Las noches de otoño
son sólo largas de nombre:
nada más encontrarnos,
sin apenas cruzar palabra
llegó el amanecer.
***
El color de las flores
ya pasó en vano,
mientras mi cuerpo
pasaba por este mundo
mirando las largas lluvias.
***
¿Será que lo vi
por haberme dormido
pensando en él?
De haber sabido que era sueño,
No habría despertado.
***
En la realidad
sé que debe ser así,
pero qué tristeza
cuando hasta en sueños
me sigues evitando.
***
En la noche sin luna
cuando no puedo verle,
e querer me despierta
llamas latiendo en el pecho
y el corazón me arde.
***
Sin mostrar su color,
lo que va cambiando
en este mundo,
ahora sé que es la flor
del corazón de la gente.
Del libro Poesía clásica japonesa, traducido y editado por Torquil. Duthie, 2005.
Nada se sabe de sus fechas y de su biografía. Sólo se conoce que fue muy activa a mediados del siglo IX. Era famosa por su singular belleza y Komachi es hoy sinónimo de belleza femenina en Japón. También figura entre los Treinta y seis inmortales de la poesía.


Es un texto de imágenes intensas, precisas. Al comenzar a leerlo hace pensar en un haiku, pero no cumple lq metrica de un haiku. Alejandro Ramírez
ResponderEliminarAsí es. A primera vista también pensé que se trataba de haikús, pero al leerlos me di cuenta que no. Saludos, Alejandro. Gracias por dejar tu comentario
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