sábado, 16 de mayo de 2026

Seis poemas de Solange Rincón



1.


Amantes que respiran un aroma

de indecible esperanza

detrás de los árboles

están en la delicia

el uno del otro

en caricia que perdura

en pláceme absoluto

prometiéndose eternidad

bucólico paseo en las bocas

su acto abundante

de respirarse

sostenerse levitando

en la belleza

cantar al oculto 

adonde van hipnotizados

sudando humores infalibles

como aceites eróticos

plasma de viva voz

para que se usen

y fluyan afluentes

por eso se llaman

peligrosa ternura

que los ángeles envidian

al fondo de un seco borde

que era la pena

de no tener cuerpos

en el temblor


2.


Aquí pongo mi cuerpo y me duermo

en un colchón de no me olvides

sin ropa que me cubra

sólo una blancura que nada deja ver

Aquí pongo mis piernas 

y levanto un edificio

hoy puedo servir de columna

a la inmensidad

hoy puedo hablarle claro a los árboles

que sin ellos se detiene la vida

Yo encontraré un hombre que sepa cuidarme

y ver de qué materia estoy hecha

Mañana me despido de las margaritas

basta de rogar felicidad

Yo soy una estrella alta en el cuerpo

de una mujer

entonces olvidaré los nombres

de los muertos

que se fueron detrás del camino


3.


Observo un desgano hoy en el jardín

no hay ansias de florecer

me pregunto

qué pasa con mis letras

extrañando su grafito

Ocurro cuando escribo

lo demás es espejismo 

la mujer interminable

se involucra con su voz

recrea el mundo y se va

sueña y se va

deja un halo impermeable

porque viene de un salmo

puro

para el placer del amante


4.


Hasta el cuerpo es un rosa

crecida en una nueva cara

Atrás todo el pasado

que nadie puede decir que ocurrió

una vez que fue recuerdo

Ahora me estoy nombrando

y vienen versos a mis oídos

y mi pulso se acelera de sentir

cómo salen las palabras

de la boca que me mete en su boca

y riega un son caribeño

un compás de salsa brutal

o un blues fatigado

Yo ahora me trago la música

me trago los puentes

me trago el relámpago

me prendo como cerillo

me estoy doblando en su fuego

y me encontré en su flama

y me acosté bajo un vidrio de

estrellas

Y puse atención a ese acto 

donde se une el corazón con otro

y nadie lo sabe


5.


Deja que mi corazón se vaya

no lo uses para tu vacío

Tu oscuridad lo hunde en celajes ardientes

donde las palomas perecen en una pira melancólica 

La vida va rápido

tropezando en las ramas

con su viento de grito

Deja que mi alma se mude de tu oscuridad

Vete al fondo de tu beso crudo

como fibras de ortiga milenaria

te verás nítido celofán

con tus miedos apócrifos 

y vapores dormidos

Aléjate hasta que consigas 

un hombre redimido

anudado al gozo

de comer flores pequeñitas


6.


Escucha, yo te amo con pureza

de ese modo limpio en que cae la tarde en el silencio

y se anticipa el fragor de las estrellas

sobre la cúpula de la noche

Yo te conjuro dulcemente

con mi sonajero de arena y ruda

en mi cuerpo de señora

amorosa y confiable

Te atraigo con mis gestos

de mujer sobreabundante

que riego tus penas

y te limpio con aceites

y te arropo con mis piernas

mientras cantas dulce como el pájaro

los íntimos cielos de la nocturnidad

enardecida y humilde ninfa

de lo libre


Sobre la autora: 

Solange Rincón es psicóloga clínica egresada de la Universidad Rafael Urdaneta, instructora de Yoga y poetisa del estado Zulia, Venezuela.

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Rafael Ortega