Autora: Albany Carantoña
1.
¿Te conté que me habían hecho un viaje de diez años y me soltaron a solas en un rincón de Maracay a oscuras, con una simple estufa para calentarme el cuerpo?
¿Te diste cuenta cuando tomé tu mano y te subí a mi búnker regalándote 24 horas de soplo para tu asfixia continua de famas y pasarelas?
¿Te hablaron de mí asombrados porque tenía anillos y un nombre en los lomos de algunos libros, y de vez en cuando se me ocurría hacer ferias con algunas formas extrañas de cartón para alimentar mis silencios?
¿Fuiste tú quien fue conmigo de puerta en puerta construyendo puentes en el alma de quienes me rodean para atrapar sus vidas en el discurso, dándole agua para su sed infinita?
¿Tú supiste de mi guerra, de mis demonios rompe huesos, de mis líneas sin poesía, de mis brebajes con cúrcuma y cardamomo para el perdón?
¿Comiste en mis campos de manzanas asomándote por las hojas frescas para quedarte dentro como único dueño sin cerco eléctrico, ni luces con sensor?
¿Eres tú quién me dio un reino durante 9 meses, me habló de jardines con Epícuros, de mantras con Spinozas?
¿Eras tú el albacea de esas 12 personas persiguiéndote para que tu cuerpo fuera el protagonista de las balas de aquella noche?
Entonces dime
¿Cuándo fue la última vez que me nombraste puta y a la vez tu reina?
Cuéntame ¿Quién fue esta derrota? ¿Esta fe de un segundo?
2.
Agosto
Siempre
en agosto
coloco romero debajo de mi almohada
–tal como lo mencionaste–
unto, para el cuerpo, jengibre y cúrcuma mientras los eucaliptos hierven en la estufa.
Me desvisto voy descalza
y soy menos lluvia.
Con la escoba recojo todas las huellas
y las tiendo al sol
destejo el polvo de los libros
hago cruces de sal en los rincones
me olvido de los tés y vuelvo al café.
En este mes de menta donde no llegan nuevos huéspedes a mi piel caliente
vuelvo
y con crema alcanforada
embalsamo uno a uno mis dedos
vuelvo al útero
respiro.
3.
Útero insomne
Ahora, cada cierto tiempo, debo quitarme un poquito de mi carne y esperar el veredicto.
Sí, igual como cuando mandas a un concurso o quiero imaginármelo de esa forma.
Lo bueno de todo esto
es que mis poemas no son poemas para anuales ediciones
entonces no me preocupo.
Si me guío por la decisión unánime del jurado pasará igual.
Estoy sana, lo demás es gastadera
útero insomne
miedo poesía.
4.
Poesía
Un 21 de marzo
cuando se retiraba la tarde
dormí en tu pecho.
Viajé hacia tu casa
donde me diste un patio
con alfombra de hojas verdes y secas,
una mata de mango para guindar las letras
la bromelia, el jardín de suculentas.
Me fui despacio hacia tus venas
y cada cuarto estaba hecho
de cajas y maletas; el pasado no podía salirse, el futuro ahí a la espera.
Dudo si este recuerdo sea el poema
ahora cuando el cristofué se posa en la rama y el aroma a café se cuela.
No hubo pacto
no hay promesas
sólo yo desde la hamaca
meso tu ausencia
y esta noche es tu pecho almibarado
mi hogar calma. Quietud plena.
5.
Pozo
Pasó el año
sí
y aún remojo en eucaliptos las sombras
de un cuello estrangulado
de una piel lacerada
de una voz con su eterno jaque mate
miento al decirte que el pasado ya no me toca
todavía se me va el oxígeno
y paso la noche hablándole a un dios sordo.
Miro desconcharse el techo
paso el seguro de la puerta cuarenta y dos veces
y me pregunto cuándo compraré el candado, quizás eso ayude. Me resigno.
Leche tibia, agüita dulce, manzanilla. ¿Quién se atreve a venir a esta casa?
Las letras ya no dan la bienvenida. Ya no puedo hacer lo que me piden.
No bebas de mí.
Porque sólo soy este pozo que tiembla cuando te asomas.
6.
Puente
Soy un puente
lo sé
me lo cantan en susurros mis ancestros.
Conecto la noche con el día
y sólo los que buscan la luz
han de atravesarme.
Mi propósito está escrito.
Aunque a veces rompa las ventanas
y me beba todas las cervezas de la barra.
