-Manuel Cabesa-
(Para la mystérieusse)
De querer actualizar en esta época su libro Como acabar de una vez por todas con la cultura, estoy más que seguro que Woody Allen no perdería la oportunidad de hacer una parodia de "los beneficios" que presta la Inteligencia Artificial a la cultura.
Digamos que es en verdad es una herramienta útil y digamos también que hasta donde se puede justificar su existencia, la idea sería aprovecharla para apoyar el desarrollo de trabajos que implican una gran cantidad de tiempo y de recursos: quizás para realizar un posible tramado de vías que no existen en un territorio determinado (lo que no quiere decir que el ingeniero que realice esta investigación esté en ayunas de las lecturas que podrían servirle en el proceso); o para realizar un cálculo promedio de cuántas estrellas posee cada galaxia y el porcentaje que representa cada galaxia según su cantidad de estrellas en la totalidad del universo, etc... ¿pero para hacer literatura?
Una amenaza latente y que ya hemos visto de cerca son las atribuciones que se toma este sistema sobre lo que ya ha sido elaborado y forma parte de nuestro patrimonio cultural.
He aquí un ejemplo en la siguiente ilustración:
La cita de Sábato que antecede fue alterada; en realidad dice:
Hombre y mujer
"Siempre habrá un hombre tal que, aunque su casa se venga abajo, estará pendiente del Universo. Y siempre habrá una mujer tal que, aunque el Universo se venga abajo, estará pendiente de su casa".
(Uno y el universo, 1945)
Fue el segundo libro de Sábato que leí después de El Túnel cuando estaba en el liceo y todavía lo conservo.
Imagino que la implicación misógina del texto puede molestar un poco a quienes defienden la igualdad entre géneros y están en su derecho; sin embargo, allí no radica el problema.
El problema es que para complacer la sensibilidad contemporánea se altera el contenido de un texto que forma parte de la historia de la literatura y que en su momento tuvo su importancia, aunque haya tenido detractores también en su época.
Como sucede con esas atribuciones en forma de "mensajes positivos" que endilgan a autores cuya verdadera visión del mundo, si leemos directamente su obra, es bastante pesimista: Huxley, Sartre, Cioran, Nietzsche, entre algunos otros.
Esto plantea un problema grave: ¿a quién estamos leyendo cuando creemos leer a un autor conocido?
En un artículo reciente la española Rosa Montero se dió a la tarea de denunciar a esos autores que ocupan un espacio de excepción en las vitrinas y las listas de mayores ventas pero cuyos títulos no son escritos por ellos, sino por escritores que conocen el oficio pero que no gozan, cuando son ellos mismos, de la misma aceptación.
No es una historia nueva, de todos es conocido que Alejandro Dumas para cumplir con la demanda de historias que tenía que entregar a sus editores recurría a este recurso.
El problema actual es que estos señores y señoras que se ganan el pan alquilando su talento a estas "vedettes" del mundillo literario, también están en riesgo de quedarse sin empleo.
Actualmente cualquiera, conocido o no, con talento o no, puede pergeñar sus libros (porque nunca es uno solo, hay unos que se ufanan de tener varios manuscritos listos para la publicación) con el apoyo de este mecanismo y haciendo su respectiva "dieta de lecturas".
Por eso también los que dedican tiempo a revisar las novedades que circulan en el mundo, se encuentran con autores que en pocos años han publicado una cantidad considerable de libros, todos de dimensiones escandalosas, y por supuesto "sin precedentes en la historia"... y uno se pregunta ¿cómo lo hacen?
Por otro lado están los que tienen la ilusión de ser escritores conocidos y no poseen las herramientas necesarias para realizar su sueño.
Éstos, en vez de ponerse a trabajar con la mente puesta en su objetivo, acuden a la tecnología para que realice por ellos una tarea que normalmente exige mucho tiempo, paciencia y sobre todo dedicación.
Porque la mala noticia es que para escribir hay que escribir, aunque suene redundante: la única forma posible y honesta de culminar una obra es escribir y leer mucho, sin dietas ni apoyos artificiales.
Ahora .. ¿y qué pasa con el lector que recibe toda esta carga adulterada de literatura?
En su libro Geografía de la novela, Carlos Fuentes dice lo siguiente: "La esperanza de la civilización descansa sobre esta hipótesis: Mañana habrá un Lector. En consecuencia, la literatura debe presuponer un público más culto que el propio escritor. El escritor se dirige a un lector que sabe más que el autor. Y lo que el lector sabe es lo que ningún escritor sabe hoy: el Lector conoce el Futuro".
De esta manera, si bien es cierto que como dice Rosa Montero, todavía hay escritores honestos que realizan su mejor esfuerzo para llevar adelante su obra sin otro recurso que su voluntad de trabajo. También tenemos que tomar en consideración que todavía quedan lectores inteligentes que esperan de los autores que leen ese esfuerzo.
En ese futuro que conoce el lector, una vez que se canse de que lo estafen con historias planas, mal construidas, producto no de un trabajo humano sino de una mascarada tecnológica, terminará por poner un límite y cerrarse a cualquiera que pretenda engañarlo.
Volverá el lector a los viejos libros y autores conocidos que elaboraron sus obras antes de todo este apocalipsis y dará la espalda a cualquier novedad, con lo cual saldrán perdiendo también los que todavía realizan su trabajo como debe ser, pues, ¿cómo demuestran que de verdad hicieron su trabajo como debe ser?
En una época las narraciones traían la siguiente advertencia en el fronstipicio: "Cualquier parecido con personas o eventos de la realidad es mera coincidencia".
Hoy los escritores dependientes (de la lectura, del hacer diario) tendrán que usar algo parecido a: "Escrito sin utilizar Inteligencia Artificial ni otro recurso alternativo, cualquier influencia no es mera casualidad: forma parte de mi herencia cultural".




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Rafael Ortega