-Manuel Cabesa-
A Ella, mi fuerza y mi forma ante el paisaje
J.S.P.
Los puentes de Madison es una pieza de excepción dentro de la filmografía de Clint Eastwood, quizá el único drama romántico que se ha permitido realizar dentro de una obra que siempre se ha caracterizado por los géneros que requieren algo de acción y una mirada severa, sobre todo en los últimos años, sobre la sociedad norteamericana.
De manera muy sutil el artífice de "Harry el sucio", pudo contar a lo largo de un poco más de dos horas la historia de amor de Robert y Francesca rodando con gran economía narrativa y en pocos escenarios lo que se podría clasificar como un film de cámara, a la manera de Ingmar Bergman en Secretos de un matrimonio o el Woody Allen de Interiores o Septiembre.
Y es que la novela de donde se basa la película, tampoco es una narración que cubra muchos espacios o detalle grandes movimientos, es más bien una historia reflexiva, concentrada en los personajes principales y una mirada a la íntima naturaleza del amor.
Un amor que parece atravesar la barrera de los tiempos y encarnar en una fortuita mirada:
"Ahora sé que estuve yendo hacia ti, y tú hacia mí desde hace largo tiempo. Aunque ninguno de los dos percibiera al otro antes de que nos conociéramos, había una especie de inconsciente certeza que cantaba alegremente bajo nuestra ignorancia, asegurando que nos reuniríamos. Como dos pájaros solitarios que vuelan por grandes praderas por designio de Dios, en todos estos años y estas vidas hemos estado yendo uno hacia el otro".
La historia es conocida de todos, y la adaptación es bastante fiel a la novela de Robert James Weller, como para hacer un resumen de ella; sin embargo, lo que justifica su lectura es poder ver a través de la poética prosa de Weller el interior de sus personajes.
Él seguro de sí pero sin asidero en mundo; ella, llena de sueños incumplidos demasiado atada a su cotidianidad. Sin embargo ambos, desde el primer momento, conscientes de que hay una posibilidad más allá del espacio que cada uno ocupa dentro de su vida:
"He estado cayendo desde el borde de un sitio muy grande, muy alto, en algún lugar del pasado, durante más años de los que he vivido en esta vida. Durante todos esos años, he estado cayendo hacia ti".
Sabemos que el amor, como la poesía que lo exalta, es una combinación de lugares comunes que cada cual vive a su manera; dejando, casi siempre, que se diluya entre las manos...
...¿y de qué otra forma podría ser? Independientemente del sentimiento, la realidad juega sus cartas y ficción o no, el amor sigue siendo esa esencia inmaterial que nos regala un poco de esperanza para seguir viviendo otro día:
"Me siento agradecido por haberte encontrado. Podríamos haber pasado uno junto al otro, como dos partículas de polvo cósmico... Dios o el universo, o lo que uno elija para nombrar los grandes sistemas de equilibrio y orden, no reconoce el tiempo terrestre. Para el universo es igual cuatro días que cuatro mil millones de años luz. Trato de tenerlo siempre presente... Pero, al fin y al cabo, no soy más que un hombre. Y todas las elucubraciones que puedo conjurar, no me salvan, de desearte todos los días, a cada momento, ni del despiadado lamento del tiempo, el tiempo que nunca puedo pasar contigo, dentro de mi cabeza... Te amo profundamente, totalmente y así será siempre".


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Rafael Ortega