martes, 25 de agosto de 2026

La señorita Margot

-Manuel Cabesa-


(A la mystérieusse)


Muy discretamente ha cumplido cien años sin muchas celebraciones, tan así que me doy cuenta algunos días después de la fecha ya que fue el pasado 14 de agosto. 

Por unos meses trabajé para ella organizando un enorme archivo cargado de tesoros que muchas veces me sorprendían. Recuerdo particularmente una breve carta de Mario Vargas Llosa, joven redactor peruano en Radio Francia Internacional, solicitando ser la voz en off que narrara su película. Esa noche le pregunté por qué no lo había aceptado y ella respondió que no le gustaba el tono de su voz. Le digo que hubiera sido bueno para la promoción que un Premio Rómulo Gallegos estuviera entre los créditos y ella simplemente dijo que en aquella época nadie lo conocía y que tampoco era adivina para saber que iba a hacer carrera como escritor; además fue mejor así porque la película debía sostenerse por sí misma y no por la fama de otros. Fue finalmente José Ignacio Cabrujas el que diera voz a las imágenes. 

Cada anochecer después de la jornada, ella se quedaba en su oficina y yo bajaba del ático donde estaba su archivo y nos poníamos a conversar; ella a rememorar anécdotas de sus viajes y encuentros y yo a indagar en sus recuerdos. Pero no tomé ninguna nota, nunca hicimos una grabación, todavía no existía la manía de los selfies: los celulares eran una moda incipiente para nuevos ricos, así que los teléfonos seguían sobre la mesa y en los bolsillos. Sólo me quedan unos pocos recuerdos dispersos. 

En esas horas después del trabajo hablaba de sus amistades y me confundía: "Una vez Pablo me dijo..."; "¿Cuál Pablo, señorita?"; "Picasso, mijito, Picasso", respondía con impaciencia, pero también podía ser Casals o Neruda como sucedió en otras ocasiones, por lo que la pregunta no estaba demás... y así con otros de sus amigos: "Una vez Luis..." ¿Alcoriza o Buñuel?...

En las horas que pasaba en su archivo era inevitable demorarse mirando las fotos de casting y las locaciones para Casas muertas que nunca se concretó; hojeando viejos ejemplares de Cahiers du Cinemá o de la revista Sur, en vez de ordenar las cartas y telegramas cronológicamente o las innumerables carpetas con bocetos de guiones y presupuestos para proyectos que no se filmaron... o sí, quizá alguno pero no a través de su lente, como fue el caso de la Cándida Eréndida.

En aquel almacén estaba el afiche de la película dirigida por Ruy Guerra de la cual no tenía noticias; esa noche después la jornada quise saber sobre el film y algunos documentos relacionados con el tema de la Eréndida. Contó, entonces, que por un tiempo había estado molesta con García Márquez por culpa de la Cándida, que según ella había sido una idea suya para un argumento del que Gabo haría el guión. 

Al parecer en algún momento la alianza se rompió y el escritor terminó por desarrollar ese argumento como un cuento en el que Ruy Guerra se basó para su película, bastante mediocre según el criterio de la señorita.

Esos proyectos suspendidos se debía, según me comentó su amiga Josefina Bertorelli que nos puso en contacto, a que era demasiado meticulosa y perfeccionista y eso le impedía concretar esas propuestas.

Pero creo que no le hizo falta ir más allá en su labor, como Rulfo, su vida y obra se concentraron en dos obras maestras que pertenecen a lo mejor del cine mundial de todos los tiempos.

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Rafael Ortega