miércoles, 10 de junio de 2026

Doce poemas de Jair Ríos

Título: La música del mar (2025)

Autor: Jair Ríos 


Todos los poemas seleccionados fueron extraídos del libro inédito El Cantar de las Sirenas


1.


La Isla de las Sirenas


En la bruma de amaneceres dorados,

se alza una isla de encanto engañoso,

las olas susurran secretos ahogados,

tenues fulgores de un amor misterioso.

frías luces de coral y néctar de luna

vierten en sus cadenciosas melodías,

tristes y oscuras canciones de cuna,

son sólo sueños de crueles ironías.

Las sirenas entre sombras y brillos

entre risas y llantos, sus ecos heridos,

enarbolan al viento mil estribillos,

que poco a poco enajenan los sentidos.

Oh, isla encantada, de sueños y penas,

en tus playas doradas de jazmín y reseda

tu belleza es un velo de tentadoras escenas,

que consume el deseo en la espuma que queda.


2.


Las Lágrimas de las Sirenas


Las lágrimas de las sirenas

son joyas de sal y pena, 

cada lágrima un recuerdo, 

de amores que se fueron, 

caen desvanecidas, 

como perlas en la arena, 

de promesas olvidadas, 

y de besos que no se dieron.

 

Cada sirena que llora, 

se convierte en un cantar,

de un pasado que añora

de barcos que al naufragar,

no se hundieron en el mar.

Sus lágrimas son poemas, 

que el océano recita, 

en cada gota perdida, 

un amor que se evita.

 

Un eco de suspiros,

que con la brisa se agita

son las lágrimas eternas,

de sus almas exquisitas. 

Las lágrimas de las sirenas,

son un mar de vehemencia,

y una rara música serena,

que gime las ausencias.

En el silencio del cielo,

vociferan sus pesares,

son tormentas en los mares,

herido albatros en tímido vuelo.


Son amargas lágrimas saladas,

perlas, en la piel húmeda del mar.

Sus pequeños ojos de marino cristal,

fragmentos dolorosos del amar,

pulverizados en un rocío de sal.

Las olas son su lamento,

las corrientes su pesar, 

sus gritos abrazan el viento

y en él hallan su tormento,

errabundas en el mar.


Añoran el firmamento,

sus alas perdidas en el azar

de un destino virulento.

Las lágrimas de las sirenas, 

fluyen como ríos de esperanza,

hacia el horizonte roto.

Son canciones ahogadas

que hoy por vos invoco.

Son hilos de plata suspendidos

esparcidos en la bruma.


Son cadencias aladas

que lloran con la luna

Las lágrimas de las sirenas

son espejos infinitos,

brillan como luciérnagas,

en la noche oceánica.

Son recuerdos malditos

de vivencias amargas,

mas, quien se atreva a escuchar,

su canto inspirador, 

encontrará entre sus lágrimas,

el reflejo del amor.


3.


Lorelei


En mi mente hay un pensamiento

que no logro comprender,

uno que ha entristecido mi ánimo todo el día;

y llena mi alma de melancolía,

una historia muy antigua que no puedo olvidar,

un hechizo que me hace estremecer,

una extraña sensación que no puedo disipar.


Lorelei… Lorelei… Lorelei…


Con el aire fresco del anochecer

fluyen las oscuras aguas del Rin 

en un eterno vals; como las olas del mar, 

que a mis sentidos hacen adormecer…


Un apacible canto, canta Lorelei


En la cima de la montaña, rozando las estrellas;

Tras los multicolores fulgores de la tarde.

Allí se sienta una hermosa doncella

de una belleza inigualable

ataviada con joyas muy brillantes:

como soles de diamantes,

de zafiros, de rubíes y de jade…


Son los encantos con que encanta Lorelei


Peina su dorada cabellera

y de su peine cae un rocío suave

y sobre todo el valle resuena

un canto misterioso bajo la luna nueva…


Es el canto de la bella doncella Lorelei.


