viernes, 29 de mayo de 2026

Poemas de Astrid Salazar

 

Título: La metamorfosis (2025)

Autora: Albany Carantoña 


1.


¿Te conté que me habían hecho un viaje de diez años y me soltaron a solas en un rincón de Maracay a oscuras, con una simple estufa para calentarme el cuerpo?

¿Te diste cuenta cuando tomé tu mano y te subí a mi búnker regalándote 24 horas de soplo para tu asfixia continua de famas y pasarelas?

¿Te hablaron de mí asombrados porque tenía anillos y un nombre en los lomos de algunos libros, y de vez en cuando se me ocurría hacer ferias con algunas formas extrañas de cartón para alimentar mis silencios?

¿Fuiste tú quien fue conmigo de puerta en puerta construyendo puentes en el alma de quienes me rodean para atrapar sus vidas en el discurso, dándole agua para su sed infinita?

¿Tú supiste de mi guerra, de mis demonios rompe huesos, de mis líneas sin poesía, de mis brebajes con cúrcuma y cardamomo para el perdón?

¿Comiste en mis campos de manzanas asomándote por las hojas frescas para quedarte dentro como único dueño sin cerco eléctrico, ni luces con sensor?

¿Eres tú quién me dio un reino durante 9 meses, me habló de jardines con Epícuros, de mantras con Spinozas?

¿Eras tú el albacea de esas 12 personas persiguiéndote para que tu cuerpo fuera el protagonista de las balas de aquella noche?

Entonces dime

¿Cuándo fue la última vez que me nombraste puta y a la vez tu reina?

Cuéntame ¿Quién fue esta derrota? ¿Esta fe de un segundo?


2.


Agosto


Siempre

en agosto

coloco romero debajo de mi almohada

–tal como lo mencionaste–

unto, para el cuerpo, jengibre y cúrcuma mientras los eucaliptos hierven en la estufa.

Me desvisto voy descalza

y soy menos lluvia.

Con la escoba recojo todas las huellas

y las tiendo al sol

destejo el polvo de los libros

hago cruces de sal en los rincones

me olvido de los tés y vuelvo al café.

En este mes de menta donde no llegan nuevos huéspedes a mi piel caliente

vuelvo

y con crema alcanforada

embalsamo uno a uno mis dedos

vuelvo al útero

                   respiro.


3.


Útero insomne


Ahora, cada cierto tiempo, debo quitarme un poquito de mi carne y esperar el veredicto.

Sí, igual como cuando mandas a un concurso o quiero imaginármelo de esa forma.

Lo bueno de todo esto

es que mis poemas no son poemas para anuales ediciones

entonces no me preocupo.

Si me guío por la decisión unánime del jurado pasará igual.

Estoy sana, lo demás es gastadera

útero insomne

miedo                poesía.


4.


Poesía


Un 21 de marzo

cuando se retiraba la tarde

dormí en tu pecho.

Viajé hacia tu casa

donde me diste un patio

con alfombra de hojas verdes y secas,

una mata de mango para guindar las letras

la bromelia, el jardín de suculentas.

Me fui despacio hacia tus venas

y cada cuarto estaba hecho

de cajas y maletas; el pasado no podía salirse, el futuro ahí a la espera.

Dudo si este recuerdo sea el poema

ahora cuando el cristofué se posa en la rama y el aroma a café se cuela.

No hubo pacto

no hay promesas

sólo yo desde la hamaca

meso tu ausencia

y esta noche es tu pecho almibarado

mi hogar calma. Quietud plena.

 

5.


Pozo


Pasó el año

y aún remojo en eucaliptos las sombras

de un cuello estrangulado

de una piel lacerada

de una voz con su eterno jaque mate

miento al decirte que el pasado ya no me toca

todavía se me va el oxígeno

y paso la noche hablándole a un dios sordo.

Miro desconcharse el techo

paso el seguro de la puerta cuarenta y dos veces

y me pregunto cuándo compraré el candado, quizás eso ayude. Me resigno.

Leche tibia, agüita dulce, manzanilla. ¿Quién se atreve a venir a esta casa?

Las letras ya no dan la bienvenida. Ya no puedo hacer lo que me piden.

No bebas de mí.

Porque sólo soy este pozo que tiembla cuando te asomas.


 6.


Puente


Soy un puente

lo sé

me lo cantan en susurros mis ancestros.

Conecto la noche con el día

y sólo los que buscan la luz

han de atravesarme.

Mi propósito está escrito.

