-Manuel Cabesa-
A Ella, mi fuerza y mi forma ante el paisaje.
J.S.P.
En su libro Laar's poética (Cebac: 2026), Luis Alberto Angulo afirma de manera tajante: "La denominada en Venezuela Generación poética de los '80 se inició trágicamente, a mi modo de ver, con el fallecimiento en la ciudad de Mérida, el 17 de agosto de 1980, del poeta italo-venezolano Gelindo Casasola".
Más allá de lo aparentemente radical de tal afirmación, lo cierto fue que Pasturas de Gelindo Casasola (Fundarte, 1979) causó en mí una impresión determinante durante aquella primera lectura realizada apenas iniciando los 80; la lectura y la infausta noticia de su muerte llegaron como una sola efervescencia que hoy evoco después de tantos años.
Hubo algo de leyenda en todo eso. Confieso que lo del suicidio me conmocionó, y luego un comentario bastante idiota de un crítico pretencioso fueron los motivos de mi curiosidad: "Pasturas carece de una forma y de un fondo estructurados sobre la base del lenguaje. No propone ni transmite la vivencia del autor, impidiendo por tanto que el lector se sienta involucrado en la página donde el ojo apunta..." (Papel Literario: marzo, 1980).
Y sin embargo, la cuestión no fue así, puesto ya en la pista del breve libro, descubre uno piezas de alta belleza formal:
Ángeles
De las alas malvas que ustedes tienen
y que los asemejan a los pájaros
cuando ascienden,
me gusta esa vibración
parecida al aplauso.
Pero seres así, tan elásticos,
no existen
no suben a ningún lugar.
Sin embargo, ¿quién puede negarlo?
De las tres partes que conforman Pasturas, son la primera "Aire" y la final "Haikus" con las mantengo mayor afinidad; en "Aire" es posible respirar una atmósfera que lo acerca a la poesía de Rilke: algo etéreo y luminoso que transita por entre las imágenes deslumbrando con "La desmesura del deseo y los condicionamientos del humano vivir", como percibió Carmen Mannarino en su momento (De propios y de extraños, Academia Nacional de la Historia: 1988):
A una bailarina
Tu forma suave en el aire
y la inútil soledad que muestras
te hacen tierna y sensitiva,
pequeña bailarina que no descansas.
¿Qué cielo conoces mientras vuelas?
porque nada de nosotros seguramente ves
allá en tu alta magia,
cayendo siempre sin caer.
¿Ves?, eres leve
para estos ojos que te miran celestes".
Del lado contrario, "Haikus" deslumbraba por lo radical y atrevido del experimento: llevar la expresión a un grado de minimalismo tal que el poema queda reducido a la desnudez de una sola o un par de palabras:
yerba
verde.
***
cálmate
cállate.
***
El agua.
***
La hierba.
***
piedras.
...y otras radicalidades que pueden confundir a quien no está atento al fogonazo con que las palabras taladran en nuestro fuero interno. Para Angulo: "La poesía que escribió Casasola, continuada temáticamente por poetas posteriores, no era común en sus días porque era, hasta cierto punto, una ruptura con la de sus coetáneos y, desde luego, con la poesía del sesenta y setenta; no es el tópico, sino la formulación y el sustrato verbal lo que la hace diferente..."
En todo caso Pasturas continúa siendo una experiencia iluminadora dentro de nuestra poesía, suscribo sin ninguna reserva la apreciación de Julio E. Miranda sobre este malogrado poeta: "Pocas veces se ha dado en Venezuela una poesía tan limpia, tan finamente perfilada, tan sobriamente bella como la que entregó Casasola en Pasturas, a sus ventipocos años (...) La descripción de lo cotidiano, entreverada de reflexiones, reduce esa radical, conmovedora y excepcional experiencia de ser y reconocernos personajes de una fábula que no es otra que la propia vida llevada a lo esencial" ( Andina, Fundarte: 1988).
(Continuará...)

La poesía venezolana de los 80 posee una resolución propia para con el acto de crear.
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