Un barquero en su pequeño esquife

es presa de un amor turbulento,

escucha una música serena,

como el cantar de un cisne, 

como un canto de sirena

se aproxima lento, directo al arrecife…


Es la música sonora, de la encantadora Lorelei.


Despistado, no sabe dónde está el acantilado,

y como poeta enamorado,

mira hacia la cima de la montaña

buscando vanamente los ojos de su amada.

Creo aún no se ha dado cuenta

que a sus sentidos engaña.


La Bella Doncella Lorelei.


Lorelei…

Lorelei.


4.


Madre Perla


 I


En la remota costa del Oriente,

y tras el sismo que el valle deshizo

Guaiquerí y su guaricha con su niño

navegan en un cayuco corriente,

buscando tierra firme hacia Cubagua.

sañudo Ur-Ac-Kán reunía el tormento,

el dios de lluvias terribles y vientos;

el indio apura el remo, presagiando

la rebelde y burlona ira potente.

¡Ay! Pronto verían su cruel designio.


 II


Negra nube crece en el horizonte,

y el dios desata su furor tremendo;

rápidos chocaron truenos y vientos,

el mar levanta sus olas de enojo.

A la frágil humanidad desprecia,

riéndose de su tan débil batalla.

El cayuco, de madera liviana,

volcóse quedando sólo despojos;

y las aguas el naufragio consuma.

Padre y niño murieron ahogados.


 III


Pero la piedad los dioses acunan,

Maita Dabucurume, Madre sabia, 

e Icoa, sirena diosa del mar,

mandan veloces toninas amigas

que a la guaricha bien logran salvar,

sobre un madero a una playa de arena,

en Cubagua su amor ansia encontrar,

se niega al dolor de la doble pérdida;

llorando nunca acepta el cruel final.


 IV


Con el pecho henchido de amor materno,

la guaricha se interna en aquel mar;

la savia blanquecina con la espuma,

junta al vientre líquido azul eterno,

Leche que mana sin fin de su cuerpo,

a la marina Icoa pide ayuda

para que a su niño lleve su savia,

a través de la corriente del mar;

Así un día y otro repite aquel gesto,

y conmueve a los dioses con tal hecho.


 V


KariBai, dios de esencias y perfumes, 

y EuKeima, dios del arco de color

admiraron la sublime grandeza 

de aquella madre de inaudito amor,

y sugieren algo que al dolor venza;

su savia de amor en concha marina,

se recoja y en bellas perlas nacientes,

sean estas transformadas por siempre,

su amor maternal nunca así se pierde,

gema es del corazón de Madreperla.


5.


Caronís


En Soledad que es mi pueblo,

la boca del río es honda,

quien la tradición no guarda,

que del río bien se esconda.


Dicen que el cauce es traidor,

mal pescas, si lo haces poco,

pues, allí tiene su sueño,

la dueña del Orinoco.


Es la Bella Caronís

de escamas de plata fina,

una voz dulce y sonora

que encanta y al hombre fascina.


Su canto de seducción

es promesa no es mentira,

es mortal para el varón,

es verdad que al río inspira.


Vicente Reyes fue astuto,

supo el secreto del pacto,

un gesto, un ritual, un truco,

se salvó por un simple acto.


Al llegar al hondo cauce,

donde la pesca es un don

de su vaso de aguardiente,

una ofrenda echó al rincón.


No la ofendas con tu ron,

ofrécele dulce anís,

ese es el mejor tributo,

pa’ la bella Caronís.


Reyes vio su recompensa

en su red que estaba llena

con una muy buena pesca,

que le dio la azul sirena.


Pero a Tortoleno en cambio,

la Carona en la contienda,

a él le dio muy mal agravio,

pues, no llevó anís ni ofrenda.


No creyó en la bella dueña

del caudaloso Orinoco

y esto ahora nos enseña,

pa’ que no lo hagas tampoco.


Si no rindes pleitesía,

al fondo te arrastra lento,

compadre no se me ría

pues, lo ahogó en un momento.


Lo sacó de su canoa,

en remolino violento

y es que el río no perdona,

al hombre sin juramento.


