Palabras que son flores que son frutos que son actos...
Octavio Paz: La estación violenta.
Edición y nota:
Manuel Cabesa
***
Raquel Camacho (15 de mayo de 1995), fue nacida para el arte: conocida principalmente como actriz, adelantada en el arte de la perfomance, también tiene dotes para la música, el baile y la poesía. Amante de los sombreros, vive como uno de los cronopios inventados por Cortázar, autor a quien rinde culto y fidelidad. Para celebrar la trigésima primera ronda de su ciclo vital, hoy abrimos este espacio para recibir sus palabras.
(mcabesa)
1.
Si las palabras
transmitieran tanto silencio
podría decir algo.
***
2.
Toda palabra es un hechizo.
Cuidar las palabras,
elegirlas para cada ocasión,
saber en qué medida,
volúmen e inflexión usarlas
es la magia.
Hay quienes hablan sin arte,
hay quienes
por momentos no dominan
sus propios encantamientos,
quedan atrapados
en los espejos de su lengua.
Hay quienes creen que el verbo
creó el universo
y aún así son capaces
de hablar sin medir
las consecuencias de sus palabras.
Hay palabras dichas
que ya he olvidado
y siguen haciendo milagros.
Palabras que ya no creo
y por las cuales
seguiré siendo medida.
3.
cuerpo libro,
cuerpo mapa,
cuerpo territorio,
cuerpo escenario,
cuerpo materia orgánica
de creación para la creación.
***
4.
Buscamos calor
porque queremos consuelo
un rastro de sol
en la cuenca de las manos
La noche ha sido fría
y nuestras soledades
necesitan refugio
El alma
ha alargado su invierno
Recolectamos lana
porque estamos
desmenuzados
vamos por el mundo
juntando las hebras
los restos de un todo
Intentamos construir algo
que se parezca a la compañía
un tejido
un remiendo
para cubrir el desamparo
Sobrevivimos
mientras el mundo
se empeña en destruir
nuestra ternura.
5.
Volver al claustro materno
seguir vistiendo rosas
disponerme a un yagrumo
encontrar la extensión de mi obra
alargar las patas de las garzas
dejando un rastro de plumas
a la desnudez del vuelo
***
6.
Soy el recuerdo encarnado
de los seres que amo
y de los que amé
en ésta y otras vidas
pero que ya no me acompañan.
Soy cada uno
de los escritores que he leído,
ese algo que no puedes descifrar,
que como el agua
se evapora y vuelve
convertida en lluvia
en un ciclo eterno.
Soy mi madre y mi padre
y sus ancestros,
la tierra que habito
y la que habité.
Soy cada uno de mis amantes
y los amantes de mis amantes.
Soy cada persona
con la que me he comunicado,
cada canción
con la que he llorado,
arte y ciencia.
Soy lo que no tiene nombre.
Soy tú y él y ella,
soy colectiva e infinita.




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Un abrazo,
Rafael Ortega