viernes, 28 de agosto de 2026

Cuatro poemas de Emalida Viloria

Foto: Donaldo Barros Velásquez 


***


Temblor patrio


Crujieron tus costillas de roca viva...

madre de arcilla con pecho agrietado,

un grito ciego en tus entrañas aviva

el llanto amargo del suelo rasgado.


No fue tu culpa mudar la piel

ni el estertor que rompió los muros;

Sufres el peso del golpe cruel

de mentes perversas y discursos oscuros 


No es furia lo que tiembla en tu mirada,

es dolor y angustias profundas

ante la ignominia de tierras nauseabundas

que desean pisar tu tierra sagrada.


Tiemblas de angustia por tus criaturas

y buscas cicatrizar heridas abiertas,

entre escombros, hierros y fisuras

laten vidas que aun mantienes despiertas


Levántate matria y vuela como el viento

vuelve a ser calma y descansa tu lomo

que tras los ecos de sufrimientos

te defenderemos del polvo y también del plomo.


***


Topos criollos



Manos que buscan entre los escombros,

olvidando el miedo, levantando el alma.


El peso del mundo se carga en los hombros;

el esfuerzo compartido nos devuelve la calma.


No hay extraños en esta tierra herida,

solo hermanos que tejen una red de acero.


Cada vida salvada es luz bendecida,

cada rescate es un abrazo sincero.


Del polvo brotan fuerzas latentes,

un lazo invisible que el sismo no quiebra.


Es ver un pueblo unido y valiente,

que de los escombros renace 

y la vida celebra.


***


La noche cae


La noche cae y con ella, las angustias de oír gritos 

y gemidos ahogados tras toneladas de concreto.


La noche cae y con ella, el temor de ver llorar el cielo 

sobre los crujientes hierros.


La noche cae y con ella, los párpados cansados de no dormir

... de tanto llorar.


La noche cae y con ella, la incertidumbre se hace eterna.


La noche cae, ¡Dios! pero nunca las esperanzas.



***


Renacer del suelo patrio


Venezuela se levanta

desde sus cimientos más profundos,

transformando el dolor en fuerza indomable

dándole ejemplo al mundo.


Los recuerdos de aquellos sismos

y el dolor, quedaron atrás,

ahogados en ecos y pesadillas

de antigua oscuridad.


Somos un pueblo que no se doblega

ante la difícil adversidad,

reemplazamos lamentos del pasado

con poemas de amor y libertad.


Y como el ave Fénix nos levantamos

rompiendo cualquier cadena,

borrando para siempre el tormento

y corriendo esperanzas por nuestras venas.


Así que caminemos sin temor

de que la tierra vuelva a ceder

y ondeemos de nuevo nuestro tricolor

con el brillo de un nuevo amanecer.


Emavilra

***


Tomados del poemario Luz tras la grieta

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Rafael Ortega