Polifemo
Frente a tu espejo de sed
soy el brutal monstruo
aislado del camino
por mi umbral,
por mi único ojo
que encarno
Con las maldiciones
de tus sueños
me he refugiado
en un universo indiferente:
una cueva de profanaciones
que grita a los dioses
y a la civilización
mi vida desterrada
Soy un simple ojo invernal
sin propósito divino,
ni moral,
ni chiste oscilante;
cuerpo vacío
de soplos y voluntades
que todo lo ignora
menos mirarte
La noche negra
y el mar de los lamentos
han traído a Nadie.
Tú lo invocaste.
No escapé
del capricho de tus olas
de tu breve edad
para que este Nadie
desesperado destrozara
el ojo del alma
que te amaba.
La ironía no responde
a los lamentos,
el absurdo camina
absolutamente sordo
al correr de mis ruegos.
Ahora ciego,
sin ti,
soy más desconocido
para los latidos,
no tengo metafísica,
sólo ovejas que pastoreo
en la eternidad
de una ribera sin cielos.
No veo un más allá
de cuerpos y elegías,
solo siento el sol
como un rostro
del pasado y con fiebre
Soy la burla de Nadie,
el fondo de un monstruo
solitario y aburrido,
hambriento del letargo del canto.
Lanzo rocas al mar,
acto ciego
de una soledad durmiente;
No rompen tejidos
mis rocas,
no apagan el fuego
que atiza la rosa
en el centro del océano,
no te moja el caos que hago,
no gimes,
nada sale
de este mendigo de infiernos
que ahora soy
***
Satanás
Destructor activo de la palabra
traes el error a cada verso
y equivocas a los poetas
hasta el orgasmo de la servidumbre,
nos haces tragar la leche negra
que consume el sentido
todo nos es vedado
por tu nada adulterada,
nutres el mutismo del poema
contigo rompemos el alma
hasta cegarla en la fortuna;
desposeídos,
somos el vacío absoluto
que ruega por la consolación
de la esperma negra del demonio,
como perfecto ciego que nos lleva
hasta la palidez de un ángel marginado,
estamos ocultos
en la rebelión suprema
y así nos penetras
con tus grandes uñas para extraer la sustancia
del dios ausente,
muere el eco en ti
y la bebida es calcinación,
entre llanto y sangre
que derramamos sobre tu lengua
que es espejo para la luna,
hollín del deseo,
la carne nos lleva a tu memoria
de malditos arreboles,
para el jugo pasmado de la blasfemia
ante un dios callado o ausente
abres el juego del exilio
en los huecos del humo
roca de hielo, hielo del sueño
inerte mundo roto y vencido
entregas la miel negra
para las rosas del aburrimiento
aplastante entre las sombras
de un dios que matamos,
tú atrapas la palabra
y el día del canto
en un silencio sepulcral
de salmos que escupen el vino
de la gracia y el jardín
se seca en la hostilidad,
la vida la hiciste polvo,
artificios que miran pasar
sus horas en un tiempo roto
por profundas violaciones de aves y vientos vírgenes.
Autodestrucción
eres el antilenguaje,
el rumiar de un cielo azul
y el silencio de unas olas malditas
que devienen en imprecaciones,
deseamos tus juegos lúcidos,
fríos y melancólicos
porque matas con insana lucidez
la palabra materna
y los versos son perfectos asesinos
que nos hacen reír
hasta la locura del exterminio
la sobreadjetivación
no mata tu metáfora
ni da vida a tu fuego negro
es una infinita prisión de cualidades
que estirilizan los árboles
donde guindamos
las arpas de la desesperación
Satanás,
hierro de los cielos
hemos santificado
tu nombre en el delirio
de las moscas que rodean
al pan dulce de la mesa.

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Rafael Ortega