domingo, 7 de junio de 2026

Textos de Belén María Pacheco Ayala

Título: Felino

Autora: Luz Valero 


***

Quiero


Quiero verte tan solo por sentir

que tus ojos son mi horizonte 

y se encienden 

en la llama de los míos.


Quiero que tu boca

camine por mis hombros, 

impregnados por la fragancia 

de la orquídea que evoca

otros momentos.


Quiero escribirte, 

el último mensaje nocturno 

para recibir tus palabras 

que me endulzan 

el preámbulo del sueño.


Quiero abrir las puertas 

de tu silencio 

y dormir en tus susurros 

para oír el rocío de tus sentimientos.


Quiero ser el sol de tu vida 

y alma que te inspira, 

la aurora que te alumbra 

y que esperas cada día.


Quiero ser la miel en tu piel 

y el ave que te cuida 

minuto a minuto 

y te guarda solo para mí

en mi santuario.


***


Lluvia


La lluvia desabotona

su traje, 

vierte sobre el mundo 

su tela de gotas

que se extiende 

al vaciarse las nubes

y caen largas líneas, 

delgadas, transparentes, 

lavando el Universo.

Huele a tierra húmeda,

a flores que desprenden 

sus pétalos y sus fragancias.

Los caminos desvestidos 

resisten la fuerza del agua 

mientras se llenan

sus episodios mojados.


¿Cuándo será mañana 

si solo veo el hoy?

¿Cuándo estaremos donde sea?

¿Cuándo llegaremos al pronto?

¿Cuándo atraparemos 

la promesa del después 

en el sendero donde el árbol 

disperse sus hojas

que se desprendieron 

de tanta espera?

¿Cuándo será el mañana 

del Ayer desvestido

del tal vez?

¿Cuándo nuestro hoy

será para siempre 

tuyo, mío, de nosotros?


Ya no estás, 

pero siento qué aún te amo 

tanto, tanto. 


Mi casa era un palacio

cuando me trajiste,

pero no casa sin ti,

es sólo estructura.


Camino por los espacios, 

recorriendo nuestros pasos...

me asomo al pasado

y disfruto recordarlo.


Te amo para siempre 

desde aquellos tiempos 

en qué aprendimos

juntos el uno del otro,

hasta el momento de luz 

en que partiste a otro plano 


Ya no lees mis versos,

ya no me visitas 

en sueños, 

pero aún te amo para siempre.


***


El mar


Veo tus jardines 

cuando florecen los nomeolvides 

sobre los cristales de las olas.

Llega hasta mí 

la fragancia del salitre.

El cielo ve sus azules 

en tus aguas, 

donde se ven la luna 

y las estrellas 

hasta quedarse dormidas.

Los azules se tiñen 

de negra tinta 

porque la noche 

se cuela entre sus ondas, 

se confunde con sus granjas 

y en su falda de espuma se cobija.


***


El tornillo


Los giros iban atando

ambos elementos,

la presencia horadaba ese ámbito, 

se posesionaba de su memoria, 

penetraba en vueltas 

su erguida figura, 

estrechando las evocaciones 

que penden en el vacío, 

cada vuelta suscitaba 

un eslabón donde se relacionaban 

el todo con la nada, 

el grito con el silencio, 

el vacío con el peldaño, 

aferrados como un espiral 

de anheladas secuencias

en una historia presente.


***


Si te vas


Si te vas

si algún día decides irte,

caminaré bajo la sombra de los árboles 

y te buscaré entre las flores, levantaré el rostro al cielo

y te buscaré en la luz del sol, entre las gotas de lluvia y admiraré

tus ojos húmedos...


Si te vas,

si decides irte

me quitaré el sombrero 

y dejaré que tus versos 

habiten mis recuerdos.


***


La palabra mágica


- ¡Adioooo!

Era el saludo en cada encuentro caminando por la carretera de Choroní, ese saludo era como oír: adiós, amor.

Ese gentil voceo hacía de su presencia una armonía, una oferta de amistad, una promesa de volverse a encontrar en aquellos parajes de flores y plantas de fragancias y rayos de sol.

Una sola palabra que pronunciaba el transeúnte negro desconocido y no era la palabra en sí, era su música, su ritmo, su tono, era la voz que florecía en sus labios.

Era el ángel que lo seguía y eran los pasos que marcaban sus huellas como campanas en el campanario, como luz en la inmensidad, como graznidos de gaviotas sobre el mar.

  - ¡Adioooo!

 Nunca la sencillez fue tan plena como cuando esa palabra se pronunció. En ese encuentro casual, el Universo se hizo aliado y su cosmos era esdrújulo, siempre acentuado y resaltado entre los dos, como muestra gentil de la esencia del nativo habitante que en una palabra te da la bienvenida y te invita a compartir el entorno.

- ¡Adioooo!


***


Salto atrás


Santiago se quedaba absorto en su salón de clases, sus dedos se envolvían con sus cabellos, los giraba entre los rizados hilos.

Una y otra vez su dedo índice enrollaba y desenrrollaba el bucle que caía sobre su frente mientras su pensamiento se elevaba lejos del salón de clases donde le enseñaban a descifrar las palabras para leer.

En su mente se preguntaba por qué su piel era oscura y la de sus dos hermanos era diferente, por qué sus cabellos parecían una pelambre que crecía hacia arriba y sus hermanos ostentaban cabellos lisos como mazorcas de maíz.

Un día, revisando unas fotografías familiares, se vio retratado, pero no era él. Sintió miedo de saber, pero se atrevió a preguntar.

"¿Por qué me parezco yo a este viejo?" y la abuela le respondió: "Ese es mi abuelo y se parece a ti porque tú eres un salto atrás. La genética, Santiago, es como un juego de azar, nos parecemos a los más cercanos o a los más lejanos".

- Pero yo no quise ser negro, abu...

- Sí, hijo, lo sé. ¡Solo tuviste suerte!

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Rafael Ortega