-Manuel Cabesa-
Resulta difícil despedir a Juan Manuel Martins, decir algo sobre él, porque en realidad es poco lo que se puede decir que no lo sepan o lo sientan todos aquellos que tuvieron la oportunidad de conocerlo, gozar de su amistad o disfrutar de su trabajo en cualquiera de los escenarios en que discurrió su obra.
Justo el año pasado, reseñando una de sus compilaciones de ensayos, decía que era una especie de hombre del renacimiento instalado en Maracay: docente, editor, dramaturgo, director de escena, poeta, narrador, ensayista y teórico teatral como lo demuestra su viejo libro: Poética para el actor.
Admito que siempre me causaba gracia su formalidad, pero aparte de eso admiraba esa abnegación suya por llevar adelante todo tipo de proyectos en bien de la cultura regional y con proyección internacional, sin alardes, con mucha paciencia y constancia.
Hombre sencillo y concentrado en lo suyo, jamás participó en la feria de vanidades que suele rodear el mundo artístico, ni participar en querellas estériles con otros intelectuales por las miles de sinrazones que agobian a nuestra sociedad.
En los últimos años, con una increíble perseverancia, llevó adelante la redacción de sendos ensayos de crítica especulativa dedicados a los autores que le obsedian: Vila-Matas, Murakami, Aira, Tavares, Pessoa... algunos casi desconocidos, lo que de alguna manera me resultaba actitud irónica o ingenua: ¿si nadie se ocupa de leer a esos autores, cómo van a leer sobre ellos?
Sin embargo, tuve la suerte de leer varios de esos estudios, reseñarlos un par de veces y compartir directamente con él mi admiración por esa capacidad de Martins para profundizar en la lectura y convertir al lector (que era él mismo) en el protagonista de cuanto leía, una lección aprendida de Julio Cortázar, supongo, a quien dedica uno de sus últimos y más acusiosos libros.
Habría que decir más, faltaría comentar sus piezas teatrales y su poesía, sería justo que alguien leyera su obra con la misma atención con la cual el leía a otros autores.
De momento sólo queda esa sensación indefinible que nos agobia cuando no sabemos como despedir a un amigo...
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Alguien me lastima
hunde su recuerdo
justo en medio de mis ojos
y explota en cientos
de imágenes
como esquirlas
como dardos
en el cuerpo del otro
subyacen el gesto
y la incertidumbre
un vaho de nostalgia
que no puede borrarse
para este hundido resto que soy
solo mi sombra es compañía
todo lo demás ha desaparecido
A Juan Martins...
Ninfa Monasterios Guevara

Un tipo formalmente creativo.
ResponderEliminarUn alma noble y polífica. Un honor haberlo conocido...
ResponderEliminarMuy triste con la noticia. De él solo tengo gratos recuerdos y admiración por su trabajo constante y entregado. GRACIAS, Manuel, por esa nota tan bien escrita y tan afectosa
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