viernes, 24 de abril de 2026

Palabras bajo libertad (XIII/2026)

Palabras que son flores que son frutos que son actos... 

Octavio Paz: La estación violenta


Edición y nota:

Manuel Cabesa


***


El pasado 6 de abril se cumplieron 30 años del fallecimiento de Arnaldo Acosta Bello, uno de los poetas más emblemáticos surgidos en el país después de la caída del general Marcos Pérez Jiménez y, sin embargo, uno de los más desconocidos entre los pocos lectores de nuestra poesía. 

Autor de una obra lúcida y extensa, aún espera la edición que le haga justicia ya que la misma es la síntesis de una trayectoria vital y del tránsito de toda una generación en medio del fragor de la Historia. 

Lo que se ha propuesto Acosta Bello a través de su obra poética es dejar testimonio de su circunstancia existencial, para ello las imágenes despojadas de falsas adjetivaciones se presentan al lector tratando de despertar alguna emoción, mostrándole la realidad de las cosas que acompañan al hombre en su transitar cotidiano, pero que sólo son posibles aprehender a través de la palabra escrita. 

La evocación de paraísos soñados y perdidos antes de obtenerlos, la infancia y la utopía, es el eje del discurso que recorre los poemas de Acosta Bello. 

Existe una memoria poética que habla al lector y que desengañada transmite la razón de su desencanto, es el grave testimonio de un despojamiento que va de la existencia a la palabra.

La poesía mientras más profunda es más luminosa. Si ella visita zonas abisales, debe tener mucha claridad, de lo contrario se extravía, pierde el camino, anda a tientas como un ciego, o con un lazarillo, casi siempre otro autor. Si no puede descender a grandes profundidades, más le conviene quedarse en el paisaje, arriba, en la luz natural, en la piel, eso puede tener cierto encanto. 

La poesía es espíritu, las palabras fuera de su significación son sonidos. Con ellas, por afinidades o contrastes, puedes organizar un bello jardín, acá una rosa, allá un lirio, es decir, un objeto estético: pero un poema es un universo. La poesía tiene sus leyes, es bueno conocerlas, eso nos permite llegar más lejos usar otras vías.


Arnaldo Acosta Bello

(Entrevista con Vasco Szinetar, 1980)

Dentro del contexto de la obra de Acosta Bello, Mar amargo (1988) tiene el privilegio de ser un trabajo de síntesis y apertura, ejemplo de meditación y empeño riguroso pocas veces logrado en nuestra poesía. Como en textos anteriores (Hechos, Fuera del paraíso, Sereno rey) Acosta Bello desarrolla una búsqueda intuitiva de la realidad del ser, lo que le da a su poesía una innegable coherencia.

 

(mcabesa)


***


MAR AMARGO


Caer hondo y subir

hasta lograr el vuelo

ensueño de un alto suspiro

por ti (nunca volverás)

costumbre arcana, pasa y dile al olvido

que una vez fue apuro y ebriedad,

canción mía, duerme entre espinas,

en adelante tendrás la frente

de los mal amados, bosque solo,

viva herida, repasa el cielo y muere,

cerca de la costilla tienes luz

aproxima la cara a un fuego oculto

vuelve la mirada, toca la rodilla

fresca de perdón tendrás amor

no hay mar más amargo que la vida.

 

PASAJERO


Caer donde no hay suelo

sólo cielo y mar

grutas de verdor eterno

abro los ojos cuando más temprano

el alba se levanta, pasa y no deja nada,

no lleva ni rumor ni hojas vacías

silencio ardiendo, rosas, estupor

pasajero, sombra, signo del último

leopardo pasa el río volando, salta el bosque,

lame fuegos en la primavera.


DEJA UNA MARCA ROJA


Quiero la seguridad de la avispa

en desolada celda

que la miel cierra despacio.

Oh sombra dulce de la muerte

siento tus suaves pasos

los encendidos granos del Hades.

Deja una marca roja

una rama de luz, un barco negro

hundido en la corriente.

 

SI VOLVIERA DE NUEVO


¿Cuánto perdería de aquí a mi ciudad

si volviera de nuevo a ella?

No veo a nadie que me diga si a la entrada del sol

todavía venden cálidas rosas de montaña

si en los patios de las casas tienden ropa

dormida en almidón, en olores de citronera.