Aunque a veces rompa las ventanas

y me beba todas las cervezas de la barra.

Muchos se quedan a mitad del camino

mirando cómo corre el agua por mis piernas.

Otros se detienen por varios días,

a veces sólo por horas cuando el sol está por despedirse.

Y duermen arropados de estrellas y luciérnagas.

Una vez cruzó en mí un hombre alto

su Alma también era de puente

fue la única vez que respiré

pintó las barandas, barrió las huellas,

pulió los peldaños, cambió casi todas las maderas.

Y para quienes iban descalzos puso una alfombra de eterna primavera.

Tu trabajo también puede ser este, me dijo.

En ese instante ninguna otra voz se aferró a mis oídos.

Soy un puente

lo sé

pero hay pisadas tan fuertes

¡Dios mío!

Mírame.

Rota

descolgada.

Busco un nuevo sitio mientras bailo sola en la pista. Ebria. Extraviada.

Sin paso.


7.


Cariño mío


Dame un chance para que me termine esta cerveza

porque no sé cómo coño dejo ir tu olor de mi piel

tampoco cómo dejo de mirarte, cariño mío.

Afuera el cielo prepara una tormenta

Maracay desde la avenida Bermúdez es gris y enguayabada

¡Ay, Astrid! Qué Maracay y qué avenida

no me des tregua

te vinieron a joder, otra vez,

ahora tienes que recoger el reguero de la lluvia

echa el corazón en el pipote

ese mochuelo tiene su nido

pendejita de un mes, muñequita de Jerez.

Recuerdo que hace un año

y hasta ayer mismo rezabas

pidiendo que nadie más entrara a romperte los ovarios,

a burlarse porque se está mejor sin ti

sin el peso de este oficio

la escribidera

la entrega

el todo o la nada

cuánto tiempo pierdes

poeta

no hay Dios que escuche

tira del gatillo

1

2

3.


8.


Ego


Esta otra que soy

habita en una editorial.

Duerme arropada de libros

y souvenirs de la memoria.

La mirada de ella

es la otra mitad de mí.

Y es ese 50%

quien escribe estas líneas.

Ella

destruyó instituciones

hizo de lado los tabúes.

No pidió permiso para su vuelo.

Ni mucho menos para su canto.

Ella

quien insiste en repetir el error

para, desde algún bar, llorarlo siempre.

Es Astrid.

No hay un solo tropiezo,

ni una sola metida de pata

que no me pertenezca.

Toda esta ruina que soy

es mi mejor edificación.

No hay otro arquitecto.

No existe otra persona

capaz de merecer estos pedacitos de mí.

Y si alguna vez pronuncié algún nombre

fue porque yo quise nombrarlo,

rey, conde o plebeyo.

Fui yo

quien vendió las entradas VIP.

Fui yo

quien puso la alarma

para despertar el día, a la hora exacta

de la pena.

Acá no entró nadie sin su pase.

No hubo arroceros.

Creí en la dedicatoria del libro

en el poema debajo de mi almohada

en la canción hecha con mi nombre y apellido.

Creí en el para siempre

como en el hasta que nos dure.

Caminé a escondidas por ser la bruja malvada

pero también fui princesa de todo el reino.

Estuve en las nubes

y me dejé caer en las brasas.

Estrellé mi cabeza contra el asfalto

y la sangre que aún corre entre las grietas

la veo pasar. Y como si no me doliera. Vivo

cosiéndome la herida.

Porque no supe quedarme donde me querían

ni hija

ni esposa

ni amante

ni mucho menos madre.

Me lo dejé, muy en claro, como lista de mercado pegada a la puerta de la nevera.

Y aquí estoy, casa 83 de La Esperanza.

Barro las huellas, las guindo al sol.

Echo sal en cada uno de los rincones,

haciéndole caso a mis latidos

que son como el croar de una ranita en su estanque.

Y aunque todo me haya salido de la patada.

No llevo la culpa de seguir a otros.

No tuve manual

pero lo escribo a diario

e hice el mejor brebaje

para que el amor me exterminara.

Lo confieso. Muero en cada sorbo

pero voy sin deudas

como Astrid. La Cartonera.

Perdonándome.


9.


HCM


Cuando pasas horas en un hospital

y ves la sangre como alfombra en el piso

a la chica de al lado con su cáncer hospedado en el corazón. Sola. Sola. Sola.

A Juan y su capacidad de dormirse de pie.

Al hombre de la habitación 7B13 observándote fijo como velando su pena.

