viernes, 15 de mayo de 2026

Los 80: una generación tumultuosa / 3


-Manuel Cabesa-


A Ella, mi fuerza y mi forma ante el paisaje.

J.S.P

 


Conocí a Harry Almela comenzando los años 80 en Maracay donde era un entusiasta promotor de la poesía. Había participado en los Talleres del Celarg bajo la coordinación de Luis Alberto Crespo, mantenía una columna semanal en el diario El Siglo titulada "Encuentro con la poesía" y coordinaba un taller literario en donde participaban para entonces varios jóvenes que luego serían nombres referenciales de la poesía aragüeña y nacional. 

De aquella época data Poemas (Secretaría de Cultura del edo. Aragua, 1984), sobrio cuaderno de veinte textos que oscilan entre el poema breve y de extensión regular.

Como sucede con muchos libros primerizos aquel delgado volumen no apuntaba a la unidad; visto a la vuelta de tantos años, se trataba más bien de una selección muy personal de los materiales que por entonces trabajaba con los temas de su interés: la infancia, la nocturnidad, los paisajes domésticos, la misma poesía:


"La muerte 

es algo 

que sucede 

a los otros. 


Pero esta tarde

una ausencia 

fue suficiente. 


Una palabra 

puede ser

la última. 


Y esta línea".


Ahora bien, esa falta de unidad en nada desmerece el contenido del libro, escritos bajo la sombra de los poetas por quien Almela se sentía atraído entonces: Ungaretti, Basho, Cavafy, los artífices del poema breve en Venezuela, que más que influencia podrían considerarse apoyaturas dentro de su incipiente discurso:


"(luego de leer a Reinaldo Pérez-Só)


Esa ventana en el cielo

para irnos a otra parte 

se llama luna. 


La noche nos hunde.


En el sueño somos

la mitad que nos falta.


Y la muerte 

pasa a veces 

tan cerca

y uno no sabe".


Llegado a la edad madura, el poeta mira hacia atrás con nostalgia los ensueños y rigores de la primera edad y los recrea a través de una voz tensa, una mirada casi fotográfica fijando la imagen en el paisaje de la memoria:


"Te amo 

sólo por ventana.


Estoy asomado esta tarde

a un olor que ya no existe. 


Tu patio sin mí 

es sólo tierra 

una sed transeúnte 

un anillo sin miedo. 


Qué puede una ventana 

sin una infancia que la mire".


Sobre estos ejercicios su amigo Rafael Arráiz Lucca hizo la siguiente observación: "Por la economía a la que somete el poeta a las palabras en sus poemas, a veces, gozan de una asombrosa exactitud. También por lo breve, y por lo exacto, es que muchos versos son unas sentencias. Es curioso constatar cómo los versos rotundos van fundando conceptos sobre los temas de siempre: la muerte, la mañana, la tarde, la vida. Si uno, por simple ejercicio, los aisla del resto del poema y los reúne, tiene una especie de génesis, de fundación de la realidad: el universo de su poesía, su poética" (El  avión y la nube; Contraloría General de la República, 1991).

En las décadas siguientes hasta su muerte en 2017, la obra poética de Harry Almela creció en volumen y cambios de registro explorando diversos discursos: lo amoroso y su reverso, el paisaje, la indagación en el lenguaje, el retorno a las raíces, la denuncia social, sin perder un ápice la sobriedad que le fue característica desde el principio.

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Rafael Ortega