 

TOCO LA SOMBRA


Por necesidad de la noche toco la sombra púrpura

y las venas roídas por cierto animal triste

echan su red dorada en la corriente negra del olvido.


TAL VEZ


¿Es nuevo este suceso

o ha pasado cien veces por mi vida

cada vez más distante y no lo reconozco?

Encima de todo queda el polvo

canto de ave sobre el bosque.

Abre las alas nuevamente

surca el aire mugriento

verás la fresca rosa

el blando arroyo, brotes de hierba

adornan todo.

Nadie viene y se va sin que las puertas

queden solas, acaso si moviéndose

temblorosos labios despidan para siempre

el viejo visitante, tal vez tus manos

levanten un guijarro: el peso y la forma

del olvido.

Todos los días de algún lugar lejano

llega el crudo perfume de su canto

el zarcillo prendido en brillante cielo

donde la noche pasa cerrándonos los ojos.

 

SIGUE


Busca el amor, busca la tormenta,

lánzate ciego al aire, ciego desde

la rama que perfuma los días

y verás que se quiebran los escudos de vidrio,

los fríos o cálidos sones se clavarán en ti,

herido de ese modo sangrarás hasta el ojo

donde hay fatiga la luz vendrá otra vez

a despertar temprano el impulso dormido

corriente amiga te llevará en el vuelo

lejos de los que buscan

el quieto campanario, la cúpula buida.

Fijos quedaron, y tú, perdido ya,

deja atrás los honores, el laurel sazonado,

a ti el espacio, la música, el fuego

que hace brotar racimos. En cada flor

clava el adiós y sigue, sigue como si nada

ocurriera, lleno de dorada verdad caerás

al oscuro, ingrávido final sin fin de siempre.


UN RARO ARDOR


Al lanzar la vida

como si fuese arena

se me llenan los ojos

de un raro ardor

ni ayer ni hoy he sufrido tanto,

tanto como tú, digo,

que has quemado tus huesos

en la hoguera viva del amor.

 

NIEBLA


Siento la rosa

siento la palabra

siento cómo se hunden en la niebla

húmedos puñales

rojas lámparas que el día

deja escapar hacia el aire sin piel,

pájaros llameantes, amarillos

cendales ocultan el agua,

la tierra alegre brilla por encima,

los árboles recogen en su taza de china

el golpe duro de un escarabajo.

 

OTOÑO


Déjale al sol su suerte oscura,

su clara razón; al agua déjale

su cuerpo fugaz, a la tierra

su martillo espeso, al fuego

su externo extravío.

Yo vivo un breve otoño

que estalla en sus colores

hacia la palidez.

Finalizó la fiesta,

la noche se encoje

en su cielo de ajenjo

enfría en el mar las brasas

que hoy contemplo por última vez.

 

VACÍO


Circundada de lluvia

con árboles en los dedos

blancos anillos de felicidad,

la noche muestra todos los rumbos

y yo, sin escoger ninguno,

termino mi cigarro, cierro

la única puerta, vuelvo al vacío.

 

FRACASO


Sin que el vino pueda decir

que escoge el labio, el amanecer

a su color y el ojo su objetivo

que abraza hasta la pulpa,

el demonio de las alas de fuego

y tez cariada dice: no quiero

este país, no quiero esta ciudad,


¿cómo he de fracasar en otra parte

donde no me conocen?

Si las hortensias han vivido

una semana, sólo una semana

lejos del jardín ¿cómo han de fracasar

en el florero donde las colocó

un azar ruinoso y cómo la sala

con alfombra púrpura negará

la pisada de un hombre

lleno de temor?

Sobre las medias que una pregunta aniquila,

sobre la duda que ablanda la almendra

de un mármol negro, la muerte

de esas flores prueba, que aún lejos

nos alcanza el fracaso, y el éxito

se apaga en el rostro, como

el cigarro extingue su llama

antes de morir en el cenicero.

 

COMO EL AGUA


El amor, como el agua, si muy ardiente

es gaseoso. Cuando sólido su cuerpo atraviesa,

es frío.

Busca el suave ademán

abre la muralla secreta donde el fuego

adorna la piel sin quemarla y cubre con oro

el seno, al respirar la boca del amante,

la pupila perdida en el cielo.