Muchos se quedan a mitad del camino
mirando cómo corre el agua por mis piernas.
Otros se detienen por varios días,
a veces sólo por horas cuando el sol está por despedirse.
Y duermen arropados de estrellas y luciérnagas.
Una vez cruzó en mí un hombre alto
su Alma también era de puente
fue la única vez que respiré
pintó las barandas, barrió las huellas,
pulió los peldaños, cambió casi todas las maderas.
Y para quienes iban descalzos puso una alfombra de eterna primavera.
Tu trabajo también puede ser este, me dijo.
En ese instante ninguna otra voz se aferró a mis oídos.
Soy un puente
lo sé
pero hay pisadas tan fuertes
¡Dios mío!
Mírame.
Rota
descolgada.
Busco un nuevo sitio mientras bailo sola en la pista. Ebria. Extraviada.
Sin paso.
7.
Cariño mío
Dame un chance para que me termine esta cerveza
porque no sé cómo coño dejo ir tu olor de mi piel
tampoco cómo dejo de mirarte, cariño mío.
Afuera el cielo prepara una tormenta
Maracay desde la avenida Bermúdez es gris y enguayabada
¡Ay, Astrid! Qué Maracay y qué avenida
no me des tregua
te vinieron a joder, otra vez,
ahora tienes que recoger el reguero de la lluvia
echa el corazón en el pipote
ese mochuelo tiene su nido
pendejita de un mes, muñequita de Jerez.
Recuerdo que hace un año
y hasta ayer mismo rezabas
pidiendo que nadie más entrara a romperte los ovarios,
a burlarse porque se está mejor sin ti
sin el peso de este oficio
la escribidera
la entrega
el todo o la nada
cuánto tiempo pierdes
poeta
no hay Dios que escuche
tira del gatillo
1
2
3.
8.
Ego
Esta otra que soy
habita en una editorial.
Duerme arropada de libros
y souvenirs de la memoria.
La mirada de ella
es la otra mitad de mí.
Y es ese 50%
quien escribe estas líneas.
Ella
destruyó instituciones
hizo de lado los tabúes.
No pidió permiso para su vuelo.
Ni mucho menos para su canto.
Ella
quien insiste en repetir el error
para, desde algún bar, llorarlo siempre.
Es Astrid.
No hay un solo tropiezo,
ni una sola metida de pata
que no me pertenezca.
Toda esta ruina que soy
es mi mejor edificación.
No hay otro arquitecto.
No existe otra persona
capaz de merecer estos pedacitos de mí.
Y si alguna vez pronuncié algún nombre
fue porque yo quise nombrarlo,
rey, conde o plebeyo.
Fui yo
quien vendió las entradas VIP.
Fui yo
quien puso la alarma
para despertar el día, a la hora exacta
de la pena.
Acá no entró nadie sin su pase.
No hubo arroceros.
Creí en la dedicatoria del libro
en el poema debajo de mi almohada
en la canción hecha con mi nombre y apellido.
Creí en el para siempre
como en el hasta que nos dure.
Caminé a escondidas por ser la bruja malvada
pero también fui princesa de todo el reino.
Estuve en las nubes
y me dejé caer en las brasas.
Estrellé mi cabeza contra el asfalto
y la sangre que aún corre entre las grietas
la veo pasar. Y como si no me doliera. Vivo
cosiéndome la herida.
Porque no supe quedarme donde me querían
ni hija
ni esposa
ni amante
ni mucho menos madre.
Me lo dejé, muy en claro, como lista de mercado pegada a la puerta de la nevera.
Y aquí estoy, casa 83 de La Esperanza.
Barro las huellas, las guindo al sol.
Echo sal en cada uno de los rincones,
haciéndole caso a mis latidos
que son como el croar de una ranita en su estanque.
Y aunque todo me haya salido de la patada.
No llevo la culpa de seguir a otros.
No tuve manual
pero lo escribo a diario
e hice el mejor brebaje
para que el amor me exterminara.
Lo confieso. Muero en cada sorbo
pero voy sin deudas
como Astrid. La Cartonera.
Perdonándome.
9.
HCM
Cuando pasas horas en un hospital
y ves la sangre como alfombra en el piso
a la chica de al lado con su cáncer hospedado en el corazón. Sola. Sola. Sola.
A Juan y su capacidad de dormirse de pie.
Al hombre de la habitación 7B13 observándote fijo como velando su pena.
