Qué puedo a mi edad pedirle a Dios 


***


Tengo una casa en el monte frente a la sabana

Es una ofrenda a Dios  

Que deja tanto animal desamparado

y la luna lo descubre

Tengo un cuero de tigre en la sala 

Cuando venía en la noche

él estaba distraído y yo lo vi primero

El viento saca agua de la tierra 

en el molino

y todos los animales en el verano beben 

en la tanquilla

y se van

Tengo pendiente mucha sequía

No soy un ángel

pero la sed de estos animales

la tengo por encargo de Dios 


***


Vengo a pie de la quesera

Me tumbó el caballo

Se me fueron los buenos tiempos

Vi el cielo azul 

y venía pensando en el cielo

qué hermosas sabanas debía tener Dios


Adonde va uno después de tanto Llano

animales de día y de noche

Si me ponen a pedir un deseo 

voy a pedir que me dejen en lo mío 

Allí es donde puedo estar bien  


***


Se casan los hijos 

Es bueno que se vayan 

Nosotros somos pura sombra 

y necesitamos un tiempo de nostalgia 

Vete a la sabana y cuenta los animales 

mientras pongo el fuego 

Cuando regreses cortaremos un queso 

Habrá acabado el fulgor de las fotos


***


Aquí no necesito un nombre 

una documentación 

Paso el día viendo los animales 

y ellos me tienen por dueño 

de la tierra y el río 

Me voy a quedar viviendo su estima 

Me traen del pueblo 

todo lo inútil 

para reconocerme  


Para que Dios me vea


***

Adhely Rivero (Guadarrama, estado Barinas, Venezuela, 1954). Poeta, editor y promotor cultural. Desde hace años está residenciado en Valencia. Es Licenciado en Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo. Se desempeñó como Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, Coordinador del EIPUC y director de la revista Poesía. Es Premio de Poesía Facultad de Ciencias de la Educación. Premio de Poesía "Cecilio Chio Zubillaga" de Carora, Premio Universidad de Carabobo, Premio Universidad Rómulo Gallegos, Premio Único de Poesía "40 Aniversario de la Reapertura de la Universidad de Carabobo". Es autor de los Poemarios: 15 poemas, 1984; En sol de sed, 1990; Los poemas de Arismendi, 2006; Tierras de Gadín, 1999; Los poemas del viejo, 2002; Antología poética, 2003; Medio siglo y la vida entera.

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Rafael Ortega