-Manuel Cabesa-
(A la mystérieusse)
Considero, leyendo hoy a la vuelta del tiempo, que uno de los proyectos poéticos más coherentes durante la década de los 80 ha sido el planteado por William Osuna.
Desde la publicación de Estos 81 (UDO, 1978) y Mas si yo fuera un poeta, un buen poeta (Celarg, 1978) hasta entroncar en Antología de la mala calle (Fundarte, 1991), hay una total fidelidad a una modulación muy precisa del discurso urbano y a ciertos registros cotidianos que no se abandonan en ningún momento, sino que se van profundizando sin dejar de lado ese tono que oscila entre irónico y melancólico asomándose por entre las palabras:
"Con relojes
alas de la memoria
escribo encerrado a dos o tres palabras
que siempre se repiten.
Buscar
lo perdido
siempre ha sido terminar el poema".
Comencemos por decir que Osuna desde el principio ha sido uno de los que han asumido el imaginario de la ciudad desde una óptica personalísima, cercana al testimonio; nada que ver con la ciudad nombrada de manera abstracta denunciada en su alienación, aquí las calles tienen nombre y por ellas transitan personajes reconocibles con nombre y apellido, como los que habitan en todas las urbes latinoamericanas.
Para Alberto Hernández: "En la sinceridad de estos poemas está la exposición de un cuerpo estético que desnuda la verdadera ciudad, la metrópoli de una soledad exaltada por la palabra, por la voz de un indigente hecho ciudadano":
"Tierra mía Santiago de León de Caracas
En qué raya de tus autopistas
Vi a los ancianos caminar como animales marinos
Y no dije nada en mi casa (...)
Caracas, éste es tu timbre de sollozos
Tu sombra de cabra que respira y aguanta
Caracas, vaga esperanza, no te pierdo de vista.
Rosa de los vientos cuyo parloteo es una pena infinita..."
Por otro lado, ahora me parece percibir cierta épica del fracaso muy cercana a la que nos brindara Rafael Cadenas en Derrota (1963) y la cual es previsible no sólo por el impacto que causó este poema en toda una generación, sino porque las vivencias retratadas en él no fueron individuales: reflejan un momento de tránsito de la Historia que afectó a la juventud de una época y de la cual la obra de Osuna no es indiferente:
"No caí preso por subversivo
nunca fui presidente del Centro de Estudiantes
ni tuve novia que leyese a Marx
ni a la Antipoesía de Nicanor Parra
yo no delaté a nadie
tampoco fui contacto de Douglas en la ciudad..."
(....)
"No canté en el Bronx
Bajo los nobles cueros
Con Feliciano y Lavoe
No
Nada
Ni un cero hermoso
en la pizarra del Universitario..."
No sé si los años le han robado la fuerza transgresora a esta poesía abierta y honesta, nuestros tiempos ya no son asimilables al romanticismo de los años bravos donde la ilusión era un proyecto colectivo; sin embargo, creo que aquí subsiste una mirada necesaria y poco practicada hoy: sin eufemismos y concesiones oportunistas.
La mirada limpia del poema que habla de la vida.

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Rafael Ortega