Cuando solo en un atisbo notas la falta de rucuronio, formol, compresas, guantes, propofol, adhesivo, alcohol. Y te quedas viendo cómo las chiripas salen del baño para su baile debajo de la cama. Respiras. Respiras hondo. Cierras los ojos. Y agradeces a la memoria por llevarte a los brazos de quien amaste una y mil noches como estas en un cuarto a oscuras junto al tablero de scrabble. Junto a lo eterno de la madrugada. Que se hace sonrisa hoy en estas líneas. En este cuerpo. A la espera del manto invisible para guarecerme
y
mirarte
y
tocarte
y
olerte
y
lamerte
y
nombrarte
porque estoy segura de que habrá de amanecer.
10.
72 horas
¿Te han dolido las dendritas?
hay un río de ellas con tu nombre acá dentro.
Contigo, lo sé,
no estuviera contando los segundos
de una Venezuela a oscuras.
Contigo, lo sé,
estuviera frente al mar Caribe
o hiciéramos camping
en estos sitios de Maracay
con sus inagotables plantas eléctricas.
Contigo, lo sé,
nada de estas 72 horas
hubiera afectado
a este cuarto en penumbras
a este velón agotándose
a este espíritu sin nombre despertándome.
Doy por sentado
que una décima partida de scrabble
nos haría discutir
y al celular no le importaría
la descarga.
Ya ves, nada me ha hecho olvidarte,
todo lo contrario.
¿Te han dolido las dendritas?
11.
Promesa
Tranquilo, pronto dejaré de escribirte
quizás mañana o el próximo mes
cuando en mis ojos no exista
el peso de estos niños asistidos
con un respirador manual
cuando mi espalda descanse
de esta bombona acuesta
cuando mi olfato no detecte
la carne putrefacta
al pasar por Emergencias
cuando mis manos dejen de sostener
la sangre del vecino
cuando mi boca cierre el asombro
por los saqueos de este diez de marzo
y cuando al riñón le toque su turno.
Tranquilo, pronto dejaré de escribirte
quizás mañana o el próximo mes
cuando este epiléptico país
deje de estar a oscuras
cuando en mis labios se pose
el agua potable
cuando estos veintitrés muertos
dejen de susurrarme al oído.
Pronto.
No te apures.
No me apures.
Respiro hondo tal como me lo enseñaste
desconectada desconectados.
Sí
dejaré de escribirte
te daré descanso.
12.
Miedo
He buscado todas tus notas de voz
y acá estoy
escucho una a una
perdona si te enmudezco
pero es la única forma de cobijarme
de traerte aquí.
Sólo por esta vez
vence mi oscuridad
rompe con estas ganas de quedarme sola sola sola
el hielo volvió a mis huesos
y me retuerce
no hay lectura que me abrigue
entra en mis surcos
una palabra tuya bastará para sanar.
13.
Culpa
No está bien hablar de ti
en todo lo que escribo.
No está bien que la gente
se dé cuenta de este pendejismo
anclado en mi cerebro.
La casa se hunde en el fango
y yo, aquí
haciéndole nubecitas al lodo.
Qué bueno
entonces
tu desamparo
tu olvido
merecido lo tengo
porque
no está bien
seguir mirándose el ombligo
cuando el pantano nos arropa
cuando el barro llega a nuestras bocas.
14.
Una más
Pertenezco a estos lugares desconocidos.
No saben mi nombre, ni de mis títulos, ni dónde vivo
sólo, a lo lejos
el portugués se escucha, “la chica linda llegó otra vez”.
En esta barra
me alcanza
nada más
para ocho tragos de cocuy
y dos tercios
que van siempre por la casa
o por cualquier hombre abandonado.
Había olvidado estas tascas arrinconadas
llenas de tanta Maracay y rockolas.
Sin duda
pertenezco aquí.
Rescato quien soy: una más para todos.
15.
Sustituto
Voy a crear una poción en abril
para arrancarte
colocaré tus mismos ingredientes
un boleto aéreo
ocho mil kilómetros de distancia
toda la indiferencia posible
una pizca de íconos
total desprotección
abandono al gusto
nunca he mezclado tanto olvido en la vasija
nunca he machacado tantas hojas de eucaliptos para el trago amargo
mi plegaria será eterna
no llevará adjetivos
sólo tu nombre en mis labios
y un cordero colgado a mi pecho
sencilla compresa
que ha de latir como el corazón.

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Rafael Ortega