Foto: Donaldo Barros Velásquez
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Temblor patrio
Crujieron tus costillas de roca viva...
madre de arcilla con pecho agrietado,
un grito ciego en tus entrañas aviva
el llanto amargo del suelo rasgado.
No fue tu culpa mudar la piel
ni el estertor que rompió los muros;
Sufres el peso del golpe cruel
de mentes perversas y discursos oscuros
No es furia lo que tiembla en tu mirada,
es dolor y angustias profundas
ante la ignominia de tierras nauseabundas
que desean pisar tu tierra sagrada.
Tiemblas de angustia por tus criaturas
y buscas cicatrizar heridas abiertas,
entre escombros, hierros y fisuras
laten vidas que aun mantienes despiertas
Levántate matria y vuela como el viento
vuelve a ser calma y descansa tu lomo
que tras los ecos de sufrimientos
te defenderemos del polvo y también del plomo.
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Topos criollos
Manos que buscan entre los escombros,
olvidando el miedo, levantando el alma.
El peso del mundo se carga en los hombros;
el esfuerzo compartido nos devuelve la calma.
No hay extraños en esta tierra herida,
solo hermanos que tejen una red de acero.
Cada vida salvada es luz bendecida,
cada rescate es un abrazo sincero.
Del polvo brotan fuerzas latentes,
un lazo invisible que el sismo no quiebra.
Es ver un pueblo unido y valiente,
que de los escombros renace
y la vida celebra.
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La noche cae
La noche cae y con ella, las angustias de oír gritos
y gemidos ahogados tras toneladas de concreto.
La noche cae y con ella, el temor de ver llorar el cielo
sobre los crujientes hierros.
La noche cae y con ella, los párpados cansados de no dormir
... de tanto llorar.
La noche cae y con ella, la incertidumbre se hace eterna.
La noche cae, ¡Dios! pero nunca las esperanzas.
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Renacer del suelo patrio
Venezuela se levanta
desde sus cimientos más profundos,
transformando el dolor en fuerza indomable
dándole ejemplo al mundo.
Los recuerdos de aquellos sismos
y el dolor, quedaron atrás,
ahogados en ecos y pesadillas
de antigua oscuridad.
Somos un pueblo que no se doblega
ante la difícil adversidad,
reemplazamos lamentos del pasado
con poemas de amor y libertad.
Y como el ave Fénix nos levantamos
rompiendo cualquier cadena,
borrando para siempre el tormento
y corriendo esperanzas por nuestras venas.
Así que caminemos sin temor
de que la tierra vuelva a ceder
y ondeemos de nuevo nuestro tricolor
con el brillo de un nuevo amanecer.
Emavilra
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Tomados del poemario Luz tras la grieta

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Rafael Ortega