-Claudio González Luna-
Aquel domingo, como todos los domingos, un viejo fanático del teatro aragüeño estaba sentado frente a un humilde y cálido escenario, construido con tablones de madera en una comunidad popular de nuestra querida Ciudad Jardín.
Estaba acompañado de sus cuatro nietos, todavía más teatreros que el abuelo, con la mirada fija esperando el comienzo de “Más allá de las palabras”, obra magistralmente puesta en escena por el Teatro Estable de Maracay en 1995, bajo dirección del maestro Humberto Lara.
De repente, el ambiente se llenó con la potente voz de Ezequiel Piñero, uno de los actores y directores más talentosos del teatro regional actual, nacido en la Maternidad Concepción Palacios y residente durante su niñez en la populosa parroquia San Juan en Caracas, quien propicia junto a su compinche de toda la vida, Elías Osorio, una cita cómplice con el público, renovando un encuentro furtivo, casi clandestino, aunque el escenario de amor sea siempre su barrio natal, de paredes descascaradas, donde los grises se mezclan con el desgastado rosa de la pintura añeja.
Un buen día, avatares del destino trasladan al entonces pequeño Ezequiel al Caserío Las Ollas de Caramacate de San Casimiro, para luego radicarse en la calle 5 de Julio de Maracay, donde fue moldeado su carácter y formación artística y cultural por la señora Cecilia Ávila, oriunda del estado Táchira, a quien el niño llama cariñosamente: “Mi querida tía”.
Calles que alternan el cemento con la tierra agrietada por el sol y el calor. Barrio de gente humilde y cariñosa, siempre aferrada a la esperanza de un porvenir algo mejor. Barrio que no conoce de autos costosos, aires acondicionados, piscinas ni lujos burgueses. Sólo sabe de esfuerzos y la maravillosa esencia humanista implícita en el teatro.
“Sin lugar a dudas que las maravillosas enseñanzas del maestro José Alberto Suárez me marcaron para toda la vida, tanto en el plano personal como en el artístico, mostrándome la importancia de la organización integral, la idónea manera de construir e interpretar personajes, y la gran importancia que reviste para los cultores populares, adentrarse en el conocimiento social, político y antropológico de cada obra, en un proceso de constante investigación y formación”, acotó Piñero hace sólo algunos días, con motivo de la presentación de su libro “Hombre Épico”, realizada en espacios de Librerías del Sur, una hermosa y valiosa obra fundamental para adentrarse en el riquísimo mundo del teatro aragüeño y venezolano.
La Sala Comunitaria, de talones desnivelados, donde para llegar al escenario era necesario gambetear monte, botellas rotas, latas y cauchos viejos, es el punto de partida para Ezequiel, recordado por sus primeros personajes en las obras: “El Espantapájaros que quiso ser Rey” y “El Tirano Aguirre”, entre otros.
Allí, junto al Teatro Estable de Maracay, guiado por los consejos de genuinos maestros de vida como Mariozzi Carmona, Simón Añez, Eleazar Marín y José Alberto Torres Suárez, entre otros, aprendió todas las facetas del complejo y hermoso universo de las tablas, realizando todo tipo de labores, desde barrer el piso hasta asistente, protagonista principal o director.
Piñero es un tipo tranquilo, de hablar pausado, quien piensa muy bien los pasos que dará en su vida. Es de aquellas personas que uno siempre quiere tener como amigo.
De chamo concibió al teatro como su mejor compañero existencial, cómplice de sus sueños de gloria y eficaz instrumento para drenar perversas injusticias sociales cometidas en contra de las comunidades populares.
Y por ello, un buen día abandonó sus estudios de Agronomía en Maracay para estudiar y graduarse con honores en el Instituto Universitario de Teatro de Caracas.
Queriendo engañar el estómago con suculentos mangos de una matica adyacente al descampado donde realizaba sus inolvidables prácticas de actuación ante un público imaginario, Ezequiel contemplaba a su querida vieja Alicia Velásquez de Piñero, su viejo: el brillante poeta y locutor Jorge Gustodio Piñero González, y su querida tía Cecilia Ávila, mientras echaban más agua a la sopa, fiel a la filosofía familiar: “Donde comen cuatro, pueden comer seis”.
De repente, su figura se agrandó en la historia. Entonces apareció la imagen bonachona e irreverente que siempre mostró en su carrera artística.
Esa estampa con los brazos levantados, saludando al público con su sonrisa de hombre bueno e ingenuo. Ezequiel es capaz de acariciar con sus manos callosas, ilusiones humanistas de vida, bordadas desde diversos escenarios a través de su excelso talento.
Al igual que su célebre personaje Longanizo, ideado por el recordado Néstor Caballero y dirigido por su entrañable amigo Elías Osorio, o en su icónico papel en la escena “Las Nicorettas” de la pieza “Más allá de las palabras”, Piñero nunca recurre al cumplido de la frase elaborada.
Nunca hace nada por quedar bien ante la opinión de los demás. Ese abrazo con la modestia ante sus compañeros del Teatro Estable de Maracay es totalmente genuino.
Por eso, rebeldes sinceros como él no saben disimular sus estados de ánimo. Ni siquiera se ocupan por ocultarlo. Más bien se dejan arrastrar por el primer estímulo que le llega.
Así es Ezequiel Piñero, un actor íntegro en la amistad, generoso en el gesto solidario, tiernamente afectuoso en sus atenciones con el público, quien dirige en Maracay desde 2006 a la agrupación “Teatro del Jaguar”.
Es Longanizo, el apasionado en momentos de calma, siempre expuesto a la tutela de los sentimientos, brindándose íntegramente en cada actuación para desatar tal vez sin buscarlo, el sentido aplauso colectivo.
En el acto, levanta el dedo índice de su mano izquierda y regala una emotiva reverencia al público.
El talentoso actor abre bien grande su boca y deja algunas lágrimas en el camino hacia el vestuario, agradeciendo a la vida por haber pertenecido al brillante elenco del Teatro Estable de Maracay: “Llevo tatuado al TEM, mi familia y al maestro José Alberto Suárez Torres en lo más profundo de mi corazón”.
El viejo fanático del teatro abandonó su silla y dejó a sus nietos en casa, mientras les dice cálidamente: “Las noches de teatro aragüeño tienen sabor a Longanizo”.




Ezequiel Piñero es un profesional del teatro con grandes cualidades para la actuación. Tuve la oportunidad de disfrutar en par de ocasiones de Longanizo. También ví su trabajo en Macario. Talento y responsabilidad se combinan en su magistral desempeño.
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