jueves, 5 de febrero de 2026

Granos de sonido (XI)

 

-Roberto Santana- 


El barro que se hace canto


Este análisis busca desentrañar la médula de una obra que fue un acto de exhumación lírica y política. En 1972, Joan Manuel Serrat le devolvió la voz a un muerto que el régimen franquista pretendía mantener mudo bajo el peso de la cal y el olvido.


I. La voz entre las grietas: Una escena de sal y silencio


En 1972, la Nueva Canción Española (y su hermana, la Nova Cançó catalana) se encontraba en una encrucijada de madurez y asfixia. Tras el estallido sesentista, los cantautores habían dejado de ser meros entretenedores para convertirse en los cronistas de una nación que comenzaba a desperezarse. La escena estaba dominada por una tensión eléctrica: por un lado, el éxito masivo de figuras como Serrat o Mari Trini; por otro, la vigilancia implacable de una censura que olfateaba metáforas peligrosas en cada estrofa. La canción de autor era el único parlamento posible en una España sin urnas electorales, un espacio donde la palabra recuperaba su valor de uso frente al valor de cambio del pop de consumo.


II. El Pastor de Relámpagos: ¿Quién fue Miguel Hernández?


Miguel Hernández (1910-1942) fue el poeta de la tierra, el hambre y la herida. De origen humilde en Orihuela, su trayectoria es un milagro de autoiniciación literaria. Pasó de cuidar cabras a codearse con la Generación del 27, aportando una fuerza telúrica que contrastaba con el refinamiento burgués de sus contemporáneos. Fue el poeta que llevó los versos a las trincheras durante la Guerra Civil y que, tras la derrota, sufrió el calvario de las cárceles franquistas hasta morir de tuberculosis, abandonado, en una celda de Alicante. Hernández era el símbolo de la pureza aplastada por la bota de la historia.


III. El cantante en la Atalaya: Serrat bajo el sol de la sospecha


Joan Manuel Serrat llegaba a este álbum en la cima de su capacidad creativa, pero también en un momento de gran exposición política. Tras su negativa a cantar en Eurovisión si no podía hacerlo en catalán (1968) y su encierro en Montserrat (1970) como protesta por los procesos de Burgos, Serrat era para el régimen un "hijo descarriado" y para el pueblo un referente ético. En 1972, Serrat es un artista bilingüe que ha conquistado América Latina y que decide arriesgar su estatus para reivindicar a un autor prohibido. No es una opción comercial; es una decisión de linaje espiritual.


IV. El estertor de una dictadura: España en 1972


La España de 1972 es un país de claroscuros. Mientras el desarrollismo económico creaba una nueva clase media y el turismo traía aires de libertad, el aparato represivo del franquismo se endurecía en sus estertores (el "tardofranquismo"). Políticamente, el régimen estaba agotado, con un Franco envejecido y una oposición obrera y estudiantil cada vez más organizada. Culturalmente, se vivía una "cultura de la resistencia"; los libros prohibidos circulaban de mano en mano y los conciertos se convertían en asambleas encubiertas. Económicamente, España soñaba con Europa, pero socialmente seguía anclada en el miedo.


V. Una arquitectura de viento y sangre: Características del álbum


El álbum Miguel Hernández es una obra de una solemnidad estremecedora. A diferencia de otros discos de la época que buscaban la urgencia del panfleto, Serrat opta por la atemporalidad del clásico. El disco es una totalidad orgánica donde la música no sólo acompaña al verso, sino que lo interpreta. Hay una renuncia al brillo fácil; predomina un tono austero, terrenal, casi litúrgico, que respeta la métrica hernandiana y potencia su carga emocional. Es un disco que huele a tierra seca y a ropa tendida, a cárcel y a libertad.


VI. La mano que dibuja el Sonido: Ros-Marbà y la Orquesta del Pueblo


El desempeño de los músicos y, fundamentalmente, del arreglista Antoni Ros-Marbà, es el pilar sobre el que descansa la trascendencia estética de este trabajo. Ros-Marbà, un director de formación clásica y operística, huye de los arreglos pop convencionales de la época. El uso de maderas, metales y cuerdas no busca la ornamentación, sino la construcción de atmósferas. Hay un uso magistral de los silencios y de las texturas orquestales que evocan desde la desolación de la celda hasta la fuerza del viento en los olivos. Ros-Marbà logra que la orquesta suene como un organismo vivo, integrando el piano y la guitarra de manera que nunca compiten con la voz de Serrat. La voz del "Noi del Poble-sec" suena aquí más madura, menos aterciopelada y más grave, consciente del peso de las palabras que está pronunciando.


VII. De la orilla al surco: El tránsito desde Mediterráneo


Para entender la evolución de Serrat, es vital comparar este álbum con su predecesor, Mediterráneo (1971).

Ambos álbumes comparten una calidad melódica insuperable y la capacidad de Serrat para elevar lo cotidiano a la categoría de mito. Pero, si Mediterráneo es un disco de luz, nostalgia, niñez y salitre —un canto al placer de vivir y a la identidad geográfica—, Miguel Hernández es un disco de sombra, duelo y compromiso. Mediterráneo es el Serrat hedonista y luminoso; Miguel Hernández es el Serrat que asume la tragedia colectiva. Musicalmente, el primero es más fresco y variado; el segundo es más denso, uniforme y arquitectónico.


VIII. El regreso a la intimidad: Hacia Per al meu amic


El siguiente paso en su discografía fue Per al meu amic (1973), cantado íntegramente en catalán.

En esta obra, Serrat mantiene el respeto por la alta literatura (incluyendo poemas de Joan Salvat-Papasseit) y la colaboración con arreglistas de primer nivel. Sin embargo, Per al meu amic es un retorno a la intimidad doméstica y a la lengua materna. Mientras que Miguel Hernández tiene una vocación de épica colectiva, el disco de 1973 es más pequeño, tierno y personal. El desarrollo estilístico muestra a un Serrat que, tras haber gritado los versos de Hernández a los cuatro vientos, necesita refugiarse en la calidez de su propia casa lingüística.


IX. La herida abierta: Trascendencia y aporte


La trascendencia de este álbum es inconmensurable por dos motivos:


1. Político-Social: Serrat "resucitó" a Hernández para millones de personas. Logró que los campesinos y los estudiantes cantaran versos que habían estado prohibidos durante décadas. Fue un golpe definitivo a la censura: no se podía prohibir algo que todo el mundo ya estaba silbando en la calle.

2. Artístico: Estableció un estándar de cómo musicalizar poesía. No es un cantante "usando" versos, sino una simbiosis donde música y letra son indivisibles. En el contexto de la Nueva Canción, este disco elevó el listón de la calidad técnica, demostrando que la canción de protesta no tenía por qué ser musicalmente pobre.


Veredicto: •Esencial


Miguel Hernández, además de ser uno de los mejores discos de Joan Manuel Serrat, es uno de los pilares de la cultura española del siglo XX. Lo encuentro •Esencial porque trasciende la categoría de producto musical para convertirse en un hecho histórico. Logró la proeza de unificar la "alta cultura" con el sentimiento popular, convirtiendo el dolor privado de un poeta muerto en el orgullo público de una nación que buscaba su futuro. Musicalmente es impecable, líricamente es inabarcable y éticamente es un monumento a la libertad.

Joan Manuel Serrat - Miguel Hernández (1972)


•España

•Nueva Canción Española

•Cantautor

•Poesía

con algunos elementos de

•Baroque Pop

•Folk Rock

•Esencial


Si quieres escucharlo, toca el enlace: https://t.me/MusicaParaVivirla/2733

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Rafael Ortega