-Roberto Santana-
El aliento en el cristal: La geometría sensible de Tico! Tico!
Este análisis busca desentrañar una propuesta que está entre las grabaciones más cristalinas y lúdicas del clarinete contemporáneo. En 1989, Paquito D’Rivera documentó el sonido de una libertad que ya no necesitaba gritar para ser escuchada, sino que prefería susurrar con la precisión de un relojero y el alma de un parrandero caribeño.
I. El salón y la acera: Nueva York como laboratorio (1989)
Hacia finales de la década de los 80, el Latin Jazz en la Gran Manzana atravesaba una metamorfosis hacia la sofisticación técnica. La era de la Salsa Brava/Jazz Afro Cubano iba cediendo terreno a una visión más intelectualizada y camerística. Mientras la ciudad lidiaba con la crisis del crack y tensiones bajo la administración de Ed Koch, el jazz encontraba refugio en una estética postmoderna que permitía hibridaciones sin complejos. El Latin Jazz dejaba de ser sólo "música de baile para jazzómanos" para convertirse en una forma de arte de concierto, donde la técnica académica y la improvisación vernácula se daban la mano en los clubes del Village.
II. El clarinete errante: La cúspide del exilio
En 1989, Paquito D’Rivera cumplía casi una década de haber aterrizado en Nueva York tras su deserción en España (1980). Ya no era simplemente "el músico que escapó"; era una institución por derecho propio. Bajo el ala de Dizzy Gillespie, había demostrado que su lenguaje era universal. Residenciado ya plenamente en el área de Nueva York/New Jersey, Paquito alcanzó una madurez biográfica donde la rabia del exiliado se transformaba en la curiosidad del viajero. Tico! Tico! es el diario de un ciudadano del mundo que utiliza la metrópoli como su atalaya creativa.
III. La física de la pureza: El santuario de Chesky Records
Uno de los rasgos definitorios de este álbum es su estética acústica de cámara. Grabado en la Iglesia de San Pedro (St. Peter's Church) en Nueva York, el disco es un hito de la ingeniería de sonido.
Se utilizó un solo micrófono estéreo (técnica de par Blumlein) y grabación directa a dos pistas, sin sobregrabaciones (overdubs) ni mezclas posteriores. El resultado fue una transparencia espacial donde el oyente puede "sentir" la madera del clarinete y la vibración de las cuerdas de la guitarra de Tiberio Nascimiento. El sonido es tan puro que se convierte en un instrumento más, exigiendo a los músicos una ejecución impecable, pues no había margen para el error técnico.
IV. El tríptico de las dos orillas: Los valses venezolanos
Dentro del programa, destaca un núcleo de belleza conmovedora: los "Three venezuelan waltzes" de Antonio Lauro ("Valse criollo", "El marabino" y "Laura"). Estas piezas representan la sofisticación de la música de salón filtrada por el temperamento popular.
La clave de estas piezas reside en el juego rítmico donde el compás la melodía se superpone al pulso del acompañamiento.
Al trasladar estas obras de la guitarra solista al dúo de clarinete y guitarra, Paquito no solo "toca" la partitura; la "canta" con un rubato que respeta la herencia de Lauro mientras inyecta la síncopa del jazz. Es el reconocimiento de un cubano a la hermandad del Caribe continental.
V. Los obreros de la delicadeza: El ensamble
He sintetizado el perfil técnico y estilístico de los músicos basándome en su trayectoria documentada y sus rasgos distintivos dentro de la industria y evitando adjetivos vacuos para centrarme en su lenguaje musical.
El desempeño de los músicos que acompañan a Paquito es extraordinario.
Un joven Danilo Pérez cuya capacidad para el contrapunto ya anunciaba al genio vanguardista, con un estilo panamericano y un lenguaje post-bop fuertemente influenciado por Thelonious Monk en el uso del espacio y las disonancias, demuestra en este trabajo su gran complejidad rítmica, que suele romper la simetría del compás tradicional.
La formación clásica de Fareed Haque en la guitarra) se hace evidente en la pieza apertura, donde utiliza ataques rápidos y una articulación muy limpia, incorporando ciertos microtonalismos y ornamentos derivados de su herencia pakistaní-chilena. Romero Lubambo, maestro de la guitarra de nylon en el contexto del jazz, asombra con su técnica de dedos vertiginosa en –que le permite tocar líneas de bajo, armonía y melodía simultáneamente– en los temas "Tico! Tico!" y "To Brenda With Love", mientras que en "Chorinho #3, Sheep Meadow" se hace evidente su gran conocimiento de la tradición rítmica del Brasil profundo. Tiberio Nascimento se hace cargo de las seis cuerdas en los valses venezolanos. A lo largo de su carrera, este guitarrista y compositor se ha enfocado en la síntesis de folklore brasileño y la estructura académica; aquí se adapta a la perfección a las exigencias interpretativas de las piezas que aborda. Su estilo es más austero y estructural que el de Lubambo y Haque, priorizando la claridad de la voz líder y una técnica de mano derecha muy disciplinada, heredada de la escuela de guitarra clásica.
