-Claudio González Luna-
Es de noche y hay caras heladas, vuelve el viento y la piel se resquebraja, hay un grito salsero de alegría y súbitamente se produce el silencio, mientras el norte mira hacia abajo y se ilusiona y el sur levanta la vista y sueña.
Ambas partes divisan imágenes de Maracay, ciudad a la cual pocos se preocupan en saber cómo se llega, pero llegan.
Y al arribar a nuestra querida Ciudad Jardín quedan subyugados en lo más profundo de su corazón, convirtiéndola en pasión sin fronteras donde hay fronteras, sin límites cuando hay límites, sin recortes ni enmiendas, enalteciendo su gentilicio a través del trabajo, sacrificio y espíritu generoso de personas como Félix José Martínez Gutiérrez, conocido en el mundo musical como Félix Martíz, quien en su búsqueda por acceder al olimpo salsero de la región central, siempre tiene tiempo para la entrevista, siempre disponible en épocas de ídolos reticentes, apurados con ignotas y nebulosas urgencias.
Versátil, creador de peculiares sonoridades rítmicas y populares caribeñas y venezolanas, donde la Salsa adquiere dimensión espiritual para expresar inquietudes de vida, Félix pasea la lírica de sus canciones por infinitos temas de la cotidianidad, donde la comunidad del 23 de Enero se erige como excusa para seducir audiencias que cobijan tácitamente sus sueños y esperanzas.
“Amo con todas mis fuerzas al 23 de Enero porque nací allí, precisamente en la sexta avenida, casa número 80, donde mi niñez transcurría entre juegos de trompo, pelotica de goma, metras y perinola, hasta que un día, a finales de los años setenta escuché en el tocadiscos de mi abuela Amalia Rosa la canción Pablo pueblo de Rubén Blades, y entonces supe el rumbo existencial que desearía en mi vida”.
Entre tantos grupos de música popular que confirman a Aragua como genuina potencia musical y cultural puede pasar desapercibido su nombre, pero eso no quiere decir nada, ya que cualquier salsero regional les dirá quién es Félix Martíz.
Cualquiera de ellos les diría que esta especie de duende inquieto y sonriente, de entusiasmo insobornable, esa persona dulce y querible, capaz de conservar la inocencia después de haber atravesado por todas las pruebas que la vida puede poner en la existencia de los seres humanos, se proyecta entre los más talentosos cantantes y compositores salseros de la actualidad.
“A principios de los noventa fui a un concierto de la agrupación Son del 23, cuyo vocalista andaba algo desafinado, y entonces el director de la agrupación me invitó a cantar el tema Buscando guayaba, y como a la gente le gustó, entonces decidí meterme de lleno en la Salsa”.
Poeta, compositor, arreglista, intérprete, rebelde, irreverente y atrevido, Félix se formó musicalmente en Maracay durante el apogeo de la Salsa Brava, lo que explica el sincretismo de su arte.
“Luego me llamaron del grupo Guataca Son de Turmero para integrar sus coros, hasta que en el 2008 comencé a escribir mis propios temas, y así compuse La canción del vecindario que dice en sus estrofas: Oye que rico suena, que rico se escucha la canción del vecindario cuando cantan los muchachos un bonito guaguancó, se ha prendido la rumba caballeros, oye a los soneros cantando”.
Tras recibir la influencia de salseros como Rubén Blades, Willy Colón, Oscar De León, Héctor Lavoe o Ismael Rivera, el mismo barrio le brindó los temas atrevidos de la calle, dotándolo de la actitud irreverente y necesaria para idear nuevas formas de instrumentación y estructuras musicales.
“Actualmente estoy en la lucha por promocionar mis canciones a través de las redes sociales y las radios locales, y sueño algún día poder grabar mi propio disco y tener mi propia orquesta para brindarle un hermoso concierto a Maracay, y sobre todo, a mi querido barrio 23 de Enero".
Félix Martíz es un feroz autodidacta quien además de músico enseña idiomas mientras estudia por cuenta propia desde matemáticas hasta periodismo, siempre bajo su lema en la vida: “Nunca dejes de aprender algo, por insignificante que parezca, porque ello te ayudará algún día a conseguir tus sueños”.


Muy buena la entrevista, pero faltó la música para completar el cuadro; ¡la buena salsa nunca muere!
ResponderEliminarExitos y bendiciones, amigo Félix
ResponderEliminarMi aplauso para Félix Martiz.
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