jueves, 22 de octubre de 2026

Versos habitados (V) | Emalida Viloria


 De desamores y otras cosas…


I

Corazón moribundo


Hastiado de bombear en el vacío... un corazón decidió un día mudarse de cuerpo y se deslizó suavemente por la garganta aprovechando un bostezo nocturno. Recorrió las calles oscuras buscando un pecho que latiera a su mismo ritmo y esquivando pasos apresurados, sólo encontraba cuerpos inertes, sin esperanzas.

A la mañana siguiente, frente al espejo empañado del baño, vio que su reflejo era una mancha borrosa, como una fotografía lavada por la lluvia; era una silueta pálida que apenas lograba empujar la sangre, pues quedaba poco tiempo para volverse aire y desaparecer.

Desesperado por quedar anclado en la tierra, salió en horas de mucho tránsito a la calle, ya que necesitaba el roce de alguien que chocara contra él y sentir el latido fuerte de un corazón bravío aunque fuera para insultarle y no sentirse muerto en un mundo de zombies.

Ya cansado de buscar en vano y sin fuerzas, oyó a lo lejos algo que llamó su atención... era una caja de música abandonada en una vetusta casa; jadeando y exánime, entró y allí en un cuarto oscuro, encontró al menos un pulso constante que le hizo vivir y vibrar. 


                 

II


Dura reflexión


La Verdad se desnudó para bañarse en el río, cansada de cargar el peso de sus ropajes históricos. Mientras nadaba, la Mentira, que la acechaba escondida tras la maleza, aprovechó un descuido para robarle la ropa y vestirse con ella.

La Verdad, al salir del agua, descubrió el hurto y horrorizada ante la idea de ponerse unos harapos sucios que había dejado tirados la Mentira, prefirió caminar sin ropa.

Desde entonces, la humanidad ha preferido abrazar a la Mentira disfrazada con los ropajes de la Verdad, antes que contemplar a la Verdad desnuda.


III


       Amor verdadero


El amor verdadero no sabe de jaulas ni de candados, sino de alas y horizontes compartidos.

Si abres la puerta de la casa... verás que me marcho y tendrás miedo a la soledad.

Si la dejas cerrada, me quedaré a tu lado, pero sólo verás mi cuerpo y no mi alma.

Sé que sin egoísmo abrirás la puerta de par en par, para verme extender las alas; elevarme al cielo azul y saborear la inmensidad del mundo y te veré sonreír con nostalgia, al verme brillar feliz. Pero al caer la tarde, cuando el frío comience a asomarse, sentirás mi suave aleteo rompiendo el silencio y sabrás que he regresado para abrigarme en tu pecho y finalmente comprenderás que el amor real no retiene, sino que ofrece un lugar seguro al cual siempre se querrá volver.

2 comentarios:

  1. unos ejercicios interesantes reflexivos para relatar pequeñas historias.

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  2. Muy buenos cuentos de Emalida. Refrescantes por el uso de las palabras en lecciones verdaderas. Gracias JCP

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Un abrazo,
Rafael Ortega