-Roberto Santana-
La espiral infinita: Liturgia de un alquimista en el centro del silencio
El tiempo no avanza, no, el tiempo gira y gira y se curva sobre sí mismo como un vinilo derritiéndose bajo el sol negro de la penumbra, pulsando, siempre pulsando en ese círculo eterno que es la tabla india resonando en el sótano del alma. A inicios de los dos mil, Craig Williamson soltó el lastre eléctrico, dejó atrás el estrépito de Datura y se sentó, simplemente se sentó, a escuchar cómo el silencio de la Isla Sur de Nueva Zelanda le devoraba los huesos.
De ese vacío fértil nació Lamp of the Universe, un puente invisible, un filamento de luz que une el misticismo de la tierra con los confines más fríos y fractales del cosmos. Williamson no graba, él transmuta; en su estudio casero, un útero de madera y cables donde toca y graba cada instrumento, disuelve el "yo" entre guitarras que vibran como mantras líquidos, sitares que muerden el aire con dientes de plata y sintetizadores que abren grietas púrpuras en la cúpula del cielo.
Todo fue un quiebre, un hundimiento lento hacia el minimalismo místico donde el aire se espesó con el incienso de The Cosmic Union (2001), esa marea mansa de flautas que no buscaban el final, sino la permanencia en el drone vocal que sostenía el mundo. Pero la quietud, cono todo lo demás, es una ilusión; el agua crece, los segundos se estiran como ligas elásticas que amenazan con romperse, y la luz, ah, la luz se vuelve eléctrica y densa. En From The Mystic Rays Of Astrological Light (2006), el fuzz de las guitarras se convirtió en una pared de niebla táctil, un trance de ondas psicodélicas a veces agresivas que te quitaba el suelo de los pies para dejarte flotando en un espacio sin gravedad.
Años después, esa vibración se expandió hacia la cuarta dimensión; en Align In The Fourth Dimension (2019), el sitar dejó de ser el único guía para abrir paso a sonidos espaciales analógicos, mellotrones y sintetizadores que abren los chakras en un viaje interestelar profundo.
Luego vino la etapa de los espectros, el preludio inmediato de la disolución. En Kaleidoscope Mind (2023), los mellotrones giraron en un bucle infinito de melodías clásicas y efectos envolventes que buscaban una sonoridad de banda completa, introduciendo incluso el pulso de una batería real. Apenas un suspiro después, _Enters Your Somas_ (2024) —esa suite de improvisación libre junto a Dr. Space (de Øresund Space Collective)— se convirtió en un parpadeo de dieciocho minutos, una melaza sónica que fue, en realidad, toda una vida condensada en una sola nota ambiental.
Y ahora, en 2026, Existence of the Self llega como un embudo purificador, un enclave donde lo etéreo sabe otra vez a tierra húmeda y lo exuberante es sólo un susurro en perfecto equilibrio sonoro. Es el desapego total del ego, una indagación que muerde la consciencia y la expande hacia una nada vibrante que busca la autorrealización espiritual. Este disco se despliega como un mantra-raga trascendental; "Sceptre of Healing" abre el portal con melodías exuberantes que son, al mismo tiempo, un regreso a las raíces acústicas y un salto hacia una vibración más iluminada.
Las flautas litúrgicas de Williamson son fantasmas que regresan del futuro, líneas de sitar invertido que deshacen el camino andado, mientras el pulso circular de la tabla —aportada por Joel Van Roode, su colaborador en esta obra— te amarra a un ritual ancestral que ya no distingue entre el folclore místico y el rock interestelar.
En "Ship of Eternity", la voz y el sitar son una sola marea que borra el horizonte en una balada de folk psicodélico brillante que conecta directamente con el debut, mientras que en "Arkkadian Ritual" las capas flotantes de mellotrón y la sofisticación de los teclados dan vida a un carácter cinemático y orquestal que retoma exploraciones hechas en Kaleidoscope Mind.
En "Mantric Waves", la repetición matemática del sintetizador pliega la realidad durante casi nueve minutos de hipnosis, plasmando lo aprendido en sus recientes experimentaciones ambientales de 2024. Es una obra que mira simultáneamente hacia atrás y hacia adelante, rescatando el purismo del sitar y el folk místico para fundirlos en una liturgia sónica donde el tiempo ya no existe.
Al final, dejo de ser un observador y me convierto, por fin, en la vibración misma de la nota sostenida, disuelto, liberado, en el centro absoluto del silencio que es la verdadera existencia del ser. Escucho. La música parece brotar de las paredes en forma de hilos dorados que se enredan en mis tobillos. Cierro los ojos y veo el sonido: un fractal violeta que vibra al ritmo de un corazón que, siendo el mío, es otro y no es ninguno. El tiempo se vuelve espeso, una melaza donde los segundos se estiran como ligas elásticas, hasta que la habitación entera da un giro de trescientos sesenta grados hacia adentro de sí misma, dejándome flotar en el aroma dulce de una nota flotante.
Lamp of the Universe – Existence of the Self (2026)
•Nueva Zelanda
•Indo Prog
•Raga Rock
•Rock Psicodélico
Si quieres escucharlo, toca el enlace:
https://lampoftheuniverse.bandcamp.com/album/existence-of-the-self


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Rafael Ortega