domingo, 16 de agosto de 2026

Palabras bajo libertad (XIX/2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Edición: Manuel Cabesa


***


Escribió Valle-Inclán en  La lámpara maravillosa: «Descubrir en el vértigo del movimiento la suprema aspiración a la quietud es el secreto de la estética». Y mucho de esto creo que hay en el último libro de Edda Armas, Talismanes para la fuga (Vaso Roto, 2022). Esos talismanes son para el vértigo; son estructuras de quietud en un tobogán de heridas o en el río chispeante de lo que no se puede apresar. Los poemas sí: son apresadores: son jaulas abiertas del instante, de donde se puede entrar y salir a través de la gracia de las palabras. A través del arte poética. De su poder como talismán. 


Ernesto Pérez Zuñiga


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Talismanes para la fuga


-Edda Armas-


y entonces fue cuando el nombre de su padre

le sirvió de talismán mágico

Duquesa de Abrantes



Arpa y rotación de talismanes


Si nos uniéramos al árbol de los movimientos

en alternancia de manos enlazadas y vacías

horma informe donde calzamos y se nos suelta

seríamos apenas gota vertida, nunca sedimento.

Más bien cántaro afectivo que sella los huecos,

voces presentes y pasadas de vidrioso fondo.

Renovada rama del cuerpo donde este florece.


*


Volver a posición. En línea tres cuerpos. Palmadas.

Presillas al blanco asombro: avance de aros y brazos

cruzados al pecho: con la mirada en punto infinito.

En la misma rama del pájaro que trina afuera

posado en el dintel; al filo del blanco cerusita.


*


Manos—piel—cerebro. Temblor al desmantelar.

Recogido aleteo. Tecla abierta del silbar en grupo

Sonido callado de la espiral rota. Arropados unos

con otros. Pie. Pie. Piel. Danza blanca circular.

Acordes. Trinidad. El hombre piensa-siente-actúa.


*


Una equivocación es una oportunidad

para verse contrario a lo que se dice.


*


Camino hacia lo sosegado. Los brazos buscan

acoplarse al compás del ritmo de ambos pies.

Marcha suave. Paso en paso. Girar la cabeza

a la derecha-arriba-al frente-abajo-a la izquierda

uno-dos-tres-cuatro-abajo-de lado- abanicados

sin deshilvanar la secuencia. Métrica. Hilos que

tensan; péndulo. Ayer-mañana-carriles de sol.

Azul-rojo-negro-amarillo- sin remordimiento.

Vuelves. Armas la esperanza. Ayer-hoy-mañana.

El sol se oculta para que la luna dé voz al dolor.

El hombre hace árboles con pájaros de luz.


(a mi entrañable Carlos Pacheco con música de Gurdjieff)


***


Balas de fuga


Qué hacer con las múltiples agresiones

María Clara Salas


La voz

resuena en nota más alta

después de la fuga.


*


El detonante pudo ser

la tristeza al fondo

de la pupila del hijo.


*


Ya no pisas como antes.

Enojoso como andas

henchido vas de pesares.


*


La palabra revuelta

se parece

cada vez más a uno.


*


Elige uno o dos,

digamos unos diez. No más.

Llevarás una sola maleta.


*


Creía saber qué era la oscuridad.

Pero no. Al menos, no esta.


*


Padre: ahora sé que la memoria

se alimenta con las frutas

que en la infancia ponías

en nuestras manos.


*


Ahora veo cómo se elevan

los pavores.


*


Armar y desarmar la maleta

convertida en cofre único

de varias vidas.


*


Borra y rehace.

Tal vez funcione

cuando lidias

con dolores

de los afectos

cada vez que

partes.


*


Mira

qué ves

a través de la rendija

entre pecho y corazón

(donde se alojan) o

en la pantalla digital o

por el ojal

o en bisagras del paisaje.

Lo que ves

desliza.


*


La sombra calza

en la ojiva del cuerpo

cada paso acorta

pero, uno por vez.


*


Desarraigar. Otra bala en la sien.


*


Resuena

rebota

se incrusta

mutila

siempre

anticipa el dolor

en carne viva

muerte

guerra

represión.


*


Disparadas por la boca

ninguna salva

la ilusión de paz

entre dos.


*


El día parece inocente

pero quiebra la quietud.



***


Mantra cobijo


"Guárdalo en la vigilia de tu pecho

igual que a un centinela,

pero vela con él".

Olga Orozco


Se extravía el alma cuando cesa la onda baja del instrumento.

Trance que nos desdobla sin retorno en las andanzas de hallar

las piedras, al buscar raíz: aquel punto cierto.

La boca pequeña muerde a la hora de morir. Obliga a soltarlo.

Levanta lo más leve. Lo que queríamos procurar y preservar

en los días desalmados, como estos de ahora.

Que abra otro canto el acorde, filoso, con arranques de flauta.

Aislarse no es lo buscado. Fortificarse, sí. Hincarse, no.

Oír sí, las vibraciones que nos aparten del corrosivo rumor.

Mantra del aullante. Invocación coreada. Oleaje. Trébol.

Permanecerá lo que sin prisa zigzaguea para los otros.

Un árbol de sonoridades más audibles que entrelacen

vidas sin miedo, con el coraje de observar el cielo.

Aspirar a ser espiga y espejo de lo alto

que destrabe el renacimiento en el redivivo laberinto

cuando la noche ensaye la corporeidad a la hora magenta.


****


Posdata: Agradecemos la gentileza y amistad de Edda Armas al autorizar la publicación de estos textos que fueron tomados de la revista digital Poesía, marzo 14, 2022.


(mcabesa)

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Rafael Ortega