6.


Espuma Marina


Oh, el vasto y vívido mar, 

tapiz de sombra y profundidad...

¡Si yo sólo supiera la serena y súbita forma

de surgir de esa vorágine!

De la espuma tumultuosa, donde la luz 

se disuelve y se olvida,

emerge ella, la pálida alegoría

de la libertad perdida.


Cuerpo luminiscente, casi espectral, 

rompiendo el oscuro claroscuro,

una promesa de carne desnuda 

que el alma anhela ser.

Candidez sin velo, sin vergüenza, 

vestida sólo de lo elemental,

sus formas suaves, 

suspendidas sobre el caos turbulento.


¡Cómo quisiera yo cabalgar!

la cresta sin miedo ni muro!

Sobre el delfín, ese guardián 

de gracia y sabiduría silenciosa,

dominando la ola que se alza 

como una montaña de emoción y azar.

¡Qué dulce éxtasis sin artificio 

debe ser esa mirada triunfal!


Su cabello suelto, serpentea etéreo

que el viento sacude igual a la marea,

se fusiona con el cielo, y se disuelve

en la llana frontera de lo azul,

anulando el peso de la gravedad 

y el tiempo rígido.

Es la expresión más alta,

la conexión más pura que se puede pedir.


Suspiro por esa pureza desinhibida, 

ese regreso al alegre Edén,

donde el alma navega 

y encuentra en la aventura su propio saber.


Y mientras mi vista la sigue,

suspendida entre la roca y el aire frío,

solo me queda añorar su gracia 

y su deseo sin fin en este frágil navío.


7.


Oda Marina


                                                     [Párodo]

Dejamos la tierra amiga, 

de la esposa el dulce adiós; 

la promesa nos obliga, 

que hoy no tiene ley de dios.

Mas el barco ya navega,

ya el horizonte nos ve, 

toda nuestra ardiente fe,

al azul de Grecia entrega.


¡Qué Afrodita nos proteja!


                                                     [Estrofa]


Dejamos la tierra que arde en suspiros,

el adiós, eco que flota en la bruma;

brillan promesas en ojos zafiros,

ley divina ondea el mar y la espuma.

Ya el buen navío, al sueño azul se entrega,

Eolo sopla y la vela navega.

Oh, añil azul que a la nave consientes,

Oh, vasto espejo do el sol se deshace,

tu vasta quietud calma contendientes,

en la inmensidad nuestra alma renace.

azul clemente acuna al alma errante,

tu linfa, es la senda del navegante.

Permite que el hado a Ítaca regrese,

la luz de Apolo en tu frente reposa,

que el buen timón el marino profese,

a ti encomendado y a la bella diosa.

se disuelve la prisa en mar y viento.

¡Bendita la estela del firmamento!

Del fondo nacen secretos callados,

redes que abrazan la vida sencilla,

dones del mar, a sus hijos amados,

fuente eterna, de marina semilla.

Del fondo oscuro en tu seno fecundo,

sustento en redes que nutren al mundo.

No eres solo agua, eres ruta de puertos,

Talasa tú eres la voz del misterio,

por ti el corazón olvida a los muertos,

mas queda el recuerdo en tu cauce etéreo.

faro de Rodas que la noche alargas,

¡Viaja el destino en tus aguas amargas!


                                                [Estásimo] 

(Coro de Marinos)


¡Qué serena surca la ola, 

que al puerto nos va a traer!

La red la barca enarbola, 

con peces para comer. 

Hay calma si hay maestría,

y al sol nuestra fe se fía.


(Coro de Sirenas)


No todo es calma en el mar, 

Caribdis traga sin clemencia, 

Escila hunde sin cesar, 

Tifón ruge con violencia, 

cantos crueles, son verdad, 

red de muerte y soledad.


                                                [Antistrofa]


Oh, tú, turbio azul que, a naves errantes,

espejo roto do el sol no regresa.

tu vasta furia hunde a los navegantes,

la vela altiva en tu viento tropieza.

La luz de Apolo con la nube ofusca,

tu linfa agitada la muerte busca.

