domingo, 21 de junio de 2026

Modesta Bor, centenaria sirena del canto mar



-Orlando Conde-


Azules los vientos de la historia, por ese mar de notables atardeceres, en el muelle y en el Fortín de la Galera, agitaron su sinfonía de espuma con oleaje coral, cuando nace Modesta, en Juan Griego, pueblo de hechizos móviles y profundos cruces históricos, en 1926, tiempo gomecista, año de la primera transmisión de Ayre, la primera estación de radio de Venezuela, y de la instalación de Telares Maracay, algodón en telas para las niñas que tocan el cuatro, y su alegría se alimenta con pasos de canto libre, en fiestas tradicionales. 

Hablo de Modesta Bor, la destacada compositora y arreglista coral geminiana, quien supo fusionar las rítmicas y sonoridades afrovenezolanas con la complejidad de la música clásica europea. La jovencita, rostro de sirena, discípula de María de Lourdes Rotundo; de Elena Soriano de Arrarte; de Juan Bautista Plaza, de Antonio Estévez y Vicente Emilio Sojo. La misma dama que a los 25 años de edad, en su décimo año de piano, siente que sus manos rumoran hormigas, timbres, dolores intensos que entorpecen su pasión por la música y su talento por la creatividad sonora: Síndrome de Guillain-Barré. Pero la margariteña, no obstante la inclemencia de esa enfermedad, inicia una amplia actividad en los campos de la musicología y la docencia. Trabaja en el Servicio de Investigaciones Folklóricas Nacionales como Jefa del Departamento de Musicología; ejerce la docencia musical en diferentes escuelas primarias y secundarias de la capital; dirige coros de Niños de las Escuelas Municipales de Caracas. Ya como Maestra Compositora, viaja a Moscú, para estudiar polifonía, literatura musical, orquestación, composición.  

 Seis voces blancas -Arpegio- bajo la mirada directriz de Modesta, fue un grupo ensamble con el cual la querida compositora difundió melodías infantiles, polifonía culta y música popular venezolana. Combinó arreglos de raíces populares con piezas academicas

 Mi querida profesora Bor. Me gusta más decirle Modesta. Es más bonito ¿Verdad? Más sonoro, más amistad y cariño. Desde que cantamos en agrupaciones corales, es casi que un impulso mágico interpretar piezas arregladas por usted. No existe repertorio que no la incluya. Es una escarcha su acento, su presencia, su encanto. ¡El encanto de Modesta! Un encanto que tiene la tertulia del mar, el empeño madrugador de los pescadores, el pensamiento crítico, la fortaleza de la mujer que recuerda la heroicidad de Luisa Cáceres. 

Para escribir esta oratoria por el Centenario de su vida. -porque usted sigue viva- en su producción musical se registran la Suite Criolla para piano, la Suite para Orquesta de Cámara, la Sonata para Viola y Piano, el Segundo Ciclo de Romanzas para contralto y piano, la Sonata para violín y piano; laa obras corales El Pescador de Anclas y Regreso al Mar; y Genocidio, Poema Sinfónico, con agudo sentido de crítica social. Pero hay más. El tríptico coral Manchas Sonoras; los siete Sarcasmos para piano; el Prisma Sonoro para cuatro voces mixtas; el Concierto para piano y Orquesta; Acuarelas para orquesta de cuerdas, obras atonales desligadas de la tendencia nacionalista.

Su nombre, mi entrañable profesora, no encuentra cabida en su obra. Hay demasiada luz, constancia, esfuerzo. Mucho océano. Mucha playa y besos en la arena. Pero es Modesta, la de las manos traviesas, temblorosas, enfermas pero llenas de un paraíso de fortaleza invencible. Modesta, la dama vigente, infaltable en nuestro repertorio de sueños musicales. Modesta, la Compositora Bor, que rima con valor y amor. Reciba el abrazo de Venezuela, vital y dedicada como usted. Reciba nuestro canto de sal y peces entusiasmados con la musicalidad de nuestras gargantas que gritan su nombre como quien llama a su pareja, bajo la luna, -redoma con fogata adentro- rodeados de ese murmullo tan especial que nos regala el mar, en sus olas eternas, baile de marinos poetas, tan claros, tan azules como usted, Modesta, la margariteña del canto mío.

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Rafael Ortega