Si un día para mi mal viene a buscarme la parca
Empujad al mar mi barca con un Levante otoñal
Y dejad que el temporal desguace sus alas blancas
Y a mí enterradme sin duelo
Entre la playa y el cielo
Joan Manuel Serrat
-J. M. Llerena-
Sospeché que CAS ya no estaba entre nosotros hará un poco más de dos años. Si no me engaño, la sospecha me asaltó una tarde lluviosa a través de un poema o una dedicatoria de Rafael Ortega que leí mientras viajaba en autobús. Luego Manuel lo confirmaría.
Aunque había perdido el contacto con CAS hace mucho, el descubrimiento de su partida fue una nota en tonalidad menor, otra madrugada que llegó a su final. Pedí la parda y pensé que tal vez sería mejor caminar.
Yo conocía de antemano por boca del propio Manuel el cuento de cómo CAS y él en una ocasión (quizá en varias) aprovecharon el fanatismo de un viejo barman y el gran parecido de CAS con Roberto Roena por aquel entonces para emborracharse gratis en la semioscuridad de alguna tasca olvidada donde colgaba el afiche del legendario salsero.
También conocía por el periódico las Anacrónicas (recuerdo una serie sobre Pambelé que no sé por qué empecinado juego de la memoria –¿acaso tendrá que ver el colorcito?- se la atribuyo a CAS. Manuel sabrá si me equivoco) cuando Manuel me presentó a CAS en 2006 en un botiquín secreto cerca del Teatro de la Ópera.
Después de eso nos vimos un par de veces más. Lo bien que me sentí cuando les regalé a CAS y a Manuel un par de copias en cd de On an Island, de David Gilmour, recién salido del horno, en la licorería (no podía ser en otro sitio) que estaba frente a la Biblioteca Virtual.
El resto de los encuentros con CAS fueron por correo. Me envió parte de sus Anacrónicas de The Beatles y Yordano. Lo traté poco, pero en algún punto llegué a sentir que era mi amigo. Creo que con él no era difícil sentirse así.

Un periodista inolvidable Carlos Alberto Silva
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