lunes, 31 de agosto de 2026

Dos poemas de Cristóbal Camejo


Polifemo 


Frente a tu espejo de sed

soy el brutal monstruo 

aislado del camino 

por mi umbral,

por mi único ojo

que encarno 


Con las maldiciones 

de tus sueños 

me he refugiado 

en un universo indiferente:

una cueva de profanaciones 

que grita a los dioses 

y a la civilización 

mi vida desterrada


Soy un simple ojo invernal

sin propósito divino,

ni moral, 

ni chiste oscilante;

cuerpo vacío 

de soplos y voluntades

que todo lo ignora 

menos mirarte 


La noche negra

y el mar de los lamentos

han traído a Nadie.

Tú lo invocaste.

No escapé 

del capricho de tus olas 

de tu breve edad 

para que este Nadie 

desesperado destrozara 

el ojo del alma

que te amaba.

La ironía no responde 

a los lamentos,

el absurdo camina 

absolutamente sordo 

al correr de mis ruegos.


Ahora ciego, 

sin ti,

soy más desconocido 

para los latidos,

no tengo metafísica,

sólo ovejas que pastoreo

en la eternidad 

de una ribera sin cielos.

No veo un más allá 

de cuerpos y elegías,

solo siento el sol 

como un rostro 

del pasado y con fiebre


Soy la burla de Nadie,

el fondo de un monstruo 

solitario y aburrido,

hambriento del letargo del canto.

Lanzo rocas al mar,

acto ciego

de una soledad durmiente;

No rompen tejidos 

mis rocas,

no apagan el fuego 

que atiza la rosa

en el centro del océano,

no te moja el caos que hago,

no gimes,

nada sale 

de este mendigo de infiernos 

que ahora soy 


***


Satanás 


Destructor activo de la palabra 

traes el error a cada verso

y equivocas a los poetas 

hasta el orgasmo de la servidumbre,

nos haces tragar la leche negra 

que consume el sentido

todo nos es vedado 

por tu nada adulterada,

nutres el mutismo del poema

contigo rompemos el alma 

hasta cegarla en la fortuna;

desposeídos, 

somos el vacío absoluto 

que ruega por la consolación 

de la esperma negra del demonio,

como perfecto ciego que nos lleva 

hasta la palidez de un ángel marginado,

estamos ocultos 

en la rebelión suprema 

y así nos penetras 

con tus grandes uñas para extraer la sustancia 

del dios ausente, 

muere el eco en ti 

y la bebida es calcinación, 

entre llanto y sangre 

que derramamos sobre tu lengua

que es espejo para la luna,

hollín del deseo, 

la carne nos lleva a tu memoria 

de malditos arreboles, 

para el jugo pasmado de la blasfemia 

ante un dios callado o ausente 

abres el juego del exilio 

en los huecos del humo

roca de hielo, hielo del sueño 

inerte mundo roto y vencido 

entregas la miel negra 

para las rosas del aburrimiento 

aplastante entre las sombras 

de un dios que matamos,

tú atrapas la palabra 

y el día del canto

en un silencio sepulcral

de salmos que escupen el vino 

de la gracia y el jardín 

se seca en la hostilidad,

la vida la hiciste polvo, 

artificios que miran pasar 

sus horas en un tiempo roto 

por profundas violaciones de aves y vientos vírgenes.

 

Autodestrucción 

eres el antilenguaje,

el rumiar de un cielo azul 

y el silencio de unas olas malditas

que devienen en imprecaciones,

deseamos tus juegos lúcidos,

fríos y melancólicos

porque matas con insana lucidez 

la palabra materna 

y los versos son perfectos asesinos 

que nos hacen reír 

hasta la locura del exterminio

la sobreadjetivación

no mata tu metáfora

ni da vida a tu fuego negro

es una infinita prisión de cualidades 

que estirilizan los árboles 

donde guindamos

las arpas de la desesperación 


Satanás,

hierro de los cielos

hemos santificado 

tu nombre en el delirio 

de las moscas que rodean 

al pan dulce de la mesa.

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Rafael Ortega