-Manuel Cabesa-
A Ella, mi fuerza y mi forma ante el paisaje.
J.S.P
La historia de la literatura venezolana nos ha acostumbrado a leer la poesía escrita durante el siglo XX en bloques generacionales, comenzando por la benemérita Generación del 18 deslumbrante grupo de poetas y artistas plásticos navegando entre las aguas de la tradición peninsular y los hallazgos del Modernismo.
A ésta sucedieron otras igualmente notables: la del 28, el Grupo Viernes, la del 45, la del 58 que selló su pacto con las vanguardias en boga en una época especialmente turbulenta en la historia de Latinoamerica durante los años 60, la década siguiente abocada a explorar las posibilidades del poema breve, hasta llegar a los años 80, década de revisión, relecturas y descubrimientos a fin de afianzar las nuevas propuestas que los jóvenes de entonces pretendían llevar a cabo.
Se trató, como diría Georges Bataille en La literatura y el mal de "una generación tumultuosa": una generación que lleva sobre sí el peso de la tradición de vanguardia que se desarrolló durante los 60 y el de la historia de un país que se abrió paso a la democracia mientras nosotros cruzábamos "un desierto lleno de espejismos, de trampas y de inmensas soledades" como definía Paul Nizan a la adolescencia y llegábamos a la mayoría de edad. Dos lustros que se inicia con los manifiestos de los grupos Tráfico y Guaire para luego expandirse en una serie de discursos individuales que se fueron afianzando en el tiempo.
Debido a su diversidad y al hecho de identificarme fraternalmente con muchos poetas de esta década cuando dábamos los primeros pasos hacia la poesía se me hace difícil pensar en cuáles serían los aportes que como generación han quedado para los que ahora se interesan en la creación poética. Sin embargo, desde el refugio de la memoria afectiva quisiera regresar en el tiempo a algunos libros que en su momento lograron afectarme como lector señalando las posibles pautas a seguir en el camino.
Por lo que inicio esta serie de comentarios a sabiendas de que es imposible no caer en las inevitables omisiones y la lamentable injusticia, me amparo solo en el hecho de que se trata de una lectura personal y por lo tanto parcial de un momento de nuestra historia poética; por lo que de antemano invito a los eventuales lectores a trazar su propio mapa con la intención de ir hilvanando las coincidencias y los contrastes.
Digamos que no hay presencia sin tradición y afortunadamente para los lectores de hoy, la tradición poética venezolana es una de las más importantes de nuestramérica. Al desandar sus veredas podemos encontrar hallazgos, sorpresas, alegrías y decepciones, pero en todo caso forma parte del proceso a seguir cuando nos vemos entregados a estudiar nuestra historia literaria.
(Continuará...)


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Rafael Ortega