-Marina Sandoval-
Cerca de las siete de la noche comenzó a circular por el pueblo la noticia de la muerte de Fito. Todos estaban muy conmovidos. Fito era un personaje muy popular en Puerto Píritu, reconocido por su manera respetuosa de tratar a las personas y por su disposición a ayudar cuando se requerían sus servicios.
Vivía con su madre y hermana. Era los “ojos de su mamá” y su mano derecha. Ayudaba en todas las labores domésticas y se encargaba de hacer las compras. El viernes a las cuatro de la tarde salió a comprar el pan, pero no regresó con el encargo.
La señora Natividad pensó que había salido con los amigos, pero se preocupó cuando a mediodía del sábado no había llegado. Comenzaron a buscarlo en los sitios que frecuentaba, pero no había noticias de él.
Como a las seis de la tarde se presentó un compadre de la señora y le dijo que en el hospital había un lesionado grave muy parecido a Fito (él sabía que había muerto, pero no quiso decirle la verdad).
Ya en el pueblo la noticia corría como agua después de la lluvia, agua que aumentaba con las lágrimas de las chicas que lo apreciaban mucho. Los amigos se acercaron a la casa y cada vez que llegaba uno, Mariana, una niña de cinco años, les decía: ¿Sabes? Murió Fito.
Todos conversaban, lloraban y tomaban café, cuando de manera sorpresiva entró Fito por medio del corredor, balanceándose y entonando la canción: “No estaba muerto, estaba de parranda…”

Tremendo ése Fito
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