Permite al hado en tus fauces perezca,

naufraga en tu ser el alma que ofende,

la vida mortal de rumbo carezca,

en tus lagrimas la muerte sorprende.

Con prisa la negra nube amenaza,

¡Maldita la estela que la mar traza!

Del fondo oscuro, tu seno iracundo,

la furia emerge con rostro de Escila,

terror desde rocas al hombre infundo;

Telquines aviesos males destila.

La bestia marina avasalla puertos,

No eres senda, sino tumba de muertos.

Talasa en sus vastas olas ahoga;

lleva al naufrago a destinos inciertos,

do la vorágine el alma deroga,

por ti el corazón ya se une a los muertos.

con tormenta negra y lamento impuro,

la muerte danza con su sayo oscuro.

Ya cae la sombra, el miedo se cierne,

y la tormenta ruge sin piedad,

el mar bravío que al alma consterne,

pues, en su furia esconde la verdad,

que el hombre se enfrenta en su oscuro viaje,

al abismo de su propio coraje.


                                                [Estásimo] 


(Coro de Sirenas)


Sus voces fluyen en ríos de plata,

tejiendo redes de ensueño y misterio,

el mar se vuelve espejo que retrata

el deseo profundo de su imperio.

En sus ojos brilla la eternidad,

promesas dulces de inmortalidad.


(Coro de Marinos)


Un viento muy fuerte desvela el cielo, 

las olas danzan su enérgico canto, 

las nubes pintan triste desconsuelo, 

y el mar muestra su fatigado llanto. 

¡Oh Dioses! Bajo el signo de Poseidón, 

hacedme firme el débil corazón.


(Coro de Sirenas)


¡Oh mortal! El mar no tiene piedad, 

deja el cuerpo bajo el húmedo limo; 

ya no luches más contra la verdad, 

sabes bien que el destino es un abismo. 

Ven a la paz tú valiente sin nombre, 

¡Ay! la mar es el sepulcro del hombre.


                                                        [epodo]


Oh, tú, buen navegante y poeta que el mar miras 

la gran sabiduría que el océano encierra, 

no rehúyas cuando al vasto horizonte suspiras,

pues, tú muy bien sabes que el mar a tu alma se aferra, 

El mar guarda en su hondo lecho un misterio sutil,

el hombre guarda en su pecho osadía febril.

El destino se cumple en esa ola que te llama, 

pues, el mar es el ciclo que la vida celebra, 

tu virtud es la calma cuando el trueno se inflama, 

quien bien acepta el abismo es su verdad que enhebra

al ojal que zurce el camino que se ha escogido,

no importa la muerte sino lo que se ha vivido.



8.


Pirata de Amor


¡Ay no quiero, 

subirme yo en tu velero! 


Sos barco sin rumbo fijo, 

corazón audaz y rojo, 

que va cumpliendo todo antojo, 

con alma de marinero. 


¡Ay me muero, 

súbete ya en mi velero! 


Amores que son tormenta, 

pasiones que se alimentan; 

por la noche se comenta, 

que soy pirata sincero. 


¡Ay que el viento, 

te suba ya en mi velero!


Tu vela no tiene puerto, 

tu promesa es solo viento;

si te sigo, será incierto,

tu corazón es mi tormento.


¡Ay no quiero, subirme yo a tu velero,

es mal muy agorero! ¡Ay, no quiero!


9.


Fata Morgana


Hay un espejismo que en el mar navega,

Morgana teje sombras de deseo,

son promesas que el viento siempre entrega,

luz que se quiebra, sueño es lo que veo.


Morgana teje sombras de deseo,

amor que se vuelve fuego ligero,

brilla el hada con mágico aleteo,

ala rota de pájaro viajero.


Amor que se vuelve fuego ligero,

espejismo que en el aire se extiende,

simple reflejo que es falso y agorero,

ciego es el Amor que no lo comprende.


Espejismo que en el aire se extiende,

bajo la bruma la verdad se niega,

un alado vuelo a Avalón se emprende,

entre nieblas, un alma que se entrega.