Las manos encuentran hilos ocultos,

un tejido suave abre y cierra la llave

la vida se precipita al vacío regándose

en el pasto un rocío fresco, salvaje,

desde el amanecer hasta la noche.

 

NO QUEDA TIEMPO


No queda tiempo de pensar mucho en ti,

poema

por eso te hago con las maduras cosas

de ayer y con las que hoy, tan verdes,

dan su acerbo sabor, su piel reluciente

al aire de las palabras que pueda dispensar.

Pero sólo un instante, un instante

para entender que el amor, un momento

en la huida, puede alcanzar certeramente

el blanco lanzando el dardo en plena carrera

mientras el tiempo herido en las vértebras

se retuerce y cae como una serpiente detrás de ti.

 

TAN SOLO HOY


Tan sólo hoy, la vida

detrás de su dura metáfora

tiembla al desamparo,

las horas, fuertes oleajes,

sacuden la existencia

y la precariedad huye asustada.


Es humo, es sueño, su fuga

convierte el espacio en tiempo,

no es nada esta perplejidad

de ir nadando y disolverse en el agua.

Inútil aferrarse al amor,

esa roca cede también al empuje

de un ademán y se abre suave

la cortina que nos oculta.

En vano trato de llegar entero al encuentro,

lo desconocido es más pavoroso aún.

No hay miedo, hago preguntas

que no vuelven nunca y las respuestas

se desvanecen como un arcoiris en el cielo.

Viene la lluvia, pasa la tormenta,

las aves ennegrecen con gritos

profundos abismos, sus nidos secos

entre frutos y flores la primavera

ensancha, rompen la cáscara

ávidos picos.

He nacido, he comido más de lo imprevisto

y de lo falso, que de la verdad.

Creo sin embargo que toda boca

lleva el vino oscuro de los sueños,

sin ellos no es posible alcanzar

el cielo donde la duda es una llamarada.

Las pulcras cenizas del alma

están reunidas, el viento

mueve lirios detrás de los cuales

nada queda. La ruta está vacía

el rayo colérico que nació

de la frente de Aquiles, destruye

la fortaleza, el muro de piedra

que habíamos levantado sobre nuestras vidas.


 

DESTINO


Sólo cuando entramos al juego

de lo tibio y de lo caliente

sentimos frío como si el invierno

se condensara todo en una hoja,

la raíz ígnea alumbra

a cierta profundidad, acerca

su antorcha a los labios.

Un pájaro que no habíamos visto

se desprende de la rama dorada

el vuelo oscuro atiza la angustia.

Otra vez perdidos en la caverna

buscando los claros extremos de la hierba,

el nido, los huevos azules

donde debemos acostarnos a empollar

el cuerpo magro y rojizo

pegado a la cáscara

hasta que los ojos rompan el diamante

vean el mar de olas turquesas

respiren el serpentino olor de vida

acomodando el pecho a la cadencia

de un mediodía dulce.

Vuelve el calor, un grito destroza la roca

donde el águila come aquel hígado

y encuentra amargo su pico.

 

EPÍLOGO 


Sesenta patadas sobre la puerta

no sirven para derribar una vida

si bien necesita ocultarse

hundirse en el silencio para sentir

la semilla, tiene sin embargo

la certidumbre de ver en la oscuridad

oír los pasos que la persiguen.


La nuca enciende el adagio

al sostener la cabeza, ese laúd apenas

hace sonar las cuerdas de una decisión

cuando un reflejo en el ojo dice que se acerca

el minuto de volver los talones y salir

rompe el círculo donde el miedo se achica

y roja moneda vuela hacia la luz.

Igual que el agua conoce

el frío de la tierra, las piedras

de un sol iluminan al enemigo

escriben con sangre el epílogo

la última página de una vida

que tuvo por apodo donarla.

 

***


Arnaldo Acosta Bello (Camaguán, edo. Guárico, 1927 / Barquisimeto, edo. Lara, 1996)


Obras publicadas de poesía:  

El canto elemental (1956), Hechos (1960),  Fuera del paraíso (1970),  El alud (1973), En vez de una balada (1975),  Los mapas del gran círculo (1975),  Sereno rey (1979),  Minimum Mysterium (1985), Mar amargo (1988),  Agadón o el brusco temblor de los tréboles (1990), Historia de un soldado de la guerra de Troya (1993),  Adiós al rey (1995), Santa palabra (2008).

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Rafael Ortega