Portinho (Milton Portinho) en la batería, considerado el "maestro del swing brasileño" en Nueva York, tiene un estilo inconfundible por su manejo del hi-hat y el uso de notas fantasma (ghost notes) en el redoblante, lo que crea un pulso de samba orgánico y bailable que parece "flotar" sobre el tiempo, lo que podemos apreciar forma inmejorable en "Tico! Tico!", "Song for Maura", "To Brenda With Love" y "Recife's Blue". *Mark Walker* se sienta tras la máquina del ritmo en "Danza Característica", "Añorado Encuentro", "Carola", "Serenata" y "Elizabeth". Baterista de alta especialización en polirritmia mundial, su estilo combina la precisión del jazz estadounidense con un conocimiento enciclopédico de los patrones del Caribe y Sudamérica. No es un baterista de fuerza bruta, sino de texturas complejas y subdivisiones matemáticas. Nilson Matta es uno de esos grandes del bajo en el jazz brasileño moderno que crean escuela. Su lenguaje se basa en trasladar la síncopa de la samba y el choro al contrabajo con un sentido del "swing" elástico pero firme. Es conocido por su lirismo en los solos y el uso de cuerdas al aire para crear texturas resonantes, como podemos comprobarlo en "Tico! Tico!", "To Brenda With Love" y la vibrante cerradora "Recife's Blue", donde su participación es tan extraordinaria como vital. Por su parte, David Fink es un bajista de perfil integral. Su estilo es valorado por una entonación impecable y un sonido limpio y profundo. En el jazz, se distingue por un walking bass de gran solidez rítmica, mientras que su faceta clásica le permite una lectura melódica muy sofisticada en pasajes con arco. Se puede disfrutar de su toque elegante en "Danza Característica", "Añorado Encuentro", "Carola", "Serenata" y "Elizabeth".
Raphael Cruz completa esta tropa de élite. Percusionista de la escuela del Latin Jazz neoyorquino, músico de personalidad colorista que, más que buscar la saturación rítmica, se enfoca en acentuar las síncopas clave y aportar texturas ambientales mediante el uso de percusión menor, integrando el lenguaje de la música yoruba con las sonoridades del jazz fusión. Todos los miembros del equipo aportan un mecanismo rítmico elegante que permite a Paquito volar con el clarinete, ayudándole a realzar esa amalgama de swing y clasicismo que lo caracteriza y a volar con su amor por el registro agudo.
VI. mapas estilísticos: De Ipanema a la Reunión
Para enmarcar este desarrollo, debemos mirar hacia atrás y hacia adelante.
Return to Ipanema (1989), el álbum anterior de Paquito, tiene en común con Tico! Tico! que ambos exploran el lirismo brasileño. Sin embargo, Return to Ipanema es un homenaje más directo a la Bossa Nova de Jobim, con una relajada atmósfera de "saudade". Tico! Tico! es más virtuoso, técnico y enfocado en la perfección acústica.
Dos años después, con el reencuentro entre Arturo Sandoval y Paquito, volverían los fuegos artificiales y el estallido afrocubano. Frente a la extroversión de que ambos maestros harían gala en Reunion (1991), Tico! Tico! casi parece un jardín zen, una pausa de introspección camerística.
VII. Trascendencia: El legado del chamber jazz
La verdadera importancia de Tico! Tico! radica en el extraordinario aporte que, desde los territorios de la latinidad, haría a las posibilidades del Jazz de Cámara. Paquito demostró que el Latin Jazz no necesitaba de una conga tronante para ser "latino". Introdujo la sensibilidad del chorinho y el vals criollo en el canon del jazz de alta fidelidad, consolidando su imagen como un virtuoso políglota capaz de satisfacer tanto al académico como al fanático del bop.
Clasificación: •Excelente
Tico! Tico! es un álbum •Excelente porque roza la perfección técnica y sonora. Es un objeto de culto para audiófilos y una lección de cómo la música popular puede ser tratada con rigor académico sin perder su alma. El segmento de los "Three Venezuelan Waltzes" alcanza el grado de •Esencial, siendo quizás la mejor grabación de estas piezas para instrumento de viento. Es un testimonio de un artista en estado de gracia, donde el aire se hace cristal y el cristal se hace sonido.
Paquito D'Rivera – Tico! Tico! (1989)
•Cuba
•Estados Unidos
•Latin Jazz
•Chamber Jazz
con fuertes elementos de:
•Samba
•Chorinho
•Bossa Nova
•Afro Cuban Jazz
•Valse Venezolano
•Excelente
Músicos
Clarinete, Saxo Tenor: Paquito D'Rivera
Bajo: David Finck (pistas: 1, 2, 5, 9, 10), Nilson Matta (pistas: 6 a 8, 12)
Batería: Mark Walker (pistas: 1, 2, 5, 9, 10), Porthino (pistas: 6 a 8, 12)
Guitarra: Fareed Haque (pistas: 1), Romero Lobambo (pistas: 6, 8, 11), Tiberio Nascimiento (pistas: 4, 5)
Percusión: Raphael Cruz
Piano: Danilo Pérez
Si quieres escucharlo, toca el enlace: https://t.me/maticesdeljazz/731


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Rafael Ortega