Bajo la bruma la verdad se niega,

buscando un sueño tan solo en el cielo,

un espejismo en el aire se despliega,

un amor que se vuelve fuego y anhelo.


Buscando un sueño tan solo en el cielo,

una rara ilusión que al alma quema,

es traición del espejo, un tenue velo,

con que Morgana teje su diadema.


 10.


La Tormenta


I


Vendaval que arrasa y desgarra,

El bravo Oleaje muerde la calma,

la esperanza rota en el viento,

viento salino azote del rostro,

relámpagos parten mi anhelo,

garras de coral rasgan el alma,

rugidos de un pecho violento.

Centellas cruzan la oscuridad,

Cielos encapotados, rugen, rugen

como una fiera. Barcos que gimen 

cortan la piel, queman el alma,

tormenta de voces quebradas,

relámpagos sobre el agua,

el mar ahoga mi voz callada,

en la furia que no se calma,

la tormenta se desangra,

se pierde el eco de mi calma.


¡Ay, la luna me guía,

mientras el mar me desafía!

¡Pata de palo, pie errante,

borracho, valiente y amante!

Maudit Orage ! Zut !

Hélas ! Terrible Tempête ! 


II


Torbellino de gritos y sombras,

Aaae... eiuuu… Lamentos de sirenas,

ciclón voraz que arrastra mis deseos

silencio que ruge y devora,

corrientes que arrastran,

palabras que hieren sin freno.

Furia que quiebra mis defensas,

la lluvia es sal y frío,

la noche es un abismo,

caos que nubla mi sentido,

golpes secos de ausencia amarga,

eco de ballena herida,

neblina que apaga el faro,

oscuro y profundo el abismo,

noche que viste el olvido,

ríos de lágrimas caen,

sobre un corazón perdido.


¡Cien tempestades en mi piel,

pero el ron me hace sentir fiel!

¡Que vengan olas, venga el rayo,

no hay tormenta do no me hallo.

Verdomde storm! Verdomme!

Helaas! Vreselijke storm!


III


Rayos que parten mis ilusiones,

Dispersas ráfagas de espuma,

estrellas hundidas en el firmamento,

corrientes que arrastran,

chasquidos que queman mis nervios,

el aguacero inunda dudas,

cánticos de gaviotas, danza errante,

relámpagos ciegan recuerdos.

Lluvia torrencial de promesas,

cadenas de agua voraz,

viento lobo que me persigue

estrépito frío y tenaz,

la furia del mar no se apaga,

el mar es un infierno voraz,

la tormenta no acaba jamás.

sombras que arrastran memorias,

en un mar que no tiene paz.


¡Cien olas en mi cara,

y el ron me da la fuerza!

¡Que ruja el viento, que ruja el mar,

yo en esta locura quiero quedar!

Forbanna storm! Forbanna!

Akk! Forferdelig storm!


IV


Catarata de llanto y furia,

olas que desgarran, cascada salina,

golpes secos que hieren el alma,

caracolas que lloran, Bruma ciega

nube oscura en mi tormento,

redoble sordo de traición.

Aaae... eiuuu… ¡Ay! ¡Malditas Sirenas!

Caos que destruye refugios,

es el oscuro dominio del Kraken,

vendaval que no perdona,

tormenta que ruge y me arrastra,

sobre olas que rompen en nada,

el amor se vuelve un grito,

un suspiro que se apaga.

La noche es un lamento,

la luna es un espejo,

donde se quiebran los sueños.


¡Baila el barco, baila el día,

tormenta loca, mi alegría!

¡Pata de palo y botella en mano,

soy rey del mar y soberano!

Damn Storm! Damn!

Alas! Terrible Tempest!


V


La furia del mar y el viento,

tiembla el fondo oscuro y negro,

la tormenta es un grito seco,

y la tempestad que no cesa,

es tempestad de abismos,

el corazón hecho pedazos,

la furia es un dulce canto,

¡Ay Malditas Sirenas!

la voz que grita sin respuesta.

