lunes, 13 de abril de 2026

Luis Alberto Crespo en el recuerdo

-Manuel Cabesa-


Hoy que Luis Alberto Crespo está de cumpleaños, recuerdo que lo vi por primera vez en la casa de Juan Sánchez Peláez, a quien también conocí ese día; lo vi, no hablamos ni nada hasta donde me llega la memoria. Fue Luis Alberto Angulo quien llamó mi atención sobre la presencia de Crespo en aquel jardín donde compartíamos. 

Estábamos ahí de visita los participantes del taller de poesía del Celarg, que coordinaba el poeta Luis García Morales: estábamos para conocer a Juan, para deslumbrarnos con su presencia. Éramos los muchachos y ellos "los mayores", por eso no creo que haya podido conversar con Crespo. 

Era 1980 u 81, los días de "Resolana" de Crespo, "Terredad" de Montejo, "Sereno Rey" de Acosta Bello, "Las edades perdidas" de Gerbasi, "Círculo de sombras" de Pérez Perdomo (que había ganado el Premio Nacional de Literatura); la poesía venezolana estaba cruzando por un momento de esplendor y nosotros éramos sus beneficiarios. 

Nos vimos de nuevo en Maracay, en 1995 durante la presentación de su libro "Más afuera" y después otras veces más cuando presidió la Casa de Bello y hicimos algunas actividades en la Biblioteca Agustín Codazzi. Pero de momento quisiera recordar un par de encuentros que forman parte de mi anecdotario. 

Una de las veces en la Ciudad Jardín fue durante la entrega de la última edición del Premio Miguel Ramón Utrera en los jardines del Hotel Maracay (que hoy ni sé cómo se llama); estaba reunido con mis amigos Jorge Gómez, América Zurita, Marcos Veroes y Nesfran González, cuando llegó Crespo acompañado por el poeta Pedro Ruiz. Nos saludamos con aprecio como siempre, hice las presentaciones de rigor y luego de un rato me llamó para preguntarme si nos podíamos tomar una cervecita en la fuente de soda frente a la piscina mientras el acto daba comienzo... y hasta allí fuimos. 

Una vez ubicados, también se fueron acercando los amigos y no sólo ellos, otras personas que vieron la movida y por curiosidad de conocer al poeta y participar de la improvisada tertulia fueron arrimando sillas y haciendo bulto; tanto así, que en la mesa donde estábamos (y de donde no nos movimos) había un equivalente de personas igual a las que se quedaron en su puesto para el acto. Lo que creo que no fue muy del agrado de los organizadores. 

No recuerdo cómo nos terminó de ir, pero sí que cuando llegó la prensa a cubrir la entrega del Premio hicieron sesión aparte para entrevistar a Crespo y tomar fotos del momento en que departíamos todo ese gentío frente a la piscina.

Tiempo después nos vimos en Caracas durante la presentación de mi libro "Un lento deseo de palabras" en el Museo de Bellas Artes en el marco del Festival Mundial de Poesía de ese año.

Monteavila presentaba los nuevos títulos de la colección Altazor y los encargados de hablar de cada uno eran el catire Enrique Hernández D'Jesús y mi amigo Gonzalo Ramírez; al llegar el turno de mi libro el director de Monteavila, Carlos Noguera, le pidió a Gonzalo, que ya se aprestaba para hablar, le permitiera hacer la presentación personalmente, lo que llamó la atención del público porque fue el único libro del que quiso hablar haciendo hincapié en que me conocía desde muy joven por lo que se entendía aquello como una deferencia hacia un poeta apenas conocido para la mayoría de los asistentes pero a quien calificaba como un amigo de toda la vida. 

Una vez en el podio, frente a mí estaban Crespo y Palomares a quien había conocido la noche anterior. La sorpresa fue que al terminar mis palabras y los agradecimientos de rigor e intentar regresar a mi sitio ambos hombres se pusieron de pie y se adelantaron a recibirme con abrazos y grandes palmadas en el hombro, lo que hizo que se redoblaran los aplausos y que sintiera en ese momento una emoción que todavía no puedo describir.

Un honor inmerecido por parte de aquellos hombres que habían escrito varias páginas brillantes en nuestra literatura a lo largo de muchos años y que se ha vuelto para mí una especie de compromiso que se mantiene vigente en el tiempo.


Mcy/13-04-2026

3 comentarios:

  1. Un privilegio de pocos el de Manuel Cabesa, haber conocido ese cielo de luminarias de la poesía en Venezuela. Y tiene razón, esa experiencia crea compromisos eternos, los cuales creo que ha cumplido con honores JCPL

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  2. Definitivamente, la vida se nutre de momentos y entre poetas cada uno de esos momentos alimenta nuestras plumas, encontrarse e intercambiar vivencias en versos marca la historia.

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  3. Instantes inefables que has vivido y experimentado, mi querido Manuel. Es una crónica hermosa de tus vivencias con escritores relevantes de la literatura venezolana.
    Dilcia

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Un abrazo,
Rafael Ortega