viernes, 26 de junio de 2026

Javier Solís: una voz para convocar e invocar el pasado

-Carlos Antonio Silva-


(fragmentos)


No es fácil olvidarse de las películas mexicanas que para bien y para mal alimentaron en la infancia nuestra sed de información. Todo lo que anhelábamos del mundo y sus alrededores estaba de algún modo en esas imágenes salvadoras de distancias que nos remitían al Rancho Grande. Eran tiempos de caballos y chamos que ganaban prestancia en la pradera que se hacía más infinita con Los Tres Villalobos.

Pero ocurrió que un día nos volvimos adolescentes, y los ecos de Jorge Negrete, Pedro Infante y Miguel Aceves Mejías se apagaron ante la aparición de sonidos nuevos y sugerentes. Fue allí cuando surgió la figura de Javier Solís tratando de situarnos en un discurso urbano, más cercano a nuestras expectativas generacionales.

Junto a Javier Solís salían a desatar pasiones Lila Morillo con "Seis meses de vida", Roberto Ledesma con "Se me olvidó tu nombre", Blanca Rosa Gil y Sonia López con "El ladrón". En esta temporada que involucró mi adaptación a la soledad, me tocó beber en la copa amarga del amor sin presencia. En el fondo de un zaguán se desdibuja la figura de Lilita tremolando el espesor de un tiempo remoto. 


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Donde mayores vivencias cultivó la música de Javier Solís fue en Catia. Corrían los años finales de la década prodigiosa cuando se nos ocurrió celebrar el fin de curso en el bar Los Campeones, hoy terreno de la estación Agua Salud del Metro de Caracas. Allí, en ese espacio se guardaba profundo culto a Javier Solís. Un amigo y visitante de ese negocio nos contó que una noche llegó un caballero que mandó a cerrar las puertas. "Señores, quien quiera irse, aproveche de una buena vez, porque esta noche los tragos corren por cuenta mía". Esa noche fueron despejadas todas las dudas. Javier Solís armado con sus mariachis cantó como nunca.

Otro tanto me tocó vivir en Aragua de Barcelona, cuando después de asistir a una fiesta en casa de una matrona, hicimos parada en el más concurrido bar del pueblo. Como consecuencia de un decreto nacional de Ley Seca, este amigo no abría ni domingos ni días feriados, pero gracias a esas influencias que da el trato con baquianos, aquel primero de mayo las puertas del bar se abrieron sólo para tres amigos. A puertas cerradas, el dueño, mi amigo Manuel Cabesa y quien redacta esta crónica nos dimos a penetrar en esos caminos del ayer, vislumbrando en "Cuatro cirios", "Payaso", "Cataclismo", "Ese bolero es mío", "La media vuelta" y otros temas registrados en un casette casero que dió varias vueltas mientras la cerveza hacía el resto de la operación.


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Los días han pasado y la deuda se aferra en el tiempo como una promesa que tendré que saldar algún día, cuando logremos el momento propicio para el encuentro con esta voz que nos convoca con insuperable autenticidad. 


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En un disco la vida. Fundación Editorial el perro y la rana (2007)


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1 comentario:

  1. Con nuestro agradecimiento para el poeta Cipriano Castro quien facilitó la canción que acompaña este trabajo (mcabesa)

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Rafael Ortega