La tormenta es mi historia,

el mar es su temible reino,

la lluvia mis lágrimas fieras,

el relámpago mi rabia,

el trueno mi soledad entera,

y en la noche oscura eterna,

se apaga la luz primera.

barcos que se hunden,

en el azul profundo,

la tormenta es un alma,

que llora sin descanso.


¡Botella rota, ola y canción,

pata de palo y corazón!

¡Que ruja el mar, que brille el sol,

yo soy pirata y el mundo mi farol!

Forbandet storm! Forbandet! 

Ak! Frygtelig storm.


VI


Vendaval, tormenta y silencio,

el alma rota y desgarrada,

el mar que traga esperanzas,

el viento que arrastra mi nada.

Centellas de pasión muerta,

relámpagos de desesperanza,

la tormenta que es mi vida,

el eco triste de la ausencia,

el amor que se convierte

en tormento y en demencia.

Desnudez, tesoro y riquezas

cofres de malditos secretos,

envuelven misterio y bellezas

¡Ay! ¡Esas Malditas Sirenas!

Escamas de oro y plata,

iridiscentes en la pupila,

astillas del naufragio del corazón

y de un barco pesado y ebrio

con un farol que escandila

a mi espíritu soberbio.


¡Baila el barco, baila el día,

tormenta loca, mi alegría!

¡Pata de palo y botella en mano,

soy rey del mar y soberano!

Maledetta Tempesta! Maledetta!

Ahimè! Terribile Tempesta!


¡Baila y canta, mar embravecido,

pata de palo, alma de bandido!

¡Que el mar es nuestro final,

y el ron nuestro eterno rival!

Maldicha Tempèsta! Mèrda!

Ailàs! Tempèsta Terribla!


11.


Los Caballos de Neptuno


Los caballos retumban con sus cascos,

sobre olas que tiran de firmes bridas,

Neptuno en su trono rige los mares,

céfiras ráfagas alzan sus crines,

como briosos estandartes al viento,

y estalla en el cielo el eterno rayo.


Zeus tonante vocifera en un rayo,

y provoca el arrido de sus cascos,

espantosos relinchos en el viento,

Neptuno los refrena con las bridas,

y agitan salvajes sus blancas crines,

cabalgando en las olas de los mares.


Precipitan su carrera en los mares,

y lanzan mil destellos como el rayo,

corazones que ondean como crines,

de equinos desbocados por sus cascos,

que pisan los tormentos y sus bridas,

conducen a clamores en el viento.


Resuena el cuerno de Tritón al viento,

responden las sirenas de los mares,

y en mares de lamentos ya sus bridas,

encabrita a caballos y en un rayo,

fulminante del alma y con los cascos,

se horada al corazón que entre las crines.


ondea salvaje amor que en las crines,

la furia eleva mas se lleva el viento,

que rasga negra noche con el rayo

y se ensordece el clamor de los mares,

la tempestad galopa con sus cascos,

y se enredan con violencia las bridas.


Del corazón del dios que con las bridas,

la fuerza desbocada de los cascos,

se lleva en el rugido de los mares,

que con la furia del amor el viento,

se rompe en el silencio con su rayo,

y llora en la tormenta entre las crines.


En olas galopan cascos que rompen las bridas.

Dolor en los mares de furia eleva sus crines.

El alma en el viento se rompe con un gran rayo.


12.


Rémora


 I


Yo te despido, sombra que se adhiere, 

lastre de mi viaje, rémora sin nombre; 

ya se cansó el espíritu del hombre 

de alimentar aquello que lo hiere. 

Cualquier lazo que hubo, hoy se muere; 

frenaste mi nadar en la corriente, 

pegada a mí, succionando mi frente, 

y en este adiós, mi libertad se traza: 

rompo el vacío que tu ser abraza, 

lejos de ti, mi norte es más luciente.

 

 II


Fueron tus días un reclamo eterno, 

un "mírame" voraz que no saciabas; 

mis propios pasos tú me los robabas 

para servirte en tu capricho tierno. 