Cuando solo en un atisbo notas la falta de rucuronio, formol, compresas, guantes, propofol, adhesivo, alcohol. Y te quedas viendo cómo las chiripas salen del baño para su baile debajo de la cama. Respiras. Respiras hondo. Cierras los ojos. Y agradeces a la memoria por llevarte a los brazos de quien amaste una y mil noches como estas en un cuarto a oscuras junto al tablero de scrabble. Junto a lo eterno de la madrugada. Que se hace sonrisa hoy en estas líneas. En este cuerpo. A la espera del manto invisible para guarecerme

y

mirarte

y

tocarte

y

olerte

y

lamerte

y

nombrarte

porque estoy segura de que habrá de amanecer.


 10.


72 horas


¿Te han dolido las dendritas?

hay un río de ellas con tu nombre acá dentro.

Contigo, lo sé,

no estuviera contando los segundos

de una Venezuela a oscuras.

Contigo, lo sé,

estuviera frente al mar Caribe

o hiciéramos camping

en estos sitios de Maracay

con sus inagotables plantas eléctricas.

Contigo, lo sé,

nada de estas 72 horas

hubiera afectado

a este cuarto en penumbras

a este velón agotándose

a este espíritu sin nombre despertándome.

Doy por sentado

que una décima partida de scrabble

nos haría discutir

y al celular no le importaría

la descarga.

Ya ves, nada me ha hecho olvidarte,

todo lo contrario.

¿Te han dolido las dendritas?


 11.


Promesa


Tranquilo, pronto dejaré de escribirte

quizás mañana o el próximo mes

cuando en mis ojos no exista

el peso de estos niños asistidos

con un respirador manual

cuando mi espalda descanse

de esta bombona acuesta

cuando mi olfato no detecte

la carne putrefacta

al pasar por Emergencias

cuando mis manos dejen de sostener

la sangre del vecino

cuando mi boca cierre el asombro

por los saqueos de este diez de marzo

y cuando al riñón le toque su turno.

Tranquilo, pronto dejaré de escribirte

quizás mañana o el próximo mes

cuando este epiléptico país

deje de estar a oscuras

cuando en mis labios se pose

el agua potable

cuando estos veintitrés muertos

dejen de susurrarme al oído.

Pronto.

No te apures.

No me apures.

Respiro hondo tal como me lo enseñaste

desconectada desconectados.

dejaré de escribirte

te daré descanso.


12.


Miedo


He buscado todas tus notas de voz

y acá estoy

escucho una a una

perdona si te enmudezco

pero es la única forma de cobijarme

de traerte aquí.

Sólo por esta vez

vence mi oscuridad

rompe con estas ganas de quedarme sola sola sola

el hielo volvió a mis huesos

y me retuerce

no hay lectura que me abrigue

entra en mis surcos

una palabra tuya bastará para sanar.


13.


Culpa


No está bien hablar de ti

en todo lo que escribo.

No está bien que la gente

se dé cuenta de este pendejismo

anclado en mi cerebro.

La casa se hunde en el fango

y yo, aquí

haciéndole nubecitas al lodo.

Qué bueno

entonces

tu desamparo

tu olvido

merecido lo tengo

porque

no está bien

seguir mirándose el ombligo

cuando el pantano nos arropa

cuando el barro llega a nuestras bocas.


14.

 

Una más


Pertenezco a estos lugares desconocidos.

No saben mi nombre, ni de mis títulos, ni dónde vivo

sólo, a lo lejos

el portugués se escucha, “la chica linda llegó otra vez”.

En esta barra

me alcanza

nada más

para ocho tragos de cocuy

y dos tercios

que van siempre por la casa

o por cualquier hombre abandonado.

Había olvidado estas tascas arrinconadas

llenas de tanta Maracay y rockolas.

Sin duda

pertenezco aquí.

Rescato quien soy: una más para todos.



15.


Sustituto


Voy a crear una poción en abril

para arrancarte

colocaré tus mismos ingredientes

un boleto aéreo

ocho mil kilómetros de distancia

toda la indiferencia posible

una pizca de íconos

total desprotección

abandono al gusto

nunca he mezclado tanto olvido en la vasija

nunca he machacado tantas hojas de eucaliptos para el trago amargo

mi plegaria será eterna

no llevará adjetivos

sólo tu nombre en mis labios


y un cordero colgado a mi pecho

sencilla compresa

que ha de latir como el corazón.

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Rafael Ortega