Mi voluntad cayó en ese gobierno 

donde el esclavo fui de tu deseo; 

olvidé quién era en tu jactancia, y veo 

que, en el altar de tu ego desmedido,

sacrifiqué mi paz y mi sentido, 

siendo yo el remo en tu egoísta empleo.


 III


Era tu voz un rayo en la espesura, 

furia y agresión en cada tramo; 

no hubo palabra que no fuera reclamo,

ni discusión que no fuera tortura. 

Y cuando el eco de tu voz oscura 

no hallaba el golpe que tu rabia ansía, 

tu llanto de mentira aparecía: 

esa red de cristal, falsa y artera, 

con la que hacías de mi vida hoguera, 

manipulando mi alma a sangre fría.


 IV


Entre la farra y la lasitud desierta, 

viviste en un vaivén de lodo y vino; 

buscabas el placer en el camino 

mientras dejabas mi esperanza muerta. 

Te revelaste entonces, ¡Oh, Sirena!, 

abierta en un apetito sexual sin freno alguno,

voraz como el océano en ayuno; 

usaste tu sensualidad de fuego 

para perderme en ese bajo juego, 

donde el amor fue un vicio inoportuno.


 V


Y en el lecho manchado por tu rastro, 

la deslealtad fue tu constante herida; 

promiscua fuiste, de fe desposeída, 

mientras tu cuerpo se volvía un lastre. 

En el humo y la droga, tu desastre 

descuidó tu salud y tu decoro; 

el vicio te alejó de todo foro, 

perdiendo higiene, alma y dignidad, 

hundiéndote en la espesa oscuridad 

donde la rémora pierde su tesoro.


 VI


Fuimos juntos nautas de las nubes, 

nefelibatos sin suelo ni destino; 

colgados de un fracaso repentino, 

tú bajabas al fango cuando subes. 

Esa falta de tierra en que te imbuyes 

nos condenó al naufragio de la suerte; 

mas yo buscaba vida, y tú la muerte 

de no poner los pies sobre la arena,

arrastrándome a mí con tu cadena 

hacia un abismo que el fracaso invierte.

Mas no bastó romper el sucio lazo, 

pues a mi espalda lanzas tus cuchillos; 

cobarde al fin, sin luz y sin brillos, 

culpas al otro de tu propio ocaso. 

 

 VII


No admites del naufragio ni un pedazo, 

pues tu error es el mito que no asumes; 

en mentiras de lengua te consumes 

diciendo que mi mano hundió el velero, 

cuando fuiste tú, el pirata traicionero, 

quien puso el fango donde hubo perfumes.

He sido el pez de lomo lacerado 

que cargó tu ventosa en la marea; 

mas hoy la roca el peso me saquea, 

y quedas tú en el fondo, en tu pecado.

 

Nado libre, de lastre liberado, 

lejos de ti Sirena y tu Veneno; 

busco un azul más limpio y más sereno 

donde no existas tú, ni tu memoria. 

Finaliza aquí nuestra amarga historia: 

soy el mar libre, tú el más fangoso cieno.



Nota:


El Cantar de las Sirenas es una exploración poética profunda sobre la mitología y el simbolismo de las sirenas a través de diversas culturas. Este texto presenta una rica genealogía de estas criaturas, que van desde las antiguas leyendas griegas hasta representaciones contemporáneas. Las sirenas son descritas no sólo como figuras seductoras, sino también como entidades trágicas que simbolizan el anhelo, el amor perdido y la conexión con la naturaleza. Cada capítulo está dedicado a distintas sirenas y sus historias, ofreciendo una mezcla de poesía, mitología y reflexión filosófica. A través de sus cantos, las sirenas representan tanto la belleza y la tentación como la fatalidad y el dolor que pueden derivar de los deseos humanos y la búsqueda de lo inalcanzable. La obra se enriquece con referencias culturales que abordan la dualidad de las sirenas como protectoras y destructoras, presentando diversas narrativas mitológicas y poéticas que resaltan su complejidad.

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Rafael Ortega